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miércoles, 6 de agosto de 2008

DISCURSION Nº 67 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- VISITA A HUXLEY

DISCURSION Nº 67 -- EL LIBRO NEGRO -- GIOVANNI PAPINI -- VISITA A HUXLEY


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Giovanni Papini El Libro Negro
Conversación 67
VISITA A HUXLEY
(0 LA MUERTE DEL INDIVIDUO)

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Londres, 7 de enero.

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La bondad y la tenacidad de un amigo lograron satisfacer mi viejo deseo de interrogar a Aldous
Huxley sobre el porvenir del hombre.
Huxley, descendiente de una dinastía de sabios, es un novelista que piensa, o sea un novelista
nada común; sentía admiración por él desde que leyera Point Counter Point y Jesting Pilate.
Me recibió en su Club, porque esa misma noche tenía que salir de Londres. Es un hombre cortés,
no es viejo, gran trabajador a pesar de su vista ya debilitada. Le hice la pregunta por la que más
interés sentía.
-¿Cuál será la condición futura del hombre? Huxley me miró esbozando una maliciosa sonrisa de
complicidad, y respondió
- Es el problema que hoy ocupa mi mente más que todos los otros. Le haré conocer mis últimas
previsiones deseando que resulten vanas y falaces.
»Lo que se llama ahora "edad atómica" es, a mi parecer, la crisis del paso del estado anárquico de
la inteligencia humana al estado celular y gregario al que probablemente estamos destinados. Nos
hemos acostumbrado a admirar los progresos intelectuales realizados por nuestra especie desde la
edad cuaternaria hasta el siglo vigésimo: artes, ciencias, pensamiento, y demás progresos. Pero
esa lozanía del espíritu humano quizá no sea más que un lujo infantil, una juvenil explosión de la
raza humana, y que ha puesto en peligro hasta nuestra existencia - como podemos verlo
claramente hoy en día, y que el instinto de conservación hará cesar para dar lugar a una forma devida enteramente diversa.
»La inteligencia, que en su origen fue para el hombre un arma de defensa contra los peligros y
amenazas de la naturaleza, desde hace unos veinte o treinta siglos se dedicó a trabajar por su
cuenta, caprichosa y alocadamente, siguiendo dos orientaciones: la fantasía y el raciocinio. Todos
los mitos, los inventos, las metafísicas, las artes, las utopías políticas y sociales, han procedido de
ese doble juego de la libre actividad mental. Han proporcionado al hombre alegrías, diversiones,
alivios momentáneos, entusiasmos y voluptuosidades, pero al cabo de treinta siglos de
experiencia los resultados finales son pavorosos y desastrosos. El hombre ha creado mundos
imaginarios, ha construido edificios frágiles, se ha entregado a encantamientos debilitantes, se ha
enviciado con estupefacientes espirituales nocivos, ha intentado evasiones que concluían por
duplicar su esclavitud. Dicho colapso comenzó a manifestarse en el ochocientos. El
romanticismo, el individualismo, el anarquismo, el esteticismo, el satanismo, todo ello precedió,
mediante la disgregación de la sociedad, de la familia y del alma, a la disgregación del átomo
operada por los físicos. La inquietud moral, la alineación progresiva, el pesimismo radical, la
inestabilidad social, la ruptura con las tradiciones y la decadencia de las religiones, todo esto
condujo a los hombres civilizados de nuestro tiempo a la amargura, al descontento, a la rebelión,
al terror, a la manía del suicidio, a la previsión de un exterminio total de la especie humana.
»Pero el hombre, al igual que el resto de los animales, posee todavía el instinto de conservación y
ha corrido al refugio. Hay dos fenómenos bastante recientes que representan el muro de
contención contra el desastre y son señales premonitorias del próximo vuelco de nuestra vida; son
de orden diverso pero concomitante: la sustitución de la máquina por el esfuerzo humano y la de
los regímenes totalitarios en lugar de los sistemas liberales y democráticos.
»El hombre se está convirtiendo en siervo y súcubo de las máquinas; los pueblos se están
transformando en masas anónimas, movidas y niveladas por un poder central autoritario y sin
"control".
»Las tentativas de las dictaduras de nuestro siglo parecen haber fracasado, por lo menos
parcialmente. Pero su frecuente aparición y multiplicación es un hecho histórico indestructible y
que no se agota. Lenin, Mussolini, Hitler, Pilsudski, Franco, Antonescu, Stalin, todos ellos
pueden ser para los últimos fieles de la libertad, seres odiosos y odiables, pero sin duda alguna
son los portaestandartes de un sistema social que, para evitar los errores, las demoras, los
desórdenes, las dilapidaciones y los peligros de la edad parlamentaria, concluirá por reducir las
naciones del mundo a hormigueros y colmenas.
»Sin saberlo tiende a la misma finalidad la imposición de los medios mecánicos en todas las
actividades del hombre, hasta en las mentales. El triunfo de la Cibernética, que ya se prevé como
inminente, acabará con los últimos vestigios de la iniciativa humana. En las grandes fábricas
norteamericanas, que sirven de modelo para el resto del mundo, el hombre ya no es más que un
adminículo de la máquina, aun cuando sea de carne, y forma parte de la gran máquina sin nada
humana que algún día hasta prescindirá de él.
»O sea: el hombre se está convirtiendo en una simple célula del Leviatán político y en un simple
engranaje del inmenso monstruo de la máquina omnipresente y omnifactora. Presenciamos hoy
un hecho que cien años antes hubiera parecido increíble la supresión y la muerte del individuo.
»El desencadenamiento del individuo ha llevado a la locura, al dolor, al desorden, a las guerras,
al peligro del hambre y la muerte. El hombre, con tal detener seguridad acerca de su alimento y
de su paz está dispuesto a renunciar a todas las prerrogativas de la libertad, del genio, de la
creación, del riesgo. El hombre, que hasta ahora había sido un joven movedizo e independiente,
con todos los grillos e impetuosidades de la juventud, está pasando a la edad madura, a la edad de la renuncia, del orden, de la calma, del conformismo. Eramos aves libres en el espacio, fieras
independientes en la selva, pero ya se ha visto que no era posible continuar así, resultaba
demasiado caro, era algo que ponía en peligro la existencia misma de nuestra especie. El mundo
del futuro será muy semejante a los hormigueros, a las colmenas, a las moradas de los comejenes.
El yo será muerto, se renegará de la fantasía, el individuo será reprimido y oprimido, la libertad y la iniciativa serán abolidas; sólo a costa de ese durísimo precio podrá sobrevivir el género
humano.
»Quizá también las hormigas, las abejas y los comejenes, que sin duda alguna son animales
inteligentes, en tiempos antiquísimos disfrutaron de genio e iniciativa libre antes de reducirse a su condición actual de sociedades instintivas y gregarias. Pues una revolución similar se está
verificando en la especie humana, y en algunos países, como por ejemplo en Rusia, hay ya un
esbozo de realización. Tendremos que dejar a un lado cosas que para nuestros padres eran el
tesoro más maravilloso del hombre la poesía, la libertad, la locura del genio, la autonomía del
individuo. Pero no tendremos más remedio que hacer ese sacrificio si queremos salvar los bienes
esenciales y primordiales: el pan, la seguridad, la existencia.
»Hasta en mi propia patria, que fue cuna de las libertades civiles e intelectuales, se está
consolidando un socialismo estatal que, a pesar de un disfraz parlamentario, tiende a hacer la vida
social muy, similar a la del comunismo. El individuo muere a fin de que pueda sobrevivir la
especie; tal es, hoy en día, el meollo de mis observaciones y el fundamento de mis previsiones».
Diciendo esto Huxley se puso de pie y me pidió disculpas por tener que interrumpir la
conversación, pues antes de su partida debía acudir a dos citas más.
Le agradecí calurosamente sus razonamientos, tristes pero lúcidos, y me despedí de él.
DISCURSION/COMENTARIO:

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