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EL ARTE OSCURO

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jueves, 17 de abril de 2008

EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA -- FISHER ROBER



EL CABALLERO DE LA
ARMADURA OXIDADA
Fisher Robert


-
1.- EL DILEMA DEL CABALLERO
Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que
pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Hacia todo lo que suelen hacer los
caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba contra sus enemigos, que
eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba damiselas en
apuros. Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenia la mala costumbre
de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas y, debido
a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras tantas se mostraban
furiosas con el caballero. Él lo aceptaba con filosofía. Después de todo, no se
puede contentar a todo el mundo.
Nuestro caballero era famoso por su armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan
brillantes que la gente del pueblo juraba haber visto el sol salir en el norte o
ponerse en el este cuando el caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con
frecuencia. Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la
armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección.
Su entusiasmo era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no
es nada fácil.
Durante años, el caballero se esforzó en ser el numero uno del reino. Siempre
había otra batalla que ganar, otro dragón que matar u otra damisela que rescatar.
El caballero tenia una mujer fiel y bastante tolerante, Julieta, que escribía
hermosos poemas, decía cosas inteligentes y tenia debilidad por el vino. También
tenia un joven hijo de cabellos dorados, Cristóbal, al que esperaba ver, algún día,
convertido en un valiente caballero.
Julieta y Cristóbal veían poco al caballero porque, cuando no estaba luchando
en una batalla, matando dragones o rescatando damiselas, estaba ocupado
probándose su armadura y admirando su brillo. Con el tiempo, el caballero se
enamoro hasta tal punto de su armadura que se la empezó a poner para cenar y,
a menudo, para dormir. Después de un tiempo, ya no se tomaba la molestia de
quitársela para nada. Poco a poco, su familia fue olvidando que aspecto tenia sin
ella.
Ocasionalmente, Cristóbal le preguntaba a su madre que aspecto tenia su
padre. Cuando esto sucedía, Julieta llevaba al chico hasta la chimenea y señalaba
el retrato del caballero.
-He ahí a tu padre- decía con un suspiro.
Una tarde, mientras contemplaba el retrato, Cristóbal le dijo a su madre:
-Ojalá pudiera ver a padre en persona.
-No puedes tenerlo todo!- respondió bruscamente Julieta.
Estaba cada vez mas harta de tener tan solo una pintura como recuerdo del
rostro de su marido y estaba cansada de dormir mal por culpa de ruido metálico de
la armadura.
Cuando paraba en casa y no estaba absolutamente pendiente de su armadura,
el caballero solía recitar monólogos sobre sus hazañas. Julieta y Cristóbal casi
nunca podían decir una palabra. Cuando lo hacían, el caballero les acallaba, ya
sea cerrando su visera o quedándose repentinamente dormido.
Un día, Julieta se enfrentó a su marido.
-Creo que amas mas a tu armadura de lo que me amas a mí.
-Eso no es verdad- respondió el caballero -Acaso no te ame lo suficiente como
para rescatarte de aquel dragón e instalarte en este elegante castillo con paredes
empedradas?
-Lo que tu amabas- dijo Julieta, espiando a través de la visera para poder ver
sus ojos - era la idea de rescatarme. No me amabas realmente entonces y
tampoco me amas realmente ahora.
-Sí que te amo- insistió el caballero, abrazándola torpemente con su fría y
rígida armadura, casi rompiéndole las costillas.
-Entonces, quítate esa armadura para que pueda ver quien eres en realidad!-
le exigió.
-No puedo quitármela. Tengo que estar preparado para montar en mi caballo y
partir en cualquier dirección- explico el caballero.
-Si no te quitas esa armadura, cogeré a Cristóbal, subiré a mi caballo y me
marchare de tu vida.
Bueno, esto si que fue un golpe para el caballero. No quiera que Julieta se
fuera. Amaba a su esposa y a su hijo y a su elegante castillo, pero también amaba
su armadura porque les mostraba a todos quien era él: Un caballero bueno,
generosos y amoroso. Por que no se daba cuenta Julieta de ninguna de estas
cualidades?
El caballero estaba inquieto. Finalmente, tomo una decisión. Continuar
llevando la armadura no valía la pena si por ello había de perder a Julieta y a
Cristóbal.
De mala gana, el caballero intento quitarse el yelmo pero, no se movió! Tiro
con mas fuerza. Estaba muy enganchado. Desesperado, intento levantar la visera
pero, por desgracia, también estaba atascada. Aunque tiro de la visera una y otra
vez, no consiguió nada.
El caballero camino de arriba abajo con gran agitación. Cómo podía haber
sucedido esto? Quizá no era tan sorprendente encontrar el yelmo atascado, ya
que no se lo había quitado en años, pero la visera era otro asunto. La había
abierto con regularidad para comer y beber. Pero bueno, si la había abierto esa
misma mañana para desayunar huevos revueltos y cerdo en su salsa!
Repentinamente, el caballero tuvo una idea. Sin decir adonde iba, salió
corriendo hacia la tienda del herrero, en el patio del castillo. Cuando llego, el
herrero estaba dándole forma a una herradura con sus manos.
-Herrero- dijo el caballero, -tengo un problema.
-Sois un problema, señor- dijo socarronamente el herrero, con su tacto
habitual.
El caballero, que normalmente gustaba de bromear, arrugó el entrecejo.
-No estoy de humor para tus bromas en estos momentos. Estoy atrapado en
esta armadura- vocifero, al tiempo que golpeaba el suelo con el pie revestido de
acero, dejándolo caer accidentalmente sobre el dedo gordo del pie del herrero.
El herrero dejo escapar un aullido y, olvidando por un momento que el
caballero era su señor, le propino un brutal golpe en el yelmo. El caballero sintió
tan sólo una ligera molestia. El yelmo ni se movió.
-Inténtalo otra vez- ordeno el caballero, din darse cuenta de que el herrero le
había golpeado porque estaba enfadado.
-Con gusto- dijo el herrero, balanceando un martillo en venganza y dejándolo
caer con fuerza sobre el yelmo del caballero. El yelmo ni siquiera se abollo.
El caballero se sintió muy turbado. El herrero era, con mucho, el hombre mas
fuerte del reino. Si el no podía sacar al caballero de su armadura, quien podría?
Como era un buen hombre, excepto cuando le aplastaban el dedo gordo del
pie, el herrero percibió el pánico del caballero y sintió lástima.
-Estáis en una situación difícil, caballero, pero no os deis por vencido.
Regresad mañana cuando yo haya descansado. Me habéis cogido al final de un
día muy duro.
Aquella noche, la cena fue difícil. Julieta se enfadaba cada vez mas a medida
que iba introduciendo por los orificios de la visera del caballero la comida que
había tenido que triturar previamente. A mitad de la cena, el caballero le contó a
Julieta que el herrero había intentado abrir la armadura, pero que había fracasado.
-No te creo, bestia ruidosa!- grito, al tiempo que estrellaba el plato de puré de
estofado de paloma contra su yelmo.
El caballero no sintió nada. Solo cuando la salsa comenzó a chorrear por los
orificios de la visera, se dio cuenta de que le habían dado en la cabeza. Tampoco
había sentido el martillo del herrero aquella tarde. De hecho, ahora que lo
pensaba, su armadura no le dejaba sentir apenas nada, y la había llevado durante
tanto tiempo que había olvidado como se sentían las cosas sin ella.
El caballero se entristeció mucho porque Julieta no creía que estaba intentando
quitarse la armadura. El herrero y él lo habían intentado, y lo siguieron intentando
durante días, sin éxito. Cada día el caballero se deprimía mas y Julieta estaba
cada vez mas fría.
Finalmente, el caballero admitió que los esfuerzos del herrero eran vanos.
-Vaya con el hombre mas fuerte del reino! Ni siquiera puedes abrir este montón
de lata!- grito con frustración.
Cuando el caballero regreso a casa, Julieta le chillo:
-Tu hijo no tiene mas que un retrato de su padre, y estoy harta de hablar con
una visera cerrada. No pienso volver a pasar comida por los agujeros de esa
horrible cosa nunca más. Este es el ultimo puré de cordero que te preparo!
-No es mi culpa si estoy atrapado en esta armadura. Tenia que llevarla para
estar siempre listo para la batalla. De que otra manera, si no, hubiera podido
comprar bonitos castillos y caballos para ti y para Cristóbal?
-No lo hacías por nosotros- argumento Julieta -Lo hacías por ti!
Al caballero le dolió en el alma que su mujer pareciera no amarlo más.
También temía que, si no se quitaba la armadura pronto, Julieta y Cristóbal
realmente se marcharían. Tenia que quitarse la armadura, pero no sabia como.
El caballero descartó una idea tras otra por considerarlas poco viables.
Algunos planes eran realmente peligrosos. Sabia que cualquier caballero que se
plantease fundir su armadura con la antorcha de un castillo, o congelarla saltando
a un foso helado, o hacerla explotar con un cañón, estaba seriamente necesitado
de ayuda. Incapaz de encontrar ayuda en su propio reino, el caballero decidió
buscar en otras tierras.
"En algún lugar debe de haber alguien que me pueda ayudar a quitarme esta
armadura", penso.
Desde luego, echaría de menos a Julieta, Cristóbal, y el elegante castillo.
También temía que, en su ausencia, Julieta encontrara el amor en brazos de otro
caballero, uno que estuviera deseoso de quitarse la armadura y de ser un padre
para Cristóbal. Sin embargo, el caballero tenia que irse, asi que, una mañana muy
temprano, monto en su caballo y se alejo cabalgando. No osó mirar atrás por
miedo a cambiar de idea.
Al salir de la provincia, el caballero se detuvo para despedirse del rey, que
había sido muy bueno con él. El rey vivía en un grandioso castillo en la cima de
una colina del barrio elegante. Al cruzar el puente levadizo y entrar en el patio, el
caballero vio al bufón sentado con las piernas cruzadas, tocando la flauta.
El bufón se llamaba Bolsalegre porque llevaba sobre su hombro una bolsa con
los colores del arco iris, llena de artilugios para hacer reír o sonreír a la gente.
Había extrañas cartas que utilizaba para adivinar el futuro de las personas,
cuentas de vivos colores que hacia aparecer y desaparecer y graciosas
marionetas que usaba para divertir a su audiencia.
-Hola, Bolsalegre- dijo el caballero -He venido a decirle adiós al rey.
El bufón miro hacia arriba.
-El rey se acaba de ir. No hay nada que el os pueda decir.
-Adónde ha ido?- pregunto el caballero.
-A una nueva cruzada ha partido. Si lo esperáis, vuestro tiempo habréis
perdido.
El caballero quedo decepcionado por no haber podido ver al rey y perturbado
por no poder unirse a el en la cruzada.
-Oh- suspiró. Podría morir de inanición dentro de esta armadura antes de que
el rey llegara -Quizás no le vuelva a ver nunca más.
El caballero sintió ganas de dejarse caer de su montura pero, por supuesto, la
armadura se lo impedía.
-Sois una imagen triste de ver. Ni con todo vuestro poder vuestra situación
podéis resolver.
-No estoy de humor para tus insultantes rimas- ladró el caballero, tenso dentro
de su armadura -No puedes tomarte los problemas de alguien seriamente por una
vez?
Con una clara y lírica voz, Bolsalegre canto:
-A mí los problemas no me han de afectar. Son oportunidades para criticar.
-Otra canción cantarías si fueras tú el que estuviera atrapado aquí- gruñó el
caballero.
Bolsalegre continuó:
-A todos, alguna armadura nos tiene atrapados. Solo que la vuestra ya la
habéis encontrado.
-No tengo tiempo de quedarme y oír tus tonterías. Tengo que encontrar la
manera de salir de esta armadura.
Y dicho esto, el caballero se dispuso a partir, pero Bolsalegre le llamó:
-Hay alguien que puede ayudaros, caballero, a sacar a la luz vuestro yo
verdadero.
El caballero detuvo su caballo bruscamente y, emocionado, regreso hacia
Bolsalegre.
-Conoces a alguien que me pueda sacas de esta armadura? Quién es?
-Tenéis que ver al mago Merlín, así lograreis ser libre al fin.
-Merlín? El único Merlín del que he oído hablar es el gran sabio, el maestro del
Rey Arturo.
-Si. Si, el mismo es. Merlín solo hay uno, ni dos ni tres.
-Pero no puede ser!- exclamo el caballero. -Merlín y el rey Arturo vivieron hace
mucho años.
Bolsalegre replico:
-Es verdad, pero aun vive ahora. En los bosques el sabio mora.
-Pero esos bosques son tan grandes...- dijo el caballero -Cómo lo encontrare
ahí?
Bolsalegre sonrió.
-Aunque muy difícil ahora os parece, cuando el alumno esta preparado, el
maestro aparece.
-Ojalá Merlín apareciera pronto. Voy a buscarlo a el.- dijo el caballero.
Estiro el brazo y le dio la mano a Bolsalegre en señal de gratitud, y por poco
tritura los dedos del bufón con el guantelete.
Bolsalegre dió un grito. El caballero soltó rápidamente la mano del bufón.
-Lo siento.
Bolsalegre se froto los magullados dedos.
-Cuando la armadura desaparezca y estéis bien, sentiréis el dolor de los otros
también.
-Me voy!- dijo el caballero.
Hizo girar a su caballo y, abrigando nuevas esperanzas en su corazón, se alejo
galopando.
*
-
2.- EN LOS BOSQUES DE MERLIN
No fue tarea fácil encontrar al astuto mago. Había muchos bosques en los que
buscar, pero solo un Merlín. Asi que el pobre caballero cabalgó día tras día, noche
tras noche, debilitándose cada vez más.
Mientras cabalgaba en solitario a través de los bosques, el caballero se dio
cuenta de que había muchas cosas que no sabia. Siempre había pensado que era
muy listo, pero no se sentía tan listo ahora, intentando sobrevivir en los bosques.
De mala gana, se reconoció a sí mismo que no podía distinguir una baya
venenosa de una comestible. Esto hacia el acto de comer una ruleta rusa. Beber
no era menos complicado. El caballero intento meter la cabeza en un arroyo, pero
su yelmo se lleno de agua. Casi se ahoga dos veces. Por si eso fuera poco,
estaba perdido desde que había entrado al bosque. No sabia distinguir el norte del
sur, ni el este del oeste. Por fortuna, su caballo sí lo sabia.
Después de meses de buscar en vano, el caballero estaba bastante
desanimado. Aun no había encontrado a Merlín, a pesar de haber viajado muchas
leguas. Lo que le hacia sentirse peor era que ni siquiera sabia cuánto era una
legua. Una mañana, se despertó sintiéndose más débil de lo normal y un tanto
peculiar. Aquella misma mañana encontró a Merlín. El caballero reconoció al mago
enseguida. Estaba sentado bajo un árbol, vestido con una larga túnica blanca. Los
animales del bosque estaban reunidos a su alrededor, y los pájaros descansaban
en sus hombros y brazos.
El caballero movió la cabeza sombríamente de un lado a otro, haciendo que
rechinase su armadura. Cómo podían todos esos animales encontrar a Merlín con
tanta facilidad cuando había sido tan difícil para él?
Cansinamente, el caballero descendió de su caballo.
-Os he estado buscando- le dijo al mago -He estado perdido durante meses.
-Toda vuestra vida- lo corrigió Merlín, mordiendo una zanahoria y
compartiéndola con el conejo más cercano.
El caballero se enfureció.
-No he venido hasta aquí para ser insultado.
-Quizá siempre os habéis tomado la verdad como un insulto- dijo Merlín,
compartiendo la zanahoria con alguno de los otros animales.
Al caballero tampoco le gusto mucho este comentario, pero estaba demasiado
débil como para subir a su caballo y marcharse. En lugar de eso, dejo caer su
cuerpo envuelto en metal sobre la hierba. Merlín le miro con compasión.
-Sois muy afortunado- comento - Estáis demasiado débil para correr.
-Y eso que quiere decir?- pregunto con brusquedad el caballero.
Merlín sonrió por respuesta.
-Una persona no puede correr y aprender a la vez. Debe permanecer en un
lugar durante un tiempo.
-Sólo me quedare aquí el tiempo necesario para aprender como salir de esta
armadura- dijo el caballero.
-Cuando hayáis aprendido eso- afirmo Merlín, -nunca mas tendréis que subir a
vuestro caballo y partir en todas direcciones.
El caballero estaba demasiado cansado como para cuestionar esto. De alguna
manera, se sentía consolado y se quedó dormido enseguida.
Cuando el caballero despertó, vio a Merlín y a los animales a su alrededor.
Intento separarse, pero estaba demasiado débil. Merlín le tendió una copa de plata
que contenía un extraño liquido.
-bebed esto- le ordeno.
-Qué es?- pregunto el caballero, mirando la copa receloso.
-Estáis tan asustado!- dijo Merlín -Por supuesto, por eso os pusisteis la
armadura desde el principio.
El caballero no se molesto en negarlo, pues estaba demasiado sediento.
-Está bien, lo beberé. Vertedlo por mi visera.
-No lo haré. Es demasiado valioso para desperdiciarlo.
Rompió una caña, puso un extremo en la copa y deslizo el otro por uno de los
orificios de la visera del caballero.
-Ésta es una gran idea!- dijo el caballero.
-Yo lo llamo un pajita- replico Merlín.
-Por que?
-Y por que no?
El caballero se encogió de hombros y sorbió el liquido por la caña. Los
primeros sorbos le parecieron amargos, lo siguientes más agradables, y los
últimos tragos fueron bastante deliciosos. Agradecido, el caballero le devolvió la
copa a Merlín.
-Deberías lanzarlo al mercado. Os harías rico.
Merlín se limito a sonreír.
-Qué es?- pregunto el caballero.
-Vida.
-Vida?
-Si- dijo el sabio mago. -No os pareció amarga al principio y, luego, a medida
que la degustabais, no la encontrabais cada vez más apetecible?
El caballero asintió.
-Sí, los últimos sorbos resultaron deliciosos.
-Eso fue cuando empezasteis a aceptar lo que estabais bebiendo.
-Estáis diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta?- pregunto el
caballero.
-Acaso no es asi?- replico Merlín, levantando una ceja divertido.
-Esperáis que acepte toda esta pesada armadura?
-Ah- dijo Merlín, -no nacisteis con esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. Os
habéis preguntado por que?
-Y por que no?- replico el caballero, irritado. En ese momento, le estaba
empezando a doler la cabeza. No estaba acostumbrado a pensar de esa manera.
-Seréis capaz de pensar con mayor claridad cuando recuperéis fuerzas- dijo
Merlín.
Dicho esto, el mago hizo sonar sus palmas y las ardillas, llevando nueces entre
los dientes, se alinearon delante del caballero. Una por una, cada ardilla trepó al
hombro del caballero, rompió y mastico una nuez, y luego empujo los pequeños
trozos a través de la visera del caballero. Las liebres hicieron lo mismo con
zanahorias, y los ciervos trituraron raíces y bayas para que el caballero comiera.
Este método de alimentación nunca seria aprobado por el ministerio de sanidad,
pero, que otra cosa podía hacer un caballero atrapado en su armadura en medio
del bosque?
Los animales alimentaban al caballero con regularidad, y Merlín le daba de
beber enormes copas de vida con la pajita. Lentamente, el caballero se fue
fortaleciendo, y comenzó a sentirse esperanzado.
Cada día le hacia la misma pregunta a Merlín:
-Cuándo podré salir de esta armadura?
Cada día, Merlín replicaba:
-Paciencia! Habéis llevado esa armadura durante mucho tiempo. No podéis
salir de ella asi como asi.
Una noche, los animales y el caballero estaban oyendo al mago tocar con su
laúd los últimos éxitos de los trovadores. Mientras esperaba que Merlín acabara
de tocar Añoro los viejos tiempos, en que los caballeros eran valientes y las
damiselas eran frías, el caballero le hizo una pregunta que tenia en mente desde
hacia tiempo.
-Fuisteis en verdad el maestro del rey Arturo?
El rostro del mago se encendió.
-Sí, yo le enseñe a Arturo- dijo.
-Pero... como podéis seguir vivo? Arturo vivió hace mucho tiempo!- exclamo el
caballero.
-Pasado, presente y futuro son uno cuando estas conectado con la fuentereplico
Merlín.
-Qué es la fuente?- preguntó el caballero.
-Es el poder misterioso e invisible que es el origen de todo.
-No entiendo- dijo el caballero.
-Eso se debe a que intentáis comprender con la mente, pero vuestra mente es
limitada.
-Tengo una mente muy buena- le discutió el caballero.
-E inteligente- añadió Merlín -ella te atrapó en esa armadura.
El caballero no pudo refutar eso. Luego recordó algo que Merlín le había dicho
nada mas llegar.
-Una vez dijisteis que me había puesto esta armadura porque tenia miedo.
-No es eso verdad?- respondió Merlín.
-No, la llevaba para protegerme cuando iba a la batalla.
-Y temíais que os hirieran de gravedad o que os mataran- añadió Merlín.
-Acaso no lo teme todo el mundo?
Merlín negó con la cabeza.
-Y quien os dijo que teníais que ir a la batalla?
-Tenía que demostrar que era un caballero bueno, generosos y amoroso.
-Si realmente erais bueno, generoso y amoroso, por que teníais que
demostrarlo?- pregunto Merlín.
12que pensar en eso de la misma manera que solía
eludir todas las cosas: se puso a dormir.
A la mañana siguiente, despertó con un pensamiento clavado en su mente: Era
posible que no fuera bueno, generoso y amoroso? Decidió preguntárselo a Merlín.
-Qué pensáis vos?- replico Merlín.
-Por que siempre respondéis a una pregunta con otra pregunta?
-Y por que siempre buscáis que otros os respondan vuestras preguntas?
El caballero se marchó enfadado, maldiciendo a Merlín entre dientes.
-Ése Merlín!- masculló -Hay veces que realmente me saca de mi armadura!
Con un ruido seco, el caballero dejo caer su pesado cuerpo bajo un árbol para
reflexionar sobre las preguntas del mago.
Que pensaba en realidad?
-Podría ser- dijo en voz alta a nadie en particular -que yo no fuera bueno,
generoso y amoroso?
-Podría ser- dijo una vocecita -Si no, por que estáis sentado sobre mi cola?
-Eh?- el caballero miro hacia abajo y vio a una pequeña ardilla sentada a su
lado. Es decir, a casi toda la ardilla. Su cola estaba escondida.
-Oh, perdona!- dijo el caballero, moviendo rápidamente la pierna para que la
ardilla pudiera recuperar su cola. -Espero no haberte hecho daño. No veo muy
bien con esta visera en mi camino.
-No lo dudo- replico la ardilla sin ningún resentimiento en la voz. -Por eso
siempre estáis pidiendo disculpa a la gente por haberles hecho daño.
-La única cosa que me irrita mas que un mago sabelotodo es una ardilla
sabelotodo- gruñó el caballero. -No tengo por que quedarme aquí y hablar contigo.
Lucho contra el peso de la armadura en un intento por ponerse de pie. De
repente, sorprendido, balbuceó:
-Eh... tu y yo estamos hablando!
-Un tributo a mi buena fe- replico la ardilla -teniendo en cuenta que os habéis
sentado sobre mi cola.
-Pero si los animales no pueden hablar- dijo el caballero.
-Oh, claro que pueden- dijo la ardilla. -Lo que pasa es que la gente no escucha.
El caballero movió la cabeza perplejo.
-Me has hablado antes?
-Claro, cada vez que rompía una nuez y la empujaba por vuestra visera.
-Cómo es que te puedo oír ahora si no te podía oír entonces?
-Admiro una mente inquisitiva- comento la ardilla -pero nunca aceptáis nada tal
como es, simplemente como es?
-Estás respondiendo a mis preguntas con preguntas- dijo el caballero -Has
pasado demasiado tiempo con Merlín.
-Y vos no habéis pasado el tiempo suficiente con él!
La ardilla le dio un ligero golpe al caballero con su cola y trepo a un árbol
corriendo. El caballero la llamó.
-Espera! Cómo te llamas?
-Ardilla- replicó ella simplemente, y desapareció en la copa del árbol.
Aturdido, el caballero movió la cabeza. Se había imaginado todo esto? En este
preciso instante, vio a Merlín acercarse.
-Merlin- dijo -Tengo que salir de aquí. He empezado a hablar con ardillas.
-Espléndido- replico el mago.
El caballero le miró preocupado.
-Cómo que espléndido? Que queréis decir?
-Simplemente eso. Os estáis volviendo lo suficientemente sensible como para
sentir las vibraciones de otros.
El caballero estaba obviamente confundido, asi que Merlín continuo
explicando:
-No hablasteis con la ardilla con palabras, sino que sentisteis sus vibraciones, y
tradujisteis esas vibraciones en palabras. Estoy esperando el día en que empecéis
a hablar con las flores.
-Eso será el día que las plantéis en mi tumba. Tengo que salir de estos
bosques!
-Adónde iríais?
-Regresaría con Julieta y Cristóbal. Han estado solos durante mucho tiempo.
Tengo que volver y cuidar de ellos.
-Cómo podéis cuidar de ellos si ni siquiera podéis cuidar de vos mismo?-
pregunto Merlín.
-Pero les hecho de menos- se quejo el caballero -Quiero regresar con ellos.
Aun en el peor de los casos.
-Y es exactamente asi como regresareis si vais con vuestra armadura- le
previno Merlín.
El caballero miró a Merlín con tristeza.
-No quiero esperar a quitarme la armadura. Quiero volver ahora y ser un
marido bueno, generoso y amoroso para Julieta y un gran padre para Cristóbal.
Merlín asintió comprensivo. Le dijo al caballero que regresar para dar de sí
mismo era un maravilloso regalo.
-Sin embargo- añadió- un don, para ser un don, debe ser aceptado. De no ser
asi es como una carga para las personas.
-Queréis decir que tal vez no quieran que regrese?- pregunto el caballero
sorprendido -Seguramente me darían otra oportunidad. Después de todo, yo soy
uno de los mejores caballeros del reino.
-Quizás esa armadura sea mas gruesa de lo que parece- dijo Merlín con
suavidad.
El caballero reflexiono sobre esto. Recordó las eternas quejas de Julieta
porque el se iba a la batalla tan a menudo, por la atención que le prestaba a su
armadura, y por su visor cerrado y su costumbre de quedarse dormido para no oír
sus palabras. Quizá Julieta no quisiera que él volviera, pero Cristóbal si quería.
-Por que no mandarle una nota a Cristóbal y preguntárselo?- sugirió Merlín.
El caballero estuvo de acuerdo en que era una buena idea, pero... como podía
hacerle llegar una nota a Cristóbal?
Merlín señaló a la paloma que estaba posada sobre su hombro.
Rebecca la llevara.
El caballero estaba perplejo.
-Ella no sabe dónde vivo. Es solo un estúpido pájaro.
-Puedo distinguir el norte del sur y el este del oeste- contesto secamente
Rebecca -lo cual es mas de lo que se podría decir de vos.
El caballero se disculpo rápidamente. Estaba completamente pasmado. No
solo había hablado con una paloma y una ardilla, sino que, además, las había
hecho enfadar a las dos en el mismo día.
Como era un pájaro de gran corazón, Rebecca acepto las disculpas del
caballero y partió con la nota para Cristóbal en el pico.
-No arrulles con palomas extrañas o dejaras caer mi nota- le grito el caballero.
Rebecca ignoro este comentario desconsiderado, pues se daba cuenta de que
el caballero tenia mucho que aprender.
Paso una semana, y Rebecca aun no había regresado. El caballero estaba
cada vez mas impaciente, temiendo que hubiera caído presa de alguno de los
halcones de caza que el y otros caballeros habían entrenado. Se estremeció,
preguntándose como había podido participar en un deporte tan sucio, y se
arrepintió otra vez de su horrible equivocación.
Cuando Merlín terminó de tocar su laúd y de cantar Tendrás un largo y frío
invierno, si tienes un corto y frío corazón, el caballero le expreso sus
preocupaciones con respecto a Rebecca.
Merlín le dio confianza con un alegre verso:
-La paloma más lista que jamas haya volado, no puede ir a parar a ningún
guisado.
En ese momento, un gran parloteo se levanto entre los animales. Todos
miraban al cielo, asi que Merlín y el caballero miraron también. Muy alto, sobre sus
cabezas, dando círculos para aterrizar, estaba Rebecca.
El caballero se puso de pie con gran esfuerzo, al tiempo que Rebecca se
posaba en el hombro de Merlín. Cogiendo la nota de su pico, el mago la miro y le
dijo al caballero con gravedad que era de Cristóbal.
-Dejádmela ver!- dijo el caballero, quitándole el papel con impaciencia. Dejó
caer la mandíbula con un ruido al tiempo que miraba, incrédulo, el papel -Está en
blanco!- exclamo -Qué quiere decir esto?
-Quiere decir- dijo Merlín suavemente -que vuestro hijo no os conoce lo
suficiente como para daros una respuesta.
El caballero permaneció quieto un momento, pasmado, luego lanzo un gemido
y lentamente cayo al suelo. Intento retener las lagrimas, pues los caballeros de
brillante armadura simplemente no lloran. Sin embargo, pronto su pena le venció.
Luego, exhausto y medio ahogado en su yelmo por las lagrimas, el caballero se
quedó dormido.
*
-
3.- EL SENDERO DE LA VERDAD
Cuando el caballero despertó, Merlín estaba sentado silenciosamente a su
lado.
-Siento no haber actuado como un caballero- dijo -Mi barba esta hecha una
sopa- añadió disgustado.
-No os excuséis- dijo Merlín -Acabáis de dar el primer paso para liberaros de
vuestra armadura.
-Qué queréis decir?
-Ya lo veréis- replico el mago. Se puso de pie -Es hora de que os vayáis.
Esto molesto al caballero. Estaba empezando a disfrutar de estar en el bosque
con Merlín y los animales. De cualquier manera, le parecía que no tenia adonde ir.
Aparentemente, Julieta y Cristóbal no lo querían en casa. Es verdad que podía
volver al asunto de la caballería e ir a alguna cruzada. Tenia buena reputación en
batalla, y había muchos reyes que se sentirían felices teniéndolo a su lado, pero
ya no le parecía que luchar pudiese tener sentido.
Merlín le recordó al caballero su nuevo propósito: liberarse de su armadura.
-Por que molestarse?- pregunto el caballero ásperamente -A Julieta y Cristóbal
les da igual si me la quito o no.
-Hacedlo por vos mismo- sugirió Merlín -El estar atrapado entre todo ese acero
os ha causado muchos problemas, y las cosas empeoraran con el paso del
tiempo. Incluso podrías morir a causa de una neumonía por culpa de una barba
empapada.
-Supongo que si, mi barba se ha convertido en un fastidio- replico el caballero -
Estoy cansado de cargar con ella y estoy harto de comer papillas. Ahora que lo
pienso, ni siquiera me puedo rascar la espalda cuando me pica.
-Y cuando fue la ultima vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la
fragancia de una flor, o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra
armadura se interpusiera entre vosotros?
-Ya ni me acuerdo- murmuro el caballero con tristeza -Tenéis razón, Merlín.
Tengo que liberarme de esta armadura por mí mismo.
-No podéis continuar viviendo y pensando como lo habéis hecho hasta ahoradijo
Merlín -Fue así como os quedasteis atrapado en ese montón de acero al
principio.
-Pero, como puedo cambiar todo eso?- pregunto el caballero intranquilo.
-No es tan difícil como parece- explico Merlín, conduciendo al caballero hacia
un sendero -Éste es el sendero que seguisteis para llegar a estos bosques.
-Yo no seguí ningún sendero- dijo el caballero -Estuve perdido durante meses!
-La gente no suele percibir el sendero por el que transita- replico Merlín.
-Queréis decir que el sendero estaba ahí pero yo no lo podía ver?
-Sí, y podéis regresar por el mismo, si así lo deseáis; pero conduce a la
deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia.
-Estáis diciendo que yo soy todo eso?- pregunto el caballero indignado.
-En algunos momentos, sois alguna de esas cosas- admitió Merlín en voz baja.
El mago señalo hacia otro sendero. Era mas estrecho que el primero y muy
empinado.
-Parece una escalada difícil- observo el caballero.
-Ese- dijo Merlín asintiendo -es el sendero de la verdad. Se vuelve mas
empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña.
El caballero contempló el empinado camino sin entusiasmo.
-No estoy seguro de que valga la pena. Que conseguiré cuando llegue a la
cima?
-Se trata de lo que no tendréis- explico Merlín -Vuestra armadura!
El caballero reflexiono sobre esto. Si regresaba por el camino que había
venido, no tendría esperanzas de liberarse de su armadura y, probablemente,
moriría de soledad y de fatiga. La única manera de quitarse la armadura era, por lo
visto, seguir el sendero de la verdad, aunque pudiese, en tal caso, morir
intentando trepar hacia la empinada montaña.
El caballero observó el difícil sendero que tenia delante. Luego miro hacia
abajo, y contemplo el acero que cubría su cuerpo.
-Está bien- dijo con resignación -Probaré el sendero de la verdad.
Merlín asintió.
-Vuestra decisión de transitar un sendero desconocido, teniendo que cargar
con una pesada armadura, requiere mucho coraje.
El caballero sabia que tenia que comenzar de inmediato, porque, si no, podría
cambiar de opinión.
-Iré a buscar mi fiel caballo- dijo.
-Oh, no- rebatió Merlín, moviendo la cabeza de lado a lado. -El camino tiene
partes demasiado estrechas como para que un caballo pueda pasar. Tendréis que
ir a pie.
Horrorizado, el caballero se dejo caer sobre una roca.
-Creo que prefiero morir por culpa de una barba empapada- dijo, perdiendo
todo el coraje con una rapidez impresionante.
-No tendréis que viajar solo- le dijo Merlín -Ardilla os acompañara.
-Qué pretendéis, que cabalgue sobre una ardilla?- pregunto el caballero,
asustado ante la idea de tener por compañera en tan arduo viaje a un animal
sabelotodo.
-Puede que no me puedais montar- dijo la ardilla -pero me necesitareis para
que os ayude a comer. Quién, si no, masticara las nueces para vos y las pasara
por vuestra visera?
Cuando Rebecca oyó la conversación, voló desde un árbol cercano y se poso
en el hombro del caballero.
-Yo también os acompañare. He estado en la cima de la montaña y conozco el
camino- dijo.
La buena disposición que mostraban los dos animales para ayudarle,
proporciono al caballero el coraje que necesitaba.
"Bueno, bueno -se dijo-, uno de los principales caballeros del reino necesitando
que una ardilla y un pájaro le den coraje!".
Se puso de pie con gran esfuerzo, indicándole a Merlín que estaba listo para
comenzar el viaje.
Mientras caminaban por el sendero, el mago saco una exquisita llave dorada
de su cuello y se la dio al caballero.
-Ésta llave abrirá las puertas de los tres castillos que bloquearan vuestro
camino.
-Lo sé!- grito el caballero -Habrá una princesa en cada castillo, y matare al
dragón que la retiene y la rescatare...
-Basta!- lo interrumpió Merlín -No habrá princesas en ninguno de esos castillos.
E, incluso si las hubiese, en estos momentos no estáis capacitado para rescatar a
ninguna. Tenéis que aprender a salvaros vos primero.
Tras la reprimenda, el caballero permaneció en silencio, mientras Merlín
continuaba:
-El primer castillo se llama silencio; el segundo conocimiento y el tercero
voluntad y osadía. Una vez hayáis entrado en ellos, encontrareis la salida solo
cuando hayáis aprendido lo que habéis ido a aprender.
Desde el punto de vista del caballero, esto no parecía tan divertido como
rescatar princesas. Además, en aquel momento de su vida, visitar castillos no era
lo que más le apetecía.
-Por que no puedo simplemente rodear los castillos?- pregunto malhumorado.
-Si lo hacéis, os extraviareis del sendero y seguramente os perderéis. La única
manera de llegar a la cima de la montaña es atravesando los castillos- dijo Merlín
firmemente.
El caballero suspiro profundamente mientras contemplaba la empinada y
estrecha senda. Desaparecía entre los altos arboles que sobresalían hacia unas
nubes bajas. Presintió que este viaje seria mucho más difícil que una cruzada.
Merlín sabia lo que el caballero estaba pensando.
-Si- afirmo, -es una batalla diferente la que tendréis que librar en el sendero de
la verdad. La lucha será aprender a amaros.
-Cómo haré eso?- pregunto el caballero.
-Empezaréis por aprender a conoceros- respondió Merlín. -Ésta batalla no se
puede ganar con la espada, asi que la tendréis que dejar aquí- la tierna mirada de
Merlín descanso en el caballero por un momento. Luego añadió: -Si os encontráis
con algo con lo que no podáis lidiar, llamadme, y yo acudiré..
-Queréis decir que podéis aparecer donde quiera que yo me encuentre?
-Cualquier mago que se precie lo puede hacer- replico Merlín. Dicho esto,
desapareció.
El caballero quedo asombrado.
-Pero bueno... si ha desaparecido!
Ardilla asintió.
-A veces realmente la hace buena.
-Gastaréis toda vuestra energía hablando- les riño Rebecca.
-Pongámonos en marcha.
El yelmo del caballero emitió un chirrido cuando este asintió. Partieron con
Ardilla al frente y, detrás el caballero con Rebecca sobre su hombro. De tanto en
tanto, Rebecca volaba en misión exploratoria y volvía para informarles de lo que
les esperaba mas adelante.
Después de unas horas, el caballero se derrumbo, exhausto y dolorido. No
estaba acostumbrado a viajar sin caballo y con la armadura puesta. Como de
todas maneras era casi de noche, Rebecca y Ardilla decidieron parar para dormir.
Rebecca voló entre los arbustos y regreso con algunas bayas, que empujo a
través de los orificios de la visera del caballero. Ardilla fue a un arroyo cercano y
lleno algunas cascaras de nuez con agua, que el caballero bebió con la pajita que
Merlín le había proporcionado. Demasiado agotado como para esperar a que
Ardilla le preparara mas nueces, se quedo dormido.
A la mañana siguiente le despertó el sol cayendo sobre sus ojos. La
luminosidad le molestaba. Su visera nunca había dejado pasar tanta luz. Mientras
intentaba entender este fenómeno, se dio cuenta de que Ardilla y Rebecca le
estaban observando, al tiempo que parloteaban y arrullaban con excitación. Hizo
un esfuerzo por sentarse y, de repente, se dio cuenta de que podía ver mucho
mas que el día anterior, y que podía sentir la fresca brisa en sus mejillas.
Una parte de su visera se había roto y se había caído!
"Cómo habrá sucedido?", Se pregunto.
Ardilla contesto a la pregunta que el no había formulado en voz alta.
-Se ha oxidado y se ha caído.
-Pero, como?- pregunto el caballero.
-Por las lagrimas que derramasteis después de ver la carta en blanco de
vuestro hijo- dijo Rebecca.
El caballero medito sobre esto. La pena que había sentido era tan profunda
que su armadura no había podido protegerle. Al contrario, sus lagrimas habían
comenzado a deshacer el acero que le rodeaba.
-Eso es!- grito. -Las lagrimas de auténticos sentimientos me liberaran de la
armadura!
Se puso de pie más rápido de lo que lo había hecho en años.
-Ardilla! Rebecca!- grito -Espabilad! Vamos al sendero de la verdad!
Rebecca y Ardilla estaban tan llenas de alegría con lo que estaba sucediéndole
al caballero que no le dijeron que su rima era malisima. Los tres continuaron la
ascensión de la montaña. Era un día muy especial para el caballero. Noto las
diminutas partículas iluminadas por el sol que flotaban en el aire, filtrándose a
través de las ramas de los arboles. Miro con detenimiento las caras de algunos
petirrojos y vio que no eran todas iguales. Le comento esto a Rebecca, que dio
pequeños saltitos, arrullando alegremente.
-Estáis empezando a ver las diferencias en otras formas de vida porque estáis
empezando a ver las diferencias en vuestro interior.
El caballero intento comprender que quería decir Rebecca exactamente. Era
demasiado orgulloso para preguntar, pues todavía pensaba que un caballero tenia
que ser mas listo que una paloma.
En ese preciso momento, Ardilla, que había ido a explorar, regresaba
alborotada.
-El castillo del silencio esta justo detrás de la próxima subida.
Emocionado ante la idea de ver el castillo, el caballero apuro el paso. Llego a
la cima del monte sin aliento. Era verdad, el castillo se veía a lo lejos, bloqueando
el sendero por completo. El caballero les confeso a Ardilla y Rebecca que estaba
decepcionado. Había esperado una estructura más elegante. En lugar de eso, el
castillo del silencio parecía uno mas.
Rebecca rió y dijo:
-Cuándo aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos
decepciones.
El caballero asintió ante la sabiduría de estas palabras.
-He pasado casi toda mi vida decepcionándome. Recuerdo que, estando en la
cuna, pensaba que era el bebe mas bonito del mundo. Entonces mi niñera me
miro y dijo: "Tenéis una cara que solo una madre podría amar". Me sentí
decepcionado por ser feo en lugar de hermoso, y me decepciono que la niñera
fuera tan poco amable.
-Si realmente os hubierais sentido hermoso, no os hubiera importado lo que
ella dijo. No os hubieras sentido decepcionado- explico Ardilla.
Eso tenia sentido para el caballero.
-Estoy empezando a pensar que los animales son mas listos que las personas.
-El hecho de que podáis decir eso os hace tan listo como nosotros- replico
Ardilla.
-No creo que todo esto tenga nada que ver con ser listo- dijo Rebecca. -Los
animales aceptan y los humanos esperan. Nunca oiréis a un conejo decir "Espero
que el sol salga esta mañana para poder ir al lago a jugar". Si el sol no sale, no le
estropeara el día al conejo. Es feliz siendo un conejo.
El caballero penso en esto. No recordaba a ninguna persona que fuera feliz
simplemente por ser persona.
Al poco rato llegaron a la puerta del enorme castillo. El caballero cogió la llave
dorada de su cuello y la introdujo en la cerradura. Y mientras abría la puerta,
Rebecca le dijo:
-Nosotras no iremos contigo.
El caballero, que estaba empezando a amar y confiar en los animales, se sintió
decepcionado por que no le acompañaran. Estaba a punto de decirlo, cuando se
dio cuenta. Estaba esperando otra vez.
Los animales sabían que el caballero dudaba entre entrar o no en el castillo.
-Os podemos mostrar la puerta- dijo Ardilla, -pero tendréis que entrar solo.
Al alejarse volando, Rebecca le llamo alegremente.
-Nos encontraremos al otro lado.
*

_
4.- EL CASTILLO DEL SILENCIO
Abandonado a su suerte, el caballero asomo la cabeza por la puerta del
castillo. Las rodillas le temblaban ligeramente, por lo que producía un ruido
metálico a causa de su armadura. Como no quería parecer una gallina frente a
una paloma, en caso de que Rebecca pudiera verle, reunió fuerzas y entro
valientemente, cerrando la puerta a sus espaldas.
Por un momento deseo no haber dejado atrás su espada, pero Merlín le había
prometido que no tendría que matar dragones, y el caballero confiaba plenamente
en el mago.
Entro en la enorme antesala del castillo y miro a su alrededor. Solo vio el fuego
que ardía en una enorme chimenea de piedra en uno de los muros y tres
alfombras en el suelo. Se sentó en la alfombra mas cercana al fuego.
El caballero pronto se dio cuenta de dos cosas: primero, parecía no haber
ninguna puerta que lo condujera fuera de la habitación, hacia otras áreas del
castillo. Segundo, había un extraordinario y aterrador silencio. Se sobresalto al
notar que el fuego ni siquiera chasqueaba. El caballero pensaba que su castillo
era silencioso, especialmente en las épocas en que Julieta no le hablaba durante
dias, pero aquello no era nada comparado con esto. El castillo del silencio hacia
honor a su nombre, penso. Jamas en su vida se había sentido tan solo.
De repente, el caballero se sobresalto por el sonido de una voz familiar a sus
espaldas.
-Hola, caballero.
El caballero se giro y se sorprendió al ver al rey aproximarse desde una
esquina lejana de la habitación.
-Rey!- dijo con la voz entrecortada -Ni siquiera os había visto. Que estáis
haciendo aquí?
-Lo mismo que vos, caballero: buscando la puerta.
El caballero miro a su alrededor otra vez.
-No veo ninguna puerta.
-Uno no puede ver realmente hasta que comprende- dijo el rey. -Cuando
comprendáis lo que hay en esta habitación, podréis ver la puerta que conduce a la
siguiente.
-Definitivamente, eso espero, rey- dijo el caballero. -Me sorprende veros aquí.
Había oído que estabais en una cruzada.
-Eso es lo que dicen siempre que viajo por el sendero de la verdad- explico el
rey. -Mis súbditos lo entienden mejor asi.
El caballero parecía perplejo.
-Todo el mundo entiende las cruzadas- dijo el rey -pero muy pocos
comprenden la verdad.
-Si- asintió el caballero. -Yo mismo no estaría en este sendero si no estuviera
atrapado en esta armadura.
-La mayoría de la gente esta atrapada en su armadura- declaro el rey.
-Qué queréis decir?- pregunto el caballero.
-Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego
un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir.
-Nunca pense que vos estuvierais atrapado, rey. Sois tan sabio...- dijo el
caballero.
El rey soltó una carcajada.
-Soy lo suficientemente sabio como para saber cuando estoy atrapado, y
también para regresar aquí para aprender mas de mi mismo.
El caballero estaba entusiasmado, pensando que quizás el rey podría
mostrarle el camino.
-Decidme- dijo el caballero, su rostro iluminado, -podríamos atravesar el castillo
juntos? Asi no seria tan solitario...
El rey negó con la cabeza.
-Una vez lo intente. Es verdad que mis compañeras y yo no nos sentíamos
solos porque hablábamos constantemente, pero cuando uno habla es imposible
ver la puerta de salida de esta habitación.
-Quizá podríamos limitarnos a caminar juntos, sin hablar- sugirió el caballero.
No le apetecía mucho tener que caminar solo por el castillo del silencio.
El rey volvió a negar con la cabeza, esta vez con mas fuerza.
-No, también lo intente. Hizo que el vacío fuera menos doloroso, pero tampoco
pude ver la puerta de salida.
El caballero protesto.
-Pero si no estabais hablando...
-Permanecer en silencio es algo mas que no hablar- dijo el rey. -Descubrí que,
cuando estaba con alguien, mostraba solo mi mejor imagen. No dejaba caer mis
barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba
esconder.
-No lo capto- dijo el caballero.
-Lo comprenderéis- replico el rey -cuando hayáis permanecido aquí el tiempo
suficiente. Uno debe estar solo para poder dejar caer su armadura.
El caballero estaba desesperado.
-No quiero quedarme aquí solo!- exclamo, golpeando el duelo con el pie, y
dejándolo caer involuntariamente sobre el pie del rey.
El rey grito de dolor y comenzó a dar saltos.
El caballero estaba horrorizado! Primero al herrero; ahora al rey.
-Perdonad señor- dijo, disculpándose.
El rey acaricio su pie con suavidad.
-Oh, bueno. Esa armadura os hace mas daño a vos que a mi- luego, miro al
caballero con expresión sabia. -Comprendo que no queráis quedaros solo en el
castillo. Yo tampoco lo deseaba las primeras veces que estuve aquí, pero ahora
me doy cuenta de que lo que uno ha de hacer aquí, lo ha de hacer sólo-. Dicho
esto, se alejo cojeando al tiempo que decía: -ahora debo irme.
Perplejo, el caballero pregunto:
-Adónde vais? La puerta esta por aquí.
-Esa puerta es solo de entrada. La puerta que lleva a la siguiente habitación
esta en la pared mas lejana. La vi, por fin, cuando vos entrabais- dijo el rey.
-Qué queréis decir con que por fin la visteis? No recordabais donde estaba, de
las otras veces que estuvisteis aquí?- pregunto el caballero, sin comprender por
que el rey continuaba viniendo.
-Uno nunca acaba de viajar por el sendero de la verdad. Cada vez que vengo,
a medida que voy comprendiendo cada vez mas, encuentro nuevas puertas-. El
rey se despidió con la mano. -Trataos bien, amigo mio.
-Aguardad, por favor!- le suplico el caballero.
El rey se volvió y le miro con compasión.
-Si?
El caballero, que no podía hacer que tambalease la resolución del rey, pidió:
-Hay algún consejo que me podáis dar antes de iros?
El rey lo penso un momento, luego respondió:
-Éste es un nuevo tipo de cruzada para vos, querido caballero: una que
requiere mas coraje que todas las otras batallas que habéis conocido antes. Si
lográis reunir las fuerzas necesarias y quedaros para hacer lo que tenéis que
hacer aquí, será vuestra mayor victoria.
Dicho esto, el rey se giro y, estirando el brazo como para abrir una puerta,
desapareció en la pared, dejando perplejo al caballero.
El caballero corrió al sitio donde había estado el rey, esperando que, de cerca,
también podría ver la puerta. Al encontrar tan solo lo que parecía ser una pared
sólida, comenzó a caminar por toda la habitación. Lo único que el caballero podía
oír era el sonido de su armadura resonando por todo el castillo.
Después de un rato, se sentía mas deprimido que nunca. Para animarse, canto
un par de canciones de batalla: Estare contigo para llevarte a una cruzada, cariño
y dondequiera que deje mi yelmo, esa será mi casa. Las canto una y otra vez.
A medida que su voz se fue cansando, la quietud comenzó a ahogar su canto,
envolviéndolo en el silencio más absoluto. Solo entonces pudo el caballero admitir
francamente algo que ya sabia: tenia miedo de estar solo.
En ese momento, vio una puerta en la parte más lejana de la habitación. Fue
hasta ella, la abrió lentamente y entro en otra habitación. Esta otra sala se parecía
mucho a la anterior, solo que era más pequeña. También esta estaba vacía de
todo sonido.
Para pasar el tiempo, el caballero comenzó a hablar consigo mismo. Decía
cualquier cosa que le venia a la mente. Hablo de cómo era de pequeño y de que
manera era diferente de los otros niños que conocía. Mientras cazaban codornices
y jugaban a "ponle la cola al burro", el se quedaba en casa y leía. Como en aquel
entonces los libros eran manuscritos por los monjes, había pocos y, muy pronto,
los hubo leído todos. Fue entonces cuando comenzó a hablar con todo aquel que
pasaba delante de el. Cuando no había con quien hablar, hablaba consigo mismo,
igual que ahora. Se encontró diciendo que había hablado toda su vida para evitar
sentirse solo.
El caballero penso profundamente sobre esto hasta que el sonido de su propia
voz rompió el aterrador silencio.
-Supongo que siempre he tenido miedo de estar solo.
Mientras pronunciaba estas palabras, otra puerta se hizo visible. El caballero la
abrió y entro en la siguiente habitación. Era más pequeña aun que la anterior.
Se sentó en el suelo y continuo pensando, al poco rato, le vino el pensamiento
de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había
hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el
momento. Y entonces apareció otra puerta. Llevaba a una habitación aun mas
pequeña que las anteriores.
Animado por su progreso, el caballero hizo algo que nunca antes había hecho.
Se quedo quieto y escucho el silencio. Se dio cuenta de que, durante la mayor
parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada. El sonido del
viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, habían estado
siempre ahí, pero en realidad nunca los había oído. Tampoco había oído a Julieta,
cuando ella intentaba decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste.
Le hacia recordar que el también estaba triste. De hecho, una de4 las razones por
las que había decidido dejarse la armadura puesta todo el tiempo era porque asi
ahogaba la triste voz de Julieta. Todo lo que tenia que hacer era bajar la visera y
ya no la oía.
Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto
en acero; tan sola como el se había sentido en esta lúgubre habitación. Su propio
dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta
también. Durante años, la había obligado a vivir en un castillo de silencio. Se puso
a llorar.
El caballero lloro tanto que las lagrimas se derramaron por los agujeros de la
visera y empaparon la alfombra que había debajo de el. Las lagrimas fluyeron
hacia la chimenea y apagaron el fuego. En realidad, toda la habitación había
empezado a inundarse, y el caballero se hubiera ahogado si no fuera porque en
ese preciso instante apareció otra puerta.
Aunque estaba exhausto por el diluvio, se arrastro hasta la puerta, la abrió y
entro en una habitación que no era mucho mayor que el establo de su caballo.
-Me pregunto por que las habitaciones son cada vez más pequeñas- dijo en
voz alta.
Una voz replico:
-Porque os estáis acercando a vos mismo.
Sobresaltado, el caballero miro a su alrededor. Estaba solo, o eso había
creído. Quién había hablado?
-Tu has hablado- dijo la voz como respuesta a su pensamiento.
La voz parecía venir de dentro de sí mismo. Era eso posible?
-Si, es posible- respondió la voz. -Soy tu yo verdadero.
-Pero si yo soy mi yo verdadero- protesto el caballero.
-Mírate- pronuncio la voz con ligera aversión, - ahí sentado medio muerto,
dentro de ese montón de lata, con la visera oxidada y la barba hecha una sopa. Si
tu eres tu verdadero yo, los dos estamos en problemas!
-Ahora óyeme tú a mí- dijo el caballero. -He vivido todos estos años sin oír ni
una palabra sobre ti. Ahora que oigo, lo primero que me dices es que eres mi
verdadero yo. Por que no me habías hablado antes?
-He estado aquí durante años- replico la voz, -pero esta es la primera vez que
estas lo suficientemente silencioso como para oírme.
El caballero dudo.
-Si tu eres mi verdadero yo, entonces, por favor, dime, quien soy yo?
La voz replico amablemente:
-No puedes pretender aprender todo de golpe. Por que no te vas a dormir?
-Esta bien- dijo el caballero, -Pero antes, quiero saber como debo llamarte.
-Llamarme?- pregunto la voz, perpleja, -Pero si yo soy tu!
-No puedo llamarte yo. Me confunde.
-Esta bien. Llámame Sam.
-Por que Sam?
-Y por que no?- fue la respuesta.
-Tienes que conocer a Merlín- dijo el caballero, empezando a cabecear de
cansancio. Luego se le cerraron los ojos mientras se sumergía en un profundo y
dulce sueño.
Cuando despertó, no sabia donde estaba. Tan solo era consciente de sí
mismo. El resto del mundo parecía haberse desvanecido. A medida que se fue
despertando, el caballero se fue dando cuenta de que Ardilla y Rebecca estaban
sentadas sobre su pecho.
-Cómo habéis entrado aquí?- pregunto.
Ardilla rió.
-No estamos ahí.
-Vos estáis aquí- arrulló Rebecca.
El caballero abrió mas los ojos y se sentó. Miro a su alrededor sorprendido. Sin
lugar a dudas, se encontraba sentado sobre el sendero de la verdad, al otro lado
del castillo del silencio.
-Cómo salí de allí?- pregunto.
Rebecca le respondió:
-De la única manera posible. Pensando.
-Lo ultimo que recuerdo- dijo el caballero -es que estaba hablando con...- Aquí
se detuvo. Quería contarles a Rebecca y Ardilla acerca de Sam, pero no era fácil
de explicar. Además, podía habérselo imaginado todo. Tenia mucho que pensar.
El caballero se rasco la cabeza, pero tardo un momento en darse cuenta de que
en realidad estaba rascando su propia piel. Se llevo las dos manos envueltas en
acero a la cabeza. Su yelmo había desaparecido! Se toco la cara y la larga barba.
-Ardilla! Rebecca!- grito.
-Ya lo sabemos- dijeron en un alegre unísono. -Habéis debido llorar otra vez en
el castillo del silencio.
-Lo hice- replico el caballero. -Pero, como puede haberse oxidado todo un
yelmo en una noche?
Los animales rieron con estrépito. Rebecca yacía sin aliento, dando aletazos
contar el suelo. Al caballero le pareció que estaba fuera de sus pajarillos. Exigió
que le hicieran saber que era tan gracioso.
Ardilla fue la primera en recuperar el aliento.
-No estuvisteis solo una noche en el castillo.
-Entonces, durante cuanto tiempo?
-Y si os dijera que mientras estabais ahí dentro pude haber recogido fácilmente
mas de cinco mil nueces?
-Diría que estáis loca!- exclamo el caballero.
-Pues permanecisteis en el castillo durante mucho tiempo- afirmo Rebecca.
El caballero dejo caer la mandíbula incrédulo. Miro hacia al cielo y, con una
resonante voz, dijo:
-Merlín, debo hablar con vos.
Como había prometido, el mago apareció inmediatamente. Iba desnudo, a
excepción de su larga barba, y estaba completamente mojado. Parecía que el
caballero le había cogido mientras tomaba un baño.
-Lamento la intrusión- dijo el caballero, -pero era una urgencia. Yo...
-No hay problema- dijo Merlín, interrumpiéndolo. -Los magos somos
molestados a menudo-. Se sacudió el agua de la barba.
-Respondiendo a vuestra pregunta, he de deciros que es verdad.
Permanecisteis en el castillo del silencio por un largo tiempo.
Merlín no dejaba de sorprender al caballero.
-Cómo sabíais lo que quería preguntaros?
-Cómo me conozco, puedo conoceros. Somos todos parte el uno del otro.
El caballero penso un momento.
-Estoy empezando a entender. He podido comprender que el dolor de Julieta
porque soy parte de ella?
-Si- respondió Merlín. -Por eso pudisteis llorar por ella y por vos mismo. Fue la
primera vez que derramasteis lagrimas por otra persona.
El caballero le dijo a Merlín que se sentía orgulloso. El mago sonrío infulgente.
-Uno no debe sentirse orgullosos por ser humano. Tiene tan poco sentido
como que Rebecca se sintiera orgullosa por poder volar. Rebecca nació con alas.
Vos nacisteis con un corazón, y ahora lo estáis utilizando, como es natural.
-Realmente sabéis como desanimar a un amigo, Merlín.
-No era mi intención ser duro con vos. Lo estáis haciendo bien, de no ser asi,
no hubieras conocido a Sam.
El caballero se sintió aliviado.
-Entonces, lo oí realmente? No fue solo mi imaginación?
Merlín soltó una risita ahogada.
-No, Sam es real. De hecho, es un yo mas real que el que habéis llamado yo
durante todos estos años. No os estáis volviendo loco. Simplemente, estáis
empezando a oír a vuestro yo verdadero. Por esa razón el tiempo transcurrió sin
que os dierais cuenta.
-No lo comprendo- dijo el caballero.
-Comprenderéis cuando hayáis pasado por el castillo del conocimiento.
Antes de que el caballero pudiera hacer mas preguntas, Merlín desapareció.
*

_
5.- EL CASTILLO DEL CONOCIMIENTO
El caballero, Ardilla y Rebecca continuaron el viaje por el sendero de la verdad,
en dirección al castillo del conocimiento. Se detuvieron tan solo dos veces ese día,
una para comer y otra para que el caballero afeitara su escuálida barba y cortara
su largo cabello con el borde afilado del guantelete. Una vez hecho esto, el
caballero tuvo mejor aspecto y se sintió mucho mejor, mas libre que antes. Sin el
yelmo podía comer nueces sin la ayuda de Ardilla. Aunque había apreciado la
técnica salvavidas, no consideraba que aquello fuera un modo de vida realmente
elegante. Se podía alimentar también de frutas y raíces a las que se había
acostumbrado. Nunca mas comería paloma ni ninguna otra ave o carne, pues se
daba cuenta que hacerlo seria, literalmente, como comerse a sus amigos.
Justo antes de caer la noche, el trío continuo caminando penosamente por un
monte y contemplo el castillo del conocimiento en la distancia. Era mayor que el
castillo del silencio, y la puerta era de oro sólido. Era el castillo mas grande que el
caballero hubiera visto jamas, incluso mayor que el que el caballero se había
construido. el caballero contemplo la impresionante estructura y se pregunto quien
lo habría diseñado.
En ese preciso momento, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de
Sam.
-El castillo del conocimiento fue diseñado por el propio universo: la fuente de
todo conocimiento.
El caballero se sintió sorprendido y a la vez complacido de volver a oír la voz
de Sam.
-Me alegro que hayas vuelto- dijo.
-En realidad, nunca me fui- replico Sam. -Recuerda que yo soy tu.
-Por favor, no quiero volver a escuchar eso. Que te parezco ahora que me he
afeitado y me he cortado el pelo?
-Es la primera vez que sacas provecho de ser esquilado- replico Sam.
El caballero rió con la broma de Sam. Le gustaba su sentido del humor. Si el
castillo del conocimiento se asemejaba al castillo del silencio, estaría feliz de tener
a Sam por compañía.
El caballero, Rebecca y Ardilla cruzaron el puente levadizo por encima del foso
y se detuvieron ante la dorada puerta. El caballero cogió la llave que colgaba de
sus cuello e hizo girar la cerradura. Al abrir la puerta, le pregunto a Rebecca y a
Ardilla si se irían como lo habían hecho en el castillo del silencio.
-No- replico Rebecca. -El silencio es para uno; el conocimiento es para todos.
El caballero se pregunto como era posible que se considerara a una paloma un
blanco fácil.
Los tres atravesaron la puerta y penetraron en una oscuridad tan densa que el
caballero no podía ver ni su propia mano. El caballero busco a tientas las
acostumbradas antorchas que suelen estar en la entrada de los castillos, pero no
había ninguna. Un castillo con puerta de oro y sin antorchas?
-Incluso los castillos de la zona barata tienen antorchas- refunfuño el caballero
al tiempo que Ardilla lo llamaba.
El caballero tanteo el camino hasta donde se encontraba ella y vio que estaba
señalando una inscripción que brillaba en la pared. Ponía:
"El conocimiento es la luz que iluminara vuestro camino"
"Preferiría una antorcha", penso el caballero, "quienquiera que sea el que
gestiona este castillo, esta decidido a reducir las facturas de la luz"
Sam hablo:
-Significa que cuantas mas cosas sepas, mas luz habrá en el interior del
castillo.
-Apuesto a que tienes razón, Sam!- exclamo el caballero. Y un rayo de luz se
filtro en la habitación.
En ese preciso momento, Ardilla volvió a llamar al caballero para que se
reuniera con ella. Había encontrado otra brillante inscripción grabada en la pared:
Habéis confundido la necesidad con el amor?
Todavía perturbado, el caballero mascullo:
-Supongo que tengo que encontrar la respuesta para conseguir un poco mas
de luz.
-Lo estas cogiendo rápidamente- replico Sam, a lo que el caballero respondió
bufando:
-No tengo tiempo para jugar a preguntas y respuestas. Quiero encontrar mi
camino por el castillo para poder llegar pronto a la cima de la montaña!
-Tal vez lo que tengáis que aprender aquí sea que tenéis todo el tiempo del
mundo- sugirió Rebecca.
El caballero no estaba de un animo muy receptivo, y no tenia ganas de oír su
filosofía. Por un momento considero la posibilidad de internarse en la oscuridad
del castillo e intentar atravesarlo. La negrura, sin embargo, era bastante
intimidadora y, sin su espada, se sentía temeroso. Le pareció que la única
alternativa que le quedaba era intentar descifrar el significado de la inscripción.
Suspiro y se sentó ante ella. La leyó otra vez: habéis confundido la necesidad con
el amor?
El caballero sabia que amaba a Julieta y a Cristóbal, aunque tenia que admitir
que había amado mas a Julieta antes de que le diera por ponerse bajo los toneles
de vino y vaciar su contenido en su boca.
Sam dijo:
-Si, amabais a Julieta y a Cristóbal, pero, no los necesitabais también?
-Supongo que si- admitió el caballero.
Había necesitado toda la belleza que Julieta le añadió a su vida con su
inteligencia y su encantadora poesía. También había necesitado las cosas
agradables que ella solía hacer, como invitar amigos para que lo animaran,
después de que se quedara atrapado en su armadura.
Se acordó de las épocas en las que el asunto de la caballería había estado
bajo mínimos y no se podían permitir comprar ropa nueva o contratar sirvientes.
Julieta había confeccionado hermosos vestidos para la familia y había preparado
deliciosos platos para el caballero y sus amigos. El caballero reconoció que Julieta
había mantenido siempre el castillo muy limpio. Y él le había dado muchos
castillos para limpiar. A menudo habían tenido que mudarse a un castillo mas
barato cuando él había regresado de las cruzadas sin un chavo. Había dejado que
Julieta hiciera casi todas las mudanzas ella sola, pues el solía estar siempre en
algún torneo. Recordó su aspecto agotado mientras llevaba sus pertenencias de
un castillo a otro, y como se había puesto cuando se vio imposibilitada de tocarlo
por causa de la armadura.
-No fue entonces cuando Julieta comenzó a ponerse bajo los toneles de vino?-
pregunto Sam suavemente.
El caballero asintió, y las lagrimas brotaron de sus ojos. Después, se le ocurrió
algo espantoso: no había querido culparse de las cosas que hacia. Había preferido
culpar a Julieta por todo el vino que bebía. De hecho, le venia bien que ella
bebiera, asi podía decir que todo era por su culpa, incluyendo el hecho de que el
estuviera atrapado en la armadura.
A medida que el caballero se iba dando cuenta de lo injusto que había sido con
Julieta, las lagrimas iban cayendo por sus mejillas. Si, la había necesitado mas de
lo que la había amado. Deseo haberla necesitado menos y amado mas, pero no
había sabido hacerlo.
Mientras continuaba llorando, le vino a la cabeza que también había
necesitado a Cristóbal mas de lo que lo había amado. Un caballero necesitaba un
hijo para que partiera a las batallas y luchara en nombre de su padre cuando este
se hiciera mayor. Esto no quería decir que el caballero no amara a Cristóbal, pues
amaba la belleza de su hijo. También disfrutaba oyéndole decir: "Te quiero, papa",
pero, asi como había amado estas cosas de Cristóbal, también respondían a una
necesidad suya.
Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: había necesitado el
amor de Julieta y de Cristóbal porque no se amaba a sí mismo! De hecho, había
necesitado el amor de todas las damiselas que había rescatado y de toda la gente
por la que había luchado en las cruzadas porque no se amaba a sí mismo.
El caballero lloro aun más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía
amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría.
Al admitir esto, una hermosa y resplandeciente luz brillo a su alrededor, ahí
donde antes había habido oscuridad. Una mano se poso suavemente sobre su
hombro. Miro a través de sus lagrimas y vio a Merlín que le sonreía.
-Habéis descubierto una gran verdad- le dijo el mago al caballero. -Sólo podéis
amar a otros en la medida en que os amáis a vos mismo.
-Y como hago para empezar a amarme?- pregunto el caballero.
-Ya habéis empezado, al saber lo que ahora sabéis- dijo Merlín.
-Sé que soy un tonto- sollozo el caballero.
-No, conocéis la verdad, y la verdad es amor.
Esto consoló al caballero, que dejo de llorar. A medida que sus lagrimas se
fueron secando, fue notando la luz que había a su alrededor. Era distinta de
cualquier luz que hubiera visto antes.
Parecía no venir de ningún lugar, y de todos los lugares a la vez.
Merlín hizo eco del pensamiento del caballero:
-No hay nada más hermoso que la luz del conocimiento.
El caballero miro la luz que le rodeaba y luego hacia la lejana oscuridad.
-Para vos no hay oscuridad en este castillo, no ese verdad?
-No- replico Merlín. -Ya no.
Animado, el caballero se puso de pie, listo para continuar. Le agradeció a
Merlín por haber aparecido incluso sin haber sido llamado.
-Está bien- dijo el mago. -Uno no siempre sabe cuando pedir ayuda.
Y, dicho esto, desapareció.
Cuando el caballero se dispuso a continuar, Rebecca apareció volando desde
la oscuridad.
-Escuchad!- dijo toda emocionada -Esperad a ver lo que voy a mostraros!
El caballero nunca había visto a Rebecca tan excitada. Normalmente, era mas
bien tranquila, pero ahora no dejaba de dar saltos sobre su hombro, sin poder
contenerse mientras guiaba al caballero y a Ardilla hacia un gran espejo.
-Es eso! Es eso!- gorjeo en voz alta, los ojos brillando de entusiasmo.
El caballero tuvo una decepción.
-Es solo un viejo espejo- dijo impaciente -vamos, pongámonos en marcha.
-No es un espejo corriente- insistió Rebecca. -No refleja tu aspecto. Refleja
como eres de verdad.
El caballero estaba intrigado, pero no entusiasmado. Nunca le habían
importado mucho los espejos porque nunca se había considerado muy guapo.
Pero Rebecca insistió, asi que, de mala gana, se coloco ante el espejo y
contemplo su reflejo. Para su gran sorpresa, en lugar de un hombre alto con ojos
tristes y nariz grande, con una armadura hasta el cuello, vio a una persona
encantadora y vital, cuyos ojos brillaban con amor y compasión.
-Quién es?- pregunto.
Ardilla respondió:
-Sois vos.
-Éste espejo es un fantasma- dijo el caballero. -Yo no soy asi.
-Estáis viendo a vuestro yo verdadero- explico Sam, -el yo que vive bajo esa
armadura.
-Pero- protesto el caballero, contemplándose con atención en el espejo, -ese
hombre es un espécimen perfecto. Y su rostro esta lleno de inocencia y belleza.
-Ese es tu potencial- le respondió Sam, -ser hermoso, inocente y perfecto.
-Si ese es mi potencial- dijo el caballero, -algo terrible me sucedió en el
camino.
-Si- replico Sam, -pusiste una armadura invisible entre tu y tus verdaderos
sentimientos. Ha estado ahí durante tanto tiempo que se ha hecho visible y
permanente.
-Quizá si escondí mis sentimientos- dijo el caballero. -Pero no podía decir
simplemente todo lo que se me pasaba por la cabeza y hacer todo lo que me
apetecía. Nadie me hubiera querido.- El caballero se detuvo al pronunciar estas
palabras, pues se dio cuenta que se había pasado la vida intentando agradar a la
gente. Penso en todas las cruzadas en las que había luchado, los dragones que
había matado, y en las damiselas en apuros que había rescatado: todo para
demostrar que era bueno, generoso y amoroso. En realidad, no tenia que
demostrar nada. Era bueno, generosos y amoroso.
-Jabalinas saltarinas!- exclamo -he desperdiciado toda mi vida!
-No- dijo Sam rápidamente. -No las has desperdiciado. Necesitabas tiempo
para aprender lo que has aprendido.
-Todavía tengo ganas de llorar- dijo el caballero.
-Pues, eso si seria un desperdicio- dijo Sam.
Acto seguido, entono esta canción:
"Las lagrimas de autocompasion no te pueden ayudar.
No son del tipo que a tu armadura puedan eliminar."
El caballero no estaba de humor para apreciar ni la canción ni el humor de
Sam.
-Deja ya esas pesadas rimas, o te echare fuera- chillo.
-No me puedes echar- rió Sam. -Yo soy tu. No lo recuerdas?
En ese momento, el caballero se hubiera pegado un tiro gustoso con tal de
librarse de Sam, mas, por fortuna, aun no se habían inventado las armas de fuego.
Aparentemente, no había manera de librarse de Sam.
El caballero se miro en el espejo otra vez. La amabilidad, la compasión, el
amor, la inteligencia y la generosidad le devolvieron al mirada. Se dio cuenta de
que todo lo que tenia que hacer para tener todas esas cualidades era reclamarlas,
pues siempre había estado ahí.
Ante este pensamiento, la hermosa luz brillo una vez mas, con mas fuerza que
antes. Ilumino toda la habitación revelando, para sorpresa del caballero, que el
castillo tenia tan solo una gigantesca habitación.
-Es la construcción estándar para un castillo del conocimiento- dijo Sam.
-El verdadero conocimiento no se divide en compartimentos porque todo
procede de una única verdad.
El caballero asintió. Estaba listo para partir justo cuando Ardilla se acerco
corriendo.
-Éste castillo tiene un patio con un gran manzano en el centro.
-Oh, llévame a el- pidió el caballero ansioso, pues empezaba a tener hambre.
El caballero y Rebecca siguieron a Ardilla hasta el patio. Las robustas ramas
del árbol se torcían por el peso de las manzanas más brillantes y rojas que el
caballero hubiera visto jamas.
-Te gustan las manzanas?- pregunto Sam.
El caballero se encontró riendo. Luego noto una inscripción grabada en una
losa junto al árbol:
Por esta fruta no impongo condición, pero ahora aprenderéis acerca de la
ambición.
El caballero reflexiono sobre esto pero, con franqueza, no tenia ni idea de lo
que significaba. Finalmente, decidió olvidarlo.
-Si lo haces, no saldremos de aquí- dijo Sam.
El caballero gruñio.
-Éstas inscripciones son cada vez mas difíciles de entender.
-Nadie dijo que el castillo del conocimiento fuera fácil- dijo Sam con firmeza.
El caballero suspiro, cogió una manzana y se sentó bajo el árbol con Rebecca
y Ardilla.
-Vosotras lo entendéis?- les pregunto.
Ardilla negó con la cabeza.
El caballero miro a Rebecca, que también negó con la cabeza.
-Pero lo que si se- dijo pensativa -es que no tengo ninguna ambición.
-Ni yo- intervino Ardilla. -Y apuesto a que este árbol tampoco tiene ninguna.
-Tiene razón- dijo Rebecca. -éste árbol es como nosotras. No tiene
ambiciones. Quizá vos no necesitéis ninguna.
-Eso esta bien para los animales y los arboles- dijo el caballero. -Pero, que
seria una persona si no tuviese ambición?
-Feliz- dijo Sam.
-No, no lo creo.
-Todos estáis en lo cierto- dijo una voz familiar.
El caballero se volvió y vio a Merlín de pie, detrás de el y los animales. El mago
vestía su larga túnica blanca y llevaba un laúd.
-Estaba a punto de llamarois, Merlín- dijo el caballero.
-Lo sé- replico el mago. -Todo el mundo necesita ayuda para entender a un
árbol. Los arboles son felices simplemente siendo arboles, al igual que Rebecca y
Ardilla son felices siendo simplemente lo que son.
-Pero los humanos somos distintos- protesto el caballero. -Tenemos mentes.
-Nosotras también tenemos mentes- declaro Ardilla, un tanto ofendida.
-Lo siento. Es solo que los seres humanos tenemos mentes mas complicadas
que hacen que deseemos ser mejores- explico el caballero.
-Mejores que que?- pregunto Merlín, tañendo ociosamente unas notas en su
laúd.
-Mejores de lo que somos- respondió el caballero.
-Nacéis hermosos, inocentes y perfectos. Que podría ser mejor que eso?-
demando Merlín.
-No, quiero decir que queremos ser mejores de lo que pensamos que somos, y
mejores que los demás... ya sabéis, como yo, que siempre he querido ser el mejor
caballero del reino.
-Ah, si- admitió Merlín,- la ambición de vuestra complicada mente os llevo a
intentar demostrar que erais mejor que otros caballeros.
-Y que hay de malo en ello?- pregunto el caballero a la defensiva.
-Cómo podíais ser mejor que otros caballeros si todos nacisteis tan inocentes y
perfectos como erais?
-Al menos era feliz intentándolo- replico el caballero.
-Lo erais? O es que estabais tan ocupado intentando serlo que no podíais
disfrutar del simple hecho de ser?
-Me estáis confundiendo- musitó el caballero. -Sé que las personas necesitan
tener ambición. Desean ser listas y tener bonitos castillos y poder cambiar el
caballo del año pasado por uno nuevo. Quieren progresar.
-Ahora estáis hablando del deseo del hombre de enriquecerse; pero si una
persona es generosa, amorosa, compasiva, inteligente y altruista, como podría ser
más rica?
-Esas riquezas no sirven para comprar castillos y caballos- dijo el caballero.
-Es verdad- Merlín esbozo una sonrisa, -hay mas de un tipo de riquezas, asi
como hay mas de un tipo de ambición.
-A mi me parece que la ambición es la ambición. O deseas progresar o no lo
deseas.
-Es mas complicado que todo eso- respondió el mago. -La ambición que
proviene de la mente te puede servir para conseguir bonitos castillos y buenos
caballos. Sin embargo, solo la ambición que proviene del corazón puede darte,
además, la felicidad.
-Qué es la ambición del corazón?- le cuestiono el caballero.
-La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a
nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.
-Como?- pregunto el caballero, esforzándose por comprender.
-Es aquí donde podemos aprender del manzano. Se ha convertido en un árbol
hermoso y maduro, que da generosamente sus frutos a todos. Cuantas más
manzanas coge la gente- dijo Merlín- mas crece el árbol y más hermoso deviene.
Este árbol hace exactamente lo que un manzano debe hacer: Desarrollar su
potencial para beneficio de todos. Lo mismo sucede con las personas que tienen
ambiciones del corazón.
-Pero- objeto el caballero- si me pasara el día regalando manzanas, no podría
tener un elegante castillo y no podría cambiar el caballo del año pasado por uno
nuevo.
-Vos, como la mayoría de la gente, queréis poseer muchas cosas bonitas, pero
es necesario separar la necesidad de la codicia.
-Decidle eso a una esposa que quiere un castillo en un mejor barrio- replico
mordaz el caballero.
Una expresión divertida se dibujo en el rostro de Merlín.
-Podríais vender algunas de vuestras manzanas para pagar el castillo y el
caballo. Después podríais dar las manzanas que no necesitarais para que los
demás se alimentasen.
-Este mundo es mas fácil para los arboles que para las personas- dijo el
caballero filosóficamente.
-Es una cuestión de percepción- dijo Merlín. -Recibís la misma energía vital
que el árbol. Utilizáis la misma agua, el mismo aire y la misma nutrición de la
tierra. Os aseguro que si aprendéis del árbol podréis dar frutos y no tardareis en
tener todos los caballos y castillos que deseáis.
-Queréis decir que podría conseguir todo lo que necesito simplemente
quedándome quieto en mi propio jardín?- pregunto el caballero.
Merlín rió.
-A los seres humanos se les dio dos pies para que no tuvieran que permanecer
en un mismo lugar, pero si se quedaran quietos mas a menudo para poder aceptar
y apreciar, en lugar de ir de aquí para allá intentando apoderarse de todo lo que
pueden, entenderían verdaderamente lo que es la ambición del corazón.
El caballero permaneció en silencio, reflexionando sobre las palabras de
Merlín. Estudio el manzano que florecía ante sus ojos. Observo a Ardilla, a
Rebecca y a Merlín. Ni el árbol ni los animales tenían ambición, y la ambición de
Merlín provenía sin duda de su corazón. Todos parecían sanos y felices; eran
hermosos especímenes de la vida.
Después penso en sí mismo: escuálido y con una barba que empezaba a tener
mal aspecto. Estaba mal nutrido, nervioso, y exhausto por tener que arrastrar su
pesada armadura. Había adquirido todo esto por su ambición mental, y ahora
comprendía que todo eso debía cambiar. La idea le inspiraba temor, pero luego
penso que ya lo había perdido todo, asi que... que mas podía perder?
-A partir de este momento, mis ambiciones vendrán del corazón- prometio el
caballero.
Mientras pronunciaba estas palabras, el castillo y Merlín desaparecieron, y el
caballero se encontró otra vez en el sendero de la verdad, con Rebecca y Ardilla.
Junto al sendero se extendía un cabrilleante arroyo. Sediento, se arrodilló para
beber de su agua y noto con sorpresa que la armadura que cubría sus brazos y
piernas se había oxidado y caído. Su barba había crecido. Era evidente que el
castillo del conocimiento, al igual que el castillo del silencio, había jugado con el
tiempo.
El caballero reflexiono sobre este extraño fenómeno y no tardo en darse cuenta
de que Merlín estaba en lo cierto. Decidió que era verdad, que el tiempo
transcurría con rapidez cuando uno se escuchaba a si mismo. Recordó cuantas
veces el tiempo se hacia eterno mientras el esperaba que otras personas lo
llenaran.
Ahora que todo lo que quedaba de su armadura era el peto, el caballero se
sintió mas ligero y mas joven de lo que se había sentido en años. También
descubrió que no se había sentido tan bien consigo mismo desde hacia mucho
tiempo. Con el paso firme de un muchacho, partió hacia el castillo de la voluntad y
la osadía con Rebecca volando sobre su cabeza y Ardilla corriendo a sus pies.

*

_
6.- EL CASTILLO DE LA VOLUNTAD Y LA OSADIA
Hacia el amanecer del día siguiente, el inverosímil trío llego al ultimo castillo.
Era mas alto que los otros y sus muros parecían más gruesos. Confiado de que
atravesaría velozmente este castillo, el caballero cruzo el puente levadizo con los
animales.
Cuando estaban a medio camino se abrió de golpe la puerta del castillo y un
enorme y amenazante dragón, cubierto de relucientes escamas verdes, surgió de
su interior, echando fuego por la boca. Espantado, el caballero se paro en seco.
Había visto muchos dragones, pero este no se parecía a ninguno. Era enorme,
y las llamas salían no solo de su boca, como sucedía con cualquier dragón común
y corriente, sino también de sus ojos y oídos. Y, por si eso fuera poco, las llamas
eran azules, lo cual quería decir que este dragón tenia un alto contenido de
butano.
El caballero busco su espada, pero su mano no encontró nada. Comenzó a
temblar. Con una voz débil e irreconocible, el caballero pidió ayuda a Merlín, mas,
para su desesperación, el mago no apareció.
-Por que no viene?- pregunto ansiosamente, al tiempo que esquivaba una
llamarada azul del monstruo.
-No lo se- replico Ardilla. -Normalmente se puede contar con el.
Rebecca, sentada sobre el hombro del caballero, ladeo la cabeza y escucho
con atención.
-Por lo que he podido captar, Merlín esta en París, en una conferencia de
magos.
"No me puede abandonar ahora", se dijo el caballero. "Me prometio que no
habría dragones en el sendero de la verdad".
-Se refería a los dragones comunes y corrientes- rugió el monstruo con una
voz que hizo temblar los arboles y que por poco hizo caer a Rebecca del hombro
del caballero.
La situación parecía seria. Un dragón que podía leer las mentes era
definitivamente lo peor que se podía esperar pero, de alguna manera, el caballero
logro dejar de temblar. Con la voz mas fuerte y potente que pudo, grito:
-Fuera de mi camino, bombona de butano gigante!
La bestia bufo, lanzando fuego en todas direcciones.
-Caramba, que atrevido el gatito asustado!
El caballero, que no sabia que mas hacer, intentó ganar tiempo.
-Qué haces en el castillo de la voluntad y la osadía?- pregunto.
-Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? Soy el dragón del miedo y la
duda.
El caballero reconoció que el nombre era muy acertado. Miedo y duda era
exactamente lo que sentía.
El dragón volvió a vociferar:
-Estoy aquí para acabar con todos los listillos que piensan que pueden derrotar
a cualquiera simplemente porque han pasado por el castillo del conocimiento.
Rebecca susurro al oído del caballero:
-Merlín dijo una vez que el conocimiento de uno mismo podía matar al dragón
del miedo y la duda.
-Y tú lo crees?- susurro el caballero.
-Si- afirmo Rebecca con firmeza.
-Pues, entonces, encárgate tu de ese lanzallamas verde!- el caballero dio
media vuelta y cruzo el puente levadizo corriendo, en retirada.
-Jo jo jo!- rió el dragón, y con su ultimo "jo" por poco quema los pantalones del
caballero.
-Os retiráis después de haber llegado tan lejos?- pregunto Ardilla, mientras el
caballero se sacudía las chispas de la espalda.
-No lo sé- replico él. -He llegado a habituarme a ciertos lujos, como vivir.
Sam intervino.
-Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el
conocimiento que tienes de ti mismo?
-Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al dragón
del miedo y la duda?- pregunto el caballero.
-Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que
dicen: "la verdad es más poderosa que la espada".
-Ya sé que eso es lo que se dice, pero... hay alguien que lo haya probado y
haya sobrevivido?- pregunto sutilmente el caballero.
Tan pronto como acabo de pronunciar estas palabras, el caballero recordó que
no necesitaba probar nada. Era bueno, generoso y amoroso. Por lo tanto, no
debía sentir miedo ni dudas. El dragón no era mas que una ilusión.
El caballero dirigió la mirada a través del puente hacia donde se encontraba el
monstruo lanzando fuego hacia unos arbustos, por lo visto para no perder la
practica. Con el pensamiento en la mente de que el dragón solo existía si el creía
que existía, el caballero inspiro profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el
puente levadizo.
El dragón, por supuesto, fue a su encuentro, bufando y echando fuego. Esta
vez, sin embargo, el caballero siguió adelante. Pero el coraje del caballero no
tardo en comenzar a derretirse, al igual que su barba, con el calor de las
llamaradas del dragón. Con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salió
corriendo.
El dragón dejo escapar una poderosa carcajada y disparo un chorro de fuego
contra el caballero en retirada. Con un aullido de dolor, el caballero atravesó el
puente como una bala, con Rebecca y Ardilla tras él. Al divisar un pequeño arroyo,
sumergió rápidamente su chamuscado trasero en el agua fresca, sofocando las
llamas en el acto.
Ardilla y Rebecca intentaban consolarlo desde la orilla.
-Habéis sido muy valiente- dijo Ardilla.
-No esta mal por tratarse del primer intento- añadió Rebecca.
Sorprendido, el caballero la miro desde donde estaba.
-Cómo que el primer intento?
Ardilla le respondió con toda naturalidad:
-Tendréis mas suerte la segunda vez.
El caballero respondió enfadado:
-Tú iras la segunda vez.
-Recordad que el dragón es solo una ilusión- dijo Rebecca.
-Y el fuego que sale de su boca? Eso también es una ilusión?
-En efecto- respondió Rebecca. -El fuego también era una ilusión.
-Entonces, como es que estoy sentado en este arroyo con el trasero
quemado?- exigió el caballero.
-Porque vos mismo hicisteis que el fuego fuera real al creer que el dragón era
real- explico Rebecca.
-Si creéis que el dragón del miedo y la duda es real, le dais el poder de
quemas vuestro trasero o cualquier otra cosa- dijo Ardilla.
45y enfrentarte al dragón de una
vez por todas.
El caballero se sintió acorralado. Eran tres contra uno. O, mejor dicho, dos y
medio contra uno; la mitad Sam del caballero estaba de acuerdo con Ardilla y
Rebecca, mientras que la otra mitad quería permanecer en el arroyo.
Mientras el caballero luchaba contra un coraje que flaqueaba, oyó a Sam decir:
-Dios le dio coraje al hombre. El hombre le da coraje a Dios.
-Estoy harto de intentar comprender el significado de las cosas. Prefiero
quedarme sentado en el arroyo y descansar.
-Mira- lo animó Sam, -si te enfrentas al dragón, hay una posibilidad de que lo
elimines, pero si no te enfrentas a el, es seguro que el te destruirá.
-Las decisiones son fáciles cuando solo hay una alternativa- dijo el caballero.
Se puso en pie de mala gana, inspiro profundamente y cruzo el puente levadizo
una vez más.
El dragón le miro incrédulo. Era un tipo verdaderamente terco.
-Otra vez?- bufo. -Bueno, esta vez si que te pienso quemar.
Pero esta vez el caballero que marchaba hacia el dragón era otro; uno que
cantaba una y otra vez: "el miedo y la duda son ilusiones".
El dragón lanzo gigantescas llamaradas contra el caballero una y otra vez pero,
por mas que lo intentaba, no lograba hacerlo arder.
A medida que el caballero se iba acercando, el dragón se iba haciendo cada
vez más pequeño, hasta que alcanzo el tamaño de una rana. Una vez extinguida
su llama, el dragón comenzó a lanzar semillas. Estas semillas -las semillas de la
duda- tampoco lograron detener al caballero. El dragón se iba haciendo aun más
pequeño a medida que continuaba avanzando con determinación.
-He vencido!- exclamo el caballero victorioso.
El dragón apenas podía hablar.
-Quizás esta vez, pero regresare una y otra vez para bloquear tu camino.
Dicho esto, desapareció con una explosión de humo azul.
-Regresa siempre que quieras- le grito el caballero. -Cada vez que lo hagas, yo
seré mas fuerte y tu más débil.
Rebecca voló y aterrizo en el hombro del caballero.
-Lo veis, yo tenia razón. El conocimiento de uno mismo puede matar al dragón
del miedo y la duda.
-Si realmente creías que era asi, por que no me acompañaste cuando me
acerque al dragón?- pregunto el caballero, que ya no se sentía inferior a su amiga
emplumada.
Rebecca mullio sus plumas.
No quería interferir. Era vuestro viaje.
Divertido, el caballero estiro el brazo para abrir la puerta del castillo, pero, el
castillo de la voluntad y la osadía había desaparecido!
Sam le explico:
-No tienes que aprender sobre la voluntad y la osadía porque acabas de
demostrar que ya las posees.
El caballero echo la cabeza hacia atrás, riendo de pura alegría. Podía ver la
cima de la montaña. El sendero parecía aun mas empinado que antes, pero no
importaba.
Sabia que ya nada le podía detener.
*

__
7.- LA CIMA DE LA VERDAD
Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el caballero escalo, con los dedos
ensangrentados por tener que aferrarse a las afiladas rocas. Cuando ya casi había
llegado a la cima, se encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino.
Como siempre, había una inscripción sobre él:
"Aunque este universo poseo, nada poseo,
pues no puedo conocer lo desconocido
si me aferro a lo conocido"
El caballero se sentía demasiado cansado para superar el ultimo obstáculo.
Parecía imposible descifrar la inscripción y estar colgado de la pared de la
montaña al mismo tiempo, pero sabia que debía intentarlo.
Ardilla y Rebecca se sintieron tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues
sabían que la ayuda puede debilitar a un ser humano.
El caballero inspiro profundamente, lo que le aclaro un poco la mente. Leyó la
ultima parte de la inscripción en voz alta: "pues no puedo conocer lo desconocido
si me aferro a lo conocido".
El caballero reflexiono sobre algunas de las cosas "conocidas" a las que se
había aferrado durante toda su vida. Estaba su identidad -quién creía que era y
que no era-. Estaban sus creencias -aquello que pensaba que era verdad y lo que
consideraba falso-. Y estaban sus juicios -las cosas que tenia por buenas y
aquellas que consideraba malas.
El caballero observo la roca y un pensamiento terrible cruzo por su mente:
también conocía la roca a la cual se aferraba para seguir con vida. Quería decir la
inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?
-Lo has cogido, caballero- dijo Sam-. Tienes que soltarte.
-Qué intentas hacer, matarnos a los dos?- grito el caballero.
-De hecho, ya estamos muriendo ahora mismo- dijo Sam. -Mírate. Estas tan
delgado que podrías deslizarte por debajo de una puerta, y estas lleno de estrés y
miedo.
-No estoy tan asustado como antes- dijo el caballero.
-En ese caso, déjate ir y confía- dijo Sam.
-Que confíe en quien?- replico el caballero enfadado. Estaba harto de la
filosofía de Sam.
-No es un quien- respondió Sam. -No es un quien sino un que!
-Un que?- pregunto el caballero.
-Si- dijo Sam. -La vida, la fuerza, el universo, Dios, como quieras llamarlo.
El caballero miro por encima de su hombro y vio el abismo aparentemente
infinito que había debajo de el.
-Déjate ir- le susurro Sam con urgencia.
El caballero no parecía tener alternativa. Perdía fuerza con cada segundo que
pasaba y la sangre brotaba de sus dedos allí donde se aferraba a la roca.
Pensando que moriría, se dejo ir y se precipito al abismo, a la profundidad infinita
de sus recuerdos.
Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su
padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás.
A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había
hecho contra ellos.
Fue cayendo cada vez mas rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente
descendía hacia su corazón. Luego, por primera vez en su vida, contemplo su vida
con claridad, sin juzgar y sin excusarse. En ese instante, acepto toda la
responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenia sobre ella, y por
los acontecimientos que le habían dado forma.
A partir de ese momento, fuera de si mismo, nunca mas culparía a nada ni a
nadie de todos lo errores y desgracias. El reconocimiento de que el era la causa,
no el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenia miedo.
Le sobrevino una desconocida sensación de calma y algo muy extraño le
sucedió: empezó a caer hacia arriba!. Si, parecía imposible, pero caía hacia arriba,
surgiendo del abismo! Al mismo tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo mas
profundo de el, con el centro de la Tierra. Continuo cayendo hacia arriba, sabiendo
que estaba unido al cielo y a la Tierra.
Repentinamente, dejo de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña y
comprendió el significado de la roca. Había soltado todo aquello que había temido
y todo aquello que había sabido y poseído. Su voluntad de abarcar lo desconocido
le había liberado. Ahora el universo era suyo, para ser experimentado y disfrutado.
El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino
una sobrecogedora sensación de bienestar. Se sintió mareado por el
encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba. Antes, el temor a lo
desconocido había entumecido sus sentidos, pero ahora podía experimentar todo
con una claridad sorprendente. La calidez del sol del atardecer, la melodía de la
suave brisa de la montaña y la belleza de las formas y los colores de la naturaleza
que pintaban el paisaje, causaron un placer indescriptible al caballero. Su corazón
rebosaba de amor: por si mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y
por Rebecca, por la vida y por todo el maravilloso mundo.
Rebecca y Ardilla observaron al caballero ponerse de rodillas, con lagrimas de
gratitud surgiendo de sus ojos.
"Casi muero por todas las lagrimas que no derrame", penso. Las lagrimas
resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto. Como provenían de su
corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que no tardaron en
derretir lo que quedaba de su armadura.
El caballero lloraba de alegría. No volvería a ponerse la armadura y cabalgar
en todas direcciones nunca más. Nunca mas vería la gente el brillante reflejo del
acero, pensando que el sol estaba saliendo por el norte o poniéndose por el este.
Sonrió a través de sus lagrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba
de el; una luz mucho mas brillante y hermosa que la de su pulida armadura, una
luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante
como el Sol.
Por que el caballero era el arroyo. Era la Luna. Era el Sol. Podía ser todas esas
cosas a la vez, y más, porque era uno con el universo.
Era amor.

FIN


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