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EL ARTE OSCURO

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martes, 28 de septiembre de 2010

MITOS CABALISTICOS -- KJESED (CHESED), EL CUARTO SEPHIRAH -- EL ARBOL DE LA VIDA Y LOS DIEZ SEPHIRAH








KJESED (CHESED), EL CUARTO SEPHIRAH

TITULO : , : Misericordia: (Hebreo Kjed, Samecj Daleth)

IMAGEN MÁGICA : Un poderoso rey coronado y sentado en su trono.
SITUACION EN EL ARBOL : En el centro del Pilar de la Miseri­cordia.
TEXTO YETZIRATICO : Al Cuarto Sendero se lo llama La Inteli­gencia cohesiva y receptiva, porque contiene todos los Poderes Sagrados, y porque de ella emanan todas las virtudes espirituales con las esencias más exaltadas; emanan unas de otras en virtud de la Emanación Primordial, la Corona Altísima: Kether.
TITULOS DADOS A KJESED : Guedulah. Amor, Majestad.
NOMBRE DIVINO : El
ARCANGEL : Tzadkiel.
ORDEN ANGELICO : Chasmalim. Seres luminosos.
CHAKRA MUNDANO: Tzedek, Júpiter.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Visión de Amor.
VIRTUD: OBEDIENCIA
VICIO : Fanatismo, hipocresía, glotonería, tiranía.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El brazo izquierdo.
SIMBOLOS : La figura sólida. El Tetraedro. La Pirámide. La Cruz de brazos iguales. El Báculo. La Esfera. El Cetro. La Vara.
CARTAS DEL TAROT : Los Cuatro.
Cuatro de Bastos : Obra o trabajo perfeccionado.
Cuatro de Copas : Placer.
Cuatro de Espadas : Descanso después de la lucha.
Cuatro de Oros : Poder terreno.
COLOR EN ATZILUTH : Violeta profundo.
" BRIAH : Azul.
" YETZIRAH : Morado obscuro.
" ASSIAH : Azul obscuro moteado de amarillo.


I

Entre los Tres Sephiroth Supremos y el par de Sephiroth opuestos que les suceden en el Arbol existe un gran precipicio que los cabalistas llaman El Abismo. Los seis Sephira subsi­guientes: Kjesed, Gueburah, Tipharet, Netzach, Hod y Yesod, constituyen lo que los cabalistas llaman Microposopos, el Rostro Menor, Adam Kadmon, el Rey. La Reina, esposa del Rey, es Malkuth, o el Mundo Físico. Tenemos, pues, el Padre (Kether), el Rey y la Esposa; en esta configuración del Arbol existe un profundo simbolismo de gran importancia práctica tanto en filosofía como en magia.

El Abismo, ubicado entre el Macroposopos y el Microposopos, indica una demarcación de la naturaleza del ser en el tipo de existencia que prevalece en cada uno de ellos. Es en este Abismo donde está situado Daath, el Sephirah del Devenir. También se lo llama entendimiento, en el cual sus elementos principales son la Percepción, la Aprehensión y la Conciencia.
Estos dos tipos de existencia, el Macroposopos y el Micropo­sopos, indican esencialmente lo potencial y lo actual. La mani­festación actual, como puede concebirla nuestra mente finita, empieza en el Microposopos, cuyo primer aspecto de manifestación es Kjesed, el Cuarto Sephirah, situado inmediatamente debajo de Kjokmah, el Padre, en el Pilar de la Misericordia, del cual es el Sephirah central. Está equilibrado en el lado opuesto del Arbol por Gueburah la Severidad, y este par, Gueburah Guedulah, forma el Poder y la Gloria de la invocación final del Padrenuestro siendo, por supuesto el Reino, Malkuth.

Como ya hemos visto, podemos aprender mucho de un Sephirah por su posición en el Arbol, y en la de Kjesed (o Chesed) en el Pilar de la Misericordia, podemos deducir que es Kjokmah en una espira inferior. Es emanado por Binah, Sephirah pasivo, y a su vez emana a Gueburah, un Sephirah catabólico cuyo chakra mundano es Marte con su simbolismo bélico, el cual es Saturno en un arco o nivel inferior.

De todo esto podemos aprender muchas cosas acerca de Kjesed. Es el Padre amante, el protector y preservador, así como Kjokmah es el engendrador de todo. Continúa la obra de Kjokmah, organi­zando y preservando cuanto el Padre universal ha concebido o generado. Con su misericordia equilibra la severidad de Gueburah. Es anabólico, o constructivo, en contradistinción con el catabo­lismo de Gueburah.

Ambos aspectos están muy bien expresados en la imágenes mágicas atribuídas a estos dos Sephiroth, imágenes que son de la de dos reyes: la Kjesed, un rey en su trono, y la Gueburah, un Rey en su carro de guerra; en otras palabras, los gobernantes del reino en tiempos de paz y en tiempos de guerra; el uno como legislador y el otro como guerrero.

La analogía fisiológica nos dará una clara comprensión de estos dos Sephiroth. El metabolismo se compone de anabolismo o ingestión y asimilación de alimentos y su transformación en tejidos orgánicos, y de catabolismo, o destrucción de los mismos tejidos por la actividad, la energía exteriorizada . Los subpro­ductos del catabolismo son las toxinas de la fatiga que la sangre debe eliminar merced al reposo. Todos los procesos vitales constituyen una serie ininterrumpida de construcción y destruc­ción, de Gueburah y Guedulah (otro nombre de Kjesed), que repre­sentan estos dos procesos en el Microcosmos.

Kjesed, el primer Sephirah en el Microposopos, o Universo Manifestado, representa la formulación de la idea arquetípica, la concreción de lo abstracto. Cuando el principio abstracto que forma la raíz de una nueva actividad se formula en nuestra mente, operamos en la Esfera de Kjesed. Un ejemplo aclarará el punto de que se trata. Supongamos un explorador que, desde la cima de una montaña, contemple una región recientemente descubierta y com­pruebe que las llanuras que se extienden más álla de la costa son fértiles, y que un río fluye por ellas en su marcha hacia el mar, atravesando la garganta de la montaña. En esos momentos piensa en la riqueza agrícola que pueden encerrar esas llanuras, y en las facilidades para el transporte fluvial que ofrece el río.

Piensa en un posible puerto en el estuario, porque se le ocurre que la desembocadura del rio habrá abierto un canal por el cual será posible que vengan los buques. Mentalmente ve los muelles, los diques y los almacenes del puerto, el caserío y todo lo demás. Después se pregunta si las montañas no contendrán ricos minerales, y se imagina una línea férrea que corra a lo largo del río, y que se ramifique en los diferentes valles. Ve, en su imaginación, la afluencia de colonos. Será necesario edificar un hospital, una iglesia, quizás una cárcel, hoteles, etc. Su imaginación, contempla la calle principal de la ciudad en forma­ción, y determina entonces adquirir todos los terrenos que formen esquina para prosperar así, personalmente, de acuerdo con la prosperidad general de la bella, nueva y floreciente ciudad. Todo esto lo ve, mientras la selva, aun virgen, cubre todas esas tierras y bloquea los pasos de la montaña; pero, sabiendo que las llanuras son fértiles, que el río cruza el valle y la montaña, puede ver, en principio, el desenvolvimiento total y el desarro­llo que puede producirse. Mientras su mente actúa de esa manera, sépalo o no, opera en la esfera de Kjesed; y también todos los que puedan funcionar en términos de Kjesed y pensar adelantándose al futuro, como lo hace el explorador de nuestro ejemplo, viendo lo que puede surgir de determinadas causas mucho antes de que se trace el primer plano o se coloque el primer ladrillo, tienen el poder de adueñarse de las tierras valiosas donde se establecerán muelles o por donde correrá la calle principal.

Todo el trabajo creador del mundo se hace así, merced a la labor de mentalidades e inteligencias que operan en términos de Kjesed, el rey sentado en su trono, sosteniendo el cetro y el mundo, gobernando y guiando a su pueblo.

En contraste con lo que acabamos de exponer, observamos aquellos cuyas mentes no pueden funcionar más arriba del nivel de Malkuth, la esposa del Rey. Son personas a las cuales les es imposible ver, como se dice, la madera en el árbol; no pueden pensar más que en detalles, careciendo de la potencia para sintetizar y ver las cosas en gran conjunto. Su lógica, siempre materialista, no puede ver el origen de las cosas. Incapaces de distinguir las causas sutiles, son víctimas sempiternas de lo que llaman "caprichos de la suerte". Tampoco pueden operar en la línea seguida por los impulsos primarios cuando éstos descienden por sí propios, o son llamados a bajar al seno de la manifesta­ción.

El ocultista que carezca de la Iniciación de Kjesed, se verá limitado a funcionar en la esfera de Yesod, el plano de Maya, la ilusión. Para él, la imágenes astrales reflejadas en el espejo mágico de la subconsciencia serán realidades, y no hará ninguna tentativa para traducirlas en términos de los niveles superiores, aprendiendo, así, lo que realmente representan. Por sí propio se habrá construido una morada en la esfera de las ilusiones, y continuamente, será engañado por los fantasmas que, inconsciente­mente, él mismo ha proyectado. Si pudiera funcionar en términos de Kjesed, percibiría las ideas arquetípicas animadoras, de la cuales estas imágenes mágicas no son más que sombras o represen­taciones simbólicas. En este caso, se convierte en amo y señor del tesoro, en vez de ser alucinado por esas imágenes; podrá entonces utilizarlas de la misma manera que un matemático utiliza los símbolos algebraicos. Trabaja mágicamente como lo hacen los Adeptos Iniciados, y no como los hechiceros.

El místico que funciona en el Centro Crístico de Tiphareth, si carece de las claves de Kjesed, también será alucinado, aunque de forma distinta y mucho más sutil. En este nivel sabrá descifrar las imágenes mágicas con bastante exactitud, refiriéndolas a lo que representan y no dándoles más valor que el de meros signos o señales, como tan bien lo demuestra Santa Teresa en su "Castillo Interior". No obstante, el místico caerá en el error de creer que las imágenes que percibe y las experiencias por las que pasa son el resultado de un coloquio personal de su alma con Dios, en vez de advertir que no son más que etapas en el Sendero. Verá un salvador personal en el Dios Humano. Adorará a Jesús de Nazareth como Dios Padre, confundiendo asi las Personas.

Kjesed, pues, es la esfera donde se formula la idea arquetí­pica; la aprehensión por la conciencia de un concepto abstracto que ultérrimamente está destinado a atravesar los planos y a concretarse a la luz de la experiencia obtenida con la concreta­ción de otros conceptos análogos, también abstractos. E, igual­mente, en su aspecto macrocósmico, representa la fase correspon­diente, en el proceso de creación. La ciencia materialista cree que los únicos conceptos abstractos son los que puede formular la mente humana; pero la Ciencia Espiritual Esotérica enseña que la Mente o Inteligencia Divina formuló ideas arquetípicas para que la substancia pudiera tomar forma, y que sin ideas de ese orden la substancia sería informe y vacía, algo asi como limo primor­dial que espera el aliento de vida para organizarse en células o cristales. Las últimas investigaciones en la Física han revelado que toda substancia, sin excepción, tiene una estructura crista­lina, y que las líneas de tensión que los psíquicos perciben como corriente etérica ya han quedado reveladas en los Rayos X.

Una parte muy importante y por cierto mal comprendida es la que los Maestros desempeñan en los Misterios. Las distintas escuelas definen este calificativo diferentemente, y algunas incluyen entre los Maestros a Adeptos de alto grado; pero nosotros consideramos que es aconsejable hacer una distinción entre los Hermanos Mayores encarnados, y los desencarnados, porque Sus misiones y funciones son completamente distintas. El título de Maestro debe darse sólo a Aquellos que están libres de la rueda del nacimiento y de la muerte. Según la terminología de la Tradición Esotérica Occidental, el grado de Adeptus Exemptus se le asigna a Kjesed, pues el término Exemptus indica que ha sido liberado del Karma. Sabemos muy bien que algunos dan un significado distinto a este término y que se ha conferido ese grado a personas en encarnación. Se podría responder que si la función de esos Seres es activa y no puramente honorífica, están libres de Karma y no reencarnarán más. A ellos se les puede dar perfectamente el nombre de MAESTROS, porque Su Conciencia corres­ponde a este grado; y, aunque es preciso hacer una distinción entre Adeptos encarnados y desencarnados, nos parece preferible detenernos en esta diferencia secundaria, que acordar a seres humanos un prestigio que no está hecho para la naturaleza del hombre. Mientras un Adepto permanezca encarnado, estará sujeto a las debilidades humanas, en algún grado, y a las limitaciones impuestas por la vejez y la salud física. Hasta que no se haya liberado completamente de la Rueda de los renacimientos, y funcione como Conciencia Pura, no escapará por completo a las limitaciones humanas de la herencia y del medlio ambiente. Por lo tanto, no es posible tener en él la misma confianza que la que puede depositarse en los verdaderos MAESTROS desencarnados.

Una parte capital del trabajo de los Maestros es la concre­ción de las ideas abstractas concebidas por la Conciencia del Logos. El Logos, cuya meditación da nacimiento a los mundos, y cuya Conciencia, desenvolviéndose, es lo que constituye la Evolución, concibe ideas arquetípicas extraídas de la substancia del Inmanifestado, para usar de una metáfora, ya que toda defini­ción a este respecto es imposible. Estas ideas permanecen en la Conciencia cósmica del Logos, como una simiente en la flor, porque no hay allí suelo alguno para que germine. La Conciencia Logoica, como Ser puro, no puede proveer, en su propio plano, el aspecto formativo indispensable para la manifestación. Las tradiciones esotéricas dicen que los Maestros  conciencias desencarnadas  y disciplinarias por la forma, aunque ahora carecen de ella,- en Sus meditaciones sobre la Divinidad, pueden percibir telepáticamente esas ideas arquetipicas en la Mente Divina y, realizando su aplicación práctica en los planos de la forma y de la línea que seguirá ese desenvolvimineto, producen imágenes concretas en Sus propias conciencias, que servirán para concretar esas ideas abstractas arquetípicas en los primeros planos de la forma, llamados BRIAH por los cabalistas.

Esta es, pues, la tarea que realizan los Maestros en Su esfera especial, la esfera organizadora, constructiva y fecunda de Kjesed en el Pilar de la Misericordia. La obra de los Maestros de la Noche, que son completamente diferentes a los Adeptos Negros, la realzan en la esfera correspondiente a Gueburah, en el Pilar de la Severidad, el cual consideraremos a su debido tiempo. El punto de contacto entre los Maestros y Sus discipulos se encuen­tra en Hod (Jod), el Sephirah de la magia ceremonial, como bien lo indica el SepherYetzirah, declarando que de Gueburah, al Cuarto Sephirah, emana la esencia de Hod. Estas indicaciones que dan los textos Yetziráticos con respecto a las relaciones entre los Sephiroth individuales son de gran importancia para el Ocultismo práctico. De consiguiente. Hod puede ser considerado como representando a Kjohmah y a Kjesed en un arco inferior, de la misma manera que Netzach representa a Binah y a Gueburad. Explicaremos esto en detalle cuando tratemos de estos Sephiroth, pero tenemos que referirnos a ellos desde ahora, a fin de que resulte inteligible la función de Kjesed.

Ya hemos llegado a un punto en el esquema del Arbol donde el tipo en función de actividad es accesible a nuestra conciencia humana. En nuestro estudio sobre los Sephiroth precedentes, hemos formulado concepto metafísicos, conceptos que, aunque muy remotos (son extraordinariamente importantes, porque si no los tuviéramos presentes como base de nuestro entendimiento de la Ciencia Esotérica, caeríamos en la superstición y utilizaríamos la Magia como los hechiceros, y no como los Adeptos. En otros términos, seríamos incapaces de trascender los planos de la forma y nos alucinaríamos, siendo dominados por los fantasmas evocados y creados por la imaginación mágica, en vez de servinos de ellos como las cuentas de un ábaco en nuestros cálculos, lo que para un ingeniero equivaldría a usar una regla común en vez de la regla de calcular.

Kjesed, pues, se refleja en Hod (Jod), a través del Centro Crístico de Tiphareth, de la misma manera que Gueburah se refleja en Netzach. Esto nos enseña mucho, pues nos indica que para que la conciencia pueda elevarse de la forma a la fuerza, o descender de la fuerza a la forma, debe pasar por el Centro del Equilibrio y Redención, al cual corresponden los Misterios de la Crucifi­xión.

La conciencia exaltada del Adepto asciende a la Esfera de Kjesed en Sus meditaciones ocultas, y es en ella donde recibe las inspiraciones que luego adapta a los planos de la forma. Es allí donde encuentra a los Maestros como influencias espirituales, con las que se pone en contacto telepáticamente, sin mezcla alguna de personalidad. Este es el verdadero y más elevado medio de contac­to con los Maestros , o sea de mente a mente, de espíritu a espíritu, en su propia esfera de exaltada conciencia. Cuando se ve a los Maestros clarividentemente como seres reales, el Color de Sus túnicas indica el rayo a que pertenecen, pero lo que se ve es la imagen reflejada en la Esfera de Yesod, que es el reino de los fantasmas y de las alucionaciones. Hollamos un terreno muy inseguro cuando encontramos aquí a los maestros. En esta Esfera es donde las manifestaciones espirituales adoptan la forma antropomórfica que descarría y desorienta a los psíquicos incapa­ces de elevarse hasta la Esfera de Kjesed. Y así es que cuando el anuncio de un impulso espiritual se expande por el mundo, es interpretado como la vuelta de un Instructor mundial.

II

Conforme descendemos por el Arbol, llegando a esas Esferas más accesibles para nuestra comprensión de los Tres Supremos, encontramos que los símbolos asociados con cada Sephirah se van haciendo más y más elocuentes, pues hablan a nuestra experiencia en vez de obligarnos a razonar por mera analogía.

La imagen mágica que representa a Kjesed es un Rey poderoso coronados en su trono; esta posición indica que se halla sentado establemente en un reino de paz y no en marcha en su carro de guerra, como lo sugiere la imagen mágica de Gueburah. Los títulos adicionales de Kjesed  Majestad, Amor  confirman esta idea del Monarca bondadoso, padre de su pueblo; y la posición de Kjesed en el centro del Pilar de la Misericordia prueba una vez más la idea de la Estabilidad ordenada y de la ley misericordiosa del gobier­no que rige para el bien de los gobernados. El título de las huestes angélicas asociadas con Kjesed   los Chasmalin (Jasma­lim), Seres Luminosos  destaca la idea del esplendor real de Guedulah, otro de los títulos que se dan frecuentemente a Kjesed. El chakra mundano asignado a Kjesed Júpiter, llamado en astrolo­gía el Gran Benéfico, completa esta cadena de asociaciones.

Del lado microcósmico o subjetivo, encontramos que la virtud asignada a las experiencias de esta Esfera es la obediencia. Es sólo por esta virtud que sus motivos pueden beneficiar por la sabia autoridad de Kjesed. Nos es menester sacrificar una buena parte de nuestra independencia y de nuestro egoísmo, a fin de participar en las ventajas de una vida social compleja; no hay ningún medio para escapar de esta restricción, de este sacrifi­cio. En esta Esfera, más que en ninguna otra, no es posible, como vulgarmente se dice, replicar y estar en la procesión. No existe nada parecido a lo que se llama libertad, si con ello comprende los caprichos de una voluntad sin oposición. La fuerza de grave­dad, entre otras cosas, es un serio obstáculo para nosotros. Se podría definir la libertad como el derecho de elegir cada uno su guía, pues es necesario aceptar un guía en toda corporación respetable, o resignarse al caos. Una autoridad que sea a la vez inspirada y eficaz, es lo que a voz en cuello claman las necesi­dades del mundo actual; y nación tras nación están en camino de buscar y encontrar un guía que, lo mejor posible, corresponda aproximadamente a su ideal étnico, marchando todas como un solo hombre detrás de este guía. La influencia benigna, actuante y organizadora de Júpiter es el único remedio para los sufrimientos del mundo; y cuanto más se haga sentir, tanto más los pueblos podrán recobrar su equilibrio emotivo y salud física.

Por el contrario, los vicios asignados a Kjesed  intolerancia hipocrecia, glotonería, tiranía  ,todos ellos son vicios socia­les. La intolerancia se rehusa a evolucionar con el tiempo, a aceptar otros puntos de vista, lo cual significa estancamiento fatal para las relaciones entre razas. La hipocresía implica que no damos de corazón a la corporación de la vida; pero, como Ananías, anhelamos salvar nuestra parte. La glotonería nos expone a la tentación de tomar más de lo que nos viene de los recursos comunes, lo cual no es más que uno de los nombres del egoismo. Y la tiranía es el uso abusivo de la autoridad que surge cuando la naturaleza involucra vanidad, crueldad.

La correspondencia en el Microcosmos nos es dada como el brazo izquierdo, que indica un modo del funcionamiento del poder menos activo que el del brazo derecho, el cual, en la imagen mágica de Gueburah, levanta la espada. La mano izquierda sostiene el globo, que significa la tierra y muestra que todo está a salvo en la mano firme de aquel que gobierna. Kjesed, en efecto, denota más bien firmeza que la energía dinámica.

Se nos dice que el número místico de Kjesed, el cual a menudo es representado por una figura, es el tetraedro. Un talismán de Júpiter se erige siempre sobre una figura tal. Otro de sus símbolos es el sólido geometrico, y la razón es evidente, cuando se consideran las figuras geométricas evolucionadas de los Sephiroth a que hemos pasado revista. El punto para Kether, la línea para Kjokmah, el espacio de dos dimensions para Binah; por tanto, es lógico que el sólido de tres dimensiones concierna a Kjesed.

Estas relaciones involucran un sentido más profundo que una simple serie de símbolo. El sólido representa esencialmente la manifestación, tal como nos es conocida en nuestra conciencia de tres dimensiones. No podemos concebir una existencia de una o dos dimensiones sino por medio de las matemáticas o el símbolo. Kjesed, como ya hemos dicho, es el primero de los Sephiroth manifestados; por consiguiente, es muy natural que el símbolo de la figura sólida haga parte de sus atributos. Esta figura sólida especial es habitualmente la pirámide, figura de tres faces y una base, expresando así la cualidad numérica de Kjesed.

Aparte de la Cruz del Calvario de los Misterios Cristianos, hay muchos aspectos diferentes de la Cruz; cada una de ellas representa diversos modos particulares de acción del poder espiritual, lo mismo que las diferentes formas de Nombres Divinos asignados a Dios. La forma de cruz que se relaciona a Kjesed, es de brazos iguales; simboliza el equilibrio de los cuatro elemen­tos e implica la dominación de la naturaleza por una influencia sintética que establece la armonía por doquier.

La Esfera, el Cetro, el Báculo y la Vara se derivan de este Sephirah; expresan tan perfectamente los aspectos del poder real bienhechor de Kjesed, que no tienen necesidad de ser comentados.

Las cuatro cartas del Tarot ubicadas en Kjesed, cuando se efectúa una operación adivinatoria, expresan, por corresponden­cia, la idea dominante del tema. El Cuatro de Basto simboliza Obra o trabajo perfeccionado, representando admirablemente el exito del rey en tiempo de paz en su próspero reino. El Cuatro de Copas es el Señor del Placer, y se relaciona al título de Esplen­dor asignado a Kjesed, que abarca el fulgor de su Orden Angélico. El Cuatro de Espadas indica el descanso después de la lucha, concordando perfectamente con la imagen del Monarca sentado. El Cuatro de Oros es el Señor del Poder Terrestre, simbolismo evidente de por sí, al cual no es necesario agregar nada.

Hemos dejado para el fin de este estudio la consideración del texto Yetzirático para que el ritmo del simbolismo que se sucede en orden exacto no fuese destruido. Este texto contiene tanto sentido, que se lo comprende mejor cuando ya se conoce el simbo­lismo anterior. Mucho de lo que a él se relaciona ha sido ya estudiado cuando examinamos la relación de Kjesed con los Sephi­roth precedentes. Por tanto, no queremos repetirnos, y nos limitamos a remitir al lector a esas páginas para así, en lo posible, evitar repeticiones casi inevitables en el estudio del Arbol de la Vida, en la cual los diversos simbolismos representan el mismo poder sobre diferentes niveles de manifestación o bajo aspectos desemejantes.

El Cuarto Sendero es llamado "La Inteligencia Cohesiva". Vemos claramente el sentido de estas palabras, si pensamos en Kjesed como un rey sentado en un trono, organizando los recursos de su superior y esforzándose para que todas las cosas se equili­bren para el bien común.
También es llamado "La Inteligencia Receptiva", en el texto Yetzirático, y esto se refiere al símbolo del brazo izquierdo asignado a este Sephirah en el Microcosmos.

Kjesed "contiene todos los Santos Poderes, y de él emanan todas las virtudes espirituales, como asimismo la Esencia más exaltadas. La enseñanza que involucra esta frase ha sido explica­da precedentemente con respecto a las ideas arquetípicas.

"Emanan uno de otro en virtud de la emanación primordial, la más Alta Corona: Kether". Estos conceptos han sido abordados a propósito del segundo Sephirah, Kjokmah, cuando estudiamos el desarrollo de la fuerza descendiendo de un Sephirah a otro.

MITOS CABALISTICOS -- GEBURAH (GEBURAH), EL QUINTO SEPHIRAH -- EL ARBOL DE LA VIDA Y LOS DIEZ SEPHIRAH






GEBURAH (GEBURAH), EL QUINTO SEPHIRAH

TITULO : Gueburah, Fuerza, Severidad (Hebrero: Guimel, Beth, Vau, Resh, Hé).
IMAGEN MÁGICA : Un poderoso guerrero en Su carro.
POSICION EN EL ARBOL : En el centro del Pilar de la Severidad.
TEXTO YETZIRATICO : El quinto Sendero es llamado la Inteligencia Radical, porque se parece a la Unidad uniéndose a Binah, el Entendimiento que emana de las profundidades primordiales de Kjokmah, la Sabiduría.
TITULOS DADOS A GUEBURAH : Din, la Justicia. Pachad (Pajad), el temor.
NOMBRE DIVINO : Elogim Gebor. (Elojim Guebor).
ARCANGEL : Khamael.
ORDEN ANGELICO : Seraphim, las Serpientes de Fuego.
CHAKRA MUNDANO : Madim, Marte.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Visión de Poder.
VIRTUD : Energía, Valor.
VICIO : Crueldad, Destrucción.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El brazo derecho.
SIMBOLOS : El Pentágono. La Rosa Tudor de cinco pétalos. La Espada. La Lanza. La Verga. La Cadena.
CARTAS DEL TAROT : Los Cuatro Cinco.
Cinco de Bastos : La Lucha.
Cinco de Copas : Placer enturbiado.
Cinco de Espadas: Derrota.
Cinco de Oros : Conflicto terrestre.
COLOR EN ATZILUTH : Naranja.
" BRIAH : Rojo Escarlata.
" YETZIRAH : Escarlata brillante.
" ASSIAH : Rojo moteado de negro.

I

Una de las menos comprendidas en la filosofía cristiana es el problema del mal; y una de las cosas donde la ética cristiana se muestra la menos informada es el problema de la fuerza y de la severidad, por oposición a la misericordia y la dulzura. De consiguiente, Gueburah, el Quinto Sephirah, cuyos títulos adicionales son Din (justicia) y Pachad (el Temor), es uno de los Sephiroth menos comprendidos, siendo uno de los más importantes. Si no fuera que la doctrina cabalista, en términos bien explícitos, afirma el carácter sagrado de los diez Sephiroth, muchos estarían inclinados a ver en Gueburah el aspecto maligno del Arbol de la Vida. El planeta Marte, cuya Esfera es el chakra mundano de Gueburah, es llamado "maléfico" en astrología.

Por tanto, aquellos que están bien informados más allá de las vías ilusorias de una filosofía demasiado engañosa que toma sus deseos por realidades, saben que Gueburah en ningún modo es el Enemigo, el Adversario, de que habla la Escritura, sino Rey en su carro que parte para la guerra, cuyo poderoso brazo derecho protector defiende su pueblo con la espalda y la legalidad, y cuida que la justicia sea hecha. Kjesed, el Rey sentado en su trono, el Padre del pueblo de días pacíficos, bien puede merecer nuestro amor; pero quien es acreedor de nuestro respeto es Gueburah, el Rey sobre su carro, que parte para la guerra. Jamás se ha hecho suficiente justicia a la parte que merece el sentimiento del repeto en la emoción del amor. Experimentamos una clase de amor para aquel que sabe inspirarnos el temor de Dios, si la ocasión se presenta, de una manera muy diferente, mucho más permanente y más estable y, cosa curiosa, mucho más satisfactoria aún, desde el punto de vista emocional, que el amor, en el cual no existe ningún sentimiento de temor. Gueburah es quien inspira este sentimiento de temor al Señor que es el comienzo de la Sabiduría, al mismo tiempo que un sentimiento general y de sano respeto que nos ayuda a mantenernos en el dificil y estrecho sendero, y apela a nuestra naturaleza superior, pues sabemos que gracias a él nuestros pecados serán puestos a la luz.

Este es un factor al cual la moral cristiana, por lo menos en su sentido popular, no da bastante importancia; y, puesto que la opinión general de la sociedad cristiana alimenta un prejuicio con respecto del Santo Quinto Sephirah, será necesario considerar su relación con el Arbol de la Vida y, a la vez, el papel que desempeña en la vida espiritual y social, con un muy amplio detalle, pues este Sephirah no es bien comprendido; y esta falsa apreciación con respecto al valor que representa es la causa de muchas dificultades en nuestra existencia moderna.

Gueburah ocupa la posición central en el Pilar de la Severidad; expresa, pues, el aspecto catabólico o destructivo de la fuerza. Es menester recordar que el catabolismo es el aspecto del metabolismo o proceso vital que concierne a la liberación de la fuerza activa. Se dice que el Bien es aquello que es constructivo y el Mal lo que es destructivo. De cuán falsa es esta filosofía, podremos verlo intentando clasificar, de acuerdo con sus principios, el cáncer y un desinfectante. En las enseñanzas de los Misterios más profundos y más filosóficos, aprendemos que el Bien y el Mal no son cosas en sí, sino condiciones. El Mal es simplemente una fuerza que no está en su lugar; si se halla desplazada en el tiempo, está rezagada y tan lejos de su meta que resulta inútil. Está desplazada si se manifiesta donde no es necesario, como, por ejemplo, una brasa que cae sobre una servilleta o el agua que se ha desbordado de la bañera. Se halla desplazada en cuanto a las proporciones, si un exceso de amor nos hace sentimentales y estúpidos, o si la falta de amor nos convierte en destructivos y crueles. Es en este sentido que se comprende el Mal y no en un dominio personal que obra como un Adversario.

Gueburah, el Destructor, el Señor del Temor y de la Severidad, es, por tanto, tan necesario al equilibrio del Arbol como Kjesed, el Señor del Amor, y Netzach, la Señora de la Belleza. Gueburah es el cirujano celestial, el caballero de la Armadura Brillante, aquel que traspasa con su lanza al dragón; magnífico como un novio para la Virgen que lo espera anhelante, aunque, sin duda, el Dragón preferiría un poco más de Amor.
La iniciación de los "maleficos", tales como Saturno y Marte, y Yesod, la Luna engañosa, no son menos indispensables para la evolución y el desarrollo regular del alma que los Misterios de la Crucifixión expresados por Thiphareth. Es el punto de vista unilateral del cristianismo lo que hace su debilidad y el responsable de todo lo que es patológico y malsano, tanto en nuestra vida pública como en nuestra existencia privada. Pero es necesario no olvidar que el cristianismo fué el remedio útil para el mundo pagano, enfermo moribundo de sus propias toxinas. Nosotros tenemos necesidad de sus bienes, pero también , desgraciadamente, tenemos que tener en cuenta lo que le falta. Consideremos, pues, de más cerca, la influencia astringente y correctiva de Gueburah.

La energía dinámica es tan necesaria para la salud social, como la dulzura, la caridad y la paciencia. Debemos saber que la dieta eliminatoria que restaura una salud amenazada, produciría la enfermedad de un cuerpo sano. Jamás hay que exaltar la cualidades que contrabalancean los excesos de la fuerza, con si fuesen finalidades en sí o medios de salud. Una caridad excesiva es también, a su manera, una locura; mucha paciencia es signo de laxitud. Es necesario un justo equilibrio del cual resulta la dicha, la salud. el equilibrio del organismo social y la franca realización de cuantos sacrificios deban ser aceptados para obtenerlo. No podemos comer nuestra ración y conservarla al mismo tiempo, ni en la esfera espiritual, ni en ninguna parte.

En los Misterios, Gueburah es el sacerdote ordenando para los sacrificos. El sacrificio no significa ofrecer algo que nos es caro porque un Dios celoso lo demande, un Dios que no tiene rivales y que se regocija de nuestro sufrir. El sacrificio significa la elección deliberada, clarividente, de un bien elevado con preferencia a uno inferior, lo mismo que un atleta prefiere el esfuerzo del ejercico al reposo, el cual es funesto para la conservación de su línea. El carbón que la locomotora consume, es sacrificado al poder de la velocidad. En realidad, el sacrificio es una transmutación de fuerza; la energía latente en el carbón ofrecida en el altar de la locomotora, es transformada en la energía dinámica del vapor, por los instrumentos empleados.

Existe un mecanismo psicológico y cósmico a la vez, que cada acto de sacrificio pone en juego y por el cual éste es transformado en energía espiritual, la que, a su vez, puede ser aplicada a diversos otros mecanismos y reaparecer sobre los planos de la forma en un tipo de fuerza íntegramente diferente de lo que fue en su origen.

Por ejemplo, un hombre puede sacrificar sus emociones a su carrera, o una mujer, su carrera a sus emociones. Si el acto es puro, sin arrepentimiento, un inmenso flujo de energía psíquica es liberado de esa manera en la dirección elegida. Pero si el deseo inferior se halla sólo reprimido en cuanto a su expresión y no realmente en el altar por un impulso de libre voluntad, la víctima infortunada de este acto sucumbe en dos mundos a la vez. Es aquí donde Gueburah nos es necesario, el cual, con un gesto sacerdotal rápido y fuerte, arranca de nuestras manos el objeto del deseo y lo golpea con un golpe misterioso, ofreciéndolo a la Divinidad, pues Gueburah es el Microcosmos, es decir, el Alma del hombre; es el coraje y la resolución que combate toda falsa indulgencia.

¡Qué falta nos hacen las virtudes espartanas de Gueburah en esta época de sentimentalidad neurótica¡ ¡Cuánta caída podríamos economizarnos si el Cirujano Celestial nos hiciera la herida oportuna que cura, evitando el compromiso fatal, la irresolución enfermiza, parecida a una herida entreabierta tan a menudo amenazada de gangrena¡

Si en este mundo ninguna mano fuerte sirviere al bien, el mal no cesaría de crecer. Si no es bueno apagar el tizón humeante cuando todavía arde, no es menos un error dejar que se expanda la ceniza que el atizador pondría en su lugar. Llega un momento en que la paciencia es debilidad, en que pierde su mejor tiempo, momentos en que la piedad se convierte en una locura y expone la inocencia al peligro. La táctica de no resistencia al mal no puede ser eficazmente empleada más que en una sociedad vigilada; esa táctica no tuvo nunca éxito cuando uno se encuentra cerca de las fronteras. La naturaleza, de dientes y garras rojas, lleva los colores de Gueburah. La civilización refinada es sin duda hija de Kjesed, la Misericordia, que transmuta la fuerza brutal y la destrucción excesiva de todo aquello que durante largo tiempo pertenece al aspecto del quinto Sephirah, Gueburah. Pero hay que recordar igualmente que la civilización se apoya en la naturaleza como un edificio en sus cimientos; es la condición sanitaria oculta, pero no menos necesaria para la salud pública.

Doquiera exista algo que obre para su propia utilidad, Gueburah debe emplear su método; donquiera reine el egoísmo, debe ser traspasado por la lanza de Gueburah; doquiera se ejercite la violencia contra el débil, o el uso sin cuartel de la fuerza, el sable de Gueburah y no el globo de Kjesed es el remedio eficaz; dondequiera haya robo y mentira, la verdad sagrada de Gueburah debe entrar en juego; doquiera cancelen los límites que nos protegen de nuestro vecino, la cadena de Gueburah debe intervenir.

Estas cosas son tan indispensables para la salud social e individual, como el amor fraternal; y son tanto más raras en nuestra época sentimental, si se trata de su uso a título de remedio y no de venganza. Quien grite delante del agresor "¡Detente¡" y "¡Adelante"¡ a los que despejan la ruta, desempeña su papel sacerdotal en la Esfera Sagrada del Quinto Sephirah.




II

Si observamos los fenómenos de la vida, comprobamos que el ritmo y no la inmovilidad es lo que caracteriza al principio vital. La estabilidad que muestra la existencia manifestada, es como la de un corredor en su bicicleta, en equilibrio entre dos posibles caídas; puede caer a derecha o a izquierda, pero por su habilidad la caída no se produce.

En la vida de los individuos, en el desarrollo de una transacción, en la actitud de todo grupo mental disciplinado y bien organizado, vemos producirse las influencias alternadas de Gueburah y de Guedulah, de un lado al otro, con un balanceo rítmico. Todos los que tengan la responsabilidad de conducir una agrupación organizada saben que es necesario tirar o aflojar las riendas sin cesar, estimular y estabilizar. Hay un sentido de la libertad necesaria para la sinceridad prudente, y un sentido para la represión que exige un ardor ciego. Si la represión no es ejercida con firmeza, la disolución o la revuelta amenazan al grupo. El prudente conoce el momento donde la reacción tendrá lugar, cuando llega el instante de hacer restallar el látigo de Gueburah sobre la cuadriga para que haya nuevamente un esfuerzo; sabe también que el látigo no debe ser empuñado muy a menudo cuando la cuadriga debe tomar un resuello, o cuando una de sus unidades menos segura tiene trabada una pata en los arneses.

En la vida pública, especialmente, nos podemos dar cuenta de los ritmos alternativos de Gueburah y Guedulah. Nos arriesgamos a profetizar que la nación inglesa está en camino de surgir de un aspecto jupiteriano para abordar uno marciano. En todas partes vemos que la misericordia, convertida en excesiva como consecuencia de las imperfecciones de la naturaleza humana, da paso a un rigor que hará respetar nuevamente una justicia bien organizada e impedirá que el mal crezca. La labor de la policía será más estricta, los jueces más severos, y en la reforma penal se producirá un compás de espera; ya no son los humanitarios quienes tendrán la última palabra. El alma grupal de la raza entra en una fase de Gueburah y le falta paciencia con respecto a sus unidades en retardo.

En este ciclo prevalecerá la tendencia a descartar decididamente al incapaz y concentrarse sobre el esfuerzo de conducir a su desarrollo más elevado lo que valga la pena. Gueburah será la cabeza de esta empresa, y toda atenuación de rigor que proponga Guedulah deberá pasar por un severo examen. Esta reforma era necesaria, pues al fin de un período es cuando tienden a prevalecer los excesos; el humanitarismo de Guedulah llevado a extremos es, a final de cuentas, ridículo; su refinamiento se ha convertido en pura debilidad y ha perdido el sentido de las realidades.

Cuando una nueva fase se eleva desde el seno del espíritu del alma grupal, es sobre sus partes menos iluminadas, sobre las masas, que se hace visible su influencia; la gente culta siente horror de los extremos; vemos que esto aparece en la conducta de algunos periodistas. Los periódicos populares piden a voz en cuello el uso del knut, lo mismo que denunciar las deudas y pactos internacionales; en resumen, piden servirse libremente del sable de Gueburah. En todas partes crece la tendencia a no sufrir más la estupidez, tendencia que obstaculiza la misión de los negociadores, pues Gueburah no comprende de negociar; y en toda discusión, su principal argumento es el gesto del príncipe griego que corta el nudo con su espada.

Conociendo la interacción de las fases, el iniciado no se afecta por ninguna, y se guarda de imaginar que una de ellas es el fin del mundo y que la otra es el milenio. Sabe que todas seguirán sus cursos, comenzando por una reacción necesaria contra la que les ha precedido, y concluyendo, a su turno, en el exceso; con tal que los iluminados de una raza sean suficientemente clarividentes, esta raza no perecerá; porque el solo hecho que se produzcan excesos, implica el fin de una curva, después de la cual, normalmente, el péndulo cambiará de nuevo y volverá a su equilibrio. Sólo cuando la clarividencia ha sido completamente abolida de un pueblo, el péndulo en la vida se desequilibra y lo conduce al suicidio. Este fue el caso de Roma, de Cartago y, últimamente, el caso de Rusia. Pero, aun cuando una organización social es destruída y el péndulo se agita al azar, el principio del ritmo inherente a toda existencia manifestada se restablece de inmediato cuando después del naufragio una nueva organización comienza a nacer.

La gran debilidad del cristianismo consiste en que ignora el ritmo. Opone Dios y el Diablo, en vez de unir Vishnú a Siva. Su dualismo es antagónico en vez de ser equilibrado y, de consiguiente, jamás puede surgir el tercer término funcional por medio del cual se equilibra el poder. Su Dios es por siempre jamás el mismo, ayer, hoy y mañana; no evoluciona parejo con su creación, sino se libra a un solo acto creador después del cual duerme sobre sus laureles. La total experiencia del hombre, su total conocimiento, es contrario a la verdad de una concepción semejante.

El concepto cristiano, siendo estático y no dinámico, no puede ver que porque una cosa parezca buena, su contraria no debe ser necesariamente mala. No tiene sentido de las proporciones, porque ignora esencialmente el principio del equilibrio en el espacio, como del ritmo en el tiempo. Por tanto, a los ojos del ideal cristiano, sucede a menudo que la parte es más importante que el todo. La dulzura, la piedad, la pureza y el amor constituyen el ideal cristiano y, como Nietzsche lo ha hecho notar, son virtudes del esclavo. En nuestro ideal deberíamos hacer lugar para las virtudes de los jefes, del guerrero: el coraje, la energía, la integridad, la justicia. El cristianismo no tiene nada que decirnos con respecto a estas virtudes dinámicas.

MITOS CABALISTICOS -- TIPHARETH, EL SEXTO SEPHIRAH -- EL ARBOL DE LA VIDA Y LOS DIEZ SEPHIRAH




TIPHARETH, EL SEXTO SEPHIRAH

TÍTULO: Tiphareth, la Belleza. (Hebreo: Tau, Pe, Aleph, Resh, Tau).

IMAGEN MÁGICA: Un Rey majestuoso. Un niño. Un dios sacrificado.
POSICIÓN EN EL ÁRBOL: En el centro del Pilar del Equilibrio.

TEXTO YETSIRÁTICO: El Sexto Sendero es llamado "La Inteligen­cia Mediadora" porque en ella están multiplicadas las influencias de las emanaciones y hace que esas influencias se expandan en los canales de todas las bendiciones, a los cuales ellas están unidas por esencia.

TÍTULOS DADOS A TIPHARETH: Zoar, Anpin, el Rostro Menor. Melekh, el Rey. Adam, el Hijo. El Hombre.

NOMBRE DIVINO: El Tetragramma. Aloath Va Daath.
ARCÁNGEL: Raphael.
ORDEN ANGÉLICO: Malachim, Reyes.
CHAKRA MUNDANO: Shemesh, el Sol.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL: Visión de la armonía de las cosas. Misterios de la Crucifixión

VIRTUD: Consagración a la Gran Obra.
VICIO: Orgullo.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El pecho.
SÍMBOLOS: El Lamen. La Rosa Cruz. La Cruz del Calvario. La Pirámide truncada. El cubo.
CARTAS DEL TAROT: Los seis.
Seis de Bastos: Victoria.
Seis de Copas: Alegría
Seis de Espadas: Éxito merecido
Seis de Oros: Éxito material.
COLOR EN ATZILUTH: Rosa claro.
BRIAH: Amarillo
YETZIRAH: Rosa salmón.
ASSIAH: Oro ambarino.

I

Hay tres claves importantes que corresponden a la naturaleza de Tiphareth. Primero es el Centro del Equilibrio del Árbol por su posición en el medio del Pilar Central. En segundo lugar, es Kether sobre un arco inferior, y Yesod sobre un arco superior. Tercero, es el punto de transmutación entre los planos de la fuerza y los de la forma. los títulos que se le dan en la nomenclatura cabalística, confirman esto. Desde el punto de vista de Kether, es un niño; desde el punto de vista de Malkuth, un Rey, y desde el de la transmutación de las fuerzas, es un dios que se sacrifica.

Visto en término de Macrocosmos, es decir, visto desde Ke­ther, Tiphareth es el punto de equilibrio entre Kjesed y Guebu­rah; en términos de Macrocosmos, o sea de la psicología trascen­dental, es el punto donde se encuentran los tipos de conciencia característicos de Kether y de Yesod. Hod y Netzach encuentran igualmente su síntesis en Tiphareth

Los Seis Sephiroth, cuyo centro lo constituye Tiphareth, a ve­ces son llamados Adam Kadmon, el Hombre Arquetípico. En efec­to, Thiphareth no puede ser comprendido sino como punto central de los otros seis, donde gobierna como un rey en su reinado. Para todo fin práctico, estas seis Esferas son las que constituyen el reino arquetípico que se extiende tras el reino de las formas con­cretadas en Malkuth, el cual domina y determina totalmente la pasividad de la materia.

Considerando la relación de un Sephirah con sus vecinos, a fin de poderlo interpretar con la ayuda de su posición en el Árbol, no es posible proceder a una exposición sistemática y ordenada del sistema cabalístico, porque debemos comenzar necesariamente por explicaciones preliminares, si queremos ser claros. Por tanto, nos es necesario expresar brevemente la naturaleza de los tres Se­phiroth inferiores agrupados por debajo de Tiphareth, a saber: Netzach, Hod y Yesod.

Netzach está en relación con las fuerzas de la Naturaleza y con el contacto de los elementos. Hod, con la magia ceremonial y el saber oculto. Yesod, con el psiquismo y el doble etérico. Tiphareth, por su parte, asistido por Quedulah y Gueburah, representa la clarividencia o el psiquismo más elevado del individuo. Cada Sephirah, por supuesto, tiene sus aspectos objetivos y subjetivos, su factor en psicología y su plan en el universo.

Los cuatro Sephiroth que se hallan debajo de Tiphareth (Net­zach, Hod, Yesod, Malkuth) representan la personalidad o el yo inferior; los cuatro Sephiroth que están colocados sobre este Sexto Sephirah (Gueburah, Kjesed, Kjokmah, Binah) representan la individualidad o Yo Superior, siendo Kether la Chispa Divina, el punto central mismo de la manifestación.

De consiguiente, Thiphareth no debe ser examinado jamás co­mo factor aislado, sino como lazo de unión, como centro de trans­misión o transmutación. El Pilar CentraI concierne siempre a la conciencia; los dos Pilares laterales, a los diversos modos de ope­ración de la fuerza sobre todos los diferentes niveles. '

En Tiphareth hallamos los conceptos arquetípicos que se cris­talizan y se convierten en ideas arquetípicas. En efecto es el pun­to de la encarnación, y por esta razón es llamado el Niño. Y por­que la encarnación del divino ideal implica el sacrificio de la des­encarnación, los Misterios de la Crucifixión son asignados al Sex­to Sephirah, y todos los dioses sacrificados encuentran en él su justo lugar, cuando el Árbol es comparado a los Panteones — Dios Padre, es asignado a Kether; Dios Hijo, a Tiphareth, por la razón que acabamos de indicar.

La religión exotérica, ascendiendo por el Árbol, Jamás sobre­pasa la Esfera de Tiphareth. No tiene ninguna percepción adecuada de los Misterios de la Creación, tales como son evocados por el simbolismo de Kether, Kjokmah y Binah, ni modos de acción del Arcángel luminoso y del sombrío, representados por Guedulah y Gueburah; menos aun percibe los Misterios de la conciencia y de la transmutación de fuerza representados por Daath, el Sephirah invisible, para el cual no existe un símbolo.

Dios se manifiesta en Thiphareth por la forma, y habita entre nosotros; es decir, ÉL es percibido por la conciencia del hombre. Tiphareth, el Hijo, nos evoca al Padre, Kether.

Para que la forma pueda estabilizarse, las fuerzas opuestas cuyo resultado es la forma, deben llegar a su punto de equilibrio. De esta manera, encontramos que la idea de un Mediador o de un Redentor es inherente a este Sephirah. Cuando la Divinidad se manifiesta en la forma ésta debe estar perfectamente equilibrada También se podría invertir correctamente la proposición y decir: cuando las fuerzas de donde resulta la forma están en perfecto equilibrio, la Divinidad se manifiesta en la forma, se­gún su tipo. Dios se manifiesta entre nosotros cuando las condiciones se lo permiten.

Cuando se manifiesta en los planos de la forma bajo el aspec­to infantil de Tiphareth, el dios encarnado deviene hombre, y es entonces un dios Redentor. En otros términos' habiendo obtenido la encarnación por medio de una materia virgen (María, Marah, la Madre Superior por oposición a Malkuth, que es la Madre In­ferior). La manifestación Divina que se desarrolla hace un perpe­tuo esfuerzo para conducir a un equilibrio estable el Reino de los seis Sephiroth que forman el Centro del Árbol.

Cuando el mito de la Caída se presenta en el árbol de la Vida es interesante hacer notar que las cabezas de la Serpiente del Abismo que se eleva fuera del caos conciernen sólo a Tiphareth, al cual ellas no pueden sobrepasar.

El Redentor, pues, se halla manifestado en Tiphareth. y hace un esfuerzo incesante a fin de salvar Su Reino, reuniéndolo a los Sephiroth Superiores que están sobre la sima causada por la Caída. sima que separa los Inferiores de los otros, y estableciendo el equilibrio entre diferentes fuerzas del Reino dividido en seis Esferas.

Por esta razón los dioses encarnados se sacrifican, mueren por el pueblo, a fin de que la inmensa fuerza generada por este acto compense la fuerza caótica del Reino y por ello se salve es decir, que renazca el equilibrio.

Esta Esfera particular del árbol es llamada el Centro de Cris­to, y es aquí donde la religión cristiana tiene su centro. Las re­ligiones panteístas como la de los Egipcios y de los Griegos tie­nen su centro en Yesod; las metafísicas. como la de Confucio y Buda lo tienen en Kether. Pero como todas las religiones dignas de este nombre tienen un aspecto esotérico o místico, y otro exo­térico o panteísta, el Cristianismo, aunque su creencia pertenezca esencialmente a Tiphareth, tiene también un aspecto místico, proviene de Kether y un aspecto mágico—como lo muestra el catolicismo popular—que halla su centro en Yesod. En cuanto a su aspecto evangélico, se concentra en Tiphareth, reverenciado como el Niño y como Dios Sacrificado. Ignora, sí, el aspecto del Rey en el centro de Su Reino, rodeado por los cinco Sephiroth de la manifestación.

Hasta este momento hemos examinado el Árbol de la vida desde el punto de vista del macrocosmos, considerando los diver­sos arquetipos de la fuerza que, manifestándose, constituyen el Universo. Apenas hemos abordado el punto de vista del microcosmos, que considera el aspecto psicológico de los arquetipos co­mo factores de conciencia. Con Tiphareth es menester cambiar de rumbo, porque las fuerzas arquetípicas, en adelante, serán en­cerradas en las formas, y no podrán ya ser estudiadas más que por sus efectos en nuestra conciencia; en otras palabras, nuestro esfuerzo debe pasar por la experiencia directa de los sentidos, aunque ellos no pertenezcan exclusivamente al plano psíquico, porque funcionan en Tiphareth y Yesod a la vez, cada una conforme a su tipo. Cuando estábamos en los niveles superiores, teníamos el recurso de la analogía metafísica, y razonábamos por deduc­ción, partiendo de principios originales; pero ahora estamos en el campo de la ciencia inductiva, debiendo someternos a sus leyes y expresar en su propio lenguaje aquello que podamos descubrir. Pero, al mismo tiempo, debemos mantener nuestro lazo de unión a través de Thiphareth con los pensamientos trascendentales a los que se llega expresando el simbolismo del Sexto Sephirah en términos de experiencia mística. Toda experiencia mística don­de la visión concluya por una luz enceguecedora, es asignada a Tiphareth, porque la desaparición de la forma en el irresistible aflujo de la fuerza es característica del mundo de conciencia transitoria de este Sephirah. Las visiones que mantienen de manera cons­tante una forma claramente definida son características de Yesod; y las iluminaciones sin forma alguna como las que describe Plotino, conciernen más bien a Kether.

En Tiphareth se reúnen e interpretan las operaciones de magia natural de Netzach, y de magia hermética de Hod. Todas estas operaciones tienen una forma más predominante en la Esfera de Hod que en la de Netzach. Las visiones astrales de Yesod deben también ser traducidas en términos de metafísica, merced a las experiencias místicas de Tiphareth. Si esta traducción no tiene lugar, la alucinación se produce, porque entonces creemos que' los reflejos proyectados en el espejo de nuestra subconsciencia y traducidos en ella en términos de conciencia cerebral son cosas en sí, cuando en verdad no son más que representaciones simbólicas.

Kether es metafísico; Yesod psíquico, y Tiphareth es esencial mente místico comprendiéndose por misticismo un estado mental en el que la conciencia cesa de expresarse en representaciones simbólicas subconscientes, para aprehender su objeto por medio de emociones intuitivas.

Los diferentes títulos adicionales asignados a cada Sephirah y sus Nombres Divinos en particular nos dan una clave impor­tante para comprender los misterios de la Biblia, libro cabalístico de primera clase. Según la manera que este libro se refiera a la Deidad, sabemos a qué esfera del Árbol debe ser asignado su modo particular de manifestación. Toda alusión al Hijo se rela­ciona siempre a Tiphareth, toda alusión al Padre se vincula a Kether y todas las que se hacen al Espíritu Santo están relaciona­das a Yesod. Aquí se hallan ocultos profundos misterios, porque el Espíritu Santo es el aspecto de la Divinidad adorado por las logias ocultas. El culto panteísta de las fuerzas naturales y de las ope­raciones sobre los elementos se coloca bajo la invocación de Dios Padre; y el aspecto ético regenerador de la religión, su aspecto exotérico en nuestra época se efectúa en la invocación del Dios Hijo, en Tiphareth.

Sin embargo, el Iniciado va más allá de su época y procure reunir sus tres modos de adoración rindiendo culto a la Divinidad como Trinidad unitaria; compensando al hijo de la bajeza del cul­to panteísta hace que el Padre trascendente sea accesible a la conciencia humana porque ”los que me han visto vieron al Padre".

Tiphareth, no obstante no es sólo el centro del Dios Sacrifi­cado, sino el centro del Dios Embriagado Aquel que concede la Iluminación. Dionisio participa de este centro, como asimismo Osiris, porque como ya lo hemos visto el Pilar Central es el Pilar de los estados de conciencia; y la conciencia humana, ele­vándose de Yesod por el Sendero de la Flecha, recibe la Iluminación en Tiphareth, siendo la razón por la cual todos aquellos que en los diversos Panteones dispensan la Iluminación, son asignados a Tiphareth.

La Iluminación es la aspiración en el espíritu de un estado de conciencia más elevado que el que resulta de la experiencia sensi­ble; y es por ella que, por así decir, el espíritu cambia de aire. A menos que este nuevo modo de conciencia no esté vinculado con el pasado y se exprese en términos de pensamiento concreto, es un simple relámpago tan brillante que enceguece. No vemos por medio del rayo de luz que desciende a nosotros, sino por el reflejo que proyecta sobre los objetos de tres dimensiones que nos son conocidos. A menos que en nuestro espíritu no haya más que las ideas que puede iluminar ese modo más elevado de con­ciencia, estaremos simplemente aturdidos, y la obscuridad en nosotros es más profunda de lo que era antes de su pasaje. En efecto, no cambiamos precisamente de aire, sino proyectamos nuestro espíritu más allá de todo aire conocido. Es en esto que consiste el fenómeno que se llama Iluminación. Por breve que sea baste un relámpago para convencernos de la realidad de una exis­tencia hiperfísica, pero no para enseñarnos algo con respecto a ella.

La importancia del estadio de Thiphareth en la experiencia mística consiste en el hecho de que la Encarnación del Niño se produce ahí; dicho de otra manera, la experiencia mística engen­dra poco a poco un conjunto de ideas e imágenes que se convier­ten en resplandecientes y visibles, cuando la Iluminación se efectúa.

Este aspecto infantil de Tiphareth es asimismo de una gran im­portancia para nosotros en el trabajo práctico de los misterios rela­tivos a la Iluminación. Porque debemos aceptar el hecho de que el Niño Cristo no surge en nosotros como Minerva, armada de pies a cabeza, fuera del frente del Padre de los Dioses; él comienza por ser algo muy débil, extendido humildemente entre los animales, sin ni siquiera ser admitido en la sala donde respire el común de los hombres. Los primeros rayos de la experiencia mística deben ser forzosamente limitados, porque no hemos tenido tiempo para for­mar un cuerpo de ideas y de imágenes en los cuales esos rayos podrían resplandecer. Es necesario mucho tiempo para formar un cuerpo semejante, produciendo su efecto cada experiencia tras­cendental, efecto que organiza la meditación subsiguiente.

Frecuentemente los místicos cometen el error de creer que la Estrella los conduce al lugar del Sermón de la Montaña y no al Establo de Belén donde tuvo lugar el nacimiento. Es entonces cuando el Árbol de la Vida es tan útil; permite a lo trascendental expresarse por un simbolismo y, en seguida, a éste ser traducido en términos de metafísica; de esta manera, une lo espiritual a lo psíquico, pasando por la inteligencia, y con un fuego central ilumina estos tres aspectos de nuestra conciencia trina.

Es en Tiphareth donde se produce esta operación, porque en este Sephirah son recibidas las experiencias místicas de conciencia directa que iluminan los símbolos psíquicos.



II

El Pilar Central del Árbol de la Vida es esencialmente el Pilar de la Conciencia, lo mismo que los Pilares laterales son los poderes activos y pasivos. Examinándolo desde el punto de vista del microcosmos, es decir, de la psicología y no de la cosmogonía, Kether, la Chispa Divina, en torno al cual se organiza el ser individualizado, debe ser considerado como el punto central mismo de la conciencia . Daath , el Sephirah invisible, se halla también en el Pilar del medio, aunque, en verdad, pertenece a un plan di­ferente al del Árbol de la Vida. Cuando, por ejemplo, examina­mos a este último microcósmicamente, Daath vendría a ser su punto de contacto con el mocrocosmos. Es sólo con Tiphareth que alcanzamos la conciencia netamente definida, individualizada.

Tiphareth es el punto funcional de la segunda Tríada del Árbol, cuyos dos ángulos básicos consisten en Gueburah y Guedulah (o Kjesed). Esta Segunda Tríada, emanada de la primera forma­da por los tres Sephiroth Superiores, forma la individualidad evolutiva, o alma espiritual. Es ella la que perdura y se repite a través de una evolución; es de ella que emanan las personalida­des sucesivas, o encarnaciones; es ella quien almacena la esen­cia activa de la experiencia, al fin de cada encarnación, cuando la unidad encarnada vuelve al polvo, al éter.

Esta segunda Tríada es la que forma el Alma Superior, el Yo Superior, el Santo Ángel Guardián, el Primer Iniciador. Es la voz del Yo Superior que percibe el oído interior y no la voz de los desencarnados ni de Dios, como imaginan los que ignoran la ver­dadera Tradición.

Guiada por la Segunda Triada, la Tercera construye con los materiales que le ofrece la experiencia de la encarnación, con Mal­kuth como vehículo físico. La conciencia cerebral pertenece a Mal­kuth, y es la única de que dispondremos mientras estemos apri­sionados por su vehículos. Pero las puertas de Malkuth no perma­necen rigurosamente cerradas, y en la actualidad son muchos los que pueden entrever la fantasmagoría del plan astral y experimentar la conciencia psíquica de Yesod. Cuando se la logra libre­mente, se abre la ruta hacia un psiquismo más elevado, la clari­videncia auténtica, que constituye la heredad de la conciencia de Tiphareth.

De consiguiente, nuestra primera experiencia de psiquismo su­perior, en general, se realiza para comenzar, en términos de psi­quismo inferior, porque recién entonces nos hemos librado apenas de Malkuth y comenzamos a mirar hacia el Sol de Tiphareth, des­de la Esfera lunar de Yesod. Escuchamos voces en el oído interior y vemos visiones con la vista interior, pero todas ellas difieren de la conciencia psíquica ordinaria, en el hecho de que no son las representaciones directas de formas astrales, sino los signos sim­bólicos de hechos espirituales expresados en términos de concien­cia astral. Esto es una función normal del subconsciente, y es de capital importancia comprenderlo debidamente, porque los equívo­cos a este respecto producen graves problemas, y pueden hasta desorganizar el equilibrio mental.

Los que están familiarizados con la terminología cabalística saben que la primera Gran Iniciación nos da el poder de conver­sar con nuestro Santo Ángel Guardián y participar de su saber; y es bueno recordar que este Santo Ángel Guardián no es otro que nuestro Yo Superior. La característica de este modo de men­talidad elevada es que no se producen voces ni visiones, porque es conciencia pura, y una percepción más intensa; de esta actividad del espíritu resulta un poder particular de penetración que es de la naturaleza de la intuición más elevada. La conciencia superior jamás es psíquica, sino permanentemente intuitiva, y no contie­ne imagen sensible alguna. Es esta ausencia de imágenes lo que advierte al verdadero Iniciado que ha alcanzado el nivel del Ego.

Los antiguos sabían bien lo que acabamos de expresar, y distinguían cuidadosamente los métodos mánticos que ponen en con­tacto con los mundos de abajo, con los mundos de la ebriedad di­vina conferida por los Misterios. Las Bacantes que danzan en me­moria de Dionisio eran de un orden de iniciación completamente diferente de las Pitonisas, las cuales eran médium, esto es, psíquicas. Las Bacantes iniciadas en los Misterios Dionisíacos po­seían una exaltación de conciencia, una superabundancia de vi­talidad, que les permitía realizar sorprendentes proezas de fuerza.

Todas las religiones dinámicas poseen este aspecto dionisíaco. Aun en la cristiana, muchos santos han tenido la experiencia del Divino Crucificado que adoraban, yendo hacia ellos como el Divino Esposo. Cuando hablan de esta ebriedad divina las metáforas del amor humano vienen instintivamente a sus labios. "¡Que adorable eres, oh esposo mío" "Aturdido por los besos de sus labios divinos.... Estas palabras dicen mucho para quienes sabe comprenderlas.

El aspecto dionisíaco de la religión representa un factor esencial de la psicología humana; por una parte, es la incomprensión de este factor lo que nos cierra el portal de las experiencias espirituales sublimes en nuestra civilización actual, y permite, por otra parte, esas extrañas aberraciones del sentimiento religioso, que, de tiempo en tiempo, producen un escándalo más o menos lamentable, en vez de movimientos inspirados de religiones más dinámicas.

Hay una cierta concentración emocional exaltada que hace posible las fases elevadas de la conciencia, y sin esa concentración no es posible alcanzarlas. Las imágenes del plano astral se trans­forman en intensidad de emoción parecida a una llama y, cuan­do la naturaleza grosera ha sido totalmente consumida, a menu­do nos hallamos calentados por el color de la conciencia pura. A causa de la naturaleza misma del espíritu humano que tiene el cerebro por instrumento, esta llama blanca no puede durar; pe­ro, durante su breve existencia, el temperamento se transforma, el espíritu recibe nuevos conceptos y una especie de amplitud que no se disipa jamás del todo. Esta extraordinaria exaltación de conciencia se retira, pero la expansión de la personalidad lle­ga a ser permanente, como asimismo una capacidad más elevada de vida y un poder de realización de las verdades espirituales que jamás podría haber sido nuestro, si no hubiésemos franqueado violentamente el abismo que nos separa de él, en el gran vuelo del éxtasis.

Los que en la actualidad nos dirigen espiritualmente, no tie­nen idea de los métodos por los cuales se logra de modo delibe­rado el estado de éxtasis, y tampoco se saben servir de éste cuan­do se produce espontáneamente. los oradores de ciertas sectas, por su magnetismo instintivo, logran producir algo parecido al éxtasis en un auditorio no preparado, y los menos recomendables de entre ellos son juzgados según su poder de embriagar de esa manera su público. Pero las consecuencias de esa embriaguez es la de toda ebriedad: cuando se ha esfumado y el orador lleva consigo a otras partes sus discursos, la vida parece sombría, sin contenido ni alegrías. Y al esfumarse así su ebriedad, el converti­do piensa haber perdido a Dios; nadie parece darse cuenta de que el éxtasis es un relámpago de magnesio en la conciencia ordina­ria que, si se prolongase, arruinaría el cerebro y el sistema ner­vioso. Sin embargo, aunque no deba perseguirse, cuando el éx­tasis es verdadero, atravesamos el punto muerto de nuestra con­ciencia y despertamos a otra vida.

La técnica del Árbol de la Vida da una definición muy exac­ta de sus experiencias especiales. Merced a ella, los que son ex­pertos no toman el vuelo de su conciencia. superior por la voz de Dios. De la conciencia sensorial de Malkuth, pasando por el psi­quismo astral de Yesod, ellos ascienden a la intuición sin imáge­nes, a la conciencia sutil de Tipharet, para descender de inme­diato, suavemente, sabiendo lo que hacen. Ellos no confunden los planos y tampoco les permiten mezclarse, sino juzgan a todos des­de el centro de una conciencia centralizada.

III

Los cabalistas llaman a Tiphareth, Shemesh o la Esfera del Sol, y a este respecto es interesante hacer notar que todos los dioses solares son dioses salvadores y todos los dioses salvadores son solares, cosa que merece ser meditada.

El Sol es el punto central de nuestra existencia, y sin él no exis­tiría el sistema solar. La luz del Sol desempeña un papel capital en el metabolismo, o sea el proceso vital de los seres vivientes; toda la nutrición de las plantas verdes depende de él. Su influen­cia está íntimamente ligada a la de las vitaminas, y es un hecho probado que éstas, en ciertos casos, pueden suplir su acción. Por ello vemos que la luz solar es un factor esencial de nuestro bien­estar; y yendo más lejos, podríamos afirmar que es necesaria pa­ra nuestra misma existencia; nuestra relación con el Sol es mu­cho más íntima de lo que podamos imaginar.

En el reino mineral, el símbolo del Sol es el oro, precioso y puro; todas las naciones lo han reconocido, nombrándolo el metal del Sol, viendo en él el más precioso de los metales y convirtiéndolo en la base única de los cambios monetarios. El papel desem­peñado por el oro en la política de los pueblos sobrepasa en mu­cho su utilidad intrínseca como metal. Es la sola substancia te­rrestre que, en grado máximo, es incorruptible, porque podrá estar completamente cubierta en su superficie por impurezas, pero metal en sí, diferentemente de la plata y el hierro, no sufre ninguna alteración química, ni descomposición alguna; podríamos agregar que tampoco el agua lo corroe.

El Sol es Aquel que nos da la vida, y la fuente misma del ser; es el único símbolo adecuado para Dios Padre que puede ser llamado justamente Sol tras el Sol, siendo Tiphareth, por este hecho, el reflejo inmediato de Kether. Es por la mediación del Sol que la vida se manifiesta en la Tierra, y es por medio de la conciencia de Tiphareth que nos ponemos en contacto con todas las fuerzas vitales que podamos, consciente e inconscientemente a la vez

Ante todo, el Sol es el símbolo de la energía manifestada: lo influjos ininterrumpidos y excepcionales de la energía solar so' los que causan la ebriedad divina del éxtasis; el oro, base de la monedas, es la representación objetiva de la fuerza vital exterior porque, en verdad, el dinero es la vida, la vida es el dinero, toda vez que sin él no podemos tener ninguna plenitud de vida. La fuerza vital, manifestada en el plano físico como energía, y en el plano mental como inteligencia y saber, puede ser transmutada en dinero por medio de procesos alquímicos, signos de la capacidad o energía de quien los emplea. El dinero es el símbolo de la energía humana, por medio del cual podemos acumular, hora por hora el producto de nuestro trabajo, recibiéndolo como salario al fin de la semana, gastándolo en cosas útiles o ahorrándolo para el uso futuro que consideremos conveniente. El oro representado por los cheques es un símbolo de la energía humana y no puede ser ganado más que por un esfuerzo de esta energía. Cualquiera sea le energía de un padre o de un esposo transmitida por la heren­cia, siempre es el símbolo de una energía humana en una esfera dada, aunque ello sea en una sociedad de ladrones.

Los movimientos subterráneos y secretos del dinero obran en el organismo de las naciones de la misma manera que las hor­monas en el cuerpo humano, y hay leyes cósmicas insospechadas por los economistas que gobiernan esos movimientos rítmicos e intermitentes.

Kether, el espacio, la fuente de toda existencia, se refleja en Tiphareth, que es un agente de distribución y un distribuidor de la energía espiritual primordial. Recibimos directamente esta ener­gía por medio de la claridad solar, e indirectamente por la clorofila de las plantas verdes que les permite utilizar la luz, y también la recibimos, aunque de una manera que podríamos decir "de segunda mano", por medio de los tejidos de los animales herbívoros.   -

Pero el dios Solar es algo más que una fuente de vida: es tam­bién el sanador cuando la vida está amenazada, pues ella, sus ex­cesos, sus errores y sus deficiencias, es lo que constituye la acti­vidad en los procesos de la enfermedad, la cual no dispone de más energía que la tomada de la vida del organismo. Toda curación debe consistir en reajustes de la fuerza vital, y son los dioses so­lares a quienes hay que invocar con este objeto, a consecuencia de la relación intima entre el Sol y la Vida. El conocimiento de es­tos hechos y la manipulación de la influencia solar eran los me­dios de curación empleados por los antiguos Sacerdotes Iniciados. En la Grecia antigua, esos medios eran el fundamento, los cimien­tos de Esculapio.

Nosotros, los modernos, hemos aprendido el valor de la luz solar y de las vitaminas en nuestra economía fisiológica, pero no hemos realizado el papel capital del aspecto espiritual de su in­fluencia en nuestra economía psíquica, comprendiéndose este tér­mino según la acepción que nos da el diccionario. Hay un factor Tipharéthico en el alma del hombre, factor que, según la antigua tradición, tiene su correspondencia física en el plexo solar --no en el corazón ni en la cabeza-- y que tiene el poder de concentrar el aspecto sutil de la energía del sol, de la misma manera que la clorofila concentra un aspecto más tangible en la flor de una planta. Si por cualquier circunstancia estamos impedidos de asi­milar esta energía, nos volvemos tan enfermizos, débiles de espíritu y de cuerpo, como una planta que crece en una caverna, privada de la claridad que la alimenta.

Esta separación con el aspecto espiritual de la naturaleza es debido sólo a actitudes mentales. Cuando rehusamos reconocer nuestro papel verdadero en la Naturaleza, y el de ella en nos­otros, impedimos el doble juego de ese magnetismo vital entre la parte y el todo; y, faltándonos los elementos esenciales para el crecimiento espiritual, no podremos lograr la salud psíquica.

' Los psicoanalistas dan una gran importancia a la represión como causa de los desórdenes psíquicos; han aprendido a reconocer esto, porque en los casos extremos de represión sexual sus pési­mos efectos son evidentes. Sin embargo, no han aprendido que esa represión sexual de que hablamos --a menos que no nazca por determinadas circunstancias, en cuyo caso no da lugar a la disociación-- no es más que el resultado de una causa más profunda que el sexo mismo, causa que tiene sus raíces en una falsa espiritualidad, un idealismo malsano que pretende privarse de la simpatía, de la franqueza, de la gratitud que debe experimentar un criatura viviente hacia Aquel que le da la Vida, el más elevado bienhechor de la Naturaleza. Todo esto proviene de un orgullo espiritual que considera indigno los aspectos naturales primitivos.

A causa de ese falso ideal y de sus valores irreales, es por lo que hay tanta neurastenia en nuestros medios sociales. Porque Cloácina y Priapo no son honrados como dioses, es por lo que nosotros somos maldecidos por el dios Solar y separados de su benigna influencia , pues el insulto a sus aspectos inferiores es lo mismo que un insulto dirigido a él.

Cuando un ser no es apto para la reproducción, el llamado del sexo le es repulsivo; es la base natural del pudor que protege el organismo contra el derroche y el agotamiento. La acumulación de desperdicios causa una perturbación fisiológica creando dolores insoportables para toda criatura viviente, por poco desarrollada que sea, y evita su acercamiento. Nuestras condiciones artificiales de vida han sacado miles de prejuicios irracionales y nefastos de esas dos repulsiones tan racionales y útiles en las condiciones naturales. La repulsión cesa de ser normal y no sirve para su meta biológica.

Nuestra conducta con respecto a dos funciones importantes de la vida natural implica que ellas son anormales, despreciables y funestas. De consiguiente, si suprimimos el contacto terrestre el circuito se destruye y, asimismo, nos faltarán los contactos celestes. El circuito cósmico desciende de Kether a través de Tiphareth y Yesod hacia Malkuth; si el circuito está roto en alguna parte no funciona más. Es verdad que, mientras se viva, es imposible destruirlo del todo, pues los procesos de la vida se hallan tan profundamente arraigados en la naturaleza, que no se les puede suprimir totalmente; pero, una actitud mental puede desviar la corriente, aislarla y pervertirla, hasta el punto que sólo un influjo mínimo circula a través de los obstáculos en un organismo debilitado.

En Tiphareth, el centro Solar, lo espiritual se manifiesta por lo natural, y debemos reverenciar el Dios Solar para comprende que él representa la expresión natural de las realidades espirituales. Es enorme la influencia que sobre la historia de los do­lores humanos tiene la espiritualización de las funciones natu­rales.

IV

A la luz de lo que ya sabemos sobre el significado de Tipha­reth, los símbolos a él asignados constituyen un estudio de los más instructivos, porque tenemos ahí un ejemplo muy claro de la manera en que, para cada Sephirah , los símbolos que lo repre­sentan se entrelazan en una interminable corriente de asociacio­nes concatenadas.

El sentido de la palabra hebrea TIPHARETH es Belleza. De las múltiples definiciones que han sido dadas a este término, la más satisfactoria es aquella que hace consistir la Belleza en una rela­ción de proporciones armoniosas, cualquiera sea la cosa en cues­tión material o moral. Por tanto, es interesante notar que el Sephirah de la Belleza es el punto central del íntegro equilibrio del Árbol, y que una de cada dos experiencias espirituales evoca­das por Tiphareth es la visión de la Armonía de las Cosas.

Es curioso que dos Experiencias Espirituales diferentes, y a primera vista sin relación reciproca, estén asignadas a Tiphareth; en efecto, es el único Sephiroth del Árbol que ofrece esta anomalía. Todavía solo, se ve asignar diversas Imágenes Mágicas; de consiguiente, debemos preguntarnos por qué es el Sephirah central el que ofrece estos múltiples aspectos. La respuesta se encuentra en el Sepher Yetzirah concerniente a Tiphareh, en la parte que dice: "El Sexto Sendero tiene por nombre Inteli­gencia Mediadora,. Ahora bien: un mediador es, esencialmente, un intermediario, un lazo de unión; por tanto, Tiphareth en su posición central, debe ser observado como una fuente de doble corriente y en efecto, recibe por una parte los influjos de las Emanaciones, y por otra hace expandir esta influencia "en todos los canales de Bendiciones". De consiguiente, debemos considerarlo como la manifestación exterior de los Sephiroth más sutiles y, asimismo, como el principio espiritual de los cuatro Sephiroth más densos que él. Desde el punto de vista de la fuerza, Tiphareth es forma; y desde el de la forma, es fuerza. En efecto, es el Sephirah arquetípico en el cual todos los grandes principios representados por los Sephirah superiores se hallan formulados en conceptos.

En él están multiplicados los influjos de las emanaciones”, como dice el Sepher Yetzirah.

El nombre Zoar Anpin, el Rostro Menor, opuesto al Arik Anpin, el Rostro Inmenso --uno de los títulos de Kether--, confirma en su máximo grado esta idea; en efecto, los principios amorfos de Kether toman una forma en la Esfera abstracta del espíritu superior. Así, como dejamos dicho, Kether se refleja en Tiphareth. El Anciano de los Dias ve Su Imagen en un espejo y esta apariencia reflejada del Rostro Inmenso o del Padre es el Rostro Menor o el Hijo.

Tiphareth, vista desde arriba, es la manifestación menor y nueva generación, y vista desde abajo, es decir, desde Yesod Malkuth, es Adam Katmon o el hombre Arquetipo; Tiphareth Melekh, el Rey, el esposo de Malkan, la Esposa, uno de los títulos de Malkuth.

En Tiphareth es donde encontramos las ideas arquetípicas que; forman el andamiaje invisible de toda la Creación manifestada, formulando los principios originales de los Sephiroth más sutiles Se podría decir que es un tesoro de imágenes acumulado sobre un plano superior; pero, mientras Que las imágenes del plano astral reflejan las formas, las de Tiphareth, cristalizándolas de alguna manera, nacen de las emanaciones espirituales provenientes de los poderes más elevados.

Tiphareth es el mediador entre el Macrocosmos y el Microcosmos. "Como arriba es abajo", tal es la clave de la Esfera Shemesk donde el Sol que se halla en el transfondo del sol, se condensa en la manifestación.

En la anatomía del Hombre Celeste se encuentra la interpretación de toda organización y de toda evolución; en efecto, el universo material es, literalmente, los órganos y los miembros del Hombre Celeste; y comprendiendo el alma de Adam Kadmon, que' consiste en "el influjo de las emanaciones", es como podemos interpretar su anatomía en términos funcionales, lo cual es el único método inteligente para juzgar una anatomía. La ciencia, en general, es tan vacía de todo contenido filosófico porque se contenta con ser descriptiva y retrocede frente a las explicaciones verdaderas.

En la psicología trascendental, la cual es la anatomía del mi­crocosmos, el pecho corresponde a Tiphareth. En él se hallan los pulmones y el corazón, y debajo de estos órganos. en relación intima con ellos y controlándolos, está el gran núcleo de nervios conocido bajo el nombre de plexo solar, nombre que con justicia fué dado por los antiguos. Los pulmones mantienen una relación singularmente estrecha entre el Macrocosmos y el Microcosmos, determinando la salida y la entrada de la incesante marea atmosférica, que no se detiene de día ni de noche, hasta que el Vaso de oro se rompa, que el hilo de plata se corte y que cese nuestra respiración. El corazón determine la circulación de la sangre, la cual, según la penetrante definición de Paracelso, es "un flúido muy particular”. La medicina sabe muy bien lo que la luz solar es para la sangre. Asimismo, ha reconocido que la clorofila, subs­tancia verde de las hojas de las plantas que les permite utilizar la luz solar como fuente de su energía, tiene una influencia muy fuerte sobre la presión de la sangre.

Las Tres Imágenes Mágicas de Tiphareth son curiosas y a primera vista parecen carecer de una relación recíproca y ser contradictorias. Pero, a la luz de lo que hemos podido aprender de Tiphareth, su sentido y su relación aparecen claramente a través del lenguaje simbólico, sobre todo cuando se las estudia comparándolas a la vida de Jesucristo o el Hijo.

Tiphareth primera condensación de los Sephiroth superiores, es Justamente representado como el Niño recién nacido en el es­tablo de Belén; como Dios sacrificado, se convierte en el Mediador entre Dios y el hombre; y cuando resucita de entre los muertos es Rey en su reino. Tiphareth es el Hijo de Kether y el rey de Malkuth y, en su propia Esfera, El, el sacrificado.

No comprenderemos a Tiphareth si no tenemos alguna noción del sentido exacto del sacrificio, el cual difiere mucho del sen­tido popular que lo concibe como una pérdida voluntaria de algo que nos es querido. El sacrificio es la transferencia de la fuerza de una forma a otra. En realidad, no existe la destrucción de una fuerza; por completa que nos parezca su desaparición. ella permanece inalterable en virtud de la gran ley natural de la conservación de la energía, la cual mantiene en existencia a nuestro universo. La energía puede estar encerrada en una forma y, por eso, ser estática. o también puede franquear esta prisión de la forma para circular libremente. Cuando hacemos un sacrificio cualquiera, tomamos una forma estática de energía , y, rompiendo la envoltura que la retiene prisionera, la libramos a la circulación en el Cosmos. Lo que de esa manera sacrificamos, vuelve a tomar otra forma en un tiempo determinado. Si aplicamos esta concepción a las ideas religiosas y éticas del sacrificio obtendremos algunos resultados notables.

El Nombre Divino de esta Esfera es Aloah Va Daath, nombre que está íntimamente asociado con el Sephirah invisible que halla entre Tiphareth y Kether. Como hemos vista, este Sephir puede ser aproximadamente definido por el término "entendimiento" o el alborear de la conciencia; y podemos traducir la frase Aloah Va Daath, Tetragrammaton por Dios manifestado en la Esfera del Espíritu.

En el microcosmos Tiphareth representa el psiquismo superior al modo de conciencia de la individualidad o Ego. Es esencialmente la Esfera del misticismo religioso y también lo opuesto a la magia y al psiquismo de Yesod; porque, como lo recordaremos, los Sephiroth del Pilar Central representan niveles de conciencia y los Sephiroth de los Pilares laterales, sus poderes y sus modos de funcionamiento. Se nos dice que Tiphareth es la Esfera de los Maestros; es el Templo eterno en los cielos, que mano alguna, ha construido; es la Gran Logia Blanca. Es aquí, encontrando a los Maestros, donde el Adepto iniciado funciona en su más alta conciencia, y es por las sílabas del Nombre, por la justa comprensión del sentido de ese Nombre, Aloah Va Daath, que él se abre a esta conciencia superior.

Un nombre llega a ser para nosotros un Nombre de Poder en la medida que nos compenetramos de su significado. Para el asesino, el nombre de su víctima es una palabra de poder; y tal es el poder conocido que, en ciertos países , un instrumento destinado para registrar la presión de la sangre se sujeta al brazo de un sospechoso mientras la policía lo interroga; el nombre del muerto y otras palabras relacionadas al crimen, se le murmuran al oído, y si éstas son "palabras de poder” para él, el instrumento las registra de inmediato y sin error posible.

La creencia popular imagina que los nombres de poder tienen una influencia directa sobre los ángeles, los demonios y otros seres, pero no es así. En realidad, el nombre de poder obra en el mago y le permite, exaltando y dirigiendo su conciencia, entrar en contacto con una influencia espiritual determinada; si tiene una experiencia cualquiera de ese tipo particular de influencia, el Nombre de Poder despertará notables recuerdos inconscientes; y si no tiene experiencia y aborda la prueba con falta de imaginación y con la incredulidad de un escolar, los “Nombres bárbaros de evocación" serán para él sílabas sin fuerza, un ver­dadero hocus pocus. Es necesario notar que, para el creyente cató­lico, ese término: hocus pocus, que para el protestante significa la superstición y el fraude, tiene el sentido de Hoc Est Corpus, lo cual es algo por completo diferente. En estos tópicos, no es sino el punto de vista lo que importa.

Es por esta razón que una definida experiencia espiritual es asignada a cada Sephirah, y mientras una persona no la haya ex­perimentado, no será iniciada en este Sephirah. Con respecto a los Nombres de Poder, no podrá usarlos. Según la tradición, no es suficiente conocer un Nombre de Poder, sino es menester saber como se lo hace vibrar. Generalmente se cree que la vibración de un nombre es la nota justa en la que se lo canta; pero la vibración mágica exige algo por completo diferente. Cuando se experimenta una profunda emoción y, al mismo tiempo, se siente devocional­mente exaltado, la voz baja en muchos tonos de su ritmo normal llega a ser resonante y vibrante; ese temblor de emoción del acento de la devoción es lo que constituye la pauta vibratoria de un Nombre, lo cual no puede ser enseñado ni aprendido, porque es un fenómeno instintivo; es como el viento que sopla donde quiere. Cuando acontece, uno es sacudido de pies a cabeza como una olea­da de fuego, y todos los que lo sienten escuchan aun contra su voluntad. Escuchar vibrar un Nombre de Poder es una experien­cia extraordinaria; pero lo es más aún hacerlo vibrar uno mismo.

El arcángel de Tiphareth es Raphael o “el Espíritu que está en el Sol”; es también el Espíritu que sana.

Cuando el iniciado “'trabaja” en el Árbol, es decir, cuando evoca imaginariamente en su aura un diagrama del Árbol de la Vida, formula a Tiphareth en su plexo solar, entre el pecho y el abdo­men; si anhela trabajar en la Esfera del Sexto Sephiroth y con­centra su espíritu en este centro, a menudo se halla que se ha convertido en un espíritu de pie, en el sol, rodeado de la fotos­fera inflamada. Una cosa es situar un Sephirah en su aura, y otra bien diferente transportarse a ese Sephirah. Como primera operación, se puede recibir la influencia del Sephirah, lo que constituye un buen método para la meditación diaria; como se­gunda operación, la posición se invierte, y lo interior se convierte en exterior: en vez de tener en sí el Sephirah, se penetra en él, y es solamente entonces cuando se puede emplear su poder. Esta segunda experiencia es lo que forma el punto culminante de un Sephirah.

El orden Angélico de Tiphareth es el de los Malachim o Reyes, que son los principios espirituales de las fuerzas naturales; nadie puede controlar esas fuerzas ni siquiera ponerse en contacto sin peligro con esos principios elementales, a menos de poseer la iniciación de Tiphareth, que es la de un Adepto Menor. Pues es menester haber sido aceptado por esos Principes de los Elementos es decir, es necesario haber realizado la ultérrima naturaleza espiritual de las fuerzas naturales, antes de poderlas usar bajo forma elemental. En esta forma elemental subjetiva, ellas aparecen en el Microcosmos como poderosos instintos de combate, de reproducción, de degradación, de exaltación y otros factores emocionales bien conocidos por todos los psicólogos . De consiguiente, es evidente que si despertamos y estimulamos estas emociones de nuestra naturaleza, se deberá hacerlo para usarlas como servidores de nuestro Ego, es decir, de la razón y del principio espiritual que mora en nosotros. Es necesario, por tanto, que cuando queremos servirnos de las fuerzas elementales, lo hagamos con la ayuda de los Reyes, bajo la presidencia del Arcángel y la invocación de Nombre Divino apropiado a la Esfera Celeste. Desde el punto de vista del Microcosmos, esto significa que los poderes elementales de nuestra naturaleza están en relación con el Yo Superior en vez de estar disociados en el mundo interior de los Qliphoth el cual es “el inconsciente” de Freud.

Se sobreentiende que las operaciones elementales no se cumplen en la Esfera del Triphareth; pero es necesario que ellas sean controladas desde lo alto de esta Esfera por poca Magia Blanca que se efectúe; faltando ese control, la Magia Negra surge de inmediato. Se dice que, cuando la Caída, los cuatro Sephiroth in­feriores se separaron de Tiphareth y fueron asignados a los Qli­photh. Cuando las fuerzas elementales se separan de sus principios espirituales en nuestros conceptos y se convierten en fines en sí, aunque no se pretenda ningún mal y se trate de una simple expe­riencia, se produce inevitablemente una caída acompañada por la degeneración. Pero cuando realizamos claramente el principio es­piritual que por doquier domina en la naturaleza, hay estado de inocencia, para usar este término teológico en un sentido definido; en este caso la caída no se produce; podemos trabajar en segu­ridad y desarrollar fructíferamente esta clase de fuerzas en el seno de nuestra propia naturaleza, conduciendo así la Libertad, el Equilibrio, tan necesarios para la salud del espíritu. Esta correlación de lo espiritual y de lo natural, que evita toda caída a este ultimo y lo mantiene en estado de inocencia, prácticamente es uno de los puntos más importantes tratándose de Magia.


V

Como ya se ha comprobado, dos distintas experiencias espirituales concurren a la iniciación de Tiphareth: la Visión de la Armonía de las Cosas y la Visión de los Misterios de la Crucifixión. Ya hemos hecho notar que Tiphareth ofrece dos aspectos y que, de consiguiente, son normales dos experiencias espirituales para la Iniciación .

En la Visión de la Armonía de las Cosas, echamos una profunda mirada a la parte espiritual de la Naturaleza; en otros términos, nos encontramos con los Malachim o Reyes angélicos. Por medio de esta experiencia percibimos que la naturaleza es sólo el aspecto más dense del espíritu, la "Túnica exterior que oculta" cubriendo la “Túnica Interior de Gloria". Esta percepción del sentido espiritual de la Naturaleza, tan lamentablemente deficiente en nuestra vida religiosa actual, es responsable de tantas enfermedades de los nervios y de tantas desgracias conyugales.

Es por la Visión de la armonía de las Cosas que nos unimos a la Naturaleza, y no por medio de contactos elementales. Los seres humanos que de una u otra manera se hayan elevado por encima del grado primitivo no pueden unirse a la Naturaleza sobre el nivel elemental sin incurrir en la degradación, la bestialidad, en los dos sentidos de este término. Los contactos naturales tienen lugar por el intermediario de los Reyes angélicos de los Elementos en la Esfera de Tiphareth, o sea por la realización de los principios espirituales que dominan la Naturaleza; y en este caso, el Iniciado aborda a los seres elementales en nombre del Rey que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales en nombre del Rey que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales, trayendo consigo su virilidad, y obra entonces sobre los elementos como un Iniciador; si los busca sobre el nivel que les es propio, abjure de su virilidad, y retorna a una fase de evolución anterior. La fuerza elemental no limitada y tenida en jaque por las fuerzas de un cerebro humano se convierte en un poder desequilibrado que se expande por los vastos canales de la inteligencia humana; el resultado es el caos el cual es el Reino de los Qlipoth.

Los misterios de la Crucifixión son macrocósmicos y microcósmicas a la vez. Bajo su aspecto macrocósmico, lo hallamos en las mentes de los Grandes Redentores de la Humanidad, los cuales nacen siempre de un dios y de una Virgen madre, confirmando así una vez más, la naturaleza dual de Tiphareth donde se enfrenta la forma y la fuerza. Pero guardémonos de olvidar su aspecto microcósmico, experiencia de conciencia mística. Es por la comprensión de los Misterios de la Crucifixión, vinculados al poder místico del Sacrificio, que sobrepasamos los límites de nuestra conciencia cerebral consagrada a la sensación y habituada a la forma, y que entramos en la conciencia más vasta del psiquismo superior. Es así como nos hacemos capaces de sobrepasar la forma; de liberar la fuerza latente, la convertimos en kinetica en vez de estática y, por ello, útil para la Gran obra, la cual es la regeneración.

La virtud característica de la Esfera de Tiphareth es la devoción a esa Gran obra. La devoción es uno de los factores más importantes en el Sendero de la Iniciación que conduce a la conciencia superior; por tanto, debemos examinarla con cuidado y analizar su contenido.

La devoción puede ser definida como el amor, para lo que es más elevado que nosotros; algo que evoca nuestro idealismo algo que, aun sabiendo que es inigualable, nos hace aspirar a convertirnos en semejantes. “Los que ven la Gloria del Señor como en un espejo, son transformados en esta imagen misma, de gloria en gloria”. Cuando una emoción más poderosa se mezcla a la devoción que se convierte en adoración, somos transportado mas allá del abismo que separa lo tangible de lo intangible, y nos hemos vuelto capaces de comprender cosas que los ojos no vieron y los oídos no escucharon. Esta devoción sublimada en adoración en la Gran obra, es lo que nos inicia en los Misterios de la Crucifixión.

El vicio asignado a Tiphareth es el orgullo, y esta atribución revela una psicología exacta. El orgullo nace del egoísmo, y mientras seamos un centro para nosotros mismos, no podremos unirnos a todas las cosas. En la total ausencia de egoísmo del Sendero, el alma sobrepasa sus límites y penetra en todas las cosas por la simpatía, convertidas en perfectas por el amor; en el egoísmo, el alma intenta extender sus propios límites hasta poseer todas las cosas. Pero hay una gran diferencia entre poseer una cosa y convertirse en una con ella; en el segundo caso, ella misma nos posee con una perfecta reciprocidad. Es una combinación unitaria, lo que se convierte en vicio del Adepto. Debe dar tanto cuanto recibe, y él mismo debe darse sin reservas, si quiere participar en la unión mística que es el fruto del Sacrificio de la Crucifixión.

Que aquel que quiera ser el mas grande entre vosotros, sea el servidor de todos” dice Nuestro Señor.

Los símbolos asociados con Tiphareth son el lamen, la Rosa Cruz, la Cruz del Calvario, la pirámide truncada y el cubo.

El lamen es el símbolo que figura sobre el pecho del Adepto, y que representa su fuerza. Por ejemplo, un Adepto realizando un trabajó en la Esfera de Shemesh deberá llevar sobre su pecho la imagen del sol en su esplendor. El lamen es el arma mágica de Tiphareth; y aquí es necesario hablar de la naturaleza de las armas mágicas en general, para que la función del lamen pueda ser comprendida.

Un arma mágica es un objeto cualquiera que sea apropiado para convertirse en el vehículo de una fuerza de un tipo particular. Por ejemplo, el arma mágica del Elemento Agua, es una copa o bien un cáliz; el arma mágica del Elemento Fuego, es una lámpara encendida. Estos objetos son elegidos porque su naturaleza está emparentada con la naturaleza de la fuerza que se quiere invocar; o bien, en lenguaje moderno, porque su forma, por asociación de ideas, sugiere esta fuerza a la imaginación.

Tiphareth está asociado tradicionalmente con el pecho tanto a causa del núcleo de nervios que se llama plexo solar, como por su posición en el Árbol, cuando este se construye en el aura.

De consiguiente, cualquiera sea la operación realizada, la joya que cubre el pecho es el hogar de la fuerza de Tiphareth la, fuerza operante, venida de su propia Esfera, está representada por el arma mágica que la tradición le asigna. Por ejemplo, un Adepto que realice una operación concerniente al Elemento Agua, tendrá una copa como arma mágica; con ella hará sus gestos, y sobre ella será concentrada toda la fuerza atraída por la invocación. Pero tendrá sobre su pecho el signo Elemento Agua, y este será reconocido como representando el factor espiritual de la operación, y refiriéndose al Arcángel de ese reino particular. A menos que el Adepto no comprenda el sentido de su lamen, diferente de su arma mágica, no será un Adepto sino un hechicero.

La Rosa Cruz y la Rosa del Calvario son consideradas como emblemas de la Esfera de Tiphareth. Para comprender su sentido es necesario comprender el de la cruz en general y el uso que de ellas se hace en los sistemas simbólicos. Aunque la Cruz que mejor conocemos sea la del Calvario, reverenciada por el cristianismo hay muchas otras formas de cruces, ofreciendo cada una de ellas un sentido especial. La Cruz de brazos iguales, como la Cruz Roja del servicio medico militar, es llamada por los Iniciados la Cruz de la Naturaleza y representa el poder en equilibrio. Se la halla en la parte superior de ciertos emblemas célticos, frecuentemente rodada por un circulo; de manera que la Cruz Céltica consiste en un brazo terminado por una cruz natural, y no tiene la menor relación con la Cruz del Calvario, que es la de la Cristiandad. El brazo de la Cruz Céltica es, en efecto, una pirámide truncada; los especímenes de este tipo de cruz que subsisten, no dejan ningún lugar a dudas sobre ello. Algunas de estas formas antiguas sugieren la imposición de la cruz y del circulo sobre la piedra cónica y fálica, que un tiempo fue un objeto universal de admiración primitiva.

La Svástica es también una cruz de la naturaleza, llamada algunas veces la Cruz de Thor, o Martillo de Thor, pues se supone que su forma indica la acción torbellineante de sus relámpagos.

La Cruz del Calvario es la Cruz del Sacrificio; su verdadero color deberá ser negro. Su pie deberá ser tres veces más largo que sus brazos, y el largo de cada brazo igual a tres veces su ancho. la meditación sobre esta Cruz conduce a la Iniciación por el sufrimiento, el sacrificio, la abnegación de sí mismo. El Crucifijo es una reducción de la Cruz del Calvario.

El círculo colocado sobre la Cruz es un símbolo iniciático sobre todo cuanto la cruz está sobre tres peldaños, como debería ser en este caso. El círculo indica la vida eterna y también la sabiduría; vemos una de estas formas en el emblema de la Sociedad Teosófica, donde figura "una serpiente que se muerde la cola Una Cruz del Calvario en la que esté superpuesto el circulo, significa la Iniciación por el Sendero de la Cruz, siendo los tres peldaños los tres grados de la Iluminación; este símbolo es llamado la Rosa Cruz. El emblema fantasista donde figuran flores no es un símbolo iniciático. La Rosa asociada a la Cruz es el simbolismo occidental, es la Rosa Mundi, que es una clave para interpreta los poderes de la Naturaleza. Sobre sus pétalos están grabados, en efecto, los treinta y tres signos de esas fuerzas; corresponden a las veintidós letras del alfabeto hebreo y a los Diez Santos Sephiroth; Estos, a su vez están asociados a los treinta y dos Senderos del Árbol de la Vida, y esto es la clave que permite comprender la Rosa Mundi. Los curiosos dibujos que, según se dice, son los signos de los espíritus de los elementos, se trazan tirando una línea de una a otra de las letras de sus nombres sobre la Rosa.

A la luz de esta explicación, nos es posible comprender el valor de los emblemas florales que ciertos cuerpos organizados llevan por símbolo. Son parecidos al caballero que reclamaba de su camisero “una corbata de la Escuela Publica, donde estuviese en buen lugar un poco de rojo".

El cubo, siendo una figura de seis caras, generalmente está asignado a Tiphareth, pues el seis es el número de Tiphareth; pero hay algo más en el simbolismo del cubo. Es la forma más simple del sólido y, como tal, el símbolo apropiado para Tiphareth en la Esfera del cual aparece la forma. El símbolo de Malkuth es el doble cubo que significa: “Como abajo es abajo".

La pirámide simboliza el Hombre perfecto, sólidamente apoyado en la Tierra, esforzándose en unirse con los dioses; en otros términos; el Ipsissimus. La pirámide truncada simboliza el Adepto iniciado, o Adepto Menor, que ha franqueado el Velo, pero que todavía no ha conquistado todos sus grados. Esta pirámide, cuyos seis lados corresponden a los Seis Sephiroth que constituyen el Hombre Arquetipo o Adam Kadmon, es complementada por la adición de los tres Sephiroth Superiores que se resumen en la unidad de Ketner.

Los Seis del Juego del Tarot son igualmente asignados a Tiphareth y en ellos se trasparenta claramente la naturaleza armoniosa de este Sephirah. El seis de Bastos es el señor de la Victoria; el seis de Copas, el Señor de la alegría; aun la serie maléfica de las Espadas se adapta a la serenidad de este Sephirah, y el seis de este palo significa el señor del éxito merecido, el éxito a precio del combate. El seis de Oros es el éxito Material, o el poder bien equilibrado. 

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