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EL ARTE OSCURO

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GOTICO

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viernes, 30 de mayo de 2008

Mito : Al principio todo era un abismo

Mito : Al principio todo era un abismo


_VOY A IR SUBIENDO POCO A POCO "MITOS", QUE DE ALGUNA MANERA LOS ESTUDIOSOS BIBLICOS VEN COMO "TABU", PERO ESOS TABUS, VIENEN DE RELIGIONES TAN ANTIGUAS O MAS QUE LA HEBREA, POR LO TANTO, NO ES UNA REVELACION DIVINA, SINO UNA COPIA DE OTRO ESCRITO RELIGIOSO, PROHIBIDO LEER AL PUEBLO HEBREO BAJO LEY DE MUERTE O ANATEMA.


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El Mito: Al principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin forma y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas (Gn 1,1-2).
La Realidad: El Génesis utiliza el esquema hermopolitano de la Creación para describir el estado del universo antes de que comience la Creación. Los cuatro dioses han sido omitidos del relato, pero permane­cen sus características esenciales.
Las dos primeras frases del Génesis describen el estado del universo antes de que el dios hebreo iniciara el proceso de la Creación. Al princi­pio, dice, Dios creó los cielos y la tierra, pero por pasajes posteriores sabe­mos que los cielos y la tierra estaban sumergidos en el «abismo» durante esa etapa inicial, a la espera de ser alzados y transformados en el que es su estado físico actual.
Las palabras traducidas como «sin forma» y «vacía» aparecen en el hebreo original como tohu y bohu, y esas mismas palabras a veces apare­cen en los escritos populares como una manera idiomática de expresar el caos o el desorden, como «todo era tohu y bohu». El sentido de estas dos palabras hebreas se combina para indicar un espacio extenso y vacío, una zona desierta. En el contexto bíblico, tenemos un espacio indefinido que forma una especie de burbuja dentro del «abismo» primitivo.
La palabra que se traduce como «espíritu» en la frase «espíritu de Dios» aparece en el hebreo original como ruach, y no significa «espíritu», sino «viento» o «exaltación violenta». Al traducir ruach como «espíritu», los intérpretes de la Biblia han intentado traducirlo de tal manera que concuerde con su entendimiento teológico del texto bíblico, pero sin tener en cuenta el verdadero significado en el contexto original. Sustituyamos viento por «espíritu» y veamos lo que tendríamos en el hebreo original.
Los primeros versículos describen cuatro cosas:
1 Una tierra y unos cielos que ocupan un espacio, pero que carecen de forma o contenido;
2 Oscuridad;
3 Un abismo acuoso, dentro del cual existe el espacio sin forma; y
4 Un viento (es decir, «espíritu de Dios») que flota sobre la superficie de las aguas.
Estos cuatro elementos constituyen lo que los autores bíblicos creían que eran los cuatro componentes básicos del universo anteriores al inicio de la Creación, uno de los cuales, el viento, era identificado con el dios hebreo. Correspondían precisamente con lo que los sacerdotes egipcios de Tebas y Hermópolis creían que eran los cuatro componentes del universo durante el inicio de la Creación, pero los egipcios identificaban cada uno de estos cuatro elementos con una pareja de divinidades de ambos sexos, lo cual se consideraba tabú en la teología hebrea. Se puede deducir de la siguiente descripción de las dos primeras cuatro parejas de dioses egipcios y los elementos que representaban, que los hebreos adoptaron el esquema egipcio.
1. Heh y Hehet, espacio sin forma, es decir, la burbuja deforme dentro del abismo, tal y como describe el Génesis como tohu y bohu;
2. Kek y Keket, la oscuridad en la superficie de las aguas;
3. Nun y Naunet, el diluvio primitivo, «el abismo», igual que el abismo bíblico; y
4. Amón y Amonet, el viento invisible, el «viento» bíblico que flotaba sobre el abismo.Aunque los sacerdotes hebreos adoptaron esta visión egipcia del uni­verso primitivo, su teología monoteísta hizo que desasociaran estos cua­tro elementos naturales de las divinidades egipcias con las cuales se iden­tificaban, reteniendo únicamente los atributos con los que se asociaba a los dioses. Además, el autor del Génesis de este relato de la Creación acep­taba la tradición tebana que identificaba al Creador original con el vien­to. Simplemente, cambiaron el nombre del dios egipcio Amón por el nombre hebreo de Elohim, y lo describieron como ruach, el viento. A medida que progresemos por el primer relato de la Creación en el Génesis, iremos viendo cuan de cerca y exactamente el autor del Génesis seguía los mitos egipcios.



NOTA:LA MAYORIA DE RELIGIONES, NO TODAS, MAS LAS ORIENTALES, DICEN QUE LES DE TOFO, RELIGIONES, FILOSOFIA, CREENCIAS, Y CON TODO LO MEJOR, HAZ TU MANERA DE CREER; COSA QUE DIJO JESUS EN FORMA DE PARABOLA, PERO NO SE ¿PORQUE?, NI CAROLICOS NI CRISTIANOOOOS HACEN?, LA VERDAD, ES QUE SI SE PORQUE, PORQUE VERIAN QUE TODO LO DE LA BIBLIA, O CASI TODO, ES DE OTRAS RELIGIONES, POR ESO LA PENA DE MUERTE AL QUE QUIERA SABER; PERSONALMENTE, LA FORMA DE PENSAR JAPONESA, SE REFLEJA EN PELICULAS COMICS,MANGAS, LIBROS, Y TODO ARTE JAPONES; UNA DE LAS COSAS QUE MEJOR ESPONEN, SON LAS RELIGIONES ANTIGUAS ANTES DE LA BIBLIA, KABALISMO, SEPHIROF, CON SUS NOMRES, AQUI LOS LLAMAMOS ANELES, Y SI NOMBRAMOS 4 TIENES UNA MATRICULA DE HONOR, EL ARBOL DE LA VIDA, ESE SI LO CONOCEMOS, PERO ELLOS RE LO DIBUJAN, Y TE PINEN EL SITIO ESACTO EN DONDE VA CADA COSA, Y CADA ANGEL, Y LO MEJOR DE TODO, LO EMOS EN LA PANTALLA, EN UNA LAMINA, O DONDE SEA, Y LO ULTIMO QUE SE NOS PASA POR LA CABEZA, ES QUE ESE ES EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL, EN TORNO A LA RELIGION DE NUESTROS MALLORES; ALGUNOS, ESE RESPETO, PERO QUE MENOS QUE SEPAMOS LA VERDAD, POR QUIEN HAY QUE SABERLA ANTES QUE POR OTROS; Y TODO ESTO LLEVA A OTRA PREGUNTA¿PORQUE TANTAS MUERTES PARA TENER ESO ACALLADO,MAQUINACIONES)HASTA 1850, O MAS, LAS MISAS SE HACIAN EN LATIN(PARA QUE NADIE SE ENTERARA DE NADA, Y LO UNICO QUE VALIERA LO QUE DECIA EL CURA, LLEGANDO A ALGUNOS SITIOS HASTA EL MISMO SIGLO XX: MUCHAS PREGUNTAS SIN RESPUESTAS, Y MUCHO PODER PARA QUIEN TENDRIA QUE SER POBRE Y HUMILDE.

domingo, 25 de mayo de 2008

LAS RUNAS DE ODÍN -- LAS EDDAS -- POEMA GUERRERO

LAS RUNAS DE ODÍN

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Sé que colgué del árbol azotado por el viento nueve noches enteras,

herido por la lanza, entregado a Odín, yo mismo a mí mismo,

de aquél árbol del que nadie sabe el origen de sus raíces.


Pan no me dieron ni cuerno de bebida, hacia bajo miré;

cogí las runas, gritando las tomé, y entonces caí.


Nueve cantos supremos me enseñó el bello hijo de Bölthur,

padre de Bestla, y un trago bebí del precioso hidromiel derramado en Ódrerir.


Empecé así a germinar y a ser sabio y a crecer y a sentirme bien;

una palabra dio otra, la palabra me llevaba, un acto dio otro, el acto me llevaba.


Runas descubrirás e interpretarás los signos, signos muy grandes,

signos muy potentes que tiñó el thul supremo e hicieron los dioses

y grabó el creador de los dioses.


Odín entre los Ases y entre los Elfos Dáin, Dvalin entre los gnomos,

Asvid entre los trols, yo mismo grabé las runas.


¿Sabes cómo grabarlas? ¿sabes cómo interpretarlas? ¿sabes cómo teñirlas?

¿sabes cómo probarlas? ¿sabes cómo pedir? ¿sabes cómo sacrificar? ¿sabes cómo

ofrecer? ¿sabes cómo inmolar?


Mejor no preguntar que en exceso preguntar, siempre haya pago para el don;

mejor no ofrecer que en exceso ofrecer. Así grabó Thund antes de surgir los pueblos; luego se levantó cuando regresó.



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SERIE DE LOS CONJUROS

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Conozco estos conjuros, mujer de rey no los sabe, ni los hijos de los hombres;

ayuda se llama uno y ayudarte podrá en los pleitos y las penas y en las duras

desdichas.


Se el segundo, que los hombres precisan si quieren saber curar.


Sé el tercero si mucho necesito atar a mi enemigo;

la espada hago roma de mi adversario, no muerden sus armas o sus ardides.


Sé el cuarto, si me ponen los guerreros ligaduras en los miembros:

de esta forma canto si me quiero marchar, se sueltan de mis pies los hierros

y de mi cuello la argolla.


Sé el quinto si hacia mí veo volar un dardo entre las huestes:

no vuela con tal fuerza que no lo pueda parar tan sólo con mi mirada.


Sé el sexto si un hombre me hiere con una raíz:

ya este hombre que busca mi mal le persigue el dolor, y no a mí.


Sé el séptimo si veo la alta llama en la sala entre los bancos:

no es tan grande su ardor que no me pueda proteger, para ello canto un hechizo.


Sé el octavo que a todos es útil para seguir:

cuando crece el odio entre los hijos del rey puedo enseguida calmarles.


Sé el noveno si necesidad me acucia de proteger el viaje de mi nave:

el viento apaciguo sobre las olas y calmo el mar todo.


Sé el décimo si veo a las brujas volar por el aire:

hago de tal forma que vuelan descarriadas no encuentran su propia forma,

no encuentran su propio juicio.


Sé el undécimo si debo a la batalla llevar a mis viejos amigos:

canto sobre el escudo y ellos avanzan poderosos, indemnes, al asalto,

indemnes, del asalto, escapan indemnes.


Sé el duodécimo si veo en un árbol oscilar un cuerpo ahorcado:

así grabo y tiño las runas, para que el hombre vuelva y venga a hablar conmigo.


Sé el décimo tercero, si es que a un joven debo rociar con el agua:

nunca caerá aunque vaya al combate, no perecerá ante las espadas.


Sé el décimo cuarto si debo ante los hombres enumerar los dioses,

de Ases y de Elfos sé todas las cosas pocos sabios lo saben.


Sé el décimo quinto que Thjódrörir cantó, el gnomo, ante las puertas de Delling:

fuerza conjuró a los Ases y a los Elfos, fama, don de vidente a Hroptatýr.


Sé el décimo sexto si quiero de mujer sabia lograr amor y favor:

la mente dirijo de la hembra de blancos brazos y su ánimo altero todo.


Sé un décimo séptimo que con dolor me rechaza la joven doncella.


Que estos conjuros puedan, Loddfáfnir, servirte largo tiempo;

te sean buenos si los sigues, útiles si los tomas, provechosos si los aceptas.


Sé el décimo octavo el que nunca digo a doncella ni a mujer casada

-es mucho mejor que sólo uno lo sepa; se acerca el fin de los conjuros-

sino sólo a aquella que me toma en sus brazos o a la que es mi hermana.


Dicho está el discurso del Altísimo en el palacio del Altísimo,

muy provechoso para los hombres, tan provechoso para los gigantes;

salud al que los diga, salud al que los sepa, aprovechen al que los use,

salud a quienes oigan.
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Las EDDAS
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enlace
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Los poemas mitológicos de la Edda Mayor:
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Völuspá - La Profecía de la Vidente
Hávamál - El Discuro del Altísimo (con el poema de las Runas)
Vafþrúdnismál - Discurso de Vafthrúdnir
Grímnismál - El Discurso de Grímnir
Skirnismál - Viaje o Discurso de Skírnir
Hárbarzljóð - Canto de Hárbard
Hýmiskviða - Cantar de Hymir
Lokasenna - Los Sarcarmos de Loki
þrymskviða - Cantar de Thrym
Alvíssmál - El Discurso de Alvís
Baldrs draumar - Los Sueños de Baldr
Rigsþula - Canción de Rig
Hyndluljóð - Canto de Hyndla
Völuspá hin skamma - La Profecía corta de la Vidente
Svipdagsmál: Grögaldr, Fjölsvinnsmál - Discurso de Svipdag: Hechizo de Gróa, Discurso de Fjölsvid

sábado, 24 de mayo de 2008

SISIFO - El mito de Sísifo - ALBERT CAMUS

Sísifo - EL MITO DE SISIFO - ALBERT CAMUS


En la mitología griega, Sísifo fue fundador y rey de Éfira (nombre antiguo de Corinto). Era hijo de Eolo y Enarete y marido de Mérope. De acuerdo con algunas fuentes, fue el padre de Odiseo con Anticlea, antes de que ésta se casase con su último marido, Laertes.

Fue el padre, con Mérope, del dios marino Glauco. Se decía que había fundado los Juegos Ístmicos en honor a Melicertes, cuyo cuerpo había encontrado tendido en la playa del istmo de Corinto.

Fue promotor de la navegación y el comercio, pero también avaro y mentiroso. Recurrió a medios ilícitos, entre los que se contaba el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza. Desde los tiempos de Homero, Sísifo tuvo fama de ser el más astuto de los hombres. Cuando Tánatos fue a buscarle, Sísifo le puso grilletes, por lo que nadie murió hasta que Ares vino, liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia.

Pero Sísifo aún no había agotado todos sus recursos. Pues antes de morir le dijo a su esposa que cuando él se marchase no ofreciera el sacrificio habitual a los muertos. Así que en el infierno se quejó de que su esposa no estaba cumpliendo con sus deberes, y convenció a Hades para que le permitiese volver al mundo superior y así disuadirla. Pero cuando volvió a Corinto rehusó volver de forma alguna, hasta que fue devuelto a la fuerza por Hermes.

En el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio . El motivo de este castigo no es mencionado por Homero, y resulta oscuro (algunos sugieren que es un castigo irónico de parte de Minos: Sísifo no quería morir y nunca morirá pero a cambio de un alto precio y no descansará en paz hasta pagarlo). Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales. De acuerdo con otros, se debió a su hábito de atacar y asesinar viajeros. También se dice aun después de viejo y ciego seguiría con su castigo. Este asunto fue un tópico frecuente en los escritores antiguos, y fue representado por el pintor Polignoto en sus frescos de Lesche en Delfos.

De acuerdo con la teoría solar, Sísifo es el disco del sol que sale cada mañana y después se hunde bajo el horizonte. Otros ven en él una personificación de las olas subiendo hasta cierta altura y entonces cayendo bruscamente, o del traicionero mar. Welcker ha sugerido que la leyenda es un símbolo de la vana lucha del hombre por alcanzar la sabiduría. S. Reinach sitúa el origen de la historia en una pintura, en la que Sísifo era representado subiendo una enorme piedra por el Acrocorinto, símbolo del trabajo y el talento involucrado en la construcción del Sisypheum. Cuando se hizo una distinción entre la almas del infierno, se supuso que Sísifo estaba empujando perpetuamente la piedra cuesta arriba como castigo por alguna ofensa cometida en la Tierra, y se inventaron varias razones para explicarla.

***

El mito de Sísifo
Albert Camus


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Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima
de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso.
Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el
trabajo inútil y sin esperanza.
Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales.
No obstante,según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en
ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron
en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, ante todo, alguna
ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada
por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste,
que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición
de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a
los rayos celestes.
Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta también que
Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo
de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la
Muerte de manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba
a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su
esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza
pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan
contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra
con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a
gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la
sombra infernal.
Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió
muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la
tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger
al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los
infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Se ha comprendido ya que
Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su
tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento
por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no
acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra.
no se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. los mitos están hechos para
que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo
el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y
ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la
mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta
de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad
enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo
esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se
alcanza la meta. Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos
instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia
las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso,
esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra.
Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento
cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan
seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de
los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las
guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si
este mito es trágico lo es porque su protagonista tiene conciencia.
¿ En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la
esperanza de conseguir su propósito?. El obrero actual trabaja durante todos
los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.
Pero no es trágico sino en los raros momentos en se hace consciente. Sísifo,
proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su
condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que
debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay
destino que no venza con el desprecio.
Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse
también con alegría. Esta palabra no está de mas. Sigo imaginándome a Sísifo
volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes
de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el
llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza
surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La
inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son
nuestras noches de Getsemaní.
Pero las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así, Edipo obedece
primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento
en que sabe.
Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo
que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena
una frase desesperada: "A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la
grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien". El Edipo de
Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria
absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroismo moderno. No se
descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha. "
Eh, cómo!. ¿ Por caminos tan estrechos...?". Pero no hay más que un mundo.
La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería
un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo.
Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. " Juzgo que
todo está bien", dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo
y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado.
Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción
y afición a los dolores inútiles.
Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los
hombres. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le
pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando
contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.
En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas
maravillosas de la tierra. Lamamientos inconscientes y secretos, invitaciones
de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria.
No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo
dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no
hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal
y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante
sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca,
en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se
convierten en su destino, creado por el, unido bajo la mirada de su memoria y
pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano
de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no
tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie
de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la
fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga
que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni
fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta
montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo
para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.
Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.

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