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EL ARTE OSCURO

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miércoles, 6 de agosto de 2008

BREVE COMENTARIO SOBRE LA MITOLOGIA Y RELIGION DE EGIPTO

BREVE COMENTARIO SOBRE LA MITOLOGIA Y RELIGION DE EGIPTO. DIOSES
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LA MITOLOGÍA Y RELIGIÓN DE EGIPTO
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LOS mitos egipcios sin duda tuvieron su origen y se desarrollaron de forma similar a los mitos de todas las otras naciones que conocemos. Sin embargo, una indicación de las varias etapas de ese desarrollo, y un entendimiento de ese sistema como un todo, y conio nosotros lo conocemos, es mucho más difícil en el caso de los egipcios que en el de los griegos, escandinavos, germanos o la mitología hindú. La razón es evidente. La religión egipcia parece haber alcanzado su estado abstracto o metafísico mucho antes que las otras religiones a las que nos hemos referido, y como sus recuerdos pertenecen todos a esa etapa, no hay medio de permitir al investigador hacer un puente para cubrir la distancia entre sus formaciones más tempranas y las más tardías.
En verdad, parece como si precisamente existiera la misma diferencia entre el genio egipcio y el griego que entre el genio griego y el de los hindúes. El temperamento de los griegos era abierto, alegre, sensual; el de las otras dos razas era autorepresivo, pensativo y místico. La predisposición o inclinación mental de éstos no era tanto hacia lo que era artísticamente o lógicamente presentable, como hacia lo elusivo, espíritu misterioso de lo que imaginaban que todas las cosas visibles y tangibles no eran más que un mero velo. Los griegos eran artísticamente sensuales; el hindú era místicamente religioso. La diferencia entre ellos se puede decir que se parecía a la que existía entre forma y color. El contraste en predisposición intelectual entre los egipcios y sus adversarios, los griegos, queda suficientemente indicado en lo que Herodoto dice del desprecio egipcio por las afirmaciones hechas por los griegos de descender de los dioses. Los sacerdotes de Egipto sólo podían reírse de lo absurdo de la creencia según la cual se decía que un dios era el decimosexto antepasado de Heca-teo. Nuestros dioses, decían ellos, nunca vivieron en la Tierra. Sin embargo, parece como si una comparación de éste con otros sistemas mostrara que la mitología de Egipto fuera, en gran medida al menos, explicable por las doctrinas generales implicadas en el título «Mito Solar». Incluso esa misma disposición con la que los griegos identificaban a los dioses egipcios con los suyos propios permite, si no probar, sí afirmar que había un parecido entre los dos Panteones que estaban, por decirlo de alguna forma, poblados de la misma manera. De nuevo, las funciones y características de los dioses egipcios se intercambian con las de los dioses griegos o escandinavos. Sus nombres tienen en ambos casos significados físicos similares. En ambos casos también el nacimiento y genealogía de los dioses parece ser una mera expresión de secuencias físicas, visibles. Encontramos en ambos casos la misma confusión, o identidad, entre la madre de un dios y su hermana, y lo que parece ser el mismo conflicto entre los poderes de la naturaleza que dan y roban la luz. La antigua religión germana tiene, quizá, un carácter más espiritual que la de Egipto. Sin embargo, no hay duda de que la idea de competición entre los poderes puramente espirituales Ormuzd y Ahriman fue originariamente sólo la idea de competición entre la luz del Sol, Indra, y las nubes de la oscuridad, Vritra. Esto parece una fuerte prueba indirecta de que Osiris y Tifo son los mismos que Indra y Vritra. La idea de derrocamiento dinástico y sucesión comunes a las religiones arias, presentadas con una grandeza tan extraña y conmovedora en la mitología escandinava, es, como todo, muy escasamente definida en la religión de Egipto. Sin embargo, parece sobreentenderse en tales frases como «las divinidades osirias» y «tres órdenes de dioses». Finalmente, parece que muchas de las deidades egipcias son sólo atributos personificados de la misma cosa y la misma persona.
Los siete grandes dioses de Egipto eran Neph, Amun, Pthah, Khem, Sati, Maut y Bubastis.

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NEPH
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Es también llamado Num, Nu, Nef, Cnouphis y Cenubis. Nef significa espíritu o aliento, cuyo sentido completo se mantiene en árabe. Es «el espíritu de Dios que se mueve en la superficie de las aguas». Por tanto, en este sentido físico especial Neph se corresponde con el Woden Teutónico, o Wuotan, y también con Brah-ma y Zeus. Se le representa con una cabeza de carnero con cuernos curvados. Su esposa, o en términos hindúes sacti, se llamaba Auka.

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PTHAH
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Es sólo Neph bajo un nuevo nombre; o, para expresarlo de otra forma, representa una energía especial de ese dios. Es el creador, o la vida universal en acción. Jamblico le llama el demiurgo, o artesano del mundo, y los griegos le consideraban como el equivalente de su propio dios artesano, Hefestos o Vulcano. Como creador, se pensaba que era el padre y soberano de los dioses. Era alabado principalmente en Menfis. Aparece como una figura masculina con la forma de una momia; también como el dios pigmeo.
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KHEM
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Como el dios anterior, es sólo una energía especial o actividad de la vida universal. Es un atributo personificado, o epíteto. Es el dios de la generación y reproducción, y fue identificado con Pan por los griegos, que llamaron a su ciudad principal —Chemmis, en el Tebais— por el nombre de Panopolis. Pero Khem no sólo se mezcla con el dios Num o Neph, también usurpa las funciones de, o es el mismo que, el dios del jardín, Ranno. No era más que natural que el dios de la reproducción fuera también el dios el jardín. Este dios del jardín, Ranno, estaba representado con la forma de un áspid, cuya figura se encuentra en las prensas de vino y en las herramientas del jardín y agrícolas. Deberíamos observar aquí que Príapo, el equivalente clásico del procreador Khem, era la deidad tutelar de los jardines.

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AMUN
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Era el dios principal del Alto Egipto. Por el significado del nombre —«escondido»— parece que Amun era una deidad de un alto carácter espiritual. Como en los ejemplos anteriores, se le identifica o conecta con otros varios dioses, es decir se le llama Amun-ra (Ra era el dios del Sol) y Amun-num (Num, el aliento vivo o espíritu). Su diosa compañera era Mut o Maut, y las dos deidades, con su hijo Khuns, formaban la trinidad del Alto Egipto.

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SATI
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Los griegos imaginaban que era la misma que Hera. Como tal, sería la reina de los cielos; pero se hizo una distinción entre ella y

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NEITH
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De la que se decía que era la diosa del cielo superior (o éter), mientras que Sati era la diosa del cielo inferior (o aire). Si Neith era una deidad del cielo, y si era también la madre del dios del Sol, los hechos son otro ejemplo del mismo proceso de la mitología egipcia a través del cual los griegos poblaban su Olimpo y los escandinavos su Asgard. Pero, además, las funciones atribuidas a Neith paracen mostrar que la idea de su diosa se desarrolló mucho de la misma forma que la de la griega Atenea. Como Atenea en griego y Ahan en sánscrito significaban originariamente la luz del amanecer, y finalmente, la luz intelectual y moral, así encontramos que Neith también vino a ser una deidad de la sabiduría. Esta diosa fue alabada especialmente en Sais, en el delta del Nilo.

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MAUT
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A quien ya nos hemos referido como la segunda persona de la trinidad tebana, significaba la Madre —madre Naturaleza—, y así se correspondía con la Deméter griega.

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BUBASTIS
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Era principalmente alabada en la ciudad de Bubastis en el Bajo Egipto. Se decía que era la hija de la gran diosa Isis. Se la representa con la cabeza de un gato, el animal especialmente consagrado a ella.
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RA
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Es la primera de la segunda clase de deidades. Los griegos la identificaron con su propio dios del Sol, Helios, y llamaron Heliópolis a la ciudad en la que fue principalmente venerada. Se la representa con una cabeza de halcón, sobre la que hay un disco solar. Su origen puramente físico parece probarse por los mitos de que Neith, o el aire superior, era su madre, y que se casó con Mu (Deméter): esto significa simplemente la interacción de la tierra y la luz del sol para producir la vegetación. Ra tenía tres hijos: Athor, Mu y Mat. Athor era identificado con Afrodita, que era originariamente la diosa de la luz; mientras que Mu significa la luz física, y Mat la luz moral. Precisamente en la historia de Neith, y en la de Athehe, Ahana, Ushas y Eos sucede la misma transición en significado. La amplia prevalencia de la adoración de este dios muestra la importancia que tenía, una importancia naturalmente conectada al dios del Sol entre todas las naciones dadas al elemento de la adoración. De Ra, con el prefijo Pi, derivó el nombre de Phrah, o, según aparece en el Antiguo Testamento, Pharaoh. Cada Pharaoh recibía así el título de dios del Sol. Todo esto sugiere que el sabaísmo, o la adoración al fuego, se practicaba originariamente en Egipto. Ra es también idéntico a Baal, un nombre que significa «señor» y que se aplicó al sol. Baalbek significa «ciudad del Sol», y fue llamado así por los griegos —Heliópolis.

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SEB
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Se dice que era el hijo de Ra. Es una clase de Cronos egipcio, que se representa en los jeroglíficos como el padre de los dioses. Aquí de nuevo tenemos un intercambio de funciones; porque se ha visto que Neph, Pthah, etc. se han descrito de forma similar. También, como otros dioses dentro y fuera de la mitología griega, Seb se casa con su propia hermana, Nutpe. Estos dos estaban a la cabeza de «las divinidades osirias» —Osiris, Isis, Seth, Nephthys. Nupte o Nepte se han identificado con Rea. Se supone que coincide con Lucina, y que preside los nacimientos y el cuidado de los hijos. Como era la madre de Isis y de Osiris, se la llamó la madre de los dioses.

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OSIRIS
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La gran deidad de los egipcios ha sido identificada por algunos con el Sol, o la luz del Sol, o los poderes vivificantes de la naturaleza. Según esta idea, el sueño o muerte de Osiris significa el sueño de la doncella de la primavera Brynhild, o el aprisionamiento de Perséfone en el oscuro reino de Hades. Su lucha con Seb (llamado Tifo por los griegos) parece ciertamente ser otro ejemplo de la credibilidad, al menos, de este concepto. De cualquier forma, Osiris, restaurada a la vida, se convirtió en el juez del mundo inferior. Allí escucha el cuento de Thoth sobre el carácter de las almas sin cuerpo, que son introducidas ante el juez por Horus (el hijo de Osiris), después de que sus buenas y mala acciones hubieran sido pesadas por Anubis en la escala de la verdad.
Estos juicios del mundo inferior eran atendidos por cuarenta oficiales, llamados asesores de los muertos, que son así descritos por Sir Gardner Wilkinson: «Estos asesores eran similares a los escaños de jueces que asistían a los tribunales ordinarios de los egipcios, y cuyo cargo de presidente, o archijuez, correspondía a Osiris. Los asesores eran representados en forma humana con cabezas diferentes. El primero tenía la cabeza de un halcón, el segundo de un hombre, el tercero de una liebre, el cuarto de un hipopótamo, el quinto de un hombre, el sexto de un halcón, el séptimo de un zorro, el octavo de un hombre, el noveno de un carnero, el décimo de una serpiente y los otros según su carácter peculiar... Se supone que representaban los cuarenta y dos crímenes de los que un hombre virtuoso se esperaba que estuviera limpio cuando se le juzgara en un estado futuro; o más bien los espíritus acusadores, cada uno de los cuales examinaba si el fallecido era culpable del peculiar mal que era su responsabilidad vengar.»
La adoración de Osiris era universal por todo Egipto, donde se le consideraba agradecidamente como el gran ejemplo de autosacrificio, como el manifestante del dios, como el revelador de la verdad y como lleno de bondad y verdad. Como Osiris era la personificación del bien físico y moral, así su hermano Seb (Tyfo) era la personificación de todo mal. De la analogía entre estos dos por un lado, y las antiguas deidades persas del bien y del mal, ya hemos hablado.
Otra explicación del mito de Osiris ha sido dada: Osiris era el dios del Nilo (lámina XLIV). El río, en sus inundaciones periódicas, se decía que se había casado con la tierra (Isis, Rea) y que en su retirada había sido asesinado por el gigante de la Esterilidad (Seb, o Tifón), que estaba celoso, quizá, de la maravillosa fecundidad del matrimonio entre la Tierra y el gran río.

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APIS
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Era el gran dios-bestia de Egipto. Este toro sagrado era conocido como Apis en Menfis, y como Mnevis, o Onuphis, en Heliópolis. Su adoración estaba tan en boga y popular, porque se le consideraba como un avatar o encarnación de la deidad favorita Osiris, cuya alma transmigraría al cuerpo de un toro. El toro sagrado podía vivir durante más de veinticinco años, al final de lo cual se le llevaba al Nilo y se le ahogaba en uno de los pozos sagrados. Su muerte iba seguida de lamentos nacionales, que, sin embargo, daban lugar a acción de gracias nacional tan pronto como un nuevo Avatar, o toro sagrado, se descubría por las siguientes marcas: una piel negra, una mancha blanca triangular en la frente, una mancha como una media luna en la parte derecha y un nudo como un escarabajo debajo de la lengua. La siguiente cita de Elian, como se da en Wilkinson, narra las ceremonias que seguían al redescubrimiento de Osiris:
«Tan pronto como circula el informe de que el dios egipcio se ha manifestado, algunos de los escribas sagrados, bien versados en las marcas místicas, que las conocen por tradición, se acercan al lugar donde la vaca divina ha depositado su ternero, y allí, siguiendo a la antigua ordenanza de Hermes, lo alimentan con leche durante cuatro meses, en una casa de cara al Sol saliente. Cuando este periodo ha pasado los escribas y profetas sagrados vuelven a la morada de Apis, a la hora de la Luna nueva, y colocándolo en un barco preparado para tal propósito, lo llevan a Menfis, donde tiene una morada conveniente y grata, con agradables campos y mucho espacio para hacer ejercicio. Se le procuran compañeras femeninas de su propia especie, las más bellas que se puedan encontrar, que se mantienen en apartamentos a los que él puede acceder cuando le plazca. Bebe de un pozo, o fuente de agua clara, porque se piensa que no está bien darle agua del Nilo, que se considera que engorda demasiado... El hombre de cuyo rebaño ha salido la bestia divina es el más feliz de los mortales, y es mirado con admiración por el resto de la gente.» Cambises, se decía, encontró un grupo de aldeanos celebrando la aparición de un nuevo toro sagrado y, pensando que se estaban alegrando por su reciente derrota en Etiopía, el rey de los reyes de inmediato cogió el toro por el cuerpo y azotó a los sacerdotes. Se consideraba un buen presagio que el toro comiera la comida que se le ofrecía. Los hombres también ponían sus orejas junto a las orejas de Apis, luego ponían sus manos sobre sus propios oídos para impedir que el secreto se escapara, que ellos luego interpretaban según la naturaleza de las primeras palabras que oían por casualidad.

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SERAPIS
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Era otro nombre de Osiris, aunque los griegos decían que su adoración no fue conocida en Egipto hasta el tiempo de Ptolomeo Philadelpho, cuando fue introducido desde Sinope, bajo el nombre de Serapis. Serapis era conocido como el juez del mundo inferior.

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ISIS
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Era la esposa de Osiris, también una equivalente suya; porque, como él era el juez de los muertos, así es descrita ella como la que trae la muerte. Se la identifica con Ceres y Perséfone, y, de esta forma, el dolor de Isis por su marido puede considerarse como una versión egipcia del mito que representa Deméter lamentándose por la pérdida de su hija. Apuleyo la hace declarar: «Soy la naturaleza, la madre de todos los dioses, señora de todos los elementos, el comienzo de los tiempos, soberana de los dioses, reina de los manes y la primera de los seres celestiales.» Pero como la madre de todo es intercambiable con Mat y Nutpe (ver págs. 354 y 355). Y luego Apuleyo continúa: «Mi divinidad, uniforme en sí misma, es venerada bajo numerosas formas, varios ritos y diferentes nombres... pero los etíopes iluminados por el Sol, y los egipcios renombrados por el antiguo señor, me adoran con adecuadas ceremonias y me llaman por mi nombre real, "Reina Isis".» Plutarco considera a Isis como la Tierra, la parte femenina de la naturaleza, mientras que Diodoro dice que los egipcios, considerando que la Tierra era la madre de todas las cosas vivas, la llamaban Madre, justo como los griegos llamaban a la tierra Deméter.


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ANUBIS
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Con Hor, o Horas, y Har-pi-chruti, o Harpócrates, estaban los hijos de Osiris e Isis. El primero era un dios con cabeza de chacal y, según otro mito, era el hijo de Osiris y Neftis, una hermana de Isis, que, temiendo celos de Isis, ocultó al niño junto a la orilla del mar. El oficio de Anubis era inspeccionar el paso de las almas de su morada en el mundo invisible. Como tal, se correspondía con el griego Hermes Psicopompos. Anubis tutelada sobre las tumbas, y es frecuentemente presentada en las esculturas de pie sobre unas andas en las que había un cuerpo depositado. Horas era un dios con cabeza de halcón. Como el vengador de su padre Osiris, que fue asesinado por Tifón, fue identificado por los griegos como Apolo. También se corresponde en cierta medida con el dios del Sol Ra, y fue adorado por los egipcios como representante del poder vivificante del Sol. Harpócrates parece ser solamente otra versión de Horas —es una personificación del Sol—. Se le representa como un niño sentado en una flor de loto, con su dedo en los labios. Con esta figura se le tomó por el dios del silencio. Quizá al colocar una representación del él delante de cada uno de sus templos, los sabios egipcios querían simbolizar el hecho de que la adoración debía llevarse a cabo en silencio.

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THOTH
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Era el dios de las letras, el secretario del mundo inferior y el guardián de los registros del gran juez Osiris. Se le representa con la cabeza de un íbice, y con una tablilla, pluma y rama de palmera. Tan grande era el respeto en el que se tenía al gran ibis —a cuenta, sin duda, de su utilidad para destruir reptiles venenosos— que cualquiera culpable de matarlo era castigado con la muerte.

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ANOUKE
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Era el tercer miembro de la trinidad del Norte de Etiopía, los otros dos miembros eran Sati y Neph.

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LA ESFINGE
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A diferencia de su representante griego —que era un monstruo cruel nacido de los poderes malignos de Tifón y Ecidna—, era un ser benéfico que personificaba a la tierra que da frutos y, como el Sol y los poderes del cielo que hemos mencionado arriba, era una deidad de sabiduría y conocimiento. Su figura —cuerpo de león, con cabeza y pecho de mujer— estaba colocada delante de cada templo. El egipcio Cerbero, o perro guardián del infierno, debe haber sido un animal más prohibitivo y de apariencia más extraña que su hermano griego. Tenía el tronco y la patas de un hipopótamo y la cabeza de un cocodrilo.

DISCURSION Nº 66 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- LA CONVERSION DEL PAPA

DISCURSION Nº 66 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- LA CONVERSION DEL PAPA

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Giovanni Papini El Libro Negro
Conversación 66
LA CONVERSION DEL PAPA
(DE ROBERTO BROWNING)

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Dakar, 6 de abril.


Ninguno de los autógrafos inéditos que se hallan en la colección Everett, ahora propiedad mía,
me invita más frecuentemente a una nueva lectura que el poemita de Roberto Browning. Fue
Browning menos célebre que Cervantes y que Goethe, también de éstos tengo manuscritos en mi
caja fuerte portátil, pero me doy cuenta de que estoy más próximo a él que a los otros.
Se trata de uno de los imaginarios soliloquios que figuran entre los más felices inventos del poeta,
y me asombra que jamás lo haya publicado. Su título es extraño: La Conversión del Papa. Creo
que es una idea genial.
En el poema habla el hijo único de un ignoto hereje bohemo de la Edad Media, hereje a quien
Browning llama Jan Krepuzio; por haber profesado públicamente algunas teorías blasfemas sobre los motivos de la Redención, la Inquisición lo hizo apresar, torturar y finalmente fue quemado vivo en una plaza de Praga.
Su hijo, el niño Aureliano, fue escondido en Alemania por algunos parientes lejanos, pero jamás
pudo olvidar el fuego que había consumido a su padre. Una vez adulto y libre decidió vengarse
de la Iglesia de Roma, empleando un nuevo sistema de venganza jamás ideado por otro.
Con nombre fingido se fue a un convento de Milán, y solicitó ser recibido como hermano lego.
Su obediencia y bondad le valieron el premio deseado se le recibió entre los novicios. Su celo por
la vida monástica y por la Sagrada Teología pareció ser tan ardoroso y sincero, que al cabo de
sólo tres años fue ordenado sacerdote. Obtuvo entonces ser enviado a predicar la verdad católica
a países de infieles y cismáticos, y con su palabra y ejemplo logró convertir a ciudades enteras.
Fue encarcelado por los enemigos de la verdadera fe, pero pudo huir de entre sus manos, y hasta
se dijo que lo logró con la ayuda de un ángel.
Su nombre llegó a oídos del Pontífice reinante, que lo llamó a Italia y le confirió un obispado.
También como obispo y en breve tiempo, llegó a ser famoso en los pueblos. La austeridad de sus
costumbres en medio de un clero corrompido, la victoriosa elocuencia de su palabra, la perfecta
ortodoxia de sus enseñanzas teológicas, todo hizo de él uno de los prelados más ejemplares e
ilustres de su siglo.
Pero esto no le bastaba, precisaba obtener otros honores y dignidades para consumar la venganza premeditada. En sus vigilias jamás olvidaba la hoguera en la que habían hecho arder a su padre,
según él injustamente. Debía vengarlo, en forma diabólica y clamorosa, precisamente en la
capital de la Cristiandad, en Roma, en San Pedro. La palidez de su demacrado rostro era atribuida
al ascetismo de suvida, pero en realidad no era más que el reflejo de su prolongado rencor, era el
efecto de una fatigosa y perpetua simulación.
Murió el anciano Papa y se eligió a otro que había conocido y admirado a Aureliano, y en el
primer consistorio lo creó cardenal. Aureliano ya se veía próximo a la meta, y su ardor apostólico
en pro de la Iglesia se acrecentó más y más. Fue Legado Pontificio, Doctor en un Concilio y
Cardenal de Curia; en todo ello demostró ser un infatigable defensor de los dogmas y de los
derechos de la Iglesia Romana. Ya casi era anciano, pero el alucinante pensamiento de la
venganza no lo dejaba ni de día ni de noche.
También fue alcanzado por la muerte el Papa protector suyo, y en el cónclave subsiguiente
Aureliano fue elegido Vicario de Cristo, obteniendo la unanimidad de los sufragios. Aun
entonces supo ocultar su inmenso gozo bajo la máscara de una tranquila humildad. Ya estaba
próximo el gran día por él esperado y deseado secretamente durante dolorosos años de forzada
comedia. Había sido elegido a comienzos de diciembre; entonces anunció al Sacro Colegio y a la
Corte del Vaticano que la ceremonia de su coronación se realizaría la noche misma de Navidad.
Desde muchísimo tiempo antes había planeado y soñado la inaudita escena: después del
Pontifical, después de haberse realizado todos los ritos de la coronación, dueño ya de los
privilegios y de las prerrogativas del Supremo Magisterio como cabeza infalible de la Iglesia
Docente, entonces se pondría de pie para hablar al clero y al pueblo, y en el silencio solemne de
la máxima basílica pronunciaría finalmente las tremendas palabras que vengarían para siempre al
padre inocente. Diría que Cristo no era Dios, que había sido un pobre bastardo, un pobre poeta
iluso víctima de su ingenuidad, y finalmente, aquí haría resonar su voz como un desafío satánico,
finalmente, con el sello de su autoridad proclamaría que Dios jamás había muerto porque jamás
había existido.
¿Cuál habría sido el efecto causado por tan espantosas blasfemias, brotadas de los labios de un
Pontífice Romano? Tal vez, después del primer momento de estupor ¿lo habrían reducido,
gritando que era un loco? ¿Lo habrían hecho pedazos sobre la tumba de San Pedro? No se
preocupaba mucho por ello; la voluptuosidad brindada por tan estupenda venganza jamás tendría un precio demasiado elevado.
Llegó la vigilia de Navidad y anocheció. Todas las campanas de Roma tañían a fiesta, ríos
humanos de nobles y plebeyos marchaban a la Plaza de San Pedro, llenaban el gran templo que
parecía ser una inmensa cavidad luminosa, para poder asistir a la fastuosa ceremonia que
celebraba simultáneamente el Nacimiento de Dios y la coronación de su Vicario en la tierra.
Desde una sala de su palacio Aureliano miraba y escuchaba. Veía aquellas multitudes de fieles
gozosos y confiados, oía sus cánticos de Navidad, sus laudos, sus himnos, y en todos ellos se
transparentaba una sencilla pero infinita esperanza en el Divino Infante, en el Salvador del
mundo, en el Consuelo de los pobres, de los perseguidos y llorosos.
Y en aquel instante, en aquella sala donde el nuevo Papa se había encerrado, solo, para concentrar
sus pensamientos y sus fuerzas, sucedió algo que jamás fue conocido por otros, se realizó el
inesperado y providencial milagro: el pensamiento de toda aquella pobre gente que corría hacia
él, que creía en él porque había creído en sus palabras, ese pensamiento lo burló, lo conmovió, lo
sacudió y arrastró consigo. Experimentó un escalofrío, se sintió agitado por un temblor, le pareció
que una luz jamás vista invadía la gruta oscura de su alma. Repentinamente se sintió inundado y
vencido por una dulzura aniquiladora jamás experimentada en su larga vida, por una ternura
infinita hacia todas aquellas almas simples, infelices y sin embargo felices, que creían en Cristo y
en su Vicario, y súbitamente, el nudo negro y gravoso de la anhelada venganza se deshizo, se
cortó, se disolvió en un llanto continuo, desesperado, que le quemaba los ojos y el corazón, que
consumía su interior más que una llama viva. El nuevo Papa se postró sobre el mármol del
pavimento, y oró de rodillas, oró por vez primera con abandono total del alma, con toda la
sinceridad de la pasión, como nunca había orado en toda su vida. El viento impetuoso de la
Gracia lo había derribado y vencido en el último instante. Hasta el mismo dolor del
remordimiento por su infame pasado de fingimiento, de engaño y duplicidad, le parecía un
consuelo inmerecido, un consuelo divino. Aquel dolor quemante lo podría acompañar hasta la
muerte, pero purificándolo, salvándolo de la segunda muerte.
Cuando los ayudantes y acólitos penetraron en la sala precedidos por el Cardenal Decano,
hallaron al nuevo Papa arrodillado, hecho un mar de lágrimas, y se sintieron grandemente
edificados. Concluido el solemne rito de la coronación, el Pontífice quiso hablar al pueblo. Habló
de Cristo y de su nacimiento en Belén, habló de la Madre Virgen, de los ángeles y los pastores, y
lo hizo con tal calor de afecto que todos los oyentes, hasta los viejos cardenales apergaminados
en su púrpura, lloraron como hijos que finalmente encuentran al padre a quien creían perdido. Y
muchas mujeres, al salir de la Basílica iluminada a la oscuridad de la ciudad, afirmaron que al
cabo de siglos un verdadero santo había ascendido a la Cátedra de San Pedro.
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DISCURSION/COMENTARIO:

DISCURSION Nº 67 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- VISITA A HUXLEY

DISCURSION Nº 67 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- VISITA A HUXLEY


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Giovanni Papini El Libro Negro
Conversación 67
VISITA A HUXLEY
(0 LA MUERTE DEL INDIVIDUO)

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Londres, 7 de enero.

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La bondad y la tenacidad de un amigo lograron satisfacer mi viejo deseo de interrogar a Aldous
Huxley sobre el porvenir del hombre.
Huxley, descendiente de una dinastía de sabios, es un novelista que piensa, o sea un novelista
nada común; sentía admiración por él desde que leyera Point Counter Point y Jesting Pilate.
Me recibió en su Club, porque esa misma noche tenía que salir de Londres. Es un hombre cortés,
no es viejo, gran trabajador a pesar de su vista ya debilitada. Le hice la pregunta por la que más
interés sentía.
-¿Cuál será la condición futura del hombre? Huxley me miró esbozando una maliciosa sonrisa de
complicidad, y respondió
- Es el problema que hoy ocupa mi mente más que todos los otros. Le haré conocer mis últimas
previsiones deseando que resulten vanas y falaces.
»Lo que se llama ahora "edad atómica" es, a mi parecer, la crisis del paso del estado anárquico de
la inteligencia humana al estado celular y gregario al que probablemente estamos destinados. Nos
hemos acostumbrado a admirar los progresos intelectuales realizados por nuestra especie desde la
edad cuaternaria hasta el siglo vigésimo: artes, ciencias, pensamiento, y demás progresos. Pero
esa lozanía del espíritu humano quizá no sea más que un lujo infantil, una juvenil explosión de la
raza humana, y que ha puesto en peligro hasta nuestra existencia - como podemos verlo
claramente hoy en día, y que el instinto de conservación hará cesar para dar lugar a una forma devida enteramente diversa.
»La inteligencia, que en su origen fue para el hombre un arma de defensa contra los peligros y
amenazas de la naturaleza, desde hace unos veinte o treinta siglos se dedicó a trabajar por su
cuenta, caprichosa y alocadamente, siguiendo dos orientaciones: la fantasía y el raciocinio. Todos
los mitos, los inventos, las metafísicas, las artes, las utopías políticas y sociales, han procedido de
ese doble juego de la libre actividad mental. Han proporcionado al hombre alegrías, diversiones,
alivios momentáneos, entusiasmos y voluptuosidades, pero al cabo de treinta siglos de
experiencia los resultados finales son pavorosos y desastrosos. El hombre ha creado mundos
imaginarios, ha construido edificios frágiles, se ha entregado a encantamientos debilitantes, se ha
enviciado con estupefacientes espirituales nocivos, ha intentado evasiones que concluían por
duplicar su esclavitud. Dicho colapso comenzó a manifestarse en el ochocientos. El
romanticismo, el individualismo, el anarquismo, el esteticismo, el satanismo, todo ello precedió,
mediante la disgregación de la sociedad, de la familia y del alma, a la disgregación del átomo
operada por los físicos. La inquietud moral, la alineación progresiva, el pesimismo radical, la
inestabilidad social, la ruptura con las tradiciones y la decadencia de las religiones, todo esto
condujo a los hombres civilizados de nuestro tiempo a la amargura, al descontento, a la rebelión,
al terror, a la manía del suicidio, a la previsión de un exterminio total de la especie humana.
»Pero el hombre, al igual que el resto de los animales, posee todavía el instinto de conservación y
ha corrido al refugio. Hay dos fenómenos bastante recientes que representan el muro de
contención contra el desastre y son señales premonitorias del próximo vuelco de nuestra vida; son
de orden diverso pero concomitante: la sustitución de la máquina por el esfuerzo humano y la de
los regímenes totalitarios en lugar de los sistemas liberales y democráticos.
»El hombre se está convirtiendo en siervo y súcubo de las máquinas; los pueblos se están
transformando en masas anónimas, movidas y niveladas por un poder central autoritario y sin
"control".
»Las tentativas de las dictaduras de nuestro siglo parecen haber fracasado, por lo menos
parcialmente. Pero su frecuente aparición y multiplicación es un hecho histórico indestructible y
que no se agota. Lenin, Mussolini, Hitler, Pilsudski, Franco, Antonescu, Stalin, todos ellos
pueden ser para los últimos fieles de la libertad, seres odiosos y odiables, pero sin duda alguna
son los portaestandartes de un sistema social que, para evitar los errores, las demoras, los
desórdenes, las dilapidaciones y los peligros de la edad parlamentaria, concluirá por reducir las
naciones del mundo a hormigueros y colmenas.
»Sin saberlo tiende a la misma finalidad la imposición de los medios mecánicos en todas las
actividades del hombre, hasta en las mentales. El triunfo de la Cibernética, que ya se prevé como
inminente, acabará con los últimos vestigios de la iniciativa humana. En las grandes fábricas
norteamericanas, que sirven de modelo para el resto del mundo, el hombre ya no es más que un
adminículo de la máquina, aun cuando sea de carne, y forma parte de la gran máquina sin nada
humana que algún día hasta prescindirá de él.
»O sea: el hombre se está convirtiendo en una simple célula del Leviatán político y en un simple
engranaje del inmenso monstruo de la máquina omnipresente y omnifactora. Presenciamos hoy
un hecho que cien años antes hubiera parecido increíble la supresión y la muerte del individuo.
»El desencadenamiento del individuo ha llevado a la locura, al dolor, al desorden, a las guerras,
al peligro del hambre y la muerte. El hombre, con tal detener seguridad acerca de su alimento y
de su paz está dispuesto a renunciar a todas las prerrogativas de la libertad, del genio, de la
creación, del riesgo. El hombre, que hasta ahora había sido un joven movedizo e independiente,
con todos los grillos e impetuosidades de la juventud, está pasando a la edad madura, a la edad de la renuncia, del orden, de la calma, del conformismo. Eramos aves libres en el espacio, fieras
independientes en la selva, pero ya se ha visto que no era posible continuar así, resultaba
demasiado caro, era algo que ponía en peligro la existencia misma de nuestra especie. El mundo
del futuro será muy semejante a los hormigueros, a las colmenas, a las moradas de los comejenes.
El yo será muerto, se renegará de la fantasía, el individuo será reprimido y oprimido, la libertad y la iniciativa serán abolidas; sólo a costa de ese durísimo precio podrá sobrevivir el género
humano.
»Quizá también las hormigas, las abejas y los comejenes, que sin duda alguna son animales
inteligentes, en tiempos antiquísimos disfrutaron de genio e iniciativa libre antes de reducirse a su condición actual de sociedades instintivas y gregarias. Pues una revolución similar se está
verificando en la especie humana, y en algunos países, como por ejemplo en Rusia, hay ya un
esbozo de realización. Tendremos que dejar a un lado cosas que para nuestros padres eran el
tesoro más maravilloso del hombre la poesía, la libertad, la locura del genio, la autonomía del
individuo. Pero no tendremos más remedio que hacer ese sacrificio si queremos salvar los bienes
esenciales y primordiales: el pan, la seguridad, la existencia.
»Hasta en mi propia patria, que fue cuna de las libertades civiles e intelectuales, se está
consolidando un socialismo estatal que, a pesar de un disfraz parlamentario, tiende a hacer la vida
social muy, similar a la del comunismo. El individuo muere a fin de que pueda sobrevivir la
especie; tal es, hoy en día, el meollo de mis observaciones y el fundamento de mis previsiones».
Diciendo esto Huxley se puso de pie y me pidió disculpas por tener que interrumpir la
conversación, pues antes de su partida debía acudir a dos citas más.
Le agradecí calurosamente sus razonamientos, tristes pero lúcidos, y me despedí de él.
DISCURSION/COMENTARIO:

DISCURSION Nº 68 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- EL MASCULINISMO

DISCURSION Nº 68 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- EL MASCULINISMO

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Giovanni Papini El Libro Negro
Conversación 68
EL MASCULINISMO

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Londres, 18 de septiembre.



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No tengo la costumbre de escuchar a los oradores heterodoxos e inconformistas que, en homenaje
a la libertad de palabra, predican y vociferan todos los días en Hyde Park. Pero hoy mientras
cruzaba por el parque me detuve sin saber por qué frente a un caballete que sostenía un cartel en
el que se leía escrito en grandes caracteres negros: El Masculinismo. Era el orador un hombre
larguirucho, de edad mediana, de cabellos rojizos y alborotados, tenía dos ojos negros, de
visionario; aún no había comenzado a perorar porque los oyentes eran muy pocos, apenas tres o
cuatro y todos ancianos. Quise esperar la prometida revelación y al cabo de pocos minutos el
hombre de la cabellera roja se decidió a hablar:
- Os anuncio la nueva doctrina moral, social y política que transformará la vida del mundo; os
anuncio la revolución del Masculinismo.
»En esta misma metrópoli, hace ya muchos años, las mujeres se levantaron furiosas contra los
privilegios masculinos, y guiadas por la célebre miss Pankhurst, fundaron el Feminismo. Hoy, al
cabo de cincuenta años de luchas y polémicas, el Feminismo ha triunfado: las mujeres tienen
todos los derechos civiles y políticos. Hay mujeres en el gobierno y en el parlamento, hay
mujeres embajadoras y mujeres militares, las mujeres han invadido las administraciones públicas y privadas, las escuelas y las fábricas, ¡perfectamente bien!
»Nosotros, los masculinistas, no somos contrarios a los continuos y progresivos triunfos del
Feminismo. No surge el Masculinismo para oponerse al Feminismo, ¡muy al contrario!, su
objetivo declarado y lógico es el de tomar nota de las conquistas del Feminismo, más aún,
ampliarlas, extenderlas, hacerlas universales.
»Escuchadme, señores, y seguidme atentamente. En su ingenuidad casera y provinciana
imaginaban las mujeres que el privilegio de gobernar a los pueblos, cosa que hasta hace medio
siglo le estaba reservada a los hombres, era un honor, una alegría, una satisfacción. Nuestras
rivales se engañaban por completo. La política es un arte grosero y falaz, se funda en los
compromisos y en los engaños, en la hipocresía y en la desfachatez. La política es incómoda,
sucia y peligrosa. Por esto, los masculinistas proponen la entrega total de los poderes a las
mujeres, las que por su misma naturaleza son más astutas, más mentirosas y más acomodaticias.
¡Que no haya tan sólo alguna diputada o ministra, sino que todos los parlamentos y todos los
gobiernos estén formados únicamente por mujeres!
»Ellas tienen la lengua más suelta que nosotros, poseen un mayor sentido práctico y menos
repugnancia para las cosas sucias; la política está hecha para ellas y solamente para ellas. Y frente
al espectáculo de lo que está sucediendo hoy en el mundo no hay que temer que la cosa pública
vaya a andar todavía peor, pues esto es claramente imposible. En la peor de las hipótesis los
pueblos serian llevados a la miseria y a la muerte, y es lo que ya está sucediendo, de modo que
nada se cambiaría. En lugar de esto, cambiará para mejor la suerte de los hombres, quienes
finalmente se verán en libertad para dedicarse a actividades más nobles.
»Escuchadme, ciudadanos hombres: el Masculinismo prepara vuestra liberación de los trabajos y
misiones más duros e ingratos. Ahora las mujeres han ingresado ya en la enseñanza, pero todavía
están en minoría. El oficio de instruir a los niños y jóvenes, es, digamos la verdad de una vez por
todas, muy fatigoso y molesto; por doquiera es el programa de los escolares estudiar poco y
engañar a los maestros. Los únicos alumnos que logran en verdad aprender algo son los que
estudian por sí solos, por pasión natural. Así pues, ¿por qué no confiar a las mujeres, y solamente
a ellas, la enseñanza inferior y superior? Ellas tienen más paciencia y astucia y un poder de
atracción muy superior; se puede descontar desde ahora que los discípulos aprovecharán bastante
más que con profesores hombres, quienes a su vez, libres del odioso tedio de la escuela,
finalmente podrán estudiar seriamente por su cuenta.
»Y dígase lo mismo del trabajo en todas sus formas. Según las escrituras el trabajo fué impuesto
al hombre como castigo, pero, dado que de acuerdo a las mismas Escrituras la primera y
verdadera culpable fue la mujer en la persona de Eva, justo es entonces que la pena sea soportada
por ella y solamente por ella.
»Me preguntaréis, estimados amigos oyentes, qué harán los hombres si se realizan plenamente las
sagradas y legítimas reivindicaciones del Masculinismo. No es difícil responder: liberados ya del
trabajo y fastidio que implican el gobierno y demás, finalmente podremos gozar en paz de la
maravillosa belleza del mundo. De la acción siempre penosa y, peligrosa ascenderemos todos a la
felicidad de la contemplación. Las más elevadas actividades del espíritu, que hoy son patrimonio
de pocos porque los más deben atender a las bajas ocupaciones de la vida, podrán ser ejercitadas
por todos los varones. La poesía, la pintura, la escultura, la investigación científica y la
especulación metafísica, tales serán nuestras únicas ocupaciones diarias. La humanidad se
dividirá en dos grandes castas diferenciadas por el sexo: la una se dedicará a la política, al
comercio, a la producción material, a las escuelas y oficinas, y la otra, la de nosotros los varones
podrá consagrarse con plácida tranquilidad a las artes, al pensamiento, al descubrimiento de lo
bello y lo verdadero, en una palabra: a todo lo que hace soportable y deseable la existencia. Me
parece que el programa del Masculinismo, lacónicamente expuesto con lo dicho, merecerá los
sufragios de nuestro sexo, que se verá redimido de esas obligaciones prácticas indignas de su
primacía espiritual.
»Y no sentiremos ningún remordimiento, pues precisamente las mujeres han sido las primeras en
pretender con todas sus fuerzas hacer lo que hacía únicamente el hombre con sacrificios y
resignación. No hacemos más que aceptar las consecuencias extremas de su sublevación. El
Masculinismo no es la contestación al Feminismo, sino su realización universal en nombre de
nuestra felicidad y de la verdadera justicia».
Mientras hablaba el orador la audiencia había ido engrosando hasta convertirse en una pequeña
multitud, y fueron muchos los que aplaudieron con entusiasmo. El hombre de los cabellos rojos y
los ojos negros se secó el sudor y sonrió beatíficamente.
Yo me fui de Hyde Park caminando a largos pasos y entré en el Savoy.
DISCURSION/COMENTARIO:

DISCURSION Nº 69 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- LOS VENDEDORES DE LO IMPOSIBLE

DISCURSION Nº 69 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- LOS VENDEDORES DE LO IMPOSIBLE

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Giovanni Papini El Libro Negro
Conversación 69
LOS VENDEDORES DE IMPOSIBLES

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Galway, 10 de julio.


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La feria de San Patricio es la fiesta máxima del año en esta pequeña ciudad irlandesa. Acuden a
ella comerciantes, juglares, acróbatas y músicos, desde todos los rincones del país; además llegan
innumerables grupos de gente del campo.
Esa feria dura tres días, y tanto el barrio del puerto como los suburbios se llenan de barracas,
palcos, bancos y ruidos que resuenan por todas las calles y plazas. Es una bacanal rústica y
diabólica que tanto durante el día como durante la noche no conoce interrupción de los gritos, los
ruidos, las músicas, los estrépitos y las resonancias de las cornetas y trompas.
Los ciegos cantan melopeas tristes que nadie escucha; los negros bailan y ruedan hinchando las
mejillas, los muchachitos se gastan los labios soplan do en las cornetas; los jóvenes hacen estallar
petardos entre los pies de las muchachas, éstas agitan en el aire los multicolores componentes de
sus ropas; los viejos beben, fuman y ríen; disparan los tiradores al blanco; los charlatanes hablan
hasta quedar roncos; los saltimbanquis se estiran y retuercen; sudan los vendedores de líquidos;
chirrían los gramófonos, gimen y gorjean las radios. En una palabra: se concentra el ruido bestial
y la balumba infernal de todas las ferias del mundo.
Entontecido por el calor y el fragor me alejaba en dirección al campo, pensando para mí cuán
locos y bufones eran mis semejantes al llamar fiestas y di versiones a esos ataques de furor
colectivo, capaces únicamente de herir los oídos, de echar a perder el estómago, de martirizar el
cerebro, de impedir el sueño y de multiplicar las enfermedades nerviosas. Sentía necesidad de
soledad y silencio.
Pero cuando estaba ya dejando atrás la ciudad entreví a mi derecha, en el término de una callecita
breve, que había allí una placita donde estaban algunas personas en pie, parecían escuchar y mirar
a alguien que yo no podía distinguir. No partía de allí ruido alguno, y quise conocer las causas de
aquel prodigio.
Más que plaza parecía ser un gran patio rodeado por edificios altos, oscuros y leprosos,
ennegrecidos y descortezados por el aire salino. Se aproximaba el crepúsculo, y el conjunto
causaba una impresión de ambiente misterioso y embrujado. Había en la placita una especie de
escenario abierto que tenía a los costados colgaduras negras a modo de bastidores. En el tablado,
y a poca distancia una de otra, se veían dos mesas de abeto, sin pintura, y detrás de cada una
estaba de pie un viejo, ambos de elevada estatura, de largas barbas blancas y de rasgos severos.
Uno de ellos vestía una garnacha de terciopelo turquí, el otro tenía puesta una túnica castaño que
le daba el aspecto de un fraile.
Una de las mesas estaba ocupada por objetos que brillaban a los últimos reflejos del sol; la otra
estaba llena de botellas de tamaños diversos.
El viejo vestido de turquí levantó uno de los objetos brillantes y lo enseñó a las pocas personas
presentes. Era un espejo redondo.
- Este - dijo, es el espejo revelador del tiempo pasado; en él podréis ver a vuestro gusto las
imágenes de vuestros difuntos padres, de los antepasados más lejanos de vuestra familia.
Luego, el viejo vestido de castaño levantó una botella de color hiel y exclamó
- Esta botella contiene un licor portentoso. Bastan unas pocas gotas para devolver la vida a un
moribundo o a un cadáver. Pero debo advertir que esa resurrección no puede durar más de
veinticuatro horas.
El otro viejo tomó de su mesa otro espejo, de forma oval y dijo así:
- Este es el espejo de la belleza desconocida. Todo el que se mire en él después de haberse
purificado con un baño, se verá a sí mismo bellísimo, aun cuan do sea un monstruo deforme o
una bruja repugnante. El viejo de castaño enseñó otra botella, pequeña y transparente
-En esta botella está contenida una esencia oriental que inspira ternura y voluptuosidad. Bastará
que la hagáis oler a la mujer que se os resiste, y os amará. Pero debo confesar que su milagroso
efecto no dura más de doce horas. Sin embargo, en doce horas un enamorado audaz puede
obtener mucho de lo que desea.
El viejo de turquí, a su vez, mostró otro espejo grande y cuadrado
- Este se llama el espejo de las verdades futuras.
Mirándolo atentamente por espacio de muchas horas sin cansaros, veréis desfilar los hechos
notables de vuestra vida futura hasta la hora de la muerte. Cada uno de vosotros podrá conocer
anticipadamente lo que le sucederá, tanto lo bueno como lo malo.
El viejo de castaño alzó otra botella, grande y de color verde
- Escuchad, señores. Esta es una de las bebidas más prodigiosas entre todas las que se pueden
ofrecer a los hombres y sobre todo a las mujeres. Cada gota os hará retroceder un año, veinte
gotas os quitarán veinte años de edad. Pero se advierte que la juventud así recuperada desaparece
al cabo de dos días. Mas, ¿quién no querrá comprar por dos libras esterlinas dos días de fresca y
altiva juventud?
El viejo de turquí mostró al público otro espejo, esta vez triangular
- Con este espejo se supera y vence cualquier dificultad para leer escrituras indescifrables o
extranjeras. Poned mirando hacia el mismo una carta llena de abreviaturas o de manchas, la
página de un libro escrito en árabe o japonés, y todo lo podréis leer y comprender en inmejorable
inglés.
El otro empuñó una de sus botellas, parecida a un frasco de medicinas, y afirmó
- La emulsión contenida en esta botella es una de las más prodigiosas que puedo ofrecer a mis
oyentes ingerida en ayunas - y bastan dos cucharadas de sopa, proporciona improvisadamente al
bebedor el genio político. Se recomienda especialmente a los diputados, a los ministros, a los
secretarios de partidos políticos y también a los simples consejeros comunales;
desgraciadamente, el efecto dura muy poco, tan sólo cuarenta minutos. Pero en cuarenta minutos
un político puede tomar decisiones capaces de cambiar la suerte de una nación y hasta de todo un
continente.
El otro viejo, sin dejar pasar un instante tomó un enorme espejo hexagonal y dijo así
- Señores y amigos: con este espejo podréis descubrir a vuestro gusto lo que está sucediendo lejos
de vosotros, de vuestra casa y de vuestra ciudad. Podréis ver qué es lo que hace vuestra mujer
amada, cómo se comporta vuestro hijo en la universidad o en el buque en el que viaja por los
mares, podréis ver lo que sucede en la corte del emperador _y en las casas de vuestros amigos. Su
nombre es: el espejo de las realidades aproximadas.
Aún no había concluido de hablar cuando su compañero tendió hacia el escaso auditorio otra
botella; voluminosa v de color azul
- Sin duda alguna sabéis que cada uno de nosotros no está viviendo por vez primera, que hemos
tenido otras existencias, otras vidas en otras edades. Quien bebe un sorbo del liquido contenido
en esta botella podrá verse a si mismo tal cual fue en los siglos pasados, con otros aspectos
externos y otros destinos. Pero este milagro tiene una duración mínima cinco minutos.
Recordaréis que los moribundos pueden repasar en poquísimos instantes toda su existencia, del
mismo modo aquí. Apresuraos, ciudadanos, porque ésta es la última de mis botellas.
Atónitos y dudando, los pocos presentes no decían palabra, ninguno compraba y los dos viejos no
demostraban tener prisa en vender. El crepúsculo se acentuaba más y más, la plaza se hacía más
negra y siniestra. Los dos viejos hablaban en voz baja. Abandoné aquel lugar y marché hacia las
afueras a lo largo de un camino arbolado. Pero después de dar unos centenares de pasos, pensé
-¿Y si todo fuera verdad?... ¿Si aquellos charlatanes no fueran charlatanes?
Repentina e irresistible me sobrevino la tentación de comprar todos los espejos y las botellas.
Con pocas libras esterlinas me quitaría la curiosidad. Los españoles suelen decir: ¡¿Quién sabe?!
Volví lentamente sobre mis pasos y hallé la placita, pero aquel lugar estaba desierto y silencioso,
la gente había desaparecido, el escenario y sus colgaduras no se veían, los dos viejos se habían
desvanecido. Solamente estaban firmes las casas negras, altas, leprosas, apretadas.

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