.

.

.

.

.

EL ARTE OSCURO

↑ Grab this Headline Animator

GOTICO

↑ Grab this Headline Animator

lunes, 16 de febrero de 2009

MITO : LA INICIACIÓN EGIPCIA Y SU RELACIÓN CON EL HOMBRE

LA INICIACIÓN EGIPCIA
Y SU RELACIÓN CON EL HOMBRE
Jorge Adoum
*

Todo aspirante debe comprender los misterios de la Iniciación antigua para entender y practicar, a conciencia, la verdadera Iniciación moderna. Todos los Misterios Antiguos eran símbolos de hechos futuros que deben suceder. Para comprender la Verdad debemos estudiar los símbolos antiguos que constituyen el camino más directo a la Sabiduría.
Los egipcios practicaban la Iniciación en la Gran Pirámide. Ese monumento maravilloso jamás fue tumba de faraón alguno, como pretenden demostrar algunos expertos. La Gran Pirámide es fidelísima copia del cuerpo humano y podemos decir, simbólicamente, que es la tumba del Dios Íntimo que se halla dentro del hombre.
Para volver a la Unidad con el Dios Íntimo, el hombre debe buscar su propia Iniciación en su mundo interno, tal como en los tiempos antiguos el principiante debía penetrar al Interior de la Gran Pirámide en busca de la Gran Iniciación.
Todas las religiones y escuelas materializaban y continúan materializando los misterios, por dos razones: para velarlos a los ojos de los profanos y para facilitar su comprensión por el candidato.
Amedes le dice a Sethos, cuando llegan al pie del misterioso Santuario de la Iniciación:
“Sus caminos secretos conducen a los hombres amados por los dioses a un fin que ni siquiera puedo nombrar. Es indispensable que ellos hagan nacer en sí el ardiente deseo de alcanzarlo. La entrada de la Pirámide está abierta a todo el mundo, pero compadezco a quienes tienen que buscar la salida por la misma puerta cuyos umbrales franquearon, no habiendo conseguido sino satisfacer muy imperfectamente su curiosidad y ver lo poco que les es dado contar”.
Sin embargo, el aspirante insiste en su propósito de recibir la Iniciación y escala, detrás de su Maestro, el lado norte de la Pirámide hasta llegar a una puerta cuadrada, siempre abierta, de reducidas dimensiones (tres pies de largo y tres de alto), que da acceso a un pasadizo estrecho.
El discípulo y su guía lo recorren arrastrándose con dificultad. El guía va delante con una lámpara, símbolo del saber humano, que apenas alumbra su camino.
La palabra Pirámide viene de pyr, fuego, o sea espíritu. La Iniciación en la Pirámide equivale a la comunicación con los grandes misterios del Espíritu, “la Unión en el Reino de Dios Interno con el Padre”. El fuego de que se habla aquí no es el fuego material, ni tampoco el fuego o luz de los soles, sino otro fuego, mil veces más excelso: el del Pensamiento.
La Gran Pirámide Iniciática, a la que penetraba el candidato, es el símbolo de nuestro propio Cuerpo. En efecto, ¿dónde, si no en él, nos iniciamos, más o
menos, a lo largo de la vida y de las vidas?.
En esta Gran Pirámide-Cuerpo nos iniciamos evolutivamente, hasta llegar a la condición de Adeptos Divinos, iniciadores, a nuestra vez, de los seres inferiores a nosotros.
La puerta estrecha de la Pirámide es la misma puerta estrecha del Evangelio, que conduce a la salvación. Está siempre abierta, pero para entrar por ella, el hombre debe inclinarse o doblarse, conduciéndose a sí mismo al mundo Interno con el pensamiento. El pasadizo angosto es el camino abrupto y penoso que conduce al Reino de Dios dentro del cuerpo, porque el camino de la perdición es ancho, dice Jesús; el Guía es el buen deseo o aspiración y el candidato es el hombre.
Después de muchas angustias, de breves instantes que le parecen siglos, el aspirante llega a una habitación de regulares dimensiones (dentro de la caja torácica). Allí lo reciben dos Iniciados (dos intercesores: el YO SUPERIOR y el ÁNGEL DE LA GUARDA). Ambos son creados por el propio hombre, con la mejor de sus aspiraciones presentes y pasadas, pero no debe hacerles pregunta alguna. Más, como el aspirante ignora esta prohibición, trata de pedirles explicaciones, pero se le informa que no debe malgastar su tiempo ya que no obtendrá respuesta a nada, pues los intercesores no son sino sus propias criaturas (y solamente el Dios Íntimo puede dar respuestas verdaderas).
Esos dos intercesores llevan el pensamiento al mundo interno y entran en un largo corredor que conduce al borde de un precipicio profundo e insondable (el precipicio de las tentaciones de los deseos, que conduce a la parte inferior del cuerpo físico; el aspirante debe ser tentado con esta prueba y tiene que bajar al pozo oscuro de su propio cuerpo).
Una luz, emanada del intelecto, puesta al borde, le permite apreciar el peligro de la espantosa caída (cuando el pensamiento se dirige a ese mundo inferior y en él se deleita). Mirando con atención, el aspirante distingue unas barras colocadas a un lado de la negra cueva y que permiten, aunque no sin riesgo, el descenso (del pensamiento) por ellas, a los hombres de mente firme y ánimo imperturbable.
El aspirante prefiere bajar para no sufrir las dificultades del regreso. A bastante profundidad terminan las gradas (las costillas) sin llegar aún al fondo. En la última grada (la del vientre) busca una solución al terrible problema y entonces encuentra en la pared una abertura o ventana angosta por donde puede entrar a otro corredor, siempre descendente, pero en forma de espiral estrecha. Al fin de ese pasadizo, el neófito tropieza con una sólida puerta. La empuja, ella cede, pero al cerrarse tras de él, golpea en los quicios y produce un fragor infernal.
Sigue adelante, mas otra grada le corta el paso. Al aproximarse ve que continúa un corredor bajo y estrecho, sobre cuya entrada brilla una inscripción: “Todos los que recorren esta senda, solos y sin mirar atrás, serán purificados por el fuego, por el agua y por el aire. Si consiguen vencer el miedo (de la mente) a la muerte, saldrán del seno de la tierra (de la profundidad del cuerpo humano), volverán a ver la luz (del Sol, en el corazón) y tendrán el derecho de preparar el alma para recibir la revelación de los misterios de la gran Diosa Isis (los misterios de la naturaleza humana)”.
(Desde su entrada por la puerta de la Pirámide, o por su propio corazón, el aspirante ha tenido que avanzar, hasta aquí, por cuatro corredores que se comunican entre sí mediante aposentos o gradas). El pensamiento, durante esa penetración, tiene que recorrer los cuatro corredores que unen y comunican los cuatro poderosos centros mágicos del cuerpo humano, que llevan a las cuatro etapas inferiores del mundo interno siguiendo las leyes cósmicas de la involución; pero, una vez llegado a la última etapa, comienza nuevamente su ascenso tras haber sido probado, en su evolución, por el fuego, por el agua y por el aire.
El aspirante sigue el camino de la Iniciación.
Aunque nadie lo vea, está siempre vigilado por sus intercesores: a la menor debilidad, acudirán presurosos y, por otros pasadizos, lo conducirán a la puerta de entrada para que se reintegre a la Luz y a la vida exterior, no sin haber jurado que a nadie referirá lo ocurrido. El perjuro será terriblemente castigado, porque ese descenso a las etapas ínfimas confieren al aspirante los poderes de las tinieblas y ¡ay de quien se atreva a comunicar a los demás esos poderes o los utilice para fines personales!.
Al final del oscuro corredor, el aspirante encuentra a tres iniciados que tienen la cabeza y el rostro cubiertos con la máscara de Anubis. (Hay tres iniciadores de los tres cuerpos, que nos guían por esas etapas antes de que lleguemos al altar de los Misterios Mayores).
Esa puerta es, en la Iniciación, la puerta de la muerte. Uno de los enmascarados dice al aspirante: “No estamos aquí para estorbar tu paso. Puedes continuar si los dioses te conceden el valor que necesitas; sabe, sin embargo, que si traspasado este lugar, llegas al fuego sagrado de tu Divinidad y tratas, en cualquier momento, de retroceder, aquí estamos para impedir que huyas. Hasta ahora eres libre de retroceder; mas, si sigues adelante, perderás la esperanza de salir de estos lugares sin obtener la victoria definitiva. Aún es tiempo: ¡decídete! Si renuncias, aún puedes salir por este corredor (que da hacia el mundo exterior) sin volver la vista atrás; si avanzas, sigue el camino del frente (que te conduce al centro de la médula espinal), por el cual debes subir al cielo. Debes recorrer ese camino sin vacilación (si no quieres ser retenido en tu propio infierno). Escoge”.
Tras responder el aspirante que nada le arredrará, los tres guardianes lo dejan pasar, cerrando la puerta (la cuarta). Otra vez queda solo en un largo pasadizo en cuyo extremo advierte un resplandor. A medida que avanza, la luz se vuelve más intensa, hasta ser deslumbradora. Luego llega a una sala abovedada donde, a lado y lado, arden piras enormes cuyas llamas se entrecruzan en el centro (la base de la columna vertebral).
Esa parte está cubierta por un enrejado incandescente. Los clavos le impiden al aspirante poner el pie en un lugar donde no arriesgue quemaduras y, al transponerlo, hay no solamente el peligro de perecer abrasado sino también el de morir asfixiado en ese ambiente irrespirable.
Cerrando los ojos penetra en la habitación ígnea; pero ¡oh increíble encanto!, al tocar los pies el enrejado fino (cuando el pensamiento puro penetra sin temor en el fuego sagrado), las llamas desaparecen, las hogueras se apagan al instante y el paso por ellas se vuelve posible sin temor a que se trate de una mera apariencia: es una realidad tangible. En las entrañas sobremanera misteriosas de nuestro cuerpo, como en las de nuestro planeta, arde, según la
física, un gran fuego y duerme, según la metafísica, un fuego más intenso aún: el fuego del pensamiento Cósmico. Esos fuegos, ocultos a la vista del profano que vive fuera del Templo, son vistos y sentidos por el Iniciado.
Juan decía a sus discípulos: “Yo os bautizo verdaderamente con agua; pero el que vendrá después de mí os bautizará con fuego y con el Espíritu Santo”. Juan, el asceta, la mente carnal, no puede comunicar a sus discípulos mayor sabiduría que la de los misterios relacionados con el ámbito de la materia, cuyo símbolo es el agua, mientras que la sabiduría que comunicaría Jesús, como Iniciado en los Misterios superiores, era el propio fuego de la Sabiduría, nacido de la verdadera Gnosis o real Iluminación Espiritual.
Debemos comprender aquí la naturaleza de ese fuego. Dijimos ya que no se trata del fuego físico sino del aspecto superior de ese elemento. La prueba del Fuego Superior a que se somete al aspirante en la Iniciación Interna, lo pone frente a sí mismo, o sea la naturaleza divina frente a la naturaleza terrena. Es el viaje de regreso, el viaje mental a su propia Divinidad. Debe atravesar para ello las esferas de los Señores de la Llama, así como las atravesó en su viaje de involución o descenso.
El Poder Ígneo del hombre es lo que lleva a la Humanidad a su prosperidad espiritual y material y da origen a los Maestros y Guías de las Naciones.
En esas esferas residen los Señores de la Llama y cuando el aspirante a la vida superior los evoca por la Iniciación Interna, dentro de la parte inferior del cuerpo Sus llamas consumen lo inferior, lo mezquino, lo denso y lo grosero y lo convierten en Dios Omnipotente.
Esas llamas, en el cuerpo humano, constituyen el Fuego Creador y son las emanaciones del Espíritu Santo - Tercer aspecto del Dios Íntimo -; por ellas el hombre se acerca a su Divinidad.
Para poder atravesar el mundo de las llamas divinas son necesarios un pensamiento y un cuerpo puros, castos y fuertes.
El Mundo de los Señores de la Llama tiene siete divisiones, como los demás mundos, pero esas etapas o divisiones se penetran mutuamente. En la parte superior gobierna el Dios Ígneo de la Luz y en la parte inferior domina el demonio del humo.
En la Humanidad actual predomina el elemento ígneo con humo y por ello hay guerras de destrucción, particularmente con fuego e incendios, al paso que los Iniciados tratan de dominar el mundo por medio de la Luz pura y no por medio del Fuego destructor.
El fuego del Sol Central y su representante en la cabeza arden más no queman, a la manera de la zarza de Horeb, mientras que el fuego del sol físico quema y arde por su rebelión contra el Sol Central, como sucede en el cuerpo físico.
El pensamiento es un poder que tiene sonido, calor y forma. Una vez dirigido hacia la parte inferior del cuerpo, asciende el fuego sagrado, mas la Pureza del pensamiento y su castidad eliminan del fuego su humo y su calor destructivo y dejan solamente Su Luz, y Dios es Luz. Entonces el Iniciado es elevado por los Ángeles de la Luz al Trono de la Luz.
Todo hombre debe pasar por esas etapas, mas los que toman el camino del regreso, ascendiendo, son los magos blancos o hijos de la Luz, mientras los que se detienen en esas esferas se convierten en magos negros o hijos de las tinieblas.
En ese viaje mental el Pensador procede a la iniciación de sus átomos; únicamente la pureza y la castidad pueden librarlos del Infierno del Fuego y tinieblas para conducirlos al Cielo de la Luz pura, libre de todo humo y ardor.
El hombre que domina sus instintos se hace servir por esos dioses elementales del Fuego.
Siguiendo luego por otras galerías, dentro de su propio organismo, el aspirante iba a desembocar en la líquida extensión que invadía toda la amplitud de un subterráneo. En el otro extremo se distinguía, al fin, una escalinata. Era preciso vencer el peligroso obstáculo y, consecuentemente, el aspirante se desnudaba, rápido, y, sosteniendo sus ropas enrolladas en lo alto de la mano con que sujetaba la lámpara, se valía de la otra para nadar y vencer la corriente de las aguas agitadas (de los deseos).
Antes de serle autorizado el ingreso para llevar a término sus deberes de sacerdocio en el mismo santuario, el aspirante debía ser sometido a la prueba del agua. El divino Jesús cumplió esa ley en el Jordán, donde pasó por el rito místico del bautismo de agua. Dícese que entonces el Espíritu Santo descendió sobre Él.
Cuando el aspirante se somete a la prueba del agua siente que se desprende de su cuerpo físico y de sus cinco sentidos; esta separación es parcial, como la que se experimenta en los momentos de entrada al sueño. El hombre, pasando primero por la prueba del fuego y luego por la del agua, sigue la misma evolución del planeta Tierra, que un día fue ígneo y que, al enfriarse por el contacto con el espacio, generó humedad que, al evaporarse, se elevaba y luego caía hasta que llegó a ser agua. De modo que, por la acción del calor y el frío, se formaron los espíritus de la tierra, del agua y del aire que hasta hoy siguen conformando el cuerpo humano. O sea que esos elementales nos acompañan desde la remota edad de nuestra formación física.
Una vez descritos los elementales del fuego, debemos decir algo sobre los del agua, o ángeles del agua, distinguiendo siempre entre el agua física y sus elementales.
En la Iniciación interna, después de vencer los elementales del fuego, dominando el instinto, el Iniciado tiene que dominar los elementales del agua o de los deseos. Y es preciso distinguir la diferencia que existe entre el instinto y el deseo.
La prueba del agua es el símbolo del vencimiento del cuerpo de los deseos. Debe advertirse al candidato que, para regresar al Cielo del Padre, a la Unión con Él, tiene que deshacerse de los groseros goces de la carne sin menoscabar su inclinación a los gozos espirituales.
El fuego que radica en la parte inferior del cuerpo es el del instinto; el de los deseos se encuentra en el hígado y ambos influyen en la mente, con participación de ella.
El Aprendiz, después de seguir por otras galerías en su cuerpo, llega al hígado,
morada del cuerpo de los deseos.
El Rey elemental del agua reside en esa víscera que dirige sus huestes en el cuerpo por medio de los deseos.
Nuevamente debemos insistir en la necesidad de no confundir el agua con su elemento superior, que es el Deseo, así como no debe confundirse el cuerpo con el Espíritu. El mundo de los elementales del agua es como un vapor diáfano; sus habitantes son seres vivos e inteligentes que intensifican nuestros deseos e impresiones.
Los elementales del agua se apoderan de la sustancia mental para adoptar la forma deseada; sin embargo, al verlos desde adentro, se asemejan a una constelación y por eso los ocultistas llaman mundo astral al mundo de los elementales del agua, por su similitud con los astros.
Cuando el Iniciado vence ese mundo y ese cuerpo astral de los deseos en su hígado, puede penetrar en la inteligencia de la naturaleza y levantar el velo de Isis.
El hombre que se entrega a la satisfacción de sus deseos groseros se encuentra asido por estos, como por un pulpo: ellos se apoderan de los átomos mentales para crear formas con las cuales encadenan al hombre.
Esos elementales tienen sus escuelas internas dentro del hombre, aunque dan sus enseñanzas solamente a las personas que los dominan y ese dominio debe basarse en el amor.
Los elementales del agua admiran y respetan mucho a los seres que se sacrifican por los demás y a los que enfrentan el peligro para salvar a los náufragos.
Las siete divisiones de ese mundo están pobladas por elementales de desarrollo diferente. Los inferiores nos incitan a los deseos bajos, mientras que los superiores nos enseñan la sabiduría de las edades pasadas, cuando la chispa Divina del hombre penetraba en la densidad de la materia.
Cuando un hombre domina sus deseos, los elementales del agua acuden a servirle con obediencia, buscando así llegar a la inmortalidad por medio de la energía que reciben de lo Íntimo del hombre.
Al llegar a la otra orilla, el neófito se vestía y, tras un breve descanso, comenzaba a subir la escalinata en cuya cima había una plataforma fronteriza y una gran puerta con dos argollas fijas a ella, como llamadores.
Al empujarla, perdía apoyo en el descansillo y el neófito quedaba en el aire, colgado de las manos, sacudido por un furioso vendaval y sin lumbre, por haber dejado caer la que llevaba, para agarrarse a las argollas. Después de algunos momentos de angustia y terror, que debían parecerle eternos, cesaba el viento. El neófito volvía a sentir, bajo sus pies, el terreno firme del descansillo y, ante sus ojos atónitos, se abría la puerta para ponerle delante un magnífico templo intensamente iluminado.
La prueba del aire pertenece al mundo mental.
En la región abstracta del mundo de la mente habitan los elementales del aire, que desempeñan un papel importante en la evolución del hombre. Allí se
encuentra también nuestra mente propia, heredada de nuestro pasado remoto.
Los elementales superiores del aire poseen la inspiración en cualquier ciencia o arte; los inferiores se interesan mucho por los fenómenos espirituales.
En la Iniciación interna el neófito debe dominar los elementales inferiores para ser servido por los superiores. Una vez dominados los primeros y servido por los otros, el hombre llega a la omnisciencia, pudiendo entonces conocer o, mejor, reconocer las historias del pasado y ver el futuro. Podrá saber, con exactitud, la hora de su muerte y librarse de los tormentos ilusorios y alucinantes de las regiones del Infierno y el Purgatorio.
Los elementales del aire estimulan y guían nuestra mente hacia los pensamientos altruistas y elevados, gracias a la visualización interna.
Con tal visualización podemos concentrar y aprender todas las ciencias y religiones del pasado y, al mismo tiempo, crear nuevas ciencias y religiones de mayor perfección.
Cuando un hombre domina el fuego sexual en la prueba del fuego, impregna la región de su mente con sus átomos luminosos, solares, cuyo brillo infunde profundo respeto a los elementales del aire.
Por su omnisciencia llega el Iniciado a saber la razón de las cosas sin necesidad de pensar en ellas, porque ese saber está dentro de nosotros mismos y, para comprenderlo, no debemos vacilar. Entonces el hombre no huye del peligro porque sabe de antemano lo que va a suceder y cómo ha de ponerse en lugar seguro.
Los elementales del aire son los depositarios de los archivos de la naturaleza; todo cuanto desea saber el hombre lo encuentra en los archivos, en manos de esos elementales que habitan dentro de nosotros.
Los elementales del aire son los que leen los pensamientos ajenos y comunican esa lectura al hombre, a quien respetan y sirven. Jamás se manifiestan a la gente orgullosa o vanidosa. Son muy amigos de los simples y humildes y por ello vemos que muchas verdades salen de boca de los niños y de los pobres de Espíritu, como dice el Evangelio. Nos dice también que, después de su tentación en el desierto, Jesús fue servido por ángeles que no eran otros que los elementales superiores del aire. Nadie que sea orgulloso de su mente y su saber humano logra dominar a las Potestades del Aire, como las llama San Pablo, pese a que son muy obedientes a los que alcanzan el dominio mental por la concentración, siempre que esta tenga una finalidad constructiva.
El orgullo y la magia negra pertenecen a la división inferior de esos elementales. Muchas veces enloquecen y enferman a sus médiums y producen en ellos perturbaciones mentales. La Legión que fue dominada por Jesús y sacada de los dos locos sensitivos que vivían en los cementerios, era la división inferior de los elementales del aire, porque hay personas que se dedican a la nigromancia y otras ramas de la adivinación, sea por lucro personal o por vanagloria, y caen en las redes de los elementales inferiores al ejercer tales dones de manera inadecuada.
El mundo mental inferior es dominado por el Enemigo oculto en nosotros. Él tiene a sus órdenes a las huestes inferiores del aire, mientras que los elementales superiores son huestes del Pensador Padre de la creación, que
los envía al hombre en forma de intuición o de inspiración superior a través del corazón.
Los superiores son defensores de los órganos delicados del cuerpo astral, mientras que los inferiores los rompen para dejar pasar, por las roturas, ciertos conocimientos del más allá.
La concentración del Adepto o Santo puede compararse a una evaporación de la Inteligencia para llegar al conocimiento de los misterios ocultos; mas las provocaciones de los espiritistas, hipnotizadores y otros, tienen por objeto la materialización de lo sutil y diáfano para poder juzgar a través de los sentidos físicos. El primer método espiritualiza la materia; el segundo materializa lo espiritual creyendo, de ese modo, poder conocerlo.
Todo discípulo que se vanagloria de sus poderes ahuyenta de sí a los elementales superiores del aire.
La mente humana tiene, en sus movimientos, analogía con el aire: así como no se puede retener ni dominar el aire, sólo consigue dominar el pensamiento quien alcanzó, en su Iniciación, los grados superiores.
La finalidad de la Iniciación externa es dar al aspirante un símbolo de la dominación de sus pensamientos después de haber dominado sus instintos y emociones. Esa es la única verdad que lleva a la Unidad.
Una vez terminadas sus pruebas y vencedor en todas, entraba el aspirante en su magnífico Templo Interior, iluminado por la Luz divina.
Desde el altar avanzaba el Sacerdote, lo felicitaba por su firmeza y valor, le ofrecía un vaso de agua pura, símbolo de su Iniciación y perfeccionamiento moral. En seguida, se arrodillaba ante la triple imagen de Osiris, Isis y Horus, la Trinidad Sagrada.
Siguiendo ese maravilloso relato en el mundo interno podemos llegar a significados sorprendentes.
Cuando el aspirante triunfa en sus pruebas internas dentro de su propio Templo-Cuerpo iluminado, llega hasta su corazón, el Altar del Dios Íntimo; entonces se adelanta a recibirlo el Gran Sacerdote, el símbolo del Hombre Perfecto, que es el Átomo Nus que vive siempre cerca del Altar Divino en el hombre y está esperando al discípulo en su viaje mental para guiarlo hasta su propia Divinidad. El Átomo Nus, después de felicitarlo, le da de beber el agua de la Vida Eterna como recompensa a su llegada al Reino de su Padre Interno. En seguida, arrodillase frente al Altar, ante las tres representaciones del Dios Íntimo que son: el Poder, el Saber y la Manifestación, la Trinidad Sagrada.
Pero todavía no está unido con su Íntimo: se encuentra, apenas, ante sus atributos.
Con esa ceremonia concluía la primera parte material de la Iniciación.
El aspirante tuvo el valor y la fuerza necesarios para su adelanto; pero eso no es todo: aún le falta saber si, no habiéndolo vencido el terror, no lo avasallarán las seducciones del bienestar, de la pasión y del placer.
Para demostrarlo, y sin que el aspirante lo advierta, en el transcurso de su
educación iniciática debe ser tentado como Jesús en el desierto, a fin de apresurarse a cumplir sus obligaciones de vida pura y dominio de los apetitos y sensaciones.
Si venciera sería un discípulo de la Iniciación; si, por el contrario, lo venciesen sus apetitos y pasiones, sería sentenciado a permanecer en la categoría inferior hasta que aprenda a vencerse a sí mismo.
Durante las pruebas morales y la meditación el aspirante aprende, en las escuelas internas, toda la sabiduría: el significado de las ceremonias religiosas, la simbología, la conciencia y la magia de los números y letras, la relación de la astronomía con su propio cuerpo, que lleva a la astrología hermética. Aprende el poder de la palabra y del pensamiento y sus efectos, manejando el poder magnético e hipnótico, y recibe gradualmente la ciencia de la Magia y el modo de utilizarla.
Más, para llegar a la cima del poder, debe preparar sus tres cuerpos: el cuerpo físico, el cuerpo de los deseos y el cuerpo mental, de los cuales salió vencedor en las pruebas.
Domina el cuerpo físico por medio del ayuno y el ascetismo. El ayuno purifica y el ascetismo domina sus sensaciones venciendo la sed, el frío, el calor, el cansancio, el sufrimiento y todas las molestias materiales.
Debe mantener el cuerpo limpio, dormir poco, trabajar mucho; su alimentación debe ser buena y natural y no debe beber sino agua.
Domina el alma o cuerpo de los deseos matando las pasiones, la ambición, el ansia de poseer, el bienestar personal, el egoísmo, etc. Debe lograr ser indiferente a las alegrías y los dolores, a los placeres y sufrimientos, de modo que nada altere jamás su tranquilidad de pensamiento. En este periodo tiene que aprender ciertas obligaciones místicas, rituales y costumbres, prácticas y oraciones.
Para dominar su tercer cuerpo, que es el mental, debe dedicar todos sus pensamientos al mundo interno, silencioso en sus meditaciones, enviando su poderosa voluntad a distancia para cumplir ciertos deberes. Desde ese arte puede llegar a los planos superiores de la Vida Espiritual, donde se alcanza la Iluminación y el conocimiento de la verdad.
El dominio de los tres cuerpos es necesario para la última prueba que equivalía al coronamiento de toda la Iniciación. Significaba la renuncia completa a todo lo vulgar y terreno para alcanzar la suprema Luz, que sólo brilla ante los ojos cerrados por la muerte física.
Esta última prueba consistía en colocar al discípulo en un sarcófago.
Metido en él, debía pasar, inmóvil, toda la noche, entregado a una meditación profunda y a rezos especiales. En esas condiciones realizaba la proyección del cuerpo astral según los métodos que le habían enseñado, y su cuerpo invisible, arrastrado por las corrientes de los mundos superiores, ascendía a las alturas donde se le decía la última palabra, donde conocía el último secreto de la Verdad absoluta. AI rayar el día siguiente, se levantaba del sarcófago otro hombre: un Adepto, perteneciente a la suprema Jerarquía de la Iniciación. Sus poderes eran indescriptibles, y sus obligaciones y responsabilidades, espantosas.
Nadie sino un Maestro de la Sabiduría Secreta sería capaz de hacerles frente.
La entrada al mundo astral exige el dominio de los tres cuerpos arriba indicados: el aspirante debe ser puro en el cuerpo físico, en el cuerpo de los deseos y en el cuerpo de los pensamientos o, en otros términos, puro en pensamientos, deseos y obras.
La Verdad es interna y, para llegar a ella, debemos entrar en nuestro mundo interno y hacer de nuestro cuerpo físico un sarcófago. Gracias a la meditación profunda y a la oración mental, el espíritu penetra en las corrientes divinas y asciende hasta el Padre que “dará al vencedor el maná escondido y le entregará una piedrezuela blanca y, en ella, un nuevo nombre escrito, que nadie conoce sino aquel que lo recibe”.
Al final indicaremos los ejercicios adecuados para estos ensayos.
Hay quienes creen que los templos de la Iniciación se extinguieron antes de la Era cristiana. Tal vez sea verdad, pero no debe olvidarse que, si la Iniciación Egipcia desapareció, otras Iniciaciones, más importantes y más prácticas, surgieron del judaísmo y que el Cristianismo nos trajo la más acabada.
Hoy se nos dice que conviene ir a buscar en el Tibet la palabra perdida; que en las cimas inaccesibles del Himalaya está el retiro misterioso de los Maestros. No negamos “la existencia de seres excelsos en esa región, pero debemos comprender siempre que el Himalaya es también un símbolo, igual que la Pirámide de Egipto, de cuanto permanece en el mundo interior del hombre.
La entrada invisible sigue abierta; la senda, hoy como entonces, existe. No la pueden recorrer sino quienes ponen en práctica los cuatro consejos de la Esfinge, guiados por un propósito decidido y desprovisto de curiosidad malsana. Dondequiera que estén, pueden hallar el camino porque los Maestros Internos velan y su atención llega a todas partes.
Hablamos de la Iniciación Egipcia que se celebraba en la Pirámide y de su relación íntima con el cuerpo humano. Ahora hablaremos de la Iniciación Hebraica que, aunque diferente en sus símbolos, tiene el mismo objetivo y la misma finalidad que la primera.

domingo, 15 de febrero de 2009

MITO, LEYENDA , HISTORIA : LA MAGIA DE ARBATEL

*LA MAGIA DE ARBATEL*

“El que anda en comentarios fraudulentos revela los secretos, Mas el de espíritu
fiel los contiene.”
Proverbios XI, 13.
.
La Sabiduría espiritual de los Antiguos
Y de los Sabios de Dios,
Los Magui de los Gentiles, para la ilustración de la gloria de Dios, y
Su amor por la humanidad
.
Primero que nada Producto de la luz que dispersa las tinieblas, en contra de todos
los cacomagos y contendientes de los regalos de Dios, para el beneplácito y deleite de
todos los que verdaderamente y piadosamente aman las criaturas de Dios, y que las usan
con acción de gracias, en honor a Dios, y para el beneficio propio y del vecino.
.
LIBROS DE ARBATEL SOBRE LA MAGIA
.
MAGIA QUE CONTIENE
NUEVE TOMOS DE AFORISMOS
DE SIETE SEPTENARIOS1
1 Originalmente existieron nueve tomos, solo ha sobrevivido hasta nuestros días el presente tomo que es el
primero, es posible que los otros nunca fueran escritos o que el autor halla fallecido antes de completarlos.

.
Prólogo
El primer tomo se titula Isagogia libro de las leyes de la Magia ,
contiene 49 aforismos que son los preceptos más generales del
arte.
El segundo
es la magia microcósmica que trata sobre aquello que el microcosmos
puede efectuar mágicamente, es decir mediante la ciencia espiritual, gracias a su espíritu
propio y a los geniosque le son adjudicados al nacer, así, como sobre la forma en que
puede hacerlo.
El tercero es la magia olímpica que enseña de qué manera el hombre es
alternativamente activo y pasivo en relación al influjo olímpico.
El cuarto es la magia hesiódica y homérica que opera a través de los
cacodemonios3 hostiles a la raza humana.
El quinto es la magia romana o sibilina que enseña la actividad de los espíritus
tutelares a los que han sido distribuidas las regiones del universo y cómo servirse de
ellos.
El sexto es la magia pitagórica que opera únicamente sobre los espíritus a los que
ha sido dado el conocimiento de las artes: física, medicina, matemáticas, alquimia y
ciencias análogas.
El séptimo es la magia apolínea que tiene mucha relación con la magia romana y
con la microcósmica; sin embargo posee la particularidad de ejercer su poder sobre los
espíritus hostiles al hombre.
El octavo es la magia hermética, es decir egipcia, que no difiere mucho de la
magia divina. Hace que se manifiesten los dioses que habitan templos de toda suerte.
El noveno es la Sabiduría que emana del sólo verbo de Dios y que se llama
profética.
2 Del griego pneuma: soplo divino, espíritu, alma.
3 Espíritus malos, opuestos a los daimones, en griego daimon significa espíritu. La Cacosofía con sus
Cacodaemones es contraria a la Teosofía con sus daemones, ver Conclusión del la obra para mayor detalle.

.
TOMO I
LLAMADO ISAGOGIA
En el nombre del Creador de las cosas visibles e invisibles que revela los
misterios de sus tesoros a quienes le invocan y nos dispensa larga y paternalmente sus
secretos inconmensurables. Que por su único hijo Nuestro Señor Jesucristo nos otorgue
los enviados espirituales reveladores de sus secretos, para que podamos escribir el libro
de Arbatel sobre los máximos secretos que le es dado conocer al hombre y de los que éste
puede servirse sin ofender a Dios. Amén.
PRIMER
SEPTENARIO DE AFORISMOS
Aforismo I.- Que quien quiera conocer los secretos sepa primero guardar
secretamente los secretos; que selle lo que debe ser sellado, que no dé a los perros lo que
es sagrado y que no arroje perlas a los puercos. Observa estas leyes y los ojos de tu alma
se abrirán a la comprensión de los secretos, escucharás una voz divina que te revelará
todo lo que tu alma haya deseado. Tendrás mensajes de los ángeles de Dios y servicios
perfectos de los espíritus existentes en la naturaleza tal como no los puede desear ningún
humano.
Aforismo II.- Invoca en toda cosa el nombre del Señor y no comiences acción ni
meditación alguna, sin haberlo invocado por su hijo único. Pero utiliza a los espíritus que
te han sido dados o atribuidos como servidores, sin temeridad ni presunción, con el
respeto debido al Señor de los espíritus. Considéralos como emanaciones de Dios y
trabaja pacíficamente el resto de tus días honrando a Dios y mejorándote a ti mismo y a
tu prójimo.
Aforismo III.- Vive para ti y para las Musas evita la amistad de la multitud, sé
avaro de tu tiempo, benefactor para todos, manifiesta tus cualidades, vela por tu
vocación; que nunca se aleje de tu boca el Verbo de Dios.
Aforismo IV.- Obedece los buenos consejos, huye toda debilidad. Acostúmbrate a
la firmeza y a la seriedad en todos tus actos y palabras. A las tentaciones del tentador,
resiste por el verbo de Dios. Huye el siglo, busca el cielo. No confíes en tu sabiduría,
eleva en toda cosa tu pensamiento hacia Dios pues está dicho en la Escritura: «Cuando no
sabemos lo que deseamos hacer, elevamos losojos hacia ti». Cuando nos fallan las
fuerzas humanas, brota como una chispa la ayuda divina, siguiendo el dicho de Filón.
Aforismo V.- Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, y
al prójimo como a ti mismo, y el Señor te protegerá como a la niña de sus ojos, te librará
de todo mal y te colmará con todo su bien. Tu alma no deseará nada sin poseerlo
inmediatamente si es cosa sana para tu cuerpo y para tu alma.
Aforismo VI.- Lo que hayas aprendido repásalo frecuentemente y fíjalo en tu
memoria; aprende mucho, y no muchas cosas. El espíritu humano no puede abarcarlo
todo a menos que esté regenerado divinamente, pero para él nada es ni tan difícil ni tan
variado que no lo pueda poseer.
Aforismo VII.- «Invócame en el día de la prueba y Yo te escucharé y tú me
glorificarás». Ahora bien: Toda ignorancia es una prueba. Invoca pues al Señor en tu
ignorancia y él te escuchará. No olvides glorificar a Dios y di con el Salmista:
«Qué la gloria no sea para nosotros, Señor, qué no sea para nosotros, sino sólo
para tu nombre».
.
SEGUNDO
SEPTENARIO DE AFORISMOS

Aforismo VIII.- La Escritura testimonia que Dios puso simultáneamente a las
personas y a las cosas, tanto sus nombres como sus virtudes y funciones, todos ellos
atributos emanados de sus tesoros. Por esta razón las propiedades de los caracteres y de
los nombres constelados no provienen ni de su forma ni de la pronunciación sino de la
fuerza o propiedad que Dios o la naturaleza imprimió en tales nombres o caracteres No
hay en efecto ni en el cielo, ni en la tierra, ni en los infiernos, virtud alguna que no
descienda de Dios y, sin su gracia, nada puede transmitir ni actualizar lo que posee en
potencia.
Aforismo IX.- La sabiduría absoluta es la que reside en Dios; después viene la de
las criaturas espirituales, a continuación la de las corporales; el cuarto grado está en la
naturaleza y en las cosas naturales. Después, pero con mucho intervalo, vienen los
espíritus del Rebelde y los reservados para el último juicio. En séptimo lugar, los
ministros de las penas en el infierno, servidores de Dios. En séptimo lugar, los Pigmeos
que ocupan un lugar poco desdeñable y habitan los elementos y las cosas elementales.
Conviene conocer y distinguir todos los grados que diferencian la sabiduría del Creador
de la de las criaturas para que, si nos fuera útil servirnos en algo de alguna de ellas,
sepamos inmediatamente la manera de proceder y la razón del acto, ya que toda la
creación no tiene sino un fin, la naturaleza humana, y un solo medio, la naturaleza
humana, como atestiguan las Sagradas Escrituras, la razón y la experiencia.
Aforismo X.- Dios padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas
las cosas visibles e invisibles, ha querido reflejarse y manifestarse a sí mismo en la
Escritura Santa y, como un padre que ama tiernamente a sus hijos, nos enseña lo que es
útil y lo que no lo es, lo que es necesario buscar y de lo que es preciso huir. A
continuación, con la promesa de los mayores bienes corporales y eternos nos atrae a la
obediencia; con la amenaza del castigo nos aleja de lo que nos sería perjudicial. ¡Oh tú
que me lees!, vuelve a tus manos la Escritura Santa, noche y día, para poseer ahora y por
toda la eternidad la felicidad y la beatitud. Hazlo así y vivirás como te enseñan las
páginas sagradas.
Aforismo XI.- El cuaternario es el número pitagórico y el primer cuadrado.
Establezcámoslo pues aquí como fundamento de toda sabiduría, después de la sabiduría
revelada por Dios mismo en la Escritura Santa y presentada en la naturaleza a la
contemplación de los hombres.
Aprende bien que quien depende enteramente de Dios es obedecido y servido por
todo el saber de la creación, de grado o por fuerza, consciente o inconscientemente. En
eso se manifiesta la omnipotencia de Dios. Este es el punto capital: querer hacerse servir
por la creación y distinguirse de quienes no quieren; aprender a adaptarnos la inteligencia
y la función de cada ser. Este arte se obtiene únicamente de manera divina, Dios revela
sus secretos a quien le place.
A quien Él no quiere dispensar nada de sus tesoros, el que ha incurrido en la
cólera divina, nada tendrá, incluso por la fuerza, pese a Él.
Así pues pidamos únicamente a Dios 
 μ
 μ
4 que,
misericordiosamente, nos hará participar en ella. ¿Cómo el que nos ha dado su Hijo y nos
ha ordenado que oremos para obtener su Espíritu Santo, no nos sometería más fácilmente
aún a toda la creación visible e invisible? «Todo lo que pidáis os será concedido ». No
abuséis de los dones de Dios y todo cooperará a vuestra salvación. Pero en primer lugar,
velad para que vuestro nombre esté inscrito en el cielo: ello os favorecerá más que un
espíritu servidor, tales son los consejos de Cristo.
Aforismo XII.- En las «Actas de los Apóstoles» el Espíritu dice a Pedro tras su
visión cuando era mandado por el centurión Cornelio: «Desciende y no dudes pues soy
yo quien les ha enviado». De esta manera y por el verbo humano es como han sido
transmitidas todas las enseñanzas por los Santos Angeles de Dios, como puede verse en
los monumetos egipcios. Pero a continuación se han mezclado con opiniones humanas y
se han pervertido por la acción de los espíritus malignos que siembran la cizaña y la
discordia entre los hijos de la duda, como se comprueba en San Pablo y en Hermes
Trimegisto.
No hay otra base para restaurar las artes sino instruirse junto a los santos espíritus
de Dios, pues la fe verdadera es la fe en lo que se ha oído. En cuanto a estar seguro de la
veracidad de las revelaciones, eso depende de tu fe en Dios; es la verdad si, como San
Pablo, puedes decir: «Se en quien pongo mi confianza ».
Si ni un gorrión puede perecer en la tierra sin la voluntad del Padre que está en los
cielos, cuanto más, hombre de poca fe, Dios no permitirá tu decepción si dependes de él,
si colocas sólo en él todo tu afecto.
Aforismo XIII.- Dios es el Dios vivo y todo lo que vive, vive en él. El es
verdaderamente el que se esparce en todas las cosas para que sean lo que son, y con una
sola palabra de su boca ha manifestado por su hijo todo lo que es para que sea. Ha dado a
todas las estrellas y a todo el ejército del cielo sus nombres propios. Aquél a quien Dios
revele los nombres de sus criaturas, conocerá la naturaleza de las cosas y susverdaderas
virtudes, el orden y la armonía de toda la creación visible e invisible. Pero queda recibir
de Dios el poder de manifestar las virtudes y hacerlas pasar de potencia a acto, de las
tinieblas a la luz, en la naturaleza y en la creación universal. Por lo tanto tu fin ha de ser
conocer el nombre de los espíritus, es decir, sus funciones y sus poderes para que, con la
ayuda de Dios, su fuerza venga a juntarse y a sujetarse a la tuya. Es así como Rafae fue
atribuido a Tobías para curar a su padre, salvar a su hijo del peligro y traerle a su joven
esposa. Así Miguel, fuerza de Dios, gobernaba el pueblo de Dios. Gabriel, mensajero de
Dios, fue enviado a Daniel, a María, a Zacarías, padre de Juan Bautista. Y si lo pides se te
dará un espíritu capaz de enseñarte todo lo que tu alma desea saber sobre la naturaleza de
las cosas. Emplearás sus servicios con temor y respeto de tu creador, de tu redentor, de tu
4 La señal, la marca, el camino del Espíritu.
santificador, es decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No desprecies ninguna
ocasión de instruirte ni de velar por tu vocación y nunca te faltará nada de lo que te es
necesario.

Aforismo XIV.- Tu alma vive en la eternidad por aquél que te creó; invoca pues al
Señor tu Dios y obedécele sólo a él. Llegaras a este fin si consideras para qué te ha
creado Dios, lo que le debes y lo que debes a tu prójimo. Dios exige de ti que honres a su
Hijo y que guardes en tu corazón el verbo de su Hijo. Si tienes este respeto cumples ya
con la voluntad de tu Padre que está en los cielos. A tu prójimo debes caridad y llevar al
respeto de su Hijo todo lo que venga de ti: esta s la ley de los profetas. En las cosas
temporales debes invocar a Dios como a un padre a fin de que te conceda todo lo
necesario para esta vida. Debes hacer participar en los dones de Dios a tu prójimo, ya
sean estos espirituales o corporales.
Orarás de la manera siguiente:
«Señor del cielo y de la tierra, formador y creador de todas las cosas visibles e
invisibles, yo, ser indigno, te invoco, según tu mandato, por el nombre de tu único hijo
Nuestro Señor Jesucristo, para que me envíes tu Santo Espíritu y me conduzca a tu
verdad, hacia tu bien absoluto.
Pues anhelo con un profundo deseo la ciencia de esta vida, el conocimiento
perfecto de lo que me es necesario, ciencia hundida en tales tinieblas y manchada con tan
gran número de opiniones humanas, que siento que no podré penetrar nada de ella con
mis propias fuerzas, si tu no me diriges.
Concédeme uno de tus espíritus para que me haga conocer las leyes que tú quieres
enseñarnos a fin de que te alabe, te honre y sirva a nuestro prójimo; dame un corazón
dócil para penetrar fácilmente lo que me enseñes y enterrarlo en mi alma, dispuesto a
esparcirlo como un arroyo de tus inagotables tesoros para todos los usos necesarios, y
otórgame la gracia de usar tan grandes beneficios con un temor humilde y respeto tímido
por Nuestro Señor Jesucristo con tu Espíritu Santo. AMÉN».
.
TERCER
SEPTENARIO DE AFORISMOS
Aforismo XV.- Se llaman espíritus olímpicos los que habitan el firmamento y los
astros del firmamento. Su función es ejecutar el destino, administrar los acontecimientos
fatídicos tanto como place a Dios y como él lo permite, sin que ningún mal demonio,
ningún mal destino, pueda perjudicar al que está sentado a la sombra del Altísimo. Todo
espíritu olímpico enseña y cumple lo que presagia el astro que preside; pero sin embargo
no puede hacer pasar cosa alguna de potencia a acto sin permiso divino. En efecto, sólo
Dios le da este poder y esta acción. Todos los seres supracelestes, celestes, sublunares e
infernales obedecen a Dios creador:
Así pues esfuérzate en emprender todo lo que emprendas con la ayuda de Dios y
tus empresas alcanzarán el fin deseado y deseable. Así lo prueban la historia del mundo
entero y la experiencia cotidiana. El Señor ha dicho: «Paz a los hombres buena voluntad,
la guerra para los otros».
Aforismo XVI.- Siete son las potencias u oficios propios de los espíritus a quienes
Dios ha confiado la dirección de la máquina del mundo. Sus astros visiblesson Aratron,
Bethor, Phaleg, Och, Hagith, Ophiel, Pbul, en lengua olímpica. Cada uno tiene bajo sus
ordenes un numerosos ejército del firmamento.
ARATRON manda en 49 provincias visibles.
BETHOR manda en 42 provincias visibles.
PHALEG manda en 35 provincias visibles.
OCH manda en 28 provincias visibles.
HAGITH manda en 21 provincias visibles.
OPHIEL manda en 14 provincias visibles.
PHUL manda en 7 provincias visibles.
Lo que hace un total de 186 provincias en el Olimpo gobernadas por siete potencias que
estudia ampliamente la astronomía de la gracia. Es preciso indicar ahora de que manera
puede establecerse comunicación con estos principios y potencias. Aratron aparece el
sábado a primera hora y da respuestas netas sobre sus provincias y propiedades
provinciales. Igual para los otros a sus días y a sus horas. Cada uno preside 490 años. El
primer ciclo, el de Bethor, comenzó el año 60 antes de Jesucristo y ha durado hasta el año
430; Phaleg, desde el 430 hasta el 920; Och hasta 1410; y Hagith reinará hasta 1900.
Aforismo XVII.- Se invoca mágicamente a los siete primeros gobernadores en el
día y la hora que gobiernan visible e invisiblemente, por medio le los nombres y virtudes
que Dios les ha dado, presentando el carácter que confirmarán o trazarán ellos mismos.
El gobernador Aratron tiene en su poder las cosas naturales que produce, aquello
que le corresponde en el medio considerado, lo que la astronomía de la gracia atribuye a
las virtudes saturninas.
Lo que hace cómoda y gustosamente es:
1º. Poder cambiar instantáneamente todas las cosas en piedra, como una planta o
un animal, y darles la apariencia de la piedra misma.
2º. Cambiar los tesoros en carbón y los carbones en tesoros.
3º. Conceder espíritus familiares con un poder definido.
4º.Enseñar la Alquimia, la Magia y la Física.
5º. Conciliar para el hombre la amistad de los Pigmeos, hombres peludos.
6º. Hacer invisible.
7º. Hacer fecundo lo que es infecundo y conceder la longevidad.
Su carácter es
Tiene a sus órdenes 49 reyes, 42 príncipes, 35 sátrapas, 28 duques, 21 ministros
que se mantienen de pie delante de él, 14 familias, 7 mensajeros y manda a 36.000
legiones de 490 unidades cada una.
Bethor gobierna lo que se atribuye a Júpiter; acude en cuanto se le invoca. Quien
es digno de trazar su carácter es elevado por él a las más altas dignidades y puesto en
posesión de sus tesoros. Concilia a los Sylfos que dan respuestas sinceras. Transporta las
cosas y las piedras preciosas de un lugar a otro y proporciona medicamentos de efectos
maravillosos. Da incluso espíritus familiares venidos del firmamento y, si Dios lo
permite, puede prolongar la vida hasta 700 años.

Su carácter es
Tiene bajo su dirección a 42 reyes, 35 príncipes, 28 duques, 21 consejeros, 14
mensajeros, 7 embajadores y 29.000 legiones de espíritus.
Phaleg preside las cosas atribuidas a Marte, príncipe de la paz. Aquel a quien da
su carácter es elevado a las más altas dignidades en el arte de la guerra.
Su carácter es
Och preside las cosas solares y da 600 años de vida con una salud robusta.
Distribuye la sabiduría suprema, envía espíritus hermosísimos, enseña la medicina y
transforma todas las cosas en un oro perfecto y en piedras preciosas; da oro y una bolsa
llena de oro. Aquel que haya sido juzgado digno de su carácter se hará adorar como un
Dios por los reyes del universo entero.
Su carácter es
Tiene bajo su dependencia a 36.536 legiones. Él solo administra todas las cosas y
sus espíritus le obedecen por centurias.
Hagith gobierna las cosas de Venus; vuelve hermoso al que es digno de poseer su
carácter y lo orna con toda clase de nobleza. Cambia instantáneamente el cobre en oro y
el oro en cobre; procura espíritus que obedecen fielmente a sus amos.

Su carácter es
Tiene legiones de 4.000 espíritus y a la cabeza de cada mil coloca Reyes en
épocas fijas.
Ofhiel es gobernador de las cosas de Mercurio:
Sus espíritus forman 100.000 legiones: da fácilmente espíritus familiares, enseña
todas las artes y quien es honrado con su carácter, puede cambiar instantáneamente la
plata viva en piedra filosofal.
Phul se complace en este carácter
Por la palabra y el acto cambia todos los metales en plata; gobierna las cosas
lunares, cura la hidropesía, da ondinas que sirven al hombre en forma corporal y visible:
hace vivir 300 años.

Preceptos muy generales de este arte secreto.
I.- Un gobernador cualquiera actúa siempre con todos sus espíritus, tanto de
manera natural y por ello siempre de igual forma, tanto a su buen parecer si Dios no lo
impide.
II.- Puede producir súbitamente en una materia no predispuesta, lo que
naturalmente exige un largo lapso de tiempo incluso en una materia predispuesta. Así por
ejemplo el príncipe solar Och prepara lentamente el oro en las montañas, lo fabrica en
menos tiempo por vía química y en un instante por vía mágica.
III.- El verdadero mago divino puede tener a su servicio, con un solo gesto de su
mano, los gobernadores del mundo y de todas las criaturas. Los gobernadores del mundo
le obedecen, acuden a su conjuro, ejecutan sus órdenes; pero sólo Dios es el autor de
estos milagros. Así fue como Josué paró el sol en los cielos.
A los magos de menor poder, les envían Espíritus que no les obedecen sino en
asuntos muy determinados. A los pseudomagos no los escuchan y les arrojan algunos
demonios para engañarlos y, por mandato de Dios, les hacen pasar peligros variados,
como testimonia Jeremías, respecto a los magos judíos, capítulo VI II.
IV.- En todos los elementos hay siete gobernantes con su ejército, que están
movidos de un mismo movimiento con el firmamento, y siempre los inferiores dependen
de los superiores, como enseña la Filosofía de la gracia.
V.- El que ha de ser un verdadero mago está destinado a la magia desde el vientre
de su madre; los otros, los que se ingenian por sí mismos para transformarse en magos,
son desgraciados. Aquí es la casión de decir con San Juan Bautista. Nadie puede recibir
por sí mismo lo que no le haya sido dado por Dios.
VI.- Todo carácter dado con un fin cualquiera por un espíritu, tiene su eficacia en
el objeto para el que ha sido dado y por un tiempo determinado. Es preciso pues servirse
de él en el día y hora en que lo ha concedido el espíritu planetario.
VII.- Dios es vivo y tu alma es viva. Conservarás el pacto que has concluido en
Dios con el espíritu y por la revelación, para que se cumplan todas las promesas del
Espíritu.
Aforismo XVIII.- Los nombres de los espíritus olímpicos han sido transmitidos de
diferentes maneras por los diversos autores. Pero son eficaces los transmitidos a cada uno
por el espíritu revelador visible o invisible, y según su predestinación. Por ello es por lo
que se les llama constelados, y su eficacia se transmite raramente más allá de los 40 años.
Lo más seguro para los principiantes en nuestra ciencia es pues operar sin los nombres y
por la única virtud de los Espíritus; y si uno de ellos ha sido predestinado a la magia, todo
el resto del arte estudiado vendrá a él por sí mismo y más allá de sus esperanzas.
«Pedir solamente para tener una fe constante» y Dios ordenará todo en tiempo
oportuno.
Aforismo XIX.- El Olimpo y sus habitantes se presentan por sí mismos a los
hombres en forma de espíritus y les prestan sus servicios, incluso si los hombres los
rehusan. ¡Cuánto más te serán concedidos si los pides!. Los espíritus del mal y los
espíritus destructores que vienen a un hombre, se llegan a él por el odio del diablo,
atraídos por los pecados de los hombres como una pena merecida. Que el que desee
conversar familiarmente con los espíritus se guarde pues de todo pecado mortal y que
pida firmemente protección al Altísimo; así burlará las asechanzas y los obstáculos del
Adversario. Más aún, Dios ordenará e impondrá a su enemigo la obligación de servir al
mago.
Aforismo XX.- Todo es posible para el quien cree y para quien quiere; todo es
imposible para quien duday para quien no quiere. Nada hay más contrario que la
movilidad de espíritu, la ligereza, la inconstancia, la futilidad, la embriaguez, la lujuria, la
desobediencia al Verbo de Dios.
Importa pues mucho el ser piadoso, probo, constante en las palabras y en los
actos, tener una fe firme en Dios, ser prudentes, no ser avaro de cosa otra alguna sino de
la sabiduría que es asunto sagrado y divino.
Aforismo XXI.- Cuando quieras evocar a un espíritu olímpico, mira la salida del
sol el día que corresponde al espíritu que deseas y, diciendo la oración siguiente, verás
cumplido tu voto:
«Dios todopoderoso, eterno, que has hecho la creación entera para tu honor y
gloria y para el servicio del hombre, yo te pido que me envíes al espíritu N.... de orden
solar que me comunique y me enseñe aquello sobre lo que le preguntaré, o para que me
de un remedio contra la hidropesía, etc. Y que ello sea, no por mi voluntad, sino por la
tuya, en el nombre de Jesucristo tu hijo único, Nuestro Señor. AMÉN».
Pero una vez pasada la hora, no fatigues al Espíritu a menos que sea un espíritu
familiar. «Puesto que has venido sin tumulto ni ruido, y puesto que has respondido a mi
demanda, doy gracias a Dios en nombre de quien has venido. Torna en paz a tus asuntos,
dispuesto a volver cuando te llame por tu nombre, tu número o tu virtud, ya que ello me
ha sido permitido por el Creador. AMÉN».
Eccles. Cap. V. «No te precipites con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir
palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra: Por tanto, tus
palabras son bien poca cosa: porque de la mucha ocupación viene el sueño».
.
CUARTO
SEPTENARIO DE AFORISMOS
Aforismo XXII.- Llamamos secreto a lo que ninguno podrá saber por la sola
industria humana y sin revelación: ciencia cuyo conocimiento ha sido escondido por Dios
en la parte oculta de la naturaleza, pero que sin embargo ha permitido que los Espíritus
revelen para que de ella sea hecho buen uso. Y estos secretos son de orden divino, de
orden natural, o de orden humano. Haz una elección meticulosa y discreta entre los
secretos que más hayan atraído tu atención.
Aforismo XXIII.- Estudia en primer lugar la naturaleza de este secreto y averigua
en primer lugar si puede ser obtenido por espíritus en forma humana, por inteligencias
separadas o de cualquier otra manera. Hecho esto, invoca al espíritu que conoce este arte,
o lo que de secreto hay en él, para que te lo enseñe brevemente y pide a Dios que te
inspire con su gracia para que llegues al fin secreto deseado, para alabanza y honor de
Dios y para servicio de tu prójimo.
Aforismo XXIV.- Los grandes secretos son en número de siete.
lº. El primero es la curación de todas las enfermedades en el espacio de siete días
bien por los caracteres, por las ciencias naturales, o por los espíritus superiores con la
ayuda de Dios.
2º. El segundo es poder prolongar la propia vida a voluntad hasta una edad
cualquiera, hablo de la vida corporal y natural, como hacían nuestros primeros padres.
3º. El tercero es tener la obediencia de las criaturas elementales que tienen forma
de espíritus personificados, a saber, los Pygmeos, las Hadas, las Dryadas, los Sylvanos,
las Ninfas
4º. El cuarto es poder hablar con todas las inteligencias del universo, visibles e
invisibles, poder escucharlas respecto a cualquier cosa, y poder estar en relación con la
que preside un asunto determinado.
5º. El quinto es poder gobernarse a sí mismo hacia el fin que Dios nos ha fijado.
6º. El sexto es Conocer a Dios, a Cristo y a su Espíritu Santo. Esta es la
perfección del microcosmos.
7º. El séptimo es regenerarse, como Henoch rey del mundo inferior.
Cualquier hombre de alma firme y honesta, podrá aprender de los espíritus estos
siete secretos, sin ofender a Dios.
Secretos menos importantes igualmente en número de siete:
1º. La transmutación de los metales, vulgarmente llamada Alquimia, cosa cierta,
pero que no es dada sino a muy pocos y solo por una gracia particular. De nada sirve
correr, de nada sirve querer, hace falta la gracia de Dios.
2º. La curación de las enfermedades por los metales, la acción maravillosa de las
piedras preciosas o de la piedra filosofal, o por preparaciones análogas.
3º. Poder realizar maravillas astronómicas y matemáticas como son las máquinas
hidráulicas y arreglar los asuntos por las influencias celestes y operaciones de este
género.
4º. Poder realizar todas las obras de la Magia natural.
5º. Conocer todos los pronósticos de orden físico.
6º. Conocer el fundamento de todas las artes de orden manual o corporal.
7º. Conocer el fundamento de todas las artes que se ejercen por la naturaleza
angélica del hombre.
Pequeños secretos en número de siete:
1º. Trabajar bien en su oficio y ganar mucho dinero.
2º. Subir desde una humilde posición hasta los honores y dignidades. Fundar una
familia nueva que sea ilustre y haga grandes cosas.
3º. Brillar en el arte militar, realizar grandes empresas y estar a la cabeza de reyes
y de príncipes.
4º. Ser un buen padre de familia en el campo y en la ciudad.
5º. Ser comerciante industrioso y afortunado.
6º. Ser filósofo, matemático, médico, aristotélico, platónico, ptolomeico,
euclidiano, hipocrático y galénico.
7º. Ser teólogo, bíblico, escolástico; conocer a todos los autores teológicos
antiguos y modernos.
Aforismo XXV.-
1º.
Acabamos de decir cuáles son los secretos, sus géneros, su especie. Queda por
decir de qué manera obtendremos lo que deseamos saber. El único y verdadero camino
hacia todos los secretos es el de recurrir a Dios autor de todo bien y, como dice Cristo:
«Busca primero el reino de Dios y su justicia y el resto te será dado por añadidura».
2º.Y también «Guardaos de que vuestro corazón esté lastrado con el peso de la
lujuria, la gula y los cuidados materiales de esta vida».
3º. Y también: «Confía tus proyectos a Dios y su derecha actuará».
4º. Y también: «Yo soy tu Dios, tu Señor, quien te enseña las cosas útiles y te
dirige en el camino por el que marchas».
5º. «Y te daré la inteligencia y te instruiré, con mi mirada te dirigiré por el
sendero».
6º. Y también: «Vosotros que sois perversos. sabeis enseñar el bien a vuestros
hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos os dará su Espíritu Santo si se lo
pedís!.
7º. Y también: «Si queréis cumplir la voluntad de mi Padre que está en los cielos,
seréis verdaderamente mis discípulos, y vendremos a vosotros y haremos de vuestra alma
nuestro tabernáculo».
Estos siete pasajes de la Escritura, si los traduces de la letra al espíritu, es decir,
en acto, te impedirán equivocarte, te harán alcanzar la meta deseada, no alejarte del
camino derecho y Dios mismo te enseñará lo útil y lo verdadero por medio de su Espíritu
Santo. Incluso te dará a sus ángeles como compañeros y como apoyo para penetrar los
secretos del universo. Ordenará que te obedezcan a todas las criaturas para que, alegre y
feliz, digas con los apóstoles: «El Espíritu me es sumiso», y en fin, que es lo principal,
para que estés cierto de que tu nombre se halla inscrito en los cielos.
Aforismo XXVI.- Otro camino, y más común, es aquél por el que Dios te revela,
sus secretos, incluso inconscientemente, bien mediante los Epíritus que tienen en su
poder los secretos, bien por visiones e impresiones vivas o bien por las inteligencias
celestes, gracias a la figura astrológica de la natividad. Así han sido hechos los héroes y
todos los hombres grandes que tienen las virtudes de los secretos, como Platón,
Aristóteles, Hipócrates, Galeno, Euclides, Arquímedes, Hermes Trimegisto el padre de
los secretos junto con Teofrasto Paracelso. A este grupo podemos añadir también
Homero, Hesíodo, Orfeo, Pitágoras, suponiendo que no hayan tenido su poder del
precedente arcano. Aún podemos agregarles los hijos de las ninfas como los hijos de
Melusina y los hijos de los dioses Aquiles, Eneas, Hércules y también Ciro, Alejandro el
Grande, Julio César, Lúculo, Sila, Mario.
La ley es que cada uno conozca su genio para seguir su impulsión según el verbo
de Dios y que tenga cuidado con las trampas de los malos genios para no ser precipitado
en la desgracia como Bruto y Marco Antonio (Cf. Jovianus Pontanus. Tratados: de
Fortuna y de Eutycbo).
El tercer método es por medio de un trabajo penoso y, sin el socorrro de alguna
divinidad, nada grande o admirable se puede sacar con él pues escrito está:
Tu nihil invita dices faciesve Minerva5
Detestamos a todos los cacomagos6 que se asocian con los demonios mediante
ilícitas supersticiones y logran de ellos algunas cosas que Dios permite como castigo.
Pues ciertos males son obra del diablo como lo atestigua la Escritura respecto a Judas. A
esta variedad pertenece toda la idolatría de los antiguos y de nuestra época y el abuso de
la suerte practicado tan frecuentemente por los gentiles. También la evocación caróntica7
de los manes, la obra de Saúl con la mujer8 , la evocación del soldado muerto de Lucano
para profetizar el resultado de la batalla de Farsalia , y todas las del mismo género.
Aforismo XXVII.- Haz un círculo que tenga por centro A y sea B, C, D, E. BC al
Oriente, CD al Norte, etc... Divide cada cuadrante en siete partes de manera que haya un
total de 28 partes y que cada sector esté dividido él mismo en cuatro partes, o sea un todo
de 112 partes; tantas como secretos cuya revelación estáprohibida. Este círculo así
dividido se llama SELLO DE LOS SECRETOS del universo entero en el que, de un
centro A que es el Dios inefable, es emanada toda la circunferencia. El príncipe de los
secretos de Oriente reside en medio y tiene a cada lado tres sátrapas cada uno con cuatro
ministros bajo su dependencia al igual que el príncipe que tiene también cuatro. Los
restantes cuadrantes tienen igualmente su príncipe de secretos, sus sátrapas y sus
ministros cuaternarios. Pero el de Oriente es el dispensador de toda sabiduría, el de
Occidente de toda fuerza, el del Sur de toda cultura, y el del Norte de todo rigor en la
vida. Por lo tanto los grandes secretos están fijados en Oriente, en el Sur los medianos,
los pequeños en Occidente y en el Norte.
El uso de este círculo es para saber de donde vienen los espíritus o los ángeles que
enseñan los secretos que les confió Dios. Ahora bien, sus nombres se establecen según
sus funciones y virtudes, las que Dios ha distribuido a cada uno. Uno tiene poder de
espada, otro de peste, el de más allá del hambre que debe castigar a los pueblos or orden
de Dios. Otros son destructores de ciudades como los dos ángeles que fueron enviados
para derribar Sodoma y Gomorra y los alrededores: el ejemplo está contado en las
Escrituras. Unos son ángeles guardianes de reinos, otros de individuos, siguiendo el
nombre que cada uno habrá formado en su lengua. Y así, quien quiera, invocará al ángel
de la Medicina, o de la Filosofía, o de las Matemáticas, o de la Sabiduría civil, o de la
Sabiduría natural o sobrenatural, o de aquello que desee. Que pida seriamente con todo el
5 Nada haces o dices, odiosa Minerva.
6 Como se dijo antes referente a los cacodaemones, kakos es griego y significa lo que es malo. Magos
malos.
7 Caronte era el barquero encargado de llevar las almas a los infiernos. Aquí se refiere a la nigromancia o
evocación de los muertos.

8 Se refiere a los oráculos y adivinos. Véase I Samuel XXVIII y I Paralipómenos X, 13, 14.
ímpetu de su corazón, con fe y constancia y de Dios, padre de todos estos espíritus,
recibirá con certeza lo que anhela. Esta fe es superior a cualquier talismán y somete los
ángeles a la voluntad humana. A esta fe se agrega la ciencia característica de evocar a los
ángeles cuya única fuente es la revelación divina; pero sin dicha fe, que debe precederla,
permanece en las tinieblas. Si alguien quiere servirse de ella como una ciencia
nemotécnica simplemente, como un medio sencillo creado por Dios que para ello le ha
inscrito esta virtud o ciencia espiritual, podrá hacerlo sin que Dios se oponga. Pero que se
cuide de no caer en la idolatría y en los lazos del diablo que, celoso en la caza, captura
fácilmente a los imprudentes. Ahora bien, este adversario no puede ser retenido sino por
el dedo de Dios; está forzado a obedecer al hombre de bien y a inclinar ante él su mala
voluntad. Numerosas son las tribulaciones, grandes las tentaciones, cuando ha recibido la
orden de tender asechanzas al talón de Cristo o a la simiente de la mujer. No es pues sino
con temor y temblor como debe abordarse la Pneumática, con el mayor respeto de Dios; y
el hombre no debe conversar con las esencias espirituales sino con recogimiento y
sabiduría. Que quien intente una empresa tal se guarde de toda clase de ligereza, de
orgullo, avaricia, vanidad, celos o impiedad, si no quiere perecer miserablemente.
Aforismo XXVIII.- Como todo bien viene de Dios que es el bien único, a Él es a
quien hay que pedir lo que queremosrogándoles en espíritu y verdad y con simpleza de
corazón La conclusión del Secreto de los Secretos es que cada cual se inflame pidiendo lo
que desea, que no sufrirá negativa. Que la duda no debilite su propia plegaria puesto que
Dios puede y desea conceder a quien le pide, con tal que reconozca al autor del don cuya
realización suplicamos humildemente. Este padre misericordioso y bueno ama a sus hijos
con deseo y, como dice Daniel, los escucha incluso antes que hayan podido vencer la
dureza de su corazón para la plegaria. Pero no quiere que demos el Santo a los perros ni
que despreciemos y rechacemos las maravillas de sus tesoros. Así pues lee y relee
frecuentemente y con atención el primer septenario de secretos. Dirige y regula tu vida y
todas tus acciones por estos preceptos, todo cederá al asentimiento de tu alma en Dios en
quien confías.
.
QUINTO
SEPTENARIO DE AFORISMOS

Aforismo XXIX.- Dejemos las cuestiones generales y abordemos ahora las
explicaciones especiales para que nuestro estudio de la magia proceda de manera regular.
Los espíritus son: o ministros del Verbo de Dios, de su Iglesia y de los miembros de esta
Iglesia, o servidores de la criatura en las cosas corporales; unos conservadores del cuerpo
y del alma, otros destructores. De manera que no pasa nada bueno ni malo sin un orden
seguro y sin una dirección bien determinada. Quien anhela el bien como fin, será
escuchado. Quien desea el mal lo obtendrá también e inmediatamente, y ello por efecto
de la justicia absoluta y como consecuencia de su oposición a la ley divina. Por
consiguiente, quien identifica su fin con el Verbo de Dios, quien como piedra de toque
escoge entre el bien y el mal, el que decide en él lo que debe huir y lo que debe buscar,
quien sigue con firmeza el camino escogido y definido -sin dejan nada para mañana-, éste
alcanzará finalmente el fin que se ha propuesto.
Aforismo XXX.- Los que buscan de manera mágica las riquezas, el brillo de esta
vida, las magistraturas, los honores, las dignidades, la realeza, lo obtendrán si se destacan
por su celo. A cada cual según su destino, su habilidad y su ciencia mágica.
Así vemos en la historia de Melesinus que un cierto mago decretó que ningún
italiano reinaría ya en Nápoles y lo logró tan cumplidamente que incluso el que reinaba
en su época fue derrocado. Tan grande es la potencia de los ángeles guardianes o
protectores de los reyes de este mundo.
Aforismo XXXI.- Evoca al príncipe de un reino ylogra dominarlo. Ordénale lo
que quieras y serás servido hasta que este príncipe sea desligado de su obediencia por un
nuevo mago. Así el reino de Nápoles podría ser restituido de nuevo a Italia si algún mago
evocase al príncipe que ha restituido el orden actual y lo forzase a destruir su fundación.
Igualmente se vería forzado a devolver los objetos maravillosos robados al tesoro
mágico, el libro, la gema y el cuerno mágico, que permitirían etablecer la monarquía del
mundo a quién los poseyese. Pero este mago, JUDíO, ha preferido vivir entre los dioses
hasta el reparto transitorio de los bienes de la tierra; su corazón está cegado pues no ha
comprendido nada del Dios del cielo y de la tierra y no piensa sino en gozar, para su
pérdida eterna, de delicias inmortales. La evocación sería más fácil que la del genio de
Plotino en el templo de Isis.
Aforismo XXXII.- Fue así como los romanos, instruidos por los libros Sibilinos,
se hicieron dueños del mundo; la historia lo prueba.
Los Sátrapas del príncipe del Reino son quienes conceden las magistraturas
menos importantes. Por lo tanto que aquél que desee un cargo o una dignidad de poca
importancia, evoque, mágicamente a un Sátrapa del Príncipe y sus deseos serán
satisfechos.
Aforismo XXXIII.- El que despreciando las dignidades aspire únicamente a las
riquezas, evocará al príncipe de las riquezas o a uno de sus sátrapas y triunfará en el
género que desee enriquecerse, sea en bienes terrestres, comercio, don de los grandes,
estudio hermético o químico. A condición que haya hecho aparecer al príncipe que
preside estas diferentes especulaciones y que haya obtenido el derecho de hacerse servir
por él.
Aforismo XXXIV.- No existe nada más que un solo género, una sola forma de
evocación. Esta fórmula, conocida perfectamente en otros tiempo por las sibilas y los
grandes sacerdotes, está hoy casi totalmente perdida por ignorancia y por impiedad. Lo
que de ella queda se encuentra desnaturalizado por la superstición y la mentira.
Aforismo XXXV.- El espíritu humano crea milagros sólamente cuando se
encuentra unido al espíritu que escogió. Después de esta unión produce lo que quiere: por
ello, para no ser engañado por las sirenas y otros monstruos siempre ávidos de la
sociedad del hombre, hay que actuar con suma prudencia en las altas obras. Abrígate bajo
las alas del Altísimo para no ofrecerte como presa al león rugiente. Los que buscan los
bienes del mundo escapan en efecto difícilente a los lazos de Satán.
.
SEXTO
SEPTENARIO DE AFORISMOS
Aforismo XXXVI.- No hay que mezclar experiencias y experiencias; cada
operación debe ser una y simple. Pues Dios y la naturaleza han ordenado cada cosa a un
fin fijo y determinado. Así lo han comprendido quienes cuidan las enfermedades con las
raíces y hierbas más simples obteniendo por ello éxito. Esta es la razón por la cual se
ocultan en los nombres, en los caracteres constelados, en las piedras y en otros objetos,
influencias y virtudes que, actualizadas son de efectos maravillosos.
Igual ocurre con las palabras que, pronunciadas, logran inmediatamente que
aparezcan a nuestras ordenes las criaturas visibles e invisibles tanto de nuestro mundo
como del mundo acuático, aéreo, subterráneo, olímpico, supraceleste, infernal y, en fin,
incluso divino.
Por lo tanto, trabajemos sobre todo en la simplicidad y pidamos a Dios el
conocimiento de las cosas simples. Además, tampoco podemos aprenderlo por ningún
otro método ni por ninguna otra experiencia.
Aforismo XXXVII.- Cada ser ocupa el lugar que le conviene especialmente: hay
un orden, una razón, un modo que facilita el aprendizaje de las cosas visibles e invisibles.
Desde el punto de vista del orden existen las criaturas de la luz y las de las tinieblas; estas
últimas son víctimas del orgullo por haberse precipitado en las tinieblas y, a causa de su
rebelión, se hicieron esclavas de las penas eternas. Su reino participa de la hermosura -
pues no podría existir sin ninguna cualidad y faltándole todos los poderosos dones de
Dios- y por otra parte es repugnante y odioso pues desborda de todas las vergüenzas y de
todos los crímenes: idolatría, desprecio de Dios, blasfemia contra el Señor y contra sus
obras, culto a los demonios, revuelta contra las leyes, sedición, homicidio, robo, tiranía,
adulterios, placeres ilícitos, rapiñas, latrocinios, mentiras, perjurios, deseos de dominio.
Esta es la mezcla que constituye el reino de las tinieblas. Pero las criaturas de luz, por la
gracia de Dios y como miembros de Cristo, mandan incluso sobre los señores de las
tiniebas. Entre ambos existe una guerra eterna hasta que Dios de la señal de paz en su
último juicio.
Aforismo XXXVIII.- Así pues, desde un primer punto de vista, la magia es doble:
una es un don de Dios a las criaturas de la luz; la otra, viniendo igualmente de Dios, es la
de las criaturas de las tinieblas que, a su vez, comporta dos variedades. La que tiene el
bien como fin fuerza, bajo las órdenes de Dios, al príncipe de las tinieblas para que haga
bien a las criaturas. La otra tiene como fin el mal y es aquella por la cual Dios, para
castigar a los malvados, los deja engañarse mágicamente o los precipita a su perdición.
La segunda división de la magia es la siguiente: se puede operar bien con
instrumentos visibles sobre cosas visibles bien con instrumentos invisibles sobre cosas
invisibles; o incluso también mezclando los medios, los instrumentos o los efectos.
La tercera es la que sigue: una clase de magia opera sólo invocando a Dios, es en
parte profética y en parte filosófica, como la magia Teofrástica. Otra clase de magia, por
ignorancia del verdadero Dios, opera para cumplir sus obras con la ayuda de los Príncipes
de los Espíritus. Tal es la magia de los alquimistas.
La cuarta hace una distinción. La magia de quienes operan descendiendo del Dios
supremo a través de la escala de los ángeles buenos y ejercen su arte mediante esta
intervención sustitutiva de la de Dios, como era la magia de los Baalims9 .Y la magia
cuyos adeptos evocan a los Sátrapas de los malos espíritus, como hacían aquellos de los
gentiles que utilizaban los dioses inferiores.
La quinta división es la siguiente: unos actúan directamente, cara a cara con los
Espíritus -poder bien raro- mientras que otros operan mediante sueños y otros signos
(augurios y víctimas entre los antiguos).
La sexta es que unos actúan mediante criaturas inmortales y otros mediante
criaturas mortales, Ninfas, Sátiros y otros habitantes de los elementos como los Pigmeos.
La séptima es que existen ciertos hombres a quienes los espíritus sirven
espontánamente, incluso sin rituales especiales, y otros a los que obedecen difícilmente,
aunque sean evocados según el arte mágico.
La más noble de todas estas clases de magia es la que no depende sino de Dios; la
segunda aquella en la que los Espíritus sirven fielmente por sí mismos; la tercera,
particular a los cristianos, es la que se funda en el poder de Cristo sobre los Cielos y la
Tierra.
Aforismo XXXIX.- LOS PREPARATIVOS NECESARIOS PARA EL
ESTUDIO DE LA MAGIA SON EN NUMERO DE SEIS.
1º. Que el neófito busque día y noche como elevarse al conocimiento del
verdadero Dios, bien por el Verbo revelado y desde ahí hasta la creación, bien por la
escala de la creación y de las criaturas, bien por los admirables efectos que producen las
criaturas visibles e invisibles de Dios.
2º. Que busque cuál es el camino por el que el hombre puede descender a sí
mismo y que trabaje en conocerse lo mejor posible, que aprenda lo que en él hay de
mortal y lo que hay de inmortal, lo que en cada una de sus partes le es común y lo que le
es especial.
9 Véase Jueces VIII, 33.
3º. Que mediante su ser inmortal aprenda a cultivar, a amar y a respetar al Eterno.
Después, que haga lo que sabe del agrado de Dios y lo que es útil a su prójimo, mediante
su ser mortal.
Estos son los tres primeros y los tres grandes preceptos que deben preparar a la
conquista de la verdadera Magia que es la Sabiduría divina. Son el único medio de
encontrarse un día digno de mandar a las criaturas angélicas, no sólo de manera oculta
sino manifiestamente y cara a cara.
4º. Cada hombre está destinado a una determinada clase de existencia cuando sale
del vientre de su madre. Que se aplique a discernir si ha nacido para la Magia y para qué
clase de Magia. La elección y el éxito le serán fáciles si se conduce según nuestras
enseñanzas y si intenta nuestras experiencias. Pues no es sino a los pequeños y a los
humildes a quienes tan grandes bienes son concedidos.
5º. Que vigile si alrededor de él, manifiestamente, se encuentran espíritus cuya
presencia siente en el momnto en que va a tomar graves decisiones. Si los siente, es
prueba de que Dios lo ha ordenado mago, es decir amo de los Espíritus, para el
cumplimiento de cosas maravillosas. En esto se peca lo más frecuentemente por
negligencia, por ignorancia, por indiferencia, incluso por exceso de superstición. Pero se
peca también por ingratitud hacia Dios lo que finalmente ha causado la pérdida de
muchos hombres y de los más célebres. También se peca por temeridad y por
obstinación. Para acabar, se peca igualmente cuando no rendimos a Dios todos los
honores debidos por los dones que recibimos, cuando se prefiere  10 .
6º. Ten fe y discreción si quieres ser mago; sobre todo, como fue recomendado a
Daniel, no divulgues nada de los secretos que te serán revelados por el Espíritu. Hay
cosas a sellar que no deben ser divulgadas. Así Pablo no fue libre de publicar lo que habla
visto mediante la revelación. Nadie podría creer cuantas cosas caben en este solo
precepto.
7º. La mayor equidad es precisa para el mago futuro; que no emprenda nada
impío, condenable o injusto; que incluso no admita en su alma pensamientos parecidos.
Así será protegido divinamente de todo mal.
Aforismo XL.- Cuando el mago siente actuar alrededor de él algo incorpóreo a
través de los sentidos exteriores o interiores, que se conduzca para obtener la obra
mágica, según los siete principios siguientes:
Primera Ley: Ten presente que Dios es quien ha enviado este espíritu hacia ti y
que mira todas tus acciones y pensamientos. Conduce pues tu vida según la ley
establecida, siguiendo el verbo de Dios.
10 Hechos baladís, cosas accesorias. Véase Mateos VI, 33.
Segunda Ley: Di siempre con David: «No me retires tu Espíritu Santo, sosténme
en el camino con tu aliento, no nos hagas caer en la tentación, y líbranos de todo mal. Te
pido Padre celeste que no des poder sobre mí al espíritu de mentira que desencadenaste
sobre Acab para que muriese, sino que me guardes en tu verdad». AMÉN.
Tercera Ley: Acostúmbrate a probar los espíritus como recomienda la Escritura
pues las zaras no producen uvas. Comprobémoslo todo, cojamos lo que es bueno y
laudable, huyamos de lo que repugna a la voluntad divina.
Cuarta Ley: Aléjate firmemente de toda superstición y superstición es atribuir
divinidad a cosas en lo que nada es divino o querer por nuestra cuenta tributar a Dios un
culto que Dios no ha ordenado. Esas son las ceremonias de magia satánica con las que el
demonio quiere impunemente ser honrado como un Dios.
Quinta Ley: Huye del culto de los ídolos: no atribuyas poder divino con tu propio
juicio ni a los ídolos ni a otras cosas en las que ni el Creador ni la naturaleza pusieron
nada semejante. Estos ídolos multiplican los cacomagos.
Sexta Ley: También es preciso huir de los insidiosos prestigios del diablo que,
imitando el poder del Creador, produce con su verbo ilusiones capaces de hacer aparecer
a las cosas como lo que no son, creación falsa que parodia el incomunicable secreto del
Dios todopoderoso.
Aforismo XLI.- Llegamos a los nueve últimos aforismos de este volumen con los
que, si la misericordia de Dios lo permite, terminaremos toda la magia isagógica.
En primer lugar hay que precisar qué es lo que entendemos por mago a lo largo de
esta obra. Para nosotros es aquél a quien, por gracia divina, obedecen las esencias
espirituales manifestadas con el fin de darle a conocer el conjunto del universo y las
cosas contenidas en él tanto visibles como invisibles. Esta definición es muy amplia y de
carácter universal.
El cacomago es aquél a quien, con el permiso divino, obedecen los Espíritus del
Mal para turbar el alma de los hombres y alejarlos de Dios, para su propia ruina temporal
y eterna. Uno de ellos, mencionado en Los Actos de los Apóstolesy en Clemente, fue
Simón el Mago a quien San Pedro hizo caer a tierra cuando ayudado por los espíritus
impuros se elevaba por los aires como un Dios.
También deben colocarse en esta categoría los inscritos en la Ley de las Doce
Tablas, célebres por sus fechorías y maleficios.
En los tomos siguientes indicaremos las divisones y especies de estas dos clases
de magia. Bástenos aquí indicar la distinción entre ciencia del Bien y del Mal, ciencia
esta última de la que el hombre quiso apoderarse para su perdición, como nos indican
Moisés y Hermes.

Aforismo XLII.- En segundo lugar hay que saber que el Mago es un ser
predestinado para esta clase de obras desde el vientre de su madre, y que nadie progresará
ni un ápice en esta gran ciencia si no ha sido divinamente elegido para la gracia por el
Bien o por el Mal. Pues es preciso que se cumpla la Escritura: «Es inevitable que se
produzcan escándalos, pero ¡ay del que sea culpable de ellos». Como ya hemos dicho en
varias ocasiones, es preciso vivir en este mundo con temor y moderación.
No niego sin embargo que quien trabaja con celo pueda alcanzar ambas clases de
magia si las circunstancias le son favorables. Pero que no aspire nunca a la plena
posesión de la ciencia pues si lo deseara, sería violentamente castigado en su cuerpo y en
su espíritu. Así ocurre a quienes con brujerías se hacen llevar a la cima del monte Oreb o
a sitios solitarios: son mutilados, o despedazados o se vuelven locos. Y eso, junto con
muchos otros males más, les ocurre desde el momento en que abandonan a Dios y se
entregan a Satán.
.
SÉPTIMO
SEPTENARIO DE AFORISMOS
Aforismo XLIII.- Dios está vivo y sus obras viven en el estado que han elegido
vivir pues él quiso que, por su libertad, pudieran sometérsele espontáneamente u
oponerse a sus leyes. Ofreció sus recompensas a los obedientes, sus justos castigos a los
desobedientes. Por libre voluntad, se alejaron del creador Espíritus orgullosos y que
desprecian al Hijo de Dios: están reservados para el día de la cólera. Les ha sido dejado
un gran poder en la creación, poder limitado sin embargo y retenido siempre en dichos
límites por el freno de Dios. Al Mago de Dios, es decir el ser iluminado por la sabiduría
divina, formado por Dios, Él lo conduce con su mano hacia los bienes terrestres, tanto los
más modestos como los mayores.
Grande es el poder de Satán a causa de los enormes pecados de los hombres: por
ello los magos de Satán han realizado obras poderosas y en mayor número de lo que se
podría creer. Aunque mantenidos en su esfera, dominan sin embargo la ciencia humana y
todo lo que concierne a las cosas corporales y transitorias. Sobre ello testimonian los
acontecimientos cotidianos y muchas historias antiguas.
Cada una de las magias es especial según el fin que persigue: una conduce a los
bienes eternos y no se sirve de los temporales sino como acción de gracias. La otra, a
quien la eternidad preocupa poco, se entrega entera a lo corporal para gozar libremente de
todos los deseos y delicias, despreciando a Dios y a su cólera.
Aforismo XLIV.- El paso de la vida ordinaria de los hombres a la vida mágica
difiere en poco del paso del sueño a la vigilia. En efecto, lo que en la vida ordinaria
sucede al hombre de manera inconsciente e ignorada, le sucede al mago de manera
consciente y por su plena voluntad.
El mago comprende cuando su espíritu piensa por sí mismo; sabe si delibera,
razona, decide o decreta el acto a realizar, por cuenta propia. Y cuando por el contrario
sus pensamientos proceden de una esencia separada que le asiste, diagnostica de qué
orden emana esta inteligencia separada.
El hombre no ersado en la magia es arrojado aquí y allá por sus pasiones como
una bestia salvaje tanto si sus pasiones emanan de él mismo o de las esencias que le
rodean. No sabe hacer frente con el verbo de Dios a los proyectos de sus enemigos ni
protegerse contra las asechanzas del tentador.
Aforismo XLV.- El mayor precepto de la magia es saber qué es lo que debe
aceptarse, para su uso, de un espíritu asistente y qué es lo que debe rechazarse. Nos lo
enseña el salmista: «¿Cómo corregirá el joven su camino? Guardando tu palabra ¡Oh
Señor!». El precepto más importante de la Sabiduría es guardar el verbo del Señor para
que el Maligno no lo arranque de nuestro corazón. Debemos admitir y aceptar el resto de
sugestiones que no sean contrarias ni a la gloria de Dios ni a la caridad con el prójimo,
sin tratar de averiguar de qué espíritu emanan estas advertencias. Guardémonos sin
embargo de preocuparnos demasiado con cosas poco necesarias, según el precepto de
Cristo: «Marta, Marta, de muchas cosas te ocupas: María escogió la buena parte y no le
será quitada». Así es como hay que comprender el dicho de Jesucristo: «Buscad primero
el reino de los cielos y su justicia, y el resto os será dado por añadidura» . El resto es todo
lo que exige la parte mortal del microcosmos, el alimento, las vestiduras y las artes
necesarias para la vida.
Aforismo XLVI.- Nada es más estimable en los hombres que la firmeza de
palabra yacto y, como lo parecido atrae a lo parecido, ninguno es más feliz que quienes
viven así. Pues los ángeles santos, que detestan a los hombres vanos como las hojas
muertas, los rodean y los protegen con su guardia. De ello resulta este aforismo 46º:Que
cada uno llame a los espíritus conformes con el género de vida que lleva. Pero advirtamos
bien a quien quiera alzarse por encima de su vocación que no se deje frecuentar por algún
espíritu maligno venido de los confines del mundo, porque le engañaría y finalmente le
precipitaría en la ruina. Este precepto es muy importante. Midas, queriéndolo transformar
todo en oro llamó a un espíritu semejante dueño de estas transmutaciones y, engañado
por él, hubiera muerto de hambre si la misericordia divina no se hubiera apiadado de su
locura. Idéntica aventura ha ocurrido en nuestros tiempos a una pobre mujer de Francfurt
am Oder que robaba y devoraba plata de cualquier clase. ¡Si los hombres siguiesen estos
preceptos y no tomaran la historia de Midas por una fábula!. Serían más cuidadosos en
moderar sus pasiones y pensamientos y el viento de los montes dorados de Utopía no los
agitaría tan continuamente. Hace falta anotar también con cuidado que tales obsesiones
ceden fácilmente al verbo mágico cuando son recientes y no han tenido tiempo aún de
enraizarse en un espíritu ocioso y vacío de verbo divino.
Aforismo XLVII.- Quien está fuertemente apegado a su vocación, tendrá por ello
compañeros constantes en su estudios que le proporcionarán todos los éxitos deseables.
Si además tiene algunos conocimientos de magia, los espíritus no rechazarán aparecérsele
y charlar familiarmente con él así como servirle en las diferentes atribuciones que tengan:
en el bien, buenos y actuando para su salvación, en el mal, malos y trabajando para su
pérdida. Numerosos son los ejemplos en el mundo entero y cada día nos los suministra
nuevos. En el bien, Teodosio antes de su victoria sobre Arbogasto; en el mal, Bruto,
perseguido antes de su muerte por el genio de César que condujo a degollarse a sí mismo
al que había matado al Padre de la Patria y a su propio padre.
Aforismo XLVIII.- Toda magia es la revelación de una clase de espíritu cuya
ciencia propia es esta magia. Así las nueve Musas incitaron a Hesíodo a la magia
novenaria como cuenta él mismo en la Teogonía; así el genio de Ulises inició a Homero
como lo prueba su Psigiogagie. Hermes fue instruido por el espíritu del alma de las
alturas; Moisés por el mismo Dios en la zarza ardiente; los tres Magos que vinieron a
Jerusalén a buscar a Cristo, por el ángel del Señor que los conducía; Daniel por los
ángeles del Señor.
Por lo tanto que nadie se vanaglorie de poseer la magia por sí mismo. Sólo la
misericordia de Dios o algún otro destino espiritual pueden hacer que se adquiera. Este es
el origen, esta es la causa del desarrollo de toda magia sea buena o mala. Por eso Tages11
, el primer maestro de magia de los romanos, surgió de la tierra y declaró que por orden
celeste su culto estaba dedicado a Diana de Éfeso. Igualmente Apolo; y toda la religión
de los gentiles ha sido recibida de estos mismos espíritus y no es obra humana como
piensan los Saduceos.
Aforismo XLIX.- Que la conclusión de este Isagogia sea la misma que hemos
dicho antes, a saber: no hay sino un Dios, fuente de todo bien, y un único pecado, la
desobediencia a la voluntad divina.De ahíel temor del Señor como iniciación a la
Sabiduríay de ahí la utilidad de toda magia. Pues al temor del Señor sucede la obediencia
a la voluntad divina y a ella, la presencia del Señor y de su Santo Espíritu y el dominio
sobre todos los ángeles y sobre los inagotables tesoros divinos.
La magia inútil y condenable surge en el momento en el que el pecado nos invade
por haber perdido nuestro corazón el temor de Dios. El príncipe de este mundo, el Dios
de este siglo, establece inmediatamente en él su reino y sus ritos para obtener las ventajas
que debe retirar. Igual que la araña que rodea con sus hilos a la mosca que cae en su tela,
así Satán rodea su presa con el hilo de los deseos hasta que la agota y desecahaciendo de
ella materia para el fuego eterno. A otros los protege y los eleva a las más altas cimas
para que la caída sea mayor.
Mira alrededor tuyo, lector benévolo, acuérdate de la historia sagrada y profana y
veras que el mundo está lleno de magos en su doble reino, el del Bien y el del Mal.
11 Dios etrusco.Sus enseñanzas, recopiladas en los Tagetici Libri, contenían las reglas de la adivinación.


Conclusión
Como conclusión de nuestro Isagogia y para mostrarlo más completamente, te
doy a continuación las divisiones y subdivisiones en las que cada cual podrá ver el
camino que tiene que seguir, el que es preciso que evite y de qué manera tiene que
trabajar cada uno para llegar al término de esta vida y alcanzar el umbral de otra.
DEL BIEN
Teosofía
Conocimiento del verbo de Dios.
Orientación de la vida segun este verbo.
Conocimiento de cómo Dios administra las cosas por medio de los ángeles que las
escrituras llama Guardianes.
Conocimiento del ministerio angélico.
Antroposofía (dada al hombre)
Ciencia de las cosas naturales. Sabiduría en las cosas naturales.
DEL MAL
Cacosofía
Desprecio del verbo de Dios.
Vida vivida según la voluntad del Diablo.
Ignorancia de la administración de las cosas por los ángeles de Dios.
Desprecio de la custodia de los ángeles.
Frecuentación de los espíritus del mal
Idolatría. Ateísmo.
Cacodemonía
Ciencia de los beneficios en la naturaleza y de su uso.
Ciencia de todas las artes del mal para la perdición del genio humano.
Su uso, en el desprecio de Dios, para la pérdida y desgracia de los hombres.
FIN

AQUI TRABAJAMOS..., DURMIENDO ¡ NO MOLESTAR!

¿QUIERES SALIR AQUI? , ENLAZAME

-

ClickComments