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EL ARTE OSCURO

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GOTICO

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miércoles, 21 de octubre de 2009

TABLA DE LA ESMERALDA / EXPLICACION

La explicación de la
"Tabla de la Esmeralda"
de Hermes Trimegistro, el tres veces grande
Traducción del original de Hortulano (el jardinero).
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PLEGARIA
Alabanza, honor y gloria os sean dadas por siempre, ¡Oh, Señor Dios Todopoderoso! Con vuestro querido Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, verdadero Dios y único Hombre Perfecto, y con el Santo Espíritu Consolador, Trinidad santa, que es el único Dios. Os doy gracias porque habiendo conocido las cosas pasajeras de éste mundo, enemigo nuestro, me habéis retirado de él por vuestra misericordia, para que yo no fuera pervertido por sus voluptuosidades engañosas. Y como veo a muchos que trabajan en éste arte, no seguir el recto camino, os suplico, mi Señor y mi Dios, que os plazca el que yo pueda desviar del error, por la ciencia que me habéis dado, a todos mis queridos y bienamados, a fin de que, conociendo la verdad, puedan alabar vuestro santo Nombre, que sea eternamente bendito.

Así pues, yo, Hortulano, -es decir, Jardinero-, llamado así a causa de los jardines marítimos, indigno como soy de ser llamado discípulo de la Filosofía, movido por la amistad que debo a mis amados, he querido poner por escrito la declaración y explicación cierta de las palabras de Hermes, padre de los Filósofos, aunque sean oscuras, y declarar sinceramente toda la práctica de la verdadera obra.
Ciertamente, de nada sirve que los Filósofos quieran esconder la ciencia en sus escritos cuando está operando la doctrina del Espíritu Santo.
CAPITULO I
El arte de Alquimia es cierto y verdadero
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El Filósofo dice: Es verdad, refiriéndose a que el arte de Alquimia nos ha sido dado. Sin mentira, dice esto para convencer a quienes dicen que la ciencia es mentirosa, es decir, falsa. Cierto, es decir, experimentado, pues todo lo que ha sido experimentado es muy cierto. Y muy verdadero, pues el muy verdadero Sol es procreado por el arte. Dice muy verdadero en modo superlativo, porque el Sol engendrado por éste arte sobrepasa a todo Sol natural en todas sus propiedades, tanto medicinales como de las otras.

CAPITULO II
La piedra ha de dividirse en dos partes.
A continuación, trata de la operación de la piedra, diciendo que lo que está abajo es como lo que está arriba. Dice esto porque, por el Magisterio, la piedra se divide en dos partes principales: la parte superior, que sube hacia arriba y la parte inferior, que permanece abajo, fija y clara. Y sin embargo, éstas dos partes concuerdan en virtud, por eso dice: y lo que está arriba es como lo que está abajo. Ciertamente, ésta división es necesaria. Para hacer los milagros de una sola cosa, es decir, de la piedra, pues la parte inferior es la tierra, que es la nodriza y el fermento, y la parte superior es el alma, que vivifica toda la piedra y la resucita. Por eso, una vez realizadas la separación y la conjunción, aparecen numerosos milagros en la Obra secreta de la Naturaleza.

CAPITULO III
La piedra posee en sí misma los cuatro elementos.

Y del mismo modo que todas las cosas han sido y han venido de uno por mediación de uno. Aquí da un ejemplo, al decir que todas las cosas han sido y han venido de uno, es decir, de un globo confuso, o de una masa confusa, por mediación, es decir, por el pensamiento y la creación de uno, o sea, de Dios todopoderoso. Así, todas las cosas han nacido, es decir, han salido, de esta cosa única, es decir, de una masa confusa, por adaptación, es decir, por el único mandato y milagro de Dios. Así, nuestra piedra nace y surge de una masa confusa, que contiene en sí todos los elementos y que ha sido creada por Dios, y por su milagro nuestra piedra sale de allí y nace.

CAPITULO IV
La piedra tiene padre y madre, que son el Sol y la Luna.
Del mismo modo que vemos a un animal engendrar naturalmente otros animales parecidos a él, así el Sol engendra artificialmente al Sol por virtud de la multiplicación de la piedra, por eso continúa: el Sol es su padre, es decir, el Oro de los Filósofos. Y dado que en todas las generaciones naturales ha de haber un lugar propio para recibir las simientes con cierta conformidad de parecido entre sus partes, así también es preciso que en ésta generación artificial de la piedra, el Sol tenga una materia que sea como una matriz adecuada para recibir su esperma y su tintura. Y esto es la Plata de los Filósofos, por eso continúa diciendo: la Luna es su madre.

CAPITULO V
La conjunción de las partes es la concepción y la generación de la piedra.

Cuando ambos se reciben el uno al otro en la conjunción de la piedra, la piedra es engendrada en el seno del viento, y eso es lo que dice después: El viento la ha llevado en su seno. Se sabe que el viento es el aire, y el aire es vida, y la vida es el alma, que, como ya he dicho antes, vivifica toda la piedra. Así pues, es necesario que el viento traiga toda la piedra y la transporte, y que engendre el Magisterio. De ello se infiere que deba recibir el alimento de su nodriza, es decir, de la tierra. Dice el Filósofo: la tierra es su nodriza; Pues al igual que el niño sin el alimento que recibe de su nodriza no crecería jamás, así también nuestra piedra jamás llegaría a existir sin la fermentación de la tierra, y el fermento se llama alimento. De éste modo, por conjunción del padre con la madre se engendra la cosa, es decir, los hijos semejantes a los padres, que, si son sometidos a una larga decocción se harán semejantes a la madre y tendrán el peso del padre.

CAPITULO VI
La piedra es perfecta si el Alma se fija al cuerpo.

Después continúa: el padre de todo, el Thelesma de todo el mundo está aquí. Es decir, que en la obra de la piedra hay una vía final. Y notad que el Filósofo llama a la operación el padre de todo, el Thelesma, es decir, de todo el secreto o tesoro de todo el mundo, es decir, de toda la piedra que se haya podido encontrar en éste mundo. Está aquí, como si dijera: aquí te lo muestro. Pues el Filósofo dice: ¿Quieres que te muestre cuando está acabada y perfecta la fuerza de la piedra? será cuando se haya transformado y convertido en su tierra, por eso dice: su fuerza y potencia serán completas, es decir, perfectas y completas, si se convierte y transforma en tierra. Es decir, si el alma de la piedra (de la que antes se ha hecho mención, diciendo que el alma es llamada viento y aire y que en ella está toda la vida y la fuerza de la piedra) se transforma en tierra de la piedra y se fija, de tal manera que toda la sustancia de la piedra esté de tal modo unida a su nodriza, (que es la tierra) que toda la piedra se transforme en fermento, y de igual modo que cuando se hace pan un poco de levadura nutre y fermenta una gran cantidad de masa, cambiando así toda la sustancia de la pasta en fermento, de la misma manera el Filósofo indica que nuestra piedra ha de ser fermentada, de manera que sirva de fermento para su propia multiplicación .

CAPITULO VII
La mondación de la piedra.
A continuación enseña como ha de multiplicarse la piedra. Pero antes hace referencia a la mondación de la piedra y a la separación de sus partes diciendo: separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente y con gran industria. Suavemente, es decir, poco a poco y sin violencia, antes bien, con espíritu e industria, es decir, por medio del excremento o estercolero filosofal. Separarás, es decir, disolverás, pues la disolución es la separación de las partes. La tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, es decir, la suciedad y la inmundicia del fuego, del aire, del agua y de toda la sustancia de la piedra, de modo que permanezca en su totalidad sin mancha alguna.

CAPITULO VIII
La parte no fija de la piedra ha de separar a la parte fija y elevarla.
Así preparada, la piedra ya puede ser multiplicada. Por eso aquí pone la multiplicación, y habla de la fácil licuefacción o fusión de ésta por aquella virtud que tiene de ser penetrante en los cuerpos duros y blandos, diciendo: Subirá de la tierra al cielo y de nuevo bajará a la tierra. Aquí hay que indicar que, aunque nuestra piedra, durante su primera operación, se divida en cuatro partes que son los cuatro elementos, hay en ella dos partes principales, (como antes se ha dicho): una que sube hacia arriba llamada parte no fija, o volátil, y otra que permanece fija abajo, que se llama tierra o fermento, como ya se ha dicho. Pero hay que tener una gran cantidad de la parte no fija para dársela a la piedra cuando ya esté limpia y sin mancha, y habrá que dársela por medio del Magisterio cuantas veces sean necesarias, hasta que por virtud del Espíritu, al sublimarla y hacerla sutil toda la piedra sea llevada hacia arriba.
De esto habla el Filósofo cuando dice: Sube de la tierra al cielo.

CAPITULO IX
Luego ha de ser fijada la piedra volátil.
Hecho todo lo cual, habrá que incerar esta piedra, (así exaltada y elevada o sublimada) con el aceite que ha sido extraído de ella misma durante la primera operación y que es llamado agua de la piedra. Y se la hará retornar a menudo, sublimándola, hasta que por la virtud de la fermentación de la tierra (con la piedra elevada o sublimada) toda la piedra descienda del cielo a la tierra por reiteración, permaneciendo fija y fluida. Y eso es lo que dice el Filósofo: Y bajará de nuevo a la tierra, de este modo recibe la fuerza de las cosas superiores, sublimando, y de las inferiores, descendiendo, es decir, que lo corporal se tornará espiritual durante la sublimación y lo espiritual se tornará corporal durante el descenso, esto es, cuando desciende la materia.

CAPITULO X
De la utilidad del arte y de la eficacia de la piedra
Por éste medio tendrás la gloria de todo el mundo, es decir, con esta piedra, así compuesta, tendrás la gloria de todo el mundo y toda oscuridad se alejará de ti. Es decir toda pobreza y enfermedad. Es la fuerza fuerte de toda fuerza, pues no hay comparación entre la fuerza de ésta piedra y las otras fuerzas de este mundo, pues vencerá toda cosa sutil y penetrará toda cosa sólida. Vencerá, es decir, que al vencer y al elevarse, transformará y cambiará el mercurio vivo, congelándolo, por más que sea sutil y blando, y penetrará a los demás metales, que son cuerpos duros, sólidos y firmes.
CAPITULO XI
El Magisterio imita la creación del Universo.
A continuación el Filósofo da un ejemplo de la composición de su piedra, diciendo: Así fue creado el mundo, es decir, que nuestra piedra se hace igual que como fue creado el mundo, pues las primeras cosas de todo el mundo, y todo lo que en el mundo ha habido, ha sido previamente una masa confusa y un caos sin orden, como ya se ha dicho antes. Y después, por el artificio del soberano Creador, esa masa confusa, después de haber sido admirablemente separada y rectificada, fue dividida en cuatro elementos; y a causa de tal separación se hacen diversas y diferentes cosas. Así, también se pueden hacer diversas y diferentes cosas por la producción y disposición de nuestra obra y por la separación de los elementos de los diversos cuerpos. De ello saldrán admirables adaptaciones, es decir, si separas los elementos se harán las admirables composiciones propias de nuestra obra, en la composición de nuestra piedra, por conjunción de los elementos rectificados. De las que, es decir, de éstas cosas admirables y adecuadas a tal fin, el medio, es decir, el medio de proceder, está aquí.

CAPITULO XII
Declaración enigmática de la materia de la piedra.
Por eso he sido llamado Hermes Trismegisto, es decir, Mercurio tres veces muy grande. Después de haber mostrado la composición de la piedra, el Filósofo muestra, de modo encubierto, de qué está hecha nuestra piedra, nombrándose a sí mismo. En primer lugar, a fin de que sus discípulos, cuando lleguen a esta ciencia, se acuerden siempre de su nombre. Sin embargo, el con qué se hace la piedra lo trata a continuación, diciendo: porque tengo las tres partes de la Filosofía de todo el mundo, que están, las tres, contenidas en nuestra piedra, es decir, en el Mercurio de los Filósofos.

CAPITULO XIII
Porqué se llama perfecta a la piedra.
Esta piedra es llamada perfecta porque tiene en ella la naturaleza de las cosas minerales, vegetales y animales, por eso es llamada triple y también tri-una, es decir, triple y única, que posee en sí cuatro naturalezas, es decir, los cuatro elementos, y tres colores, el negro, el blanco y el rojo; también se la llama Grano de trigo, que si no muere quedará sólo, pero si muere, (como antes se ha dicho hablando de la conjunción) traerá mucho fruto, es decir, cuando las operaciones de las que hemos hablado, se cumplan.

¡Oh, amigo lector! si ya sabes la Operación de la piedra, te he dicho la verdad, y si no la sabes, no te he dicho nada. Lo que he dicho de la Operación del Sol está cumplido y acabado. Es decir, lo que se ha dicho de la operación de la piedra de tres colores y cuatro naturalezas que están en una cosa única, a saber, en el mercurio filosofal, está cumplido y acabado.


domingo, 4 de octubre de 2009

LA CABAÑA DE LOS JUEGOS PERDIDOS


J.R. TOLKIEN
La Cabaña de los Juegos Perdidos


Ahora bien, sucedió en cierto tiempo que un viajero de países lejanos, un hombre de gran curiosidad, fue llevado, por el deseo de tierras extrañas, y de caminos y moradas de pueblos inusitados, en un barco hacia el oeste, tan hacia el oeste, que llegó hasta la Isla Solitaria, Tol Eressëa en la lengua de las hadas, pero que los Gnomos llamaban Dor Faidwen, la Tierra de la Liberación, y de ahí nació una gran historia.
Ahora bien, un día, después, de mucho viajar, llegó cuando las luces de la tarde se encendían en no pocas ventanas, al pie de una colina en una vasta llanura boscosa. Se encontraba ahora en el centro de esta gran isla, y durante muchos días había recorrido los caminos de la isla, parando cada noche en la casa de la gente que el azar decidiera, fuera en un villorrio o un pueblo de pro, a la hora de la tarde en que las velas se encienden. Ahora bien, a esa hora el deseo de ver cosas nuevas disminuye, aun para quien tiene corazón de explorador; y entonces, aun un hijo de Eärendel como este viajero piensa sobre todo en la cena y el descanso y contar cuentos antes de que llegue la hora de irse a la cama y dormir.
Ahora bien, mientras estaba al pie de la pequeña colina se levantó una brisa leve, y luego una bandada de grajos voló por encima de él a la clara luz uniforme. Hacía algún tiempo que el sol se había hundido más allá de las ramas de los olmos que se extendían por la llanura hasta donde la vista podía alcanzar, y hacía algún tiempo que el oro tardío se había desvanecido entre las hojas, deslizándose por los claros umbrosos para dormir bajo las raíces y soñar hasta el alba.
Ahora bien, estos grajos dieron la voz de bienvenida a casa y con un rápido giro volvieron a posarse en la copa de algún olmo alto en la cima de la colina. Entonces pensó Eriol (porque así lo llamó después la gente de la isla, y el nombre significa “El que sueña solo”, pero cuáles fueron sus anteriores nombres no se cuenta en ningún sitio): “La hora del descanso está cerca, y aunque no sé ni siquiera el nombre de este pueblo aparentemente honesto en la cumbre de la pequeña colina, buscaré reposo y alojamiento y no seguiré adelante hasta la mañana, ni siquiera entonces seguiré adelante quizá, porque el lugar parece apacible y el sabor de la brisa es bueno. Para mí tiene el aspecto de guardar muchos secretos de antaño y cosas maravillosas y hermosas entre sus tesoros y lugares nobles y también en los corazones de los que viven dentro de los muros”.
Ahora bien, Eriol venía desde el sur y por delante de él se extendía un camino recto bordeado por un alto muro de piedra gris sobre el que había muchas flores, y grandes tejos oscuros en algunos sitios. A través de ellos, mientras subía por el camino, vio brillar las primeras estrellas, como lo cantó después en un canto que le dedicó a esa bella ciudad.
Ahora bien, se encontraba en la cima de la colina entre las casas y dando un paso quizá casual inició el descenso por un sendero serpenteante, hasta que habiendo bajado un poco por la ladera occidental de la colina, una minúscula vivienda atrajo su mirada; las cortinas de la ventana dejaban filtrar una luz cálida y deliciosa, como de corazones contentos. Entonces tuvo nostalgia de amable compañía, y el deseo del viaje murió en él... e impulsado por un gran anhelo se acercó a la puerta de la cabaña, y llamó y le preguntó a alguien que acudió y abrió, cuál podría ser el nombre de esta casa y quién vivía en ella. Y le dijeron que era Mar Vanwa y Tyaliéva, o la Cabaña del Juego Perdido, y el nombre le causó gran asombro. Vivían allí, le dijeron, Lindo y Vairë que la habían construido hacía muchos años, y con ellos estaban no pocos de su gente y sus amigos y sus hijos. Y eso le causó más asombro todavía al ver el tamaño de la casa, pero el que le había abierto, leyendo lo que Eriol pensaba, le dijo: –Pequeña es la vivienda, pero más pequeños aún son los que moran aquí... porque el que entre en ella ha de ser en verdad pequeño, o por propia buena voluntad volverse pequeño al pisar el umbral.Dijo entonces Eriol que su más caro deseo era entrar en la casa y solicitar de Vairë y Lindo una noche de cálido hospedaje, si les parecía bien, pues él tenía voluntad de volverse lo bastante pequeño allí en la puerta. Dijo entonces el otro: –Entra –y Eriol avanzó y, ¡vaya!, tuvo la impresión de que era una casa amplia y de muy abundante deleite, y el señor de ella, Lindo, y su esposa, Vairë, se adelantaron a saludarlo; y él sintió en el corazón una complacencia que nunca había conocido, aunque al desembarcar en la Isla Solitaria mucha había sido su alegría.
Y cuando Vairë hubo pronunciado las palabras de bienvenida y Lindo le hubo preguntado cómo se llamaba y de dónde venía y adónde iba y él dijo que se llamaba el Forastero y que venía de las Grandes Tierras, y que iba a donde el deseo de viajar lo llevase, la comida de la noche fue servida en la vasta sala y a ella fue invitado Eriol. Ahora bien, en esta sala, a pesar de que era el tiempo del estío, habían sido encendidas tres grandes fogatas: una en el extremo lejano del recinto y una a cada lado de la mesa, y a excepción de la luz de estas fogatas, todo estaba en cálida penumbra cuando Eriol entró. Pero en ese momento acudió mucha gente portando velas de distintos tamaños y formas, en candelabros de variado diseño; muchos eran de madera tallada y otros de metal batido, y fueron puestos al azar sobre la mesa central y sobre las de los lados.
En ese momento sonó un gong a la distancia con dulce clamor, y siguió un ruido como de muchas risas mezcladas con un gran estrépito de pisadas. Entonces le dijo Vairë a Eriol al verle la cara llena de feliz asombro: -Esa es la voz de Tombo, el Gong de los Niños, que se encuentra junto a la Sala del Juego Recuperado, y suena una vez para convocarlos a esta sala a la hora de comer y de beber, y tres veces para convocarlos a la Habitación del Leño Encendido a la hora de contar cuentos. –Y añadió Lindo–. Si al sonar una vez hay risas en los corredores y estrépito de pisadas, las paredes se sacuden de alegría cuando suena tres veces a la tarde. Y el sonido de los tres golpes es el momento más feliz del día para Corazoncito el Custodio del Gong, como lo declara él mismo, que tanta felicidad ha conocido en tiempos de antaño; y es tan anciano que sus años son incalculables, a pesar de la alegría que lleva en el alma. Navegó en Wingilot con Eärendel durante este último viaje en el que buscaron a Kôr. Fue el sonido de este Gong en los Mares Sombríos el que despertó al Durmiente en la Torre de Perlas que se alza allá lejos al oeste en las Islas del Crepúsculo.
Tanto subyugaron a Eriol estas palabras, pues le pareció que le abrían un nuevo mundo muy bello, que nada más oyó hasta que Vairë lo invitó a sentarse. Levantó entonces la cabeza y ¡he aquí que la sala y todos sus bancos y sillas se habían llenado de niños de toda especie y tamaño, y salpicados entre ellos había gentes de todo aspecto y edad! En una cosa se parecían todos: en la cara de cada cual había una expresión de gran felicidad iluminada por la alegre expectativa de nuevas alegrías y deleites por venir. La suave luz de las velas también daba sobre todos ellos; resplandecía sobre trenzas brillantes y relumbraba sobre cabellos oscuros, o aquí y allí ponía un pálido fuego sobre mechones que habían encanecido. Mientras Eriol estaba mirándolos, todos se pusieron de pie y entonaron en coro el canto del Servicio de las Carnes. Luego fue traída la comida y puesta delante de ellos, y entonces los que traían las fuentes y los que servían y los que tendían la mesa, y el anfitrión y la anfitriona, los niños y el convidado se sentaron; pero antes Lindo bendijo la comida y a los comensales. Mientras comían, Eriol entró en conversación con Lindo y con su esposa, contándoles historias de sus aventuras de otro tiempo, especialmente aquellas con que se había topado en el viaje que lo había traído a la Isla Solitaria, y preguntándoles a su vez muchas cosas referentes a la bella tierra y (sobre todo) a la bella ciudad en la que se encontraba ahora.
Lindo le dijo:
–Entérate que hoy, o más probablemente ayer, has cruzado las fronteras de la región que se llamó Alalminórë o la “Tierra de los Olmos”, que los Gnomos llaman Gar Lossion o el “Lugar de las Flores”. Ahora bien, esta región se considera el centro de la isla y es su más bella región; pero por encima de todas las ciudades y pueblos de Alalminórë está Koromas o, como algunos la llaman, Kortirion, y ésta es la ciudad en la que ahora te encuentras. Tanto porque está en el corazón de la isla como por la altura de su poderosa torre, los que hablan de ella con amor la llaman la Ciudadela de la Isla o aun del Mundo. No sólo por este gran amor; toda la isla acude aquí en busca de sabiduría y dirección, de cantos y de la ciencia de la tierra; y aquí en un gran korin de olmos vive Meril-i-Turinqi. (Ahora bien, un korin es un muro circular, ya sea de piedra, de espinos o aun de árboles, que rodea un prado verde.) Meril lleva la sangre de Inwë, al que los Gnomos llaman Inwithiel, el que fue Rey de todos los Eldar cuando habitaban Kôr. En días anteriores a que se escuchara el lamento del mundo, Inwë los condujo a las tierras de los Hombres; pero esas magnas y tristes cosas y cómo los Elfos llegaron a esta isla bella y solitaria, quizá te las cuente en otra ocasión.“Pero al cabo de muchos días, Ingil, hijo de Inwë, viendo que este lugar era muy hermoso, descansó aquí y reunió alrededor a la mayoría de los más sabios y los más hermosos, de los más alegres y los más bondadosos de todos los Eldar. Aquí entre esos muchos llegaron mi padre Valwë, que fue con Noldorin al encuentro de los Gnomos, y el padre de Vairë, mi esposa, Tulkastor. Era del linaje de Aulë, pero había vivido largo tiempo con los Flautistas de la Costa, los Solosimpi, de modo que fue de los primeros en llegar a la isla.
“Luego Ingil construyó la gran torre y llamó a la ciudad Koromas o ‘el Reposo de los Exiliados de Kôr’, pero por causa de esa torre se la conoce ahora sobre todo como Kortirion.”
Ahora bien, por ese tiempo la comida llegaba a su fin; entonces Lindo llenó su copa, y después de él Vairë y todos los que estaban en la sala, pero a Eriol le dijo:
–Esto que ponemos en nuestras copas es limpë, la bebida de los Eldar, de los jóvenes y los viejos por igual, y bebiéndola nuestros corazones se mantienen jóvenes y las bocas se nos llenan de cantos, pero esta bebida yo no puedo darla: sólo Turinqi puede darla a aquellos que no siendo de la raza de los Eldar, después de haberla bebido se quedan a vivir para siempre con los Eldar de la Isla hasta que llegue la hora de partir en busca de las familias perdidas.
Luego llenó la copa de Eriol, pero la llenó con el vino dorado de los antiguos toneles de los Gnomos; y luego se puso de pie y brindó “por la Partida y el Reencendido del Sol Mágico”. Luego sonó el Gong de los Niños tres veces, y un alegre estrépito se elevó en la sala, y algunos abrieron grandes puertas de roble de par en par en un extremo, aquel en que no había hogar. Entonces muchos cogieron las velas que estaban colocadas en pies de madera y las sostuvieron en alto mientras otros reían y charlaban, pero todos abrieron un sendero en medio del gentío por el que avanzaron Lindo y Vairë y Eriol, y cuando éstos cruzaron las puertas, la multitud los siguió.Eriol vio entonces que se encontraban en un corto y amplio corredor, y la parte superior de los muros estaba cubierta de tapices; y esos tapices ilustraban historias que él no conocía en ese tiempo. Sobre los tapices parecía haber pinturas, pero no podía verlas a causa de las sombras, pues los portadores de velas venían detrás, y delante de él la única luz procedía de una puerta abierta por la que se filtraba un resplandor rojo, como de una gran hoguera.
–Ese –dijo Vairë– es el Hogar de los Cuentos que arde en la Sala de los Leños; arde allí durante todo el año, porque es un fuego mágico que ayuda al hombre a contar cuentos... pero allí vamos ahora –y Eriol dijo que eso le parecía mejor que ninguna otra cosa.
Entonces todos entraron riendo y conversando en el cuarto de donde venía el resplandor rojo. Era un precioso cuarto como podía apreciarse aun a la luz de las llamas que bailaban sobre las paredes y el techo bajo, mientras que en los escondrijos y rincones había sombras profundas. Alrededor del gran hogar había muchas alfombras y cojines blandos; y un poco a un lado había un sillón profundo con brazos y patas tallados. Y era de una tal naturaleza, que Eriol sintió entonces y en todas las otras ocasiones que entró en el cuarto a la hora de contar cuentos, que cualquiera que fuera el número de gentes que allí hubiera, el cuarto daba la impresión de ser bastante espacioso, no demasiado grande, pero nunca atestado.
Entonces todos se sentaron donde quisieron, viejos y jóvenes, pero Lindo se sentó en el sillón y Vairë sobre un cojín a sus pies, y Eriol, regocijado junto al rojo resplandor aunque era verano, se tendió cerca del hogar.
Dijo entonces Lindo:
–¿De qué tratarán los cuentos esta noche? ¿De las Grandes Tierras y de las moradas de los Hombres; de los Valar y Valinor; del Oeste y sus misterios, del Este y su gloria, del Sur y sus descampados nunca recorridos, del Norte y su poder y su fuerza, o de esta isla y su gente; o de los antiguos días de Kôr donde vivió otrora nuestro pueblo? Porque esta noche tenemos con nosotros a un huésped, un hombre de vastos y excelentes viajes, un hijo de Eärendel, según creo. ¿Tratarán de viajes, de exploraciones navieras, de los vientos y el mar?
Pero a esta pregunta algunos respondieron una cosa y otros otra, hasta que Eriol dijo:
–Os lo ruego, si los demás están de acuerdo, por esta vez contadme acerca de esta isla, y de toda esta isla, y sobre todo acerca de esta buena casa y sus bellos moradores, doncellas y muchachos, porque de todas las casas ésta me parece la más encantadora y de todos los habitantes, éstos los más dulces que haya contemplado.
Dijo Vairë entonces:
–Sabe, pues, que antiguamente, en los días de Inwë (y es difícil remontarse más atrás en la historia de los Elfos), había un lugar de bellos jardines en Valinor junto a un mar de plata. Ahora bien, este lugar estaba cerca de los confines del reino, pero no lejos de Kôr, aunque por causa de la distancia a que se encontraba de Lindelos, el árbol del sol, había allí una luz como la del atardecer del verano, salvo sólo cuando se encendían en la colina al crepúsculo las lámparas de plata, y entonces unas lucecillas blancas bailaban y se estremecían en los senderos persiguiendo motas oscuras bajo los árboles. Este era un momento de alegría para los niños, porque sobre todo a esta hora un nuevo camarada descendía por la senda llamada Olórë Mallë o la Senda de los Sueños. Se me dijo, aunque la verdad no la conozco, que la senda llegaba por rutas desviadas hasta las moradas de los Hombres, pero nunca nos aventurábamos por esas rutas cuando nosotros íbamos allí. Era una senda de márgenes profundos y setos colgantes, más allá de los cuales se erguían muchos árboles altos, donde parecía habitar un susurro perpetuo; pero no rara vez enormes luciérnagas revoloteaban por los bordes herbosos.“Ahora bien, en este lugar de jardines un alto portón enrejado que brillaba dorado en el crepúsculo daba a la senda de los sueños, y desde allí partían muchos caminos serpenteantes formados por altos setos de boj hasta el más bello de todos los jardines, y en medio de ese jardín se levantaba una cabaña blanca. De qué estaba hecha o cuándo se habría construido nadie lo sabía ni lo sabe ahora, pero se me dijo que brillaba con una luz pálida, como de perlas, y que el techo era de paja, pero que esas pajas eran de oro.
“Ahora bien, a un costado de la cabaña había un matorral de lilas blancas, y en el otro extremo un poderoso tejo con cuyos vástagos los niños construían arcos o por cuyas ramas trepaban al techo. Pero todo pájaro que alguna vez cantó, acudía a las lilas y cantaba dulcemente. Ahora bien, las paredes de la cabaña se inclinaban por la edad, y los múltiples ventanucos eran de un enrejado retorcido en las formas más extrañas. Nadie, se decía, vivía en la cabaña, que estaba sin embargo guardada en secreto y con celo por los Elfos, para que ningún daño le ocurriera, y los niños que jugaban allí libremente no sabían que hubiera alguna guardia. Esta era la Cabaña de los Niños o del Juego del Sueño, y no del Juego Perdido, como se cantó erróneamente entre los Hombres... porque ningún juego se había perdido entonces, y aquí y ahora ¡ay! está la Cabaña del Juego Perdido.
“Estos también eran los primeros niños: los niños de los padres de los padres de los Hombres que aquí vinieron; y por lástima los Elfos intentaron guiar a todos los que venían por esa senda hasta la cabaña y el jardín, temiendo que los extraviados llegaran a Kôr y se enamoraran de la gloria de Valinor; porque entonces se quedarían allí para siempre y los padres se hundirían en un profundo dolor o errarían siempre en vano convirtiéndose en desarraigados y salvajes entre los hijos de los Hombres. Más aún, a algunos que llegaban al borde de los acantilados de Eldamar y allí se demoraban deslumbrados por las bellas caracolas y los peces de múltiples colores, los estanques azules y la espuma de plata, los conducían a la cabaña seduciéndolos gentilmente con el perfume de las flores. Sin embargo, aun así había algunos que oían en aquella playa las dulces flautas de los Solosimpi a lo lejos, y que no jugaban con los otros niños, sino que asomados a las ventanas más altas miraban esforzándose por tener atisbos del mar y las costas mágicas más allá de las sombras de los árboles.
“Ahora bien, en su mayoría, los niños no entraban con frecuencia en la casa, sino que bailaban y jugaban en el jardín, recogiendo flores y persiguiendo a las abejas doradas y a las mariposas de alas de encaje puestas allí por los Elfos para su alegría. Y muchos niños se hicieron allí camaradas, que después se encontraron y se amaron en las tierras de los Hombres, pero de tales cosas quizá los Hombres sepan más de lo que yo pueda decirte. Había allí sin embargo, como te he dicho, quienes oían las flautas de los Solosimpi a lo lejos, otros que, alejándose del jardín una vez más, llegaban a escuchar el canto de los Telelli en la colina, y aun algunos que, después de llegar a Kôr, regresaban a su casa, con la mente y el corazón maravillados. De los neblinosos recuerdos de estos niños, de sus narraciones inconclusas y de sus fragmentos de canción nacieron muchas leyendas extrañas que deleitaron a los Hombres por largo tiempo y quizá los deleitan todavía, porque de ellos surgieron los poetas de las Grandes Tierras.
“Ahora bien, cuando las hadas abandonaron Kôr, esa senda fue bloqueada para siempre con grandes rocas infranqueables, de modo que la cabaña permanece vacía y el jardín desnudo hasta el día de hoy, y así permanecerá hasta mucho después de la Partida, cuando, si todo va bien, los caminos desde Arvalin hasta Valinor estarán atestados por los hijos y las hijas de los Hombres. Pero al ver que ningún niño iba ya allí en busca de gozo y deleite, el dolor y la opacidad se difundieron entre ellos, y los Hombres casi dejaron de creer en la belleza de los Elfos y la gloria de los Valar o de pensar en ellas, hasta que uno llegó de las Grandes Tierras y nos rogó dar alivio a la oscuridad.
“Ahora bien, no hay camino seguro para los niños desde las Grandes Tierras hasta aquí, pero Meril-i-Turinqi haciéndose eco de su propia benignidad designó a Lindo, mi esposo, para trazar algún buen plan. Pues bien, Lindo y yo, Vairë, hemos tomado a nuestro cargo a los niños: el resto de los que encontraron a Kôr y se quedaron con los Eldar para siempre; de modo que levantamos con buena magia esta Cabaña del Juego Perdido; y aquí se atesoran y se ejecutan los viejos cantos, los viejos cuentos y la música élfica. De vez en cuando nuestros niños parten otra vez en busca de las Grandes Tierras, y acuden junto a los niños solitarios y les susurran al atardecer cuando van a acostarse temprano a la luz de la noche y de las velas, o consuelan a los que lloran. Algunos, me han dicho, escuchan las quejas de los que han sido castigados o reprendidos, y escuchan sus cuentos y fingen ponerse de parte de ellos, y éste me parece a mí un raro y feliz servicio.
“No obstante, no todos los que enviamos fuera regresan, y esto es una gran pesadumbre para nosotros, pues no es por menudo amor que los Elfos se hacen cargo de los hijos venidos de Kôr, sino más bien por consideración a los hogares de los Hombres; sin embargo, en las Grandes Tierras, como bien lo sabes, hay hermosos lugares y adorables regiones de gran seducción, por lo que sólo obedeciendo a una gran necesidad arriesgamos a alguno de los niños que están con nosotros. Sin embargo, la gran mayoría regresa y nos cuentan muchas historias y muchas cosas tristes de sus viajes... y ahora te he dicho casi todo cuanto hay por decir de la Cabaña del Juego Perdido.”
Dijo Eriol entonces:
–Pues son éstas tristes noticias, aunque no obstante, es bueno escucharlas, y me recuerda ciertas palabras que mi padre me dijo en mi temprana infancia. Había una vieja tradición entre los de nuestro linaje, dijo, según la cual uno de los padres de nuestro padre habría hablado de una hermosa casa y unos jardines mágicos, de una ciudad maravillosa, y de una música bella y nostálgica... y estas cosas dijo que las había visto y escuchado de niño, aunque no cómo y dónde. Ahora bien, toda su vida fue un hombre inquieto, como si tuviera dentro de sí un anhelo expresado a medias de cosas desconocidas; y se dice que murió entre las rocas de una costa solitaria una noche de tormenta... y además que la mayoría de sus hijos y los hijos de éstos también han sido gente inquieta... y según creo, ahora sé la verdad del asunto.
Y Vairë dijo que era probable que unos de los del linaje de Eriol hubiera encontrado las rocas de Eldamar en aquellos días.

sábado, 3 de octubre de 2009

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS - INFLUENCIA MITOLOGICA

Influencias de la Mitología Nórdica en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

Según cuenta David Day en su interesante libro El Anillo de Tolkien, casi todas las leyendas relacionadas con anillos son deudoras de la mitología nórdica. Ni qué decir tiene que El Señor de los Anillos también lo es, cosa que no es de extañar, ya que Tolkien era un buen conocedor de esta mitología, de la que posiblemente hay más referencias en sus libros que de cualquier otra.
- Para los vikingos (habitantes del Midgard, literalmente la Tierra Media), el anillo era un símbolo de fama y riqueza, los signos externos más preciados. Para un rey o un jarl, el calificativo de donador de anillos era la mejor alabanza en la boca de un escaldo. Y un anillo (o un brazalete, que viene a ser un anillo más grande) era la compensación habitual a cambio de una buena poesía. De igual manera, los guerreros valerosos recibían anillos tras las batallas ganadas.
- En los templos o en los lugares de las granjas nórdicas habilitados para las celebraciones religiosas, siempre había un anillo de los juramentos. Tocándolo hacían los vikingos sus promesas más solemnes, aquellas que cumplían aunque les fuese la vida en ello.
- Odín, que tenía un anillo llamado Draupnir, en su búsqueda del conocimiento y el poder, viajó por los nueve mundos bajo distintas identidades, aunque su imagen más habitual era la del viejo viajero de larga barba, sombrero ancho y una capa gris o azul.
Esa es justamente la apariencia que siempre se ha atribuido a los hombres de conocimiento: magos, brujos, druidas, hechiceros.
Es la imagen que nos ha sido legada desde las crónicas antiguas a los modernos escritores, y que valen tanto para Merlín como para Gandalf. Apariencia deudora de aquel Odín viajero o vagabundo.
Claro que no es sólo la imagen del hombre que busca la sabiduría siempre con buenos fines, ya que era un dios carente de moral, es decir, sus acciones no estaban movidas por lo que habitualmente conocemos como el bien y el mal.
Por eso, en la historia de Tolkien se divide en los aspectos que podríamos considerar positivos y negativos de Odín, la magia blanca de Gandalf y la magia negra de Sauron.
- Los dioses nórdicos pertenecía a dos razas: los Asir y los Vanir. Los de Tolkien son Ainur y Valar. El Asgard nórdico, al que se llegaba a través del Bifrost (el puente del Arco Iris), se transforma en Aman, al que se llega por el Camino Recto.
- Odín pasó por un terrible ritual iniciático que le llevó a conseguir el conocimiento de las runas. No menos terrible fue ese otro ritual que le llevó a perder un ojo a cambio de la sabiduría. Algo parecido encontramos en la transformación del Gandalf el Gris en Gandalf el Blanco, que ya conoce las runas, además de poseer otros poderes. Por otro lado, Sauron también se queda con un sólo ojo.
- Los nombres de los enanos de Tolkien están directamente sacados del Edda de Snorri Sturlusson: Thorin, Dwalin, Balin, Kili, Fili, Bifur, Bofur, Bombur, Dori, Nori, Ori, Oin, Gloin, Thrain, Thror, Sain, Nain, Durin. Incluso el nombre del propio Gandalf está sacado del Edda.
- Los trolls de piedra o de las nieves son una transformación de los gigantes de las montañas o de escarcha nórdicos, mientras que los gigantes de fuego, sobre todo Surt, se verán reflejados en el balrog, gigantesco ser portador de una espada flamígera.
- El Valhalla, lugar destinado a los mejores guerreros caídos en combate, donde aguardarían la llegada del Ragnarok, Tolkien lo transforma en la Estancia de Mandos de Aman, donde los elfos muertos esperan igualmente el Fin del Mundo. En ambos casos, el fin de los tiempos es un tránsito hacia un nuevo comienzo cargado de esperanzas.


Influencias de la Mitología Céltica en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

Según cuenta David Day en su interesante libro El Anillo de Tolkien, los elfos que aparecen el El Señor de los Anillos fueron tomados por Tolkien de la mitología celta, sobre todo la irlandesa y la galesa.
Uno de los pueblos míticos que llegaron a Irlanda en la antigüedad son los Tuatha De Danann (el Pueblo de la Diosa Dana), compuesto a partes iguales por guerreros y sabios. Parece ser que Tolkien, buen conocedor de todas las leyendas y mitologías de Europa, tomó a ese pueblo como base para construir el reino élfico de El Señor de los Anillos.
Tanto los elfos de Tolkien como estos Tuatha De Danann son seres poderosos, de grandes conocimientos, de gran belleza física, desconocedores de la enfermedad y de la muerte natural (aunque se les puede matar). También ambos pueblos disponen de armas y objetos considerados como mágicos.
Ya en la primera parte de El Señor de los Anillos, los elfos están trasladándose a otra tierra, de igual modo que los Tuatha De Danann tuvieron que retirarse tras las llegada a Irlanda de los Hijos de Mil (descendientes el héroe celta Breogán) (ver la sección dedicada a los Hijos de Mil en esta web).
Pero los Tuatha De Danann no abandonan la isla esmeralda, si no que se recluyen en el Sidhe, el Pueblo de las Colinas, un mundo subterráneo y mágico al que se podía llegar a través de los túmulos o monumentos megalíticos que solía haber en las colinas irlandesas.
A veces se permite que un humano entre en el Sidhe, donde el tiempo transcurre de otra manera. Quienes regresan para contarlo, encuentran que han pasado siglos en lo que ellos tomaron como años, que las cosas son totalmente distintas a lo que fueron y que no conocen a nadie. También ocurre a veces que un habitante del Sidhe se enamora de un mortal y renuncia a su condición y sus poderes, aunque muchas veces, tras comprobar que la vida entre los humanos es muy problemática, el proceso se puede revertir.
Los Tuatha De Danann, al poco de llegar a Irlanda, tuvieron que enfrentarse a los temibles Formores, una raza de seres primigenios. Su rey era Balor, el Ojo Maligno, que podría haber servido para construir el personaje de Saurón, también Ojo Maligno.
Por otro lado Varda, Arwen y Gladriel parecen estar asociadas a las Damas Blancas de las leyendas celtas, como la Dama del Lago y Olwen, ambas de origen galés. Y precisamente galesea, o casi, es la lengua élfica, el sindarin, así como los nombres de personas y lugares.

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