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EL ARTE OSCURO

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jueves, 24 de enero de 2013

CONFESSIO FRATERNITATIS


CONFESSIO FRATERNITATIS

Confessio Fraternitatis
Capítulo I
os rumores y revelaciones sobre nuestra hermandad o confraternidad que ha
llegado a muchos oídos y cuyo origen se encuentra en la precedente
publicación de la Fama, no deben ser tenidos ni considerados por nadie como
irreflexivos o inventados completamente; menos aún como un fruto que brote de
nuestro antojo.
Actualmente, el mundo está a punto de alcanzar su estado de reposo antes de
caminar con premura hacia un nuevo amanecer una vez acabado su período y su
ciclo. Jehová, nuestro Señor, es quien invierte el curso de natura.
Él es quien revela actualmente a los que no prestan atención a ello o que ni
siquiera piensan en aquello cuya búsqueda costaba antes gran trabajo y una labor
infatigable. Él es quien lo ofrece graciosamente a los que manifiestan el deseo de
ello, a la vez que también obliga a los refractarios. Desea que los hombres piadosos
se vean aliviados de las fatigas de esta vida humana y libres de las tempestades
provocadas por la inconstancia de la fortuna: que los malvados aumenten y
acumulen su malignidad y los castigos que ella merece.
¿Cómo podríamos nosotros ser sospechosos de herejía, de manejos y de
complots culpables contra la autoridad civil, cuando condenamos los sacrilegios de
los que es objeto Nuestro Señor Jesucristo y de los que son culpables tanto Oriente
como Occidente (entendamos Mahoma y el Papa) y cuando presentamos y
dedicamos nuestras oraciones, nuestros misterios y nuestros tesoros, al jefe
supremo del imperio romano?
Nos ha parecido sin embargo bueno y oportuno, por respeto hacia los hombres
de ciencia, completar nuestro resumen formulando en términos mejores los pasajes
demasiado insondables y oscuros de la Fama, y también colmando las lagunas que
determinadas intenciones justificaban. Con ello esperamos ganar la estima de los
hombres de ciencia y acrecentar la adhesión y su consentimiento al proyecto que
acariciamos.
L
Confessio Fraternitatis
Capítulo 2
or lo que respecta la conversión y enmienda de la filosofía hemos explicado
suficientemente, tanto como hoy es necesario, que el cuerpo entero de la dicha
filosofía está enfermo por completo y es enteramente deficiente. Más aún: ello no
ofrece la menor duda a nuestros ojos pese a las numerosas afirmaciones que le
atribuyen una salud y una fuerza cuyo origen ignoro. Vive sus últimos momentos.
Se aproxima su partida.
Sin embargo, al igual que es habitual que, por ejemplo, la naturaleza invente un
remedio contra una enfermedad nueva e insólita en la propia morada donde
prendió, hete aquí que se revelan y surgen de la tierra los antídotos contra la
multitud de males y accesos que padece la filosofía. Son los únicos buenos y que
convienen de manera suficiente a nuestra patria, los solos que pueden permitir
recobrar la salud a la filosofía confirmándole, por así decir, una apariencia y un
brillo radicalmente nuevos a los ojos de un mundo cuya renovación es inminente.
No poseemos otra filosofía sino la que es la regente y la suma, el fundamento y la
sustancia de todas las facultades, de todas las ciencias, de todas las artes. Filosofía
que, bajo la óptica de nuestro siglo, se alimenta mucho en la teología y en la
medicina, pero poco en la sabiduría jurídica. En resumen: filosofía que elucida y
disecciona al hombre hasta la saciedad, sólo al hombre. Filosofía pues en la que
encontrarán más maravillas y misterios que los que nunca pudieron adquirir,
elucidar, admitir como dogma, todos los hombres de ciencia que respondan a
nuestras exhortaciones y se comprometan en nuestras cohortes.
P
Confessio Fraternitatis
Capítulo 3
gregamos para desvelaros en pocas palabras nuestro pensamiento, que el
objeto de todos nuestros esfuerzos no debe ser únicamente provocar la
sorpresa ante la sugerencia y la exhortación que lanzamos. Es preciso que cada
cual sepa que, pese a la alta estima en la que tenemos arcanos y secretos tan
profundos, no nos parece contraria a la justicia su divulgación, su comprensión y
su publicidad amplia.
En efecto, es legítimo pensar y creer que una oferta graciosa e inesperada como
la nuestra suscitará reflexiones tan múltiples como variadas entre los que aún (ya
que el curso del mundo obliga a considerar el porvenir como presente) no han
gustado de la revelación de las maravillas del sexto tiempo, y a los que toda clase
de contratiempos propios de nuestra época, impiden vivir y deambular en este
mundo de otra manera que como ciegos, que incluso a la plena luz del día, no
disponen sino del tacto y la palpadura para distinguirse y conocerse.
A
Confessio Fraternitatis
Capítulo 4
egún el artículo primero, sostenemos que las meditaciones, las encue stas y las
investigaciones de nuestro bien amado padre cristiano, debidas tanto a la
revelación y a la iluminación divinas, como a los oficios de los ángeles y de los
espíritus, a la actividad de una inteligencia perspicaz, y a una observación, una
práctica y una experiencia de largo alcance, sustituyen a todo lo que la inteligencia
del hombre ha inventado, producido, modificado, propagado y perpetuado desde
los primeros días del mundo hasta la época actual. Aunque desaparecieran todos
los libros, y aun cuando el juicio de Dios, el todopoderoso, decretase la ruina de
todos los escritos y de toda literatura, su excelencia, su esplendor, su grandeza,
están en medida de servir a la posteridad como nuevos fundamentos para edificar
castillos nuevos o nuevas fortalezas de verdad. Lo que no debería ofrecer muchas
dificultades a condición que se empezara por desmantelar y abandonar el viejo
edificio, tan disforme, para agrandar la explanada de entrada, perforar ventanas
en los apartamentos, transformar las puertas, las escaleras y demás, cosa que
pensamos hacer.
¿Por qué no preparar dicha tarea como ornato original de estos tiempos futuros
cuyo anuncio ha sido hecho? ¿Quién seria susceptible de que no le conviniera una
empresa parecida?
¿Por qué no encontrar una sinecura dulce al corazón, una morada, en esta única
verdad que los hombres buscan a través de tantos laberintos y rodeos, si ha placido
a Dios reservarnos la iluminación, la luz del sexto candelabro? ¿No sería bueno no
tener que inquietarse más por nada, ni tener que temer al hambre, a la pobreza, a
la enfermedad, ni a la edad?
¿No sería delicioso poder vivir cada hora como si hubierais vivido la historia del
mundo desde sus orígenes hasta nuestros días, y como si estuvierais destinados a
seguir viviendo hasta su fin?
¿No sería maravilla habitar en un lugar tal que los pueblos que viven en las
Indias, más allá del Ganges, no pudieran disimularos sus riquezas, ni los peruanos
privaros de sus consejos?
¿No sería cosa deliciosa poder leer en un libro que os permita leer, comprender
y retener el fruto nunca descubierto, todavía y para siempre por descubrir, de
todos los libros que han existido y que están por venir y aparecer? ¿Qué
fascinamiento no experimentaríais viendo que vuestro canto atrae a vosotros no las
rocas sino sólo perlas y piedras preciosas, embelesa no a las bestias feroces sino a
S
los espíritus, pone en movimiento y hace vibrar no al infernal Plutón sino a los
poderosos, a los príncipes de este mundo?
¡Oh hombres! Bien diferente es el designio de Dios que decidió aumentar y
acrecentar el número de miembros de nuestra fraternidad.
Noticia que acogimos con una alegría parecida a la que experimentamos cuando,
en el pasado, fuimos recipiendarios de tesoros que no habíamos ni merecido, ni
esperado, ni exigido en absoluto. Parecida a la que sentimos cuando pensamos
ponernos a la obra con una constancia que no quebrantarán ni siquiera la
compasión y la conmiseración por nuestros propios hijos, de los que están dotados
ciertos miembros de nuestra fraternidad. Es que sabemos que estos bienes
inesperados no son legado de herencia alguna ni debidos a ninguna primacía del
que los adquiere.
Confessio Fraternitatis
Capítulo 5
o tenemos nada contra el que se queja de nuestra discreción, de que
ofrezcamos por doquier nuestros tesoros sin la menor distinción, de que en
este asunto no prefiramos en absoluto a la gente piadosa, de ciencia, sabios, o
incluso a las altas personas principescas, sobre el hombre de la calle. Su causa no
es vil ni mala. Sin embargo, pretendemos rotundamente que nuestros arcanos y
nuestros misterios no alcanzan nunca al común de los hombres pese a que la Fama,
editada en cinco lenguas, sea conocida de todos. Sabemos bien, por una parte, que
los espíritus vulgares, necios y estúpidos, la desprecian, o bien no se preocupan lo
más mínimo por ella; que no es una solicitud humana la que nos ayuda a apreciar
y reconocer la dignidad de los postulantes a nuestra fraternidad, sino la regla de
nuestras iluminaciones y revelaciones. En consecuencia, aunque los gritos y el
clamor de los indignos sean mil veces repetidos, aunque se ofrezcan y se presenten
mil veces a vosotros, Dios ha querido que nuestros oídos no escuchen a ninguno, y,
además, su nube nos ha tomado bajo su sombra para que ninguno de nosotros, sus
servidores, pueda ser forzado ni obligado. Nadie, a menos que posea los ojos del
águila, puede vernos ni reconocernos.
Si la Fama ha debido ser redactada en todas las lenguas conocidas es para no
sustraer ni arrebatar dicha ciencia a los que Dios, por ignorantes que sean, no ha
excluido de la felicidad de una hermandad que debe ser subdividida y
compartimentada en grados diferentes. Los habitantes de Damcar, en Arabia,
tienen una policía completamente diferente a la de los otros árabes porque están
gobernados exclusivamente por espíritus sabios y razonables a los que el rey ha
conferido un poder legislativo particular. A ejemplo suyo, estamos encargados de
organizar el gobierno en Europa (poseemos una descripción de él establecida por
nuestro padre cristiano) una vez que se realice y se cumpla lo que debe suceder
anteriormente: cuando resuene públicamente el timbre claro, alto y fuerte de
nuestra trompeta; cuando las predicciones, rumoreadas ya por migajas, sobre un
porvenir que se presagia mediante figuras y símbolos secretos, llenen la tierra
entera, proclamadas libre y públicamente. Ved como en los tiempos precedentes
numerosos espíritus henchidos de Dios han combatido secretamente con una gran
prudencia, la tiranía del Papa hasta que la mayor seriedad y un celo ardiente lo
arrojaron de su sede y de Alemania para pisotearlo en buena y debida forma.
A nuestro tiempo está reservada su ruina definitiva; nuestras garras lo
despedazarán literalmente. La voz y el rugido de un león anunciarán el fin de sus
rebuznos de asno. Acontecimientos cuya revelación y noticia ya han llegado
N
convenientemente a los oídos de varios hombres de ciencia alemanes cuyos escritos,
parabienes y felicitaciones, son un testimonio suficiente.
Confessio Fraternitatis
Capítulo 6
odríamos aquí mismo ponernos a considerar en su conjunto el tiempo que ha
pasado desde 1378, año de nacimiento de nuestro bien amado padre Christian
Rosenkreutz, hasta nuestros días. También nos agradaría describir las
transformaciones del mundo de las que ha sido testigo durante los 106 años de su
existencia y las experiencias de las que nuestros hermanos y yo mismo hemos sido
herederos tras su bienaventurado pasaje. Pero la concisión que nos hemos
propuesto como objetivo no nos lo permite actualmente y remitimos a más tarde
una exposición adecuada. Basta actualmente a los que no desdeñan nuestra
memoria, que hayamos rozado la descripción de las vías que facilitan un
estrechamiento de los lazos de parentesco que nos unen a ellos.
Ciertamente aquél a quien ha sido dado contemplar y aplicar en su enseñanza
las grandes letras y caracteres que Dios, el Señor, ha grabado sobre el edificio del
cielo y de la tierra, y cuyo renovamiento constante opera a medida que alternan los
reinos, éste está ya muy próximo de nosotros aunque no lo conozcamos. Y sabemos
que no despreciará nuestro llamamiento porque no temerá ser engañado pues hay
una promesa de la que públicamente hacemos profesión: no deben defraudarse las
esperanzas de aquellos que se presentan a nosotros aspirando a nuestra comunidad
bajo el sello del silencio.
Por el contrario, lo que decimos y testimoniamos respecto a los malvados y a los
hipócritas y a aquellos que no tienen otro objetivo que la curiosidad, es esto:
descubrirnos, entregarnos para perdernos, más aún, forzarnos la mano sin y
contra la voluntad de Dios, es imposible. Él es quien servirá como cimiento para el
castigo cuyo anuncio es la F ama. Sus impías maquinaciones se volverán contra sus
autores y nuestros tesoros permanecerán por el contrario absolutamente
inviolables hasta que el león llegue para reivindicar, tomar y recibir los tesoros que
servirán para la consagración de su reino.
P
Confessio Fraternitatis
Capítulo 7
s preciso que hagamos ahora, aquí mismo, el anuncio preciso de ello y que
permitamos escucharlo a todos y a cada cual? Ciertamente Dios ha decidido
de manera expresa conceder y otorgar una última vez más al mundo, cuyo fin
sobrevendrá en breve, una verdad, una luz, una vida y una magnificencia
parecidas a la que perdió y despilfarró en el Paraíso Adán, el primer hombre,
arrastrando a sus descendientes a la miseria de la repudiación y el exilio.
¿Será preciso que retrocedan y cesen todo el servilismo y falsedad, toda la
mentira y tiniebla que subrepticiamente se han infiltrado en todas las artes, en
todas las obras, en todos los imperios humanos, para desarreglar la gran esfera de
este mundo y concurrir a su oscurecimiento casi total? Brota en efecto de ello una
infinidad tal, una tal multiplicidad de falsos juicios y de herejías, que casi han
logrado poner trabas al discernimiento y al juicio de los más sabios de los
hombres: el prestigio de los filósofos y de los hombres de ciencia contrabalancean
la verdad de la experiencia y de la experimentación, dificultando su apreciación y
retardando y extraviando su juicio. Cuando todo ello sea abolido y reemplazado
por la exactitud de una regla cierta, será a los hombres dedicados a esta tarea a
quienes convendrá testimoniar nuestra gratitud. Sin embargo, habrá que asignar
el conjunto de esta obra a la ventura de nuestro tiempo.
Al igual que nos agrada reconocer los méritos de una legión de espíritus
excelentes cuyos escritos son los promotores no mediocres de la próxima reforma,
no deseamos en absoluto atribuirnos el honor exclusivo de una obra supuestamente
remitida y confiada a nuestra sola iniciativa. Más bien testimoniamos y profesamos
públicamente en nombre de Cristo, nuestro Señor, que gritarán las piedras antes
de que vengan a faltar los ejecutores y agentes de este designio presente de Dios.
E
Confessio Fraternitatis
Capítulo 8
ios, el Señor, ha testimoniado ya ciertamente su voluntad en los tiempos que
preceden mediante diversos mensajes, particularmente por varios astros
nuevos que han aparecido en los cielos, en las constelaciones de Arión y del Cisne.
Signos vigorosos de acontecimientos nuevos e importantes testimonian y publican,
a los ojos de todos, que Dios aporta a todas las invenciones humanas el apoyo de
sus escrituras y sus caracteres misteriosamente ocultos para que el libro de la
naturaleza sea abierto a todo hombre, y sin embargo no pueda ser leído ni
comprendido sino por una minoría.
Los hombres poseen dos órganos del oído, de la vista y del olfato, pero uno solo
de la palabra. Es vano esperar y exigir que las orejas hablen, que los ojos distingan
la voz y los sonidos. Paralelamente, podemos evocar siglos o épocas que han visto,
otras que han escuchado, otras que han olido y otras que han gustado. Le queda
aún a la lengua recibir el honor que le es debido. Por fin la lengua ha de hablar de
lo que ha sido visto, oído y olido. Ahora que el tiempo se acorta, cuando el mundo
ha digerido la embriaguez bebida en el cáliz del veneno y la somnolencia, y marcha
delante del nuevo sol naciente con el corazón abierto, la cabeza destapada y los pies
desnudos, en la alegría y la ligereza.
D
Confessio Fraternitatis
Capítulo 9
stos caracteres y letras que Dios no ha cesado de incorporar a la Santa Biblia,
los ha impreso igualmente con toda nitidez en la maravillosa criatura que son
cielos y tierra, y en todos los animales. Así, al igual que un matemático y un
astrólogo pueden predecir mucho tiempo antes los eclipses que vendrán, nosotros
podemos prever y reconocer con precisión la naturaleza y la duración probable de
los períodos de oscurecimiento y de tinieblas que atraviesa la iglesia.
A estas letras hemos pedido prestadas nuestras escrituras, que han servido de
base para elaborar una nueva, la cual nos permite expresar y explicar la
naturaleza de todas las cosas simultáneamente. Por ello, nuestro poco de sutileza
en el conocimiento de otras lenguas no debe sorprender a nadie. Sabemos sin
embargo que no pueden resistir la comparación con la lengua de nuestro primer
padre Adán, ni tampoco con la de Henoch, ya que todas ellas están sepultadas bajo
la confusión babilónica.
E
Confessio Fraternitatis
Capítulo 10
in embargo no debemos dejar de exhortar que lean aplicada y
permanentemente la Biblia, pese a las trabas y obstáculos que aún levantan
ante nuestros proyectos algunas plumas del águila. Que el que sepa satisfacerse con
ello sepa que ha desembarazado ampliamente de obstáculos el camino que le
conduce a nuestra fraternidad.
Aunque nuestra regla se resuma y se reduzca enteramente a que todas las letras
de este mundo sin excepción alguna sean retenidas y guardadas cuidadosamente en
la memoria, los que hacen del único libro, la Santa Biblia, la regla de su existencia,
son prácticamente nuestros semejantes y parientes. Semejantes nuestros y
parientes son los que hacen de la Santa Biblia resumen y quintaesencia del mundo
entero, objetivo y término de todos sus estudios; los que saben utilizarla no
contentándose con tenerla siempre en los labios sino aplicando y consagrando
cuidadosamente a ella su inteligencia, adecuada al conjunto de periodos y edades
de este mundo. Pues no entra en nuestras costumbres prostituir ni vulgarizar la
Santa Escritura según el uso habitual de las miríadas de intérpretes: ved cómo la
fuerzan a reproducir su propio parecer, o bien calumniarla utilizando la odiosa
comparación banal que sirve tanto a los teólogos como a los filósofos, a los médicos
y a los matemáticos.
Contra ellos, testimoniamos y profesamos en público que desde los comienzos de
este mundo no ha existido un libro superior, mejor, tan maravilloso y salutífero
como la Santa Biblia. Bienaventurado su poseedor, más bienaventurado aún su
lector asiduo, el colmo de la felicidad para el que ha consumado su estudio. Quien
sabe comprenderla no puede estar más cerca de Dios ni ser más parecido a Él.
S
Confessio Fraternitatis
Capítulo 11
cerca del juicio emitido por la Fama sobre los impostores en cuestión de
transmutaciones metálicas y de medicina suprema en este mundo, esto es lo
que queremos decir: no queremos en absoluto arruinar ni disminuir este don
divino de una excelencia semejante. Sin embargo, como no siempre aporta
enseñanzas y revelaciones suficientes sobre la transformación de los metales, sobre
la medicina y sobre una infinidad de otros misterios y maravillas naturales,
pensamos que es justo consagrar lo esencial de nuestros esfuerzos a adquirir la
comprensión y ciencia de la filosofía. Por ello debe evitarse iniciar en la tintura
metálica a excelentes espíritus que no tengan una buena práctica anterior del
conocimiento de la naturaleza.
¡Qué insaciable puede ser la avaricia de un hombre que ha llegado a ser
indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfermedades, que incluso se
ha elevado por encima de la humanidad entera hasta el punto de dominar todo lo
que tortura, angustia y martiriza a las demás criaturas, y a quien la presencia de
una mina inagotable de oro y de plata empuja sin embargo a consagrarse a
ocupaciones vanas como construir casas, guerrear, o bien vanagloriarse ante este
mundo!
Dios ha dispuesto de otra manera: eleva a los humildes humillando y
despreciando a los orgullosos. Confía a los santos ángeles el cuidado de dialogar
con los hombres serenos y moderados en palabras, arrojando al desierto y la
soledad a los charlatanes fútiles. Éste es el justo salario con el que retribuye al
seductor romano que desborda de blasfemias contra Dios y contra el Cielo; el
mismo que, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación y su
execrable infierno, incluso se aferra en pleno día a su mentira hasta el punto de
colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo. Vendrá un tiempo en
que la víbora cesará de silbar y en el que será abolida la triple corona, tema del
que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra
asamblea.
A
Confessio Fraternitatis
Capítulo 12
l término de nuestra confesión, deseamos recordar diligentemente que
conviene proscribir la mayoría, si no todas, las obras de los falsos alquimistas
que, por gusto, pasan el tiempo en abusar inútilmente de la santa y gloriosa
Trinidad, en engañar al público con figuras rocambolescas y propósitos oscuros y
ocultos, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una
proliferación de libros de esta clase. El enemigo del bien del hombre los mezcla al
buen grano con la esperanza de menguar el crédito de la verdad. La verdad es
neta, simple y desnuda; la mentira por el contrario es fastuosa, imponente,
majestuosa, rodeada con la rara aureola que prestan la sabiduría divina y la
sabiduría humana.
¡Hombres sutiles! Evitad y huid de estas obras; volveos hacia nosotros que no
queremos en absoluto vuestro dinero y que, por el contrario, os ofrecemos
graciosamente nuestros grandes tesoros. Nosotros no corremos tras vuestros bienes
inventando tinturas de charlatán, deseamos haceros participar de los nuestros. No
os hablamos por adagios, queremos iniciaros en una interpretación, en una
explicación, en una ciencia de los secretos que sea clara, simple, absolutamente
comprensible. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, os invitamos a
nuestras casas que son más que hoteles y palacios del rey. Sabed que no actuamos
según nuestro capricho; quien nos incita y nos exhorta a ello es el espíritu divino, y
así lo ha dispuesto nuestro padre bienamado en el testamento inviolable que nos ha
dejado, obligándonos a ello las condiciones y las intenciones del siglo.
A
Confessio Fraternitatis
Capítulo 13
ué decís, buena gente? ¿Cómo os sentís ahora que comprendéis y sabéis que
proclamamos a Cristo en toda pureza e inocencia, que condenamos al Papa,
servimos a la verdadera filosofía, llevamos una existencia de cristianos,
destinamos, acogemos y rezamos en nuestra sociedad por muchos hombres que
también son testigos de la luz de Dios? ¿No pensáis iniciaros por fin al lado nuestro
para aspirar a mejoraros, para encontrar la quietud frente a Dios y para
acomodaros bien con el siglo, habida cuenta no sólo de vuestros dones interiores y
de vuestra experiencia propia del Verbo de Dios, sino también de una meditación
activa sobre las imperfecciones de todas las artes y sobre numerosas
inconsciencias?
Hacedlo y tened por seguro el provecho: seréis beneficiarios y herederos de
todos los bienes que la naturaleza, en su maravilla, derrama a los cuatro rincones
del mundo. Rechazaréis sin dolor todo lo que ensombrece la inteligencia del
hombre y obstaculiza su actividad, y borraréis de este mundo todos los excéntricos
y todos los epiciclos.
Q
Confessio Fraternitatis
Capítulo 14
n cuanto a los presuntuosos, a los que ciega el bril1o del oro, o más bien que
pese a su presente piedad corren el riesgo de verse fácilmente corrompidos
por la atribución imprevista de tantos bienes, y de ser incitados a hundirse en la
ociosidad y a lanzarse a una vida lujuriosa y de excesos, les rogamos que no turben
con su barahunda intempestiva nuestra calma recogida y espiritual. Que se
pregunten si la panacea puede ya existir y que piensen que siempre será
inaccesible, inabordable, para aquellos a quienes el designio divino tiene aquí
mismo bajo su férula, afligiéndolos de males. Paralelamente y en adelante, en tanto
que seamos capaces de dar al mundo entero riqueza y ciencia, de librarlo de
innumerables calamidades, no deseamos en absoluto manifestarnos ni darnos a
conocer a nadie sin decreto divino particular. Estamos alejados de ello hasta un
punto tal, que incluso no importa quién de nosotros es incapaz de participar y
disfrutar de nuestros beneficios contra la voluntad de Dios. Quien quisiera
encontrarnos perdería su vida en pesquisas y averiguaciones antes de lograrlo,
antes de acceder y llegar a la felicidad deseada de la fraternidad de la Rosa-Cruz.
E

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