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miércoles, 6 de agosto de 2008

BREVE COMENTARIO SOBRE LA MITOLOGIA Y RELIGION DE EGIPTO

BREVE COMENTARIO SOBRE LA MITOLOGIA Y RELIGION DE EGIPTO. DIOSES
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LA MITOLOGÍA Y RELIGIÓN DE EGIPTO
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LOS mitos egipcios sin duda tuvieron su origen y se desarrollaron de forma similar a los mitos de todas las otras naciones que conocemos. Sin embargo, una indicación de las varias etapas de ese desarrollo, y un entendimiento de ese sistema como un todo, y conio nosotros lo conocemos, es mucho más difícil en el caso de los egipcios que en el de los griegos, escandinavos, germanos o la mitología hindú. La razón es evidente. La religión egipcia parece haber alcanzado su estado abstracto o metafísico mucho antes que las otras religiones a las que nos hemos referido, y como sus recuerdos pertenecen todos a esa etapa, no hay medio de permitir al investigador hacer un puente para cubrir la distancia entre sus formaciones más tempranas y las más tardías.
En verdad, parece como si precisamente existiera la misma diferencia entre el genio egipcio y el griego que entre el genio griego y el de los hindúes. El temperamento de los griegos era abierto, alegre, sensual; el de las otras dos razas era autorepresivo, pensativo y místico. La predisposición o inclinación mental de éstos no era tanto hacia lo que era artísticamente o lógicamente presentable, como hacia lo elusivo, espíritu misterioso de lo que imaginaban que todas las cosas visibles y tangibles no eran más que un mero velo. Los griegos eran artísticamente sensuales; el hindú era místicamente religioso. La diferencia entre ellos se puede decir que se parecía a la que existía entre forma y color. El contraste en predisposición intelectual entre los egipcios y sus adversarios, los griegos, queda suficientemente indicado en lo que Herodoto dice del desprecio egipcio por las afirmaciones hechas por los griegos de descender de los dioses. Los sacerdotes de Egipto sólo podían reírse de lo absurdo de la creencia según la cual se decía que un dios era el decimosexto antepasado de Heca-teo. Nuestros dioses, decían ellos, nunca vivieron en la Tierra. Sin embargo, parece como si una comparación de éste con otros sistemas mostrara que la mitología de Egipto fuera, en gran medida al menos, explicable por las doctrinas generales implicadas en el título «Mito Solar». Incluso esa misma disposición con la que los griegos identificaban a los dioses egipcios con los suyos propios permite, si no probar, sí afirmar que había un parecido entre los dos Panteones que estaban, por decirlo de alguna forma, poblados de la misma manera. De nuevo, las funciones y características de los dioses egipcios se intercambian con las de los dioses griegos o escandinavos. Sus nombres tienen en ambos casos significados físicos similares. En ambos casos también el nacimiento y genealogía de los dioses parece ser una mera expresión de secuencias físicas, visibles. Encontramos en ambos casos la misma confusión, o identidad, entre la madre de un dios y su hermana, y lo que parece ser el mismo conflicto entre los poderes de la naturaleza que dan y roban la luz. La antigua religión germana tiene, quizá, un carácter más espiritual que la de Egipto. Sin embargo, no hay duda de que la idea de competición entre los poderes puramente espirituales Ormuzd y Ahriman fue originariamente sólo la idea de competición entre la luz del Sol, Indra, y las nubes de la oscuridad, Vritra. Esto parece una fuerte prueba indirecta de que Osiris y Tifo son los mismos que Indra y Vritra. La idea de derrocamiento dinástico y sucesión comunes a las religiones arias, presentadas con una grandeza tan extraña y conmovedora en la mitología escandinava, es, como todo, muy escasamente definida en la religión de Egipto. Sin embargo, parece sobreentenderse en tales frases como «las divinidades osirias» y «tres órdenes de dioses». Finalmente, parece que muchas de las deidades egipcias son sólo atributos personificados de la misma cosa y la misma persona.
Los siete grandes dioses de Egipto eran Neph, Amun, Pthah, Khem, Sati, Maut y Bubastis.

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NEPH
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Es también llamado Num, Nu, Nef, Cnouphis y Cenubis. Nef significa espíritu o aliento, cuyo sentido completo se mantiene en árabe. Es «el espíritu de Dios que se mueve en la superficie de las aguas». Por tanto, en este sentido físico especial Neph se corresponde con el Woden Teutónico, o Wuotan, y también con Brah-ma y Zeus. Se le representa con una cabeza de carnero con cuernos curvados. Su esposa, o en términos hindúes sacti, se llamaba Auka.

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PTHAH
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Es sólo Neph bajo un nuevo nombre; o, para expresarlo de otra forma, representa una energía especial de ese dios. Es el creador, o la vida universal en acción. Jamblico le llama el demiurgo, o artesano del mundo, y los griegos le consideraban como el equivalente de su propio dios artesano, Hefestos o Vulcano. Como creador, se pensaba que era el padre y soberano de los dioses. Era alabado principalmente en Menfis. Aparece como una figura masculina con la forma de una momia; también como el dios pigmeo.
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KHEM
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Como el dios anterior, es sólo una energía especial o actividad de la vida universal. Es un atributo personificado, o epíteto. Es el dios de la generación y reproducción, y fue identificado con Pan por los griegos, que llamaron a su ciudad principal —Chemmis, en el Tebais— por el nombre de Panopolis. Pero Khem no sólo se mezcla con el dios Num o Neph, también usurpa las funciones de, o es el mismo que, el dios del jardín, Ranno. No era más que natural que el dios de la reproducción fuera también el dios el jardín. Este dios del jardín, Ranno, estaba representado con la forma de un áspid, cuya figura se encuentra en las prensas de vino y en las herramientas del jardín y agrícolas. Deberíamos observar aquí que Príapo, el equivalente clásico del procreador Khem, era la deidad tutelar de los jardines.

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AMUN
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Era el dios principal del Alto Egipto. Por el significado del nombre —«escondido»— parece que Amun era una deidad de un alto carácter espiritual. Como en los ejemplos anteriores, se le identifica o conecta con otros varios dioses, es decir se le llama Amun-ra (Ra era el dios del Sol) y Amun-num (Num, el aliento vivo o espíritu). Su diosa compañera era Mut o Maut, y las dos deidades, con su hijo Khuns, formaban la trinidad del Alto Egipto.

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SATI
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Los griegos imaginaban que era la misma que Hera. Como tal, sería la reina de los cielos; pero se hizo una distinción entre ella y

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NEITH
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De la que se decía que era la diosa del cielo superior (o éter), mientras que Sati era la diosa del cielo inferior (o aire). Si Neith era una deidad del cielo, y si era también la madre del dios del Sol, los hechos son otro ejemplo del mismo proceso de la mitología egipcia a través del cual los griegos poblaban su Olimpo y los escandinavos su Asgard. Pero, además, las funciones atribuidas a Neith paracen mostrar que la idea de su diosa se desarrolló mucho de la misma forma que la de la griega Atenea. Como Atenea en griego y Ahan en sánscrito significaban originariamente la luz del amanecer, y finalmente, la luz intelectual y moral, así encontramos que Neith también vino a ser una deidad de la sabiduría. Esta diosa fue alabada especialmente en Sais, en el delta del Nilo.

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MAUT
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A quien ya nos hemos referido como la segunda persona de la trinidad tebana, significaba la Madre —madre Naturaleza—, y así se correspondía con la Deméter griega.

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BUBASTIS
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Era principalmente alabada en la ciudad de Bubastis en el Bajo Egipto. Se decía que era la hija de la gran diosa Isis. Se la representa con la cabeza de un gato, el animal especialmente consagrado a ella.
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RA
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Es la primera de la segunda clase de deidades. Los griegos la identificaron con su propio dios del Sol, Helios, y llamaron Heliópolis a la ciudad en la que fue principalmente venerada. Se la representa con una cabeza de halcón, sobre la que hay un disco solar. Su origen puramente físico parece probarse por los mitos de que Neith, o el aire superior, era su madre, y que se casó con Mu (Deméter): esto significa simplemente la interacción de la tierra y la luz del sol para producir la vegetación. Ra tenía tres hijos: Athor, Mu y Mat. Athor era identificado con Afrodita, que era originariamente la diosa de la luz; mientras que Mu significa la luz física, y Mat la luz moral. Precisamente en la historia de Neith, y en la de Athehe, Ahana, Ushas y Eos sucede la misma transición en significado. La amplia prevalencia de la adoración de este dios muestra la importancia que tenía, una importancia naturalmente conectada al dios del Sol entre todas las naciones dadas al elemento de la adoración. De Ra, con el prefijo Pi, derivó el nombre de Phrah, o, según aparece en el Antiguo Testamento, Pharaoh. Cada Pharaoh recibía así el título de dios del Sol. Todo esto sugiere que el sabaísmo, o la adoración al fuego, se practicaba originariamente en Egipto. Ra es también idéntico a Baal, un nombre que significa «señor» y que se aplicó al sol. Baalbek significa «ciudad del Sol», y fue llamado así por los griegos —Heliópolis.

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SEB
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Se dice que era el hijo de Ra. Es una clase de Cronos egipcio, que se representa en los jeroglíficos como el padre de los dioses. Aquí de nuevo tenemos un intercambio de funciones; porque se ha visto que Neph, Pthah, etc. se han descrito de forma similar. También, como otros dioses dentro y fuera de la mitología griega, Seb se casa con su propia hermana, Nutpe. Estos dos estaban a la cabeza de «las divinidades osirias» —Osiris, Isis, Seth, Nephthys. Nupte o Nepte se han identificado con Rea. Se supone que coincide con Lucina, y que preside los nacimientos y el cuidado de los hijos. Como era la madre de Isis y de Osiris, se la llamó la madre de los dioses.

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OSIRIS
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La gran deidad de los egipcios ha sido identificada por algunos con el Sol, o la luz del Sol, o los poderes vivificantes de la naturaleza. Según esta idea, el sueño o muerte de Osiris significa el sueño de la doncella de la primavera Brynhild, o el aprisionamiento de Perséfone en el oscuro reino de Hades. Su lucha con Seb (llamado Tifo por los griegos) parece ciertamente ser otro ejemplo de la credibilidad, al menos, de este concepto. De cualquier forma, Osiris, restaurada a la vida, se convirtió en el juez del mundo inferior. Allí escucha el cuento de Thoth sobre el carácter de las almas sin cuerpo, que son introducidas ante el juez por Horus (el hijo de Osiris), después de que sus buenas y mala acciones hubieran sido pesadas por Anubis en la escala de la verdad.
Estos juicios del mundo inferior eran atendidos por cuarenta oficiales, llamados asesores de los muertos, que son así descritos por Sir Gardner Wilkinson: «Estos asesores eran similares a los escaños de jueces que asistían a los tribunales ordinarios de los egipcios, y cuyo cargo de presidente, o archijuez, correspondía a Osiris. Los asesores eran representados en forma humana con cabezas diferentes. El primero tenía la cabeza de un halcón, el segundo de un hombre, el tercero de una liebre, el cuarto de un hipopótamo, el quinto de un hombre, el sexto de un halcón, el séptimo de un zorro, el octavo de un hombre, el noveno de un carnero, el décimo de una serpiente y los otros según su carácter peculiar... Se supone que representaban los cuarenta y dos crímenes de los que un hombre virtuoso se esperaba que estuviera limpio cuando se le juzgara en un estado futuro; o más bien los espíritus acusadores, cada uno de los cuales examinaba si el fallecido era culpable del peculiar mal que era su responsabilidad vengar.»
La adoración de Osiris era universal por todo Egipto, donde se le consideraba agradecidamente como el gran ejemplo de autosacrificio, como el manifestante del dios, como el revelador de la verdad y como lleno de bondad y verdad. Como Osiris era la personificación del bien físico y moral, así su hermano Seb (Tyfo) era la personificación de todo mal. De la analogía entre estos dos por un lado, y las antiguas deidades persas del bien y del mal, ya hemos hablado.
Otra explicación del mito de Osiris ha sido dada: Osiris era el dios del Nilo (lámina XLIV). El río, en sus inundaciones periódicas, se decía que se había casado con la tierra (Isis, Rea) y que en su retirada había sido asesinado por el gigante de la Esterilidad (Seb, o Tifón), que estaba celoso, quizá, de la maravillosa fecundidad del matrimonio entre la Tierra y el gran río.

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APIS
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Era el gran dios-bestia de Egipto. Este toro sagrado era conocido como Apis en Menfis, y como Mnevis, o Onuphis, en Heliópolis. Su adoración estaba tan en boga y popular, porque se le consideraba como un avatar o encarnación de la deidad favorita Osiris, cuya alma transmigraría al cuerpo de un toro. El toro sagrado podía vivir durante más de veinticinco años, al final de lo cual se le llevaba al Nilo y se le ahogaba en uno de los pozos sagrados. Su muerte iba seguida de lamentos nacionales, que, sin embargo, daban lugar a acción de gracias nacional tan pronto como un nuevo Avatar, o toro sagrado, se descubría por las siguientes marcas: una piel negra, una mancha blanca triangular en la frente, una mancha como una media luna en la parte derecha y un nudo como un escarabajo debajo de la lengua. La siguiente cita de Elian, como se da en Wilkinson, narra las ceremonias que seguían al redescubrimiento de Osiris:
«Tan pronto como circula el informe de que el dios egipcio se ha manifestado, algunos de los escribas sagrados, bien versados en las marcas místicas, que las conocen por tradición, se acercan al lugar donde la vaca divina ha depositado su ternero, y allí, siguiendo a la antigua ordenanza de Hermes, lo alimentan con leche durante cuatro meses, en una casa de cara al Sol saliente. Cuando este periodo ha pasado los escribas y profetas sagrados vuelven a la morada de Apis, a la hora de la Luna nueva, y colocándolo en un barco preparado para tal propósito, lo llevan a Menfis, donde tiene una morada conveniente y grata, con agradables campos y mucho espacio para hacer ejercicio. Se le procuran compañeras femeninas de su propia especie, las más bellas que se puedan encontrar, que se mantienen en apartamentos a los que él puede acceder cuando le plazca. Bebe de un pozo, o fuente de agua clara, porque se piensa que no está bien darle agua del Nilo, que se considera que engorda demasiado... El hombre de cuyo rebaño ha salido la bestia divina es el más feliz de los mortales, y es mirado con admiración por el resto de la gente.» Cambises, se decía, encontró un grupo de aldeanos celebrando la aparición de un nuevo toro sagrado y, pensando que se estaban alegrando por su reciente derrota en Etiopía, el rey de los reyes de inmediato cogió el toro por el cuerpo y azotó a los sacerdotes. Se consideraba un buen presagio que el toro comiera la comida que se le ofrecía. Los hombres también ponían sus orejas junto a las orejas de Apis, luego ponían sus manos sobre sus propios oídos para impedir que el secreto se escapara, que ellos luego interpretaban según la naturaleza de las primeras palabras que oían por casualidad.

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SERAPIS
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Era otro nombre de Osiris, aunque los griegos decían que su adoración no fue conocida en Egipto hasta el tiempo de Ptolomeo Philadelpho, cuando fue introducido desde Sinope, bajo el nombre de Serapis. Serapis era conocido como el juez del mundo inferior.

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ISIS
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Era la esposa de Osiris, también una equivalente suya; porque, como él era el juez de los muertos, así es descrita ella como la que trae la muerte. Se la identifica con Ceres y Perséfone, y, de esta forma, el dolor de Isis por su marido puede considerarse como una versión egipcia del mito que representa Deméter lamentándose por la pérdida de su hija. Apuleyo la hace declarar: «Soy la naturaleza, la madre de todos los dioses, señora de todos los elementos, el comienzo de los tiempos, soberana de los dioses, reina de los manes y la primera de los seres celestiales.» Pero como la madre de todo es intercambiable con Mat y Nutpe (ver págs. 354 y 355). Y luego Apuleyo continúa: «Mi divinidad, uniforme en sí misma, es venerada bajo numerosas formas, varios ritos y diferentes nombres... pero los etíopes iluminados por el Sol, y los egipcios renombrados por el antiguo señor, me adoran con adecuadas ceremonias y me llaman por mi nombre real, "Reina Isis".» Plutarco considera a Isis como la Tierra, la parte femenina de la naturaleza, mientras que Diodoro dice que los egipcios, considerando que la Tierra era la madre de todas las cosas vivas, la llamaban Madre, justo como los griegos llamaban a la tierra Deméter.


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ANUBIS
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Con Hor, o Horas, y Har-pi-chruti, o Harpócrates, estaban los hijos de Osiris e Isis. El primero era un dios con cabeza de chacal y, según otro mito, era el hijo de Osiris y Neftis, una hermana de Isis, que, temiendo celos de Isis, ocultó al niño junto a la orilla del mar. El oficio de Anubis era inspeccionar el paso de las almas de su morada en el mundo invisible. Como tal, se correspondía con el griego Hermes Psicopompos. Anubis tutelada sobre las tumbas, y es frecuentemente presentada en las esculturas de pie sobre unas andas en las que había un cuerpo depositado. Horas era un dios con cabeza de halcón. Como el vengador de su padre Osiris, que fue asesinado por Tifón, fue identificado por los griegos como Apolo. También se corresponde en cierta medida con el dios del Sol Ra, y fue adorado por los egipcios como representante del poder vivificante del Sol. Harpócrates parece ser solamente otra versión de Horas —es una personificación del Sol—. Se le representa como un niño sentado en una flor de loto, con su dedo en los labios. Con esta figura se le tomó por el dios del silencio. Quizá al colocar una representación del él delante de cada uno de sus templos, los sabios egipcios querían simbolizar el hecho de que la adoración debía llevarse a cabo en silencio.

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THOTH
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Era el dios de las letras, el secretario del mundo inferior y el guardián de los registros del gran juez Osiris. Se le representa con la cabeza de un íbice, y con una tablilla, pluma y rama de palmera. Tan grande era el respeto en el que se tenía al gran ibis —a cuenta, sin duda, de su utilidad para destruir reptiles venenosos— que cualquiera culpable de matarlo era castigado con la muerte.

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ANOUKE
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Era el tercer miembro de la trinidad del Norte de Etiopía, los otros dos miembros eran Sati y Neph.

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LA ESFINGE
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A diferencia de su representante griego —que era un monstruo cruel nacido de los poderes malignos de Tifón y Ecidna—, era un ser benéfico que personificaba a la tierra que da frutos y, como el Sol y los poderes del cielo que hemos mencionado arriba, era una deidad de sabiduría y conocimiento. Su figura —cuerpo de león, con cabeza y pecho de mujer— estaba colocada delante de cada templo. El egipcio Cerbero, o perro guardián del infierno, debe haber sido un animal más prohibitivo y de apariencia más extraña que su hermano griego. Tenía el tronco y la patas de un hipopótamo y la cabeza de un cocodrilo.

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