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miércoles, 20 de octubre de 2010

SABER Y MAGIA EN EL ANTIGUO EGIPTO -- Cuentos y leyendas





Cuentos y leyendas


Los cuentos del antiguo Egipto, documentos literarios de una calidad excepcional, tanto por su contenido como por su estilo, muestran a los magos en acción. Uno de ellos, que se desarrolla en el Imperio Antiguo,1 evoca el caso de un marido engañado. Pero este infortunado esposo no es un cualquiera. Se trata de un sacerdote-lector y de un mago altamente cualificado. Hace fabricar un cocodrilo de cera de siete pulgadas de largo y pronuncia una fórmula: “¡Apodérate de cualquiera que venga a bañarse a mi estanque!” Por medio del Verbo, el cocodrilo de cera se ve provisto de un alma mágica que lo convertirá real en caso de necesidad. El mago pide a su sirviente que ponga el cocodrilo en el agua cuando el amante de su mujer venga allí a bañarse.

El acontecimiento se produce. La mujer del mago y su amante se reúnen en el edénico jardín del alto personaje. El amante decide bañarse en el arrebatador estanque. El sirviente, obedeciendo a su señor, pone allí el cocodrilo de cera, el cual se transforma en un saurio de siete pulgadas totalmente real y mantiene al hombre en el fondo del agua durante siete años.

Cuando el mago regrese a casa, en compañía del faraón, con cuya amistad se honraba, deseará mostrar un gran prodigio al Señor de Egipto. Ordena al cocodrilo que saque a la superficie al amante de su mujer. El monstruo es tan enorme que espanta un poco al faraón. El sacerdote-lector se apodera sin dificultad del saurio, el cual, inmediatamente, se convierte de nuevo en cocodrilo de cera. Mientras, el mago relata al rey su desventura. El faraón pronuncia su juicio: que el cocodrilo se lleve lo que es suyo. El monstruo se apodera del condenado, desciende al fondo del estanque y nunca más se supo qué sucedió con su presa. En cuanto a la mujer adúltera, fue quemada y sus cenizas arrojadas al Nilo.

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Otro cuento, que data del reinado de Keops, evoca un combate de un mago, esta vez no contra un rival amoroso, sino frente al faraón en persona. Había en aquella época un mago prodigioso llamado Djedi, de ciento diez años de edad, que aún comía ciento diez panes, la mitad de un buey, y bebía cien cántaros de cerveza. Keops, necesita conocer el número de habitaciones secretas del templo de Thot. Y Djedi las conoce. Así, pues, va a buscarle a su casa y le traslada a la corte, a presencia del rey de Egipto. “¿Es verdad lo que se dice, le interroga Keops, de que tú sabes reponer en su lugar una cabeza cortada?” “Sí,” responde el mago. El faraón quiere comprobarlo. Ordena que ejecuten a un prisionero y le lleven su cadáver.

Es en ese instante cuando el mago debe librar su combate. “No, dice con gravedad, no un ser humano, mi señor soberano, porque está prohibido hacer semejante cosa con el rebaño sagrado de Dios.” Crítico momento, en que la tensión es perceptible. El faraón, mago también, acepta esta observación. Se traerá a su presencia un ganso, y luego un buey. Se les corta la cabeza. El mago las vuelve a oponer en su lugar. De este modo preserva la vida, incluso en las circunstancias más difíciles. Seguidamente revelará al faraón la forma de conocer el número de las habitaciones secretas de Thot, señor de la magia.



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El cuento de las remeras, que se desarrolla en la época de Snefru, evoca un combate más “físico” por parte del mago que se mide con el elemento agua. El faraón Snefru se aburría. El jefe-lector, el mago Djadjaemankh, le aconseja un paseo en barca con mujeres bellas. La jefa de las remeras, instalada en la parte de atrás de la barca, dejó caer al agua un adorno de turquesa con forma de pez. Inmediatamente dejó de remar. Todo su equipo se detuvo. El faraón está listo para reemplazar la joya, pero la mujer es testaruda: ella desea aquel colgante y no otro.

Snefru apela al mago. Este pronuncia algunas fórmulas indispensables para obtener el dominio de las aguas. Luego, con serenidad, coloca una mitad del lago sobre la otra y encuentra el colgante, el cual devuelve a su propietaria. Para dejar las cosas como las había encontrado, el mago devuelve cuidadosamente la mitad del lago a su lugar normal.

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Un cuento de la época de Ramsés II evoca un combate mágico contra la enfermedad de una joven princesa prometida para los más altos destinos. Esta joven, la princesa del país de Bakhtan, debía casarse con el gran Ramsés, que se había enamorado de ella. Pero la enfermedad se apoderó de ella. El faraón apela a sus mejores sabios, los cuales no lograrán curarla. Los magos humanos fracasan, es preciso poner en práctica el poder mágico encarnado en la estatua del dios Khonsu. Consultado este último, consintió en ser el jefe de la operación: fue trasladado, con todos los honores debidos a su rango, hasta el país de la princesa. El viaje duró diecisiete meses. La estatua divina actúa mágicamente sobre la joven y consigue curarla. Incluso el demonio que la hizo caer enferma conversó con el dios egipcio, asegurándole que en adelante sería su esclavo. El príncipe de Bakhtan, estupefacto por los poderes de la magia egipcia, decidió conservar esta estatua milagrosa. Pero, tres años y nueve meses más tarde, vio, en sueños, que el poder divino de la estatua escapaba bajo la forma de un gavilán de oro y volaba hacia Egipto. Espantado, dejó marchar a la estatua.

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El cuento de Satni Khamosis es una de las joyas de la literatura mundial. Satni Khamosis, hijo de rey, leía libros en escritura sagrada, especialmente los incluidos en la Casa de la Vida, las estelas, y conocía las cualidades de los amuletos y talismanes. También redactaba. De él se decía: “Es un mago que no tiene parangón sobre la tierra de Egipto.”

Un día un anciano se burló de él. Conocía un libro escrito de mano de Thot y podía conducirle al lugar donde éste se encontraba. Allí estaban inscritas dos fórmulas: “Si recitas la primera, dijo el anciano, encantarás el cielo y la tierra, el infierno, las montañas, las aguas; conocerás a los pájaros del cielo y a los reptiles tal como son; verás a los peces, porque el rostro divino les hará subir a la superficie. Si lees la segunda fórmula, cuando estés en la tumba tendrás la forma que has tenido en la tierra; verás salir el sol en el cielo, su cortejo de dioses y la luna con la forma que tenía cuando salía.”

Este libro prodigioso está oculto en una necrópolis, en la tumba de un hijo de rey. Satni desciende a la misma. La encontró clara como si el sol penetrase hasta allí, porque la luz salía del libro. El nombre del hijo de rey era Neferkaptah. Estaban presentes también las almas de su mujer y de su hijo.

Esas almas dialogan con Satni, intentando disuadirle de coger el libro, que es el origen de muchas desgracias. Neferkaptah, en efecto, había preparado el emplazamiento del libro: en medio de un río, en un cofre de oro. El cofre de hierro estaba en un cofre de bronce, el cofre de bronce en un cofre de madera de palma, el cofre de madera de palma en un cofre de marfil y ébano, el cofre de marfil y ébano en un cofre de plata, el cofre de plata en un cofre de oro y el libro dentro de este último. Alrededor hay un hormigueo de serpientes, de escorpiones, de toda suerte de reptiles. Último guardián del umbral: una serpiente inmortal enroscada alrededor del último cofre.

Neferkaptah mató dos veces a la serpiente inmortal, la cual revivió. Combatió una tercera vez con el reptil, la cortó en dos pedazos y puso arena sobre los pedazos, de manera que la serpiente no pudiera tomar su primitiva forma. Entonces dispuso del libro y de sus encantamientos.

Pero se hallaba demasiado lejos. El dios Thot se enfadó. Fue a quejarse a Ra. El dios sol embrujó al mago y le acarreó toda suerte de desgracias, especialmente causando el ahogamiento de su mujer y de su hijo. Antes de morir ahogado él mismo, el mago se fijó el libro al pecho.

Satni no escucha ningún consejo de prudencia. Se juega el libro al ajedrez con Neferkaptah, pierde la partida, pero se apodera igualmente del legajo. Pagará cara su actitud. Hechizado por una mujer de la que se había enamorado, hizo matar a sus propios hijos para poder acostarse con ella. Estos terribles encantamientos son la venganza de Neferkaptah.

Satni se despierta de su pesadilla. Todo no había sido mas que un mal sueño. Sus hijos están todavía vivos. Guiado por el espíritu de Neferkaptah, hará descansar en paz los restos de su mujer y de su hijo y no tocará más el libro maldito.

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El cuento de Siousire, hijo de Setna, evoca otro combate del mago que no termina esta vez con una partida de ajedrez. Este texto está escrito en demótico, en el dorso de papiros griegos conservados en el British Museum.2

Setna está muy afligido. Su mujer no consigue reconfortarle. Su hijo viene a él. ¿Por qué su padre está tan postrado y doliente? Que diga lo que le apena. “Eres muy joven, no lo comprenderías.” El hijo insiste. El padre le explica. Un oficial etíope ha venido a Egipto, portando una carta sellada. Ha hecho un desafío: ¿Quién es capaz de leerla sin abrirla? Ningún sabio egipcio es capaz de hacerlo. Egipto se siente humillado por el país de los Negros. Es por ello que Setna está enfermo.

Su hijo Siousire se ríe. Setna se sorprende. “Levántate, padre mío”, dice Slousire. “Yo sé leer la carta sin romper el sello.” Su padre no le cree. Le somete a una prueba utilizando libros guardados en su bodega. El resultado es positivo. Por consiguiente, Siousire intervendrá en el drama que se desarrolla en la corte de Egipto.

El mago etíope está decidido a sumergir la tierra de los faraones en las tinieblas. Fabrica una camilla de cera con cuatro porteadores y les da vida de forma mágica. Les da la orden de conducir al rey de Egipto ante el rey de Etiopía sin demora. El faraón recibe quinientos golpes de bastón y luego es sacado de Egipto. Informado de ello, el mago oficial de la corte utiliza su ciencia para evitar lo peor: ¡que se lleve a cabo una nueva humillación! Invoca a Thot, inventor de la magia, que ha fundado el cielo y la tierra: que salve al faraón de la magia etíope.

A este mago, llamado Hor, hijo de Paneshe, se le aparece Thot en sueños: le aconseja ir a la biblioteca del templo de Khnum donde encontrará, en un armario cerrado y sellado, un caja conteniendo un rollo de papiro escrito de su propia mano. Que haga una copia y la coloque en su lugar. Con la ayuda de este documento, Hor fabrica amuletos protectores. Gracias a ellos, el faraón no volvió a ser arrastrado a Egipto contra su voluntad.

Horus fabrica a su regreso una camilla de cera con cuatro porteadores y les da vida: que lleven a Egipto al rey de Etiopía, el cual recibe quinientos golpes de bastón. Cuando se despierta, está contusionado y cae en la cuenta de que ha caído bajo los efectos de la hechicería enemiga.

Por dos veces el rey de Etiopía es maltratado de esta manera. El mago negro decide volver a Egipto para enfrentarse allí a su rival. Efectivamente, el combate de los magos tiene lugar. Horus el Egipcio hace llover y apaga un fuego. El Etíope hace juntarse de nuevo las nubes encima de la corte de Egipto de forma que nadie reconoce a nadie. Por medio de una fórmula mágica, Horus limpia el cielo. Su adversario crea una gran bóveda de piedra para separar Egipto de su faraón, y a este del cielo. Horus crea una barca y coloca en ella la bóveda de piedra, transportándola así hacia el cielo. Al borde ya de la derrota, el Etíope se vuelve invisible para huir. Pero Horus le hace reaparecer bajo la forma de una rapaz vuelta sobre su espalda. Un pajarero se prepara para herirla. La madre del mago etíope, sintiendo que su hijo está en peligro de muerte, llega a Egipto bajo la forma de una oca. Horus la identifica y la somete a su voluntad. Ella vuelve a tomar conciencia de una negra e implora piedad para su hijo y para ella. Los dos juran no regresar a Egipto antes de 1.500 años.

Según esto, Horus había regresado del Occidente, 1.500 años después de su muerte, para luchar contra el mago enemigo y salvar el honor de Egipto. Osiris le permitió volver a la tierra para cumplir esta misión, bajo la forma de... Siousire, el cual, como una sombra, desapareció ante el faraón y su padre.

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El escéptico Luciano, en El escriba sagrado de Menfis, relata un célebre combate mágico que es el origen de la leyenda del aprendiz de hechicero, muy inexperto ante las fuerzas a las que intenta someter. El narrador había ido a vivir a Egipto para estudiar. Fue a ver la estatua de Memnón y escuchar el extraño sonido que ofrecía al salir el sol. Prodigio: Memnón emite un oráculo en siete versos. Remontando el Nilo, el narrador encontrará a un escriba de Menfis que había pasado veintitrés años en unas criptas en las que Isis le había enseñado la magia. Sabía cabalgar sobre los cocodrilos y dominar a los monstruos. El viajero se ganó su confianza. Cuando llegaba a su posada, el mago cogía el pomo de la puerta, o una escoba, o un almirez, cubría el objeto con ropas y pronunciaba una fórmula mágica que le daba vida y le hacía caminar. ¡Todos creían que se trataba de un hombre! El objeto animado satisfacía todos los deseos de los dos viajeros: acarreaba agua y provisiones. Luego volvía a convertirse en escoba o almirez. Pero el mago no consentía en revelar su secreto. Un día, su compañero, demasiado curioso, se escondió y escuchó el encantamiento: una palabra de tres sílabas. Intentó imitar a su maestro, vistió un almirez, pronunció la fórmula y le ordenó que le llevara agua. Éxito total. Pero ¿como detenerlo? El almirez, animado, no dejaba de llevar agua e inundó la casa. Desastroso resultado: ¡Ahora había dos portadores de agua! Por suerte, cuando regresó el maestro mago puso las cosas en orden pero desapareció con su secreto.

1 Para el conjunto de estos cuentos y leyendas, cf. Lefebvre, Novelas y cuentos del Egipto faraónico, y Lichteim, Literatura egipcia antigua, I-III.

2 Lexa, II, 198-206

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