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lunes, 23 de abril de 2012

ANTIGUOS MITOS DE LA BIBLIA --1ªparte

ANTIGUOS MITOS DE LA BIBLIA --1ªparte -anon -- 101mitos


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Prefacio

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En 101 Mitos de la Biblia, examino muchas historias del Viejo Testamento y demuestro su naturaleza mitológica. Al escoger las historias, he seleccionado el material en base a tres categorías amplias.
En primer lugar, seleccioné historias con al menos dos versiones contradictorias en la Biblia. Quería mostrar no solo la existencia de contradicciones, lo que significaría que por lo menos una de las versiones no era cierta, sino que también quería explicar cómo se produjeron esas contradicciones, lo que para mí era mucho más interesante. ¿Cuál era la historia detrás de la historia?
En muchas ocasiones, las inconsistencias reflejan las guerras propagandísticas entre los reinos de Judá e Israel. En otras, una versión anterior fue reemplazada por una posterior. Esto es especialmente cierto en los relatos de la Creación y el diluvio, en las que las influencias egipcias de las primeras épocas entraron en conflicto con las fuentes babilonias, más tardías.
Segundo, busqué historias bíblicas que tuvieran analogías estrechas con los mitos y leyendas anteriores de culturas vecinas. En algunos casos las influencias eran obvias, como en el mito babilónico del diluvio, pero en otros la labor era mucho más compleja. A causa del énfasis bíblico en el monoteísmo, los autores eliminaron los símbolos y referencias a otras deidades que no fueran el Dios hebreo. Estos cambios se realizaron transformando las deidades extranjeras en personajes humanos y, en otras ocasiones, cambiando el lugar en el que sucede la historia.
Como consecuencia, esta versión suele disfrazar la verdadera naturaleza de la historia bíblica, haciendo difícil identificar la fuente mitológica anterior. Sin embargo, en muchos casos los editores pasaron por alto signos delatores de estas fuentes y, aún en esta forma disfrazada, suele ser posible arrancar los disfraces y apreciar los elementos mitológicos que los autores bíblicos enmascararon.
La tercera categoría incluye historias que, sencillamente, no pudieron ser verdad. Me preocupé en primer lugar de los datos arqueológicos que indicaban que los acontecimientos descritos en la Biblia no podían haber sucedido en la franja de tiempo que en ella se indicaba. Varias de estas historias describen la destrucción por parte de Israel de las ciudades enemigas durante las campañas de Canaán y Transjordania. Las evidencias arqueológicas muestran que muchas de esas ciudades no existían en tiempos de Moisés y Josué.
En esta categoría, decidí evitar, a sabiendas, las historias de naturaleza milagrosa en las que el único argumento sería una violación de las leyes de la física. Sería técnicamente correcto, por ejemplo, refutar la historia de los siete días de la Creación por lisa y llana violación de los principios científicos, pero no tiene sentido incluir estas historias. Para aquellos que creen en la capacidad de Dios para realizar milagros que sobrepasan el orden natural, esos argumentos no tendrían valor. Para los otros, estaría predicando lo obvio, y no hay nada particularmente interesante en ello.
Sin embargo, no ignoro los milagros. Pero en lugar de refutarlos como simples violaciones de las leyes de la física, elijo ir a la parte de atrás de la historia, buscar las influencias anteriores que originaron la narración bíblica, mostrar las fuentes en las que se basó el autor para su narración.
A lo largo del presente libro, ofreceré una serie de argumentos con los que están de acuerdo la mayoría de estudiosos de la Biblia. En otros casos, sin embargo, ofrezco nuevas perspectivas sobre temas complicados respecto a los que la comunidad académica todavía ha de pronunciarse adecuadamente.
Soy particularmente entusiasta a la hora de mostrar cómo la literatura y la mitología egipcias influenciaron los primeros estadios de la historia bíblica, sobre todo en las narraciones de la Creación y el diluvio y las de la época patriarcal, un tema que ha sido irresponsablemente ignorado. La falta de atención a este tema, tanto por parte de los egiptólogos como de los estudiosos de la Biblia es muy desafortunada. Se trata de un esfuerzo consciente y deliberado de mantener separadas las dos esferas de conocimiento, a pesar de que la Biblia muestra una larga y continua relación entre el antiguo Israel y Egipto. Ésta nos presenta a Israel en Egipto durante sus años formativos, viviendo al estilo egipcio, educándose en las ideas egipcias y residiendo en el país durante siglos antes del Éxodo. Nos describe a José como primer ministro de la nación y casado con la hija del sacerdote principal de Heliópolis, la bíblica On, uno de los centros culturales y religiosos más influyentes de Egipto. Sus dos hijos, Efraím y Manases, eran medio egipcios y fueron educados como egipcios. Efraím fue el heredero de José y fundó el reino de Israel; Manases tenía la base territorial más amplia de todas las tribus.
Moisés, según la narración bíblica, fue criado y educado en la corte real egipcia y muchos miembros de su tribu, Leví, tenían nombres egipcios. El rey Salomón desposó una princesa egipcia y para ella construyó un templo egipcio en Jerusalén. El sentido común nos indica que debía estar acompañada por una gran séquito de sirvientes y sacerdotes egipcios para administrar las necesidades del templo. Jeroboam, cuando huyó de Israel para escapar de la ira de Salomón, residió en Egipto antes de liderar la separación de Israel de Judá.
E históricamente, Egipto ejerció una gran influencia sobre Canaán desde bastante antes del Éxodo hasta bien entrado el primer milenio a.C. Un sello de un funcionario hebreo de la corte del rey Oseas de Israel (h. 730 a.C.), por ejemplo, muestra al funcionario vestido con un ropaje típicamente egipcio de pie sobre un icono egipcio de un disco alado, lo que nos indica la fuerte influencia de las ideas egipcias sobre la corte del reino de Israel.
A medida que avanzamos por las narraciones de la Creación y la época patriarcal, comprobamos cómo la mitología egipcia influenció de forma significativa la interpretación y las creencias hebreas sobre su historia primitiva. Estas influencias nos conducen a la cuestión del origen del monoteísmo hebreo. ¿Cómo, cuándo y dónde se originó?
El monoteísmo bíblico parece haber sufrido una evolución. En sus primeros estadios, los hebreos concibieron una deidad creadora todopoderosa, pero, enterradas en las narraciones, quedan evidencias de la creencia en otras divinidades, sobre todo en forma de ángeles. Esta parece ser la forma primaria en la que se originó el monoteísmo hebreo y la forma en que ha sobrevivido fundamentalmente hasta los tiempos actuales. Las tres religiones monoteístas principales, el Judaismo, el Cristianismo y el Islam, aún creen en una hueste de seres sobrenaturales, principalmente los ángeles y el demonio. Son seres creados por un único Creador todopoderoso, del mismo modo que las deidades egipcias eran el producto de un Creador egipcio todopoderoso.
La idea de un Creador todopoderoso que originó a su vez otros seres sobrenaturales hunde sus raíces en el antiguo Egipto. Era allí una creencia central en la mayoría de cultos religiosos que un solo Creador era el responsable de todo lo existente, incluyendo la apariencia de las demás deidades. Las otras naciones del Próximo Oriente no poseían una mitología similar. Fueron los puntos de vista egipcios los que influenciaron en un principio la comprensión hebrea de los primeros tiempos, y veremos cómo muchos de estos mitos egipcios de la Creación aparecen contestados en la Biblia.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la naturaleza de la teología cambió. Mientras que los egipcios también adoraban a las otras muchas deidades creadas por el Creador primigenio, en la época de Moisés se pone un nuevo énfasis en la idea de que está deidad creadora es la única que debe ser adorada. Nadie, por ejemplo, adora nunca a los ángeles de Dios. Esta perspectiva queda reflejada en el mandato bíblico: «No tendrás más dios que yo». La idea de que sólo una deidad entre muchas debe ser adorada se conoce como henoteísmo en lugar de monoteísmo.
Durante un breve lapso a mediados del siglo xiv a.C., Egipto experimentó una forma de monoteísmo autoritario bajo un faraón llamado Akhenatón. Aún está por desarrollar una comprensión completa de la teología de Akhenatón, pero su existencia durante un tiempo en el que es muy probable que Israel estuviera todavía en Egipto hace que surjan preguntas sobre la influencia que sus ideas pudieron tener sobre los hebreos educados de su reino. Los estudiosos de la Biblia y los egiptólogos se apartan de su camino para construir un muro sin fisuras entre Akhenatón y Moisés, pero no descansa sobre cimientos tactuales. En mi libro anterior, TheMoses Mystery: TheAfrican Origins ofthefewish People (El misterio de
Moisés: Los orígenes africanos del pueblo judío), publicado en edición rústica cómo The Bible Myth, examinaba las evidencias y llegaba a la conclusión de que Moisés fue el sacerdote principal del culto religioso de Akhenatón y que el Éxodo fue el resultado de un volátil pleito religioso entre los sucesores de Akhenatón, que reinstauraron las creencias tradicionales, y sus seguidores, que perdieron el control de Egipto tras su muerte,
Sin tener en cuenta mis propias opiniones, los hebreos descritos en la Biblia nunca abrazaron un monoteísmo puro, ni había una única religión universal. Muchos personajes bíblicos importantes en los tiempos posteriores al Éxodo, por ejemplo, tenían nombres acabados en «Baal», la más importante deidad de Canaán. Gedeón, uno de los más famosos de los primeros Jueces, era también conocido como Jerub-Baal (o Yerubaal), y Saúl, primer rey de Israel, tenía un hijo llamado Esh-Baal que le sucedió en el trono. Estos nombres con referencias a Baal resultaron ser una vergüenza para los redactores finales de los primeros libros de la Biblia, por lo que añadieron glosas ficticias para explicar la aparente inconsistencia o cambiaron la terminación Baal por «Bosheth», la palabra hebrea que significa vergüenza.
La creencia en otras deidades va más allá de las convenciones de los nombres. Salomón, por ejemplo, tuvo muchas mujeres que no eran hebreas y para ellas construyó numerosos santuarios religiosos en los que pudieran adorar a sus deidades no hebreas. Más tarde, los escribas atribuyeron la ruptura del imperio de Salomón a un castigo de Dios por su apostasía. Jeroboam, el primer rey de Israel tras la ruptura con Judá, no sólo erigió becerros de oro en los lugares de culto, sino que creó templos para rivalizar con el de Jerusalén. Y, a través del periodo de la monarquía, los escritores bíblicos nos explican que los hebreos sucumbieron constantemente a las influencias religiosas de filisteos y cananeos.
Bajo el rey Josías (640-609 a.C.), se realizaron numerosas reformas religiosas y emergió una fuerte oposición a la adoración de ídolos. Pero no podemos afirmar con seguridad que el monoteísmo puro empezara a ser parte de la religión hebrea en este momento, ya que las creencias anteriores se habían incrustado en las tradiciones y escritos hebreos. Finalmente, un solo redactor o, con más probabilidad, una escuela de redactores posterior al siglo v a.C. reunió las principales fuentes y tradiciones para producir la primera versión de la historia bíblica en su forma actual, y la rosa, pero, enterradas en las narraciones, quedan evidencias de la creencia en otras divinidades, sobre todo en forma de ángeles. Esta parece ser la forma primaria en la que se originó el monoteísmo hebreo y la forma en que ha sobrevivido fundamentalmente hasta los tiempos actuales. Las tres religiones monoteístas principales, el Judaismo, el Cristianismo y el Islam, aún creen en una hueste de seres sobrenaturales, principalmente los ángeles y el demonio. Son seres creados por un único Creador todopoderoso, del mismo modo que las deidades egipcias eran el producto de un Creador egipcio todopoderoso.
La idea de un Creador todopoderoso que originó a su vez otros seres sobrenaturales hunde sus raíces en el antiguo Egipto. Era allí una creencia central en la mayoría de cultos religiosos que un solo Creador era el responsable de todo lo existente, incluyendo la apariencia de las demás deidades. Las otras naciones del Próximo Oriente no poseían una mitología similar. Fueron los puntos de vista egipcios los que influenciaron en un principio la comprensión hebrea de los primeros tiempos, y veremos cómo muchos de estos mitos egipcios de la Creación aparecen contestados en la Biblia.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la naturaleza de la teología cambió. Mientras que los egipcios también adoraban a las otras muchas deidades creadas por el Creador primigenio, en la época de Moisés se pone un nuevo énfasis en la idea de que está deidad creadora es la única que debe ser adorada. Nadie, por ejemplo, adora nunca a los ángeles de Dios. Esta perspectiva queda reflejada en el mandato bíblico: «No tendrás más dios que yo». La idea de que sólo una deidad entre muchas debe ser adorada se conoce como henoteísmo en lugar de monoteísmo.
Durante un breve lapso a mediados del siglo xiv a.C., Egipto experimentó una forma de monoteísmo autoritario bajo un faraón llamado Akhenatón. Aún está por desarrollar una comprensión completa de la teología de Akhenatón, pero su existencia durante un tiempo en el que es muy probable que Israel estuviera todavía en Egipto hace que surjan preguntas sobre la influencia que sus ideas pudieron tener sobre los hebreos educados de su reino. Los estudiosos de la Biblia y los egiptólogos se apartan de su camino para construir un muro sin fisuras entre Akhenatón y Moisés, pero no descansa sobre cimientos tactuales. En mi libro anterior, TheMoses Mystery: TheAfrican Origins ofthefewish People (El misterio de
Moisés: Los orígenes africanos del pueblo judío), publicado en edición rústica cómo The Bible Myth, examinaba las evidencias y llegaba a la conclusión de que Moisés fue el sacerdote principal del culto religioso de Akhenatón y que el Éxodo fue el resultado de un volátil pleito religioso entre los sucesores de Akhenatón, que reinstauraron las creencias tradicionales, y sus seguidores, que perdieron el control de Egipto tras su muerte,
Sin tener en cuenta mis propias opiniones, los hebreos descritos en la Biblia nunca abrazaron un monoteísmo puro, ni había una única religión universal. Muchos personajes bíblicos importantes en los tiempos posteriores al Éxodo, por ejemplo, tenían nombres acabados en «Baal», la más importante deidad de Canaán. Gedeón, uno de los más famosos de los primeros Jueces, era también conocido como Jerub-Baal (o Yerubaal), y Saúl, primer rey de Israel, tenía un hijo llamado Esh-Baal que le sucedió en el trono. Estos nombres con referencias a Baal resultaron ser una vergüenza para los redactores finales de los primeros libros de la Biblia, por lo que añadieron glosas ficticias para explicar la aparente inconsistencia o cambiaron la terminación Baal por «Bosheth», la palabra hebrea que significa vergüenza.
La creencia en otras deidades va más allá de las convenciones de los nombres. Salomón, por ejemplo, tuvo muchas mujeres que no eran hebreas y para ellas construyó numerosos santuarios religiosos en los que pudieran adorar a sus deidades no hebreas. Más tarde, los escribas atribuyeron la ruptura del imperio de Salomón a un castigo de Dios por su apostasía. Jeroboam, el primer rey de Israel tras la ruptura con Judá, no sólo erigió becerros de oro en los lugares de culto, sino que creó templos para rivalizar con el de Jerusalén. Y, a través del periodo de la monarquía, los escritores bíblicos nos explican que los hebreos sucumbieron constantemente a las influencias religiosas de filisteos y cananeos.
Bajo el rey Josías (640-609 a.C.), se realizaron numerosas reformas religiosas y emergió una fuerte oposición a la adoración de ídolos. Pero no podemos afirmar con seguridad que el monoteísmo puro empezara a ser parte de la religión hebrea en este momento, ya que las creencias anteriores se habían incrustado en las tradiciones y escritos hebreos. Finalmente, un solo redactor o, con más probabilidad, una escuela de redactores posterior al siglo v a.C. reunió las principales fuentes y tradiciones para producir la primera versión de la historia bíblica en su forma actual, y la editaron lo mejor que pudieron para eliminar las inconsistencias entre el monoteísmo y las creencias religiosas previas.
Los mitos suelen estar basados en historias ficticias o erróneas, pero siguen siendo artefactos literarios. Y al igual que los artefactos que aparecen en las diferentes capas de una excavación arqueológica nos muestran el desarrollo histórico y cultural de un pueblo, la existencia de capas mitológicas algo nos explica de las gentes que creían en esos mitos. En 101 Mitos de la Biblia, examinaremos las capas de artefactos mitológicos y veremos lo que las estratificaciones nos revelan sobre cómo la cultura y la historia bíblica llegaron a existir.
Por conveniencia, he dispuesto las historias bíblicas de manera que sigan de cerca su orden de aparición en la Biblia. Las he dividido también en tres secciones, «Los mitos del inicio», «Los mitos de los fundadores» y «Los mitos de los héroes». Como muchas personas creen que los autores de los diferentes libros de la Biblia estaban inspirados por la divinidad, y ya que este libro explora las fuentes de muchas de las narraciones bíblicas, prefiero pensar que estas historias son como una restauración en la Biblia de las notas a pie de página de Dios, volviendo a colocar las citas de las fuentes que los autores omitieron.
El estudio de los símbolos en la Biblia escapa al propósito y alcance de este libro, pero no es menos sugerente. Consideremos, por ejemplo, el relato sobre Caín y Abel desde ese punto de vista: Caín simbolizaría el Tiempo y Abel el Espacio. Como se sabe, el Tiempo mata al Espacio y desde entonces vivimos y morimos «presos de las garras del tiempo»... En otras palabras, los textos ofrecen una amplia gama de posibilidades de considerar el misterio que se revela a la comprensión humana (N. del E.).



Introducción
La gente estudia la Biblia por una amplia variedad de razones. Unos buscan una guía espiritual o moral en su pozo de sabiduría. Muchos otros la leen por sus narraciones y poesías, entre las más bellas de toda la literatura. Incluso hay quienes la leen como relación de nuestras raíces culturales. Y aún otros por la visión que nos ofrece sobre la vida y obras de las personas en las civilizaciones antiguas.
Para millones de personas, sin embargo, la Biblia es la infalible palabra de Dios, por lo que sus mandamientos deben ser obedecidos con reverencia y sus enseñanzas deberían ser la guía principal para nuestra organización social. Pero para aquellos que estudian la Biblia de forma académica con el propósito de determinar quién la escribió, cuándo, qué hechos son ciertos y cómo llegó a adoptar su forma actual, el trabajo es una compleja colección de enigmas, muchos de los cuales todavía han de ser resueltos.
Una significativa parcela de estudio se preocupa por el desarrollo de los cinco primeros libros de la Biblia, a saber: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, conocidos colectivamente como Pentateuco (palabra griega que significa «cinco rollos») o Tora (palabra hebrea que significa «enseñanzas»). Colectivamente, explican la historia de Israel desde el inicio de la Creación a las andanzas por el desierto tras el Éxodo de Egipto. Son importantes porque nos explican cómo se desarrolló la relación entre Dios e Israel. El primer foco de atención se centra en el establecimiento de una alianza entre Dios y los primeros patriarcas, Abraham, Isaac, Jacob y José; más adelante, el foco de atención se dirige a la relación entre Dios y Moisés. La historia narrada en estos libros finaliza con la muerte de Moisés mientras Israel está preparándose para llegar a la Tierra Prometida.
Aunque en estos cinco libros no se encuentran referencias a la autoría de Moisés, desde el tiempo en que pasaron a manos de los lectores, hace más de dos mil años, hasta mediados del siglo diecinueve, ha sido casi universalmente admitido por los estudiosos de la religión que era su único autor. Por esta razón, aún se identifican estos volúmenes como «Los cinco libros de Moisés».
Con el paso de los siglos, y a pesar de la agresiva oposición de las diferentes iglesias, un puñado de estudiosos señalaron una serie de inconsistencias lógicas en la idea de la autoría mosaica de estas obras. Por ejemplo, en Deuteronomio 34, 6 encontramos: «Y él lo enterró (a Moisés) en un valle de la tierra de Moab, frente a Bet-Peor: pero nadie ha sabido de su sepulcro hasta el día de hoy».
Este episodio no sólo describe el entierro de Moisés, sino que también nos dice que el paradero de su tumba es desconocido hasta el día de hoy, indicando que el pasaje se escribió bastante después de la muerte de Moisés y no pudo ser escrito por él.
A principios del siglo xvm, varios estudiosos empezaron a prestar atención al problema de los «dobletes», dos narraciones contradictorias del mismo suceso. Hasta un lector casual puede encontrar muchos ejemplos de ello: dos relatos diferentes de la Creación, dos listas diferentes de los animales que entraron en el arca de Noé, dos explicaciones diferentes de por qué cambió Jacob su nombre a Israel, dos diferentes ocasiones en las que Moisés hace brotar agua de una roca en Meribá, y muchas más.
Cuando estos dobletes se sometieron a escrutinio, los estudiosos descubrieron unas características inusuales. La más importante era la siguiente: un grupo de historias siempre utilizaba la palabra hebrea Yahvé como nombre del Dios hebreo, mientras que otro utilizaba Eiohim. Se dispusieron entonces a clasificar las narraciones según el nombre utilizado y descubrieron que las narraciones de un grupo tenían temas y estilos literarios diferentes de las del otro.
Esta división por estilo, temas y nombre condujo a la idea de que habían por lo menos dos corrientes literarias separadas que se combinaron en un solo documento, y que por lo menos una debía haber sido escrita después del tiempo de Moisés y por lo tanto, por otra persona.
La hipótesis documental
Esta línea de investigación condujo a un descubrimiento todavía más sorprendente. A principios del siglo xix, el análisis de los marcos temporales históricos, las secuencias de las narraciones, los estilos literarios y los temas religiosos mostró que había por lo menos cuatro fuentes documentales diferentes integradas en los cinco libros de Moisés, cada una con su propio punto de vista subyacente y escritas en momentos diferentes. Y, por supuesto, debía haber por lo menos un editor que combinase las fuentes en una sola narración,
Durante el siglo xix, los defensores de este punto de vista, el más influyente de los cuales fue Julius Wellhausen (1844-1918), empezaron a investigar las capas y secuencias de estas cuatro fuentes, y al final del siglo habían establecido un marco general para el estudio del Pentateuco. Esta tesis de las fuentes múltiples es conocida como hipótesis documental y es casi imposible encontrar un estudioso hoy en día que no acepte alguna variedad de esta propuesta.
En términos generales , la hipótesis documental mantiene que hay cuatro fuentes principales de documentos en los cinco libros y que estas fuentes pasaron por estadios evolutivos antes de integrarse en una única narración. Estas cuatro mentes han recibido los sobrenombres de J, E, P y D. Cuando hablamos del autor de alguna de ellas hay que tener en cuenta que cada mente puede haber sido una colaboración a lo largo del tiempo de escritores o escuelas de escritores. Las siguientes descripciones deberían tomarse sólo como guías introductorias a las cuatro fuentes. Hacer la debida justicia a todos los temas y características distintivas asociadas a cada una ocuparía un volumen extenso.
La fuente J
La J del nombre se refiere a la utilización del nombre hebreo «Yahvé» (Jehová) para referirse a Dios. También se la conoce como la mente o redacción jehovahista (o yavhista). Originalmente, la fuente J presentaba una historia general de Israel que empezaba con la narración de la Creación, Adán y Eva y el diluvio, y continuaba por todo el periodo patriarcal hasta llegar al Éxodo de Egipto y las andanzas por el desierto. Algunos estudiosos creen que originalmente la historia de la fuente J seguía hasta los tiempos de los reyes David y Salomón y que partes de J aparecen, además de en el Pentateuco, en otros libros históricos de la Biblia, como el de Josué, los dos libros de Samuel y el primer libro de los Reyes.
La deidad de J exhibe muchas características antropomórfícas, interacciona físicamente con los seres humanos y muestra sus emociones y reacciones ante los acontecimientos. Asimismo centra su atención en hechos y lugares de importancia para el reino de Judá bajo el rey David y sus sucesores. En esta fuente, la alianza entre Dios y la casa de Israel acaba en las manos de Judá, el cuarto hijo de Jacob y fundador de la tribu de Judá, a la que pertenecía David, La fuente J se centra también más en tos patriarcas que en Moisés.
El origen de J puede situarse en una época tan temprana como la época del rey David (principios del siglo x a.C.), pero como muchos de sus temas reflejan el conflicto entre Judá e Israel después de la muerte de Salomón, su origen puede situarse con mayor probabilidad en algún momento después de la separación entre Judá e Jsrael (finales del siglo x a.C.)y antes de la conquista y destrucción de Israel en el año 72 a.C.
Las fuentes E y S.
En los primeros estadios de la investigación sobre los orígenes documentales de la Biblia, la fuente eiohista, conocida como E, incluye las narraciones que usan Elohim como nombre de Dios. Un análisis detallado muestra que, en realidad, E consistía de al menos dos fuentes separadas de documentos que usaban Eiohim como nombre de Dios pero que presentaban puntos de vista muy diferentes. La segunda fuente incrustada en E se preocupa fundamentalmente de los rituales y otros temas sacerdotales, con las fechas, medidas y números. A causa de su atención por estos temas recibió el nombre de fuente S o Sacerdotal.
Mientras que la deidad de E exhibe características antropomórfícas similares a las de J, la deidad de S es amorfa, distante y fría. La deidad antropomórfíca sostiene discusiones con los humanos; la deidad de S no realiza tal interacción.
Por lo general, se acepta que E es más antigua que S pero quizás más moderna que J. La fecha más probable de composición sería antes de la conquista asiría. El escritor eiohista centra su atención en temas del reino de Israel y da versiones de hechos históricos contrarias a las de J. En E, por ejemplo, la alianza entre Dios e Israel pasa de Jacob a José y a Efraím, cuyo territorio sirvió de capital a Israel después de la división de los dos reinos hebreos. E propone con fuerza a Moisés como héroe nacional y centra su atención en sus actos más que en los acontecimientos del periodo patriarcal anterior. E se preocupa menos por la ortodoxia religiosa que J o S. La historia de E se inicia en el periodo patriarcal después del diluvio y no dice nada sobre la Creación.
Muchos de los dobletes de E y J reflejan las guerras de propaganda religiosa y política entre Israel y Judá después de la división de ambas naciones. Judá creía en una autoridad centralizada fuerte que gobernara desde la capital de Jerusalén, con un rey que ejerciera de monarca fuertemente autoritario. E, que englobaba una coalición de varios estados que, teóricamente, englobaban diez tribus, prefería un sistema altamente descentralizado en lo político y lo religioso. El autor de E era probablemente un sacerdote levita descendiente de Moisés. Muy probablemente procedía del centro de culto de Silo, que se alió con Israel cuando éste se separó de Judá.
Mucho antes de que el Pentateuco alcanzara su forma actual, un editor intermedio combinó J y E en una única narración que omitía porciones de ambos.
La fuente S, además de su visión diferente de la deidad, se distingue de las demás por su asociación con la rama aaronita del sacerdocio. La Biblia retrata a Aarón y Moisés como hermanos de la tribu de Leví y uno de los conflictos que preocupa a la Biblia es si sólo los aaronitas o todas las ramas de la tribu de Leví deberían desarrollar la principales funciones sacerdotales del templo. S tiende a privilegiar a Aarón frente a Moisés y defiende que sólo la rama aaronita de los levitas debería realizar las principales funciones del templo. Esto sugiere que el autor sacerdotal pertenecía a una secta levita que operaba en Jerusalén, con un conocimiento íntimo de todos los rituales y características del templo de Jerusalén.
Al igual que J, S empieza con el relato de la Creación. Aunque nada tiene que decir sobre Adán y Eva o los acontecimientos del Jardín del Edén, hace contribuciones a la narración del diluvio.
Con la caída de Israel en el 722 a.C., muchos de sus ciudadanos emigraron hacia el sur, llevando a Judá nuevas presiones políticas y religiosas. Los sacerdotes refugiados llevaron consigo el punto de vista de la versión E, la que propone a Moisés como héroe y sostiene que todos los levitas son iguales. Esto era un desafío a la autoridad de la rama aaronita de Leví, y el origen de P puede situarse en un esfuerzo para reforzar su autoridad apelando a las tradiciones históricas. Probablemente, la fecha de composición de S se sitúa entre la conquista asiria y la conquista babilonia de Judá en el 587 a.C.
La fuente D

D toma su nombre del Deuteronomio, que virtualmente no contiene trazas de las otras tres fuentes al igual que no aparecen trazas de D en los otros cuatro libros del Pentateuco. Refleja los puntos de vista reformistas del rey Josías, a finales del siglo vn a.C. y empieza con la historia de Moisés. Josías, si se puede confiar en el texto bíblico, inició grandes reformas religiosas de tendencia ortodoxa, reinstaurando un gobierno político y religioso altamente centralizado. El libro segundo de los Reyes declara que la Ley de Moisés se había perdido y los ayudantes de Josías la encontraron accidentalmente en alguna parte remota del templo. Al leer los documentos descubiertos, Josías quedó sorprendido al averiguar que el reino se había apartado del camino correcto. Como reacción, dispuso una serie de reformas para reconducir al reino según las leyes acabadas de descubrir. Este libro perdido de las leyes sería el libro del Deuteronomio y si fue escrito en tiempos de Josías, puede datarse en torno al 622 a.C.
El análisis de las fuentes muestra que el Deuteronomio pertenece a un grupo mayor de obras que incluye los libros bíblicos de Josué, los dos de Samuel y los dos de los Reyes y relata la historia de los hebreos desde Moisés hasta el Cautiverio de Babilonia. Esta colección de libros históricos de la Biblia se conoce como la «historia del Deuteronomio» y narra la historia de Israel desde los tiempos de Moisés (h. 1300 a.C.) hasta los del rey Josías (h. 622 a.C.).
El tema predominante del Deuteronomio y las historias relacionadas con él es la obediencia a Dios. Se juzga al pueblo y a sus reyes según su acatamiento de las leyes establecidas en la fuente D. De forma inevitable, todos los reyes israelitas fallan esa prueba y sólo un puñado de reyes de Judá, entre ellos David y Josías, reciben un juicio positivo.

La tableta asiría del diluvio
La hipótesis documental es sólo una forma importante de investigar los orígenes de la Biblia. Su atención se dirige al interior del libro, se preocupa solamente del texto. Examina el estilo literario, los temas, el lenguaje y las capas de edición para dividir la Biblia en fuentes documentales. Estas técnicas han demostrado que muchos otros libros de la Biblia, aparte del Pentateuco, combinan múltiples fuentes, aunque diferentes de las de los cinco primeros libros.
Otra pregunta importante es la siguiente: ¿Qué ideas exteriores influyeron en los autores de J, E, S y D? Cuando J o P hablan de la Creación o el diluvio, por ejemplo, ¿sus ideas son propias y únicas de los autores bíblicos o éstos confían en ideas provenientes de las culturas vecinas? A pesar de las diferencias entre fuentes en las narraciones sobre los patriarcas y del Éxodo, ¿las narraciones básicas describen acontecimientos históricos o son cuentos y leyendas adaptadas con fines propagandísticos o de otro tipo? Después de todo, el antiguo Israel vivió en la confluencia de tres grandes corrientes culturales (la egipcia, la cananea y la mesopotámica) con tradiciones históricas y literarias más antiguas y substanciales.
La historia bíblica afirma que Israel habitó durante largo tiempo en Egipto durante sus estadios formativos. Constantemente, la Biblia castiga a Israel por sucumbir a las influencias cananeas. Antes de que la Biblia adquiriera su forma definitiva, la élite educada de Israel vivió un exilio forzado en Babilonia y, un siglo después, bajo el dominio más benévolo de los persas una vez éstos derrotaran a los babilonios, los líderes hebreos fueron liberados. Cualquier intento de los escribas cultos hebreos de construir su propia historia del mundo, desde la Creación hasta el momento de la escritura de cualquier mente documental, debería tener en cuenta lo que sus vecinos habían dicho sobre los mismos tiempos y lugares, porque las narraciones de los vecinos eran bien conocidas y tenían amplia circulación. Eran las narraciones que creían las personas más educadas de aquella época.
El 3 de diciembre de 1872, esta cuestión pasó a primer plano de los estudios bíblicos. En esa fecha, un asiriólogo de nombre George Smith leyó una conferencia ante la Society of Biblical Archaeology. Había estado investigando entre miles de tabletas y fragmentos procedentes de la biblioteca asiría del rey Asurbanipal, del siglo vil a.C. En lo que se conoció después como la «Tableta XI» del poema épico de Gilgamesh, escrita en acadio, una lengua semítica más antigua que el hebreo, había descubierto una narración del diluvio con remarcables paralelos con el relato bíblico.
Aunque era politeísta, mientras que la Biblia era monoteísta, explicaba básicamente el mismo cuento. Los dioses se habían enfadado con la humanidad y habían decidido destruir la raza humana con un diluvio. Una de las deidades advirtió a un amigo humano de nombre Utnapishtim y le ordenó construir un arca y prepararse para el día fatídico. Cuando las lluvias se iniciaron, Utnapishtim condujo a su familia, a una serie de animales y a unos artesanos a la barca. Cuando las lluvias cesaron y las aguas se retiraron, Utnapishtim soltó tres pájaros en diferentes momentos para averiguar si era seguro salir del arca. Finalmente la barca embarranca en la cima de una montaña. Al igual que en la Biblia, después del diluvio, los dioses se arrepienten de sus actos contra la humanidad.
La estructura de la narración asiría es paralela en términos generales a la narración bíblica; pero el detalle de soltar sucesivamente los tres pájaros, cosa que también sucede en la narración de Noé, es una coincidencia tal que no puede sino hacernos pensar que las dos historias comparten una fuente común.
Pero ambas narraciones también presentan múltiples diferencias. En el relato asirio el diluvio es más breve, las dimensiones del arca son diferentes, el número de personas y animales que en ella se transportan varían significativamente, las barcas no embarrancan en la misma montaña, los héroes tienen nombres diferentes y el dios que envía el diluvio no es el mismo que ordena a Utnapishtim construir el arca. Aunque la diferencia más importante es que el texto bíblico no toma prestado ninguno de los pasajes narrativos del texto asirio.
Por lo tanto, tenemos por un lado una estructura similar que parece ir más allá de la coincidencia y por el otro una amplia variación en los detalles de la historia que llegan tan lejos que parecen sugerir la existencia de dos fuentes totalmente diferentes. Sin embargo, el descubrimiento produjo una avalancha de estudios sobre asiriología dirigidos a las comparaciones bíblicas. Con el tiempo, se descubrieron otras versiones de la misma narración del diluvio en otros textos babilónicos de otras sociedades, algunas de las cuales eran anteriores al texto bíblico. Finalmente, en una coincidencia más que remarcable, una lista de reyes del siglo iv a.C., una corrupción de una lista de reyes sumeria (anterior a Babilonia) que se databa en el 2000 a.C., situaba el diluvio universal durante el reino del décimo rey que gobernó la humanidad, mientras que el diluvio bíblico ocurría en la décima generación después de la Creación.
¿Corroboran la historias mesopotámicas del diluvio, escritas antes de la narración bíblica, la opinión de ésta última de que existió un diluvio universal o muestran que los autores bíblicos se apropiaron de y adaptaron mitos y leyendas preexistentes para sus propósitos? Es ésta una cuestión que aparece una y otra vez en otras partes de la Biblia a medida que vamos descubriendo otras literaturas antiguas con historias paralelas.
Notas a pie de página bíblicas
Mucha gente cree que la Biblia fue escrita por inspiración divina, pero muchos autores bíblicos citan obras de referencia específicas en las que confiaban para escribir sus obras y muchos otros citan pasajes de otros libros de la Biblia. De hecho, estas referencias serían el equivalente a las notas a pie de página. Por desgracia, aún no se han encontrado copias de los libros citados que no pertenecen a la Biblia, por lo que no podemos evaluar la calidad de la investigación ni la fiabilidad de las fuentes. Presentamos a continuación una lista de fuentes citadas por los autores bíblicos:
1. Libro de las Generaciones de Adán (Gn 5,1)
2. Libro de la Alianza (Ex 24, 7)
3. Libro de las Guerras del Señor (Nm 21,14)
4. Libro de Jaser (o de los Justos) (Jos 10,13; 2 Sm 1,18)
5. Libro de la Ley de Dios (Jos 24, 26)
6. Libro de los Hechos de Salomón (1 Re 11,41)
7. Libro de las Crónicas de los Reyes de Israel (IRe 14, 19 y otras nueve citas)
8. Libro de las Crónicas de los Reyes de Judá (1 Re 14,29 y otras catorce citas)
9. Libro de los Reyes de Israel y Judá (1 Cr 9,1 y otras tres citas) 10. Libro de Samuel el Vidente (1 Cr 29, 29)
11. Libro de Natán el Profeta (1 Cr 29, 29; 2 Cr 9, 29)
12. Profecía de Ahías el Silonita (2 Cr 9, 29)
13. Visiones de Iddo el Vidente (2 Cr 9, 29)
14. Libro de Gad el Vidente (1 Cr 29, 29)
15. Libro de Shemías el Profeta (2Cr 12, 15)
16. Historia del Profeta Iddo (2 Cr 13, 22)
Examinar algunas de estas citas puede darnos una idea de cómo algunas partes de la Biblia llegaron a ser escritas.
El «Libro de Jaser»
La Biblia hace dos referencias al libro de Jaser (o de los Justos), una en Josué y la otra en el segundo libro de Samuel. La primera describe un incidente en el que Josué ordena al Sol y la Luna que se detengan. La segunda, que introduce un lamento de David por la muerte del rey Saúl, nos dice que David enseñó a los hijos de Judá cómo utilizar el arco. Más de trescientos años separan ambos acontecimientos.
Esto nos indica que el libro de Jaser fue escrito antes de los tiempos del rey David, a pesar de lo cual incluye una descripción de un suceso atribuido a Josué trescientos años antes. ¿De dónde obtuvo la información el autor del libro de Jaser? ¿Tenía su autor fuentes fiables o se limitó a recoger cuentos y leyendas de un periodo anterior? ¿Era un trabajo histórico o una colección de poemas? Como todavía hemos de encontrar una copia de esta obra, no podemos siquiera asegurar que Josué y David aparecieran en el texto original; el autor (o autores) de las dos referencias a Jaser puede haber reemplazado los personajes originales por los dos héroes bíblicos.
Los «Hechos de David»
La historia de David aparece principalmente en los dos libros de Samuel, con algún material adicional en el primer libro de las Crónicas, gran parte de la cual es repetitiva y se añade a la historia de David. El autor del primer libro de las Crónicas, sin embargo, cita tres mentes de los hechos de David: los libros de Samuel el Vidente, Natán el Profeta y Gad el Vidente.
Samuel el Vidente es con certeza el Samuel del que toman el nombre los libros de Samuel, y Natán el Profeta es probablemente el Natán de la corte del rey David que criticó a éste por ocultar que había hecho asesinar al marido de Betsabé para ocultar su relación con ella. Finalmente, Gad el Vidente debe ser el mismo Gad el Vidente que aconsejó a David en varias ocasiones.
Juntas, estas tres referencias sugieren que los libros de Samuel tal como los conocemos son una amalgama de varios libros anteriores, tres de los cuales se citan aquí y sobrevivieron hasta el tiempo del autor de las Crónicas en el siglo iv a.C. o más tarde.
La primera fuente mencionada es el libro de Samuel el Vidente. En Samuel, el personaje que da título al libro parece estar basado en dos individuos. Uno es Samuel el Juez, que continúa la tradición de los jueces en Israel y proporciona una guía militar y religiosa. Este Samuel está en contra de la institución de la monarquía. El otro Samuel es un profeta o vidente que apoya la monarquía y sirve para validar la autoridad real de David de Juda frente a Saúl o Benjamín. Las imágenes de los dos individuos son inconsistentes.
La referencia al libro de Samuel el Vidente puede ser a todo el corpus de Samuel tal como nos ha llegado o a la obra fuente que inspiró la parte de Samuel que apoya la monarquía. El hecho de que el autor de las Crónicas cite otras dos fuentes sobre David sugiere esto último.
El Profeta Natán es un personaje importante en la historia de David y juega un papel clave en la sucesión de Salomón como heredero al trono de David. Los libros de Samuel contienen mucha información sobre Natán, pero aún debe recuperarse el perdido libro de Natán el Profeta. Lo más probable es que quienquiera que escribiera los libros de Samuel utilizase en parte como mente a Natán el Profeta y que esta fuente continuase circulando después de la aparición de Samuel.
Para finalizar, tenemos otro libro perdido. Al no disponer de una copia del libro de Gad el Vidente, no podemos calibrar su influencia en la historia bíblica. Sin embargo era lo bastante importante para ser citado por el autor de los libros de las Crónicas.
Este grupo de obras demuestra que circulaban varias narraciones sobre el rey David y que autores posteriores rebuscaron en los textos para apoyar sus particulares puntos de vista. Que los libros de Samuel fueran canonizados y no lo fueran los de Natán el Profeta o Gad el Vidente es más un accidente de la historia que el resultado de la inspiración divina.

La división entre Israel y Judá

La separación de Israel y Judá a la muerte de Salomón es uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia bíblica y las guerras propagandísticas entre las dos partes en conflicto afectó en gran manera la forma en que se escribió la historia del pueblo hebreo. Como ya hemos visto al hablar de la hipótesis documental, gran parte del material de las fuentes del Pentateuco reflejaba los puntos de vista de las diferentes facciones políticas y religiosas que se vieron afectadas por la división.
Como en el caso de David, parecen existir varias historias sobre el rey Salomón y los acontecimientos que condujeron a la guerra civil que siguió a su muerte. El autor del primer libro de los Reyes, por ejemplo, cita el libro de los Hechos de Salomón. El autor del segundo libro de las Crónicas cita también numerosas fuentes sobre la historia del remado de Salomón y la separación que la siguió. Asimismo, también se cita el libro de Natán el Profeta, junto con otras obras, como la Profecía de Ahías el Siloníta, las Visiones de Iddo el Vidente y el libro de Shemiás el Profeta.
Al igual que sucede con otros libros no bíblicos, no se han encontrado estas referencias, pero Ahías, el profeta de Silo, aparece en el primer Libro de los Reyes para realizar una profecía. En este episodio, anima a Jeroboam a separar Israel de Judá. A causa de su profecía, Salomón intenta matar a Jeroboam, pero éste huye a Egipto. A la muerte de Salomón, Jeroboam volvió a Israel para liderar con éxito el movimiento secesionista que separó Israel de Judá.
Que obras como la Profecía de Ahías el Silonita sobrevivieran tanto tiempo a la destrucción del reino de Israel nos muestra las dificultades que encontró el reino de Judá para eliminar la historia negativa de su gobierno y por qué sobrevivió en la historia bíblica una oposición tan fuerte al reino de Judá.
Los anales
Además de varios libros sobre individuos en particular, como Natán, Gad, Ahías e Iddo, algunos escritores bíblicos también confiaron en los informes oficiales de las monarquías. La cita de obras como el libro de las Crónicas de los Reyes de Israel y el libro de las Crónicas de los Reyes de Judá sugiere la existencia de anales reales, una forma en que los funcionarios del Próximo Oriente documentaban los sucesos de los remados sobre una base anual.
Estas «notas al pie» bíblicas muestran la variedad de los materiales en los que confiaron los escritores bíblicos y cómo se manejaron editando los materiales disponibles para conseguir su propósito. A este grupo de referencias específicas de la Biblia habría que añadir otras fuentes, como los mitos y leyendas de otros pueblos del Próximo Oriente, que circulaban ampliamente y con los que los escribas hebreos debían estar familiarizados.
Al considerar el efecto de estos materiales extra bíblicos en los escritores de la Biblia, deberíamos tener en cuenta que los pueblos antiguos no pensaban en estos mitos y leyendas en términos de verdad o mentira. Creían que las narraciones conservaban verdades históricas, y aunque uno pudiera o no creer en un dios o en otro como agente responsable, podía seguir creyendo que el suceso relatado había ocurrido en realidad.
Las leyendas sobre los nombres de lugares nos proporcionan numerosas ilustraciones de cómo se crearon historias falsas, y la Biblia contiene numerosos relatos de este estilo. Una de las más corrientes consiste en la invención de un antecesor que tenía el mismo nombre que el territorio que ocupaba el pueblo y por lo tanto era el fundador del pueblo que habitaba esa tierra. Otro motivo común era encontrar una característica destacada de un lugar especial, como una formación rocosa graciosa o un pozo escondido y crear una leyenda sobre la formación de esa característica. Estas historias se repetían de generación en generación hasta que un relato para entretener se convertía en verdad histórica.




Sobre la terminología
Si no se indica, cuando me refiero a la Biblia, estoy hablando de la traducción inglesa del rey Jacobo, conocida como King James Versión, que en castellano se conoce como Biblia de Jacobo I o Biblia del rey Jacobo, de 1611. Los mitos sobre los que diserto en el presente libro están basados en esa traducción.
Cuando se escribe sobre el antiguo Egipto, siempre surge el problema de cómo transliterar los nombres. Los egiptólogos han encontrado la manera. La principal dificultad es la falta de vocales del antiguo egipcio. Esto conduce a que según el autor una deidad reciba en inglés el nombre de «Amen», «Amun», e incluso «Amon». En castellano, diremos siempre Amón.
El griego es otro problema. Los primeros egiptólogos obtuvieron abundante información de los clásicos griegos, que transliteraban los nombres egipcios a su propio idioma. Como éstas eran las primeras versiones de los nombres conocidos, muchos egiptólogos continuaron, y continúan, utilizándolos. Así, por ejemplo, los famosos constructores de pirámides de la cuarta dinastía, Khufwey, Khane y Menkaure, son más conocidos en su adaptación griega, es decir, Keops, Kefrén y Micerinos.
En este libro, adopto la transliteración de Sir Alan Gardiner en su Egypt of the Pharaons. Si hago una cita de la obra de otro autor, admito la transliteración del autor [en castellano se hará servir la versión más común de los nombres propios en esta lengua].




Tabla de historia bíblica
(Todas las fechas son a.C. y están basadas en la Biblia del rey Jacobo.)
Creación
4004, domingo, 23 de octubre (según el obispo Usher).
3960 (según Martín Lutero).
3761 (según la tradición judía).
Diluvio Universal
2348-2105 (lapso de posibles fechas de inicio).
Era patriarcal
h. 2000-1500.
Éxodo de Egipto
1548-1315 (implícito en Gn 15, 13).
1497 (implícito en 1 Re 6,1).
1315 (según el análisis del autor en The BibleMyth).
1270-1250 (según la mayoría de estudiosos de la Biblia). Ç
Entrada en Canaán
Cuarenta años después del Éxodo.
Gobierno de los Jueces
Finaliza hacia 1081 (implícito en 1 y 2 Re).
Finaliza hacia 1020 (según la mayoría de estudiosos de la Biblia).
Rey David
1061 (implícito en 1 y 2 Re).
Hacia el 1000 (según la mayoría de estudiosos de la Biblia).
Rey Salomón
1021 (implícito en 1 y 2 Re).
Hacia el 960 (según la mayoría de estudiosos de la Biblia).
Finalización del Templo de Jerusalén
Onceavo año del rey Salomón, ç
Judá e Israel se separan
A la muerte del rey Salomón, cuarenta años después de acceder al trono. Fuente J documentada
Probablemente escrita entre el 960 y el 722, pero antes de E, S y D.
Fuente E documentada
Probablemente escrita entre el 960 y el 722, después de J pero antes
de S y D.
Israel destruido por los asirios
722.
Fuente S documentada.
Probablemente escrita entre el 722 y el 640, después de J y E pero
antes de D.
El reyJosías encuentra la Ley de Moisés
622.
Fuente D documentada
Probablemente escrita entre el 622 y el 609, después de J, E y S. Ç
Daniel conducido a Babilonia
605.
Exilio en Babilonia
587-539.
El rey Ciro de Persia conquista Babilonia y libera a los judíos
539.
Ester salva a los judíos de Persia
H.475.
Esdrás abandona Babilonia y reintroduce la Ley de Moisés en Jerusalén
458.
Libro de las Crónicas, Nehemías y Esdrás
458 o muy poco después; probablemente escrito por Esdrás
o sus seguidores.



Primera parte
MITOS DEL INICIO







narraciones egipcias, alterando el contenido de tal manera que es difícil reconocer las raíces egipcias sin el beneficio del contexto más amplio en el que se sitúan los relatos. Hasta las localizaciones cambian. El Edén, que había estado a orillas del Nilo, es trasladado, de forma bastante torpe, a Mesopotamia por los redactores bíblicos al confundirlo con el paraíso sumerio de Dilmun.
La fuente J llena su relato con varias historias de interés humano (desde la Creación y los sucesos del jardín del Edén a la expulsión del jardín y la historia de Caín y Abel) antes de llegar a la narración del diluvio, mientras que S salta de la Creación al diluvio sin más relatos de naturaleza personal, deteniéndose tan sólo para insertar la cadena genealógica que va desde Adán a Noé. A diferencia de los relatos de la Creación, en los que ambas versiones aparecen una detrás de la otra, las dos narraciones del diluvio están muy entretejidas, en ocasiones empezando una frase con una fuente y acabándola con la otra.
Ya hemos apuntado antes que las dos versiones, J y P, del relato del diluvio estaban basadas en el mito de la Creación de Hermópolis y que después de integrarse, el texto fue modificado de nuevo para incluir las tradiciones babilonias sobre el diluvio producido en la décima generación de la humanidad. A pesar de las raíces comunes de las dos versiones egipcias, ambas proceden de tradiciones y fuentes diferentes. Tanto J como S contienen tradiciones cronológicas diferentes de las narraciones del diluvio. La fuente J está relacionada con la estructura estacional del año solar, reflejando así la procedencia de la narración de una cultura agrícola, en línea con los fundamentos agrícolas de la narración de Adán y Eva. Por el contrario, la fuente S utiliza el calendario egipcio solar-lunar, un ciclo de veinticinco años utilizado para las celebraciones religiosas, reflejando la naturaleza religiosa y sacerdotal de la fuente.
Después del diluvio, el Génesis narra la repoblación de la tierra y lo orígenes de las naciones. Estas historias genealógicas reflejan en realidad los sucesos políticos de la primera mitad del primer milenio a.C., mostrando el origen tardío y artificial de estas historias. Su fecha puede situarse después del establecimiento de Israel en Canaán y vuelve a demostrar el genio literario de los redactores de la Biblia, que extraen mitos y leyendas de una amplia variedad de fuentes de marcos temporales diferentes y los integra, casi sin fallos, en una larga narración continua. Pero la labor era difícil y pasaron por alto algunos errores. En ocasiones encontramos errores de transmisión textual.


Mito 1: Al principio todo era un abismo
El Mito: Al principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin forma y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas (Gn 1,1-2).
La Realidad: El Génesis utiliza el esquema hermopolitano de la Creación para describir el estado del universo antes de que comience la Creación. Los cuatro dioses han sido omitidos del relato, pero permanecen sus características esenciales.
Las dos primeras frases del Génesis describen el estado del universo antes de que el dios hebreo iniciara el proceso de la Creación. Al principio, dice, Dios creó los cielos y la tierra, pero por pasajes posteriores sabemos que los cielos y la tierra estaban sumergidos en el «abismo» durante esa etapa inicial, a la espera de ser alzados y transformados en el que es su estado físico actual.
Las palabras traducidas como «sin forma» y «vacía» aparecen en el hebreo original como tohu y bohu, y esas mismas palabras a veces aparecen en los escritos populares como una manera idiomática de expresar el caos o el desorden, como «todo era tohu y bohu». El sentido de estas dos palabras hebreas se combina para indicar un espacio extenso y vacío, una zona desierta. En el contexto bíblico, tenemos un espacio indefinido que forma una especie de burbuja dentro del «abismo» primitivo.
La palabra que se traduce como «espíritu» en la frase «espíritu de Dios» aparece en el hebreo original como ruach, y no significa «espíritu», sino «viento» o «exaltación violenta». Al traducir ruach como «espíritu», los intérpretes de la Biblia han intentado traducirlo de tal manera que concuerde con su entendimiento teológico del texto bíblico, pero sin tener en cuenta el verdadero significado en el contexto original. Sustituyamos viento por «espíritu» y veamos lo que tendríamos en el hebreo original.
Los primeros versículos describen cuatro cosas:
1 Una tierra y unos cielos que ocupan un espacio, pero que carecen de forma o contenido;
2 Oscuridad;
3 Un abismo acuoso, dentro del cual existe el espacio sin forma; y
4 Un viento (es decir, «espíritu de Dios») que flota sobre la superficie de las aguas.
Estos cuatro elementos constituyen lo que los autores bíblicos creían que eran los cuatro componentes básicos del universo anteriores al inicio de la Creación, uno de los cuales, el viento, era identificado con el dios hebreo. Correspondían precisamente con lo que los sacerdotes egipcios de Tebas y Hermópolis creían que eran los cuatro componentes del universo durante el inicio de la Creación, pero los egipcios identificaban cada uno de estos cuatro elementos con una pareja de divinidades de ambos sexos, lo cual se consideraba tabú en la teología hebrea. Se puede deducir de la siguiente descripción de las dos primeras cuatro parejas de dioses egipcios y los elementos que representaban, que los hebreos adoptaron el esquema egipcio.
1. Heh y Hehet, espacio sin forma, es decir, la burbuja deforme dentro del abismo, tal y como describe el Génesis como tohu y bohu;
2. Kek y Keket, la oscuridad en la superficie de las aguas;
3. Nun y Naunet, el diluvio primitivo, «el abismo», igual que el abismo bíblico; y
4. Amón y Amonet, el viento invisible, el «viento» bíblico que flotaba sobre el abismo.
Aunque los sacerdotes hebreos adoptaron esta visión egipcia del universo primitivo, su teología monoteísta hizo que desasociaran estos cuatro elementos naturales de las divinidades egipcias con las cuales se identificaban, reteniendo únicamente los atributos con los que se asociaba a los dioses. Además, el autor del Génesis de este relato de la Creación aceptaba la tradición tebana que identificaba al Creador original con el viento. Simplemente, cambiaron el nombre del dios egipcio Amón por el nombre hebreo de Elohim, y lo describieron como ruach, el viento. A medida que progresemos por el primer relato de la Creación en el Génesis, iremos viendo cuan de cerca y exactamente el autor del Génesis seguía los mitos egipcios.



Mito 2:Dios inició la Creación con la palabra
El Mito: Dijo Dios... (Gn 1, 3).
La Realidad: El inicio de la Creación por medio de la palabra proviene de los mitos egipcios de la Creación.
Según la Biblia, el proceso de la Creación comienza cuando Dios pronuncia un mandamiento para que aparezca la luz. La idea de la Creación por mandamiento no tiene una contrapartida en los mitos mesopotámicos de la Creación. Sin embargo, para los egipcios, la Creación por mandamiento desempeñaba un papel fundamental.
Los egipcios creían en el poder de la palabra para crear y controlar el entorno, y muchos textos egipcios hablan de la Creación que comienza con órdenes verbales. Uno describe a Amón como «el que habla y lo que debe ser, es». Otro texto describe a Ptah de manera similar cuando dice «así pues, piensa y ordena lo que desea [que exista]». Una referencia a los actos de Atum en el proceso creativo nos dice que «tomó la Anunciación en su boca».
En el esquema tebano de la Creación, después de que Amón (es decir, el viento) iniciara la Creación, primero apareció en la forma de los cuatro elementos primarios. Luego apareció en la forma de Ptah, el dios Creador menfita, que inició la Creación mediante la pronunciación de una orden. Ésta es la misma secuencia que en la narración del Génesis, donde «el viento» pronuncia una orden, pero el autor bíblico elimina cualquier referencia a Ptah como el que habla y une al dios Creador menfita (Ptah) con el dios tebano (Amón) de la Creación. Sin embargo, esta distinción es sólo cosmética, puesto que en la visión tebana tanto «Amón el viento» como «Ptah el que habla» son formas del mismo dios.



Mito 3: La Creación comenzó con la aparición de la luz
El Mito: «Haya luz»; y hubo luz (Gn 1, 3).
La Realidad: El Génesis sigue la doctrina tebana de la Creación al iniciar el proceso de la Creación con la aparición de la luz.
En el Génesis, la orden hablada de Dios hace que aparezca la luz repentinamente, un acontecimiento que significa el inicio del proceso creativo. No aparece tal doctrina en los mitos mesopotámicos, pero sí en los egipcios. Este pasaje específico de un himno a Amón muestra cuan de cerca sigue la secuencia bíblica a la egipcia.
[Aquél (es decir, Amón)] que apareció la primera vez cuando [todavía] no se había creado un dios, cuando tú [Amon-Ra] abriste tus ojos para ver con ellos y todos se iluminaron por medio de la mirada de tus ojos, cuando el día todavía no se había creado.
Así pues, la luz apareció al principio de la Creación, cuando el día aún no existía, y el Génesis afirma lo mismo. La Biblia dice:
Y vio Dios que era buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz
llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero. (Gn 1, 4-5)
En los mitos tebanos y mesopotámicos, después de la aparición de Ptah, éste ordena la aparición de Atum, el dios creador heliopolitano, que aparece inicialmente en forma de una serpiente ardiente, la primera luz.
En el mito que aparece en el Génesis y en el mito egipcio, la Creación comienza cuando un dios invoca a la primera luz verbalmente. Esta luz originariamente correspondía a Atum, pero los autores hebreos eliminaron la referencia directa a este dios y sencillamente describieron la aparición de la luz.



Mito 4: El primer día Dios separó la luz de las tinieblas
El Mito: Y vio Dios que era buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero (Gn 1, 4-5). E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la mayor para presidir el día y la menor para presidir la noche, y las estrellas; y las puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra y presidir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno, y hubo tarde y mañana: día cuarto (Gn 1, 16-19).
La Realidad: El Génesis contiene dos relatos contradictorios acerca de cómo y por qué la luz se separó de las tinieblas. La confusión tuvo lugar porque el primer relato sucede antes de que aparezcan el Sol y la Luna, y los redactores de la Biblia posteriores ya no recordaban por qué en el relato original egipcio el día y la noche aparecían antes del disco solar y de la Luna. Como resultado, añadieron una segunda división de la luz tras la aparición de estos dos cuerpos celestiales.
Tras la aparición de la primera luz el primer día, el Génesis dice que Dios separó la luz de las tinieblas y llamó a la luz «día» y a las tinieblas «noche». Sin embargo, el cuarto día. Dios volvió a separar la luz de las tinieblas y dividió el tiempo en día y noche. ¿Por qué ocurre esto dos veces?
La naturaleza de la luz que apareció el primer día es confusa. En el Génesis, el Sol, la Luna y las estrellas no aparecen hasta el cuarto día. ¿Cómo podemos tener luz el primer día y cómo se la puede separar de las tinieblas de manera que tengamos un día y una noche a las que seguirán dos períodos más de luz y oscuridad, y todo ello antes de la creación del Sol? Y, si ya tenemos periodos alternantes de luz y tinieblas, ¿hasta qué punto era necesaria una nueva separación de la luz de las tinieblas tras la aparición del Sol?
La confusión surge porque en el relato del Génesis, siguiendo el mito egipcio, la luz aparece al principio de la Creación. Esta luz era un atributo de Atum, dios del Sol, pero no representaba el disco solar.
En la versión egipcia, el Sol tenía muchas formas y distintos dioses representaban distintos aspectos del Sol. A lo largo de su viaje diario a través del cielo, por ejemplo, distintos dioses representaban la ubicación del Sol en diferentes momentos. El sol matutino era Kepri, el dios escarabajo, y el sol de la tarde era Ra. El disco solar era conocido como Atón, y se le llegó a considerar como una divinidad separada, significando sólo una manifestación visual del Sol, pero no representaba todo el ser físico del Sol, y no apareció hasta más tarde en el proceso de la Creación.
Los egipcios también tenían una visión filosófica del día y la noche. Según un pasaje del Libro de los Muertos egipcio: «Como para la 'eternidad' que es el día; como para la 'perpetuidad', que es la noche».
Esta visión reflejaba la idea egipcia de que la vida continuaba a través de los tiempos. De modo filosófico, esta idea evolucionó a partir del ciclo diario del sol, que los egipcios veían como un renacimiento diario y la renovación de la vida. El sol matutino era un niño, el ocaso un viejo. El comienzo de la «eternidad» y «perpetuidad» coincidía con la aparición de la primera luz al principio de la Creación. Por lo tanto, los egipcios veían el «día/eternidad» y la «noche/perpetuidad» como un atributo de la primera luz del sol.
La misma idea aparece en el Génesis. La creación por parte de Dios del día y la noche con la primera luz significaba la idea egipcia de «eternidad» y «perpetuidad» y representaban distintos fenómenos que los de día y noche asociados con la aparición del disco solar y la Luna y las estrellas.
Sin embargo, para los monoteístas hebreos, que escribieron cientos de años más tarde, el disco solar era únicamente el Sol. No había ningún dios o conjunto de dioses escondidos detrás. Sólo concebían el sol como un ente físico que se movía a través del cielo y separaba la noche del día. Para ellos, el día y la noche eran la consecuencia de la salida y la puesta del disco solar, tal y como lo expresaban en la descripción de los acontecimientos del cuarto día de la Creación. La «eternidad» y la «perpetuidad» no formaban parte de la religión hebrea y los sacerdotes hebreos ya no recordaban ni comprendían el significado filosófico del primer día y la primera noche. Si el día y la noche aparecieron el primer día, debía de tratarse de la separación normal de la luz del día de la oscuridad causada por la puesta del sol. Así, los autores del Génesis describieron el día y la noche del primer día según los convenios actuales, ignorando o no reconociendo la contradicción implícita entre los acontecimientos del primer día y el cuarto.


Mito 5: Un firmamento surgió de las aguas primitivas
El Mito: Dijo luego Dios: «Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras»; y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento (Gn 1, 6-7).
La Realidad: Este firmamento que surge de las aguas es la montaña primitiva del mito egipcio.
Tras invocar la primera luz y separarla de las tinieblas, el Génesis nos dice que Dios hizo que un firmamento surgiera de entre las aguas, y este firmamento separó las aguas de las aguas. Tal y como indican claramente los versos citados anteriormente, la separación de «las aguas de las aguas» se refiere a la separación del agua que está sobre el firmamento del agua que está por debajo del firmamento.
En todos los mitos egipcios de la Creación, tras la aparición de la primera luz (normalmente identificada con el dios Atum), el dios Creador provocaba que una montaña surgiera de las aguas primitivas. Esta montaña, por su naturaleza, era una entidad física sólida, un firmamento, y según la visión egipcia, separaba las aguas primitivas. Los egipcios veían al cielo como una vía fluvial por la cual el dios del Sol Ra navegaba con la barca solar. La montaña primitiva se convertía en el espacio entre las dos aguas, y proporcionaba la fuerza que las mantenía separadas.
El firmamento que surge en el Génesis no se distingue de la montaña primitiva que emergía de Nun, las aguas primitivas, y tanto en los relatos bíblicos como en los egipcios, el resurgir tiene lugar en el mismo orden secuencial que el proceso de la Creación, tras la invocación de la primera luz mediante la palabra hablada.












Mito 6 : Dios llamó al firmamento «cielo»
El Mito: Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana: (día segundo (Gn 1,8).
La Realidad: La identificación del firmamento con el cielo deriva de una interpretación errónea por parte de los redactores bíblicos posteriores.
El Génesis describe sólo un acontecimiento que tuvo lugar el segundo día, la aparición del firmamento (más tarde veremos que el segundo día incluía algunos acontecimientos adicionales). Aunque la narrativa lo ubica entre las aguas que hay a ambos lados del firmamento, equiparándolo con la bóveda celeste en vez de con el cielo, algunos escribas hebreos escribieron que Dios llamó al firmamento «cielo». El autor no debía estar familiarizado con el relato original egipcio en el que este firmamento representaba una montaña primitiva que surgía de las aguas y separaba las aguas de encima de las aguas de debajo.
En los relatos de la Creación de todo el Oriente Medio, en Egipto y también en Mesopotamia y Levante, el cielo descansaba sobre una bóveda. Esta bóveda necesariamente constituía una plataforma transparente pero sólida que evitaba que el cielo se cayera a través de la bóveda celeste. En Egipto, la bóveda celeste está entre el cielo y la tierra, y originariamente el firmamento que surgía de las aguas se asociaba con el dios Shu, hijo del cielo y la tierra, y los egipcios lo mostraban sujetando el cielo sobre la tierra.
Los escribas hebreos creían que tenía que existir alguna superficie dura en la bóveda celeste que aguantara el cielo, pero, al ser monoteístas, no podían aceptar la idea de que la bóveda celeste fuera una divinidad separada del Dios hebreo. Por lo tanto, una vez más desligaron la divinidad egipcia del fenómeno que representaba. Transformaron la divinidad egipcia que sujetaba el cielo en el propio cielo.



Mito 7 : Dios reunió las aguas en un solo lugar
El Mito: Dijo luego: "Jubtense en un lugar las aguas que hay bajo los cielos y aparezca lo seco". Asi se hizo; y las aguas se juntaron en un solo lugar y apareció lo seco; y a lo seco llamo Dios tierra, y a la reunión de las aguas mares. Y vió Dios que era bueno (Gn 1, 4-10).
La Realidad: La reunión de las aguas se refiere a la creación del rio Nilo.
EL tercer día de la Creación comenzó con la reunión de las aguas en un lugar. Entonces Dios llamo a las aguas reunidas «mares», un termino plural que indica numerosas masas de agua. Cada mar sería un arca delimitada por separado. ¿Están las aguas en un solo lugar o en varios?
El problema surge porque los escribas hebreos, influenciados por el entorno babilónico y las influencias culturales del final del primer milenio a.C., aplicaron sus conocimientos geográficos a un pasaje que reflejaba una geografía distinta. En Mesopotamia y Levante, las gentes eran conocedoras de varias masas de agua independientes e importantes, incluyendo el mar Mediterráneo, el mar Rojo, los ríos Tigris y Eufrates, el rio Jordán, el mar Muerto y el río Óronles, en Siria.
Los egipcios, por otra parte, a pesar de ser conocedores de muchas masas de agua, sólo consideraban de importancia al Nilo. Herodóto se refiere a Egipto como «el regalo del Nilo». La característica más importante del Nilo era su inundación anual, la cual proporcionaba al país un gran abastecimiento de tierras fértiles para el cultivo. Ademas, el río abundaba en peces, aves y vida animal, proporcionando fuentes de alimento adicionales, v otorgaba a los egipcios acceso a todas las principales ciudades a lo largo y cerca de las orillas del Nilo.
Tal era la importancia del papel desempeñado por el Nilo para la vida egipcia, que proporcionaba el escenario para gran parte de su mitología, Las ideas míticas acerca de la inundación primitiva al inicio de la Creación v la montaña que surgió de ella se derivaron de imágenes del Nilo, Ya que la inundación del Nilo producía la vida, los egipcios imaginaban una inundación mundial inicial que dio lugar a la vida. Como las aguas retrocedian hacia la cuenca del Nilo, dejando atrás grandes montones de fértiles tierras negras, los egipcios se imaginaban un primer monte emergiendo de la inundación mientras las aguas se juntaban para formar una única corriente.
Un mito egipcio de la Creación (conservado en un documento conocido como «Texto de los Sarcófagos 76») que describe la separación del cielo y la tierra, habla de Shu (el firmamento), hijo de Atum (la primera luz), que reunía las aguas. «Este dios [Shu] está atando la tierra para mi padre Atum, y reuniendo la gran inundación para él».
La reunión de la inundación se refiere a la creación del Nilo, y el texto continúa diciendo que el acontecimiento tuvo lugar el mismo día en que Atum apareció sobre la primera montaña. Si eliminamos los elementos politeístas de este mito, como probablemente harían los escribas hebreos, éste proporciona un paralelo perfecto para los acontecimientos que tuvieron lugar durante el segundo y el tercer día de la Creación en el Génesis.
Shu, que representa la bóveda celeste, es hijo de Atum, la primera luz que los egipcios asocian con la aparición de la montaña primitiva. Shu nació el mismo día que apareció Atum, siguiendo la aparición de la montaña de Nun (la gran inundación). Shu (la bóveda celeste) separó entonces a Nut (el cielo) de Geb (la tierra), ató la tierra y reunió las aguas de la inundación en un solo lugar (el Nilo), la misma serie de acontecimientos que en el Génesis.
La secuencia de la Creación en la Biblia, por lo tanto, sigue el esquema egipcio. La reunión de las aguas por Shu describe el origen del Nilo y corresponde a la reunión bíblica de las aguas en un solo lugar.
De la misma manera que en la descripción de los cielos, uno de los escribas hebreos malinterpretó la descripción inicial de las aguas, porque él ya no entendía los acontecimientos en un contexto egipcio. La edición final de la Biblia tuvo lugar después de que la élite hebrea fuese capturada y trasladada a Babilonia, y Babilonia, como el gran centro de aprendizaje que era, ejerció una poderosa influencia sobre los redactores bíblicos posteriores. Ya que la perspectiva babilonia reconocía varias masas de agua independientes e importantes, los escribas hebreos tomaron lo que en origen era una descripción del Nilo, las aguas reunidas en un único lugar, y la añadieron a una frase que indicaba que las aguas reunidas constituían varias grandes masas de agua, ignorando o no reconociendo, nuevamente, la afirmación contradictoria que


Mito 8: La vegetación apareció antes que el Sol
El Mito: Y dijo Dios: «Haga brotar la tierra hierba verde, hierba con semilla y árboles frutales que produzcan fruto según su especie, y cada uno con su simiente, sobre la tierra». Y así fue. Y produjo la tierra hierba verde, hierba con semilla, y árboles de fruto con su semilla cada uno. Y vio Dios que estaba bien (Gn 1, 11-12).
La Realidad: El Génesis sigue la secuencia egipcia de la Creación al anteponer la aparición de la vegetación a la del Sol.
El tercer día del Génesis finaliza con la aparición de la vegetación: hierba, semilla y fruta. Entre paréntesis, esto crea problemas desde un punto de vista científico, ya que la vida vegetal requiere de la luz solar para sobrevivir y crecer, y hasta ahora el Sol todavía no ha aparecido. Pero nos ocuparemos aquí sólo de los aspectos mitológicos de nuestro estudio.
Teniendo en mente la descripción que el Génesis hace del tercer día, consideremos este breve extracto del Libro de los Muertos egipcio, cap. 79:
¡Salve Atum!—
Creador del cielo; creador de lo que existe
El que surgió como tierra; el que creó la semilla.
Este pasaje describe exactamente la misma secuencia que el Génesis, la aparición del cielo, seguida de la aparición de la tierra, y de la vegetación. La misma secuencia aparece en otros textos egipcios que describen el proceso de la Creación. El hijo mayor del cielo y la tierra, por ejemplo, era Osiris, a quien los egipcios identificaban con el grano, demostrando nuevamente que la vegetación apareció inmediatamente después que los cielos y la tierra.
A lo largo de la tradición de la Creación egipcia, la vegetación aparece inmediatamente después de la división entre los cielos y la tierra y la reunión de las aguas. Esta es la secuencia que sigue el Génesis, y muestra el paralelo continuo, acontecimiento tras acontecimiento, entre los mitos egipcios de la Creación y el relato del Génesis de la Creación.


Mito 9: Dios creó los cuerpos celestes
El Mito: Dijo luego Dios: «Haya en el firmamento de los cielos luminarias para separar el día de la noche, y servir de señales a estaciones, días y años; y luzcan en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra». Y así fue. Hizo Dios las dos grandes luminarias, la mayor para presidir el día, y la menor para presidir la noche, y las estrellas; y las puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra y regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno, y hubo tarde y mañana: día cuarto (Gn 1,14-19).
La Realidad: Los editores bíblicos comenzaron con la secuencia cronológica tebana correcta para describir la llegada del Sol, pero luego cambiaron la narración siguiendo la tradición babilonia para describir la aparición de los cuerpos celestiales.
El cuarto día de la Creación aparecen el Sol, la Luna y las estrellas. Al principio la narración describe la creación de luces en el firmamento (sin especificar de qué luces se trata) para dividir la noche del día. Esto presenta un enigma ya que el primer día de la Creación Dios ya había separado la noche del día, las tinieblas de la luz, una paradoja que se trató anteriormente en el Mito 4. Estas luces sin especificar, creadas el cuarto día, sirven para una variedad de funciones del calendario, marcando días, temporadas y años. Luego, tras hablarnos de la función de estas luces, el Génesis al fin las describe, una luz mayor para gobernar el día y otra menor para gobernar la noche. Y, casi a modo de ocurrencia, añade, «y las estrellas».
Estas dos luces principales son el Sol y la Luna. Ya hemos observado que en la doctrina tebana de la Creación, el Sol aparece en la forma de Ra como un niño tras los acontecimientos que tuvieron lugar durante la división de los cielos, la tierra y las aguas y la aparición de la vegetación, y que coincide con el Génesis. Pero no tenemos ninguna referencia correspondiente egipcia a la aparición de la Luna y las estrellas en conexión con el Sol. Sólo sabemos que en el mito tebano, Amón (la divinidad creadora), que aparece en la forma de Ra (la divinidad creadora hermopolitana), era el responsable de la organización del proceso creativo restante, incluyendo la aparición de la Luna y las estrellas.
En algunos textos egipcios, el Sol y la Luna forman los ojos de Horus (una divinidad solar identificada como el hijo de Osiris), pero no tenemos ningún relato especialmente útil acerca del origen de la Luna. Los egipcios consideraban a las estrellas como los habitantes del más allá y, ya que Osiris (el hijo del cielo y la tierra) reinaba en el más allá, llamaban a las estrellas «Seguidoras de Osiris».
Mientras que la tradición tebana sitúa la creación del Sol en el mismo punto secuencial que el Génesis, tenemos que reconocer que el impulso de la narrativa en el Génesis para el cuarto día no surge de ideas egipcias. El Sol tiene un papel bastante reducido, colocado a un nivel equivalente o ligeramente más importante que la Luna y las estrellas, un concepto que no concuerda con la visión egipcia.
Sin embargo, un pasaje del texto babilonio de la creación, conocido como Enuma Elis (Tablilla V), muestra que las ideas babilonias influenciaron la descripción que se hace en el Génesis. Describe acontecimientos que tuvieron lugar casi inmediatamente después de que el dios Marduk hubiese matado al monstruoso Tiamat y formara el cielo y la tierra a partir de sus miembros seccionados. En el texto aparecen descripciones detalladas acerca de cómo creó el Sol, la Luna y las estrellas y sus funciones para marcar los periodos de tiempo. Para citar sólo un pasaje que tiene su paralelo en la descripción bíblica: «Él hizo que brillara la luna; él le encomendó la noche (a ella). Él la nombró a ella el ornamento de la noche, para dar a conocer los días».
Comparen este pasaje con la redacción bíblica: «Hizo Dios las dos grandes luminarias, la mayor para presidir el día, y la menor para presidir la noche».
Las ideas en ambos pasajes comparten claramente conceptos comunes, pero la redacción del texto babilonio refleja la naturaleza politeísta de los mitos. Los hebreos, como habían hecho con los mitos egipcios, aceptaban la ciencia babilonia, pero separaban a los dioses de sus funciones. Aun así, podemos ver lo cerca que los hebreos seguían el modelo babilonio, eliminando las divinidades, pero abrazando su papel como gobernantes del día y la noche.



Mito 10: De las aguas primitivas surgieron pájaros
El Mito: Dijo luego Dios: «Rebosen de seres vivos las aguas y vuelen las aves sobre la tierra debajo del firmamento del cielo» (Gn 1, 20).
La Realidad: El Génesis contiene dos relatos contradictorios acerca de la aparición de los pájaros, uno que refleja la visión egipcia, y otro la babilonia.
El quinto día, el Génesis describe la creación de la vida marina y los pájaros, y dice que los pájaros surgieron de las aguas. Por otra parte, el segundo relato de la Creación en el Génesis, atribuido a la fuente J, dice:
«Y el Señor Dios trajo ante el hombre todos cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra» (Gn 2, 19).
¿Los pájaros surgieron de las aguas primitivas o de la tierra? Una vez más, la Biblia proporciona testimonios contradictorios de un acontecimiento, reflejando su dependencia de una variedad de materiales procedentes de distintas perspectivas culturales. El relato de las aguas primitivas sugiere un origen en una sociedad que considera el agua como fuente de vida, como en la mitología egipcia. El relato basado en el origen terrenal sugiere una sociedad en la cual la tierra desempeñaba un papel más importante como medio de sustento, como en la antigua Babilonia.
En Egipto, el Nilo era una fuente de vida y una gran variedad de aves acuáticas poblaban sus orillas. Los mitos egipcios asociaban la inundación con el origen de la vida y varios mitos asocian a las aves acuáticas con el proceso de la Creación.


Mito 11: Dios creó al hombre y la mujer a imagen suya
El Mito: Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y mujer (Gn 1, 27).
La Realidad: La idea de que Dios creó a la humanidad a imagen suya viene de las creencias egipcias acerca de la relación entre la humanidad y el Creador.
La Biblia dice que Dios creó al hombre y a la mujer de su propia imagen, pero no explica qué significa ser creado a imagen de Dios. ¿Comparten la misma forma física o características físicas tales como la inmortalidad, o sólo algún tipo de similitud espiritual? No parece tratarse de ninguna de estas posibilidades.
Sabemos por el relato de Adán y Eva que el conocimiento del bien y del mal (la base fundamental para la similitud espiritual) y la inmortalidad (una característica física) eran atributos de Dios y de sus ángeles, pero no eran atributos que se le otorgaran a la humanidad al principio de su creación. Además, Dios adopta varias formas en la Biblia, incluyendo un arbusto en llamas y una nube de humo, por citar sólo dos ejemplos. De modo que Dios y los humanos no compartían una forma física similar.
Otra pregunta que plantea el pasaje bíblico está relacionada con el sexo de esta imagen. ¿Era la imagen de Dios varón o mujer, o ambos? Aunque la traducción inglesa dice al principio que Dios creó al «hombre» a imagen suya, luego dice «varón y mujer los creó». El problema reside en que la traducción inglesa no refleja exactamente el texto hebreo subyacente. El hebreo no dice que Dios creó al «hombre»; dice que creó a ha-adam, que significa «el adán», y creó a «el adán» como varón y mujer. Si la palabra hebrea para «hombre» es ish, entonces ¿qué es un adán?
Debajo de la traducción inglesa yace la idea de que adán significa «hombre», pero en realidad ésta es una especulación por parte de los eruditos de la Biblia, que dan por sentado que éste es el significado. Deriva básicamente de un juego de palabras basado en la creencia de que Adán fue creado de la arcilla.
En hebreo y en otras lenguas semíticas, la palabra para arcilla es ada-mah, y, puesto que el Génesis dice que Dios creó al ser que posteriormente se llamó Adán de la arcilla, los eruditos de la Biblia han dado por sentado que la palabra para arcilla es una metáfora para hombre.
De hecho, hay un par de referencias no bíblicas para indicar que este podría ser el caso, pero éstas se limitan a un puñado de nombre propios hallados en textos en la biblioteca del antiguo Ugarit y que datan del siglo xiv a.C. No tenemos indicios de ningún uso generalizado en las lenguas semíticas de la palabra adán con el significado de «hombre».
El problema aquí es que los escribas hebreos adoptaron la idea de que el hombre fue creado a imagen de Dios a partir de las tradiciones egipcias. Esa creencia permaneció con los israelitas a lo largo de su historia, pero debido a que no creían en ninguna forma física para la representación de una divinidad, cuando el Génesis adoptó su forma escrita final, el concepto de una «imagen de dios» ya no tenía ningún significado específico.
Para trazar el concepto hasta sus orígenes, observen la visión de los egipcios. Los egipcios creían que la humanidad había sido creada a imagen del Creador y que el Creador tenía características tanto de varón como de mujer. Un pasaje de un antiguo texto conocido como Enseñanza para Merikare ilustra el primer principio.
Bien cuidada está la humanidad—el ganado de dios.
Él hizo el cielo y la tierra para ellos
Él dominó al monstruo marino,
Él hizo el aliento para que sus narices vivieran.
Ellos son sus imágenes, que surgieron de su cuerpo.
Debe prestarse atención al paralelismo con el pasaje bíblico, en el cual se habla no sólo de que la humanidad está hecha a imagen de Dios, sino que además incorpora tanto al varón como a la mujer dentro de la imagen.
Por lo visto este texto gozó de una amplia difusión en Egipto. Su origen se remonta al siglo xx a.C., y la forma actual del texto aquí citado viene de un papiro escrito durante el período del Imperio Nuevo, varios siglos después. Los escribas hebreos en Egipto seguramente conocían las ideas expresadas en él.
Mientras que los egipcios tenían varias ideas acerca de cómo fueron creados los humanos, esta versión en particular indica que los hombres y las mujeres eran partes del cuerpo del Creador, y es en este sentido que la humanidad poseía la imagen de un dios. Varios textos también muestran que el Creador incorporó características tanto de hombre como de mujer, explicando cómo las formas de ambos sexos podían tener el mismo origen.
En el esquema hermopolitano, por ejemplo, el Creador estaba compuesto por cuatro criaturas masculinas y cuatro femeninas como un ente único. En las tradiciones hermopolitanas y menfitas, Atum, sin necesidad de una pareja, dio a luz a dos divinidades, Shu mediante un estornudo y Teíhut al escupirla. Lo hizo, según un texto, tras «haber actuado como marido con mi puño». A Atum también se le ha conocido como el «Gran El-Ella», Ptah, el Creador menfita, también exhibe características masculinas y femeninas. Según un texto:
Ptah-sobre-el Gran-Trono
Ptah-Nun, el padre que creó a Atum;
Ptah-Naunet, la madre que dio a luz a Atum...
Así, descubrimos que los textos egipcios muestran al Creador como poseedor de aspectos masculinos y femeninos y que la humanidad fue creada a imagen suya. Esto se traduce en el Génesis como: «Y creó Dios al hombre [es decir, los humanos] a imagen suya, a imagen de Dios lo creó;
y lo creó varón y mujer».
Por ultimo, llegamos a la cuestión de la identidad de ha-adan, el ser creado hombre y mujer. Puesto que los nombres de Atum y Adán se pronuncian de manera casi idéntica, la «d» y la «t» son intercambiables a nivel fonético, es lógico suponer que «el Adán» se trata de un término colectivo para una multitud de seres que surgieron de Atum, el Creador heliopolitano.

Mito 12: Dios creó a Adán y Eva el sexto día
El Mito: Díjose entonces Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella». Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; y los creó varón y mujer...Y vio Dios que era muy bueno cuanto había hecho, y hubo tarde y mañana: día sexto (Gn 1, 26-27.31)
La Realidad: El varón y la mujer creados el sexto día de la Creación no eran Adán y Eva. El relato de Adán y Eva pertenece a una tradición mitológica distinta a la de los siete días de la Creación.
¿Cuándo creó Dios a Adán y Eva? Si le preguntan a cualquiera que conozca el libro del Génesis dirá que aparecieron el sexto día de la Creación. Cuando los redactores bíblicos editaron la Biblia en su forma actual, querían que el lector creyera que esto era verdad. Sin embargo, un examen de los versículos bíblicos relevantes muestra que el hombre y la mujer creados el sexto día no eran Adán y Eva.
En el primer relato de la Creación, Dios procedió de manera ordenada a organizar el universo y crear todas las cosas dentro de él. Durante cada uno de los seis días consecutivos llevó a cabo varias tareas.
El tercer día creó la vida vegetal, el cuarto los cuerpos celestiales. Y los días cinco y seis:
Dijo luego Dios: «Hiervan de seres vivos las aguas y vuelen las aves sobre la tierra y bajo el firmamento del cielo». Y así fue. Y creó Dios grandes monstruos marinos y todos los animales que se arrastran y que viven en el agua según su especie, y todas las aves aladas según su especie.
Y vio Dios que era bueno, y los bendijo, diciendo: «Procread y multiplicaos y henchid las aguas del mar, y multipliqúense sobre la tierra las aves. Y hubo tarde y mañana: día quinto.
Dijo luego Dios: «Produzca la tierra seres animados según su especie, ganados, reptiles y bestias de la tierra según su especie». Y así fue. Hizo Dios todas las bestias de la tierra según su especie y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.
Díjose entonces Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella». Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y mujer; y los bendijo diciéndoles: «Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad los peces del mar, las aves del cielo y los ganados y todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gn 1, 20-28).
Observen la secuencia de los acontecimientos. Dios crea la vida vegetal y luego los cuerpos celestiales, a continuación la vida acuática y los pájaros, luego las bestias, el ganado y los reptiles, y por fin al hombre y la mujer. Los lectores, por rutina, dan por sentado que el hombre y a la mujer eran Adán y Eva, pero veamos lo que dice realmente la Biblia.
Adán y Eva pertenecen al segundo relato de la Creación. Aparecen por primera vez en el segundo capítulo del Génesis.
Éste es el origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados. Al tiempo de hacer el Señor Dios la tierra y los cielos, no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaba la tierra de hierbas, por no haber todavía llovido el Señor Dios sobre la tierra, ni haber todavía hombre que la labrase, ni vapor acuoso que subiera de la tierra para regar toda la superficie cultivable. Modeló el Señor Dios al hombre de la arcilla y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado. Plantó luego el Señor Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara (Gn 2, 4-8).
Mientras que este pasaje nos dice exactamente cuando este hombre apareció, la mayoría de personas que lo hayan leído ignoran el significado del texto. Este hombre apareció «al tiempo de hacer el Señor Dios la tierra y los cielos» y antes de eso no había vegetación alguna sobre la tierra. ¿Cuándo exactamente sucedió eso?
En la versión actual del Génesis, esto tuvo lugar en algún momento del tercer día de la Creación. Según Génesis 1,6-13, Dios creó el cielo el segundo día y la tierra y la vegetación el tercer día. Esto sitúa a Adán en medio del tercer día, después de la creación del cielo y de la tierra y antes de la vegetación (posteriormente, en el estudio del Mito 14, veremos que el cielo fue creado el segundo día, y fue entonces cuando apareció Adán). Por lo tanto, si Adán apareció el tercer (o segundo) día de la Creación, entonces no podía ser el hombre que fue creado el sexto día.
Pero, ¿qué pasa con Eva? Tras la creación de Adán, la historia se desplaza hacia acontecimientos en el jardín del Edén. Sabemos de la plantación de árboles, sobre todo los árboles de la ciencia del bien y del mal y del árbol de la vida, y sabemos algunos detalles geográficos sobre el jardín, pero nada todavía sobre una mujer. Entonces:
Y se dijo el Señor Dios «No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda proporcionada a él». Y el Señor Dios trajo ante el hombre todos cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo los llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Y dio el hombre nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo; pero entre todos ellos no había para el hombre ayuda semejante a él (Gn 2, 18-19).
Las bestias y las aves no pudieron con la soledad de Adán. El hombre seguía estando solo. El hombre necesitaba otra «ayuda proporcionada» y Dios se puso manos a la obra para arreglar la situación.
Hizo pues, el Señor Dios caer sobre el hombre un profundo sopor;
y dormido, tomó una de sus costillas y cerró ese lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó el Señor Dios a la mujer, y se la presentó al hombre (Gn 2, 21-22).
En un testimonio anterior, Dios creó al hombre y a la mujer a la vez en el sexto día, ambos tras la aparición de la vegetación y los animales. Pero en el relato de Adán y Eva, Dios creó al varón (Adán) antes de la aparición de la vegetación y los animales, y creó a Eva después de esos acontecimientos.
Al efectuar una lectura sencilla y lógica del Génesis, vemos que Adán y Eva no pueden ser el hombre y la mujer creados el sexto día de la Creación. Pero si Dios creó a Adán el tercer (o segundo) día y creó al hombre y la mujer a imagen de Dios el sexto día, ¿quiénes fueron los primeros humanos, Adán y Eva o el varón y la mujer del sexto día? Responderemos a esta pregunta en nuestro estudio del Mito 16.


Mito 13: Dios otorgó al hombre el dominio sobre las criaturas
El Mito: « ...para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella». Dijo también Dios: «Ahí os doy cuantas hierbas de semilla hay sobre la faz de la tierra toda, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento. También a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos los seres vivientes que sobre la tierra están y se mueven les doy para comida cuanto de verde hierba la tierra produce» (Gn 1, 26.29-30).
La Realidad: El otorgar al hombre el dominio sobre la vida en la tierra deriva de los mitos egipcios sobre la relación entre los dioses y la humanidad.
En el relato de la Creación en el Génesis, Dios le otorga a la humanidad el dominio sobre los seres vivos de la tierra, las criaturas y las plantas para utilizarlas y alimentarse. Observen que, al hacerle este regalo, Dios permite al hombre comer de cada árbol, libre de las restricciones impuestas en el relato de Adán y Eva. Estos pasajes del Génesis muestran una relación de mutua benevolencia y amistad entre Dios y la humanidad.
Dicha visión difiere sustancialmente de la que aparece en la literatura mesopotámica. Aquí, mientras que en ocasiones una divinidad u otra en particular prefiere a algún ser humano en especial, los dioses en general tienen una opinión negativa de la humanidad y la ven más como una servidumbre cuya finalidad es hacer la vida más agradable a los dioses. En el mito babilonio de la inundación, por ejemplo, los dioses decretan la destrucción de la humanidad porque es demasiado ruidosa.
En contrapartida, los textos egipcios retratan de manera más positiva la relación entre los dioses y la humanidad. La Enseñanza para Merikare lo ilustra bastante bien.
Bien cuidada está la humanidad, el ganado de dios.
Él hizo el cielo y la tierra para ellos
Él dominó al monstruo marino,
Él creó el aliento para que pudieran respirar.
Ellos son sus imágenes, que surgieron de su cuerpo,
Él brilla en el cielo para ellos;
Para ellos él hizo las plantas y el ganado, las aves, y los peces para alimentarlos.
Este consejo lo ofreció un rey de la Novena Dinastía (h. 2200 a.C.) a su hijo. Tales sentimientos filosóficos datarían de antes del Éxodo y coinciden con la presencia de Israel en Egipto, lo cual sugiere que esta visión podría haber tenido un fuerte impacto literario sobre los hebreos. Ciertamente, la última frase es casi idéntica a uno de los versículos de la sección del Génesis que estamos comentando.


Mito 14 El tercer día Dios creó la tierra
El Mito: Y a lo seco llamó Dios tierra, y a la reunión de las aguas, mares. Y vio Dios que era bueno... y hubo tarde y mañana: día tercero (Gn 1,10.13).
La Realidad: Dios reunió las aguas y creó la tierra seca el segundo día de la Creación.
Según el Génesis, en el tercer día de la Creación Dios reunió las aguas primitivas y creó la tierra seca. A esta tierra seca la llamó «tierra». Ya hemos visto que esta historia constituye una parte del mito egipcio de la Creación. Pero existe otro problema, mientras que el Génesis sitúa este acontecimiento el tercer día, una cuidadosa lectura del relato de la Creación en el Génesis indica que el redactor bíblico cometió un error y que este acontecimiento, en el testimonio original del Génesis, tuvo lugar el segundo día.
La Biblia, como muchos textos antiguos, a menudo utiliza fórmulas literarias, frases cortas que el escriba emplea, ya sea como una expresión idiomática, o para indicar algo acerca de la naturaleza del texto. Estas fórmulas textuales suelen aparecer como elementos en un listado, donde dividen las listas en secciones, como se solía hacer en los antiguos listados de reyes. Las historias bíblicas de los reyes de Israel y Judá ilustran esta técnica. Al final de cada historia, el escriba bíblico solía añadir la siguiente frase (o una versión ligeramente modificada de la misma): «Y los demás actos de [nombre del rey], y todo lo que realizó, y sus [atributos asociados al rey], ¿acaso no aparecen escritos en el libro de [fuente de origen]?
La Biblia contiene numerosas fórmulas textuales de este tipo. En ocasiones, por ejemplo, introduce una sección de narrativa diciéndonos » Esta es la descendencia de...« en la cual el material describe los acontecimientos asociados a una familia específica. El relato de la Creación en el Génesis también hace uso de una fórmula textual.
Al final de las actividades de cada día, a excepción del segundo día, Dios repasaba lo que había hecho y entonces decía «que era bueno». El séptimo día Dios descansó, por lo tanto no realizó ningún acto que tuviera que declarar que era bueno.
La narrativa, sin embargo, le hace bendecir y santificar el último día. El tercer y sexto día, empero, Dios también declara algo que era bueno en la mitad del día. Consideraremos la primera declaración del mediodía en este estudio, y cuando estudiemos el Mito 15 consideraremos la segunda.
La frase «que era bueno» constituye una formula textual. Su colocación al final de las actividades de cada día sirve para indicar que las acciones del día se habían completado y que a Dios le agradaba lo que veía. Así, ¿por qué no hay una declaración de este tipo al final del segundo día, y por qué en el tercer día aparecen dos declaraciones de este tipo?
La declaración del mediodía en el tercer día tiene lugar después de que Dios ha reunido las aguas y creado la tierra seca. La segunda declaración de ese día sucede después de que Dios ha creado la vegetación. Este arreglo textual es confuso.
La mayoría de eruditos de la Biblia aceptan que el relato de la Creación es mitológico, pero no ofrecen ninguna explicación útil de por qué los escribas bíblicos omitieron la formula textual el segundo día y la introdujeron dos veces el tercer día. Muchos intérpretes religiosos ortodoxos, por otra parte, sugieren que Dios tuvo la intención de reunir las aguas y crear la tierra seca el segundo día, tras levantar el firmamento, pero no tuvo tiempo de concluir la tarea. Por lo tanto, reservó la bendición hasta después de concluir la tarea el siguiente día.
Aunque esta explicación adopta una interpretación literal del día como una duración fija del tiempo, pasa por alto la omnipotencia de Dios y que las tareas en cuestión eran bastante menos arduas que, digamos, crear el Sol o cualquier otra estrella, lo cual requeriría mucha más energía que el simple levantamiento del firmamento o la reunión de las aguas en la diminuta tierra. Aun así, Dios creó todas las estrellas, además de los planetas y la Luna en un sólo día.
La solución evidente a esta paradoja es que los redactores bíblicos cometieron un error, el equivalente a un trabajo de cortar y pegar mal hecho. Ya que la bendición para el segundo día no ocurre hasta la mitad del tercer día, parece razonable concluir que la reunión de las aguas era parte de los acontecimientos del segundo día, un seguimiento lógico al levantamiento del firmamento en medio de las aguas. El redactor bíblico
creería que la tierra seca que surge concuerda lógicamente con la aparición de la vegetación, así que de manera prematura insertó un paréntesis en el segundo día y traspasó los acontecimientos del segundo día al tercero. Pero no era libre de insertar una bendición en el punto donde concluye el segundo día. En cambio, dejó la bendición donde estaba tal y como aparecía en el texto original, después de la reunión de las aguas.
Al trasladar el relato de la aparición de la tierra seca al segundo día, resolvemos el problema de la bendición que falta. Dicha restauración sitúa la formula textual al final de los acontecimientos de cada día, donde pertenece.


Mito 15: El séptimo día Dios descansó
El Mito: .. .y bendijo al día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho (Gn 2, 3).
La Realidad: En el relato original de la Creación en el Génesis, Dios no descansó el séptimo día, pero sí creó la humanidad ese día.
Tal y como descubrimos en el estudio del Mito 14, la narrativa bíblica incluye una formula textual que marca el final de las actividades diarias. Vimos que en la versión actual del Génesis, el escriba omite la bendición del final del segundo día, pero inserta una en medio del tercer día, que es el resultado de un error del escriba. Al trasladar los acontecimientos de la primera mitad del tercer día a la segunda mitad del segundo día, se restaura la concordancia lógica y textual en el Génesis. Dicho arreglo provoca que cada uno de los seis días acabe con una bendición, pero sigue dejando una bendición de más en el medio del sexto día.
Aquella bendición ocurre después de la creación de las bestias y los reptiles y antes de la creación de los humanos. Una segunda bendición tiene lugar tras la creación de la humanidad. Siguiendo la lógica de la formula textual, deberíamos concluir que en la fuente original para el relato de la Creación, las bestias y el hombre fueron creados en días separados. Esto desplazaría la aparición de la raza humana hasta el séptimo día y trasladaría el día de descanso de Dios al octavo día.
El descanso del sábado, el séptimo día de la semana (contando desde el domingo, al modo inglés), constituye una de las tradiciones más sagradas de la civilización occidental. Pero si Dios descansó el octavo día, y no el séptimo, entonces la práctica se deriva de un error del escriba.
La idea de un descanso en sábado parece ser de origen latino tardío. Hay escasas evidencias de que el antiguo Israel lo pusiera en practica realmente. La Biblia no recoge ninguna observación de este tipo en ninguna parte del relato de Israel anterior al Éxodo de Egipto. Es verdad que en el relato del Éxodo algunos pasajes bíblicos incluyen un mandamiento de Dios para que se observe el sábado, pero podría tratarse de versículos posteriores.
De hecho, el Deuteronomio 5, 15, que refleja los puntos de vista del rey Josías poco antes del cautiverio babilonio, dice que Dios le dio a Israel el mandamiento del sábado no porque él descansara el séptimo día, sino a modo de recordatorio de que salvó a Israel de la esclavitud en Egipto:
Acuérdate, de que siervo fuiste en la tierra de Egipto, y de que el Señor, tu Dios, te Sacó de allí con mano fuerte y brazo tendido; y por eso el Señor, tu Dios, te manda guardar el sábado.
Incluso después del Éxodo y hasta el período monárquico tardío, la Biblia se mantiene prácticamente en silencio acerca de la observación del sábado.
Por estas razones, es probable que la idea de un sábado el séptimo día apareciera tarde en la historia de Israel. El concepto pudo haberse originado en Babilonia, donde ciertos días del mes —7,14,19, 21 y 28— eran considerados nefastos, y los babilonios creían que no se debía desarrollar ningún trabajo ni ningún sacrificio durante esos días. Al no conformarse con un ciclo de siete días perfectamente repetitivo, la tradición babilonia recoge las semillas de un ciclo de siete días, en el que es nefasto cada séptimo día del mes. O bien, la idea podía haberse recogido de las tradiciones agrícolas cananeas. En cualquier caso, pudo haber sido recogida del relato original de la Creación, porque el día santificado habría sido el octavo del ciclo de la Creación.


Mito 16: Después de la Creación Dios descansó
El Mito: Y rematada en el día sexto toda la obra que había hecho, descansó Dios el séptimo día de cuanto hiciera; y bendijo el día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho (Gn2,2-3).
La Realidad: Dios no se tomó un día de descanso.
Tanto si Dios santificó el séptimo día como el octavo, debemos continuar preguntándonos si Dios realmente descansó en este día santificado. Después de todo, ¿qué necesidad tiene una divinidad omnipotente de estar por ahí relajándose?
Una lectura cuidadosa del texto bíblico parece contradecir la idea de un día de descanso. Dice «descansó Dios el séptimo día de cuanto hiciera». Pero si la creación de la humanidad constituía el acto final en este enorme esquema de acontecimientos, la Biblia debería decir que Dios terminó su labor el sexto día, el día de la conclusión. En cambio, el texto dice que terminó el trabajo el séptimo día.
El texto sugiere que Dios llevó a cabo obras adicionales después de crear la humanidad. La referencia a la finalización de los trabajos el séptimo día podría ser el resultado de una edición descuidada del relato original, en el cual Dios creó la humanidad el séptimo día en vez del sexto.
Este error sigue de cerca los esfuerzos por crear un sábado el séptimo día. Para poder incluir un día de descanso para Dios, los escribas de la Biblia tuvieron que combinar los acontecimientos de los días sexto (animales) y séptimo (humanidad). Al hacerlo, el escriba pasó por alto esta fra-secilla: «Y el séptimo día Dios remató el trabajo que había hecho». El escriba se olvidó de trasladar esas palabras al final del sexto día tras combinar las actividades del séptimo día con los acontecimientos del sexto día.
Puede existir un precedente en Oriente Próximo para la creencia de que el sábado y el día de descanso están inextricablemente unidos. Una explicación probable proviene de Enuma Elísh, la épica babilonia de la Creación. En ella, Marduk, quien al derrotar a sus enemigos se convierte
en la divinidad principal de Babilonia, llama al dios Kingsu, uno de los líderes de la oposición, y como castigo lo corta en trozos. A partir de su sangre crea la humanidad, y Marduk impone sobre los humanos el deber de servir a los dioses. En un pasaje que suena a un eco de la afirmación bíblica de que Dios descansó tras la creación de la humanidad, encontramos lo siguiente:
Él que levantó el yugo impuesto sobre los dioses, sus enemigos;
Él que creó a la humanidad para liberarlos;
Que sus palabras perduren y no sean olvidadas En la boca de la humanidad, que fue creada por sus manos.
En otras palabras, después de que Marduk creara la humanidad, los dioses pudieron descansar. Esta tradición babilonia es comparable al relato bíblico. Ambos relatos muestran a los dioses descansando tras la creación de los humanos. En el relato babilonio, Marduk crea a los humanos para que sean los siervos de los dioses, liberando a éstos de sus labores. En el Génesis, Dios descansó tras la creación de los humanos, pero no condenó a la humanidad a la servidumbre. Claro que la tradición bíblica posterior mantiene que Dios e Israel tenían una alianza especial, en la cual Israel se dedicaba a servir a Dios.
Aunque en el relato babilonio los humanos no descansan junto con los dioses, tal y como se les manda a los hebreos en los Diez Mandamientos, el relato de la Creación en el Génesis sólo habla del descanso de Dios y no dice nada de que los hombres se abstengan de trabajar. La idea de que la humanidad debía descansar entró en la tradición bíblica mucho más tarde, tal vez no antes del siglo vil a.C.



Mito 17: El cielo y la tierra tuvieron hijos
El Mito: Éstas son las generaciones del cielo y de la tierra cuando fueron creados. El día en que el Señor Dios creó la tierra y el cielo, no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaban de la tierra hierbas, por no haber todavía llovido el Señor Dios sobre ésta, ni haber todavía hombre que la labrase, ni vapor acuoso que subiera de la tierra para regar toda la superficie cultivable (Gn 2, 4-6).
La Realidad: En el segundo relato de la Creación, el cielo y la tierra son divinidades, una esposa y un marido capaces de tener hijos.
El segundo relato de la Creación comienza en Génesis 2, 4 con la frase:
«Éstas son las generaciones del cielo y de la tierra» (versión del rey Jacobo). Las primeras palabras son una formula textual utilizada en el Génesis en diez ocasiones, y una sola vez fuera del Génesis (Rt 4, 18). En todas estas instancias, a excepción de Génesis 2, 4, la fórmula sirve para introducir narraciones sobre familias, como por ejemplo: «Éstos son los descendientes de Isaac», o «Éstas son las generaciones de Jacob». En cada una de estas instancias, lo que sigue son narraciones acerca de los padres y sus hijos y los acontecimientos de sus vidas. No existe ninguna razón lógica para pensar que haya otra interpretación distinta adherida a Génesis 2,4.
La primera frase, por lo tanto, significa que lo que sigue son relatos sobre la familia del cielo y de la tierra y sus hijos. En otras palabras, el segundo relato de la Creación es una vuelta a un relato anterior y politeísta de la Creación, en el que el cielo y la tierra son seres cósmicos, divinidades capaces de tener hijos.
Esta conclusión molesta a los teólogos porque contradice la idea de que la Biblia es un tratado monoteísta. En consecuencia, reinterpretan el pasaje para reflejar su propio punto de vista religioso. Argumentan que lo que sigue son sólo relatos que tienen lugar después de la Creación. Esto no sólo malinterpreta el sentido simple y claro, sino que también da lugar a otro obstáculo. Los relatos no suceden después de la Creación, sino durante la misma; el segundo día, para ser exactos.
Tal y como dice el resto del pasaje, los relatos sobre el cielo y la tierra suceden «el día en que el Señor Dios creó la tierra y el cielo» y antes de la aparición de la vegetación. En nuestro estudio del Mito 14, tras reconstruir la secuencia original de la Creación, descubrimos que el cielo y la tierra fueron creados el segundo día y la vegetación el tercero. El día que Dios creó el cielo y la tierra corresponde al segundo día de la Creación.
Esto establece una unión entre el primer y segundo relato de la Creación en el Génesis. En el primer relato de la Creación, los acontecimientos del segundo día estaban basados en el mito heliopolitano de la Creación, la aparición de Atum como un firmamento en las aguas, la separación del cielo y la tierra y la reunión de las aguas. En ese relato, el editor del Génesis despojó a las personas de las divinidades egipcias y dejó sólo los fenómenos naturales que éstas representaban. Ocurrió algo más en el segundo relato de la Creación. Como veremos en el estudio de algunos de los siguientes mitos, los editores bíblicos han conservado algunas de las personas de las divinidades egipcias, pero las han retratado como humanos y han eliminado su identificación con fenómenos naturales. Pero, en ocasiones, han cometido errores y no han reconocido todas las asociaciones anteriores, por ejemplo, al dejar una referencia a «las generaciones del cielo y de la tierra».



Mito 18: Adán y Eva fueron los primeros humanos
El Mito: Este es el libro de la descendencia de Adán. Cuando Dios creó al hombre, lo hizo a imagen suya. Los hizo varón y mujer, y los bendijo, y les dio, al crearlos, el nombre de Adán. Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su imagen y semejanza, y lo llamó Set; vivió Adán después de engendrar a Set ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de la vida de Adán novecientos treinta años, y murió (Gn 5, 1-5).
La Realidad: Adán y Eva son las divinidades egipcias Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Sus hijos son los hijos de la tierra y el cielo.
Al principio del segundo relato de la Creación en el Génesis, nos cuentan que las historias que siguen son sobre la familia del cielo y la tierra (véase Mito 17). Los personajes principales en esos relatos son Adán y Eva y sus hijos, Caín y Abel, lo cual sugiere que la familia de Adán es la familia del cielo y la tierra.
Al principio, la Biblia se refiere a Adán y Eva como «el Adán» (véase Mito 11) y a Eva como «la mujer». Durante el transcurso de la narración, tiene lugar una sutil transformación en la terminología y estos son conocidos como Adán y Eva. Aunque se sugiere en estos primeros relatos que Adán y Eva fueron los primeros humanos, hasta Génesis 5, 1 no se produce una conexión directa. En ese momento, la Biblia presenta la primera de varias genealogías que colocan a Adán como el antecesor de la raza humana, trazando una línea de descenso que pasa por Noé hasta los patriarcas bíblicos.
En el Mito 12 vimos que Adán y Eva no eran los mismos humanos creados el sexto día. Ellos fueron creados «al tiempo de hacer el Señor Dios la tierra y los cielos», lo cual tuvo lugar el segundo día. ¿Fueron ellos unos humanos distintos a los creados el sexto día, o fueron originariamente algún tipo de divinidades cósmicas?
En el mito babilonio de la Creación, los cielos y la tierra eran las mitades seccionadas de un monstruo muerto conocido como Tiamat. Puesto que estos dos trozos de cuerpo sin vida no engendraron a ningún hijo, el mito babilonio no puede servir como prototipo para la narración bíblica.
Sin embargo, si analizamos el mito heliopolitano de la Creación, encontraremos parte del material de origen para el segundo relato de la Creación.
Según los heliopolitanos, Geb (la tierra) y Nut (el cielo) tuvieron tres hijos, Osiris, Set y Horus, y dos hijas.
Las relaciones entre los miembros de esta familia protagonizaban un papel importante en la mitología egipcia. Un relato cuenta cómo Geb (la tierra) y Nut (el cielo) desobedecieron a la divinidad principal y de cómo ésta castigó a Nut con dificultades para dar a luz. Otro cuenta cómo Shu (el firmamento, hijo de Atum y padre de Geb) extrajo a Nut del cuerpo de Geb y separó el cielo de la tierra. Y una tercera explica cómo uno de los hermanos mató al otro hermano, y de cómo el tercer hermano fundó la línea de los herederos legítimos al trono egipcio.
A muchos de los que conocen el relato de Adán y Eva probablemente estarán familiarizados con estas tramas. Dios separó a Eva del cuerpo de Adán; los dos desobedecieron la orden de Dios; Dios castigó a Eva con dificultades para dar a luz; Adán y Eva tuvieron tres hijos, Caín, Abel y Set, de los cuales uno, Caín, asesinó a otro hermano, Abel y el tercero fundó la línea de descendientes desde Adán hasta Abraham.
Los dos esquemas genealógicos coinciden tanto que uno no puede llegar a otra conclusión: el Génesis recibió la influencia del modelo egipcio. Esto significa que Adán y Eva tuvieron una encarnación original como las divinidades egipcias Geb, Nut y sus tres hijos, Caín, Abel y Set, en correspondencia con los tres hijos de Geb y Nut, Osiris, Horus y Set.
Los editores posteriores de la Biblia, sin embargo, tuvieron problemas a la hora de presentar estos relatos sobre las antiguas divinidades egipcias. Por una parte, los hebreos eran monoteístas y no creían en estos dioses; por otra parte, estos relatos tenían una gran difusión y eran muy conocidos. Los editores de la Biblia decidieron desmitifícar las divinidades y reescribir los relatos como si trataran sobre humanos en vez de dioses.
Por consiguiente, cuando intentaron integrar los dos relatos bíblicos de la Creación en un único relato continuo, tuvieron que cambiar los relatos para dar a entender que Adán y Eva eran los primeros humanos, idénticos a los humanos nacidos el sexto día. Esta interpretación ha ejercido una gran influencia a lo largo de la historia sobre los teólogos judíos y los teólogos cristianos.
Sin embargo, a pesar de los hábiles y exitosos esfuerzos de los editores, continuamos viendo una gran cantidad del simbolismo mitológico original.


Mito 19: Dios formó a Adán de la arcilla
El Mito: Y modeló el Señor Dios al hombre de la arcilla y le insufló en las narices el aliento de la vida, y fue así el hombre ser animado (Gn 2, 7).
La Realidad: Los editores de la Biblia confundieron el nacimiento de Atum (la divinidad creadora heliopolitana) en la mitología egipcia con el nacimiento del primer ser humano.
El Génesis dice que Dios creó al primer hombre de arcilla de la tierra y le insufló la vida soplándole por la nariz. Los mitos mesopotámicos hacen unas declaraciones similares, pero se distinguen del Génesis en dos detalles significativos: 1) los dioses crearon al hombre a partir de una mezcla de arcilla y sangre de una divinidad muerta, y 2) no le inspiraron el aliento divino. Así, aunque el relato mesopotámico podría haber tenido una influencia sobre el relato bíblico, los detalles indican lo contrario.
En los mitos egipcios encontramos un paralelismo más próximo al relato bíblico. Mientras que los egipcios tienen varios relatos inconsistentes acerca de la creación de la humanidad, no se excluyen mutuamente. Las distintas porciones de la humanidad podrían haber sido creadas en distintas ocasiones mediante métodos diferentes. Sin embargo, en la mayoría de versiones, los dioses crearon la humanidad a través de algún proceso de esculpido. Según una conocida tradición, el dios Khnum crea a la humanidad en una rueda de alfarero, señalando un origen a base de arcilla, como en el Génesis. En otra versión, el dios artesano Ptah crea al hombre, aunque no se describe el proceso.
Además del proceso del esculpido, una parte esencial de la creencia egipcia sobre la vida es que ésta viene insuflada por las narices, tal y como indica el relato del Génesis. En el «Texto de los Sarcófagos 80», por ejemplo, Atum (el Creador) dio a luz a Shu (el firmamento) a través de sus narices e identificó a Shu como la fuerza vital. En ese mismo texto, Nun, (una personificación de la inundación) le dice a Atum que acerque a su hija a sus narices para que su corazón viva. Y en otra parte de ese texto, Shu, la fuerza vital, dice:
Yo los guiaré y les daré la vida,
a través de mi boca, que es la Vida en sus narices,
guiaré mi aliento hacia sus gargantas...
Estas tradiciones egipcias muestran varios paralelismos con el relato del Génesis, en el cual el hombre es creado a partir de la tierra y Dios sopla la vida a través de sus narices. Pero, probablemente, la influencia más importante sobre el Génesis fue el nacimiento de Atum. En el mito helio-politano de la Creación, que yace tras los relatos de Adán y Eva, el primer ser fue Atum, cuyo nombre es fonéticamente idéntico al de Adán. Atum fue formado de la primera tierra que surgió de las aguas primitivas. Era literalmente una figura hecha de la arcilla de la tierra. Además, como Adán, la primera hembra nació de él sin que hubiera relaciones sexuales con una mujer.
Tal y como vimos en el Mito 11, cuando la Biblia dice que Dios creó al hombre de la arcilla de la tierra, la frase traducida como «hombre» es en realidad ha-adam, el Adán, y el término es una forma plural que incorpora tanto al varón como a la mujer: «Hízolos macho y hembra, y los bendijo, y les dio, al crearlos, el nombre de Adán» (Gn 5, 2).
El nombre Atum también posee un sentido plural, que comprende tanto al macho como a la hembra. Significa «aquel que se completa absorbiendo a otros», y los otros son los miembros machos y hembras de la Enéada.
Ya que los relatos de Adán y Eva se derivan en parte del mito heliopo-litano de la Creación, los numerosos paralelismos entre Atum y Adán indican que originariamente los escribas hebreos nombraron al primer ser Atum, como el primer ser del relato heliopolitano. Posteriormente, debido a la confusión entre Atum y la palabra semítica para «suelo», ada-mah, el nombre del primer ser se convirtió en Adán.






Mito 20: Dios plantó el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal
El Mito: Plantó luego el Señor Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo el Señor Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn 2, 8-9).
La Realidad: Estos dos árboles especiales son representaciones simbólicas de las divinidades egipcias Shu y Tefnut.
En el jardín del Edén Dios plantó dos árboles, el árbol de la ciencia del bien y del mal, y el árbol de la vida. Comiendo del primero se obtenía el conocimiento moral; al comer del segundo se obtenía la vida eterna. También colocó al hombre en ese jardín para que cuidara de las plantas, pero le dijo que no debía comer del árbol de la ciencia (y así convertirse en conocedor de la moral). En cuanto a comer del árbol de la vida, Dios no dijo nada: «pero del árbol de la ciencia del cien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn 2, 17).
Más tarde, la supuestamente malvada serpiente le dijo a Eva que la amenaza de Dios era inútil.
Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera el Señor Dios, dijo a la mujer: «¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso?» Y respondió la mujer a la serpiente: «Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: «No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir». Y dijo la serpiente a la mujer: «No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal». (Gn 3, 1-5)
Adán y Eva no murieron al comer del árbol. Ciertamente, Dios temía que a continuación comieran del árbol de la vida y obtendrían la inmortalidad.
Dijese el Señor Dios: «He alhí al hombre heho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de el, viva para siempre» (Gn 3, 22).
¿Por qué temía Dios que Adán y Eva supieran de la inmortalidad y se convirtieran en divinidades? ¿Y por qué temía que se volvieran inmortales? Como una divinidad todopoderosa, él podría dar marcha atrás a la causa-efecto y devolver las cosas a su estado anterior. ¿Y quién es este «nosotros» al que se dirige? (véase el Mito 25 para saber la respuesta). Las respuestas se pueden encontrar en los textos y tradiciones egipcias.
El «Texto de los Sarcófagos 80» contiene una extensa presentación filosófica del mito heliopolitano de la Creación, y contiene algunos pasajes interesantes que no se han tenido en cuenta acerca de la vida y la moralidad. Las partes más significativas para nuestros propósitos tienen que ver con los hijos de Atum, el Creador.
Los dos hijos de Atum son Shu y Tefnut, y en este texto Shu es identificado como el principio de la vida y Tefnut como el principio del orden moral, un concepto al que los egipcios se refieren como maat. Estos son los dos principios asociados con los dos árboles especiales en el jardín del Edén, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
El texto egipcio no sólo identifica estos dos mismos principios como descendientes de la divinidad Creadora, sino que el texto continúa, diciendo que Atum (a quien los editores de la Biblia habían confundido con Adán, véase el Mito 19) recibe instrucciones de comerse a su hija, la cual representa el principio del orden moral.
De tu hija Orden comerás. («Texto de los Sarcófagos 80, línea 63»)
Aquí tenemos una extraña correlación. Tanto el mito egipcio como el Génesis nos dicen que la divinidad principal creó dos principios fundamentales, la vida y el orden moral. En el mito egipcio, Atum debe comer del orden moral, pero en el Génesis, a Adán se le prohibe comer de este orden. El motivo por el cual Dios prohibió a Adán comer del árbol de la ciencia del bien y del mal se explica en el Mito 21.
También cabe destacar que el tema de la «serpiente en el árbol» asociado con el relato de Adán y Eva proviene directamente del arte egipcio. Los egipcios creían que Ra, el dios del Sol que rodeaba la tierra cada día, mantenía una pelea nocturna con la serpiente Apofis y la derrotaba cada noche.
Varias pinturas egipcias muestran una escena en la que Ra, que aparece con la forma de «Mau. el Gran Felino de Heliopolis», se sienta ante un árbol mientras la serpiente Apofis se enrosca alrededor del árbol, en una imagen paralela a la rivalidad entre Adán y la serpiente del árbol en el jardín del Edén. Cuando Israel residía en Egipto, las imágenes de Ra y Atum estaban muy asociadas, y de hecho, los egipcios reconocían a una divinidad compuesta llamada Atum-Ra. Al reemplazar a Re con Atum en el tema de la «serpiente en el árbol», la imagen se acerca todavía más al relato bíblico, que confundía a Atum con Adán.


















Mito 21 Adán moriría si comía del árbol de la ciencia
El Mito: Pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de el comieres, ciertamente morirás (Gn 2, 17).
La Realidad: El objetivo de esta historia es condenar la idea egipcia de que el conocimiento del orden moral lleva a la vida eterna, que discrepaba con las enseñanzas monoteístas hebreas.
En el mito anterior vimos que las ideas egipcias sobre la relación entre el orden moral y la vida eterna yacían tras el relato bíblico del árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol de la vida. Sin embargo, a pesar los paralelismos cercanos entre ambas descripciones, existe un fuerte conflicto. En el texto egipcio, Nun (la personificación de la gran inundación) incitaba a Atum (el Creador) a comerse a su hija Tefnut, para obtener acceso al conocimiento del orden moral. En el Génesis, Dios prohibe a Adán que coma del árbol de la ciencia del bien y del mal, negándole el acceso al conocimiento moral.
Esta incongruencia aparece en medio del enigma moral en el relato bíblico. Parece que Dios mienta y que la serpiente diga la verdad. En principio, Dios ordena a Adán que no coma del árbol de la ciencia, diciéndole que morirá el mismo día que lo haga. Pero, tras comer de ese árbol, Adán no sólo vive (durante otros novecientos años), sino que Dios teme que éste obtenga la vida eterna si come del árbol de la vida, y es necesario expulsarlo del jardín del Edén.
Si el Génesis se inspira en la doctrina egipcia, ¿por qué el relato bíblico adopta un giro tan radical cuando se trata de comer del árbol de la ciencia? Esa divergencia entre los dos relatos se deriva de las diferencias fundamentales entre las creencias hebreas y egipcias acerca de la ultratumba.
Eos egipcios creían que si uno llevaba una vida de orden moral, el dios Osiris, que reinaba en ultratumba, les otorgaría la vida eterna. Esa era la unión filosófica entre estos dos principios fundamentales de la vida y el orden moral, y es por eso que los egipcios los retrataban como los hijos del Creador.
En efecto, el conocimiento del comportamiento moral era un paso hacia la inmortalidad y la divinidad. Esa es precisamente la cuestión que plantea el Génesis.
Cuando Adán come del árbol de la ciencia del bien y del mal, Dios declara que si Adán come también del árbol de la vida se volverá como el mismo Dios. Pero los hebreos eran monoteístas. La idea de que los humanos puedan ser como dioses chocaba con el concepto teológico básico de la religión bíblica, según la cual había y podía haber un solo dios. Los humanos no podían ser divinos.
La narración hebrea es en realidad un ataque sofisticado hacia la doctrina egipcia del orden moral que lleva a la vida eterna. Comienza transformando la vida y el orden moral de divinidades en árboles, eliminando las imágenes caníbales sugestionadas por Atum comiéndose a su hija. Luego, a Adán se le prohibe específicamente que coma el fruto del orden moral. A continuación, se le dice a Adán que no sólo no obtendrá la vida eterna, sino que se morirá al comer ese fruto. Finalmente, Adán es expulsado del Jardín antes de que pueda comer del árbol de la vida y vivir eternamente.
Observen que el énfasis bíblico es sobre el conocimiento del orden moral y no sobre la vida eterna. El mensaje bíblico es que uno no puede obtener la vida eterna a través del conocimiento del orden moral. Dios le dirá a uno lo que necesita saber y cómo se debe uno comportar, y uno obedecerá porque Dios lo manda, no porque vivirá eternamente.
Cuando Dios le dijo a Adán que ciertamente moriría ese mismo día si comía del árbol de la ciencia, se debe entender que la amenaza significaba que los humanos no debían intentar ser como los dioses. Dios no quería decir que Adán literalmente se caería muerto el día en que comiera el fruto prohibido; quería decir que el día en que Adán violara el mandamiento, perdería el derecho a la vida eterna. Recuerden que Dios en principio no prohibió a Adán que comiera del árbol de la vida. (Supuestamente, un bocado del fruto de ese árbol no otorgaba la inmortalidad. Uno tenía que comer de él de manera continua y reabastecerse.) Una vez que hubo violado el mandamiento, Adán perdió el acceso al árbol de la vida y ya no pudo comer el fruto que prevenía de la muerte.



Mito 22: Dios prohibió a Adán que comiera ciertos frutos
El Mito: Pero del fruto del que está en medio del Paraíso nos ha dicho Dios: «No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir» (Gn 3, 3).
La Realidad: El tema del fruto prohibido viene de los mitos sumerios sobre la vida en el Paraíso.
En el Mito 20, vimos que los hebreos reemplazaron a las divinidades egipcias asociadas con el orden moral y la vida con dos árboles, uno de los cuales daba el fruto prohibido que iba acompañado de una amenaza de muerte si se consumía. Este motivo del fruto prohibido viene de los antiguos mitos mesopotámicos y fue recogido cuando los hebreos recibieron las influencias culturales babilonias.
La más conocida de estas narraciones, el mito de Enki y Ninhursag, habla de dos importantes divinidades, que eran hermano y hermana y que vivían en un paraíso terrenal llamado Dilmun. En una ocasión, Ninhursag consiguió atrapar esperma de su hermano y lo usó para crear ocho plantas hasta entonces desconocidas y que permanecieron intocables para los demás. Su hermano, que sentía curiosidad por saber qué plantas eran, probó cada una de ellas. Cuando su hermana vio las plantas dañadas, maldijo a su hermano, diciéndole: «Hasta tu muerte no volveré a mirarte con el ojo de la vida».
Al poco tiempo Enki empezó a consumirse, pero apareció un zorro y consiguió que Ninhursag regresara. Al regresar, Ninhursag le preguntó a su hermano de qué órgano vital padecía, y este nombró cada una de las partes dolientes, ocho en total. Para cada enfermedad mencionada, su hermana proclamó el nacimiento de una divinidad, y cada nacimiento curó una enfermedad correspondiente. El texto no menciona quienes fueron los padres de estos nacimientos.
En este mito mesopotámico principal, que habría sido bien conocido por los escribas hebreos de la era babilónica, encontramos el tema del fruto prohibido en un paraíso terrenal junto con una maldición de muerte por haber comido el fruto; temas presentes en la narración del Génesis. La maldición de Ninhursag contra Enki proporciona el motivo para cuestionar la idea egipcia de «comer el orden moral», que nos lleva al tema bíblico del «fruto prohibido».



Mito 23: Eva fue creada de la costilla de Adán
El Mito: Hizo pues, el Señor Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, y cerró en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó el Señor Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada». Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne (Gn. 2,21-24).
La Realidad: La narración del nacimiento de Eva integra la narración egipcia de la separación de los cielos y la tierra con partes del mito sumerio de Enki y Ninhursag.
El personaje de Eva se inspira en varios mitos, tanto egipcios como sumerios. Según el Génesis, Dios creó a Eva de la costilla de Adán. Como resultado de esta relación, Dios instauró la idea del matrimonio.
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne. (Gn 2, 21-24)
En principio, a la mujer de Adán se la conocía sólo como «la varona», porque «del varón ha sido tomada». No fue hasta después de que ella y su marido fueran expulsados del Jardín del Edén que recibió el nombre de Eva. Al darle ese nombre, Adán dijo que era «por ser la madre de todos los seres vivientes».
En el Mito 17 vimos que Adán y Eva se correspondían con las divinidades egipcias Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Según el «Texto de los Sarcófagos 80», Atum dijo que creó a Nut para que «estuviera por encima de mi cabeza y Geb se pudiera casar con ella». En otras palabras, los egipcios veían la unión de la tierra y el cielo como la base del matrimonio, y este principio se traslada al Génesis con Adán y Eva.
Mientras que Adán se convirtió en el único padre de Eva, igual que Atum (el Creador heliopolitano) se convirtió en el único padre de sus hijos, la idea de que Eva salió de la costilla de Adán se deriva de un juego de palabras en sumerio antiguo, el lenguaje literario más antiguo de Mesopotamia. Se origina con el mito sumerio de Enki y Ninhursag (véase Mito 22).
En ese mito, Enki padece de ocho dolores, uno de los cuales está en la costilla.
«Hermano mío, ¿qué os duele? «La costilla».
El nombre de la divinidad que curó la costilla de Enki era Ninti, un nombre que en sumerio tiene un doble significado. La primera parte, «Nin», significa «la dama de», pero la segunda parte «ti», puede significar tanto «costilla» como «hacer vivir». Por lo tanto, Ninti significa tanto «la dama de la costilla» como «la dama que hace la vida».
También Eva combina ambos títulos. Verdaderamente es la «dama de la costilla», ya que provino de la costilla. Y, tal y como indica su primer título, ella es la «dama que hace la vida».


Mito 24: Adán obtuvo la sabiduría sin la inmortalidad
El Mito: Díjose el Señor Dios: «He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de él, viva para siempre» (Gn 3,22).
La Realidad: El relato de la pérdida de la inmortalidad de Adán y el castigo de la humanidad es un préstamo del mito mesopotámico de Adapa.
Cuando Dios expulsó a Adán del Edén, el hombre poseía la sabiduría pero no la inmortalidad, y sus descendientes tuvieron que sufrir por su pecado. Este aspecto del relato toma prestados elementos de un mito mesopotámico sobre un personaje llamado Adapa.
Según cuenta la narración, el dios Ea creó a Adapa para que fuera un dirigente de la humanidad y le otorgó sabiduría, aunque no la vida eterna. Adapa desempeñó bien su función, pero un día, mientras navegaba, el Viento del Sur volcó su barca y lo tiró al agua. Muy enfadado, Adapa maldijo al viento y le rompió las alas. Al enterarse Anu, la principal divinidad, exigió que Adapa apareciera ante él.
Ea, una de las principales divinidades mesopotámicas, se hizo amigo de Adapa y le preparó para el encuentro. Entre sus instrucciones, le dijo:
Os ofrecerán los alimentos de la muerte;
No los comáis. Os ofrecerán el agua de la muerte;
No la bebáis. Os ofrecerán una prenda;
No os la pongáis. Os ofrecerán aceite; untaos con él.
En estas instrucciones, Ea se refiere a las ofrendas como «los alimentos de la muerte» y «el agua de la muerte», pero cuando Adapa aparece ante la corte de Anu, la divinidad describe las ofrendas como «los alimentos de la vida» y «el agua de la vida». Obedeciendo a Ea, Adapa rechaza la hospitalidad de Anu y al hacerlo se gana los favores del dios. Como recompensa, Anu libera a Adapa de la servidumbre obligatoria, pero puesto que su pecado merece ser castigado, Anu hace que la humanidad sufra enfermedades y plagas.
En la narración de Adapa, el héroe tenía sabiduría pero no la inmortalidad; había pecado contra los dioses y debía ser castigado. Como resultado de su pecado, pierde la oportunidad de comer ciertos alimentos que le habrían otorgado la inmortalidad, y, a raíz de su pecado, la humanidad tiene que padecer enfermedades y plagas. Mientras que el pecado de Adapa se distingue del de Adán , ambos soportaron destinos similares; la humanidad sufre y ambos pierden la inmortalidad.
Se han encontrado fragmentos de este mito en una biblioteca del siglo xrv a.C. en Egipto (anterior al Éxodo) y en una biblioteca del siglo vii a.C. en Asiría, dando fe de su longevidad literaria y su influencia muy difundida. Una leyenda como ésta habría sido muy conocida entre los escribas hebreos. El parecido con la trama de la narración del Génesis indica que el mito de Adapa ayudó a modelar la narración bíblica.


Mito 25: Había otros seres en el jardín del Edén antes de Adán y Eva
El Mito: Hagamos al hombre a nuestra imagen... Díjose el Señor Dios:
«He ahí al hombre hecho como uno de nosotros... (Gn 1, 26. 3, 22).
La Realidad: El Génesis conserva indicios de las conversaciones de Atum con Nun en el mito heliopolitano de la Creación.
En dos ocasiones en el segundo relato de la Creación, Dios habla con uno o más seres de naturaleza no humana. Antes de crear a Adán, dice: «hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza». Y posteriormente, cuando Adán y Eva ya habían comido el fruto prohibido, dice: «He ahí al hombre hecho como uno de nosotros». ¿A quién se refiere este «nosotros»?
Una vez más, tenemos una clara indicación de otras divinidades presentes en el relato de la Creación. De la misma manera que el segundo relato de la Creación se inspira en los mitos heliopolitanos, el «Texto de los Sarcófagos 80» proporciona una pista razonablemente buena acerca de hacia quién se dirigía Dios. En ese texto, Atum, (el Creador) y Nun (una personificación de las aguas primitivas) mantenían esta conversación:
Entonces Atum le dijo a las aguas (es decir, a Nun): «Estoy flotando, muy agotado, los nativos inertes...».
Las aguas (es decir, Nun) le dijeron a Atum: «Besa a tu hija Orden [es decir, Tefnut, que representaba el orden moral.]».
El «nosotros» en el relato del Génesis se habría referido originariamente a Atum y Nun. Al igual que el Creador hebreo reemplaza a Atum en el proceso de la Creación, la narración sufre algunas transformaciones. La retención del «nosotros» conserva restos de la fuente heliopolitana politeísta para el relato bíblico.

Mito 26 : Dios plantó un jardín en Edén, al oriente
El Mito: Plantó luego el Señor Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo el Señor Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín hizo brotar el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón, y es el que rodea toda la tierra de Evila, donde abunda el oro, un oro muy fino, además de bede-lio [similar a la mirra] y ágata; y el segundo se llama Guijón, y es el que rodea toda la tierra de Cus; el tercero se llama Tigris y corre al oriente de Asiría; el cuarto es el Eufrates (Gn 2, 8-14).
La Realidad: Originariamente, Edén representaba la isla de Llamas, la primera tierra en los mitos egipcios de la Creación. Según la tradición heliopolitana. Edén estaría en Heliópolis.
¿Dónde plantó Dios el jardín del Edén? Se ha escrito mucho sobre este tema, pero sin ninguna respuesta definitiva. El texto aporta pocas pistas. El Génesis lo ubica en oriente, que es donde nace el sol, y también lo ubica al oeste de Nod, donde Caín construyó la primera ciudad. Desgraciadamente, nadie sabe donde estaba Nod.
Las principales pistas en cuanto a la ubicación del Edén son las referencias a los cuatro ríos, Pisón, Guijón, Tigris y Eufrates, que se dividen de un río principal que fluye del Edén, pero que no se nombra.
El primer río. Pisón, abarca toda la tierra de Evila, que posee muchos recursos naturales, tales como oro, bedelio y ágatas. La ubicación de Evila se desconoce, pero la mayoría de eruditos creen que se corresponde con Arabia. Génesis 10, sin embargo, al describir varias relaciones geográficas, dice que Evila es un hijo de Cus, y Cus es Etiopía.
El segundo río, Guijón, «rodea toda la tierra de Cus (Etiopía)». Esto coloca a los dos ríos en la cercanía de Cus, una zona al sur o cercana al sur de Egipto.
El tercer río, el Tigris, fluye hacia el este de Asiria, y se trata de una de las dos grandes vías fluviales de Mesopotamia. El cuarto río se conoce aún como el Eufrates, el otro gran río de Mesopotamia.
¿Dónde está el fallo? Tenemos dos ríos en Asia y dos al sur de Egipto. ¿Cómo pueden estar estos ríos conectados a una única fuente? ¿Cuál es la potente fuente de agua de la cual se derivan los otros cuatro ríos? ¿Y donde está el Nilo, que atraviesa Egipto, entre Asia y Etiopía? La narración en su forma actual representa una edición tardía realizada por alguien que conocía las tradiciones babilonias, pero que no era conocedor de la geografía africana.
Varias pistas sugieren que el gran río no nombrado del cual fluyen los otros cuatro es el Nilo.
1. El Nilo es el único río principal que no aparece nombrado en el texto.
2. Esta identificación explicaría cómo la geografía del Edén podía incluir dos ríos al sur de Egipto que se unen a otros nacimientos de ríos más hacia el norte.
3. La narración del jardín del Edén se deriva del mito heliopolitano de la Creación. En esa narración, después de que surgiera la primera tierra y las aguas se reunieran en el Nilo, el dios Shu bajó a Heliópolis y se convirtió en Osiris en forma de grano, plantando así un jardín al este del Nilo.
4. La tradición egipcia sitúa el árbol de la vida en Heliópolis.
5. La primera tierra en la tradición egipcia se conocía como la isla de Llamas (debido a la montaña en llamas que surgió de Nun) y cada uno de los centros de culto decía ser el emplazamiento de la primera tierra. En el Génesis, después de que Dios expulsa a Adán y Eva del jardín, bloquea la entrada con querubines empuñando llamas, lo que sugiere la idea de una «isla de llamas».
Estos puntos indican que el relato de cuatro ríos que fluyen de un río que surge del Jardín del Edén no tenía nada que ver con las dos aguas asiáticas descritas en la narración del Génesis. Originariamente, los cuatro brazos serían tributarios del Nilo, de los cuales dos se dividieron en el norte formando el delta de Egipto, y dos fueron divididos al sur por Etiopía.
Por consiguiente, cuando los hebreos llegaron a Babilonia, reemplazaron los nombres de los dos brazos del Nilo que formaban el delta de Egipto con los nombres de los dos ríos mesopotámicos que formaban el delta de Mesopotamia. Dejaron los dos brazos del sur intactos.
A medida que los hebreos comenzaron a ver su historia desde el punto de vista babilonio, fueron identificando muchas de las narraciones bíblicas con relatos similares de la literatura mesopotámica, y a menudo perdiendo de vista las raíces egipcias originales. Al transferir los ríos del delta egipcio a Mesopotamia, la isla de Llamas ya no mantenía ningún significado para ellos. Las llamas asociadas a la isla original se transformaron en espadas de fuego empuñadas por querubines.
En Mesopotamia, los hebreos aprendieron relatos sobre un lugar llamado Dilmun, que era comúnmente conocido en esa región como un antiguo paraíso de los primeros tiempos. Al sustituir las tradiciones mesopotámicas por las egipcias, creyeron que Edén y Dilmun podrían haber sido el mismo lugar.



Mito 27: En el jardín del Edén, Adán y Eva llevaron una vida sencilla y primitiva
El Mito: Tomó pues, el Señor Dios al hombre, y le puso en el jardín del Edén para que lo cultivase y lo guardase...
Y se dijo el Señor Dios: «No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda proporcionada a él». Y el Señor Dios trajo ante el hombre cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo los llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Y dio el hombre nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo; pero entre todos ellos no había para el hombre ayuda semejante a él... Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello (Gn 2, 15; 18-20; 25).
La Realidad: Las imágenes imprecisas de la vida en Edén se derivan de la descripción sumeria de la humanidad primitiva.
El Génesis sólo nos ofrece una breve mirada a la vida en Edén. Dios creó al hombre para que trabajara el jardín, el cual proporcionaba abundante comida. Pero el hombre se sentía sólo, asi que Dios creó a los animales para que le ayudaran y le acompañaran. Además de los animales, Dios también extrajo de la tierra todas las aves y otros animales, pero ni estos consiguieron soliviantar la soledad del hombre. Entonces Dios creó a la mujer para ayudarle. El hombre y la mujer estaban desnudos y no se avergonzaban de ello, pero tras comer el fruto prohibido, su desnudez se convirtió en vergüenza. A excepción del incidente con la serpiente y los consiguientes castigos, no poseemos más detalles acerca de la vida en el paraíso.
Las imágenes presentadas en el Génesis son paralelas a aquellas de las primitivas leyendas sumerias. Un relato del siglo xvii a.C. habla de una época en que:
Cuando los caminos de la humanidad habían sido olvidados por los dioses, se encontraban en lo alto del desierto (es decir, no se inundaban). En aquellos días no se abrían canales, no se dragaba por medio de zanjas.

El arado y la labranza todavía no se habían establecido para los pueblos sometidos.
Ninguno de los pueblos plantaba en surcos.
La humanidad de aquellos lejanos días, desde Shakan [el dios de los rebaños] aún no había llegado a las tierras áridas, no conocía los vestidos de telas finas, la humanidad andaba por ahí desnuda.
En aquellos días, al no existir las serpientes, al no existir los escorpiones, al no existir los leones, al no existir las hienas, al no existir los lobos, la humanidad no tenía contrincante alguno, y no existía ni el miedo ni el terror (líneas 1-15).
Cuando Anu, Enlil, Enki y Ninhursag crearon a las gentes de cabeza negra (es decir, los súmerios), crearon a los animales pequeños que salen de la tierra en abundancia e hicieron que hubiera, como correspondía, gacelas, asnos salvajes y bestias de cuatro patas en el desierto (líneas 47-50).
El texto se reanuda tras un intervalo de unas treinta y siete líneas con una indicación de que la monarquía había sido establecida desde el Cielo, y que el dirigente elegido debía supervisar la labor de los demás y enseñarle a la nación a ¡«seguir como el ganado»!
La visión que acabamos de ver comparte numerosas similitudes con el Génesis. Igual que en el relato bíblico, enfoca de cerca la necesidad de desarrollar la ganadería y remediar la desnudez de la humanidad. También nos dice que las criaturas útiles fueron extraídas de la tierra. Y, de modo implícito en el texto sumerio, la humanidad no sabe nada acerca de la moralidad. Las gentes existían para servir a los dioses y seguir instrucciones como si fuesen ganado. El rey, que representa a los dioses, se encarga de enseñarles todo lo que necesitan saber.
El texto no incluye ningún relato sobre la expulsión del paraíso, pero en los pocos pasajes que aun se conservan en la tablilla existe un testimonio sobre la construcción de las primeras ciudades. Esto continua teniendo un paralelismo con la trama del Génesis, que nos dice que Caín, hijo de Adán y Eva, construyó la primera ciudad tras ser expulsados del paraíso.



Mito 28 : La serpiente era la más sutil de todas las bestias
El Mito: Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera el Señor Dios... (Gen 3, 1).
La Realidad: El Génesis modelo a la astuta serpiente según la figura del dios egipcio Set, que adoptó la forma de la serpiente Apotis, enemiga de Ra.
A Adán y Eva se les ordenó que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal. A medida que se desarrolla la narración, Eva se acerca al árbol y encuentra en él a la serpiente. La serpiente anima a Eva a que pruebe el fruto, pero ésta le habla de la prohibición por parte de Dios y de la amenaza de muerte. La serpiente le contesta: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día que de el comáis se os abrirán los ojos y seréis como El, conocedores del bien y del mal» (Gn 3, 4-5).
La serpiente, quien seguramente ya había comido del árbol, evidentemente conoce el secreto del fruto, que representa el concepto egipcio de maat, (es decir, el orden moral; véase el Mito 20) y que comerlo otorga la vida eterna.
En nuestra discusión sobre los árboles de la ciencia y la vida, observamos que los egipcios tenían una imagen mística de la serpiente en un árbol. En imágenes de esta narración, los artistas egipcios muestran a un gato con un palo golpeándole la cabeza a una serpiente que habita en un árbol. El gato de este mito es Ra. el dios del sol, y la serpiente es Apofis, el enemigo de Ra que intenta tragarse el Sol al final de cada día. La acción de golpear la cabeza de la serpiente, por cierto, representa exactamente lo que Dios le ordenó a Adán que hiciera con la serpiente y su prole tras la expulsión del Edén.
Los egipcios a menudo identificaban a Apofis con el dios Set. una divinidad astuta y ambiciosa que quería quitarle el trono egipcio a su hermano Osiris. Con este fin, conspiró con sus aliados para asesinar a Osins y hacerse con la monarquía.
Primero, fingió amistad con su hermano y le ofreció como obsequio un sarcófago. Tras presentárselo, le pidió a Osiris que se tumbara dentro para ver si entraba bien. Inmediatamente después de que Osiris se hubiese acostado dentro, Set y sus aliados le mataron, cerraron el sarcófago y se deshicieron de él.
A pesar del asesinato, Osiris sobrevivió a la muerte y se convirtió en rey del más allá.
Esto nos lleva directamente a la serpiente del árbol de la ciencia. Tal y como observamos con anterioridad, el objetivo de la narración donde se le prohibe a la humanidad que coma del árbol de la ciencia era que el fruto del árbol representaba a ma 'at, y para que un Egipcio pudiera ser inmortal, él o ella debía demostrarle a Osiris que vivía en ma'at. Esto se contradecía con los principios religiosos del monoteísmo hebreo y las imágenes míticas de Osiris se tenían que eliminar.
Con la serpiente en el árbol, que se corresponde a Set, el asesino de Osiris, tenemos un desenlace irónico. Como castigo por buscar la inmortalidad adorando a Osiris, el pecador perdía su inmortalidad mediante las acciones del enemigo mortal de Osiris. el astuto y sutil Set.



Mito 29: Dios castigó a Adán, a Eva y a la serpiente
El Mito: Dijo luego el Señor Dios a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita serás entre todos los ganados, y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu pecho y comerás el polvo todo el tiempo de tu vida. Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar». A la mujer le dijo: «Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará. Al hombre le dijo: «Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol del que te prohibí comer, diciéndote no comas de él: por ti será maldita la tierra: con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida; te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, al polvo volverás». (Gn 3, 14-19).
La Realidad: Los castigos impuestos a Adán, a Eva y a la serpiente se inspiran en el ciclo egipcio de Osiris.
Puesto que violaron el mandamiento de Dios, Adán, Eva y la serpiente debían ser castigados. La naturaleza de los castigos se inspira en temas del ciclo de los mitos de Osiris.
En la narración de Osiris, después de que Set asesina a Osiris, el dios muerto consigue preñar a su esposa Isis. Temiendo que Set también mate a su hijo, Horus, Isis lo esconde en un pantano. Set descubre el escondite y en forma de serpiente se acerca al niño y le muerde en el talón. Sin la intervención de los dioses, Horus habría muerto. Cuando Horus alcanza la edad adulta, se enfrenta a Set y gana el derecho a suceder a su padre.
Consideren algunas de las imágenes de los mitos egipcios y compárenlas con la narración del Génesis. Dios castigó a la serpiente obligándola a arrastrarse y estableciendo una enemistad entre la mujer y la serpiente, y su hijo y la serpiente.

Arrastrándose sobre su pecho, la serpiente trata de morderle el talón al hijo. En el ciclo de Osiris, Set se arrastra sobre su pecho hacia el niño, le muerde el talón y se convierte en enemigo de la madre y del hijo.
En las escenas egipcias que muestran al Gran Gato de Heliópolis, vemos a Ra en forma de gato golpeando la cabeza de la serpiente que reside en un árbol. En el Génesis, a Adán se le ordena que golpee la cabeza de la serpiente que mora en el árbol.
El último de los grandes castigos eran dolores de parto para las mujeres. Queda implícito que hasta entonces los partos eran indoloros, una idea que encontramos en el mito sumerio de Enki y Ninhursag, donde el parto en el paraíso es indoloro. Sin embargo, ese mito no incluye ningún castigo que tenga como resultado un parto doloroso. En el ciclo de Osiris sí que hay una narración sobre las dificultades del parto y está conectada con la violación de una directiva realizada por la divinidad principal.
Según el relato egipcio, Geb y Nut eran amantes, y Ra les prohibió que copularan. Desobedeciendo el mandamiento de Ra, hicieron el amor y provocaron la ira de la divinidad principal. Éste ordenó a Shu que los separara (la separación de los cielos y la tierra) y declaró que Nut no sería capaz de dar a luz ningún día del año, provocando que su malestar personal no tuviera fin. El dios Tot se apiadó de ella y consiguió la luz de la luna para crear cinco días adicionales al final del año. Ya que estos días no pertenecían al año regular, la acción de Tot permitió a Nut dar a luz a sus cinco hijos durante esos cinco días.
Anteriormente, identificamos a Geb y Nut con Adán y Eva, y los paralelismos continúan. Ambas parejas de esposos ignoraron una orden directa de la divinidad principal y ambas mujeres fueron castigadas con dificultades en los partos. Puesto que los autores de la Biblia necesitaban mostrar esta narración en términos monoteístas, era necesario transformar a las numerosas divinidades egipcias en seres humanos. Al hacerlo, transformaron la narración específica de las dificultades de parto de Nut en el mito general sobre el proceso de parto de todas las mujeres.



Mito 30: Caín mató a Abel
El Mito: Conoció el hombre a su mujer, que concibió y parió a Caín, y dijo: «El Señor me ha dado un varón». Volvió a parir, y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor, y Caín labrador; y al cabo del tiempo hizo Caín una ofrenda al Señor de los frutos de la tierra, y se la hizo también Abel de los primogénitos de su ganado, de lo mejor de ellos; y agradóse el Señor de Abel y su ofrenda, pero no de Caín y la suya. Se enfureció Caín y andaba cabizbajo, y el Señor le dijo: «¿Por qué estás enfurecido y por qué andas cabizbajo? ¿No es verdad que, si obraras bien, andarías erguido, mientras que, si no obraras bien estará el pecado a la puerta como fiera acurrucada, acechándote ansiosamente, a la que tú debes dominar? Cesa, que él siente apego a tí, y tú debes dominarle a él». Dijo Caín a Abel, su hermano: «Vamos al campo». Y cuando estuvieron en el campo, se alzó Caín contra Abel, su hermano, y le mató.
Preguntó el Señor a Caín: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» Contestóle:
«No lo sé. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano?» Y le dijo Dios: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra (Gn 4, 1-9).
La Realidad: El relato de Caín y Abel tiene sus orígenes en el conflicto entre Set y Osiris, pero posteriormente la narración recibió la influencia de los mitos sumerios sobre un pastor llamado Dumuzi.
Adán y Eva tuvieron tres hijos varones llamados Caín, Abel y Set. Caín mató a Abel y Set fundó la línea de descendencia hebrea desde Adán hasta Abraham. En el Mito 17 observamos los paralelismos entre estos tres hijos de Adán y Eva y los tres hijos de Geb y Nut, los dioses Osiris, Horus, y Set, en el ciclo heliopolitano de la Creación. La narración del Génesis no sólo conserva uno de los nombres egipcios (Set), sino que, igual que en la narración egipcia, un hermano mata al otro y el tercero funda la línea de sucesión legítima. A pesar de los paralelismos, el autor del Génesis parece haber estado confundido acerca de quién es quién en la narración original.


Mito 31: Caín fundó una ciudad al este del Edén
El Mito: Caín, alejándose de la presencia del Señor, habitó la región de Nod al oriente de Edén. Conoció Caín a su mujer, que parió a Enoc. Púsose aquél a edificar una ciudad, a la que dio el nombre de su hijo Enoc. A Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael; Mejuyael a Matusael, y Matusael a
Lamec (Gn4,16-18).
La Realidad: Los cuatro posibles emplazamientos para la primera ciudad mitológica son Heliópolis o Tebas, ambas en Egipto, y Eridu o Bad-Tibira,
ambas en Mesopotamia.
Cuando Dios descubre que Caín ha asesinado a Abel, declara: «Cuando la labres (la tierra) no te dará sus frutos, y andarás por ella fugitivo y errante» (Gn 4, 12). Pero, casi inmediatamente después, Caín construye la primera ciudad, algo que no concuerda en absoluto con ser un vagabundo y un fugitivo. La contradicción recalca la confusión de los editores bíblicos sobre la identidad de Caín.
Al principio, Caín substituía a Osiris (el hijo mayor de los cielos y la tierra).
En la tradición egipcia, Osiris vagabundeó por todas partes para enseñar habilidades a la humanidad. También construyó la primera ciudad en el emplazamiento del monte primitivo y cada centro de culto egipcio afirmaba ser el lugar donde Osiris fundó la primera ciudad. En la tradición mesopotámica, las ciudades eran construidas a instigación de los dioses, y los humanos hacían los trabajos sucios. Varios textos hacen referencia a cinco ciudades que fueron construidas en tiempos remotos: Eridu, Bad-Tibira, Larak, Sippar, y Shurrupak; todas datan de principios del tercer milenio a.C.
En hebreo, el nombre «Caín» significa «herrero» o «metalista». Los herreros eran artesanos y los depositarios de la sabiduría de las artes. Los primeros mitos egipcios no mencionan a los metalistas, pero en Mesopotamia, una de las primeras ciudades, Bad-Tibira, significa «fortaleza de los metalistas», o «muro de los metalistas».
El Génesis aporta pocas pistas acerca de la identidad de la ciudad construida por Caín. Estaba ubicada al este del Edén en una tierra conocida como
Nod, y Caín le dio el nombre de su hijo a la ciudad. Fl nombre de su hijo ei\i Enoc, pero una antigua costumbre trataba a los nidos como si fueran los lijos de la ciudad, y la ciudad podría haber sido nombnula Irad, como nieto de Caín.
Por una parte, puesto que Caín el vagabundo construyo solo una ciudad, y no cinco, como dicta la tradición mesopotámica, y que originariamente representaba a Osiris, deberíamos dar por sentado que construyo la ciudad en Egipto. Ya que su relato se origino a partir del mito heliopolitano de la Creación, la elección mas probable sería Heliópolis, «ciudad del Sol», al este del Nilo, donde nace el sol. O bien, dado que el primer relato de la Creación en el Génesis deriva del relato tebano de la Creación, en el cual se inspini el segundo relato de la Creación, la primera ciudad podría ser Tebas. El nombre bíblico de Tebas era No, una cercana aproximación a Nod.
Por otra parte, tal y como vimos en el Mito 30, los editores de la Biblia desplazaron el relato de Caín como Osiris a las narraciones sumerias sobre Dumuzi, quien, según la lista de reyes súmerios, reinó en Bad-Tihira, «fortaleza de los metalistas», lo cual sugiere que los editores bíblicos trasladaron la primera ciudad, de manera intencionada o por error, desde Egipto a Mesopotamia. La identificación de Bad-Tibira con la herrería proporcionaba una buena conexión con Caín, el herrero, al menos para los editores posteriores de la Biblia.
Por último, tenemos otra ciudad como posible candidata. Eridu, una de las primeras cinco ciudades ubicadas al sudeste de Babilonia, siempre aparece en primer lugar en la lista de las cinco, indicando que los mesopotámicos la consideraban la más destacada y la más importante. Como la primera y más importante ciudad mesopotámica, es una buena elección como el lugar donde Caín pudo haber edificado su centro urbano. El nieto de Caín se llamaba Irad, una aproximación cercana a Eridu, lo cual sugiere otra posible conexión.
Además, los mesopotámicos hicieron a Eridu la ciudad del dios Enki. Podría existir alguna conexión entre los nombres Enki y Enoc, estableciendo así un enlace directo con el hijo de Caín. Algunas literaturas antiguas otorgan a Enki el nombre adicional de Nudimmud, que parece proporcionar una conexión de raíz con la tierra de Nod, convirtiendo así a Eridu en la tierra de Nod.
Cualquier conexión entre la ciudad de Caín y Mesopotamia, sin embargo, se debería a un enlace posterior. La ciudad original habría estado ubicada en Egipto.



Mito 32: Dios envió un diluvio para destruir la humanidad
El Mito: La tierra estaba toda entonces corrompida ante Dios y llena de violencia. Viendo, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra, le dijo a Noé: «He decidido el fin de toda carne, pues la tierra está llena de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra (Gn 6,11 -13).
La Realidad: El relato de Noé y el diluvio se originó como una versión monoteísta del mito hermopolitano de la Creación y se presenta como un testimonio ampliado de los acontecimientos del primer día de la Creación.
En el mito hermopolitano de la Creación, cuatro entidades masculinas y cuatro femeninas surgieron del diluvio primitivo y se arrastraron hasta la primera tierra. Estos cuatro varones y féminas, conocidos como los Ogdóadas (es decir, grupo de ocho) dieron a luz colectivamente a Ra, la divinidad creadora, que flotaba sobre una flor de loto mientras un pájaro volaba sobre su cabeza.
Las cuatro divinidades masculinas eran Nun, Heh, Kek y Amón, quienes representaban los cuatro elementos primarios del universo antes de la Creación, pero en algunos textos son substituidos por otras divinidades. Nun representaba el diluvio primitivo y los egipcios lo solían retratar en forma antropomórfica, de pie y con las aguas primitivas cubriéndole hasta la cintura, mientras alza la barca solar con las otras divinidades dentro.
También en el relato de Noé cuatro machos y cuatro hembras surgen de un diluvio mundial después de que una montaña emerge de las aguas, pudiendo haber nacido durante ese intervalo de tiempo una sola criatura (véase el Mito 33) con algunas interesantes preguntas acerca de quienes eran sus padres. También incluye la aparición de aves, una de las cuales se comporta de manera distinta a las demás (véase el Mito 34). Además, los nombres de Noé y de sus tres hijos se parecen bastante a los nombres asociados con el ciclo egipcio de la Creación.
En el hebreo bíblico antiguo, la palabra «Noé» (que debería transcribirse como «Noach») consta sólo de dos letras, nun y ched. No sabemos cuales eran las vocales originales, porque el hebreo antiguo no utilizaba vocales. La asignación actual de las vocales es especulativa.
Es interesante observar que nun, el nombre hebreo de la primera letra del nombre de Noé, es la misma palabra que utilizan los egipcios para nombrar al diluvio primitivo. El nombre del héroe del diluvio bíblico, por tanto, se corresponde con el nombre de la divinidad egipcia que representa el gran diluvio de la Creación y que guía la barca solar a través de las aguas.
Otra coincidencia interesante entre Noé y Nun tiene que ver con la imagen de una serpiente. Los egipcios retrataban a las cuatro entidades masculinas de la Ogdóada (las ocho divinidades, incluyendo a Nun, que surgió del diluvio) como serpientes. En la escritura hebrea primitiva, la letra nun se desarrollaba a partir de la imagen de una serpiente.
Los nombres de los tres hijos de Noé, Sem, Cam, y Jafet, también presentan conexiones con el relato hermopolitano de la Creación. Sem es el mayor de los tres hijos de Noé y tiene un nombre de lo más inusual. En hebreo significa «nombre». Así, Noé llamó a su hijo «nombre», lo cual no tiene mucho sentido. Entre los judíos religiosos, sin embargo, la palabra shem se substituye a menudo por el nombre de Dios, y parece poco probable que los escribas hebreos tuvieran la intención de equiparar al hijo de Noé con la divinidad hebrea.
La palabra shem también forma la raíz de la palabra hebrea shemoneh, que significa ocho. Esto proporciona una conexión con la ciudad egipcia de Hermópolis. Hermópolis es el nombre griego de la ciudad, pero los egipcios la llamaban Shmn, que significa «ciudad-ocho», por las ocho divinidades hermopolitanas que surgieron del diluvio (la palabra hebrea y egipcia para «ocho» es la misma). Así, tanto el nombre del hijo de Noé —Sem—, como el nombre egipcio de la ciudad —Shmn—, se refiere a las ocho divinidades hermopolitanas que surgieron del diluvio primitivo.
Cam, el nombre del segundo hijo de Noé, se pronuncia «Chem» en hebreo, y es considerado el padre de las gentes egipcias y africanas. Cam se deriva de la antigua palabra egipcia keme, que significa «tierra negra» y hace referencia a la fértil tierra negra que queda cuando la inundación del Nilo retrocede.
El tercer hijo de Noé es Jafet, y muchos han intentado identificar el nombre Jafet con el griego lapetos, una divinidad mitológica cuyo hijo, Deucalio, ejerce de héroe en un mito griego de inundación. Por muy tentadora que resulte esa correlación, sólo cobra sentido si el mito griego hubiese influido el desarrollo de la narración bíblica, una conclusión para la cual no tenemos ninguna evidencia.
Sin embargo, si regresamos a la esfera egipcia, volvemos a hallar otra conexión. En hebreo antiguo, el nombre Jafet está formado por tres consonantes: «J-Ph-Th». Los sonidos «ph» y «th» son lingüísticamente equivalentes a «p» y «t», así que el nombre se puede escribir como J-PT. En hebreo, al combinar el nombre de Dios con otra palabra, uno utilizaría una «J» para el nombre de dios, que suele aparecer transcrito como «Jo» o «Ja» [en forma abreviada en inglés: Yo o Yah], En J-PT, la parte PT del nombre contiene las mismas letras utilizadas para el nombre de la divinidad creadora menfita, Ptah, así que Jafet sería el equivalente lingüístico del nombre «Dios-Ptah». Esta es una forma típica egipcia de combinación de nombres, como por ejemplo Atum-Ra o Ra-Herakhte. También sugiere el término hebreo utilizado habitualmente de «Señor Dios».
En nuestra explicación del primer día de la Creación (véanse Mitos 2-4), vimos que el primer día consolidaba la aparición de las ocho primeras divinidades hermopolitanas con la presencia de Ptah, que invocó a la primera luz. El nombre «Dios-Ptah» simboliza esa relación, combinando las ocho divinidades hermopolitanas con Ptah.
Los nombres de Noé y de sus tres hijos, por tanto, pueden considerarse correspondencias cercanas al mito hermopolitano de la Creación. Noé equivale a Nun, el diluvio primitivo; Cam significa la primera tierra que surgió de las aguas; Sem representa la ciudad de Hermópolis, Shmn, construida sobre la primera tierra (según la tradición hermopolitana), y Jafet corresponde a la divinidad creadora primaria, una forma combinada de las Ogdóadas hermopolitanas y Ptah. Debido a que los escribas hebreos necesitaban presentar al mundo un relato monoteísta, tuvieron que reescribir el relato para que las conocidas divinidades egipcias aparecieran con forma humana en este mito.


Mito 33: Cam era el padre de Canaán
El Mito: Fueron los hijos de Noé salidos del arca Sem, Cam y Jafet; Cam era el padre de Canaán (Gn 9, 18).
La Realidad: Canaán era originariamente el dios Ra en el mito hermopolitano de la Creación, y era el hijo de los cuatro machos del arca.
Según el mito hermopolitano de la Creación, las cuatro entidades masculinas y las cuatro femeninas dieron a luz colectivamente al dios Ra, la divinidad hermopolitana creadora y divinidad solar. En el relato de Noé, también aparece una sola criatura que nace durante el periodo del diluvio. Se llamaba Canaán y el escritor bíblico se muestra inexorable acerca de la identificación de su parentesco.
Primero, el texto dice: «Fueron los hijos de Noé salidos del arca Sem, Cam, y Jafet; Cam era el padre de Canaán». El pasaje sugiere que Canaán también salió del arca, pero no lo dice exactamente. Sólo tres versículos después, el autor nos vuelve a recordar el parentesco de Canaán: «Vio Cam, el padre de Canaán, la desnudez de su padre, y fue a decírselo a sus hermanos» (Gn 9, 22).
Estas son las primeras dos menciones de Canaán en la Biblia, y en ambas ocasiones el versículo sugiere que el nacimiento de Canaán ha tenido lugar, pero no dice explícitamente en qué punto de la narración ocurre. Sin embargo, dos veces dice que Cam es el padre. Inmediatamente después sigue un pasaje enigmático:
Y tomando Sem y Jafet el manto, se lo pusieron sobre los hombros, y yendo de espaldas, vuelto el rostro, cubrieron, sin verla, la desnudez de su padre. Despierto Noé de su embriaguez, supo lo que con él había hecho el más pequeño de sus hijos, y dijo: «Maldito Canaán, esclavo de los esclavos de sus hermanos será». Y añadió. «Bendito el Señor, Dios de Sem. Y sea Canaán su esclavo. Dilate Dios a Jafet, y habite éste en las tiendas de Sem y sea Canaán su esclavo» (Gn 9, 23-27).
En la escena anterior, Cam había visto a su padre desnudo y se lo había contado a sus hermanos. Entonces los otros dos hermanos taparon a su padre. Pero cuando Noé despertó maldijo al «más pequeño de sus hijos», Canaán, no Cam, quien le había visto desnudo. Puesto que esto sucede poco después de que Noé y su familia desembarcan, ¿de dónde salió Canaán, y cómo podía tener la edad suficiente para provocar dicha travesura, a no ser que ya hubiese estado en el arca?
Para que no exista confusión alguna sobre si el autor equivocadamente substituyó a Cam por Canaán como el hijo más pequeño, deberíamos observar que en todas las ocasiones en que la Biblia menciona a los tres hijos de Noé juntos, el nombre de Cam aparece en segundo lugar. Se trataría de una formula literaria cuya intención sería informar al lector de que Cam era el segundo hijo, y no el más pequeño.
¿Quién era el padre de Canaán, Noé o Cam? El tema debió estar rodeado de bastante confusión, porque en algún momento al menos un editor de la Biblia consideró que era necesario reiterar varias veces que Cam era el padre. La confusión se originó a partir del hecho de que en la tradición hermopolitana, cuatro entidades masculinas del arca eran los padres del mismo hijo, y esto no tenía ningún sentido para los hebreos monoteístas posteriores. Era necesario volver a examinar el tema del parentesco.
La identificación de Cam como padre de Canaán se debería a un cambio posterior, bien entrado en el periodo de la monarquía hebrea (véase el Mito 45). Se originó a partir de la idea que la tierra de Egipto (es decir, Cam) era padre de la tierra de Canaán, una creencia que se ve reflejada en Génesis 10, donde se pretende realizar un seguimiento del origen de las naciones tras el diluvio.
Esto sugiere que Canaán originariamente tenía un nombre distinto; un nombre que reflejaría su conexión con el dios solar Ra en su forma infantil. (Ra tenía varios nombres diferentes. Hay una letanía que enumera al menos setenta y cinco.) Esto explicaría por qué Noé maldice a Canaán en vez de a Cam. Originariamente Canaán representaba al dios Ra, la divinidad hermopolitana creadora, y los sacerdotes hebreos necesitaban disminuir la influencia del Ra egipcio sobre las creencias de los primeros refugiados hebreos de Egipto.

Mito 34: Noé liberó a unos pájaros para saber si se había secado la tierra
El Mito: Y para ver cuánto habían menguado las aguas, soltó un cuervo, que volando iba y venía, mientras se secaban las aguas sobre la tierra. Siete días después, para ver si se habían secado ya las aguas sobre la superficie de la tierra, soltó una paloma, que como no hallase dónde posar el pie, se volvió a Noé, al arca, porque las aguas cubrían todavía la superficie de la tierra. Sacó él la mano, y tomándola la metió en el arca. esperó otros siete días, y al cabo de ellos soltó otra vez la paloma, que volvió a él al atardecer, trayendo en el pico una ramita de olivo. Conoció Noé que habían disminuido las aguas sobre la tierra; pero todavía esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma, que ya no volvió más a él (Gn 8, 7-12).
La Realidad: El redactor de la Biblia combinó una escena del relato egipcio de un pájaro durante el nacimiento de Ra con un episodio de narraciones babilonias de diluvios.
Otro fragmento del mito hermopolitano de la Creación habla de la aparición de un pájaro durante el nacimiento de Ra. Aunque, como vimos anteriormente, los redactores de la Biblia presentaron un testimonio confuso sobre el nacimiento de Canaán, el contexto dejaba claro que éste nació durante el diluvio. También sugería que era más que un bebé cuando desembarcó, siendo este un problema bastante confuso que trataremos en breve.
Aunque no podemos correlacionar la aparición del pájaro benben (Benu) con el nacimiento de Canaán, sí podemos mostrar que el pájaro benben apareció en la narración original del diluvio.
En el Génesis, después de que Noé y su familia llegan a la cima de una montaña, Noé libera simultáneamente una paloma y un cuervo para ver si son capaces de encontrar un lugar lo bastante seco donde posarse. La paloma regresa, pero el cuervo vuela durante dos semanas mientras se seca la tierra. Noé suelta a la paloma dos veces más y, durante el tercer vuelo, la paloma no regresa, señalando que la inundación ha retrocedido.
No queda claro por qué Noé no pudo sencillamente mirar desde la cima de la montaña para ver si podían desembarcar. Ni tampoco tenemos una explicación de por qué soltó dos pájaros el mismo día.
El incidente de los pájaros presenta un paralelismo sorprendente con el mito mesopotámico del diluvio conservado en la épica del Poema de Gilgamesh. En esa narración, Utnapishtim, el héroe del relato del diluvio, también se sitúa sobre la cima de una montaña y en tres ocasiones libera pájaros por el mismo motivo que lo hace Noé. Son este tipo de detalles los que llevan a la conclusión de que el autor de Gilgamesh y el autor de la Biblia compartían fuentes comunes para sus relatos.
Pero las narraciones de los pájaros de Gilgamesh y Noé presentan unas diferencias que confunden. En la primera, Utnapishtim libera tres pájaros distintos en el siguiente orden: paloma, golondrina y cuervo. Noé, sin embargo, libera cuatro pájaros en tres ocasiones. Al principio suelta a una paloma y a un cuervo. La paloma regresa, pero el cuervo sigue volando por ahí. Luego vuelve a soltar a la misma paloma dos veces más. ¿Por qué en el Génesis se sueltan pájaros cuatro veces y en la narración de Gilgamesh sólo tres veces?
La contradicción recalca los problemas con los que se enfrentaba el redactor bíblico. Por un lado, tenía un relato de Egipto en el cual un solo pájaro volaba sobre el diluvio. Por otra, tenía un relato de Mesopotamia en el cual tres pájaros eran liberados y dos regresaban. En total, tenía cuatro pájaros, dos que regresaban y dos que no.
El editor bíblico colocó a los cuatro pájaros en el relato revisado, pero el cuervo planteaba un problema especial. En la épica del Poema de Gilgamesh, el héroe liberaba una paloma al principio de la secuencia y un cuervo al final; la paloma regresaba y el cuervo no. En el Génesis, Noé libera una paloma y un cuervo a la vez y, como en el Gilgamesh, la paloma regresa y el cuervo no. En el Poema de Gilgamesh, el héroe también libera una golondrina, pero en el Génesis este pájaro no aparece. En cambio, Noé suelta la paloma dos veces más.
El redactor bíblico debió encontrarse con más de una fuente para el relato del diluvio babilonio, la versión tradicional de Gilgamesh con una golondrina, una paloma y un cuervo, y otro relato con sólo palomas o pájaros sin identificar. A través de los escritos de Beroso, un sacerdote Babilonio de la época de Alejandro Magno, sabemos que al menos una versión del relato incluía la liberación de tres grupos de pájaros no identificados.
En la fuente egipcia, el pájaro que no regresa habría sido un pájaro ben-ben, que los egipcios identificaban con la garza, y ésta se comportaba de manera distinta a los pájaros babilonios, sobre todo porque no tenía necesidad de buscar tierra firme, ya que permanece en el aire y vuela hasta que aparece la primera tierra.
El autor de la Biblia, que sabía por los relatos babilonios que debía ofrecer una explicación por un cuervo que no regresa, substituye sencillamente el cuervo babilonio por la garza egipcia, y la deja volar por todas partes hasta que encuentra un lugar donde posarse.


Mito 35: El diluvio tuvo lugar durante la décima generación de la humanidad
El Mito: Noé tenía seiscientos años de edad cuando el diluvio inundó la tierra (Gn. 7,6).
La Realidad: Para ajustarse a las tradiciones babilonias, los redactores de la Biblia trasladaron el relato del diluvio desde el primer día de la Creación a la décima generación de la humanidad.
El Génesis sitúa a Noé en la décima generación desde Adán y sitúa el diluvio en el año seiscientos de Noé. A partir de la cronología del Génesis (en el texto masorético), sabemos que el diluvio tuvo lugar 1656 años después del nacimiento de Adán, pero debido a una serie de incongruencias y contradicciones en los datos bíblicos relacionados con la fecha del Éxodo (véase el Mito 72), no podemos determinar con precisión el año en que Adán fue creado. Dentro de los parámetros aceptados, sin embargo, podemos datar su aparición entre 4004 y 3761 a.C. La segunda fecha proviene de las tradiciones judías, mientras que la primera se deriva de los cálculos realizados por el obispo Usher en el siglo xvn. Otras estimaciones nos dan una fecha para el diluvio entre 2348 y 2105 a.C., lo cual es un margen de tiempo totalmente inverosímil.
La I dinastía Egipcia data de 3100 a.C. y mediante una gran cantidad de evidencias arqueológicas egipcias, de Oriente Próximo y del Mediterráneo sabemos que no tuvo lugar ningún diluvio mundial (o al menos a gran escala en Oriente Próximo) después del inicio de la I dinastía Egipcia. Por tanto, basado exclusivamente en datos arqueológicos, el diluvio bíblico no pudo haber ocurrido durante ninguna de las fechas señaladas para Noé.
Ya que la Biblia también nos cuenta que Moisés se crió como un hijo adoptado por la familia real, podría haber recibido una educación egipcia de primera categoría y habría conocido la historia de Egipto desde la I dinastía hasta su propia época. Si él hubiese creído en algún diluvio a gran escala, lo habría situado mucho antes de la I dinastía egipcia, y no en tiempos de Noé.
Tal y como vimos en los Mitos 32-33, el relato del diluvio de Noé se originó a partir del mito hermopolitano de la Creación y debió suceder antes de la aparición de la humanidad.
Entonces, ¿por qué los editores de la Biblia cambiaron periodos de tiempo? La respuesta se encuentra en una forma corrupta de la antigua lista de reyes sumerios, que registraba la sucesión de monarcas que reinaron en la antigua Mesopotamia, tanto antes como después del diluvio de la mitología babilonia.
En las versiones mesopotámicas del diluvio, éste tuvo lugar mucho después de la Creación. En un documento sumerio que data de 2000 a.C., tenemos una lista de los primeros ocho reyes de Sumer. Estos reyes reinaron de manera combinada durante 241 mil años, y el diluvio ocurrió durante el octavo mandato. Pero en una versión posterior de esta lista, que data del siglo iv a.C, el diluvio tuvo lugar durante el reinado de un décimo rey llamado Ziusudra, y pasaron 432 mil años antes de que llegara el diluvio. Ziusudra no aparece en la primera lista de reyes sumerios, pero su nombre corresponde a una pronunciación heleniza-da, uno de los nombres del héroe del diluvio babilonio. (No podemos decir en qué momento se modificó la lista de reyes sumerios, sólo que ocurrió entre 2000 y 400 a.C. Si lo supiéramos con exactitud, esto tendría un enorme impacto sobre la fecha en que se formuló el texto bíblico).
Mientras que los textos babilonios también datan el diluvio decenas de miles de años antes de la época de Noé, el situar el diluvio en la décima generación de un reinado establece un paralelismo con la situación de Noé en la décima generación de la humanidad. La cifra de 432 mil años de la segunda lista de reyes, tal y como veremos a continuación, añade un segundo paralelismo de correspondencia con el relato bíblico.
Los babilonios utilizaban unos espacios de tiempo enormes e inverosímiles en sus listas de monarcas, de decenas de miles de años para cada uno de los primeros reyes. También dividían estos espacios de tiempo en unidades menores, de las cuales una se llamaba saroi, y duraba 3600 años. Un período de 432 mil años, por tanto, equivale a 120 sarois. Esto nos recuerda que en el relato bíblico, Dios le dice a Noé: «No permanecerá por siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne. Ciento veinte años serán sus días» (Gn 6, 3).
¿Qué significa decir que «ciento veinte años serán sus días»? Una interpretación es que 120 años definía la vida más larga permitida para los humanos. Pero, después del diluvio, varias generaciones vivieron más de 120 años, así que esto no puede ser correcto. Otra interpretación es que este era un aviso de que el diluvio llegaría dentro de 120 años. Este sería el significado correcto, pero los 120 años habrían sido originariamente 120 sarois, y el aviso habría sido que el diluvio tendría lugar 120 sarois después de que el primer rey llegara al poder.
La cronología bíblica no podía permitir un período de tiempo tan enorme, y los redactores sencillamente dieron por sentado que los «sarois» se debían substituir por «años» para así acomodar la cronología ya existente en el Génesis.


Mito 36: Toda la vida terrenal se había vuelto corrupta y debía ser destruida
El Mito: La tierra estaba corrompida ante Dios, y llena de violencia. Vio, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo entonces Dios a Noé:
«El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra» (Gn 6, 11-13).
La Realidad: El tema de la corrupción terrenal y su castigo combina un mito egipcio perteneciente al «Libro de la Vaca Divina» con relatos babilonios sobre el ahogamiento de la humanidad.
El Génesis ofrece dos explicaciones diferentes para la ira de Dios contra la humanidad y por qué envía el diluvio. En Génesis 6, 5-7, la ira de Dios se enciende primero a causa de la maldad presente en la humanidad, pero por algún motivo que no se explica, decide destruir no sólo a los humanos, sino también a las bestias, los reptiles y las aves.
Viendo el Señor cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón, y dijo: «Voy a exterminar al hombre que creé sobre la superficie de la tierra; y con el hombre, a los ganados, reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa haberlos hecho» (Gn 6, 5-7).
Génesis 6, 11-13 trata de la corrupción y violencia más que de la maldad, e imputa dicho comportamiento a todas las criaturas, no sólo a los humanos, diciendo que la tierra esta corrompida y toda la carne (no sólo la carne de la humanidad) ha corrompido las enseñanzas de Dios.
La primera explicación sugiere un desorden natural entre todas las especies, mientras que la segunda sugiere un desorden moral sólo entre los humanos.
En el «Libro de la Vaca Divina» encontramos una situación parecida a la primera explicación. La humanidad se había vuelto corrupta y se había rebelado contra la autoridad de Ra, quien, en este relato, era la divinidad principal de los dioses.
Ra enfoca su justo castigo sólo contra los elementos corruptos. Animado por Nun, la representación antropomórfica del diluvio primitivo, Ra envía al cielo (en forma de la diosa Hathor) para destruir al enemigo. Como en el Génesis, la divinidad se arrepiente de su respuesta violenta y detiene la destrucción. El relato egipcio también incorpora un modesto diluvio, pero su objetivo era el de distraer a Hathor de su misión destructora, en vez de ahogar a la humanidad. Con todo, hacer que Nun, el diluvio primitivo, dirija a Hathor, el cielo, para que destruya la tierra, proporciona una poderosa imagen poética- de las aguas superiores y las aguas inferiores que se combinan para destruir la humanidad. Esto concuerda con la imagen presentada por la Biblia.
A ios seiscientos años de la vida de Noé, el segundo mes, el día diecisiete de él, se rompieron todas las fuentes del abismo, se abrieron las cataratas del cielo (Gn 7, 11).
El relato egipcio corresponde a aquella parte de la narración en la cual sólo la maldad de la humanidad era el tema de preocupación: la humanidad había sido mala y debía ser castigada. Pero la Biblia también condena a muerte a todas las criaturas vivientes, mientras que el relato egipcio sólo castiga a los malhechores.
Esta incongruencia entre las dos explicaciones del diluvio surge de los esfuerzos de los redactores de la Biblia para integrar los mitos egipcios y babilonios. En ambos casos, las fuentes extranjeras hablan de un tiempo posterior a la Creación cuando la divinidad principal se enfadó con la humanidad e intentó destruir la raza. Pero existían algunas diferencias en las dos narraciones de origen.
En la narración egipcia, la humanidad se comporta mal y el dios dirige su venganza sólo contra los malhechores. En la narración babilonia, los dioses sencillamente deciden acabar con todas las criaturas vivientes, tanto hombres como bestias. De manera sorprendente, el autor del mito de Gilgamesh no ofrece explicación alguna para esta acción destructora. Si bien, en un momento de la narración, una de las divinidades castiga a la divinidad principal por sus actos sin sentido:
«Oh guerrero, el más sabio de los dioses: ¿Cómo habéis podido sin reflexionar provocar este diluvio?»
Una versión anterior del relato babilonio del diluvio, conocida como Atrahasis, proporciona el motivo que falta: la humanidad se había vuelto demasiado ruidosa y su comportamiento irritaba a los dioses y diosas. Por consiguiente, la divinidad principal envía un diluvio para acabar con toda la vida terrenal.
Puesto que el relato babilonio del diluvio describe la destrucción de toda la vida terrenal a excepción de la que se encuentra en el arca de Utnapishtim, por motivos de concordancia, los editores de la Biblia cambiaron el final del relato egipcio en el cual Ra destruye sólo a los malvados, a otro en el cual destruye toda la vida terrenal excepto la que se halla en el arca de Noé. Al volver a contar la leyenda del diluvio, los redactores bíblicos combinaron porciones tanto de los relatos egipcios como de los babilonios.


Mito 37: Los hijos de Dios se casaron con las hijas del hombre
El Mito: Y... los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes, los famosos varones de la antigüedad (Gn 6, 4).
La Realidad: El relato describe las condiciones políticas durante el primer periodo intermedio de Egipto (h. 2300-2040 a.C.).
Los redactores de la Biblia dataron el diluvio entre 2348 y 2105 a.C. Este espacio de tiempo coincide con el Primer Periodo Intermedio de Egipto, una era de gran caos, corrupción y guerra civil. Tal y como «dice un papiro:
El arquero está preparado. El malhechor está por todas partes. No hay ningún hombre de ayer. Un hombre ase un arado con su escudo. Un hermano golpea a su hermano, el hijo de su madre. Los hombres esperan en los matorrales la llegada del viajero ignorante para robarle. El ladrón es poseedor de riquezas. Las cajas de ébano se rompen. La preciada madera de acacia se parte en dos.
En esta época, el centro de los problemas políticos de Egipto era la decreciente autoridad de los monarcas reinantes en Menfis y la creciente rebeldía de los señores de la guerra locales procedentes de la ciudad egipcia de Heracleópolis. Los opositores consiguieron su-ficiente poder para declararse los dirigentes oficiales de Egipto, pero los; escritores egipcios posteriores consideraban que la dinastía heracleopolita era ilegitima, y muchas listas de reyes egipcios la omitían del listado de monarcas.
Según las creencias egipcias, el rey personificaba al dios Horus, una divinidad solar que se convirtió en rey de Egipto tras la muerte de su padre Osiris, y cualquier desafío a la autoridad del binomio Horus/faraón constituía un desafío al orden natural del universo. Los egipcios eran muy conservadores en sus tradiciones, y no reconocían los cambios importantes de buen grado. Menfis había sido la sede de la autoridad real durante casi ochocientos años cuando Heracleópolis la desafió para acceder al poder. La reivindicación de la oposición tenía que estar basada tanto en argumentos teológicos como políticos.
Desde un punto de vista teológico, Heracleópolis debía demostrar que sus reyes, y no los de Menfis, continuaban la línea de sucesión de Horus. Desde un punto de vista político, necesitaban tener una base razonable para realizar tal reivindicación. La unidad de los argumentos teológicos y políticos nacería probablemente del matrimonio entre miembros de las familias heracleopolitas y menfitas gobernantes. Los hijos de ese matrimonio proporcionarían una base para un desafío político y teológico contra cualquier sucesor alternativo preferido por Menfis.
Esto nos conduce nuevamente al Génesis, que sitúa el diluvio y la era de maldad que lo precede durante el primer periodo intermedio de Egipto (h. 2300-2040 a.C.). Génesis 6,5 indica el deseo de Dios de destruir la humanidad debido a la maldad de ésta. Inmediatamente antes de este versículo, el Génesis ofrece un pasaje introductorio para explicar por qué las cosas no iban bien. Los «hijos de Dios» se habían casado con las «hijas del hombre» y habían engendrado hijos. Como resultado, los descendientes se habían vuelto corruptos y malvados.
¿Quiénes eran los hijos de Dios y las hijas del hombre? La explicación tradicional mantiene que los hijos de Dios eran los descendientes de Set (el tercer hijo de Adán y Eva, y el antepasado del pueblo hebreo) y las hijas del hombre eran los descendientes de Caín. Esto crea un parentesco que mezcla los malditos y los benditos. Pero si observamos el relato en un contexto egipcio, hay otra interpretación que tiene más sentido.
Los hijos de Dios eran los hijos de un faraón reinante, o sea, los hijos de Horus. Las hijas del hombre eran las hijas de una familia que no formaba parte de la realeza. Durante el Primer Periodo Intermedio, Heracleópolis desafió a Menfis por el derecho a gobernar. Detrás de ese desafío existiría el matrimonio entre un hijo de la familia real menfita y una hija de la familia heracleopolita gobernante. Tras la muerte del faraón, varias facciones de Menfis y Heracleópolis se disputarían el puesto de sucesor legítimo. El vacío de poder resultó en reivindicaciones para competir por el trono, y en un periodo de corrupción generalizada, caos y guerra civil. Los acontecimientos de esta época consiguieron entrar en la narración del Génesis como el relato de los hijos de Dios y las hijas del hombre.



Mito 38 : Noé salvó sólo a una pareja de cada especie
El Mito: Y de todo ser viviente de toda carne meterás parejas en el arca para que tengan vida contigo; serán macho y hembra (Gn (6, 19).
La Realidad: El Génesis contiene afirmaciones contradictorias acerca de cuántos animales embarcaron.
La mayoría de nosotros ha oído decir que Noé subió a bordo del arca a una pareja de cada especie para así repoblar el mundo tras el diluvio. Pero el Génesis conserva una declaración contradictoria acerca del número de animales que subieron a bordo. En Génesis 7, 2-3 dice:
De todos los animales puros toma siete parejas, machos y hembras, y de los impuros, una pareja, macho y hembra. También de las aves del cielo siete parejas, machos y hembras, para que su descendencia se conserve sobre la faz de la tierra toda.
Esta contradicción surge a raíz de los conflictos religiosos sobre el tema del sacrificio de los animales. Los autores de la fuente J creían en la práctica del sacrificio de animales, en cambio los autores de la fuente S no.
Tras el diluvio, Noé sacrifica animales a Dios. Si sólo hubiese tenido dos de cada especie, un macho y una hembra, los animales sacrificados no podrían reproducirse y repoblar la especie. Por tanto, tenía que incluir animales adicionales para sacrificar. Ya que los autores de la fuente S no creían en el sacrificio de animales, no necesitaban más que una pareja de macho y hembra para sus necesidades reproductoras.
Sin embargo, ¿por qué era necesario salvar a los animales? Sabemos por Génesis 1 que Dios podía crear animales a partir del agua, y por Génesis 2 que los podía crear de la tierra. Tras el diluvio. Dios podía haber creado todos los animales que quisiera.




Mito 39: La lluvia duró cuarenta días y cuarenta noches
El Mito: Porque dentro de siete días voy a hacer llover sobre la la tierra , cuarenta días y cuarenta noches, v exterminaré de la tierra cuanto hice... y estuvo lloviendo sobre la tierra durante cuareuta días v cuarenta noches .(Gn 7.4. 12).
La Realidad: fas fuentes J y S discrepan acerca de cuando cesaron las lluvias. La J dice que duraron cuarenta días, mientras que la S dice que duraron 150.
Los redactores bíblicos trabajaron a partir de dos cronologías del diluvio distintas, una de la fuente J y otra de la fuente S. Según la fuente J las lluvias duraron cuarenta días. Según la fuente S, las lluvias duraron 150 días.
En Génesis 7, 12 dice que diluvió sobre la tierra cuarenta días y en Génesis 7, 17 se nos dice que diluvió sobre la tierra durante cuarenta días. Luego Génesis 8, 6 dice que, pasados cuarenta días nmas, Noé abrió la ventana del arca para liberar a los pájaros. Aunque los tres periodos de cuarenta días podrían ser uno sólo y el mismo, en el contexto parecen ser periodos secuenciales. Resulta interesante observar que tres periodos de enarenta días suman 120 días, la duración de la temporada de lluvias egipcias según el calendario solar.
Entremezclados con estos tres versículos hay otros pasajes que también mencionan la cronología de1 diluvio. Génesis 7, 24 dice que las aguas persistieron durante 150 días y dos versículos después dice: "Cerráronse las fuentes del abismo y las cataratas del cielo, y ceso de llover" (Gn 8, 2). Al leer la narración en orden cronológico tal y como pretendían los editores de la Biblia, encontramos que ha pasado un periodo de 150 días desde que las aguas suben de nivel el cese de la lluvia-
Hay dos periodos distintos de lluvia porque los editores de la biblia travbajaron a partir de dos narraciones distintas. En una versión, derivada de de la fuente J, el relato del diluvio está basado en el calendario solar egipcio que los egipcios dividían en tres temporadas de 120 días, de las cuales una era la temporada de inundación, con cinco días añadidos al final del año. En la otra, derivada de la fuente S, el relato del diluvio está basado en el calendario egipcio solar-lunar, un ciclo que duraba veinticinco años, con 309 meses completos.
El conflicto entre las dos fuentes se ve aumentado en las declaraciones acerca de cuándo se secó la tierra. Génesis 8, 13 dice que la tierra se secó el primer día del primer mes del año 601 de la vida de Noé. El siguiente versículo dice que la tierra se secó el día veintisiete del segundo mes del año 601 de Noé. Parte de esta confusión ocurre porque el primer periodo seco sucedió el día 309 de la cronología de la fuente S, marcando la conexión con el calendario solar-lunar, pero que a la vez marca el día 360 después del cumpleaños 600 de Noé en la cronología de la fuente J, marcando la conexión con el calendario solar.

Mito 40: El diluvio cubrió la tierra entera y todas las montañas
El Mito: Quince codos subieron las aguas por encima de ellos, y así fueron cubiertos los montes (Gn 7, 20).
La Realidad: Quince codos equivalen a una profundidad de aproximadamente 7,5 metros, lo suficiente para cubrir la tierra, pero ninguna montaña.
Aunque el Génesis dice que las aguas subieron lo suficiente para cubrir todas las montañas, sólo da una altura de quince codos. El codo tiene un largo aproximado de unos cincuenta centímetros. Quince codos miden unos siete metros y medio, no lo bastante para cubrir un monte de mediana altura, y desde luego ninguna montaña.
La discrepancia en la Biblia entre las imágenes de un diluvio mundial que cubre montañas y la de una inundación superficial de sólo siete metros y medio, surge del hecho de que uno de los relatos del diluvio del Génesis estaba basado en el calendario de temporadas y se refería a la temporada de inundaciones anuales egipcias, cuando el Nilo se desbordaba. En cambio, el otro relato del diluvio del Génesis se refiere a Nun, el diluvio primitivo en la mitología egipcia.




Mito 41: Tras el diluvio, Noé sacrificó a todos los animales puros
El Mito: Alzó Noé un altar al Señor, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció sobre el altar un holocausto! (Gn8,20).
La Realidad: Noé no pudo haber sacrificado a todos los animales puros ¡ porque necesitaba algunos de ellos para la reproducción de esa especie.
Noé llevó a bordo siete parejas de cada especie pura, es decir, especies! adecuadas para ser sacrificadas. Génesis 8,20 dice que tras el diluvio, Noé sacrificó a todos los animales puros sobre un altar. Ya que los animales puros han sobrevivido hasta el presente, Noé no pudo haberlos sacrificado a todos.



Mito 42: Todas las criaturas vivientes que no se subieron al arca perecieron
El Mito: Y exterminó a todos los seres que había sobre la superficie de la tierra, desde el hombre hasta la bestia; y los reptiles y las aves del cielo fueron exterminados de la tierra, y quedaron sólo Noé y los que con él estaban en el arca (Gn 7, 23).
La Realidad: Una raza de gigantes, llamados nefilim en la Biblia, sobrevivió al diluvio.
Antes del diluvio, la Biblia dice que existía una raza de gigantes (véase Gn 6,4). La palabra hebrea que se traduce como «gigante» es nefilim. En Números 13,33, vemos que tras el Éxodo, los israelitas vieron a los gigantes, hijos de Anak. Una vez más la palabra traducida para «gigantes» es nefilim. Así, tenemos una raza de nefilim antes del diluvio y una raza de nefilim en tiempos de Moisés. Puesto que no había nefilim a bordo del arca, ¿cómo pudo sobrevivir la raza? Algunas tradiciones folclóricas mantienen que los nefilim se agarraron al arca durante el diluvio y flotaron a su vera, pero el pasaje bíblico dice específicamente que sólo Noé y aquellos a bordo del arca sobrevivieron. Si los nefilim sobrevivieron al diluvio, tal vez otros también lo consiguieron.


Mito 43: Dios confundió el idioma común de la humanidad y dispersó a las gentes por todo el mundo
El Mito: Era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras. En su marcha desde el Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar, y se establecieron allí. Dijéronse unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego». Y se sirvieron de los ladrillos como de piedra, y el betún les sirvió de argamasa; y dijeron: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue hasta el cielo y hagámonos un monumento, por si tenemos que dividirnos por la faz de la tierra». Bajó el Señor a ver la ciudad y la torre que estaban haciendo los hijos de los hombres, y se dijo: «He aquí un pueblo uno, pues tienen todos una lengua sola. Se han propuesto esto, y nada les impedirá llevarlo a cabo. Bajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros». Y los dispersó de allí el Señor por toda la faz de la tierra, y así cesaron de edificar la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de la tierra toda, y de allí los dispersó por la faz de toda la tierra (Gn 11, 1-9).
La Realidad: Los hijos de los hijos de Noé hablaban diferentes idiomas y vivían en distintos países mucho antes de los acontecimientos que se describen en este relato.
La narración bíblica de la Torre de Babel comienza con la afirmación de que el mundo entero hablaba una sola lengua. Luego dice: «En su marcha desde Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar». ¿A quién hace referencia este «ellos» que se menciona en la narración?
Probablemente, «ellos» hace referencia al último grupo de personas mencionadas que preceden a esa referencia, es decir, la «descendencia de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet» (Gn 10, 1). En Génesis 10 se divide a los descendientes de Noé en tres ramas, cada una asociada a uno de sus hijos, y, según el relato, estos descendientes fundaron numerosas naciones y hablaban distintas lenguas. Acerca de los hijos de Jafet, por ejemplo, la Biblia dice: «De éstos se poblaron las islas de las gentes en sus tierras según sus lenguas, familias y naciones» (Gn 10, 5).
A excepción de la genealogía de Noé y la afirmación de que «marcharon desde el Oriente», no tenemos ningún otro antecedente que defina a quién se refiere «ellos». Génesis 10 informa de que el mundo ya había sido dividido en naciones y se hablaban muchas lenguas mucho antes del relato de la Torre de Babel. Esto se contradice con Génesis 11,1, que mantiene que el mundo entero hablaba un solo idioma. La genealogía de Noé, que divide a su familia en varias naciones, también contradice la afirmación de que la humanidad estaba dispersa por el mundo tras el intento de construir una torre que llegara hasta los cielos.


Mito 44: El arca se asentó sobre las montañas de Ararat
El Mito: El día diecisiete del séptimo mes se asentó el arca sobre los montes de Ararat (Gn 8,4).
La Realidad: La montaña del relato del diluvio se refería en origen a la montaña primitiva en Egipto. Después de que los israelitas se trasladaran a Canaán, estos cambiaron la ubicación a los montes de Ararat, considerados el punto más alto del mundo.
En Génesis 8,4, se dice que el arca de Noé se posó sobre las montañas de Ararat. Generalmente, cuando alguien hace referencia a este acontecimiento, habla del emplazamiento como el monte Ararat, pero la Biblia sólo dice que era una de las montañas de Ararat. No dice cual de ellas. La zona comprendida por el antiguo Ararat ahora cruza las fronteras actuales de Turquía, Rusia, Irán e Irak.
Sin embargo, Génesis 11,2 sugiere que los supervivientes del diluvio se posaron en un lugar muy distinto. Según ese versículo, los supervivientes viajaron desde una ubicación sin identificar al este de Babilonia y siguieron en dirección oeste hacia Babilonia. Fue en la llanura de Senaar, el territorio que rodea Babilonia, donde esos supervivientes desataron la ira de Dios al intentar construir la Torre de Babel.
Ararat, sin embargo, está muy al norte y ligeramente al oeste de Babilonia. Los supervivientes habrían tenido que viajar en dirección sudeste de Ararat, y no hacia el oeste para llegar a Senaar.
Si usted se encuentra en Ararat, no puede llegar a Senaar si viaja en dirección oeste. Tiene que ir hacia el sudoeste. Que los viajeros viajaran desde oriente refleja los orígenes del relato del diluvio como una variante del mito hermopolitano de la Creación. En el relato egipcio, la divinidad creadora Ra aparece primero como un niño flotando sobre una hoja de loto. Cuando se convierte en adulto, inicia sus actos de Creación. Esto significa que el joven Ra viajó en dirección oeste sobre su hoja de loto, haciéndose mayor al mismo tiempo que el sol recorría el cielo.
La montaña donde aterrizó el arca habría sido la montaña primitiva en Egipto primera tierra donde se irguió el Creador egipcio y llevó a cabo sus actos. Cuando los editores bíblicos dejaron de identificar el relato del diluvio con el mito egipcio de la Creación, trasladaron el arca a una cordillera que ellos creían ser la más alta de todas las demás. Ya que el relato bíblico menciona un nombre de montaña distinto al del mito babilónico del diluvio, el cambio de ubicación desde Egipto a Ararat seguramente tuvo lugar antes de que Babilonia conquistara Israel en 587 a.C.
Mito 45: Los hijos de Noé formaron las naciones del mundo
El Mito: Estas son las familias de los hijos de Noe, según sus genenicio-nes y naciones. De éstos se dividieron los pueblos de la tierra después del diluvio (Gn 10,32).
La Realidad: La lista de naciones atribuidas a la familia de Noe es una añadidura posterior al Génesis, y refleja las relaciones políticas de principios del primer milenio a.C.
En Génesis 10 se enumeran las tres ramas del árbol genealógico de Noé, una para cada uno de sus tres hijos. La Biblia dice que cada uno de los descendientes que se mencionan corresponde a alguna entidad geográfica. Esta lista suele llamarse «Tabla de Naciones» o «Familia de Naciones».
Varios de los nombres de la lista corresponden a territorios o a gentes conocidos, pero la gran mayoría de nombres no se pueden conectar fácilmente con otras entidades específicas. La mayoría de los topónimos irreconocibles se suelen clasificar como pertenecientes a tribus de Arabia. Esto da lugar a la bastante confusa situación de tener una Tabla de Naciones bíblica cargada de oscuras tribus árabes con un impacto casi nulo sobre la historia de la Biblia.
A grandes rasgos, las tres ramas representan tres zonas geográficas principales. Cam y su familia corresponden a África y Canaán; Sem y su familia corresponden a Oriente Próximo; Jafet y su familia corresponden aproximadamente a las naciones isleñas del Mediterráneo y a partes de Europa.
Una dificultad a la hora de aceptar la genealogía de Noé como Tabla de Naciones es la presencia de nombres duplicados en la lista. Evila, por ejemplo, aparece como hijo de Cus (Etiopía) en la rama de Cam, y como hijo de Joktan en la rama de Sem, lo cual sitúa el territorio en África y Asia simultáneamente.
De igual manera, Sheba aparece tanto como nieto de Cus como hijo de Joktan. Cus también tiene un hermano llamado Seba. Seba y Sheba son filológicamente idénticos.
Otra forma de duplicación ocurre con los nombres de I.ud, un hijo de Sem, y Ludim, un nieto de Cam. En hebreo, la terminación -im significa una forma de plural. Cuando se utiliza junto a una nación se refiere a la gente de esa nación. Por tanto, la diferencia entre Lud y Ludim es semejante a la diferencia entre Egipto y los egpcios .
Una duplicación similar ocurre también con el equiparamiento de Dedan, nieto de Cus, y Dodanin, un hijo de Javan en la lista de Jafet. El hebreo bíblico no contenía vocales, así que la palabra escrita Dedan habría aparecido como Ddn y Dodanim habría aparecido como Ddnm, la forma plural de Ddn
La presencia de tantos duplicados en la genealogía indica la naturaleza artificial del catálogo. Pero hay otras evidencias que señalan una composición tardía.
Tal vez el aspecto mas extraño de la Tabla de Naciones este relacionado con el tratamiento de Asiría y Babilonia. En ningún lugar se encuentra a Babilonia, una potencia principal, identificada como descendiente de Noé. Por otra parte. Asiria aparece como hijo de Sem (kijo el nombre de Asur). Segun dice el relato, Nemrod, un hijo de Cus ( Etiopía ), conquisto cuatro ciudades, «Babel, Ereg, Acad y Calne, en tierra de Senaar» (Gn 10, 10). Estas cuatro ciudades pertenecen al reino de Babilonia, pero no encontramos en ninguna parte de la Tabla de Naciones que estas ciudades estén identificadas con los hijos de Noé. Sin embargo, el relato dice que Asur (Asiria) salió de la tierra de Senaar y fundo las cuatro principales ciudades de Asiria.
El texto es ambiguo acerca de si Asiria controlaba Babilonia o si Babilonia controlaba a Asiria. Ningún guión retratil correctamente la relación entre estos dos países durante casi mil años después del diluvio. En el siglo xiii a.C. Asina se convirtió en la primera de las dos naciones en controlar a la otra. En el siglo vii a.C., una alianza babilónica conquistó Asiria. La descripción bíblica no es más que una historia confusa que confunde muchos de los hechos.
Varias de las otras naciones que se mencionan en las listas, como Madai (los medas), Javan (los Jonios), y Tartessos, no surgieron como poderes políticos hasta el primer milenio a.C., indicando que la recopilación tuvo lugar durante el primer milenio.
Las anteriores instancias de duplicación, la imprecisión histórica, y la imposibilidad cronológica son solo algunos de los errores contenidos en la Tabla de Naciones y demuestran que la genealogía de Noé fue compuesta durante el primer milenio a.C. basada en divisiones geopolíticas existentes y tradiciones míticas.


Mito 46: Nemrod conquistó Babilonia
El Mito: Cus engendró a Nemrod, que fue quien comenzó a dominar sobre la tierra, pues era un robusto cazador ante el Señor, y de ahí se dice:
«Como Nemrod, robusto cazador ante el Señor». Reinó el primero en Babel, Ereg, Acad y Caine, en tierra de Senaar (G. 10, 8-10).
La Realidad: Este relato conserva una antigua leyenda egipcia sobre el Faraón Sesostris, quien reinó durante la XII dinastía Egipcia.
El breve relato sobre Nemrod confunde porque presenta una historia totalmente distorsionada de Oriente Próximo durante el segundo milenio a.C. (véase el estudio en el Mito 45 sobre la Tabla de Naciones). Según lo expuesto, dice que Nemrod era hijo de Cus y que levantó un imperio en las ciudades de Babilonia. Cus representa la nación de Etiopía, el vecino del sur de Egipto, y la Biblia lo convierte en hijo de Cam, que representa a Egipto en la Tabla de Naciones. Así, lo que sugiere el relato es que un descendiente de Egipto, asociado con Etiopía, conquistó las ciudades de Babilonia en el segundo milenio a.C. Las evidencias históricas desacreditan totalmente este supuesto.
Una explicación mejor reconoce que la Tabla de Naciones se deriva de una variedad de leyendas sobre los orígenes nacionales. De hecho, el historiador griego Heródoto, a menudo llamado el «padre de la historia», recoge una leyenda específica sobre un faraón egipcio llamado Sesostris, que subió al trono en 1897 a.C., durante la XII dinastía de Egipto. Su testimonio parece basarse en la misma leyenda que inspiró el relato sobre Nemrod. La identificación de Nemrod con Sesostris también concuerda cronológicamente con la Tabla de Naciones, que sitúa a Nemrod en la misma época que la XII dinastía de Egipto. Según Heródoto, Sesostris fue el único rey egipcio que conquistó Etiopía. Posteriormente, lanzó una campaña militar desde Mesopotamia, cruzó Asia y conquistó cada nación en su camino hasta llegar a Europa.
Heródoto dice que oyó hablar de Sesostris mediante conversaciones con eruditos egipcios, y es evidente que las leyendas sobre este rey formaban parte del folklore egipcio. El relato identifica claramente a un monarca egipcio, procedente de Etiopía, que atravesó y conquistó Mesopotamia, cruzando primero la región babilónica, para después dirijirse a Asiría, y detenerse por fin en algún lugar de Europa. Debemos añadir también que durante la XII dinastía, Etiopía estuvo bajo soberanía egipcia.
Los elementos de la leyenda de Sesostris se corresponden exactamente con el relato de Nemrod. En ambos relatos, un hijo de Egipto que controlaba Etiopía entró en Mesopotamia y conquistó Babilonia y Asiría.
La única diferencia significativa entre ambos relatos es el nombre del héroe. Heródoto y otros lo identifican como Sesostris, mientras que la Biblia lo llama Nemrod. Sin embargo, Sesostris no era el verdadero nombre del faraón. Era una corrupción griega del nombre Senurset. El nombre Nemrod parece ser fonéticamente parecido a la última parte del nombre de Senusret, y la interpretación hebrea puede ser una ligera corrupción de la egipcia, de igual manera que Sesostris es una corrupción griega.

Mito 47: Los hijos de Cam eran Cus, Misraim, Put y Canaán
El Mito: Hijos de Cam fueron: Cus, Misraim, Put y Canaán (Gn 10,6).
La Realidad: Esta genealogía es paralela a la del mito griego anterior sobre los orígenes de los danoi, los griegos que supuestamente invadieron Troya en el siglo xn a.C.
En la Tabla de Naciones, Cam es el padre de cuatro países, Cus, Misraim, Put y Canaán. Cam, como ya hemos visto, posee un nombre idéntico al de uno de los antiguos nombres de Egipto, Keme. Tres de sus hijos tienen nombres que se pueden identificar fácilmente con naciones de la esfera egipcia. Cus es el antiguo nombre de Etiopía; Misraim es el nombre hebreo para Egipto; y Canaán corresponde evidentemente a la tierra de Canaán.
El nombre del cuarto hijo no se identifica fácilmente, pero se suele emparentar con Libia, lo cual tiene sentido desde un punto de vista geográfico. Libia era el nombre griego para toda la parte de África al oeste de Egipto.
En esta genealogía, tenemos un esquema geográfico en el cual Cam suele corresponder a la zona de Egipto y sus vecinos colindantes, y sus cuatro hijos constituyen cuatro divisiones dentro de esa región; Etiopía al sur, Libia al oeste, Egipto en el centro, y Canaán al norte.
La genealogía reflejada en esta rama de la narración bíblica se atiene a la que aparece en el mito griego sobre los orígenes de los danoi, los griegos que, escribió Hornero, conquistaron Troya en el siglo xn a.C.
Según la narración griega, Poseidón (el dios griego de los mares) se acopló con una mujer llamada Libia. Tuvieron gemelos, llamados Belo y Agenor. El segundo se fue a Fenicia, donde se convirtió en rey y donde los griegos lo consideraban el antecesor de todos los fenicios. ;
Belo se convirtió en rey de Egipto y, según las tradiciones míticas, tuvo j cuatro hijos, llamados Dánao, Aegiptos, Fineas y Cefeo. Según los relatos ^ griegos, Aegipto fue rey de Egipto, Dánao de Libia, y Cefeo de Etiopía, pero reinando en Joffa, en Canaán. El nombre del cuarto hijo, Fineas, significa «etíope».
Belo y Cam comparten varias características.
1. Belo es hijo de Poseidón, dios de los mares, y Cam es hijo de Noé, que no es el único superviviente de un diluvio mundial, pero que aquí hemos identificado con Nun, un equivalente egipcio de Poseidón.
2. Cada uno es padre de cuatro hijos, tres de los cuales se identifican con Egipto, Etiopía y Libia.
3. El cuarto hijo de Belo, Cefeo, en ocasiones se identifica con un rey cananeo, y el cuarto hijo de Cam está relacionado con Canaán.
4. Belo aparece como hermano del rey de Canaán, mientras que Cam, su homónimo en la Biblia, aparece como el padre de Canaán. Sin embargo, la genealogía bíblica es ambigua y, como ya vimos en el Mito 33, en ocasiones la Biblia sugiere que Canaán es el hermano de Cam en vez del hijo.
Aunque la estructura genealógica entre los dos árboles sea casi idéntica, destaca una diferencia significativa. El Génesis relaciona la genealogía con la evolución de la humanidad inmediatamente después de la destrucción mundial. El mito griego está absolutamente cargado de simbolismo geopolítico. No obstante, muestra una tradición primitiva en la cual Egipto aparecía como el hermano de Libia, Etiopía y Canaán.
Por último, debemos observar que los danois griegos, quienes desaparecieron del registro histórico hacia el primer milenio a.C., eran uno de los «Pueblos del Mar», un grupo de aliados griegos (entre los cuales estaban los filisteos) que invadieron Canaán en los siglos xn y xm a.C., casi al mismo tiempo que Israel se asentara allí tras el Éxodo de Egipto. Esto sugeriría que los griegos llevaron el mito a Canaán, donde los escribas hebreos lo recogieron y lo incorporaron a su historia mundial.

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