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EL ARTE OSCURO

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jueves, 24 de marzo de 2011

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS -- Influencias Mitologícas






Influencias de la Mitología Nórdica en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS


Según cuenta David Day en su interesante libro El Anillo de Tolkien , casi todas las leyendas relacionadas con anillos son deudoras de la mitología nórdica. Ni qué decir tiene que El Señor de los Anillos también lo es, cosa que no es de extañar, ya que Tolkien era un buen conocedor de esta mitología, de la que posiblemente hay más referencias en sus libros que de cualquier otra.
- Para los vikingos (habitantes del Midgard, literalmente la Tierra Media), el anillo era un símbolo de fama y riqueza, los signos externos más preciados. Para un rey o un jarl, el calificativo de donador de anillos era la mejor alabanza en la boca de un escaldo. Y un anillo (o un brazalete, que viene a ser un anillo más grande) era la compensación habitual a cambio de una buena poesía. De igual manera, los guerreros valerosos recibían anillos tras las batallas ganadas.
- En los templos o en los lugares de las granjas nórdicas habilitados para las celebraciones religiosas, siempre había un anillo de los juramentos. Tocándolo hacían los vikingos sus promesas más solemnes, aquellas que cumplían aunque les fuese la vida en ello.
- Odín, que tenía un anillo llamado Draupnir, en su búsqueda del conocimiento y el poder, viajó por los nueve mundos bajo distintas identidades, aunque su imagen más habitual era la del viejo viajero de larga barba, sombrero ancho y una capa gris o azul.
Esa es justamente la apariencia que siempre se ha atribuido a los hombres de conocimiento: magos, brujos, druidas, hechiceros.
Es la imagen que nos ha sido legada desde las crónicas antiguas a los modernos escritores, y que valen tanto para Merlín como para Gandalf. Apariencia deudora de aquel Odín viajero o vagabundo.
Claro que no es sólo la imagen del hombre que busca la sabiduría siempre con buenos fines, ya que era un dios carente de moral, es decir, sus acciones no estaban movidas por lo que habitualmente conocemos como el bien y el mal.
Por eso, en la historia de Tolkien se divide en los aspectos que podríamos considerar positivos y negativos de Odín, la magia blanca de Gandalf y la magia negra de Sauron.
- Los dioses nórdicos pertenecía a dos razas: los Asir y los Vanir. Los de Tolkien son Ainur y Valar. El Asgard nórdico, al que se llegaba a través del Bifrost (el puente del Arco Iris), se transforma en Aman, al que se llega por el Camino Recto.
- Odín pasó por un terrible ritual iniciático que le llevó a conseguir el conocimiento de las runas. No menos terrible fue ese otro ritual que le llevó a perder un ojo a cambio de la sabiduría. Algo parecido encontramos en la transformación del Gandalf el Gris en Gandalf el Blanco, que ya conoce las runas, además de poseer otros poderes. Por otro lado, Sauron también se queda con un sólo ojo.
- Los nombres de los enanos de Tolkien están directamente sacados del Edda de Snorri Sturlusson: Thorin, Dwalin, Balin, Kili, Fili, Bifur, Bofur, Bombur, Dori, Nori, Ori, Oin, Gloin, Thrain, Thror, Sain, Nain, Durin. Incluso el nombre del propio Gandalf está sacado del Edda.
- Los trolls de piedra o de las nieves son una transformación de los gigantes de las montañas o de escarcha nórdicos, mientras que los gigantes de fuego, sobre todo Surt, se verán reflejados en el balrog, gigantesco ser portador de una espada flamígera.
- El Valhalla, lugar destinado a los mejores guerreros caídos en combate, donde aguardarían la llegada del Ragnarok, Tolkien lo transforma en la Estancia de Mandos de Aman, donde los elfos muertos esperan igualmente el Fin del Mundo. En ambos casos, el fin de los tiempos es un tránsito hacia un nuevo comienzo cargado de esperanzas.

Influencias de la Mitología Céltica en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS


Según cuenta David Day en su interesante libro El Anillo de Tolkien , los elfos que aparecen el El Señor de los Anillos fueron tomados por Tolkien de la mitología celta, sobre todo la irlandesa y la galesa.
Uno de los pueblos míticos que llegaron a Irlanda en la antigüedad son los Tuatha De Danann (el Pueblo de la Diosa Dana), compuesto a partes iguales por guerreros y sabios. Parece ser que Tolkien, buen conocedor de todas las leyendas y mitologías de Europa, tomó a ese pueblo como base para construir el reino élfico de El Señor de los Anillos.
Tanto los elfos de Tolkien como estos Tuatha De Danann son seres poderosos, de grandes conocimientos, de gran belleza física, desconocedores de la enfermedad y de la muerte natural (aunque se les puede matar). También ambos pueblos disponen de armas y objetos considerados como mágicos.
Ya en la primera parte de El Señor de los Anillos, los elfos están trasladándose a otra tierra, de igual modo que los Tuatha De Danann tuvieron que retirarse tras las llegada a Irlanda de los Hijos de Mil (descendientes el héroe celta Breogán) (ver la sección dedicada a los Hijos de Mil en esta web).
Pero los Tuatha De Danann no abandonan la isla esmeralda, si no que se recluyen en el Sidhe, el Pueblo de las Colinas, un mundo subterráneo y mágico al que se podía llegar a través de los túmulos o monumentos megalíticos que solía haber en las colinas irlandesas.
A veces se permite que un humano entre en el Sidhe, donde el tiempo transcurre de otra manera. Quienes regresan para contarlo, encuentran que han pasado siglos en lo que ellos tomaron como años, que las cosas son totalmente distintas a lo que fueron y que no conocen a nadie. También ocurre a veces que un habitante del Sidhe se enamora de un mortal y renuncia a su condición y sus poderes, aunque muchas veces, tras comprobar que la vida entre los humanos es muy problemática, el proceso se puede revertir.
Los Tuatha De Danann, al poco de llegar a Irlanda, tuvieron que enfrentarse a los temibles Formores, una raza de seres primigenios. Su rey era Balor, el Ojo Maligno, que podría haber servido para construir el personaje de Saurón, también Ojo Maligno.
Por otro lado Varda, Arwen y Gladriel parecen estar asociadas a las Damas Blancas de las leyendas celtas, como la Dama del Lago y Olwen, ambas de origen galés. Y precisamente galesea, o casi, es la lengua élfica, el sindarin, así como los nombres de personas y lugares.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Las legiones de la tumba -- H. P .Lovecraft



Las legiones de la tumba
H. P .Lovecraft



Cuando desapareció el doctor Herbert West, hace un año, la policía de Boston me sometió a un
minucioso interrogatorio. Sospechaban que me callaba cosas, o algo peor; pero no podía decirles la
verdad porque no me habrían creído. Sabían, efectivamente, que West había estado complicado en
actividades que iban más allá de la capacidad de crédito de los hombres ordinarios; pues sus
espantosos experimentos sobre la reanimación de cadáveres habían sido demasiado numerosas para
poder mantener un perfecto secreto en torno a ellos; pero la escalofriante catástrofe final adquirió
caracteres de demoníaca fantasía que me hacen dudar incluso de la realidad de lo que vi.
Yo era el amigo más allegado de West, y su único ayudante confidencial. Nos habíamos conocido
años antes en la Facultad de Medicina, y desde el principio había participado yo en sus terribles
investigaciones. Había intentado perfeccionar lentamente una solución que, inyectaba en las venas de
un recién fallecido, podía devolverle la vida. Este trabajo requería abundancia de cadáveres frescos, y
comportaba, consiguientemente, las actividades más espantosas. Más horribles aun eran los
resultados de alguno de sus experimentos: masas horrendas de carne que había estado muertas,
pero que West despertaba, dotándola de una ciega, insensata y nauseabunda animación. Estos eran
los resultados usuales; ya que para que volviera a despertar la mente era necesario que los
ejemplares fuesen absolutamente frescos, y que las delicadas células cerebrales no hubiesen sufrido
la más mínima descomposición.
Esta necesidad de cadáveres muy frescos supuso la ruina moral de West. Eran difíciles de conseguir;
y un día espantoso llegó a apoderarse de un ejemplar cuando aún estaba vivo y en todo su vigor. Un
forcejeo, una aguja, y un poderoso alcaloide lo convirtieron en cadáver fresquísimo, y el experimento
fue positivo durante un instante breve y memorable; pero West salió de él con un alma seca y
endurecida, y una mirada fría que observaba con una especie de calculadora y horrenda apreciación
de los hombres de cerebro especialmente sensible y un físico vigoroso. Hacia el final, cobré a West
un intenso terror, ya que empezaba a mirarme de esa misma manera. La gente no parecía darse
cuenta de sus miradas, aunque me notaba asustado; y tras su desaparición, se valieron de eso para
propalar unas sospechas absurdas.
En realidad West tenía más miedo que yo; sus abominables trabajos le hacían llevar una vida furtiva y
llena de sobresaltos. En parte era la polic ía quien le daba miedo; pero a veces su nerviosismo era
más hondo y brumoso, y estaba relacionado con abominaciones indescriptibles a las que había
inyectado una vida morbosa, y en las que no había visto extinguirse dicha vida. Por lo general,
terminaba sus experimentos con el revólver; pero a veces no era bastante rápido. Es lo que ocurrió
con aquel primer ejemplar en cuya saqueada sepultura se descubrieron más tarde huellas de
arañazos. Y lo que sucedió también con el cadáver de aquel profesor de Arkham que cometió actos
de canibalismo antes de ser capturado y encerrado sin identificar en una celda del manicomio de
Sefton donde estuvo dieciséis años golpeándose la cabeza contra las paredes. Casi todos los demás
resultados que posiblemente subsistían eran productos de lo que resulta más difícil hablar, dado que
en los últimos años, el celo científico de West había degenerado en una manía insana y fantástica, y
había consagrado su prodigiosa habilidad a vitalizar cuerpos enteramente humanos, sino trozos
aislados de cadáveres, o partes unidas a una materia orgánica no humana. En la época en que
desapareció. Se había convertido en algo diabólicamente repugnante; muchos de los experimentos
no podrían ser referidos en la letra impresa. La Gran Guerra, en la que servimos los dos como
cirujanos, había intensificado este aspecto de West. Al decir que el miedo de West a sus ejemplares
era brumoso pensaba sobre todo en el carácter complejo de ese sentimiento. En parte se debía sólo
al hecho de saber que aún seguían existiendo esos monstruos abominables, y en parte a su miedo al
daño corporal que podían infringirle en determinadas circunstancias. La desaparición de estos seres
aumentaban el horror de la situación: West sólo conocía el paradero de uno de ellos, la lastimosa
criatura del manicomio. Pero, además, había un miedo más sutil: una sensación verdaderamente
fantástica, consecuencia de un extraño experimento que llevó a cabo en el ejército canadiense, en
1915. En medio de una enconada batalla, West había reanimado al comandante Eric Moreland
Clapman-Lee, D.S.O., colega nuestro que estaba al tanto de sus experimentos, y el cual podía
haberlos duplicado. Le había seccionado la cabeza a fin de poder estudiar las posibilidades de vida
cuasi-inteligente del tronco. El experimento dio resultado en el mismo instante en que el edificio era
barrido por una granada alemana. El tronco se movió de forma inteligente; y, por increíble que
parezca, tuvimos la seguridad de que brotaron sonidos articulados de la cabeza seccionada que
estaba en el fondo oscuro del laboratorio. En cierto modo, la granada fue misericordiosa. Pero West
jamás estuvo seguro, como habría sido su deseo, de que fuéramos el y yo los únicos supervivientes.
Después, solía hacer estremecedoras conjeturas sobre lo que sería capaz de hacer un médico
decapitado con capacidad para reanimar a los muertos.
La última residencia de West fue una venerable casa, muy elegante, que dominaba uno de los más
antiguos cementerios de Boston. Había escogido el lugar por razones puramente simbólicas y
fantásticas, ya que la mayoría de los enterramientos databan del periodo colonial, y por tanto era muy
poca utilidad para un científico que necesitaba cadáveres frescos. Había instalado el laboratorio en un
subsótano secretamente construido por obreros traídos de otra región, y en él tenía un gran
incinerador para la total y discreta eliminación de los cadáveres, fragmentos y remedos sintéticos de
cuerpos que quedaban de los morbosos experimentos e impías diversiones del dueño. Durante la
excavación de este sótano, los obreros habían dado con cierta albañilería extraordinariamente
antigua; sin duda comunicaba con el viejo cementerio, aunque era demasiado profunda para que
desembocara en ningún sepulcro conocido. Después de muchos cálculos, West concluyó que debía
de haber alguna cámara secreta bajo la tumba de los Averill, en la que el último enterramiento se
había efectuado en 1768. Yo estaba con él cuando estudió las paredes goteantes y nitrosas que
habían dejado al descubierto las palas y los picos de los obreros, y estaba preparado para el
espantoso escalofrío que nos aguardaba en el instante de descubrir los secretos sepulcrales y
seculares; pero por primera vez, la nueva timidez de West se impuso a su natural curiosidad, y
traicionó su degenerada fibra imponiéndole que dejase intacta la albañilería y la tapase con yeso. Y
así permaneció, hasta la noche infernal, como parte de las paredes del laboratorio secreto. He
hablado del debilitamiento de West, pero debo añadir que era puramente mental e intangible.
Exteriormente, fue él mismo hasta el final: tranquilo, frío, delgado, con el pelo amarillo, ojos azules y
con gafas, y un aspecto general de joven que los años y los terrores no llegaron a cambiar. Parecía
sereno incluso cuando pensaba en aquella sepultura arañada y miraba por encima del hombro, o
cuando pensaba en aquel ser carnívoro que mordía y manoteaba los barrotes de Sefton.
El final de Herbert West comenzó una tarde, en nuestro despacho común, cuando alternaba su
extraña mirada entre el periódico y yo. Un curioso titular había atraído su atención desde las
arrugadas páginas, y una zarpa titánica pareció atraparle desde dieciséis años atrás. En el manicomio
de Sefton, a cincuenta millas de distancia había sucedido algo espantoso e increíble que había dejado
estupefactos al vecindario y perpleja a la polic ía. A primeras horas de la madrugada; un grupo de
hombres silenciosos había penetrado en el parque de la institución y su jefe había despertado a los
celadores. Era una amenazadora figura militar que hablaba sin mover los labios; cuya voz parecía
conectada casi ventrilocuamente a un gran estuche negro que, transportaba. Su inexpresivo rostro
tenía las facciones bien parecidas, hasta a punto de dar la impresión de una belleza radiante, aunque
el director se había llevado un sobresalto cuando la luz del vestíbulo cayó sobre él, ya que era un
rostro de cera, y los ojos de cristal pintado. Debió de sucederle algún accidente atroz a este hombre.
Otro, más alto, guiaba sus pasos: un sujeto repugnante cuya cara azulenca aparecía medio devorada
por alguna enfermedad desconocida. El que hablaba pidió que le cediesen la custodia del monstruo
caníbal traído de Arkham hacia dieciséis años; y al serle negada, dio una señal que provocó un
espantoso alboroto. Los demonios aquellos golpearon, patearon y mordieron a todos los celadores
que no lograron huir; mataron a cuatro, y finalmente consiguieron liberar al monstruo. Estas víctimas,
que podían recordar el suceso sin histerismos, juraban que las criaturas se habían comportado menos
como hombres que como puros autómatas guiados por el jefe de cabeza de cera. Cuando les llegó
ayuda, aquellos hombres y la criatura caníbal habían desaparecido sin dejar rastro.
Desde el momento en que leyó el art ículo, hasta la medianoche, West permaneció casi paralizado. A
las doce sonó el timbre de la puerta y se sobresaltó terriblemente. Todos los criados se encontraban
durmiendo en el ático, de modo que fui yo a abrir. Como he contado a la policía, no había ningún
vehículo en la calle; sólo vi un grupo de figuras de aspecto extraño, con un gran estuche cuadrado
que depositaron en la entrada, después de gruñir uno de ellos con voz asombrosamente inhumana:
"Correo urgente; pagado". Salieron de la casa con paso desigual, y al verles alejarse, tuve el extraño
convencimiento de que se dirigían al antiguo cementerio con el que lindaba la parte de atrás de la
casa. Al oírme cerrar la puerta de golpe, bajó West y miró la caja. Tenía unos dos pies cuadrados, y
llevaba el nombre correcto de West, con su actual dirección. También traía remitente: "Eric Moreland
Clapman-Lee, St. Clare. Eloi, Flandes". Seis años antes, en Flandes, el hospital se había
derrumbado, a causa de una granada, sobre el tronco decapitado y reanimado del doctor Clapman-
Lee, y sobre su cabeza separada, la cual (quizá) había llegado a proferir sonidos articulados. Ahora
West ni siquiera se emocionó. Su estado era más espantoso. Dijo rápidamente: "Es el fin... pero
incineremos... ésto". Transportamos la caja al laboratorio, con el oído atento. No recuerdo muchos de
los detalles -ya pueden imaginar mi estado psíquico-, pero es una mentira maliciosa decir que fue el
cuerpo de Hebert West lo que metí en el incinerador. Entre los dos, introdujimos la caja sin abrir,
cerramos la puerta, y conectamos la corriente. Y no brotó sonido alguno la caja.
Fue West quien observó primero que se caía el yeso de una parte de la pared, donde había sido
cubierta la antigua albañilería de la tumba. Iba yo a echar a correr, pero él me retuvo. Entonces vi una
pequeña abertura negra, sentí una bocanada de viento frío y hediondo, y percibí el olor de las
entrañas abominables de una tierra putrescente. No oímos ningún ruido; pero en ese preciso instante
se apagaron las luces, y vi recortarse contra cierta fosforescencia del mundo inferior una horda de
seres silenciosos que avanzaban penosamente, producto de la locura... o de algo peor. Sus siluetas
eran humanas, semihumanas; se trataba de una horda grotescamente heterogénea. Retiraban las
piedras en silencio, una a una, del muro secular. Luego, cuando la brecha fue bastante ancha,
entraron al laboratorio en fila de a uno, guiados por el ser de paso solemne y cabeza de cera. Una
especie de monstruosidad con ojos desorbitados que marchaba detrás del jefe agarró a Herbert West.
West no se resistió ni profirió grito alguno. Luego se abalanzaron todos sobre él y lo despedazaron
ante mis ojos, llevándose sus trozos a la cripta subterránea de fabulosas abominaciones. El jefe de
cabeza de cera, que iba vestido con uniforme de oficial canadiense, se llevó la cabeza de West. Al
desaparecer, vi que sus ojos azules; detrás de las gafas, centelleaban espantosamente, revelando
por primera vez una frenética y visible emoción.
Los criados me encontraron inconsciente por la mañana. West había desaparecido. E1 incinerador
contenía sólo ceniza inidentificable. Los detectives me han interrogado; pero, ¿qué puedo decir?. No
relacionarán a West, con la tragedia de Sefton; ni con éso, ni con los hombres de la caja, cuya
existencia niegan. Les he hablado de la cripta; pero ellos me han enseñado el yeso intacto de la
pared, y se han reído. Así que no les he contado nada más. Quieren dar a entender que estoy loco, o
que soy un asesino... probablemente es que estoy loco. Pero podría no ser así, si esas condenadas
legiones de las tumbas no estuviesen tan calladas.

martes, 1 de marzo de 2011

DIOSES Y SEMIDIOSES DE LA MITOLOGIA CLASICA


DIOSES Y SEMIDIOSES DE LA MITOLOGIA CLASICA



INTRODUCCION:
He comprobado que la mitología griega es uno de los temas más
dificiles de encontrar, por eso me decidí a crear este documento, esperando
que sea de utilidad a aquellas personas, que como a mi, les gusta estos
temas de mitología.
Como vereis, a continuación os expongo cada uno de los dioses y semidioses,
a los que he tenido acceso, con una pequeña descripción de cada uno
de ellos. Me gustaría mucho que vosotros me ayudárais a segir completando
este documento.Me podeis enviar e-mail los textos que encontreis sobre el
tema (Dioses, Leyendas, etc...) y si quereis vuestro nombre aparecerá en el
documento. En fin, espero que este documento os agrade tanto como a mi.
DIOSES Y SEMIDIOSES
Adonis:
Joven de extraordinaria belleza, amado por Afrodita. Murió despedazado por
un jabalí que le envió Ares por celos. La diosa convirtió su sangre en flores.
Al ver su desolación, Plutón concedió a Adonis el privilegio de permanecer
cada año un periodo de seis meses sobre la tierra.
El mito es de origen semita y alude a los ciclos de la muerte y renacimiento
de las fuerzas de la naturaleza.
Afrodita:
Diosa griega del amor y la belleza. Hija de Zeus y Dione. Se la representa
normalmente como esposa infiel de Hefestos, rodeada de numerosos amantes:
divinos, como Hermes, Ares, Dionisos y Poseidón; y humanos, como Anquises y
Adonis.
Agenor:
Rey de Fenicia, hijo de Poseidón y padre de Cadmo, Europa, Cílix y, según
algunos, de Fénix. Europa huyó con Zeus, Cadmo fundó Tebas y Fénix se
convirtio en el antepasado mitilógico de los fenicios.
Alfeo:
Hijo de Océano y Tetis, y dios del río homónimo, corriente principal del
Peloponeso. Según la leyenda, Aretusa fue sorprendida por el dios, mientras
se bañaba. Para escapar de él, Artemisa la transformó en corriente subterranea
que emergía como fuente en la isla Ortygia. Alfeo persigió a la ninfa bajo la
la forma de corriente de agua dulce. Hércules desvió el río Alfeo para limpiar
los establos de Augías.
Ares:
Hijo de Zeus y Hera. Dios de la Guerra.
Atlas:
Uno de los Titanes, padre de las Pléyades. Por su lucha contra Zeus fue
condenado a sostener el mundo sobre sus espaldas.
Briareo:
También llamado Egeón. Es un gigante de cien manos y cincuenta cabezas.
Hijo de Urano y Gea, que ayudó a Zeus a combatir a los Titanes, aunque
pereció, a su vez, aplastado por el Etna.
Caliope:
Musa de la elocuencia y de poesía épica. Era madre de Orfeo y suele ser
representada con una tablilla de cera y un estilo.
Carites:
Las "Tres Grácias", diosas de la personificaban en encanto y la belleza.
Eran hijas de Zeus y se llamaban Eufrosina (La Alegría), Aglaé (El Esplendor),
y Talía (El Lujo). Tenían íntimo contacto con las musas y su misión era
comunicar encanto a la vida.
Carón:
Tanbién llamado Caronte. Hijo de Erebo y Nox, encargado de pasar las almas
de los muertos al otro lado de la laguna Estigia, a través del río Aqueronte,
por cuya labor cobraba de uno a tres óbolos. De aquí procede la costumbre de
depositar una moneda en la boca de los cadáveres.
Cástor y Pólux:
Hijos de Tíndaro, rey de Esparta, y de Leda. Según la tradición más
extendida, Zeus se acogió, bajo la forma de cisne, al regazo de Leda, que
puso dos huevos: de uno nacieron Pólux y Helena, hijos de Zeus e imortales;
del otro nació Cástor y Clitemnestra. Los hermanos acompañaron a los
argonautas a la Cólquida. Al morir Cástor, Zeus atendiendo a los dos
tindáridas la inmortalidad en días alternos.
Céfiro:
Simboliza el Viento de Poniente, era uno de los hijos de Astreo y Eros
(la Aurora), hermano de Boreas y esposo de Cloris.
Clío:
Las primera de las nueve musas, hija de Zeus y Mnemosine, protectora de la
poesia épica y de la historia.
Cronos:
Dios supremo, hijo de Urano (el Cielo), a quien expulsó del trono, y de Gea
(la Tierra). De Rea tuvo a Zeus, que le arrebató a su vez el mando. Entre
sus hijos se cuentan Vesta o Hesta, Deméter, Hera, Hades y Poseidón.
Dafne:
Ninfa, hija del río Peneo, que perseguida por Apolo, fue protegida por su
madre, la tierra, que la tranformó en un laurel. El dios ciño sus sienes con
una rama de este árbol, que fue desde entonces su planta preferida.
Deméter:
"Madre Tierra", hija de Cronos y Rea y hermana de Zeus, de quien tuvo a
Perséfone o Proserpina. Era diosa de la agricultura y, junto con su hija,
era venerada en las tesmoforia, fiestas femeninas otoñales, y en los
misterios eleusinos, de los que constituía la figura principal.
Dione:
Una de las titanes, hija del Océano y Gea. Fue amada por Zeus, de quien
tuvo a Afrodita.
Dionisos:
También llamado Baco, Dios griego del vino, hijo de Zeus y Semele. Celosa
de ésta, Hera la incitó a solicitar de Zeus que se le mostrara en toda su
magestad. Tras muchas instancias consintió el dios y, ante su vista, la
imprudente Semele pareció consumida por las llamas, si bien antes dio
a luz prematuramente a Baco, a quien Zeus llevó unido a si propio muslo
hasta que alcanzó la madurez. El muchacho se educó entre las ninfas del
monte Nisa. Hera seguió presiguiendo a Dionisos, que predió la razón y
comenzó a vagar por toda la Tierra. Recorrió Siria, Asia y la India, que
conquistó con un ejercito armado de tirsos y tambores. Después entró en
Europa por Tracia. En Naxos encontró a Ariadna, abandonada por Teseo y la
tomó por esposa, dándole como presente la magnífica corona de oro, obra
maestra de Vulcano, amigo de Diosisos. De esta historia puede deducirse
que su culto tuvo un origen extranjero, oriental probablemente, como
parecen sugerirlo las desenfrenadas orgías báquicas. Simboliza la fuerza
reproductora y fertilizante de la naturaleza. Servían a Dionisos Silfno,
Pan, los sátiros, centauros y bacantes. El vino, la hiedra, el laurel y el
asfodelo estaban dedicados a Diosnisos, así como el carnero, el delfín, el
tigre y la pantera.
Eaco:
Rey de la Isla de Egina, hijo de Zeus, padre de Telamón y Pelep y abuelo de
Ayax y Aquiles. Amado de los dioses por si equidad, fue erigido, con Minos y
Radamanto, en uno de los tres jueces del infierno.
Eco:
Ninfa que distraía a Hera con su charla mientras Zeus se diviertía con las
demas ninfas. Descubierta la artimaña, Hera castigó a Eco privándola del uso
de la palabra. Sólo podía hablar cuando alguien se dirigía a ella, y entonces
tenía la obligación de contestar. Enamorada de Narciso, y no viendo correspondido
su amor, languideció y se consumió hasta no quedar de ella más que su
voz.
Erebo:
Hijo de Caos. De su unión con Nyx (la Noche) nacieron Eter y Hemera (el Día).
Erebo significa obscuridad y, con esta voz, expresaban los poetas el sombrio
mundo subterráneo que recorrian las almas de los muertos en su camino hacia
Hades.
Eris:
Diosa de la discordia, hija de la Noche y hermana de Ares. En las fiestas
nupciales de Peleo y Tesis arrojó una manzana de oro que había de entregarse
"a la más hermosa", lo que determinó la rivalidad de Hera, Atenea y Afrodita,
e indirectamente el rapto de Helena y la guerra de Troya.
Eros:
Dios de amor, hijo de Afrodita y Zeus. Las heridas causadas por sus flechas
inspiran amor.
Euménides:
Era un dios vengador, llamado Erenias. Este nombre aludía posoblemente al
fantasma de una persona asesinada, que persigue a su asesino.
Eumolpo:
Poeta tracio, hijo de Poseidón. Después de varias aventuras llegó a Eleusis,
en el Atica, y fue recibido amablemente por sus moradores, en favor de los
cuales combatió contra los atenienses. Murió a manos de Erecteo, rey de
Atenas. Sele considera fundador de los misterios eleusinos.
Eurínome:
Mujer de la estirpe de los titanes que, con Ofión, gobernó el Olimpo hasta
que ambos fueron destronados por Zeus. Era hija del Océano y madre de las
Gracias, habidas de Zeus.
Euterpe:
Una de las nueve musas. Era la musa de la poesía lírica y se representa con
una flauta.
Faetón:
Hijo del Sol y de Climene. Conductor del carro de su padre.
Ganimides:
Hijo de Tros, rey de Troya. Por su expecional belleza, Zeus le transportó
al Olimpo, según unas versiones para ser copero de los dioses, según otras
para servicio personal de Zeus. Se le atribuían las crecidas del Nilo.
Gea:
Diosa de la Tierra. Primogénita de Caos, engendró a Urano (el Cielo) y a
Ponto (el Mar). De su union con Urano nacieron los titanes.
Hades:
Dios de las profundidades, hijo de Cronos y Rea y hermano de Zeus y Poseidon.
Después de la lucha contra los Titanes, le cupo en suerte el reino de
Ultratumba.
Ese reino era la Morada de los espíritus que no eran admitidos a los Campos
Elíseos. Para llegar a él había que atravesar la laguna Estigia en la barca
de Caronte. Si por cualquier causa el cuerpo quedaba insepulto, el alma tenía
que vagar durante cien años a este lado de la laguna antes de cruzarla. Sus
puertas estaban guardadas por el tricéfalo can Cerbero. Una vez franqueadas,
el alma se encontraba con los jueces Minos, Radamanto y Eaco, que determinaban
su destino final.
Hebe:
Hija de Zeus y Hera, diosa de la juventud y escanciadora de néctar de los
dioses antes de Ganímides. Al ser Hércules deificado en el Olimpo, tomó a
Hebe por esposa.
Hécate:
Hija de Perseo, única entre la estirpe de los Titanes que conservó su poder
bajo el gobierno de Zeus. Se la identificaba con Selene en Cielo, Artemisa
en la Tierra y Perséfone en el inframundo, por lo que se le representaba
con tres cabezas.
Hefestos:
Dios del fuego y todas las artes relacionadas con él, especialmente la
fundición de metales. Era hijo de Zeus y Hera, y constituía objeto de burla
en el Olimpo por su cojera. Fabricó la armadura de Aquiles, los Toros con
aliento de fuego y otras maravillas. Aparece como esposo de Afrodita en la
Odisea.
Helios:
Dios del Sol, hijo de Hiperión y Basilea(Teia). Partia cada mañana de su
palacio de Oriente y recorría al cielo en su carro, arrastrado por caballos
hasta llegar al palacio de Occidente. Fue adorado en toda Grecia. El Coloso
de Rodas era una representación del dios. Más tarde aparece identificado
con Apolo.
Hera:
Esposa y hermana de Zeus, de quien le nacieron Ares, Hefestos y Hebe. Fue la
diosa del matrimonio y el nacimiento. Persiguió con saña a los hijos de
los amoríos de Zeus. Ayudo a los aqueros contra los troyanos.
Hercules:
Semidiós adorado por los griegos, dotado de fuerza sobrenatural, la figura
más heroica de la mitilogía clásica. En un ataque de locura mató a sus hijos.
Para expiar el crimen, el oráculo de Delfos le ordenó ponerse al servicio de
Euristeo, rey de Argos, quien le impuso "doce trabajos":
1.- Matar al león de Nemea
2.- Matar a hidra de Lerna
3.- Capturar la cierva de los pies de bronce
4.- Capturar el jabalí de Erimanto
5.- Limpiar los establos de Augias
6.- Exterminar los aves del lago Estífalo
7.- Domar el toro loco de Creta, que Poseidon habia enviado a Minos
8.- Robar las yeguas de Diomedes
9.- Vencer a las amazonas y apoderarse del ceñidor de su reina Hipólita
10.- Arrebatar los bueyes de Gerión
11.- Hurtar las manzanas de las Hespérides
12.- Domeñar a Cerbero para sacár a Teseo de los infiernos.
Las casa reales de Argos, Esparta y Mesania se decían descendientes del
semidiós.
Hermes:
Hijo de Zeus, que le nombró heraldo de los dioses debido a su elocuencia.
Su prudencia y habilidad le conquistaron la adoración de comerciantes y
mercaderes. Era además, dios protector de los caminos y los viajeros. Tenía
fama de ingenioso y se le atribuía la invención de la lira, el alfabeto, los
numeros, las pesas y medidas, etc. Se le representa con casco de anchas alas,
caduceo y sandalias aladas.
Hespérides:
Hijas de Atlas y Hesperis, guardianas de la manzana de oro que Gea dio a
Hera y Zeus con regalo de bodas. Más tarde fue hurtada por Hércules. Las
más antiguas leyendas, situan el jardin en unas islas del Atlámtico.EDEN
Hestía:
Hija de Cronos y Rea, una de las doce divinidades principales del Panteón
griego. Era diosa del fuego del hogar, símbolo de la vida doméstica. Todas
las ciudades poseían un lar central consagrado a Hestía. Si el fuego se
apagaba, sólo podía encenderse con rayos solares o frotando des trozos de
madera.
Higia:
Diosa de la Salud, hija de Esculapio y Lambetia y hermana de Telesforo,
protector de la convalescencia. Recibió culto en Atenas, Corintio, Argos y
otras cuidades. Se representa como una doncella con una serpiente que trata
de beber de una copa que tiene en sus manos.
Hiperión:
Uno de los Titanes, hijo de Urano y Gea, y padre de Helios, Selene y Fos,
es decir, el Sol, la Luna, y la Aurora.
Icaro:
Hijo de Dédalo. Cuando ambos huían del laberinto de Creta volando con alas
de cera, Icaro, desoyendo los consejos de su padre, se acercó demasiado al Sol.
Sus alas derritieron y cayó al mar, donde pereció ahogado.
Io:
Hija de Inaco, rey de Argos, y amada por Zeus, quien transformó en novilla
para liberarla de las iras de Hera. Esta puso a Io bajo la custodia de Argos
y más tarde envió contra ella un tábano. Para liberarse de él, Io llegó
huyendo hasta Egipto, donde recupero su forma humana y tuvo un hijo, Epafo.
Iris:
Hija de Taumas y Electra, hermana de las Arpías y mensagera de los dioses,
especialmente de Hera.
Japeto:
Uno de los Titanles hijo de Urano y Gea, hermano de Cronos, Océano, Hiperión,
Etc. Era esposo de Climena y padre de Atlas, Prometeo, Epimeteo y Menetio.
Zeus le aherrojó en el Tártaro, con los restantes Titanes que se rebelaron.
Leda:
Hija de Testio y esposa de Tíndaro, rey de Esparta, al que dio dos hijas:
Timandra y Filomena. Visitada por Zeus, metamorfoseado en cisne, concibió a
Castor y Pólux.
Melampo:
Hijo de Amiteón y Doripa, primer mortal que tuvo poderes proféticos.
Aprendió de Apolo en arte de predecir el futuro y podía comprender el lenguaje
de los pájaros y los animales. Curó la locura que aquejaba a las hijas de
Preto, rey de Argos, por lo que recibió una parte del reino en recompensa.
Melpónete:
Musa de la Tragedia, a la que se representaba llevando una máscara trágica
en la mano.
Metis:
Diosa de la Sabiduría, espasa de Zeus, que se la tragó después de
transformarla en mosca.
Midas:
Legendario rey de Frigia, que recibió de Dionisos el poder de convertir en
oro todo lo que tocara. Cuando la comida que tocaba se convertia en oro
rogaba a los dioses para que le retirar el poder.
Mnemosina:
Hija de Urano, de su union con Zeus, nacieron las Musas.
Narciso:
Hijo de Cefíso y Liriope, dotado de extraordinaria belleza. Al Consumirse por
él de amor la ninfa Eco sin ser correspondida, Némesis le juzgó culpable y le
castigó. Mientras bebía en una fuente, Narciso se enamoró de tal modo de su
propia imagen, reflejada en el agua, que sus pies echaron raíces y se
transformó en flor.
Némesis:
Hija de la Noche o Erebo, concebida originariamente como la personificación
de la indignación popular contra un crimen protervo. Más tarde se la consideró
como una deidad que, celosa de la prosperidad excesiva, humillaba el orgullo
humano, El centro principal de su culto estuvo en Rammas, Atica.
Nereida:
Cualquiera de las hijas de Nereo, Ninfas que en la antiguedad fingian que
residean en el mar y que pintaban con medio cuerpo humano y el otro medio de
pez.
Nereo:
Hijo de Ponto y Gea y padre de las Nereidas. Es el sabio anciano del mar.
lleno de cordura y experiencia. Reinaba particularmente en el Egeo. El Signo
de su autoridad es el tridente.
Niké:
Diosa de la victoria. Se la representaba alada y con una girnalda en su mano.
Ninfa:
Cualquiera de las fabulosas deidades de los mares, bosques, selvas, etc.,
llamadas de varias formas: Oceánicas las que habitaban en al Oceano, Nereidas
las del Mar Mediterraneo, Náyades de los rios, Oréades las de las
montañas, etc...
Océano:
Padre de los todos los dioses y todas las cosa. Según Hesíodo, Océano y Tesis
eras hijos de Urano y Gea. Se le representaba como un viejo venerable,
apartado del mundo y de la asamblea de los dioses.
Orfeo:
Hijo de la musa Calíope, considerado como el mejor de los poetas que precedieron
a Homero. Procedía de Tracia y acompañó a los argonautas. Apolo le dio
una lira con la que adormecia a las fieras y embelesaba incluso a los árboles
y las piedras del Olimpo. A la muerte de su esposa Eurídice, Orfeo, con el
encanto de su lira, consiguió de Plutón que la dejara volver de Hades. Murió
destrozado por las Ménades, según una de las tradiciones.
Orión:
Cazador gigante que, cegado en castigo por haber maltratado a Merope, recobró
la vista al exponer sus ojos a los rayos del Sol naciente. Después, vivió como
cazador acompañado de Artemisa. A su muerte los dioses le colocaron en el
cielo, donde forma la constelación de su nombre.
Pan:
Dios de los pastos, los bosques y rebaños, descrito como hijo de Hermes.
Pandora:
Según la mitología, era la primera mujer de género humano, plasmada por Zeus
para vengarse de Prometeo y de los hombres. Se llamó Pandora ("todos los
bienes") porque cada uno de los dioses le habia otorgado algun don con que
pudiera granjearse el favor de los hombres y labrar su ruina. Abrió una caja
misteriosa de la que salieron y se desparramaron por la tierra todos los
males. Cuando quiso cerrarla, sólo quedaba ya en ella la esperanza.
Parca:
Cada una de las tres diosas hermanas, Cloto, Láquesis y Atropos, con imagen
de viejas, de las cuales la primera hilaba, la segunda deshilaba y la tercera
cortaba el hilo de la vida de los humanos.
Perséfone:
Hija de Zeus y Deméter. Diosa del imperio de las sombras. Al ser raptada por
Plutón, Deméter impidió que crecieran los frutos de la tierra, los mortales
mortales no puederon ofrecer sacrificios a los dioses y Zeus obligó a Plutón a
que devolviera a Perséfone. Pudo esta algun tiempo en el mundo inferior y otro
en el superior.
Perseo:
Hijo de Zeus y de Dánae. Perseo cortó la cabeza de la terrible Medusa, recató
a Andrómeda, castigó a Polidecto, que había maltratado a su madre, y regresó
con ella y con Andrómeda a Argos.
Pleyone:
Hija de Océano y Tetis, esposa de Atlas o Atlante y madre de las Pleyades o
Atlantidas.
Plutón:
Dios del infierno o imperio de Hades, hijo de Cronos y Rea y hermano de Zeus
y Poseidon. Raptó a Perséfone y se casó con ella. Es el Juez Supremo del
infierno, asistido por Eaco, Minos y Radamanto. Inexosable, no se deja
conmover ni por plegarias ni por adulaciones.
Poseidón:
Hijo de Cronos y Rea, hermano de Zeus y Plutón y esposo de Anfitrite. Se le
atribuye la creación de caballo. Era enemigo de los troyanos. Persiguió a
Ulises por cegar a Polifemo, su hijo.
Prometeo:
Un héroe que robó el fuego del cielo para entregarselo a los hombres. Zeus le
encadenó a una roca como castigo, donde un aguila le picoteaba el higado
durante el día, que en la noche le crecia de nuevo. Hercules mató al aguila y
liberó a Prometeo.
Proteo:
Dios marino, encargado de custodiar los rebaños de focas de Poseidón, su
padre. Tenía calidades como la de poder cambiar de forma a su gusto y predecir
el futuro.
Rea:
Hija de Urano y Gea, esposa de Cronos y madre de Hestia, Deméter, Hera,
Hades, Poseidón y Zeus.
Selene:
Diosa de la Luna, hija de Hiperión y hermana de Helios y Eos, conocida
también por Febe, hermana de Febo. Enamorada de Endimión, utilizó su poder
para dormirle y así besarle.
Siringa:
Ninfa de Arcadia que, perseguida de el dios Pan, se refugió en las orillas del
rio Ladón y rogó a los dioses que la convirtieran en caña. Con un trozo de esa
caña el dios fabricó una flauta (siringa) para recordar a su amada.
Sísifo:
Rey de Corinto. Fomentó el comercio en esa ciudad y por su avaricia y
falsedad, fué castigado en Hades. Su castigo consistia en subier una grán
montaña con una enorme piedra a su espalda, y siempre que llegaba a su cima,
rodaba hacia la base.
Talía:
Una de las nueve Musas, representada como una bellísima joven, coronada de
hiedra y con una máscara en la mano.
Terpsícore:
Musa de la Danza.
Tetis:
Diosa del Mar, hija de Urano y Gea, esposa de Océano y madre de las tres mil
nereidas oceánicas y de sus numerosos dioses fluviales. También lleva ese
nombre la más hermosa de las nereidas, esposa de Peleo y madre de Aquiles.
Urano:
El más antiguo de los dioses y su primer gobernante. Era hijo y esposo de Gea
(la Tierra) y tuvo como hijo a Cronos y los demas titanes, los Cíclopes y los
monstruos de cien brazos Cotto, Briareo y Giges. Sus hijos se volvieron contra
el para arrebatarle el poder.
Zeus:
Rey de los dioses, hijo de Cronos y Rea, que derrotó a su padre y asumió el
mando supremo del Universo. Contrajo matrimonio con Hera u otras muchas diosas
y sedujo a numerosas mujeres, de las cuales tuvo hijos.

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