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EL ARTE OSCURO

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martes, 14 de mayo de 2013

ROBERT GRAVES - LOS MITOS GRIEGOS - I



ROBERT GRAVES
LOS MITOS GRIEGOS - I


PRÓLOGO
Desde que revisé Los mitos griegos en 1958 he vuelto a meditar
acerca del dios borracho Dioniso, de los centauros con su reputación
contradictoria de prudencia y mala conducta y también sobre
la naturaleza de la ambrosía y el néctar divinos. Estos temas están
estrechamente relacionados, porque los centauros adoraban a
Dioniso, cuyo salvaje banquete otoñal se llamaba «la Ambrosía».
Ahora ya no creo que cuando sus Ménades recorrían airadas el
campo despedazando a animales o niños (véase 27.f) y se jactaban
después de haber hecho el viaje de ida y vuelta a la India (véase
27.c) se habían embriagado únicamente con vino o con cerveza de
hiedra (véase 27.3). Las pruebas, resumidas en mi What Food the
Centaurs Ate (Steps: Cassel and C° 1958, páginas 319-343), sugieren
que los Sátiros (miembros de tribus cuyo tótem era la cabra),
los Centauros (miembros de tribus cuyo tótem era el caballo)
y sus Ménades utilizaban esas bebidas para suavizar los tragos de
una droga mucho más fuerte: a saber, un hongo crudo, amanita
muscaria, que produce alucinaciones, desenfrenos insensatos, visión
profética, energía erótica y una notable fuerza muscular. Este
éxtasis, que dura varias horas, da paso a una inercia completa, fenómeno
que explicaría la fábula según la cual Licurgo, armado
con sólo un aguijón, derrotó al ejército de Ménades y Sátiros borrachos
de Dioniso después de su regreso victorioso de la India
(véase 27.e).
En un espejo etrusco aparece grabado el amanita muscaria a los
pies de Ixión un héroe tesalio que comía ambrosía entre los dioses
(véase 63.b). Varios mitos (véase 102, 126, etc.) concuerdan con
mi teoría de que sus descendientes, los Centauros, comían ese
hongo, y, según algunos historiadores, lo emplearon más tarde los
nórdicos «frenéticos» para adquirir una fuerza temeraria en la batalla.
Ahora creo que la «ambrosía» y el «néctar» eran hongos intoxicantes;
sin duda el amanita muscaria, pero quizá también
otros, especialmente un hongo de estercolero pequeño y delgado
llamado panaeolus papilionaceus, que produce alucinaciones innocuas
y muy agradables. Un hongo bastante parecido a éste aparece
en un jarrón ático entre los cascos del Centauro Neso. Los
«dioses» para quienes en los mitos se reservaban la ambrosía y el
néctar eran sin duda reinas y reyes sagrados de la era pre-clásica.
El delito del rey Tántalo (véase 108.c) consistió en que violó el
tabú al invitar a plebeyos a compartir su ambrosía.
Los reinados sagrados de mujeres y de hombres se extinguieron
en Grecia; la ambrosía se convirtió entonces, según parece, en el
elemento secreto de los Misterios eleusinos y órficos y de otros
asociados con Dioniso. En todo caso, los participantes juraban
guardar silencio acerca de lo que comían y bebían, tenían visiones
inolvidables y se les prometía la inmortalidad. La «ambrosía» que
se concedía a los vencedores en las carreras pedestres olímpicas,
cuando la victoria ya no les confería la dignidad de rey sagrado,
era claramente un sustituto: una mezcla de alimentos cuyas letras
iniciales según demostré en What Food the Centaurs Ate, formaban
la palabra griega que significa «hongo». Las recetas citadas
por los autores clásicos para el néctar y el cecyon, la bebida con
sabor a menta que tomó Deméter en Eleusis, también formaban la
palabra «hongo».
Yo mismo he comido el hongo alucinante llamado psilocybe,
una ambrosía divina utilizada por los indios masatecas de la provincia
de Oaxaca, en México; he oído a la sacerdotisa invocar a
Tlaloc, el dios de los hongos, y he visto visiones transcendentales.
Por este motivo convengo totalmente con R. Gordón Wasson, el
descubridor americano de este rito antiguo, en que las ideas europeas
acerca del cielo y el infierno pueden muy bien haberse derivado
de misterios análogos. Tlaloc fue engendrado por el rayo;
también lo fue Dioniso (véase 14.c); y en el folklore griego, como
en el masateca, también lo son todos los hongos, llamados proverbialmente
«alimento de los dioses» en ambos idiomas. Tlaloc llevaba
una corona de serpientes, y Dioniso también (véase 27.a).
Tlaloc tenía un refugio bajo el agua, y también lo tenía Dioniso
(véase 27.c). La costumbre salvaje de las Ménades de arrancar las
cabezas de sus víctimas (véase 27.f y 28.d) podría referirse alegóricamente
al desgarramiento de la cabeza del hongo sagrado, pues
en México jamás se come el tallo. Leemos que Perseo, un rey sagrado
de Argos, se convirtió al culto de Dioniso (véase 27.j) y dio
a Micenas ese nombre por un hongo que encontró en aquel lugar
y que al arrancarlo descubrió una corriente de agua (véase 73.r).
El emblema de Tlaloc era un sapo igual que el de Argos; y de la
boca del sapo de Tlaloc en el fresco de Tempentitla brota una corriente
de agua. ¿Pero en qué época estuvieron en contacto las
culturas europea y de la América Central?
Estas teorías exigen una mayor investigación y por lo tanto no
he incluido mis hallazgos en el texto de la presente edición. La
ayuda de cualquier experto en la solución del problema sería muy
apreciada.
R. G.
Deyá, Mallorca, España
1960
INTRODUCCIÓN
Los emisarios medievales de la Iglesia Católica llevaron a Gran
Bretaña, además de todo el cuerpo de la historia sagrada, un sistema
universitario continental basado en los clásicos griegos y latinos.
Las leyendas autóctonas como las del rey Arturo, Guy de
Warwick, Robín Hood, la Bruja Azul de Leicester y el rey Lear
eran consideradas lo bastante adecuadas para el vulgo; sin embargo,
a comienzos de la época de los Tudor, el clero y las clases cultas
se referían con mucha más frecuencia a los mitos que se encuentran
en Ovidio, Virgilio y en los resúmenes de las escuelas de
enseñanza elemental sobre la Guerra de Troya. Aunque, en consecuencia,
no se puede comprender debidamente la literatura oficial
inglesa de los siglos XVI al XIX sino a la luz de la mitología
griega, los clásicos han perdido últimamente tanto terreno en las
escuelas y universidades que ya no se espera que una persona culta
sepa (por ejemplo) quiénes pueden haber sido Deucalión, Pélope,
Dédalo, Enone, Laocoonte o Antígona. El conocimiento actual
.de estos mitos se deriva principalmente de versiones de cuentos
de hadas como las de Heroes de Kingsley y Tanglewood Tales de
Hawthorne; y a primera vista esto no parece tener mucha importancia,
porque durante los dos últimos milenios ha estado de moda
descartar los mitos por considerarlos fantasías extrañas y quiméricas,
un legado encantador de la infancia de la inteligencia griega,
que la Iglesia naturalmente menosprecia para destacar la mayor
importancia espiritual de la Biblia. Sin embargo, es difícil sobreestimar
su valor en el estudio de la historia, la religión y la sociología
europeas primitivas.
«Quimérico» es una forma adjetival del sustantivo quimera, que
significa «cabra». Hace cuatro mil años la Quimera no puede
haber resultado más fantástica que cualquier emblema religioso,
heráldico o comercial en la actualidad. Era un animal solemne de
forma compuesta que tenía (como indica Homero) cabeza de león,
cuerpo de cabra y cola de serpiente. Se ha encontrado una Quimera
grabada en las paredes de un templo hitita de Carquemis y, lo
mismo que otros animales compuestos, como la Esfinge y el Unicornio,
debió de ser originalmente un símbolo calendario: cada
componente representaba una estación del año sagrado de la reina
del Cielo, como lo hacían también, según Diodoro de Sicilia, las
tres cuerdas de su lira de concha de tortuga. Nilsson trata de este
antiguo año de tres estaciones en su Primitive Time Reckoning
(1920).
Sin embargo, sólo una pequeña parte del cuerpo enorme y desorganizado
de la mitología griega, que contiene importaciones de
Creta, Egipto, Palestina, Frigia, Babilonia y otras regiones, puede
ser clasificada correctamente, con la Quimera, como verdadero
mito. El verdadero mito se puede definir como la reducción a taquigrafía
narrativa de la pantomima ritual realizada en los festivales
públicos y registrada gráficamente en muchos y casos en las
paredes de los templos, en jarrones, sellos, tazones, espejos, cofres,
escudos, tapices, etc. La Quimera y los otros animales del
calendario deben de haber figurado prominentemente en esas representaciones
dramáticas que, a través de sus registros iconográficos
y orales, se convirtieron en la primera autoridad o carta
constitucional de las instituciones religiosas de cada tribu, clan o
ciudad. Sus temas eran actos de magia arcaicos que promovían la
fertilidad o la estabilidad del reino sagrado de una reina o un rey
—los de las reinas habían precedido, según parece, a los de los
reyes en toda la zona de habla griega— y enmiendas de aquéllos
introducidas de acuerdo con lo que requerían las circunstancias.
El ensayo de Luciano Sobre la danza registra un número imponente
de pantomimas rituales que todavía se ejecutaban en el siglo
II d. de C.; y la descripción de Pausanias de las pinturas del templo
de Delfos y de las tallas del Cofre de Cipselo indica que una
cantidad inmensa de inscripciones mitológicas misceláneas, de las
que no queda actualmente rastro alguno, sobrevivía en el mismo
período.
El verdadero mito debe distinguirse de:
1. La alegoría filosófica, como la cosmogonía de Hesíodo.
2. La explicación «etiológica» de mitos que ya no se comprenden,
como el uncimiento por parte de Admeto de un león y un jabalí
a su carro.
3. La sátira o parodia, como el relato de Sueno sobre la Atlántida.
4. La fábula sentimental, como el relato de Narciso y Eco.
5. La historia recamada, como la aventura de Arión con el delfín.
6. El romance juglaresco, como la fábula de Céfalo y Procris.
7. La propaganda política, como la Federalización del Ática por
Teseo.
8. La leyenda moral, como la historia del collar de Erifile.
9. La anécdota humorística, como la farsa de Heracles, Ónfale y
Pan en el dormitorio.
10. El melodrama teatral, como el relato de Téstor y sus hijas.
11. La saga heroica, como el argumento principal de la Ilíada.
12. La ficción realista, como la visita de Odiseo a los Feacios1.
Sin embargo, pueden hallarse auténticos elementos míticos incrustados
en las fábulas menos prometedoras, y la versión más
completa o más esclarecedora de un mito determinado Tara vez la
proporciona un solo autor; cuando se busca su forma original
tampoco se puede dar por supuesto que cuanto más antigua sea la
fuente escrita, tanto más autorizada ha de ser. Con frecuencia, por
ejemplo, el travieso alejandrino Calímaco o el frívolo Ovidio augustal,
o el sumamente aburrido Tzetzes, del último período bizantino,
dan una versión de un mito evidentemente anterior a la
que dan Hesíodo o los trágicos griegos; y la Excidium Troiae del
siglo XIII es, en partes, míticamente más fidedigna que la Ilíada.
Cuando se quiere explicar una narración mitológica o seudo-mitológica
se debe prestar siempre una atención cuidadosa a los nombres,
el origen tribal y los destinos de los personajes que en ella
figuran y luego darle de nuevo la forma de ritual dramático, con
lo cual sus elementos incidentales sugerirán a veces una analogía
con otro mito al que se ha dado una torsión anecdótica completamente
diferente y arrojarán luz sobre los dos.
Un estudio de la mitología griega debería comenzar con un análisis
de los sistemas políticos y religiosos que prevalecían en Europa
antes de la llegada de los invasores arios procedentes del
norte y del este. Toda la Europa neolítica, a juzgar por los artefactos
y mitos sobrevivientes, poseía un sistema dé ideas religiosas
1 Véase 4, 69, 83, 84, 87, 89, 99, 106, 136, 161, 162-5, 170.
notablemente homogéneo, basado en la adoración de la diosa Madre
de muchos títulos, que era también conocida en Siria y Libia.
La Europa antigua no tenía dioses. A la Gran Diosa se la consideraba
inmortal, inmutable y omnipotente; y en el pensamiento
religioso no se había introducido aun el concepto de la paternidad.
Tenía amantes, pero por placer, y no para proporcionar un padre a
sus hijos. Los hombres temían, adoraban y obedecían a la matriarca,
siendo el hogar que ella cuidaba en una cueva o una choza su
más primitivo centro social y la maternidad su principal misterio.
Por lo tanto, la primera víctima de un sacrificio público griego era
ofrecida siempre a Hestia, diosa del Hogar. La imagen blanca y
anicónica de la diosa, quizás su emblema más difundido, que aparece
en Delfos como el omphalos u ombligo, puede haber representado
originalmente el elevado montón blanco de ceniza apretadamente
acumulada que encerraba el carbón encendido, y que
constituye el medio más fácil de conservar el fuego sin humo.
Más tarde se identificó gráficamente con el montón blanqueado
con cal bajo el cual se ocultaba el muñeco de cereal de la cosecha,
que se sacaba germinando en la primavera; o con el montón de
conchas marinas, o cuarzo, o mármol blanco, bajo el cual se enterraba
a los reyes difuntos. No sólo la luna, sino también (a juzgar
por Hemera de Grecia y Grainne de Irlanda) el sol eran los símbolos
celestiales de la diosa. Sin embargo, en la mitología griega
más antigua, el sol cede la precedencia a la luna, que inspira el
mayor temor supersticioso, no se oscurece al declinar el año y tiene
como atributo el poder de conceder o negar el agua a los campos.
Las tres fases de la luna nueva, llena y vieja recordaban las tres
fases de doncella, ninfa (mujer núbil) y vieja de la matriarca.
Luego, puesto que el curso anual del sol recordaba igualmente el
desarrollo y la declinación de sus facultades físicas —en la primavera
doncella, en el verano ninfa y en el invierno vieja— la
diosa llegó a identificarse con los cambios de estación en la vida
animal y vegetal; y en consecuencia con la Madre Tierra, quien al
principio del año vegetativo sólo produce hojas y capullos, luego
flores y frutos y al final deja de producir. Más tarde se la pudo
concebir como otra tríada: la doncella del aire superior, la ninfa
de la tierra o el mar, y la vieja del mundo subterráneo, representadas,
respectivamente, por Selene, Afrodita y Hécate. Estas analogías
místicas fomentaron el carácter sagrado del número tres, y la
diosa Luna aumentó hasta nueve sus facetas cuando cada una de
las tres personas —doncella, ninfa y anciana— apareció en tríada
para demostrar su divinidad. Sus devotos nunca olvidaron por
completo que no existían tres diosas, sino una sola, aunque en la
época clásica el templo de Estínfalo en Arcadia era uno de los pocos
subsistentes donde todas ellas llevaban el mismo nombre:
Hera.
Una vez admitida oficialmente la relación entre el coito y el
parto —un relato de este momento decisivo en la religión aparece
en el mito hitita del cándido Appu (H. G. Güterbock: Kumarbi,
1946)— la posición religiosa del hombre mejoró poco a poco y se
dejó de atribuir a los vientos o los ríos la preñez de las mujeres.
Parece ser que la ninfa o reina tribal elegía un amante anual entre
los hombres jóvenes que la rodeaban, un rey que debía ser sacrificado
cuando terminaba el año, haciendo de él un símbolo de la
fertilidad más bien que el objeto de su placer erótico. Su sangre se
rociaba para que fructificasen los árboles, las cosechas y los rebaños,
y su carne era, según parece, comida cruda por las ninfas
compañeras de la reina —sacerdotisas que llevaban máscaras de
perras, yeguas o cerdas. Luego, como una modificación de esta
práctica, el rey moría tan pronto como el poder del sol, con el que
se identificaba, comenzaba a declinar en el verano, y otro joven,
mellizo suyo, o supuesto mellizo —un antiguo término irlandés
muy apropiado es “tanist”2— se convertía en el amante de la reina,
para ser debidamente sacrificado en pleno invierno y, como
recompensa, reencarnarse en una serpiente oracular. Estos consortes
adquirían el poder ejecutivo sólo cuando se les permitía representar
a la reina llevando sus vestiduras mágicas. Así comenzó la
monarquía sagrada y, aunque el sol se convirtió en un símbolo de
la fertilidad masculina una vez identificada la vida del rey con el
curso de sus estaciones, siguió estando bajo la tutela de la Luna,
así como el rey siguió bajo la tutela de la reina, al menos en teoría,
hasta mucho tiempo después de haber sido superada la fase
matriarcal. Así pues, las brujas de Tesalia (una región conserva-
2 Heredero famoso de los jefes gaélicos elegido en vida de éstos. (N. del T.)
dora) solían amenazar al Sol, en nombre de la Luna, con
envolverlo en una noche perpetua.(Apuleyo, Metamorfosis, iii.16)
Sin embargo, no hay prueba alguna de que, ni siquiera cuando
las mujeres ejercían la soberanía en las cuestiones religiosas, se
negaran a los hombres algunos campos en los que pudieran actuar
sin la supervisión femenina; aunque es muy posible que adoptaran
muchas de las características del «sexo más débil» hasta entonces
consideradas funcionalmente propias del hombre. Se les podía
confiar la caza, la pesca, la recolección de ciertos alimentos, el
cuidado de manadas y rebaños y la ayuda para defender el territorio
tribal contra los intrusas, con tal que no trasgredieran la ley
matriarcal. Se elegían jefes de los clanes totémicos y se les concedían
ciertos poderes, especialmente en tiempo de migración o
guerra. Las reglas para determinar quién debía actuar como supremo
jefe varón variaban, según parece, en los diferentes matriarcados:
habitualmente se elegía al tío materno de la reina, o a
su hermano, o al hijo de su tía materna. El jefe supremo de la tribu
más primitiva tenía también autoridad para actuar como juez
en las disputas personales entre hombres, con tal de que no se
menoscabase con ello la autoridad religiosa de la reina. La sociedad
matrilineal más primitiva que sobrevive en la actualidad es la
de los hogares de la India meridional, donde las princesas, aunque
se casan con maridos niños de los que se divorcian inmediatamente,
tienen hijos con amantes de cualquier posición social; y las
princesas de varias tribus matrilineales del África Occidental se
casan con extranjeros o plebeyos. Las mujeres de la realeza griega
pre-helénica también consideraban como cosa corriente tomar
amantes entre sus siervos, si las Cien Casas de Lócride y los locros
epicefirios no fueron excepcionales.
Al principio se calculaba el tiempo por las fases de la luna, y
toda ceremonia importante se realizaba en una de esas fases; los
solsticios y equinoccios no eran determinados con exactitud sino
por aproximación a la siguiente luna nueva o llena. El número siete
adquirió una santidad peculiar porque el rey moría en la séptima
luna llena después del día más corto. Inclusive cuando, tras
una cuidadosa observación astronómica, se demostró que el año
solar tenía 364 días, con algunas horas más, hubo que dividirlo en
meses —es decir ciclos lunares— antes que en fracciones del ciclo
solar. Esos meses se convirtieron más tarde en lo que el mundo
de habla inglesa sigue llamando “common-law months” (meses
de derecho consuetudinario), cada uno de veintiocho días; el
veintiocho era un número sagrado, en el sentido de que la luna
podía ser adorada como una mujer, cuyo ciclo menstrual es normalmente
de veintiocho días, y que éste es también él verdadero
período de las revoluciones de la luna en función del sol. La semana
de siete días era una, unidad del mes de derecho consuetudinario,
y el carácter de cada día se deducía, al parecer, de la cualidad
atribuida al correspondiente mes de la vida del rey sagrado.
Este sistema llevó a una identificación todavía más íntima de la
mujer con la luna y, puesto que el año de 364 días es exactamente
divisible por veintiocho, la serie anual de los festivales populares
se podía engranar con esos meses prescritos por la costumbre.
Como tradición religiosa, los años de trece meses sobrevivieron
entre los campesinos europeos durante más de un milenio después
de la adopción del Calendario Juliano; así Robín Hood, quien vivió
en la época de Eduardo II, pudo exclamar en una balada que
celebraba el festival del Primero de Mayo:
¿Cuántos meses felices hay en el año?
Hay trece, digo
lo que un editor Tudor ha alterado cambiándolo por «Sólo hay
doce, digo...». Trece, el número del mes de la muerte del sol, nunca
ha perdido su mala reputación entre los supersticiosos. Los días
de la semana estaban a cargo de los Titanes: los genios del sol, de
la luna y de los cinco planetas descubiertos hasta entonces, que
eran responsables de ellos ante la diosa como Creadora. Este sistema
se desarrolló probablemente en la matriarcal Sumeria.
Así el sol pasaba por trece etapas mensuales que comenzaban
en el solsticio de invierno, cuando los días vuelven a alargarse
después de su larga decadencia otoñal. El día extra del año sideral,
obtenido del año solar mediante la revolución de la tierra alrededor
de la órbita del sol, fue intercalado entre el mes decimotercero
y el primero, y se convirtió en el día más importante de los
365, la ocasión en que la ninfa tribal elegía el rey sagrado, generalmente
el vencedor en una carrera, una lucha o un torneo de arqueros.
Pero este calendario primitivo sufrió modificaciones: en
algunas regiones el día extra parece haber sido intercalado, no en
el solsticio de invierno, sino en algún otro Año Nuevo, en el día
de la Candelaria, cuando se hacen evidentes las primeras señales
de la primavera; en el equinoccio de primavera, cuando se considera
que el sol llega a la madurez; o en el solsticio estival; o en el
orto de Sirio, cuando se produce la creciente del Nilo; o en el
equinoccio otoñal, cuando caen las primeras lluvias.
La mitología griega primitiva se relaciona, sobre todo, con las
cambiantes relaciones entre la reina y sus amantes, que comienzan
con sus sacrificios anuales o bi-anuales y terminan, en la época
en que se compuso la Ilíada y los reyes se jactaban de que
«¡Somos mucho mejores que nuestros padres!», con el eclipse de
aquélla por una monarquía masculina ilimitada. Numerosas analogías
africanas ilustran las etapas progresivas de este cambio.
Una gran parte del mito griego es historia político-religiosa. Belerofonte,
por ejemplo, doma a Pegaso, el caballo alado, y mata a
la Quimera. Perseo, en una variante de la misma leyenda, vuela a
través del aire y decapita a la madre de Pegaso, la gorgona Medusa;
Marduk, un héroe babilonio, mata a la monstruosa Tiamat,
diosa del Mar. El nombre de Perseo debería escribirse propiamente
Pterseus, «el destructor»; y éste no era, como ha sugerido el
profesor Kerenyi, una representación arquetípica de la Muerte,
sino que, probablemente, representaba a los helenos patriarcales
que invadieron Grecia y el Asia Menor a comienzos del segundo
milenio a. de C., y desafiaron el poder de la Triple Diosa. Pegaso
le fue consagrado porque el caballo, con sus cascos en forma de
luna, figuraba en las ceremonias para producir lluvia y en la instalación
de los reyes sagrados; sus alas simbolizaban una naturaleza
celestial más bien que la velocidad. Jane Harrison ha señalado
(Prolegomena to the Study of Greek Religión, Capítulo V) que
Medusa era en un tiempo la diosa misma que se ocultaba tras una
máscara profiláctica de gorgona: un rostro espantoso cuyo fin era
el de prevenir al profano contra la violación de sus Misterios. Perseo
decapita a Medusa, es decir, los helenos saquearon los principales
templos de la diosa, despojaron a sus sacerdotisas de sus
máscaras de gorgonas y se apoderaron de sus caballos sagrados
—una representación primitiva de la diosa con cabeza de gorgona
y cuerpo de yegua se ha encontrado en Beocia. Belerofonte, el
doble de Perseo, mata a la Quimera licia: es decir que los helenos
anularon el antiguo calendario medusino y lo reemplazaron con
otro.
Asimismo, la destrucción por Apolo de Pitón en Delfos parece
registrar la captura por parte de los aqueos del templo de la diosa
Tierra cretense; y lo mismo se puede decir de la intentada violación
de Dafne, a quien Hera metamorfoseó inmediatamente en un
laurel. Este mito ha sido citado por psicólogos freudianos como
un símbolo del horror instintivo que siente una muchacha por el
acto sexual; pero Dafne era todo menos una virgen asustada. Su
nombre es una contracción de Daphoene, «la sanguinaria», la diosa
en estado de ánimo orgiástico, cuyas sacerdotisas, las Ménades,
masticaban hojas de laurel para embriagarse y periódicamente salían
corriendo en noches de luna llena asaltando a viajeros incautos
y despedazando a niños o animales jóvenes; el laurel contiene
cianuro de potasio. Estos colegios de Ménades fueron suprimidos
por los helenos y sólo el bosquecillo de laurel testimoniaba que
Daphoene había ocupado anteriormente los templos: la masticación
de laurel por alguien que no fuera la sacerdotisa profética de
Belfos, a la que Apolo conservaba a su servicio en ese templo, estuvo
prohibida en Grecia hasta la época romana.
Las invasiones helénicas de comienzos del segundo milenio a.
de C., llamadas habitualmente eólica y jónica, parecen haber sido
menos destructoras que la aquea y la doria, a las que precedieron.
Pequeña bandas armadas de pastores que adoraban a la trinidad de
dioses aria —Indra, Mitra y Varuna— cruzaron la barrera natural
del monte Otris y se adhirieron, bastante pacíficamente, a las colonias
pre-helénicas de Tesalia y Grecia Central. Fueron aceptados
como hijos de la diosa local y proporcionaron a ésta reyes sagrados.
De este modo una aristocracia militar masculina se reconcilió
con la teocracia femenina no sólo en Grecia, sino también en
Creta, donde los helenos consiguieron establecerse y exportar la
civilización cretense a Atenas y el Peloponeso. Con el tiempo llegó
a hablarse el griego en todo el Egeo y, en la época de Herodoto,
solamente un oráculo hablaba en un lenguaje pre-helénico
(Herodoto: viii, 134-5). El rey actuaba como el representante de
Zeus, o Posidón, o Apolo, y se hacía llamar por uno u otro de esos
nombres, aunque Zeus fue durante siglos un mero semidiós y no
una divinidad olímpica inmortal. Todos los mitos primitivos sobre
la seducción de ninfas por los dioses se refieren, al parecer, a casamientos
entre caudillos helenos y sacerdotisas de la Luna locales;
a los que se oponía enconadamente Hera, o sea el sentimiento
religioso conservador.
Cuando la brevedad del reinado del rey empezó a resultar fastidiosa
se convino en prolongar el año de trece meses hasta el Gran
Año de cien lunaciones, al final del cual se produce una casi coincidencia
del tiempo solar y el lunar. Pero como todavía había que
fructificar los campos y las cosechas, el rey accedía a sufrir una
falsa muerte anual y a ceder su soberanía durante un día —el intercalado,
que quedaba fuera del año sideral sagrado— al rey niño
substituto, o interrex, que moría a su término y cuya sangre era
utilizada para la ceremonia de la aspersión. Luego el rey sagrado,
o bien gobernaba durante todo el período de un Gran Año, con un
«tanista» como lugarteniente, o los dos reinaban durante años alternos,
o bien la reina les permitía dividir el reino en dos mitades
y reinar concurrentemente. El rey representaba a la reina en muchas
funciones sagradas, se ataviaba con las vestiduras de ella,
llevaba pechos falsos, tomaba prestada su hacha lunar como un
símbolo de poder e incluso se encargaba de su arte mágico de
producir la lluvia. Su muerte ritual variaba mucho en los detalles;
podía ser despedazado por mujeres feroces, traspasado con una
lanza de pastinaca, derribado con un hacha, pinchado en el talón
con una flecha envenenada, arrojado por un acantilado, quemado
en una pira, ahogado en un estanque o muerto en un accidente de
carro preparado de antemano. Pero debía morir. Se llegó a una
nueva etapa cuando los niños fueron sustituidos por animales en
el altar del sacrificio y el rey se negaba a morir una vez finalizado
su prolongado reinado. Después de dividir el reino en tres partes y
de conceder una parte a cada uno de sus sucesores, reinaba durante
otro período de tiempo con la excusa de que se había descubierto
una aproximación más estrecha del tiempo solar y el lunar, a
saber diecinueve años o 325 lunaciones. El Gran Año se había
convertido en un Año Mayor.
Durante estas etapas sucesivas, reflejadas en numerosos mitos,
el rey sagrado seguía manteniendo su posición sólo por derecho
de matrimonio con la ninfa tribal, que era elegida bien como resultado
de una carrera pedestre entre sus compañeras de la casa
real, o bien por ultimogenitura, es decir, por ser la hija núbil más
joven de la rama más reciente. El trono seguía siendo matrilineal,
como lo era teóricamente incluso en Egipto, y, en consecuencia,
el rey sagrado y su «tanista», eran elegidos siempre fuera de la
casa real femenina; hasta que algún rey osado decidió por fin cometer
incesto con la heredera, considerada como su hija, y conseguir
así un nuevo derecho al trono cuando hubiese que renovar su
reinado.
Las invasiones aqueas del siglo XIII a. de C. debilitaron gravemente
la tradición matrilineal. Al parecer, el rey se las ingeniaba
para reinar durante toda su vida natural; cuando llegaron los dorios,
hacia el final del segundo milenio, la sucesión patriarcal se
convirtió en regla. Un príncipe ya no abandonaba la casa de su
padre y se casaba con una princesa extranjera; ella iba a vivir con
él, como hizo Penélope convencida por Odiseo. La genealogía se
hizo patrilineal, aunque un episodio samio mencionado en la Vida
de Homero del seudo Herodoto demuestra que durante algún
tiempo después de que las Apaturias, o sea el Festival del Parentesco
Masculino, habían reemplazado al del Parentesco Femenino,
los ritos consistían todavía en sacrificios a la Diosa Madre a los
que no podían asistir los hombres.
Entonces se convino en el sistema familiar olímpico como una
transacción entre los puntos de vista helénico y pre-helénico: una
familia divina de seis dioses y seis diosas, encabezada por los cosoberanos
Zeus y Hera, que formaba un Consejo de Dioses al estilo
de Babilonia. Pero tras una rebelión de la población prehelénica,
descrita en la Ilíada como una conspiración contra Zeus,
Hera quedó subordinada a aquél, Atenea se declaró «totalmente
en favor del Padre» y al final Dioniso aseguró la preponderancia
masculina en el Consejo desalojando a Hestia. Sin embargo, las
diosas, aunque quedaron en minoría, no llegaron nunca a ser excluidas
por completo —como lo fueron en Jerusalén— porque los
venerados poetas Homero y Hesíodo «habían dado a las deidades
sus títulos y distinguido sus diversas incumbencias y facultades
especiales». (Herodoto: ii.53), que no podían ser expropiados fácilmente.
Es más, el sistema de reunir a todas las mujeres de sangre
regia bajo la dirección del rey para desalentar así los posibles
atentados de extraños contra un trono matrilineal, adoptado en
Roma cuando se fundó el Colegio de las Vestales, y en Palestina
cuando el rey David formó su harén regio, nunca llegó a Grecia.
La descendencia, la sucesión y la herencia por línea paterna impiden
la creación de nuevos mitos; entonces comienza la leyenda
histórica y se desvanece a la luz de la historia común.
Las vidas de personajes como Heracles, Dédalo, Tiresias y Finco
abarcan varias generaciones, porque son títulos más bien que
nombres de determinados héroes. Sin embargo, los mitos, aunque
es difícil conciliarlos con la cronología, son siempre prácticos:
insisten en algún punto de la tradición, por mucho que se haya
podido deformar el significado en la narración. Tómese, por
ejemplo, la confusa fábula del sueño de Éaco, en el que las hormigas
que caen de una encina oracular se convierten en hombres
y colonizan la isla de Egina después de haberla despoblado Hera.
Aquí los puntos más interesantes son: que la encina había nacido
de una bellota de Dodona, que las hormigas eran hormigas tesalias
y que Éaco era nieto del río Asopo. Estos elementos se combinaban
para proporcionar una historia concisa de las inmigraciones
a Egina hacia el final del segundo milenio a. de C.
A pesar de la semejanza de desarrollo en los mitos griegos, todas
las interpretaciones minuciosas de leyendas detalladas estarán
abiertas a discusión hasta que los arqueólogos puedan proporcionar
una tabulación más exacta de los movimientos tribales en
Grecia y de sus fechas. Sin embargo, el examen histórico y antropológico
es el único razonable; la teoría de que la Quimera, la Esfinge,
la Gorgona, los Centauros, los Sátiros y otros seres parecidos
son precipitaciones ciegas del inconsciente colectivo jungiano
a las que nunca se ha atribuido, ni se podía atribuir, un significado
preciso, es desmostrablemente falsa. Las edades del bronce y la
primitiva del hierro en Grecia no fueron la infancia de la humanidad,
como indica el Dr. Jung. El que Zeus se tragara a Metis, por
ejemplo, y luego diera a luz a Atenea a través de un orificio abierto
en su cabeza, no es una fantasía irreprimible, sino un ingenioso
dogma teológico que incluye por lo menos tres opiniones contradictorias:
1) Atenea era la hija partenogénica de Metis; es decir la persona
más joven de la Tríada encabezadas por Metis, diosa de la
Sabiduría.
2) Zeus tragó a Metis; es decir que los aqueos suprimieron su
culto y atribuyeron toda la sabiduría a Zeus como su dios patriarcal.
3) Atenea era hija de Zeus; es decir que los aqueos adoradores
de Zeus no destruyeron los templos de Atenea a condición de
que sus adoradores aceptaran la soberanía suprema de Zeus.
La deglución de Metis por Zeus, con su consecuencia, tenía que
ser representada gráficamente en las paredes de un templo; y así
como el erótico Dioniso —en otro tiempo hijo partenogénico de
Semele— renació de su muslo, también la intelectual Atenea renació
de su cabeza.
Si algunos mitos desconciertan a primera vista ello se debe con
frecuencia a que el mitógrafo ha interpretado mal, accidental o
deliberadamente, una imagen sagrada o un rito dramático. Yo he
llamado a ese procedimiento «iconotropía» y se pueden encontrar
ejemplos de ella en todos los cuerpos de literatura sagrada que
ponen el sello sobre una reforma radical de creencias antiguas. El
mito griego abunda en ejemplos iconotrópicos. Las mesas de taller
con tres patas, de Hefesto, por ejemplo, que se trasladaban por
sí solas a las asambleas de los dioses y volvían del mismo modo
(Ilíada, XVIII. 368 y ss.), no son, como sugiere sutilmente el Dr.
Charles Seltman en su Twelve Olympian Gods, anticipaciones de
los automóviles, sino discos del Sol dorados con tres patas cada
uno (como el emblema de la isla de Man), y representan, al parecer,
el número de los años de tres estaciones durante los cuales se
permitía reinar a un «hijo de Hefesto» en la isla de Lemnos. Asimismo
el llamado «Juicio de Paris», en el que se apela a un héroe
para que decida entre los encantos rivales de tres diosas y otorgue
su manzana a la mas bella, es el testimonio de una antigua situación
ritual superada en la época de Homero y Hesíodo. Esas tres
diosas en tríada: Atenea, la doncella; Afrodita, la ninfa: y Hera, la
anciana son una sola diosa, y es Afrodita quien ofrece la manzana
a Paris, no ella quien la recibe de él. Esta manzana, que simboliza
su amor comprado por Paris al precio de su vida, será el pasaporte
de este para los Campos Elíseos, los huertos de manzanas del occidente
en los que sólo son admitidas las almas de los héroes. Un
don análogo se ofrece con frecuencia en el mito irlandés y gales,
del mismo modo en que las Tres Hespérides lo ofrecen a Heracles
y Eva «la Madre de Todo lo Viviente» a Adán. Así Némesis, diosa
del bosquecillo sagrado que en el mito posterior se convirtió en
un símbolo de la venganza divina sobre los reyes orgullosos, lleva
una rama de la que cuelga una manzana, su don a los héroes. Todos
los paraísos de las edades neolítica y de bronce son islas llenas
de huertos; la propia palabra paraíso debería significar «huerto
».
La verdadera ciencia del mito debería comenzar con un estudio
de la arqueología, la historia y la religión comparada, no en el
consultorio del psicoterapeuta. Aunque jungianos sostienen que
«los mitos son revelaciones originales de la psique pre-consciente,
informes involuntarios acerca de acontecimientos psíquicos inconscientes
», el contenido de la mitología griega no era más misterioso
que las modernas caricaturas electorales, y en su mayor
parte fue formulada en territorios que mantenían estrechas relaciones
políticas con la Creta minoica, país lo bastante sofisticado
como para contar con archivos escritos, edificios de cuatro pisos
con un sistema de cañerías higiénicas, puertas con cerraduras de
aspecto moderno, marcas de fábrica registradas, ajedrez, un sistema
central de pesos y medidas y un calendario basado en pacientes
observaciones astronómicas.
Mi método ha consistido en reunir en una narración armoniosa
todos los elementos diseminados de cada mito, apoyados por variantes
poco conocidas que pueden ayudar a determinar el significado,
y en responder a todas las preguntas que van surgiendo, lo
mejor que puedo, en términos antropológicos o históricos. Me doy
buena cuenta de que ésta es una tarea demasiado ambiciosa para
que la emprenda un solo mitólogo, por largo y arduo que sea su
trabajo. Pueden deslizarse en ella errores. Permítaseme que haga
hincapié en que cualquier afirmación que se hace aquí acerca de
la religión o del, ritual mediterráneos antes de la aparición de documentos;
escritos es conjetural. Sin embargo, desde que este libro
se publicó per primera vez en 1955, me han alentado a las íntimas
analogías que E. Meyrowitz hace en su libro Akan Cosmológical
Drama (Faber and Faber) acerca de los cambios religiosos
y sociales que aquí se presumen. La población de Akan es el resultado
de una antigua emigración hacia el sur de bereberes de
Libia —primos de los pobladores pre-helénicos de Grecia— desde
los oasis del desierto del Sahara (véase 3.3) y sus casamientos
en Tombuctú con negros del río Níger. En el siglo XI d. de Cristo,
avanzaron todavía más hacia el sur, hasta lo que es ahora Ghana.
Cuatro tipos de culto diferentes subsisten entre ellos. En el más
primitivo adoran a la Luna como la suprema, triple diosa Ngame,
claramente idéntica a la Neith libia, la Tanit cartaginesa, la
Anatha cananea y la Atenea griega primitiva (véase 8.1). Se dice
que Ngame dio a luz los cuerpos celestiales por sus propios esfuerzos
(véase 1.1) y que luego dio vida a los hombres y animales
arrojando flechas mágicas con su arco en forma de luna nueva a
sus cuerpos inertes. También se dice de ella, en su aspecto homicida,
que quita la vida, como hacía su equivalente la diosa Luna
Ártemis (véase 22.1). A una princesa de linaje real se la juzga capaz,
en épocas inestables, de ser vencida por la magia lunar de
Ngame y parir una divinidad : tribal que fija su residencia en un
templo y conduce a un grupo de emigrantes a alguna región nueva.
Esta mujer se convierte en reina madre, jefe en la guerra, juez
y sacerdotisa de la colonia que funda. Entretanto la divinidad se
ha revelado como un animal totémico protegido por un tabú riguroso,
aparte de la cacería anual y el sacrificio de un ejemplar único;
esto arroja luz sobre la cacería de la lechuza que realizaban
anualmente los pelasgos en Atenas (véase 97.4). Entonces se forman
estados que consisten en federaciones tribales, y la divinidad
tribal más poderosa se convierte en el dios del Estado.
El segundo tipo de culto señala la coalescencia de Akan con los
adoradores sudaneses de un dios Padre, Odomankoma, quien pretendía
haber creado el universo por sí solo (véase 4.c); los dirigían,
al parecer, caudillos varones elegidos y habían adoptado la
semana de siete días sumeria. Como un mito de transacción, se
dice ahora que Ngame dio vida a la creación muerta de Odomankoma;
y cada divinidad tribal se convierte en una de las siete
potencias planetarias. Estas potencias planetarias —como he supuesto
que sucedió también en Grecia cuando llegó del Oriente el
culto de los Titanes (véase 11.3)— forman parejas de varón y
hembra. La reina madre del Estado, como representante de Ngame,
realiza un casamiento sagrado anual con el representante de
Odomankoma, es decir su amante elegido, a quien, al terminar el
año, los sacerdotes matan y desuellan. La misma práctica parece
haber prevalecido entre los griegos (véase 9.a y 21.5).
En el tercer tipo de culto el amante de la reina madre se convierte
en rey y es venerado como el aspecto masculino de la Luna,
análogamente al dios fenicio Baal Haman; y un muchacho que
desempeña el papel de rey muere en substitución de él cada año
(véase 30.1). La reina madre delega entonces los poderes de principal
funcionario ejecutivo en un visir y se concentra en sus propias
funciones fertilizantes rituales.
En el cuarto tipo de culto el rey, habiendo conseguido el homenaje
de varios reyezuelos, abroga su aspecto de dios Luna y se
proclama rey Sol al estilo egipcio (véase 67.1 y 2). Aunque sigue
celebrando el casamiento sagrado anual, se libera de la dependencia
de la Luna. En esta etapa el casamiento patrilocal reemplaza al
matrilocal, y a las tribus se les proporciona antepasados varones
heroicos a los que puedan adorar, como sucedió en Grecia, aunque
la adoración del sol nunca desalojó allí a la adoración del
trueno.
Entre los akan, cada cambio en el ritual de la corte queda señalado
por una agresión al mito aceptado de los acontecimientos celestiales.
Así, si el rey ha nombrado a un portero real para dar más
lustre a su oficio lo ha casado con una princesa, se anuncia que un
portero divino del Cielo ha hecho lo mismo. Es probable que el
casamiento de Heracles con la diosa Hebe y su designación como
portero de Zeus (véase 145.i y j) reflejara un acontecimiento análogo
en la corte de Micenas; y que los banquetes divinos en el
Olimpo reflejaran celebraciones análogas en Olimpia bajo la presidencia
conjunta del rey supremo de Micenas, semejante a Zeus,
y la suma sacerdotisa de Hera en Argos.
Estoy profundamente agradecido a Janet Seymour-Smith y
Kenneth Gay por haberme ayudado a dar forma a este libro, a Peter
y Lalage Green por haber corregido las pruebas de los primeros
capítulos, a Frank Seymour-Smith por haberme enviado desde
Londres raros textos latinos y griegos, y a los numerosos amigos,
en particular a Sally Chilver, el Dr. P. Kayberry y M. G. C. Hodgart,
que me han ayudado a corregir la primera edición.
R.G.
Deyá, Mallorca,
España
ORIGENES
Nota: Cada mito se relata primeramente en forma de narración en la que cada párrafo se identifica con
una letra en cursiva (a, b, c...). Las fuentes se dan en notas a pie de página, numeradas de acuerdo con las
referencias del texto. Sigue un comentario explicativo, dividido en párrafos señalados con números en
cursiva (1, 2, 3...). Las referencias cruzadas de una sección explicativa a otra se hacen dando el número
del mito y el número del párrafo, así: (43.4) lleva al lector al párrafo 4 de la tercera sección (la explicativa)
del mito 43.
1
EL MITO PELASGO DE LA CREACIÓN
a. En el principio (Eurínome, la Diosa de Todas las Cosas, surgió
desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en qué apoyar
los pies y, en consecuencia, separó el mar del firmamento y danzó
solitaria sobre sus olas. Danzó hacia el sur y el viento puesto en
movimiento tras ella pareció algo nuevo y aparte con que poder
empezar una obra de creación. Se dio la vuelta y se apoderó de
ese viento norte, lo frotó entre sus manos y he aquí que surgió la
gran serpiente Ofión. Eurínome bailó para calentarse, cada vez
más agitadamente, hasta que Ofión se sintió lujurioso, se enroscó
alrededor de los miembros divinos y se ayuntó con la diosa. Ahora
bien, el Viento Norte, llamado también Bóreas, fertiliza; por
ello las yeguas vuelven con frecuencia sus cuartos traseros al
viento y paren potros sin ayuda de un semental3. Así fue como
Eurínome quedó encinta.
b. Luego asumió la forma de una paloma aclocada en las olas, y
a su debido tiempo puso el Huevo Universal. A petición suya
Ofión se enroscó siete veces alrededor de ese huevo, hasta que se
empolló y dividió en dos. De él salieron todas las cosas que existen,
sus hijos: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la tierra
con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y criaturas vivientes.
c. Eurínome y Ofión establecieron su residencia en el monte
Olimpo, donde él irritó a la diosa pretendiendo ser el autor del
Universo. Inmediatamente ella se golpeó en la cabeza con el talón
le arrancó los dientes de un puntapié y lo desterró a las oscuras
cavernas situadas bajo la tierra4.
3Plinio: Historia natural IV. 35 y VIII. 67; Homero: Ilíada XX. 223.
4 Sólo unos fragmentos poco esclarecidos de este mito prehelénico-sobreviven en la literatura griega
de los cuales los más extensos son los de Apolonio de Rodas. Argonautica i.496-505, y Tzetzes: Sobre
Licofrón; 1191; pero está implícito en los Místerios Orficos y se puede restaurar, como se hace arriba, con
el Fragmento Berosiano y las cosmogonías tenidas citadas por Philo Byblius y Damascio; con los elementos
cananeos del relato de la creación hebrea; con Higinio (Fábula 197; véase 62.a) ; con la leyenda
beocia de los dientes del dragón (véase 58.5); y con el arte ritual primitivo. Que todos los pelasgos nacieron
de Ofión lo indica su sacrificio común, el Peloría (Ateneo: xiv 45.639-40), pues Ofión era un Pelor, o
'serpiente prodigiosa'.
d. A continuación la diosa creó las siete potencias planetarias y
puso una Titánide y un Titán en cada una: Thía e Hiperion para el
Sol; Febe y Atlante para la Luna; Dione y Cno para el planeta
Marte; Metis y Ceo para el planeta Mercurio: Temis y Eurimedonte
para el planeta Júpiter; Tetis y Océano para Venus: Rea y
Crono para el planeta Saturno5. Pero el primer hombre fue Pelasgo,
progenitor de los pelasgos; surgió del suelo de Arcadia, seguido
de algunos otros, a los que enseñó a construir chozas, alimentarse
de bellotas y coser túnicas de piel de cerdo como las que la
gente pobre lleva todavía en Eubea y Fócida6.
*
1. En este sistema religioso arcaico no había hasta entonces dioses ni sacerdotes
sino solamente una diosa universal y sus sacerdotisas, pues la mujer
constituía el sexo dominante y el hombre era su víctima asustada. No se
honraba la paternidad y se atribuía la concepción al viento, la ingestión de
habichuelas o a la deglución accidental de un insecto; la herencia era matrilineal
y a las culebras se las consideraba encarnaciones de los muertos. Eurínome
(«amplio vagabundeo») era el título de la diosa como la luna visible;
su nombre sumerio era Iahu («paloma eminente»), título que más tarde
pasó a Jehová como el Creador. Fue en forma de paloma como Marduk la
dividió simbólicamente en dos en el Festival de Primavera babilónico,
cuando inauguró el nuevo orden mundial.
2. Ofión, o Bóreas, es la serpiente demiurgo del mito hebreo y egipcio;
en el arte mediterráneo primitivo se muestra constantemente a la Diosa en
su compañía. Los pelasgos nacidos de la tierra, cuya pretensión parece
haber sido que habían brotado de los dientes de Ofión. eran originariamente,
quizás, el pueblo de los «géneros pintados» neolítico; llegaron a la tierra
firme de Grecia desde Palestina alrededor de 3500 a. de C.. y los primeros
helenos —inmigrantes del Asia Menor que habían pasado por las Cicladas—
los encontraron ocupando el Peloponeso setecientos años después.
Pero el nombre de «pelasgos» llego a aplicarse vagamente a todos los habitantes
pre-helénicos de Grecia. Así Eurípides (citado por Estrabón v.2.4.)
cuenta que los pelasgos adoptaron el nombre de «danaides» a la llegada a
5 Homero: Ilíada v.898; Apolonio de Rodas: ii.1232; Apolodoro: i.1.3; Hesíodo: Teogonía. 133; Estéfano
de Bizancio sub Adana; Aristófanes: Las aves 692 y ss.; Clemente de Roma: Homilías vi.4.72; Proclo
sobre el Timeo de Platón, ii, p. 307.
6 Pausanías: viii.1.2
Argos de Dánao y sus cincuenta hijas (véase 60.f). Las censuras de su conducta
licenciosa (Herodoto: vi. 137) se refieren probablemente a la costumbre
pre-helénica de las orgías eróticas. Estrabón dice en el mismo pasaje
que a los que vivían cerca de Atenas se los llamaba Pelargi («cigüeñas»):
quizás esa era su ave totémica.
3. Los Titanes («señores») y las Titánides tenían sus equivalentes en la
astrología babilonia y palestina primitiva, en la que eran deidades que regían
los siete días de la semana planetaria sagrada; y pueden haber sido introducidas
por los cananeos o hititas, colonia que se estableció en el Istmo
de Corinto a comienzos del segundo milenio a. de C. (véase 67.2), o también
por los heladas primitivos. Pero cuando el culto de los Titanes fue abolido
en Grecia y la semana de siete días dejó de figurar en el calendario oficial,
su número fue citado como doce por algunos autores, probablemente
para hacer que correspondieran con los signos del zodíaco. Hesíodo, Apolodoro,
Estéfano de Bizancio, Pausanias y otros dan listas contradictorias
de sus nombres. En el mito babilonio los gobernantes planetarios de la semana,
a saber, Samas, Sin, Nergal, Bel, Beltis y Ninib, eran todos varones,
excepto Beltis, la diosa del amor; pero en la semana germana, que los celtas
habían tomado del Mediterráneo oriental, el Domingo, el Martes y el Viernes
eran gobernados por Titánides, en lugar de Titanes. A juzgar por el carácter
divino de las parejas de hijos e hijas de Éolo (véase 43.4), y el mito
de Níobe (véase 77.1), se decidió, cuando el sistema llegó por primera vez
a la Grecia pre-helénica desde Palestina, emparejar a una Titánide con cada
Titán, como medio de salvaguardar los intereses de la diosa. Pero antes de
que pasara mucho tiempo los catorce quedaron reducidos a una compañía
mixta de siete. Las potencias planetarias eran las siguientes: el Sol para la
iluminación, la Luna para el encantamiento. Marte para el crecimiento,
Mercurio para la sabiduría, Júpiter para la ley. Venus para el amor. Saturno
para la paz. Los astrólogos griegos clásicos, de acuerdo con los babilonios,
adjudican los planetas a Helio, Selene, Ares, Hermes (o Apolo), Zeus,
Afrodita y Crono, cuyos equivalentes latinos, citados anteriormente, todavía
dan el nombre a las semanas francesa, italiana y española.
4. Al final, míticamente hablando, Zeus devoró a los Titanes, incluyendo
su propio ser anterior, puesto que los judíos de Jerusalén adoraban a un
Dios transcendente, compuesto por todas las potencias planetarias de la
semana, teoría simbolizada en el candelabro de siete brazos y en los Siete
Pilares de la Sabiduría. Los siete pilares planetarios elevados cerca de la
Tumba del Caballo en Esparta estaban, según Pausanias (iii.20.9), adornados
a la manera antigua, y quizá tenían relación con los ritos egipcios introducidos
por los pelasgos (Herodoto: ii.57). Si los judíos tomaron la teoría
de los egipcios, o al contrario, no se sabe con seguridad; pero el llamado
Zeus Heliopolitano, del que trata A. B. Cook en su Zeus (i.570-76), era de
carácter egipcio y llevaba bustos de las siete potencias planetarias como
ornamentos frontales en su cuerpo y, habitualmente, también bustos de los
restantes olímpicos como ornamentos traseros. Una estatuilla en bronce de
este dios se encontró en Tortosa, España; otra, en Biblos, Fenicia; y una
estela de mármol de Marsella muestra seis bustos planetarios y una figura
de cuerpo entero de Hermes —a quien se da también la mayor prominencia
en las estatuillas—, probablemente como el inventor de la astronomía. En
Roma, Quinto Valerio Sorano pretendía igualmente que Júpiter era un dios
transcendente, aunque allí no se observaba la semana como en Marsella,
Biblos y (probablemente) en Tortosa. Pero a las potencias planetarias nunca
se les permitió influir en el culto olímpico oficial, pues se las consideraba
no griegas (Herodoto: i.131), y por lo tanto antipatrióticas: Aristófanes (La
paz, 403 y ss.) hace decir a Trigeo que la Luna y «ese viejo bellaco, el Sol»
preparan una conspiración para entregar Grecia a los persas.
5. La afirmación de Pausanias de que Pelasgo fue el primer hombre testimonia
la continuación de una cultura neolítica en Arcadia hasta la época
clásica.
2
LOS MITOS HOMÉRICO Y ÓRFICO DE LA CREACIÓN
a. Algunos dicen que todos los dioses y todas las criaturas vivientes
surgieron del Océano que circunda al mundo y que Tetis
fue la madre de todos sus hijos7.
b. Pero los órficos dicen que la Noche de alas negras, diosa por
la que incluso Zeus sentía un temor reverente8, fue cortejada por
el Viento y puso un huevo de plata en el seno de la Oscuridad; y
que Eros, a quien algunos llaman Fanes, salió de ese huevo y puso
el Universo en movimiento. Eros tenía doble sexo y alas doradas
y, como poseía cuatro cabezas, a veces mugía como un toro o rugía
como un león, y otras veces silbaba como una serpiente o balaba
como un carnero. La Noche, que le dio el nombre de Ericepayo
y Protógeno Faetón9 vivía en una cueva con él y se manifes-
7 Homero: Ilíada xiv.201.
8 Ibíd.: xiv.261.
9 Fragmentos órficos 60,61 y 70
taba en forma de tríada: la Noche, el Orden y la Justicia. Delante
de esa cueva se sentaba la ineludible madre Rea, tocando un tambor
de latón para captar la atención de los hombres sobre los oráculos
de la diosa. Panes creó la tierra, el cielo, el sol y la luna, pero
la diosa triple gobernó el universo hasta que su cetro pasó a
Urano10.
*
1. El mito de Homero es una versión de la fábula de la creación pelasga
(véase 1.2), puesto que Teas reinaba en el mar como Eurínome y Océano
circundaba el Universo como Ofión.
2. El mito órfico es otra versión, pero influida por una posterior doctrina
mística del amor (Eros) y teorías acerca de la relación apropiada de los
sexos. El huevo de plata de la Noche significa la luna, pues la plata es el
metal lunar. Como Ericepayo («comedor de brezo») el dios del amor Panes
(«revelador») es una abeja celestial que zumba fuertemente, hijo de la Gran
Diosa (véase 18.4). La colmena era estudiada como una república ideal y
confirmaba el mito de la Edad de Oro, cuando la miel caía de los árboles
(véase 5.b). Rea tocaba el tambor de latón para impedir que las abejas enjambrasen
en el lugar que no correspondía y para evitar las malas influencias,
como las bramaderas utilizadas en los Misterios. Como Protógeno
Faetonte («el brillador primogénito») Fanes es el Sol, del que los órficos
hacían un símbolo de la iluminación (véase 28.d), y sus cuatro cabezas corresponden
a los animales simbólicos de las cuatro estaciones. Según Macrobio,
el Oráculo de Colofón identificaba a este Fanes con el dios supremo
Iao; Zeus (carnero) con la primavera: Helio (león) con el verano; Hades
(serpiente) con el invierno, y Dioniso (toro) con el Año Nuevo.
El cerro de la Noche pasó a Urano con el advenimiento del patriarcado.
3.
EL MITO OLÍMPICO DE LA CREACIÓN
a. En el principio de todas las cosas la Madre Tierra emergió
del Caos y dio a luz a su hijo Urano mientras dormía. Contemplándola
tiernamente desde las montañas, él derramó una lluvia
10 Ibíd.: 86
fértil sobre sus hendiduras secretas, y ella produjo hierbas, flores
y árboles, con los animales y las aves adecuados para cada planta.
La misma lluvia hizo que corrieran los ríos y llenó de agua los lugares
huecos, creando así los lagos y los mares.
b. Sus primeros hijos de forma semihumana fueron los gigantes
de cien manos llamados Enarco, Giges y Coto. Luego aparecieron
los tres feroces Cíclopes de un solo ojo, constructores de murallas
gigantescas y maestros herreros, primeramente de Tracia y luego
de Creta y Licia11, a cuyos hijos encontró Odiseo en Sicilia12. Se
llamaban Brontes, Estéropes y Arges, y sus espíritus han vivido
en las cavernas del volcán Etna desde que Apolo los mató en venganza
por la muerte de Asclepio.
c. Los libios, sin embargo, pretenden que Garamante nació antes
que los cíclopes de cien manos y que, cuando surgió de la llanura,
ofreció a la Madre Tierra un sacrificio de bellotas dulces13.
*
1. Este mito patriarcal de Urano obtuvo la aceptación oficial bajo el sistema
religioso olímpico. Urano, cuyo nombre llegó a significar «el firmamento
», parece haber conquistado su posición como Primer Padre al ser
identificado con el dios pastoral Varuna, uno de los que constituyen la trinidad
masculina aria; pero su nombre griego es una forma masculina de
Ur-ana («reina de las montañas», «reina del verano», «reina de los vientos»
o «reina de los bueyes salvajes»): la diosa en su aspecto orgiástico del solsticio
estival. El casamiento de Urano con la Madre Tierra explica una primera
invasión helénica de la Grecia septentrional, que permitió a los adoradores
de Varuna alegar que él prohijó a las tribus nativas que encontró allí,
aunque reconocían que era hijo de la Madre Tierra. Una enmienda del mito
registrada por Apolodoro, es que la Tierra y el Cielo se dividieron en una
lucha mortal y luego se volvieron a unir mediante el amor. Mencionan esto
Eurípides (Melanipo el sabio, fragmento 484, ed. Nauck) y Apolonio de
Rodas (Argonáutica, i.494). La lucha mortal tiene que referirse al choque
entre los principios patriarcales y los matriarcales causado por las invasiones
helénicas. Giges («nacido de la tierra») tiene otra forma, gigas («gigan-
11 Apolodoro: i.1-2; Eurípides: Crisipo, citado por Sexto Empírico, p. 751; Lucrecio: i.250 y ii.991 y
ss.
12 Homero: Odisea ix.106-566; Apolodoro: iii.10.4.
13 Apolonio de Rodas: iv.1493 y ss.; Píndaro: Fragmento 84, ed. Bergk.
te») y los gigantes se asocian en el mito con las montañas de la Grecia septentrional.
Briareo («fuerte») era llamado también Egeón (Ilíada, i.403), y
su pueblo puede ser, por lo tanto, el libio-tracio, cuya diosa cabra Egis
(véase 8.1) dio su nombre al mar Egeo. Coto era el antepasado epónimo de
los cotianos, quienes adoraban a la orgiástica Cotito, y difundieron su culto
desde Tracia a toda la Europa noroccidental. Estas tribus son descritas como
«de cien manos», quizá porque sus sacerdotisas estaban organizada en
colegios de cincuenta, como las Danaides y las Nereidas: o tal vez porque
los hombres estaban organizados en grupos guerreros de cien miembros,
como los romanos primitivos.
2. Los cíclopes parecen haber sido un gremio de forjadores de bronce de
la Hélade primitiva. Cíclope significa «los de ojo anular», y es probable
que se tatuaran con anillos concéntricos en la frente, en honor del sol. la
fuente del fuego de sus hornos; los tracios siguieron tatuándose hasta la
época clásica (véase 28.2). Los círculos concéntricos forman parte del misterio
del arte de la herrería: para batir cuencos, yelmos, o máscaras rituales,
el forjador se guiaba por esos círculos, trazados con compás alrededor del
centro del disco plano en el que trabajaba. Los cíclopes tenían también un
solo ojo en el sentido de que los herreros se cubren con frecuencia un ojo
con un parche para evitar las chispas que vuelan. Más tarde se olvidó su
identidad y los mitógrafos ubicaron caprichosamente sus espíritus en las
cavernas del Etna, para explicar el fuego y el humo que salen de su cráter
(véase 35.1). Existía una estrecha vinculación cultural entre Tracia, Creta y
Licia; los Cíclopes estaban en su elemento en todos esos países. La primitiva
cultura heládica se extendió también a Sicilia; pero también es posible
que (como Samuel Butler fue el primero en sugerir) la composición siciliana
de la Odisea explique la presencia de los Cíclopes allí (véase 170.b).
Los nombres de Brontes, Estéropes y Arges («trueno», «rayo» y «resplandor
») son invenciones posteriores.
3. Garamante es el antepasado epónimo de los garamantas libios que
ocuparon el oasis de Djado, al sur del Fezán, y fueron conquistados por el
general romano Balbo en el año 19 a. de C. Se dice que eran de raza cusitaberéber
y en el siglo II d. de C. fueron sometidos por los bereberes lemta,
matrilineales. Posteriormente se mezclaron con los aborígenes negros de la
margen meridional del Alto Níger y adoptaron su idioma. Hoy día sobreviven
en una sola aldea con el nombre de Koromantse. Garamante se deriva
de las palabras gara, man y te, que significan «pueblo del estado de Gara».
Gara parece ser la diosa Ker, o Q're, o Car (véase 82.6 y 86.2), que dio su
nombre a los carios, entre otros pueblos, y estaba asociada con la apicultura.
Las bellotas comestibles, alimento corriente en el mundo antiguo antes
de la introducción del cereal, se daban en Libia; y la colonia garamanta de
Ammon se unió con la de Dodona en la Grecia septentrional en una liga
religiosa que, según Sir Flinders Petrie, puede haber tenido su origen ya en
el tercer milenio a. de C. Ambos lugares tenían un antiguo oráculo-encina
(véase 51.a). Herodoto describe a los garamantas como un pueblo pacífico
pero muy poderoso, que cultivaba la palmera, el cereal y el ganado vacuno
(iv.174 y 183).
4.
DOS MITOS FILOSÓFICOS DE LA CREACIÓN
a. Algunos dicen que al principio reinaba la Oscuridad y de la
Oscuridad nació el Caos. De la unión entre la Oscuridad y el Caos
nacieron la Noche, el Día; el Erebo y el Aire.
De la unión de la Noche y el Erebo nacieron el Hado, la Vejez,
la Muerte, el Asesinato, la Continencia, el Sueño, los Desvaríos,
la Discordia, la Miseria, la Vejación, Némesis, la Alegría, la
Amistad, la Compasión, las tres Parcas y las tres Hespérides.
De la unión del Aire y el Día nacieron la Madre Tierra, el Cielo
y el Mar.
De la unión del Aire y la Madre Tierra nacieron el Terror, la
Astucia, la Ira, la Lucha, las Mentiras, los Juramentos, la Venganza,
la Intemperancia, la Disputa, el Pacto, el Olvido, el Temor, el
Orgullo, la Batalla, y también Océano, Metis y los otros Titanes,
Tártaro y las Tres Erinias o Furias.
De la unión de la Tierra y el Tártaro nacieron los Gigantes.
b. De la unión del Mar y sus Ríos nacieron las Nereidas. Pero
todavía no había hombres mortales, hasta que, con el consentimiento
de la diosa Atenea, Prometeo, hijo de Jápeto, los formó a
semejanza de los dioses. Para ello utilizó arcilla y agua de Panopeo
en Fócide y Atenea les insufló la vida14.
c. Otros dicen que el Dios de Todas las Cosas —quienquiera
que pudiera haber sido, pues algunos lo llaman Naturaleza— apareció
de pronto en el Caos y separó la tierra del cielo, el agua de
la tierra y el aire superior del inferior. Después de desenredar los
elementos los puso en el orden debido, tal como está en la actua-
14 Hesíodo: Teogonía 211-32; Higinio; Fábulas, Proemio; Apolodoro: i.7.1; Luciano: Prometeo en el
Caucaso 13; Pausanias: x.4.3.
lidad. Dividió la tierra en zonas, unas muy calurosas, otras muy
frías y algunas templadas; la moldeó en forma de llanuras y montañas,
y la revistió con hierba y árboles. Sobre ella puso el firmamento
rodante, al que tachonó con estrellas, y asignó posiciones a
los cuatro vientos. Pobló también las aguas con peces, la tierra
con animales y el cielo con el sol, la luna y los cinco planetas. Finalmente,
hizo al hombre —quien, único entre todos los animales,
alza su rostro hacia el cielo y observa el sol, la luna y las estrellas—,
a menos que sea cierto que Prometeo, hijo de Jápeto, hizo
el cuerpo del hombre con agua y arcilla, y que el alma le fue proporcionada
por ciertos elementos divinos errantes que habían sobrevivido
desde la Primera Creación15.
*
1. En la Teogonía de Hesíodo —en la que se basa el primero de estos mitos
filosóficos— la lista de abstracciones queda confusa con las Nereidas,
los Titanes y los Gigantes, a los que se considera obligado a incluir. Tanto
las Tres Parcas como las Tres Hespérides son la triple diosa Luna en su aspecto
mortífero.
2. El segundo mito, que se encuentra sólo en Ovidio, fue tomado por los
griegos posteriores del poema épico babilonio de Gilgamesh, la introducción
del cual relata la creación particular por la diosa Aruru del primer
hombre, Eabani. con un trozo de arcilla; pero, aunque Zeus había sido el
Señor Universal durante muchos siglos, los mitógrafos se vieron obligados
a admitir que el Creador de todas las cosas podía haber sido una Creadora.
Los judíos, como herederos del mito de la creación «pelasgo» o cananeo,
también se habían sentido incómodos: en el relato del Génesis una hembra
«Espíritu del Señor» empolla en la superficie de las aguas, aunque no pone
el huevo del mundo; y Eva, «la Madre de Todo lo Viviente», recibe la orden
de machacar la cabeza de la Serpiente, aunque ésta no está destinada a
descender al Abismo hasta el fin del mundo.
3. Igualmente, en la versión talmúdica de la creación, el arcángel Miguel
—equivalente de Prometeo— forma a Adán con polvo por orden, no de la
Madre de Todo lo Viviente, sino de Jehová. Jehová le insufla luego la vida
y le da a Eva que, como Pandora, lleva la desgracia a la humanidad (véase
39.j).
4. Los filósofos griegos distinguían al hombre prometeico de la creación
imperfecta nacida de la tierra, parte de la cual fue destruida por Zeus, y el
15 Ovidio: Metamorfosis i-ii.
resto arrastrada en el Diluvio Deucalioniano (véase 38.c). Casi la misma
distinción se encuentra en el Génesis vi.2-4 entre los «hijos de Dios» y las
«hijas de los hombres», con la que se casaron.
5. Las lápidas referentes a Gilgamesh son posteriores y equívocas; en
ellas se atribuye toda la creación a la «Brillante Madre del Vacío» —Aruru
es sólo uno de los muchos títulos de esta diosa— y el tema principal es una
rebelión contra su orden matriarcal, descrita como de completa confusión,
por los dioses del nuevo orden patriarcal. Marduk, el dios babilonio de ciudad,
termina venciendo a la diosa en la persona de Tiamat, la sierpe marina;
y luego se anuncia con descaro que él, y nadie más, creó las hierbas, las
tierras, los ríos, los animales, las aves y la humanidad. Este Marduk era un
diosecillo advenedizo cuya pretensión de haber vencido a Tiamat y creado
el mundo había sido alegada anteriormente por el dios Bel; Bel era una
forma masculina de Belili, la diosa Madre sumeria. La transición del matriarcado
al patriarcado parece haberse realizado en la Mesopotamia, como
en otras partes, mediante la rebelión del consorte de la Reina, en quien
había delegado el poder ejecutivo permitiéndole que adoptase su nombre,
sus vestiduras y sus instrumentos sagrados (véase 136.4).
5
LAS CINCO EDADES DEL HOMBRE
a. Algunos niegan que Prometeo creara a los hombres, o que algún
hombre brotara de los dientes de una serpiente. Dicen que la
Tierra los produjo espontáneamente, como el mejor de sus frutos,
especialmente en la región del Ática16, y que Alalcomeneo fue el
primer hombre que apareció, junto al lago Copáis en Beocia, incluso
antes que existiera la Luna. Actuó como consejero de Zeus,
con ocasión de su querella con Hera, y como tutor de Atenea
cuando ésta era todavía una muchacha17.
b. Estos hombres constituían la llamada raza de oro; eran súbditos
de Crono, vivían sin preocupaciones ni trabajo, comían solamente
bellotas, frutos silvestres y la miel que destilaban los árboles,
bebían leche de oveja y cabra, nunca envejecían, bailaban y
16 Platón: Menexeno: 6-7.
17 Hipólito: Refutación de todas las herejías v.6.3; Eusebio: Preparación para el Evangelio iii.1.3.
reían mucho; para ellos la muerte no era más terrible que el sueño.
Todos ellos han desaparecido, pero sus espíritus sobreviven como
genios de los felices lugares de retiro rústicos, donantes de buena
fortuna y mantenedores de la justicia.
c. Luego vino una raza de plata, comedora de pan, también de
creación divina. Los hombres estaban completamente sometidos a
sus madres y no se atrevían a desobedecerlas, aunque podían vivir
hasta los cien años de edad. Eran pendencieros e ignorantes y
nunca ofrecían sacrificios a los dioses, pero al menos no se hacían
mutuamente la guerra. Zeus los destruyó a todos.
d. A continuación vino una raza de bronce, hombres que cayeron
como frutos de los fresnos y estaban armados con armas de
bronce. Comían carne y pan, y les complacía la guerra, pues eran
insolentes y crueles. La peste terminó con todos.
e. La cuarta raza de hombres era también de bronce, pero más
noble y generosa, pues la engendraron los dioses en madres mortales.
Pelearon gloriosamente en el sitio de Tebas, la expedición
de los argonautas y la guerra de Troya. Se convirtieron en héroes
y habitan en los Campos Elíseos.
f. La quinta raza es la actual de hierro, indignos descendientes
de la cuarta. Son degenerados, crueles, injustos, maliciosos, libidinosos,
malos hijos y traicioneros18.
*
1. Aunque el mito de la Edad de Oro se remonta finalmente a una tradición
de subordinación tribal a la diosa Abeja, la barbarie de su reinado en la
época pre-agrícola había sido olvidada en tiempos de Hesíodo y lo único
que quedaba era una convicción idealista de que en otro tiempo los hombres
habían convivido en armonía mutua como las abejas (véase 2.2).
Hesíodo era un pequeño agricultor y la vida dura que vivía le hacía malhumorado
y pesimista. El mito de la raza de plata también deja constancia
de las condiciones matriarcales, como las que sobrevivían en la época clásica
entre los pictos, los moesinoequianos del Mar Negro (véase 151.e) y
algunas tribus de las Baleares, Galicia y el golfo de Sirte, bajo las cuales los
hombres seguían siendo un sexo despreciado, aunque se había introducido
la agricultura y las guerras no eran frecuentes. La plata es el metal de la
diosa Luna. Los miembros de la tercera raza eran los invasores helenos
18 Hesíodo: Los trabajos y los días 109-201, con escoliasta
primitivos; pastores de la Edad de Bronce que adoptaron el culto del fresno
de la diosa y su hijo Posidón (véase 6.4 y 57.1). La cuarta raza era la de los
reyes guerreros de la época micénica. La quinta la constituían los dorios del
siglo XII a. de C., quienes empleaban armas de hierro y destruyeron la civilización
micénica.
Alalcomeneo («guardián») es un personaje ficticio, una forma masculina
de Alalcomenia, título de Atenea (Ilíada, iv.8) como guardiana de Beocia.
Sirve al dogma patriarcal de que ninguna mujer, ni siquiera una diosa, puede
ser sabia sin instrucción masculina, y de que la diosa Luna y la Luna
misma fueron creaciones posteriores de Zeus.
6
LA CASTRACIÓN DE URANO
a. Urano engendró a los Titanes en la Madre Tierra después de
haber arrojado a sus hijos rebeldes, los Cíclopes, al Tártaro, lugar
tenebroso en el mundo subterráneo que se halla A la misma distancia
de la tierra que la tierra del cielo; un yunque que cayera
tardaría nueve días en llegar a su fondo. En venganza, la Madre
Tierra incitó a los Titanes a que atacaran a su padre, y ellos lo
hicieron, encabezados por Crono, el más joven de los siete, al que
ella armó con una hoz de pedernal. Sorprendieron a Urano mientras
dormía y fue con esa hoz de pedernal con lo que le castró el
cruel Crono, asiendo sus órganos genitales con la mano izquierda
(la que desde entonces ha sido la mano de mal agüero), y luego
los arrojó al mar. junto con la hoz, desde el cabo Drépano. Pero
algunas gotas de la sangre que fluía de la herida cayeron sobre la
Madre Tierra, y ésta dio a luz a las Tres Erinias, furias que vengan
los crímenes de parricidio y perjurio y se llaman Alecto, Tisífone
y Megera. Las ninfas del fresno, llamadas Melíades, nacieron
también de esa sangre.
b. Los Titanes pusieron en libertad a los Cíclopes que estaban
en el Tártaro y concedieron la soberanía de la tierra a Crono.
Sin embargo, tan pronto como Crono se encontró en el mando
supremo volvió a confinar a los Cíclopes en el Tártaro, juntamente
con los gigantes de cien manos, tomó como esposa a su hermana
Rea y gobernó en Elide19.
*
1. Hesíodo, quien registra el mito, era cadmeo, y los cadmeos provenían
del Asia Menor (véase 59.5), probablemente a causa de la caída del imperio
hitita, y llevaron consigo la fábula de la castración de Urano. Se sabe, no
obstante, que el mito no era de creación hitita, pues se ha descubierto una
versión hurrita (horita) anterior. La versión de Hesíodo puede reflejar una
alianza entre los diversos pobladores pre-helénicos de la Grecia central y
meridional, cuyas tribus dominantes favorecían el culto de los Titanes, contra
los invasores helenos primitivos provenientes del norte. Obtuvieron el
triunfo en la guerra, pero inmediatamente después reclamaron la soberanía
sobre los nativos septentrionales a los que habían liberado. La castración de
Urano no es necesariamente metafórica si algunos de los vencedores provenían
del África oriental, donde, hasta el presente, los guerreros gallas llevan
al combate una hoz en miniatura para castrar a sus enemigos; hay estrechas
afinidades entre los ritos religiosos del este de África y los de la
Grecia primitiva.
2. Los griegos posteriores leían «Crono» como Chronos. «Padre Tiempo
» con su hoz implacable. Pero se le representa en compañía de un cuervo,
como, a Apolo, Asclepio, Saturno y al dios británico primitivo Bran; y
cronos significa probablemente «cuervo», como la palabra latina cornix y
la griega corone. El cuervo era una ave oracular y se suponía que albergaba
el alma de un rey sagrado después de su sacrificio (véase 25.5 y.50.1).
3. Aquí las tres Erinias, o Furias, que nacieron de las gotas de la sangre
de Urano, son la triple diosa misma; es decir, que durante el sacrificio del
rey, destinado a hacer que fructificasen los sembrados y huertos, sus sacerdotisas
debían llevar máscaras de Gorgona amenazadoras para ahuyentar a
los visitantes profanos. Sus órganos genitales parecen haber sido arrojados
al mar para estimular la procreación de los peces. El mitógrafo entiende
que las vengativas Erinias aconsejaron a Zeus que no castrara a Crono con
la misma hoz, pero su función original consistía en vengar daños causados
solamente a una madre, o a un suplicante que pedía la protección de la diosa
del Hogar (véase 105.k, 107.d y 113.a), y no a un padre.
4. Las ninfas del fresno son las tres Furias en estado de ánimo más benigno:
el rey sagrado estaba dedicado al fresno, empleado originalmente en
las ceremonias para provocar la lluvia (véase 57.1). En Escandinavia llegó
a ser el árbol de la magia universal; las Tres Normas, o Parcas, dispensaban
la justicia bajo un fresno del que Odín, al reclamar la paternidad de la
19 Hesíodo: Teogonía 133-87 y 616-23; Apolodoro: i.1.4-5; Servio sobre la Eneida de Virgilio v.801.
humanidad, hizo su corcel mágico. Las mujeres deben haber sido las primeras
hacedoras de lluvia en Grecia, igual que en Libia.
5. Las hoces de hueso neolíticas, dentadas con pedernal u obsidiana, parecen
haber seguido en uso ritual mucho tiempo después de su sustitución,
como instrumentos agrícolas, por hoces de bronce y hierro.
6. Los hititas hacen que Kumarbi (Crono) arranque de un mordisco los
órganos genitales del dios del Cielo Anu (Urano), trague parte del semen y
escupa el resto sobre el monte Kansura, donde se convierte en una diosa; el
Dios del Amor así concebido por él es cortado de su costado por Ea, el
hermano de Anu. Estos dos nacimientos fueron combinados por los griegos
en la fábula de cómo Afrodita surgió de un mar impregnado por, los órganos
genitales cortados de Urano (véase 10.b). Kumarbi da nacimiento luego
a un hijo extraído de su muslo —del mismo modo en que Dionisio volvió a
nacer de Zeus (véase 27.b)—, quien viaja en un carro de tempestad tirado
por un toro y va en ayuda de Anu. El «cuchillo que separó la tierra del cielo
» se encuentra en la misma fábula como el arma con que el hijo de Kumanbi,
el gigante Ullikummi nacido de la tierra, es destruido (véase 35.4).
7.
EL DESTRONAMIENTO DE CRONO
a. Crono se casó con su hermana Rea, a quien está consagrado
el roble20. Pero la Madre Tierra y su moribundo padre Urano profetizaron
que uno de sus hijos lo destronaría. En consecuencia,
cada año devoraba a los hijos que le daba Rea: primeramente a
Hestia, luego a Deméter y Hera, y más tarde a Hades y Posidón21.
b. Rea estaba furiosa. Dio a luz a Zeus, su tercer hijo, en plena
noche en el monte Liqueo de Arcadia, donde ninguna criatura
proyecta su sombra22 y, después de bañarlo en el río Neda, lo entregó
a la Madre Tierra, quien lo llevó a Licto en Creta y lo ocultó
en la cueva de Dicte en el monte Egeo. La Madre Tierra lo dejó
allí para que lo criaran Adrastea, una ninfa del Fresno, su hermana
20 Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: i.1124.
21 Apolodoro: i.1.5; Hesíodo: Teogonía 453-67.
22 Polibio: xvi.12.6 y ss.; Pausanias: viii.38.5.
Io, hijas ambas de Meliseo, y la ninfa-cabra Amaltea. Se alimentaba
de miel y bebía la leche de Amaltea, con el chivo Pan, su
hermano adoptivo. Zeus estaba agradecido a las tres ninfas por su
bondad y cuando llegó a ser el Señor del Universo puso la imagen
de Amaltea entre las estrellas, como Capricornio23 y También tomó
uno de sus cuernos, que parecía el de una vaca, y se lo dio a
las hijas de Meliseo; se convirtió en la famosa Cornucopia, o
cuerno de la abundancia, que está siempre lleno de todos los alimentos
o bebidas que su poseedor pueda desear. Pero algunos dicen
que Zeus fue amamantado por una cerda y cabalgaba montado
en su lomo, y que perdió su cordón umbilical en Onfalión, cerca
de Cnosos24.
c. Alrededor de la cuna dorada del niño Zeus, la cual colgaba de
un árbol (para que Cronos no lo pudiera encontrar ni en el cielo,
ni en la tierra, ni en el mar) se hallaban los Cúreles armados, hijos
de Rea. Golpeaban sus lanzas contra los escudos y gritaban para
ahogar el llanto del niño, por temor a que Crono pudiera oírlo
desde lejos. Rea había envuelto una piedra en pañales y la había
entregado a Crono en el monte Taumacio de Arcadia y él la había
devorado, creyendo que devoraba al niño Zeus. Sin embargo,
Crono descubrió lo que había sucedido y persiguió a Zeus, quien
se transformó a sí mismo en una serpiente y a sus nodrizas en
osos: de aquí las constelaciones de la Serpiente y las Osas25.
d. Zeus llegó a la virilidad entre los pastores del Ida, ocupando
otra cueva; luego buscó por todos lados a Metis y la Titánide,
quien vivía junto a la corriente del Océano. Por consejo de ella
visitó a su madre Rea y le pidió que le nombrara copero de Crono.
Rea le ayudó de buena gana en su venganza; le proporcionó la
pócima emética que Metis le había encargado mezclar con la bebida
dulce de Crono. Cuando Crono hubo bebido en abundancia
vomitó primeramente la piedra y luego a los hermanos y hermanas
mayores de Zeus. Salieron ilesos y, en agradecimiento, le pi-
23 Higinio: Astronomía poética ii.13; Arato: Fenómenos 163; Hesíodo: loc. cit.
24 Filemón: Fragmento Ptergio i.l y ss.; Apolodoro: i.1.6; Ateneo: 375f. y 376a; Calímaco: Himno a
Zeus 42.
25 Hesíodo: 485 y ss.; Apolodoro: i.1.7; Primer Mitógrafo Vaticano: 104: Calímaco: Himno a Zeus 52
y ss.; Lucrecio: ii.633-9; Escoliasta sobre Arato: v.46; Higinio: Fábula 139.
dieron que los encabezara en una guerra contra los Titanes, quienes
eligieron al gigante Atlante como jefe, pues Crono había pasado
ya de la flor de la vida26.
e. La guerra duró diez años, pero al final la Madre Tierra profetizó
la victoria para su nieto Zeus si éste tomaba como aliados a
aquellos a quienes Crono había confinado en el Tártaro; en consecuencia,
se acercó secretamente a Campe, la vieja carcelera del
Tártaro, la mató, le quitó las llaves y después de poner en libertad
a los Cíclopes y a los gigantes de las cien manos, los fortaleció
con comida y bebida divinas. En consecuencia los Cíclopes le dieron
a Zeus el rayo como arma ofensiva, a Hades un yelmo que la
hacía invisible, y a Posidón un tridente. Después de celebrar los
tres hermanos un consejo de guerra. Hades se presentó invisible
ante Crono para robarle sus armas; y mientras Posidón le amenazaba
con el tridente, desviando de este modo su atención, Zeus lo
derribó con el rayo. Los tres gigantes de las cien manos alzaron
rocas y las arrojaron contra los demás Titanes y un grito súbito de
la Cabra-Pan los puso en fuga. Los dioses los persiguieron. Crono
y todos los Titanes vencidos, excepto Atlante, fueron desterrados
a una isla británica del lejano oeste (o, según algunos, confinados
en el Tártaro), bajo la guardia de los gigantes de las cien manos.
No volvieron a perturbar la Hélade. A Atlante pese a ser su jefe
de guerra, se le impuso un castigo ejemplar, ordenándole sostener
el firmamento sobre sus espaldas; pero se perdonó a las Titánides,
en atención a Metis y Rea27.
f. Zeus mismo instaló en Belfos la piedra que había vomitado
Crono. Está todavía allí, se la unta constantemente con aceite y se
ofrecen sobre ella hebras de lana destejida28.
g. Algunos dicen que Posidón no fue devorado ni vomitado, sino
que Rea dio a Crono en lugar de él un potro, y lo ocultó entre
las manadas de caballos29. Y los cretenses, que son mentirosos,
26 Higinio: loc. cit.; Apolodoro: loc. cit.; Hesíodo: loc. cit.
27 Hesíodo: loc. cit.; Higinio: fábula 118; Apolodoro: i.1.7 y i.2.1; Calímaco: Himno a Zeus 52 y ss.;
Diodoro Sículo: v.70; Eratóstenes: Catasterismoi 21; Pausanías: viii.8.2; Plutarco: Por qué callan los
oráculos 16.
28 Pausanias: x.24.5.
29 Ibíd.: viii.8.2.
refieren que Zeus nace cada año en la misma cueva con un fuego
centelleante y un chorro de sangre, y que cada año muere y lo entierran30.
*
1. Rea, igualada con Crono como Titánide del séptimo día, puede ser
igualada con Dione, o Diana, la triple diosa del culto de la paloma y el roble
(véase 11.2). La podadera que llevaba Saturno, el equivalente latino de
Crono. tenía la forma de pico de cuervo y al parecer se utilizaba en el séptimo
mes del año sagrado de trece meses para castrar el roble podándole el
muérdago (véase 50.2), del mismo modo en que se utilizaba una hoz ritual
para segar la primera espiga de trigo. Esto daba la señal para el sagrado sacrificio
de Zeus-rey; y en Atenas, Crono, que compartía un templo con Rea,
era adorado como el dios de la Cebada, Sábado, anualmente cercenado en
el sembrado y llorado como Osiris o Litierses o Mañeros (véase 136.e). Pero
en la época a que se refieren estos mitos se permitía ya a los reyes prolongar
sus reinados hasta un Año Grande de cien lunaciones y ofrecer víctimas
anuales de niños en su lugar; de aquí que se describa a Crono como
devorando a sus propios hijos para evitar el destronamiento. Porfirio (Sobre
la abstinencia, ii.56) nos cuenta que los Curetes cretenses solían ofrecer
sacrificios de niños a Crono en la antigüedad.
2. En Creta se sustituyó pronto a la víctima humana por un cabrito; en
Tracia, por un ternero; entre los adoradores eolios de Posidón, por un potro;
pero en los distritos atrasados de Arcadia todavía se comía sacrificialmente
a niños, incluso en la era cristiana. No está claro si el ritual eleo era antropófago,
o si, por ser Crono un Cuervo-Titán, se alimentaba a los cuervos
sagrados con la víctima sacrificada.
3. El nombre de Amaltea. «tierna», demuestra que fue una diosa doncella;
lo era una diosa-ninfa orgiástica (véase 56.1); Adrastea significa «la
Inevitable», la Vieja oracular del otoño. Juntas formaban la habitual tríada
de la Luna. Los griegos posteriores identificaron a Adrastea con la diosa
pastoral Némesis, del fresno que produce la lluvia, la que se había convertido
en una diosa de la venganza (véase 32.2). lo era representada en Argos
como una vaca blanca en celo —algunas monedas cretenses de Praesus
muestran a Zeus amamantado por ella—, pero Amaltea, que vivía en la
«Colina de la Cabra», fue siempre una cabra; y Meliseo («hombre de
miel»), el padre de Adrastea e Io, es en realidad su madre Melisa, la diosa
como abeja-reina, quien mataba anualmente a su consorte varón. Tanto
Diodoro Sículo (v.70) como Calímaco (Himno a Zeus, 49) hacen que las
30 Antonino Liberalis: Transformaciones 19; Calímaco: Himno a Zeus 8.
abejas alimenten al niño Zeus. Pero a su madre adoptiva se la describe también
a veces como una cerda, porque ése era uno de los emblemas de las
diosas viejas (véase 74.4 y 96.2). En las monedas cidonias es una perra,
como la que amamantó a Neleo (véase 68.d). Las osas son los animales de
Ártemis (véase 22.4 y 80.c) —los Curetes asistían a sus holocaustos— y
Zeus como serpiente es Zeus Ctesio, protector de los almacenes, porque las
serpientes acaban con los ratones.
4. Los Curetes eran los compañeros armados del rey sagrado, y el chocar
de sus armas tenía por finalidad ahuyentar a los demonios durante las ceremonias
rituales (véase 30.a). Su nombre, que los griegos posteriores interpretaban
como «jóvenes que se han afeitado el cabello», probablemente
significaba «devotos de Ker o Car», título muy difundido de la triple diosa
(véase 57.2). Heracles obtuvo su cornucopia del toro Aqueloo (véase
142.d), y el enorme tamaño de los cuernos de las cabras monteses de Creta
ha hecho que los mitógrafos que no conocen Creta hayan dado a Amaltea
un cuerno de vaca anómalo.
5. Los helenos invasores parecen haber ofrecido su amistad a la población
pre-helénica que profesaba el culto de los Titanes, pero poco a poco
separaron de ellos a sus súbditos aliados e invadieron el Peloponeso. La
victoria de Zeus en alianza con los gigantes de cien manos sobre los Titanes
de Tesalia, según Thallus, historiador del siglo primero, citado por Taciano
en su Alocución a los griegos, tuvo lugar «322 años antes del sitio de
Troya», es decir, en 1505 a. de C., fecha admisible para una extensión del
poderío heleno en Tesalia. La concesión de la soberanía a Zeus recuerda un
acontecimiento análogo de la epopeya de la creación babilonia, cuando
Marduk recibió poderes para luchar contra Tiamat de sus hermanos mayores
Lahmu y Lahamu.
6. La hermandad de Hades. Posidón y Zeus recuerda la de la trinidad
masculina védica —Mitra, Varuna e Indra— (véase 3.1 y 132.5) que aparece
en un tratado hitita que ha sido fechado alrededor de 1380 a. de C.; pero
en este mito parecen representar tres invasiones helenas sucesivas llamadas
comúnmente jonia, eolia y aquea. Los adoradores pre-helenos de la diosa
Madre asimilaron a los jonios, que se convirtieron en hijos de Io; domeñaron
a los eolios, pero fueron arrollados por los aqueos. Los caudillos helenos
primitivos, quienes se convirtieron en reyes sagrados de los cultos del
roble y del fresno, adoptaron los títulos de «Zeus» y «Posidón» y se les
obligaba a morir al final de su reinado establecido (véase 45.2). Esos dos
árboles tienden a atraer el rayo y, por lo tanto, figuran en las ceremonias
populares para conseguir la lluvia y el fuego en toda Europa.
7. La victoria de los aqueos puso fin a la tradición de los sacrificios reales.
Clasificaron a Zeus y Posidón entre los inmortales, y representaban a
ambos armados con el rayo: un hacha doble de pedernal que en otro tiempo
había manejado Rea y que en las religiones minoica y micénica no podía
ser utilizada por los varones (véase 131.6). Más tarde el rayo de Posidón se
convirtió en un arpón de pesca de tres púas, pues sus principales devotos se
habían hecho marinos; en tanto que Zeus conservó el suyo como símbolo
de la soberanía suprema. El nombre de Posidón, que a veces se escribía Potidan,
puede haber sido tomado del de su diosa madre, del cual recibió el
suyo la ciudad de Potidea, «la diosa del agua del Ida»; Ida significaba toda
montaña boscosa. Que los gigantes de las cien manos guardaran a los Titanes
en el lejano oeste puede significar que los pelasgos, entre cuyos restos
se hallaban los centauros de Magnesia —centauro es quizás análogo al latino
centuria, «grupo guerrero de cien hombres»— no abandonaron su culto
de los Titanes y siguieron creyendo en un Paraíso situado en el Lejano Oeste
y en que Atlante sostenía el firmamento.
8. El nombre de Rea es probablemente una variante de Era. «tierra»; su
ave principal era la paloma y su animal más importante el león de montaña.
El nombre de Deméter significa «diosa de la Cebada»; Hestia (véase 20.c)
es la diosa del hogar doméstico. La piedra de Delfos, utilizada en las ceremonias
para provocar la lluvia, parece haber sido un meteorito de gran tamaño.
9. Dicte y el monte Liqueo eran antiguas sedes del culto de Zeus. Un sacrificio
de fuego se ofrecía probablemente en el monte; Liqueo, donde ninguna
criatura proyectaba su sombra; es decir, al mediodía en el solsticio de
verano; pero Pausanias añade que si bien en Etiopía cuando el sol está en
Cáncer los hombres no proyectan sombras, éste es invariablemente el caso
en el monte Liqueo. Quizás se trate de un juego de palabras: a nadie que
violaba aquel recinto se le permitía seguir viviendo (Arato: Fenómenos,
91), y era bien sabido que los muertos no arrojan sombras (Plutarco: Cuestiones
griegas 39). La caverna de Psicro, considerada habitualmente como
la Caverna Dictea, está mal ubicada para que sea la verdadera, que todavía
no ha sido descubierta. Onfalión («ombliguito») sugiere la ubicación de un
oráculo (véase 20.2).
10. El grito súbito de Pan que aterrorizó a los Titanes se hizo proverbial
y ha dado la voz «pánico» (véase 26.c).
8.
EL NACIMIENTO DE ATENEA
a. Según los pelasgos, la diosa Atenea nació junto al lago Tritonis
en Libia, donde la encontraron y criaron las tres ninfas de Libia,
quienes vestían pieles de cabra31. Cuando era niña mató a su
compañera de juegos, Palas, por accidente, mientras libraban un
combate amistoso con lanza y escudo, y en señal de pesar puso el
nombre de Palas delante del suyo. Fue a Grecia pasando por Creta
y vivió al principio en la ciudad de Atenas, junto al río Tritón de
la Beocia32.
*
1. Platón identificó a Atenea, patrona de Atenas, con la diosa libia Neith,
que pertenecía a una época en la que no se reconocía la paternidad (véase
1.1). Neith tenía un templo en Sais, donde trataron bien a Solón por el simple
hecho de ser ateniense (Platón: Timeo, 5). Las sacerdotisas vírgenes de
Neith libraban anualmente un combate armado (Herodoto: iv, 180), al parecer
por el cargo de Suma Sacerdotisa. El relato de Apolodoro (iii.12.3) de
la lucha entre Atenea y Palas es una versión patriarcal posterior; dice que
Atenea, nacida de Zeus y criada por el dios río Tritón, mató accidentalmente
a su hermana adoptiva Palas, hija del dios río Tritón, porque Zeus interpuso
su égida cuando Palas estaba a punto de golpear a Atenea y así distrajo
su atención. Sin embargo, la égida, un zurrón mágico de piel de cabra
que contenía una serpiente y estaba protegido por una máscara de Gorgona,
pertenecía a Atenea mucho antes de que Zeus pretendiera ser su padre (véase
9.d). Los delantales de piel de cabra eran la vestimenta habitual de las
muchachas libias, y Palas significa meramente «doncella» o «joven»,
Herodoto dice (iv.189): «La vestimenta de Atenea y la égida fueron tomadas
por los griegos de las mujeres libias, que van vestidas exactamente del
mismo modo, excepto que sus vestidos de cuero están orlados con correas y
no con serpientes». Las muchachas etíopes todavía llevan esta vestimenta,
que a veces adornan con cipreas, un símbolo jónico. Herodoto añade aquí
que los fuertes gritos de triunfo, ololu, ololu, lanzados en honor de Atenea
(Ilíada. vi. 297-301), eran de origen libio. Tritone significa «la tercera reina
», es decir, el miembro mayor de la tríada —madre de la doncella que
combatió con Palas y de la ninfa en la que se convirtió—, así como Coré-
Perséfone era hija de Deméter (véase 24.3).
2. Los hallazgos de cerámica sugieren una inmigración libia en Creta ya
en el año 4000 a. de C., y gran número de refugiados libios adoradores de
la diosa provenientes del Delta occidental parecen haber llegado allí cuando
el Alto y el Bajo Egipto se unieron forzosamente bajo la primera dinastía
31 Apolonio de Rodas: iv.1310.
32 Apolodoro: iii.12.3; Pausanias: ix.33.5.
alrededor del año 3000 a. de C. Poco tiempo después comenzó la Primera
Era Minoica y la cultura cretense se extendió hasta la Tracia y la Grecia
helénica primitiva.
3. Entre otros personajes mitológicos que se llamaban Palas se hallaba el
Titán que se casó con el río Estigia y engendró en ella a Zelus («fervor»),
Grato («vigor»), Bia («fuerza») y Nike («victoria») (Hesíodo: Teogonía,
376 y 383; Pausanias: vii.26.5; Apolodoro: 2.2.4); era quizás una alegoría
del delfín pelopiano consagrado a la diosa Luna (véase 108.5). Homero
llama a otros Palas «el padre de la luna» (Himno homérico a Hermes, 100).
Un tercero engendró a los cincuenta palántidas, enemigos de Teseo (véase
97.g y 99.a), que parecen haber sido originalmente sacerdotisas combatientes
de Atenea. Un cuarto era descrito como padre de Atenea (véase 9.a).
9.
ZEUS Y METIS
a. Algunos helenos dicen que Atenea tenía un padre llamado
Palas, un gigante cabrío alado, que más tarde trató de ultrajarla y
cuyo nombre agregó al suyo después de despojarlo de la piel, con
la que hizo la égida, y de las alas, que se puso en sus propios
hombros33; si, en verdad, la égida río era la piel de la gorgona
Medusa, a la que desolló después de que Perseo le decapitase34.
b. Otros dicen que su padre era un tal Itono, un rey de Itón en
Ftiótide, cuya hija Yodama fue muerta por Atenea al dejarla ver
accidentalmente la cabeza de la Gorgona35, convirtiéndola así en
un bloque de piedra, cuando penetró sin derecho en el recinto de
noche.
c. Otros aun dicen que su padre era Posidón, pero que ella lo
repudió y pidió a Zeus que la adoptara, cosa que él hizo de buena
gana36.
33 Tzetzes: Sobre Licofrón 355.
34 Eurípides: Ion 995.
35 Pausanias: ix.34.1.
36 Herodoto: iv.180.
d. Pero los propios sacerdotes de Atenea relatan la siguiente fábula
acerca de su nacimiento. Zeus codiciaba a la Titánide Metis,
quien adoptó muchas formas para eludirlo, hasta que por fin la
atrapó y la dejó encinta. Un oráculo de la Madre Tierra declaró
entonces que daría a luz a una niña y que, si Metis volvía a concebir,
pariría un varón que estaba destinado a destronar a Zeus,
como Zeus había destronado a Crono y Crono había destronado a
Urano. En consecuencia, habiendo instado a Metis con palabras
melosas, a que se acostara sobre un lecho, Zeus abrió de pronto la
boca y se la tragó; éste fue el fin de Metis, aunque él pretendía
luego que ella le aconsejaba desde dentro de su vientre. Cuando
transcurrió el tiempo debido Zeus sintió un furioso dolor de cabeza
al dirigirse a las orillas del lago Tritón, hasta el extremo de que
parecía que le iba a estallar el cráneo, y lanzaba tales gritos de ira
que todo el firmamento resonaba con su eco. Corrió a su encuentro
Hermes, quien inmediatamente adivinó la causa del. Malestar
de Zeus. Convenció a Hefesto, o, según dicen algunos, a Prometeo,
para que tomase su cuña y su martinete y abriese una brecha
en el cráneo de Zeus; de ella salió Atenea, plenamente armada y
dando un potente grito37.
*
1. J. E. Harrison describió con gran acierto la fábula del nacimiento de Atenea
de la cabeza de Zeus como «un recurso teológico desesperado para
despojarla de sus condiciones matriarcales». Es también una insistencia
dogmática en la sabiduría como prerrogativa masculina; hasta entonces solamente
la diosa había sido sabia. En efecto, Hesíodo se las arregló para
conciliar tres opiniones contradictorias:
1. Atenea, la diosa de la ciudad de Atenas, era hija partenogénita de la
inmortal Metis, Titánide del cuarto día y del planeta Mercurio, quien gobernaba
toda la sabiduría y los conocimientos.
2. Zeus devoró a Metis, pero con eso no perdió la sabiduría (es decir, que
los aqueos suprimieron el culto de los Titanes y atribuyeron toda la sabiduría
a su dios Zeus).
3. Atenea era hija de Zeus (es decir, que los aqueos insistían en que los
37 Hesíodo: Teogonía 886-900; Píndaro: Odas olímpicas vii.34 y ss.; Apolodoro: i.3.6.
atenienses debían reconocer, el señorío supremo patriarcal de Zeus).
Había tomado el mecanismo de su mito de ejemplos análogos: Zeus persiguiendo
a Némesis (véase 32.b); Cronos devorando a sus hijos e hijas
(véase 7.a); Dioniso renaciendo del muslo de Zeus (véase 14.c); y la apertura
de la cabeza de la Madre Tierra por dos hombres con hachas, al parecer
para dar salida a Core (véase 24.3), como se ve, por ejemplo, en una zafra
con figuras negras de la Biblioteca Nacional de París. Posteriormente, Atenea
es la portavoz obediente de Zeus y suprime deliberadamente sus antecedentes.
Emplea sacerdotes y no sacerdotisas.
2. Palas, con el significado de «doncella», es un nombre inapropiado para
el gigante alado cuyo atentado contra la castidad de Atenea se deduce
probablemente de una representación gráfica de su casamiento ritual, como
Atenea Lafria, con un rey cabra (véase 89.4) tras una lucha armada con su
rival (véase 8.1). Esta costumbre libia del casamiento con cabras se extendió
al norte de Europa, formando parte de las fiestas de la Víspera de Mayo.
Los akan, un pueblo libio, desollaban en un tiempo a sus reyes.
3. El repudio por Atenea de la paternidad de Posidón se relaciona con un
cambio temprano en el señorío de la ciudad de Atenas ( véase 16.3).
4. El mito de Itono («hombre-sauce») representa la pretensión de los
itomanos de que adoraban a Atenea incluso antes de que lo hicieran los
atenienses; y su nombre demuestra que ella tenía un culto del sauce en Ftiótide,
como el de su equivalente, la diosa Anatha en Jerusalén, hasta que los
sacerdotes de Jehová la expulsaron y recabaron el sauce hacedor de la lluvia
como su árbol en la Fiesta de los Tabernáculos.
5. Habría significado la muerte para un hombre quitar una égida —la túnica
de castidad de piel de cabra que llevaban las muchachas libias— sin el
consentimiento de su propietaria; de aquí la máscara de gorgona profiláctica
puesta sobre ella, y la serpiente oculta en el zurrón o saco de cuero. Pero
como a la égida de Atenea se la describe como un escudo, yo sugiero en La
diosa blanca que se trataba de una bolsa para cubrir un disco sagrado, como
el que contenía el secreto alfabético de Palamedes y cuya invención se
le atribuye (véase 52.a y 162.5). El profesor Richter sostiene que las figurillas
chipriotas, que sostienen discos del mismo tamaño proporcionado que
el famoso de Festo, el cual lleva en forma de espiral una leyenda sagrada,
eran anteriores a Atenea y su égida. Los escudos de los héroes tan minuciosamente
descritos por Hornero y Hesíodo parecen haber llevado pictografías
grabadas en una faja en forma de espiral.
6. Yodama que significa probablemente «novilla de Io», puede haber sido
una antigua imagen de piedra de la diosa Luna (véase 56.1) y la fábula
de su petrificación es una advertencia a las muchachas curiosas contra la
violación de los Misterios (véase 25.d).
7. Sería un error considerar a Atenea como única o predominantemente
la diosa de Atenas. Varias acrópolis antiguas estaban consagradas a ella,
incluyendo las de Argos (Pausanias: ii.24.3), Esparta (ibíd.: 3.17.1), Troya
(Ilíada, vi.88), Esmirna (Estrabón: iv-1.4), Epidauro (Pausanias: ii.32.5),
Trecén (Pausanias: iii.23.10) y Feneo (Pausanias: x.38.5). Todos éstos son
lugares pre-helenos.
10.
LAS PARCAS
a. Hay tres Parcas asociadas, vestidas de blanco, a las que Erebo
engendró en la Noche: se llaman Cloto, Láquesis y Atropo. De
ellas. Atropo es la menor en estatura, pero la más terrible38.
b. Zeus, quien pesa las vidas de los hombres e informa a las
Parcas de sus decisiones, puede, segur, se dice, cambiar de opinión
e intervenir para salvar a quien desee cuando el hilo de la vida,
hilado en el huso de Cloto, y medido con la vara de Láquesis,
está a punto de ser cortado con las tijeras de Atropo. En realidad,
los hombres pretenden que ellos mismos pueden, hasta cierto punto,
dirigir sus propios destinos evitando peligros innecesarios. Los
dioses más jóvenes, por lo tanto, se ríen de las Parcas y algunos
dicen que Apolo las emborrachó traviesamente en una ocasión para
salvar de la muerte a su amigo Admeto39.
c. Otros sostienen, al contrario, que el propio Zeus está sometido
a las Parcas, como la sacerdotisa Pitia confesó en una ocasión
por medio de un oráculo, porque no son hijas suyas, sino hijas
partenogénitas de la Gran Diosa Necesidad, contra quien ni siquiera
los dioses contienden y a la que se llama «el Destino Fuerte
»40.
38 Homero: Ilíada xxiv.49; Himno órfico xxxiii; Hesíodo: Teogonía 217 y ss. y 904; Escudo de Heracles
259.
39 Homero: Ilíada viii.69 y xxii.209; xvi.434 y 441-3; Virgilio: Eneida x.814; Homero: Odisea i.34;
Ilíada ix.411.
40 Esquilo: Prometeo 511 y 515; Herodoto: i.91; Platón: República x. 14-16; Simónides:
viii.20.
d. En Delfos sólo se rinde culto a dos Parcas, la del Nacimiento
y la de la Muerte; y en Atenas Afrodita Urania, es denominada la
mayor de las tres41.
*
1. Este mito parece fundarse en la costumbre de tejer las marcas de la
familia y del clan en los pañales de un recién nacido, asignándole así su
lugar en la sociedad (véase 60.2), pero las Moiras, o Tres Parcas, son la triple
diosa Luna, y de aquí sus túnicas blancas y el hilo de lino que se consagra
a la diosa como Isis. Cloto es la «hilandera», Láquesis la «medidora» y
Atropo «la que no puede ser desviada o eludida». Moira significa «una parte
» o «una fase», y la luna tiene tres fases y tres personas: la luna nueva, la
diosa doncella de la primavera, el primer período del año; la luna llena, la
diosa ninfa del verano, el segundo período, y la luna vieja, la diosa vieja del
otoño, el último período (véase 60.2).
2. Zeus se llamó a sí mismo «el Jefe de las Parcas» cuando asumió la soberanía
suprema y la prerrogativa de medir la vida del hombre; a esto se
debe, probablemente, la desaparición de Láquesis, «la medidora», en Delfos.
Pero su pretensión de que era su padre no fue tomada en serio por Esquilo,
Herodoto ni Platón.
3. Los atenienses llamaban Afrodita Urania a «la mayor de las Parcas»
porque era la diosa ninfa a la que el rey sagrado, en la antigüedad, era sacrificado
en el solsticio de verano. «Urania» significa «reina de las montañas»
(véase 19.3).
11
EL NACIMIENTO DE AFRODITA
a. Afrodita, Diosa del Deseo, surgió desnuda de la espuma del
mar y, surcando las olas en una venera, desembarcó primero en la
isla de Citera; pero como le pareció una isla muy pequeña, pasó al
Peloponeso y más tarde fijó su residencia en Pafos, Chipre, todavía
la sede principal de su culto. La hierba y las flores brotaban de
la tierra dondequiera que pisaba. En Pafos las Estaciones, hijas de
41 Homero: Ilíada xvi.334; Pausanias: x.24.4.
Temis, se apresuraron a vestirla y adornarla.
b. Algunos sostienen que surgió de la espuma que se formó alrededor
de los órganos genitales de Urano cuando Crono los arrojó
al mar; otros que Zeus la engendró en Dione. hija del Océano y
Tetis, la ninfa del mar, o bien del Aire y la Tierra. Pero todos están
de acuerdo en que se echa a volar acompañada de palomas y
gorriones42.
*
1. Afrodita («nacida de la espuma») es la misma diosa de extenso gobierno
que surgió del Caos y bailó sobre el mar y que era adorada en Siria y
Palestina como Íshtar o Ashtaroth (véase 1.1). El centro de su culto más
famoso era Pafos, donde la imagen anicónica blanca original de la diosa se
puede ver todavía en las ruinas de un grandioso templo romano; allí cada
primavera su sacerdotisa se bañaba en el mar y volvía a salir de él renovada.
2. Se la llama hija de Dione porque Dione era la diosa del roble en el que
anidaba la paloma amorosa (véase 51.a). Zeus pretendió que era su padre
después de haberse apoderado del oráculo de Dione en Dodona, y en consecuencia
Dione se convirtió en su madre: «Tethys» y «Tetis» son nombres
de la diosa como Creadora (derivada, como «Temis» y «Teseo», de tithenai,
«disponer», «ordenar») y como diosa del Mar, pues la vida comenzó
en el mar (véase 2.a). Las palomas y los gorriones se caracterizaban por su
lascivia, y al pescado y los mariscos se los considera todavía afrodisíacos
en todo el Mediterráneo.
3. Citera era un centro importante del comercio de Creta en el Peloponeso,
y sin duda se introdujo desde allí en Grecia el culto de la diosa. La diosa
cretense estaba íntimamente asociada con el mar. Las conchas alfombraban
el suelo de su palacio santuario en Cnosos; en una joya de la Caverna del
Ida se la representa soplando una concha de tritón, con una anémona de
mar junto a su altar; el erizo de mar y la jibia (véase 81.1) le estaban consagrados.
Una concha de tritón se encontró en su santuario primitivo de Festo
y muchas más se han hallado en tumbas minoicas posteriores; algunas de
ellas son copias en terracota.
12.
42 Hesíodo: Teogonía 188-200 y 353; Festo Gramático: iii.2; Himno homérico a Afrodita ii.5; Apolodoro:
i.1.3.
HERA Y SUS HIJOS
a. Hera, hija de Crono y Rea, nació en la isla de Samos o, según
algunos, en Argos, y la crió en Arcadia Temeno, hijo de Pelasgo.
Las Estaciones fueron sus nodrizas43. Después de desterrar a su
padre Crono, el hermano gemelo de Hera, Zeus, fue a verla en
Cnosos, Creta, o según dicen algunos, en el monte Tórnax (llamado
ahora Montaña del Cuco) en Argólide, donde la cortejó, al
principio sin éxito. Ella se compadeció del dios solamente cuando
éste se disfrazó de cuco enlodado, y le calentó cariñosamente en
su seno. Allí él reasumió inmediatamente su verdadera forma y la
violó, y ella se vio obligada a casarse con él44 por vergüenza.
b. Todos los dioses asistieron a la boda con regalos, entre los
que destacó el de la Madre Tierra, quien le regaló a Hera un árbol
con manzanas de oro, que luego guardaron las Hespérides en el
jardín que Hera poseía en el monte Atlas. Ella y Zeus pasaron su
noche de bodas en Samos, y esa noche duró trescientos años. Hera
se baña regularmente en la fuente de Canatos, cerca de Argos, y
así renueva su virginidad45.
c. De Hera y Zeus nacieron los dioses Ares, Hefesto y Hebe,
aunque algunos dicen que Ares y su hermana gemela Eris fueron
concebidos cuando Hera tocó cierta flor, y Hebe cuando tocó una
lechuga46, y que Hefesto también era su hijo partenogénito, prodigio
que él no quiso creer hasta que la aprisionó en una silla mecánica
con brazos que se cerraban alrededor del que se sentaba en
ella, y así le obligó a jurar por el río Estigia que no mentía. Otros
dicen que Hefesto era hijo suyo con Talos, el sobrino de Dédalo47.
43 Pausanias: vii.4.4 y viii.22.2; Estrabón: ix.2.36; Olen, citado por Pausanias: ii.13.3.
44 Diodoro Sículo: v.72; Pausanias: ii.36.2 y 17.4.
45 Escoliasta sobre la Ilíada de Homero: i.609; Pausanias: ii.38.2.
46 Homero: Ilíada iv.441; Ovidio: Fasti v.255; Primer Mitógrafo del Vaticano: 204
47. Servio sobre las Églogas de Virgilio: iv.62; Cineton, citado por Pausanias: viii.53.2.
*
1. El nombre de Hera, habitualmente considerado como una palabra
griega que significa «señora», podría representar una Herwá («Protectora»)
original. Era la Gran Diosa prehelénica. Samos y Argos eran las principales
sedes de su culto en Grecia, pero los arcadios afirmaban que su culto era el
más antiguo y que era contemporáneo de su antepasado nacido de la tierra
Pelasgo («antiguo»). El casamiento forzoso de Hera con Zeus conmemora
las conquistas de Creta y la Grecia micénica —es decir, cretanizada— y el
derrocamiento de su supremacía en ambos países. Probablemente Zeus se
transformó en un cuco enlodado en el sentido de que ciertos helenos que
fueron a Creta como fugitivos aceptaron empleo en la guardia regia, hicieron
una conspiración palaciega y se apoderaron del reino. Cnosos fue saqueada
dos veces, al parecer por helenos: alrededor de 1700 a. de C. y alrededor
de 1400 a. de C.; y Micenas cayó en poder de los aqueos un siglo
después. El dios Indra en el Ramayana también había cortejado a una ninfa
disfrazado de cuco y Zeus se apropió entonces del cetro de Hera, coronado
por un cuco. Figurillas de pan de oro de una diosa argiva desnuda con cucos
se han encontrado en Micenas; y los cucos se posan en un templo modelo
de pan de oro del mismo lugar. En el muy conocido sarcófago cretense
de Hagia Triada se posa un cuco sobre un hacha doble.
2. Hebe, la diosa como niña, fue convertida en copera de los dioses en el
culto olímpico. Finalmente se casó con Heracles (véase 145.i y 5), después
que Ganímedes le usurpara el cargo (véase 29.c). «Hefesto» parece haber
sido un título del rey sagrado como semidiós solar; «Ares», un título de su
jefe de guerra, o heredero, cuyo emblema era el jabalí. Ambos se convirtieron
en nombres divinos cuando el culto olímpico quedó establecido y fueron
elegidos para desempeñar los papeles, respectivamente, de dios de la
Guerra y dios de los Herreros. La «cierta flor» es probable que fuera la epigea
o espina blanca. Ovidio hace que la diosa Flora —con cuyo culto estaba
asociada la epigea— la muestre a Hera. La epigea o espina blanca se
relaciona con la concepción milagrosa en el mito popular europeo; en la
literatura celta su «hermana» es la espina negra o endrino, un símbolo de la
Discordia, o sea Eris, hermana gemela de Ares.
3. Talos, el herrero, era un héroe cretense nacido de Perdix («perdiz»),
hermana de Dédalo, con la que el mitógrafo identifica a Hera. Las perdices,
consagradas a la Gran Diosa, figuraban en las orgías del equinoccio de
primavera del Mediterráneo Oriental, ocasiones en las que se realizaba una
danza renqueante imitando a las perdices macho. Aristóteles, Plinio y Eliano
dicen que las hembras concebían con sólo oír la voz del macho. El cojo
Hefesto y Talos parecen ser el mismo personaje partenogenésico; ambos
fueron arrojados desde un lugar alto por rivales airados (véase 23.b y 92.b),
originalmente en honor de su diosa madre.
4. En Argos, la famosa estatua de Hera aparecía sentada en un trono de
oro y marfil; la fábula de su aprisionamiento en una silla puede haber nacido
de la costumbre griega de encadenar las estatuas divinas a sus tronos
«para impedir que se escaparan». Al perder una antigua estatua de su dios o
su diosa, una ciudad podía perder el derecho a la protección divina y consecuentemente,
los romanos tomaron por costumbre lo que se llamaba cortésmente
«atraer» los dioses a Roma, que en la época imperial se había
convertido ya en un nido de imágenes robadas. «Las Estaciones fueron sus
nodrizas» es una manera de decir que Hera era una diosa del año civil o
natural. Por eso llevaba en el cetro el cuco primaveral, y en la mano izquierda
la granada madura del final del otoño, símbolo de la muerte del
año.
5. Un héroe, como indica la palabra, era un rey sagrado que había sido
sacrificado a Hera, cuyo cuerpo estaba a salvo bajo tierra y cuya alma había
ido a disfrutar de su paraíso detrás del Viento Norte. Sus manzanas de oro,
en los mitos griego y celta, eran pasaportes para ese paraíso (véase 53.7,
133.4 y 159.3).
6. El baño anual con el que Hera renovaba su virginidad lo tomaba también
Afrodita en Pafos; parece haber sido la ceremonia de purificación
prescrita a una sacerdotisa de la Luna después del asesinato de su amante,
el rey sagrado (véase 22.1 y 150.1). Como Hera era la diosa del año vegetativo,
primavera, verano y otoño (simbolizado también por la luna nueva,
llena y vieja), se le rendía culto en Estinfalo como Niña, Novia y Viuda
(Pausanias: viii.22.2; véase 128.d).
7. La noche de bodas en Samos duró trescientos años: quizá porque el
año sagrado samio, como el etrusco, se componía de sólo diez meses de
treinta días, omitiendo enero y febrero (Macrobio: 1.13). Cada día se prolongó
hasta un año. Pero el mitógrafo podría estar insinuando con esto que
los helenos tardaron trescientos años en imponer la monogamia entre los
adoradores de Hera.
13.
ZEUS Y HERA
a Sólo Zeus, el Padre del Cielo, podía manejar el rayo y con la
amenaza de su fulguración fatal dominaba a su familia pendenciera
y rebelde del monte Olimpo. También ordenaba los cuerpos celestes,
dictaba leyes, hacía cumplir los juramentos y pronunciaba
oráculos. Cuando su madre Rea, previendo la perturbación que
iba a causar su lujuria, le prohibió que se casara, el ,e amenazó
airadamente con violarla. Aunque ella se convirtió inmediatamente
en una serpiente amenazadora, eso no atemorizó a Zeus, quien
se convirtió en una serpiente macho, se enroscó alrededor de Rea
formando un lazo indisoluble y cumplió su amenaza48. Fue entonces
cuando inició su larga serie de aventuras amorosas. Engendró
a las Estaciones y a las Tres Parcas en Temis, a las Carites en Eurínome;
a las tres Musas en Mnemósine, con quien estuvo acostado
durante nueve noches; y, según dicen algunos, a Perséfone, la
Reina del mundo subterráneo, con quien se casó forzosamente su
hermano Hades, en la ninfa Éstige49. Por lo tanto, no carecía de
poder ni sobre la tierra ni debajo de ella, y su esposa Hera sólo le
igualaba en una cosa: en que todavía podía otorgar el don de la
profecía a cualquier hombre o animal que desease50.
b. Zeus y Hera altercaban constantemente. Ofendida por sus infidelidades,
Hera humillaba a Zeus frecuentemente con sus intrigas.
Aunque él le comunicaba sus secretos y a veces aceptaba sus
consejos, nunca confiaba plenamente en Hera y ésta sabía que si
le ofendía más allá de cierto punto él la azotaría y hasta descargaría
un rayo sobre ella. Por lo tanto recurría a intrigas despiadadas,
como en el caso, del nacimiento de Heracles, y a veces tomaba
prestado el ceñidor de Afrodita para excitar su pasión y debilitar
así su voluntad51. Él afirmaba ahora ser el primogénito de Crono.
c. Llegó un tiempo en que el orgullo y el mal genio de Zeus se
hicieron tan intolerables que Hera, Posidón, Apolo y todos los
demás olímpicos, con excepción de Hestia, lo rodearon de pronto
cuando dormía en su lecho y lo ataron con correas de cuero crudo,
enlazadas en cien nudos, de modo que no pudiera moverse. Él les
amenazó con matarlos al instante, pero ellos habían puesto el rayo
fuera de su alcance y se rieron de él de modo insultante. Mientras
los dioses celebraban su victoria y discutían celosamente quién
48 Fragmento órfico 58; Hesíodo: Teogonía 56.
49 Apolodoro: i.3.1-2.
50 Homero: Ilíada xix.407.
51 Ibíd. i.547; xvi.458; viii.407-8; xv.17; viii.397-404; xiv.197-223.
iba a ser su sucesor, la Nereída Tetis, previendo uña guerra civil
en el Olimpo, corrió en busca del gigante de cien manos Briareo,
quien rápidamente desató las correas empleando todas sus manos
al mismo tiempo, y liberó a su señor. Ya que Hera había encabezado
la conspiración contra él, Zeus la colgó del firmamento con
un brazalete de oro en cada muñeca y un yunque atado a cada tobillo.
Las demás deidades estaban indignadísimas, pero no se
atrevieron a liberarla a pesar de sus gritos lastimeros. Al final
Zeus se decidió a ponerla en libertad si ellos juraban que no volverían
a rebelarse contra él, cosa que hicieron todos ellos por turno
y a regañadientes. Zeus, castigó a Posidón y Apolo enviándolos
como siervos al rey Laomedonte, para quien construyeron la
ciudad de Troya, pero perdonó a los demás por, haber actuado bajo
coacción52.
*
1. Las relaciones maritales de Zeus y Hera reflejan las de la época doria
bárbara, cuando las mujeres habían sido despojadas de todo su poder mágico,
con excepción del de la profecía, y llegaron a ser consideradas como
bienes muebles. Es posible que la ocasión en que solamente Tetis y Briareo
salvaron el poderío de Zeus .después de haber conspirado contra él los
otros olímpicos fuera una revolución palaciega de los príncipes vasallos del
rey supremo heleno quienes estuvieron a punto de destronarlo; y que la
ayuda le vino de una compañía de soldados leales helenos reclutados en
Macedonia, la patria de Briareo, y de un destacamento de magnesios, adoradores
de Tetis. De ser así, la conspiración la habría instigado la suma sacerdotisa
de Hera. a la que el rey supremo habría humillado luego como
describe el mito.
2. La violación por Zeus de la diosa de la Tierra, Rea, implica que los
helenos adoradores de Zeus se hicieron cargo de todas las ceremonias agrícolas
y fúnebres. Ella le había prohibido que se casase, en el sentido de que
hasta entonces la monogamia había sido desconocida; las mujeres podían
elegir libremente a sus amantes. Su paternidad de las Estaciones con Temis
significa que los helenos asumieron también la regulación del calendario:
Temis («orden») era la Gran Diosa que ordenó el año de trece meses, divididos
en dos estaciones por los solsticios de verano y de invierno. En Atenas
esas estaciones estaban personificadas como Talo y Carpo (original-
52 Escoliasta sobre la Ilíada de Homero: xxi.444; Tzetzes: Sobre Licofrón 34; Homero: Ilíada i.399 y
ss. y xv.18-22.
mente «Carpho»), que significan, respectivamente, «germinando» y «marchitando
», y su templo contenía un altar dedicado al fálico Dioniso (véase
27.5). Aparecen en una talla hecha en la roca en Hatusa, o Pteria, donde son
aspectos gemelos de la diosa-león Hepta, transportada sobre las alas de un
águila-sol de dos cabezas.
3. Caris («gracia») había sido la diosa en el aspecto cautivador que presentaba
cuando la suma sacerdotisa elegía al rey sagrado como su amante.
Homero menciona dos Carites: Pasítea y Cale, lo que parece ser una separación
forzada de tres palabras: Pasi thea cale, «la Diosa que es bella para
todos los hombres». Las dos Carites, Auxo («crecimiento») y Hegémone
(«dominio»), a las que honraban los atenienses, correspondían a las dos Estaciones.
Más tarde se rindió culto a las Carites como una tríada, para que
hicieran juego con las tres Parcas: la triple diosa en su aspecto más inflexible.
El que fuesen hijas de Zeus, nacidas de Eurínome, la Creadora, quiere
decir que el señor supremo heleno podía disponer a su voluntad de todas las
muchachas casaderas.
4. Las Musas («diosas montañesas»), 'originalmente una tríada (Pausanias:
ix.29.2), son la triple diosa en su aspecto orgiástico. La pretensión de
Zeus de ser su padre es posterior; Hesíodo las llama hijas de la Madre Tierra
y del Aire.
14.
NACIMIENTOS DE HERMES, APOLO, ÁRTEMIS Y
DIONISO
a. El enamoradizo Zeus yació con numerosas ninfas descendientes
de los Titanes o de los dioses y, después de la creación del
hombre, también con mujeres mortales; no menos de cuatro grandes
dioses olímpicos fueron engendrados por él fuera del matrimonio.
Primeramente engendró a Hermes con Maya, hija de
Atlante, la cual dio a luz en una caverna del monte Cillene, en Arcadia.
Luego engendró a Apolo y Ártemis con Leto, hija de los
Titanes Ceo y Febe, transformándose a sí mismo y a ella en codornices
mientras se acoplaron53, pero la celosa Hera envió la serpiente
Pitón para que persiguiera a Leto por todo el mundo, y de-
53 Hesíodo: Teogonía 918; Apolodoro: i.4.1; Aristófanes: Las aves 870; Servio sobre la Eneida de
Virgilio iii.72.
cretó que no pudiera dar a luz en ningún lugar en que brillara el
sol. Llevada en alas del Viento Sur, Leto llegó por fin a Ortigia,
cerca de Délos, donde dio a luz a Ártemis, quien tan pronto como
nació ayudó a su madre a cruzar el estrecho, y allí, entre un olivo
y una palmera que se alzaban en el lado septentrional del monte
deliano Cinto, dio a luz a Apolo en el noveno día de parto. Délos,
hasta entonces una isla flotante, se quedó inmutablemente fija en
el mar y, en virtud de un decreto, a nadie se permite al presente
nacer ni morir allí; los enfermos y las mujeres encinta son enviados
a Ortigia54.
b. A la madre del hijo de Zeus llamado Dioniso se le dan diversos
nombres: algunos dicen que fue Deméter, o Io55; otros la llaman
Dione; otros Perséfone, con quien Zeus se unió bajo la apariencia
de una serpiente; y otros, Lete56.
c. Pero la fábula común es la siguiente. Zeus, disfrazado de
mortal, tenía un amorío secreto con Sémele («luna»), hija del rey
Cadmo de Tebas, y la celosa Hera, disfrazada de vecina anciana,
aconsejó a Sémele, que entonces estaba ya embarazada de seis
meses, que le hiciera a su amante misterioso una petición: que no
siguiera engañándola y se le manifestara en su verdadera naturaleza
y forma. De otro modo, ¿cómo podía saber que él no era un
monstruo? Sémele siguió su consejo y cuando Zeus rechazó su
súplica, ella le negó nuevo acceso a su lecho. Entonces, Zeus se
encolerizó; se le apareció en la forma de trueno y rayo y consumió
a Sémele. Pero Hermes salvó a su hijo seismesino: lo cosió
dentro del muslo de Zeus para que madurara allí tres meses más, y
a su debido tiempo asistió al parto. Por eso a Dioniso se le llama
«nacido dos veces» o «el hijo de la puerta doble»57.
*
54 Himno homérico a Apolo 14 y ss.; Higinio: Fábula 140; Eliano: Varia Historia v.4; Tucídides:
iii.104; Estrabón: x.5.5.
55 Diodoro Sículo: iii.62 y 74; iv.4.
56 Escoliasta sobre las Odas píticas de Píndaro iii.177; Fragmento órfico 59; Plutarco: Banquetes
vii.5.
57 Apolodoro: iii.4.3; Apolonio de Rodas: iv.1137.
1. Las violaciones de Zeus se refieren, por lo visto, a las conquistas helénicas
de los antiguos templos de la diosa, como el del monte Cilene; sus
casamientos a la antigua costumbre de dar el título de «Zeus» al rey sagrado
del culto del roble. Hermes, su hijo mediante la violación de Maya —un
título de la diosa Tierra como Vieja— originalmente no era un dios, sino la
virtud totémica de un pilar o un montón de piedras fálico. Esos pilares eran
el centro de una danza orgiástica en honor de la diosa.
2. Un componente de la divinidad de Apolo parece haber sido un ratón
oracular —Apolo Esmínteo («Apolo-Ratón») figura entre sus títulos más
antiguos (véase 158.2)— al que se consultaba en un templo de la Gran Diosa,
lo que quizás explica por qué nació donde nunca brilla el sol, a saber,
bajo tierra. Los ratones estaban asociados con las enfermedades y su curación,
y en consecuencia los helenos rendían culto a Apolo como dios de la
medicina y de la profecía, diciendo más tarde que había nacido bajo un olivo
y una palmera en el lado norte de una montaña. Le llamaban hermano
gemelo de Ártemis, diosa del Parte, y decían que su madre era Leto —la
hija de los Titanes Febe («luna») y Ceo («inteligencia»)—, conocida en
Egipto y Palestina como Lat, diosa de la fertilidad de la palmera y del olivo:
de aquí que la transportara a Grecia un Viento Sur. En Italia se convirtió
en Latona («Reina Lat»). Su pendencia con Hera indica un conflicto entre
los primeros inmigrantes provenientes de Palestina y las tribus nativas
que adoraban a una diosa de la Tierra diferente; el culto del ratón, que parece
haber traído consigo, se hallaba bien establecido en Palestina (1 Samuel,
vi.4, e Isaías, lxvi.17). La persecución de Apolo por la serpiente Pitón
recuerda el empleo de serpientes en las casas griegas y romanas para
defenderlas de los ratones. Pero Apolo era también el espectro del rey sagrado
que había comido la manzana; la palabra Apolo puede derivar de la
raíz abol, «manzana», más bien que de apollunai, «destruir», que es la opinión
habitual.
3. Ártemis, originalmente una diosa orgiástica, tenía a la lasciva codorniz
como su ave sagrada. Bandadas de codornices pueden haber hecho de Ortigia
un lugar de descanso en su viaje hacia el norte durante la migración de
primavera. La fábula de que Délos, el lugar de nacimiento de Apolo, había
sido nauta entonces una isla flotante (véase 43.4) puede deberse a una mala
interpretación de un informe de que su lugar natal había sido entonces fijado
oficialmente, puesto que en Hornero (Ilíada iv.101) es llamado «nacido
en Licia»; y los efesios se jactaban de que había nacido en Ortigia, cerca de
Éfeso (Tácito: Anales iii.61). Tanto los tegiranos de la Beocia como los
zosteranos del Ática lo reclamaban también como hijo nativo (Estéfano de
Bizancio sub Tegira).
4. Dioniso probablemente comenzó como un prototipo de rey sagrado al
que la diosa mataba ritualmente con un rayo en el séptimo mes después del
solsticio de invierno y al que su sacerdotisa devoraba (véase 27.3). Esto
explica sus madres: Dione, la diosa del Roble; lo y Deméter, diosas del Cereal,
y Perséfone, diosa de la Muerte. Plutarco, cuando lo llama «Dioniso.
hijo de Lete» («olvido»), se refiere a su aspecto posterior como Dios de la
Vid.
5. El relato de Sémele, hija de Cadmo, parece recordar la acción sumaria
emprendida por los helenos de Beocia para terminar con la tradición del
sacrificio regio: Zeus olímpico afirma su poder, toma al rey condenado bajo
su protección y destruye a la diosa con su propio rayo. Dioniso se hace así
inmortal, después de renacer de su padre inmortal. Sémele era adorada en
Atenas durante las Leneas, el festival de las mujeres desenfrenadas, cuando
un toro que representaba a Dioniso era cortado en nueve pedazos y sacrificado
a la diosa anualmente: un pedazo era quemado y los otros comidos
crudos por los adoradores. Sémele es explicada habitualmente como una
forma de Selene («luna») y nueve era el número tradicional de las sacerdotisas
orgiásticas de la luna en esos festivales; nueve de estas sacerdotisas
aparecen bailando alrededor del rey sagrado en la pintura de una cueva de
Cogul, y otras nueve mataron y devoraron al acólito de San Sansón de Dol
en la época medieval.
15.
EL NACIMIENTO DE EROS
a. Algunos sostienen que Eros, salido del huevo del mundo, fue
el primero de los dioses, pues sin él ninguno de los demás habría
podido nacer; le hacen contemporáneo de la Madre Tierra y el
Tártaro, y niegan que tuviera padre o madre, como ésta no fuera
Ilitía, Diosa de los Alumbramientos58.
b. Otros sostienen que era hijo de Afrodita y de Hermes o de
Ares, o del propio padre de aquélla, Zeus; o hijo de Iris y del
Viento Oeste. Era un niño indómito que no mostraba respeto por
la edad ni la posición social, sino que volaba de un lado a otro con
alas doradas disparando al azar sus flechas afiladas o incendiando
desenfrenadamente los corazones con sus terribles antorchas59.
58 Himno órfico v; Aristóteles: Metafísica i.4; Hesíodo: Teogonía 120; Meleagro: Epigramas 50; Olen,
citado por Pausanias: ix.27.2.
59 Cicerón: Sobre la naturaleza de los Dioses iii23; Virgilio: Ciris 134; Alceo, citado por Plutarco:
Amatorias 20.
*
1. Eros («pasión sexual») era una mera abstracción para Hesíodo. Los
griegos primitivos lo describían como un Ker, o «malicia» alada, como la
Vejez o la Peste, en el sentido de que la pasión sexual sin freno podía perturbar
la sociedad ordenada. Poetas posteriores, no obstante, encontraban
un placer perverso en sus travesuras y en la época de Praxíteles se le trataba
ya sentimentalmente como un hermoso joven.. Su santuario más famoso se
hallaba en Tespias, donde los beocios le rendían culto como un simple pilar
fálico: el pastoral Hermes o Príapo con un nombre diferente (véase 150.a).
Los diversos relatos acerca de su ascendencia se explican por sí mismos.
Hermes era un dios fálico; y Ares, como dios de la guerra, aumentaba el
deseo en las mujeres de los guerreros. Que Afrodita era la madre de Eros y
Zeus su padre es una insinuación de que la pasión sexual no se detiene ante
el incesto; su nacimiento del Arco Iris y el Viento Oeste es una fantasía lírica.
Ilitía, «la que viene en ayuda de las mujeres en el parto», era un título
de Artemis; su significado es que no hay amor tan fuerte como el materno.
2. A Eros nunca se le consideró un dios lo suficientemente responsable
como para figurar entre la familia gobernante de los doce olímpicos.
NATURALEZA Y HECHOS DE LOS DIOSES
16.
NATURALEZA Y HECHOS DE POSIDÓN
a. Cuando Zeus, Posidón y Hades, después de destronar a su
padre Crono, echaron suertes en un yelmo para ver quién se quedaba
con el señorío del cielo, el mar y el lóbrego mundo subterráneo,
dejando la tierra como propiedad de los tres, a Zeus le tocó el
cielo, a Hades el mundo subterráneo y a Posidón el mar. Posidón,
que es igual a su hermano Zeus en dignidad, aunque no en poder,
y que es de naturaleza hosco y pendenciero, se puso inmediatamente
a construir su palacio submarino frente a Ege en Eubea. En
sus espaciosos establos tiene caballos de tiro blancos con cascos
de bronce y crines de oro y también un carro de oro; cuando este
carro se acerca las tormentas cesan instantáneamente y los monstruos
marinos saltan a su alrededor60.
b. Como necesitaba una esposa que se sintiera a gusto en las
profundidades del mar, cortejó a la Nereida Tetis, pero cuando
Temis le profetizó que cualquier hijo nacido de Tetis sería más
importante que su padre, desistió y le permitió que se casara con
un mortal llamado Peleo. Anfitrite, otra Nereida, a la que se acercó
a continuación, recibió sus requerimientos amorosos con repugnancia
y huyó al monte Atlas para eludirlo, pero él mandó
mensajeros tras ella; entre ellos se' hallaba Delfino, quien defendió
la causa de Posidón tan bien que ella cedió y le pidió que
arreglara el casamiento. Posidón, agradecido, puso la imagen del
mensajero entre las estrellas como una constelación, el Delfín61.
Anfitrite le dio tres hijos a Posidón: Tritón, Rodé y Bentesicime,
pero él le causó casi tantos celos como Zeus a Hera con sus
amoríos con diosas, ninfas y mortales. Le disgustó, especialmente,
su apasionamiento por Escila, hija de Forcis, a la que transformó
en un monstruo ladrador con seis cabezas y doce pies arro-
60 Homero: Ilíada xv.187-93; xiii.21-30; Odisea v.381; Apolonio de Rodas: iii.1240.
61 Apolodoro: iii.13.5; Higinio: Astronomía poética ii.17.
jando hierbas mágicas en el estanque en que se bañaba62.
c. Posidón codicia los reinos terrenales y en una ocasión pretendió
la posesión del Ática clavando su tridente en la Acrópolis
de Atenas, donde inmediatamente brotó un pozo de agua marina
que todavía se puede ver; cuando sopla el Viento del Sur se puede
oír el sonido del oleaje muy abajo. Más tarde, durante el reinado
de Cécrope, Atenea fue a tomar posesión del Ática de una manera
más apacible, plantando el primer olivo junto al pozo. Posidón,
furioso, la desafió a un combate singular, y Atenea habría aceptado
si no se hubiera interpuesto Zeus, quien les ordenó que sometieran
la disputa a arbitraje. En consecuencia, al poco tiempo se
presentaron ante un tribunal divino compuesto por sus compañeros
los otros dioses celestiales, quienes apelaron a Cécrope para
que diera testimonio. El propio Zeus no expuso opinión alguna,
pero mientras todos los otros dioses apoyaron a Posidón, todas las
diosas apoyaron a Atenea. En consecuencia, por mayoría de un
voto, el tribunal decidió que Atenea tenía más derecho al país,
porque le había dado el mejor don.
d. Muy ofendido, Posidón envió olas gigantescas para que
inundara la Llanura Triasiana, donde se hallaba Arene, la ciudad
de Atenea, y en consecuencia la diosa fijó su residencia en Atenas,
a la que también dio su nombre. Sin embargo, para aplacar la
ira de Posidón, se prohibió a las mujeres de Atenas el voto y a los
hombre que llevaran los nombres de sus madres como había sucedido
hasta entonces63.
e. Posidón también le disputó Trecén a Atenea, y en esta ocasión
Zeus ordenó que la ciudad fuese compartida igualmente por
ambos, arreglo desagradable para los dos. Luego trató sin éxito de
reclamar Egina a Zeus, y Naxos a Dioniso; y cuando disputó Corinto
con Helio recibió solamente el Istmo, en tanto que a Helio se
le concedió la acrópolis. Furioso, trató de arrebatar Argólide a
Hera, y otra vez estaba dispuesto a pelear, negándose a comparecer
ante los olímpicos, quienes, según él, tenían prejuicios en su
contra. Por consiguiente, Zeus remitió el asunto a los dioses flu-
62 Tzetzes: Sobre Licofrón 45 y 50.
63 Herodoto: viii.55; Apolodoro: iii.14.1; Pausanias: i.24.3; Agustín: Sobre la Ciudad de Dios xviii.9;
Higinio: Fábula 164.
viales Inaco, Cefiso y Asterión, quienes sentenciaron en favor de
Hera. Como le habían prohibido que se vengara con una inundación
como anteriormente, hizo exactamente lo opuesto: secó los
ríos de sus jueces de modo que ya no fluyen jamás en verano. Sin
embargo, en atención a Amimone, una de las Danaides, angustiada
con aquella sequía, hizo que el río argivo Lerna fluyese perpetuamente64.
f. Se jacta de haber creado el caballo, aunque algunos dicen
que, cuando era recién nacido, Rea dio a comer uno a Crono, y de
haber inventado la brida, aunque Atenea lo había hecho antes que
él, pero nadie discute su pretensión de haber instituido la carrera
de caballos. Ciertamente, los caballos están consagrados a él, quizá
a causa de su amorosa persecución de Deméter, cuando ella
buscaba llorosa a su hija Perséfone. Se dice que Deméter, cansada
y desalentada por su búsqueda y sintiéndose poco dispuesta a coquetear
con dioses o titanes, se transformó en una yegua y comenzó
a pacer con el ganado de un tal Onco, un hijo de Apolo
que reinaba en Onceo, Arcadia. Sin embargo, no logró engañar a
Posidón, quien se transformó en un caballo semental y la cubrió;
de esa unión escandalosa nacieron la ninfa Despeina y el caballo
salvaje Arión. La ira de Deméter fue tan grande que todavía se le
rinde culto localmente como «Deméter la Furia»65.
*
1. Tetis, Anfitrite y Nereis eran diferentes títulos locales de la triple diosa
Luna como gobernante del mar, y como Posidón era el dios Padre de los
eolios dedicados al mar, pretendía ser su esposo dondequiera que ella tuviese
adoradores. Peleo se casó con Tetis en el monte Pelión (véase 81.1). Nereis
significa «la mojada» y el nombre de Anfitrite se refiere al «tercer elemento
», el mar, que se extiende alrededor de la tierra, el primer elemento, y
sobre la cual se eleva el segundo elemento, el aire. En los poemas homéricos
Anfitrite significa simplemente «el mar» y no está personificada como
la esposa de Posidón. Su renuencia a casarse con Posidón iguala a la de
Hera a casarse con Zeus y la de Perséfone a casarse con Hades; el casa-
64 Pausanias: ii.30.6; Plutarco:. Banquetes ix.6; Pausanias: ii.1.6; ii.15.5; ii.22.5.
65 Píndaro: Odas píticas vi.50; Pausanias: viii.25.3-5; Apolodoro: iii.6.8.
miento implicaba la intervención de sacerdotes varones en el manejo femenino
de la industria pesquera. La fábula de Delfino es una alegoría sentimental:
los delfines aparecen cuando se calma el mar. Los hijos de Anfitrite
constituían una tríada: Tritón, la nueva luna propicia: Rodé, la luna llena de
la cosecha, y Bentesicime, la luna vieja peligrosa. Pero Tritón fue posteriormente
masculinizada. Ege se hallaba en el lado resguardado beocio de
Eubea y servía como puerto de Orcómeno; y fue por estos alrededores donde
se concentró la expedición naval contra Troya.
2. La fábula de la venganza de Anfitrite contra Escila tiene su paralelo en
la de Pasífae contra otra Escila (véase 91.2). Escila («la que desgarra» o
«cachorro») es simplemente un aspecto desagradable de ella misma: Hécate,
la diosa de la Muerte de cabeza de perro (véase 31.f), que se hallaba en
su elemento tanto en tierra como en las olas. La impresión de un sello de
Cnosos la muestra amenazando a un hombre en una embarcación, así como
amenazó a Odiseo en el estrecho de Mesina (véase 170.t). El relato citado
por Tzetzes parece haber sido deducido equivocadamente de la pintura de
un jarrón antiguo en el que Anfitrite aparece junto a un estanque ocupado
por un monstruo con cabeza de perro; en el otro lado del jarrón aparece un
héroe ahogado atrapado entre dos tríadas de diosas con cabeza de perro a la
entrada del Infierno (véase 31.a y 134.1).
3. Las tentativas de Posidón para apoderarse de ciertas ciudades son mitos
políticos. Su disputa por Atenas indica una tentativa desafortunada para
hacerse el dios tutelar de la ciudad en lugar de Atenea. Sin embargo, la victoria
de ésta fue menoscabada por una concesión al patriarcado: los atenienses
abandonaron la costumbre cretense que prevaleció en Caria hasta la
época clásica (Herodoto: i.173) cuando dejaron de adoptar los nombres de
sus madres. Varrón, quien da este detalle, explica el juicio como un plebiscito
de todos los hombres y mujeres de Atenas.
Es evidente que los pelasgos jonios de Atenas fueron vencidos por los
eolios y que Atenea reconquistó su soberanía sólo mediante una alianza con
los aqueos de Zeus, quienes más tarde hicieron que repudiase la paternidad
de Posidón y admitiera que había renacido de la cabeza de Zeus.
4. El olivo cultivado fue importado originalmente de Libia, lo que apoya
el mito del origen libio de Atenea; pero lo que trajo sería solamente un esqueje;
el olivo cultivado no se reproduce puro, sino que siempre hay que
injertarlo en el acebuche u oleastro. El árbol de Atenea se mostraba todavía
en Atenas en el siglo n d. de C. La inundación de la llanura triasiana es
probablemente un acontecimiento histórico, pero no se puede fechar. Es
posible que a comienzos del siglo XIV a. d. C., que, según calculan los meteorólogos,
fue un período de máximas precipitaciones pluviales, los ríos de
Arcadia nunca estuvieron secos y que su agotamiento subsiguiente fuese
atribuido a la venganza de Posidón. El culto del Sol pre-heleno en Corinto
está bien demostrado (Pausanias: ii.4.7; véase 67.2).
5. El mito de Deméter y Posidón constata una invasión helena de Arcadia.
Deméter era representada en Figalia como la patrona con cabeza de
yegua del culto del caballo pre-heleno. Los caballos eran consagrados a la
luna, porque sus cascos hacen una marca en forma de luna y a la luna se la
consideraba como la fuente de toda agua; de aquí la asociación de Pegaso
con los manantiales de agua (véase 75.b). Los helenos primitivos introdujeron
en Grecia desde la Transcaspiana una nueva raza caballar, pues la variedad
nativa tenía más o menos el tamaño de un caballito de Shetland y no
servía para el tiro. Parecen haberse apoderado de los centros del culto del
caballo, donde sus reyes guerreros se casaron por la fuerza con las sacerdotisas
locales y conquistaron así el derecho al país, suprimiendo incidentalmente
las orgías de las yeguas salvajes (véase 72.4). Los caballos sagrados
Arión y Despoina (éste era un título de Deméter misma) fueron reivindicados
entonces como hijos de Posidón. Amimone puede haber sido un nombre
de la diosa en Lerna, el centro del culto del agua danaide (véase 60.g y
4).
6. Deméter, como Furia, lo mismo que Némesis como Furia (véase
32.3), era la diosa en su estado de ánimo asesino anual; y el relato referido
también a Posidón y Deméter en Felpusa (Pausanias: viii.42) y a Posidón y
una Furia sin nombre en la fuente de Tilfusa en Beocia (Escoliasta sobre la
Ilíada de Hornero xxiii.346) era ya vieja cuando llegaron los helenos. Aparece
en la literatura sagrada india primitiva, en la que Saranyu se transforma
en una yegua y Vivaswat en un caballo semental que la cubre: el fruto
de esa unión son los dos heroicos Asvins. «Deméter Erinia» puede, en efecto,
estar en lugar, no de «Deméter la Furia», sino de «Deméter Saranyu»,
en un intento de conciliar a las dos culturas guerreras, pero para los resentidos
pelasgos Deméter había sido, y seguía siendo, ultrajada.
17.
NATURALEZA Y HECHOS DE HERMES
a. Cuando Hermes nació en el monte Cilene su madre Maya lo
dejó envuelto en pañales en un bieldo, pero desarrollándose con
una rapidez asombrosa se convirtió en un muchacho, y tan pronto
como Maya volvió la espalda se escapó y fue en busca de aventuras.
Llegó a Pieria, donde Apolo guardaba un hermoso rebaño de
vacas, y decidió robarlas. Pero temiendo que lo descubrieran sus
huellas, confeccionó rápidamente herraduras con la corteza de un
roble caído y las ató con hierbas trenzadas a las pezuñas de las
vacas, a las que luego condujo de noche por el camino. Apolo
descubrió la pérdida, pero la treta de Hermes le engañó, y aunque
fue hasta Pilos en su búsqueda hacia el oeste, y hasta Onquesto
hacia el este, al final se vio obligado a ofrecer una recompensa
por la captura del ladrón. Sueno y sus sátiros, ansiosos por obtener
la recompensa, se diseminaron en diferentes direcciones para
descubrirlo, durante largo tiempo sin conseguirlo. Finalmente, un
grupo de ellos pasó por Arcadia y oyó el sonido sordo de una música
como la que nunca habían oído hasta entonces, y la ninfa Cilene,
desde la entrada de una cueva, les dijo que un niño de extraordinario
talento había nacido allí recientemente y que ella le
hacía de niñera. El niño había construido un ingenioso instrumento
musical con la concha de una tortuga y algunas tripas de vaca,
y con ese instrumento había arrullado a su madre para que se
durmiera.
b. «¿Y quién le dio las tripas de vaca?», preguntaron los vigilantes
sátiros al ver dos cueros extendidos fuera de la cueva.
«¿Acusáis de robo al pobre niño?», preguntó a su vez Cilene, y
cambiaron palabras duras.
c. En aquel momento se presentó Apolo, quien había descubierto
la identidad del ladrón observando el comportamiento sospechoso
de una ave de largas alas. Entró en la cueva, despertó a
Maya y le dijo severamente que Hermes debía devolver las vacas
robadas. Maya señaló al niño, todavía envuelto en sus pañales y
que fingía dormir. «¡Qué acusación absurda!», exclamó. Pero
Apolo había reconocido los cueros. Tomó a Hermes, lo llevó al
Olimpo y allí le acusó formalmente del robo, mostrando los cueros
como prueba. Zeus, poco dispuesto a creer que su hijo recién
nacido era ladrón, le instó a que se declarase inocente, pero Apolo
no estaba dispuesto a ceder y al final Hermes flaqueó y confesó.
—Muy bien, ven conmigo —dijo— y tendrás tu rebaño. He
matados sólo dos y las he dividido en doce partes iguales como
sacrificio a los doce dioses.
—¿Doce dioses? —preguntó Apolo—. ¿Y quién es el duodécimo?
—Tu servidor, señor —contestó Hermes modestamente—. No
comí más que mi parte, aunque tenia mucha hambre, y lo demás
lo quemé debidamente.
Ahora bien, éste fue el primer sacrificio de carne que se había
hecho hasta entonces.
d. Los dos dioses volvieron al monte Cilene. donde Hermes saludó
a su madre y recuperó algo que había dejado oculto bajo una
piel de oveja.
—¿Qué tienes ahí? —le preguntó Apolo.
En respuesta, Hermes le mostró la lira de concha de tortuga recién
inventada por él, y utilizando el plectro, que también había
inventado, tocó con ella una tonada tan arrebatadora, al mismo
tiempo que cantaba en elogio de la nobleza, la inteligencia y la
generosidad de Apolo, que éste le perdonó inmediatamente. Condujo
al sorprendido y complacido Apolo a Pilos, tocando durante
todo el camino, y allí le entregó lo que quedaba del ganado, que
había ocultado en una caverna.
—¡Hagamos un trato! —exclamó Apolo—. Tú te quedas con
las vacas y yo con la lira.
—De acuerdo —contestó Hermes, y se estrecharon las manos.
e. Mientras las vacas hambrientas pacían, Hermes cortó unas
cañas, hizo con ellas una zampoña y tocó otra tonada. Apolo,
complacido de nuevo, propuso:
—Hagamos otro trato. Si me das esa zampoña yo te daré este
cayado de oro con el que reúno mi ganado, y en el futuro serás el
dios de todos los vaqueros y pastores.
—Mi zampoña vale más que tu cayado —replicó Hermes—,
pero haré el trueque si además me enseñas el augurio, porque parece
ser un arte muy útil.
—No puedo hacer eso —dijo Apolo—, pero si vas a ver a mis
viejas nodrizas, las Trías que viven en el Parnaso, ellas te enseñarán
a adivinar por medio de guijarros.
f. Volvieron a estrecharse las manos y Apolo llevó al niño nuevamente
al Olimpo y le refirió a Zeus todo lo que había sucedido.
Zeus advirtió a Hermes que en adelante debía respetar los derechos
de propiedad y abstenerse de decir mentiras completas, pero
no pudo por menos de sentirse divertido.
—Pareces un diosecillo muy ingenioso, elocuente y persuasivo
—le dijo.
—Entonces, hazme tu heraldo, Padre —contestó Hermes— y
yo me haré responsable de la seguridad de toda la propiedad divina
y nunca diré mentiras, aunque no puedo prometer que diré
siempre toda la verdad.
—No te exigiría tanto —dijo Zeus, sonriendo—. Pero tus deberes
incluirán la conclusión de tratados, la promoción del comercio
y el mantenimiento de la libertad de tránsito de los viajeros por
todos los caminos del mundo.
Cuando Hermes aceptó esas condiciones, Zeus le dio un báculo
de heraldo con cintas blancas que todos debían respetar, un sombrero
redondo para que se resguardara de la lluvia y sandalias de
oro aladas que lo llevaban de un lado a otro con la rapidez del
viento. Fue recibido inmediatamente en la familia olímpica, a la
que enseñó el arte de hacer fuego haciendo girar rápidamente una
varilla.
g. Luego las Trías enseñaron a Hermes a predecir el futuro mediante
la danza de guijarros en una vasija de agua; él mismo inventó
el juego de la taba y el arte de adivinar por medio de ella.
Hades le tomó también como su heraldo, para llamar a los moribundos
con suavidad y elocuencia, poniendo el báculo de oro sobre
sus ojos66.
h. Luego ayudó a las tres Parcas a componer el Alfabeto, inventó
la astronomía, la escala musical, las artes del pugilato y la gimnasia,
los pesos y medidas (que algunos atribuyen a Palamedes) y
el cultivo del olivo67.
i. Algunos sostienen que la lira inventada por. Hermes tenía siete
cuerdas; otros que sólo tenía tres, de acuerdo con las estaciones,
o cuatro, de acuerdo con los trimestres del año, y que Apolo aumentó
el número a siete68.
j. Hermes tuvo numerosos hijos, entre ellos Equión, el heraldo
de los argonautas; Autólico, el ladrón; y Dafnis, el inventor de la
poesía bucólica. Este Dafnis era un bello joven siciliano al que su
madre, una ninfa, abandonó en un bosquecillo de laureles de la
Montaña de Hera; de aquí el nombre que le dieron los pastores,
66 Himno homérico a Hermes 1-543; Sófocles: Fragmentos de Los Sirgadores; Apolodoro: iii.10.2.
67 Diodoro Sículo: v.75; Higinio: Fábula 277; Plutarco: Banquetes ix.3.
68 Himno homérico a Hermes 51; Diodoro Sículo: i.16; Macrobio: Saturnaliorum Conviviorum i.19;
Calímaco: Himno a Délos 253.
sus padres adoptivos. Pan le enseñó a tocar la zampoña, Apolo le
adoraba y solía cazar con Ártemis, a quien complacía su música.
Prodigaba su cuidado de los numerosos rebaños de vacas, que
eran de la misma raza que los de Helio. Una ninfa llamada Momia
le hijo jurar que nunca le sería infiel bajo pena de quedar ciego,
pero su rival, Quimera, se las ingenió para seducirle cuando estaba
borracho y Momia le cegó en cumplimiento de su amenaza.
Dafnis se consoló durante un tiempo con tristes canciones acerca
de la pérdida de la vista, pero no vivió mucho tiempo. Hermes lo
convirtió en una piedra, que se ve todavía en la ciudad de Cefalenitano,
e hizo que brotara una fuente llamada Dafnis en Siracusa,
donde se ofrecen sacrificios anuales69.
*
1. El mito de la infancia de Hermes se ha conservado solamente en una
forma literaria tardía. Una tradición de los robos de ganado realizados por
los astutos mesemos a costa de sus vecinos (véase 74.g y 171.h), y de un
tratado por el cual quedaron interrumpidos, parece haberse combinado mitológicamente
con un relato acerca de cómo los bárbaros helenos hicieron
suya y explotaron, en nombre de su adoptado dios Apolo, la civilización
cretense-heládica que encontraron en la Grecia central y meridional —el
pugilato, la gimnasia, los pesos y medidas, la música, la astronomía y el
cultivo del olivo eran todos pre-helénicos (véase 162.6)— y aprendieron
buenos modales.
2. Hermes evolucionó hasta convertirse en dios partiendo de los falos de
piedra que eran centros locales de un culto de la fertilidad pre-heleno (véase
15.1) —el relato de su rápido desarrollo puede ser una obscenidad traviesa
de Hornero— pero también del Hijo Divino del Calendario preheleno
(véase 24.6, 44.1, 105.1, 171.4, etc.), del egipcio Thoth, Dios de la
Inteligencia, y de Anubis, conductor de las almas al mundo subterráneo.
3. Las cintas blancas heráldicas del báculo de Hermes fueron más tarde
tomadas equivocadamente por serpientes, porque era heraldo de Hades, y
de aquí el nombre de Equión. Las Trías son la triple Musa («diosa de la
montaña») del Parnaso y su adivinación por medio de guijarros se practicaba
también en Delfos (Mythographi Graeci: Appendix Narrationum 67).
Atenea fue la primera a quien se atribuyó la invención de los dados adivinatorios
hechos con tabas (Zenobio: Proverbios v.75), que llegaron a ser de
69 Diodoro Sículo: iv.84; Servio sobre las Églogas de Virgilio v.20; viii.68; x.26; Filargirio sobre las
Églogas de Virgilio v.20; Eliano: Varia Historia x.18.
uso popular, pero d arte del augurio siguió siendo una prerrogativa aristocrática
tanto en Grecia como en Roma. El «ave de largas alas» de Apolo
era probablemente la propia grulla sagrada de Hermes, pues el sacerdocio
de Apolo invadía constantemente el territorio de Hermes, patrono anterior
de la adivinación, la literatura y las artes, como hacía el sacerdocio de
Hermes con el de Pan, las Musas y Atenea. El invento de hacer fuego era
atribuido a Hermes porque el girar del taladro macho en la base hembra
sugería la magia fálica.
4. Sueno y sus hijos, los sátiros, eran personajes cómicos convencionales
en el drama ático (véase 83.5); originalmente habían sido montañeses primitivos
de la Grecia septentrional. A Sueno le llamaban autóctono o hijo de
Pan con una de las ninfas (Nono: Dionisíacas xiv.97; xxix.97; Eliano: Varia
Historia iii.18).
5. El relato romántico de Dafnis se formó en torno a un pilar fálico de
Cefalenitano y de una fuente de Siracusa, cada uno de ellos rodeado probablemente
por un bosquecillo de laureles, donde se entonaban canciones en
honor de los muertos ciegos. Se decía que Dafnis era amado por Apolo,
porque había tomado el laurel de la diosa orgiástica de Tempe (véase 21.6).
18.
NATURALEZA Y HECHOS DE AFRODITA
a. Rara vez se podía convencer a Afrodita para que prestase a
las otras diosas su ceñidor mágico, que hacía que todos se enamorasen
de su portadora, pues era celosa de su posición. Zeus la
había dado en matrimonio a Hefesto, el dios herrero cojo; pero el
verdadero padre de los tres hijos que ella le dio —Fobos, Deimos
y Harmonía— era Ares, el robusto, el impetuoso, ebrio y pendenciero
Dios de la Guerra. Hefestos no se enteró de la infidelidad
hasta que una noche los amantes se quedaron demasiado tiempo
juntos en el lecho en el palacio de Ares en Tracia; cuando Helio
se levantó los vio en su entretenimiento y le fue con el cuento a
Hefesto.
b. Hefesto se retiró airado a su fragua y, a golpes de martillo,
forjó una red de caza de bronce, fina como una telaraña pero
irrompible, que ató secretamente a los postes y los lados de su lecho
matrimonial. A Afrodita, que volvió a Tracia toda sonrisas y
le explicó que había estado ocupada en Corinto, le dijo: «Te ruego
que me excuses, querida esposa, pero voy a tomar unas breves vacaciones
en Lemnos, mi isla favorita.» Afrodita no se ofreció a
acompañarle y en cuanto se hubo perdido de vista se apresuró a
llamar a Ares, quien llegó en seguida. Los dos se acostaron alegremente,
pero cuando quisieron levantarse al amanecer se encontraron
enredados en la red, desnudos y sin poder escapar. Hefesto
volvió de su viaje y los sorprendió allí y llamó a todos los dioses
para que fuesen testigos de su deshonor. Luego anunció que no
pondría en libertad a su esposa hasta que le devolviesen los valiosos
regalos con que había pagado a Zeus, su padre adoptivo.
c. Los dioses corrieron a presenciar el aprieto en que se hallaba
Afrodita, pero las diosas, por delicadeza, se quedaron en sus alojamientos.
Apolo, tocando disimuladamente con el codo a Hermes,
le preguntó: «¿No te gustaría estar en el lugar de Ares, a pesar
de la red?» Hermes juró por su cabeza que le gustaría aunque
hubiera tres veces más redes y todas las diosas le mirasen con
desaprobación. Esto hizo que ambos dioses rieran ruidosamente,
pero Zeus estaba tan disgustado que se negó a devolver los regalos
de boda o a intervenir en una disputa vulgar entre un marido y
su esposa, declarando que Hefesto había cometido una tontería al
hacer público el asunto. Posidón, quien, al ver el cuerpo desnudo
de Afrodita, se había enamorado de ella, ocultó sus celos de Ares
y simuló que simpatizaba con Hefesto.
—Puesto que Zeus se niega a ayudar —dijo—, yo me encargo
de que Ares, como precio por su libertad, pague el equivalente de
los regalos de boda en cuestión.
—Todo está muy bien —replicó Hefesto lúgubremente—, pero
si Ares no cumple, tú tendrás que ocupar su lugar bajo la red.
—¿En compañía de Afrodita? —dijo Apolo riendo.
—Yo no puedo creer que Ares no cumplirá —dijo Posidón noblemente—,
pero si así fuera, estoy dispuesto a pagar la deuda y
casarme yo mismo con Afrodita.
En consecuencia, Ares fue puesto en libertad y volvió a Tracia,
y Afrodita fue a Pafos, donde renovó su virginidad en el mar70.
d. Halagada por la franca confesión hecha por Hermes de que la
70 Homero: Odisea viii.266-367.
amaba, Afrodita pasó poco después una noche con él y el fruto de
su unión fue Hermafrodito, un ser de doble sexo; igualmente
complacida por la intervención de Posidón en su favor, le dio dos
hijos, Rodo y Herófilo71. No es necesario decir que Ares no cumplió,
alegando que si Zeus no pagaba, ¿por qué había de pagar él?
Al final nadie pagó, porque Hefesto estaba locamente enamorado
de Afrodita y no tenía verdadera intención de divorciarse de ella.
e. Más tarde Afrodita se entregó a Dioniso y tuvo con él a Príapo,
un niño feo con enormes órganos genitales; fue Hera quien le
dio ese aspecto obsceno, porque censuraba la promiscuidad de
Afrodita. Es jardinero y lleva una podadera72.
f. Aunque Zeus nunca se acostó con su hija adoptiva Afrodita
como algunos dicen que hizo, la magia de su ceñidor le sometió a
una tentación constante y al final decidió humillarla haciendo que
se enamorara desesperadamente de un mortal. Éste era el bello
Anquises, rey de los dárdanos y nieto de Ilo, y una noche, cuando
él dormía en su choza de pastor en el monte Ida de Troya, Afrodita
le visitó disfrazada de princesa frigia, ataviada con una deslumbradora
túnica roja, y se acostó con él en un lecho formado con
pieles de osos y leones, mientras las abejas zumbaban soñolientamente
a su alrededor. Cuando se separaron al amanecer ella le
reveló su identidad y le hizo prometer no contarle a nadie que
había dormido con él. Anquises se horrorizó al saber que había
descubierto la desnudez de una diosa y le suplicó que le perdonara
la vida. Ella le aseguró que nada tenía que temer y que su hijo sería
famoso73. Algunos días después, cuando Anquises bebía con
sus compañeros, uno de ellos preguntó: «¿No preferirías dormir
con la hija de fulano de tal que con la propia Afrodita?» «No —
contestó Anquises incautamente—. Habiendo dormido con ambas,
la pregunta me parece absurda.»
g. Zeus alcanzó a oír esta jactancia y lanzó contra Anquises un
rayo, el cual lo habría matado al momento si Afrodita no hubiera
interpuesto su ceñidor y desviado el rayo, que cayó en tierra a los
pies de Anquises. Sin embargo, la sacudida debilitó de tal modo a
71 Diodoro Sículo: iv.6; Escoliasta sobre las Odas píticas de Píndaro viii.24.
72 Pausanias: ix.31.2; Escoliasta sobre Apolonio de. Rodas: i.932.
73 Himno homérico a Afrodita 45-200; Teócrito: Idilios i.105-7; Higinio: Fábula 94.
Anquises que nunca más pudo mantenerse derecho, y Afrodita,
después de dar a luz a su hijo Eneas, no tardó en perder su apasionamiento
por él74.
h. Un día la esposa del rey Cíniras de Chipre —aunque algunos
dicen que era el rey Fénix de Biblos y otros que el rey Thías de
Asiría— se jactó tontamente de que su hija Esmirna era incluso
más bella que Afrodita. La diosa vengó ese insulto haciendo que
Esmirna se enamorase de su padre y se introdujese en su lecho
una noche oscura, después que su nodriza lo hubiera emborrachado
hasta tal punto que no se daba cuenta de lo que hacía. Luego
Cíniras descubrió que era al mismo tiempo el padre y el abuelo
del hijo aún no nacido de Esmirna, por lo que rebosando de ira,
tomó una espada y la persiguió haciéndola huir del palacio. La
alcanzó en la cima de una colina, pero Afrodita se apresuró a
transformar a Esmirna en un árbol de mirra y la espada se partió
en dos pedazos. De allí salió el infante Adonis. Afrodita, ya arrepentida
de la travesura que había hecho, ocultó a Adonis en un
cofre que confió a Perséfone, Reina de los Muertos, . pidiéndole
que lo guardara en un lugar oscuro.
i. Perséfone sintió curiosidad por abrir el cofre y encontró dentro
a Adonis. Era tan hermoso que lo sacó del cofre y lo crió en
su palacio. La noticia llegó a oídos de Afrodita, quien inmediatamente
fue al Tártaro para reclamar a Adonis y, en vista de que
Perséfone no quería entregarlo, pues ya le había hecho su amante,
apeló a Zeus. Zeus, dándose cuenta de que también Afrodita quería
acostarse con Adonis, se negó a juzgar una disputa tan desagradable
y la transfirió a un tribunal inferior, presidido por la
musa Calíope. El veredicto de Calíope fue que Perséfone y Afrodita
tenían el mismo derecho a Adonis —Afrodita por haber dispuesto
su nacimiento y Perséfone por haberlo sacado del cofre—,
pero que a él se le debía conceder un breve descanso anual de las
exigencias amorosas de las dos diosas insaciables. En consecuencia
dividió el año en tres partes iguales, una de las cuales Adonis
debía pasar con Perséfone, otra con Afrodita y la tercera solo.
Afrodita no jugó limpio: llevando constantemente su ceñidor
mágico, persuadió a Adonis para que le concediera su parte del
74 Servio sobre la Eneida de Virgilio ii.649.
año, escatimara la parte debida a Perséfone y desobedeciera la decisión
del tribunal75.
j. Perséfone, justamente agraviada, fue a la Tracia, donde le dijo
a su benefactor Ares que Afrodita ahora prefería a Adonis antes
que a él: «Es un perro mortal —exclamó— ¡y además afeminado!
» Ares sintió celos y, disfrazado de jabalí, corrió a donde estaba
Adonis, quien cazaba en el monte Líbano, y lo mató a cornadas
ante los ojos de Afrodita. De su sangre brotaron anémonas y su
alma descendió al Tártaro. Afrodita fue a ver a Zeus llorando y le
suplicó que Adonis no tuviese que pasar más de la mitad lóbrega
del año con Perséfone y pudiera ser su compañero durante los meses
del verano. Zeus se lo concedió magnánimamente. Pero algunos
dicen que el jabalí era Apolo quien se vengó de un daño que
le había hecho Afrodita76.
k. En una ocasión, para despertar los celos de Adonis, Afrodita
pasó varias noches en el Lilibeo con el argonauta Butes, quien la
hizo madre de Erix, un rey de Sicilia. Los hijos que tuvo con
Adonis fueron un varón, Golgo, fundador de Golgi en Chipre, y
una hija, Beroe, fundadora de Beroea en Tracia; algunos dicen
que Adonis, y no Dioniso, fue el padre de Príapo77.
l. Las Parcas asignaron a Afrodita solamente un deber divino, a
saber, hacer el amor; pero un día Atenea la sorprendió trabajando
subrepticiamente en un telar y se quejó de que sus prerrogativas
habían sido infringidas, amenazando con abandonarlas por completo.
Afrodita se disculpó profusamente y desde entonces no
volvió a trabajar con las manos78.
*
1. Los helenos posteriores rebajaron la importancia de la Gran Diosa del
75 Apolodoro: iii.14.3-4; Higinio: Astronomía poética ii.7 y Fábulas 58,164, 251; Fulgencio: Mitología
iii.8.
76 Servio sobre las Églogas de Virgilio x.18; Himno órfico lv.10; Ptolomeo Hefestionos: i.306.
77 Apolonio de Rodas: iv.914-19; Diodoro Sículo: iv.83; Escoliasta sobre los Idilios
de Teócrito xv.100; Tzetzes: Sobre Licofrón 831.
78 Hesíodo: Teogonía 203-4; Nono: Dionisíacas xxiv.274-81.
Mediterráneo, que durante largo tiempo había tenido la supremacía en Corinto,
Esparta, Tespias y Atenas, colocándola bajo tutela masculina y considerando
sus solemnes orgías sexuales como indiscreciones adúlteras. La
red en la que Hornero presenta a Afrodita apresada por Hefesto era originalmente
su propia red de Diosa del Mar (véase 89.2) y su sacerdotisa parece
haberla llevado durante el carnaval de primavera; la sacerdotisa de la
diosa escandinava Hollé, o Gode, hacía lo mismo en la Víspera de Mayo.
2. Príapo tuvo su origen en las toscas imágenes fálicas de madera que
presidían las orgías dionisíacas. Se le hace hijo de Adonis a causa de los
«jardines» en miniatura ofrecidos en sus festivales. El peral estaba consagrado
a Hera como diosa principal del Peloponeso y, en consecuencia, se la
llamaba Apia (véase 64.4 y 74.6).
3. Afrodita Urania («reina de la montaña») o Ericina («del brezo») era la
ninfa-diosa del solsticio de verano. Destruyó al rey sagrado, que copuló con
ella en la cima de una montaña, del mismo modo en que una abeja reina
destruye al zángano: arrancándole los órganos sexuales. De ahí las abejas
amantes del brezo y la túnica roja en su aventura amorosa de la cima de la
montaña con Anquises; y de ahí también el culto de Cibeles, la Afrodita
frigia del monte Ida, como una abeja reina, y la extática auto-castración de
sus sacerdotes en memoria de su amante Atis (véase 79.1). Anquises era
uno de los muchos reyes sagrados que eran heridos con un rayo ritual después
de juntarse con la Diosa de la Muerte-en-Vida (véase 24.a). En la versión
más antigua del mito lo mataban, pero en las posteriores escapaba, para
justificar la fábula de cómo el piadoso Eneas, quien llevó el Paladio sagrado
a Roma, sacó a su padre de la Troya incendiada (véase 168.c). Su
nombre identifica a Afrodita con Isis, cuyo esposo Osiris fue castrado por
Set disfrazado de oso; «Anquises» es, en efecto, sinónimo de Adonis. Tenía
un santuario en Egesta, cerca del monte Erix (Dionisio de Halicarnaso:
i.53) y Virgilio dijo, por lo tanto, que murió en Drépano, una ciudad vecina,
y fue enterrado en la montaña (Eneida iii.710, 759, etc.). Había otros santuarios
de Anquises en Arcadia y la Tróade. En el templo de Afrodita en el
monte Erix se exhibía un panal de miel de oro que, según se decía, era un
ex voto presentado por Dédalo cuando huyó a Sicilia (véase 92.h).
4. Como Diosa de la Muerte-en-Vida, Afrodita mereció muchos títulos
que parecen incompatibles con su belleza y complacencia. En Atenas la
llamaban la Mayor de las Parcas y hermana de las Erinias; en otras partes
Melenis («la negra»), nombre que Pausanias explica ingeniosamente como
significando que la mayoría de los actos amorosos se realizan de noche,
Escolia («oscura»), Androfono («matadora de hombres»), e incluso, según
Plutarco, Epitimbria («de las tumbas»).
5. El mito de Cíniras y Esmirna es, evidentemente, testimonio de un período
histórico en que el rey sagrado en una sociedad matrilineal decidió
prolongar su reinado más allá del término acostumbrado. Lo hizo celebrando
un casamiento con la joven sacerdotisa, nominalmente su hija, que iba a
ser reina durante el período siguiente, en vez de dejar que otro principillo se
casase con ella y le quitase el reino (véase 65.1).
6. Adonis (fenicio: adon. «señor») es una versión griega del semidiós sirio
Tammuz, el espíritu de la vegetación anual. En Siria, Asia Menor y
Grecia el año sagrado de la diosa se dividía en un tiempo en tres partes, regidas
por el León, la Cabra y la Serpiente (véase 75.2). La Cabra, emblema
de la parte central, pertenecía a la diosa del Amor Afrodita; la Serpiente,
emblema de la última parte, pertenecía a la diosa de la Muerte Perséfone; el
León, emblema de la primera parte, estaba consagrado a la diosa del Nacimiento,
llamada allí Esmirna, y que no tenía derecho alguno sobre Adonis.
En Grecia este calendario fue sustituido por un año de dos estaciones, dividida
cada una de ellas en dos partes por los equinoccios a la manera oriental,
como en Esparta y Belfos, o por los solsticios a la manera septentrional,
como en Atenas y Tebas, lo que explica la diferencia entre los respectivos
veredictos de la diosa montañesa Calíope y Zeus.
7. A Tammuz lo mató un jabalí, como a muchos personajes míticos análogos:
Osiris, el Zeus de Creta, Anceo de Arcadia (véase 157.e), Carmanor
de Lidia (véase 136.b) y el héroe irlandés Diarmuid. Este jabalí parece
haber sido en un tiempo una cerda con colmillos en forma de media luna, la
diosa misma como Perséfone, pero cuando se dividió el año en dos partes,
la mitad brillante regida por el rey sagrado y la mitad oscura por su sucesor
o rival, este rival apareció en la forma de jabalí, como Set cuando mató a
Osiris o Finn mac Cool cuando mató a Diarmuid. La sangre de Tammuz es
una alegoría de las anémonas que enrojecen las laderas del monte Líbano
después de las lluvias invernales; en Biblos se celebraba todas las primaveras
la Adonia, festival fúnebre en honor de Tammuz. El nacimiento de
Adonis de una mirra —la mirra es un conocido afrodisíaco— indica el carácter
orgiástico de sus ritos. Las gotas de goma que vertía la mirra se suponía
que eran lágrimas derramadas por él (Ovidio: Metamorfosis x.500 y
ss.). Higinio hace a Ciniras rey de Asiría (Fábula 58) quizá porque el culto
de Tammuz parecía haber tenido allí su origen.
8. El hijo de Afrodita, Hermafrodito, era un joven con pechos de mujer y
larga cabellera. Al igual que la andrógina, o mujer barbuda, el hermafrodita
existía, por supuesto, como fenómeno físico, pero como conceptos religiosos
ambos se originaron en la transición del matriarcado al patriarcado.
Hermafrodito es el rey sagrado que representa a la reina (véase 136.4) y
lleva pechos artificiales. Andrógina es la madre de un clan preheleno que
había evitado que lo patriarcalizaran; con el fin de conservar sus poderes
magistrales o para ennoblecer a los hijos tenidos por ella con un padre esclavo,
se pone una barba falsa, siguiendo la costumbre de Argos. Las diosas
barbudas, como la Afrodita chipriota, y los dioses afeminados, como Dioniso,
corresponden a esas etapas sociales de transición.
9. Harmonía es, a primera vista, un nombre extraño para una hija de
Afrodita y Ares, pero, entonces como ahora, existía más afecto y armonía
que de costumbre en un Estado que se hallaba en guerra.
19.
NATURALEZA Y HECHOS DE ARES
a. El Ares tracio ama la batalla por sí misma y su hermana Eris
provoca constantemente ocasiones para la guerra mediante la difusión
de rumores y la inculcación de celos. Como ella, él nunca
favorece a una ciudad o una facción más que a otra, sino que
combate en este o en aquel lado según la inclinación del momento
y se complace en la matanza de hombres y el saqueo de ciudades.
Todos sus colegas inmortales le odian, desde Zeus y Hera para
abajo, con excepción de Eris, Afrodita, quien abriga una perversa
pasión por él, y el voraz Hades, quien acoge de buen grado a los
jóvenes y valientes combatientes muertos en guerras crueles.
b. Ares no siempre salía victorioso. Atenea, guerrera mucho
más hábil que él, lo venció dos veces en combate. En una ocasión
los hijos gigantes de Aloco lo derrotaron y mantuvieron prisionero
en una vasija de bronce durante trece meses, hasta que, medio
muerto, lo puso en libertad Hermes; en otra ocasión Heracles le
hizo huir presa del pánico al Olimpo. Sentía un desprecio tan profundo
por los pleitos que nunca se presentó ante un tribunal como
demandante y sólo lo hizo una vez como acusado, cuando los
otros dioses le inculparon del asesinato voluntario de Halirrotio,
hijo de Posidón. Se justificó alegando que había salvado a su hija
Alcipe, de la casa de Cécrope, de ser violada por dicho Halirrotio.
Como nadie había presenciado el incidente, excepto el propio
Ares y Alcipe, quien, naturalmente, confirmó la declaración de su
padre, el tribunal lo absolvió. Esta fue la primera sentencia pronunciada
en un juicio por asesinato; a la colina en que se celebró
la causa se la llamó Areópago, nombre que todavía lleva79.
79 Apolodoro: iii.14.2; Pausanias: i.21.7. 1 Himno homérico a Afrodita 21-30.
*
1. A los atenienses no les gustaba la guerra, como no fuera en defensa de
la libertad, o por alguna otra razón igualmente convincente, y despreciaban
a los tracios, considerándolos unos bárbaros porque hacían de ella un pasatiempo.
2. En el relato que hace Pausanias del asesinato, Halirrotio había conseguido
ya violar a Alcipe. Pero Halirrotio sólo puede ser un sinónimo de Posidón,
y Alcipe un sinónimo de la diosa de cabeza de yegua. El mito, en
efecto, recuerda la violación de Deméter por Posidón y se refiere a una
conquista de Atenas por la gente de Posidón y la humillación que infirió a
la diosa (véase 16.3). Pero ha sido modificado por motivos patrióticos y
combinado con una leyenda de algún juicio por asesinato anterior. «Areiopago
» significa probablemente «la colina de la Diosa propiciadora», pues
areia es uno de los títulos de Atenea.
20.
NATURALEZA Y HECHOS DE HESTIA
a. La gloria de Hestia consiste en que es la única de los grandes
olímpicos que nunca interviene en guerras o disputas. Además,
como Artemis y Atenea, ha resistido siempre todas las invitaciones
amorosas de los dioses, Titanes y otros, pues después del destronamiento
de Crono, cuando Posidón y Apolo surgieron como
pretendientes rivales, juró por la cabeza de Zeus permanecer
siempre virgen. Por ello Zeus, agradecido, le concedió la primera
víctima en todos los sacrificios públicos80, pues había mantenido
la paz del Olimpo.
b. Príapo, borracho, trató en una ocasión de violarla en una fiesta
campestre a la que asistían los dioses, cuando todos se habían
quedado dormidos por hallarse ahítos; pero un asno rebuznó fuertemente,
Hestia se despertó, gritó al ver que Príapo estaba a punto
de echarse sobre ella y le hizo huir corriendo presa de un terror
cómico81.
80 Himno Homérico a Afrodita 21-30
81 Ovidio: Fasti vi.319 y ss.
c. Es la diosa del Hogar y en todas las viviendas particulares y
casas municipales protege a los suplicantes que acuden a ella en
busca de protección. Hestia es objeto de una veneración universal,
no sólo por ser la deidad más benigna, recta y caritativa de todas
las olímpicas, sino también por haber inventado el arte de la construcción
de casas; su fuego es tan sagrado que si se enfría un
hogar, ya sea por accidente o en señal de duelo, se reavivan las
llamas con la ayuda de una rueda de encender82.
*
1. El centro de la vida griega —incluso en Esparta, donde la familia estaba
subordinada al Estado— era el hogar doméstico, considerado también
como altar de los sacrificios. Hestia, como su diosa, representaba la seguridad
y la felicidad personales y el sagrado deber de la hospitalidad. El relato
de las ofertas de casamiento que le hicieron Posidón y Apolo quizá se haya
deducido del culto conjunto de esos dioses en Delfos. La tentativa de Príapo
de violarla es una amonestación anecdótica contra el mal trato sacrílego
de las mujeres huéspedes que se ponían bajo la protección del hogar
doméstico o público; el asno, símbolo de lujuria (véase 35.4), proclama el
desatino criminal de Príapo.
2. La arcaica imagen anicónica blanca de la Gran Diosa, en uso en todo
el Mediterráneo Oriental, parece haber representado un montón de carbón
de leña ardiente que se mantenía encendido cubriéndolo con ceniza blanca,
y que constituía la manera más agradable y económica de calefacción en la
'antigüedad; no producía humo ni llamas y formaba el centro natural de las
reuniones de la familia o el clan. En Delfos el montón de carbón de leña fue
trasladado a un recipiente de piedra caliza para el uso al aire libre y se convirtió
en el omphalos, o protuberancia del ombligo, que aparece con frecuencia
en las pinturas de los jarrones griegos y señalaba el supuesto centro
del mundo. Este objeto sagrado, que ha sobrevivido a la ruina del santuario,
tiene inscrito el nombre de la Madre Tierra y mide once pulgadas y cuarta
de altura por quince y media de anchura, más o menos el tamaño y la forma
del fuego de carbón de leña necesario para calentar una gran habitación. En
la época clásica la Pitonisa tenía un sacerdote ayudante que provocaba su
estado de arrobamiento quemando granos de cebada, cáñamo y laurel sobre
una lámpara de aceite en un espacio cerrado y luego interpretaba lo que ella
decía. Pero es probable que en otro tiempo se pusieran el cáñamo, el laurel
y la cebada sobre las cenizas calientes del montón de carbón vegetal, un
82 Diodoro Sículo: v.68.
modo más sencillo y eficaz de producir vapores narcóticos (véase 51.b).
Numerosos cucharones triangulares o en forma de hoja, de piedra o arcilla,
se han encontrado en santuarios cretenses y micénicos, algunos de ellos con
señales de gran calor, y parecen haber sido utilizados para cuidar el fuego
sagrado. El montón de carbón se formaba a veces en una mesa de arcilla
redonda y de tres patas pintadas de rojo, blanco y negro, que son los colores
de la luna (véase 90.3); se han encontrado ejemplos en el Peloponeso, Creta
y Délos, uno de ellos, de una rumba de Zafer Papoura, cerca de Cnosos,
tenía todavía amontonado sobre ella el carbón de leña.
21.
NATURALEZA Y HECHOS DE APOLO
a. Apolo, el hijo que tuvo Zeus con Leto, era sietemesino, pero
los dioses se desarrollan rápidamente. Temis le alimentó con néctar
y ambrosía y cuando amaneció el cuarto día pidió un arco y
flechas, que Hefesto le proporcionó inmediatamente. Dejó Délos
y se dirigió directamente al monte Parnaso, donde acechaba la
serpiente Pitón, enemiga de su madre, y la hirió gravemente con
sus flechas. Pitón huyó al Oráculo de la Madre Tierra en Delfos,
ciudad llamada así en honor del monstruo Delfine, su compañero,
pero Apolo se atrevió a seguirlo al interior del santuario y allí lo
mató, junto al precipicio sagrado83.
b. La Madre Tierra informó de ese ultraje a Zeus, quien no sólo
ordenó que Apolo fuese a Tempe para purificarse, sino que además
instituyó los Juegos Píticos en honor de Pitón, los cuales debía
presidir como penitencia. Sin alterarse en lo más mínimo,
Apolo obedeció la orden de Zeus de ir a Tempe y, en cambio, fue
a Agila para purificarse, acompañado de Ártemis; luego, como no
le agradaba el lugar, se embarcó para Tarra en Creta, donde el rey
Carmanor realizó la ceremonia84.
83 Higinio: Fábula 140; Apolodoro: i.4.1; Himno homérico a Apolo 300-306; Escoliasta sobre Apolonio
de Rodas: ii.706.
84 Eliano Varía Historia iii.l; Plutarco: Cuestiones griegas 12; Por qué guardan silencio los oráculos
15; Pausanias: u.7.7; x16.3.
c. Cuando regresó a Grecia Apolo fue en busca de Pan, el desacreditado
y viejo dios arcadio de patas de cabra y, después de
engatusarle para que le revelara el arte de la profecía, se apoderó
del Oráculo de Delfos y retuvo a su servicio a su sacerdotisa, llamada
la Pitonisa.
d. Leto, cuando se enteró de ello, fue con Artemis a Delfos,
donde se desvió para realizar cierto rito privado en una cueva sagrada.
El gigante Ticio interrumpió sus devociones y trataba de
violarla, cuando Apolo y Ártemis, al oír gritos, corrieron y mataron
al gigante con una descarga de flechas, venganza que Zeus, el
padre del gigante, tuvo a bien considerar piadosa. En el Tártaro
atormentaron a Ticio extendiéndolo con los brazos y las piernas
clavados a la tierra; la extensión que abarcaba no bajaba de nueve
acres y dos buitres le comían el hígado85.
e. Luego Apolo mató al sátiro Marsias, acompañante de la diosa
Cibeles. Así fue como sucedió: Un día Atenea hizo una flauta doble
con huesos de ciervo y la tocó en un banquete de los dioses.
No podía comprender al principio por qué Hera y Afrodita se reían
silenciosamente tapándose el rostro con las manos, pues su
música parecía complacer a los otros dioses; en consecuencia se
dirigió sola a un bosque frigio, tomó otra vez la flauta junto a un
arroyo y contempló su imagen en el agua mientras tocaba. Inmediatamente
se dio cuenta de lo ridícula que le hacía parecer el rostro
azulado y los carrillos hinchados, por lo que arrojó la flauta y
maldijo a quienquiera que la recogiera.
f. Marsias fue la víctima inocente de esa maldición. Tropezó
con la flauta, que tan pronto como se la llevó a los labios empezó
a tocar por sí sola, inspirada por el recuerdo de la música de Atenea;
recorrió Frigia con ella en el séquito de Cibeles, deleitando a
los campesinos ignorantes. Éstos decían que ni Apolo mismo podía
haber hecho mejor música, ni siquiera con su lira, y Marsias
fue lo bastante insensato como para no contradecirles. Por supuesto,
esto provocó la ira de Apolo, quien le invitó a un certamen en
el que el vencedor podría imponer el castigo que quisiese al perdedor.
Marsias accedió y Apolo eligió a las Musas como jurado.
85 Apolodoro: i.4.1; Pausanias: ii.30.3 y x.6.5; Plutarco: Cuestiones griegas 12; Higinio: Fábula 55;
Homero: Odisea xi.576 y ss.; Píndaro: Odas píticas iv.90 y ss.
Los dos quedaron igualados, pues a las Musas les encantaban ambos
instrumentos, hasta que Apolo le gritó a Marsias: «Te desafío
a que hagas con tu instrumento lo que yo puedo hacer con el mío.
Ponlo al revés y toca y canta al mismo tiempo.»
g. Con una flauta eso era manifiestamente imposible y Marsias
no logró hacer frente al desafío. Pero Apolo invirtió la lira y cantó
himnos tan deliciosos en honor de los dioses olímpicos que las
Musas no pudieron menos de sentenciar en su favor. Luego, a pesar
de su supuesta bondad, Apolo se vengó cruelmente de Marsias:
lo desolló vivo y clavó su piel a un pino (o, como dicen algunos,
a un plátano), junto a la fuente del río que ahora lleva su
nombre86.
b. Más tarde Apolo ganó un segundo certamen musical presidido
por el rey Midas; esta vez venció a Pan. Convertido en el reconocido
dios de la Música, desde entonces toca su lira de siete
cuerdas durante los banquetes de los dioses. Otro de sus deberes
fue en un tiempo el cuidado de los rebaños y manadas que tenían
los dioses en Pieria, pero posteriormente delegó esta tarea en
Hermes87.
i. Aunque Apolo se negaba a atarse con los lazos del matrimonio,
dejó encinta a muchas ninfas y mujeres mortales, entre ellas
Ftia, con quien engendró a Doro y sus hermanos; la musa Talía,
con quien engendró a los Coribantes; Corónide, con quien engendró
a Asclepio; Aria, con quien engendró a Mileto; y Cirene, con
quien engendró a Aristeo88.
j. También sedujo a la ninfa Dríope, que guardaba los rebaños
de su padre en el monte Eta en compañía de sus amigas las
Hamadríades. Apolo se transformó en una tortuga, con la que jugaron
todas ellas, y cuando Dríope la puso en su pecho se convirtió
en una serpiente silbante que hizo huir asustadas a las Hamadríades,
y entonces gozó a Dríope. Ésta le dio a Anfiso, quien
fundó la ciudad de Eta y construyó un templo a su padre; allí actuó
Dríope como sacerdotisa hasta que un día las Hamadríades la
86 Diodoro Sículo: iii.58-9; Higinio: Fábula 165; Apolodoro: i.4.2; Segundo Autógrafo Vaticano: 115;
Plinio: Historia natural xvi.89.
87 Higinio: Fábula 55; Homero: Ilíada i.603.
88 Apolodoro: i.7.6; iii.10.3; iii.1.2; Pausanias: x.17.3.
robaron y dejaron un álamo en su lugar89.
k. Apolo no fue siempre afortunado en el amor. En una ocasión
trató de robarle Marpesa a Idas, pero ella permaneció fiel a su marido.
En otra, persiguió a Dafne, la ninfa montañesa sacerdotisa de
la Madre Tierra e hija del río Penco en Tesalia, pero cuando la alcanzó,
ella llamó a la Madre Tierra, quien la hizo desaparecer justo
a tiempo y se la llevó a Creta, donde llegó a ser conocida con el
nombre de Pasífae. La Madre Tierra dejó un laurel en su lugar, y
con sus hojas Apolo hizo una guirnalda para consolarse90.
l. Hay que añadir que su atentado contra Dafne no obedeció a
un impulso súbito. Hacía mucho tiempo que estaba enamorado de
ella, y había causado la muerte de su rival Leucipo, hijo de Enómao,
quien se disfrazó de muchacha y participó en las orgías
montañesas de Dafne. Apolo se enteró de eso por adivinación y
aconsejó a las ninfas de la montaña que se bañaran desnudas, para
asegurarse así de que todas las que les acompañaban eran mujeres;
la impostura de Leucipo se descubrió inmediatamente y las
ninfas lo destrozaron91.
m. Eso fue también lo que sucedió con el bello joven Jacinto,
príncipe espartano, de quien no sólo se enamoró el poeta Támiris
—el primer hombre que cortejo a uno de su sexo—, sino también
el propio Apolo, el primer dios que lo hizo. Para Apolo Támiris
no resultó ser un rival serio; le oyó jactarse de que podía superar a
las Musas en el canto y les informó de ello maliciosamente, por lo
que ellas en seguida privaron a Támiris de la vista, la voz y su
memoria para tañer el arpa. Pero el Viento del Oeste también se
había encaprichado de Jacinto y se sentía locamente celoso de
Apolo. Un día en que Apolo le estaba enseñando al muchacho a
lanzar un disco, el Viento del Oeste se apoderó del disco en el aire,
lo lanzó contra el cráneo de Jacinto y lo mató. De su sangre
brotó la flor del jacinto, en la que se ven todavía sus letras iniciales92.
89 Antoninus Liberalis: 32; Estéfano de Bizancio sub Dríope; Ovidio: Metamorfosis ix.325 y ss.
90 Apolodoro: i.7.9; Plutarco: Agís 9.
91 Higinio: Fábula 203; Pausanias: viii.202; x.5.3; Partenio: Erótica 15; Tzetzes: Sobre Licofrón 6.
92 Homero: Ilíada ii.595-600; Luciano: Diálogos de los Dioses 14; Apolodoro: i.3.3; Pausanias: iii.1.3.
n. Apolo mereció la ira de Zeus sólo en una ocasión después de
la famosa conspiración para destronarlo. Eso sucedió cuando su
hijo Asclepio, el médico, cometió la temeridad de resucitar a un
muerto y robar con ello un súbdito a Hades, quien, como es natural,
presentó su queja en el Olimpo. Zeus mató a Asclepio con un
rayo y Apolo, en venganza, mató a los Cíclopes. A Zeus le irritó
la pérdida de sus armeros y habría desterrado a Apolo al Tártaro
para siempre si Leto no le hubiera suplicado el perdón, comprometiéndose
a que enmendaría sus costumbres. La sentencia se redujo
a un año de trabajos forzados, que Apolo debía cumplir en
los rediles del rey Admeto de Peres. Obedeciendo el consejo de
Leto, Apolo no sólo cumplió la sentencia humildemente, sino que
otorgó grandes beneficios a Admeto93.
o. Habiendo aprendido su lección, en adelante predicó la moderación
en todas las cosas; las frases: «Conócete a ti mismo» y
«Nada con exceso» estaban constantemente en sus labios. Trasladó
a las Musas de su residencia en el monte Helicón a Delfos,
suavizó su turbulento frenesí y las dirigía en sus danzas ceremoniosas
y decorosas94.
*
1. La historia de Apolo es confusa. Los griegos le hicieron hijo de Leto,
diosa conocida como Lat en la Palestina meridional (véase 14.2), pero era
también un dios de los Hiperbóreos («hombre de más allá del Viento Norte
») a los que Hecateo (Diodoro Sículo: ii.47) identificó claramente con los
británicos, aunque Píndaro (Odas píticas x.50-55) los consideraba libios.
Délos era el centro de este culto hiperbóreo, el cual, según parece, se extendía
al sudeste hasta Nabatea y Palestina, al noroeste hasta Bretaña, e incluía
a Atenas. Constantemente se cambiaban visitas entre los estados unidos
en este culto (Diodoro Sículo: loc. cit.).
2. Apolo, entre los Hiperbóreos, sacrificó hecatombes de asnos (Píndaro:
loc. cit.), lo que lo identifica con el «Niño Horus», cuya victoria sobre su
enemigo Set celebraban anualmente los egipcios arrojando onagros por un
precipicio (Plutarco: sobre Isis y Osiris 30). Horus vengaba el asesinato de
su padre Osiris por Set. Osiris era el rey sagrado, amado por Isis o Lat, la
93 Apolodoro: iii.10.4; Diodoro Sículo: iv.71.
94 Homero: Ilíada i.603-4; Plutarco: Sobre los oráculos pitios 17.
triple diosa Luna, y a quien su sucesor sacrificaba en el solsticio estival y
en el solsticio invernal y del que el propio Horus era la reencarnación. El
mito de la persecución de Leto por Pitón es análogo al de la persecución de
Isis por Set (durante los setenta y dos días más calurosos del año). Además,
Pitón se identifica con Tifón, el Set griego (véase 36.1), en el Himno homérico
a Apolo y por el escoliasta sobre Apolonio de Rodas. El Apolo Hiperbóreo
es, en realidad, un Horus griego.
3. Pero al mito se le ha dado un carácter político: se dice que Pitón fue
enviado contra Leto por Hera, quien le había dado a luz partenogenéticamente,
para mortificar a Zeus (Himno homérico a Apolo 305); y Apolo,
después de matar a Pitón (y probablemente también a su compañero Delfine),
se apodera del templo oracular de la Madre Tierra en Delfos, pues
Hera era la Madre Tierra o Delfine en su aspecto profético. Parece que ciertos
helenos del norte, aliados con los tracio-libios, invadieron la Grecia
central y el Peloponeso, donde se les opusieron los adoradores pre-helenos
de la diosa Tierra, pero se apoderaron de sus principales templos oraculares.
En Delfos destruyeron la sagrada serpiente oracular —una serpiente
análoga se mantenía en el Erecteón de Atenas (véase 25.2)— y se hicieron
cargo del oráculo en nombre de su dios Apolo Esminteo. Esminteo («ratón
»), al igual que Esmun, el dios cananeo de la curación, tenía como emblema
un ratón sanativo. Los invasores convinieron en identificarlo con
Apolo, el Horus Hiperbóreo, adorado por sus aliados. Para aplacar a la opinión
local de Delfos se instituyeron juegos fúnebres regulares en honor del
héroe muerto Pitón y mantuvieron en su puesto a su sacerdotisa.
4. La diosa Luna de Délos, Brizo («apaciguadora»), indistinguible de Leto,
puede ser identificada con la triple diosa hiperbórea Brigit, cristianizada
posteriormente como Santa Brígida. Brigit era patrona de todas las artes y
Apolo siguió su ejemplo. El atentado del gigante Ticio contra Leto indica
un levantamiento fracasado de los montañeses de Fócide contra los invasores.
5. Las victorias de Apolo sobre Marsias y Pan conmemoran las conquistas
helenas de Frigia y Arcadia, y el consiguiente reemplazo en esas regiones
de los instrumentos de viento por otros de cuerda, excepto entre los
campesinos. El castigo de Marsias puede referirse al desuello ritual de un
rey sagrado, del mismo modo que Atenea despojó a Palas de su égida mágica
(véase 9.a) o a la costumbre de quitar toda la corteza a un retoño de
aliso para hacer una zampoña de pastos, pues el aliso se personificaba como
un dios o semidiós (véase 28.1 y 57.1). Se consideraba a Apolo como
un antepasado de los griegos dorios y de los milesios, quienes le tributaban
honores especiales. A los coribantes, quienes danzaban en el festival del
solsticio invernal, los consideraba hijos suyos y de la musa Talía, porque
era el dios de la música.
6. Su persecución de Dafne, la ninfa de la montaña, hija del río Penco, y
sacerdotisa de la Madre Tierra, se refiere, al parecer, a la toma por los helenos
de Tempe, donde la diosa Dafne («la sanguinaria») era adorada por un
colegio de Ménades orgiásticas que masticaban laurel (véase 46.2 y 51.2).
Después de suprimir el colegio —la relación de Plutarco sugiere que las
sacerdotisas huyeron a Creta, donde la diosa Luna se llamaba Pasífae (véase
88.e)— Apolo se hizo cargo del laurel, el que más adelante sólo podía
masticar la Pitonisa. Dafne debía tener cabeza de yegua en Tempe, lo mismo
que en Figalia (véase 16.5); Leucipo («caballo blanco») era el rey sagrado
del culto del caballo local, y anualmente lo despedazaban las mujeres
desenfrenadas, quienes se bañaban después de asesinarlo para purificarse,
pero no antes (véase 22.1 y 150.1).
7. La seducción de Dríope por Apolo en el Eta tal vez sea un testimonio
del reemplazo local del culto de la encina por el culto de Apolo, a quien
estaba consagrado el álamo (véase 42.d); como lo es su seducción de Aria.
Su transformación en tortuga es una referencia a la lira que había adquirido
de Hermes (véase 17.d). El nombre de Ftia indica que ésta era un aspecto
otoñal de la diosa. El fracasado intento contra Marpesa («arrebatadora»)
parece recordar el fracaso de Apolo en apoderarse de un templo mesenio: el
de la diosa del Grano como Cerda (véase 74.4). La servidumbre de Apolo
con Admeto de Feres puede recordar un acontecimiento histórico: la humillación
del sacerdocio de Apolo en castigo por haber exterminado a una
corporación de herreros pre-helénica que gozaba de la protección de Zeus.
8. El mito de Jacinto, que a primera vista no parece más que una fábula
sentimental para explicar la marca del jacinto griego (véase 165.; y 2) se
relaciona con el héroe-flor cretense Jacinto (véase 159.4), llamado también,
al parecer, Narciso (véase 85.2), cuyo culto fue introducido en la Grecia
micénica y que dio el nombre al último mes del verano en Creta, Rodas,
Cos, Tera y Esparta. El Apolo dorio usurpó el nombre de Jacinto en Tarento,
donde tenía una tumba de héroe (Polibio: viii.30), y en Amiclas, ciudad
micénica, otra «tumba de Jacinto» se convirtió en el fundamento del trono
de Apolo. Apolo ya era un inmortal por aquel entonces y Jacinto sólo reinaba
durante una estación; su muerte por un disco recuerda la de su sobrino
Acrisio (véase 73.3).
9. Corónide («cuervo»), madre de Asclepio por Apolo, era probablemente
un título de Atenea (véase 25.5), pero los atenienses negaron siempre que
ella tuviera hijos y desfiguraron el mito (véase 50.b).
10. En la época clásica la música, la poesía, la filosofía, la astronomía,
las matemáticas, la medicina y la ciencia se hallaban bajo la dirección de
Apolo. Como enemigo de la barbarie, defendía la moderación en todas las
cosas, y las siete cuerdas de su lira estaban relacionadas con las siete vocales
del alfabeto griego posterior (véase 52.8), tenían significado místico y
se las utilizaba en la música terapéutica. Finalmente, a causa de su identificación
con el niño Horus, concepto solar, se le adoraba como el sol, de cuyo
culto corintio se había apoderado el Zeus Solar, y su hermana Artemis
era identificada justamente con la luna.
11. Cicerón, en su ensayo Sobre la naturaleza de los Dioses (iii.23), hace
a Apolo, hijo de Leto, sólo el cuarto de una serie antigua; distingue a Apolo
hijo de Hefesto, Apolo padre de los coribantes cretenses y el Apolo que dio
a Arcadia sus leyes.
12. La muerte de Pitón por Apolo no es, sin embargo, un mito tan simple
como parece a primera vista, porque la piedra omphalos en que se sentaba
la Pitonisa era tradicionalmente la tumba del héroe encarnado en la serpiente
y cuyos oráculos ella pronunciaba (Hesiquio sub el Túmulo de Arcos;
Varrón: Sobre los idiomas latinos vii.17). El sacerdote heleno de Apolo
usurpó las funciones del rey sagrado, quien, legítima y ceremonialmente,
había dado muerte siempre a su predecesor, el héroe. Esto lo demuestra el
rito de las Estepterias del que queda constancia en Por qué los oráculos
guardan silencio (15) de Plutarco. Cada nueve años se construía en la era
de trilla de Delfos una choza que representaba la morada de un rey y una
noche la atacaban de pronto los... [aquí hay un vacío en el relato]... Derribaban
la mesa de las primicias, prendían fuego a la choza y los portadores
de las antorchas huían del santuario sin mirar hacia atrás. Luego los jóvenes
que habían tomado parte en el acto iban a Tempe para purificarse y volvían
de allí en triunfo, coronados y portando una rama de laurel.
13. El súbito ataque concertado al residente en la choza recuerda el asesinato
misterioso de Rómulo por sus compañeros. Recuerda también el sacrificio
anual que se hacía en Atenas en la fiesta de las Eufonías, cuando
los sacerdotes que habían matado al buey Zeus con un hacha doble huían
sin mirar hacia atrás (véase 53.7); luego comían la carne en un banquete
público, representaban mímicamente la resurrección del buey y sometían el
hacha a juicio bajo la acusación de sacrilegio.
14. En Delfos, así como en Cnosos, el rey sagrado debió reinar hasta el
noveno año (véase 88.6). El muchacho iba a Tempe sin duda porque el culto
de Apolo había tenido allí su origen.
22.
NATURALEZA Y HECHOS DE ARTEMIS
a. Artemis, hermana de Apolo, está armada con arco y flechas
como él; posee el poder de producir pestes y la muerte súbita entre
los mortales y también el de curarlos. Es la protectora de los
niños pequeños y de todos los animales que maman, pero también
le gusta la caza, especialmente la de venados.
b. Un día, cuando era todavía una niña de tres años, su padre
Zeus, en cuyas rodillas estaba sentada, le preguntó qué regalos le
gustarían. Artemis le contestó inmediatamente: «Te ruego que me
concedas la virginidad eterna, y me des tantos nombres como mi
hermano Apolo, un arco y flechas como los suyos, el cargo de
llevar la luz, una túnica de caza azafranada con borde rojo que me
llegue hasta las rodillas, sesenta jóvenes ninfas oceánicas, todas
de la misma edad, como damas de honor, veinte ninfas fluviales
de Amnisos en Creta para que cuiden de mis borceguíes y aumenten
a mis sabuesos cuando no salga de cacería, todas las montañas
del mundo y, finalmente, cualquier ciudad que quiera elegir para
mí, pero bastará con una, porque me propongo vivir en las montañas
la mayor parte del tiempo. Por desgracia, las parturientas me
invocarán con frecuencia, pues mi madre Leto me tuvo y me dio a
luz sin dolores, y las Parcas me han hecho, por lo tanto, patrona
del parto»95.
c. Se estiró para acariciar la barba de Zeus, quien sonrió con orgullo
y dijo: «Con hijos como tú no tengo por qué temer la ira celosa
de Hera. Tendrás todo eso y todavía más: no una, sino treinta
ciudades, y una participación en otras muchas, tanto en tierra firme
como en el archipiélago, y te nombro guardiana de sus caminos
y puertos»96.
d. Artemis le dio las gracias, saltó de sus rodillas y fue en primer
lugar al monte Leuco de Creta y luego al océano, donde eligió
como acompañantes a numerosas ninfas de nueve años, a las
que sus madres dejaron ir complacidas97. Por invitación de Hefesto
visitó luego a los Cíclopes en la isla de Lipara y los encontró
forjando una gamella para los caballos de Posidón. Brontes, quien
había recibido la orden de hacer todo lo que ella deseara, la tomó
en sus rodillas, pero como no le agradaron sus caricias, Artemis le
arrancó un puñado de pelo del pecho, donde le quedó un pedazo
95 Calímaco: Himno a Ártemisa 1 y ss.
96 Ibid.: 26 y ss.
97 Ibíd.: 40 y ss.
pelado hasta el día de su muerte; cualquiera podía haber supuesto
que tenía sarna. A las ninfas les aterrorizó el aspecto salvaje de
los Cíclopes y el estrépito de su fragua, y con razón, pues siempre
que una niña es desobediente su madre la amenaza con Brontes,
Arges o Estéropes. Pero Artemis les pidió audazmente que abandonaran
por un rato la gamella de Posidón y le hicieran a ella un
arco de plata con una aljaba llena de flechas, a cambio de lo cual
comerían la primera presa que ella hiciese98. Con esas armas fue a
Arcadia, donde Pan se ocupaba en descuartizar un lince para dar
de comer a sus perras y cachorros. SI le dio tres sabuesos de orejas
gachas, dos abigarrados y uno moteado, capaces los tres juntos
de arrastrar leones vivos hasta sus perreras, y siete sabuesos rápidos
de Esparta99.
e. Habiendo capturado vivas a un par de ciervas cornígeras, las
unció a un carro de oro con bocados dorados y se dirigió hacia el
norte por el monte Hemo de Tracia. Se cortó su primera antorcha
de pino en el Olimpo misio y la encendió con las pavesas de un
árbol derribado por un rayo. Probó su arco de plata cuatro veces:
sus dos primeros blancos fueron árboles, el tercero una fiera, y el
cuarto una ciudad de hombres injustos100.
f. Luego volvió a Grecia, donde las ninfas amnisias desuncieron
sus ciervas, las almohazaron, las alimentaron con el trébol de crecimiento
rápido de la dehesa de Hera que comen los corceles de
Zeus y les dieron de beber en gamellas de oro101.
g. En una ocasión el dios fluvial Alfeo, hijo de Tetis, se atrevió
a enamorarse de Artemis y la persiguió a través de Grecia, pero
ella llegó a Letrini, en Elide (o, según dicen algunos, más lejos,
hasta la isla de Ortigia, cerca de Siracusa), donde embadurnó su
rostro y el de todas sus ninfas con barro blanco, de modo que no
se la podía distinguir de sus acompañantes. Alfeo se vio obligado
a retirarse, perseguido por una risa burlona102.
98 Ibíd.: 47 y ss.
99 Ibíd.: 69 y ss.
100 Ibíd.: 110 y ss.
101 Ibíd.: 162 y ss.
102 Pausanias: vi.22.5; Escoliasta sobre las Odas píticas de Píndaro ii.12.
h. Artemis exige a sus compañeras la misma castidad perfecta
que practica ella. Cuando Zeus sedujo a una de ellas, Calisto, hija
de Licaón, Artemis observó que estaba encinta. La transformó en
una osa, llamó a la jauría y Calisto habría sido perseguida y destrozada
por los perros si no la hubiera acogido en el Cielo Zeus,
quien luego puso su imagen entre las estrellas. Pero algunos dicen
que Zeus mismo transformó a Calisto en una osa y que la celosa
Hera hizo que Artemis la cazase equivocadamente. El hijo de Calisto,
Arcade, se salvó y fue el antepasado de los arcadios103.
i. En otra ocasión Acteón, hijo de Aristeo, se hallaba recostado
en una roca cerca de Orcomenes cuando vio a Artemis bañándose
en un arroyo no lejano y se quedó contemplándola. Para que luego
él no se jactase ante sus compañeros de que ella se había mostrado
desnuda en su presencia. Artemis lo transformó en un ciervo
y con su propia jauría de cincuenta sabuesos lo despedazó104.
*
1. La Doncella del Arco de Plata, a la que los griegos incluían en la familia
olímpica, era el miembro más joven de la Tríada de Artemis. «Artemis»
era un título más de la triple diosa Luna y, por lo tanto, tenía derecho a alimentar
a sus ciervas con trébol, símbolo de la trinidad. Su arco de plata representaba
a la luna nueva. Pero la Artemis olímpica era más que una doncella.
En otras partes, en Efeso, por ejemplo, se la adoraba en su segunda
persona, como Ninfa, una Afrodita orgiástica con un consorte varón y la
palmera (véase 14.a), el ciervo y la abeja (véase 18.3) como sus emblemas
principales. Su obstetricia corresponde más bien a la Vieja, lo mismo que
sus flechas mortales, y las sacerdotisas de nueve años son un recuerdo de
que el número de la muerte de la luna es tres veces tres. Recuerda a la «Señora
de las Cosas Salvajes» cretense, al parecer la diosa ninfa suprema de
las sociedades totémicas arcaicas, el baño ritual en el que la sorprendió Acteón,
así como las ciervas cornígeras de su carro (véase 125.a) y las codornices
de Ortigia (véase 14.3), parecen más apropiados para la Ninfa que
para la Doncella. Acteón era, al parecer, un rey sagrado del culto del ciervo
pre-heleno, despedazado al final de su reinado de cincuenta meses, es decir
la mitad de un Gran Año, mientras que su colega o sucesor reinaba el resto
del año. La ninfa se bañaba después, y no antes, del asesinato, como era
103 Higinio: Astronomía poética ii.l; Apolodoro: iii.8.2.
104 Higinio: Fábula 181; Pausanias: ix.2.3.
debido. Hay numerosos casos análogos de esta costumbre ritual en el mito
irlandés y el gales y en una fecha tan posterior como el siglo I d. de C. un
hombre disfrazado de ciervo era cazado y muerto periódicamente en el
monte Liceo de Arcadia (Plutarco: Cuestiones griegas 39). Los sabuesos
serían blancos con orejas rojas, como los «sabuesos del Infierno» en la mitología
celta. Había una quinta cierva cornígera que se le escapó a Artemis
(véase 125.a).
2. El mito de su persecución por Alfeo parece seguir el modelo del de su
inútil persecución de Aretusa, en. la que ésta se transformó en una fuente y
él en un río (Pausanias: v. 7.2), y puede haber sido inventado para explicar
el yeso, o la arcilla blanca, con que las sacerdotisas de Artemis Alfea se
embadurnaban los rostros en Letrini y Ortigia en honor de la Diosa Blanca.
Alph significa blancura y producto cereal; alphos es lepra; alphe, beneficio;
alphiton, cebada perlada, y Alphito en la Diosa Blanca del Cereal como
Cerda. A la estatua más famosa de Artemis en Atenas la llamaban «la del
rostro blanco» (Pausanias: i.26.4). El significado de Artemis es dudoso:
puede ser «de miembros fuertes», de artemes; o «la que despedaza», pues
los espartanos la llamaban Artamis, de artao; o «la alta convocadora», de
airo y themis; o la sílaba «therais» puede significar «agua», porque la luna
era considerada como la fuente de toda agua.
3. Ortigia, «isla de las codornices», cerca de Délos, estaba también consagrada
a Artemis (véase 14.a).
4. El mito de Calisto tiene por finalidad explicar las dos niñas vestidas
como osas que aparecían en el festival ático en honor de Artemis Brauronia,
y la relación tradicional entre Artemis y la Osa Mayor. Pero se puede
suponer una versión anterior del mito en la que Zeus seducía a Artemis,
aunque ella primeramente se transformó en una osa y luego se embadurnó
el rostro con yeso, con el propósito de escaparle. Artemis era originalmente
la gobernante de las estrellas, pero las tuvo que ceder a Zeus.
5. La causa de que le arrancara el pelo a Brontes es dudosa; Calímaco
podrá referirse traviesamente a algún conocido cuadro que representaba el
acontecimiento y en el que se había raído la pintura correspondiente al pecho
del cíclope.
6. Como «Señora de las Cosas Salvajes», o patrona de todos los clanes
totémicos, se ofrecía anualmente a Artemis un holocausto de animales totémicos
vivos, aves y plantas, y este sacrificio sobrevivía en la época clásica
en Parras, ciudad de Calidonia (Pausanias: iv.32.6); allí se la llamaba
Artemis Lafria. En Mesena le ofrecían un sacrificio análogo los Curetes,
como representantes del clan totémico (iv.32.9); y se recuerda otro en Hierápolis,
donde colgaban a las víctimas de los árboles de un bosque artificial
situado dentro del templo de la diosa (Luciano: Sobre la diosa siria 41).
7. El olivo estaba consagrado a Atenea y la palmera a Isis y Lat. Un sello
de abalorio de la época minoica media que me pertenece muestra a la diosa
junto a una palmera, vestida con una falda de hoja de palmera y sosteniendo
una palmerita en la mano; observa a un ternero del Año Nuevo que nace
de un racimo de dátiles. En el otro lado del árbol se halla un toro moribundo,
evidentemente el toro real del Año Viejo.
23.
NATURALEZA Y HECHOS DE HEFESTO
a. Hefesto, el dios herrero, era tan enclenque cuando nació que
su madre Hera, disgustada, lo arrojó desde la cima del Olimpo para
librarse de la vergüenza que le causaba su aspectos lamentable.
Pero sobrevivió a esa desventura sin daño físico porque cayó en el
mar, donde Tetis y Eurinome, que estaban cerca, lo salvaron. Estas
amables diosas lo retuvieron en su gruta submarina, donde instaló
su primera fragua y recompensó la bondad de las diosas
haciéndoles objetos ornamentales y útiles de todas clases105.
Un día, cuando habían transcurrido nueve años, Hera se encontró
con Tetis, quien llevaba por casualidad un broche hecho por
Hefesto, y le preguntó: «Amiga mía, ¿dónde encontraste esta joya
maravillosa?» Tetis vaciló antes de contestar, pero Hera le obligó
a decir la verdad. Inmediatamente llevó a Hefesto de vuelta al
Olimpo, donde lo instaló en una fragua mucho mejor, con veinte
fuelles que trabajaban día y noche, le agasajó mucho y arregló su
casamiento con Afrodita.
b. Hefesto se reconcilió con Hera que se atrevió a reprochar al
propio Zeus que la hubiera colgado del Cielo por las muñecas
cuando se rebeló contra él. Pero el silencio habría sido más conveniente,
porque Zeus, airado, lo arrojó por segunda vez desde el
Olimpo. La caída duró todo un día. Cuando golpeó la tierra en la
isla de Lemnos se rompió las dos piernas y, aunque era inmortal,
quedaba poca vida en su cuerpo cuando lo encontraron los isleños.
Luego Zeus le perdonó y admitió otra vez en el Olimpo, pero
sólo podía andar con muletas de oro106.
105 Homero: Ilíada xviii.394-409.
106 Ibíd.: i.586-94.
c. Hefesto era feo y de mal carácter, pero tenía mucha fuerza en
los brazos y hombros y toda su obra era de una habilidad sin rival.
En una ocasión hizo una serie de mujeres mecánicas de oro que le
ayudaban en su fragua; podían incluso hablar y realizar las tareas
más difíciles que él les encomendaba. Poseía una serie de trípodes
con ruedas de oro alineados alrededor de su fragua y esos trípodes
podían ir por sí solos a una reunión de los dioses y volver del
mismo modo107.
*
1. Hefesto y Atenea compartían templos en Atenas; el nombre de él podría
ser una forma gastada de hemero-phaistos, «el que brilla de día» (es
decir el sol), mientras que Atenea era la diosa-luna, «la que brilla de noche
», la patrona de todas las artes mecánicas. No se reconoce generalmente
que todos los utensilios, herramientas y armas de la Edad de Bronce tenían
propiedades mágicas y que el herrero era una especie de hechicero. Así, de
las tres personas de la tríada lunar Brigit (véase 21.4) una dirigía a los poetas,
otra a los herreros y la tercera a los médicos. Cuando la diosa es destronada,
el herrero se eleva a deidad. Que el dios herrero cojea es una tradición
que se encuentra en regiones tan lejanas como el África Occidental y
Escandinavia; en épocas primitivas pueden haber sido lisiados deliberadamente
para impedir que huyeran y se unieran a las tribus enemigas. Pero
una danza de la perdiz en la que los bailarines renqueaban se realizaba
también en orgías eróticas relacionadas con los misterios del arte de la
herrería (véase 92.2) y como Hefestos se había casado con Afrodita, quizá
cojease sólo una vez al año, en el Festival de la Primavera.
La metalurgia llegó a Grecia por primera vez desde las islas del Egeo. La
importación de objetos de bronce y oro heládicos bellamente forjados quizás
explica el mito según el cual Hefesto fue guardado en la gruta de Lemnos
por Tetis y Eurinome, títulos de la diosa del mar que creó el universo.
Los nueve años que pasó en la gruta indican su subordinación a la luna. Su
caída, lo mismo que las de Céfalo (véase 89.j), Talos (véase 92.b), Escirón
(véase 96.f), Ifito (véase 135.6) y otros, era la suerte común del rey sagrado
en muchas partes de Grecia cuando terminaban sus reinados. Las muletas
de oro quizás estaban destinadas a elevar del suelo sus talones sagrados.
2. Las veinte mesas de tres patas de Hefesto tienen, según parece, casi el
mismo origen que los Gasteroquiros que construyeron Tirinto (véase 73.3)
y eran discos del sol dorados con tres patas, como el emblema heráldico de
107 Ibíd.: xviii.368 y ss.
la isla de Man, sin duda orlando algún icono primitivo que mostraba a
Hefesto casándose con Afrodita. Representan años de tres estaciones y
simbolizan la longitud del reinado del rey herrero; muere en el vigésimo
año, cuando se produce una estrecha aproximación del tiempo solar y el
lunar; este ciclo era reconocido oficialmente en Atenas sólo hacia el final
del siglo V a. de C., pero había sido descubierto varios centenares de años
antes (La Diosa Blanca, págs. 397 y 406). Hefesto estaba vinculado con las
fraguas de Vulcano en las islas volcánicas de Lípari porque Lemnos, una
sede de su culto, es volcánica y un chorro de gas asfáltico natural que salía
de la cumbre del monte Mosquilo había ardido constantemente durante siglos
(Tzetzes: Sobre Licofrón 227; Hesiquio sub Mosquilo). Un chorro análogo,
descrito por el obispo Metodio en el siglo IV d. de C. ardía en el monte
Lemnos de Licia y todavía seguía haciéndolo en 1801. Hefesto tenía un
altar en esas dos montañas. Lemnos (probablemente de Leiben, «la que derrama
») era el nombre de la Gran Diosa de esta isla matriarcal (Hecateo,
citado por Estéfano de Bizancio sub Lemnos; véase 149.1).
24.
NATURALEZA Y HECHOS DE DEMÉTER
a. Aunque las sacerdotisas de Deméter, diosa del sembrado, inician
a las novias y los novios en los secretos del lecho, ella no tiene
esposo propio. Cuando era todavía joven y alegre tuvo a Core
y al robusto Yaco con Zeus, su hermano, fuera de matrimonio108.
También tuvo a Pluto con el Titán Yasio, o Yasión, de quien se
enamoró en la boda de Cadmo y Harmonía. Inflamados por el
néctar que corría como agua en el banquete, los amantes salieron
a hurtadillas de la mansión y se acostaron abiertamente en un
campo tres veces arado. Cuando volvieron, Zeus sospechó lo que
habían hecho por su comportamiento y el barro que tenían en los
brazos y las piernas; enfurecido porque Yasio se había atrevido a
tocar a Deméter, lo mató con un rayo. Pero algunos dicen que a
Yasio lo mató su hermano Dárdano o lo despedazaron sus propios
caballos109.
108 Aristófanes: Las ranas 338; Himno órfico li.
109 Homero: Odisea v.125-8; Diodoro Sículo: v.49; Hesíodo: Teogonía 969 y ss.
b. Deméter era benévola, y Erisictón, hijo de Tropías, fue uno
de los pocos hombres a quienes trató duramente. Al frente de
veinte compañeros, Erisictón se atrevió a invadir un bosque que
los pelasgos habían plantado para ella en Dotio, y comenzó a derribar
los árboles sagrados para obtener madera para su nueva sala
de banquetes. Deméter asumió la forma de Nicipe, sacerdotisa del
bosque, y ordenó suavemente a Erisictón que desistiera. Pero sólo
cuando él le amenazó con su hacha se reveló ella con todo su esplendor
y le condenó a sufrir un hambre perpetua por mucho que
comiera. Él se marchó a comer y se hartó durante todo el día a
expensas de sus padres, pero cuanto más comía tanto más hambriento
y delgado se ponía, hasta que ellos ya no pudieron seguir
alimentándolo y se convirtió en un mendigo callejero que comía
inmundicias. Al contrario, al cretense Pandáreo, quien robó el perro
de oro de Zeus y así vengó a Deméter por la muerte de Yasión,
la diosa le concedió el don regio de no sufrir nunca dolor de
vientre110.
c. Deméter perdió para siempre su alegría cuando la joven Core,
posteriormente llamada Perséfone, le fue arrebatada. Hades se
enamoró de Core y fue a pedir a Zeus permiso para casarse con
ella. Zeus temía ofender a su hermano mayor con una negativa
categórica, pero sabía que Deméter no le perdonaría si Core era
enviada al Tártaro. En consecuencia contestó políticamente que
no daría ni negaría su consentimiento. Esto animó a Hades a raptar
a la joven mientras ésta recogía flores en una pradera, quizá en
la siciliana Enna, o en Colono, lugar de Ática, o en Hermione, o
en alguna parte de Creta, o cerca de Pisa, o en las cercanías de
Lerna, o junto al Penco arcadio, o en la beocia Nisa, o en cualquier
otra parte de las regiones muy separadas que visitó Deméter
en su larga búsqueda de Core. Pero sus propios sacerdotes dicen
que fue en Eleusis. Buscó a Core sin descanso durante nueve días
y noches, sin comer ni beber y llamándola inútilmente durante todo
el tiempo. La única información que pudo obtener se la dio la
vieja Hécate, quien a primera hora de una mañana había oído a
110 Servio sobre la Eneida de Virgilio iii.167; Higinio: Fábula 250; Calímaco: Himno a Deméter 34 y
ss.; Antoninus Liberalis: Transformaciones 11; Pausanias: x.30.1.
Core gritar: «¡Un rapto, un rapto!», pero al correr en su ayuda no
había encontrado ni rastro de ella111.
d. El décimo día, tras un desagradable encuentro con Posidón
entre los rebaños de Onco, Deméter llegó disfrazada a Eleusis,
donde el rey Céleo y su esposa Metanira la recibieron hospitalariamente
y la invitaron a quedarse allí como nodriza de Demofonte,
el príncipe recién nacido. Su hija coja Yambe trató de consolar
a Deméter con versos cómicamente lascivos y el ama seca, la vieja
Baubo, le indujo, mediante una broma, a beber agua de cebada,
se puso a gemir como si estuviera de parto e inesperadamente sacó
de debajo de su falda al hijo de Deméter, Yaco, quien saltó a
los brazos de su madre y la besó.
e. «¡Oh, qué ávidamente bebes!», exclamó Abante, un hijo mayor
de Céleo, mientras Deméter tragaba el jarro de agua de cebada,
sazonada con menta. Deméter le lanzó una mirada torva y lo
metamorfoseó en un lagarto. Un poco avergonzada de sí misma,
Deméter decidió prestar un servicio a Céleo haciendo a Demofonte
inmortal. Esta noche lo sostuvo sobre el fuego para quemar su
mortalidad. Metanira, que era hija de Anfictión, entró por casualidad
en la sala antes que terminara el procedimiento, y rompió el
hechizo, por lo que Demofonte murió. «¡Qué desafortunada es mi
casa!», se lamentó Disaules. «Seca tus lágrimas, Disaules —le dijo
Deméter—. Todavía te quedan tres hijos, entre ellos Triptólemo,
a quien me propongo otorgar tan grandes dones que olvidarás
tu doble pérdida.»
f. Pues Triptólemo, que cuidaba el ganado de su padre, había
reconocido a Deméter y le había dado la noticia que necesitaba:
diez días antes de esto sus hermanos Eumolpo, pastor, y Eubuleo,
porquerizo, estaban en el campo, donde pacían sus animales,
cuando la tierra se abrió de pronto y tragó a los puercos de Eubuleo
ante sus propios ojos; luego, con un fuerte ruido de cascos,
apareció un carro tirado por caballos negros y se hundió en la
grieta. El rostro del conductor del carro era invisible, pero con el
brazo derecho abrazaba fuertemente a una muchacha que gritaba.
111 Higinio: Fábula 146; Diodoro Sículo: v.3; Escoliasta sobre el Edipo en Colona de Sófocles 1590;
Apolodoro: i.5.1; Escoliasta sobre la Teogonía de Hesíodo 914; Pausanias: vi.21.1 y i.38.5; Conon: Narraciones
15; Himno homérico a Deméter 17.
Eubuleo refirió el acontecimiento a Eumolpo y éste lo hizo tema
de un lamento.
g. Provista con este testimonio, Deméter llamó a Hécate. Juntas
fueron a ver a Helio, quien todo lo ve, y le obligaron a admitir que
Hades había sido el malvado, sin duda con la connivencia de su
hermano Zeus. Deméter estaba tan enojada que, en vez de volver
al Olimpo, siguió recorriendo la tierra, impidiendo que los árboles
dieran frutos y que crecieran las hierbas, hasta que la raza de los
hombres estuvo en peligro de extinción. Zeus, a quien la vergüenza
no permitía visitar a Deméter personalmente en Eleusis, le envió
primeramente un mensaje con Iris (del que ella no hizo caso
alguno) y luego una delegación de dioses olímpicos, con regalos
conciliatorios y rogándole que aceptara su voluntad. Pero ello no
quiso volver al Olimpo y juró que la tierra seguiría estéril hasta
que Core fuera devuelta.
h. Zeus sólo podía hacer una cosa. Envió a Hermes con un
mensaje para Hades: «Si no devuelves a Core estamos todos perdidos
», y con otro para Deméter: «Puedes tener de nuevo a tu
hija, con la única condición de que todavía no haya probado la
comida de los muertos.»
i. Como Core se había negado a comer ni siquiera un mendrugo
de pan desde su rapto, Hades se vio obligado a disimular su vejación
diciendo amablemente a Core: «Hija mía, pareces sentirte
desdichada aquí y tu madre llora por ti. Por lo tanto he decidido
enviarte a tu hogar.»
j. Core dejó de llorar y Hermes la ayudó a subir a su carro. Pero
en el momento en que partía para Eleusis, uno de los jardineros de
Hades, Ascálafo, comenzó a gritar irrisoriamente: «Habiendo visto
a la señora Core tomar una granada de un árbol" de tu huerto y
comido siete semillas, estoy dispuesto a atestiguar que ha probado
el alimento de los muertos.» Hades sonrió con sarcasmo y ordenó
a Ascálafo que se encaramara a la parte trasera del carro de Hermes.
k. En Eleusis, Deméter abrazó alegremente a Core, pero al enterarse
de lo de la granada se sintió más desalentada que nunca y
repitió: «No volveré al Olimpo ni anularé mi maldición de la tierra.
» Entonces Zeus instó a Rea, la madre de Hades, Deméter y él
mismo, a que le suplicara, y por fin se llegó a una transacción.
Core pasaría tres meses del año en compañía de Hades como Reina
del Tártaro, con el título de Perséfone, y los nueve meses restantes
con Deméter. Hécate se ofreció a asegurar que se cumpliera
ese acuerdo y a vigilar constantemente a Core.
l. Deméter consintió finalmente en volver al Olimpo. Antes de
salir de Eleusis instruyó a Triptólemo, Eumolpo y Céleo (juntamente
con Diocles, rey de Peras, quien durante todo ese tiempo
había buscado asiduamente a Core) en su culto y sus misterios.
Pero castigó a Ascálafo por su chismorreo arrojándolo a un agujero
y cubriéndolo con una roca enorme; de allí lo sacó finalmente
Heracles y ella lo transformó entonces en un buho de orejas cortas112.
Recompensó también a los feneacios de Acadia, en cuyo
hogar descansó después de haberla ultrajado Posidón, con cereales
de todas clases, pero les prohibió sembrar habas. Un tal Ciamites
fue el primero que se atrevió a hacerlo y tiene un altar junto al
río Cefíso113.
m. A Triptólemo le proporcionó grano para sembrar, un arado
de madera y un carro tirado por serpientes, y lo envió recorrer el
mundo para que enseñara a la humanidad el arte de la agricultura.
Pero primeramente le dio lecciones sobre la Llanura Rariana, que
no es por lo que algunos lo llaman hijo del rey Raro. Y a Fítalo,
que la había tratado bondadosamente en las orillas del Cefiso, le
dio una higuera, la primera que se vio en Ática, y le enseñó a cultivarla114.
*
1. Core, Perséfone y Hécate eran, claramente, la diosa en Tríada como la
Doncella, Ninfa y Vieja, en una ¿poca en que solamente las mujeres practicaban
los misterios de la agricultura. Core representa al grano verde, Perséfone
a la espiga madura y Hécate al cereal cosechado: la «vieja esposa» del
campo inglés. Pero Deméter era el título general de la diosa y a Core se le
ha dado el nombre de Perséfone, lo que confunde la fábula. El mito de la
112 Apolodoro: i.5.1-3 y 12; Himno homérico a Deméter 398 y ss. y 445 y ss.
113 Pausanias: viii.15.1 y i.37.3.
114 Himno homérico a Deméter 231-74; Apolodoro: i.52; Fragmento órfico 50; Higinio: Fábula 146;
Ovidio: Metamorfosis v.450-563 y Fasti iv.614; Nicandro: Theriaca; Pausanias: i.14.2 y 37.2.
aventura de Deméter en el campo tres veces arado indica un rito de la fertilidad
que sobrevivió hasta una época reciente en los Balcanes: la sacerdotisa
del cereal se unía públicamente con el rey sagrado en la siembra de otoño
con el fin de asegurar una buena cosecha. En Ática se araba el campo
primeramente en la primavera, luego, después de la cosecha del verano, se
araba transversalmente con una reja más ligera; y finalmente, después de
ofrecer sacrificios a los dioses de la labranza, se volvía a arar en la dirección
original durante el mes otoñal de Pianepsión, como preliminar para la
siembra (Hesíodo: Trabajos y Días 432-3, 460, 462; Plutarco: Sobre Isis y
Osiris 69; Contra Colotes 22).
2. Perséfone (de phero y phonos, «la que trae la destrucción»), llamada
también Persefata en Atenas (de ptersis y ephapto, «la que fija la destrucción
») y Proserpina («la terrible») en Roma, era, según parece, el título de
la ninfa cuando sacrificaba al rey sagrado. El título de Hécate («un centenar
») se refiere, al parecer, a los cien meses lunares del reinado de éste y a
la cosecha céntuple. La muerte del rey por un rayo, o por los dientes de los
caballos, o a manos del sucesor, era su destino común en la Grecia primitiva.
3. El rapto de Core por Hades forma parte del mito en el que la trinidad
helénica de dioses se casa forzosamente con la triple diosa pre-helénica:
Zeus con Hera, Zeus o Posidón con Deméter, y Hades con Core. Como en
el mito irlandés, Brian, Iuchar e Iucharba se casan con la triple diosa Eire,
Fodhla y Banbha (véase 1.6 y 16.1). Esto se refiere a la usurpación masculina
de los misterios agrícolas femeninos en los tiempos primitivos. Así el
episodio de la negativa de Deméter a proporcionar cereal a la humanidad
no es sino otra versión de la conspiración de Ino para destruir la cosecha de
Atamante (véase 70.c). Además, el mito de Core explica el entierro en el
invierno de una muñeca de cereal, la cual era desenterrada a comienzos de
la primavera y se la encontraba retoñando; esta costumbre pre-helena sobrevivía
en el campo en la época clásica, y la ilustran pinturas de jarrones
en las que aparecen hombres sacando a Core de un montón de tierra con
zapapicos, o abriendo la cabeza de la Madre Tierra con hachas.
4. La fábula de Erisictón, hijo de Tríopas, es una anécdota moral: entre
los griegos, como entre los latinos y los irlandeses primitivos, la tala de un
bosque sagrado traía consigo la pena de muerte. Pero un hambre desesperada
e inútil, a la que los isabelinos llamaban «tener el lobo en el estómago»,
no sería un castigo apropiado por la tala de árboles y el nombre de Erisictón
—también hijo de Cécrope, el patriarcalista e introductor de las tortas de
cebada— significa «rompedor de tierra», lo que indica que su verdadero
delito consistió en atreverse a arar sin consentimiento de Deméter, como
Atamante. El robo del perro de oro por Pandáreo indica la intervención cretense
en Grecia, cuando los aqueos trataron de reformar el ritual agrícola.
Este perro, robado a la diosa Tierra, parece haber sido la prueba visible de
la independencia del rey supremo aqueo con respecto a la diosa (véase
134.2).
5. Los mitos de Hilas («del bosque»; véase 150.1), Adonis (véase 18.7),
Litierses (véase 136.e) y Lino (véase 147.1) describen el luto anual por el
rey sagrado o el niño que le sustituía, sacrificado para aplacar a la diosa de
la vegetación. Ese mismo sustituto aparece en la leyenda de Triptólemo,
quien viajaba en un carro tirado por serpientes y llevaba sacos de cereal,
para simbolizar que su muerte traía consigo la abundancia. Era también
Plutón («la riqueza»), engendrado en el campo arado, y del que está tomado
el título eufemístico de «Pluto» que lleva Hades. Triptólemo (triptolmaios,
«tres veces osado») puede ser un título concedido al rey sagrado por haberse
atrevido tres veces a arar el campo y tener coito con la sacerdotisa del
cereal. Celeo, Diocles y Eumolpo, a quienes Deméter enseñó el arte de la
agricultura, representan a los jefes sacerdotales de la Liga Anfictiónica —
Metanira es descrita como hija de Anfictión— que le rindieron honores en
Eleusis.
6. Era en Eleusis («advenimiento»), ciudad micénica, donde se celebraban
los grandes Misterios eleusinos, en el mes llamado Beodromión («corriendo
en busca de ayuda»). Los iniciados extáticos de Deméter consumaban
simbólicamente su amorío con Yasión, o Triptólemo, o Zeus, en un
recinto interior del santuario, moviendo hacia arriba y hacia abajo en una
bota alta de mujer un objeto fálico; de aquí que Eleusis parece ser una forma
gastada de Eilythuies «[el templo] de la que se enfurece en un escondite
». Los mistagogos, vestidos como pastores, entraban luego dando gritos
de alegría y exhibían un aventador que contenía al niño Brimo, hijo de
Brimo («la enojada»), el fruto inmediato de su casamiento ritual. Brimo era
un título de Deméter y Brimo (Brimus) un sinónimo de Plutón, pero sus
celebrantes le conocían más como Yaco, del bullicioso himno Yaco que se
cantaba el sexto día de los misterios durante una procesión de antorchas
que partía del templo de Deméter.
7. Eumolpo representa a los pastores cantores que introducían al niño,
Triptólemo es un vaquero al servicio de Io, la diosa Luna como vaca (véase
56.1), que regaba el grano para sembrar, y Eubuleo un porquerizo al servicio
de la diosa Marpesa (véase 74.4 y 96.2), Forcis, Cere o Cerdo, la diosa
Cerda, que hacía germinar al cereal. Eubuleo fue el primero que reveló la
suerte de Core, porque «porquerizo», en el mito primitivo europeo, significa
adivino o mago. Así a Eumeo («buscando bien»), el porquerizo de Odiseo
(véase 171.a), se le llama dios («deiforme»), y aunque en la época clásica
hacía mucho tiempo que los porquerizos habían dejado de ejercer su
arte profético, todavía se sacrificaban cerdos a Deméter y Perséfone arrojándolos
por un precipicio natural. No se dice que Eubuleo se beneficiara
con la instrucción de Deméter, probablemente porque el culto de aquélla
como diosa Cerda había sido suprimido en Eleusis.
8. «Raro», bien signifique «un niño abortivo», o bien «una matriz», es un
nombre inadecuado para un rey y se referiría a la matriz de la madre del
Cereal de la que nacía éste.
9. Yambe y Baubo personifican las canciones obscenas en metro yámbico
que se cantaban para aliviar la tensión sentimental en los Misterios Eleusinos,
pero Yambe, Deméter y Baubo forman la tríada familiar de doncella,
ninfa y vieja. En el mito griego las nodrizas viejas representan casi siempre
a la diosa como Vieja. Abante se transformó en un lagarto, porque los lagartos
se encuentran en los lugares más cálidos y secos y pueden vivir sin
agua; ésta es una anécdota moral que se relataba para enseñar a los niños el
respeto por sus mayores y la veneración de los dioses.
10. La historia de la tentativa de Deméter para hacer a Demofonte inmortal
tiene su análoga en el mito de Medea (véase 156.a) y Tetis (véase 81.r).
Se refiere, en parte, a la difundida costumbre primitiva de inmunizar a los
niños contra los malos espíritus con fuego sagrado pasado a su alrededor en
el momento del nacimiento, o con una tapadera caliente colocada debajo de
ellos; y en parte a la costumbre de quemar niños hasta darles muerte como
un sacrificio sustitutivo del rey sagrado (véase 92.7) y confiriéndoles así la
inmortalidad. Celeo, el nombre del padre de Demofonte, puede significar
«quemador» además de «pájaro carpintero» o «hechicero».
11. Una prohibición primitiva recaía sobre los alimentos de color rojo,
los que sólo se podían ofrecer a los muertos (véase 170.5), y se suponía que
la granada había nacido —como la anémona escarlata de ocho pétalos— de
la sangre de Adonis o Tammuz (véase 18.7). Las siete semillas de granada
representan, quizá, las siete fases de la luna durante las cuales los agricultores
esperan que aparezcan los tallos verdes del cereal. Pero Perséfone comiendo
la granada es originalmente Sheol, la Diosa del Infierno, devorando
a Tammuz, mientras Ishtar (la misma Sheol en un aspecto diferente) llora
para aplacar a su ánima. Hera, como una diosa de la Muerte anterior, también
sostenía una granada.
12. El ascalaphos, o buho de orejas cortas, era un ave de mal agüero, y la
fábula de su chismorreo se relata para explicar el estrépito que hacen los
buhos en noviembre, antes que comiencen los tres meses invernales de la
ausencia de Core. Heracles puso en libertad a Ascálafo (véase 134.d).
13. El regalo de la higuera que hizo Deméter a Fítalo, cuya familia era
una de las principales en Atica (véase 97.a), sólo significa que la práctica
de la cabrahigadura —la polinización del árbol doméstico con una rama del
silvestre— dejó de ser una prerrogativa femenina al mismo tiempo que la
agricultura. La prohibición de que los hombres sembraran habas parece
haber sobrevivido a la del cereal, a causa de la íntima relación entre las
habas y los espíritus. En Roma los arrojaban a los espíritus en el Festival de
los Difuntos y si una planta brotaba de uno de ellos y una mujer comía sus
granos, quedaba preñada por un espíritu. Por eso los pitagóricos se abstenían
de comer habas para que no pudieran privar a un antepasado de la probabilidad
de una reencarnación.
14. Se dice que Deméter llegó a Grecia pasando por Creta y desembarcó
en Toricos, en Ática (Himno a Deméter 123). Esto es probable: los cretenses
se habían establecido en Atica, donde fueron los primeros en explotar
las minas de plata del Laurium. Además, Eleusis es una localidad micénica,
y Diodoro Sículo (v. 77) dice que ritos análogos a los eleusinos se realizaban
en Cnosos para todos los que querían asistir, y que (v. 79), según los
cretenses, todos los ritos de iniciación fueron inventados por sus antepasados.
Pero el origen de Deméter debe ser buscado en Libia.
15. Las flores que, según Ovidio, recogía Core eran adormideras. Una
imagen de la diosa con cabezas de adormidera en su tocado se encontró en
Gazi, Creta; otra diosa tallada en una moldura de Palaiokastro lleva adormideras
en la mano, y en el anillo de oro del tesoro de la Acrópolis de Micenas,
una Deméter sentada entrega tres cabezas de adormidera a una Core
en pie. Las semillas de adormidera eran utilizadas como un condimento del
pan y las adormideras están asociadas naturalmente con Deméter, pues crecen
en los sembrados, pero Core recoge o acepta adormideras a causa de
sus cualidades soporíficas y de su color escarlata, que promete la resurrección
después de la muerte (véase 27.12). Está a punto de retirarse para su
sueño anual.
25.
NATURALEZA Y HECHOS DE ATENEA
a. Atenea inventó la flauta, la trompeta, la olla de barro, el arado,
el. rastrillo, el yugo para bueyes, la brida de caballo, el carro y
el barco. Fue la primera en enseñar la ciencia de los números y
todas las artes femeninas, como la de la cocina, el tejido y el hilado.
Aunque es una diosa de la guerra, no le agrada la batalla, como
les agrada a Ares y Eris, sino más bien el arreglo de las disputas
y la defensa de la ley por medios pacíficos. No lleva armas en
tiempo de paz y, si alguna vez las necesita, se las pide habitualmente
a Zeus. Su misericordia es grande: cuando los votos de los
jueces se igualan en un juicio criminal en el Areópago, siempre da
el voto decisivo en favor de la absolución del acusado. Sin embargo,
una vez que interviene en la batalla nunca es derrotada, ni
siquiera cuando lucha contra Ares mismo, pues domina mejor que
él la táctica y la estrategia, y los capitanes prudentes acuden
siempre a ella en busca de consejo115.
b. Muchos dioses, Titanes y gigantes se habrían casado de buena
gana con ella, pero ella rechazaba siempre todos los requerimientos
amorosos. En una ocasión, durante la guerra de Troya,
como no quería pedir a Zeus que le prestase sus armas porque éste
se había declarado neutral, pidió a Hefesto que le hiciese un equipo
especial para ella. Hefesto no quiso que le pagara y dijo tímidamente
que haría el trabajo por amor; cuando, sin sospechar el
significado de esas palabras, Atenea entró en la fragua para ver
cómo el dios golpeaba el metal candente, Hefesto de pronto se dio
media vuelta y trató de violarla. Hefesto, que no siempre se comportaba
tan groseramente, había sido víctima de una broma maliciosa:
Posidón acababa de infórmale de que Atenea se dirigía a la
fragua, con el consentimiento de Zeus, llevada por la esperanza de
que le hiciese el amor violentamente. Al apartarse Atenea precipitadamente,
Hefesto eyaculó contra su muslo, un poco por encima
de la rodilla. Ella se limpió el semen con un puñado de lana, que
luego arrojó con asco; éste cayó al suelo en las cercanías de Atenas
y fertilizó accidentalmente a la Madre Tierra que estaba allí
de visita. Asqueada ante la idea de dar a luz un hijo que Hefesto
había tratado de engendrar con Atenea, la Madre Tierra declaró
que no aceptaría responsabilidad alguna de su crianza.
c. «Muy bien —dijo Atenea— yo mismo me encargaré de
ello». En consecuencia se hizo cargo de la criatura tan pronto como
nació, le llamó Erictonio y, como no quería que Posidón se
riese del buen éxito de su chanza, lo ocultó en un cesto sagrado
que entregó a Agaluro, la hija mayor del rey ateniense Cécrope,
con la orden de guardarlo cuidadosamente116.
d. Cécrope, un hijo de la Madre Tierra y, como Erictonio —
quien según algunos era su padre—, en parte hombre y en parte
serpiente, fue el primer rey que reconoció la paternidad. Se casó
115 Tzetzes: Sobre Licofrón 520; Hesiquio sub Hippia; Servio sobre la Eneida de Virgilio
iv.402; Píndaro: Odas olímpicas xiii.79; Livio: vii.3; Pausanias: i.24.3; Homero: Ilíada
1.199 y ss y 736; v.840-863; xxi.391-422; Esquilo: Euménides.753.
116 Higinio: Astronomía poética ii.13; Apolodoro: iii.14.6; Higinio: Fábula 166.
con una hija de Acteo, el primer rey del Ática. También instituyó
la monogamia, dividió el país de Ática en doce comunidades,
construyó templos dedicados a Atenea y abolió ciertos sacrificios
de sangre en favor de modestas ofrendas de tortas de cebada117.
Su esposa se llamaba Agraulo; sus tres hijas, Aglauro, Herse y
Pándroso, vivían en una casa de tres habitaciones en la Acrópolis.
Un anochecer, cuando las jóvenes volvieron de un festival llevando
en la cabeza los cestos sagrados de Atenea, Hermes sobornó a
Aglauro para que le diera acceso a Herse, la más joven de las tres,
de la que se había enamorado locamente. Aglauro se quedó con el
oro de Hermes, pero nada hizo para ganarlo, porque Atenea hizo
que sintiera celos de la buena suerte de Herse; en consecuencia,
Hermes se introdujo airadamente en la casa, convirtió a Aglauro
en piedra e hizo lo que deseaba con Herse. Después de haberle
dado Herse dos hijos a Hermes, Céfalo, el amado de Eos, y Cerice,
el primer heraldo de los Misterios Eleusinos, ella, Pándroso y
su madre Agraulo sintieron la curiosidad de atisbar debajo de la
tapa del cesto que había llevado Aglauro. Al ver un niño con cola
de serpiente en vez de piernas, lanzaron gritos de terror y, precedidas
por Aglauro, se precipitaron desde lo alto de la Acrópolis118.
e. Cuando se enteró de esta fatalidad, Atenea se afligió de tal
modo que dejó caer la enorme roca que había estado transportando
a la Acrópolis como fortificación adicional y se convirtió en el
monte Licabeto. Y al cuervo que le había llevado la noticia le
cambió el color de blanco a negro y prohibió a todos los cuervos
que volvieran a visitar la Acrópolis. Erictonio se refugió entonces
en la égida de Atenea, donde ella le crió tan tiernamente que algunos
la tomaron equivocadamente por su madre. Más tarde llegó
a ser rey de Atenas, donde instituyó el culto de Atenea y enseñó a
sus conciudadanos el uso de la plata. Su imagen fue puesta entre
las estrellas como la constelación del Auriga, puesto que había
introducido el carro tirado por cuatro caballos119.
117 Pausanias: i.5.3; viii.2.1; Apolodoro: iii.14.1; Estrabón: ix.1.20; Aristófanes: Pluto 773; Ateneo: p.
555c; Eustacio: Sobre Homero p. 1156; Mármol de Paros: líneas 2-4.
118 Apolodoro: iii.14.3 y 6; Inscripciones griegas xiv.1389; Higinio: Fábula 166.
119 Antígono Caristio: 12; Calímaco: Hecale 1.2.3; Filóstrato: Vida de Apolonio de Tiana vii.24; Higinio:
Astronomía poética ii.13; Fábula 274; Apolodoro: iií.14.1.
f. Es corriente otro relato, muy distinto, de la muerte de Aglauro,
a saber, que en una ocasión en que se lanzó un ataque contra
Atenas se arrojó desde la Acrópolis obedeciendo a un oráculo,
consiguiendo de este modo la victoria. Esta versión se propone
explicar por qué todos los jóvenes atenienses, al tomar por primera
vez las armas, visitan el templo de Aglauro y allí dedican su
vida a la ciudad120.
g. Atenea, aunque tan modesta como Artemis, es mucho más
generosa. Cuando Tiresias la sorprendió un día accidentalmente
en el baño, le puso sus manos sobre los ojos y le cegó, pero manera
de compensación le dio la linterna121.
h. No queda constancia de que le irritaran los celos más que en
una sola ocasión. He aquí la fábula: Aracne, ¿princesa de Colofón
en Lidia —famosa por su tinte purpúreo— era tan hábil en el arte
del tejido que ni siquiera Atenea podía competir con ella. Cuando
le mostraron un paño en el que Aracne había tejido ilustraciones
de tos amoríos olímpicos, la diosa lo examinó atentamente para
encontrarle un defecto, pero como no pudo hallarlo, desgarró el
paño con una ira fría y vengativa. Cuando Aracne, aterrorizada, se
colgó de una viga, Atenea la transformó a ella en una araña —el
insecto que más odia— y la cuerda en una telaraña, por la que
trepó Aracne para ponerse a salvo122.
*
1. Los atenienses hicieron de la virginidad de su diosa un símbolo de la
invencibilidad de la ciudad y, por lo tanto, desfiguraron los mitos primitivos
sobre su violación por Posidón (véase 19.2) y Bóreas (véase 48.1) y
negaron que Erictonio, Apolo y Licno («lámpara») fueran sus hijos tenidos
con Hefesto. Derivaban el nombre de Erictonio de erion, «lana» o de
«eris», «lucha», y chthónos, «tierra», e inventaron el mito de su nacimiento
para explicar la presencia en las pinturas arcaicas de un niño-serpiente que
atisba desde la égida de la diosa. La parte de Posidón en el nacimiento de
Erictonio puede haber sido originalmente más sencilla y directa, ¿pues por
120 Suidas y Hesequio sub Agraulos; Plutarco: Alcibíades 15.
121 Calímaco: El baño de Palas.
122 Ovidio: Metamorfosis vi.1-145; Virgilio: Geórgicas iv.246.
qué otro motivo había de introducir Erictonio en Atenas el carro posidoniano
tirado por cuatro caballos?
2. Atenea había sido la diosa triple y cuando la persona central, la diosa
como ninfa, fue suprimida y los mitos relacionados con ella transferidos a
Afrodita, Oritía (véase 48.b) o Alcipe (véase 19.b) quedó la Doncella vestida
con pieles de cabra, que se especializaba en la guerra (véase 8.1) y la
Vieja, que inspiraba los oráculos y dirigía todas las artes. Erictonio es quizás
una forma ampliada de Erecteo (véase 47.1) y significa «de la tierra del
brezo» (véase 18.1) más bien que «mucha tierra», como se ha dicho habitualmente;
los atenienses lo representaban como una serpiente con cabeza
humana, porque era el héroe, o espíritu, del rey sacrificado que hacía saber
los deseos de la Vieja. En este aspecto de Vieja acompañaban a Atenea un
buho y un cuervo. La antigua familia real de Atenas pretendía descender de
Erictonio y Erecteo y sus miembros se llamaban a sí mismos erectidas; solían
llevar serpientes doradas como amuletos y guardaban una serpiente
sagrada en el Erecteón. Pero Erictonio era también un viento procreador
proveniente de las montañas cubiertas de brezos, y la égida de Atenea (o
una copia) era dedicada a todas las parejas de recién casados de Atenas para
asegurar su fertilidad (Suidas sub Égida).
3. Se sabe que algunas de las ollas de cerámica más bellas de Creta fueron
hechas por mujeres y así lo fueron originalmente, sin duda, todos los
instrumentos útiles inventados por Atenea; pero en la Grecia clásica el artesano
tenía que ser hombre. La plata era al principio un metal más valioso
que el oro, pues costaba más refinada y estaba consagrada a la luna; la Atenas
de Pericles debió su preeminencia en gran parte a las ricas minas de
plata del Laurium, explotadas, primeramente por los cretenses, que le permitían
importar productos alimenticios y comprar aliados.
4. La ocasión en que las hijas de Cécrope saltaron desde la Acrópolis
puede haber sido una toma de Atenas por los helenos, después de la cual se
intentó imponer por la tuerza la monogamia a las sacerdotisas de Atenea,
como en el mito de Halirrotio (véase 19.b). Prefirieron la muerte al deshonor,
y de aquí provenía el juramento que hacían las jóvenes atenienses en
el templo de Agraulo. La otra fábula de la muerte de Agraulo es meramente
una anécdota moral: una advertencia contra la violación de los misterios de
Atenea. «Agraulo» era un título más de la diosa Luna. Agraulos y su transliteración
aglauros significan casi lo mismo; agraulos es un epíteto homérico
para los pastores, y aglauros (como herse y pandrosos) se refieren a la
luna como la supuesta fuente del rocío que refrescaba los pastos. En Atenas
las muchachas salían a la luz de la luna llena en el solsticio de verano para
recoger rocío —la misma costumbre sobrevivió en Inglaterra hasta el siglo
pasado— para fines sagrados. El festival se llamaba las Herseforias, o «recolección
de rocío»; Agraulo o Agraule era en realidad un título de Atenea,
y se dice que a Agraule se le rendía culto en Chipre hasta muy tarde (Porfirio:
Sobre vegetarianismo 30) con sacrificios humanos. Un anillo de oro de
Micenas muestra tres sacerdotisas avanzando hacia un templo; las dos primeras
desparraman rocío y la tercera (probablemente Agraulo) tiene una
rama atada al codo. La ceremonia quizá tuvo su origen en Creta. La seducción
de Herse por Hermes, por la cual pagó oro a Aglauro, tiene que referirse
a la prostitución ritual de las sacerdotisas ante una imagen de la diosa:
Aglauro convertida en piedra. Los cestos sagrados llevados en esas ocasiones
contenían sin duda serpientes fálicas y objetos orgiásticos análogos. La
prostitución ritual por las devotas de la diosa Luna se practicaba en Creta,
Chipre, Siria, Asia Menor y Palestina.
5. La expulsión del cuervo por Atenea es una variante mítica del destierro
de Crono. —Cronos significa «cuervo» (véase 6.2)—, en realidad el
triunfo del olimpismo, la introducción del cual se ha atribuido erróneamente
a Cécrope, quien es realmente Ofión-Bóreas, el demiurgo pelasgo (véase
1.1). El cambio de color del cuervo recuerda el nombre de la equivalencia
galesa de Atenea: Branwen, «cuervo blanco», hermana de Bran (véase
57.1). Según parece, Atenea tenía el título de «Coronis».
6. Su venganza de Aracne puede ser algo más que una bonita fábula si
constata una primitiva rivalidad comercial entre los atenienses y los talasócratas,
o gobernantes del mar, lidio-carios de origen cretense. Numerosos
sellos con una araña como emblema que se han encontrado en la cretense
Mileto —la ciudad madre de la Mileto caria y la mayor exportadora de ropas
de lana teñida en el mundo antiguo— indican que allí existía una industria
textil pública a comienzos del segundo milenio a. de C. Durante un
tiempo los milesios dominaron el provechoso comercio del Mar Negro y
tuvieron un centro de distribución en Naucratis, Egipto. Atenea tenía buenos
motivos para sentirse celosa de la araña.
7. En Hornero se da una aparente contradicción. Según el Catálogo de
los barcos (Ilíada ii. 547 y ss.), Atenea instala a Erecteo en su rico templo
de Atenas, pero, según la Odisea (vii.80), ella va a Atenas y entra en su fortaleza.
La realidad era que el rey sagrado tenía su morada en el palacio de
la Reina, donde se guardaba la imagen de la diosa. En Creta y la Grecia micénica
no había templos, sino solamente altares domésticos o cuevas oraculares.
26.
NATURALEZA Y HECHOS DE PAN
a. Varios dioses y diosas poderosos de Grecia nunca han sido
incluidos entre los doce olímpicos. Pan, por ejemplo, un tipo
humilde, ahora muerto, se contentó con vivir en la tierra en la Arcadia
rural; Hades, Perséfone y Hécate sabían que su presencia no
era bien acogida en el Olimpo y la Madre Tierra era demasiado
vieja y apegada a sus costumbres para acomodarse a la vida familiar
de sus nietos y bisnietos.
b. Algunos dicen que Hermes engedró a Pan con Dríope, hija de
Dríops; o con la ninfa Énoe; o con Penélope, esposa de Odiseo, a
la que visitó en la forma de un morueco; o con la cabra Amaltea123.
Se dice que era tan feo al nacer, con cuernos, barba, cola y
patas de cabra, que su madre huyó de él temerosa, y Hermes lo
llevó al Olimpo para que se divirtieran los dioses. Pero Pan era
hermano adoptivo de Zeus y por lo tanto mucho más viejo que
Hermes, o que Penélope, en quien, según dicen otros, fue engendrado
por todos los pretendientes que la cortejaron durante la ausencia
de Odiseo. Otros más le hacen hijo de Crono y Rea, o de
Zeus e Hibris, que es la explicación menos improbable124.
c. Vivía en Arcadia, donde guardaba manadas, rebaños y colmenas,
tomaba parte en las orgías de las ninfas montañesas y
ayudaba a los cazadores a encontrar la presa. Era en general tranquilo
y perezoso, nada le agradaba más que la siesta y se vengaba
de quienes le perturbaban lanzando un fuerte y súbito grito desde
un bosque o una gruta, que les erizaba el cabello. Sin embargo,
los arcadios le tenían tan poco respeto que, si alguna vez volvían
de un largo día de caza con las manos vacías, se atrevían a azotarle
con cebollas albarranas125.
d. Pan sedujo a varias ninfas, entre ellas a Eco, quien le dio a
Iinge y tuvo un final desdichado por amar a Narciso, y Eufema,
nodriza de las Musas, quien le dio poto, el Arquero del Zodíaco.
También se jactaba de que había poseído a todas las Ménades borrachas
de Dioniso126.
123 Himno homérico a Pan 34 y ss.; Escoliasta sobre los Idilios de Teócrito i.3; Herodoto: ii.145; Eratóstenes:
Catasterismoi 27.
124 Himno homérico a Pan: loc. cit.; Servio sobre las Geórgicas de Virgilio i.16; Duris, citado por
Tzetzes: Sobre Licofrón 772; Apolodoro: i.4.1; Escoliasta sobre Reso de Esquilo 30.
125 Teócrito: Idilios i.16; Eurípides: Reso 36; Hesequio sub Agreo; Teócrito: Idilios vii.107.
126 Ovidio: Metamorfosis iii.356-401; Higinio: Fábula 224; Astronomía poética ii.27.
e. En una ocasión trató de violar a la casta Pitis, quien se le escapó
sólo metamorfoseándose en un abeto, una rama del cual llevó
desde entonces como guirnalda. En otra ocasión persiguió a la
casta Siringe desde el monte Liceo hasta el río Ladon, donde se
transformó en una caña; allí, como no podía distinguirla a ella de
todas las demás, cono varias cañas al azar e hizo con ellas una siringa.
Su mayor triunfo en el amor fue la seducción de Selene,
que realizó disfrazando su piel cabruna velluda y negra con vellones
blancos bien lavados. Sin darse cuenta de quién era, Selene
consintió en cabalgar en su espalda y le dejó hacer lo que quiso
con ella127.
f. Los dioses olímpicos, aunque despreciaban a Pan por su simplicidad
y su afición al alboroto, explotaban sus facultades. Apolo
le sonsacó el arte de la profecía y Hermes copió una flauta que
Pan había dejado caer, pretendió que la había inventado él y la
vendió a Apolo.
g. Pan es el único dios que ha muerto en nuestra época. La noticia
de su muerte la dio un tal Tamo, marinero de un barco que iba
a Italia pasando por la isla de Paxi. Una voz divina gritó a través
del mar: «¿Estás ahí, Tamo? Cuando llegues a Palodes cuida de
anunciar que el gran dios Pan ha muerto», lo que hizo Tamo; y la
noticia fue acogida en la costa con gemidos y lamentos128.
*
1. Pan, cuyo nombre se deriva habitualmente de paein, «pastar», representa
al «demonio» o el «hombre derecho» del culto de la fertilidad arcadio,
que se parecía mucho al culto de las brujas del noroeste de Europa. Este
hombre, vestido con piel de cabra, era el amante elegido de las Ménades
durante sus orgías de ebriedad en las altas montañas, y más pronto o más
tarde pagaba su privilegio con la muerte.
2. Los relatos sobre el nacimiento de Pan varían mucho. Puesto que
Hermes era la fuerza residente en una piedra fálica que constituía el centro
de esas orgías (véase 14.1), los pastores describían a su dios Pan como su
hijo tenido con un pájaro carpintero, ave cuyo taladreo pronosticaba, según
127 Luciano: Diálogos de los Dioses xxii.4; Ovidio: Metamorfosis i.694-712; Filargirio sobre las
Geórgicas de Virgilio iii.392.
128 Plutarco: Por qué guardan silencio los oráculos 17.
se creía, la bienvenida lluvia estival. El mito de que engendró a Pan con
Énoe se explica por sí mismo, aunque las Ménades originales utilizaban
bebidas alcohólicas distintas del vino (véase 27.2); y el nombre de su supuesta
madre Penélope («con una red sobre el rostro») sugiere que las Ménades
llevaban alguna forma de pintura bélica en sus orgías, recordando las
rayas del penélope, una variedad del pato. Plutarco dice (Sobre las demoras
del castigo divino 12) que las Ménades que mataron a Orfeo fueron tatuadas
por sus maridos como castigo (véase 28.f); y una Ménade con las piernas
y los brazos tatuados con un diseño en forma de red aparece en un jarrón
del Museo Británico (Catálogo E.301). La visita de Hermes a Penélope
en la forma de un morueco —el demonio morueco es en el culto de las brujas
del noroeste tan común como la cabra—, su preñez por todos los pretendientes
(véase 171.1) y la jactancia de que Pan había poseído a todas las
Ménades se refieren al carácter promiscuo de las orgías en honor de la diosa-
abeto Pitis o Elate (véase 78.1). Los montañeses de Arcadia eran los más
primitivos de Grecia (véase 1.5) y sus vecinos más civilizados afirmaban
que los despreciaban.
3. El hijo de Pan, el torcecuello o pájaro-serpiente, era un migrante de
primavera empleado en los encantamientos eróticos (véase 56.1 y 152.2).
Las cebollas albarranas contienen un veneno irritante —valioso contra los
ratones y las ratas— y se las utilizaba como un purgante o diurético antes
de intervenir en un acto ritual; en consecuencia llegaron a simbolizar la
eliminación de malas influencias (Plinio: Historia natural xx.39), y la imagen
de Pan era azotada con cebollas albarranas si la caza era escasa (véase
108.10).
4. Su seducción de Selene debe de referirse a una orgía de la Víspera del
Primero de Mayo a la luz de la luna en la que la Reina de Mayo montaba en
la espalda de su hombre derecho antes de celebrar un casamiento selvático
con él. Para entonces el culto del morueco había sustituido al culto de la
cabra en Arcadia (véase 27.2).
5. El Tamo egipcio al parecer oyó mal el lamento ceremonial Thamus
Pan-megas Tethnece («¡El todo grande Tammuz ha muerto!») y entendió:
«¡Tamo, el Gran Pan ha muerto!» En todo caso, Plutarco, sacerdote de Delfos
en la segunda mitad del siglo I d. de C, lo creyó y lo publicó; pero
cuando Pausanias hizo su viaje por Grecia alrededor de un siglo después
encontró templos, altares, cuevas sagradas y montañas sagradas dedicados
a Pan todavía muy frecuentados.
27.
NATURALEZA Y HECHOS DE DIONISO
a. Por orden de Hera los Titanes se apoderaron del hijo recién
nacido de Zeus, Dioniso, niño cornudo coronado con serpientes y,
a pesar de sus transformaciones, lo desmenuzaron. Hirvieron los
pedazos en una caldera, mientras un granado brotaba de la tierra
donde su sangre había caído; pero salvado y reconstruido por su
abuela Rea, volvió a la vida. Perséfone, a quien Zeus confió su
cuidado, lo llevó al rey Atamante de Orcómenos y su esposa Ino,
a quienes persuadió para que criasen al niño en las habitaciones
de las mujeres, disfrazada de niña. Pero no se podía engañar a
Hera, quien castigó al matrimonio real con la locura, de modo que
Atamante mató a su hijo Learco confundiéndolo con un ciervo129.
b. Luego, por orden de Zeus, Hermes transformó temporalmente
a Dioniso en un chivo o un morueco y lo regaló a las ninfas
Macris, Nisa, Erato, Bromia y Bacque, del monte Nisa en el Helicón.
Ellas cuidaron a Dioniso en una cueva, lo mimaron y lo alimentaron
con miel, servicio por el cual Zeus colocó luego sus
imágenes entre las estrellas con el nombres de las Híades. Fue en
el monte Misa donde Dioniso inventó el vino, por el que se le celebra
principalmente130.
Cuando llegó a la edad viril, Hera lo reconoció como hijo de
Zeus, a pesar del afeminamiento a que lo había reducido su educación,
y lo enloqueció también. Fue a recorrer el mundo entero
acompañado por su preceptor Sueno y un ejército salvaje de sátiros
y ménades, cuyas armas eran el báculo con hiedra enroscada y
con una pina en la punta, llamada thyrsus, y espadas, serpientes y
bramaderas que infundían el terror. Navegó rumbo a Egipto, llevando
consigo el vino, y en Faros el rey Proteo lo recibió hospitalariamente.
Entre los libios del Delta del Nilo, frente a Faros, vivían
ciertas reinas amazonas a las que Dioniso invitó a marchar
con él contra los Titanes y restablecer al rey Amón en el reino del
que había sido expulsado. El triunfo de Dioniso sobre los Titanes
129 Eurípides: Bacantes 99-102; Onomácrito, citado por Pausanias: vüi.37.3; Diodoro Sículo: iii.62;
Himno órfico xiv.6; Clemente de Alejandría: Alocución a los griegos ii.16.
130 Apolodoro: iii.4.3; Higinio: Fábula 182; Teón sobre Fenómenos de Arato 177; Diodoro Sículo:
iii.68-69; Apolonio de Rodas: iv.1131; Servio sobre las Églogas de Virgilio vi.15.
y la restauración del rey Amón fue la primera de sus muchas victorias
militares131.
c. Luego se dirigió hacia el este para ir a la India. Cuando llegó
al Eufrates se le opuso el rey de Damasco, al que desolló vivo, pero
construyó un puente sobre el río con hiedra y vid; después de lo
cual un tigre, enviado por su padre Zeus, le ayudó a cruzar el río
Tigris. Llegó a la India después de encontrar mucha resistencia en
el camino, y conquistó todo el país, al que enseñó el arte de la vinicultura,
dotándolo además de leyes y fundando grandes ciudades132.
d. A su regreso se le opusieron las amazonas, a una horda de las
cuales persiguió hasta Efeso. Unas pocas se acogieron en el Templo
sagrado de Ártemis, donde sus descendientes viven todavía;
otras huyeron a Samos y Dioniso las siguió en embarcaciones y
mató a tantas que el campo de batalla se llama Panhaema. En las
cercanías de Floco murieron algunos de los elefantes que había
llevado a la India, y todavía se muestran allí sus huesos133.
e. Luego Dioniso volvió a Europa pasando por Frigia, donde su
abuela Rea le purificó de los muchos asesinatos que había cometido
durante su locura y le inició en sus misterios. A continuación
invadió Tracia, pero tan pronto como su gente desembarcó en la
desembocadura del río Estrimón, el rey de los edonios, Licurgo,
se le opuso salvajemente con un aguijón y capturó a todo el
ejército, con excepción de Dioniso, quien se sumergió en el mar y
se refugió en la gruta de Tetis. Rea, molesta por este descalabro,
ayudó a los prisioneros a huir y enloqueció a Licurgo, quien mató
a su propio hijo Driante con un hacha creyendo que cortaba una
vid. Antes de que recobrara la razón comenzó a podar la nariz, las
orejas y los dedos de las manos y los pies del cadáver, y toda la
tierra de Tracia quedó estéril, horrorizada por su crimen. Cuando
Dioniso, al volver del mar, anunció que esa esterilidad continuaría
a menos que Licurgo fuese condenado a muerte, los edonios lo
llevaron al monte Pangeo, donde unos caballos salvajes lo despe-
131 Apolodoro: iii.5.1; Esquilo: Los edonios, un fragmento; Diodoro Sículo: iii.70-71.
132 Eurípides: Bacantes 13; Teófilo, citado por Plutarco: Sobre los ríos 24; Pausanias: x.29.2; Diodoro
Sículo: ii.38; Estrabón: xi.i.; Filóstrato: Vida de Apolonio de Tiana ii.8-9; Arriano: Indica 5.
133 Pausanias: vii.2.4-5; Plutarco: Cuestiones griegas 56.
dazaron134.
f. Dioniso no encontró más oposición en Tracia y se dirigió a su
muy amada Beoda, donde visitó Tebas e invitó a las mujeres a
que tomaran parte en sus orgías en el monte Citerón. Como a Penteo,
rey de Tebas, le desagradaba el aspecto disoluto de Dioniso,
lo arrestó, juntamente con todas sus Ménades, pero enloqueció y
en vez de encadenar a Dioniso encadenó a un toro. Las Ménades
volvieron a escapar y se dirigieron furiosas a la montaña, donde
despedazaron a los terneros. Penteo trató de contenerlas, pero inflamadas
por el vino y el éxtasis religioso le arrancaron un miembros
tras otro. Su madre Agave encabezó el tumulto y fue ella
quien le arrancó la cabeza135.
g. En Orcómenos las tres hijas de Minia, llamadas Alcítoe,
Leucipe y Arsipe, o Aristipe, o Arsínoe, se negaron a participar en
las orgías, aunque les invitó personalmente Dioniso, que se les
apareció en la forma de una muchacha. Luego cambió de forma y
se transformó sucesivamente en un león, un toro, y una pantera, y
las enloqueció. Leucipe ofreció a su propio hijo Hípaso como sacrificio
—había sido elegido echando suertes— y las tres hermanas,
después de despedazarlo y devorarlo, recorrieron frenéticamente
las montañas, hasta que por fin Hermes las transformó en
aves, si bien algunos dicen que Dioniso las transformó en murciélagos136.
En Orcómenos se expía anualmente el asesinato de
Hípaso en una fiesta llamada Agrionia («provocación al salvajismo
») en la que las mujeres devotas simulan que buscan a Dioniso
y luego, conviniendo en que debe estar ausente con las Musas, se
sientan en círculo y proponen adivinanzas, hasta que el sacerdote
de Dioniso sale corriendo de su templo con una espada y mata a la
primera que alcanza137.
h. Cuando toda Beocia hubo reconocido la divinidad de Dioniso,
éste recorrió las islas del Egeo difundiendo la alegría y el te-
134 Apolodoro: iii.5.1; Hornero: Ilíada vi. 130-40.
135 Teócrito: Idilios xxvi; Ovidio: Metamorfosis iii.714 y ss.; Eurípides: Bacantes, passim.
136 Ovidio: Metamorfosis iv.1-40; 390-415; Antoninus Liberalis: 10; Eliano: Varia Historia iii.42; Plutarco:
Cuestiones griegas 38.
137 Plutarco: loc. cit.
rror dondequiera que iba. Al llegar a Icaria descubrió que su barco
era innavegable y alquiló otro a ciertos marineros tirrenos que simulaban
dirigirse a Naxos. Resultó que eran piratas y, sin darse
cuenta de que llevaban a un dios, se dirigieron al Asia, con el propósito
de venderlo allí como esclavo. Dioniso hizo que brotara de
la cubierta una vid que envolvió al mástil, mientras la hiedra se
enroscaba en los aparejos; también transformó los remos en serpientes
y él mismo se transformó en león, y llenó el barco con
animales fantásticos y sonidos de flautas, de modo que los piratas
aterrorizados se arrojaron por la borda y se convirtieron en delfines138.
i. Fue en Naxos donde Dioniso encontró a la bella Ariadna, a
quien había abandonado Teseo, y se casó con ella inmediatamente.
Ariadna tuvo con él a Enopión, Toante, Estáfilo, Latramis,
Evantes y Taurópolo. Más tarde Dioniso puso su diadema nupcial
entre las estrellas139.
j. De Naxos fue a Argos y castigó a Perseo, quien al principio le
resistió y mató a muchos de sus seguidores, enloqueciendo a las
mujeres argivas, que comenzaron a devorar crudos a sus hijos.
Perseo se apresuró a confesar su error y aplacó a Dioniso construyendo
un templo en su honor.
k. Finalmente, después de establecer su culto en todo el mundo,
Dioniso subió al Cielo y ahora se sienta a la derecha de Zeus como
uno de los Doce Grandes. La modesta diosa Hestia, renunció a
su asiento en la alta mesa en su favor, feliz de tener una excusa
para eludir las reyertas por celos de su familia y sabiendo que
siempre podía contar con una acogida tranquila en cualquier ciudad
griega que le apeteciese visitar. Luego Dioniso descendió por
Lerna al Tártaro, donde sobornó a Perséfone con el regalo de un
mirto para que dejase en libertad a su madre difunta, Sémele,
quien ascendió con él al templo de Ártemis en Trecén; pero, para
que las otras ánimas no se sintiesen celosas y agraviadas, le cambió
el nombre y la presentó a los otros olímpicos como Tione.
Zeus puso un aposento a su disposición y Hera guardó un silencio
138 Himno homérico a Dioniso 6 y ss.; Apolodoro: iii.5.3; Ovidio: Metamorfosis iii.577-699.
139 Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: iii.996; Hesíodo: Teogonía 947; Higinio: Astronomía poética
ii.5.
airado, pero resignado140.
*
1. La guía principal de la fábula mística de Dioniso es la difusión del culto
de la viña por Europa, Asia y el norte de África. El vino no fue inventado
por los griegos: parece haber sido importado por primera vez en cántaros de
Creta. Se daban uvas silvestres en la costa meridional del Mar Negro, desde
donde su cultivo se extendió al monte Nisa en Libia, por Palestina, y así
hasta Creta; a la India por Persia; y a la Bretaña de la Edad de Bronce por
la Ruta del Ámbar. Las orgías de vino del Asia Menor y la Palestina —la
Fiesta de los Tabernáculos cananea era originalmente una bacanal— se caracterizaban
por casi los mismos éxtasis que las orgías de cerveza de Tracia
y Frigia. El triunfo de Dioniso consistió en que el vino sustituyó en todas
partes a las otras bebidas alcohólicas (véase 38.3). Según Ferécides (178),
Nysa significa «árbol».
2. En otro tiempo había estado subordinado a la diosa-Luna Sémele
(véase 14.5) —llamada también Tione o Cotito (véase 3.1)— y era la víctima
destinada de sus orgías. Que fuera criado como una niña, como lo fue
también Aquiles (véase 160.5), recuerda la costumbre cretense de mantener
a los niños en «la oscuridad» (scotioi), es decir, en las habitaciones de las
mujeres, hasta la pubertad. Uno de sus títulos era Dendrites, «muchachoárbol
», y el Festival de la Primavera, cuando los árboles florecen de pronto
y el mundo entero se embriaga con deseo, celebraba su emancipación. Se le
describe como un niño cornudo para no particularizar los cuernos, que eran
de cabra, de ciervo, de toro o de morueco según el lugar de su culto. Cuando
Apolodoro dice que fue transformado en chivo para salvarlo de la ira de
Hera —Erifo— («chivo») era uno de sus títulos (Hesiquio sub Erifos)— se
refiere al culto cretense de Dioniso-Zagreo, la cabra montes con enormes
cuernos. Virgilio (Geórgicas ii.380-84), explica erróneamente que la cabra
era el animal más comúnmente sacrificado a Dioniso, «porque las cabras
dañan a la viña royéndola». Dioniso como ciervo es Learco, a quien mató
Atamante enloquecido por Hera. En Tracia era un toro blanco. Pero en Arcadia
lo transformó Hermes en morueco, porque los arcadios eran pastores
y el Sol entraba en Aries en su Festival de la Primavera. A las Híades
(«hacedoras de lluvia»), a cargo de las cuales quedó Dioniso, se las llamó
«las altas», «las cojas», «las apasionadas», «las rugientes» y «las furiosas»
para describir sus ceremonias. Hesíodo (citado por Teón: Sobre Arato 171)
registra los nombres anteriores de las Híades como Fésile (¿«luz filtrada
»?), Coronis («cuervo»), Cleia («famosa»), Feo («oscura») y Eudora
140 Apolodoro: iii.5.3; Pausanias: ii.31.2.
(«generosa»); y la lista de Higinio (Astronomía poética ii.21) es algo parecida.
Nysus significa «cojo», y en esas orgías de cerveza en la montaña el
rey sagrado parece haber cojeado como una perdiz, como en el Festival de
la Primavera cananeo llamado el Pesach («cojeando»; véase 23.1). Pero el
que Macris alimentara a Dioniso con miel y que las Ménades utilizaran
como tirsos ramas de abeto rodeadas de hiedra recuerda una forma de bebida
alcohólica anterior: cerveza de abeto mezclada con hiedra y endulzada
con aguamiel. El aguamiel era el «néctar» elaborado con miel fermentada
que los dioses seguían bebiendo en el Olimpo homérico.
3. J. E. Harrison, quien fue la primera en señalar (Prolegomena cap. viii)
que Dioniso, el dios del Vino, es una superposición posterior sobre Dioniso,
el dios de la Cerveza, llamado también Sabacio, sugiere que tragedia
puede derivarse no de tragos, «una cabra», como indica Virgilio (loc. cit.),
sino de tragos, «espelta», cereal empleado en Atenas para elaborar la cerveza.
Añade que en las pinturas de ánforas primitivas aparecen como compañeros
de Dioniso hombres-caballos y no hombres-cabras; y que su cesto
de uvas era al principio una aventadora. En realidad, la cabra libia o cretense
estaba asociada con el vino; el caballo heládico con la cerveza y el néctar.
Por eso Licurgo, quien se opone al Dioniso posterior, es despedazado
por caballos salvajes —sacerdotisas de la diosa de cabeza de yegua— que
fue la suerte sufrida por el Dioniso anterior. La fábula de Licurgo se ha
hecho confusa a causa del relato, que no viene al caso, de la maldición que
recayó sobre su país después del asesinato de Driante («encina»); Driante
era el rey-encina que moría anualmente. El corte de sus extremidades servía
para mantener a raya a su ánima (véase 153.b y 171.t), y el corte injustificado
de una encina sagrada era castigado con la pena de muerte. Contó era
el nombre de la diosa en honor de la cual se realizaban los ritos edonios
(Estrabón: x.3.16).
4. Dioniso se manifestaba como León, Toro y Serpiente, porque éstos
eran los emblemas del año tripartito en el calendario (véase 31.7; 75.2 y
123.1). Nacía en invierno como serpiente (de aquí su corona de serpientes),
se convertía en león en la primavera y lo mataban y devoraban como toro,
cabra o ciervo en el solsticio estival. Éstas fueron sus transformaciones
cuando lo atacaron los Titanes (véase 30.2). Entre los orcomenios una pantera
parece haber ocupado el lugar de la serpiente. Sus Misterios se parecían
a los de Osiris, y de aquí su visita a Egipto.
5. El odio de Hera a Dioniso y su copa de vino, como la hostilidad mostrada
por Penteo y Perseo, refleja la oposición conservadora al empleo ritual
del vino y a la moda extravagante de las Ménades, que se había difundido
desde la Tracia a Atenas, Corinto, Sición, Delfos y otras ciudades civilizadas.
Finalmente, a fines del siglo VII y comienzos del VI a. de C., Periandro,
tirano de Corinto, Clístenes, tirano de Sicione, y Pisístrato, tirano
de Atenas, decidieron aprobar el culto y fundaron fiestas dionisíacas oficiales.
En consecuencia se aceptó que Dioniso y su vino habían sido admitidos
en el cielo —expulsó a Hestia de su puesto como uno de los doce olímpicos
a fines del siglo V a. de C.—, aunque algunos dioses siguieron exigiendo
«sacrificios sobrios». Pero, aunque una de las tablillas recientemente descifradas
del palacio de Néstor en Pilos muestra que tenía rango divino incluso
en el siglo XIII a. de C., Dioniso nunca dejó realmente de ser un semidiós,
y se seguía mostrando la tumba de su resurrección anual en Delfos (Plutarco:
Sobre Isis y Osiris 35), donde los sacerdotes consideraban a Apolo como
su parte inmortal (véase 28.3). La fábula de su renacimiento del muslo
de Zeus, así como el dios de los Vientos hitita había nacido del de Kumabi
(véase 6.6), repudia su carácter matriarcal original. El renacimiento ritual
de un hombre era una conocida ceremonia de adopción judía (Ruth iii.9),
tomada de los hititas.
6. Dioniso viajaba en una embarcación en forma de luna nueva y la fábula
de su conflicto con los piratas parece haberse basado en el mismo icón
que dio origen a la leyenda de Noé y los animales del Arca: el león, la serpiente
y los otros animales son sus epifanías estacionales. Dioniso es, en
realidad, Deucalión (véase 38.3). Los laconios de Brasia conservaban un
relato no canónico de su nacimiento: Cadmo encerró a Sémele y su hijo en
un arca, que fue a la deriva hasta Brasia, donde Sémele murió y fue enterrada,
e Ino crió a Dioniso (Pausanias: iii.24.3).
7. Faros, pequeña isla frente al delta del Nilo y en cuya costa Proteo pasó
por las mismas transformaciones que Dioniso (véase 169.a) contaba con el
mayor puerto de la Europa de la Edad de Bronce (véase 39.2 y 169.6). Era
el almacén de los mercaderes provenientes de Creta, Asia Menor, las islas
del Egeo, Grecia y Palestina. El culto del vino debió de extenderse desde
allí en todas direcciones. El relato de la campaña de Dioniso en Libia puede
constatar la ayuda militar enviada a los garamantes por sus aliados griegos
(véase 3.3); el de su campaña en la India ha sido considerado como una historia
fantástica del avance de Alejandro borracho hasta el Indo, pero es de
fecha anterior y constata la difusión del vino hacia el este. La visita de Dioniso
a Frigia, donde le inició Rea, sugiere que los ritos griegos de Dioniso
como Sabacio o Bromio eran de origen frigio.
8. La Corona Boreal, la corona de flores nupcial de Ariadna, era llamada
también «la Corona Cretense». Ella era la diosa Luna cretense y los hijos
vinosos que tuvo con Dioniso —Enopión, Toante, Estáfilo, Taurópolo, Latramis
y Evantes— fueron los antepasados epónimos de tribus helenas que
vivían en Quíos, Lemmos, el Quersoneso tracio y más allá (véase 98.o).
Puesto que el culto del vino llegó a Grecia y el Egeo por Creta —oinos,
«vino», es una palabra cretense— se ha confundido a Dioniso con el Zagreo
cretense, que también fue despedazado al nacer (véase 30.a).
9. Agave, madre de Penteo, es la diosa-Luna que regía las orgías en que
se bebía cerveza. El descuartizamiento de Hípaso por las tres hermanas,
que son la diosa triple como Ninfa, es paralelo a la fábula galesa de Pwyll,
príncipe de Dyfedd, donde la Víspera de mayo Rhianon, corrupción de Rigantona
(«gran reina») devora un potro que es en realidad su hijo Pryderi
(«ansiedad»). También Posidón fue devorado en la forma de potro por su
padre Crono, pero probablemente en una versión anterior por su madre Rea
(véase 7.g). El significado del mito es que el antiguo rito en el cual las Ménades
de cabeza de yegua descuartizaban al niño que servía de víctima
anual —Sabacio, Bromio o comoquiera que se le llamase— y lo comían
crudo, fue sustituido por las orgías dionisíacas más ordenadas; y el cambio
se señalaba por la muerte de un potro en vez del niño habitual.
10. La granada que brotó de la sangre de Dioniso era también el árbol de
Tammuz-Adonis-Rimmon; su fruto maduro se abre como una herida y
muestra adentro las semillas rojas. Simboliza la muerte y la promesa de resurrección
cuando se halla en la mano de la diosa Hera o Perséfone (véase
24.11).
11. La liberación de Sémele, llamada también Tione («reina furiosa»)
por Dioniso ha sido deducida de dibujos de una ceremonia realizada en
Atenas en la pista de baile dedicada a las Mujeres Furiosas. Allí, al son de
cantos, caramillos y baile, y mientras de unos cestos se derramaban pétalos
de flores, un sacerdote invocaba a Sémele para que saliera de un omphaloí
o montículo artificial y viniera acompañada del «espíritu de la primavera»
el joven Dioniso (Píndaro: Fragmento 75.3). En Delfos a una ceremonia de
la ascensión análoga realizada únicamente por mujeres se la llamaba
Herois, o «fiesta de la heroína» (Plutarco: Cuestiones griegas 12; Aristófanes:
Las ranas 373-96, con escoliasta). Otra más se puede suponer en el
templo de Artemis en Trecén. Debe recordarse que la diosa-Luna tenía tres
aspectos diferentes, como dice John Skelton:
Diana in the leavës green;
Luna who so bright doth sheen;
Persephone in Hell.
(Diana en las hojas verdes; Luna que resplandece tanto; Perséfone en el
Infierno.) Sémele era, en realidad, otro nombre de Core o Perséfone, y la
escena de la ascensión está pintada en muchas ánforas griegas, en algunas
de las cuales se ven sátiros ayudando a que aparezca la heroína con zapapicos;
su presencia indica que éste era un rito pelasgo. Lo que desenterraban
era, probablemente, una muñeca de cereal enterrada después de la cosecha
y que en aquel momento retoñaba. Core, por supuesto, no ascendió al Cielo;
vagaba por la tierra con Deméter hasta que le llegaba el tiempo de volver
al infierno. Pero poco después de haberse concedido a Dioniso el estado
de dios olímpico, la Asunción de su madre virgen se hizo dogmática y, una
vez convertida en diosa, se la distinguió de Core, quien continuó ascendiendo
y descendiendo como una heroína.
12. La vid era el décimo árbol del año de los árboles sacros y su mes correspondía
a septiembre, cuando se realizaba la fiesta de la vendimia. La
hiedra, el undécimo árbol, correspondía a octubre, cuando las Ménades realizaban
su orgía y se embriagaban masticando hojas de hiedra; tenía también
importancia porque, como otros cuatro árboles sagrados —el roble
espinoso de El, con el que se alimentan las cochinillas; el aliso de Foroneo
y la vid y la granada del propio Dioniso— proporcionaba un tinte rojo
(véase 52.3). Teófilo, el monje bizantino (Rugero: Sobre los oficios, cap.
98) dice que «a los poetas y artistas les gustaba la hiedra a causa de las propiedades
secretas que poseía... de una de las cuales os hablaré. En marzo,
cuando sube la savia, si perforáis los tallos de hiedra con un taladro en algunos
puntos rezumarán un líquido gomoso que, cuando se lo mezcla con
orina y se hierve, se pone de un color de sangre llamado 'laca', útil para la
pintura y la iluminación.» El tinte rojo era empleado para colorear los rostros
de las imágenes de la fertilidad masculina (Pausanias: ii.2.5) y de los
reyes sagrados (véase 170.11); en Roma sobrevivió esta costumbre en el
enrojecimiento del rostro del general victorioso. El general representaba al
dios Marte, que era un Dioniso primaveral antes que se especializase como
el dios de la guerra romano, y que dio su nombre al mes de marzo. Los reyes
ingleses todavía se enrojecen ligeramente el rostro en las ceremonias
oficiales para parecer sanos y prósperos. Además, la hiedra griega, como la
vid y el sicómoro, tiene una hoja de cinco puntas, que representaba la mano
creadora de la diosa-Tierra, Rea (véase 53.a). El mirto era un árbol de la
muerte (véase 109.4).
LAS CRIATURAS DEL MITO
28.
ORFEO
a. Orfeo, hijo del rey tracio Eagro y la musa Calíope, fue el
poeta y músico más famoso de todos los tiempos. Apolo le regaló
una lira y las Musas le enseñaron a tocarla, de tal modo que no
sólo encantaba a las fieras, sino que además hacía que los árboles
y las rocas se movieran de sus lugares para seguir el sonido de su
música. En Zona, Tracia, algunos de los antiguos robles de la
montaña se alzan todavía en la posición de una de sus danzas, tal
como él los dejó141.
b. Después de una visita a Egipto, Orfeo se unió a los argonautas,
con quienes se embarcó para Cólquide, y su música les ayudó
a vencer muchas dificultades. A su regreso se casó con Eurídice, a
quien algunos llaman Agríope, y se instaló entre los cicones salvajes
de Tracia142.
c. Un día, en las cercanías de Tempe, en el valle del río Peneo,
Eurídice se encontró con Aristeo, quien trató de forzarla. Ella pisó
una serpiente al huir y murió a causa de la mordedura, pero Orfeo
descendió audazmente al Tártaro, con la esperanza de traerla de
vuelta. Utilizó el pasaje que se abre en Aorno, en Tesprótide, y, a
su llegada, no sólo encantó al barquero Caronte, el perro Cerbero
y los tres Jueces de los Muertos con su música melancólica, sino
que además suspendió por el momento las torturas de los condenados;
de tal modo ablandó el cruel corazón de Hades que éste
concedió su permiso para que Eurídice volviera al mundo superior.
Hades puso una sola condición: que Orfeo no mirase hacia
atrás hasta que ella estuviera de nuevo bajo la luz del sol. Eurídice
siguió a Orfeo por el pasaje oscuro guiada por el son de su lira, y
sólo cuando él llegó de nuevo a la luz del día se dio la vuelta para
141 Píndaro: Odas Píticas iv.176, con Escoliasta; Esquilo: Agamenón 1629-30; Eurípides: Bacantes
561-4; Apolonio de Rodas-i28-31.
142 Diodoro Sículo: iv.25; Higinio: Fábula 164; Ateneo: xiii.7.
ver si ella lo seguía, con lo que la perdió para siempre143.
d. Cuando Dioniso invadió Tracia, Orfeo no le rindió los honores
debidos, sino que enseñó otros misterios sagrados y predicó a
los hombres de Tracia, quienes le escucharon reverentemente, lo
pernicioso que era el homicidio en los sacrificios. Todas las mañanas
se levantaba para saludar a la aurora en la cumbre del monte
Pangeo y predicaba que Helio, al que llamaba Apolo, era el
más grande de todos los dioses. Ofendido por ello, Dioniso hizo
que le atacaran las Ménades de Deyo, Macedonia. Esperaron a
que los maridos entraran en el templo de Apolo, donde Orfeo oficiaba
como sacerdote, y luego se apoderaron de las armas dejadas
afuera, entraron, mataron a sus maridos y desmembraron a Orfeo.
Arrojaron su cabeza al río Hébro, pero quedó flotando y siguió
cantando hasta llegar al mar, que la condujo a la isla de Lesbos144.
e. Las Musas, llorando, recogieron sus miembros y los enterraron
en Liebetra, al pie del monte Olimpo, donde hoy día los ruiseñores
cantan más armoniosamente que en ninguna otra parte del
mundo. Las Ménades trataron de limpiarse de la sangre de Orfeo
en el río Helicón, pero el dios fluvial se metió bajo tierra y desapareció
a lo largo de casi cuatro millas, para volver a salir a la
superficie con otro nombre, el Bafira. Así evitó ser cómplice del
asesinato145.
f. Se dice que Orfeo había censurado la promiscuidad de las
Ménades y predicado el amor homosexual, por lo que Afrodita
estaba no menos irritada que Dioniso. Sin embargo, sus colegas
olímpicos no podían estar de acuerdo con que el asesinato tenía
justificación y Dioniso salvó la vida de las Ménades transformándolas
en encinas que quedaron arraigadas en la tierra. Los tracios
que habían sobrevivido a la matanza decidieron tatuar a sus esposas
como una advertencia contra el asesinato de sacerdotes, y la
costumbre sobrevive al presente146.
143 Higinio: loc. cit.; Diodoro Sículo: loc. cit.; Pausanias: ix.30.3; Eurípides: Alcestes 357, con Escoliasta.
144 Aristófanes: Las ranas 1032; Ovidio: Metamorfosis xi.1-85; Conon: Narraciones 45.
145 Esquilo: Basárides, citado por Eratóstenes; Catasterismoi 24; Pausanias: ix.30.3-
4.
146 Ovidio: loc. cit.; Conon: loc. cit.; Plutarco: Sobre la lentitud de la venganza divina
12.
g. En cuanto a la cabeza de Orfeo, después de ser atacada por
una serpiente lemniana celosa (a la que Apolo transformó inmediatamente
en piedra), fue guardada en una cueva de Antisa, consagrada
a Dioniso. Allí profetizaba día y noche, hasta que Apolo,
viendo que sus oráculos de Delfos, Grineo y Claro habían sido
abandonados, fue allá y se colocó sobre la cabeza y exclamó:
«¡Deja de entrometerte en mis asuntos! ¡Ya he tenido bastante paciencia
contigo y con tus cantos!» En adelante la cabeza guardó
silencio147. La lira de Orfeo había ido también a la deriva hasta
Lesbos y había sido guardada en un templo de Apolo, por cuya
intercesión y la de las Musas fue colocada en el cielo como una
constelación148.
h. Algunos relatan de una manera completamente distinta la
muerte de Orfeo; dicen que Zeus lo mató con un rayo por divulgar
los secretos divinos. En verdad, había instituido los Misterios de
Apolo en Tracia, los de Hécate en Egina y los de Deméter Subterránea
en Esparta149.
*
1. La cabeza cantante de Orfeo recuerda la del decapitado rey de los alisos
Eran, la cual, según el Mabinogion, cantaba melodiosamente en la roca
de Harlech en el norte de Gales; quizá se trata de una fábula basada en los
caramillos fúnebres hechos con corteza de aliso. Por lo tanto, el nombre de
Orfeo, si significa ophruoeis, «en la orilla del río», puede ser un título del
equivalente griego de Bran, Foroneo (véase 57.2), o Crono, y referirse a los
alisos «que crecen en las orillas del» Peneo y otros ríos. El nombre del padre
de Orfeo, Eagro («de la serba silvestre»), indica el mismo culto, pues la
serba (en francés alisier) y el aliso (en español) llevan ambos el nombre de
la diosa-río pre-helénica Halys, o Alys, o Elis, reina de las Islas Elíseas,
adonde fueron Foroneo, Crono y Orfeo después de la muerte. Aorno es
Averno, en variante itálica del Avalon celta («isla de los manzanos»; véase
147 Luciano: Contra los incultos ii; Filóstrato: Heroica v.704; Vida de Apolonio de
Tiana iv.14.
148 Luciano: loc. cit.; Eratóstenes: Catasterismoi 24; Higinio: Astronomía poética
ii.7.
149 Pausanias: ix.30.3; ii.302; iii.14.5.
31.2).
2. Diodoro Sículo dice que Orfeo empleaba el antiguo alfabeto de trece
consonantes y la leyenda de que hacía que se movieran los árboles y encantaba
a las fieras se refiere, al parecer, a su serie de árboles y animales simbólicos
correspondientes a las estaciones (véase 53.3; 132.3 y 5). Como rey
sagrado fue herido por un rayo —es decir, muerto con un hacha doble— en
un robledal en el solsticio de verano, y luego desmembrado por las Ménades
del culto del toro, como Zagreo (véase 30.a); o del culto del ciervo,
como Acteón (véase 22.i). Las Ménades, en realidad, representaban a las
Musas. En la Grecia clásica la práctica del tatuaje se limitaba a los tracios,
y en la pintura de un ánfora referente a la muerte de Orfeo, una Ménade
tiene tatuado en el antebrazo un cervatillo. Este Orfeo no entró en conflicto
con el culto de Dioniso; era Dioniso, y tocaba el tosco caramillo de aliso y
no la lira civilizada. Así Proclo (Comentario sobre Política de Platón: p.
398) escribe: «Orfeo, porque era el principal en los ritos dionisíacos, se dice
que sufrió la misma suerte que el dios», y Apolodoro (i.3.2) le atribuye
la invención de los Misterios de Dioniso.
3. El nuevo culto del Sol como Padre de Todos parece haber sido llevado
al Egeo septentrional por los sacerdotes fugitivos del monoteísta Akhenaton,
en el siglo XIV a. de C., e injertado en los cultos locales; de aquí la
supuesta visita de Orfeo a Egipto, Testimonios de esta religión se encuentran
en Sófocles (Fragmentos 523 y 1017), donde llama al sol «la llama
primogénita, amada por los jinetes tracios», y «el señor de los dioses y padre
de todas las cosas». Parece haber sido resistido mediante la fuerza por
los tracios más conservadores y reprimido sangrientamente en algunas partes
del país. Pero los sacerdotes órficos posteriores, que llevaban la vestimenta
egipcia, llamaban al semidiós cuya carne de toro cruda comían
«Dioniso» y reservaban el nombre de Apolo para el Sol inmortal, distinguiendo
a Dioniso, el dios de los sentidos, de Apolo, el dios de la inteligencia.
Esto explica por qué la cabeza de Orfeo era guardada en el santuario de
Dioniso y la lira en el de Apolo. Se dice que tanto la cabeza como la lira
llegaron a la deriva a Lesbos, que era la sede principal de la música lírica;
Terpandro, el músico histórico más antiguo, era de Antisa. El ataque de la
serpiente a la cabeza de Orfeo representa la protesta de un héroe oracular
anterior contra la intrusión de Orfeo en Antisa, o bien la del Apolo pitio
que registró Filóstrato en un lenguaje más directo.
4. La muerte de Eurídice a consecuencia de la mordedura de una serpiente
y el subsiguiente fracaso de Orfeo en su intento de sacarla a la luz del sol
figuran únicamente en el mito posterior. Parecen haber sido deducidos
equivocadamente de pinturas que muestran la acogida de Orfeo en el Tártaro,
donde su música encantó a la diosa-serpiente Hécate, o Agríope («rostro
salvaje»), e hizo que concediera privilegios especiales a todas las ánimas
iniciadas en los Misterios Órficos, y de otras pinturas que mostraban a Dioniso,
cuyo sacerdote era Orfeo, descendiendo al Tártaro en busca de su madre,
Semele (véase 27.k). De mordeduras de serpiente morían las víctimas
de Eurídice, y no ella (véase 33.1).
5. El mes de los alisos es el cuarto de la serie de árboles y precede al mes
de los sauces, asociado con la magia acuática sagrada de la diosa Hélice
(«sauce»; véase 44.1); los sauces dieron también su nombre al río Helicón,
que rodea el Parnaso y está consagrado a las Musas: la triple diosa de la
inspiración montañesa. De aquí que se mostrara a Orfeo en la pintura de un
templo de Delfos (Pausanias: x.30.3) apoyado contra un sauce y tocando
sus ramas. El culto griego del aliso fue suprimido en una época muy primitiva,
pero subsisten sus vestigios en la literatura clásica: los alisos circundan
la isla de la muerte de la diosa hechicera Circe (Homero: Odisea v. 64
y 239), quien también tenía un cementerio con un bosquecillo de sauces en
Cólquida (Apolonio de Rodas: iii.200; véase 152.b) y, según Virgilio, las
hermanas de Faetón te fueron metamorfoseadas en un soto de alisos (véase
42.3).
6. Con esto no se insinúa que la decapitación de Orfeo nunca fue más
que una metáfora aplicada a la rama de aliso podada. Un rey sagrado sufría
necesariamente el desmembramiento, y los tracios pueden muy bien haber
tenido la misma costumbre que los Iban Dayacs de la Sarawak moderna.
Cuando los hombres regresan de una cacería de cabezas afortunada, las mujeres
ibanas utilizan el trofeo como un medio de fertilizar la siembra de
arroz mediante la invocación. Se hace que la cabeza cante, se lamente y
responda a preguntas y se la acaricia tiernamente en el regazo de cada una
hasta que por fin consiente en entrar en un templo oracular, donde aconseja
en todas las ocasiones importantes y, como las cabezas de Euristeo, Bran y
Adán, rechaza las invasiones (véase 146.2).
29.
GANÍMEDES
a. Ganímedes, el hijo del rey Tros que dio su nombre a Troya,
era el joven más bello de los vivientes y en consecuencia lo eligieron
los dioses para que fuera el copero de Zeus. Se dice que
Zeus, quien deseaba a Ganimedes también como compañero de
lecho, se disfrazó con plumas de águila y lo raptó en la llanura
troyana150.
150 Homero: Ilíada xx.231-5; Apolodoro: ii.12.2; Virgilio: Eneida v.252 y ss.; Ovidio: Metamorfosis
b. Luego, en nombre de Zeus, Hermes regaló a Tros una vid de
oro, obra de Hefestos, y dos hermosos caballos en compensación
por la pérdida de su hijo, asegurándole al mismo tiempo que Ganimedes
se había hecho inmortal, estaba exento de las miserias de
la vejez y sonreía, con la jarra de oro en la mano, mientras escanciaba
el brillante néctar al Padre del Cielo151.
c. Algunos dicen que Eos fue la primera que raptó a Ganimedes
para que fuera su amante y que Zeus se lo quitó. Fuera como fuese,
lo cierto es que Hera lamentó el insulto de que habían sido objeto
ella y su hija Hebe, hasta entonces copera de los dioses, pero
lo único que consiguió fue irritar a Zeus, quien puso la imagen de
Ganimedes entre las estrellas como Acuario, el portador de
agua152.
*
1. La tarea de Ganímedes como escanciador de vino de todos los dioses
—y no sólo de Zeus en los relatos primitivos— y los dos caballos regalados
al rey Tros como compensación por su muerte, sugieren la interpretación
equivocada de un icono que mostraba al rey nuevo preparándose para su
casamiento sagrado. La escudilla de Ganímedes contenía sin duda una libación
que hacía en honor del ánima de su regio predecesor; y el sacerdote
oficiante que aparece en la pintura y al que simbólicamente hace- resistencia
ha sido tomado erróneamente por el enamorado Zeus. Igualmente a la
novia que espera la confundió con Eos un mitógrafo que recordaba el rapto
por Eos de Titono, hijo de Laomedonte porque también Eurípides ha dicho
(Las troyanas 822) que Laomedonte era el padre de Ganímedes. Este icono
podría ilustrar igualmente el casamiento de Peleo con Tetis, que los dioses
presenciaron desde sus doce tronos; los dos caballos eran instrumentos rituales
de su renacimiento como rey tras una muerte simulada (véase 81.4).
El supuesto rapto de Ganímedes por el águila lo explica un ánfora ceretana
de figuras negras: un águila que se lanza sobre los muslos de un rey recién
entronizado llamado Zeus simboliza el poder divino que se le confiere —su
ka u otro yo—, así como un halcón solar descendía sobre los Faraones en
x.155 y ss.
151 Escoliasta sobre Orestes de Eurípides 1391; Hornero: Ilíada v.266; Himno homérico a Afrodita
202-17; Apolodoro: ii.5.9; Pausanias: v.24.1.
152 Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: iii.115; Virgilio: Eneida i.32, con escoliasta; Higinio: Fábula
224; Virgilio: Geórgicas iii.304.
su coronación. Sin embargo, la tradición de la juventud de Ganimedes indica
que el rey que aparece en la imagen era el sustituto regio, o interrex, que
gobernaba un solo día, como Faetonte (véase 42.2), Zagreo (véase 30.1),
Crisipo (véase 105.2) y los demás. Puede decirse, por lo tanto, que el águila
de Zeus no sólo le hizo rey, sino que además lo transportó al Olimpo.
2. La ascensión de un rey al cielo montado en un águila, o en la forma de
un águila, es una fantasía religiosa muy difundida. Aristófanes la caricaturiza
en La paz (1 y ss.) haciendo subir a su protagonista montado en un escarabajo.
El alma del héroe celta Lugh —Llew Llaw en el Mabinogion—
voló al cielo como un águila cuando su sucesor lo mató en el solsticio de
verano. Etana, el héroe babilonio, después de su casamiento sagrado en
Kish, se remontó montado en un águila hacia los patios celestiales de Ishtar,
pero cayó en el mar y se ahogó. La muerte de Etana, dicho sea de paso,
no fue el sacrificio de fin de año habitual, como en el caso de Ícaro (véase
92.3), sino un castigo por las malas cosechas que habían caracterizado su
reinado; volaba para descubrir una hierba mágica que producía la fertilidad.
Su fábula está entretejida en un relato de la continua lucha entre el Águila y
la Serpiente —el año creciente y el menguante, el Rey y el sucesor— y
como en el mito de Llew Llaw, el Águila, que lanza su último aliento en el
solsticio invernal, recupera mágicamente su vida y su fuerza. Así leemos en
el Salmo ciii.5: «Tu juventud se renueva, como la del águila.»
3. El mito de Zeus-Ganimedes consiguió inmensa popularidad en Grecia
y Roma porque proporcionaba una justificación religiosa del amor apasionado
de un hombre maduro por un niño. Hasta entonces la sodomía era tolerada
sólo como una forma extrema de adoración a las diosas. Los devotos
varones de Cibeles trataban de conseguir la unión extática con ella emasculándose
y vistiéndose como mujeres. Así pues, un sacerdocio sodomítico
era una institución reconocida en los templos de la Gran Diosa en Tiro,
Hierápolis y Jerusalén (1 Reyes xv.12 y 2 Reyes xxiii.7) hasta poco antes
del Exilio. Pero esta nueva pasión, la introducción de la cual atribuye Apolodoro
a Tamiris (véase 21.m), ponía de relieve la victoria del patriarcado
sobre el matriarcado. Convirtió a la filosofía griega en un juego intelectual
al que los hombres podían jugar sin ayuda de las mujeres, ahora que habían
encontrado un nuevo campo de amorío homosexual. Platón explotó esto
plenamente y utilizó el mito de Ganimedes para justificar sus propias emociones
sentimentales en relación con sus discípulos (Fedro 79); aunque en
otras partes (Leyes i.8) censura la sodomía como contraria a la naturaleza y
llama al mito en el que Zeus cede a este deseo «una malvada invención cretense
». (En esto le apoya Estéfano de Bizancio [sub Harpagia], quien dice
que el rey Minos de Creta raptó a Ganimedes para que fuera su compañero
de lecho, «habiendo recibido las leyes de Zeus»); Con la difusión de la filosofía
platónica la mujer griega, hasta entonces intelectualmente dominante,
degeneró en una trabajadora gratuita y paridora de hijos en todos aquellos
lugares en los que Zeus y Apolo eran los dioses gobernantes.
4. El nombre de Ganimedes se refiere, propiamente, a la gozosa excitación
de su deseo ante la perspectiva del casamiento, no a la de Zeus cuando
le vivificaba el néctar que le escanciaba su compañero de lecho; pero, convertido
en catamitus en latín, ha dado a los ingleses la palabra catamite,
que significa el objeto pasivo de la lujuria homosexual masculina.
5. La constelación Acuario, identificada como Ganimedes, era originalmente
el dios egipcio que gobernaba en la fuente del Nilo y vertía agua y
no vino de un jarro (Píndaro: Fragmento 110); pero los griegos se interesaban
poco por el Nilo.
6. El néctar de Zeus, que los mitógrafos posteriores describieron como
un vino tinto sobrenatural, era, en realidad, una aguamiel morena primitiva
(véase 27.2); y la ambrosía, el delicioso alimento de los dioses, parece
haber sido unas gachas de cebada, aceite y frutas picadas (véase 98.7), con
que se regalaban los reyes cuando sus súbditos más pobres todavía subsistían
comiendo asfódelos (véase 31.2), malva y bellotas.
30.
ZAGREO
a. Zeus engendró secretamente a su hijo Zagreo con Perséfone,
antes que ésta fuese llevada al infierno por su tío Hades. Ordenó a
los hijos de Rea, los Curetes cretenses o, como algunos dicen, los
Coribantes, que guardaran una cuna en la cueva de Ida, donde saltaban
a su alrededor entrechocando sus armas, como habían saltado
alrededor de Zeus en Dicte. Pero los Titanes, enemigos de
Zeus, después de blanquearse con yeso hasta quedar irreconocibles,
esperaron a que se durmieran los Curetes. A medianoche
atrajeron a Zagreo fuera de la cueva ofreciéndole juguetes infantiles
como un cono, un sonajero, manzanas de oro, un espejo, una
taba y un manojo de lana. Zagreo dio muestras de valor cuando
ellos se lanzaron sobre él para matarlo y pasó por varias transformaciones
con el fin de engañarlos: se convirtió sucesivamente en
Zeus con zamarra de piel de cabra, Crono haciendo llover, un
león, un caballo, una serpiente cornuda, un tigre y un toro. En ese
momento los Titanes le asieron fuertemente por los cuernos y las
patas, lo despedazaron con sus dientes y devoraron su carne cruda.
b. Atenea interrumpió ese banquete espantoso poco antes que
terminara y, rescatando el corazón de Zagreo, lo encerró en una
figura de yeso en la que insufló la vida, de modo que Zagreo se
hizo inmortal. Sus huesos fueron recogidos y enterrados en Delfos,
y Zeus mató a los Titanes con rayos153.
*
1. Este mito se refiere al sacrificio anual de un niño que se realizaba en
la Creta antigua: un sustituto de Minos, el rey-toro. Reinaba un solo día,
bailaba una danza ilustrativa de las cinco estaciones —león, cabra, caballo,
serpiente y ternero— y luego lo comían crudo. Todos los juguetes con que
los Titanes lo atrajeron eran objetos utilizados por los órficos filosóficos
que heredaron la tradición de este sacrificio, pero comían un ternero crudo
en vez de un niño. El sonajero era una piedra agujereada o una pieza de alfarería
que cuando se la hacía girar en el extremo de una cuerda hacía un
ruido parecido al de un viento fuerte; y el manojo de lana puede haber sido
empleado para embadurnarse los Curetes con el yeso húmedo; eran jóvenes
que se habían cortado su primer cabello para dedicarlo a la diosa Car (véase
95.5). También se los llamaba Coribantes, o bailarines empenachados. Los
otros regalos de Zagreo servían para explicar el carácter de la ceremonia
mediante la cual los participantes se unificaban con el dios; el cono era un
antiguo emblema de la diosa en honor de la cual le sacrificaron los Titanes
(véase 20.2); el espejo representaba el otro yo, o ánima, de cada iniciado;
las manzanas de oro, su pasaporte para el Elíseo tras una muerte simulada;
la taba, sus facultades adivinatorias (véase 17.3).
2. Un himno cretense descubierto hace pocos años en Palaiokastro, cerca
de la Cueva Dictea, está dirigido al Croniano Único, el más grande de los
jóvenes, que llega danzando al frente de sus demonios y salta para aumentar
la fertilidad de la tierra y los rebaños y para que tenga buen éxito la flota
pesquera. Jane Harrison sugiere en Temis que los tutores armados allí mencionados,
que «te alejaron, niño inmortal, del lado de Rea», sólo pretendían
matar y comer a la víctima, un iniciado en su sociedad secreta. Pero todas
esas muertes ficticias en las ceremonias de iniciación, realizadas en muchas
partes del mundo, parecen basarse finalmente en una tradición de un sacrificio
humano real; y los cambios en el calendario de Zagreo lo distinguen
153 Diodoro Sículo: v.75.4; Nono; Dionisíacas vi.269 y xxvii.228; Harpócrates sub apomatton; Tzetzes:
Sobre Licofrón 355; Eustacio sobre la Ilíada de Homero ii.735; Firmicus Maternus: Respecto a los
errores de las religiones profanas vi; Eurípides: Los cretenses, Fragmento, 475. Fragmentos Órficos
(Kern, 34).
de un miembro ordinario de una fraternidad totémica.
3. El tigre no canónico en la última de las transformaciones de Zagreo se
explica por su identidad con Dioniso (véase 27.c). de cuya muerte y resurrección
se relata la misma fábula, aunque con carne cocinada en vez de
cruda y el nombre de Rea en vez de Atenea. También Dioniso era una serpiente
cornuda —tenía cuernos y cabellos serpentinos al nacer (véase 21.a)
—y sus devotos órficos lo comían sacramentalmente en forma de toro. Zagreo
se convirtió en «Zeus con zamarra de piel de cabra» porque Zeus o su
hijo sustituto había subido al cielo llevando una zamarra hecha con la piel
de la cabra Amaltea (véase 7.b). «Crono haciendo llover» es una referencia
al uso del sonajero o bramadera en las ceremonias para provocar la lluvia.
En este contexto los Titanes eran Titanoi, «hombres de yeso blanco», y los
propios Curetes se disfrazaban así para que no los reconociera el ánima de
la víctima. Cuando los sacrificios humanos pasaron de moda se representaba
a Zeus lanzando su rayo contra los caníbales; y los Titanes «señores de
la semana de siete días», se confundieron con los Titanoi, «los hombres de
yeso blanco», a causa de su hostilidad hacia Zeus. Ningún órfico que había
comido la carne de su dios volvía « tocar carne de ninguna clase.
4. Zagreo-Dioniso era conocido también en la Palestina meridional. Según
las tablillas de Ras Shamra, Ashtar ocupó temporalmente el trono del
Cielo mientras el dios Baal languidecía en el mundo subterráneo por haber
comido el alimento de los muertos. Ashtar era sólo un niño cuando se sentó
en el trono y su pies no llegaban al escabel; Baal volvió poco después y lo
mató con una maza. La Ley mosaica prohibía las fiestas de iniciación en
honor de Ashtar: «No guisarás el cabrito con la leche de su madre», prohibición
que se repite tres veces (Éxodo xiii.19; xxxiv.26; Deuteronomio
xiv.21).
31.
LOS DIOSES DEL MUNDO SUBTERRÁNEO
a. Cuando las almas descienden al Tártaro, cuya entrada principal
se halla en un bosque de álamos negros junto al océano, los
piadosos parientes proveen a cada una con una moneda que colocan
bajo la lengua de su cadáver. Así pueden pagar a Caronte, el
avaro que los transporta en una embarcación desvencijada al otro
lado del Estigia. Este río aborrecible linda con el Tártaro por el
lado occidental154 y tiene como tributarios el Aqueronte, el Flegetonte,
el Cacito, el Aornis y el Lete. Las almas pobres tenían que
esperar eternamente en la orilla más cercana, a menos que eludieran
a Hermes, su conductor, y se deslizaran por una entrada trasera,
como la del Ténaro laconio155 o la del Aornis tesproto. Un perro
de tres cabezas o, según dicen algunos, de cincuenta, llamado
Cerbero, guarda la orilla opuesta del Estigia, dispuesto a devorar a
los intrusos vivientes o a las almas fugitivas156.
b. La primera región del Tártaro contiene los tristes Campos de
Asfódelos, donde las almas de los héroes vagan sin propósito entre
las multitudes de muertos menos distinguidos que se agitan
como murciélagos y donde solamente Orion tiene todavía valor
para cazar a los ciervos espectrales157. No hay uno solo que no
prefiriese vivir esclavo de un campesino pobre a gobernar en todo
el Tártaro. Su único placer consiste en las libaciones de sangre
que les proporcionan los vivientes; cuando las beben vuelven a
sentirse casi hombres. Más allá de esas praderas se hallan el Erebo
y el palacio de Hades y Perséfone. A la izquierda del palacio,
según se acerca a él, un ciprés blanco da sombra al estanque del
Lete, adonde van para beber las almas comunes. Las almas iniciadas
evitan ese agua, y prefieren beber, en cambio, en el estanque
del Recuerdo, sombreado por un álamo [?] blanco, lo que les da
cierta ventaja sobre sus compañeros158. En las cercanías, las almas
recién llegadas son juzgadas a diario por Minos, Radamantis y
Éaco en un lugar donde confluyen tres caminos. Radamantis juzga
a los asiáticos y Éaco a los europeos, pero ambos remiten los
casos difíciles a Minos, A medida que se dicta cada sentencia las
almas son conducidas por uno de los tres caminos: el que lleva de
vuelta a las Praderas de Asfódelos, si no son virtuosas ni malas; el
que lleva al campo de castigos del Tártaro si son malas; y el que
lleva a los jardines del Elíseo si son virtuosas.
c. El Elíseo, gobernado por Crono, se halla cerca de los domi-
154 Pausanias: x .28.1.
155 Apolodoro: ii.5.2; Estrabón: viii.5.1.
156 Homero: Ilíada viii.368; Teogonía 311; Apolodoro: loe. cit.; Eurípides: Heracles
24.
157 Homero: Odisea xi.539; xi.572-5; xi.487-91.
158 Tablilla órfica de Petelia.
nios de Hades y su entrada está próxima al estanque del Recuerdo,
pero no forma parte de ellos; es una región feliz donde el día
es perpetuo, sin frío ni nieve; donde nunca cesan los juegos, la
música y los jolgorios, y donde los habitantes pueden elegir su
renacimiento en la tierra en cualquier momento que lo deseen. En
las cercanías están las Islas de los Bienaventurados, reservadas
para quienes han nacido tres veces y han alcanzado tres veces el
Elíseo159. Pero algunos dicen que hay otra Isla de los Bienaventurados
llamada Leuce en el Mar Negro, frente a la desembocadura
del Danubio, arbolada y llena de animales salvajes y domesticados,
donde las ánimas de Helena y Aquiles viven en una fiesta
constante y declaman versos de Hornero a los héroes que tomaron
parte en los acontecimientos celebrados por él160.
d. Hades, que es feroz y celoso de sus derechos, rara vez visita
el aire superior, excepto por asuntos de trabajo o cuando de pronto
se siente dominado por la lujuria. En una ocasión deslumbró a
la ninfa Mente con el esplendor de su carro de oro y sus cuatro
caballos negros, y la habría seducido sin dificultad si la reina Perséfone
no hubiese aparecido a tiempo y metamorfoseado a Mente
en una menta fragante. En otra ocasión Hades trató de violar a la
ninfa Leuce, que se transformó igualmente en el álamo blanco que
se alza junto al estanque del Recuerdo161. Se complace en no
permitir que ninguno de sus súbditos, y pocos de los que visitan el
Tártaro vuelvan vivos para describirlo, lo que le hace el más
odiado de los dioses.
e. Hades nunca sabe lo que está sucediendo en el mundo superior
ni en el Olimpo162, excepto la información fragmentaria que
le llega cuando los mortales golpean sus manos en la tierra y le
invocan con juramentos y maldiciones. Su pertenencia más apreciada
es el yelmo de la invisibilidad que le dieron como muestra
159 Platón: Gorgias 168; Píndaro: Odas olímpicas ii.68-80; Hesíodo: Trabajos y Días
167ff.
160 Pausanias: iii.19-11; Heroica x.32-40.
161 Estrabón: viii.3.14; Servio sobre Églogas de Virgilio vii.61.
162 Homero: Ilíada ix.158-9; xx.61.
de agradecimiento los Cíclopes cuando consintió en ponerlos en
libertad por orden de Zeus. Todas las riquezas en joyas y metales
preciosos ocultas bajo la tierra son suyas, pero no posee nada sobre
ella, con excepción de ciertos templos lóbregos en Grecia y,
probablemente, un rebaño de ganado vacuno en la isla de Eriteya,
que, según dicen algunos, pertenece realmente a Helio163.
f. La reina Perséfone, no obstante, puede ser benigna y misericordiosa.
Es fiel a Hades, pero no tiene hijos con él y prefiere la
compañía de Hécate, diosa de las brujas, a la de él164. El propio
Zeus honra a Hécate tanto que nunca le niega la antigua facultad
de la que ha gozado siempre: la de conceder o negar a los mortales
cualquier don que deseen. Tiene tres cuerpos y tres cabezas:
de león, perro y yegua165.
g. Tisífone, Alecto y Megera, las Erinias o Furias, viven en el
Erebo y son más viejas que Zeus o que cualquiera de los otros
olímpicos. Su tarea consiste en oír las quejas de los mortales contra
la insolencia de los jóvenes con los ancianos, de los hijos con
los padres, de los huéspedes con los anfitriones, y de los amos de
casa o ayuntamientos con los suplicantes, y castigar esos delitos
acosando a los culpables implacablemente, sin descanso ni pausa,
de ciudad en ciudad y de país en país. Esas Erinias son viejas, con
serpientes por cabellera, cabezas de perro, cuerpos negros como el
carbón, alas de murciélago y ojos inyectados de sangre. Llevan en
las manos azotes tachonados con bronce y sus víctimas mueren
atormentadas166. Es imprudente mencionarlas por su nombre en la
conversación; de aquí que se las llame habitualmente Euménides,
que significa «las bondadosas», así como a Hades se le llama Plutón
o Pluto, «el Rico».
163 Homero: Ilíada ix.567 y ss.; Apolodoro: ii.5.10; Escoliasta sobres las Odas ístmicas de Píndaro
vi.32.
164 Apolonio de Rodas: iii.529; Ovidio: Metamorfosis xiv.405; Escoliasta sobre los Idilios de Teócrito:
ii.12.
165 Hesíodo: Teogonía 411-52.
166 Apolodoro: i.1.4; Homero: Ilíada ix.454-7; xv.204; xix.259; Odisea ii.135 y
xvii.475; Esquilo: Euménides 835 y Portadores de libaciones 290 y 924; Eurípides:
Orestes 317 y ss.; Himno órfico lxviii.5.
*
1. Los mitógrafos hicieron un esfuerzo audaz para con- . ciliar las visiones
contradictorias del otro mundo que tenían los habitantes primitivos de
Grecia. Una de ellas era que las almas vivían en sus tumbas, o en cavernas
o grietas subterráneas, donde podían tomar la forma de serpientes, ratones o
murciélagos, pero nunca se reencarnaban como seres humanos. Otra era
que las almas de los reyes sagrados se paseaban visiblemente en las islas
sepulcrales donde habían sido enterrados sus cuerpos. Una tercera era que
las ánimas podían volver a ser hombres si entraban en habichuelas, nueces
o peces y las comían sus futuras madres. Una cuarta era que iban al Lejano
Norte, donde nunca brilla el sol, y volvían, si lo hacían, sólo como vientos
fertilizantes. Una quinta era que iban al Lejano Oeste, donde el sol se pone
en el océano, y formaban un mundo de los espíritus muy parecido al presente.
Una sexta era que el alma era castigada de acuerdo con la vida que
había llevado. A éstas agregaron finalmente los órficos la teoría de la metempsicosis,
o sea la transmigración de las almas, proceso que en cierto
grado podía ser dirigido mediante el empleo de fórmulas mágicas.
2. Perséfone y Mecate representaban la esperanza de regeneración prehelénica;
mientras que Hades era el concepto helénico de la inevitabilidad,
lo inevitable de la muerte. Crono, a pesar de sus antecedentes sanguinarios,
seguía gozando de los placeres del Elíseo, puesto que ése había sido siempre
el privilegio de un rey sagrado, y a Menelao (Odisea iv.561) se le prometió
el mismo goce, no porque hubiese sido particularmente virtuoso o
valiente, sino porque se había casado con Helena, la sacerdotisa de la diosa
Luna espartana (véase 159.1). El adjetivo homérico asphodelos, aplicado
solamente a leimónes («praderas»), significa probablemente «en el valle de
lo que no se reduce a cenizas» (de a = no, spodos = ceniza, elos = valle), o
sea el alma del héroe después de haber sido quemado su cuerpo; excepto en
la Arcadia, donde se comían bellotas, las raíces y semillas de asfódelo,
ofrecidas a esas almas, constituían la dieta griega corriente antes de la introducción
del cereal. Los asfódelos se dan en abundancia incluso en las
islas que carecen de agua, y las almas, como los dioses, son conservadoras
en su régimen alimenticio. Elíseo parece significar «tierra de manzanas» —
alisier es una palabra pre-gala con que se denomina a la serba—, lo mismo
que la arturiana «avalen» y la latina «avernus» o «avolnus», ambas formadas
con la raíz indo-europea abol, que significa manzana.
3. Cerbero era el equivalente griego de Anubis, el hijo de la cabeza de
perro de Nephthys, la diosa de la Muerte libia, quien conducía a las almas
al mundo subterráneo. En el folklore europeo, que es en parte de origen libio,
las almas de los condenados eran perseguidas hasta el Infierno Septentrional
por una jauría aulladora de sabuesos —los sabuesos de Annwm,
Herne, Arthur o Gabriel— mito derivado de la ruidosa emigración estival
de los gansos silvestres a sus lugares de cría en el círculo ártico. Cerbero
teñía al principio cincuenta cabezas, como la jauría espectral que destruyó a
Acteón (véase 22.1); pero después tres cabezas, como su ama Hécate (véase
134.1).
4. Estigia («odiado») es un pequeño arroyo de Arcadia cuyas aguas se
suponía que eran mortalmente venenosas, y sólo los mitógrafos posteriores
lo ubicaron en el Tártaro. Aqueronte («corriente de dolor») y Cocito («lamento
») eran nombres fantásticos para describir la calamidad de la muerte.
Aornis («sin aves») es una traducción griega errónea de la palabra italiana
«Avernus». Lete significa «olvido»; y Erebo «cubierto». Flegetonte («ardiente
») se refiere a la costumbre de la cremación, pero también, quizás, a
la teoría de que los pecadores eran quemados en corrientes de lava. Tártaro
parece ser una reduplicación de la palabra pre-helena tar, que se da en los
nombres de lugares situados al oeste; su significado de infierno lo recibe
posteriormente.
5. Los álamos negros estaban consagrados a la diosa Muerte (véase 51.7
y 170.1) y los álamos blancos, o temblones, bien a Perséfone como diosa
de la Regeneración, o bien a Heracles por haber rastrillado el Infierno (véase
134.f). Cofias doradas de hojas de álamo temblón se han encontrado en
cementerios mesopotámicos del cuarto milenio a. de C. Las tablillas órficas
no nombran al árbol situado junto al estanque del Recuerdo; es probablemente
el álamo blanco en que se transformó Leuce, pero posiblemente un
avellano, el emblema de la Sabiduría (véase 86.1). La madera de ciprés
blanco, considerada como anticorruptiva, era utilizada para hacer arcas caseras
y ataúdes.
6. Hades tenía un templo al pie del monte Mente en Elide, y su violación
de Mente («menta») probablemente ha sido deducida del empleo de la
menta en los ritos fúnebres, juntamente con el romero y el mirto, para neutralizar
el olor de descomposición. El agua de cebada de Deméter que se
bebía en Eleusis estaba condimentada con menta (véase 24.e). Aunque se le
concedió el ganado del sol en Eriteya («tierra roja») porque allí era donde
el Sol moría todas las noches, a Hades se lo llama más comúnmente Crono,
o Geriones en este contexto (véase 132.4).
7. La información que da Hesíodo sobre Hécate demuestra que ésta era
la diosa triple original, suprema en el cielo, la tierra y el Tártaro; pero los
helenos destacaban sus poderes destructores a expensas de los creadores,
hasta que por fin sólo se la invocaba en los ritos clandestinos de la magia
negra, especialmente en los lugares donde confluían tres caminos. Que
Zeus no le negase la antigua facultad de conceder a los mortales lo que deseaban
es un tributo a las brujas tesalias, a las que todos temían. El león, el
perro y el caballo, sus cabezas, se refieren evidentemente al antiguo año
tripartito, ya que el perro es la estrella-perro Sirio; lo mismo sucede con las
cabezas de Cerbero.
8. Las compañeras de Hécate, las Erinias, eran la personificación de los
remordimientos de conciencia después de haber violado una prohibición, al
principio sólo la prohibición de insultar, desobedecer o hacer violencia a
una madre (véase 105.k y 114.1). Los suplicantes y los huéspedes quedaban
bajo la protección de Hestia, diosa del Hogar (véase 20.c) y maltratarlos
equivalía a desobedecerle e insultarle a ella.
9. Leuce, la isla más grande del Mar Negro, pero muy pequeña no obstante,
es ahora una colonia penal rumana sin árboles.
32.
TIQUE Y NÉMESIS
a. Tique es una hija de Zeus a la que ha dado el poder de decidir
cuál será la fortuna de este o aquel mortal. Sobre algunos amontona
dones con un cuerno de la abundancia, y a otros les priva de
todo lo que poseen. Tique es completamente irresponsable en sus
concesiones y va de una parte a otra haciendo juegos de manos
con una pelota para ejemplificar la inseguridad de la suerte: unas
veces arriba y otras veces abajo. Pero si alguna vez sucede que un
hombre al que ha favorecido se jacta de la abundancia de sus riquezas
y no sacrifica una parte de ellas a los dioses ni alivia la
pobreza de sus conciudadanos, interviene la antigua diosa Némesis
para humillarle167. Némesis, que reside en el Rammunte ático,
lleva una rama de manzano en una mano y una rueda en la otra, se
cubre la cabeza con una corona de plata adornada con ciervos; de
su cintura el azote cuelga. Es hija de Océano y tiene algo de la belleza
de Afrodita.
b. Algunos dicen que Zeus se enamoró en una ocasión de Némesis
y la persiguió por toda la tierra y a través del mar. Aunque
ella cambiaba constantemente de forma, al final la violó adoptando
la apariencia de un cisne, y del huevo que puso salió Helena, la
causante de la guerra de Troya168.
167 Píndaro: Odas olímpicas xii.1-2; Herodoto: i.34 y iii.40; Apolonio de Rodas: iv.1042-3; Sófocles:
Filoctetes 518.
168 Pausanias: i.33.3; Homero: Cipriada, citada por Ateneo p.334b; Apolodoro: iii.10.7.
*
1. Tique («fortuna»), como Dice y Aedo (personificaciones del derecho
natural, o justicia y vergüenza), era una divinidad artificial inventada por
los filósofos primitivos, en tanto que Némesis («ley debida») había sido la
diosa-ninfa de la Muerte-en-Vida (véase 18.3), a la que entonces volvieron
a definir como un control moral sobre Tique. Que la rueda de Némesis era
originalmente el año solar lo indica el nombre de su equivalente latina, Fortuna
(de vortumna, «la que hace girar el año»). Cuando la rueda había descrito
medio círculo, el rey sagrado, elevado a la cima de su fortuna, estaba
destinado a morir —los ciervos de Acteón en su corona (véase 22.i) lo
anuncian—, pero cuando describía el circulo completo, se vengaba del rival
que lo había suplantado. El azote era utilizado anteriormente para la flagelación
ritual, con el fin de que fructificaran los árboles y las mieses. y la
rama de manzano era el pasaporte del rey para el Elíseo (véase 53.5, 80.4 y
133.4).
2. La Némesis a la que persiguió Zeus (véase 62.b) no es la concepción
filosófica de la venganza divina con los presuntuosos mortales, sino la diosa-
ninfa original, cuyo nombre habitual era Leda. En el mito pre-helénico
la diosa persigue al rey sagrado y, aunque él pasa por su transformaciones
estacionales (véase 30.1), opone a cada una de ellas la suya y lo devora en
el solsticio de verano. En el mito heleno los papeles se invierten: la diosa
huye y cambia de forma, pero el "rey la persigue y por fin la viola, como en
la fábula de Zeus y Metis (véase 9.d) y de Peleo y Tetis (véase 81.&). Las
necesarias transformaciones de estación debían estar indicadas en los rayos
de la rueda de Némesis, pero en la Cipriada de Homero sólo se mencionan
un pez y «varios animales» (véase 89.2). «Leda» es otra forma de Leto o
Latona, a la que persiguió la serpiente Pitón y no Zeus (véase 14.a). Los
cisnes estaban consagrados a la diosa (Eurípides: Ifigenia en Táuride 1095
y ss.), a causa de su plumaje blanco, y también porque la formación en y de
su vuelo era un símbolo femenino, y porque en el solsticio estival volaban
hacia el norte a lugares de cría desconocidos, supuestamente llevándose
con ellos el alma del rey difunto (véase 33.5 y 142.2).
3. La Némesis filosófica era adorada en Rammunte, donde, según Pausanias
(i.33.2-3), el general en jefe persa, que había tratado de erigir un trofeo
de mármol blanco para celebrar su conquista del Ática, se vio obligado a
retirarse al recibir la noticia de la derrota naval en Salamina; el mármol fue
utilizado, en cambio, pira hacer una imagen de la diosa-ninfa local Némesis.
Se supone que se debió a ese acontecimiento el que Némesis llegara a
personificar la «venganza divina» más bien que la «ley debida» del drama
de la muerte anual; ya que, para Homero némesis había sido únicamente un
cordial sentimiento humano de que los pagos deben de hacerse debidamente,
o las tareas realizarse como es debido. Pero Némesis, la diosa-ninfa, tenía
el título de Adrastea («ineludible»; Estrabón: xiii.1.13), que era también
el nombre de la nodriza de Zeus, una ninfa-fresno (véase 7.b); y como las
ninfas-fresno y las Erinias eran hermanas, nacidas de la sangre de Urano,
ésta puede haber sido la forma en que Némesis llegó a simbolizar la idea de
venganza. El fresno era uno de los disfraces estacionales de la diosa, importante
para sus devotos pastoriles a causa de su asociación con las tronadas y
con el mes de los corderos, el tercero del año sacro (véase 52.3).
4. A Némesis se la llama hija del Océano porque como diosa-ninfa con
la rama de manzano era también la Afrodita, nacida del mar, hermana de
las Erinias (véase 18.4).
33.
LOS HIJOS DEL MAR
a. Las cincuenta Nereidas, acompañantes amables y benéficas
de la diosa del Mar, Tetis, con sirenas, hijas de la ninfa Dóride y
Nereo, el anciano profetice del mar, que tiene la facultad de transformase169.
b. Las Fórcides, sus primas, hijas de Ceto y Forcis, otro sabio
anciano del mar, son Ladón, Equidna y las tres Gorgonas que
habitan en Libia; las tres grayas y, según dicen algunos, las tres
Hespérides. Las Gorgonas se llamaban Esteno, Euríale y Medusa,
todas ellas bellas en un tiempo. Pero una noche Medusa se acostó
con Posidón, y Atenea, furiosa porque lo habían hecho en uno de
sus templos, la transformó en un monstruo alado con ojos deslumbrantes,
grandes dientes, lengua saliente, garras afiladas y cabellos
de serpientes, cuya mirada convertía a los hombres en piedra.
Cuando finalmente Perseo decapitó a Medusa y los hijos de
Posidón, Crisaor y Pegaso, nacieron de su cadáver, Atenea fijó la
cabeza a su égida; pero algunos dicen que la égida estaba hecha
con la propia piel de Medusa que le había arrancado Atenea170.
169 Homero: Ilíada xviii.36 y ss.; Apolodoro: i.2.7.
170 Hesíodo: Teogonía 270 y ss. y 333 y ss.; Apolodoro: ii.4.3; Ovidio: Metamorfosis
c. Las Grayas tenían el rostro bello y parecían cisnes, pero con
el cabello gris desde el nacimiento y sólo un ojo y un diente entre
las tres. Se llamaban Enio, Pefredo y Diño171.
d. Las tres Hespérides, llamadas Hesperetusa, Egle y Eritia, viven
en el jardín más occidental que la Madre Tierra dio a Hera.
Algunos las llamaban hijas de la Noche, otros de Atlante y de
Hésperide, hija de Héspero; cantan melodiosamente172.
e. La mitad de Equidna era una mujer hermosa y la otra mitad
una serpiente moteada. En un tiempo vivía en una profunda cueva
entre los arimos, donde comía hombres crudos y dio una progenie
de monstruos espantosos a su esposo Tifón, pero Argo, el de cien
ojos, la mató mientras dormía173.
f. Ladón era completamente serpiente, aunque estaba dotada
con la facultad del habla humana, y guardó las manzanas de oro
de las Hespérides hasta que la mató Heracles174.
g. Nereo, Forcis, Taumante, Euribia y Ceto eran todos hijos de
Ponto y la Madre Tierra; por lo que las Fórcides y Nereidas alegan
ser primas de las Harpías. Éstas son las hijas de cabello rubio
y alas rápidas de Taumante y la ninfa oceánica Electra, arrebatan
a los criminales para que los castiguen las Erinias y viven en una
cueva de Creta175.
*
1. Parece que el título Eurínome («amplio gobierno» o «amplio viaje»)
de la diosa Luna la proclamaba gobernante del cielo y de la tierra; Euribia
(«amplia fuerza»), gobernante del mar; Eurídice («amplia justicia»), la gobernante
apresadora de serpientes del Infierno. Se le ofrecían sacrificios
humanos masculinos como Eurídice. y causaba la muerte de esas víctimas,
iv.792-802; Escoliasta sobre Apolonio de Rodas iv.1399; Eurípides: Ion 989 y ss.
171 Hesíodo: Teogonía 270-4; Apolodoro: ii.4-2.
172 Hesíodo: Teogonía 215 y 518; Diodoro Sículo: ív.27.2; Eurípides: Heracles 394.
173 Homero: Ilíada ii.783; Hesíodo: Teogonía 295 y ss. ; Apolodoro: ii.1.2.
174 Hesíodo; Teogonía 333-5; Apolonio de Rodas: iv.1397; Apolodoro: ii.5.11.
175 Apolodoro: i.2.6; Hesíodo: Teogonía 265-9; Homero: Odisea xx.77-8; Apolonio de Rodas: ii.298-
9.
al parecer, el veneno de una víbora (véase 28.4, 154.b y 168.e). La muerte
de Equidna por Argo se refiere probablemente a la supresión del culto argivo
de la diosa Serpiente. Su hermano Ladón es la serpiente oracular que
frecuenta todos los paraísos y se enrolla alrededor del manzano (véase
133.4).
2. Entre los otros títulos marinos de Euribia figuraban Tetis («la que dispone
»), o su variante Tethys; Ceto, como el monstruo marino que corresponde
al hebreo Rahab o al babilonio Tiamat (véase 73.7); Nereíde como la
diosa del elemento húmedo; Electra, como proveedora de ámbar, producto
marítimo muy apreciado por los antiguos (véase 148.11); Taumante, como
maravillosa; y Dáride, como generosa. Nereo —alias Proteo («primer
hombre»)—, el «anciano del mar» profético, quien tomó su nombre de Nereíde
y no al contrario, parece haber sido un rey sagrado oracular enterrado
en una isla costeña (véase 133.d); se le representa en la pintura de un ánfora
primitiva con la cola de pez y un león, un ciervo y una víbora saliendo de
su cuerpo. Proteo, en la Odisea, cambia igualmente de formas, para indicar
las estaciones a través de las cuales el rey sagrado iba del nacimiento a la
muerte (véase 30.1).
3. Las cincuenta Nereidas parecen haber sido un colegio de cincuenta sacerdotisas
de la Luna cuyos ritos mágicos aseguraban una buena pesca; y
las Gorgonas, representantes de la diosa triple, llevaban máscaras profilácticas
—con el ceño fruncido, ojos deslumbradores y la lengua salida entre
los dientes descarnados— para asustar a los extraños y alejarlos de los Misterios
de la diosa (véase 73.9). Los cantos de Hornero conocían una sola
Gorgona, que era un espectro en el Tártaro (Odisea xi.633.5), y cuya cabeza,
objeto de terror para Odiseo (Odisea xi.634) llevaba Atenea en su égida,
sin duda para advertir a la gente que no debía examinar los misterios divinos
ocultos tras ella. Los panaderos griegos solían pintar máscaras de gorgona
en sus hornos para que los entremetidos no abriesen la puerta y atisbasen,
dejando así que entrara una corriente de aire que echase a perder el
pan. Los nombres de las Gorgonas —Esteno («fuerte»), Euríale («amplio
vagabundeo») y Medusa («la astuta»)— son títulos de la diosa Luna; los
órficos llamaban a la cara de la luna «la cabeza de Gorgona».
4. El hecho de que Posidón engendrara a Pegaso con Medusa recuerda
cómo engendró también al caballo Arión con Deméter, cuando ella se
transformó en yegua, y la furia subsiguiente de ésta (véase 16.f); ambos
mitos describen cómo los helenos de Posidón se casaban por la fuerza con
las sacerdotisas de la Luna, sin tener en cuenta las máscaras de gorgona, y
se hicieron cargo de los ritos para provocar la lluvia del culto del caballo
sagrado. Pero una máscara de Deméter se conservaba todavía en un arca de
piedra en Feneo y el sacerdote de Deméter se la ponía cuando realizaba la
ceremonia de golpear con varas a los espíritus infernales (Pausanias:
viii.15.1).
5. Crisaor era el signo de la luna nueva de Deméter, la hoz o falce dorada;
sus consortes lo llevaban cuando actuaban en representación de ella.
Atenea, en esta versión, es colaboradora de Zeus, renacida de su cabeza y
traidora de la vieja religión (véase 9.1). Las tres Harpías, consideradas por
Homero como personificaciones de los vientos tormentosos (Odisea xx.66-
78) eran la Atenea anterior, la triple diosa, en su carácter de destructora súbita.
Lo mismo eran las Grayas, las Tres Grises, como lo demuestran sus
nombres Enio («belicosa»), Penfredo («avispa») y Diño («terrible»); su ojo
y su diente únicos son interpretaciones equivocadas de una pintura sagrada
(véase 73.9) y el cisne es una ave de la muerte en la mitología europea
(véase 32.a).
6. Forcis, forma masculina de Fórcide, la diosa como cerda (véase 74.4 y
96.2) que devora cadáveres, aparece en latín como Orcus, un título de
Hades, y como porcus, puerco. A las Gorgonas y las Grises se las llamaba
Fórcides porque implicaba la muerte profanar los misterios de la diosa, pero
la sabiduría profética de Forcis tiene que referirse a una cerda-oráculo
(véase 24.7).
7. Los nombres de las Hespérides, descritas como hijas de Ceto y Forcis,
o de la Noche, o del titán Atlante que sostiene el firmamento en el Lejano
Oeste (véase 39.1 y 133.e), se refieren a la puesta del sol. Entonces el cielo
se pone verde, amarillo y rojo, como si fuera un manzano en plena fructificación
y el Sol, cortado por el horizonte como una media manzana carmesí,
halla la muerte dramáticamente en las olas occidentales. Cuando desaparece
el sol aparece Héspero. Esta estrella estaba consagrada a la diosa del
Amor, Afrodita, y la manzana era el regalo con que su sacerdotisa atraía al
rey, representante del sol, a su muerte con canciones de amor; si se corta
una manzana por la mitad transversalmente aparece su estrella de cinco
puntas en el centro de cada mitad.
34.
LOS HIJOS DE EQUIDNA
Equidna dio una terrible descendencia a Tifón, a saber: Cerbero,
el Perro del Infierno con tres cabezas; la Hidra, serpiente acuática
de muchas cabezas que vivía en Lerna; la Quimera, cabra que
respiraba fuego con cabeza de león y cuerpo de serpiente; y Ortro,
el perro de dos cabezas de Geriones, que se acostó con su propia
madre y engendró con ella a la Esfinge y el León Ñemeo176.
*
1. Cerbero (véase 31.a y 134.e), asociado por los dorios con el dios egipcio
con cabeza de perro Anubis, quien conducía las almas al infierno, parece
haber sido originalmente la diosa de la Muerte, Hécate, o Hécabe (véase
168.1); se la representaba como una perra porque los perros comen carne
de cadáver y ladran a la luna.
2. La Quimera era, al parecer, un símbolo del calendario del año tripartito
(véase 75.2), los emblemas de cuyas estaciones eran el león, la cabra y la
serpiente.
3. Ortro (véase 132.d), que engendró a la Quimera, la Esfinge (véase
105.e), la Hidra (véase 60.h y 124.c) y el León Ñemeo (véase 123.b) con
Equidna, era Sirio, la estrella-perro que iniciaba el Año Nuevo ateniense.
Tenía dos cabezas, como Jano, porque el año reformado en Atenas tenía
dos estaciones y no tres; el hijo de Ortro, el León, simbolizaba la primera
mitad, y su hija, la Serpiente, la segunda. Cuando desapareció el emblema
de la Cabra, la Quimera dio lugar a la Esfinge, con su cuerpo de león alado
y su cola de serpiente. Como el Año Nuevo reformado comenzaba cuando
el sol estaba en Leo y había empezado la canícula, Ortro miraba en dos direcciones:
hacia adelante al Año Nuevo y hacia atrás al Viejo, como la diosa
del Calendario Cardea, a la que los romanos llamaban Postvorta y Antevorta
por eso. A Ortro se le llamaba «primitivo», probablemente porque
iniciaba el Año Nuevo.
35.
LA REBELIÓN DE LOS GIGANTES
a. Enfurecidos porque Zeus había confinado a sus hermanos, los
Titanes, en el Tártaro, ciertos gigantes altos y terribles, con cabellos
y barbas largos y colas de serpiente en vez de pies, tramaron
un ataque al Cielo. Eran hijos de la Madre Tierra nacidos en la
ática Flegras y su número alcanzaba a veinticuatro177.
176 Hesíodo: Teogonía 306 y ss.
177 Apolodoro: i.6.1; Higinio: Fábulas, Proemio
b. Sin advertencia previa, tomaron rocas y teas y las lanzaron
hacia arriba desde las cumbres de sus montañas, poniendo en peligro
a los olímpicos. Hera profetizó tétricamente que los gigantes
no podrían ser muertos por ningún dios, sino sólo por un mortal
particular con piel de león y que incluso éste nada podría hacer a
menos que se anticipase al enemigo en su búsqueda de cierta
hierba de invulnerabilidad que crecía en un lugar secreto de la tierra.
Inmediatamente Zeus consultó con Atenea y envió a ésta para
que advirtiera a Heracles, el mortal con piel de león a quien Hera
se refería evidentemente, cómo estaban exactamente las cosas; y
prohibió a Eos, Selene y Helio que relucieran durante un tiempo.
A la débil luz de las estrellas, Zeus recorrió a tientas la tierra, y en
la región a la que le dirigió Atenea encontró la hierba, que llevó
felizmente al Cielo.
c. Los olímpicos podían ya luchar contra los gigantes. Heracles
lanzó su primera flecha contra Alcioneo, el caudillo de los enemigos.
Cayó a tierra, pero se levantó de ella vivificado, porque aquella
era su tierra natal de Flegras. «¡Rápido, noble Heracles! —
gritó Atenea— ¡Arrástralo a otra región!» Heracles tomó a Alcioneo
a cuestas y lo arrastró hasta el otro lado de la frontera tracia,
donde lo mató con una maza.
d. Luego Porfirión saltó al Cielo desde la gran pirámide de rocas
que habían amontonado los gigantes, y ninguno de los dioses
logró mantenerse firme. Solamente Atenea adoptó una actitud defensiva.
Pasando a toda prisa por su lado, Porfirión se lanzó contra
Hera, a la que trató de estrangular, pero herido en el hígado
por una flecha oportuna disparada por el arco de Eros, cambió su
ira por lujuria y rasgó la magnífica túnica de Hera. Zeus, al ver
que su esposa iba a ser ultrajada, corrió a la lucha con una ira celosa
y derribó a Porfirión con un rayo. Volvió a levantarse, pero
Heracles, que regresaba a Flegras en aquel preciso momento, lo
hirió mortalmente con una flecha. Entretanto, Efialtes había vencido
a Ares, obligándolo a arrodillarse ante él, pero Apolo hirió al
desdichado en el ojo izquierdo y llamó a Heracles, quien inmediatamente
le clavó otra flecha en el derecho. Así murió Efialtes.
e. Y sucedió que, cada vez que un dios hería a un gigante —
como cuando Dioniso derribó a Éurito con su tirso, o Hécate
chamuscó a Cutio con sus antorchas, o Hefesto escaldó a Mimante
con un caldero de metal candente, o Atenea aplastó al lascivo
Palante con una piedra— era Heracles quien tenía que asestar el
golpe mortal. Hestia y Deméter, las diosas amantes de la paz, no
intervinieron en la lucha, sino que permanecieron aterradas y retorciéndose
las manos; sin embargo, las Parcas manejaban las
manos de mortero de bronce con mucha eficacia178.
f. Desanimados, los demás gigantes huyeron de vuelta a la tierra
perseguidos por los olímpicos. Atenea lanzó un gran proyectil
contra Encelado, quien quedó aplastado y se convirtió en la isla
de Sicilia. Y Posidón arrancó una parte de la isla de Cos con su
tridente y la arrojó contra Polibotes, esto se convirtió en la cercana
islita de Nisiros, bajo la cual yace enterrado el gigante179.
g. Los demás gigantes hicieron una última resistencia en Batos,
cerca de la arcadia Trapezunte, donde la tierra todavía abrasa y
los labradores desentierran a veces huesos de gigantes. Hermes
pidió prestado a Hades el yelmo de la invisibilidad y derribó a
Hipólito, y Artemis atravesó a Gratión con una flecha, en tanto
que las manos de mortero de las Parcas rompían las cabezas de
Agrio y Toante. Ares, con su lanza, y Zeus, con su rayo, dieron
cuenta del resto, aunque llamaban a Heracles para que rematara a
cada gigante cuando caía. Pero algunos dicen que la batalla se libró
en los Campos Flegreos, en las cercanías de Cumas, en Italia180.
h. Sueno, el sátiro nacido de la tierra, pretende haber tomado
parte en esa batalla al lado de su discípulo Dioniso, matado a Encelado
y sembrado el pánico entre los gigantes con los rebuznos
de su asno de carga, pero Sueno está habitualmente borracho y no
puede distinguir la verdad de la mentira181.
*
1. Esta es una fábula post-homérica, conservada en una versión degene-
178 Apolodoro: i.6.2.
179 Apolodoro: loc. cit.; Estrabón: x.5.16.
180 Pausanias: viii.29.1-2; Apolodoro: loc. cit.; Diodoro Sículo: iv.2.
181 Eurípides: Cíclopes y ss.
rada: Eros y Dioniso, que toman parte en la lucha, son recién llegados al
Olimpo (véase 15.1-2 y 27.5), y Heracles es admitido allí antes de su apoteosis
en el monte Eta (véase 147.h). Se propone explicar el hallazgo de
huesos de mamut en Trapezunte (donde todavía se exhiben en el museo
local), así como las erupciones volcánicas en la cercana Batos y también en
la arcadia o tracia Palene, en Cumas y en las islas de Sicilia y Nisiros, bajo
las cuales se dice que Atenea y Posidón enterraron a dos de los gigantes.
2. El episodio histórico en que se basa la Rebelión de los Gigantes —y
también la Rebelión de los Alóadas (véase 37.b), de la que se considera
habitualmente un duplicado— parece haber sido una tentativa concertada
de los montañeses macedonios para atacar ciertas fortalezas helenas y su
rechazo por los aliados súbditos de los helenos. Pero la impotencia y cobardía
de los dioses, en contraste con la invencibilidad de Heracles, y los
ridículos incidentes de la batalla son más característicos de una fábula popular
que de un mito.
3. Hay, no obstante, un elemento religioso oculto en la fábula. Estos gigantes
no son de carne y hueso, sino espíritus nacidos de la tierra, como lo
prueban sus colas de serpiente, y sólo se los puede vencer mediante la posesión
de una hierba mágica. Ningún mitógrafo menciona el nombre de la
hierba, pero era probablemente la ephialtion, un específico contra las pesadillas.
Efialtes, el nombre del caudillo de los gigantes, significa literalmente
«el que salta sobre» (incubus en latín); y la tentativa de Porfirión de estrangular
y violar a Hera, y de Palante de violar a Atenea, indican que la fábula
se refiere principalmente a la conveniencia de invocar a Heracles, el Salvador,
cuando uno se ve amenazado por pesadillas eróticas a cualquier hora
del día.
4. Alcioneo («asno poderoso») es probablemente el espíritu del siroco,
«el aliento del onagro, o Tifón» (véase 36.1), que trae malos sueños, inclinaciones
asesinas y violaciones; y esto hace que la pretensión de Sueno de
haber derrotado a los gigantes con los rebuznos de su asno sea todavía más
ridícula (véase 20.b), Mimante («mímica») puede referirse a la engañosa
verosimilitud de los sueños; e Hipólito («estampida de caballos») recuerda
la antigua atribución de los sueños terroríficos a la diosa con cabeza de yegua.
En el norte era a Odín a quien invocaban los que sufrían pesadillas,
hasta que ocupó su lugar San Swithold.
5. El uso que hizo Heracles de la hierba puede deducirse del mito babilonio
sobre la lucha cósmica entre los dioses nuevos y los viejos. Allí,
Marduk, el equivalente de Heracles, se aplica una hierba a la nariz para evitar
el olor nocivo de la diosa Tiamat; aquí había que contrarrestar el aliento
de Alcioneo.
36.
TIFÓN
a. En venganza por la destrucción de los gigantes, la Madre Tierra
yació con Tártaro y poco tiempo después, en la Cueva Coriciana
de Cilicia, dio a luz a su hijo menor, Tifón, el monstruo más
grande que jamás haya existido182. Desde los muslos para abajo
no era más que serpientes enroscadas, y sus brazos, cuando los
extendía, llegaban a centenares de leguas de distancia en cada dirección,
y en vez de manos tenía innumerables cabezas de serpientes.
Su cabeza de asno bestial tocaba las estrellas, sus enormes
alas oscurecían el sol, arrojaba fuego por los ojos y de su boca
salían rocas inflamadas. Cuando echó a correr hacia el Olimpo,
los dioses huyeron aterrados a Egipto, donde se transformaron en
animales: Zeus en un macho cabrío, Apolo en un cuervo, Dioniso
en una cabra, Hera en una vaca blanca, Artemis en un gato, Afrodita
en un pez, Ares en un oso, Hermes en un ibis, etc.
b. Sólo Atenea se mantuvo en su puesto y se mofó de la cobardía
de Zeus, hasta que éste, reasumiendo su verdadera forma, lanzó
contra Tifón un rayo seguido de un golpe con la misma hoz de
pedernal que le había servido para castrar a su padre Urano. Herido
y gritando, Tifón huyó al monte Casio que se alza sobre Siria
por el norte, y allí los dos se trabaron en lucha. Tifón envolvió a
Zeus en sus millares de enroscamientos, le despojó de la hoz y,
después de cortarle los tendones de las manos y pies con ella, lo
arrastró a la Cueva Coriciana. Zeus es inmortal, pero no podía
mover ni un dedo, y Tifón había escondido los tendones en una
piel de oso que vigilaba Delfine, una hermana monstruo con cola
de serpiente.
c. La noticia de la derrota de Zeus sembró la consternación entre
los dioses, pero Hermes y Pan fueron secretamente a la cueva,
donde Pan asustó a Delfine con un grito súbito y horrible, mientras
Hermes sustraía hábilmente los tendones y volvía a colocarlos
en los miembros de Zeus183.
182 Hesíodo: Teogonía 819 y ss.; Píndaro: Odas píticas i.15 y ss.; Higinio: Fábula 152.
183 Apolodoro: i.6.3.
d. Pero algunos dicen que fue Cadmo quien engatusó a Delfine
para que le entregara los tendones, alegando que los necesitaba
para hacer con ellos las cuerdas para una lira con la que iba a tocarle
una música deliciosa184.
e. Zeus volvió al Olimpo y, montado en un carro tirado por caballos
alados, persiguió una vez más a Tifón con sus rayos. Tifón
había ido al monte Nisa, donde las tres Parcas le ofrecieron frutos
efímeros, alegando que con ellos recobraría su vigor, aunque, en
realidad, le condenaron a una muerte cierta. Llegó al monte Hemo
en Tracia y, levantando montañas enteras, las lanzó contra Zeus,
quien interpuso sus rayos, de modo que rebotaban contra el monstruo
causándole espantosas heridas. Los chorros de la sangre de
Tifón dieron su nombre al monte Hemo. El monstruo huyó a Sicilia,
donde Zeus puso fin a la lucha en retirada arrojando sobre él
el monte Etna, cuyo cráter vomita fuego hasta nuestros días185.
*
1. «Coriciana», que, según se dice, significa «del saco de cuero», puede
ser un testimonio de la antigua costumbre de encerrar los vientos en sacos,
seguida por Éolo (véase 170.g) y conservada por las brujas medievales. En
otra cueva coriciana de Delfos a la serpiente compañera de Delfine se la
llamaba Pitón y no Tifón. Pitón («serpiente») personificaba el Viento Norte
destructor —a los vientos se los representaba habitualmente con colas de
serpiente— que desciende sobre Siria desde el monte Casio y sobre Grecia
desde el monte Hemo (véase 21.2). Tifón, por otra parte, significa «humo
estupefaciente» y su aspecto es el de una erupción volcánica; de aquí que se
dijera que Zeus lo había enterrado finalmente bajo le monte Etna. Pero el
nombre de Tifón significaba también el ardiente siroco del desierto meridional
que causa estragos en Libia y Grecia, tiene un olor volcánico y era
representado por los egipcios como un asno del desierto (véase 35.4 y
83.2). El dios Set, cuyo aliento se decía que era Tifón, mutiló a Osiris casi
del mismo modo en que Pitón mutiló a Zeus, pero ambos fueron finalmente
vencidos; y la analogía ha hecho que se confunda a Pitón con Tifón.
2. Este vuelo divino a Egipto, como observa Luciano (Sobre los sacrificios
14), fue inventado para explicar el culto egipcio de los dioses en forma
184 Nono: Dionisíacas i.481 y ss.
185 Apolodoro: loc. cit.; Píndaro: loc. cit.
animal: Zeus-Amon como macho cabrío (véase 133.j), Hermes-Thoth como
ibis o grulla (véase 52.6), Hera-Isis como vaca (véase 56.2), Artemis-Pasht
como gato, etcétera; pero también puede referirse históricamente a un éxodo
de sacerdotes y sacerdotisas asustados desde el archipiélago Egeo cuando
una erupción volcánica se extendió por más de la mitad de la gran isla
de Tera poco antes del año 2000 a. de C. Los gatos no estaban domesticados
en la Grecia clásica. Otra fuente de esta leyenda parece ser el Enuma
Elish, poema épico babilonio de la creación, según el cual, en la versión
anterior de Damascio, la diosa Tiamat, su consorte Apsu y su hijo Mummi
(«confusión») soltaron a Kingu y una horda de otros monstruos para que se
lanzaran contra la recién nacida trinidad de dioses formada por Ea, Anu y
Bel. Al pánico siguió una huida, pero poco después Bel reunió a sus hermanos,
se hizo cargo del mando y derrotó a las fuerzas de Tiamat, aplastando
el cráneo de la diosa con una maza y partiéndola en dos «como un
pez plano».
3. El mito de Zeus, Delfine y la piel de oso constata la humillación que
infligió a Zeus la Gran Diosa, adorada como Osa, cuyo oráculo principal
estaba en Delfos; la ocasión histórica es desconocida, pero los cadmeos de
Beocia parecen haber tenido interés en conservar el culto de Zeus. Los
«frutos efímeros» que le dieron a Tifón las tres Parcas parecen ser las habituales
manzanas de la muerte (véase 18.4, 32.4, 33.7, etcétera). En una versión
proto-hitita del mito, la serpiente Illiunka vence al dios de la Tormenta
y le quita los ojos y el corazón, que él recupera mediante una estratagema.
El Consejo Divino llama luego a la diosa Inara para que ejecute la venganza.
Illiunka, invitada por ella a un banquete, come hasta hartarse, y entonces
ella lo ata con una cuerda y le mata el dios de la Tormenta.
4. El monte Casio (ahora Jebel-el-Akra) es el monte Hazzi que figura en
la fábula hiriu de Ullikummi, el gigante de piedra que crecía a una velocidad
enorme, y a quien ordenó su padre, Jumarbi, que destruyera a los setenta
dioses del Cielo. El dios Tormenta, el dios Sol, la diosa de la Belleza y
todos los demás dioses fracasaron en su tentativa de matar a Ullikummi,
hasta que Ea, el dios de la Sabiduría, utilizando el cuchillo que originalmente
había separado al Cielo de la Tierra, cortó los pies del monstruo y lo
arrojó estrepitosamente al mar. Elementos de esta fábula se dan en el mito
de Tifón, y también en el de los Aleadas, que crecían con la misma velocidad
y utilizaron montañas como escalera para llegar al Cielo (véase 37.b).
Es probable que los cadmeos llevaran estas leyendas a Grecia desde el Asia
Menor (véase 6.1).
37.
LOS ALÓADAS
a. Efialtes y Oto eran hijos bastardos de Ifimedia, hija de Tríopas.
Se había enamorado de Posidón y solía agazaparse en la costa
del mar para recoger las olas en sus manos y derramarlas luego
en su seno; así consiguió tener un hijo. A Efialtes y Oto se los
llamaba, no obstante, Alóadas porque Ifimedia se casó luego con
Aloco, a quien había hecho rey de la Asopia beocia su padre
Helio. Los Alóadas crecían un codo en anchura y una braza en altura
cada año y cuando tenían nueve años de edad, con nueve codos
de anchura y nueve brazas de altura, declararon la guerra al
Olimpo. Efialtes juró por el río Estigia que ultrajaría a Hera, y
Oto juró igualmente que violaría a Artemis186.
b. Después de decidir que Ares, el dios de la Guerra, debía ser
su primer prisionero, fueron a Tracia, lo desarmaron, lo ataron y
lo encerraron en una vasija de bronce que escondieron en la casa
de su madrastra Eribea, pues Ifimedia había muerto. Luego comenzó
su sitio del Olimpo; hicieron un baluarte para su ataque
colocando el monte Pelión sobre el monte Ossa, y además amenazaron
con arrojar montañas al mar hasta que se secase, aunque las
tierras bajas quedaran inundadas por las aguas. Su confianza era
inextinguible, porque les habían profetizado que ningún otro
hombre ni ningún dios podría matarlos.
c. Por consejo de Apolo, Ártemis envió a los Alóadas un mensaje:
si levantaban el sitio se encontraría con ellos en la isla de
Naxos y allí se sometería a los abrazos de Oto. Éste rebosaba de
júbilo, pero Efialtes, que no había recibido un mensaje análogo de
Hera, se puso celoso e irritado. Una pendencia cruel estalló en
Naxos, adonde fueron juntos; Efialtes insistía que debían rechazarse
las condiciones a menos que él, por ser el mayor de los dos,
fuese el primero en gozar de Ártemis. La discusión llegaba a su
culminación cuando apareció Artemis en la forma de una gama
blanca, y cada Alóada tomó su jabalina dispuesto a demostrar que
era el mejor tirador haciendo blanco en ella. Ártemis se lanzó entre
ellos rápida como el viento, y cuando dispararon sus jabalinas
186 Apolodoro: i.7.4; Pausanias: ii.3.8; Píndaro: Odas píticas iv.88-92.
se atravesaron mutuamente. Ambos perecieron y así se cumplió la
profecía de que no los podrían matar ni otros hombres ni los dioses.
Sus cadáveres fueron llevados de regreso para enterrarlos en
Antedón, en Beocia, pero los naxos siguen rindiéndoles los honores
debidos a los héroes. Se los recuerda también como fundadores
de Ascra, en Beoda, y como los primeros mortales que adoraron
a las Musas del Helicón187.
d. Una vez levantado el sitio del Olimpo, Hermes fue en busca
de Ares y obligó a Eribea a ponerlo en libertad, y sacarlo de la vasija
de bronce, medio muerto. Pero las almas de los Alóadas descendieron
al Tártaro, donde fueron fuertemente atados a una columna
con nudosas cuerdas de víboras vivas. Allí se hallan, espalda
contra espalda, y la ninfa Estigia está posada torvamente en
lo alto de la columna para recordar sus juramentos incumplidos188.
*
1. Esta es otra versión popular de la Rebelión de los Gigantes (véase
35.6). El nombre de Efialtes, el ataque al Olimpo, la amenaza a Hera y la
profecía de su invulnerabilidad se dan en ambas versiones. Efialtes y Oto,
«hijos de la era o campo de trilla» con «la que fortalece los órganos genitales
», nietos de Hécate, la diosa de «tres Rostros» y adoradores de las salvajes
Musas, personifican el íncubo o pesadilla orgiástica que ahoga y violenta
a las mujeres dormidas. Igual que la Pesadilla en la leyenda británica,
están asociados con el número nueve. El mito se confunde con un oscuro
episodio histórico del que informa Diodoro Sículo (v.50 y ss.), quien dice
que Aloco, un tesalio, envió a sus hijos para que liberaran a su madre, Ifimedia,
y su hermana Páncratis («toda fuerza») de los tracios, que se las
habían llevado a Naxos; su expedición tuvo buen éxito, pero se pelearon en
el reparto de la isla y se mataron mutuamente. Sin embargo, aunque Estéfano
de Bizancio recuerda que la ciudad de Aloeo en Tesalia se llamó así por
los Alóadas, los mitógrafos primitivos dicen que son beocios.
2. El asesinato mutuo de los hermanos gemelos recuerda la eterna rivalidad
por el amor de la Diosa Blanca entre el rey sagrado y su heredero,
quienes eran muertos alternativamente el uno por el otro. El hecho de que
se les llamara «hijos de la era» y escaparan a la destrucción por el rayo de
187 Homero: Odisea xi.305-20; Pausanias: ix.29.1-2.
188 Apolodoro: i.7.4; Higinio: Fábula 28.
Zeus, los relaciona con el culto del cereal más bien que el culto del roble.
Su castigo en el Tártaro, como el de Teseo y Pirítoo (véase 103.c), parece
haberse deducido de un antiguo símbolo del calendario que mostraba a las
cabezas de los gemelos dándose la espalda, uno a cada lado de la columna,
como están en la Silla del Olvido. La columna, en la que se posa la Diosa
de la Muerte-en-Vida, marca el apogeo del verano, cuando termina el reinado
del rey sagrado y comienza el del sucesor. En Italia este mismo símbolo
se convirtió en el Jano de dos cabezas; pero el Año Nuevo italiano
comenzaba en enero y no en el orto helíaco del bicéfalo Sirio (véase 34.3).
3. El encarcelamiento de Ares durante trece meses es un fragmento mítico
inconexo de fecha insegura y que quizá se refiere a un armisticio de todo
un año —el año pelasgo tenía trece meses— convenido entre los tesalobeocios
y los tracios con prendas bélicas de ambas naciones confiadas a
una vasija de bronce en un templo de Hera Eribea. Pelión, Osa y Olimpo
son montañas al este de Tesalia, con una vista distante del Quersoneso tracio,
donde puede haberse librado la guerra a que puso fin ese armisticio.
38.
EL DILUVIO DE DEUCALION
a. El Diluvio de Deucalión, llamado así para distinguirlo del de
Ogigia y otros diluvios, fue causado por la ira de Zeus contra los
impíos hijos de Licaón, el hijo de Pelasgo. Licaón fue el primero
que civilizó Arcadia e instituyó el culto de Zeus Licio, pero enojó
a Zeus al sacrificarle un niño. En consecuencia fue transformado
en lobo y su casa destruida por el rayo. Licaón tenía, según algunos,
veintidós hijos y según otros, cincuenta189.
b. La noticia de los crímenes cometidos por los hijos de Licaón
llegó al Olimpo y Zeus fue personalmente a visitarlos, disfrazado
como un viajero pobre. Ellos tuvieron la desvergüenza de servirle
una copa de menudos en la que habían mezclado las entrañas de
su hermano Níctimo con las de ovejas y cabras. Zeus no se engañó
y, derribando la mesa en que le habían servido el repugnante
banquete —el lugar recibió luego el nombre de Trapezo— convir-
189 Apolodoro: iii.8.1; Pausanias: viii.2.1; Escoliasta sobre Aratea de César Germánico 89; Ovidio:
Metamorfosis i.230 y ss.
tió a todos ellos, con excepción de Níctimo, a quien devolvió la
vida, en lobos190.
c. A su regreso al Olimpo, Zeus, disgustado, desencadenó un
gran diluvio sobre la tierra, con el propósito de destruir a toda la
raza humana; pero Deucalión, rey de Fría, advirtió a su padre el
Titán Prometeo, a quien había visitado en el Caucase, que construyera
un arca, la abasteciera y se instalase en ella con su esposa
Pirra, hija de Epimeteo. Luego sopló el Viento Sur, comenzó a
llover y los ríos corrieron con estruendo al mar, que creció con
asombrosa rapidez, arrasando todas las ciudades de la costa y la
llanura, hasta que quedó inundado el mundo entero, con excepción
de unas pocas cimas de montañas, y todas las criaturas mortales
parecían haber muerto, con excepción de Deucalión y Pirra.
El arca se mantuvo a flote durante nueve días, hasta que al fin bajaron
las agua y fue a posarse en el monte Parnaso o, según dicen
algunos, en el monte Etna, o el Atos, o el Otris, en Tesalia. Se dice
que a Deucalión le confirmó la terminación del diluvio una paloma
que había enviado en vuelo exploratorio191.
d. Después de haber desembarcado a salvo, ofrecieron un sacrificio
al Padre Zeus, preservador de los fugitivos, y fueron a orar
en el templo de Temis, junto al río Cefiso, donde el techo estaba
cubierto con algas marinas y el altar frío. Suplicaron humildemente
que la humanidad fuese renovada, y Zeus, que oía sus voces
desde lejos, envió a Hermes para asegurarles que cualquier pedido
que hicieran les sería concedido inmediatamente. Temis se presentó
personalmente y dijo: «Cubrios la cabeza y arrojad hacia
atrás los huesos de vuestra madre.» Como Deucalión y Pirra tenían
diferentes madres, ambas ya difuntas, decidieron que la Titanide
se refería a la Madre Tierra, cuyos huesos eran las rocas que
había en la orilla del río. Por lo tanto, se agacharon con las cabezas
cubiertas, levantaron las rocas y las arrojaron por encima del
hombro; las rocas se convirtieron en hombres o mujeres según las
hubiese arrojado Deucalión o Pirra. Así se renovó la humanidad y
190 Apolodoro: loc. cit.; Tzetzes: Sobre Licofrón 481; Pausanías: viii.3.1; Ovidio: Metamorfosis i.230
y ss.
191 Ovidio: Ibíd. i.317; Escoliasta sobre Orestes de Eurípides 1095; Higinio: Fábula 153; Servio sobre
las Églogas de Virgilio vi.41; Escoliasta sobre las Odas olímpicas de Píndaro ix.42; Plutarco: ¿Qué animales
son más astutos? 13.
desde entonces «un pueblo» (laos) y «una piedra» (loas) han significado
casi lo mismo en muchos idiomas192.
e. Sin embargo, resultó que Deucalión y Pirra no eran los únicos
sobrevivientes del Diluvio, pues Megaro, un hijo de Zeus, se
había levantado de su cama atraído por los gritos de las grullas
que le llamaban a la cumbre del monte Gerania, lugar que se salvó
de las aguas. Otro que se libró del diluvio fue Cerambo de Pellón,
a quien las ninfas transformaron en escarabajo pudiendo así volar
a la cumbre del Parnaso193.
f. Igualmente, a los habitantes de Parnaso —ciudad fundada por
Parnaso, hijo de Posidón, que inventó el arte del augurio— les
despertó el aullido de unos lobos, a los que siguieron a la cima de
la montaña. Llamaron a su nueva ciudad Licorea, en recuerdo de
los lobos194.
g. Por lo tanto, el diluvio sirvió de poco, pues algunos de los
parnasianos emigraron a Arcadia y repitieron las abominaciones
de Licaón. Todavía hoy se sacrifica un niño a Zeus Liceo y se
mezclan sus entrañas con otras en una sopa que luego se sirve a
una multitud de pastores junto a un río. El pastor que come las entrañas
del niño (que le tocan echando suertes) aulla como un lobo,
cuelga sus ropas de un roble, nada a través del arroyo y se convierte
en licántropo. Durante ocho años vive con los lobos, pero
se abstiene de devorar hombres durante ese período, puede volver
a su término, cruzar a nado el arroyo y ponerse otra vez sus ropas.
No hace mucho un habitante de Parrasia llamado Damarco pasó
ocho años con los lobos, recuperó su humanidad y luego, en el
décimo año, tras una severa práctica en el gimnasio, ganó el premio
de boxeo en los Juegos Olímpicos195.
h. Este Deucalión era hermano de la cretense Ariadna y padre
de Oresteo, rey de los locrios ozolianos, en cuya época una perra
blanca parió una estaca que plantó Oresteo y se convirtió en una
vid. Otro de sus hijos, Anfictión, hospedó a Dioniso y fue el pri-
192 Apolodoro: i.7.2; Ovidio: Metamorfosis i.260-415.
193 Pausanias: i.40,1; Ovidio: Metamorfosis vii.352-6.
194 Pausanias: x.6.1-2.
195 Pausanias: viii.2.3 y vi.8.2; Plinio: Historia natural viii.34; Platón: República viii.16.
mer hombre que mezcló el vino con el agua. Pero su hijo mayor y
más famoso era Heleno, padre de todos los griegos196.
*
1. La fábula de Zeus y las entrañas del niño no es tanto un mito como
una anécdota moral que. expresa el desagrado que se sentía en las partes
más civilizadas de Grecia por las antiguas prácticas caníbales de Arcadia,
que todavía se realizaban en nombre de Zeus, por considerarlas «bárbaras y
antinaturales» (Plutarco: Vida de Pelópidas). Cécrope, el virtuoso ateniense
contemporáneo de Licaón (véase 25.d) sólo ofrecía tortas de cebada y se
abstenía incluso de los sacrificios animales. Los ritos licaonios que según el
autor, jamás recibieron la aprobación de Zeus, tenían, al parecer, por finalidad
impedir que los lobos hicieran presa en los rebaños y ganados enviándoles
un rey humano. «Licio» significa «de la loba», pero también «de la
luz», y el relámpago en el mito de Licaón demuestra que el Zeus arcadio
comenzó siendo un rey sagrado hacedor de lluvia al servicio de la Loba divina,
la Luna, a la que aullan las manadas dé lobos.
2. Un Año Grande de cien meses, u ocho años solares, se dividía igualmente
entre el rey sagrado y su sucesor; y los cincuenta hijos de Licaón —
uno por cada mes del reinado del rey sagrado— eran sin duda los que comían
la sopa. La cifra de veintidós, a menos que se llegara a ella mediante
el recuento de las familias que pretendían descender de Licaón y tenían que
participar en el banquete, se refiere probablemente a los veintidós lustros de
cinco años que componían un ciclo; el ciclo de 110 años constituía el reinado
de una línea particular de sacerdotisas.
3. El mito del Diluvio de Deucalión, al parecer llevado por los hélades
desde Asia, tiene el mismo origen que la leyenda bíblica de Noé. Pero aunque
la invención del vino por Noé es el tema de una fábula moral hebrea,
en la que se justifica incidentalmente el esclavizamiento de los cananeos
por sus conquistadores casitas y semitas, la pretensión de Deucalión de
haberlo inventado fue suprimida por los griegos en favor de Dioniso. A
Deucalión se le describe, no obstante, como hermano de Ariadna, que era la
madre, por Dioniso, de varias tribus que rendían culto al vino (véase 21.8)
y ha conservado su nombre «marinero del vino nuevo» (de deucos y
halieus). En el mito de Deucalión queda registrado un diluvio mesopotamio
del tercer milenio a. de C., pero también evoca la fiesta del Nuevo Año
otoñal de Babilonia, Siria y Palestina. Esta fiesta celebraba la entrega por
Parnapishtim de vino nuevo dulce a los constructores del arca, en la que
(según la epopeya babilonia de Gilgamesh) él y su familia habían sobrevi-
196 Pausanias: x.38.1; Eustacio sobre Homero: p.1815; Apolodoro: i.7.2.
vido al diluvió enviado por la diosa Ishtar. El arca era un barco lunar (véase
123.5) y la fiesta se celebraba en la luna nueva más próxima al equinoccio
otoñal, como un medio para provocar las lluvias invernales. Ishtar, en el
mito griego, se llama Pirra, el nombre de la diosa-madre de los puresati (filisteos),
pueblo cretense que fue a Palestina pasando por Cilicia hacia el
año 1200 a. de C. En griego pyrrha significa «rojo ardiente» y es un adjetivo
aplicado al vino.
4. Xisuthros era el héroe de la leyenda sobre el diluvio armenio, anotada
por Beroso, y su arca fue a posarse en el monte Ararat. Todas estas arcas
estaban hechas con madera de acacia, que también utilizó Isis para construir
la barcaza mortuoria de Osiris.
5. El mito de un dios airado que decide castigar la maldad de los hombres
con un diluvio parecen haberlo tomado posteriormente los griegos de
los fenicios o judíos, pero el número de diferentes montañas de Grecia,
Tracia y Sicilia en las que se dice que desembarcó Deucalión indica que un
mito del diluvio antiguo se ha superpuesto a una leyenda posterior de un
diluvio en la Grecia septentrional. En la versión griega primitiva del mito,
Temis renueva la raza humana sin obtener antes el consentimiento de Zeus;
por lo tanto es lógico que a ella, y no a él, se le atribuya el Diluvio, como
en Babilonia.
6. La transformación de piedras en personas es, quizás, otro préstamo
tomado por los helenos del Oriente; San Juan Bautista se refirió a una leyenda
análoga en un juego de palabras con las hebreas banim y abanim al
declarar que Dios «puede, aun de estas piedras, levantar hijos a Abraham»
(Mateo iii.3-9, y Lucas iii.8).
7. Que una perra blanca, la diosa-Luna Hécate, pariera una cepa en el
reinado del hijo de Deucalión, Oresteo, es probablemente el más antiguo de
los mitos griegos sobre el vino. Se dice que el nombre ozoliano se deriva de
ozoi, «sarmientos» (véase 147.7). Uno de los malvados hijos de Licaón se
llamaba también Oresteo, lo que puede explicar la relación forzada que los
autógrafos han establecido entre el mito de la sopa de menudos y el Diluvio
de Deucalión.
8. Anfictión, el nombre de otro de los hijos de Deucalión, es una forma
masculina de Anfictinis, la diosa en cuyo nombre se fundó la famosa confederación
del norte, la Liga Anfictiónica; según Estrabón, Calímaco y el
escoliasta sobre el Orestes de Eurípides, la reglamentó Acrisio de Argos
(véase 73.a). Los griegos civilizados, a diferencia de los tracios disolutos,
no bebían vino puro, y su costumbre de aguarlo en la conferencia de los
Estados miembros, que se realizaba en la estación de la vendimia en Antela,
cerca de las Termopilas, sería una precaución para evitar las disputas
sanguinarias.
9. El hijo de Deucalión llamado Heleno era el antepasado epónimo de
toda la raza helena (véase 43.b); su nombre indica que era un representante
regio de la sacerdotisa de Hele, o Helén, o Helena, o Selene, la Luna. Según
Pausanias (iii.20.6), la primera tribu llamada de los helenos provenía
de Tesalia, donde se rendía culto a Hele (véase 70.8).
10. Aristóteles (Meteorológica i.14) dice que el Diluvio de Deucalión
tuvo lugar «en la Grecia antigua, a saber, en el distrito de los alrededores de
Dodona y el río Aqueloo». Graeci significa «adoradores de la Vieja», probablemente
la diosa Tierra de Dodona que aparecía en tríada como las Grayas
(véase 33.c); se ha sugerido que los aqueos se vieron obligados a invadir
el Peloponeso porque lluvias inusitadamente copiosas habían empantanado
sus dehesas. El culto de Hele (véase 62.5, 70.8 y 159.1) parece haber
desalojado el de las Grayas.
11. El escarabajo era un emblema de inmortalidad en el Bajo Egipto porque
sobrevivía a los desbordamientos del Nilo —el Faraón como Osiris se
embarcó en su nave del sol en la forma de un escarabajo— y su uso sagrado
se extendió a Palestina, el Egeo, Etruria y las islas Baleares. Antoninus
Liberalis menciona también el mito de Cerambo, o Terambo, citando a Nicandro.
39.
ATLANTE Y PROMETEO
a. Prometeo, el creador de la humanidad, a quien algunos incluyen
entre los siete Titanes, era hijo o bien del titán Eurimedonte, o
bien de Jápeto con la ninfa Clímene; sus hermanos eran Epimeteo,
Atlante y Menecio197.
b. El gigantesco Atlante, el mayor de los hermanos, conocía todas
las profundidades del mar; gobernaba en un reino con una
costa escarpada, mayor que Asia y África juntas. Esta tierra llamada
Atlántida se hallaba más allá de las Columnas de Heracles y
una cadena de islas productoras de frutos la separaba de un continente
más lejano no relacionado con los nuestros. Los habitantes
de Atlántida canalizaban y cultivaban una enorme llanura central,
alimentada con el agua de las colinas que la rodeaban por completo
excepto en una brecha frente al mar. También construían palacios
y baños, hipódromos, grandes obras portuarias y templos, y
197 Eustacio: Sobre Homero p.987; Hesíodo: Teogonía 507 y ss.; Apolodoro: i.2.3.
hacían la guerra no sólo hacia el oeste hasta el otro continente, sino
también hacia el este hasta Egipto e Italia. Los egipcios dicen
que Atlánte era hijo de Posidón, cuyos cinco pares de mellizos
varones juraron fidelidad a su hermano mediante la sangre de un
toro sacrificado en lo alto de la columna, y que al principio eran
muy virtuosos y llevaban con buen ánimo la carga de su gran riqueza
en oro y plata. Pero un día fueron presa de la codicia y la
crueldad y, con permiso de Zeus, los atenienses los vencieron sin
ayuda y destruyeron su poder. Al mismo tiempo los dioses enviaron
un diluvio que en un día y una noche sumergió a toda la
Atlántida, de modo que las obras portuarias y los templos quedaron
enterrados bajo un desierto de barro y el mar se hizo innavegable198.
c. Atlante y Menecio, quienes se salvaron, se unieron a Crono y
los Titanes en su guerra desafortunada contra los dioses olímpicos.
Zeus mató a Menecio con un rayo y lo envió al Tártaro, pero
perdonó a Atlante, a quien condenó a soportar el Cielo sobre sus
espaldas durante toda la eternidad199.
d. Atlante era padre de las Pléyades, las Híades y las Hespérides
y ha sostenido el Cielo desde entonces, salvo en una ocasión,
cuando Heracles le sustituyó temporalmente en esa tarea. Algunos
dicen que Perseo petrificó a Atlante convirtiéndolo en el monte
Atlas mostrándole la cabeza de la Gorgona, pero olvidan que Perseo
era, según la opinión común, un antepasado lejano de Heracles200.
e. Prometeo, que era más juicioso que Atlante, previo el resultado
de la rebelión contra Crono por lo que prefirió luchar del lado
de Zeus, y persuadió a Epimeteo para que hiciera lo mismo.
Era, en verdad, el más sabio de su raza, y Atenea, a cuyo nacimiento
de la cabeza de Zeus había asistido, le enseñó la arquitectura,
la astronomía, las matemáticas, la navegación, la medicina,
la metalurgia y otras artes útiles, que él transmitió a la humanidad.
Pero Zeus, que había decidido extirpar a toda la raza humana, y
198 Platón: Timeo 6 y Critias 9-10.
199 Homero: Odisea i.52.11; Hesíodo: loc. cit.; Higinio: Fábula 150.
200 Diodoro Sículo: iv.27; Apolodoro: ii.5.11; Ovidio: Metamorfosis iv.630.
sólo la perdonó gracias a la súplica apremiante de Prometeo, estaba
irritado por sus crecientes facultades y aptitudes201.
f. Un día se produjo en Sición una disputa sobre qué partes de
un toro sacrificado se debían ofrecer a los dioses y cuáles se debían
reservar a los hombres, y se invitó a Prometeo a actuar como
arbitro. Él desolló y descuartizó un toro y luego cosió su piel y
formó con ella dos sacos de boca ancha que llenó con lo que había
cortado. Un saco contenía toda la carne, pero ésta la ocultó bajo el
estómago, que es la parte menos apetecible de cualquier animal;
el otro contenía los huesos, ocultos bajo una espesa capa de grasa.
Cuando ofreció a Zeus los dos sacos para que eligiera, Zeus, fácilmente
engañado, eligió el que contenía los huesos y la grasa
(que siguen siendo la porción divina), pero castigó a Prometeo,
que se reía de él a sus espaldas, privando a los hombres del fuego.
«¡Que coman las carne cruda!», exclamó202.
g. Prometeo fue inmediatamente a ver a Atenea y le pidió que
lo dejara entrar secretamente en el Olimpo, cosa que ella le concedió.
Una vez allí, encendió una antorcha en el carro ígneo del
Sol y luego arrancó de éste un fragmento de carbón vegetal incandescente
que metió en el hueco formado por la médula de una
cañaheja. Luego apagó la antorcha, salió a hurtadillas y entregó el
fuego a la humanidad203.
h. Zeus juró vengarse. Ordenó a Hefesto que hiciera una mujer
de arcilla, a los cuatro Vientos que le insuflaran la vida y a todas
las diosas del Olimpo que la adornaran. Y envió a esa mujer, Pandora,
la más bella jamás creada, como regalo a Epimeteo, bajo la
custodia de Hermes. Pero Epimeteo, a quien su hermano advirtió
que. no debía aceptar el resalo de Zeus, se excusó respetuosamente.
Más enfurecido aún que antes, Zeus hizo encadenar a Prometeo
desnudo a una columna de las montañas del Caucase, donde
un buitre voraz le desgarraba el hígado durante todo el día un año
tras otro; el tormento no tenía fin, porque cada noche (durante la
cual Prometeo estaba expuesto al frío y la escarcha) el hígado
201 Esquilo: Prometeo encadenado 218, 252, 445 y ss., 478 y ss. y 228-36.
202 Hesíodo: Teogonía 521-64; Luciano: Diálogos de los Dioses 1 y Prometeo en el Cáucaso 3.
203 Servio sobre las Églogas de Virgilio vi .42.
volvía a crecer hasta estar nuevamente entero.
i. Pero Zeus, poco dispuesto a confesar que se había mostrado
vengativo, excusaba su crueldad haciendo circular una falsedad:
decía que Atenea había invitado a Prometeo al Olimpo para tener
con él un amorío secreto.
j. Epimeteo, alarmado por la suerte de su hermano, se apresuró
a casarse con Pandora, a la que Zeus había hecho tan tonta, malévola
y perezosa como bella, la primera de una larga casta de mujeres
como ella. Poco tiempo después abrió una caja que según le
había advenido Prometeo a Epimeteo, debía mantener cerrada, y
en la cual le había costado gran trabajo encerrar todos los Males
que podían infestar a la humanidad, como la Vejez, la Fatiga, la
Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión. Todos ellos salieron
de la caja en forma de una nube, hirieron a Epimeteo y Pandora
en todas las partes de sus cuerpos y luego atacaron a la raza de los
mortales. Sin embargo, la Esperanza Engañosa, a la que también
había encerrado Prometeo en la caja, les disuadió con sus mentiras
de que cometieran un suicidio general204.
*
1. Los mitógrafos posteriores interpretaban a Atlante como una simple
personificación del monte Atlas en el noroeste de África, cuya cumbre parecía
sostener el firmamento, pero para Homero las columnas en que soportaba
el firmamento se hallaban lejos en el océano Atlántico, y más tarde
Herodoto las llamó así en su honor. Comenzó, quizá, como el Titán del segundo
día de la semana, que separó las aguas del firmamento de las de la
tierra. La mayor parte de la lluvia llega a Grecia del Atlántico,
especialmente cuando salen las hijas-estrellas de Atlante, las Híades, lo que
explica en parte por qué su hogar estaba en el oeste. Heracles le quitó el
Cielo de los hombres en dos sentidos (véase 133 3-4 y 123.4).
2. La leyenda egipcia de la Atlántida —también corriente en los cuentos
tradicionales a lo largo de la costa del Atlántico desde Gibraltar hasta las
Hébridas, y entre los yorubas del África Occidental— no debe ser descartada
como pura fantasía y parece datar del tercer milenio a. de C Pero la versión
de Platón, que según él, comunicaron a Solón sus amigos los sacerdotes
libios de Sais en el Delta, ha sido injertada, al parecer, en una tradición
204 Hesíodo: Trabajos y Días 42-105 y Teogonía 565-616; Escoliasta sobre Apolonio de Rodas
ii.1249.
posterior: cómo los cretenses minoicos, que habían extendido su influencia
hasta Egipto e Italia, fueron vencidos por una confederación helénica encabezada
por Atenas (véase 98.1), y cómo, quizás a consecuencia de un terremoto
submarino, las enormes obras portuarias construidas por los keftios
(«pueblo del mar», o sea los cretenses y sus aliados) en la isla de Faros
(véase 27.7 y 169.6), se hundieron bajo varias brazas de agua, donde recientemente
han sido redescubiertos por los buzos. Esas obras consistían en
una dársena exterior y otra interior que juntas abarcaban unos doscientos
cincuenta acres (Gastón Jondet: Les Ports submergés de l'ancienne ile de
Pharos, 1916). Esta identificación de la Atlántida con Faros explicaría por
qué Atlas es descrito a veces como hijo de Jápeto —el Jafet del Génesis a
quien los hebreos llamaban hijo de Noé y consideraban antepasado de la
confederación de la gente del mar— y otras veces como hijo de Posidón,
patrono de los navegantes griegos. Noé es Deucalión (véase 38.c) y, aunque
en el mito griego Jápeto aparece como abuelo de Deucalión, esto podría
significar, sencillamente, que era el antepasado epónimo de la tribu cananea
que llevó la leyenda mesopotámica del diluvio, más bien que la adántica, a
Grecia. Varios detalles del relato de Platón, como el sacrificio de toros en
columnas y las instalaciones de agua caliente y fría en el palacio de Atlante,
aseguran que los descritos son cretenses y no miembros de otra nación.
Como Atlánte, los cretenses «conocían todas las profundidades del mar».
Según Diodoro (v. 3), cuando la mayoría de los habitantes de Grecia fueron
destruidos por el gran diluvio, los atenienses olvidaron que habían fundado
Sais en Egipto. Ésta parece ser una manera confusa de decir que después
del hundimiento de las obras del puerto de Faros los atenienses olvidaron
los vínculos religiosos que los unían con la ciudad de Sais, donde se rendía
culto a la misma diosa libia Neith, o Atenea, o Tanit.
3. La versión de Platón se hace confusa a causa de su información acerca
del gran número de elefantes que había en la Atlántida, lo que puede referirse
a la gran importación de marfil que se hacía en Grecia por la vía de
Faros, pero tal vez haya sido tomada de la leyenda más antigua. El lugar
donde estaba la legendaria Atlántida ha sido tema de numerosas teorías, si
bien la influencia de Platón ha concentrado naturalmente la atención popular
en el océano Atlántico. Hasta recientemente se suponía que la cordillera
atlántica (que se extiende desde Islandia hasta las Azores y luego se inclina
hacia el sudeste hasta las islas Ascensión y Tristán da Cunha) era sus restos;
pero los estudios oceanográficos demuestran que, aparte de esos picos,
toda la cordillera ha estado bajo el agua durante por lo menos sesenta millones
de años. Sólo se sabe de una gran isla habitada del Atlántico que ha
desaparecido: la meseta llamada ahora Dogger Bank. Pero los huesos y
utensilios recogidos con redes demuestran que el desastre se produjo en la
época paleolítica, y es mucho menos probable que la noticia de su desaparición
la llevaran a Europa unos supervivientes que navegaran a la deriva
por aquella gran extensión de agua a la que el recuerdo de una catástrofe
diferente fuese llevada a la costa del Atlántico por los inmigrantes neolíticos
muy civilizados provenientes de Libia, conocidos habitualmente como
constructores de tumbas en galería.
4. Éstos eran agricultores y llegaron a Gran Bretaña hacia fines del tercer
milenio a. de C., pero no se ha dado explicación alguna de su movimiento
en masa hacia el oeste por Túnez y Marruecos hasta la España meridional y
luego hacia el norte hasta Portugal y más allá. Según la leyenda galesa de la
Atlántida sobre los desaparecidos Cantrevs de Dyfed (imposiblemente situados
en la Bahía de Cardigan) una fuerte oleada derribó los malecones y
destruyó dieciséis ciudades. La irlandesa Hy Brasil, la bretona ciudad de
Ys, la región de Lyonesse en Cornualles (imposiblemente situada entre
Cornualles y las islas Scilly), la francesa Ile Verte y la portuguesa Ilha Verde
son todas variantes de esta leyenda. Pero si lo que los sacerdotes egipcios
dijeron realmente a Solón fue que el desastre se produjo en el Lejano
Oeste y que los sobrevivientes fueron «más allá de las Columnas de Heracles
», la Atlántida puede ser identificada fácilmente.
5. Es la región de los Atlantes, mencionada por Diodoro Sículo (véase
131.m) como un pueblo muy civilizado que vivía al oeste del lago Tritonis
y al que las amazonas libias, es decir las tribus matriarcales descritas posteriormente
por Herodoto, arrebataron la ciudad de Cerne. A la leyenda de
Diodoro no se la puede fechar arqueológicamente, pero él la hace preceder
a la invasión libia de las islas del Egeo y de Tracia, acontecimiento que no
pudo haberse producido después del tercer milenio a. de C. Por lo tanto, si
la Atlántida era la Libia occidental, las inundaciones que la hicieron desaparecer
pueden haberse debido a una lluvia fenomenal como la que causó
los famosos diluvios mesopotamio y ogigiano (véase 38.3-5), o a una marea
alta con un fuerte viento del noroeste, como la que se llevó una gran
parte de los Países Bajos en los siglos XII y XIII y formó el Zuider Zee205,
o a un hundimiento de la región costera. En efecto, la Atlántida puede
haberse hundido al formarse el lago Tritonis (véase 8.a), el cual, según parece,
abarcaba en un tiempo varios millares de millas cuadradas de las tierras
bajas libias, y quizá se extendía hacia el norte hasta el golfo occidental
de Sirte, al que el geógrafo Escilax llamó «el golfo de Tritonis», y donde
los peligrosos arrecifes indican que existía una cadena de islas de las que
sólo sobreviven Jerba y Kerkennahs.
6. La isla que quedó en el centro del lago mencionado por Diodoro (véase
131.1) era quizá la Chaamba Bou Rouba en el Sahara. Diodoro parece
referirse a esa catástrofe cuando dice en su relato de las Amazonas y los
Atlantes (iii.55): «Y se dice que, como consecuencia de terremotos, las partes
de Libia cercanas al océano sumergieron al lago Tritonis y lo hicieron
205 Desde que se escribió esto la historia se ha repetido desastrosamente.
desaparecer.» Como el lago Tritonis todavía existía en su época, lo que le
dijeron probablemente fue que «como consecuencia de terremotos en el
Mediterráneo occidental el mar sumergió a parte de Libia y formó el lago
Tritonis». Tanto el Zuider como el lago Copaic han sido entarquinados y el
lago Tritonis, que, según Escilax, todavía cubría novecientas millas cuadradas
en la época clásica, se ha reducido a las marismas de Chott Melghir y
Chott el Jerid. Si allí estuvo la Atlántida, algunos de los agricultores desalojados
fueron por el oeste a Marruecos, otros hacia el sur a través del Sahara,
y otros por el este a Egipto y más allá, llevando con ellos su fábula;
unos pocos se quedaron a las orillas del lago. Los elefantes de que habla
Platón pueden muy bien haberse hallado en ese territorio, aunque la costa
montañosa de la Atlántida pertenece a Creta, lugar que los egipcios, que
aborrecían el mar, conocían sólo de oídas.
7. Los cinco pares de hijos gemelos de Posidón que juraron fidelidad a
Atlante deben de haber sido representantes en Faros de los reinos «Keftiu»
aliados de los cretenses. En la época micénica la norma era la doble soberanía:
en Esparta reinaban Castor y Pólux; en Mésenia, Idas y Linceo; en
Argos, Preto y Acrisio; en Tirinto, Heracles e Ificles; en Tebas, Eteocles y
Polinices. Los hijos de Posidón mostraron codicia y crueldad solamente
después de la caída de Cnosos, cuando la integridad comercial decayó y los
mercaderes se convirtieron en piratas.
8. El nombre de Prometeo, «previsión», puede haber tenido su origen en
una interpretación griega errónea de la palabra sánscrita pramantha, la esvástica,
o taladro de fuego, que se suponía había inventado él, pues en Thurii
se representaba a Zeus Prometeo sosteniendo un taladro de fuego. Prometeo,
el héroe popular indo-europeo, se confundió con el héroe cario Palamedes,
el inventor o distribuidor de todas las artes civilizadas (bajo la
inspiración de la diosa); y con el dios babilonio Ea, quien alegaba haber
creado un hombre magnífico con la sangre dé Kingu (una especie de Crono),
en tanto que la diosa-Madre Aruru creó un hombre inferior con arcilla.
Los hermanos Pramanthu y Manthu que aparecen en la Bhágavata Purána,
una epopeya sánscrita, pueden ser prototipos de Prometeo y Epimeteo
(«idea tardía»); pero lo que dice Hesíodo sobre Prometeo, Epimeteo y Pandora
no es un mito auténtico, sino una fábula antifeminista, probablemente
inventada por él, aunque se basa en la fábula de Demofonte y Fílide (véase
169.j). Pandora («la que da todo») era la diosa Tierra, Rea, adorada con ese
título en Atenas y en otras partes (Aristófanes: Aves 971; Filóstrato: Vida
de Apolonio de Tiana vi.39), a la que el pesimista Hesíodo culpa de la mortalidad
del hombre y de todos los males que acosan a la vida, así como de
la manera de conducirse frívola e indecorosa de las esposas. Su fábula sobre
la división del toro tampoco es mítica, sino una anécdota cómica inventada
para explicar el castigo de Prometeo y la anomalía de ofrecer a los dioses
solamente los fémures y la grasa del animal sacrificado. En el Génesis
se explica la santidad de los fémures con la cojera de Jacob, que le infligió
un ángel durante una lucha a brazo partido. El cántaro (no la caja) de Pandora
contenía originalmente almas aladas.
9. Los isleños griegos todavía llevan el fuego de un lugar a otro en el
hueco de una cañaheja, y el encadenamiento de Prometeo en el Cáucaso
puede ser una leyenda recogida por tos helenos al emigrar desde el mar
Caspio a Grecia: de un gigante de hielo recostado en la nieve de las altas
cumbres y acompañado por una bandada de buitres.
10. Los atenienses se esforzaban por negar que su diosa tomó con»
amante a Prometeo,, lo que indica que se le había identificado localmente
con Hefesto, otro dios del fuego e inventor, del que se refería la misma fábula
(véase 25.b) porque compartía un templo de la Acrópolis con Atenea,
11. Menecio («fuerza arruinada») es un rey sagrado del culto del roble;
el nombre se refiere quizás a su mutilación ritual (véase 7.1 y 50.2).
12. En tanto que la esvástica de movimiento a la derecha es un símbolo
del sol, la del movimiento a la izquierda es un símbolo de la luna. Entre los
akan del África Occidental, un pueblo de ascendencia libio-beréber (véase
Introducción) representa a la diosa triple Ngame.
40.
EOS
a. Cuando termina cada noche, Eos, la de los dedos rosados y la
túnica de color de azafrán, hija de los titanes Hiperión y Tía, se
levanta de su lecho en el oriente, monta en su carro tirado por los
caballos Lampo y Faetonte y se dirige al Olimpo, donde anuncia
la aproximación de su hermano Helio. Cuando aparece Helio se
convierte en Hémera y lo acompaña en su viaje hasta que, como
Hesperia, anuncia su llegada, sanos y salvos, a las costas occidentales
del océano206.
b. Afrodita se enojó en una ocasión al encontrar a Ares en el lecho
de Eos y la maldijo con un deseo constante de los mortales
jóvenes, a los que inmediatamente comenzó a seducir uno tras
otro secreta y vergonzosamente. El primero fue Orion, el siguiente
Céfalo, y luego Clito, nieto de Melampo; aunque se casó con
206 Homero: Odisea v.i y xxiii.244-6; Teócrito: Idilios ii.148.
Astreo, que pertenecía a la raza de los Titanes y con quien tuvo no
sólo a los vientos norte, oeste y sur, sino también a Eósforo y, según
dicen algunos, a todas las otras estrellas del firmamento207.
c. Finalmente, Eos se llevó a Ganimedes y Titono, hijos de Tros
o Ilo. Cuando Zeus le quitó a Ganimedes, ella le suplicó que concediera
a Titono la inmortalidad, a lo que él asintió. Pero Eos se
olvidó de pedir también la juventud perpetua, don que consiguió
Selene para Endimión, y Titono se hacía cada día más viejo, más
canoso y más encogido, su voz se hizo chillona y cuando Eos se
cansó de cuidarle lo encerró en su dormitorio, donde se convirtió
en una cigarra208.
*
1. La doncella de la Aurora era una fantasía helena aceptada de mala gana
por los mitógrafos como Titánide de la segunda generación; su carro de
dos caballos y su anuncio de la llegada del sol son alegorías más bien que
mitos.
2. Los amoríos constantes de Eos con jóvenes mortales son también alegorías:
la aurora trae a los amantes de medianoche una renovación de la
pasión erótica y es el momento en que más habitualmente los hombres
mueren de fiebre. La alegoría de su unión con Astreo es sencilla: las estrellas
se funden con la aurora en el oriente y Astreo, el viento del amanecer,
sopla como si fuera su emanación. Luego, porque se sostenía que el viento
era un agente fertilizante, Eos se convirtió en la madre por Astreo, del Lucero
del Alba, que quedaba solo en el firmamento. (Astreo era otro nombre
de Céfalo, de quien también se dice que engendró con ella al Lucero del
Alba.) De ello se deducía filosóficamente que, puesto que el Lucero de la
Tarde es idéntico al Lucero de la Mañana, y puesto que el Atardecer es la
última aparición de la Aurora, todas las estrellas tienen que haber nacido de
Eos, y por lo tanto todos los vientos tienen que ser el viento de la aurora.
Pero esta alegoría se contradice con el mito de la creación de Bóreas por la
diosa Luna, Eurínome (véase 1.1).
3. En el arte griego Eos y Hémera son personajes indistinguibles. El alegorista
hace que Titono signifique «una concesión de prolongarse» (de teiño
y oñe), referencia a la prolongación de su vida por petición de Eos, pero
207 Apolodoro: i.4.4; Homero: Odisea xv.250; Hesíodo: Teogonía 378-82.
208 Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: iii.115; Himno homérico a Afrodita 218-38;
Hesíodo: Teogonía 984; Apolodoro: iii.12.4; Horacio: Odas iii.20; Ovidio: Fasti i.461.
es probable que sea más bien una forma masculina del nombre de Eos, Titoné
—de tito, «día» (Tzetzes: Sobre Licofrón 941) y one, «reina»— y que
haya significado «compañero de la Reina del Día». Las cigarras entran en
actividad tan pronto como aumenta el calor del día, y la cigarra de oro era
un emblema de Apolo como el dios Sol entre los colonos griegos de Asia
Menor.
41.
ORION
a. Orion, cazador de Hiria, en Beocia, y el más bello de los
hombres vivientes, era hijo de Posidón y Euríale. Un día fue a
Hiria, en Quíos, y se enamoró de Mérope, hija de Enopión, hijo
de Dioniso. Enopión había prometido a Orion que le daría a Mérope
en matrimonio si liberaba a la isla de las peligrosas fieras
que la infestaban; él se dedicó a hacer eso, y todas las noches llevaba
las pieles a Mérope. Pero cuando por fin terminó su trabajo y
la reclamó como esposa, Enopión le dijo que circulaban rumores
de que todavía se escondían leones, osos y lobos en las montañas
y se negó a entregarle su hija; la realidad era que él mismo estaba
enamorado de ella.
b. Una noche Orion, disgustado, bebió un odre de vino de Enopión,
lo que le inflamó de tal modo que irrumpió en el dormitorio
de Mérope y la obligó a acostarse con él. Cuando llegó la aurora
Enopión invocó a su padre Dioniso, quien envió a unos sátiros para
que invitaran a Orion a beber más vino, hasta que quedó dormido;
entonces Enopión le sacó los dos ojos y los arrojó a la orilla
del mar. Un oráculo anunció que el ciego recobraría la vista si
viajaba hacia el oriente y volvía las cuencas de los ojos hacia
Helio en el punto en que se eleva del océano. Inmediatamente
Orion remó mar adentro en una pequeña embarcación y, siguiendo
el sonido del martillo de un Cíclope, llegó a Lemnos. Allí entró
en la fragua de Hefesto, se apoderó de un aprendiz llamado
Cedalión y se lo llevó a hombros como guía. Cedalión condujo a
Orion por tierra y mar, hasta que por fin llegó a la parte más lejana
del océano, donde Eos se enamoró de él y su hermano Helio le
devolvió la vista.
c. Después de visitar Délos en compañía de Eos, Orion volvió
para vengarse de Enopión, al que, sin embargo, no pudo encontrar
en ninguna parte de Quíos porque estaba oculto en una cámara
subterránea que le había construido Hefesto. Se embarcó para
Creta, adonde creía que podía haber huido Enopión en busca de la
protección de su abuelo Minos, y se encontró con Artemis. quien
compartía con él su afición a la caza. Ella no tardó en convencerle
para que olvidara su venganza y en cambio saliese a cazar con
ella209.
d. Ahora bien, Apolo sabía que Orion no había rechazado la invitación
de Eos a acostarse con ella en la isla santa de Délos —la
Aurora se ruboriza todavía a diario recordando esa indiscreción—
y, además, se jactaba de que libraría toda la tierra de fieras y
monstruos. Temiendo, por lo tanto, que su hermana Ártemis fuese
tan enamoradiza como Eos, Apolo apeló a la Madre Tierra y, repitiendo
chismosamente la jactancia de Orion, consiguió que un escorpión
monstruoso lo persiguiera. Orion atacó al escorpión, primeramente
con flechas, luego con su espada, pero, viendo que su
coraza resistía cualquier arma mortal, se sumergió en el mar y nadó
en dirección a Délos, donde esperaba que le protegiera Eos.
Entonces Apolo fue a ver a Artemis y le dijo: «¿Ves ese objeto
negro que se mueve en el mar, allá lejos, cerca de Ortigia? Es la
cabeza de un malvado llamado Candaor que acaba de seducir a
Opis, una de tus sacerdotisas hiperbóreas. Te desafío a que le
atravieses con una flecha». Ahora bien, Candaor era el apodo
beocio de Orion, aunque Artemis no lo sabía. Apuntó cuidadosamente,
disparó y, al salir nadando a cobrar su presa, se encontró
con que había traspasado la cabeza a Orion. Con gran pesar, suplicó
a Asclepio, hijo de Apolo, que lo resucitara, y éste consintió,
pero lo mató un rayo de Zeus antes de que pudiera realizar su tarea.
Entonces Artemis puso la imagen de Orion entre las estrellas,
perseguido eternamente por Escorpión; su alma había descendido
ya a los Campos de Asfódelos.
209 Homero: Odisea xi.310; Apolodoro: i.4.3-4; Partenio: Fábulas amorosas 20; Luciano: Sobre el Salón
28; Teón: Sobre Arato 638; Higinio: Astronomía poética ii.34.
e. Algunos dicen, no obstante, que el escorpión picó a Orion
mortalmente y que Artemis estaba enojada con él porque había
perseguido amorosamente a sus compañeras vírgenes, las siete
Pléyades, hijas de Atlante y Pléyone. Ellas huyeron a través de las
praderas de Beocia, hasta que los dioses las transformaron en palomas
y pusieron sus imágenes entre las estrellas. Pero ésta es una
información errónea, pues las Pléyades no eran vírgenes: tres de
ellas habían yacido con Zeus, dos con Posidón, una con Ares y la
séptima estaba casada con Sísifo de Corinto y no fue incluida en
la constelación porque Sísifo era un mero mortal210.
f. Otros relatan la siguiente extraña fábula sobre el nacimiento
de Orion, para explicar su nombre (que a veces se escribe Urión)
y la tradición de que era hijo de la Madre Tierra. Hirieo, un apicultor
y labrador pobre, había jurado que no tendría hijos y se
hizo viejo e impotente. Un día en que Zeus y Hermes le visitaron
disfrazados, él les acogió hospitalariamente y ellos le preguntaron
qué era lo que más deseaba. Hirieo suspiró profundamente y contestó
que lo que más deseaba, a saber, tener un hijo, era ya imposible.
Pero los dioses le dijeron que sacrificase un toro, orinase en
su piel y luego la enterrase en la tumba de su esposa. Él lo hizo y
nueve meses después le. nació un hijo al que llamó Urión, «el que
orina», y ciertamente tanto la salida como la puesta de la constelación
llamada Orion traen consigo la lluvia211.
*
1. La fábula de Orion se compone de tres o cuatro mitos inconexos y ensartados
unos con otros. El primero, expuesto de manera confusa, es el de
Enopión. Éste se refiere a la renuencia de un rey sagrado a abandonar su
trono a la terminación de su período, ni siquiera cuando el nuevo candidato
a la dignidad real había ya librado los combates rituales y se había casado
con la reina, con los acostumbrados festejos. Pero el nuevo rey es sólo un
interrex que, después de reinar un día, es debidamente asesinado y devorado
por las Ménades (véase 30.1); el rey anterior, que ha estado fingiéndose
muerto en una tumba, vuelve a casarse entonces con la reina y continúa su
210 Apolodoro: loc. cit.
211 Servio sobre la Eneida de Virgilio i.539; Ovidio: Fasti 5.537 y ss.; Higinio: Astronomía poética
ii.34.
reinado (véase 123.4).
2. El detalle que no viene al caso del martillo del Cíclope explica la ceguera
de Orion: una descripción mitológica de Odiseo chamuscando el ojo
del Cíclope borracho (véase 170.d) se ha combinado, al parecer, con una
alegoría helena: cómo el titán Sol es cegado cada noche por sus enemigos,
pero le devuelve la vista la siguiente Aurora. Orion («el habitante de la
montaña») e Hiperión («el habitante en lo alto») son, en realidad, identificados
en esta versión. La jactancia de Orion de que exterminaría las fieras
no solo se refiere a sus combates rituales (véase 123.1), sino que además es
una fábula del sol naciente, al aparecer el cual todas las fieras se retiran a
sus guaridas (compárese con Salmo civ.22).
3. El relato de Plutarco sobre el escorpión enviado por el dios Set para
matar al niño Horus, hijo de Isis y Osiris, en la parte más calurosa del verano,
explica la muerte de Orion por la picadura del escorpión y la súplica de
Ártemis a Asclepio (Plutarco: Sobre Isis y Osiris 191. Horus murió, pero
Ra, el dios Sol, le resucitó y más tarde vengó la muerte de su padre, Osiris;
en el mito original también debía resucitar Orion. Éste es en parte, asimismo.
Gilgamesh. el Heracles babilonio, al que atacan los hombres escorpiones
en la Décima Tablilla de la epopeya del calendario, mito relacionado
con la herida mortal del rey sagrado al salir el Sol en Escorpión. En qué
estación exactamente se producía esa herida depende de la antigüedad del
mito; en el origen del Zodíaco, Escorpión era probablemente un signo de
agosto, pero en la época clásica la precisión de los equinoccios lo había
adelantado a octubre.
4. Otra versión de la muerte de Orion se registra en una de las tablillas
hititas de Ras Shamra. Anat, o Anatha, la diosa de la Batalla, se enamoró de
un bello cazador llamado Aqhat, y cuando él se negó ofensivamente a entregarle
su arco, pidió al sanguinario Yatpan que se lo robara. Con gran pesar
de ella, el torpe Yatpan no sólo mató a Aqhat, sino que además dejo
caer el arco en el mar. El significado astronómico de este mito es que Orion
y el Arco —una parte de la constelación a la que los griegos llamaban «El
Perro»— se hunden bajo el horizonte meridional durante dos meses enteros
cada primavera. En Grecia esta fábula parece haber sido adaptada a una
leyenda sobre como las sacerdotisas orgiásticas de Ártemis —Opis era el
título de Ártemis— mataron a un enamorado que visitaba su islote de Ortigia.
Y en Egipto, como la vuelta de la constelación de Orion trae consigo el
calor del verano, se la identificaba confusamente con Set, el enemigo de
Horus, y las dos estrellas brillantes que aparecen sobre él eran sus orejas de
asno.
5. El mito del nacimiento de Orion es quizá más que un cuento cómico
modelado de acuerdo con el de Filemón y Baucis (Ovidio: Metamorfosis
viii.670-724), y relatado para explicar la primera sílaba de su antiguo nombre
Urión, como si se derivase de ourein, «orinar», y no de ouros, la forma
homérica de oros, «montaña». Pero un encantamiento africano primitivo
para producir la lluvia, que consiste en orinar en una piel de toro, puede
haber sido conocido por los griegos; y que Orion era hijo de Posidón, el
dios del agua, es una clara alusión a su poder de producir la lluvia.
6. El nombre de las Pléyades, de la raíz plei, «navegar». se refiere a su
aparición en la estación en que se acerca el buen tiempo para navegar. Pero
la forma Peleiades de Píndaro, que significa «bandada de palomas», era
quizá la original, puesto que las Híades son cochinillos. Parece ser que una
séptima estrella del grupo se extinguió hacia el final del segundo milenio a.
de C. (véase 67.j); pues Higinio (Fábula 192) dice que Electra desapareció
apesadumbrada por la destrucción de la casa de Dárdano. La inútil persecución
de las Pléyades por Orion, que se da en la constelación de Tauro, se
refiere a su aparición sobre el horizonte un poco antes de la reaparición de
Orion.
42.
HELIO
a. Helio, hijo de Eurifesia o Tía, la de ojos de vaca, y el Titán
Hiperión, es hermano de Selene y Eos. Despertado por el canto
del gallo, que le está consagrado, y anunciado por Eos, recorre
diariamente el firmamento en su carro tirado por cuatro caballos
desde un palacio magnífico en el lejano oriente, cerca de Cólquide,
hasta un palacio igualmente magnífico situado en el lejano
oeste, donde sus caballos desenganchados pacen en las Islas de
los Bienaventurados212. Navega de vuelta a su hogar a lo largo del
océano que fluye alrededor del mundo, embarcando su carro y sus
caballos en un transbordador dorado hecho para él por Hefesto y
duerme durante toda la noche en un camarote cómodo213.
b. Helio puede ver todo lo que sucede en la tierra, pero no es
muy buen observador; en una ocasión ni siquiera advirtió el robo
de su ganado sagrado por los compañeros de Odiseo. Tiene varios
212 Himno homérico a Helios 2 y 9-16; Himno homérico a Atenea 13; Hesíodo: Teogonía 371-4; Pausanias:
v.25.5; Nono: Dionisíacas xii.l; Ovidio: Metamorfosis ii.l y ss. y 106 y ss.; Higinio: Fábula 183;
Ateneo: vii.296.
213 Apolodoro: ii.5.10; Ateneo: xi.39.
rebaños de ese ganado, cada uno de los cuales se compone de
trescientas cincuenta cabezas. Los que están en Sicilia se hallan a
cargo de sus hijas Faetusa y Lampecia, pero mantiene su rebaño
mejor en la isla española de Eriteya214. Rodas es su dominio absoluto.
Sucedió que cuando Zeus otorgaba islas y ciudades a los diversos
dioses se olvidó de incluir a Helio entre ellos y exclamó:
«¡Ay!, ahora tendré que comenzar todo de nuevo».
—No, señor —le replicó Helio cortésmente—, hoy he observado
señales de una nueva isla que emerge del mar al sur del Asia
Menor. Ya me contentaré con eso.
c. Zeus llamó a la parca Láquesis para que fuese testigo de que
la nueva isla pertenecería a Helio215, y cuando Rodas emergió claramente
de las aguas, Helio la reclamó y engendró allí siete hijos
y una hija con la ninfa Rodo. Algunos dicen que Rodas existía antes
de esa época y volvía a emerger de las aguas después de haber
sido sumergida por el gran diluvio enviado por Zeus. Los telquines
eran sus habitantes aborígenes y Posidón se enamoró de uno
de ellos, la ninfa Halia, con quien engendró a Rodo y seis hijos.
Esos seis hijos insultaron a Afrodita cuando pasó de Citera a Pafos,
y ella hizo que enloquecieran; violaron a su madre y cometieron
otros delitos tan detestables que Posidón los hundió bajo tierra
y se convirtieron en los Demonios Orientales. Pero Halia se arrojó
al mar y fue deificada como Leucótea, aunque la misma fábula se
relata de Ino, madre del corintio Melicertes. Los telquines, previendo
el diluvio, se alejaron por el mar en todas direcciones, especialmente
con destino a Licia, y abandonaron sus derechos sobre
Rodas. En consecuencia, la ninfa Rodo quedó como la única
heredera y los siete hijos que tuvo con Helio gobernaron la isla
después de su reaparición. Llegaron a ser astrónomos famosos y
tenían una hermana llamada Electriona que murió virgen y ahora
se le rinde culto como semidiosa. Uno de ellos, llamado Actis, fue
desterrado por fratricidio y huyó a Egipto, donde fundó la ciudad
de Heliópolis y fue el primero que enseñó a los egipcios la astrología,
inspirado por su padre Helio. Los rodios construyeron en-
214 Homero: Odisea xii.323 y 375; Apolodoro: i.6.1; Teócrito: Idilios xxv.130.
215 Píndaro: Odas olímpicas vii.54 y ss.
tonces el Coloso, de setenta codos de altura, en su honor. Zeus
agregó también a los dominios de Helio la nueva isla de Sicilia,
que había sido un proyectil lanzado en la guerra con los gigantes.
d. Una mañana Helio cedió a los ruegos de su hijo Faetonte
quien le molestaba constantemente pidiéndole permiso para conducir
el carro del Sol. Faetón te quería mostrar a sus hermanas
Proto y Clímene que era un muchacho estupendo; y su cariñosa
madre Rodo (cuyo nombre es inseguro porque se la ha llamado
con los nombres de sus dos hijas y el de Rodo) le animó a hacerlo.
Pero como no era lo bastante fuerte como para frenar la carrera de
los caballos blancos que sus hermanas habían uncido al carro,
Faetonte los condujo primeramente a tan gran altura sobre la tierra
que todo el mundo se puso a temblar, y luego tan cerca de la
tierra que abrasó los campos. Zeus, en un arrebato de ira, lo mató
con un rayo y cayó en el río Po. A sus afligidas hermanas las
transformó en álamos que se alzan en sus orillas y lloran lágrimas
de ámbar; o, según dicen algunos, en alisos216.
*
1. La subordinación del Sol a la Luna, hasta que Apolo usurpó el puesto
de Helio e hizo de él una deidad intelectual, es una característica notable
del mito griego primitivo. Helio no era ni siquiera un olímpico, sino un
simple hijo de un Titán; y, aunque Zeus tomó luego ciertas características
solares del dios hitita y corintio Tesup (véase 67.1) y de otros dioses orientales,
éstas carecían de importancia en comparación con su dominio del
trueno y el rayo. El número de animales vacunos de los rebaños de Helio
—la Odisea lo llama Hiperión (véase 170.t)— es un recuerdo de la tutela
que ejercía sobre él la Gran Diosa: era el número de días que abarcaban
doce lunaciones completas, como en el año numano (Censorino: xx) menos
los cinco días consagrados a Osiris. Isis. Set, Horus y Neftis. Es también un
múltiplo de los números lunares cincuenta y siete. Las llamadas hijas de
Helio son en realidad sacerdotisas de la Luna, pues las reses vacunas son
animales lunares más bien que solares en el mito europeo primitivo; y la
madre de Helio, la Eurifesia (véase p. 177) de los ojos de vaca, es la diosa
Luna misma. La alegoría de un carro del sol que recorre el firmamento tiene
carácter helénico, pero Nilsson, en su Primitive Time Reckoning (1920),
216 Escoliasta sobre Odas olímpicas de Píndaro vi.78; Tzetzes: Millares iv.137; Higinio: Fábulas 52,
152 y 154; Eurípides: Hipólito 737; Apolonio de Rodas: iv.598 y ss.; Luciano: Diálogos de los Dioses 25;
Ovidio: Metamorfosis i.755 y ss.; Virgilio: Églogas vi.62; Diodoro Sículo: v.3; Apolodoro: i.4.5.
ha demostrado que los cultos de los clanes ancestrales inclusive de la Grecia
clásica, se regulaban por la luna únicamente, lo mismo que la economía
agrícola de la Beocia de Hesíodo. Un anillo de oro de Tirinto y otro de la
Acrópolis de Micenas prueban que la diosa gobernaba tanto a la luna como
al sol, que aparecen colocados sobre su cabeza.
2. En la fábula de Faetonte, que es otro nombre de Helio (Homero: Ilíada
xi.735 y Odisea v.479), se ha injertado una fábula instructiva sobre la alegoría
del carro, y la moraleja es que los padres no deben echar a perder a
sus hijos atendiendo los consejos femeninos. Esta fábula, sin embargo, no
es tan simple como parece: tiene una importancia mítica en su referencia al
sacrificio anual de un príncipe real, en el único día calculado como perteneciente
al año terrestre y no al sideral, a saber el que seguía al día más corto.
El rey sagrado simulaba morir a la puesta del sol; al muchacho interrex
se le investía inmediatamente con sus títulos, dignidades e implementos
sagrados, se casaba con la reina y le mataban veinticuatro horas después; en
Tracia le despedazaban mujeres disfrazadas de caballos (véase 27.d y
130.1), pero en Corinto y en otras partes era arrastrado por un carro del sol
tirado por caballos enloquecidos, hasta que moría deshecho. Inmediatamente
el viejo rey salía de la tumba donde había estado oculto (véase 41.1) como
sucesor del muchacho. Los mitos de Glauco (véase 71.a), Pélope (véase
109.j) e Hipólito («estampida de caballos»; véase 101.g), se refieren a esta
costumbre, que parece haber sido llevada a Babilonia por los hititas.
3. Los álamos negros estaban consagrados a Hécate, pero los blancos
prometían la resurrección (véase 31.5 y 134.f); por lo tanto, la transformación
de las hermanas de Faetonte en álamos indica una isla sepulcral donde
un colegio de sacerdotisas oficiaba en el oráculo del rey tribal. El que se
dijera que se habían transformado también en alisos apoya esta opinión,
pues los alisos bordeaban la Eea («lamento») de Circe, isla sepulcral situada
en la parte superior del Adriático, no lejos de la desembocadura del Po
(Hornero: Odisea v. 64 y 239). Los alisos estaban consagrados a Foroneo,
el héroe oracular e inventor del fuego (véase 57.1). El valle del Po era el
término meridional de la ruta de la Edad de Bronce por la que se llevaba el
ámbar, consagrado al Sol, desde el Baldeo hasta el Mediterráneo (véase
148.9).
4. Rodas era propiedad de la diosa Luna Dánae —llamada Camíro, Yálisa
y Linda (véase 60.2)— hasta que fue expulsada por el dios Sol hitita Tesup,
adorado como toro (véase 93.1).A Dánae se la puede identificar con
Halla («del mar»), Leucótea («diosa blanca») y Electriona («ámbar»). Los
seis hijos y una hija de Posidón y los siete hijos de Helio indican una semana
de siete días regida por potencias planetarias, o Titanes (véase 1.3). Actis
no fundó Heliópolis —Onn o Aunis—, una de las ciudades más antiguas
de Egipto; y la pretensión de que enseñó a los egipcios la astrología es ridícula.
Pero después de la guerra de Troya los radios fueron durante un tiempo
los únicos mercaderes marítimos reconocidos por los Faraones y parecen
haber tenido antiguos vínculos religiosos con Heliópolis, el centro del
culto de Ra. El «Zeus hieropolitano», que tiene bustos de las siete potencias
planetarias como ornamentos frontales, puede ser de inspiración radia, como
estatuas análogas encontradas en Tortosa, España, y en Biblos, Fenicia
(véase 1.4).
43.
LOS HIJOS DE HELENO
a. Heleno, hijo de Deucalión, se casó con Orséis y se estableció
en Tesalia, donde su hijo mayor, Éolo, le sucedió217.
b. El hijo más joven de Heleno, Doro, emigró al monte Parnaso,
donde fundó la primera comunidad doria. El segundo hijo, Juto,
había huido ya a Atenas después de ser acusado de robo por sus
hermanos, y allí se casó con Creúsa, hija de Erecteo, quien le dio
a Ion y Aqueo. Por lo tanto, las cuatro naciones helenas más famosas,
a saber los jonios, eolios, aqueos y dorios, descendían de
Heleno. Pero Juto no prosperó en Atenas: cuando lo eligieron como
arbitro, a la muerte de Erecteo, sentenció que su cuñado mayor
Cécrope Segundo, era el legítimo heredero del trono. Esta decisión
resultó impopular y Juto, desterrado de la ciudad, murió en
Egialia, ahora Acaya218.
c. Éolo sedujo a la hija de Quirón, la profetisa Tía, por algunos
llamada Tetis, que era compañera de caza de Artemis. Tía temía
que Quirón le castigase severamente cuando se enterara de su estado,
pero no se atrevía a pedir ayuda a Artemis. Sin embargo,
Posidón, quien deseaba hacer un favor a su amigo Éolo, la transformó
temporalmente en una yegua llamada Evipe. Cuando parió
a su potrillo, Melanipa, al que más tarde transformó en una niña
pequeña, Posidón puso la imagen de Tía entre las estrellas; ahora
se la llama la constelación del Caballo. Éolo se hizo cargo de Me-
217 Apolodoro: i.7.3.
218 Herodoto: i.56; Pausanias: vii.1.2.
lanipa, le cambió el nombre por el de Arne y la confió a un tal
Desmontes que, como no tenía hijos, la adoptó de buena gana.
Quirón no sabía nada de todo eso.
d. Posidón sedujo a Arne, a la que vigilaba desde que llegó a la
mayoría de edad, y Desmontes, al descubrir que estaba encinta, la
cegó, y encerrándola en una tumba vacía sólo le daba el pan y el
agua necesarios para que conservase la vida. Allí dio a luz dos
mellizos y Desmontes ordenó a sus sirvientes que los abandonaran
en el monte Pelión para que los devoraran las fieras. Pero un
pastor icario encontró y salvó a los mellizos, uno de los cuales se
parecía tanto a su abuelo materno que recibió el nombre de Éolo;
el otro tuvo que contentarse con el nombre de Beoto.
e. Entretanto Metaponto, rey de Icaria, había amenazado con
divorciarse de su esposa estéril Téano si no le daba un heredero
dentro del año. Mientras él se hallaba ausente visitando un oráculo,
ella acudió al pastor en busca de ayuda y él le entregó los expósitos
a quienes, a la vuelta de Metaponto, ella hizo pasar como
suyos. Posteriormente, demostrando que después de todo no era
estéril, dio a luz dos hijos mellizos, pero los expósitos, por ser de
ascendencia divina, eran mucho más hermosos que ellos. Como
Metaponto no tenía motivo alguno para sospechar que Éolo y
Beotos no eran hijos suyos, siguieron siendo sus favoritos. Sintiéndose
celosa, Téano esperó a que Metaponto saliera otra vez de
su casa, esta vez para hacer un sacrificio en el altar de Artemis
Metapontina. Entonces Téano ordenó a sus propios hijos que fueran
a cazar con sus hermanos mayores y les dieran muerte como
por accidente. Pero el plan de Téano fracasó, porque en la lucha
que siguió Posidón acudió en ayuda de sus hijos. Éolo y Beoto no
tardaron en volver a palacio con los cadáveres de sus atacantes, y
cuando Téano los vio acercarse se mató con un cuchillo de caza.
f. Al ver eso, Éolo y Beoto huyeron adonde estaba su padre
adoptivo, el pastor, y Posidón en persona les reveló allí el secreto
de su ascendencia. Les ordenó que salvaran a su madre, que todavía
languidecía en la tumba, y mataran a Desmontes. Ellos le obedecieron
sin vacilar. Entonces Posidón devolvió la vista a Arne y
los tres regresaron a Icaria. Cuando Metaponto se enteró de que
Téano le había engañado se casó con Arne y adoptó formalmente
a los hijos de ella como sus herederos219.
g. Todo marchó bien durante algunos años, hasta que Metaponto
decidió descartar a Arne y volver a casarse. Éolo y Beoto se
pusieron de parte de su madre en la pendencia subsiguiente y mataron
a Autolita, la nueva reina, pero se vieron obligados a renunciar
a su herencia y a huir. Beoto y Arne se refugiaron en el palacio
de su abuelo Éolo, quien les legó la parte meridional de su reino,
al que cambió el nombre por el de Arne; los habitantes se
llaman todavía beocios. Dos ciudades tesalias, una de las cuales
se convirtió luego en Queronea, adoptaron también el nombre de
Arne220.
h. Entre tanto, Éolo se había hecho al mar con algunos amigos
y, navegando hacia el oeste, tomó posesión de las siete islas Eolias
del Tirreno, donde se hizo famoso como confidente de los
dioses y guardián de los vientos. Su residencia estaba en Lípara,
isla flotante llena de riscos, donde estaban encerrados los vientos.
Tenía seis hijos y seis hijas de su esposa Enáreta, y todos ellos vivían
juntos y satisfechos con su compañía mutua en un palacio
rodeado por una muralla de bronce. Era la suya una vida de constantes
banquetes, canciones y diversiones, hasta que un día Éolo
descubrió que su hijo más joven, Macareo, había dormido con su
hermana Cánace. Horrorizado, arrojó el fruto de su amor incestuoso
a los perros y envió a Cánace una espada con la que ella se
mató obedientemente. Pero luego se enteró de que sus otros hijos
e hijas, a quienes nunca se les había advertido que el incesto entre
los seres humanos desagradaba a los dioses, también se habían
emparejado inocentemente y se consideraban mandos y esposas.
Como no deseaba ofender a Zeus, quien considera el incesto como
una prerrogativa olímpica, Éolo deshizo esas uniones y ordenó
a cuatro de sus restantes hijos que emigraran. Se marcharon a
Italia y Sicilia, donde cada uno de ellos fundó un reino famoso y
rivalizaron con su padre en castidad y justicia; sólo el quinto y
mayor de los hijos se quedó en su casa como sucesor de Éolo al
trono de Lípara. Pero algunos dicen que Macareo y Cánace tuvie-
219 Higinio: Fábula 186; Astronomía poética ii.18.
220 Diodoro Sículo: iv.67.6; Pausanias: ix.40.3.
ron una hija, Anfisa, a quien más tarde amó Apolo221.
i. Zeus había confinado a los vientos porque temía que, si no se
los controlaba, un día podían arrasar la tierra y el mar y levantarlos
al aire, y Éolo se encargó de ellos por deseo de Hera. Su tarea
consistía en dejarlos salir, uno por uno, a su propia discreción o
complaciendo la considerada petición de algún dios olímpico. Si
se necesitaba algún vendaval, Éolo clavaba su lanza en el acantilado
y los vientos salían del agujero que había hecho hasta que
volvía a cerrarlo. Éolo era tan discreto y capaz que cuando se
acercó la hora de su muerte Zeus no lo envió al Tártaro, sino que
lo sentó en un trono dentro de la Cueva de los Vientos, donde se
halla todavía. Hera insiste en que las responsabilidades de Éolo le
dan derecho a asistir a los banquetes de los dioses, pero los otros
olímpicos, especialmente Posidón, quien reclama como de su
propiedad el mar y el aire que hay sobre él, y niega a todos el derecho
a producir tormentas, considera a Éolo como un intruso222.
*
1. Los jonios y eolios, las primeras dos oleadas de helenos patriarcales
que invadieron Grecia, fueron inducidos por los hélades que vivían ya allí a
adorar a la triple diosa y modificar de acuerdo con ello sus costumbres sociales,
convirtiéndose en griegos (graikoi, «adoradores de la Diosa Gris o
Vieja»). Posteriormente, los aqueos y dorios consiguieron establecer el gobierno
patriarcal y la herencia patrilineal, y por lo tanto describían a Aqueo
y Doro como hijos de la primera generación de un antepasado común,
Heleno, forma masculina de la diosa Luna Hele o Helena. La Crónicaparia
registra que este cambio de griegos en helenos se produjo en 1521 a. de C.,
fecha que parece bastante razonable. Éolo e Ion fueron relegados entonces
a la segunda generación y se los llamó hijos del ladrón Juto. Esta era una
manera de censurar la devoción eolia y jonia a la diosa-Luna orgiástica
Afrodita, cuya ave sagrada era el xuthos, o gorrión, y cuyas sacerdotisas no
tenían para nada en cuenta la opinión patriarcal de que las mujeres eran
propiedad de sus padres y maridos. Pero Eurípides, como leal jonio de Atenas,
hace a Ion hermano mayor de Doro y Aqueo, así como hijo de Apolo
221 Ovidio: Heroidas xi; Homero: Odisea x.l y ss.; Higinio: Fábula 238; Plutarco:
Vidas paralelas 28; Diodoro Sículo: v.8; Pausanias: x.38.2.
222 Homero: Odisea loc. cit.; Virgilio: Eneida i.142-5.
(véase 44.a).
2. La seducción de Melanipa por Posidón, su seducción de Deméter, con
cabeza de yegua (véase 16.f) y la seducción de Evipe por Éolo se refieren
todas ellas quizás al mismo acontecimiento: la toma por los eolios de los
centros prehelénicos en que se rendía culto al caballo. El mito del enceguecimiento
y el encarcelamiento de Ame en una tumba, donde dio a luz a los
mellizos Éolo y Beoto, y del subsiguiente abandono de éstos en la montaña
entre fieras, se dedujo, al parecer, de la imagen familiar que dio origen a los
mitos de Dárue (véase 73.4), Antíope (véase 76.a) y los demás. Una sacerdotisa
de la Madre Tierra aparece agazapada en una tumba tholus presentando
los mellizos del Año Nuevo a los pastores para revelarlos en sus Misterios;
las tumbas tholus tienen siempre sus entradas mirando al este, como
prometiendo el renacimiento. A esos pastores se les da instrucciones para
que informen que han encontrado a los infantes abandonados en la ladera
de la montaña, amamantados por algún animal sagrado: vaca, cerda, cabra,
perra o loba. Las fieras de las que se supone que han sido salvados los mellizos
representan las transformaciones estacionales del rey sagrado recién
nacido (véase 30.1).
3. Excepto en lo que respecta a los vientos aprisionados y los incestos
familiares en Lípara, el resto del mito se refiere a las migraciones tribales.
Los mitógrafos confunden completamente a Éolo, el hijo de Heleno; otro
Éolo que, para incluir a los eolios entre los griegos de la tercera generación,
se dice que era hijo de Juto; y el tercer Éolo, nieto del primero.
4. Puesto que los dioses homéricos no consideraban el incesto de los
hijos e hijas de Éolo de modo alguno censurable, parecería que él y Enáreta
no eran mortales y ligados por ello a las reglas sacerdotales del parentesco
y la afinidad, sino Titanes; y que sus hijos e hijas eran las seis parejas restantes
a cargo de los siete cuerpos celestes y los siete días de la semana sagrada
(véase l.d). Esto explicaría su existencia privilegiada y semejante a la
de los dioses, sin problemas de alimentación ni de bebida ni de ropa, en un
palacio inexpugnable construido en una isla flotante, como Délos antes del
nacimiento de Apolo (véase 13.3). «Macareo» significa «feliz», como sólo
lo eran los dioses. Quedó a cargo de los mitógrafos latinos humanizar a Éolo
y hacerle ver con seriedad el comportamiento de su familia; su enmienda
del mito les permitió explicar la fundación de los reinos eolios en Italia y
Sicilia y —debido a que «Cánace» significa «ladrido» y a que su hijo fuera
arrojado a los perros— la costumbre italiana de sacrificar cachorros. Al parecer,
Ovidio tomó esta fábula del segundo libro de la Historia Etrusca de
Sóstrato (Plutarco: Vidas paralelas 28).
5. Los vientos eran originalmente propiedad de Hera y los dioses varones
carecían de poder sobre ellos; ciertamente, en el relato de Diodoro, Éolo
sólo enseña a los isleños el uso de las velas en la navegación y predice, por
señales que ve en el fuego, qué vientos soplarán. El control de los vientos,
considerados como las ánimas de los muertos, es uno de los privilegios que
los representantes de la diosa Muerte se han mostrado más renuentes a
abandonar; las brujas de Inglaterra, Escocia y Bretaña todavía pretendían
controlar los vientos y venderlos a los marineros en una época tan reciente
como los siglos XVI y XVII. Pero los dorios habían sido muy concienzudos:
ya en la época de Hornero habían elevado a Éolo, el antepasado epónimo
de los eolios, a la categoría de divinidad secundaria, poniéndole al
cargo de los vientos, sus compañeros, a expensas de Hera, pues las islas
Eolias, que llevan su nombre, están situadas en una región notoria por la
violencia y la diversidad de sus vientos (véase 170.g). Al parecer, esta
componenda fue aceptada de mala gana por los sacerdotes de Zeus y Posidón,
quienes se oponían a la creación de nuevos dioses, y sin duda también
por los adoradores conservadores de Hera, que consideraban a los vientos
como propiedad inalienable de la diosa.
44.
ION
a. Apolo yació en secreto con Creúsa, hija de Erecteo y esposa
de Juto, en una cueva situada bajo los Propileos de Atenas. Cuando
nació su hijo, Apolo se lo llevó misteriosamente a Delfos,
donde llegó a ser servidor de un templo y fue llamado Ion por los
sacerdotes. Juto no tenía heredero y, tras muchas demoras, fue por
fin a preguntar al oráculo délfico cómo podía conseguir uno. Le
sorprendió que le dijeran que la primera persona que encontraría
al salir del templo sería su hijo; éste era Ion, y Juto llegó a la conclusión
de que lo había engendrado con alguna Ménade en las
promiscuas orgías dionisíacas de Delfos muchos años antes. Ion
no podía contradecirle y le reconoció como padre. Pero Creúsa se
sintió vejada al descubrir que Juto tenía un hijo en tanto que ella
no tenía ninguno, y trató de dar muerte a Ion ofreciéndole una copa
de vino envenenado. Pero Ion vertió primeramente una libación
para los dioses y una paloma descendió para probar el vino
derramado. La paloma murió y Creúsa corrió a refugiarse en el
altar de Apolo. Cuando el vengativo Ion trató de arrastrarla afuera
intervino la sacerdotisa y le explicó que él era hijo de Creúsa y de
Apolo, pero que no se debía desengañar a Juto en la creencia de
que él lo había engendrado con una Ménade. Luego se prometió a
Juto que engendraría con Creúsa a Doro y Aqueo.
b. Más tarde Ion se caso con Hélice, hija de Selino, rey de Egíalo,
a quien sucedió en el trono; y cuando murió Erecteo fue elegido
rey de Atenas. Las cuatro clases profesionales de Atenas —
labradores, artesanos, sacerdotes y soldados— llevan los nombres
de los hijos que tuvo con Hélice223.
*
1. Este mito teatral tiene por finalidad justificar la antigüedad de los jonios
respecto de los dorios y aqueos (véase 43.1) y también concederles la
ascendencia divina de Apolo. Pero Creúsa en la cueva es quizá la diosa que
presenta el infante, o los infantes, del Año Nuevo (véase 43.2) a un pastor,
gomada equivocadamente por Apolo con vestimenta pastoril. Hélice, el
sauce, era el árbol del quinto mes, consagrado a la Triple Musa, cuya sacerdotisa
lo utilizaba en todas las clases de hechicería y de magia acuática
(véase.28.5); los jonios parecen habérsele subordinado voluntariamente.
45.
ALCIONE Y CEICE
a. Alcíone era hija de Éolo, guardián de los vientos, y Egialea.
Se casó con Ceice de Traquis, hijo del Lucero del Alba, y fueron
tan felices con su mutua compañía que ella se atrevió a llamarse a
sí misma Hera y a su esposo, Zeus. Esto, como es natural, molestó
a los olímpicos Zeus y Hera, quienes desencadenaron una tormenta
sobre el barco en el que viajaba Ceice para consultar con un
oráculo y le ahogaron. Su ánima se apareció a Alcione, quien,
muy contra su voluntad, se había quedado en Traquis y en consecuencia,
enloquecida por la pena, se arrojó al mar. Algún dios
compasivo los transformó a ambos en martín pescadores.
b. Ahora, cada invierno, la martín pescadora lleva a su macho
223 Pausanias: vii.1.2; Eurípides: Ion; Estrabón: viii.7.1; Conon: Narraciones 27.
muerto con grandes lamentos a su entierro y luego construye un
nido muy compacto con las espinas de la ortiga de mar, lo lanza al
mar, pone sus huevos en él y empolla sus polluelos. Hace todo
eso en los Días del Alción, o sea, los siete que preceden al solsticio
invernal y los siete que le siguen, mientras Éolo prohibe a sus
vientos que agiten las aguas.
c. Pero algunos dicen que Ceice se transformó en una gaviota224.
*
1. La leyenda del nido del alción o martín pescador (que no tiene fundamento
en la historia natural, pues el alción no construye nido de ninguna
clase, sino que pone los huevos en agujeros a la orilla del agua) sólo puede
referirse al nacimiento del nuevo rey sagrado en el solsticio de invierno,
después de que la reina, que representa a su madre, la diosa Luna, ha conducido
el cadáver del rey viejo a una isla sepulcral. Pero como el solsticio
de invierno no siempre coincide con la misma fase de la luna, debe entenderse
«cada año» como «cada Gran Año» de cien lunaciones, al término del
cual el tiempo solar y el lunar sincronizaban aproximadamente y terminaba
el período del rey sagrado.
2. Homero relaciona el alción con Alcíone (véase 80.d), título de Cleopatra,
la esposa de Meleagro (Ilíada ix-562) y con una hija de Éolo, guardián
de los vientos (véase 43.h). Halcyon no puede significar, por lo tanto, halcyon,
«perro marino», como se supone habitualmente, sino que debe corresponder
a alcy-one, «la reina que evita el mal». Confirma esta derivación
el mito de Alcione y Ceice, y la forma en que son castigados por Zeus y
Hera, La parte de la leyenda referente a la gaviota no exige que se insista en
ella, aunque esta ave, que emite un grito quejumbroso, estaba consagrada a
la diosa del Mar, Afrodita, o Leucótea (véase 170.y), como el alción de
Chipre (véase 160.g). Parece que a fines del segundo milenio a. de C. los
navegantes eolios, que habían, accedido a adorar a la diosa Luna prehelénica
como su antepasada y protectora divina, se hicieron tributarios de
los aqueos adoradores de Zeus y se vieron obligados a aceptar la religión
olímpica. «Zeus», que según Johannes Tzetzes (Antehomérica 102 y ss. y
Milenios i.474), había sido hasta entonces un título ostentado por reyezuelos
(véase 68.1), quedó reservado en adelante para el Padre del Cielo únicamente.
Pero en Creta la antigua tradición mística de que Zeus nacía y
224 Apolodoro: 1.7.3; Escoliasta sobre Las aves de Aristófanes 250; Escoliasta y Eustacio sobre la
Ilíada de Homero ix.562; Plinio: Historia natural x.47; Higinio: Fábula 65; Ovidio: Metamorfosis
xi.410-748; Luciano: Alción i.; Plutarco: ¿Qué animales son los más cautos? 35.
moría anualmente se mantuvo hasta la época cristiana, y se mostraban tumbas
de Zeus en Cnosos, el monte Ida y el monte Dicte, cada uno de ellos
centro de un culto diferente. Calímaco estaba escandalizado y en su Himno
a Zeus escribió: «Los cretenses son siempre mentirosos. Han llegado incluso
a construir tu tumba, ¡oh, señor! Pero tú no has muerto, porque tú vives
eternamente». Se cita esto en Tito i.12 (véase 7.6).
3. Plinio, quien describe detalladamente el supuesto nido del alción —al
parecer el zoófito llamado halcyoneum por Linneo— informa que al alción
se le ve raras veces, sólo en los dos solsticios y cuando se ponen las Pléyades.
Esto prueba que fue originalmente una manifestación de la diosa Luna,
que era alternativamente la Diosa de la Vida-en-la-Muerte en el solsticio
invernal, y de la Muerte-en-Vida en el solsticio estival, y que cada Gran
Año, a comienzos de noviembre, cuando se ponen las Pléyades, envía al
rey sagrado su cita para la muerte.
4. Otra Alcíone más, hija de Pléyone («reina navegante») y Atlante, era
la guía de las siete Pléyades (véase 39.d). El orto bellaco de las Pléyades en
mayo iniciaba el año de la navegación; su ocaso indicaba su fin, cuando
(como observa Plinio en un pasaje sobre el alción) sopla un viento norte
notablemente frío. Las circunstancias de la muerte de Ceice muestran que
los eolios, que eran navegantes famosos, adoraban a la diosa como «Alcíone
» porque los protegía de los arrecifes y el mal tiempo. Zeus hundió con
un rayo el barco de Ceice a despecho de los poderes de la diosa. Sin embargo,
a alción se le atribuía todavía el poder mágico de apaciguar las tormentas;
y su cuerpo, cuando estaba seco, se utilizaba como talismán contra
los rayos de Zeus, probablemente basándose en que allí donde golpea no
vuelve a golpear. El Mediterráneo tiene tendencia a la calma en el solsticio
de invierno.
46.
TEREO
a. Tereo, hijo de Ares, gobernó a los tracios que entonces ocupaban
la Dáulide fócida —aunque algunos dicen que era rey de
Pagas225— y, habiendo actuado como mediador en una disputa
fronteriza en nombre de Pandión, rey de Atenas y padre de los
mellizos Butes y Erecteo, se casó con su hermana Procne, quien le
225 Apolodoro: iii.14.8; Tucídides: ii.29; Estrabón: ix.3.13; Pausanias: i.41.8.
dio un hijo, Itis.
b. Desgraciadamente Tereo, encantado con la voz de la hermana
más joven de Pandión, Filomela, se enamoró de ella; un año
después ocultó a Procne en una cabaña rústica cerca de su palacio
de Dáulide y anunció su muerte a Pandión, quien dio el pésame a
Tereo, le ofreció generosamente a Filomela para que ocupase el
lugar de Procne, haciéndola acompañar por guardias atenienses
cuando fue a Dáulide para la boda. Tereo asesinó a los guardias y
cuando Filomela llegó al palacio ya la había obligado a acostarse
con él. Procne no tardó en enterarse de lo sucedido, pero, como
medida de precaución, Tereo le cortó la lengua y la encerró en las
habitaciones de las esclavas, donde sólo pudo comunicarse con
Filomela tejiendo un mensaje secreto en un vestido nupcial destinado
a ella. Decía sencillamente: «Procne está entre las esclavas».
c. Entre tanto, un oráculo había advertido a Tereo que Itis moriría
a manos de un pariente consanguíneo y, sospechando que su
hermano Driante tramaba un plan con asesinato para apoderarse
del trono, lo mató inesperadamente con un hacha. Ese mismo día
Filomela leyó el mensaje tejido en el vestido. Corrió a las habitaciones
de las esclavas, encontró una de las habitaciones cerrada,
derribó la puerta y puso en libertad a Procne, que charlaba ininteligiblemente
y corría describiendo círculos.
—¡Oh, quien pudiera vengarse de Tereo, que decía que habías
muerto y me sedujo! —gimió Filomela, horrorizada.
Como Procne no tenía lengua, no podía contestar, pero salió de
allí, se apoderó de su hijo Itis, lo mató, lo destripó y lo hirvió en
un caldero de cobre para que lo comiera Tereo a su regreso.
d. Cuando Tereo comprendió qué carne había comido, tomó el
hacha con la que había matado a Driante y persiguió a las dos
hermanas mientras huían del palacio. No tardó en alcanzarlas y
estaba a punto de cometer un doble asesinato cuando los dioses
transformaron a los tres en pájaro; Procne se convirtió en golondrina,
Filomena en ruiseñor y Tereo en abubilla. Y los focios dicen
que ninguna golondrina se atreve a anidar en Dáulide o sus
alrededores, y que ningún ruiseñor canta por temor a Tereo. Pero
la golondrina, como carece de lengua, grita y vuela describiendo
círculos, en tanto que la abubilla revolotea persiguiéndola y gritando
«¿Pou? ¿Pou?» (¿Dónde, dónde?). Mientras tanto el ruiseñor
se retira a Atenas, donde llora sin cesar por Itis, cuya muerte
causó inadvertidamente cantando «¡Itu! ¡Itu!»226.
e. Pero algunos dicen que Tereo se transformó en halcón227.
*
1. Esta novela extravagante parece haber sido inventada para explicar
una serie de pinturas murales tracio-pelasgas que encontraron los invasores
focios en un templo de Dáulide («velludo») y. que ilustraban diferentes métodos
de profecía en uso en la localidad.
2. La cortadura de la lengua de Procne es una tergiversación de una escena
en que aparece una sacerdotisa en arrobamiento profético provocado
por la masticación de hojas de laurel; tiene el rostro contorsionado por el
éxtasis y no el dolor, y la lengua que parece haber sido cortada es en realidad
una hoja de laurel que le entrega el sacerdote encargado de interpretar
sus desvariados balbuceos. El tejido de las letras en la rúnica nupcial tergiversa
otra escena: una sacerdotisa ha arrojado un puñado de palillos oraculares
en un paño blanco, a la manera celta descrita por Tácito (Germania
x), o a la manera escita descrita por Herodoto (iv.67); los palillos forman
letras que ella se dispone a leer. En la supuesta escena en que Tereo come a
Itis, una sacerdotisa del culto del sauce examina para hacer sus augurios las
entrañas de un niño sacrificado en beneficio del rey. La escena de Tereo y
el oráculo probablemente lo mostraba dormido sobre una piel de oveja en
un templo y recibiendo en sueños una revelación (véase 5l.g); los griegos
no habrían interpretado eso equivocadamente. La del asesinato de Driante
probablemente representaba un roble y sacerdotes haciendo agüeros bajo él,
a la manera druida, por el modo en que un hombre caía cuando moría. La
transformación de Procne en una golondrina debió deducirse de una escena
en que aparecía una sacerdotisa con una túnica emplumada haciendo augurios
por el vuelo de una golondrina; la transformación de Filomela en un
ruiseñor y la de Tereo en una abubilla parecen el resultado de análogas interpretaciones
equivocadas. El nombre de Tereo, que significa «vigilante»,
indica que un augur varón figuraba en la pintura de la abubilla.
3. Se pueden suponer otras dos escenas: un héroe oracular con cola de
serpiente que recibe sacrificios de sangre; y un joven que consulta a un oráculo
abeja. Estos son, respectivamente, Erecteo y Butes (véase 47.1), que
era el apicultor más famoso de la antigüedad, los hermanos de Procne y
226 Apolodoro: iii.14.8; Nono; Dionisíacas iv.320; Pausanias: i.5.4: i.41.8 y x.4.6; Higinio: Fábula 45;
Fragmentos del Tereo de Sófocles; Eustacio sobre la Odisea de Homero xix.418; Ovidio: Metamorfosis
vi.426-674; Primer Mitógrafo Vaticano 217.
227 Higinio: Fábula 45.
Filomela. Su madre era Zeuxipe, «la que unce caballos», sin duda una Deméter
con cabeza de yegua.
4. Todos los mitógrafos menos Higinio dicen que Procne se transformó
en ruiseñor y Filomela en golondrina; pero ésta es una tentativa torpe de
rectificar un error cometido por algún poeta anterior: que Tereo cortó la
lengua de Filomela y no la de Procne. La abubilla es un pájaro regio porque
tiene una cresta de plumas, y es particularmente apropiado para la fíbula de
Terco porque sus nidos son notorios por su hedor. Según el Corán, la
abubilla comunicó a Salomón secretos proféticos.
5. Dáulide, luego llamada Fócide, parece haber sido el centro de un culto
de las aves. Foco, el fundador epónimo del nuevo estado, era llamado el
hijo de Ornitión («pájaro de la luna»; véase 81.b) y un rey posterior se llamaba
Juto («gorrión»; véase 43.l). Higinio informa que Terco se convirtió
en halcón, ave regia de Egipto, Tracia y el noroeste de Europa.
47.
ERECTEO Y EUMOLPO
a. El rey Pandión murió prematuramente de pesar cuando supo
lo que le había acontecido a Procne, Filomela e Itis. Sus hijos mellizos
compartieron la herencia: Erecteo fue rey de Atenas y Butes
sirvió como sacerdote de Atenea y Posidón228.
b. De su esposa Praxítea tuvo Erecteo cuatro hijos, entre ellos
su sucesor, Cécrope y siete hijas: Protogenia, Pandora, Procris,
esposa de Céfalo; Creúsa, Oritia, Ctonia, quien se casó con su tío
Butes, y Otionia, la menor229.
c. Ahora bien, Posidón amaba secretamente a Quione, hija de
Oritia y Bóreas. Ella le dio un hijo, Eumolpo, pero lo arrojó al
mar para que Bóreas no se irritase. Posidón cuidó de Eumolpo y
lo llevó a las costas de Etiopía, donde se crió en la casa de Bentesicime,
su hermanastra por su unión con la diosa del mar Anfitrite.
Cuando Eumolpo llegó a la mayoría de edad, Bentesicime le
casó con una de sus hijas, pero él se enamoró de otra de ellas y en
228 Ovidio: Metamorfosis vi.675 y ss.; Apolodoro: ii.15.1.
229 Ovidio: loc. cit.; Suidas sub Parthenoi; Apolodoro: loe. cit.; Higinio: Fábula 46.
consecuencia ella le desterró a la Tracia, donde él conspiró contra
su protector, el rey Tegirio, y se vio obligado a refugiarse en
Eleusis. Allí se enmendó y se hizo sacerdote de los Misterios de
Deméter y Perséfone, en los que luego inició a Heracles y al mismo
tiempo le enseñó a cantar y tocar la lira. Eumolpo tocaba muy
hábilmente la lira y también obtuvo la victoria en el certamen de
flauta que se realizó con motivo de los juegos fúnebres de Pelias.
Las sacerdotisas de Eleusis compañeras suyas eran las hijas de
Celeo; y su conocida piedad le conquistó por fin el perdón del
moribundo rey Tegirio, quien le legó el trono de Tracia230.
d. Cuando estalló la guerra entre Atenas y Eleusis, Eumolpo
condujo una gran fuerza de tracios en ayuda de los eleusinos y reclamó
el trono del Ática en nombre de su padre Posidón. Los atenienses
se alarmaron mucho, y cuando Erecteo consultó un oráculo,
éste le dijo que debía sacrificar a su hija menor, Otionia, a
Atenea si aspiraba a la victoria. Otionia fue conducida voluntariamente
al altar, después de lo cual sus dos hermanas mayores,
Protogenia y Pandora, también se mataron, pues habían jurado
que si una de ellas moría violentamente ellas morirían también231.
e. En la batalla que siguió, Ion llevó a los atenienses a la victoria
y Erecteo mató a Eumolpo cuando huía. Posidón apeló a su
hermano Zeus para que le vengara y éste inmediatamente dio
muerte a Erecteo con un rayo; pero algunos dicen que Posidón lo
derribó con un golpe de tridente en Macras, donde la tierra se
abrió para recibirlo.
f. De acuerdo con las condiciones de paz n que se llegó entonces,
los eleusinos se convirtieron en súbditos de los atenienses en
todo, menos en el manejo de sus Misterios. A Eumolpo le sucedió
como sacerdote su hijo menor Cérice, cuyos descendientes todavía
gozan de grandes privilegios hereditarios en Eleusis232.
g. Ion reinó después de Erecteo, y, a causa del auto-sacrificio de
sus tres hijas, todavía se le hacen libaciones sin vino233.
230 Plutarco: Sobre el destierro 17; Apolodoro: ii.5.12; Teócrito: Idilios xxiv.110; Higinio: Fábula
273; Pausanias: i.38.3.
231 Apolodoro: iii.15.4; Higinio: Fábula 46; Suidas: loc. cit.
232 Pausanias: vii.1.2 y i.38.3; Eurípides: Ion 277 y ss.
233 Escoliasta sobre Edipo en Colona de Sófocles 100.
*
1. El mito de Erecteo y Eumolpo se refiere a la subyugación de Eleusis
por Atenas y al origen tracio-libio de los Misterios eleusinos. También entra
en la fábula un culto ateniense de la Abeja-ninfa orgiástica del solsticio
de verano, pues Buces está asociado en el mito griego con un culto de la
abeja en el monte Erix (véase 154.d); y su hermano mellizo Erecteo («el
que se precipita sobre el brezo», más bien que «rompedor») es el marido de
la «Diosa Activa», la Reina-abeja. El nombre del rey Tegirio de Tracia, cuyo
reinado heredó el bisnieto de Erecteo, constituye otra asociación con las
abejas, pues significa «protector de colmenas». Atenas era famosa por su
miel.
2. Las tres nobles hijas de Erecteo, como las tres hijas de su antecesor
Cécrope, son la Triple Diosa pelasga, a la que se hacían libaciones en las
ocasiones solemnes: Otionia («con las orejeras»), de la que se dice que fue
elegida para sacrificarla a Atenea, es evidentemente la diosa Lechuza, o sea
Atenea misma; Protogenia, la creadora Eurínome (véase 1.1); y Pandora la
diosa Tierra, Rea (véase 39.8). En la transición del matriarcado al patriarcado
algunas sacerdotisas de Atenea pueden haber sido sacrificadas a Posidón
(véase 121.3).
3. El tridente de Posidón y el rayo de Zeus eran originalmente la misma
arma, la sagrada labrys, o hacha doble, pero se distinguieron la una de la
otra cuando Posidón se convirtió en dios del mar y Zeus reclamó para sí el
derecho exclusivo al rayo (véase 7.7).
4. Butes, que se alistó entre los Argonautas (véase 148.1), no pertenecía
realmente a la familia erecteida, pero sus descendientes, los buteidas de
Atenas, se introdujeron por la fuerza en la sociedad ateniense y en el siglo
vi retenían los sacerdocios de Atenea Folias y de Posidón Erecteo —éste
era una fusión del Posidón helénico con el antiguo héroe pelasgo— como
una herencia familiar (Pausanias: i.26.6), y parecen haber alterado el mito
en conformidad, como alteraron también el mito de Teseo (véase 95 J).
Combinaron al Butes ático con su antepasado, el hijo tracio de Bóreas, que
había colonizado Naxos y violado a Corónide (véase 50.5), la princesa lapita
en una incursión en Tesalia (Diodoro Sículo: v.50).
48.
BÓREAS
a. Oritía, hija de Erecteo, rey de Atenas, y su esposa Praxítea,
estaba un día bailando junto al río Iliso cuando Bóreas, hijo de
Astreo y de Eos, y hermano de los Vientos del Sur y del Oeste, la
llevó a una roca situada cerca del río Ergines, y allí, envuelto en
un manto de nubes negras, la violó234.
b. Bóreas amaba desde hacía mucho tiempo a Oritía y había solicitado
repetidamente su mano, pero Erecteo lo rechazaba con
vanas promesas, hasta que al fin, quejándose de que había perdido
demasiado tiempo en palabras, Bóreas recurrió a su violencia natural.
Sin embargo, algunos dicen que Oritía llevaba un cesto en la
procesión anual de las Tesmoforias que asciende por la ladera de
la Acrópolis hasta el templo de Atenea Folias, cuando Bóreas la
tomó bajo sus alas atezadas y se la llevó sin que lo viera la multitud
circundante.
c. La llevó a la ciudad de los cicones tracios, donde la hizo su
esposa, y ella le dio dos hijos mellizos, Calais y Zetes, a los que
les salieron alas cuando llegaron a la edad viril; también le dio
dos hijas, Quíone, quien dio Eumolpo a Posidón, y Cleopatra,
quien se casó con el rey Fineo, la víctima de las Harpías235.
d. Bóreas tiene en vez de pies colas de serpiente y habita en una
cueva del monte Hemo, en cuyos siete huecos tiene Ares sus caballos;
pero se halla también en su elemento junto al río Estrimón236.
e. En una ocasión, disfrazado como un semental de crin negra,
cubrió a doce de las tres mil yeguas pertenecientes a Erictonio,
hijo de Dárdano, que solían pacer en las praderas húmedas situadas
junto al río Escamandro. De esa unión nacieron doce potrancas,
que podían correr sobre espigas de trigo maduras sin doblarlas
y sobre las crestas de las olas237.
234 Apolodoro: iii.15.1-2; Apolonio de Rodas: i.212 y ss.
235 Ovidio: Metamorfosis vi.677 y ss.; Escoliasta sobre la Odisea de Homero xiv.533; Apolodoro:
iii.15.3.
236 Pausanias v.19.1; Calímaco: Himno a Ártemisa 114 e Himno a Délos 26 y 63-5.
237 Homero: Ilíada xx.219 y ss.
f. Los atenienses consideraban a Bóreas como su cuñado y,
habiéndole invocado en una ocasión con buen éxito para que destruyera
la flota de Jerjes, le construyeron un hermoso templo en la
orilla del Ilisos238.
*
1. El Bóreas de cola de serpiente, el Viento Norte, era otro nombre del
demiurgo Orion que bailó con Eurínome, u Oritía, Diosa de la Creación
(véase l.a), y la dejó encinta. Pero lo que Orion era para Eurínome, o Bóreas
para Oritía, eso era Erecteo para la Atenea original; y Atenea Folias
(«de la ciudad»), para quien bailó Oritía, puede haber sido Atenea Folias —
Atenea la Potranca—, diosa del culto del caballo local y amada por Bóreas-
Erecteo, quien así se convirtió en cuñado de los atenienses. El culto de Bóreas
parece haber tenido su origen en Libia. Debe recordarse que Hermes,
enamorado de la predecesora de Oritía, Herse, cuando ésta llevaba un cesto
sagrado en una procesión análoga a la Acrópolis, la violó sin incurrir en el
desagrado de Atenea. Las Tesmoforias parecen haber sido en un tiempo un
festival orgiástico en el que las sacerdotisas se prostituían públicamente
como un medio para fertilizar los sembrados (véase 24.1). Los cestos contenían
objetos fálicos (véase 25.4).
2. Una teoría primitiva de que los niños eran reencarnaciones de los antepasados
difuntos que se introducían en las matrices de las mujeres como
súbitas ráfagas de viento, subsistía en el culto erótico de la diosa Yegua, y
la autoridad de Homero pesaba lo suficiente para que los romanos cultos
siguieran creyendo, con Plinio, que las yeguas españolas podían concebir
volviendo sus cuartos traseros al viento (Plinio: Historia natural iv.35 y
viii.67). Varrón y Columela mencionan el mismo fenómeno, y Lactancio, a
fines del siglo III d. de C., hace de él una analogía de la fecundación de la
Virgen por el Espíritu Santo.
3. Bóreas sopla en el invierno desde la cordillera del Hemo y el Estrimón
y, cuando llega la primavera con sus flores parece haber fecundado todo el
territorio del Ática; pero como no puede soplar hacia atrás, el mito de la
violación de Oritía registra también, al parecer, la difusión del culto del
Viento Norte desde Atenas hasta Tracia. Desde Tracia, o directamente desde
Atenas, llegó a Tróade, donde el propietario de las tres mil yeguas era
Erictonio, sinónimo de Erecteo (véase 158.g). Las doce potrancas servirían
para tirar de tres carros de cuatro caballos, uno por cada una de la tríada
anual: Primavera, Verano y Otoño. El monte Hemo era una guarida del
monstruo Tifón (véase 36.e).
238 Herodoto: vii.189.
4. Sócrates, quien no comprendía los mitos, no capta el significado de la
violación de Oritía; sugiere que una princesa de ese nombre que jugaba en
los riscos cerca del Ilisos o en la colina de Ares, fue arrojada por el viento
accidentalmente al precipicio y murió (Platón: Fedro vi.229b). El culto de
Bóreas había sido restablecido recientemente en Atenas para conmemorar
su destrucción de la flota persa (Herodoto: vii. 189). También ayudó a los
megalopolitanos contra los espartanos y mereció por parte de aquéllos sacrificios
anuales (Pausanias: viii.36.3).
49.
ALOPE
a. El rey arcadio Cerción, hijo de Hefesto, tenía una hermosa
hija, Alope, que fue seducida por Posidón y, sin conocimiento de
su padre, dio a luz un hijo al que por orden suya abandonó una
nodriza en la montaña. Un pastor lo encontró cuando lo amamantaba
una yegua y lo llevó a los rediles, donde su rica túnica despertó
gran interés. Otro pastor se ofreció a criar al niño, pero insistió
en quedarse también con la túnica, como prueba del noble
nacimiento del niño. Los dos pastores comenzaron a disputar y
habría habido un homicidio si sus compañeros no los hubieran
llevado ante el rey Cerción. Cerción pidió la túnica disputada y
cuando se la llevaron reconoció que había sido cortada de un vestido
perteneciente a su hija. La nodriza se asustó y confesó su participación
en el asunto; Cerción ordenó inmediatamente que emparedaran
a Álope y volvieran a abandonar al niño en la montaña.
De nuevo le amamantó la yegua y esta vez lo encontró el segundo
pastor, el cual, convencido ahora de su ascendencia regia, lo llevó
a su cabaña y le llamó Hipotoonte239.
b. Cuando Teseo mató a Cerción puso a Hipotoonte en el trono
de Arcadia. Entretanto Alope había muerto en la prisión y la enterraron
junto al camino que va de Eleusis a Mégara, cerca del
campo de lucha de Cerción. Pero Posidón transformó su cuerpo
239 Higinio: Fábulas 38 y 187.
en una fuente llamada Álope240.
*
1. Este mito sigue un modelo conocido (véase 43.c, 68.d, 105.a, etc.),
con excepción de que Hipotoonte es abandonado dos veces y en la primera
ocasión los pastores llegaron a las manos. La anomalía se debe quizás a una
mala interpretación de una serie de pinturas que mostraban a los mellizos
regios encontrados por pastores y a esos mismos mellizos peleándose al
llegar a la edad viril, como Pelias y Neleo (véase 68.f), Proteo y Acrisio
(véase 73.a) o Eteocles y Polinices (véase 106.b).
2. Alope es la diosa Luna como la zorra que dio su nombre a la ciudad de
Álope en Tesalia (Ferécides, citado por Estéfano de Bizancio sub Álope); la
zorra era también el emblema de Mésenia (véase 89.8 y 146.6). El mitógrafo
se equivoca probablemente al decir que la túnica que llevaba Hipootonte
estaba cortada del vestido de Álope; debe haber sido el pañal en el que estaban
tejidas las marcas de su clan y familia (véase 10.1 y 60.2).
50.
ASCLEPIO
a. Corónide, hija de Flegias, rey de los lapitas y hermano de
Ixión, vivía en las orillas del lago Beobes, en Tesalia, en el que
solía lavarse los pies241.
b. Apolo se hizo su amante y dejó un cuervo de plumas blancas
como la nieve para que la guardara mientras él iba a Delfos para
atender sus asuntos. Pero Corónide abrigaba desde hacía largo
tiempo una pasión secreta por Isquis, el hijo arcadio de Elato, y le
admitió en su lecho, aunque Apolo la había dejado ya encinta. Incluso
antes de que el excitado cuervo partiera para Delfos para
informar acerca del escándalo y ser elogiado por su vigilancia,
Apolo ya había adivinado la infidelidad de Corónide y en consecuencia
maldijo al cuervo por no haberle sacado los ojos a Isquis
240 Pausanias: i.39.3; Aristófanes: Las aves 533; Higinio: Fábula 187.
241 Estrabón: ix.52 y xiv.1.40.
cuando se acercó a Corónide. Esa maldición hizo que el cuervo se
volviera negro y desde entonces todos sus descendientes han sido
negros242.
c. Cuando Apolo se quejó a su hermana Ártemis del insulto que
le habían hecho, ella le vengó disparando todas las flechas de un
carcaj contra Corónide. Después, al contemplar el cadáver, Apolo
sintió un remordimiento súbito, pero ya no podía devolverle la vida.
Su ánima había descendido al Tártaro, su cadáver estaba colocado
en la pira fúnebre, vertían sobre él los últimos perfumes y ya
habían encendido el fuego antes de que Apolo recobrara su presencia
de ánimo. Entonces hizo una seña a Hermes, quien a la luz
de las llamas sacó al niño todavía vivo de la matriz de Corónide243.
Era un varón, al que Apolo puso el nombre de Asclepio y
llevó a la cueva del centauro Quirón, donde aprendió las artes de
la medicina y de la caza. En cuanto a Isquis, llamado también
Quilo, algunos dicen que lo mató Zeus con un rayo, y otros que lo
derribó de un disparo el mismo Apolo244.
d. Los epidaurios, sin embargo, dan una versión muy diferente.
Dicen que el padre de Corónide, Flegias, quien fundó la ciudad
del mismo nombre, donde reunió a todos los mejores guerreros de
Grecia y vivió haciendo incursiones, fue a Epidauro para reconocer
el territorio y el número de sus habitantes; y que su hija Corónide,
quien, sin que lo supiera él, estaba encinta por Apolo, fue
también allá. En el santuario de Apolo en Epidauro, con ayuda de
Artemis y de las Parcas, Corónide dio a luz un niño, al que inmediatamente
abandonó en el monte Titión, ahora famoso por las
virtudes medicinales de sus plantas. Allí, Arestanas, un cabrero,
observando que su perra y una de sus cabras ya no estaban con él,
salió en su busca y las encontró turnándose para amamantar a un
niño. Estaba a punto de levantar al niño cuando una luz brillante a
su alrededor lo detuvo. Poco dispuesto a intervenir en un misterio
divino, se retiró piadosamente, dejando así a Asclepio bajo la pro-
242 Pausanias: ii.26.5; Píndaro: Odas píticas iii.25 y ss.; Apolodoro: iii.10.3.
243 Píndaro: Odas píticas iii.8 y ss.; Pausanias loc. cit.; Higinio: Fábula 202; Ovidio: Metamorfosis
ii.612 y ss.
244 Apolodoro: iii.10.3; Higinio: loc. cit. y Astronomía poética ii.40.
tección de su padre Apolo245.
e. Asclepio, dicen los epidaurios, aprendió el arte de la curación
tanto de Apolo como de Quirón. Llegó a ser tan hábil en la cirugía
y en el empleo de medicamentos que se le venera como el fundador
de la medicina. No sólo curaba a los enfermos, sino que además
Atenea le dio dos redomas con sangre de la gorgona Medusa;
con la extraída de las venas de su lado izquierdo podía resucitar a
los muertos, con la extraída de su lado derecho podía matar instantáneamente.
Otros dicen que Atenea y Asclepio se repartieron
la sangre entre ambos: él la utilizaba para salvar la vida, y ella para
destruir la vida e instigar guerras. Atenea había dado anteriormente
dos gotas de esa misma sangre a Erictonio, una para matar
y la otra para curar, y ató las redomas a su cuerpo de serpiente con
cintas doradas246.
f. Entre aquellos a quienes Asclepio sacó de entre los muertos
se hallaban Licurgo, Capaneo y Tindáreo. No se sabe en qué ocasión
se quejó Hades a Zeus de que le robaban sus súbditos, si fue
después de la resurrección de Tindáreo, de la de Glauco, de la de
Hipólito o de la de Orion; lo único seguro es que Asclepio fue
acusado de haber sido sobornado con oro, y que él y su paciente
fueron muertos por el rayo de Zeus247.
g. Sin embargo, Zeus devolvió la vida a Asclepio posteriormente.
Y así se cumplió una profecía indiscreta hecha por Evipe, la
hija de Quirón, quien había dicho que Asclepio llegaría a ser dios,
moriría y reasumiría la divinidad, renovando así dos veces su destino.
La imagen de Asclepio, sosteniendo una serpiente curativa,
fue puesta por Zeus entre las estrellas248.
h. Los mesenios afirman que Asclepio era natural de Trica en
Mesenia; los arcadios que nació en Telpusa, y los tesalios que su
lugar de nacimiento era Trica, en Tesalia. Los espartanos lo lla-
245 Pausanias: ix.36.1 y ii.26.4; Inscripciones griegas iv.1.28.
246 Diodoro Sículo: v. 74.6; Apolodoro: üi.10.3; Taciano: Alocución a los griegos', Eurípides: Ion 999
y ss.
247 Apolodoro: iii.10.3-4; Sobre la danza 45; Higinio: Fábula 49; Eratóstenes, citado por Higinio: Astronomía
poética ii.14; Píndaro: Odas píticas iii.55 y ss., con escoliasta.
248 Germánico César: Sobre los fenómenos de Arato 77ff.; Ovidio: Metamorfosis 642
y ss.; Higinio: loc. cit.
man Agnitas, porque han grabado su imagen en un tronco de sauce;
y los habitantes de Sición le honran en la forma de una serpiente
montada en un carro de mulas. En Sición la mano izquierda
de su imagen sostiene una piña de alfóncigo, pero en Epidauro se
apoya en una cabeza de serpiente; en ambos casos en la mano derecha
tiene un cetro249.
i. Asclepio era el padre de Podalirio y Macaón, los médicos que
atendían a los griegos durante el sitio de Troya; y de la radiante
Higía. Los latinos lo llaman Esculapio y los cretenses dicen que
fue él, y no Poliido, quien devolvió la vida a Glauco, hijo de Minos,
utilizando cierta hierba que le mostró una serpiente en una
tumba250.
*
1. Este mito se refiere a la política eclesiástica de la Grecia septentrional,
Ática y el Peloponeso: la supresión, en nombre de Apolo, de un culto médico
pre-helénico dirigido por las sacerdotisas de la Luna en los altares oraculares
de héroes locales reencarnados como serpientes, cuervos o cornejas.
Entre sus nombres estaban Foroneo, identificable con el dios Cuervo celta
Bran o Vron (véase 57.1); Erictonio, el de la cola de serpiente (véase 25.2)
y Crono (véase 7.1), que es una forma de Corono («corneja» o «cuervo»),
el nombre de otros dos reyes lapitas (véase 78.a). «Asclepio» («incesantemente
benévolo») debía ser un título cortés que se daba a todos los héroes
médicos con la esperanza de obtener su benevolencia.
2. La diosa Atenea, patrona de este culto, no era considerada doncella
originalmente, pues el héroe difunto había sido tanto su hijo como su amante.
Recibió el título de Corónide a causa del cuervo oracular, y el de
«Higía» a causa de las curaciones que hacía. Su curalotodo era el muérdago,
ixias palabra con la que se relacionan estrechamente el nombre Isquis
(«fuerza») e Ixión («nativo fuerte») (véase 63.1). El muérdago de la Europa
oriental es un parásito del roble, y no, como la variedad occidental, del
álamo o el manzano; y «Esculapio», la forma latina de Asclepio —que al
parecer significa «lo que cuelga del roble comestible», es decir, el muérdago—
puede muy bien ser el título anterior de los dos. Al muérdago se lo
consideraba como los órganos genitales del roble, y cuando los druidas lo
podaban ritualmente con una hoz dorada realizaban una emasculación sim-
249 Pausanias: ii.26.6; viii.25.6; iii.14.7 y ii.10.3; Estrabón: xiv.1.39.
250 Homero: Ilíada ii.732; Higinio: Astronomía poética ii.14.
bólica (véase 7.1). El jugo viscoso de sus bayas pasaba por esperma de roble,
líquido de gran virtud regenerativa. Sir James Frazer ha indicado en su
Golden Bough que Eneas visitó el Infierno con muérdago en la mano y así
retuvo el poder de volver al mundo superior cuando quisiese. La «cierta
hierba» que sacó a Glauco de la tumba es probable que fuera también el
muérdago. Isquis, Asclepio, Ixión y Poliido son, en realidad, el mismo personaje
mítico: personificaciones del poder curativo que reside en los órganos
genitales desmembrados del héroe-roble sacrificado. Quilo, otro nombre
de Isquis, significa «el jugo de una planta o baya».
3. La distribución de la sangre de la Gorgona por Atenea a Asclepio y
Erictonio indica que los ritos curativos utilizados en este culto eran un secreto
que guardaban las sacerdotisas y cuya investigación implicaba la
muerte; la cabeza de la Gorgona es una advertencia formal para los escudriñadores
(véase 73.5). Pero es probable que la sangre del rey-roble sacrificado,
o de su hijo sustituto, haya sido distribuida en esas ocasiones, así
como jugo de muérdago.
4. Los autógrafos de Apolo han hecho a su hermana Artemis responsable
por la muerte de Isquis; en verdad, ella era originalmente la misma diosa
que Atenea, en honor de la cual moría el rey-roble. También han hecho que
Zeus mate a Isquis y Asclepio con rayos; y, en verdad, todos los reyes del
culto del roble morían bajo el hacha doble, más tarde formalizada como
rayo, y habitualmente se asaban sus cadáveres en una hoguera.
5. Apolo maldijo al cuervo, quemó a Corónide por su amorío ilegítimo
con Isquis y reclamó a Asclepio como hijo suyo; luego Quirón y él le enseñaron
el arte de la curación. En otras palabras: a los sacerdotes helenos de
Apolo les ayudaron sus aliados magnesios, los Centauros, que eran enemigos
hereditarios de los lapitas, a apoderarse del oráculo-cuervo tesalio, con
el héroe y todo, expulsando del colegio a las sacerdotisas de la Luna y suprimiendo
el culto de la diosa. Apolo conservó el cuervo robado como un
emblema de la adivinación, pero sus sacerdotes consideraron que la interpretación
de los sueños era un medio más sencillo y eficaz de diagnosticar
las dolencias de sus enfermos que el graznido enigmático de las aves. Al
mismo tiempo, el empleo sagrado del muérdago se interrumpió en Arcadia,
Mesenia y Atenas, e Isquis se convirtió en un hijo del pino (Elato) y no del
roble; y de aquí la pina de alfóncigo en las manos de la imagen de Asclepio
en Sición. Había otra princesa lapita llamada Corónide a la que violó Butes,
el antepasado de los butades atenienses (véase 47.4).
6. La forma de serpiente de Asclepio, como la de Erictonio —a quien
Atenea concedió también el poder de resucitar a los muertos con la sangre
de la Gorgona— demuestra que era un héroe oracular; pero varias serpientes
domesticadas se guardaban en su templo de Epidauro (Pausanias;
ii.28.1) como un símbolo de renovación, porque la serpiente muda la piel
cada año (véase 160.11). La perra que amamantaba a Asclepio cuando el
cabrero le aclamó como el rey recién nacido, debe ser Hécate, o Hécabe
(véase 31.3, 38.7, 134.1, 168.n y 1); y quizá para explicar esta perra con la
que siempre se le representa se decía que Quirón le instruía en la caza. Su
otra madre adoptiva, la cabra, tiene que ser la Cabra-Atenea, en cuya égida
se refugió Erictonio (véase 25.2); en verdad, si Asclepio tenía originalmente
un hermano mellizo —así como Pelias fue amamantado por una yegua y
Neleo por una perra (véase 68.d)— ése debió ser Erictonio.
7. Atenea, cuando renació como una hija leal y virgen del Zeus olímpico,
tuvo que seguir el ejemplo de Apolo y maldecir al cuervo, anteriormente su
familiar (véase 25.e).
8. El sauce era un árbol que poseía una magia lunar poderosa (véase
28.5, 44.1 y 116.4); y la droga amarga preparada con su corteza sigue siendo
un específico contra el reumatismo, del que debieron sufrir mucho los
espartanos en sus valles húmedos. Pero ramas de la variedad particular de
sauce con la que estaba asociado el Asclepio espartano, a saber, el agnus
castus, eran esparcidas en los lechos de las matronas en las Tesmoforias
atenienses, un festival de la fertilidad (véase 48.1) supuestamente para alejar
a las serpientes (Arriano: Historia de los animales ix.26), aunque en realidad
para estimular a las ánimas en forma de serpiente; y por lo tanto los
sacerdotes de Asclepio pueden haberse especializado en la curación de la
esterilidad.
51.
LOS ORÁCULOS
a. Los oráculos de Grecia y la Magna Grecia son muchos, pero
el más antiguo es el de Zeus dodoniano. Hace muchísimo tiempo,
dos palomas negras volaron desde Tebas en Egipto; una fue a
Amón, en Libia, y la otra a Dodona, y cada una de ellas se posó
en un roble, al que declararon oráculo de Zeus. En Dodona las sacerdotisas
de Zeus escuchan el arrullo de las palomas, o el susurro
de las hojas de roble, o el tintineo de las vasijas de bronce colgadas
de las ramas. Zeus tiene otro oráculo famoso en Olimpia,
donde sus sacerdotes responden a las preguntas después de examinar
las entrañas de las víctimas sacrificadas251.
251 Herodoto: ii.55 y vüi.134; Dionisio de Halicarnaso: i.15; Homero: Odisea xiv.328; Esquilo:
Prometeo encadenado 832; Suidas sub Dodona; Sófocles: Edipo tirano 900.
b. El oráculo de Delfos perteneció primeramente a la Madre
Tierra, quien designó a Dafnis su profetisa; y Dafnis, sentada en
un trípode, aspiraba los vapores de la profecía, como sigue
haciendo la sacerdotisa pitia. Algunos dicen que la Madre Tierra
cedió posteriormente sus derechos a la titánide Febe o Temis, y
que ésta los cedió a su vez a Apolo, quien se construyó un templo
con ramas de laurel llevadas de Tempe. Pero otros dicen que Apolo
robó el oráculo a la Madre Tierra después de matar a Pitón, y
que sus sacerdotes hiperbóreos Pagaso y Agieo establecieron allí
su culto.
c. Se dice que en Delfos se construyó el primer templo con cera
de abejas y pluma; el segundo, con tallos de helecho entrelazados;
el tercero, con ramas de laurel; que Hefesto construyó el cuarto de
bronce con aves canoras posadas en el techo, pero que un día la
tierra lo tragó; y que el quinto, construido con piedras labradas,
fue destruido por el fuego en el año de la quincuagésimaoctava
Olimpíada [489 a. de C.] y fue reemplazado por el santuario actual
252.
d. Apolo cuenta con otros muchos templos oraculares, como los
de Liceo y el de la Acrópolis de Argos, ambos a cargo de una sacerdotisa.
Pero en la Ismenia beocia son sacerdotes los que dan
los oráculos después de examinar las entrañas; en Claro, cerca de
Colofón, el adivinador bebe el agua de un pozo secreto y pronuncia
el oráculo en verso; en tanto que en Telmesa y en otras partes
se interpretan los sueños253.
e. Las sacerdotisas de Deméter pronuncian oráculos a los enfermos
en Patras mediante un espejo que introducen en su pozo
con una cuerda. En Paras, a cambio de una moneda de cobre, a los
enfermos que consultan con Hermes se les dan respuestas oraculares
por medio de las primeras palabras que oyen casualmente al
salir de la plaza del mercado254.
f. Hera tiene un oráculo venerable en las cercanías de Pagas; y a
la Madre Tierra se le consulta todavía en Egeira, Acaya, que sig-
252 Esquilo: Euménides 1-19; Pausanias: x.5.3-5.
253 Pausanias: ii.24.1; Plutarco: Pirro 31; Herodoto viii.134 y i.78; Tácito: Anales ii.54.
254 Pausanias: vii.21.5 y 22.2.
nifica «El lugar de los Álamos Negros», donde su sacerdotisa bebe
sangre de toro, veneno mortal para todos los demás seres
humanos255.
g. Además de éstos hay otros muchos oráculos de héroes, entre
ellos el oráculo de Heracles, en la aquea Bura, donde se da la respuesta
arrojando cuatro dados256; y numerosos oráculos de Asclepio,
a los que acuden en gran número los enfermos para consultarle
sobre las curaciones y se les proporciona el remedio en sus
sueños después de un ayuno257. Los oráculos del tebano Anfiarao
y del malliano Anfíloco —con Mopso, el más infalible de los
existentes— siguen el procedimiento asclepiano258.
h. Además, Pasífae tiene un oráculo en la laconia Tálame, protegido
por los reyes de Esparta y donde las respuestas se dan también
por medio de los sueños259.
i. Algunos oráculos no pueden ser consultados tan fácilmente
como otros. Por ejemplo, en Lebadea hay un oráculo de Trofonio,
hijo del argonauta Ergino, donde el suplicante tiene que purificarse
con varios días de antelación y alojarse en un edificio dedicado
a la Buena Suerte y cierto Buen Genio, bañarse solamente en el
río Hércina y hacer sacrificios a Trofonio, su nodriza Deméter Europa
y otros dioses. Allí se alimenta con carne sagrada, especialmente
la de un morueco sacrificado al espectro de Agamedes, el
hermano de Trofonio que le ayudó a construir el templo de Apolo
en Belfos.
j. Cuando está preparado para consultar al oráculo, el suplicante
es conducido al río por dos muchachos, de trece años de edad, y
allí lo bañan y lo ungen. A continuación bebe de una fuente llamada
Agua del Lete, que le ayudará a olvidar su pasado; y también
de otra cercana llamada Agua de la Memoria, que le ayudará
a recordar lo que ha visto y oído. Vestido con botas de campo y
255 Estrabón: viii.6.22; Plinio: Historia natural xxviii.41; Apolodoro: i.9.27.
256 Pausanias: vii.25.6.
257 Ibid.: ii.27.2.
258 Ibid.: i.34.2; Herodoto: viii.134.
259 Plutarco: Cleómenes 1; Pausanias: iii.26.1.
túnica de lino y llevando vendas como una víctima del sacrificio,
se acerca luego a la sima oracular. Ésta se parece a un gran crisol
de horno para cocer pan, de ocho yardas de profundidad, y después
de descender por una escalera, encuentra en el fondo una estrecha
abertura por la que introduce las piernas, sosteniendo en
cada mano una torta de cebada mezclada con miel. De pronto le
tiran de los tobillos y lo arrastran por la abertura como si se lo llevase
el remolino de un río de corriente rápida, y en la oscuridad
recibe un golpe en el cráneo, de modo que parece morir, y una
voz de alguien invisible le revela el futuro y muchos secretos misteriosos.
Tan pronto como deja de oírse la voz, pierde completamente
el sentido y la comprensión e inmediatamente lo llevan de
nuevo, con los pies por delante, al fondo de la sima, pero sin las
tortas de miel. Después le sientan en la llamada Silla de la Memoria
y le piden que repita lo que ha oído. Por fin, todavía aturdido,
vuelve a la casa del Buen Genio, donde recobra los sentidos y la
facultad de reír.
k. El orador invisible es uno de los Buenos Genios, pertenecientes
a la Edad de Oro de Crono, quienes han descendido de la luna
para hacerse cargo de los oráculos y los ritos de iniciación, y actúan
como castigadores, veladores y salvadores en todas partes;
consulta con el ánima de Trofonio que tiene forma de serpiente y
pronuncia el oráculo solicitado como pago por las tortas de miel
del suplicante260.
*
1. Todos los oráculos los pronunciaba originalmente la Diosa Tierra, cuya
autoridad era tan grande que los invasores patriarcales tomaron por costumbre
apoderarse de sus templos y designar sacerdotes o conservar a las
sacerdotisas a su servicio. Así Zeus, tanto en Dodona como en Amón, en el
oasis de Siwwa, se hizo cargo del culto del roble oracular, consagrado a
Día o Dione (véase 7.1) —como hizo el hebreo Jehovah con el de la acacia
oracular de Ishtar (I Crónicas xiv.15)— y Apolo se apoderó de los templos
de Delfos y Argos. En Argos se concedía a la profetisa plena libertad; en
Delfos intervenía un sacerdote entre la profetisa y el adorador, traduciendo
260 Pausanias: ix.39.1-5; Plutarco: Sobre el Demonio de Sócrates xxii y La cara de la esfera de la Luna
xxx.
en hexámetro sus palabras incoherentes; En Dodona tanto las sacerdotisas
de la Paloma como los profetas varones de Zeus pronunciaban oráculos.
2. El templo de la Madre Tierra en Delfos fue fundado por los cretenses,
quienes legaron su música sagrada, su ritual, sus danzas y su calendario a
los helenos. El cetro cretense de la Madre Tierra, el labrys, o hacha doble,
dio el nombre a la corporación sacerdotal de Delfos, los Labriadas, la cual
existía todavía en la época clásica. El templo hecho con cera de abejas y
plumas se refiere a la diosa como Abeja (véase 7.3, 18.3 y 47.1) y como
Paloma (véase l.b y 62.a); el Templo de Helecho recuerda las propiedades
mágicas atribuidas a la semilla de helecho en los solsticios de verano e invierno
(Sir James Frazer dedica varias páginas al tema en su Golden
Bough); el templo de laurel recuerda la hoja de laurel que masticaban la
profetisa y sus compañeras en sus orgías. Dafnis es una forma abreviada de
Dafoenisa («la sanguinaria»), así como Dafne lo es de Dafoene (véase 21.6
y 46.2). El templo de bronce hundido en la tierra puede señalar meramente
la cuarta parte de una canción deifica que, como London Bridge is Broken
Down, se refiere a los diversos materiales inadecuados con que el templo
fue construido sucesivamente; pero también puede referirse a una tholos
subterránea, la tumba de un héroe que se encarnó en la pitón. La tholos, una
casa para espíritus en forma de colmena, parece ser de origen africano y fue
introducida en Grecia a través de Palestina. La Bruja de Endor regía un
templo análogo y el ánima de Adán pronunciaba oráculos en Hebrón. Filóstrato
se refiere a las aves doradas en su Vida de Apolonio de Tiana vi.II y
las describe como torcecuellos parecidos a sirenas; pero Píndaro las llama
ruiseñores (Fragmento citado por Ateneo 290e). Es discutible si las aves
representaban ruiseñores oraculares o torcecuellos utilizados como talismanes
amorosos (véase 152.a) y provocadores de lluvia (Marino sobre Proclo
28).
3. La inspección de las entrañas parece haber sido un recurso mántico
indo-europeo. La adivinación mediante el lanzamiento de cuatro dados
hechos con tabas tenía quizás un origen alfabético, pues se decía que había
«signos» y no números marcados en los únicos cuatro lados de cada hueso
que podían quedar boca arriba. Doce consonantes y cuatro vocales (como
en el Ogham adivinatorio irlandés llamado de O'Sullivan) constituyen la
forma más simple a que puede reducirse el alfabeto griego. Pero en la época
clásica sólo se marcaban números —1, 3, 4 y 6 en cada taba— y los significados
de todas sus posibles combinaciones habían sido codificados. La
profecía basada en los sueños es una práctica universal.
4. Los sacerdotes de Apolo exigían la virginidad a las sacerdotisas pitias
de Delfos, que eran consideradas como novias de Apolo; pero cuando una
de ellas fue seducida escandalosamente por un devoto, se decidió que en
adelante tuvieran por lo menos cincuenta años de edad al ser admitidas,
aunque seguían vistiéndose como novias. Se creía que la sangre de toro era
muy venenosa a causa de su poder mágico (véase 155.a); la sangre de los
toros sagrados, utilizada a veces para consagrar a toda una tribu, como en el
Éxodo xxiv.8, se la mezclaba con grandes cantidades de agua antes de derramarla
en los campos como fertilizante. La sacerdotisa de la Tierra, sin
embargo, podía beber todo lo que bebía la propia Madre Tierra.
5. Hera, Pasífae e Ino eran todos títulos de la Triple Diosa, la interdependencia
de cuyas personas simbolizaba el trípode en que se sentaba su
sacerdotisa.
6. El procedimiento que se seguía en el oráculo de Trofonio —que visitó
personalmente Pausanias— recuerda el descenso de Eneas, con el muérdago
en la mano, al Tártaro, donde consultó con su padre, Anquises, y una
consulta anterior de Odiseo con Anquises; también muestra la relación de
estos mitos con una forma común de rito de iniciación en la que el novicio
sufre una muerte fingida, recibe instrucción mística de una supuesta ánima
y luego renace en un nuevo clan o sociedad secreta. Plutarco observa que
los trofoniadas —los mistagogos en la caverna oscura— pertenecen a la
época pre-olímpica de Crono y los conecta correctamente con los dáctilos
del Ida que realizaban los Misterios samo-tracios.
7. El álamo negro estaba consagrado a la diosa Muerte en Pagas, y Perséfone
tenía un bosquecillo de álamos negros en el Lejano Oeste (Pausanias:
x.30.3 y véase 170.1),
8. Anfíloco y Mopso se mataron mutuamente, pero sus ánimas convinieron
en fundar un oráculo conjunto (véase 169.e).
52.
EL ALFABETO
a. Las tres Parcas o, según dicen algunos, Io, la hermana de Foroneo,
inventaron las cinco vocales del primer alfabeto y las consonantes
B y T; Palamedes, hijo de Nauplio, inventó las otras once
consonantes, y Hermes redujo los sonidos a caracteres, utilizando
formas cuneiformes porque, las grullas vuelan formando
cuña, y llevó el sistema de Grecia a Egipto. Éste era el alfabeto
pelasgo, que más tarde Cadmo llevó de vuelta a Beocia y que
Evandro de Arcadia, un pelasgo, introdujo en Italia, donde su madre
Carmenta formó los quince caracteres familiares del alfabeto
latino.
b. Desde entonces agregaron otras consonantes al alfabeto griego
Simónides de Sarrios y Epicarmo de Sicilia, y dos vocales, la
O larga y la E breve, los sacerdotes de Apolo, de modo que la lira
sagrada de éste tiene ahora una vocal para cada una de sus siete
cuerdas.
c. Alfa era la primera de las dieciocho letras, porque alphe significa
honor y alphainein es inventar, y porque el Alfeo es el más
notable de los ríos. Además Cadmo, aunque cambió el orden de
las letras, conservó a alfa en su lugar, porque aleph, en idioma fenicio,
significa buey y Beocia es la región de los bueyes261.
*
1. El alfabeto griego era una simplificación de los jeroglíficos cretenses.
Los eruditos están generalmente de acuerdo ahora en que el primer alfabeto
escrito se desarrolló en Egipto en el siglo XVIII a. de C. bajo la influencia
cretense, lo que corresponde con la tradición de Arístides, de la que informa
Plinio, de que un egipcio llamado Menos («luna») lo inventó «quince
años antes del reinado de Foroneo, rey de Argos».
2. Hay pruebas, no obstante, de que antes de la introducción del alfabeto
fenicio modificado en Grecia existía allí un alfabeto como un secreto religioso
mantenido por las sacerdotisas de la Luna-Io o las Tres Parcas; estaba
Intimamente vinculado con el calendario y sus letras estaban representadas
no por caracteres escritos, sino por ramitas cortadas de diferentes árboles
típicos de cada uno de los sucesivos meses del año.
3. El antiguo alfabeto irlandés, como el que utilizaban los druidas galos
acerca de los cuales escribió César, al principio no podía escribirse y todas
sus letras tenían nombres de árboles. Se lo llamaba el Beth-luis-nion («abedul-
serbal-fresno») por sus tres primeras consonantes; y su canon, que indica
una procedencia frigia, correspondía con los alfabetos pelasgo y latino,
es decir que tenía trece consonantes y cinco vocales. El orden original era
A, B, L, N, O, F, S, H, U, D, T, C, E, M, G, Ng o Gn, R, I, que probablemente
también fue el orden empleado por Hermes. Los ollaves irlandeses lo
convirtieron en un lenguaje de sordomudos utilizando las coyunturas de los
dedos para representar las diferentes letras, o en uno de cifras verbales. Cada
consonante representaba un mes de veintiocho días de una serie de trece,
que comenzaba dos días después del solsticio hiemal, a saber:
261 Higinio: Fábula 277; Isidoro de Sevilla: Orígenes viii. 2.84; Filóstrato: Heroica x.3; Plinio: Historia
natural vii.57; Escoliasta sobre la Ilíada de Homero xix.593; Plutarco: Sobre los banquetes ix.3.
1 24 de diciembre B abedul o acebuche
2 21 de enero L serbal
3 18 de febrero N fresno
4 18 de marzo F aliso o cornejo
5 15 de abril S sauce; SS (Z), endrino
6 13 de mayo H espino o peral silvestre
7 10 de junio D roble o terebinto
8 8 de julio T acebo o roble espinoso
9 5 de agosto C nogal; CC (Q), manzano,
serbo o membrillo
10 2 de septiembre M vid
11 30 de septiembre G hiedra
12 28 de octubre Ng o Gn caña o mundillo
13 25 de noviembre R saúco o mirto
4. Hacia el año 400 a. de C., como consecuencia de una revolución religiosa,
se modificó el orden para que correspondiera a. un nuevo sistema de
calendario del siguiente modo: B, L, F, S, N, H, D, T, C, Q, M. G, Ng, Z,
R. Éste es el alfabeto asociado con Heracles Ogmio, o «Cara del sol Ogma
», así como el anterior estaba asociado con Foroneo (véase 132 J).
5. Cada vocal representaba una estación trimestral del año: O (aulaga) el
Equinoccio de Primavera; U (brezo) el Solsticio de Verano; E (álamo) el
Equinoccio de Otoño; A (abeto o palmera) el árbol del nacimiento, e I (tejo)
el árbol de la muerte, compartían el Solsticio de Invierno. Este orden de
árboles está implícito en el mito griego y latino y la tradición sacra de toda
Europa y. mutatis mutandis, de Siria y el Asia Menor. La diosa Carmenta
(véase 86.2 y 132.6) inventó la B y la T, así como las vocales, porque cada
una de estas vocales del calendario iniciaba una mitad de su año, dividido
entre el rey sagrado y su sucesor.
6. Las grullas estaban consagradas a Hermes (véase 17.3 y 36.2), protector
de los poetas antes que Apolo usurpara su poder; y los caracteres alfabéticos
más antiguos eran cuneiformes. Palamedes («inteligencia antigua»),
con su grulla sagrada (Marcial: Epigramas xiii.75) era el equivalente cario
del dios egipcio Thoth, inventor de letras, con su ibis parecida a una grulla;
y Hermes era el primitivo equivalente helénico de Thoth (véase 162.s). Que
Simónides y Epicarmo agregaron nuevas letras al alfabeto es historia y no
mito, aunque el motivo exacto por el que lo hicieron sigue siendo dudoso.
Dos de las adiciones, xi y psi, eran innecesarias y la supresión de la H aspirada
y la digamma (F) empobreció el canon.
7. Se puede demostrar que los nombres de las letras conservadas en el
Beth-luis-nion irlandés, que según se ha dicho tradicionalmente provenía de
Grecia y llegaron a Irlanda pasando por España (véase 132.5), formaban un
encantamiento griego arcaico en honor de la Diosa Blanca Arcadia Alfito,
quien en la época clásica había degenerado en un mero coco para niños. El
orden cadmeo de las letras, perpetuado en el familiar ABC, parece ser un
arreglo deliberadamente erróneo hecho por mercaderes fenicios; éstos utilizaban
el alfabeto secreto con fines comerciales, pero temían ofender a la
diosa revelando su verdadero orden.
Este tema importante y complicado se trata extensamente en La Diosa
Blanca (capítulos 1-15 y 21).
8. Las vocales agregadas por los sacerdotes de Apolo a su lira eran probablemente
las mencionadas por Demetrio, un filósofo alejandrino del siglo
I a. de C. en su disertación Sobre el estilo:
«En Egipto los sacerdotes cantan himnos a los dioses pronunciando las
siete vocales sucesivamente, y su sonido produce una fuerte impresión musical
en sus oyentes como si se emplearan la flauta y la lira... pero quizá
convenga que no trate detalladamente este tema.»
Esto sugiere que las vocales eran utilizadas en la música de lira terapéutica
en los templos de Apolo.
53.
LOS DÁCTILOS
a. Algunos dicen que mientras Rea daba a luz a Zeus apretó los
dedos contra la tierra para aliviar sus dolores y así surgieron los
Dáctilos: cinco hembras de su mano izquierda y cinco varones de
la derecha. Pero generalmente se sostiene que vivían en el monte
Ida de Frigia mucho antes del nacimiento de Zeus, y algunos dicen
que la ninfa Anquiale los dio a luz en la Cueva Dictea cerca
de Oaxo. Los Dáctilos varones eran herreros y descubrieron el
hierro por vez primera en el cercano monte Berecinto; y sus hermanas,
que se establecieron en Samotracia, provocaban allí gran
admiración emitiendo hechizos mágicos, y enseñaron a Orfeo los
misterios de la diosa: sus nombres son un secreto bien guardado262.
b. Otros dicen que los varones eran los Curetes que protegieron
la cuna de Zeus en Creta, y luego fueron a Elide y erigieron un
262 Diodoro Sículo: v.64; Sófocles: Los sátiros sordos, citado por Estrabón: x.3.22; Apolonio de Rodas:
i.509 y 1130.
templo para propiciar a Crono. Se llamaban Heracles, Peoneo,
Epimedes, Yasión y Acésidas. Heracles llevó el olivo silvestre
desde los Hiperbóreos hasta Olimpia e hizo que sus hermanos
menores corrieran allí una carrera, lo que dio origen a los Juegos
Olímpicos. También se dice que coronó a Peoneo, el vencedor,
con una rama de olivo silvestre, y que en adelante dormían en lechos
hechos con sus hojas verdes. Pero la verdad es que no se
empleó el olivo silvestre para coronar al vencedor hasta la séptima
olimpíada cuando el oráculo de Delfos ordenó a Ifito que sustituyera
con él el ramaje de manzano que hasta entonces se otorgaba
como premio por la victoria263.
c. Acmón, Damneo y Celmis son títulos de los tres Dáctilos
mayores; algunos dicen que Celmis fue convertido en hierro como
castigo por haber insultado a Rea264.
*
1. Los Dáctilos personifican a los dedos y la carrera olímpica de Heracles
es una fábula ilustrada tamborileando con los dedos en una mesa, omitiendo
el pulgar, y en la que el índice gana siempre la carrera. Pero el saber
secreto órfico se basaba en una serie calendaria de árboles mágicos, a cada
uno de los cuales se le asignaba una coyuntura de los dedos distinta en el
lenguaje por señas, y una letra distinta del alfabeto calendario órfico. el
cual parece haber sido de origen frigio (véase 52.3). El olivo silvestre pertenece
a la coyuntura superior del pulgar, supuestamente la sede de la virilidad
y en consecuencia llamada Heracles. Se decía que a este Heracles le
brotaban hojas del cuerpo (Palefatos: 37). Se recuerda el sistema en los
nombres populares de los dedos en el Occidente: por ejemplo, el «dedo del
tonto», que corresponde a Epimedes, el dedo del corazón; y el «dedo medicinal
», que corresponde a Yasión, el cuarto; y en los nombres de los dedos
en la quiromancia: por ejemplo. Saturno por Epimedes, pues Saturno se
mostró torpe en su lucha con Zeus; y Apolo, dios de la curación, por Yasión.
El índice se le concede a Júpiter, o Zeus, que ganó la carrera. El meñique,
Mercurio o Hermes, es el mágico. En toda la Europa primitiva la
metalurgia iba acompañada de conjuros y en consecuencia los herreros reclamaban
como sus Dáctilos a los dedos de la mano derecha y dejaban los
de la izquierda a las hechiceras.
263 Pausanias: v.7.4; Flegón de Tralles: Fragmenta Histórica Graeca iii.604.
264 Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: i.1129; Ovidio: Metamorfosis iv.281.
2. La fábula de Acmón, Damneo y Celmis, cuyos nombres se refieren al
arte de la herrería, es otro cuento infantil, ilustrado golpeando el índice en
el pulgar, como un martillo en un yunque, y luego deslizando la punta del
dedo del corazón entre ellos, como si fuera un trozo de hierro candente. El
hierro llegaba a Creta por Frigia desde lugares más lejanos de la costa meridional
del Mar Negro; y Celmis, que era una personificación del hierro
fundido, tenía que ser odiosa para la Gran Diosa Rea, patrona de los herreros,
cuya decadencia religiosa comenzó con la fundición del hierro y la llegada
de los dorios armados con armas de hierro. Ella sólo había reconocido
como minerales terrestres el oro, la plata, el cobre, el plomo y el estaño,
aunque las masas de hierro meteórico eran muy apreciadas a causa de su
origen milagroso y una puede haber caído en el monte Berecinto. Una masa
no trabajada se encontró en un depósito neolítico de Festo junto a una imagen
de arcilla de la diosa en cuclillas, conchas marinas y escudillas para
ofrendas. Todo el hierro primitivo egipcio es meteórico; contiene una alta
proporción de níquel y es casi inoxidable. El insulto de Celmis a Hera dio
su nombre al dedo del corazón: dígita impúdica.
3. Los Juegos Olímpicos tuvieron su origen en una carrera pedestre realizada
por muchachas para alcanzar el privilegio de llegar a ser sacerdotisas
de la diosa Luna, Hera (Pausanias: v.16.2); y como este acontecimiento tuvo
lugar en el mes de Partenios, «de la doncella», parece haber sido anual.
Cuando Zeus se casó con Hera —es decir, cuando los aqueos introdujeron
en Grecia una nueva forma de monarquía sagrada (véase 12.7)— se corrió
una segunda carrera pedestre por hombres jóvenes para obtener el peligroso
privilegio de llegar a ser el consorte de la sacerdotisa, el Sol de su Luna y
por lo tanto de Elide; del mismo modo en que Anteo hizo que los pretendientes
de su hija corrieran una carrera por ella (Píndaro: Odas píticas ix),
siguiendo el ejemplo de Ícaro (véase I60.d) y Dánao (véase 60.»).
4. En adelante los Juegos se realizaban cada cuatro años en vez de
anualmente, y la carrera a pie de las muchachas se efectuaba en un festival
aparte, quince días antes o quince días después de los Juegos Olímpicos
propiamente dichos; y el reinado sagrado conferido al vencedor de la carrera
pedestre cuando se casaba con la nueva sacerdotisa, es recordado en los
honores divinos que seguía otorgando la victoria en la época clásica. Después
de ser coronado con el olivo de Heracles o Zeus, y aclamado Rey
Heracles le arrojaban hojas como a un Jack O'Green265, y encabezaba la
danza en una procesión triunfal y comía carne del toro sacrificado en la Sala
del Consejo.
5. El premio original, una manzana, o una rama de manzano, había sido
una promesa de inmortalidad cuando lo mataba debidamente su sucesor;
265 Jack o Green: muchacho al que se encerraba en un armazón de madera cubierto de hojas en las celebraciones
del día de mayo inglesas. N. del T.
pues Plutarco (Cuestiones pertenecientes a los banquetes v.2) dice que si
bien una carrera pedestre era la única competencia en los Juegos Olímpicos
originales, también se realizaba un combate singular que sólo terminaba
con la muerte del vencido. Este combate es recordado mitológicamente en
la fábula referente a que los Juegos comenzaron con una lucha cuerpo a
cuerpo entre Zeus y Crono por la posesión de Elide (Pausanias v.7), o sea el
combate del solsticio de verano entre el rey y su sucesor; y el resultado era
inevitable, pues el sucesor estaba armado con una lanza.
6. Un escoliasta de Píndaro (Odas olímpicas iii.33), citando a Comarco;
demuestra que el Nuevo Año eliano se calculaba desde la luna llena más
próxima al solsticio de invierno, y que un segundo Año Nuevo comenzaba
en el solsticio de verano. Probablemente, por lo tanto, el nuevo Zeus-
Heracles, o sea el vencedor de la carrera pedestre, mataba al sucesor del
Año Viejo, Crono-Ificles, en el solsticio de invierno. De aquí que Heracles
instituyera los Juegos y diera el nombre a la sepulcral Colina de Crono «en
una estación en la que la cumbre estaba humedecida con mucha nieve»
(Píndaro: Odas olímpicas x.49.)
7. En la antigüedad a Zeus-Heracles le arrojaban hojas de roble y le daban
una rama de manzano en el solsticio de verano, inmediatamente antes
de que lo matara su sucesor; había ganado la rama de olivo silvestre real en
el solsticio de invierno. La sustitución de la manzana por el olivo silvestre,
que es el árbol que aleja a los demonios, implicaba la abolición de ese
combate a muerte y la conversión del año simple, dividido en dos mitades,
en un Gran Año. Éste comenzaba en el solsticio invernal, cuando el tiempo
solar y el lunar coincidían favorablemente para el casamiento del Sol y la
Lana, y se dividía en dos olimpíadas de cuatro años cada una; el rey y su
sucesor reinaban sucesiva o concurrentemente. Aunque en la época clásica
la carrera del carro solar —cuya autoridad mitológica es el concurso entre
Pélope y Enómao por Deidamía (véase 109.3)— se había convertido ya en
el acontecimiento más importante de los Juegos, todavía se consideraba por
alguna razón de mal agüero que a uno le arrojaran hojas después de una
victoria en la carrera pedestre; y Pitágoras aconsejaba a sus amigos que
compitieran en ese acontecimiento pero no ganaran la carrera. El buey de la
victoria comido en la Sala del Consejo era claramente un sustituto del rey,
como en el festival ateniense de la Eufonías (véase 21.13).
8. Olimpia no es un lugar micénico y en consecuencia es improbable que
los mitos pre-aqueos hayan sido tomados de Creta; parecen ser pelasgos.
54.
LOS TELQUINES
a. Los nueve Telquines con cabeza de perro y manos con aletas,
hijos del Mar, nacieron en Rodas, donde fundaron las ciudades de
Camiro, Yáliso y Lindo; de allí emigraron a Creta y fueron sus
primeros habitantes. Rea confió a su cuidado al infante Posidón y
ellos forjaron su tridente, pero mucho antes habían hecho para
Crono la hoz dentada con que castró a su padre Urano; además
fueron los primeros que tallaron imágenes de los dioses.
b. Sin embargo, Zeus decidió destruirlos con un diluvio, porque
se habían inmiscuido en el estado atmosférico, produciendo nieblas
mágicas y agostando las mieses con azufre y agua del Estigia.
Avisados por Ártemis, todos ellos huyeron por el mar, algunos
a Beocia, donde construyeron el templo de Atenea en Teumeso;
algunos a Sición, varios a Licia y otros a Orcómeno, donde
fueron los sabuesos que despedazaron a Acteón. Pero Zeus mató a
los Telquines de Teumeso con un diluvio; Apolo, disfrazado de
lobo, destruyó a los de Licia, aunque habían tratado de aplacarlo
con un nuevo templo; y ya no se les encuentra en Orcómeno. Se
dice que algunos viven todavía en Sición266.
*
1. El hecho de que los nueve Telquines fueran hijos del Mar, actuaran
como los sabuesos de Ártemis, crearan nieblas mágicas y fundaran las ciudades
que recibieron su nombre de las tres danaides, Camiro, Yálisa y Linda
(véase 60.d) indica que eran originalmente emanaciones de la diosa Luna
Dánae; cada una de sus tres personas en tríada (véase 60.2). Los gramáticos
griegos derivaban la palabra «telquin» de thelgein, «encantar», pero
como la mujer, el perro y el pez se combinaban igualmente en las representaciones
de la tirrena Escila —la cual también estaba en su elemento en
Creta (véase 91.2)— y en los mascarones de proa de los barcos tirrenos, la
palabra puede ser una variante de «Tyrrhen» o «Tyrsen»; los libios confundían
la l y la r y la siguiente consonante era algo entre una aspirada y una
sibilante. Al parecer les rendía culto una población matriarcal primitiva de
Grecia, Creta, Lidia y las islas del Egeo a la que persiguieron los helenos
patriarcales invasores, absorbiéndolos u obligándolos a emigrar hacia el
266 Eustacio sobre Homero: p.771-2; Ovidio: Metamorfosis vii.365-7; Diodoro Sículo: iii.55.2-3; Estrabón:
xiv.2.7; Calímaco: Himno a Délos 31; Servio sobre la Eneida de Virgilio iv.377.
oeste. El origen de los Telquines puede haber sido africano oriental.
2. Se hacía surgir nieblas mágicas mediante hechizos con sauce. Se suponía
que el agua del Estigia (véase 31.4) era tan santa que la menor gota
de ella causaba la muerte, a menos que se la bebiese de una copa hecha con
un casco de caballo, lo que prueba que estaba consagrada a la diosa de cabeza
de yegua de Arcadia. Se dice que Alejandro Magno se envenenó con
el agua del Estigia (Pausanias: viii.18.2). Su empleo mágico por los Telquines
indica que sus devotos se reunían en el cercano monte Nonacris
(«nueve picos»), en una época el principal centro religioso de Grecia; hasta
los dioses olímpicos hacían sus juramentos más solemnes invocando al Estigia.
55.
LAS EMPUSAS
a. Los inmundos demonios llamados Empusas, hijas de Hécate,
tienen ancas de asno y llevan zapatillas de bronce, a menos que,
como declaran algunos, tengan una pata de asno y otra pata de latón.
Acostumbran asustar a los viajeros, pero se las puede ahuyentar
con palabras insultantes, al oír las cuales huyen chillando. Las
Empusas se disfrazan de perras, vacas o doncellas hermosas, y en
la última forma se acuestan con los hombres por la noche o durante
la siesta, y les chupan sus fuerzas vitales hasta que mueren267.
*
1. Las Empusas («entradoras por fuerza») son demonios femeninos ávidamente
seductores, concepción probablemente llevada a Grecia desde Palestina,
donde se las llamaba Lilim («hijas de Lilith») y se creía que tenían
ancas de asno, pues el asno simbolizaba la lascivia y la crueldad. Lilith
(«buho») era una Hécate cananea, y los judíos hacían amuletos para protegerse
con ella en una época tan posterior como la Edad Media. Hécate, la
verdadera gobernante del Tártaro (véase 31.f), llevaba una sandalia de
bronce —la sandalia de oro era de Afrodita— y sus hijas, las Empusas, seguían
su ejemplo. Podían transformarse en doncellas hermosas o vacas, así
267 Aristófanes: Ranas 288 y ss.; Parlamento de las mujeres 1056 y 1094; Papyri Magia Graeci
iv.2334; Filóstrato: Vida de Apolonio de Tiana iv.25; Suidas sub Empusas.
como en perras, porque la perra Hécate, miembro de la tríada de la Luna,
era la misma diosa que Afrodita, o la Hera de ojos de vaca.


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