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jueves, 17 de enero de 2008

Secta de los Asesinos // Hashshashín // Nizaríes

Secta de los Asesinos // Hashshashín // Nizaríes

"LOS FUMADORES DE HASHSIH"

Los nizaríes, a quienes sus enemigos llamaron hashshashín, de la que procede el término asesinos, fueron una secta
religiosa ismailí de Oriente Medio, activa entre los siglos VIII y XIII. Se hizo famosa a partir del XI por su actividad
estratégica de asesinatos selectivos contra dirigentes políticos o militares. En ese período, tuvo su sede principal en
la fortaleza de Alamut, en los montes Elburz, al norte del actual Irán.
La secta de los hashshasin, Hashishin, Hashashiyyin, Assassins, asesinos o "los consumidores de hachís", fue fundada en
1090 por Hassan as-Sabbah (El Viejo de la Montaña). Eran musulmanes chiítas y su objetivo era acabar con los
gobernantes corruptos, asesinándolos, para así devolver al islam su pureza original.
Se hicieron fuertes en el norte de Irán, en un castillo llamado Alamut. Eran fanáticos y cometieron numerosos asesinatos,
entre ellos, de personajes muy importantes. Los Templarios, que dominaban la zona en aquella época, recibían un tributo
de 2000 besantes anuales, a cambio de permitir a los Asesinos actuar con total libertad cuando condenaban a muerte a
algún caudillo musulmán.

El grupo, en origen, no era más que una comunidad de partidarios del ismailismo en Irán, es decir, una secta
minoritaria del chiísmo, a su vez minoritario en un país eminentemente sunní. El gran centro de poder ismailí era el
califato Fatimí con sede en El Cairo. En 1090, para ponerse a salvo de las persecuciones, y dirigidos por el carismático
Hasan-i Sabbah o Hasan al-Sabbah, tomaron la fortaleza de Alamut, una posición inexpugnable en las montañas, al sur del
Mar Caspio.
Aunque su principal y más conocida sede era Alamut, poseían muchas otras plazas fuertes en Irán y Siria, de modo que
conformaban una red cohesionada y bien comunicada, a la que algunos autores califican de Estado. Los castillos nizaríes
eran difícilmente conquistables: se construían en lugares poco accesibles, aprovechando accidentes del terreno, y solían
estar bien provistos en cuanto a fuentes de agua y alimentos. Desde estos lugares, los ismailíes extendieron su
predicación por Irán y Siria, lo que fue visto como una amenaza por los sultanes de la dinastía turca de los selyúcidas,
que controlaban Irán. Emprendieron varias acciones militares contra los ismailíes, que no tuvieron gran éxito. En
revancha, los ismailíes emprendieron su estrategia de asesinatos políticos contra dirigentes políticos o militares. Una
de sus primeras víctimas fue el visir Nizam al-Mulk en 1092.
Dos años más tarde, en 1094, murió el califa fatimí Al-Mustansir, cabeza del ismailismo, y estalló una guerra de sucesión
entre sus hijos Musta'li y Nizar. Los ismailíes de Irán tomaron partido por este último, que finalmente fue derrotado,
provocando una ruptura entre los seguidores de Hasan-i Sabbah (que en lo sucesivo se llamarían nizaríes) y la mayoría
de los ismailíes.

Los "asesinos" A pesar de su escaso número, los nizaríes parecen haber aterrorizado enormemente a sus enemigos.
Realizaron muchas acciones mortíferas y lograron alcanzar a personajes muy protegidos, creando la leyenda de que nadie
podía escapárseles. El 22 de mayo de 1176 intentaron asesinar a Saladino durante el Asedio de Alepo, en los años
precedentes a la tercera cruzada. El famoso caudillo kurdo respondió asediando la posición nizarí siria de Masjaf, pero
acabó desistiendo. Fuentes nizaríes dicen que el propio jeque o líder nizarí se coló en la tienda de Saladino mientras
éste dormía, dejándole un pastel envenenado con una nota que decía: "estás en nuestras manos". Otra versión habla de una
carta enviada a su tío materno jurando la total destrucción de la familia ayyubí. El caso es que desde entonces, Saladino
mantuvo buenas relaciones con los nizaríes. También fueron víctimas de la secta el califa abbasí Al-Mustarshid, y más
tarde su hijo Al-Rashid. La gran mayoría de sus víctimas fueron musulmanes, y quizá por eso la mayor parte de los datos
manejados tradicionalmente en Europa sobre los asesinos no proceden de fuentes cristianas directas sino sobre todo de una
indirecta y dudosa: Marco Polo.
El viajero veneciano habla de los nizaríes en sus relatos de viajes, y asegura haber visitado Alamut en 1273, lo cual es
obviamente falso, ya que la fortaleza fue destruida en 1256 por los mongoles. De Marco Polo procede también la leyenda de
los guerreros drogados con hachís en el falso paraíso. Un siglo antes, un viajero menos conocido, el judío navarro
Benjamín de Tudela, menciona la secta de los asesinos y a un jefe llamado "el viejo", aunque afirma que su sede principal
era Kadmos y no Alamut.
Fue Marco Polo quien popularizó en Europa la leyenda del origen del nombre de Asesinos con el que la secta pasó a la
historia en occidente. El término asesino, que hoy es una palabra común, procede del árabe hashshashín, que literalmente
significa "consumidores de hachís". Este término, al igual que como muchos otros datos sobre la secta, procede de sus
numerosos enemigos, ya que la mayor parte de la documentación nizarí fue destruida con el castillo de Alamut.
Los homicidios políticos practicados por los nizaríes pretendían ser ejemplificadores y se hacían a plena luz del día,
cuando la persona objeto del atentado estaba rodeada de público, lo que suponía que el asesino era capturado y
ajusticiado invariablemente tras cometer su asesinato. La leyenda atribuye el arrojo y el encarnizamiento de los
homicidas, que sabían que no saldrían vivos de su acción, al consumo de hachís, o quizá de otras drogas llamadas
genéricamente por este nombre. Una versión más elaborada de la leyenda cuenta que los dirigentes de la secta captaban a
las personas destinadas a matar a los oponentes políticos del siguiente modo: eran drogados con hachís hasta quedar
dormidos. Entonces se les llevaba a un jardín secreto del castillo de Alamut, lleno de agua, animales exóticos, árboles
frutales y bellas mujeres, donde despertaban creyendo que se encontraban en el paraíso. Tras gozar durante unas horas del
supuesto edén, era de nuevo drogados por las doncellas y despertaban en el punto de partida. Un líder de la secta les
decía entonces que habían tenido el privilegio de conocer el paraíso y que podrían volver a él, por toda la eternidad si
se sacrificaban en pro de la causa. Esto explicaría el valor que demostraban en sus acciones armadas. La palabra
hashshıısh+ın, plural de hashshıısh, pasaría a las lenguas europeas como asesino, con el significado de "homicida".
Algunos autores, como Amin Maalouf, contestan a esta etimología, y dicen que la palabra procede de asıısiyy+ın ("fundamentalistas").
En realidad, la relación de los nizaríes con el hachís no está atestiguada y muchos estudiosos la consideran poco
probable. Sí es más probable que se les diera ese nombre de foma genérica y posteriormente tomara ese sentido, forjándose
la leyenda.
El término nizaríes es quizá el nombre más neutro. La secta solía llamarse a sí misma al-da'wa al-yad+ıda , que en árabe
significa "la nueva predicación" o "nueva doctrina), y los que realizaban acciones armadas se llamaban a sí mismos
fedayín, esto es, "los que están dispuestos a dar la vida por una causa".

El Viejo de la Montaña en una representación cristiana medieval.La época de Hasan-i Sabbah, llamado también el Viejo de
la Montaña, ha pasado a la historia como la del auge de la secta, del mismo modo que se ha considerado Alamut como el
principal, si no único, centro de irradiación nizarí. Hasan es fácilmente representable como el arquetipo de personaje de
inteligencia maligna, sin escrúpulos y ávido de poder, muy del estilo de la imagen que circula hoy sobre Osama bin Laden,
con quien se le ha comparado, u otros grandes enemigos públicos. En contrapartida, muchos autores, y desde luego los
actuales ismailíes, hablan de su gran producción intelectual, su carácter piadoso y austero, su convicción y su genio
militar. Lo cierto es que los nizaríes siguieron existiendo tras su muerte en 1124, y desde varios puntos de vista los
aspectos más importantes de la secta son posteriores al carismático líder. Los dirigentes de la secta residieron en otros
lugares aparte de Alamut, y muchos de ellos fueron conocidos también con el sobrenombre "viejo de la montaña", lo que es
lógico teniendo en cuenta que se les aplicaba el tratamiento de shayj, que etimológicamente significa "anciano" (en el
sentido de "venerable"), y que forzosamente residían en la montaña pues las fortificaciones nizaríes se construían en
lugares escarpados para defenderse mejor de sus múltiples enemigos.
A Hasan le sucedió su lugarteniente, Buzurg Ummid ("Gran esperanza"), y tras él su hijo, Muhammad I, en 1138. Los
nizaríes seguirán practicando sus estrategias de asesinato contra los turcos y otros enemigos políticos de manera
intermitente, aunque sonada: algunos de sus asesinatos más famosos son de esta época posterior al Viejo, como se ha dicho
más arriba.
En tanto que rama minoritaria del ismailismo, que a su vez es rama minoritaria del chiísmo, y éste rama minoritaria del
Islam, los ismailíes eran percibidos por la población (mayoritariamente sunní) como la heterodoxia dentro de la
heterodoxia, lo que explica que la mayor parte de la documentación que existe sobre la secta dé a entender que su
carácter islámico era solamente aparente. Se suele insistir en su aspecto batiní, esto es, esotérico, y se dice que
incluso llegaron a negociar con el rey Amalrico I de Jerusalén su conversión al cristianismo por razones de conveniencia,
pretensión que habría sido abortada por las maquinaciones de los Templarios.
El hecho es que el Islam ismailí, aunque se atiene al ritual y las prescripciones legales de la religión, considera que
éstas son secundarias respecto a la finalidad realmente importante, que es el conocimiento esotérico de los mensajes
ocultos en el Corán. Esto ha propiciado que del ismailismo hayan surgido, en una nueva vuelta de tuerca, derivaciones
cuya islamicidad está puesta en tela de juicio por la mayoría de los musulmanes, como las de los drusos y alauíes.
En 1162, Hasan II sucede a su padre Muhammad I. Bajo su mandato se produce una de esas vueltas de tuerca, uno de los
hechos más notables en la historia de los los nizaríes. En el mes de Ramadán de 1164, anunció, en nombre del Imam oculto,
que había llegado el momento de la "gran resurrección" (qiyama), con lo que ya no tenía sentido cumplir las
prescripciones musulmanas ni seguir la sharia. El ayuno de Ramadán fue prohibido, y se alentó a los fieles a beber
libremente alcohol. El reinado de Hasan II será breve, ya que 18 meses más tarde será asesinado por un partidario de la
vieja doctrina. Sin embargo, su hijo Muhammad II siguió los pasos de su padre. Fue el hijo de éste, Hasan III, quien puso
fin a la herejía tras la muerte de Muhammad II, en 1210. Los nizaríes, además, en adelante seguirán los rituales sunníes y no los chiíes.

El poder nizarí desapareció al tener que enfrentarse a dos enemigos muy poderosos. De un lado, la dinastía de
los mamelucos, que había sucedido en Egipto al sultanato ayubí, y cuyos ejércitos, dirigidos por el sultán Baybars,
tomaron el último baluarte nizarí en Siria en 1273. En Irán, tras el reinado insignificante y violento de Muhammad III,
que dura hasta 1255, su hijo Jur Shah debe enfrentarse con el avance de las tropas mongolas dirigidas por Hulagu Jan,
nieto de Gengis Jan, dispuesto a arrasar Oriente Medio.
Los mongoles conseguirán asediar y destruir una a una todas las fortificaciones nizaríes, incluida Alamut, que quedó
reducida a los cimientos, desapareciendo con ella su gran biblioteca. Jur Shah morirá camino de Mongolia, y de su familia
sólo sobrevivirá uno de sus hijos, al parecer ocultado a tiempo para preservar la sucesión. Muchos nizaríes fueron masacrados.
Se sabe poco de la historia de los nizaríes tras este periodo de destrucción y masacre. Los restos de la comunidad se
dispersan en grupos aislados y sobreviven discretamente, amenazados y débiles ante los musulmanes ortodoxos.

En el siglo XV hay un cierto resurgir de la secta: desde la ciudad iraní de Anjudan se retoman las predicaciones y se envían misioneros a la India y Asia Central. La predicación consigue realizar gran cantidad de
conversiones. En la India, los nuevos nizaríes se llamarán Khodjas o Joyas.
En el siglo XIX, el lejano descendiente de aquel hijo de Jur Shah salvado de la persecución mongola, Hasan Ali Shah, que
es el iman número 46 de los nizaríes, recibe del sah de Irán Fath Ali el título de Aga Jan. En 1848 se instalará en
Bombay, desde donde emprende la reorganización de la comunidad ismailí. Las autoridades británicas que gobiernan el
subcontinente obligarán a los joyas a reconocer la autoridad del Aga Jan, lo que hicieron hasta la independencia de la
India. Hoy en día, el heredero de los imanes nizaríes, y jefe del ismailismo, es Shah Karim al-Husayn, conocido como Karim Aga Jan, el cuarto en llevar este título.



fuentes:asesinos del coran, wikipedia,el santo grial

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