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EL ARTE OSCURO

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GOTICO

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sábado, 17 de mayo de 2008

LOS DOCE TRABAJOS DE HERCULES- TRABAJO 11


Trabajo 11

Limpiando los Establos de Augías

(Acuario, 21 Enero ‑ 10 Febrero)


El Mito

Dentro del Lugar de Paz, el Gran Presidente emitía el resplandor de su elevado pensamiento. El Maestro se acercó.

"La llama única debe alumbrar a las otras cuarenta y nueve”, afirmó el Gran Presidente.

"Así sea”, respondió el Maestro. "Habiendo encendido su propia lámpara Hércules ahora puede traer la Luz a los demás". No mucho después, el Maestro citó a Hércules.

"Once veces ha girado la rueda, y ahora tú estás delante de otro Portal. Por largo tiempo has perseguido la luz que vacilaba primero inciertamente, luego crecía hasta ser un faro firme, y ahora brilla para ti como un sol en llamas. Vuelve ahora la espalda a la claridad; vuelve sobre tus pasos; regresa hacia aquellos para quienes la luz no es sino un punto transitorio, y ayúdalos a hacerla crecer. Dirige tus pasos hacia Augías, cuyo reino debe ser purificado de antiguos males. He hablado".

Salió Hércules por el undécimo Portal en búsqueda de Augías, el rey.

Cuando Hércules se aproximó al reino donde Augías era soberano, un horrible hedor que lo hizo desfallecer y lo debilitó, asaltó su nariz. Por años, se enteró, el rey Augías no había quitado el estiércol que su ganado dejaba dentro de los establos reales. Entonces, también las praderas estaban tan llenas de estiércol que ninguna siembra podía crecer. En consecuencia, una agostante pestilencia estaba recorriendo la región, haciendo estragos en las vidas humanas.

Hacia el palacio fue entonces Hércules y buscó a Augías. Informado de que Hércules limpiaría los hediondos establos. Augías mostró desconfianza e incredulidad.

¿Dices que harás esta enorme labor sin recompensa?, manifestó suspicazmente el rey. "No tengo fe en aquellos que hacen tales alardes. Algún artero plan has tramado, Oh, Hércules, para despojarme del trono. Yo no he oído de hombres que busquen servir al mundo sin una recompensa. En este momento, sin embargo, le daría la bienvenida a cualquier necio que buscara ayudar. Pero debemos cerrar un trato, para que no sea reprendido como un Rey tonto. Si tú, en un sólo día, haces lo que has prometido, una décima parte de mi gran rebaño de ganado será tuya; pero si fracasas, tu vida y fortuna estarán en mis manos. Naturalmente, yo no pienso que puedas cumplir tu bravata, pero trata de hacerlo como puedas".

Hércules entonces dejó al Rey. Erró por el asolado lugar, y vio marchar a una carreta cargada con muertos apilados, las víctimas de la pestilencia.

Dos ríos, observó él, el Alfeo y el Peneo, corrían tranquilamente cerca de allí. Sentado en la ribera de uno de ellos, las respuestas a su problema relampagueó en su mente.

Él trabajó con fuerza y violencia. Con grandes esfuerzos logró desviar ambas corrientes del curso que habían seguido durante décadas. El Alfeo y el Peneo vertieron sus aguas a través de los establos llenos de estiércol del Rey Augías. Los impetuosos torrentes barrieron la inmundicia largamente acumulada. El reino fue purificado de su fétida lobreguez. En un sólo día había realizado la tarea imposible.

Cuando Hércules, completamente satisfecho con este resultado, regresó donde estaba Augías, éste frunció el ceño.

"Tú has tenido éxito por medio de un ardid” gritó el Rey Augías lleno de ira. "Los ríos hicieron el trabajo, no tú. Fue una artimaña para apoderarte de mi ganado, una conspiración contra mi trono. No tendrás las recompensas. Vete, retírate de aquí antes de que rebaje tu estatura en una cabeza".

Así desterró a Hércules el encolerizado rey, y le dijo que nunca más pusiera el pie en su reino, so pena de una muerte súbita.

Habiendo realizado la tarea asignada, el hijo del hombre, que también era el hijo de Dios, volvió a aquel de quien había venido.

"Te has vuelto un servidor del mundo", dijo el Maestro cuando Hércules se acercó. "Tú has progresado retrocediendo; has llegado a la Casa de la Luz por otro sendero; has empleado tu luz para que pueda brillar la luz de los demás. La joya que otorga el undécimo trabajo es tuya para siempre".

LOS DOCE TRABAJOS DE HERCULES- TRABAJO 12


Trabajo 12

Captura de la Roja Manada de Gerión

(Piscis, 20 Febrero ‑ 21 Marzo)



El Mito

Dentro de la sagrada Cámara del Concilio, el Gran Presidente reveló al Maestro la Voluntad de Lo Que Debe Ser.

"Él está perdido, y encontrado; está muerto, no obstante vibrante de Vida. El servidor se vuelve el salvador, y regresa al hogar".

El Maestro reflexionó; luego requirió a Hércules. "Tú estás ahora delante del último Portal", dijo el Maestro. "Un trabajo resta todavía antes de que el círculo se complete y sea alcanzada la liberación. Marcha hacia ese oscuro lugar llamado Eritia donde la Gran Ilusión está entronizada: donde Gerión, el monstruo de tres cabezas, tres cuerpos y seis manos, es señor y rey. Ilegalmente él retiene una manada de Bueyes rojizos. Desde Eritia hasta nuestra Ciudad Sagrada tú debes conducir esta manada. Cuidado con Euri­tión, el pastor, y su perro de dos cabezas, Ortro". Hizo una pausa. "Puedo hacerte una advertencia”, agregó lentamente. "Invoca la ayuda de Helios”.

El hijo del hombre que era, también hijo de Dios partió a través del Duodécimo Portal. Iba en busca de Gerión.

Dentro de un templo, Hércules hizo ofrendas a Helios, el dios del fuego en el sol. Meditó durante siete días, y entonces le fue concedido un favor. Un cáliz de oro cayó al suelo ante sus pies. Él supo dentro suyo que este brillante objeto le permitiría cruzar los mares para llegar a la región de Eritia.

Y así fue. Dentro de la segura protección del cáliz de oro, navegó a través de agitados mares hasta que llegó a Eritia. Hércules desembarcó en una playa de ese lejano país.

No mucho después llegó a la pradera donde la rojiza manada pastaba. Era cuidada por el pastor Euritión y por Ortro, el perro de dos cabezas.

Cuando Hércules se aproximó, el perro se adelantó veloz como una flecha hacia su blanco. Sobre el visitante el animal se abalanzó, gruñendo malignamente, dando feroces dentelladas con sus colmillos al descubierto. Con un golpe decisivo Hércules derribó al monstruo.

Entonces Euritión, temeroso del bravo guerrero que estaba delante suyo, le suplicó que le perdonara la vida. Hércules le concedió su ruego. Conduciendo a la manda rojiza delante de él, Hércules volvió su rostro hacia la Ciudad Santa.

No había ido muy lejos cuando percibió una distante nube de polvo que rápidamente se agrandaba. Suponiendo que el monstruo Gerión venía en furiosa persecución, se volvió para enfrentarse al enemigo. Pronto Gerión y Hércules estaban frente a frente. Soplando fuego y llamas por sus tres cabezas a la vez, el monstruo se encontró con él.

Gerión arrojo a Hércules una lanza que casi dio en el blanco. Haciéndose ágilmente a un lado, Hércules esquivó el dardo mortal.

Tendiendo tenso su arco, Hércules disparó una flecha que parecía incen­diar el aire cuando la soltó, y golpeó al monstruo de lleno en su costado. Con tan gran ímpetu había sido disparada la flecha, que los tres cuerpos del feroz Gerión fueron atravesados. Con un agudo, desesperante gemido, el monstruo se inclinó, después cayó, para no levantarse nunca más.

Hacia la Ciudad santa, entonces, Hércules condujo al ganado colorado. Difícil fue la tarea. Muchas veces algún buey se extraviaba, y Hércules tenía que dejar a la manda para ir en busca de los errantes vagabundos.

Condujo su manada a través de los Alpes y hacia Italia. Por dondequiera que la injusticia hubiera triunfado, él asestaba un golpe mortal a los poderes del mal, y enderezaba la balanza a favor de la justicia. Cuando Erix el luchador, lo desafió, Hércules lo derribó tan violentamente que allí quedó. Asimismo cuando el gigante Alcione arrojó a Hércules una roca que pesaba una tonelada, éste la detuvo con su clava, y la lanzó de nuevo para matar a aquél que se la había enviado.

A veces se desorientaba, pero siempre Hércules regresaba, desandaba sus pasos, y proseguía su camino. Aunque fatigado por este exigente trabajo, Hércules finalmente regresó. El Maestro esperaba su llegada.

"Bienvenido, Oh, Hijo de Dios quien es también hijo del hombre”, saludó así al guerrero que regresaba, "La joya de la inmortalidad es tuya. Con estos doce trabajos tú has superado lo humano, y ganado lo divino. Has llegado al hogar, para no dejarlo más. En el firmamento estrellado será inscrito tu nombre, un símbolo para los luchadores hijos de los hombres, de su destino inmortal. Terminados los trabajos humanos, tus tareas cósmicas empiezan".

Desde la Cámara del Concilio llegó una voz que decía, "bien hecho, Oh, Hijo de Dios".



Interpretación de la Historia

Hay diversas variaciones del mito concerniente al trabajo de Hércules en el signo de Piscis. Se nos dice que había una isla donde vivía un monstruo humano llamado Gerión con un cuerpo de tres hombres unidos. Él tenía una manada de ganado rojo, guardada por un pastor y un perro de dos cabezas. Hércules recibió órdenes (Piscis es el signo de la obediencia) de traer estos animales desde la isla, a través de la tierra y el agua a la Ciudad Sagrada.

Hércules navegó hacia la isla en una copa de oro y cuando llegó allí trepó a la cima de una montaña y pasó la noche orando. Luego mató al perro de dos cabezas pero no mató al pastor. Mató también al dueño del ganado colorado. Aquí está la parte hermosa de la historia: Hércules colocó a todo el ganado en la copa de oro, en la que había navegado hasta la isla, lo llevó a la Ciudad Sagrada, y lo ofreció en sacrificio a Atenea, la Diosa de la Sabiduría. Esta Ciudad Sagrada constaba de dos villas conectadas por un maravilloso muro y una entrada llamada la Puerta del León. Después que el ganado fue entregado, el trabajo de Hércules había terminado. No oímos más acerca de él, pero él puede haberse dirigido hacia un trabajo cósmico mayor.

Pensemos en Hércules como en un salvador del mundo. Ha tenido una visión de algo que tiene que hacer. Ve a la humanidad poseída por un monstruo, un hombre de tres cuerpos, el símbolo de un ser humano con sus cuerpos, mental, emocional y físicos unidos. Yo pienso que este trabajo aún no ha sido completado; esta realización está por delante. Ha habido otro hijo de los hombres, sacado de la familia humana de tiempo en tiempo, uno aquí, uno allá, un grupo aquí, otro allá, como cuando Buda estuvo en la tierra y se dice que salvó a novecientos. Ahora la humanidad, el monstruo humano, está lista para la salvación, y el verdadero trabajo del Salvador del Mundo puede empezar en conjunto, con el concepto de grupo sustentando el trabajo, más bien que una salvadora alma individual.

El simbolismo del ganado colorado es evidentemente el de los deseos inferiores, siendo siempre el deseo una característica sobresaliente de la humanidad. Ellos están cuidados por un pastor, que es la mente, el perro de dos cabezas representando el aspecto materia y la naturaleza física. Ustedes ven por qué Hércules se compadeció del pastor. La mente puede no solamen­te ser el pastor del ganado, sino también el perro de dos cabezas, la naturaleza psíquico‑emocional y el aspecto materia, que Hércules mató, que significa que estaban desprovistos de todo poder. El pastor aún tenía poder y yo no puedo concebir ningún tiempo en el cual un ser humano encarnado, no necesite usar la mente como el intérprete de la energía espiritual.

Si Jesús, como un ser humano en armonía con su alma, llega a ser un emisor de luz para los hijos de los hombres, de igual manera nosotros podemos ampliar el concepto y pensar en la humanidad en conjunto con todas las mentes mantenidas firmes en la luz, transmitiendo a los reinos inferiores de la naturaleza, esa energía espiritual que los elevará al cielo. Ese es el trabajo de la humanidad. Estamos tan ocupados con nuestros propios problemas que olvidamos el cuadro más amplio. Hay que señalar asimismo que el guardián del ganado, el aspecto forma, también fue matado, pero el pastor y el ganado fueron levantados en la copa de oro. Aquí tienen ustedes el Santo Grial; y así se realizó el trabajo. El Salvador del Mundo había cumplido su función; había levantado a la humanidad. Eso es lo que han hecho todos los salvadores del mundo. Todos ellos hicieron lo que en mayor grado, hizo Cristo.

Oímos hablar sobre el fracaso del Cristianismo. Yo no veo fracaso en parte del Gran Plan. Tal vez lentitud, pero, ¿saben ustedes cuán desastroso sería si la evolución fuera demasiado rápida, cuán peligroso sería si la gente fuera sobreestimulada antes de que estuviera lista? Todos los Maestros conocen los peligros de la sobreestimulación, los desastres que ocurren cuando una persona hace ciertos contactos antes de que el mecanis­mo sea suficientemente puesto a punto. Los salvadores del mundo tienen que trabajar lentamente, pues el tiempo no significa nada para ellos.

El término salvador del mundo, ha sido hasta ahora asociado con el pensamiento del surgimiento de un gran hijo de Dios fuera del hogar de su Padre, llamado a hacer un gran trabajo por la necesidad de la humanidad. A través de las edades ellos han venido, han habitado en cuerpos físicos, han trabajado a través de una naturaleza emocional y han sido sumamente inteligentes. Han establecido con su vida, un ejemplo que nosotros podemos seguir en sus pasos; con sus palabras han dado la señal, el mensaje que la humanidad necesitaba para dar el paso siguiente hacia adelante. En sus actos han dado una demostración de servicio, han marchado por el mundo hacien­do el bien, y sus nombres han permanecido con nosotros a través de las edades. Se debe ser una figura sumamente dominante para permanecer en la mente de los hombres por miles de años. La mayor parte de nosotros somos olvidados en veinte años.

Aspecto Significativo del Signo

El signo Piscis marca un espacio triangular en los cielos, un símbolo de la realidad. Este signo gobierna los pies y de ahí la idea de pisar el Sendero y alcanzar la meta que ha sido la fundamental revelación espiritual de la era de Piscis.

Piscis es también el signo de la muerte en varios aspectos. A veces la muerte del cuerpo, o puede ser que una vieja tontería ha llegado a su fin, una amistad indeseable cesará, la devoción a alguna forma religiosa del pensamiento que se ha sostenido, terminará ahora, y uno surgirá y colocará sus pies sobre un nuevo sendero. Es el signo de la muerte para la personalidad. Si nosotros pudiéramos abandonar la idea de los velos de la personalidad, estaríamos dispuestos a abandonar la personalidad. También significa la muerte de un salvador del mundo, pues es el signo de la crucifixión y marca el fin de un ciclo zodiacal.

Hay tres signos de salvación en el Zodíaco. Primero, Leo, de donde la palabra sale para el ser humano, “Iabra tu propia salvación". Así tenemos en Leo al hombre determinado a pararse sobre sus propias piernas, se vuelve envanecido y dogmático, pero esto es necesario para la salvación, porque sólo sometiendo a prueba su equipo llegará al punto donde aparece una perspectiva más amplia. El segundo signo de salvación es Sagitario, el signo del servicio y el silencio, donde el hombre dogmático, cansado de hablar de sí mismo y de abrirse camino, se pierde de vista a sí mismo en la meta y sirve silenciosamente. Entonces llegamos al tercer signo, Piscis, el de los salvadores del mundo.

La primera constelación en Piscis es ese curioso racimo de estrenas llamado "La Faja”, conectando los dos peces, un pez dirigido hacia el norte y otro nadando en el horizonte. El pez dirigido directo hacia el norte es el símbolo del aspirante a los misterios, mientras que el pez en el horizonte representa a la persona común.

La segunda constelación es Andrómeda, la mujer encadenada. Tenemos tres mujeres entre las constelaciones, Casiopea en Aries, representando al alma recién empezando a afirmarse. Andrómeda, la mujer encadenada, en Piscis representa la materia subyugada.

La tercera constelación en Piscis es el Rey llamado Cefero, el esposo de Casiopea y padre de Andrómeda. Esto sugiere que "El Rey" representa el Espíritu o el aspecto Padre. .

Existe en la naturaleza el reino humano y por encima de él hay otros reinos, el espiritual, el cósmico; y por debajo de él los reinos animal, vegetal y mineral. El trabajo de los inteligentes hijos de Dios es actuar como transmisores, vía la mente, de energía espiritual, que salvará y vitalizará a todos los reinos inferiores de la naturaleza.

MITOLOGIA - HERACLES Ó HERCULES , EL MITO

Hércules el Discípulo
El Mito




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Él se irguió delante de su Maestro. Oscuramente comprendía que una crisis se había producido en él, conduciéndolo a cambiar de lenguaje, de actitud y plan. El Maestro lo miró y fue de su agrado.

"¿Tu nombre?", le preguntó y esperó una respuesta.

"HerácIes", llegó la respuesta, "o Hércules, me dicen que significa preciosa gloria de Hera, el brillo y esplendor del alma. ¿Qué es el alma, oh, Maestro? Dime la verdad".

“Esa alma tuya la descubrirás a medida que hagas tu obra, y encuentres y uses la naturaleza que es tuya. ¿Quiénes son tus padres? Dime esto, hijo mío".

"Mi padre es divino, yo no le conozco, excepto que, en mí mismo, sé que soy su hijo. Mi madre es terrenal. La conozco bien y ella me ha hecho como tú me ves.
Asimismo, oh, Maestro de mi vida, soy también uno de los gemelos. Hay otro, parecido a mí. A él también le conozco bien, sin embargo no lo conozco. Uno es de tierra, por lo tanto terrenal; el otro es un hijo de Dios".

"¿Qué hay de tu educación, Hércules, hijo mío? ¿Qué puedes hacer y cuánto te ha sido enseñado?”

"En todas las realizaciones yo soy experto; estoy bien enseñado, bien entrenado, bien guiado y soy bien conocido. Conozco todos los libros, también todas las artes y las ciencias; me son conocidos los trabajos del campo, además la destreza de aquellos que pueden permitirse viajar y conocer a los hombres. Me conozco a mí mismo como alguien que piensa, siente y vive".

"Una cosa, oh, Maestro, debo decirte y así no engañarte. El hecho es que no hace mucho yo maté a todos aquellos que me enseñaron en el pasado. Maté a mis maestros, y en mi búsqueda de la libertad, ahora estoy libre. Busco conocerme a mí mismo, dentro de mí mismo y a través de mí mismo".

"Hijo mío, eso fue un acto de sabiduría, y ahora puedes permanecer libre. Prosigue tu trabajo ahora, recordando como lo haces, que en el último giro de la rueda vendrá el misterio de la muerte. No olvides esto. ¿Qué edad tienes, hijo mío?”

"Dieciocho veranos habían pasado cuando maté al león, y de ahí que usé su piel. Asimismo a los veintiuno me encontré con mi desposada. Hoy estoy ante ti triplemente libre –libre de mis primitivos maestros, libre del temor al miedo y libre verdaderamente de todo deseo".

"No te vanaglories, hijo mío, sino demuéstrame la naturaleza de esta libertad que tú sientes. Nuevamente en Leo, te encontrarás con el león. ¿Qué harás? Otra vez en Géminis, los maestros a quienes mataste cruzarán tu senda. ¿Los has dejado atrás realmente? ¿Qué harás? De nuevo en Escorpio, lucharás con el deseo. ¿Permanecerás libre, o la serpiente te encontrará con sus engaños y te derribará en tierra? ¿Qué harás? Prepárate para probar tus palabras y tu libertad. No te vanaglories, hijo mío, demuéstrame tu libertad y tu profundo deseo de servir".

El Maestro se sentó en silencio y Hércules se retiró y enfrentó, el primer gran Portal. Entonces el que presidía que se sentaba en el Concilio de la Cámara del Señor, habló al Maestro y le ordenó llamar a los dioses para presenciar el esfuerzo e iniciar al nuevo discípulo en el Camino. El Maestro llamó. Los dioses respondieron. Vinieron y dieron sus dones a Hércules y muchas palabras de sabio consejo, conociendo las faenas que tenía por delante y los peligros del Camino.

Minerva le entregó una túnica, tejida por ella misma, una túnica que se ajustaba bien, de rara y fina belleza. Él se la puso con triunfo y orgullo, regocijándose en su juventud. Tenía que probarse a sí mismo.

Vulcano forjó para Hércules un pectoral de oro para proteger su corazón, la fuente de vida y fuerza. Este obsequio de oro era ceñido, y, así escudado, el nuevo discípulo se sentía seguro. Él tenía todavía que demostrar su fuerza.

Neptuno llegó con un par de caballos y se los entregó, atraillados, a Hércules. Ellos venían directamente del lugar de las aguas, de rara belleza y probada fuerza. Y Hércules se alegró, pues él todavía tenía que probar su poder para conducir a los dos caballos.

Con lenguaje agraciado y brillante ingenio llegó Mercurio, llevando una espada de raro diseño, que ofreció, en un estuche de plata, a Hércules. La ató en el muslo de Hércules, pidiéndole que la mantuviera afilada y brillante. "Debe dividir y cortar", dijo Mercurio, "y debe moverse con precisión y adquirida destreza". Y Hércules, con alegres palabras dio las gracias. Tenía todavía que demostrar su alardeada destreza.

Con sonido de trompeta y el ímpetu de la marcha brillaba el carro del Dios Sol. Apolo llegó y con su luz y encanto alegró a Hércules, dándole un arco, un arco de luz. A través de nueve anchos Portales abiertos debe pasar el discípulo antes que haya adquirido suficiente destreza para estirar ese arco. Le tomó todo ese tiempo para acreditarse como el arquero. Sin embargo, cuando el don fue ofrecido, Hércules lo tomó, seguro de su poder, un poder todavía sin demostrar.

Y así, se irguió equipado. Los dioses de pie alrededor de su maestro, y observando sus travesuras y su alegría. Él jugaba delante de los dioses, y mostraba sus proezas, alardeando de su fuerza. Repentinamente se detuvo y reflexionó largamente; luego dio los caballos a un amigo para que los sostuviera, la espada a otro y el arco a un tercero. Entonces, corriendo, desapareció dentro del bosque cercano.

Los dioses esperaron su regreso asombrándose perplejos ante su extraña conducta. Del fondo del bosque él salió sosteniendo en alto un garrote de madera cortado de vigoroso árbol vivo.

"Este es mi propio presente”, gritó, "nadie me lo dio. Puedo usar esto con poder. Oh, dioses, observad mis hazañas supremas”.

Y entonces, y sólo entonces, el Maestro dijo: "Sal a trabajar".

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