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EL ARTE OSCURO

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martes, 14 de mayo de 2013

Robert Graves - Los Mitos Griegos - V




 Robert Graves 
Los Mitos Griegos - V

138.  LA CONQUISTA DE ELIDE


a. No mucho después de su regreso Heracles reunió una fuerza de tirintios y arcadios, a la que se unieron voluntarios de las familias más nobles de Grecia, y marchó contra Augías, rey de Elide, por quien sentía rencor con motivo del quinto trabajo[405]. Pero Augías, previendo su ataque, se había preparado para resistir designando como sus generales a Eurito y Ctéato, hijos de su hermano Actor y Molíone, o Moline, hija de Molo, y dando una participación en el gobierno de Elide al valiente Amarinceo, a quien se describe habitualmente como hijo del emigrante tesalio Pitio[406].

b. A los hijos de Actor se los llama Moliones, o Moliónidas, por su madre, para distinguirlos de los del otro Actor que se casó con Egina. Eran mellizos, nacidos de un huevo de plata, y superaban en fuerza a todos sus contemporáneos; pero, a diferencia de los Dioscuros, estaban unidos por la cintura desde su nacimiento[407]. Los Moliónidas se casaron con las hijas mellizas del centauro Dexámeno y, una generación después, sus hijos reinaban en Elide conjuntamente con el nieto de Augías y el hijo de Amarinceo. Cada uno de estos cuatro mandaba diez naves en la expedición a Troya. Actor poseía ya una participación en el reino por su madre Hermine, hija de Neleo, cuyo nombre dio él a la ahora desaparecida ciudad de Hirmine[408].

c. Heracles no se cubrió de gloria en esta guerra elea. Se enfermó y cuando los Moliones derrotaron a su ejército, que estaba acampado en el centro de Elide, los corintios intervinieron y proclamaron la Tregua ístmica. Entre los heridos por los Moliones se hallaba Ificles, el hermano mellizo de Heracles; sus amigos lo llevaron desfallecido a Feneo en Arcadia, donde más tarde moriría y se convertiría en héroe. Trescientos sesenta cleonenses murieron también valientemente luchando en el lado de Heracles, y él les cedió los honores que le habían otorgado los Nemeos después de haber matado al león[409]. Se retiró a Oleno, la patria de su amigo Dexámeno, suegro de los Moliones, a cuya hija menor, Deyanira, desfloró después de prometerle casarse con ella. Cuando Heracles siguió adelante, el centauro Euritión pidió la mano de Deyanira, que Dexámeno no se atrevió a negarle; pero el día de la boda reapareció Heracles de improviso, mató a Euritión y sus hermanos y se llevó a Deyanira. Algunos dicen, sin embargo, que la prometida de Heracles se llamaba Mnesímaca o Hipólita, basándose en que a Deyanira se la considera más habitualmente como hija de Éneo. Dexámeno había nacido en Bura, famosa por su oráculo de los dados de Heracles[410].

d. Cuando Heracles volvió a Tirinto, Euristeo le acusó de tener proyectos respecto a la dignidad regia en la que él había sido confirmado por Zeus, y lo desterró de Argólide. Con su madre Alcmena y su sobrino Yolao, Heracles se unió a Ificles en Feneo, donde tomó por amante a Laónome, hija de Guneo. A través del centro de la llanura fenecía abrió un cauce para el río Aroanio, de unos cincuenta estadios de longitud y treinta pies de profundidad, pero el río no tardó en abandonar ese canal, que se ha derrumbado acá y allá, y volvió a su cauce anterior. También abrió profundas grietas al pie de los montes Péneos para desviar el agua de las inundaciones; éstas sirvieron bien sus propósitos, salvo que en una ocasión, después de un turbión, el Aroanio creció e inundó la antigua ciudad de Feneo; las marcas que indican hasta dónde llegó la inundación se ven todavía en la ladera de la montaña[411].

e. Después, habiéndose enterado de que los habitantes de Elide enviaban una procesión para honrar a Posidón en el Tercer Festival ístmico, y de que los Moliones presenciarían los juegos y tomarían parte en los sacrificios, Heracles les tendió una emboscada en un bosquecillo situado junto al camino más abajo de Cleonas, y mató a los dos, y también a su primo Éurito, hijo del rey Augías[412].

f. Molíone se enteró pronto de quién había matado a sus hijos e hizo que los eleos exigieran una reparación a Euristeo, fundándose en que Heracles era natural de Tirinto. Cuando Euristeo negó su responsabilidad por las fechorías de Heracles, a quien había desterrado, Molíone pidió a los corintios que excluyeran a todos los argivos de los Juegos ístmicos hasta que dieran una reparación por el asesinato. Ellos se negaron a hacerlo, en vista de lo cual Molíone maldijo a todos los eleos que intervinieran en el festival. Su maldición se respeta todavía: ningún atleta de Elide se apunta en los Juegos ístmicos[413].

g. Heracles pidió a Onco que le prestara el caballo Arión de negras crines, lo domó, reclutó un nuevo ejército en Argos, Tebas y Arcadia y saqueó la ciudad de Elide. Algunos dicen que mató a Augías y sus hijos, restauró a Fileo, el rey legítimo, y lo puso en el trono de Elide ordenando que las viudas de los eleos muertos se acostaran con sus soldados; las viudas rogaron conjuntamente a Atenea que pudieran concebir al primer abrazo. Su súplica fue atendida y, en agradecimiento, fundaron un templo dedicado a la Madre Atenea. Tan general fue la alegría por este acontecimiento afortunado que al lugar donde se habían unido con sus nuevos maridos y al arroyo que corre por él lo llamaron Bady, palabra elea que significa «agradable». Heracles entregó luego el caballo Arión a Adraste, alegando que, después de todo, prefería luchar a pie[414].

h. Más o menos en esa época Heracles conquistó su título de Búfago o «comedor de bueyes». La cosa sucedió así: Lepreo, hijo de Caucón y Astidamía, quien fundó la ciudad de Lepreo en Arcadia (el distrito derivaba su nombre de la lepra que había atacado a los pobladores anteriores), había aconsejado tontamente al rey Augías que encadenase a Heracles cuando éste pidió que le pagase por haber limpiado los establos. Al saber que Heracles se dirigía a la ciudad, Astidamía convenció a
Lepreo para que lo recibiera cortésmente y le pidiera perdón. Heracles se lo concedió, pero desafió a Lepreo a una competencia triple: arrojar el disco, beber un balde de agua tras otro y comer un buey. Aunque Heracles ganó en el lanzamiento del disco y la bebida del agua, Lepreo comió el buey en menos tiempo que él. Engreído con el triunfo, Lepreo desafió a Heracles a un duelo, y el último lo mató inmediatamente con la clava; su tumba se exhibe en Figalia. Los lepreos, que adoran
a Deméter y a Zeus del Álamo Blanco, han sido siempre subditos de Elide; y si alguno de ellos gana un premio en Olimpia, el heraldo le declara eleo de Lepreo. Los eleos siguen honrando a Augías como héroe, y sólo durante el reinado del espartano Licurgo se les convenció para que olvidaran su enemistad con Heracles y le hicieran a él también sacrificios, y por ese medio evitaron
una pestilencia[415].

i. Después de la conquista de la Elide Heracles reunió su ejército en Pisa y utilizó el botín para establecer el famoso Festival Olímpico de cada cuatro años y los Juegos de ese nombre en honor de su padre Zeus; según dicen algunos, era solamente la octava competencia atlética que se realizaba[416]. Después de medir un recinto para Zeus y de haber cercado el Bosque Sagrado, se salió del estadio, llamó a una loma vecina «La Colina de Crono» y erigió seis altares a los dioses olímpicos: uno para cada par de ellos. Al hacer los sacrificios a Zeus quemó los muslos de las víctimas en un fuego de madera de álamo blanco cortada de árboles que crecían junto al río tesprotio Aquerón; también fundó un hogar para los sacrificios en honor de su bisabuelo Pélope y le
asignó un altar. Como en esa ocasión le molestaron mucho las moscas, ofreció un segundo sacrificio a Zeus Desviador de las Moscas, quien las envió zumbando al otro lado del río Alfeo. Los eleos siguen haciendo sacrificios a ese Zeus cuando expulsan a las moscas de Olimpia[417].

j. Ahora bien, en la primera luna llena después del solsticio de verano todo estaba dispuesto para el Festival, excepto que el valle carecía de árboles que lo protegieran del sol. En consecuencia, Heracles volvió al País de los Hiperbóreos, donde había admirado los icebuches que crecían en las fuentes del Danubio, y convenció a los sacerdotes de Apolo para que le dieran uno con el fin de plantarlo en el recinto de Zeus. Cuando volvió a Olimpia ordenó que el arbitro etolio coronase a los vencedores con sus hojas, las cuales serían su única recompensa, porque él había realizado sus trabajos sin que se los pagase Euristeo. Este árbol, llamado «El Olivo de la Corona Justa», se alza todavía en el Bosque Sagrado detrás del templo de Zeus. Las ramas para las coronas las corta con una hoz de oro un niño de noble cuna cuyos padres deben estar vivos[418].

k. Algunos dicen que Heracles ganó todas las pruebas por falta de contrincante, pues nadie se atrevía a competir con él; pero la verdad es que todas se disputaron con entusiasmo. Sin embargo, no se pudo encontrar competidores para el pugilato, hasta que Zeus, disfrazado, condescendió a entrar en k liza. La lucha terminó en empate, Zeus se reveló a su hijo Heracles, todos los espectadores lo aclamaron y la luna llena brilló como si fuera de día[419].

l. Pero, según la leyenda más antigua, los Juegos Olímpicos fueron fundados por el Heracles Dáctilo, y fue éste quien llevó el olivo silvestre del País de los Hiperbóreos. Los talismanes y amuletos en honor de Heracles Dáctilo son muy utilizados por las hechiceras, que sienten poco respeto por Heracles hijo de Alcmena. Él altar de Zeus, que se alza a la misma distancia entre el templo de Pélope y el de Hera, pero frente a ambos, se dice que fue construido por este Heracles anterior, como el altar de Pérgamo, con las cenizas de los fémures de las víctimas que sacrificó Zeus. Una vez al año, en el día decimonono del mes eleo Elafio, los adivinos sacan las cenizas de la Sala del Consejo y después de humedecerlas con agua del río Alfeo —pues ninguna otra serviría— aplican al altar una nueva capa de esta mezcla[420].

m. Esto no supone, sin embargo, negar que el Heracles hijo de Alcmena volviera a fundar los Juegos, pues en Elide se muestra un antiguo gimnasio cercado en el que se adiestran los atletas. Altos sicómoros se alzan entre las pistas de carrera y al recinto se le llama Jisto, porque Heracles se ejercitó allí raspando cardos. Pero el cretense Clímeno, hijo de Cardo, un descendiente de los dáctilos, había celebrado el Festival sólo cincuenta años después del Diluvio de Deucalión, y luego habían hecho lo mismo Endimión, y Pélope, y Amitaón, hijo de Creteo, Pelias y Neleo, y algunos dicen que Augías[421].

n. El Festival Olímpico se celebra a un intervalo de alternativamente cuarenta y nueve y cincuenta meses, según el calendario, y ahora dura cinco días: desde el 11 hasta el 15 del mes en que cae. Los heraldos proclaman un armisticio completo en toda Grecia durante todo ese mes, y no se permite que asista ningún atleta que se haya hecho culpable de alguna felonía o delito contra los dioses. Originalmente el festival era organizado por los písanos, pero después del regreso final de los heráclidas sus aliados etolios se instalaron en Elide y se encargaron de esa tarea[422].

o. En el lado septentrional de la Colina de Crono se aloja una serpiente llamada Sosípolis en el templo de Ilitía; una virgen sacerdotisa con velo blanco la alimenta con tortas de miel y agua. Esta costumbre recuerda un milagro que ahuyentó a los arcadios cuando lucharon contra la tierra santa de Elide: una mujer desconocida se presentó ante los generales de Elide con un niño de pecho y se lo entregó como su paladín. Ellos le creyeron, y cuando ella colocó al niño entre los dos ejércitos se convirtió en una serpiente; los arcadios huyeron, perseguidos por los eleos, y sufrieron terribles bajas. El templo de Ilitía señala el lugar donde la serpiente desapareció en la Colina de Crono. En la cumbre se ofrecen sacrificios a Crono en el equinoccio de la primavera, en el mes de Elafión, por sacerdotisas llamadas «Reinas»[423].

1.      Este mito se refiere, al parecer, a una desafortunada invasión aquea del Peloponeso occidental seguida, al final del siglo XIII a. de C., por una segunda, afortunada, a la que se ha confundido, no obstante, con la invasión doria del siglo XI a. de C, pues Heracles era también un héroe dorio. E1 asesinato de Euritión puede haberse deducido de la misma ilustración nupcial en la que aparecía la muerte de Folo. La excavación por Heracles del canal del Arcano corre pareja con hazañas análogas de Elide (véase 121.d), Beoda (véase 142.3) y Tracia (véase 130.8); y los honores tributados a los trescientos sesenta cleonenses se refieren probablemente a un misterio calendario, pues trescientos sesenta son el número de los días del año egipcio que excluye a los cinco consagrados a Osiris, Horus, Set, Isis y Neftis.

2.      La lepra asociada con Lepreo era vitíligo, enfermedad de la piel causada por alimentos en mal estado que podía curar la diosa Luna del álamo blanco (Diosa Blanca, páginas 611-12); la verdadera lepra no llegó a Europa hasta el siglo I a. de C.

3.      El titulo de Búfago de Heracles se refería originalmente a la comida de un buey por sus adoradores.

4.      Sosípolis tiene que haber sido el espíritu de Crono, cuyo nombre se le dio a la loma y cuya cabeza fue enterrada en su ladera septentrional para proteger al estadio que se hallaba detrás, cerca de la confluencia del Cladeo y el Alfeo. Su equivalente británico Bran guardaba igualmente la Colina de la Torre que domina a Londres (véase 146.2). El equinoccio de la primavera, cuando nacen los cervatillos, se da durante el mes del aliso del calendario de los árboles, llamado también Elafión («del cervatillo») y está consagrado peculiarmente a Crono-Bran (Diosa Blanca, pp. 222-23). Esto indica que, originalmente, el Año Nuevo de Elide comenzaba en el solsticio de primavera, como en parte de Italia, cuando el rey del año viejo, llevando cuernos como Acteón (véase 22.1), era muerto por las mujeres enfurecidas, o «Reinas»; Heracles el dáctilo pertenece a este culto (véase 53.¿). Los Pelópidas parecen haber modificado el calendario cuando llegaron con su carro y su marsopa solares, haciendo que los juegos fúnebres celebraran la muerte y el sobreseimiento de Zeus, el rey sagrado, en el solsticio estival, por su sucesor, así como el rey se vengaba del sucesor en el solsticio hiemal. En la época clásica, por tanto, el Año Nuevo de Elide se celebraba en el verano. La mención de Pélope indica que el rey era devorado sacriíicialmente y las cenizas de sus huesos se mezclaban con agua para revocar el altar de la Diosa. A él se le llamaba el Zeus Verde, o Aquiles (véase 164.5), y también Heracles.

5.      El acebuche, utilizado en Grecia para expulsar a los demonios y rencores del año viejo, que tomaban la forma de moscas, fue introducido desde Libia, donde tenía su origen el culto del Viento Norte (véase 48.1 y 133.5), más bien que del norte. En Olimpia sería el muérdago (o loranthus) y no el acebuche, lo que el niño cortaba con una hoz de oro (véase 1.1 y 50.2); el acebuche figuraba en el calendario de los árboles hiperbóreos (véase 119.3). La carrera pedestre que corrían las muchachas por el puesto de sacerdotisa de Hera fue el primer acontecimiento celebrado, pero cuando el año único del reinado del rey se prolongó convirtiéndolo en el Gran Año de nominalmente cien meses —para permitir una sincronización más exacta del tiempo solar y el lunar— el rey reinaba durante la mitad de ese período y su sucesor durante la otra mitad. Posteriormente ambos reinaban concurrentemente con el título de Moliones y estaban unidos no menos estrechamente que los reyes de Esparta (véase 74.1). Es posible que se diera en Grecia un caso de hermanos siameses para reforzar la metáfora. Pero la división de la Elide por Augías, de la que informa Homero, demuestra que en una etapa todavía posterior el rey sagrado retenía una tercera parte de su reino cuando debía retirarse, como hizo Preto en Argos. Es evidente que Amarinceo obtuvo su parte mediante la conquista.

6.      Moliones es quizás el título de la diosa Luna elea, la patrona de los Juegos, y significa «Reina del Moli», el moli es una especie de ajo silvestre que en otras partes contrarrestaba la magia lunar (véase 170.5). Se la llamaba también Agameda («muy sagaz»), y éste es el nombre de la hechicera de Augías, quien «conocía todas las drogas que produce la tierra» (Homero: Ilíada xi.739-41). En la Grecia clásica, «Atenea la Madre» era un concepto extraño e indecoroso y tenía que ser disculpado dando explicaciones (véase 25.2 y 141.í), pero la tradición de Elide indica que se habían celebrado orgías eróticas en su honor junto al río Bady.

7.      La doma de Arión, al parecer, formaba parte del rito de la coronación en la Onco arcadia (véase 130.1).


139.  LA TOMA DE PILOS


a. A continuación Heracles saqueó e incendió la ciudad de Pilos, porque sus habitantes habían salido en ayuda de Elide. Mató a los hijos de Neleo, excepto el menor, Néstor, que estaba en Gerania, pero el propio Neleo escapó con vida[424].

b. Atenea, defensora de la justicia, luchó en favor de Heracles, y Pilos fue defendida por Hera, Posidón, Ha-des y Ares. Mientras Atenea combatía con Ares, Heracles se enfrentó con Posidón, con la clava contra el tridente, y le obligó a retroceder. Luego corrió en ayuda de Atenea, con la lanza en la mano, y en la tercera embestida atravesó el escudo de Ares y arrojó a éste de cabeza a tierra; luego, con una poderosa lanzada en el muslo de Ares, penetró profundamente en la carne divina. Ares huyó angustiado al Olimpo, donde Apolo le puso ungüentos calmantes en la herida y le curó en menos de una hora; en consecuencia volvió a luchar, hasta que una de las flechas de Heracles le atravesó el homblo y le obligó a abandonar definitivamente el campo de batalla. Entretanto, Heracles había herido también a Hera en el pecho derecho con una flecha de tres púas[425].

c. El hijo mayor de Neleo, el argonauta Periclímeno, estaba dotado por Posidón con una fuerza ilimitada y el poder de asumir la forma que deseara, de ave, animal o árbol. En esta ocasión se transformó primeramente en un león, luego en una serpiente y al cabo de un rato, para evitar el escrutinio, se posó en el tachón del yugo de los caballos de Heracles en la forma de una hormiga, una mosca o una abeja[426]. Heracles, advertido disimuladamente por Atenea, reconoció a Periclímeno y tomó su clava, ante lo cual Periclímeno se transformó en un águila y trató de picotearle en los ojos, pero una flecha disparada súbitamente por Heracles se le clavó bajo el ala. Cayó a tierra y al caer la fecha le atravesó el cuello y lo mató. Algunos dicen, no obstante, que huyó y se puso a salvo; y que Heracles había atacado a Posidón en una ocasión anterior, después de la muerte de Ifito, cuando Neleo se negó a purificarle; y que la lucha con Hades tuvo lugar en la otra Pilos de Elide, cuando Heracles fue desafiado por haberse llevado a Cerbero sin permiso[427].

d. Heracles entregó la ciudad de Mesena a Néstor, para que la administraran sus descendientes, recordando que Néstor no había intervenido en el robo del ganado de Gerión que él conducía; y no tardó en quererle todavía más que a Hilas y Yolao. Fue Néstor el primero que juró por Heracles[428].

e. Los eleos, aunque ellos mismos reconstruyeron Pilos, aprovecharon la debilidad de los pilianos para oprimirlos de manera mezquina. Neleo conservó su paciencia hasta que un día, habiendo enviado un carro y un tronco de cuatro caballos campeones a un concurso para competir por un trípode en los Juegos Olímpicos, se enteró de que Augías se había apoderado de ellos y enviado al auriga de vuelta a pie. En vista de ello, ordenó a Néstor que hiciera una incursión de represalia en la llanura de Elide; y Néstor consiguió apoderarse de cincuenta vacadas, cincuenta rebaños de ovejas, cincuenta piaras de cerdos, cincuenta rebaños de cabrás, y ciento cincuenta yeguas zainas, muchas con potrillos, venciendo a los eleos que se le opusieron y ensangrentando su lanza en esa su primera lucha. Los heraldos de Neleo convocaron luego a todos los habitantes de Pilos con quienes los eleos tenían alguna deuda y después de repartir el botín entre los reclamantes, reservando la parte del león para Néstor, ofreció sacrificios generosos a los dioses. Tres días después los eleos avanzaron contra Pilos en orden de batalla —entre ellos los dos hijos huérfanos de los Moliones, que habían heredado su título— y cruzaron la llanura desde Trioesa. Pero Atenea se presentó por la noche para advertir y reunir a los pilianos; y cuando se libró la batalla Néstor, que iba a pie, derribó a Amarinceo, el jefe de los eleos, se apoderó de su carro y pasó como una tempestad entre las filas eleas, apoderándose de otros cincuenta carros y dando muerte a cien hombres. Los Moliones también habían caído bajo su lanza activa si Posidón no los hubiera envuelto en una niebla impenetrable y alejado de allí. Los eleos, perseguidos con vehemencia por el ejército de Néstor, huyeron hasta la Roca Olenia, donde Atenea mandó hacer alto[429].

f. Se concedió una tregua, Amarinceo fue enterrado en Buprasión y se le otorgaron juegos fúnebres en los que intervinieron numerosos pilianos. Los Moliones ganaron la carrera de carros acorralando a Néstor en el recodo, pero se dice que él venció en todos los otros juegos: la lucha, el pugilato, la carrera pedestre y el lanzamiento de jabalina. Es justo añadir que el principal testigo de esas hazañas era el propio Néstor en su locuaz ancianidad, pues por gracia de Apolo, quien le concedió los años de que habían sido privados sus tíos maternos, vivió tres siglos y ningún contemporáneo sobrevivía para desmentirle .

1.      La toma de Pilos parece ser otro episodio de la invasión aquea del Peloponeso en el siglo XIII a. de C. Hera, Posidón, Hades y Ares, los dioses más viejos, ayudan a Elide; los más jóvenes, Atenea renacida de la cabeza de Zeus y Heracles como hijo de Zeus, se les oponen. La derrota de Periclímeno, el que cambiaba de forma, por Heracles puede indicar la supresión de un sacrificio de niños en el Año Nuevo; y la facultad de Periclímeno de tomar la forma de cualquier árbol se refiere, al parecer, a la sucesión de trece meses por los cuales pasaba el interrex en su danza ritual, pues cada mes tenía como emblema un árbol, desde el acebuche hasta el mirto (véase 52.3 y 169.6). La herida de Hades presenta a Heracles como el paladín destinado a evitar la tumba y hacerse inmortal (véase 145.h); además, según Homero (Ilíada v.319 y ss.), hirió a Hades en Pilos, «entre los cadáveres», lo que puede significar igualmente: «en la puerta, entre los muertos»; la puerta era la del mundo subterráneo, quizás en el Lejano Norte (véase 170.4). Si es así, Hades es un sustituto de Crono, a quien Heracles venció en la isla sepulcral de Eritia (véase 132.d), y el combate es una repetición del duodécimo trabajo, cuando penetró en el Infierno. Los aliados pilianos de Heracles, significativamente ayudados por Atenea, son descritos por Homero (Ilíada xi.617 y 761) como aqueos, aunque la dinastía de Neleo era en realidad eolia.

2.      La herida de Hera por Heracles en el pecho derecho con una flecha de tres púas parece ser una alegoría de la invasión doria del Peloponeso occidental, cuando las tres tribus que se consideraban Hijas de Heracles humillaron el poder de la diosa de Elide (véase 146.1).


140.  LOS HIJOS DE HIPOCOONTE


a. Heracles decidió atacar a Esparta y castigar a los hijos de Hipocoonte. No sólo se habían negado a purificarle después de la muerte de Ifito y luchado contra él a las órdenes de Neleo sino que además habían asesinado a su amigo Eono. Sucedió que Eono, hijo de Licimio, quien había acompañado a Heracles a Esparta, se paseaba por la ciudad cuando, al pasar por delante del palacio de Hipocoonte, un gran sabueso moloso corrió hacia él y para defenderse, le arrojó una piedra que le golpeó en el hocico. Los hijos de Hipocoonte acudieron corriendo y le golpearon con garrotes. Heracles corrió en ayuda de Eono desde el otro extremo de la calle, pero llegó demasiado tarde. Eono fue muerto a garrotazos y Heracles, herido en la palma de la mano y en el muslo, huyó al templo de Deméter Eleusina en las cercanías del monte Taigeto, donde Asclepio le ocultó y curó sus heridas[430].

b. Heracles reunió un pequeño ejército y fue entonces a Tegea en Arcadia, donde rogó a Cefeo, el hijo de Aleo, que se le uniera con sus veinte hijos. Al principio Cefeo se negó, pues temía por la seguridad de Tegea si la abandonaba. Pero Heracles, a quien Atenea había dado un mechón de la cabellera de la Gorgona en un jarrón de bronce, se lo regaló a Aérope, la hija de Cefeo: la dijo que. si la ciudad fuese atacada ella debía mostrar la guedeja tres veces desde las murallas, dando la espalda al enemigo, el cual huiría inmediatamente. Pero, como lo demostraron los acontecimientos Aérope no necesitó utilizar ese talismán[431].

c. Así Cefeo se unió a la expedición contra Esparta, en la que, debido a la mala suerte, él y diecisiete de sus hijos mueron. Algunos dicen que también fue muerto Ificles, pero es probable que fuera el argonauta etolio así llamado y no el hijo de Anfitrión. El ejército de Heracles sufrió pocas otras bajas, en tanto que los espartanos perdieron a Hipocoonte y sus doce hijos, más numerosos soldados de alto grado, y su ciudad fue tomada por asalto. Heracles restauró luego a Tindáreo, dejándole el reino en administración para sus propíos descendientes[432].

d. Como Hera, inexplicablemente, no se le había opuesto en esta campaña, Heracles le erigió un templo en Esparta y le sacrificó cabras, pues no tenía otras víctimas a su disposición. Los espartanos son, en consecuencia, los únicos griegos que apodan a Hera «comedora de cabras» y le ofrecen esos animales. Heracles erigió también un templo a Atenea de los Justos Merecimientos; y en el camino a Terapno un altar a Asclepio Cotileo en recuerdo de la herida que sufrió en la mano y que él le curó. Un templo de Tegea, llamado «El Hogar Común de los Arcadios», es notable por su estatua de Heracles con la herida en el muslo[433].

1.      Aquí el mito de Heracles se convierte en una saga; y se introduce un seudo-mito para explicar ciertas anomalías como la Hera Comedora de Cabras, el Asclepio del Hueco en la Mano, el Heracles del Muslo Herido y la larga inmunidad a la captura de Tegea. Pero las mujeres furiosas de Hera habían devorado en otro tiempo a Zagreo, Zeus y Dioniso en la forma de cabra montes; la estatua de Asclepio probablemente contenía medicinas en el hueco de la mano; la herida en el muslo de Heracles le sería hecha por un jabalí (véase 157.e) y los tegeos pueden haber exhibido una cabeza de Gorgona en sus puertas como un amuleto profiláctico. Atacar a una ciudad protegida de este modo era, por decirlo así, violar a la diosa doncella Atenea, superstición que fomentaban también los atenienses.

2.      Siempre que Heracles deja una ciudad aquea, etolia, siciliana o pelasga en administración para sus descendientes, se trata de un intento de justificar su toma posterior por los dorios (véase I52.q y 6; 143.d y I46.f).


141.  AUGE


a. Aleo, rey de Tegea, hijo de Afidas, se casó con Neera, hija de Pereo, quien le dio como hijos a Augeo, Cefeo, Licurgo y Afidamante. Un antiguo templo de Atenea Alea, fundado en Tegea por Aleo, todavía contiene un lecho sagrado de la diosa[434].

b. Cuando, en una visita a Delfos, el oráculo advirtió a Aleo que los dos hermanos de Neera morirían a manos del hijo de su hija, se apresuró a volver a su casa y designó a Auge sacerdotisa de Atenea, amenazándole con matarla si no se mantenía casta. Si Heracles fue a Tegea en su camino para combatir con el rey Augías o a su regreso de Esparta es motivo de discusión, pero en todo caso Aleo lo recibió hospitalariamente en el templo de Atenea. Allí, enardecido por el vino, Heracles violó a la sacerdotisa virgen junto a una fuente que puede verse todavía al norte del templo; sin embargo, como Auge no gritó, a menudo se ha insinuado que fue allá obedeciendo a una cita[435].

c. Heracles siguió su viaje y en Estinfalia engendró a Everes con Parténope, la hija de Esfinfalo; pero entretanto la peste y el hambre afligieron a Tegea, y Aleo, informado por la Pitonisa de que se había cometido un delito en el recinto sagrado de Atenea, fue a él y encontró a Auge muy avanzada en su embarazo. Aunque ella lloró y declaró que Heracles la había violado en un ataque de embriaguez, Aleo no la creyó. La arrastró al mercado de Tegea, donde ella se arrodilló en el lugar donde se halla al presente el templo de Ilitía, famoso por su imagen de «Auge de Rodillas»[436]. Como le daba vergüenza matar a su hija en público, Aleo encargó al rey Nauplio que la ahogara. Nauplio, en consecuencia, salió con Auge para Nauplia, pero en el monte Partenio empezó a sentir dolores de parto, y alegando alguna excusa se introdujo en un bosque. Allí dio a luz un hijo, al que ocultó en un matorral, y volvió a donde Nauplio la esperaba pacientemente junto al camino. Sin embargo, como no tenía la intención de ahogar a una princesa cuando podía venderla a buen precio en el mercado de esclavos, vendió a Auge a unos comerciantes carios que acababan de llegar a Nauplia, los cuales, a su vez, la vendieron a Teutrante, rey de la Teutrania misia[437].

d. E1 hijo de Auge fue amamantado por una gama en el monte Partenio (donde ahora tiene un recinto sagrado) y lo encontraron unos ganaderos que lo llamaron Télefo y lo llevaron a su amo, el rey Corito. Al mismo tiempo, por una coincidencia, los pastores de Corito descubrieron al hijo infante de Atalanta, que ella había dado a Meleagro, abandonado en la misma ladera de la montaña: le llamaron Partenopeo, que quiere decir «hijo de una virginidad perforada», porque Atalanta pretendía que seguía siendo virgen[438].

e. Cuando Télefo llegó a la virilidad acudió al Oráculo de Delfos para que le informara acerca de sus padres. El oráculo le dijo: «Navega en busca del rey Teutrante el misio.» En Misia encontró a Auge, ahora casada con Teutrante, por quien supo que ella era su madre y Heracles su padre; y eso lo podía creer él muy bien, pues ninguna mujer había dado nunca a Heracles un hijo que se le pareciera tanto. Teutrante dio inmediatamente a Télefo su hija Argíope en matrimonio y le nombró heredero del reino[439].

f. Otros dicen que Télefo, después de haber matado a Hipotoonte y Nereo, sus tíos maternos, fue silencioso y mudo a Misia en busca de su madre. «El silencio de Télefo» se hizo proverbial, pero Partenopeo le acompañó como portavoz[440]. Sucedió que el famoso argonauta Idas, hijo de Afareo, estaba a punto de apoderarse del trono de Misia, y Teutrante, desesperado, prometió renunciar a él en favor de Télefo y darle en matrimonio su hija adoptiva si expulsaba a Idas. En consecuencia Télefo, con la ayuda de Partenopeo, venció a Idas en una sola batalla. Ahora bien, sucedía que la hipa adoptiva de Teutrante era Auge, quien no reconoció a Télefo, ni él sabía que ella era su madre. Fiel a la memoria de Heracles, ella ocultó una espada en su dormitorio la noche de la boda y habría matado a Télefo al entrar si los dioses no hubieran interpuesto una gran serpiente entre ellos. Auge arrojó la espada alarmada y confesó sus intenciones homicidas. Luego apostrofó a Heracles, y Télefo, que estaba a punto de cometer un matricidio, tuvo la inspiración de gritar: «¡Oh madre, madre!». Cayeron llorando el uno en brazos dd otro y al siguiente día volvieron con las bendiciones de Teutrante a su país natal. En Pérgamo se muestra la tumba de Auge junto al río Caico. Los habitantes de Pérgamo pretenden ser emigrantes arcadios que cruzaron el Asia con Télefo y le ofrecen sacrificios de héroe[441].

g. Otros dicen que Télefo se casó con Astíoque, o Laódice, hija del troyano Príamo. Y otros que Heracles había yacido con Auge en Troya cuando fue allá en busca de los caballos inmortales de Laomedonte. Y otros más que Aleo encerró a Auge y su hijo infante en un arca que confió a las olas, y que, bajo el cuidado vigilante de Atenea, el arca navegó a la deriva hacia el Asia Menor y fue lanzada a tierra en la desembocadura del Caico, donde el rey Teutrante se casó con Auge y adoptó a Télefo[442].

h. Este Teutrante, en una ocasión en que cazaba en el monte Teutras, persiguió a un jabalí monstruoso que huyó al templo de Ártemis Ortosia. Estaba a punto de penetrar en él cuando el jabalí gritó: «¡Perdóname la vida, mi señor! ¡Soy el niño de pecho de la Diosa!» Teutrante no le hizo caso y lo mató, con lo que ofendió a Ártemis tan profundamente que devolvió la vida al jabalí, castigó a Teutrante con costras de lepra y lo envió delirando a la cumbre de la montaña. Sin embargo, su madre, Leucipe, se apresuró a ir al bosque, llevando consigo al adivino Poliido, y apaciguó a Ártemis con generosos sacrificios. Teutrante se curó de su lepra por medio de la piedra antipates, que todavía se encuentra en cantidades en la cumbre del monte Teutras; en vista de ello Leucipe erigió un altar a Ártemis Ortosia y mandó hacer un jabalí mecánico con cabeza de hombre enteramente de oro y que cuando se le persigue se refugia en el templo y pronuncia las palabras «¡Perdóname la vida!»[443].

i. Mientras Heracles se hallaba en Arcadia hizo una visita al monte Ostracina, donde sedujo a Fíalo, hija del héroe Alcimedonte. Cuando dio a luz un hijo llamado Ecmágoras, Alcimedonte los echó a ambos de su cueva para que murieran de hambre en la montaña. Ecmágoras se echó a llorar lastimosamente y un grajo bien intencionado voló en busca de Heracles, imitó el sonido del llanto y así lo llevó al árbol donde estaba Fíalo, amordazada y atada por su cruel padre. Heracles los puso en libertad y el niño llegó a la edad viril. Al manantial cercano se le llama desde entonces Cisa, que quiere decir grajo[444].


142.  DEYANIRA


a. Después de pasar cuatro años en Feneo, Heracles decidió dejar el Poleponeso. Al frente de una gran fuerza arcadia fue por mar a Calidón, en Etolia, donde fijó su residencia. Como no tenía en aquel momento hijos legítimos ni esposa, cortejó a Deyanira, la supuesta hija de Éneo, cumpliendo así la promesa que le había hecho al ánima de su hermano Meleagro. Pero Deyanira era realmente la hija del dios Dioniso con Altea, la esposa de Éneo, como se había hecho evidente cuando murió Meleagro y Artemis transformó a sus dolientes hermanas en pintadas, pues Dioniso convenció entonces a Artemis para que permitiera que Deyanira y su hermana Gorge conservaran su forma humana[445].

b. Muchos pretendientes acudían al palacio de Éneo en Pleurón para pedir la mano de la hermosa Deyanira, quien conducía un carro y practicaba el arte de la guerra, pero todos abandonaron sus pretensiones cuando se encontraron en rivalidad con Heracles y el dios fluvial Aqueloo. Todos saben que el inmortal Aqueloo aparece en tres formas: como toro, como serpiente moteada y como hombre con cabeza de toro. Corrientes de agua fluyen constantemente de su barba hirsuta y Deyanira habría preferido morir a casarse con él[446].

c. Cuando Éneo llamó a Heracles para que defendiera su petición, Heracles se jactó de que si se casaba con Deyanira, ella no sólo tendría a Zeus como suegro, sino además gozaría de la gloria refleja de sus doce trabajos. Aqueloo (entonces en forma de hombre con cabeza de toro) se burló de eso, haciendo notar que también él era un personaje muy conocido, padre de todas las aguas griegas, y no un extranjero andariego como Heracles, y que el oráculo de Dodona había ordenado a todos los visitantes que le ofrecieron sacrificios. Luego insultó a Heracles diciendo:
—¡O bien no eres hijo de Zeus o tu madre es adúltera
Heracles le replicó con el ceño fruncido:
—Soy más hábil en la lucha que en la discusión ¡y no soporto que se insulte a mi madre!

d. Aqueloo se quitó su vestidura verde y luchó con Heracles hasta que cayó de espaldas y entonces hábilmente se transformó en una serpiente moteada y se escapó culebreando. «¡Yo estrangulé serpientes cuando estaba en la cuna!», rió Heracles, y se agachó para asirle por la garganta. Entonces Aqueloo se transformó en un toro y le embistió. Heracles se hizo ágilmente a un lado y, asiéndole por los cuernos, lo derribó con tanta fuerza que le partió el cuerno derecho. Aqueloo se retiró avergonzado y ocultó su desperfecto bajo una corona de ramas de sauce[447]. Algunos dicen que Heracles repuso el cuerno roto a Aqueloo a cambio del cuerno de la Cabra Amaltea; y otros que las náyades transformaron el cuerno en el de Amaltea y que Heracles se lo ofreció a Éneo como regalo de boda[448]. Otros dicen que durante el duodécimo trabajo llevó el cuerno al Tártaro, llenado por las Hespérides con los frutos de oro, y al que ahora se llama Cornucopia, como un regalo para Plutón, ayudante de Tique[449].

e. Después de casarse con Deyanira, Heracles marchó con los calidonios sobre la ciudad tesprota de Éfira —más tarde Cíquiro—, donde venció y mató al rey Fileo. Entre los cautivos estaba la hija de Fileo, Astíoque, por la que Heracles se convirtió en padre de Tlepólemo; aunque algunos dicen que la madre de Tlepólemo era Astidamía, hija de Amintor, a la que Heracles raptó en la Éfira elea, ciudad famosa por sus venenos[450].

f. Por consejo de un oráculo Heracles avisó entonces a su amigo Tespio: «Conserva a siete de tus hijos en Tespia, envía tres a Tebas y ordena a los otros cuarenta que colonicen la isla de Cerdefia.» Tespio obedeció. Los descendientes de los que fueron a Tebas siguen recibiendo honores allí, y los descendientes de los que se quedaron en Tespia, los llamados Demuchos, gobernaron la ciudad hasta tiempos recientes. Las fuerzas que condujo a Cerdeña Yolao incluían contingentes tespianos y atenienses y esa fue la primera expedición colonial griega en la que los reyes pertenecían a un linaje distinto del de la gente común. Después de vencer a los habitantes de Cerdeña en una batalla Yolao dividió la isla en provincias, plantó olivos y la hizo tan fértil que desde entonces los cartagineses han estado dispuestos a soportar inmensas dificultades y peligros para apoderarse de ella. Fundó la ciudad de Olbia, y estimuló a los atenienses a fundar la de Ogrila. Con el consentimiento de los hijos de Tespio, quienes consideraban a Yolao como su segundo padre, impuso a los colonos su propio nombre y los llamó Yoleeos, y ellos todavía hacen sacrificios al Padre Yolao como los persas al Padre Ciro. Se ha dicho que Yolao volvió más tarde a Grecia pasando por Sicilia, donde algunos de sus seguidores se establecieron y le concedieron ritos de héroe; pero según los tebanos, que deberían saberlo, nunca volvió ninguno de los colonios[451].

g. En un banquete celebrado tres años después Heracles se enojó con un joven pariente de Éneo llamado variamente Eunomo, Eurínomo, Enomo Arquías o Querias, hijo de Arquíteles, a quien le dijeron que vertiera agua en las manos de Heracles y torpemente le salpicó las piernas. Heracles golpeó al muchacho en las orejas con más fuerza que la prevista y lo mató. Aunque Arquíteles le perdonó el accidente, Heracles decidió sufrir el castigo debido en el destierro y se fue con Deyanira
y con el hijo de ambos, Hilo, a Traquis, la residencia de Ceix, el sobrino de Anfitrión[452].

h. Un accidente análogo había ocurrido en Fliunte, ciudad situada al este de Arcadia, cuando Heracles volvía del Jardín de las Hespérides. Como no le gustó la bebida que le sirvió, golpeó a Ciato, el copero, con un dedo solamente, pero no obstante lo mató. Una capilla en memoria de Ciato se construyó contra el templo de Apolo en Fliunte[453].

i. Algunos dicen que Heracles luchó con Aqueloo antes del asesinto de Ifito, que fue la causa de su traslado a Traquis; otros, que fue allá la primera vez que le desterraron de Tirinto[454]. De todos modos, fue con Deyanira al río Eveno, entonces en plena creciente, y allí el centauro Neso, alegando que era el barquero autorizado por los dioses y que lo habían elegido a causa de su rectitud, se ofreció, por una pequeña retribución, a transportar a Deyanira sin que se mojara a través del río mientras Heracles nadaba. Heracles accedió, y pagó a Neso el precio, arrojó su clava y su arco al otro lado del río y se sumergió en él. Pero Neso, en vez de cumplir lo prometido, echó a correr en la dirección opuesta con Deyanira en los brazos; luego la arrojó a tierra y trató de violarla. Ella gritó pidiendo ayuda a Heracles, que se apresuró a recoger su arco, apuntó cuidadosamente y le atravesó a Neso el pecho desde casi un la ilómetro de distancia.

j. Al arrancarse la flecha, Neso le dijo a Deyanira: «Si mezclas el semen que he derramado en la tierra con la sangre de mi herida, le añades aceite de oliva y untas secretamente la camisa de Heracles con la mezcla, no volverás a tener motivos para quejarte de su infidelidad.» Deyanira se apresuró a recoger los ingredientes en un tarro, que luego cerró y guardó sin decir a Heracles una palabra del asunto[455].

k. Según otra versión de la fábula, Neso ofreció a Deyanira la lana empapada en su propia sangre y le dijo que tejiera con ella una camisa para Heracles. Según una tercera versión, le dio su propia camisa manchada con sangre como un talismán amoroso y luego huyó a la vecina tribu de los locrios, donde murió a consecuencia de la herida, pero su cuerpo se pudrió sin que lo enterraran al pie del monte Tafiaso e inficionó a la región con su hedor malsano, y de aquí que a los locrios se los llame ozolios. El manantial junto al cual murió todavía hiede y contiene coágulos de sangre[456].

l. Por Deyanira, Heracles era ya padre de Hilo, Ctesipo, Gleno y Hodites, así como de Macaría, su única hija[457].

1.      La fábula de las hermanas de Meleagro tiene por fin explicar un culto de la pintada dedicado a Ártemis en Leros (véase 80.3).

2.      La afición de Deyanira a la guerra la revela como una representante de la diosa de la batalla pre-olímpica Atenea, con cuyos casamientos sagrados en diferentes localidades se relaciona principalmente esta parte de la leyenda de Heracles (véase 141.1).

3.      La lucha de Heracles con Aqueloo, como la de Teseo con el Minotauro, debe ser interpretada como parte del ritual del casamiento regio. El Toro y la Serpiente representan al año creciente y menguante —«el toro que es el padre de la serpiente, y la serpiente cuyo hijo es el toro»— y a ambos dominaba el rey sagrado. Un cuerno de toro, considerado desde los tiempos más primitivos como la sede de la fertilidad, hacía rey al candidato a la dignidad regia que lo asía cuando luchaba con un verdadero toro o con un adversario con máscara de toro. El héroe babilonio Enkidu, mellizo mortal de Gilgamesh y devoto de la Reina del Cielo, asió al Toro del Qelo por los cuernos y lo mató con su espada; y la conquista de una cornucopia era un trabajo nupcial que se impuso al héroe gales Peredur en el Mabinogion (véase 148. j). En Creta, el culto del toro había sucedido al de la cabra montes, cuyo cuerno era igualmente potente. Pero parece que la ilustración que mostraba esta pugna ritual fue interpretada por los griegos como una ilustración de la lucha de Heracles con el río Aqueloo: a saber, la represa y el desagüe del Paraqueloitis, un trayecto de tierra formado con el aluvión del Aqueloo, que había ido uniendo lentamente las islas Equínades con la tierra firme; y la consiguiente recuperación de una gran zona de tierra de labrantío. Se atribuía con frecuencia a Heracles proezas de ingeniería como éstas (Estrabón: x.2.19; Diodoro Sículo: iv.35). El sacrificio ordenado por el oráculo de Dodona difícilmente pudo haber sido para el río Aqueloo; más probablemente se le impuso a Aquelois, la diosa Luna «que ahuyenta el dolor».

4.      Éunomo y Ciato serían muchachos víctimas, sustitutos del rey sagrado al término de su reinado.

5.      La violación de Deyanira intentada por Neso recuerda las escenas turbulentas en la boda de Pirítoo, cuando Teseo (el Heracles ateniense) intervino para salvar a Hipodamía del ataque del centauro Euritión (véase 102.d). Como a los centauros se los representaba originalmente como hombres cabras, la ilustración en que se basa el episodio mostraba probablemente a la Reina cabalgando en la espalda del rey cabra, como hacía en las celebraciones de la Víspera de Mayo de la Europa septentrional antes de su casamiento sagrado; Euritión es el «intruso», un personaje estereotipado que hicieron familiar las comedias de Aristófanes y que todavía aparece en las fiestas nupciales del norte de Grecia. El ejemplo mítico más antiguo de intruso es el mismo En la idu: interrumpió el casamiento sagrado de Gilgamesh con la diosa Erech y le desafió a luchar. Otro intruso es Agenor, quien trató de arrebatar Andrómeda a Perseo en su fiesta nupcial (véase 73.l).

6.      Los primeros pobladores de Cerdeña, libios neolíticos, consiguieron sobrevivir en las partes montañosas; las posteriores inmigrantes —cretenses, griegos, cartagineses, romanos y judíos— trataron de retener los distritos de la costa, pero la malaria los venció siempre. Sólo durante los últimos pocos años se ha contenido la mortalidad rociando los charcos donde se crían los mosquitos de la malaria.

7.      «Ozolio» («hediente»), el apodo dado a los lóenos instalados en las cercanías de Focis, para distinguirlos de sus parientes opuntianos y epicefirios, probablemente se refería a su costumbre de llevar pieles de cabra sin curtir que exhalaban un olor fétido cuando el tiempo estaba húmedo. Los locrios mismos preferían derivar esa palabra de ozoi, «sarmientos de vid» (Pausanias: x.38.i), a causa de la primera cepa plantada en su país (véase 38.7).


143.  HERACLES EN TRAQUIS


a. Todavía acompañado por sus aliados arcadios, Heracles fue a Traquis, donde fijó su residencia durante un tiempo bajo la protección de Ceix. En el camino pasó por da región de los dríopes, situada a la sombra del monte Parnaso, y encontró a su rey Tiodamante, el hijo de Dríope, arando con una yunta de bueyes[458]. Como tenía hambre y además ansiaba un pretexto para hacer la guerra a los dríopes —que, como sabían todos, no tenían derecho a la región— Heracles exigió uno de los bueyes, y cuando Tiodamante se lo negó, lo mató. Después de sacrificar al buey y de comer su carne se llevó a Hilas, el hijo infante de Tiodamante, cuya madre era la ninfa Menódice, hija de Orion[459]. Pero algunos dicen que el padre de Hilas era Ceix, o Eufemo, o Teómenes; e insisten en que Tiodamante era el labrador rodio que maldijo desde lejos cuando Heracles sacrificó uno de sus
bueyes[460].

b. Parece que Filante, el sucesor de Tiodamante, violó el templo de Apolo en Delfos. Ultrajado en nombre de Apolo, Heracles mató a Filante y raptó a su hija Meda; ella le dio por hijo a Antíoco, fundador del demo ateniense que lleva su nombre[461]. Luego expulsó a los dríopes de su ciudad en el monte Parnaso y la entregó a los malios que le habían ayudado en su conquista. Llevó a Delfos a los principales dríopes y los dedicó al templo como esclavos; pero, como Apolo no los necesitaba fueron enviados al Peloponeso, donde trataron de conseguir el favor de Euristeo, el rey supremo. Bajo sus órdenes, y con la ayuda de otros compatriotas fugitivos, edificaron tres ciudades: Asine, Hermione y Eyones. De los restantes dríopes, unos huyeron a Eubea, otros a Chipre y a la isla de Cintos. Pero sólo los hombres de Ásine se enorgullecen todavía de ser dríopes; han erigido un tem-
plo a su antepasado Driope con una imagen antigua, y celebran misterioslen su honor cada dos años[462].

c. Driope era hijo de Apolo y de Día, una hija del rey Licaón; por temor a su padre Día ocultó al niño en un roble hueco, y de ahí su nombre. Algunos dicen que Driope mismo llevó a su gente desde el río tesalio Esperqueo a Asine y que era hijo de Esperqueo y la ninfa Polidora[463].

d. Se había producido una disputa de límites entre los dorios de Hestieotis, gobernada por el rey Egimio, y los lapitas del monte Olimpo, ex aliados de los dríopes, cuyo rey era Corono, hijo de Ceneo. Los dorios, muy superados en número por los lapitas, huyeron en busca de Heracles y pidieron su ayuda, ofreciéndole en cambio una tercera parte .de su reino; después de lo cual Heracles y sus aliados arcadios vencieron a los lapitas, dieron muerte a Corono y a la mayoría de sus subditos y les obligaron a abandonar el territorio en disputa. Algunos de ellos se establecieron en Corinto. Egimio recibió la tercera parte de Heracles en administración para sus descendientes[464].

e. Heracles fue luego a Itono, una ciudad de Ftiótide, donde se halla el antiguo templo de Atenea. Allí se encontró con Cicno, hijo de Ares y Pelopia, quien ofrecía constantemente valiosos premios a los huéspedes que se atrevían a competir con él en una carrera de carros. El siempre vencedor Cicno les cortaba la cabeza y empleaba los cráneos para decorar el templo de su padre Ares. Éste, dicho sea de paso, no era el Cicno que Ares había engendrado con Pirene y transformado en un cisne cuando murió[465].

f. Apolo, cada vez más enojado con Cicno porque acechaba y robaba el ganado que se enviaba a Delfos para los sacrificios, incitó a Heracles a aceptar el desafío de Cicno. Se convino en que a Heracles le acompañaría su auriga Yolao y a Cicno su padre Ares. Aunque aquel no era su estilo de lucha habitual, Heracles se puso las pulidas grebas de bronce que le había hecho Hefesto, el peto de oro curiosamente forjado que le había dado Atenea y un par de hombreras de hierro. Armado con el
arco y las flechas, la lanza, el yelmo y un fuerte escudo que le había proporcionado Hefesto por orden de Zeus, subió ágilmente a su carro.

g. Atenea descendió del Olimpo y advirtió a Heracles que, aunque Zeus le había autorizado para matar y despojar a Cicno, no debía hacer más que defenderse de Ares y, aunque saliese vencedor, no debía privarle de sus caballos ni de su magnífica armadura. Luego montó junto a Heracles y Yolao, sacudiendo su égida, y la Madre Tierra crujió cuando el carro salió disparado. Cicno condujo el suyo a toda velocidad hacia ellos y el choque fue tan violento que él y Heracles fueron lanzados al suelo y quedaron lanza contra escudo. Sin embargo, consiguieron levantarse y, tras un breve combate, Heracles le atravesó el cuello a Cicno. Luego hizo frente audazmente a Ares, quien le asestó un lanzazo, pero Atenea, con el ceño frucido, lo desvió. Ares corrió hacia Heracles con la espada en la mano, sólo para ser herido en el muslo por haberse metido, y Heracles le habría asestado un nuevo golpe cuando estaba tendido en tierra si Zeus no hubiera separado a los combatiente con un rayo. Heracles y Yolao despojaron entonces el cadáver de Cicno y reanudaron su viaje interrumpido, mientras Atenea llevaba de vuelta al Olimpo al desfallecido Ares. A Cicno lo enterró Ceix en el valle del Anauro, pero, por orden de Apolo, el río creció y se llevó la lápida[466].

h. Sin embargo, algunos dicen que Cicno vivía en Amfane, y que Heracles lo traspasó con una flecha junto al río Penco, o en Pegaso[467].

i. Al pasar por Pelagia llegó Heracles a Ormenio, pequeña ciudad al pie del monte Pelión, donde el rey Amintor se negó a darle su hija Astidamía. «Estás ya casado —le dijo— y has engañado a demasiadas princesas para que te confíe otra.» Heracles atacó la ciudad y, después de matar a Amintor, se llevó a Astidamía, quien le dio Ctesipo o, según dicen algunos, Tlepólemo[468].

1.      El sacrificio de un buey de arado por Heracles, la maldición de Tiodamante y la aparición del niño Hilas en un surco son partes del ritual de la siembra preheleno. La sangre del buey propicia a la diosa Tierra, las maldiciones desvían la ira divina de las semillas que brotan, y el niño representa a la próxima cosecha, es decir, a Pluto, el hijo que Deméter dio a Yasión después de haberse abrazado en el campo arado tres veces (véase 24.d). Tiodamante es el espíritu del año viejo, ahora destruido. El luto anual por el Hilas espíritu del árbol condenado (véase I50.d-e) ha sido confundido aquí con el espíritu del cereal condenado.

2.      La expulsión de los dríopes del Parnaso por Heracles con ayuda de los dorios y la emigración de los dríopes a la Grecia meridional ocurrieron probablemente en el siglo XII a. de C., con anterioridad a la invasión doria del Peloponeso (véase 146.1). Su combate con Cicno recuerda la carrera de Pélope con Enómao (véase 109.á-b), otro hijo de Ares, e igualmente notorio como cazador de cabezas. En ambos casos en uno de los carros iba una mujer: a saber, la hija de Enómao, Hipodamía (el objeto de su disputa con Pélope) y Atenea, que es aparentemente el mismo personaje, es decir la novia destinada al nuevo rey. Geno, como el espartano Pólux, es un rey del culto del cisne cuya alma vuela al lejano otro mundo septentrional (véase 161.4).

3.      El nombre de Egimio —significa «desempeñando el papel de una cabra»— indica que realizaba en la Víspera de Mayo un casamiento cabruno con la reina de la tribu, y que en su guerra contra los lapitas del norte de Tesalia sus dorios lucharon junto a los centauros, los enemigos hereditarios de los lapitas, los que, como los sátiros, son representados en las obras de arte primitivas como hombres cabras (véase 142.j).

4.      Cípselo, el tirano de Corinto, famoso por su cofre tallado, pretendía descender de la casa real lapita de Ceneo (véase 78.1).


144.  YOLE


a. En Traquis Heracles reunió un ejército de arcadios, méllanos y locrios epimenidios y marchó sobre Ecalia para vengarse del rey Éurito, quien se había negado a entregarle la princesa Yole, justamente ganada en una competencia de ballestería, pero lo único que dijo a sus aliados fue que Éurito imponía injustamente tributos a los cúbeos. Tomó por asalto la ciudad, acribilló con sus flechas a Éurito y su hijo y, después de enterrar a algunos de sus compañeros que habían caído en la batalla, entre ellos Hípaso, hijo de Ceix, y Argeo y Melas, hijos de Licimio, saqueó Ecalia y se llevó cautiva a Yole[469]. Antes que entregarse a Heracles, Yole había preferido que matase a toda su familia ante sus mismos ojos y luego se arrojó desde la muralla de la ciudad; pero sobrevivió, porque el viento le hinchó las faldas y amortiguó la caída. Heracles la envió, con otras mujeres ecalias, a Deyanira en Traquis, mientras él visitaba el promontorio eubeo de Ceneo[470]. Debe advertirse que cuando se despidió de Deyanira, Heracles divulgó una profecía: al cabo de quince meses estaba destinado a morir o a pasar el resto de su vida en completa tranquilidad. Le habían transmitido esa noticia las palomas mellizas del antiguo oráculo de la encina de Dodona[471].

b. Se discute cuál de varias ciudades llamadas Ecalia fue saqueada en esa ocasión: si la mesenia, la tesalia, la eubea, la iraquiniana o la etolia[472]. La más probable es la Ecalia mesenia, pues el padre de Éurito, Melaneo, rey de los dríopes —hábil arquero, por lo que se le llamaba hijo de Apolo— fue a Mesenia durante el reinado de Peñeres, hijo de Eolo, quien le dio Ecalia como su residencia. Ecalia se llamaba así por la esposa de Melaneo. Allí, en un bosque de cipreses sagrado, se le hacen sacrificios de héroe a Éurito, cuyos huesos se conservan en una urna de bronce, y con ello se inician los Misterios de la Gran Diosa. Otros identifican a Ecalia con Andania, a kilómetro y medio del bosque, donde se realizaban anteriormente esos Misterios. Éurito era uno de los héroes a los que los mesenios invitaron a residir entre ellos cuando Epaminondas restableció su patrimonio peloponense[473].

1.      Éurito se había negado a entregar a Yole basándose en que Heracles era un esclavo (véase 135.a). Aunque el salto suicida de Yole es una fábula verosímil —las faldas micénicas tenían forma de campana y mi padre presenció en una ocasión cómo se salvaba una suicida victoriana gracias a su ancho miriñaque—, más probablemente ha sido deducido de una ilustración micénica en la que se veía a la diosa revoloteando sobre un ejército mientras éste atacaba a su ciudad. El nombre de Ecalia, «casa de harina», demuestra que la diosa en cuyo honor se realizaban los misterior era Deméter.

145.  LA APOTEOSIS DE HERACLES


a. Después de haber consagrado altares de mármol y un bosquecillo sagrado a su padre Zeus en el promontorio de Cenca, Heracles preparaba un sacrificio de acción de gracias por la toma de Ecalia. Ya había enviado a Licas para que pidiese a Deyanira una bella camisa y un manto como los que usaba regularmente en esas ocasiones[474].

b. Deyanira, cómodamente instalada en Traquis, estaba ya resignada a la costumbre de Heracles de tomar amantes, y cuando reconoció a Yole como la última de ellas sintió compasión más bien que resentimiento por la belleza fatal que había causado la ruina de Ecalia. Sin embargo, ¿no era intolerable que Heracles esperase que ella y Yole viviesen juntas bajo el mismo techo? Como ya no era joven, Deyanira decidió utilizar el supuesto talismán amoroso de Neso como un medio para conservar el afecto de su esposo. Le había tejido una camisa nueva para los sacrificios por si volvía a salvo, y a escondidas abrió el tarro, empapó un pedazo de lana en la mezcla y frotó con él la camisa. Cuando llegó Licas metió la camisa en un cofre, lo cerró y se lo entregó diciendo: «Por ningún motivo expongas la túnica a la luz o el calor hasta que Heracles esté a punto de ponérsela para el sacrificio.» Licas había partido ya a toda velocidad en su carro cuando Deyanira, mirando casualmente el trozo de lana que había arrojado al patio iluminado por la luz del sol, se quedó horrorizada al ver que ardía como serrín y que en las losas se formaban ampollas de espuma roja. Dándose cuenta de que Neso le había engañado, envió a toda prisa un correo para que hiciera volver a Licas y, maldiciendo su desatino, juró que si Heracles moría ella no le sobreviviría[475].

c. El correo llegó demasiado tarde al promontorio de Cenca. Heracles se había puesto ya la camisa y sacrificado doce toros inmaculados como la primicias de su botín: en conjunto había llevado al altar una vacada mixta de cien cabezas. Vertía vino con una escudilla en los altares y arrojaba incienso en las llamas cuando de pronto gritó como si le hubiera mordido una serpiente. El calor había derretido el veneno de la Hidra en la sangre de Neso y se extendió por todos los miembros de
Heracles, corroyéndole la carne. Pronto el dolor se hizo insoportable y rugiendo de angustia derribó los dos altares. Trató de arrancarse la camisa, pero se le había pegado de tal modo que salía la carne con ella y dejaba los huesos al descubierto. Su sangre silbaba y burbujeaba como el agua de manantial cuando se templa el metal candente. Se arrojó de cabeza en la corriente más próxima, pero el veneno le quemaba todavía más; y desde entonces las aguas escaldan y se las llama Termopilas, que quiere decir «pasaje caliente»[476].

d. Recorriendo la montaña y arrancando los árboles a su paso, Heracles encontró al aterrado Licas agazapado en el hueco de una roca, con las manos entrelazadas en las rodillas. Licas trató en vano de disculparse; Heracles lo asió, le hizo girar tres veces alrededor de su cabeza y lo arrojó al mar Eubeo. Allí se transformó en una roca de aspecto humano que se proyecta a corta distancia sobre el agua y a la que los marineros siguen llamando Licas y temen pisar, pues la creen sensible. El ejército, que observaba desde lejos, se lamentaba ruidosamente, pero nadie se atrevía a acercarse hasta que, retorciéndose de angustia, Heracles llamó a Hilo y le pidió que lo llevara de allí para morir en soledad. Hilo lo llevó al pie del monte Eta en Traquis (región famosa por su eléboro blanco), pues el Oráculo de Delfos ya había señalado ese lugar a Licimio y a Yolao como el escenario destinado para la muerte de su amigo[477].

e. Horrorizada al saberlo, Deyanira se ahorcó, o, según dicen algunos, se hirió con una espada en su lecho matrimonial. El único pensamiento de Heracles había sido castigarla antes de morir, pero cuando Hilo le aseguró que Deyanira era inocente, como lo probó su suicidio, suspiró su perdón y manifestó el deseo de que Alcmena y todos sus hijos se reunieran para escuchar sus últimas palabras. Pero Alcmena se hallaba en Tirinto con algunos de sus hijos y la mayoría de los otros se habían establecido en Tebas. En consecuencia, sólo pudo revelar la profecía de Zeus, ahora cumplida, a Hilo: «Ningún hombre vivo podrá matar nunca a Heracles; un enemigo muerto será su ruina.» Hilo le pidió instrucciones y Heracles le dijo: «Jura por la cabeza de Zeus que me llevarás a la cima más alta de esta montaña, y allí me quemarás, sin lamentaciones, en una pira de ramas de encina y troncos de acebuche. Jura también que te casarás con Yole tan pronto como llegues a la mayoría de edad.» Aunque escandalizado por estos pedidos, Hilo prometió cumplirlos[478].

f. Cuando todo estuvo preparado, Yolao y sus compañeros se retiraron a una breve distancia, mientras Heracles subía a la pira y ordenaba que la encendiesen. Pero nadie se atrevía a obedecerle, hasta que un pastor eolio llamado Peante que pasaba por allí ordenó a Filoctetes, su hijo con Demonasa, que hiciera lo que pedía Heracles. En agradecimiento, Heracles legó a Filoctetes su aljaba, arco y flechas, y cuando las llamas comenzaron a lamer la pira extendió su piel de león en la plataforma formada en la cima y se tendió, con la clava como almohada, con un aspecto tan feliz como el de un huésped enguirnaldado rodeado por copas de vino. Del cielo cayeron rayos que inmediatamente redujeron la pira a cenizas[479].

g. En el Olimpo Zeus se felicitó de que su hijo favorito se hubiera conducido tan noblemente. «La parte inmortal de Heracles —anunció— está a salvo de la muerte y pronto lo recibiré en esta región bendita. Pero si aquí a alguien le aflige su divinización, tan merecida, ese dios o diosa debe aprobarla, no obstante, ¡les guste o no!» Todos los olímpicos asintieron y Hera decidió aguantar el insulto, que estaba claramente dirigido a ella, porque ya había dispuesto castigar a Filoctetes por su acción bondadosa haciendo que le mordiera una víbora lemnia.

h. Los rayos habían consumido la parte mortal de Heracles. Ya no tenía parecido alguno con Alcmena, sino que, como una serpiente que ha mudado su piel, aparecía con toda la majestad de su padre divino. Una nube lo ocultó a la vista de sus compañeros, mientras, entre truenos, Zeus lo transportaba en su carro de cuatro caballos al cielo, donde Atenea lo tomó de la mano y lo presentó solemnemente a los otros dioses[480].

i. Ahora bien, Zeus había destinado a Heracles para que fuera uno de los Doce Olímpicos, pero estaba poco dispuesto a expulsar a alguno de los otros dioses para hacerle lugar. En consecuencia, convenció a Hera para que adoptara a Heracles mediante una ceremonia de renacimiento: a saber, acostándose, simulando que estaba de parto y sacándolo luego de debajo de su túnica, que es la adopción ritual que se realiza todavía en muchas tribus bárbaras. En adelante Hera consideró a Heracles como su hijo y fue al que más amó después de Zeus. Todos los inmortales lo acogieron de buen grado y Hera le casó con su bella hija Hebe, con la que tuvo a Alexiares y Aniceto. Y en verdad Heracles había conquistado el sincero agradecimiento de Hera en la rebelión de los Gigantes al matar a Pronomo cuando trataba de violarla[481].

j. Heracles se convirtió en el portero del cielo y nunca se cansa de permanecer en las puertas del Olimpo, hacia el anochecer, esperando a que Artemis vuelva de la cacería. La recibe alegremente, y levanta los montones de presas de su carro, frunciendo el ceño y sacundiendo un dedo en gesto de desaprobación cuando encuentra sólo cabras y liebres inofensivas. «Mata jabalíes —le dice— que pisotean las mieses y acuchillan los árboles de los huertos; ¡mata toros y leones y lobos que dan muerte a los hombres![482] ¿Pero qué daño nos han hecho las cabras y las liebres?» Luego desuella los cuerpos y come vorazmente los bocados predilectos que se le antojan9. Sin embargo, mientras el Heracles inmortal banquetea en la mesa divina su fantasma mortal se pasea por el Tártaro entre los muertos temblorosos, con el arco tenso y la flecha ajustada en la cuerda. Del hombro le cuelga un tahalí de oro aterradoramente adornado con leones, osos, jabalíes y escenas de batalla y matanza[483]

k . Cuando Yolao y sus compeñeros volvieron a Traquis, Menecio, hijo de Actor, sacrificó un carnero, un toro y un jabalí a Heracles e instituyó su culto de héroe en la Opus locria; los tebanos no tardaron en imitarle, pero los atenienses, encabezados por los habitantes de Maratón, fueron los primeros que le adoraron como un dios, y toda la humanidad sigue ahora su glorioso ejemplo[484]. Festo, el hijo de Heracles, encontró que los siciones ofrecían a su padre ritos de héroe, pero insistió en hacerle sacrificios como un dios. Hasta el presente, por tanto, los habitantes de Sición, después de matar un cordero y de quemar sus muslos en el altar de Heracles como dios, dedican parte de su carne a Heracles como héroe. En Eta le adoran con el nombre de Cornopión porque ahuyentó a las langostas que estaban a punto de posarse en la ciudad; pero los jonios de Eritrea le adoran como Heracles Ipóctono, porque destruyó los ipes, que eran gusanos que roían las cepas en casi todas las otras regiones.

l. Una imagen tiria de Heracles que ahora se halla en el templo de Eritrea se dice que representa a Heracles Dáctilo. Se la encontró flotando en una balsa en el Mar Jónico frente al Cabo Mésate, exactamente a mitad de camino entre el puerto de Eritrea y la isla de Quíos. Los eritreos por un lado y los de Quíos por el otro hicieron todos los esfuerzos posible para llevar la balsa a su costa, pero sin conseguirlo. Por fin un pescador eritreo llamado Formio, que había perdido la vista, soñó que las mujeres de Eritrea debían hacer una cuerda con sus trenzas cortadas y con ella podrían los hombres remolcar la balsa a su costa. Las mujeres de un clan tracio que se había establecido en Eritrea consintieron y la balsa fue remolcada a la costa; y sólo a sus descendientes se les permite ahora entrar en el templo donde se conserva la cuerda. Formio recobró la vista y la conservó hasta que murió[485].

1.      Antes de sacrificar y de inmortalizar así al rey sagrado —como Calipso prometió inmortalizar a Odiseo (véase 170. w)— la Reina tenía que despojarlo de sus ropas e insignias reales. Qué flagelaciones y mutilaciones sufría hasta que lo ponían en la pira para hacerle inmortal no se indica aquí, pero las ilustraciones de las que parece haberse deducido este relato lo mostraban probablemente ensangrentado y en agonía mientras luchaba por ponerse la blanca camisa de lino que lo consagraba a la diosa Muerte.

2.      Una tradición según la cual Heracles murió en el promontorio de Cenca ha sido puesta de acuerdo con otra según la cual murió en el monte Etá, donde inscripciones y estatuillas primitivas muestran que el rey sagrado siguió siendo quemado en efigie durante siglos después de haber sido quemado personalmente. La de encina es la madera apropiada para la hoguera del solsticio estival; el acebuche es la madera del Año Nuevo, cuando el rey inicia su reinado expulsando a los espíritus del año viejo. Peante, o Filoctetes, que encendió la pira, es el heredero y sucesor del rey; hereda sus armas y su lecho —así debe ser interpretado el casamiento de Yole con Hilo— y muere a consecuencia de una mordedura de serpiente al final del año.

3.      Anteriormente Heracles había ido al Paraíso Occidental de las Hespérides; o al castillo de plata, la Corona Boreal, detrás del Viento Norte, leyenda que Píndaro ha incluido incomprensiblemente en un breve relato del tercer trabajo (véase I25. k ). Su admisión en el Cielo Olímpico —donde, no obstante, no consiguió un asiento entre los doce, como consiguió Dioniso (véase 27.5)— es una concepción posterior. Puede basarse en una mala interpretación de la misma ilustración sagrada que explica el casamiento de Peleo y Tetis (véase 81.1-5), el llamado rapto de Ganimedes (véase 29.1) y el armamento de Heracles (véase 123.1). Esta ilustración mostraría a Atenea, o Hebe, la joven reina y prometida, presentando al rey a doce testigos del casamiento sagrado, cada uno representante de un clan de una confederación religiosa o de un mes del año sagrado; él ha renacido ritualmente de una yegua o (como aquí) de una mujer. Heracles figura como un portero celestial porque murió en el solsticio estival: el año es comparado con una puerta de roble que giraba sobre un gozne, se abría de par en par en el solsticio estival y luego se iba cerrando poco a poco a medida que se acortaban los días (Diosa Blanca, p. 233). Lo que le impidió llegar a ser un olímpico completo parece haber sido la autoridad de Homero: la Odisea recuerda la presencia de su sombra en el Tártaro.

4.      Si la estatua de Heracles en Eritrea era de origen tirio, la cuerda del templo tuvo que ser tejida, no con cabello de mujeres, sino con el cabello cortado al rey sagrado antes de su muerte en el solsticio hiemal, como Dalila cortó el de Sansón, un héroe solar tirio. Un héroe solar análogo había sido sacrificado por las mujeres tracias que adoptaron su culto (véase 28.2). La estatua probablemente fue remolcada en una balsa para evitar la consagración de una nave mercante y su consiguiente retiro del comercio. «Ipóctono» puede haber sido una variante local del título más habitual de Heracles, «Ofióctono», «matador de serpientes». Su renovación mediante la muerte «como una serpiente que muda su piel» era una metáfora tomada del Libro de los muertos egipcios; se creía que las serpientes aplazaban la vejez mudando la piel, pues «piel» y «vejez» se llaman igualmente geros en griego (véase 160.11). Sube al cielo en un carro tirado por cuatro caballos como héroe solar y patrono de los Juegos Olímpicos; cada caballo representa a uno de los cuatro años que transcurren entre los juegos, o una estación de un año dividido en equinoccios y solsticios. Una imagen cuadrada del sol, adorada como Heracles Salvador, se alzaba en el recinto de la Gran Diosa en Megalópolis (Pausanias: viii. 31.4); era probablemente un altar antiguo, como varios bloques cuadrados hallados en el palacio de Cnosos y otro encontrado en el Patio Occidental del palacio de Festo.

5.      Hebe, la prometida de Heracles, quizá no sea la diosa como Joven, sino una divinidad mencionada en los Himnos órficos, 48 y 49, como Hipta, la madre Tierra, a la que fue entregado Dioniso en custodia. Proclo dice (Contra Timeo ii.1240) que lo llevó sobre la cabeza en un cesto para aventar. Hipta está asociada con Zeus Sabacio (véase 27.3) en dos inscripciones primitivas de Meonia, entonces habitada por una tribu lidofrigia; y el profesor Kretschmer la ha identificado con la diosa mitania Hepa, Hepit o Hebe, mencionada en los textos de Boghazkoi y al parecer llevada a Meonia desde Tracia. Si Heracles se casó con esta Hebe, el mito se refiere al Heracles que realizó grandes hazañas en Frigia (véase 131.a), Misia (véase 131.e) y Lidia (véase 136.a-f); puede ser identificado con Zeus Sabacio. Hipta era muy conocida en todo el Medio Oriente. Una talla en una roca de Hattusas, en Licaunia (véase 13.2) la muestra montada en un león, a punto de celebrar un casamiento sagrado con el dios de la Tormenta hitita. Allí se la llama Hepatu, palabra hurrita según se dice, y el profesor B. Hrozny (Civilization of tbe Hitites and Subareans, cap. XV) la iguala con Hawwa, «la Madre de Todo lo Viviente», que aparece en el Génesis ii como Eva. Hrozny menciona al príncipe cananeo de Jerusalén, Abdihepa; y Adán, que se casó con Eva, era un héroe tutelar de Jerusalén (Jerónimo: Comentario sobre los Efesios v.15).



146.  LOS HIJOS DE HERACLES


a. Alcmena, la madre de Heracles, había ido a Tirinto llevando con ella a algunos de sus hijos; otros seguían en Tebas y Traquis. Euristeo decidió expulsarlos a todos de Grecia antes que pudieran llegar a la edad viril y destronarlo. En consecuencia envió un mensaje a Ceix, exigiéndole la extradición no sólo de los Heraclidas, sino también de Yolao, toda la casa de Licimio y los aliados arcadios de Heracles. Demasiado débiles para oponerse a Euristeo, salieron conjuntamente de Traquis, pues Ceix alegó que no podía ayudarles, y visitaron la mayoría de las ciudades griegas como suplicantes, suplicando hospitalidad. Los atenienses gobernados por Teseo fueron los únicos que se atrevieron a desafiar a Euristeo; su innato sentido de la justicia prevaleció cuando vieron a los Heraclidas sentados en el Altar de la Misericordia[486].

b. Teseo estableció a los Heraclidas y sus compañeros en Tricorito —una ciudad de la tetrápolis ática— y no quiso entregarlos a Euristeo, lo que fue la causa de la primera guerra entre Atenas y el Peloponeso. Pues cuando todos los Heraclidas llegaron a la edad viril Euristeo reunió un ejército y marchó sobre Atenas; Yolao, Teseo e Hilo fueron designados jefes de los atenienses y los heráclidas combinados. Pero algunos dicen que a Teseo le había sucedido ya su hijo Demofonte. Como un oráculo anunció que los atenienses serían derrotados a menos que uno de los hijos de Heracles muriese por el bien común, Macaría, la única hija de Heracles, se suicidó en Maratón y así dio su nombre a la fuente Macaría[487].

c. Los atenienses, cuya protección de los Heraclidas sigue siendo un motivo de orgullo cívico, vencieron luego a Euristeo en una batalla campal y mataron a sus hijos Alejandro, Ifimedonte, Euribio, Mentor y Perimedes, además de a muchos de sus aliados. Euristeo huyó en su carro, perseguido por Hilo, quien le alcanzó en las Rocas Escironias y allí le cortó la cabeza a la que Alcmena le sacó los ojos con agujas de tejer; su tumba se muestra en las cercanías[488]. Pero algunos dicen que le capturó Yolao en las Rocas Escironias y lo llevó a Alcmena, quien ordenó que lo ejecutasen. Los atenienses intercedieron en su favor, aunque en vano, y antes que se cumpliera la sentencia Euristeo derramó lágrimas de agradecimiento y declaró que se mostraría, inclusive muerto, como su amigo constante y enemigo jurado de los Heraclidas. «Teseo —dijo—, no necesitas verter libaciones ni sangre en mi tumba; inclusive sin esas ofrendas me comprometo a arrojar a todos los enemigos del territorio del Ática.» Luego fue ejecutado y enterrado frente al templo de Atenea en Pelena, a mitad de camino entre Atenas y Maratón. Según una versión muy distinta, los atenienses ayudaron a Euristeo en una batalla que libró contra los Heraclidas en Maratón, y Yolao, después de cortarle la cabeza junto a la fuente Macaría, cerca del camino de carros, la enterró en Ticorito y envió el cuerpo a Gargueto para que lo enterrasen[489].

d. Entretanto, Hilo y los Heraclidas que se habían establecido junto a la Puerta Electriana en Tebas invadieron el Peloponeso y se apoderaron de todas sus ciudades en un ataque súbito; pero cuando, al año siguiente, se produjo una peste y un oráculo anunció: «Los Heraclidas han vuelto antes del tiempo debido», Hilo se retiró a Maratón. Obedeciendo el último deseo de su padre, se había casado con Yole y fue adoptado por el dorio Egimio; ahora fue a preguntar al oráculo de Delfos cuándo sería «el tiempo debido» y se le aconsejó que «esperase la tercera cosecha». Entendió que eso significaba tres años, esperó a que transcurrieran y atacó de nuevo. En el Istmo le salió al paso Atreo, que entretanto había ocupado el trono de Micenas y cabalgaba al frente de un ejército aqueo[490].

e. Para evitar una matanza innecesaria Hilo desafió a cualquier adversario de categoría a un combate singular. «Si venzo —dijo—, el trono y el reino serán míos. Si pierdo, nosotros, los hijos de Heracles, no volveremos por este camino durante otros cincuenta años.» Équemo, rey de Tegea, aceptó el desafío y el combate se realizó en la frontera de Corinto y Megara. Hilo murió y lo enterraron en la ciudad de Megara, después de lo cual los Heraclidas le rindieron honores por su acción y una vez más se retiraron a Tricorito, y de allí a Dóride, donde reclamaron a Egimio la parte del reino que su padre le había confiado. Sólo Licimio y sus hijos y el hijo de Heracles Tlepólemo, quien fue invitado a fijar su residencia en Argos, se quedaron en el Peloponeso. Apolo Deifico, cuyo consejo, al parecer erróneo, le había valido muchos reproches, explicó que por «tercera cosecha» había querido decir la tercera generación[491].

f. Alcmena volvió a Tebas, y cuando murió allí a una edad muy avanzada, Zeus ordenó a Hermes que se apoderase del ataúd que los Heraclidas llevaban a la tumba, lo que él hizo, sustituyendo hábilmente el cuerpo con una piedra y llevándose el cuerpo a las Islas de los Bienaventurados. Allí resucitada y rejuvenecida, Alcmena se casó con Radamantis. Entretanto, al encontrar que el ataúd era demasiado pesado para sus hombros, los Heraclidas lo abrieron y descubrieron el engaño. Colocaron la piedra en un bosquecillo sagrado de Tebas, donde ahora se adora a Alcmena como diosa. Pero algunos dicen que se casó con Radamantis en Ecalia antes de morir; y otros que murió, durante un viaje de Argos a Tebas, en Me gara, donde se muestra todavía su tumba; añaden que cuando se produjo una disputa entre los heráclidas, pues algunos querían llevar el cadáver de vuelta a Argos y otros continuar el viaje, el oráculo de Delfos les aconsejó que la enterraran en Megara. Otra supuesta tumba de Alcmena se muestra en Haliarto[492].

g. Los tebanos concedieron a Yolao un altar de héroe cerca del de Anfitrión, y en él los amantes se desposan en obsequio de Heracles; aunque se admite generalmente que Yolao murió en Cerdeña[493].

h. En Argos, Tlepólemo mató accidentalmente a su querido tío abuelo Lidmio. Castigaba a un sirviente con un garrote de madera de olivo cuando Licimio, viejo y ciego, tropezó con ellos y recibió un golpe en el cráneo. Amenazado con la muerte por los otros Heraclidas, Tlepólemo construyó una flota, reunió gran número de compañeros y, por consejo de Apolo, huyó a Rodas, donde fijó su residencia tras largas andanzas y muchas penalidades[494]. En esa época Rodas estaba habitada por colonos griegos a las órdenes de Triopas, hijo de Forbante, con cuyo consentimiento Tlepólemo dividió la isla en tres partes y se dice que fundó las ciudades de Lindo, Yáliso y Camiro. Su gente fue favorecida y enriquecida por Zeus. Más tarde Tlepólemo fue a Troya con una flota de nueve navios rodios[495].

i. Heracles engendró otro Hilo con la ninfa acuática Mélite, hija del dios fluvial Egeo, en el país de los feacios. Había ido allá después del asesinato de sus hijos, con la esperanza de que le purificasen el rey Nausítoo y Macris, la nodriza de Dioniso. Éste era el Hilo que emigró al Mar Cronio con algunos de los colonos feacios y dio su nombre a los hileos[496].

j. El último que nació de todos los Heraclidas se dice que fue el atleta tasio Teágenes, cuya madre fue visitada una noche en el templo de Heracles por alguien al que ella tomó por su sacerdote, su marido Timóstenes, pero que resultó ser el dios mismo[497].

k. Los Heraclidas finalmente reconquistaron el Peloponeso en la cuarta generación a las órdenes de Témeno, Cresfontes y los mellizos Proeles y Eurístenes, después de matar al rey Tisámeno de Micenas, hijo de Orestes. Lo habrían conseguido antes si uno de sus príncipes no hubiera matado a Carno, poeta acarniano, cuando se acercó a ellos cantando versos proféticos, pues le confundieron con un mago enviado contra ellos por Tisámeno. En castigo por este sacrilegio se hundió la flota heráclida y el hambre dispersó a su ejército. El oráculo de Delfos les aconsejó entonces que «desterraran al asesino durante diez años y tomaran a Triopas como guía en lugar de él». Estaban a punto de llamar a Triopas, hijo de Forbante de Rodas, cuando Témeno observó que un jefe etolio llamado Óxilo, quien acababa de expiar algún asesinato con un año de destierro en Elide, montaba en un caballo tuerto. Ahora bien, Triopas significa «de tres ojos» y en consecuencia Témeno le contrató como guía y, desembarcando en la costa de Elide con sus parientes heráclidas, no tardó en conquistar todo el Peloponeso y lo dividió echando suertes. El lote marcado con un sapo significaba Argos y le tocó a Témeno; el marcado con una serpiente significa Esparta y correspondió a los mellizos Proeles y Eurístenes; el marcado con una zorra significaba Mesenia y le tocó a Cresfontes[498].

1.      La desastrosa invasión del Peloponeso micénico por montañeses patriarcales incultos desde la Grecia central, que, según Pausanias (iv.3.3) y Tucídides (i.12.3) se realizó alrededor del año 1100 a. de C, fue llamada doria porque sus caudillos provenían del pequeño Estado de Dóride. Tres tribus componían la Liga Doria: los híleos, que adoraban a Heracles; los dimanes («entrantes»), que adoraban a Apolo; y los pánfilos («hombres de todas las tribus»), que adoraban a Deméter. Después de invadir la Tesalia meridional los dorios parecen haberse aliado con los atenienses antes de aventurarse a atacar al Peloponeso. La primera tentativa fracasó, aunque Micenas fue incendiada hacia 1100 a. de C., pero un siglo después conquistaron las regiones oriental y meridional, después de haber destruido toda la antigua cultura de Argólide. Esta invasión que causó emigraciones desde Argólide hasta Rodas y desde Ática hasta la costa jonia del Asia Menor, y al parecer también desde Tebas hasta Cerdeña, originó la edad del oscurantismo en Grecia.

2.      El entierro estratégico de la cabeza de un héroe es común en los mitos: así, según el M.abinogion, la cabeza de Bran fue enterrada en la Colina de la Torre para defender a Londres de la invasión por el Támesis; y, según Ambrosio (Epístola vii.2), la cabeza de Adán fue enterrada en el Gólgota para proteger a Jerusalén por el norte. Además, Eurípides (Reso 413-15) hace declarar a Héctor que las ánimas, inclusive de los extranjeros, pueden servir como espíritus guardianes de Troya (véase 28.6). Tanto Tricorito como Gargueto se hallan en estrechos desfiladeros que dominan los accesos al Ática. La persecución de Euristeo por Yolao hasta más allá de las Rocas Escironias parece haber sido tomada de la misma ilustración que sugirió el mito de Hipólito (véase 101. g).

3.      El país de los feacios (véase 170.y) era Corara, o Drepane, ahora Corfú, frente al cual se halla el islote sagrado de Macris (véase 154jz). El Mar Cronio era el Golfo de Finlandia, desde donde, según parece, llevaban el ámbar a Corcira; esta isla se halla asociada también con la expedición de los argonautas en busca de ámbar al Adriático (véase 148.9).


4.      Triopas, el colonizador griego de Rodas, es una masculinización de la antigua diosa triple Dánae, o Damkina; de acuerdo con sus tres personas recibieron sus nombres Lindo, Yáliso y Camiro. Según otras versiones, estas ciudades fueron fundadas por los Telquinos (véase 54.m), o por Dánao (véase 60.d). Como Alcmena era simplemente un título de Hera, nada había de notable en que se le dedicara un templo.

5.      Polignoto, en su famosa pintura de Delfos, representó a Menelao con la insignia de una serpiente en el escudo (Pausanias: x.26.3), probablemente la serpiente de agua de Esparta (véase 125J). Una zorra ayudó al héroe mésenlo Aristómenes a escapar de un abismo al que lo habían arrojado los espartanos (Pausanias: iv.18.6); y la diosa como zorra era muy conocida en Grecia (véase 49.2 y 89.8). El sapo parece haber llegado a ser el emblema argivo, no sólo porque tenía reputación de ser peligroso de manejar y porque causaba un silencio temeroso a todos los que lo veían (Plinio: Historia natural xxxii.18), sino también porque a Argos se le llamó primeramente Forónico (véase 57.d); en el silabario que precedió al alfabeto en Argos los radicales PHRN podían ser expresados por medio de un sapo, phryne.


147.  LINO


a. Al niño Lino de Argos hay que distinguirlo del Lino hijo de Ismenio al que Heracles mató con una lira. Según los argivos, Psámate, la hija de Crotopo, tuvo al niño Lino con Apolo y temiendo la ira de su padre, lo abandonó en una montaña. Lo encontraron y criaron unos pastores, pero luego fue despedazado por los mastines de Crotopo. Como Psámate no podía ocultar su pena, Crotopo no tardó en sospechar que era la madre de Lino, y la condenó a muerte. Apolo castigó a la ciudad de Argos por este doble crimen enviando a una especie de harpía llamada Poine que arrancaba a los niños pequeños de sus padres, hasta que un tal Corebo se encargó de matarla. Entonces afligió a la ciudad una peste y, como no daba señales de disminuir, los argivos consultaron al oráculo de Delfos, el cual les aconsejó que propiciaran a Psámate y Lino. En consecuencia, ofrecieron sacrificios a sus ánimas, y las mujeres y doncellas cantaron cantos fúnebres a los que todavía llaman linoi; y como Lino había sido criado entre corderos, llamaron al festival arnis, y al mes en que se celebraba arneios. Como la peste seguía haciendo estragos, por fin Corebo fue a Delfos y confesó que había matado a Poine. La Pitonisa no le dejó que volviera a Argos, pero le dijo: «Lleva mi trípode de aquí y erige un templo a Apolo donde se te caiga de las manos.» Eso le sucedió en el monte Gerania, donde fundó primeramente el templo y luego la ciudad de Tripodisco, y fijó allí su residencia. Se muestra su tumba en la plaza del mercado de Megara, coronada por un grupo de estatuas que representan la muerte de Poine y son las esculturas de esa clase más antiguas que sobreviven en Grecia[499]. A este segundo Lino se le llama a veces Etolino, y los arpistas lo lloran en los banquetes[500].

b. Un tercer Lino yace también enterrado en Argos: era el poeta al que algunos llaman hijo de Eagro y la musa Calíope, haciéndole así hermano de Orfeo. Otros dicen que era hijo de Apolo y la musa Urania, o Aretusa, una hija de Posidón; y otros que era hijo de Anfímaro, hijo de Posidón, y Urania; o de Magnes y la musa Clío[501]. Lino era el músico más grande que había aparecido en la humanidad y el celoso Apolo lo mató. Había compuesto canciones en honor de Dioniso y otros héroes antiguos, y las escribía luego con letras pelasgas; y también una epopeya de la Creación. Lino, en realidad, inventó el ritmo y la melodía, era sabio en todo y enseñó a Támiris y Orfeo[502].

c. La lamentación por Lino se extendió por todo el mundo y es el tema, por ejemplo, de la Canción de Mañeros egipcia. En el monte Helicón, cuando uno se acerca al bosque de las Musas, el retrato de Lino está esculpido en la pared de una pequeña gruta en la que los sacrificios anuales que se le hacen a él preceden a los que se ofrecen a las Musas. Se alega que está enterrado en Tebas y que Filipo, el padre de Alejandro Magno, después de derrotar a los griegos en Queronea, trasladó sus huesos a Macedonia, de acuerdo con un sueño, pero después volvió a soñar y los devolvió[503].

1.      Pausanias relaciona este mito del niño Lino con el de Mañeros, el espíritu del cereal egipcio, por quien se cantaban cantos fúnebres en la época de la cosecha; pero Lino parece haber sido el espíritu del lino (linos) que se siembra en la primavera y se cosecha en el verano. Tenía a Psámate por madre, porque, según Plinio (Historia natural xix.2), «sembraban el Uno en tierra arenosa». Su abuelo y asesino era Crotopo porque —también según Plinio— los tallos de lino amarillentos, después de ser arrancados por las raíces y dejados al aire libre, eran machacados con los «pies trituradores» de mazos de estopa. Y Apolo, cuyos sacerdotes vestían túnicas de Uno y que era el patrono de toda la música griega, lo engendró. La muerte de Lino por perros se refiere evidentemente a la maceración de los tallos de lino con destrales de hierro, procedimiento que Plinio describe en el mismo pasaje. Frazer sugiere, aunque sin pruebas que le apoyen, que Lino es una consecuencia de haber oído mal los griegos las palabras fenicias ai lanu, «¡Ay de nosotros!». Etolino significa «Lino condenado».

2.      Sin embargo, el mito se ha reducido a la norma corriente del niño abandonado por temor a un abuelo celoso y criado por pastores, lo que indica que la industria de la ropa de lino en Argólide desapareció a causa de la invasión doria, o de que los egipcios la vendían a menor precio, o de ambas cosas, y la sustituyó la industria de las ropas de lana; sin embargo, se siguieron entonando anualmente los cantos fúnebres en honor del niño Lino. Es probable que la industria del lino fuera establecida por los cretenses que civilizaron Argólide; la palabra griega para cuerda de lino es merinthos y todas las palabras terminadas en inthos son de origen cretense.

3.      Corebo, cuando mató a Poine («castigo») probablemente prohibió los sacrificios de niños en el festival de Lino, los sustituyó con corderos, y llamó al mes «Mes del Cordero». Se le ha identificado con un eleo del mismo nombre que ganó la carrera pedestre en la Primera Olimpíada (776 a. de C.). Tripodisco parece no tener relación con los trípodes, sino derivarse de tripodizein, «encadenar tres veces».

4.      Como la cosecha del lino era la ocasión para los cantos fúnebres y la trituración rítmica, y como en el solsticio estival —a juzgar por los ejemplos suizos y suabos citados en Golden Bough de Frazer— los jóvenes saltaban alrededor de una hoguera para que el lino creciera a gran altura, se suponía la existencia de otro Lino místico, uno que llegó a la edad viril y fue un músico famoso, inventor del ritmo y la melodía. Este Lino tenía por madre a una Musa y por padre al Hermes arcadio, o al Eagro tracio, o Magnes, el antepasado epónimo de los magnesios; en realidad no era heleno, sino guardián de la cultura pelasga pre-helena, que incluía el calendario de árboles y el saber acerca de la Creación. Apolo, quien no toleraba rivales en música —como lo demostró en el caso de Marsias (véase 21.f)— lo mató, según se dice, indirectamente; pero ésta era una versión errónea, pues Apolo adoptó y no mató a Lino. Posteriormente se atribuyó su muerte más apropiadamente a Heracles, patrono de los invasores dorios incivilizados (véase 146.1).

5.      A Lino se le llama hermano de Orfeo a causa de la semejanza de su destino (véase 28.2). En los Alpes austríacos (según me informa Margarita Schón-Wels) no se admite a los hombres en la cosecha del lino, ni en el proceso de secarlo, golpearlo y macerarlo, ni en las hilanderías. E1 espíritu gobernante es la Harpatsch, una bruja aterradora, con las manos y la cara tiznadas con hollín. Si se encuentra accidentalmente con algún hombre lo abraza, le obliga a bailar, le acomete sexualmente y le tizna con hollín. Además, las mujeres que golpean el lino, llamadas Bechlerinnen, persiguen y rodean a todo extraño que se introduce por error entre ellas. Le obligan a tenderse en el suelo, lo pisotean, le atan las manos y los pies, lo envuelven en estopa, le estregan la cara y las manos con desechos de lino punzantes, lo frotan contra la corteza áspera de un árbol derribado y por fin lo hacen rodar por la ladera. En las cercanías de Feldkirch sólo hacen que el transgresor se acueste y pasan sobre él, pero en otras partes le abren la bragueta e introducen en ella desechos de lino, y eso es tan doloroso que tiene que escapar con las piernas desnudas. En las cercanías de Salzburgo las Bechlerinnen mismas le quitan los pantalones y amenazan con castrarlo; cuando huye, purifican el lugar quemando ramitas y entrechocando las hoces.

6.      Poco se sabe de lo que sucede en las hilanderías, pues las mujeres guardan el secreto; excepto que cantan un canto fúnebre llamado el Flachses Qual («Tormento del Lino»), o Leinenklage («Lamento del Lino»). Parece probable, por tanto, que las mujeres que cosechaban el lino solían apresar, atacar sexualmente y desmembrar a un hombre que representaba el espíritu del lino; pero como éste fue también el destino de Orfeo, quien protestó contra los sacrificios humanos y las orgías sexuales (véase 28.b), se ha descrito a Lino como su hermano. La Harpatsch resulta familiar: es la bruja de la cosecha de cereal, representante de la diosa Tierra. Se entrechocan las hoces solamente en honor de la luna; no se las utiliza en la cosecha del lino. Se atribuye a Lino la invención de la música porque esos cantos son puestos en boca del propio espíritu del lino y porque algunas cuerdas de lira se hacían con hilo de lino.


148.  REUNIÓN DE LOS ARGONAUTAS


a. Después de la muerte del rey eolio Creteo, Pelias, hijo de Posidón, que era ya anciano, se apoderó del trono de Yolco, que pertenecía a su hermanastro Esón, el heredero legítimo. Un oráculo le advirtió poco después que le mataría un descendiente de Eolo, por lo que Pelias dio muerte a todos los eolios prominentes a los que se atrevió a atrapar, con excepción de Esón, a quien
perdonó la vida por respeto a su madre Tiro, pero al que retuvo preso en el palacio obligándole a renunciar a su herencia.

b. Ahora bien, Esón estaba casado con Polimela, llamada también Anfínome, Perimede, Alcímede, Polimede, Polifema, Escaria o Arne, quien le dio un hijo llamado Diomedes[504]. Pelias habría matado al niño sin misericordia pero Polimela llamó a sus parientas para que lloraran por él como si hubiera nacido muerto, y luego lo sacó a ocultas de la ciudad y lo llevó al monte Pellón; allí el centauro Quirón lo crió, como había hecho antes, o como hizo después, con Asclepio, Aquiles, Eneas y otros héroes famosos[505].

c. Un segundo oráculo advirtió a Pelias que se cuidara de un hombre con una sola sandalia. Un día en que se hallaba en la costa del mar con un grupo de príncipes aliados para hacer un sacrificio solemne a Posidón su mirada se fijó en un joven magnesio alto y de larga cabellera, vestido con una túnica de cuero muy ajustada y una piel de leopardo. Estaba armado con dos lanzas de ancha hoja y llevaba solamente una sandalia[506].

d. Había perdido la otra sandalia en el fangoso río Anauro —al que algunos llaman equivocadamente Eveno o Enipeo— a causa de la estratagema de una vieja que, apostada en el otro lado del río, suplicaba a los transeúntes que la pasaran a la otra orilla. Nadie se compadecía de ella, hasta que aquel joven desconocido se ofreció cortésmente a llevarla en su ancha espalda. Pero se tambaleó bajo el peso, pues la vieja era nada menos que la diosa Hera disfrazada. Pelias había ofendido a Hera al no hacerle los sacrificios de costumbre y estaba decidida a castigarle por su negligencia[507].

e. Cuando Pelias preguntó al desconocido rudamente: «¿Quién eres y cómo se llama tu padre?» el otro contestó que Quirón, su padre adoptivo, le llamaba Jasón, aunque anteriormente le llamaban Diomedes, hijo de Esón. Pelias le miró funestamente y le preguntó de pronto:
—¿Qué harías si un oráculo te anunciase que uno de tus conciudadanos estaba destinado a matarte?
—Lo enviaría a Cólquide en busca del vellocino del carnero de oro —contestó Jasón, sin saber que Hera había puesto esas palabras en su boca—. Y te ruego me digas con quién tengo el honor de conversar.

f. Cuando Pelias reveló su identidad, Jasón no se alteró. Audazmente reclamó el trono que le había usurpado Pelias, aunque no los rebaños y vacadas que lo habían acompañado, y como le apoyaron firmemente su tío Peres, rey de Peras, y Amitaón, rey de Pilos, quienes habían ido a tomar parte en el sacrificio, Pelias no se atrevió a negarle sus derechos de nacimiento.
—Pero antes —insistió— te exijo que libres a nuestro querido país de una maldición.

g. Jasón se enteró entonces de que a Pelias le acosaba el ánima de Frixo, que había huido de Orcómeno una generación antes, montado en el lomo de un carnero divino, para evitar que lo sacrificaran. Se refugió en Cólquide, donde cuando murió se le negó el entierro adecuado; y según el oráculo de Delfos, el territorio de Yolco, donde se habían establecido muchos de los parientes minias de Jasón, nunca prosperaría si su ánima no era conducida a su patria en una nave, juntamente con el vellón del carnero de oro. El vellón colgaba de un árbol en el bosque de Ares Cólquido, guardado noche y día por un dragón que nunca dormía. Pelias declaró que una vez que se realizase esa hazaña piadosa renunciaría de buena gana al reino, que se estaba convirtiendo en una carga para un hombre de edad tan avanzada como él[508].

h. Jasón no podía negarle a Pelias ese servicio y en consecuencia envió heraldos a todas las cortes de Grecia pidiendo voluntarios dispuestos a embarcarse con él. También consiguió que el tespio Argo le construyera un navio de cincuenta remos; lo hizo en Págasas, con madera curada del monte Pelión; después de lo cual Atenea misma puso un mástil oracular en la proa del Argo, cortado del roble de su padre Zeus en Dodona[509].

i. Muchas listas diferentes de los Argonautas —como se llama a los compañeros de Jasón— se han compilado en diversas épocas, pero los autores más fidedignos dan los siguientes nombres:
Acasto, hijo del rey Pelias.
Actor, hijo del focio Deyon.
Admeto, príncipe de Peras.
Anfiarao, el adivino argivo.
Anceo el Grande de Tegea, hijo de Posidón.
Anceo el Pequeño, lélege de Samos.
Argo, el tespio, constructor del Argo.
Ascalafo de Orcómeno, hijo de Ares.
Asterio, hijo de Cometes, peloponense.
Atalanta de Calidón, la virgen cazadora.
Augías, hijo del rey Forbante de Elide.
Butes de Atenas, el apicultor.
Ceneo el lapita, quien en otro tiempo había sido mujer.
Calais, el hijo alado de Bóreas.
Canto de Eubea.
Castor, el luchador espartano, uno de los Dioscuros.
Ceteo, hijo del arcadio Aleo.
Corono el lapita, de Girtón en Tesalia.
Equión, hijo de Hermes, el heraldo.
Ergino de Mileto.
Estáfilo, hermano de Fano.
Eufemo de Ténaro, el nadador.
Euríalo, hijo de Mecisteo, uno de los Epígonos.
Euridamente, el dólope, del lago LA ynias.
Palero, el arquero ateniense.
Fano, el hijo cretense de Dioniso.
Heracles de Tirinto, el hombre más fuerte que ha existido, ahora un dios.
Hilas el dríope, escudero de Heracles.
Idas, hijo de Afareo de Mesene.
Idmón el argivo, hijo de Apolo.
Ificlo, hijo del etolio Testio.
ífito, hermano del rey Euristeo de Micenas.
Jasón, el capitán de la expedición.
Laertes, hijo del argivo Acrisio.
Linceo, el vigía, hermano de Idas.
Melampo de Pilos, hijo de Posidón.
Meleagro de Calidón.
Mopso el lapita.
Nauplio el argivo, hijo de Posidón, célebre navegante.
Oileo de Lócride, padre de Áyax.
Orfeo, el poeta tracio.
Palemón, hijo de Hefesto, etolio.
Peleo el mirmidón.
Peneleo, hijo de Hipálcimo, el beodo.
Periclímeno de Pilos, el hijo de Posidón que cambiaba de forma.
Peante, hijo de Táumaco el magnesio.
Pólux, el pugilista espartano, uno de los Dioscuros.
Polifemo, hijo de Élato, el arcadio. .
Tífis, el piloto beocio de Sifas.
Zetes, hermano de Calais,
y nunca, ni antes ni después se ha reunido una tripulación tan valiente[510].

j. A los Argonautas se los llama con frecuencia minias, porque llevaron de vuelta el ánima de Frixo, nieto de Minia, y el vellón de su carnero; y porque muchos de ellos, incluyendo a Jasón mismo, provenían de la sangre de las hijas de Minia. Este Minia, hijo de Crises, había emigrado de la Tesalia a Orcómeno en Beoda, donde fundó un reino y fue el primer rey que construyó una tesorería[511].

1.      En la época de Homero un ciclo de romances acerca del viaje del Argo al país de Eetes («poderoso») estaba «en labios de todos» (Odisea xii.40), y coloca a los Planktai o Simplégadas —por las que había pasado inclusive antes que Odiseo— cerca de las Islas de las Sirenas y no lejos de Escila y Caribdis. Todos estos peligros se dan en los relatos más completos del regreso del Argo de Cólquide.

2.      Según Hesíodo, Jasón, hijo de Esón, después de realizar muchos trabajos penosos impuestos por Pellas, se casó con la hija de Eetes, que fue con él a Yolco, donde «ella se le sometió» y le dio su hijo Medeo, a quien educó Quirón. Pero Hesíodo parece haber estado mal informado: en los tiempos heroicos ninguna princesa era llevada a la casa de su marido; él iba a la de ella (véase 137.4 y 160.3). Por tanto, Jasón o bien se casó con la hija de Eetes y se instaló en su corte, o bien se casó con la hija de Pelias y se instaló en Yolco. Eumelo (siglo viii) informa que cuando Corinto murió sin sucesión, Medea reclamó con buen éxito el trono vacante de Corinto, pues era hija de Eetes, quien, no contento con su herencia, había emigrado desde allí a Cólquide; y que Jasón, su marido, se convirtió por ello en rey.

3.       Ni Cólquide ni su capital, Ea, son mencionadas en estos primeros relatos, que describen a Eetes como hijo de Helio y hermano de la Circe aeana. Tampoco se debe suponer que la fábula que conocía Homero tenía mucho en común con la que relatan Apolodoro y Apolonio de Rodas; incluso la ruta seguida por el Argo en su viaje de ida, y no hablemos de la del viaje de vuelta, no había sido fijada todavía en la época de Herodoto, pues Píndaro, en su Cuarta Oda Pítica (462 a. de C.) daba una versión muy diferente de la suya.

4.      El mito de Pelias y Diomedes —el nombre original de Jasón— parece haber sido acerca de un príncipe abandonado en una montaña, criado por cuidadores de caballos y al que impuso trabajos aparentemente imposibles el rey de una ciuded vecina, no necesariamente un usurpador: como el uncimiento de toros que respiraban fuego, y la conquista de un tesoro guardado por un monstruo marino. Jasón, medio muerto en las fauces del monstruo marino, es el tema de obras de arte etruscas. Su recompensa sería casarle con la heredera del trono. Mitos análogos son comunes en la mitología celta —como lo atestiguan los trabajos impuestos a Kilhwych, el héroe del Mabinogion cuando deseó casarse con la hechicera Olwen— y al parecer se refieren a las pruebas rituales del coraje de un rey antes de su coronación.

5.      Es ciertamente del Cuento de Kilhwych y Olwen y del análogo Cuento de Peredur hijo de Evrawc, perteneciente también al Mabinogion, de los que se pueden sacar las deducciones más verosímiles acerca de la naturaleza de los trabajos de Diomedes. Kilhwych, al enamorarse de Olwen, recibió órdenes de su padre de uncir un toro amarillo y un toro mosqueado, para despejar una colina de espinos y malezas, sembrarla con maíz y luego recoger el grano en un solo día (véase 127.1 y 152.3); y también conseguir un cuerno de la abundancia y una caldera irlandesa mágica. Peredur, al enamorarse de una doncella desconocida, tuvo que matar a un monstruo marino, llamado el Avanc, en un lago cercano al Túmulo de la Aflicción; Eea significa «aflicción». Con la condición de que le jurara fidelidad, ella le dio una piedra mágica que le permitió vencer al Avanc y conseguir «todo el oro que un hombre puede desear». La doncella resultó ser la Emperatriz de Cristinobyl, una hechicera que vivía con gran pompa «hacia la India»; y Peredur fue su amante durante catorce años. Puesto que el único otro héroe gales que venció a un Avanc fue Hu Gadarn el Poderoso, antepasado de los Cymry, quien unciendo dos toros al monstruo lo sacó del río Conwy (Welsh Triads iii.97), parece probable que también Jasón sacara a su monstruo del agua con la ayuda de su yunta que exhalaba fuego.

6.      La caldera irlandesa que fue a buscar Kilhwych era, al parecer, la mencionada en el Cuento de Peredur: una caldera de regeneración, como la que utilizó posteriormente Medea; un gigante la había encontrado en el fondo de un lago irlandés. Pelias pudo haber exigido que Diomedes fuese a buscar otra análoga. El escenario de sus trabajos sería alguna región no geográfica situada «hacia el sol naciente». No se menciona cornucopia alguna en la leyenda de los argonautas, pero Medea, por un motivo que no queda claro, rejuvenece a la ninfa Macris y sus hermanas, anteriormente nodrizas de Dioniso, cuando se encuentra con ellas en Drepane, o Corcira. Como Dioniso tenía mucho en común con el Zeus infante, cuya nodriza, la cabra Amaltea, le proporcionó la cornucopia original (véase 7.b), Medea puede haber ayudado a Diomedes a conseguir otra cornucopia de las ninfas prestándoles sus servicios. Los trabajos de Heracles (como los de Teseo y Orion) se comprenden mejor como tareas nupciales e incluían «la ruptura de los cuernos de ambos toros» (el cretense y el aqueloano; véase 134.6).

7.      Este mito de los trabajos nupciales, una versión del cual parece haber sido corriente en Yolco, con Pelias como el malvado, y otra en Corinto, con Corinto como el malvado, llegó a vincularse, evidentemente, con la leyenda semihistórica de una expedición marítima minia enviada desde Yolco por los orcómenos. Orcómeno pertenecía a la antigua anfictionía, o liga, de Calauria (Estrabón: viii.6.14), presidida por el dios eolio Posidón, y que incluía seis estados costeros de Argos y Ática; era la única ciudad interior de las siete y estaba estratégicamente situada entre el Golfo de Corinto y el Golfo Tesalio. Sus pobladores, como los beocios de Hesíodo, pueden haber sido agricultores en el invierno y navegantes en el verano.

8.      El supuesto propósito de la expedición era recuperar un vellón sagrado que había sido llevado al «país de Eetes» por el rey Frixo, nieto de Minia, cuando estaba a punto de ser sacrificado en el monte Lafistio (véase 70.d) y acompañar al ánima de Frixo de vuelta a Orcómeno. Su jefe tuvo que ser un minia —lo que no era Diomedes, hijo de Esón—, quizá Citisoro (Herodoto: víi.197), hijo de Frixo, a quien Apolonio de Rodas da un lugar prominente en la fábula (véase 151.f y 152.b), y que mereció el sobrenombre de Jasón («curador») en Orcómeno cuando terminó con la sequía y la peste causadas por la huida de Frixo. Sin embargo, Diomedes era minia por parte de su madre; y es probable que la descendencia fuese matrilineal tanto en Orcómeno como en la Yolco pelasga.

9.      En esta leyenda minia, el país de Eetes no puede haber estado en el otro extremo del Mar Negro; todos los testimonios primitivos indican la cabecera del Adriático. Se cree que los argonautas navegaron por el río Po, cerca de cuya desembocadura, al otro lado del golfo, se halla la Isla de Circe o Eea, llamada ahora Lussin; y que fueron atrapados por los colquideos de Eetes en la desembocadura del Ister, no el Danubio, sino, como sugiere Diodoro Sículo, el pequeño río Istro, que dio su nombre a Istria. Medea mató entonces a su hermano Apsirto, que estaba enterrado en la vecina Apsirtides; y cuando ella y Jasón se refugiaron con Alcinoo, rey de Drepane (Corcira), a pocos días de navegación hacia el sur, los colquideos, defraudados en su venganza, temieron incurrir en la ira de Eetes sí volvían con las manos vacías y en consecuencia edificaron la ciudad de Pola en la tierra firme de Istria. Además, el país de las sirenas, las Rocas Chocantes, Escila y Caribdis, se hallan todos cerca de Sicilia, y al pasar por allí el Argo fue sacudido por el viento nordeste, con gran violencia. «Cólquide» puede ser en realidad un error por «Colicaria» en el Po inferior, no lejos de Mantua, al parecer un apostadero en la Ruta del Ámbar, pues las hijas de Helio, que lloraron lágrimas de ámbar, aparecen en la fábula tan pronto como el Argo entra en el Po (véase 42.d). El ámbar estaba consagrado al sol, y Electra («ámbar»), la isla en la que se dice que tocó el Argo, difícilmente puede haber sido Samotracia, como creen los escoliastas, sino «la tierra de Eetes», un puesto comercial al término de la Ruta del Ámbar, quizá corintio, porque Eetes había llevado su culto del Sol desde Corinto, pero acaso pelasgo, porque según la Descripción de la Tierra de Dionisios (i. 18), una colonia pelasga, proveniente de Dodona, en un tiempo mantenía una flota poderosa en una de las desembocaduras del Po.

10.  Al mito no geográfico de Diomedes, ahora combinado con la leyenda de un viaje minia a la tierra de Eetes, se agregó un tercer elemento: la tradición de una incursión de piratería anterior a lo largo de la costa meridional del Mar Negro, realizada a las órdenes de otro rey minia. La sexta ciudad de Troya, con su dominio del Helesponto, gozaba del monopolio del comercio en el Mar Negro, al que esta incursión se habrá propuesto desafiar (véase 137.1). Ahora bien, el supuesto objetivo de los minias en viaje por el Adriático era un vellocino, no de oro, sino, según Simónides (citado por escoliasta sobre Apolonio de Rodas: iv.77), de púrpura, al que el Primer Mitógrafo Vaticano describe como aquel «en el que Zeus solía ascender al cielo». Dicho de otro modo, era un vellón negro que se llevaba en un rito regio destinado a producir la lluvia, como el que se realiza todavía todos los primeros de mayo en la cumbre del monte Pelión, donde un anciano con una máscara de badana negra es muerto y resucitado por sus compañeros, vestidos con vellones blancos (Annals of tbe British School at Athens xvi.244-9, 1909-16). Según Dicearco (ii.8), este rito se realizaba en la época clásica bajo los auspicios de Zeus Acteo o Aereo («de la cumbre»). Originalmente el hombre con la máscara de badana negra sería el Rey, representante de Zeus, que era sacrificado al final de su reinado. El empleo de la misma ceremonia en .el monte Pelión y en el monte Lafistio explicaría la combinación de las dos tradiciones de Yolco, a saber, el mito de Diomedes y la leyenda de la incursión en el Mar Negro, con la tradición de un viaje mima para deshacer el daño causado por Frixo.

11.  Sin embargo, la misión de los minias difícilmente pudo ser la de llevar de vuelta el vellón lafistio perdido, que se podía reemplazar fácilmente; es mucho más probable que fueran en busca de ámbar, para propiciar con él a la divinidad ofendida, la diosa de la Montaña. Debe recordarse que los minias tenían una «Pilos Arenosa» en la costa occidental del Peloponeso —tomada a los léleges por Neleo con la ayuda de pelasgos de Yolco (véase 94.c)—, y que, según Aristóteles (Mirabilia 82), los pilianos llevaban ámbar de la desembocadura del Po. En el lugar donde estaba Pilos (ahora la aldea de Kakovatos) se desenterraron recientemente enormes cantidades de ámbar.

12.  En el viaje oriental este vellocino se hizo «de oro» porque había que incluir la hazaña de Diomedes al conquistar el tesoro del monstruo marino; y porque, como señala Estrabón, los argonautas que irrumpieron en el Mar Negro fueron en busca del oro aluvial del Fasis colquideo (ahora el Rion), recogido por los nativos en vellones extendidos en el lecho del río. No fue solamente la confusión de Cólquide con Colicaria, de Ea («tierra») con Eea («lamentación»), y del vellón negro pelonio con el lafistio lo que unión a esas tradiciones diferentes. El palacio de la aurora de Helio, el padre de Eetes, se halla en Cólquide (véase 42.í), el país más oriental que conocía Homero; y se decía que había Jasonica, es decir, templos de Heracles Curador, en el golfo oriental del Mar Negro, donde los eolios habían establecido factorías. Según algunos autores, Heracles encabezó la expedición al Mar Negro. Además, como Homero había mencionado a Jasón solamente como el padre de Euneo, quien proporcionó a los griegos el vino durante el sitio de Troya (véase 162.»), y como Lemnos se halla al este de Tesalia, se creía que el Argo también se había dirigido hacia el este. Las Rocas Errantes o Chocantes que Homero situó en aguas de Sicilia fueron trasladadas por lo tanto al Bosforo.

13.  Cada ciudad necesitaba un representante argonauta para justificar sus derechos comerciales en el Mar Negro, y a los bardos errantes no les importaba introducir uno o dos nombres más en este ciclo mixto de baladas. Han sobrevivido, en consecuencia, varias listas de argonautas, todas irreconciliables, pero la mayoría basadas en la teoría de que utilizaron una nave de cincuenta remos, lo que no era, en verdad, imposible en la época micénica; sólo Tzetzes da un centenar de nombres. Sin embargo, ni siquiera los escépticos más empedernidos parecen haber dudado de que la leyenda es en lo principal histórica, o de que el viaje se realizó antes de la guerra de Troya, en algún momento del siglo XIII a. de C.

14.  La sandalia única de Jasón demuestra que era un combatiente. Los guerreros etolios eran famosos por su costumbre de hacer la guerra con sólo el pie izquierdo calzado (Macrobio: v. 18-21; Escoliasta sobre las Odas piticas de Píndaro iv.133), recurso que también adoptaron durante la guerra del Peloponeso los de Platea para maniobrar mejor en el barro (Tucídides: iii.22). La causa de que el pie del lado del escudo, y no el del lado del arma, estuviese calzado puede haber sido que se adelantaba en la lucha cuerpo a cuerpo y podía utilizarse para golpear al adversario en la ingle. Por esto el izquierdo era el pie hostil y nunca se ponía en el umbral de la casa de un amigo; la tradición sobrevive en la Europa moderna, donde los soldados marchan invariablemente a la guerra adelantando el pie izquierdo.

15.  La disputa entre Hera y Pelias por no haberle hecho sacrificios indica la tensión que existía entre la dinastía aquea que rendía culto a Posidón en Yolco y sus subditos eolo-magnesios que rendían culto a la diosa.


149.  LAS LEMNIAS Y EL REY ClCICO


a. Heracles, después de apoderarse del Jabalí de Erimanto, apareció de pronto en Págasas y fue invitado por unanimidad a que actuara como capitán del Argo, pero accedió generosamente a servir a los órdenes de Jasón, quien, aunque era un principiante, había proyectado y proclamado la expedición. En consecuencia, cuando se botó la nave y se echaron suertes para ocupar los bancos, a razón de dos remeros por cada banco, fue Jasón quien sacrificó una yunta de bueyes a Apolo de los Embarques. Mientras el humo del sacrificio se elevaba propiciamente al firmamento, formando oscuras columnas arremolinadas, los argonautas se sentaron para celebrar su baquete de despedida, en el que Orfeo apaciguó con su lira ciertas disputas de borrachos. Se hicieron a la mar a la primera luz de la aurora, con rumbo a Lemnos[512].

b. Alrededor de un año antes de esto, los lemnios se habían peleado con sus esposas, quejándose de que olían mal, y tomaban como concubinas a muchachas tracias capturadas en sus incursiones. En venganza, las lemnias asesinaron a todos sin compasión, a viejos y jóvenes igualmente, con excepción del rey Toante, a quien salvó la vida en secreto su hija Hipsípila, poniéndolo a la deriva en una embarcación sin remos. Ahora bien, cuando el Argo apareció a la vista y las lemnias lo tomaron por una nave enemiga proveniente de Tracia, se pusieron las armaduras de sus maridos difuntos y corrieron audazmente a la costa para rechazar el ataque que les amenazaba. Pero el elocuente Equión desembarcó con el báculo en la mano como heraldo de Jasón y no tardó en tranquilizarlas;, entonces Hipsípila convocó un consejo en el que propuso que se enviaran alimentos y vino a los argonautas, pero no se les admitiera en su ciudad de Mirina, por temor a que se les acusara por la matanza. Polixo la anciana nodriza de Hipsípila, se levantó para alegar que sin hombres la raza lemnia no tardaría en extinguirse. «Lo más sensato —dijo— sería que os ofrecieseis amorosamente a esos aventureros bien nacidos y así no sólo pondríais nuestra isla bajo una fuerte protección, sino que además pariríais una raza nueva y fornida.»

c. Este consejo desinteresado fue fuertemente aplaudido y los argonautas fueron bien acogidos en Mirina. Por supuesto, Hipsípila no le dijo a Jasón toda la verdad, sino que, balbuceando y ruborizándose, le explicó que después de haber sufrido muchos malos tratos por parte de sus maridos, sus compañeras se habían levantado en armas y les habían obligado a emigrar. Dijo que el trono vacante de Lemnos sería para Jasón si lo pedía. Aunque Jasón aceptó agradecido el ofrecimiento, declaró que antes de fijar su residencia en la fértil Lemnos debía terminar su búsqueda del Vellocino de Oro. Pero Hipsípila no tardó en convencer a los argonautas para que aplazasen su partida, pues cada aventurero estaba rodeado por numerosas mujeres jóvenes todas las cuales deseaban compartir el lecho con él[513]. Hipsípila reclamó para ella a Jasón y le agasajó regiamente; fue entonces cuando él engendró a Euneo y su mellizo Nebrófono, a quien algunos llaman Deifilo, o Toante el Joven. Euneo llegó a ser rey de Lemnos y proporcionó a los griegos vino durante la guerra de Troya.

d. Muchos hijos engendraron en esta ocasión también los otros argonautas, y si no hubiera sido por Heracles, que guardaba el Argo y que finalmente se dirigió resueltamente a Mirina, golpeando las puertas de las casas con su clava y pidiendo a sus compañeros que volvieran a cumplir su deber, es probable que el vellocino de oro no saliera nunca de Cólquide. Pronto los obligó a volver a la costa y esa misma noche se embarcaron para Samotracia, donde fueron debidamente iniciados en los misterios de Perséfone y sus servidores, los Cabiros, que salvaban a los navegantes del naufragio[514].

e. Mas tarde, cuando las lemnias descubrieron que Hipsípila, violando su juramento, había salvado a Toante —fue arrojado a tierra en la isla de Sicinos y luego fue rey de los aurios— la vendieron como esclava al rey Licurgo de Nemea. Pero algunos dicen que unos piratas tracios hicieron una incursión en Mirina y la capturaron. Cuando llegó a la edad viril, Euneo purificó a la isla culpable de homicidio, y los ritos que utilizó se siguen repitiendo en el festival anual de los Cabiros: durante
nueve días permanece apagado el fuego en todos los fogones lemnios y se hacen ofrendas a los muertos, después de lo cual se lleva en un barco fuego nuevo, del altar de Apolo en Délos[515].

f. Los argonautas siguieron navegando, dejando a Imbros a estribor, y como se sabía que el rey Laomedonte de Troya guardaba la entrada del Helesponto y no dejaba entrar ninguna nave griega, se deslizaron por el estrecho de noche, manteniéndose cerca de la costa tracia, y llegaron a salvo al Mar de Mármara. Cuando se acercaban al territorio de los doliones desembarcaron en el cabo de una península escarpada llamada Arctón, a la que corona el monte Díndimo. Allí los recibió el rey Cícico, hijo de Éneo y anterior aliado de Heracles, quien se acababa de casar con Clito, de la Percote frigia, y les invitó cordialmente a compartir su banquete de boda. Mientras se realizaban las festividades los guardianes del Argo fueron atacados con piedras y palos por ciertos gigantes de seis manos nacidos de la Tierra, desde el interior de la península, pero los rechazaron.

g. Después los argonautas dedicaron la piedra que les servía como ancla a Atenea, en cuyo templo se la exhibe hasta el presente, y, tomando a bordo otra más pesada, se alejaron remando tras una despedida cordial en dirección al Bosforo. Pero de pronto comenzó a soplar un viento del nordeste y no tardaron en avanzar tan despacio que Tifis decidió cambiar la dirección de la nave y volver a ponerse al socaire de la península. Fue desviada de su curso y los argonautas, que vararon su embarcación al azar en medio de la más intensa oscuridad, fueron atacados inmediatamente por guerreros bien armados. Sólo después de haberlos vencido en una feroz batalla y de matar a algunos y poner a los demás en fuga descubrió Jasón que había ido a parar a la costa oriental de Arctón y que el noble rey Cícico, que había tomado a los argonautas por piratas, yacía muerto a sus pies. Clito, enloquecido por la noticia, se ahorcó; y las ninfas del bosquecillo lloraron tan lastimosamente que sus lágrimas formaron la fuente que ahora lleva su nombre.

h. Los argonautas realizaron juegos fúnebres en honor de Cícico, pero el mal tiempo los detuvo durante muchos días más. Por fin un alción revoloteó sobre la cabeza de Jasón y se posó gorjeando en la proa del Argo; en vista de lo cual Mopso, que entendía el lenguaje de las aves, explicó que todo iría bien si aplacaban a la Diosa Rea. Ella había exigido la muerte de Cícico en represalia por la de su león sagrado, muerto por él en el monte Díndimo, y estaba ofendida con los argonautas por haber causado aquella carnicería entre sus hermanos los gigantes de seis brazos nacidos de la Tierra. En consecuencia erigieron una imagen a la diosa, tallada por Argo de una cepa antigua, y danzaron plenamente armados en la cima de la montaña. Rea agradeció su devoción e hizo que un manantial —llamado ahora el Manantial de Jasón— brotase de unas rocas cercanas. Se levantó un viento favorable y continuaron el viaje. Sin embargo, los doliones prolongaron su luto durante todo un mes, sin encender fuego y viviendo de alimentos sin cocinar, costumbre que se observa todavía durante los Juegos Cícicos anuales[516].

1.      Se hace que Jasón haga escala en Lemnos porque, según Homero, Euneo, que reinaba allí durante la guerra de Troya, era hijo suyo; y porque Eufemo, otro argonauta, engendró a Leucofano («apariencia blanca») con una lemnia (Tzetzes: Sobre Licofrón 886; Escoliasta sobre las Odas piticas de Píndaro ív.455), convirtiéndose así en el antepasado de una larga dinastía cirenea. La matanza de lemnios indica que los isleños conservaban la forma de sociedad ginecocrática, apoyada por sacerdotisas armadas, que se observaba entre ciertas tribus libias en la época de Herodoto (véase 8.1), y que los visitantes helenos sólo podían comprender esta anomalía como una revolución femenina. Mirina era el nombre de su diosa (véase 131.3). Quizá se decía que las lemnias olían mal porque trabajaban con .glasto —utilizado por sus vecinas tracias para tatuarse—, planta de un olor tan nauseabundo y duradero que las familias de Norfol la que trabajan con glasto se han visto siempre obligadas a casarse entre ellas.

2.      Samotracia era un centro de la religión heládica, y los iniciados en sus Misterios de la diosa Luna —el secreto de los cuales ha sido bien mantenido— tenían derecho a llevar un amuleto purpúreo (Apolonio de Rodas: i.197; Diodoro Sículo: v.49), valorizado como una protección contra peligros de toda clase, pero especialmente los naufragios. Filipo de Macedonia y su esposa Olimpia se iniciaron en esos misterios (Aristófanes: La paz 277, con escoliastas); César Germánico no pudo tomar parte en los Misterios sólo a causa de un agüero y murió poco después (Tácito: Anales ii.54). Ciertas vasijas de bronce antiguas encontradas en Samotracia se dice que habían sido dedicadas por los argonautas.

3.      Los hermanos de Rea, los gigantes de seis brazos nacidos de la Tierra de la Isla del Oso, quizás han sido deducidos de ilustraciones que representaban a hombres velludos vestidos con pieles de oso y las garras extendidas. E1 relato de la muerte de Cícico es lo bastante minucioso para que indique una tradición germina de la incursión en el Mar Negro, aunque tan poco relacionada con la extinción anual de los fuegos en Cícico como la supuesta matanza de los lemnios con una ceremonia análoga en Mirina, durante el festival de los Cabiros, que duraba nueve días. Al término del año, cuando el rey sagrado era sacrificado, se apagaban habitualmente los fuegos en muchos reinos y se renovaban más tarde como uno de los ritos de la instalación del nuevo rey.

4.      La muerte del león de Rea se refiere probablemente a la supresión de su culto en Cícico en favor del Olimpianismo.

5.      Los alciones eran mensajeros de la diosa del Mar, Alcíone (« la reina que evita [las tormentas]»; véase 45.1-2).







150.  HILAS, AMICO Y FINEO


a. Desafiados por Heracles, los argonautas emprendieron una competencia para ver quién podía remar durante más tiempo seguido. Tras muchas horas de esfuerzo, aliviadas únicamente por la lira de Orfeo, sólo quedaron Jasón, los Dióscuros y Heracles, pues sus compañeros se habían declarado sucesivamente vencidos. La fuerza de Castor comenzó a disminuir y Pólux, viendo que éste era el único modo de hacerle desistir, abandonó su remo. Jasón y Heracles, no obstante, siguieron haciendo avanzar al Argo, sentados en los lados opuestos de la nave, hasta que poco después, cuando llegaron a la desembocadura del río Cío en Misia, Jasón se desmayó. Casi inmediatamente se partió el remo de Heracles. Miró a su alrededor con ira y disgusto y sus cansados compañeros
volvieron a empuñar los remos y vararon el Argo a la orilla del río.

b. Mientras preparaban la comida de la noche Heracles fue en busca de un árbol que pudiera servirle para hacerse un remo nuevo. Desarraigó un abeto enorme, pero cuando lo arrastró de vuelta para desbastarlo junto a la hoguera del campamento se encontró con que su escudero Hilas había salido, una o dos horas antes, en busca de agua al cercano estanque de Pegae y que todavía no había vuelto. Polifemo había salido también a buscarlo. Hilas había sido el favorito del Heracles desde la muerte de su padre, Tiodamante, rey de los dríopes, a quien Heracles había matado por haberse negado a darle un buey arador. Gritando: «¡Hilas! ¡Hilas!», Heracles se introdujo frenéticamente en el bosque y no tardó en encontrar a Polifemo, quien le informó: «¡Ay!, oí a Hilas que gritaba pidiendo ayuda y corrí hacia donde había oído su voz. Pero cuando llegué al estanque no vi señales de lucha ni con fieras ni con enemigos de otra clase. Sólo estaba su jarro abandonado junto al estanque.» Heracles y Polifemo siguieron buscando durante toda la noche y obligaron a todos los misios con los que se encontraban a que se les unieran, pero en vano. La realidad era que Dríope y las ninfas de Pegae hermanas suyas se habían enamorado de Hilas y le habían seducido y convencido para que fuera a vivir con ellas en una gruta situada bajo el agua.

c. Al amanecer comenzó a soplar un viento favorable y, como no aparecían Heracles ni Polifemo, aunque todos gritaban sus nombres, que repetía el eco en las laderas de las montañas, Jasón ordenó que se reanudara el viaje. Esta decisión provocó fuertes protestas y cuando el Argo se alejaba de la costa varios de los argonautas le acusaron de que abandonaba a Heracles para vengarse de su derrota en la competencia de los remos. Inclusive trataron de hacer que Tifis diera la vuelta a la nave, pero Calais y Zetes se interpusieron, y éste es el motivo por el que Heracles los mató luego en la isla de Tenos, donde puso una gran piedra tambaleante sobre su tumba.

d. Después de amenazar con devastar el país de Misia si sus habitantes no continuaban buscando a Hilas, muerto o vivo, y de realizar una afortunada irrupción en Troya, Heracles reanudó sus trabajos, pero Polifemo se estableció cerca de Pegae y construyó la ciudad de Crío, donde reinó hasta que los cálibes lo mataron en una batalla[517]. En honor de Heracles, los misios siguen sacrificando una vez al año a Hilas en Prusa, cerca de Pagae; su sacerdote pronuncia tres veces su nombre en voz alta y los devotos simulan que le buscan por el bosque[518].

e. Hilas, en verdad, sufrió el mismo destino que Bormo, o Borimo, hijo de Upio, un joven mariandino de una belleza extraordinaria que en una ocasión, en la época de la cosecha, fue a un pozo en busca de agua para los segadores. También a él lo introdujeron en el pozo las ninfas y no fue visto nunca más. Los campesinos de Bitinia celebran su memoria todos los años en la época de la cosecha con canciones quejumbrosas y acompañamiento de flautas[519].

f. En consecuencia, algunos se burlan de la fábula de Hilas alegando que era realmente Bormo y que Heracles fue abandonado en la Afete magnesia, cerca de Págasas, cuando desembarcó en busca de agua, poco después de haberse iniciado el viaje; el mástil oracular del Argo había anunciado que él sería demasiado pesado para que lo transportase. Otros, al contrario, dicen que no sólo llegó a Cólquide, sino que estuvo todo el tiempo al mando de la expedición[520].

g. Luego el Argo hizo escala en la isla de Bébricos, y también en el Mar de Mármara, donde gobernaba el arrogante rey Amico, hijo de Posidón. Este Amico se consideraba un pugilista y solía desafiar a los extranjeros a una lucha que invariablemente terminaba con la muerte de éstos. Pero si se negaban, los arrojaba sin ceremonia desde lo alto de un risco al mar. En esta ocasión fue a ver a los argonautas y les negó alimentos y agua a menos que uno de sus paladines luchase con él. Pólux, que había vencido en la prueba de pugilato en los Juegos Olímpicos, se adelantó de buena gana y se puso los guantes de cuero sin curtir que le ofreció Amico.

h. Amico y Pólux se enfrentaron con violencia en un pequeño valle florido, no lejos de la playa. Los guantes de Amico estaban tachonados con escarpias de bronce y los músculos de sus brazos velludos sobresalían como cantos rodados cubiertos con algas marinas. Era con mucho el más pesado de los dos y varios años más joven que su contrincante; pero Pólux, luchando cautelosamente al principio y eludiendo sus acometidas parecidas a las de un toro, no tardó en descubrir los puntos débiles de su defensa y antes que pasara mucho tiempo le hizo escupir sangre por la boca hinchada. Tras un combate prolongado, en el que ninguno de los dos mostró la menor señal de flaquear, Pólux irrumpió a través de la guardia de Amico, le aplastó la nariz con un golpe directo de la mano izquierda y le castigó sin misericordia en ambos lados de ella, utilizando para ello ganchos y golpes potentes. Impulsado por el dolor y la desesperación, Amico asió el puño izquierdo de Pólux y tiró de él con su mano izquierda mientras descargaba sobre él un tremendo derechazo; pero Pólux se arrojó en la dirección del tirón. El golpe dio en el vacío y él replicó con un fuerte golpe de la mano derecha en la oreja de Amico, seguido por un irresistible golpe de abajo arriba que le rompió los huesos de la sien y lo mató instantáneamente.

i. Cuando vieron que su rey yacía muerto, los bébrices acudieron a las armas, pero los compañeros de Pólux los vencieron fácilmente y saquearon el palacio real. Para aplacar a Posidón, el padre de Amico, Jasón le ofreció un holocausto de veinte toros rojos que fueron encontrados entre el botín[521].

j. Los argonautas se hicieron otra vez a la mar al siguiente día y llegaron a Salmidesos en la Tracia oriental, donde reinaba Fineo, el hijo de Agenor. Los dioses le habían cegado por profetizar el futuro con demasiada exactitud, y también le molestaban un par de harpías, criaturas femeninas repugnantes y aladas que en cada comida entraban volando en el palacio y arrebataban los comestibles de su mesa, ensuciando los que dejaban, de modo que hedían y eran incomibles. Una harpía se llamaba Aelo y la otra Ocípete[522]. Cuando Jasón pidió a Fineo que le aconsejase cómo se podía conseguir el vellocino de oro, Fineo le contestó: «¡Primeramente líbrame de las harpías!» Los sirvientes de Fineo sirvieron a los argonautas un banquete, sobre el cual descendieron inmediatamente las harpías y realizaron sus tretas habituales. Pero Calais y Zetes, los alados hijos de Bóreas, se levantaron espada en mano y las persiguieron por el aire hasta el otro lado del mar. Algunos dicen que alcanzaron a las harpías en las islas Estrófades, pero les perdonaron la vida cuando se volvieron e imploraron misericordia; pues Iris, la mensajera de Hera, intervino y prometió que volverían a su cueva en la Dicte cretense y que nunca molestarían a Fineo. Otros dicen que Ocípete llegó a un arreglo en esas islas, pero que Aelo siguió volando y se ahogó en el río Tigris del Peloponeso, llamado ahora Harpis por ella.

k . Fineo instruyó a Jasón sobre la manera de navegar por el Bosforo y le hizo un relato detallado del tiempo, la hospitalidad y la suerte que podía esperar en su viaje a Cólquide, país que colonizaron por primera vez los egipcios y se halla en el extremo más oriental del Mar Negro, a la sombra de las montañas del Cáucaso. Y añadió: «Y una vez que hayas llegado a Cólquide ¡confía en Afrodita!»[523]

l. Ahora bien, Fineo se había casado la primera vez con Cleopatra, hermana de Calais y Zetes, y luego, cuando ella murió, con Idea, una princesa escita Idea estaba celosa de los dos hijos de Cleopatra y sobornó a falsos testigos para que les acusaran de toda clase de maldades. Sin embargo, Calais y Zetes descubrieron la conspiración, liberaron a sus sobrinos de la prisión, donde los azotaban a diario guardianes escitas, y Fineo no sólo volvió a sentir afecto por ellos, sino que además envió a Idea de vuelta a la casa de su padre[524].

m. Y algunos dicen que a Fineo le cegaron los dioses después de la visita de los argonautas porque les habían dado un consejo profético[525].

1.      En la leyenda del viaje de los yolcos al este del Mar Negro —aunque no en el viaje occidental de los minias a Istria— Heracles puede haber estado al frente de la expedición. La fábula de la desaparición de Hilas fue inventada para explicar los ritos misinos, que todavía se practicaban en Prusa, cerca de Pegae, en la época romana, de lamentación por Adonis de los Bosques. E1 destino de Hilas en poder de Dríope y sus ninfas sería el de Leucipo (váase 21.6), Acteón (véase 22.i), Orfeo (véase 28.d) o de cualquier otro rey sagrado del culto del roble: a saber, ser desmembrado y devorado por mujeres furiosas que luego se purificaban en un manantial y anunciaban que había desaparecido inexplicablemente. «Dríope» significa «picamaderos o pájaro carpintero» (literalmente: «cara de roble o encina»), pájaro cuyo picoteo en los troncos sugería la búsqueda de Hilas, dríope de nacimiento, y que, por lo visto, pronosticaba el tiempo húmedo (véase 56.1); el propósito principal de este sacrificio era provocar las lluvias de otoño. Heracles, como el nuevo rey, simularía intervenir en la búsqueda de su predecesor. Bormo, o Borimo, es probablemente una variante de Brimo, el hijo de Brimo (véase 24.5).

2.      La fábula de Ámico puede derivarse de una ilustración que mostraba los juegos fúnebres celebrados después de haber sido arrojado el rey viejo desde un risco (véase 96.3 y 6). El pugilato, deporte cretense, mencionado en la Ilíada y la Odisea, parece haber sido bastante limpio hasta que la rivalidad cívica de los Juegos Olímpicos introdujo el profesionalismo. Los pugilistas del anfitetro romano utilizan guantes con escarpias y manoplas, y no las correas de cuero sin curtir tradicionales. Teócrito, en su relato experto de la lucha entre Pólux y Ámico, lamenta los tiempos gloriosos de la liza. Las harpías eran originalmente personificaciones de la diosa de la Muerte cretense como un torbellino (Homero: Odisea i.241 y xx.66 y 77), pero en este contexto parecen haber sido aves sagradas, milanos o halietos, a los que los tracios aumentaban regularmente. Diodoro Sículo, cuando describe la visita de los argonautas a la corte de Fineo, evita cuidadosamente toda mención de las harpías —quizá por temor a incurrir en su ira—, pero se las ingenia para insinuar que la segunda esposa del ciego Fineo, que era escita, le engañaba simulando que las harpías le robaban los alimentos y ensuciaban lo que dejaban, lo que hacían sus sirvientes por orden de ella. Fineo se moría lentamente de hambre cuando Calais y Zetes —los hermanos de su primera esposa— descubrieron la culpabilidad de Idea y sacaron a sus sobrinos de la prisión en la que los había encerrado Fineo por consejo de Idea.

3.      Las islas Estrófades («giratorias») se llamaban así porque las naves podían esperar que el viento girase al acercarse a ellas.

4.      Las piedras oscilantes, enormes cantos rodados tan cuidadosamente equilibrados que se inclinaban de un lado a otro al menor impulso, son monumentos fúnebres erigidos, al parecer, por emigrantes libios constructores de avenidas hacia el final del tercer milenio. Unas pocas todavía funcionan en Cornualles y Devon, y otras han sido sacadas de su lugar por los esfuerzos concertados de soldados ociosos o turistas. La dedicación de una piedra oscilante tenían a Calais y Zetes, los hijos alados de Bóreas, sugiere que se invocaba a los espíritus de los héroes para que hicieran oscilar la piedra en forma de vientos y aplastar así a la víctima viva que se hallaba debajo.


151.  DESDE LAS SIMPLÉGADAS HASTA CÓLQUIDE


a. Fineo había advertido a los argonautas que encontrarían unas rocas aterradoras, llamadas Simplégadas, o Planctai, o Cianeas, las cuales, envueltas perpetuamente en la niebla marítima, defendían la entrada del Bosforo. Cuando un navio trataba de pasar entre ellas se unían y lo aplastaban; pero, por consejo de Fineo, Eufemo soltó una paloma o, según dicen algunos, una garza, para que volase delante del Argo. Tan pronto como las rocas le recortaron las plumas de la cola y retrocedía, los argonautas pasaron remando a toda velocidad, ayudados por Atenea y la lira de Orfeo, y así sólo perdieron el ornamento de la popa. A partir de entonces, y de acuerdo con una profecía, las rocas quedaron fijas, una a cada lado del estrecho, y aunque la fuerza de la corriente hacía la nave casi inmanejable, los argonautas tiraron de sus remos hasta que quedaron doblados como arcos y llegaron al Mar Negro sin sufrir un desastre[526].

b. Siguiendo a lo largo de la costa meridional llegaron poco después al islote de Tinias, donde Apolo se dignó aparecer ante ellos entre una llamarada de gloria divina. Orfeo erigió inmediatamente un altar y le sacrificó una cabra montes como Apolo de la Aurora. A instancias suyas los argonautas juraron que no se separarían en tiempo de peligro, juramento que conmemora el Templo de Harmonía erigido luego en esa isla.

c. Luego navegaron a la ciudad de Mariandina —famosa por la sima cercana por la que Heracles sacó al perro Cerbero del mundo subterráneo— y los recibió cordialmente el rey Lico. La noticia de que su enemigo, el rey Ámico, había muerto la tenía ya Lico por fugitivos y en agradecimiento ofreció a los argonautas su hijo Dáscilo para que los guiase en su viaje a lo largo de la costa. Al día siguiente, cuando estaban a punto de embarcarse, el adivino Idmón fue atacado por un jabalí feroz que acechaba en los juncales del río Lico y le hirió profundamente en el muslo con sus grandes colmillos. Idas corrió en ayuda de Idmón, y cuando el jabalí le embistió, lo clavó en su espada. Sin embargo, Idmón murió desangrado a pesar de todos los cuidados y los argonautas le lloraron durante tres días. Luego Tifis se enfermó y murió, y sus compañeros, abrumados por el pesar, lavantaron un túmulo sobre sus cenizas junto al que habían erigido para Idmón. Primeramente el gran Anceo y luego Ergino, Nauplio y Eufemo, se ofrecieron a ocupar el puesto de Tifis como timonel, pero fue elegido Anceo, y les sirvió bien[527].

d. Desde Mariandina siguieron hacia el este a vela durante muchos días, hasta que llegaron a Sinope en Paflagonia, una ciudad que llevaba el nombre de la hija del río Asopo, a la que Zeus, enamorado de ella, había prometido el don que desease. Sinope, astutamente, eligió la virginidad, fijó allí su residencia y pasó el resto de su vida en una soledad feliz. En Sinope, Jasón encontró reclutas para ocupar tres de los asientos vacantes en los bancos del Argo, a saber los hermanos Deileonte, Autólico y Flogio, de Trica, que habían acompañado a Heracles en su expedición a las Amazonas, pero, habiéndose separado de él por accidente, quedaron abandonados en aquella región.

e. Luego el Argo navegó hasta más allá del país de las amazonas, y del de los cálibes forjadores de hierro, que no cultivan la tierra ni guardan rebaños, sino que viven completamente de lo que les producen sus fraguas; y del país de los tibarenos, donde es costumbre que los maridos giman, como si estuvieran de parto, mientras sus esposas dan a luz; y del país de los mosinos, que viven en castillos de madera, se acoplan promiscuamente y llevan lanzas muy largas y escudos blancos en forma de hojas de hiedra[528].

f. Cerca del islote de Ares grandes bandadas de pájaros volaron sobre el Argo, arrojando plumas de bronce, una de las cuales hirió a Oileo en el hombro. Al ver eso los argonautas, recordando las instrucciones de Fineo, se pusieron sus yelmos y gritaron con todas sus fuerzas; la mitad de ellos remaban mientras los otros los protegían con los escudos, contra los que golpeaban las espadas. Fineo les había aconsejado también que desembarcaran en el islote, lo que hicieron, ahuyentando a millares de aves hasta que no quedó una sola. Esa noche elogiaron su sabiduría cuando se levantó una gran tormenta y cuatro eolios asidos a una viga de madera fueron arrojados a tierra en las cercanías de su campamento. Resultó que eran Citisoro, Argo, Frontis y Melanión, hijos de Frixo y Calcíope, hija ésta del rey Eetes de Cólquide, y por lo tanto estrechamente emparentados con muchos de los presentes. Habían naufragado en un viaje a Grecia, donde se proponían reclamar el reino de Orcómeno de su abuelo Atamán te. Jasón los recibió cordialmente y todos juntos ofrecieron sacrificios sobrios en una piedra negra del templo de Ares, donde su fundadora, la amazona Antíope, sacrificaba caballos en otro tiempo. Cuando Jasón explicó que su misión consistía en llevar de vuelta a Grecia el ánima de Frixo y también recuperar el vellón del carnero de oro en el que había montado, Citisoro y sus hermanos se encontraron en un aprieto: aunque debían devoción a la memoria de su padre, temían ofender a su abuelo reclamando el vellón. Pero, ¿qué podían hacer sino ayudar a aquellos primos que les habían salvado la vida?[529]

g. El Argo pasó luego por la costa de Fílira, donde Crono había yacido en otro tiempo con Fílira, la hija de Océano, y le había sorprendido Rea in fraganti, por lo que se transformó inmediatamente en un semental y se alejó al galope, dejando que Fílira criara a su hijo, medio hombre y medio caballo, el cual era Quirón, el centauro ilustrado. Como le repugnaba el monstruo al que tenía que amamantar, Fílira rogó que los dioses le transformasen y se metamorfoseó en un tilo. Pero algunos dicen que eso sucedió en Tesalia, o en Tracia, y no en la isla de Fílira[530].

h. Pronto se alzó sobre los argonautas la cordillera del Caucase y entraron en la desembocadura del ancho río Fasis, que riega Cólquide. Después de hacer una libación de vino mezclado con miel en honor de los dioses del país, Jasón ocultó el Argo en un remanso encubierto, donde convocó un consejo de guerra[531].

1.      Las Rocas Chocantes, Errantes o Azules, envueltas en niebla marina, parecen haber sido témpanos provenientes de los ríos rusos a la deriva en el Mar Negro; los informes acerca de ellos se combinaban con descripciones desalentadoras del Bosforo, cuya corriente, aumentada por el deshielo de los grandes ríos rusos, con frecuencia alcanza una velocidad de cinco nudos. Otras Islas Errantes en el mar Báltico parecen haber conocido los mercaderes de ámbar (véase 170.4).

2.      Los cenotafios erigidos posteriormente por colonos griegos en honor de los héroes Idmón y Tifis pueden explicar la fábula de su muerte durante el viaje. Se dice que Idmón fue muerto por un jabalí, como el Zeus cretense, Anceo y Adonis, todos reyes sagrados primitivos (véase 18.7). El nombre Idmón («sabio») indica que el suyo era un templo oracular y, ciertamente, Apolonio de Rodas dice que era adivino.

3.      Mariandina se llama así por Ma-ri-enna (palabra sumeria que significa «madre muy fecunda del cielo»), alias Mirina, Ai-mari o Marianna, diosa muy conocida del Mediterráneo Oriental, Chalybí es una palabra griega que significa «hierro» y «calibes» parece haber sido otro nombre de los tibarenios, los primeros forjadores de hierro de la antigüedad. En el Génesis x.2 se llama a su país Tubal (Tubal — Tibor) y Tubalcaín representa a los tibarenios que habían ido de Armenia a Canaán con las hordas de los hicsos. .Formas modificadas de la couvade que practicaban los tibarenios sobreviven en muchas partes de Europa. Las costumbres de los mosinos descritas por Jenofonte —cuya Anabasis había estudiado Apolonio de Rodas— son notablemente semejantes a las de los pictos escoceses y los sidhes irlandeses, tribus que fueron a Britania al comienzo de la Edad de Bronce desde la región del Mar Negro.

4.      El encuentro de Jasón con las aves del islote de Ares, ahora Puga, cerca del río LA essab, indica que el Argo llegó allá a comienzos de mayo; navegaría por el Bosforo antes que la corriente se hiciera demasiado fuerte para hacerle frente, y llegaría a Puga en el momento de la gran migración primaveral dé las aves desde la península de Sinaí. Parece que algunas aves cansadas que habían volado a través de las montañas del Asia Menor en su camino al Volga encontraron su asilo habitual en el islote de Puga demasiado poblado y se posaron en el Argo, asustando casi hasta enloquecerlos a sus tripulantes supersticiosos. Según Birds of Egypt de Nicoll, esas aves migradoras incluyen a «cernícalos, alondras, aves de rapiña, ánades y zancudas», pero como el islote estaba dedicado a Ares, los mitógrafos les atribuyen plumas de bronce e intenciones hostiles. La expulsión de Heracles de las aves estinfálidas a una isla del Mar Negro oriental es probable que haya sido deducida de la aventura de los argonautas, más bien que lo contrario, como se supone habitualmente.

5.      La fama de Quirón como médico, docto y profeta le mereció el título de Hijo de Fílira («tilo»); también se le llama descendiente de Ixión (véase 63.d). Las flores del tilo eran muy utilizadas en la época clásica como un restaurativo, y siguen siéndolo; además, el líber, o corteza interior, del tilo, proporcionaba tablillas para escribir fáciles de manejar, y dividido en tiras se utilizaba en la adivinación (Herodoto: iv.67; Eliano: Varia Historia xiv.12). Pero la isla de Fílira se llamó así sin duda por un grupo de tilos que había allí más bien que por cualesquiera vínculos históricos con Tesalia o Tracia. Ninguna de esas islas de la costa tiene más de cien metros de longitud.

6.      Cólquide se llama ahora Georgia y el río Fasis es el Rion.


152.  LA TOMA DEL VELLOCINO


a. Hera y Atenea discutían ansiosamente en el Olimpo cómo podía su favorito Jasón conseguir el vellocino de oro. Por fin decidieron apelar a Afrodita, quien se encargó de que su travieso hijito Eros despertara en Medea, la hija del rey Eetes, una súbita pasión por él. Afrodita encontró a Eros jugando a los dados con Ganimedes, pero haciendo trampa en cada jugada, y le pidió que clavara una de sus flechas en el corazón de Medea. Como pago le ofreció una pelota de oro esmaltada con anillos azules, con la que jugaba en otro tiempo el infante Zeus; cuando se la lanzaba al aire dejaba una estela como una estrella fugaz. Eros aceptó ansiosamente el regalo y Afrodita prometió a las otras diosas que mantendría viva la pasión de Medea por medio de un talismán nuevo: un torcecuello vivo extendido sobre una rueda de fuego.

b. Entretanto, en el consejo de guerra reunido en el remanso Jasón propuso que fueran con los hijos de Frixo a la cercana ciudad de Ea en Cólquide, donde gobernaba Eetes, y le pidieran como un favor el vellocino; sólo si se lo negaba apelarían al engaño o la fuerza. Todos aprobaron su sugerencia, y Augías, el hermanastro de Eetes, se unió al grupo. Se acercaron a Ea por el cementerio ribereño de Circe, donde cadáveres masculinos envueltos en cueros de buey sin curtir estaban expuestos en las copas de los sauces para que los devoraran las aves, pues los colquídeos sólo entierran los cadáveres femeninos. Ea brillaba espléndidamente sobre ellos desde una colina consagrada a Helio, el padre de Eetes, quien tenía allí el establo para sus caballos blancos,. Hefesto había construido el palacio real en agradecimiento por haberle salvado Helio cuando le dominaban los gigantes durante su ataque al Olimpo.

c. La primera esposa de Eetes, la ninfa caucasiana Asterodia, madre de Colciope, la viuda de Frixo, y de Medea, la sacerdotisa hechicera de Hécate, había muerto algunos años antes; y su segunda esposa, Idía, le había dado un hijo, Apsirto.

d. Cuando Jasón y sus compañeros se acercaron al palacio se encontraron primeramente con Calcíope, que se sorprendió al ver que Citisoro y sus otros tres hijos volvían tan pronto, y, cuando oyó su relato, agradeció a Jasón por haberles salvado la vida. Luego se presentó Eetes, acompañado por Idía y mostrando gran desagrado, pues Laomedonte se había comprometido a impedir a todos los griegos la entrada en el Mar Negro, y pidió a Argo, su nieto favorito, que explicara la intrusión, Argo contestó que Jasón, a quien él y sus hermanos debían la vida, había venido en busca del vellocino de oro de acuerdo con un oráculo. Viendo que el rostro de Eetes hacía un gesto de furia se apresuró a añadir: «A cambio de ese favor estos nobles griegos someterán de buena gana a los saurómatas al gobierno de Vuestra Majestad». Eetes rió despectivamente y ordenó a Jasón —y a Augías, a quien no se dignó reconocer como su hermano— que volvieran al lugar de donde venían antes que les cortasen las lenguas y los decapitaran.

e. En ese momento salió del Palacio la princesa Medea, y cuando Jasón respondió amable y cortésmente, Eetes, algo avergonzado de sí mismo, prometió entregar el vellocino, pero con condiciones al parecer imposibles. Jasón debía uncir a dos toros que exhalaban fuego y tenían las pezuñas de bronce, creaciones de Hefesto; arar con ellos el Campo de Ares en una gran extensión y
luego sembrarlo con los clientes de serpiente que le había dado Atenea, los que sobraron de la siembra de Cadmo en Tebas. Jasón se preguntaba estupefacto cómo podía realizar esas hazañas extraordinarias, pero Eros disparó una de sus flechas contra Medea y se la introdujo en el corazón hasta las plumas.

f. Cuando Calcíope fue al dormitorio de Medea esa noche para pedirle ayuda en nombre de Citisoro y sus hermanos, la encontró perdidamente enamorada de Jason. Cuando Calcíope se ofreció como mediadora, Medea se comprometió de buena gana a ayudar a Jasón a uncir los toros que exhalaban fuego y a conseguir el vellocino. Puso como única condición que ella volviera en el Argo como su esposa.

g. Llamaron a Jasón, quien juró por todos los dioses del Olimpo que sería eternamente fiel a Medea. Ella le entregó un pomo que contenía una loción hecha con el zumo de color de sangre de azafranes de doble tallo caucasianos, que le protegería contra el aliento ígneo de los toros; esta flor poderosa nació por primera vez de la sangre del atormentado Prometeo. Jasón aceptó agradecido el pomo y, tras una libación de miel, lo destapó y bañó su cuerpo, la lanza y el escudo con su contenido. Así pudo someter a los toros y uncirlos a un arado con un yugo adamantino. Aró durante todo el día y al anochecer sembró los dientes, de los que surgieron inmediatamente hombres armados. Hizo que esos hombres lucharan unos contra otros, como había hecho Cadmo en una ocasión análoga, arrojando un tejo de piedra entre ellos, y luego dio muerte a los heridos sobrevivientes.

h. Pero el rey Eetes no tenía la intención de desprenderse del vellocino y se negó desvergonzadamente a cumplir lo convenido. Amenazó con incendiar el Argo, que estaba amarrado frente a Ea, y matar a sus tripulantes; pero Medea, en la que confiaba imprudentemente, condujo a Jasón y un grupo de argonautas al recinto de Ares, a unos nueve la ilómetros de distancia. Allí estaba el vellocino, guardado por un dragón repugnante e inmortal, de un millar de enrollamientos, más grande que el Argo mismo y nacido de la sangre del monstruo Tifón destruido por Zeus. Medea apaciguó al dragón silbante con encantamientos y luego, utilizando ramitas de enebro recién cortadas, le roció los párpados con gotas soporíferas. Jasón desató con cautela el vellocino del roble y todos juntos corrieron a la playa donde estaba el Argo.

i. Los sacerdotes de Ares habían dado ya la alarma y en un reñido combate los colquideos hirieron a Ifito, Meleagro, Argo, Atalanta y Jasón. Pero todos ellos consiguieron embarcarse en el Argo que los esperaba y en el que se apresuraron a alejarse de la costa, perseguidos por las galeras de Eetes. Sólo ífito murió a consecuencia de sus heridas; Medea no tardó en curar a los otros con vulnerarios inventados por ella[532].

j. Ahora bien, los saurómatas, a cuya conquista se había comprometido Jasón, eran descendientes de tres cargamentos de amazonas capturadas por Heracles durante su noveno trabajo; rompieron sus cadenas y mataron a los marineros que les habían puesto como guardianes, pero como no sabían nada de navegación, fueron a la deriva al Bosforo Cimerio, donde desembarcaron en Cremni, en el país de los escitas libres. Allí se apoderaron de una manada de caballos salvajes, montaron en ellos y se dedicaron a saquear el país. Poco después los escitas descubrieron por algunos cadáveres que cayeron en su poder que los invasores eran mujeres y enviaron un grupo de muchachos para que ofrecieran a las amazonas amor en vez de guerra. La cosa no fue difícil, pero las amazonas consintieron en casarse con ellos sólo si se trasladaban a la orilla oriental del río Tanáis, donde sus descendientes, los saurómatas, todavía viven y conservan ciertas costumbres amazónicas, como la de que cada muchacha tiene que haber matado a un hombre en batalla antes de que pueda encontrar marido[533].

1.      Esta parte de la leyenda incluye el mito primitivo acerca de los trabajos que impuso a Diomedes el rey con cuya hija deseaba casarse.

2.      El talismán amoroso de Afrodita, cuidadosamente descrito por Teócrito (Idilios ii.17), era utilizado en toda Grecia, incluyendo al círculo de Sócrates (Jenofonte: Memorabilia iii.11.17). Debido a que el torcecuello construye en los sauces, silba como una serpiente y pone huevos blancos, ha estado siempre consagrado a la luna: lo («luna») lo envió como su mensajero al enamorado Zeus (véase 56.a). Uno de sus nombres populares en Europa es «compañero del cuclillo», y el cuclillo aparece en la fábula de cómo Zeus cortejó a la diosa Luna Hera (véase 12.a). Encender fuego mediante la fricción constituía una magia simpática para causar el amor, y la palabra inglesa pun la significa tanto yesca como ramera. Eros con antorcha y flechas es post-homérico, pero en la época de Apolonio de Rodas sus travesuras y la desesperación de Afrodita se habían convertido ya en una broma literaria (véase 18.a) que Apuleyo exageró aún más en Cupido y Psique.

3.      La costumbre colquídea de envolver los cadáveres en cueros y exponerlos en las copas de los sauces recuerda la costumbre parsi de dejarlos en plataformas para que los devoren los buitres, con objeto de no profanar el sagrado principio del fuego, el don santo del Sol, mediante la cremación. Apolonio de Rodas lo menciona, al parecer, para destacar el interés de Pelias por el ánima de Frixo; como era griego, no podía considerarlo un rito fúnebre adecuado. Los toros que exhalan fuego de Eetes recuerdan también los de bronce en que los prisioneros eran asados vivos por Falaris de Agrigento —una colonia rodia—, probablemente en honor de su dios Helio, cuyo símbolo era un toro de bronce (Píndaro: Odas píticas i. 185, con escoliasta); pero los hombres sembrados con los que luchó Jasón eran inapropiados para la fábula. Aunque era razonable para Cadmo, extranjero cananeo, luchar con los pelasgos autóctonos cuando invadió Beocia (véase 58.g), Jasón, como candidato nativo al reino, debió realizar más bien los trabajos de Kilhwych de arar, sembrar y recoger una cosecha en un día (véase 148.j), acto ritual cuya pantomima se hacía fácilmente en el solsticio estival, y luego luchar con un toro y librar la batalla ficticia acostumbrada contra hombres disfrazados de animales. Su conquista del vellocino de oro tiene su igual en la de las manzanas de oro que obtuvo Heracles, guardadas por otro dragón que no dormía (véase 133.d). Por lo menos cuatro de los trabajos de Heracles parecen haberle sido impuestos como candidato a la dignidad de rey (véase 123.1, 124.2, 127.1 y 129.1).

4.      Jasón y Heracles son, en realidad, el mismo personaje en lo que concierne al mito de las tareas matrimoniales; y los trabajos primero y séptimo sobreviven rudimentariamente aquí en la muerte del jabalí mariandino y el león cícico, los cuales deberían haberse atribuido a Jasón. «Jasón» era, por supuesto, un título de Heracles.

5.      El azafrán colquídeo de Medea es el cólquico venenoso utilizado por los antiguos como el específico más digno de confianza contra la gota, como sigue siendo. Su reputación de ser peligroso contribuyó a la de Medea.

6.      Los saurómatas eran los arqueros jinetes escitas de las estepas (véase 132.6); no es extraño que Eetes riese ante la idea de que Jasón y su infantería pesadamente armada pudieran vencerlos.


153.  EL ASESINATO DE APSIRTO


a. Sobreviven muchas versiones diferentes de la vuelta del Argo a Tesalia, aunque se conviene generalmente en que, siguiendo el consejo de Fineo, los argonautas costearon el Mar Negro en dirección contraria al sol. Algunos dicen que cuando Eetes los alcanzó, cerca de la desembocadura del Danubio, Medea mató a su joven hermanastro Apsirto, al que había llevado a bordo, y lo descuartizó y arrojó un pedazo tras otro a la corriente rápida. Esta cruel estratagema demoró la persecución, porque obligó a Eetes a recoger cada trozo para enterrarlo luego en Tomi[534]. Se dice que el verdadero nombre del hermanastro de Medea era Egialeo, que «Apsirto», que significa «arrojado», sólo recuerda lo que les sucedió a sus miembros descuartizados después de su muerte[535]. Otros sitúan el crimen en Eea misma y dicen que Jasón mató también a Eetes.

b. La versión más minuciosa y coherente, no obstante, es que Apsirto, enviado por Eetes en persecución de Jasón, alcanzó al Argo en la desembocadura del Danubio, donde los argonautas convinieron en desembarcar a Medea en una isla cercana consagrada a Ártemis, dejándola a cargo de una sacerdotisa durante unos días; entretanto un rey de los brigios juzgaría el caso y decidiría si debía volver a su patria o seguir a Jasón hasta Grecia y en poder de quién quedaría el vellocino de oro. Pero Medea envió un mensaje privado a Apsirto, fingiendo que la habían raptado por la fuerza y pidiéndole que la liberara. Esa noche, cuando él desembarcó en la isla y con ello violó la tregua, Jasón le siguió, le acechó y le dio muerte por la espalda. Luego cortó las extremidades de Apsirto y chupó tres veces parte de la sangre derramada, que escupió cada vez, para impedir que el ánima le persiguiera. Tan pronto como Medea estuvo otra vez a bordo del Argo, los argonautas atacaron a los colquideos que se habían quedado sin jefe, dispersaron su flotilla y huyeron[536].

c. Según algunos, después de la muerte de Apsirto el Argo volvió atrás y remontó el Fasis hasta el Mar Caspio, y desde allí pasó al Océano Indico, volviendo al Mediterráneo por el lago Tritonis[537]. Otros dicen que remontó el Danubio y el Save y luego descendió por el Po, que se une con el Save, al mar Adriático[538]. Pero lo persiguieron las tormentas y lo llevaron alrededor de toda la costa de Italia, hasta que llegó a la isla Eea de Circe. Otros más dicen que remontó el Danubio y luego llegó a la isla de Circe por el Po y las rebalsas arremolinadas donde se une con el Ródano.

d. Otros sostienen que los argonautas remontaron el Don hasta que llegaron a sus fuentes; luego arrastraron el Argo hasta las fuentes de otro río que corre hacia el norte y desemboca en el golfo de. Finlandia. O que desde el Danubio lo llevaron hasta las fuentes del río Elba y por las aguas de éste llegaron a Jutlandia. Y que desde allí navegaron hacia el oeste hasta el océano, pasando por Gran Bretaña e Irlanda, y llegaron a la isla de Circe pasando entre las Columnas de Heracles y a lo largo de las costas de España y Galia[539].

e. Estas no son, sin embargo, rutas practicables. La verdad es que el Argo volvió por el Bosforo, la ruta por la que había ido, y pasó por el Helesponto sin inconvenientes porque los troyanos ya no podían impedírselo. Pues Heracles, a su regreso de Misia, había reunido una flota de seis naves [proporcionadas por los dolios y sus aliados percotes] y, remontando el río Escamandro a cubierto de la oscuridad, sorprendió y destruyó a la flota troyana. Luego entró en Troya abriéndose camino con su clava y exigió que el rey Laomedonte le entregara las yeguas devoradoras de hombres de Diomedes, que éste había dejado a su cargo algunos años antes. Cuando Laomedonte negó que tuviera conocimiento alguno de esas yeguas, Heracles los mató a él y a todos sus hijos, con excepción del infante Podarces, o Príamo, a quien nombró rey en su lugar[540].

f. Jasón y Medea ya no estaban a bordo del Argo. Su mástil oracular había hablado una vez más, negándose a llevarla hasta que se hubiesen purificado del asesinato, y desde la desembocadura del Danubio habían ido por tierra a Eea, la isla en que vivía Circe, la tía de Medea. Ésta no era la Eea campaniana adonde Circe fue a vivir más tarde, sino su anterior residencia en Istria; y Medea condujo a Jasón allá por el camino por el que los dones envueltos en paja de los hiperbóreos son llevados anualmente a Délos. Circe, a la que acudieron como suplicantes, los purificó a regañadientes con la sangre de una cerda joven[541].

g. Ahora bien, a sus perseguidores colquideos se les había advertido que no debían volver sin Medea y el vellocino de oro, y sospechando que ella había ido a ver a Circe para que le purificase, siguieron al Argo por el mar Egeo, alrededor del Peloponeso y por la costa del Iliria, sacando la conclusión acertada de que Medea y Jasón habían dispuesto que los fueran a buscar en Eea ».

h. Sin embargo, algunos dicen que Apsirto mandaba todavía la flotilla colquidea en ese momento y que Medea lo atrapó y asesinó en una de las islas ilirias llamadas ahora las Apsírtidas[542].

1.      La combinación del viaje occidental con el oriental fue aceptada hasta que aumentaron los conocimientos geográficos de los griegos y se hizo imposible conciliar los elementos principales de la fábula: a saber, la conquista del vellocino de oro desde el Fasis y la purificación de Medea y Jasón por Circe, quien vivía en Istria o frente a la costa occidental de Italia. Sin embargo, como ningún historiador podía ofender a su público rechazando el viaje como fabuloso, se suponía al principio que los argonautas habían vuelto del Mar Negro por el Danubio, el Save y el Adriático; luego, cuando los exploradores descubrieron que el Save no desemboca en el Adriático, se supuso que existía una confluencia del Danubio y el Po, por los que el Argo podía haber navegado; y cuando más tarde se comprobó que el Danubio era navegable sólo hasta las Puertas de Hierro y que no se unía con el Po, se sostuvo que había remontado el Fasis hasta el mar Caspio, y desde allí hasta el Océano Indico (donde se extendía otra Cólquide a lo largo de la costa malabar; Tolomeo Hefestiono: viii.1.10), y había vuelto por la «corriente del Océano» y el lago Tritonis.

2.      Como poco después se negó también la posibilidad de esta tercera ruta, los mitógrafos sugirieron que el Argo había remontado el Don, el cual, según se suponía, tenía sus fuentes en el Golfo de Finlandia, desde donde podía circunnavegar a Europa y volver a Grecia por el estrecho de Gibraltar. O que de algún modo había llegado al Elba por el Danubio y un largo transporte por tierra, y luego descendido por ese río hasta su desembocadura, y así vuelto a Grecia a lo largo de las costas de Irlanda y de España. Diodoro Sículo, quien tuvo la sensatez de darse cuenta de que el Argo sólo podía haber vuelto por el Bosforo, por donde había ido, trató este problema de una manera más realista e hizo la observación esclarecedora de que al Ister (ahora el Danubio) se lo confundía con frecuencia con el Istro, un arroyo de poca importancia que desembocaba en el Adriático cerca de Trieste. La verdad es que, inclusive en la época de Augusto, el geógrafo Pomponio Mela podía informar (ii.3.13 y 4.4) que el ramal occidental del Danubio «desemboca en el Adriático con una turbulencia y violencia iguales a las del Po». La toma del vellocino, la persecución por los colquideos y la muerte de Apsirto se habrían producido originalmente en el norte del Adriático. Ovidio prefería creer que Apsirto había sido asesinado en la desembocadura del Danubio y enterrado en Tomi, porque ése era el lugar donde él mismo estaba destinado a morir.

3.      Se dice que Eea (véase ITO.i-l y 5) había pertenecido a Crises, padre de Minia y bisabuelo de Frixo; y Crises significa «de oro». Muy bien puede haber sido su espíritu, más bien que el de Frixo, el que se ordenó a los minias que apaciguasen cuando fueron en busca del vellón. Según Éstrabón, Frixo tenía un altar de héroe en Mosquia, en el Mar Negro, «donde nunca se sacrifica un carnero»; no obstante, ésta debe haber sido una fundación posterior, promovida por la fama del viaje del Argo; así los romanos construyeron también templos a los héroes y heroínas griegos introducidos ficticiamente en su historia nacional.

4.      El nombre «Apsirto», que conmemora el deslizamiento de sus restos corriente abajo, era quizás un título local de Orfeo después de su desmembramiento por las Ménades (véase 28.d).

5.      Tanto Valerio Flaco como Diodoro Sículo afirman que Heracles saqueó Troya en el viaje de ida y no el de vuelta, pero esto parece ser un error.


154.  EL ARGO VUELVE A GRECIA


a. Al llegar a Corcira, que entonces se llamaba Drepane, los colquideos encontraron al Argo varado frente al islote de Macris; sus tripulantes celebraban alegremente el resultado afortunado de su expedición. El caudillo de los colquideos fue a ver al rey Alcínoo y a la reina Arete y les pidió en nombre de Eetes que le entregaran a Medea y el vellocino. Arete, cuya protección había solicitado Medea, mantuvo a Alcínoo despierto esa noche quejándose de los malos tratos a que los padres someten con demasiada frecuencia a sus hijas errantes: por ejemplo, de la crueldad de Nicteo con Ántíope y de Acrisio con Dánae. «Inclusive ahora —dijo— esa pobre princesa Metope languidece en un calabozo epirota por orden de su inhumano padre, el rey Équeto. La han cegado con clavos de bronce y puesto a moler granos de cebada de hierro con un molino pesado. 'Cuando los conviertas en harina te devolveré la vista', se mofa de la pobre muchacha. Eetes es capaz de tratar a esta encantadora Medea con la misma barbarie si le das la oportunidad.»[543]'.

b. Finalmente Arete consiguió que Alcínoo le dijera qué sentencia iba a dictar a la mañana siguiente, a saber: «Si Medea es todavía virgen volverá a Cólquide; si no lo es, podrá quedarse con Jasón». Dejando a Alcínoo profundamente dormido, Arete envió a su heraldo para que advirtiera a Jasón lo que podía esperar, y él se casó con Medea inmediatamente en la Cueva de Macris, la hija de Aristeo y en un tiempo nodriza de Dioniso. Los argonautas celebraron la boda con un suntuoso banquete y extendieron el vellocino de oro sobre el lecho nupcial. Por la mañana Alcínoo pronunció su sentencia, Jasón alegó que Medea era su esposa y }os enviados de Cólquide no pudieron cumplir las órdenes de Eetes ni volver a su patria por temor a su ira. En consecuencia, algunos se establecieron en Corcira y otros ocuparon las islas ilirias, no lejanas de la Eea de Circe, que ahora se llaman Apsírtidas, y después construyeron la ciudad de Pola en la tierra firme de Istria[544].

c. Cuando, un año o dos después, Eetes se enteró de lo sucedido, casi murió de rabia y envió un heraldo a Grecia reclamando la persona de Medea y una compensación por los perjuicios que se le habían causado, pero le informaron que todavía no se había pagado compensación alguna por el rapto de lo por hombres de la raza de Eetes (aunque la verdad era que ella había huido porque la perseguía un tábano) y que por tanto no se pagaría ninguna por la partida voluntaria de Medea[545]

d. Jasón sólo necesitaba ahora doblar el cabo Malea y volver con el vellocino a Yolco. Pasó sin inconvenientes por delante de las Islas de las Sirenas, donde las melodías arrebatadoras de esas mujeres-aves fueron contrarrestadas por los acordes todavía más bellos de la lira de Orfeo. Solamente Butes se arrojó de cabeza al mar con el propósito de nadar hasta la costa, pero Afrodita le salvó; lo llevó al monte Érix por el camino de Lilibea y allí lo hizo su amante. Algunos dicen que las sirenas, que ya habían perdido sus alas a consecuencia de un desafortunado concurso de canto con las Musas, patrocinadas por Hera, se suicidaron a causa de su fracaso al no haber podido vencer a Orfeo; pero todavía estaban en su isla cuando pasó por allí Odiseo una generación después[546].

e. Luego los argonautas navegaron con buen tiempo a lo largo de la costa oriental de Sicilia, donde vieron los rebaños sin iguales de Helio paciendo en la costa, aunque se abstuvieron de robar alguno de ellos[547]. De pronto les azotó un terrible viento norte que en nueve días los llevó a las partes más lejanas de la Libia; allí una ola enorme lanzó al Argo contra las rocas peligrosas que se alzan a lo largo de la costa, y luego se retiró, dejando a la nave en seco a una milla o más tierra adentro. Un desierto inanimado se extendía hasta donde alcanzaba la vista y los argonautas se preparaban ya para morir cuando la triple diosa Libia, vestida con pieles de cabra, se apareció a Jasón en un sueño y le tranquilizó. Eso les animó y [colocando el Argo sobre rodillos] lo llevaron, mediante la fuerza de sus hombros, hasta el salado lago Tritonis, a varios kilómetros de distancia, trabajo que les ocupó doce días. Todos habrían muerto de sed de no ser por un manantial que Heracles, en su viaje en busca de las manzanas de oro de las Hespérides, había hecho brotar recientemente de la tierra[548].

f. Canto fue muerto por Cafauro, un pastor garamante, cuyo rebaño se llevaba, pero sus compañeros le vengaron[549]. Y apenas habían sido enterrados los dos cadáveres cuando Mopso pisó una serpiente libia que le mordió en el talón; una densa niebla le cubrió los ojos, se le cayó el pelo y murió con grandes dolores. Los argonautas, después de hacerle un entierro de héroe, comenzaron una vez más a desesperar, pues no podían encontrar salida alguna del lago[550].

g. Pero Jasón, antes de embarcarse para este viaje, había consultado con la Pitonisa de Delfos, quien le dio dos trípodes de bronce macizos, y Orfeo le aconsejó que con uno de ellos propiciase a los dioses del país. Cuando hizo eso se apareció el dios Tritón y tomó el trípode sin ni siquiera pronunciar una palabra de agradecimiento, pero Eufemo le cerró el camino y le preguntó cortésmente: «Por favor, señor, ¿tendrías la bondad de dirigirnos al mar Mediterráneo?» Por respuesta, Tritón se limitó a señalar hacia el río Tacape, pero, como si lo hubiera pensado mejor, le entregó un terrón que otorgó a sus descendientes la soberanía sobre la Libia hasta el presente. Eufemo agradeció el don con el sacrificio de una oveja y Tritón consintió en transportar el Argo llevándolo por la quilla, hasta que una vez más estuvo en el Mediterráneo. En el camino predijo que cuando el descendiente de cierto argonauta se apoderase del trípode de bronce y lo llevase de su templo, un centenar de ciudades griegas se alzarían alrededor del lago Tritonis. Los trogloditas libios, al enterarse de esa profecía, ocultaron inmediatamente el trípode en la arena y la profecía no se ha realizado todavía[551].

h. Dirigiéndose hacia el norte, los argonautas llegaron a Creta, donde les impidió desembarcar Talos, el centinela de bronce, creación de Hefesto, quien apedreó al Argo según su costumbre. Medea llamó amablemente al monstruo y le prometió hacerlo inmortal si bebía cierta poción mágica, pero era una una bebida que producía el sueño y mientras Talos dormía Medea le quitó el clavo de bronce que taponaba la única vena que le corría desde el cuello hasta los tobillos. De ella brotó el licor divino, un líquido incoloro que le servía de sangre, y el monstruo murió. Sin embargo, algunos dicen que, hechizado por los ojos de Medea, Talos tambaleó, rozó el talón contra una roca y se desangró. Otros, que Peante le le hirió en el talón con una flecha[552].

i. En la noche siguiente el Argo fue alcanzado por una tormenta del sur, pero Jasón invocó a Apolo, quien envió un relámparo que puso al descubierto a estribor la isla de Anafe, una de las Cíclades, donde Anceo consiguió varar la nave. En agradecimiento, Jasón erigió un altar a Apolo; y las dos esclavas feacias de Medea que le había dado la reina Arete rieron alegremente cuando, por falta de una víctima, Jasón y sus compañeros hicieron libaciones de agua sobre los tizones ardientes del sacrificio. Los argonautas las reprendieron en respuesta y forcejearon amorosamente con ellas, costumbre que sobrevive hasta el presente en el Festival Otoñal de Anafe.

j. Cuando llegaron a Egina realizaron una competencia para ver quién era el primero que llenaba un cántaro con agua y lo llevaba de vuelta a la nave, carrera que corren todavía los eginetas. Desde Egina el viaje fue sencillo hasta Yolco, trayecto que hacen cada año numerosos barcos, y lo realizaron con buen tiempo y sin peligro alguno[553].

k. Algunos bardos disponen estos acontecimientos en un orden distinto: dicen que los argonautas repoblaron Lemnos en el viaje de vuelta y no cuando navegaban para Cólquide[554]; otros, que su visita a Libia se realizó antes que comenzara el viaje a Ea, cuando Jasón fue en el Argo a consultar con el oráculo de Delfos y le desvió de su curso una tormenta súbita[555]. Otros más sostienen que navegaron por la costa occidental de Italia y a un puerto de la isla de Elba en el que desembarcaron le llamaron Argos, por el Argo, y cuando se quitaban el sudor en la playa se convertía en guijarros de diversas formas. Además, que fundaron el templo de Hera Argiva en Leucania; que, como Odiseo, pasaron entre Escila y Caribdis; y que Tetis y sus nereidas les guiaron al pasar por las llameantes Planktai o Rocas Errantes, que ahora están firmemente asentadas en el lecho del mar[556].

l. Hay quienes sostienen que Jasón y sus compañeros exploraron la región que rodea a Eea en Cólquide y llegaron hasta la Media; que uno de ellos, Armeno, tesalio del lago Boebe, se estableció en Armenia y dio su nombre a toda la región. Justifican esta opinión señalando que los monumentos heroicos en honor de Jasón, erigidos por Armeno en las Puertas Caspianas son muy venerados por los bárbaros, y que los armenios todavía visten como los tesalios de la antigüedad[557].

1.      El mito de Metope, que no dan por completo Homero ni Apolonio de Rodas, recuerda los de Ame (véase 43.2) y Antíope (véase 76.b). Al parecer ha sido deducido de una ilustración que mostraba a la diosa del Destino sentada en una tumba; su molino era el molino del mundo, alrededor del cual, según el Tratado sobre asuntos campesinos de Varrón, gira el sistema celestial, y que aparece en los Edda escandinavos, manejado por las gigantas Fenia y Menja, y en los Jueces, manejados por Sansón, el héroe Sol ciego de Tiro. La diosa de los molinos harineros, Deméter, era una diosa del infierno

2.      El relato que hace Herodoto de la embajada enviada por Eetes a Grecia tiene poco sentido a menos que sostenga que la princesa argiva Io no huyó a Cólquide en un ataque de locura, disfrazada de novilla, y posteriormente la divinizaron los egipcios como Isis (véase 56.b), sino que los colquideos (a quienes describe como reliquias del ejército del Faraón Sesostris que invadió el Asia) se apoderaron de ella en una incursión y la vendieron en Egipto.

3.      Las tres Sirenas (Homero sólo menciona a dos) eran hijas cantoras de la Tierra, que atraían a los marineros a las praderas de su isla, donde se amontonaban los huesos de sus víctimas anteriores (Odisea xii. 39 ss. y 184 ss.). Se las describía como mujeres-aves y tienen mucho en común con las Aves de Rhiannon en el mito gales, que lloraban por Bran y otros héroes; Rhiannon era un Deméter de cabeza de yegua. Al país de las sirenas se lo comprende mejor como la isla sepulcral que recibe al ánima del rey muerto, como la Avalon de Arturo (véase 31.2); las sirenas eran al mismo tiempo las sacerdotisas que le lloraban y las aves que frecuentaban la isla —sirvientas de la diosa Muerte. Como tales pertenecían a un culto preolímpico—, que es por lo que se dice que fueron vencidas en un certamen con las hijas de Zeus, las Musas. Se les da variadamente como lugar de residencia las islas Sirenusas frente a Pesto, Capri y las cercanías del cabo Péloro de Sicilia (Estrabón: i.2.12). Parejas de sirenas se grababan todavía en las tumbas en la época de Eurípides (Helena 167) y su nombre se deriva habitualmente de seirazein, «atar con una cuerda»; pero si, como es más probable, proviene del otro seirazein que significa «secar» las dos sirenas representarían aspectos gemelos de la diosa en el solsticio estival, cuando los pastos griegos se secan: Ante-vorta y Post-vorta, la que ve proféticamente el reinado del nuevo rey y la que llora al viejo (véase 170.7). El tipo de la sirena-pez es post-clásico.

4.      El rebaño de Helio se componía de trescientas cincuenta cabezas y era un regalo de su madre, la diosa Luna (véase 42.1 y 170.10). Varias colonias de Corinto y Rodas en las que se adoraba al toro celeste se habían instalado en Sicilia. Odiseo conocía a Helio con el nombre de Hiperión (véase 170.c).

5.      El lago Tritonis, en otro tiempo un enorme mar interno que sumergió las tierras de los atlantes neolíticos, se ha ido achicando lentamente desde entonces y aunque seguía teniendo un tamaño respetable en la época clásica —el geógrafo Scylax le calculó unas novecientas millas cuadradas— ahora ha quedado reducido a una línea de pantanos salados (véase 39.b). Neith, la diosa triple de Libia vestida con pieles, se anticipó a Atenea con su égida (véase 8.1).

6.      Mopso, cuya muerte por la mordedura de una serpiente en el talón era común (véase l06.g, 117.C y 168.e), aparece también en el mito de Derceto (véase 89.2), la Dictina filistea. Otro Mopso, nieto de Tiresias, sobrevivió a la guerra de Troya (véase 169.c).

7.      Cafauro es un nombre extraño para un libanes —caphaura es una palabra arábiga que significa «alcanfor», planta que no se da en Libia—, pero los mitógrafos no entienden mucho de geografía.

8.      Talos ,el hombre de bronce, es un personaje compuesto: en parte toro del cielo, en parte rey sagrado con un talón vulnerable, y en parte una demostración del método de la cire-perdue en la fundición del bronce (véase 92.8).

9.      El sacrificio con agua en Anafe recuerda el que ofrecían los judíos en el Día de los Sauces, la culminación de su festival de los Tabernáculos, -cuando llevaban en solemne procesión el agua desde el Estanque de Siloam; la carrera del agua egineta formaría parte de una ceremonia análoga. Los Tabernáculos comenzaban como un festival de la fertilidad en el otoño y, según el Talmud, a los fariseos se les hacía difícil refrenar el «atolondramiento» tradicional de las mujeres.

10.  «Guijarros de formas variadas», cristales de hierro, se encuentran todavía en las orillas del Elba.

11.  Tetis guió al Argo a través de las Planktai a la entrada del estrecho de Messina como Atenea lo guió a través de las Planktai a la entrada del Bosforo. Odiseo las evitó eligiendo el paso entre Escila y Caribdis (véase 170.t). Las Planktai occidentales son las islas Lípari volcánicas.

12.  Armenia, que significa Ar-Minni, «la tierra alta de Minni» —Minni es convocada por Jeremías (ii.27) a la guerra contra Babilonia—, no tiene una relación histórica con el Armeno del lago Boebe. Pero Minni es, al parecer, el Minia al que menciona Josefo (Antigüedades i. 1.6) cuando describe el Diluvio de Noé: y el nombre del Minia tesalio, antepasado de los minios, podía ser un vínculo verosímil entre Armenia y Tesalia.




155.  LA MUERTE DE PELIAS


a. Una noche de otoño los argonautas llegaron a la bien recordada playa de Págasas, pero no encontraron en ella a nadie que los recibiera. En Tesalia había circulado el rumor de que todos habían muerto y en consecuencia Pelias se había atrevido a matar a los padres de Jasón, Esón y Polimela, y a un hijo infante, Promaco, nacido después de la partida del Argo. Pero Esón pidió permiso para quitarse él mismo la vida y, como se accedió a su súplica bebió sangre de toro y así expiró; después de lo cual Polimela se mató con una daga o, según dicen algunos, con una cuerda, después de maldecir a Pelias, quien despidadamente hizo saltar los sesos de Prómaco golpeándole la cabeza contra el piso del palacio[558].

b. Cuando Jasón se enteró de esos dolorosos acontecimientos por un barquero solitario, le prohibió que difundiera la noticia de la vuelta del Argo y convocó un consejo de guerra. Todos sus compañeros opinaron que Pelias merecía la muerte, pero cuando Jasón exigió un ataque inmediato a Yolco, Acasto observó que no se podía esperar que él se opusiese a su padre, y los otros creyeron más prudente dispersarse, yendo cada uno a su propia patria, y allí si era necesario, reunir contingentes para una guerra en favor de Jasón. La verdad era que Yolco parecía contar con una guarnición demasiado fuerte para que la atacase un grupo tan pequeño como el que ellos formaban.

c. Habló, no obstante, Medea, quien se comprometió a dominar la ciudad ella sola. Pidió a los argonautas que se ocultaran con su nave en una playa boscosa y retirada desde la cual podía verse Yolco. Cuando vieran ondear una antorcha en el techo del palacio esto significaría que Pelias había muerto, que las puertas estaban abiertas y que podían tomar la ciudad.

d. Durante su visita a Anafe Medea había encontrado una imagen hueca de Artemis y la había llevado al Argo. Ahora vistió a sus doce esclavas feacias con extraños disfraces y las condujo, cada una de ellas llevando la imagen por turno, hacia Yolco. Al llegar a las puertas de la ciudad, Medea, que se había dado el aspecto de una vieja arrugada, ordenó a los centinelas que la dejaran pasar. Gritó con voz chillona que la diosa Artemis había llegado del brumoso país de los Hiperbóreos en un carro tirado por serpientes voladoras para llevar la buena suerte a Yolco. Los asombrados centinelas no se atrevieron a desobedecer, y Medea con sus esclavas, recorriendo las calles de la ciudad enfurecidas como ménades, despertaron a los habitantes provocando en ellos un frenesí religioso.

e. Interrumpido su sueño, Pelias preguntó aterrado qué deseaba de él la diosa. Medea respondió que Artemis se disponía a agradecer su piedad rejuveneciéndolo, permitiéndole así engendrar herederos en lugar de su mal hijo Acasto, quien había muerto hacía poco tiempo en un naufragio frente a la costa de Libia. Pelias ponía en duda esta promesa, hasta que Medea, quitándose el aspecto de anciana que se había impuesto, se transformó otra vez en joven delante de sus propios ojos: «¡Tal es el poder de Artemis!», exclamó. Pelias observó luego cómo ella descuartizaba un viejo carnero de ojos legañosos en trece pedazos y los haría hervir en una caldera. Empleando ensalmos colquideos, que él tomó equivocadamente por hiperbóreos, e invocando solemnemente a Artemis para que le ayudase, Medea simuló que rejuvenecía al carnero muerto, pues un cordero retozón estaba oculto, junto con otros utensilios mágicos, dentro de la imagen hueca de la diosa. Pelias, completamente engañado, consintió en acostarse en un lecho, en el que Medea no tardó en dormirlo mediante encantamientos. Luego ordenó a sus hijas, Alcestis, Evadne y Anfínome, que lo despedazasen exactamente como ellas le habían visto hacer con el carnero, e hirviesen los pedazos en la misma caldera.

f. Alcestis se negó piadosamente a derramar la sangre de su padre por buena que fuera la causa, pero Medea, dando una nueva prueba de sus poderes mágicos, convenció a Evadne y Anfínome para que manejaran sus cuchillos con resolución. Una vez terminado el trabajo, las llevó al tejado, cada una con una antorcha, y les explicó que debían invocar a la Luna mientras hervía la caldera. Desde su emboscada los argonautas vieron el lejano resplandor de las antorchas y, acogiendo de buena gana la señal, corrieron a introducirse en Yolco, donde no encontraron oposición.

g. Jason, no obstante, temiendo la venganza de Acasto, le cedió el reino y no discutió la sentencia de destierro que pronunció contra él el Consejo de Yolco, pues esperaba ocupar un trono más rico en otra parte[559].

h. Algunos niegan que Esón se viese obligado a quitarse la vida y declaran que, al contrario, Medea, después de extraerle del cuerpo la sangre gastada, le devolvió la juventud por medio de un elixir mágico, como había hecho con Macris y las ninfas hermanas suyas en Corcira; y lo presentó, fornido y vigoroso, a Pelias en las puertas del palacio. Después de convencer así a Pelias para que se sometiera al mismo tratamiento, le engañó omitiendo los encantamientos apropiados, por lo que murió miserablemente[560].

i. En los juegos fúnebres de Pelias, realizados al siguiente día, Eufemo venció en la carrera de carros de dos caballos; Pólux en el pugilato, Meleagro en el lanzamiento de jabalina, Peleo en la lucha cuerpo a cuerpo, Zetes en la carrera pedestre más corta, y su hermano Calais (o, según dicen algunos, Ificles) en la más larga; y Heracles, que había vuelto de su visita a las Hespérides, en la lucha libre. Pero durante la carrera de carros de cuatro caballos, que ganó Yolao, el auriga de Heracles, Glauco, hijo de Sísifo, fue devorado por sus caballos,  a los que Afrodita había enloquecido con hipómanes[561].

j. En cuanto a las hijas de Pelias: Alcestis se casó con Admeto de Peras, con quien estaba comprometida desde hacía mucho tiempo; Evadne y Anfínome fueron desterradas por Acasto a Mantinea en Arcadia, donde, después de purificarse, consiguieron casarse honorablemente[562].

1.      Los cretenses y micénicos utilizaban sangre de toro, muy diluida en agua, como un elemento mágico para fertilizar las mieses y los árboles; sólo la sacerdotisa de la Madre Tierra podía bebería pura sin envenenarse (véase 51.4).

2.      A los mitógrafos clásicos se les hace difícil decidir hasta qué punto Medea era una ilusionista y embaucadora y hasta qué punto su magia era auténtica. Las calderas de regeneración son comunes en el mito celta (véase 148.5-6); de aquí que Medea pretenda ser una diosa hiperbórea, lo que puede significar británica. La teoría religiosa básica parece haber sido que en el solsticio estival el rey sagrado, llevando una máscara de carnero negra, era descuartizado en la cumbre de una montaña y sus pedazos cocidos en una sopa que debían comer las sacerdotisas; su espíritu pasaría entonces a una de ellas, para nacer de nuevo como niño en la siguiente estación de los corderos. El hecho de que Frixo evitara ese destino había sido la causa original de la expedición de los argonautas (véase 70.2 y 148.d).

3.       El carro tirado por serpientes de Medea —las serpientes son animales infernales— tenía alas porque ella era al mismo tiempo diosa de la tierra y diosa de la luna. Aquí aparece en tríada como Perséfone-Deméter-Hécate: las tres hijas de Pelias desmembrando a su padre. La teoría de que el rey Sol se casa con la reina Luna, la cual luego le invita graciosamente a subir en su carro (véase 24.m), cambió al fortalecerse el sistema patriarcal; en la época clásica el carro tirado por serpientes era propiedad indiscutida de Helio, y en el mito posterior de Medea y Teseo (véase 154.J) se lo prestó a su nieta Medea sólo porque se hallaba en peligro de muerte (véase 156.d). La diosa Tierra india del Ramayana también viaja en un carro tirado por serpientes.

4.      Calimaco parece atribuir a la cazadora Cirene el triunfo en la carrera pedestre realizada en los juegos fúnebres de Pelias (véase 82.a).


156.  MEDEA EN ÉFIRA


a. Jasón fue en primer lugar a Orcómeno, en Beoda, donde colgó el vellocino de oro en el templo de Zeus Lafistio; luego varó el Argo en el Istmo de Corinto y allí lo dedicó a Posidón.

b. Ahora bien, Medea era la única hija sobreviviente de Eetes, el rey legítimo de Corinto, quien cuando emigró a Cólquide dejó como regente a un tal Buno. Como el trono había quedado vacante con la muerte sin sucesión del usurpador Corinto, hijo de Maratón (quien se llamaba a sí mismo «Hijo de Zeus»), Medea lo reclamó, y los corintios aceptaron gustosamente a Jasón como su rey. Pero, después de reinar durante diez años prósperos y felices, llegó a sospechar que Medea había conseguido su sucesión envenenando a Corinto, y se proponía divorciarse de ella en favor de la tebana Glauce, hija del rey Creonte.

c. Medea, aunque no negó su crimen, hizo que Jasón se atuviese al juramento que había hecho en Ea en nombre de todos los dioses, y cuando él protestó que un juramento hecho por la fuerza no era válido, Medea le recordó que también le debía a ella el trono de Corinto. Él respondió: «Es cierto, pero los corintios han aprendido a sentir más respeto por mí que por ti.» Como Jasón no cedía, Medea, fingiendo que se sometía, envió a Glauce un regalo de boda por medio de los príncipes de la casa real, pues había dado a Jasón siete hijos y siete hijas. El regalo consistía en una corona de oro y una larga túnica blanca. Tan pronto como se los puso Glauce surgieron de ellos unas llamas inextinguibles que consumieron no sólo a ella —aunque se arrojó de cabeza en la fuente del palacio—, sino también al rey Creonte, a otros muchos huéspedes tebanos distinguidos y a todos los que se habían reunido en el palacio, con excepción de Jasón, quien se salvó saltando por una ventana alta.

d. En ese momento Zeus, quien admiraba mucho el ánimo de Medea, se enamoró de ella, pero Medea rechazó sus requerimientos. Hera, agradecida, le dijo: «Haré a tus hijos inmortales si los dejas en el altar de los sacrificios de mi templo.» Medea lo hizo, y luego huyó en un carro tirado por serpientes aladas, que le prestó su abuelo Helio, después de legar el reino de Sísifo[563].

e. Sólo se recuerda el nombre de una de las hijas que tuvo Medea con Jasón: Eriopis. Su hijo mayor, Medeo o Políxeno, al que educaba Quirón en el monte Pelión, gobernó posteriormente el país de Media; pero a veces se dice que el padre de Medeo se llamaba Egeo[564]. Los otros hijos eran Mérmero, Peres o Tésalo, Alcímenes, Tisandro y Argos, de todos los cuales se apoderaron los corintios, encolerizados por el asesinato de Glauce y Creonte, y les dieron muerte apredreándolos. Desde entonces han expiado este crimen: siete muchachas y siete muchachos, vestidos de blanco y con las cabezas rapadas, pasan todo un año en el templo de Hera en la colina donde se cometió el asesinato[565]. Por orden del oráculo de Delfos los cadáveres de los niños fueron enterrados en el templo, pero sus almas se hicieron inmortales, como había prometido Hera. Hay quienes acusan a Jasón por haber condenado este asesinato, pero explican que estaba más que furioso por la ambición de Medea en interés de sus hijos[566].

f. Otros, engañados por el dramaturgo Eurípides, a quien sobornaron los corintios con quince talentos de plata para que los absolviera de culpabilidad, pretenden que Medea mató a dos de sus hijos[567] y que los demás perecieron en el palacio que ella incendió, con excepción de Tésalo, que escapó y posteriormente reinó en Yolco y dio su nombre a toda la Tesalia; y Peres, cuyo hijo Mérmero heredó la habilidad de Medea como envenenadora[568].

1.      El número de los hijos de Medea recuerda el de los titanes y titanides (véase 1.3 y 43.4), pero los catorce muchachos y muchachas que eran confinados anualmente en el templo de Hera pueden haber representado los días impares y pares de la primera mitad del mes sagrado.

2.      La muerte de Glauce se dedujo quizá de una ilustración que mostraba el holocausto anual en el templo de Hera, como el que describe Luciano en Hierápolis (Sobre la diosa siria 49). Pero Glauce sería la sacerdotisa con diadema que dirigía la conflagración, no su víctima; y la fuente su baño ritual. Luciano explica que la diosa siria era principalmente Hera, aunque también poseía algunos atributos de Atenea y otras diosas (ibid. 32). Aquí Eriopis («de ojos grandes») señala a la Hera de ojos de vaca, y Glauce («lechuza») a la Atenea de ojos de lechuza. En la época de Luciano colgaban anímales domésticos de las ramas de árboles amontonados en el patio del templo de Hierápolis y los quemaban vivos; pero la muerte de los catorce hijos de Medea y la expiación hecha por ellos indican que originalmente se ofrecían víctimas humanas. Melicertes, el dios cretense que presidía los Juegos ístmicos en Corinto (véase 70.b y 96.6) era Melkarth, «protector de la ciudad», el Heracles fenicio en cuyo nombre quemaban niños vivos ciertamente en Jerusalén (Levítico xviii.21 y xx.2; 1 Reyes xi.7; 2 Reyes xxiii.10; Jeremías xxxii.35). Como el fuego era un elemento sagrado, inmortalizaba a las víctimas, como hizo con Heracles mismo cuando subió a su pira en el monte Eta, se tendió en ella y murió consumido (véase 145.l).

3.      Si Medea, Jasón o los corintios sacrificaron a los niños se convirtió en una cuestión importante sólo posteriormente, cuando Medea dejó de ser identificada con Ino, la madre de Melicertes, y el sacrificio humano denotaba barbarie. Como cualquier drama que ganaba un premio en el festival ateniense en honor de Dioniso adquiría inmediatamente autoridad religiosa, es muy probable que los corintios recompensaran bien a Eurípides por su generosa manipulación del mito ya ignominioso.

4.      El amor de Zeus por Medea, como el de Hera por Jasón (Homero: Odisea xii.72; Apolonio de Rodas: iii.66), indica que «Zeus» y «Hera» eran títulos del rey y la reina corintios (véase 43.2 y 68.1). Corinto, aunque era hijo de Maratón, se titulaba también «hijo de Zeus», y el padre de Maratón, Epopeo («el que ve todo») tenía la misma esposa que Zeus (Pausanias: ii.1.1; Asio: Fragmento I).


157.  MEDEA EN EL DESTIERRO


a. Medea huyó en primer lugar a Tebas para ver a Heracles, quien le había prometido ampararla si Jasón se mostraba alguna vez infiel, y le curó de la locura que le hizo matar a sus hijos; pero los tebanos no le permitieron que fijase su residencia entre ellos porque había matado a Creonte, su rey. En consecuencia fue a Atenas, y el rey Egeo se casó gustosamente con ella. Luego, desterrada de Atenas por haber intentado envenenar a Teseo, se embarcó para Italia y enseñó a los marrubios el arte del encantamiento de las serpientes; todavía la adoran como la diosa Angitia[569]. Tras una breve visita a Tesalia, donde compitió sin buen éxito con Tetis en un certamen de belleza juzgado por el cretense Idomeneo, se casó con un rey asiático cuyo nombre no ha sobrevivido, pero del que se dice que fue el verdadero padre de Medeo.

b. Finalmente, cuando supo que el trono de Eetes en Cólquide había sido usurpado por su tío Perses, Medea fue a la Cólquide con Medeo, quien mató a Perses, volvió a poner a Eetes en su trono y ensanchó el reino de Cólquide incluyendo en él el territorio de Media. Algunos alegan que para entonces Medea se había reconciliado con Jasón y lo llevó con ella a Cólquide, pero la historia de Medea, por supuesto, ha sido embellecida y deformada por las fantasías extravagantes de muchos dramaturgos[570]. La verdad es que Jasón, habiendo perdido el favor de los dioses, cuyos nombres había invocado en vano cuando fue infiel a Medea, erró de ciudad en ciudad odiado por los hombres. En la ancianidad volvió una vez más a Corinto y se sentó a la sombra del Argo para recordar sus glorias pasadas y lamentar los desastres que le habían sobrevenido. Estaba a punto de ahorcarse de la proa cuando de pronto la nave se volcó hacia adelante y le mató. Posidón puso luego la imagen de la popa del Argo, que era inocente de homicidio, entre las estrellas[571].

c. Medea no murió sino que se hizo inmortal y reinó en los Campos Elíseos, donde, según dicen algunos, fue ella y no Helena quien se casó con Aquiles[572].

d. En cuanto a Atamante, quien por no haber sacrificado a Frixo fue la causa de la expedición de los argonautas, estaba a punto de ser sacrificado él mismo en Orcómeno, como el sacrificio propiciatorio exigido por el oráculo de Zeus Lafistio, cuando su nieto Citísoro volvió de Eea y le salvó. Eso molestó a Zeus, quien ordenó que en adelante el hijo mayor de los Atamántidas debía evitar la Sala del Consejo perpetuamente, bajo pena de muerte, orden que ha sido observada desde entonces[573].

e. La vuelta a su patria de los argonautas dio origen a muchas fábulas, pero la del Gran Anceo, el timonel, es la más instructiva. Habiendo sobrevivido a tantas penalidades y peligros, volvió a su palacio de Tegea, donde un adivino le había advertido en otro tiempo que no probaría nunca el vino de una viña que había plantado algunos años antes. El día de su llegada informaron a Anceo que su mayordomo había cosechado las primeras uvas y el vino le esperaba. En consecuencia llenó una copa de vino, la llevó a los labios, llamó al adivino y le reprochó por haber profetizado falsamente. El adivino le respondió: «Señor, entre el plato y la boca se pierde la sopa», y en aquel momento los sirvientes de Anceo entraron gritando: «¡Señor, un jabalí! ¡Está haciendo estragos en tu viña!» Dejó la copa no probada, tomó su lanza y salió apresuradamente, pero el jabalí se había ocultado detrás de un arbusto, le acometió y le mató[574].

1.      Un culto ático de Deméter como diosa Tierra ha dado origen a la fábula de la estada de Medea en Atenas (véase 97.b). Cultos análogos explican sus visitas a Tebas, Tesalia y el Asia Menor; pero los marrubios pueden haber emigrado a Italia desde Libia, donde los psilos eran peritos en el arte del encantamiento de las serpientes (Plinio: Historia natural vii.2). El reinado de Medea en los Campos Elíseos es comprensible: como la diosa que manejaba la caldera de la regeneración podía ofrecer a los héroes la oportunidad de otra vida en la tierra (véase 31.c). Helena («luna») sería uno de sus títulos (véase 159.1).

2.      Parece que en la edad heroica el rey de Orcómeno, cuando terminaba su reinado, era llevado para sacrificarlo a la cumbre del monte Lafistio. Este rey era también un sacerdote de Zeus Lafistio, un ministerio hereditario en el clan minia matrilineal; y en la época de las guerras persas, según Herodoto, se esperaba todavía que el jefe del clan asistiera a la Sala del Consejo cuando se lo convocaba para el sacrificio. Sin embargo, nadie le obligaba a obedecer esa convocatoria, y por el relato de Herodoto parece que le representaba un sustituto, excepto en las ocasiones de un desastre nacional, como una peste o una sequía, ocasiones en las que se sentía obligado a asistir personalmente. Las muertes de Jasón y de Anceo son fábulas morales que destacan los peligros de la fama, la prosperidad y el orgullo excesivos. Pero Anceo muere regiamente en su ciudad, herido por el colmillo de un jabalí (véase 18.7), en tanto que Jasón, como Belerofonte (véase 75.f) y Edipo (véase 105.d), vaga de ciudad en ciudad, odiado por los hombres, y finalmente muere de accidente. En el Istmo, donde había reinado Jasón, era costumbre que el pharmacos regio fuese arrojado desde un risco, pero le salvaba en el mar una embarcación que esperaba, y luego vivía la vida de un mendigo anónimo que llevaba la mala suerte consigo (véase 89.6 y 98.7)
.
3.      Sir Isaac Newton fue el primero, por lo que yo sé, que señaló la relación entre el Zodíaco y el viaje del Argo; y la leyenda puede muy bien haber sido influida en Alejandría por los signos del Zodíaco: el Carnero de Frixo, los Toros de Eetes, los Dioscuros como los Mellizos Celestiales, el León de Rea, la Balanza de Alcínoo, los Aguadores de Egina, Heracles como Arquero, Medea como Virgen, y la Cabra, símbolo de lujuria, para recordar los amoríos en Lemnos. Cuando se utilizan los signos del Zodíaco egipcios aparecen los elementos que faltan: la Serpiente por Escorpión, y el Escarabajo, símbolo de regeneración, por el Cangrejo.





158.  LA FUNDACIÓN DE TROYA


a. Una fábula que se relata acerca de la fundación de Troya es que, en una época de hambre, una tercera parte de la población cretense, a las órdenes del príncipe Escamandro, partió para fundar una colonia. AI llegar a Frigia acamparon junto al mar, no lejos de la ciudad de Hamaxito[575], al pie de una alta montaña que llamaron Ida en honor de la patria cretense de Zeus. Ahora bien, Apolo les había aconsejado que se establecieran dondequiera que les atacaran enemigos nacidos de la tierra a cubierto de la oscuridad, y esa noche misma una horda de ratones campestres hambrientos invadió las tiendas y royó las cuerdas de los arcos, las abrazaderas de cuero de los escudos y todas las otras partes comestibles del armamento cretense. En consecuencia, Escamandro ordenó que hicieran alto y dedicaran un templo a Apolo Esminteo (alrededor del cual surgió pronto la ciudad de Esmintea) y se casó con la ninfa Idea, quien le dio un hijo, Teucro. Con la ayuda de Apolo, los cretenses vencieron a sus nuevos vecinos, los bébrices, pero durante la lucha Escamandro cayó en el río Janto, que por ello tomó su nombre. Teucro, por quien los pobladores recibieron el nombre de teucros, le sucedió. Pero algunos dicen que Teucro mismo fue al frente de los inmigrantes cretenses y en Frigia le recibió Dárdano, quien le dio en casamiento su hija y llamó a sus subditos teucros[576].

b. Los atenienses dan una versión completamente distinta. Niegan que los teucros provinieran de Creta y recuerdan que cierto Teucro, perteneciente al demo de Troes, emigró de Atenas a Frigia, y que Dárdano, hijo de Zeus y la pléyade Electra y nacido en la Feneo arcadia, fue recibido en Frigia por este Teucro, y no al contrario. En apoyo de esta tradición se alega que Erictonio aparece en la genealogía tanto de la casa real ateniense como de la teucra[577]. Dárdano, añaden los atenienses, se casó con Crisa, hija de Palante, quien le dio dos hijos, Ideo y Dimante. Éstos reinaron durante un tiempo en el reino arcadio fundado por Atlante, pero los separaron las calamidades del Diluvio de Deucalión. Dimante se quedó en Arcadia, pero Ideo fue con su padre Dárdano a Samotracia, donde colonizaron juntos, y a la isla se la llamó en adelante Dardania. Crisa había dado a Dárdano como dote las imágenes sagradas de los Grandes Dioses de los que era sacerdotisa, y él introdujo su culto en Samotracia, aunque manteniendo en secreto sus verdaderos nombres. Dárdano fundó también un colegio de sacerdotes salios para que realizasen los ritos necesarios, que eran los mismos que realizaban los curetes cretenses[578].

c. La pena por la muerte de su hermano Yasión llevó a Dárdano a través del mar a Tróade. Llegó solo, conduciendo a remo una balsa hecha con una piel inflada lastrada con cuatro piedras. Teucro le recibió hospitalariamente y, con la condición de que le ayudase a dominar a ciertas tribus vecinas, le dio una participación en el reino y le casó con la princesa Batiea. Algunos dicen que esta Batiea era tía de Teucro; otros, que era su hija[579].

d. Dárdano se proponía fundar una ciudad en la pequeña colina de Ate, que se alza en la llanura donde se halla ahora Troya, o Ilio; pero cuando urí oráculo de Apolo frigio le advirtió que la desgracia acompañaría siempre a sus habitantes; eligió un lugar en las laderas más bajas del monte Ida y llamó a su ciudad Dardania[580]. Después de la muerte de Teucro, Dárdano le sucedió en el resto del reino, al que dio su nombre y extendió su gobierno sobre muchas naciones asiáticas; también envió colonias a Tracia y más allá de ésta[581].

e. Entretanto, el hijo menor de Dárdano, Ideo, le había seguido a Tróade llevando las imágenes sagradas, lo que permitió a Dárdano enseñar a sus subditos los Misterios samotracios. Un oráculo le aseguró entonces que la ciudad que estaba a punto de fundar sería invencible sólo mientras la dote de su hija siguiera bajo la protección de Atenea[582]. Todavía se muestra su tumba en la parte de Troya que se llamaba Dardania antes de mezclarse con las aldeas de Ilio y Tros formando una ciudad única. Ideo se estableció en los Montes Ideos que, según dicen algunos, se llaman así por él, e instituyó allí el culto y los Misterios de la Madre de los Dioses frigia[583].

f. Según la tradición latina, el padre de Yasión era el príncipe tirreno Corito; y su mellizo, Dárdano, hijo de Zeus y de Electra, la esposa de Corito. Ambos emigraron de Etruria después de dividir entre ellos las imágenes sagradas; Yasión fue a Samotracia y Dárdano a Tróade. Mientras combatía con los bóbrices, que trataban de arrojar a los tirrenos nuevamente al mar, Dárdano perdió el yelmo y, aunque sus soldados se hallaban en retirada, los hizo volver para recuperarlo. Esta vez obtuvo la victoria y fundó una ciudad llamada Corito en el campo de batalla, tanto en memoria de su yelmo (corys) como de su padre[584].

g. Ideo tenía dos hermanos mayores, Erictonio e lio, o Zacinto; y una hija, Idea, que llegó a ser la segunda esposa de Fineo. Cuando Erictonio sucedió a Dárdano en el reino se casó con Astíoque, hija de Simunte, quien le dio a Tros[585]. Erictonio, descrito también como un rey de Creta, era el más próspero de los hombres, dueño de tres mil yeguas de las que se enamoró Bóreas. Tros sucedió a su padre Erictonio, y no solamente Troya, sino también toda Tróade recibió su nombre. Con su esposa Calírroe, hija de Escamandro, llegó a ser padre de Cleopatra la Menor, llo el Menor, Ásáraco y Ganimedes[586].

h. Entretanto, lio, el hermano de Erictonio, había ido a Frigia, donde intervino en los juegos que se realizaban en aquel momento, salió vencedor en la lucha y ganó como premio cincuenta muchachos y cincuenta muchachas. El rey frigio (cuyo nombre se ha olvidado) le dio también una vaca torda y le aconsejó que fundara una ciudad allí donde el animal sintiera el deseo de acostarse, lio siguió a la vaca, que se acostó al llegar a la colina de Ate, y él construyó allí la ciudad de Ilio, aunque, a causa de la advertencia del oráculo a su padre Dárdano, no la fortificó. Algunos dicen, no obstante, que fue a una de sus propias vacas misias la que siguió llo y que sus instrucciones provenían de Apolo. Pero otros sostienen que Ilio fue fundada por inmigrantes locrios y que ellos dieron el nombre de su montaña Friconis al monte Gime de Troya[587].

i. Cuando quedó marcado el circuito de los límites de la ciudad, lio pidió una señal a Zeus Omnipotente, y a la mañana siguiente encontró un objeto de madera delante de su tienda, medio enterrado en la tierra y cubierto con malezas. Era el Paladio, imagen sin piernas de tres codos de altura, hecha por Atenea en recuerdo de su difunta compañera de juegos libia Palas. Palas, cuyo nombre agregó Atenea al suyo, tenía una lanza en alto en la mano derecha y una rueca y un huso en la izquierda, y la égida le envolvía el pecho. Atenea había puesto primeramente la imagen en el Olimpo, junto al trono de Zeus, donde era objeto de grandes honores, pero cuando la bisabuela de lio, la pléyade Electra, fue violada por Zeus y la profanó con su contacto, Atenea la arrojó airadamente, juntamente con la imagen, a la tierra[588].

j. Apolo Esminteo aconsejó ahora a llo: «Protege a la Diosa que cayó del cielo y protegerás a tu ciudad, pues adondequiera que va lleva el imperio.» En consecuencia, erigió un templo en la ciudadela para alojar a la imagen[589].

k Algunos dicen que se erigía ya el templo cuando la imagen descendió del cielo como un don de la diosa. Cayó a través de una parte del techo que todavía no estaba terminada y la encontraron colocada exactamente en el lugar apropiado[590]. Otros dicen que Electra le dio el Paladio a Dárdano, su hijo tenido con Zeus, y que lo llevaron de Dardania a Ilio después de su muerte[591]. Otros más afirman que cayó del cielo en Atenas y que el ateniense Teucro lo llevó a Tróade. Y no faltan quienes creen que hubo dos paladios, uno ateniense y otro troyano, el último hecho con los huesos de Pélope, así como la imagen de Zeus en Olimpia estaba hecha con marfil indio; o que hubo muchos Paladios, todo igualmente lanzados desde el cielo, incluyendo las imágenes samotracias que llevó Ideo a Tróade[592]. El Colegio de las Vestales en Roma conserva al presente el que es considerado como el Paladio auténtico. Ningún ser humano puede contemplarlo impunemente. En un tiempo, cuando se hallaba todavía en poder de los troyanos, lio corrió a salvarlo en una alarma de incendio y por ello fue castigado con la ceguera; pero más tarde consiguió aplacar a Atenea y recuperó la vista[593].

l. Eurídice, hija de Adraste, tuvo con llo a Laomedonte, y a Temiste, que se casó con el frigio Capis y, según dicen algunos, fue la madre de Anquises[594]. Con Estrimo, hija de Escamandro y de Leucipe, o Zeuxipe, o Toosa, Laomedonte tuvo cinco hijos: Titón, Lampo, Clitio, Hicetaón y Podarces; así como tres hijas: Hesione, Cila y Astíoque. También engendró a dos mellizos bastardos con la ninfa pastora Cálibe. Fue él quien decidió construir las famosas murallas de Troya y tuvo la buena suerte de conseguir los servicios de los dioses Apolo y Posidón, con quienes en aquel momento estaba disgustado Zeus porque se habían rebelado contra él, obligándoles a trabajar como peones. Posidón construyó las murallas mientras Apolo tocaba la lira y daba de comer a los rebaños de Laomedonte; y el lélege Éaco le echó una mano a Posidón. Pero Laomedonte no pagó a los dioses lo que les debía, por lo que mereció su enconado resentimiento. Ésta fue la causa de que él y todos sus hijos —con excepción de Podarces, que había cambiado su nombre por el de Príamo— perecieran cuando Heracles saqueó Troya[595].

m. Príamo, a quien Heracles concedió generosamente el trono de Troya, sospechaba que la calamidad que había caído sobre Troya se debía a su situación desafortunada más bien que a la ira de los dioses. En consecuencia envió a uno de sus sobrinos a que preguntara a la Pitonisa de Delfos si todavía pesaba una maldición sobre la colina de Ate. Pero el sacerdote de Apolo, Pántoo hijo de Otrias, era tan bello, que el sobrino de Príamo, olvidando su misión, se enamoró de él y lo llevó de vuelta a Troya. Aunque eso le molestó a Príamo, no se atrevió a castigar a su sobrino. En compensación por el mal que había cometido nombró a Pántoo sacerdote de Apolo y, como le daba vergüenza volver a consultar a la Pitonisa, reconstruyó Troya sobre los mismos cimientos. La primera esposa de Príamo fue Arisbe, hija de Merope, el adivino. Después de haberle dado a Esaco, la casó con Hirtaco, con quien fue madre de los hirtácidas Asió y Niso[596].

n. Este Ésaco, que aprendió el arte de interpretar los sueños de su abuelo Merope, es famoso por su gran amor a Astérope, hija del río Cebrén; cuando ella murió, Ésaco trató repetidamente de matarse saltando desde un risco, hasta que por fin los dioses se compadecieron de él y lo transformaron en una ave acuática, permitiéndole así que satisfaciera su obsesión con más decencia[597].

o. Hécabe, la segunda esposa de Príamo —a la que los latinos llaman Hécuba— era hija de Dimante y de de la ninfa Eunoe; o, según dicen algunos, de Cisco y Teleclea; o del río Sangario y Metope; o de Glaucipé, la hija de Janto[598]. Le dio a Príamo diecinueve hijos, y los restantes eran hijos.de concubinas; los cincuenta ocupaban dormitorios adyacentes de piedra pulimentada. Las doce hijas de Príamo dormían con sus maridos en el lado más lejano del mismo patio[599]. El hijo mayor de Hécabe era Héctor, al que algunos llaman hijo de Apolo; luego dio a luz a París, Creúsa, Laódice y Políxena; y después a Deífobo, Heleno, Casandra, Pamón, Polites, Antifo, Hipónoo y Polidoro. Pero no hay duda de que a Troilo lo tuvo con Apolo[600].

p. Entre los hijos menores de Hécabe se hallaban los mellizos Casandra y Heleno. En la fiesta de su cumpleaños, celebrada en el templo de Apolo Timbreo, se cansaron de jugar y quedaron dormidos en un rincón, mientras sus olvidadizos padres, que habían bebido demasiado vino, volvieron tambaleándose a su casa sin ellos. Cuando Hécabe volvió al templo se encontró con que las serpientes sagradas lamían los oídos de los niños y gritó aterrada. Las serpientes desaparecieron inmediatamente en un montón de hojas de laurel, pero desde aquel momento Casandra y Heleno poseyeron el don de la profecía[601].

q. Otra versión del tema es que un día Casandra se quedó dormida en el templo; apareció Apolo y le prometió enseñarle el arte de la profecía si se acostaba con él. Casandra, después de aceptar el don, se arrepintió de lo convenido, pero Apolo le rogó que le diera un beso, y cuando ella lo hizo le escupió en la boca, con lo que se aseguró de que nadie creería nunca lo que ella profetizara[602].

r. Cuando, tras varios años de gobierno prudente, Príamo consiguió que Troya recuperara su riqueza y poderío anteriores, convocó a un consejo para tratar el caso de su hermana Hesíone, a la que el eácida Telamón había llevado a Grecia. Aunque él estaba a favor de emplear la fuerza, el consejo recomendó que primeramente se intentara la persuasión. En consecuencia, su cuñado Antenor y su primo Anquises fueron a Grecia y entregaron las demandas troyanas a los griegos reunidos en la corte de Telamón, pero éstos acogieron desdeñosamente esas demandas. Este incidente fue una de las causas principales de la guerra de Troya[603], el triste fin de la cual predecía ya Casandra. Para evitar el escándalo, Príamo la encerró en un edificio piramidal de la ciudadela; la guardiana que cuidaba de ella tenía la orden de mantener a Príamo informado de todas sus profecías[604].

1.      La situación de Troya en una llanura bien regada a la entrada del Helesponto, aunque la convertía en el principal centro comercial de la Edad de Bronce entre Oriente y Occidente, provocaba frecuentes ataques de todas partes. Las alegaciones griegas, cretenses y frigias de haber fundado la ciudad no eran irreconciliables, puesto que en la época clásica ya había sido destruida y reconstruida con mucha frecuencia. Hubo en total diez Troyas, y la séptima era la homérica. La Troya a la que se refiere Homero parece haber sido poblada por una federación de tres tribus —troyanos, ilianos y dardáneos—, cosa habitual en la Edad de Bronce.

2.      «Apolo Esminteo» señala a Creta, pues smirthos es la palabra cretense con que se designa al «ratón», animal sagrado no sólo en Cnosos (véase 90.3), sino también en Filistia (1 Samuel vi.4) y Fócide (Pausanias: x.12.5); y Erictonio, el Viento Norte fertilizante, era adorado tanto por los pelasgos de Atenas como por los tracios (véase 48.3). Pero la pretensión ateniense de haber fundado Troya puede ser rechazada como propaganda política. Los ratones blancos que se mantenían en los templos de Apolo eran profilácticos contra la peste y contra las invasiones súbitas de ratones, como las que mencionan Eliano (Historia de animales xii.5 y 41) y Aristóteles (Historia de animales vi.370). Dárdano puede haber sido un tirreno de Lidia (véa se 136.g) o Samotracia, pero Servio se equivoca al decir que provenía de Etruria, donde los tirrenos se establecieron mucho tiempo después de la guerra de Troya. «Zacinto», palabra cretense, que figura en la genealogía regia de Troya, era el nombre de una isla perteneciente al reino de Odiseo; y esto sugiere que reclamaba derechos hereditarios respecto a Troya.

3.      El Paladio que las Vírgenes Vestales guardaban en Roma para la buena suerte de la ciudad tenía inmensa importancia para los mitógrafos italianos; alegaban que había sido rescatado de Troya por Eneas (Pausanias: ii.23.5) y llevado a Italia. Quizás estaba hecho con marfil de marsopa (véase 108.5). «Paladio» significa una piedra u otro objeto de culto alrededor del cual bailaban las muchachas de un clan particular, como en Tespia (véase 120.a) o saltaban los muchachos, pues pallas se emplea indistintamente para ambos sexos. El Colegio de Salios romano era una sociedad de sacerdotes saltarines. Cuando esos objetos de culto se identificaban con la prosperidad de la tribu y eran guardados cuidadosamente para impedir su robo o mutilación, se interpretaba que palladla significaba palta, «o cosas arrojadas desde el cielo». Los palta no podían estar ocultos al cíelo; por eso la piedra del trueno sagrada de Término en Roma se hallaba bajo un agujero abierto en el techo del templo de Júpiter, lo que explica una abertura análoga en Troya.

4.      La adoración de los meteoritos se extendió fácilmente a los monolitos antiguos, el origen fúnebre de los cuales había sido olvidado; y luego del monolito a la imagen de piedra, y de la imagen de piedra a la imagen de madera o de marfil sólo había un corto paso. Pero la caída de un escudo del cielo —el ancile de Marte (Ovidio: Fasti iii.259- 73) es el caso más conocido— necesita una explicación mayor. Al principio se creía que los meteoritos, como los únicos palta auténticos, originaban el rayo que raja los árboles de los bosques. Luego las hachas de piedra neolíticas, como la que se encontró recientemente en el templo de Asine en Micenas, y las hachas o martinetes primitivos de la Edad de Bronce, como el de Cibeles en Éfeso (Hechos xix.35), fueron tomados erróneamente por rayos. Pero el escudo era también un instrumento del trueno. Los hacedores de lluvia prehelenos convocaban tormentas haciendo girar matracas para imitar el sonido del viento, y para imitar al trueno golpeaban grandes escudos de piel de buey muy estirada con palillos de tambor de dos cabezas como los que llevan los sacerdotes salios en el relieve de Anagni. La única manera de hacer que una matraca suene continuamente es girarla en circuito en forma de ocho, como hacen los niños con los molinos de viento de juguete; y como a las antorchas utilizadas para imitar el relámpago se las hacía girar, al parecer, del mismo modo, el escudo hacedor de lluvia tenía también la forma de ocho y los palillos dobles golpeaban continuamente en ambos lados. Por esto las ilustraciones cretenses que sobreviven muestran al espíritu del trueno descendiendo como un escudo en forma de ocho, y, por tanto, a los escudos antiguos se los adoraba como palta. Una tablilla de piedra caliza pintada de la acrópolis de Micenas demuestra, por el color de la carne, que el espíritu del Trueno era una diosa más bien que un dios; en un anillo de oro encontrado en las cercanías no se indica el sexo .del escudo que desciende.

5.      Casandra y las serpientes recuerdan el mito de Melampo (véase 122.c) y el acto de escupir Apolo en su boca el de Glauco (véase 90.f). Su prisión era probablemente una tumba en forma de colmena desde la que hacía profecías en nombre del héroe que yacía enterrado allí (véase 43.2 y 154.1).

6.      Éaco, el nombre del hijo profético de Príamo, significa la rama de mirto que se pasaba de uno a otro comensal en los banquetes griegos como un desafío a cantar o componer. Como el mirto es un árbol de la muerte (véase 101.1 y 109.4), esos poemas pueden haber sido originalmente profecías hechas en una fiesta dedicadas a un héroe. El ave acuática estaba consagrada a Atenea en el Ática y asociada con el anegamiento del pharmacos regio (véase 94.1). El salto de Escamandro en el río Janto tiene que referirse a una costumbre troyana análoga de ahogar al rey viejo (véase 108.3); se suponía que su ánima preñaba a las muchachas cuando iban a bañarse allí (véase 137.3). Tántalo, que parece haber sufrido la misma suerte, se casó con la hija de Janto (véase 108.d)

7.      Príamo tenía cincuenta hijos, diecinueve de los cuales eran legítimos; esto indica que en Troya la longitud del reinado del Rey se regía por el ciclo metónico de diecinueve años y no por el ciclo de cien lunaciones compartido entre el rey y el heredero, como en Creta (véase 138.j) y Arcadia (véase 38.2). Sus doce hijas eran quizá guardianas de los meses.

8.      La importancia de la participación de Éaco en la construcción de las murallas de Troya no se debe pasar por alto: Apolo había profetizado que sus descendientes estarían presentes en su captura tanto en la primera como en la cuarta generación (véase 66.i), y sólo se podría abrir una brecha en la parte construida por Éaco (Píndaro: Odas píticas viii. 31-46). Andrómaca recordó a Héctor que esa parte era la cortina del lado occidental de la muralla, «cerca de la higuera», donde la ciudad podía ser atacada con más facilidad (Homero: Ilíada vi.431-9), y «los más valientes que siguen a los dos Ayantes ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto: alguien que conoce los oráculos se lo indicó, o su mismo arrojo los impele y anima». Las excavaciones realizadas en Troya por Dórpfeld demostraron que la muralla era, inexplicablemente, más débil en ese punto; pero los compañeros de Ayax y de Éaco no necesitaban que un adivino les informara de ello si, como sugiere Polibio, «Éaco» provenía de la locrense Opus, la ciudad de Áyax el Pequeño. Lócride, que parece haber proporcionado el elemento iliano de la Troya homérica, y gozaba del privilegio de nombrar a las sacerdotisas troyanas (véase 168.2), era un distrito lélege pre-helénico con instituciones matrilineales e inclusive matriarcales (véase 136.4); otra tribu de léleges, quizá de ascendencia locria, vivía en Pedaso, en Tróade. Una de sus princesas, Laótoe, fue a Troya y tuvo un hijo con Príamo (Homero: Ilíada xxi.86). Parece haber sido la buena voluntad de las sacerdotisas locrias para sacar a escondidas el paladio y ponerlo a salvo en Lócride lo que facilitó la toma de la ciudad por los griegos (véase 168.4).

9.      Puesto que un Teucro era hijo de Escamandro y otro nieto de Éaco e hijo de Hesíone, la hermana de Príamo (véase 137.2), al elemento teucro en Troya se le puede identificar con el lélege, o eácida, o iliano; los otros dos elementos eran el lidio, o dardanio, o tirreno, y el troyano, o frigio.


159.  PARÍS Y HELENA


a. Cuando Helena, la bella hija de Leda, llegó al estado de mujer en el palacio de su padre adoptivo Tindáreo en Esparta, todos los príncipes de Grecia se presentaron con valiosos regalos como pretendientes, o enviaron parientes para representarlos. Diomedes, quien acababa de obtener su victoria en Tebas, se hallaba allí con Áyax, Teucro, Filoctetes, Idomeneo, Patroclo, Menesteo y otros muchos. También fue Odiseo, pero con las manos vacías, porque no tenía la menor probabilidad de buen éxito, pues aunque los Dioscuros, hermanos de Helena, deseaban que ésta se casase con Menesteo de Atenas, Odiseo sabía que se la darían al príncipe Menelao, el más rico de los aqueos, representado por el poderoso yerno de Tindáreo, Agamenón[605].

b. Tindáreo no despidió a ninguno de los pretendientes, pero, por otra parte, tampoco aceptó ninguno de los regalos, pues temía que su parcialidad por cualquiera de los príncipes provocara peleas entre los demás. Odiseo le preguntó un día: «Si te digo cómo pueden evitar una querella, ¿me ayudarás, en cambio, a casarme con Penélope, la hija de Icario?» «Trato hecho», contestó Tindáreo. «Entonces —continuó Odiseo— mi consejo es éste: insiste en que todos los pretendientes de Helena juren defender al marido elegido por ella contra quienquiera que se sienta ofendido por su buena suerte.» Tindáreo convino en que ése era un procedimiento prudente. Después de sacrificar un caballo y de descuartizarlo, hizo que cada uno de los pretendientes se colocase sobre los pedazos sangrientos y repitiese el juramento que Odiseo había formulado; luego enterraron los pedazos en un lugar al que se sigue llamando «La Tumba del Caballo».

c. No se sabe si fue el propio Tindáreo quien eligió al marido de Helena o si ella declaró su preferencia coronándole con una guirnalda[606]. De todos modos se casó con Menelao, quien llegó a ser rey de Esparta después de la muerte de Tindáreo y de la deificación de los Dioscuros. Pero su matrimonio estaba condenado al fracaso: años antes, mientras hacía sacrificios a los dioses, Tindáreo se había olvidado tontamente de Afrodita, quien se vengó jurando que haría a sus tres hijas —Clitemestra, Timandra y Helena— célebres por sus adulterios[607].

d. Menelao tuvo una hija con Helena y la llamó Hermíone; sus hijos eran Etiolao —de quien pretende descender la familia persa de los Morrafio— y Plístenes. Una esclava etolia llamada Pieris dio más tarde a Menelao dos mellizos bastardos: Nicóstrato y Megapentes[608].

e. Se ha preguntado por qué Zeus y Temis proyectaron la guerra de Troya. ¿Fue para hacer famosa a Helena por haber embrollado a Europa y Asia? ¿O para exaltar a la raza de los semidioses y al mismo tiempo hacer menos densas las tribus populosas que oprimían la superficie de la Madre Tierra? Sus motivos tienen que seguir siendo oscuros, pero ya habían tomado la decisión cuando Éride arrojó una manzana de oro en la que estaban inscritas estas palabras: «Para la más bella», en la boda de Peleo y Tetis. Zeus Omnipotente no quiso decidir la subsiguiente disputa entre Hera, Atenea y Afrodita y dejó que Hermes llevara a las diosas al monte Ida, donde Paris, el hijo perdido de Príamo, actuaría como arbitro[609].

f. Ahora bien, poco antes del nacimiento de París había soñado Hécabe que daba a luz un haz de leña del que salían retorciéndose innumerables serpientes de fuego. Se despertó gritando que la ciudad de Troya y los bosques del monte Ida ardían. Príamo consultó inmediatamente con su hijo Ésaco, el adivino, quien anunció: «¡El niño que está a punto de nacer será la ruina de nuestro país! Te ruego que te deshagas de él[610]

g. Pocos día después Ésaco hizo otro anuncio: «La troyana de la casa real que hoy dé a luz un niño debe ser destruida, y también su hijo». Por consiguiente Príamo mató a su hermana Cila y su hijo Munipo, nacido esa mañana misma de su unión secreta con Timete, y los enterró en el recinto sagrado de Tros. Pero Hécabe había dado a luz un hijo antes del anochecer y Príamo perdonó a ambos la. vida, aunque Herófila y otros adivinos instaron a Hécabe a que matara por lo menos al niño. Ella no pudo decidirse a hacerlo, y al final convencieron a Príamo para que llamara al jefe de sus pastores, un tal Agelao, y le confiara la tarea. Agelao, demasiado bondadoso para emplear una cuerda o una espada, abandonó al recién nacido en el monte Ida, donde le amamantó una osa. Cuando volvió cinco días después, Ageleao quedó pasmado ante el portento y llevó al niño a su casa en un zurrón —de aquí el nombre de «París»— para criarlo juntamente con su propio hijo recién nacido[611] y le llevó a Príamo una lengua de perro como prueba de que había obedecido su orden. Pero algunos dicen que Hécabe sobornó a Agelao para que no matara a París y ocultara el secreto a Príamo[612].

h. La noble alcurnia de París se puso pronto de manifiesto gracias a su belleza, su inteligencia y su fuerza sobresalientes: cuando era poco más que un niño venció a una cuadrilla de ladrones de ganado y recuperó las vacas que habían robado, por lo que mereció el sobrenombre de Alejandro[613]. Aunque no era más que un esclavo en esa época, Paris fue el amante preferido de Enone hija del río Éneo, una ninfa de las fuentes. Rea le había enseñado el arte de la profecía y Apolo el de la medicina mientras trabajaba como pastor de Laomedonte. Paris y Enone solían cuidar sus rebaños y cazar juntos y él grababa su nombre en la corteza de las hayas y los álamos[614]. Su principal diversión consistía en hacer que los toros de Agelao lucharan entre ellos; coronaba al vencedor con flores y al perdedor con paja. Cuándo un toro comenzó a vencer continuamente, Paris lo enfrentó con los campeones de los rebaños de sus vecinos, a todos los cuales venció. Por fin ofreció poner una corona de oro en los cuernos del toro que pudiese vencer al suyo. Por broma, Ares se transformó en toro y ganó el premio. Paris entregó sin vacilar la corona a Ares, lo que sorprendió y complació a los dioses que observaban desde el Olimpo, y ése fue el motivo de que Zeus lo eligiese como arbitro entre las tres diosas[615].

i. Cuidaba su ganado en el monte Gárgaro, la cumbre más alta del Ida, cuando Hermes, acompañado por Hera, Atenea y Afrodita, le entregó la manzana de oro y el mensaje de Zeus:
—Paris, puesto que eres tan bello como sabio en los asuntos del corazón, Zeus te ordena que juzgues cuál de estas diosas es la más bella.
Paris aceptó la manzana dudosamente y contestó:
—¿Cómo puede un simple pastor como yo hacerse arbitro de la belleza divina? Dividiré la manzana entre las tres.
—No, no, no puedes desobedecer a Zeus Omnipotente —se apresuró a replicar Hermes—. Tampoco estoy autorizado para aconsejarte. ¡Utiliza tu inteligencia natural!
—Así sea —suspiró Paris—. Pero antes ruego que las perdedoras no se ofendan conmigo. Sólo soy un ser humano, expuesto a cometer los errores más estúpidos.
Las diosas convinieron en acatar su decisión.
—¿Bastará con juzgarlas tal como están —preguntó Paris a Hermes— o deberán desnudarse?
—Tú debes decidir las reglas de la competencia —contestó Hermes con una sonrisa discreta.
—En ese caso, ¿tendrán la bondad de desnudarse?
Hermes dijo a las diosas que lo hicieran y él se volvió cortésmente.

j. Afrodita no tardó en estar lista, pero Atenea insistió en que debía quitarse su famoso ceñidor mágico que le daba una ventaja injusta, pues hacía que todos se enamoraran de quien lo llevaba.
—Está bien —dijo Afrodita con rencor—, lo haré con la condición Je que tú te quites tu yelmo, pues estás espantosa sin él.
—Ahora, si no tenéis inconveniente, os juzgaré una por una —anunció Paris— para evitar discusiones perturbadoras. ¡Ven, divina Hera! ¿Tendrán las otras dos diosas la bondad de dejarnos durante un rato?
—Examíname concienzudamente —dijo Hera mientras se daba vuelta lentamente y exhibía su figura magnífica—, y recuerda que si me declaras la más bella te haré señor de toda el Asia y el hombre más rico del mundo[616].
—Yo no me dejo sobornar, señora... Muy bien, gracias. Ya he visto todo lo que necesitaba ver. ¡Ahora ven, divina Atenea!

k. —Aquí estoy —dijo Atenea, avanzando con decisión—. Escucha, Paris: si tienes el sentido común suficiente para concederme el premio haré que salgas victorioso en todas tus batallas, y que seas el hombre más bello y sabio del mundo.
—Soy un humilde pastor, no un soldado —replicó Paris—. Puedes ver con tus propios ojos que la paz reina en toda Lidia y Frigia y que no se disputa la soberanía del rey Príamo. Pero prometo considerar imparcialmente tu aspiración a la manzana. Ahora puedes volver a ponerte tus ropas y tu yelmo. ¿Estás lista, Afrodita?

l. Afrodita se acercó a él despacio y Paris se ruborizó porque se puso tan cerca que casi se tocaban.
—Examíname cuidadosamente, por favor, sin pasar nada por alto... Por cierto, en cuanto te vi me dije: «A fe mía, éste es el joven más hermoso de Frigia. ¿Por qué pierde el tiempo en este desierto cuidando un ganado estúpido?» ¿Por qué lo haces, Paris? ¿Por qué no vas a una ciudad y vives una vida civilizada? ¿Qué puedes perder casándote con alguien como Helena de Esparta, que es tan bella como yo y no menos apasionada? Estoy convencida de que, cuando os hayáis conocido, ella abandonará su hogar, su familia y todo para ser tu amante. Habrás oído hablar de Helena ¿no?
—Nunca hasta ahora, señora. Te quedaré muy agradecido si me la describes.

m. —Helena tiene una tez bella y delicada, pues nació del huevo de un cisne. Puede alegar que su padre es Zeus, le gustan la caza y la lucha y causó una guerra cuando era todavía niña. Y cuando llegó a la mayoría de edad todos los príncipes de Grecia aspiraron a su mano. Ahora está casada con Menelao, hermano del rey supremo Agamenón, pero eso no es un inconveniente, pues puedes conseguirla si quieres.
—¿Cómo es posible si está ya casada?
—¡Caramba, qué inocente eres! ¿Nunca has oído que es mi deber divino arreglar esa clase de asuntos? Te sugiero que recorras Grecia con mi hijo Eros come guía. Cuando lleguéis a Esparta él y yo procuraremos que Helena se enamore perdidamente de ti.
—¿Estás dispuesta a jurarlo? —preguntó París, excitado.
Afrodita juró solemnemente y Paris, sin pensarlo más, le concedió la manzana de oro.
Pero incurrió en el odio encubierto de Hera y Atenea, quienes se alejaron tomadas del brazo a preparar la destrucción de Troya, mientras Afrodita, sonriendo picaramente, se preguntaba cómo podía cumplir mejor su promesa[617].

n. Poco después Príamo envió a sus sirvientes en busca de un toro del rebaño de Agelao. Iba a ser el premio en los juegos fúnebres que se celebraban anualmente en honor de su hijo difunto. Cuando los sirvientes eligieron el toro mejor, Paris sintió de pronto el deseo de asistir a los juegos y corrió tras ellos. Agelao trató de retenerlo: «Tú tiene tus corridas de toros particulares. ¿Qué más puedes desear?», le dijo, pero Paris insistió y al final Agelao le acompañó a Troya.

o. En Troya era costumbre que al terminar la sexta vuelta de la carrera de carros los que se habían presentado para intervenir en el pugilato comenzasen a luchar delante del trono. Paris decidió competir y, a pesar de las súplicas de Agelao, salió a la liza y ganó la corona, por puro valor más bien que por habilidad. También ganó la carrera pedestre, lo que exasperó tanto a los hijos de Príamo que le desafiaron a correr otra; y así conquistó la tercera corona. Avergonzados por su derrota pública, decidieron matar a París y pusieron guardias armados en todas las salidas del estadio, mientras Héctor y Deífobo le atacaban con sus espadas. Paris corrió a protegerse en el altar de Zeus y Agelao se acercó corriendo a Príamo: gritando: «¡Majestad, ese joven es tu hijo perdido hace tiempo!» Príamo llamó inmediatamente a Hécabe, quien, cuando Agelao mostró el sonajero que había encontrado en las manos de Paris, confirmó su identidad. Fue llevado triunfalmente al palacio, donde Príamo celebró su regreso con un gran banquete y sacrificios a los dioses. Sin embargo, tan pronto como los sacerdotes de Apolo se enteraron de la noticia anunciaron que Paris debía ser ejecutado inmediatamente, pues de otro modo Troya perecería.. Le informaron de ello a Príamo, quien contestó: «¡Prefiero que caiga Troya a que muera mi hijo maravilloso!»)[618].

p. Los hermanos casados de Paris le instaron poco después a que tomara una esposa, pero él les dijo que confiaba en que Afrodita le elegiría una, pues se lo suplicaba todos los días. Cuando se convocó a otro consejo para tratar del rescate de Hesíone, pues las gestiones pacíficas habían fracasado, Paris se ofreció voluntariamente para encabezar la expedición si Príamo le proporcionaba una flota grande y bien tripulada. Añadió astutamente que si no conseguía llevar de vuelta a Hesíone, quizá podría llevar a una princesa griega de la misma categoría como rehén por ella. Su deseo secreto era, por supuesto, ir a Esparta para sacar de allí a Helena[619].

q. Ese mismo día Menelao llegó inesperadamente a Troya y preguntó por las tumbas de Lico y Quimereo, los hijos de Prometeo con la atlántida Celeno; explicó que el remedio que le había prescrito el oráculo de Delíos para una peste que hacía estragos en Esparta era ofrecerles sacrificios de héroes. París agasajó a Menelao y le pidió, como favor, que le purificara en Esparta, pues había matado accidentalmente al joven hijo de Antenor, Anteo, con una espada de juguete. Menelao accedió y París, por consejo de Afrodita, encargó a Pereció, hijo de Tectón, que construyera la flota que Príamo le había prometido; el mascarón de proa de la nave capitana debía ser una Afrodita sosteniendo a un Eros en miniatura. El primo de París, Eneas, hijo de Anquises, accedió a acompañarle[620]. Casandra, con la cabellera suelta, predijo la conflagración que causaría el viaje, y Heleno se mostró de acuerdo, pero Príamo no hizo caso de ninguno de sus hijos proféticos. Ni siquiera Enone logró disuadir a París de su viaje fatal, aunque lloró cuando le dio el beso de despedida. «Vuelve a mí si te hieren —le dijo ella—, pues solamente yo puedo curarte»[621].

r. La flota se hizo a la mar, Afrodita envió un viento favorable y París llegó pronto a Esparta, donde Menelao le agasajó durante nueve días. En el banquete París entregó a Helena los regalos que había llevado de Troya, y sus miradas desvergonzadas, fuertes suspiros y señas audaces le causaron una gran turbación. Tomando la copa de ella, ponía los labios en la parte del borde por donde ella había bebido; y en una ocasión encontró las palabras «Te amo, Helena», escritas con vino en la mesa. A Helena le aterraba que Menelao pudiera sospechar que alentaba la pasión de París, pero como Menelao no era observador, se embarcó alegremente para Creta, donde tenía que asistir a las exequias de su abuelo Catreo, dejando que Helena agasajara a los huéspedes y gobernara el reino durante su ausencia[622].

s. Helena se fugó con París esa misma noche y se entregó a él amorosamente en el primer puerto de escala, que era la isla de Cránae. En la tierra firme, frente a Cránae, se halla el altar de Afrodita Unidora, fundado por París para celebrar esta ocasión[623]. Algunos dicen falsamente que Helena rechazó sus requerimientos y que él se la llevó por la fuerza mientras ella cazaba; o haciendo una incursión súbita en la ciudad de Esparta; o disfrazándose de Menelao con la ayuda de Afrodita. Ella
abandonó a su hija Hermíone, que tenía entonces nueve años de edad, pero se llevó a su hijo Plístenes, la mayor parte de los tesoros del palacio y oro por valor de tres talentos robado en el templo de Apolo; así como cinco sirvientas, entre ellas dos ex reinas, Etra, la madre de Teseo, y Tisadie, la hermana de Pirítoo[624].

t. Cuando se dirigían a Troya una gran tormenta enviada por Hera obligó a París a hacer escala en Chipre. Desde allí navegó a Sidón, donde le agasajó el rey, al cual, instruido ya en los métodos del mundo griego, asesinó y robó traidoramente en la sala de los banquetes. Mientras embarcaban el cuantioso botín le atacó un grupo de sidonios; París los rechazó tras un sangriento combate y la pérdida de dos navios, y continuó su viaje. Como temía que le persiguiera Menelao, se detuvo durante varios meses en Fenicia, Chipre y Egipto, pero por fin llegó a Troya y celebró su boda con Helena[625]. Los troyanos la acogieron bien, embelesados por su belleza, y un día, al encontrar en la ciudadela troyana una piedra que goteaba sangre cuando se la frotaba con otra, la reconoció como un poderoso afrodisíaco y la utilizó para mantener encendida la pasión de Paris. Más todavía: toda Troya y no solamente Paris se enamoró de ella y Príamo juró que nunca la dejaría irse[626].

u. Según una versión completamente distinta, Hermes robó a Helena por orden de Zeus y la confió al rey Proteo de Egipto; entretanto una Helena fantasma, hecha con nubes por Hera (o, según dicen algunos, por Proteo) fue enviada a Troya junto a Paris, con el único propósito de provocar la lucha[627].

v. Según la versión de Jos sacerdotes egipcios, no menos improbable, la flota troyana fue desviada de su ruta por el viento y Paris desembarcó en las Salinas, en la desembocadura canópica del Nilo. Allí hay un templo de Heracles, al que acuden los esclavos fugitivos, los cuales, a su llegada, se dedican al dios y reciben ciertas marcas sagradas en su cuerpo. Los sirvientes de París se refugiaron en ese templo y, después de conseguir la protección de los sacerdotes, le acusaron de haber raptado a Helena. El guardián canópico se enteró del asunto e informó al rey Proteo de Menfis, quien hizo detener a Paris y ordenó que lo llevaran ante él, juntamente con Helena y el tesoro robado. Tras un severo interrogatorio, Proteo desterró a Paris, pero retuvo a Helena y el tesoro en Egipto hasta que Menelao fuera a recogerlos. En Menfis hay un templo de Afrodita Extranjera que, según se dice, le dedicó personalmente Helena. Helena le dio a Paris tres hijos: Bunico, Agano e Ideo, todos los cuales murieron en Troya cuando eran todavía niños de pecho a consecuencia del derrumbamiento de un techo; y una hija llamada también Helena[628]. Paris había tenido un hijo llamado Corito con Enone, y ésta, celosa de Helena, lo envió para que guiara hasta Troya a los griegos vengadores[629] .

1.      A Estesícoro, el poeta siciliano del siglo VI, se le atribuye la versión de que Helena nunca fue a Troya y que la guerra se libró por «sólo un fantasma». Después de escribir un poema que la presentaba bajo una luz sumamente desfavorable, quedó ciego y luego supo que era víctima del desagrado postumo de Helena (véase 164.w). De aquí su palinodia, que comienza así: «La verdad es que no fuiste en las naves bien tripuladas, ni llegaste a las torres de Troya», la declamación pública de la cual le devolvió la vista (Platón: Fedro 44; Pausanias: iii.19.ii). Y ciertamente, no está claro en qué sentido Paris, o Teseo antes que él, habían raptado a Helena. «Helena» era el nombre de la diosa Luna espartana, el casamiento con la cual, después del sacrificio de un caballo (véase 81.4) hizo rey a Menelao; pero Paris no usurpó el trono. Es posible, por supuesto, que los troyanos invadieran Esparta y se llevaran a la heredera y los tesoros del palacio en represalia por un saqueo griego de Troya, como implica la fábula de Hesíone. Pero si bien la Helena de Teseo era quizás de carne y hueso (véase 103.4) la Helena troyana es más probable que fuera «sólo un fantasma», como alegaba Estesícoro.

2.      Esto es sugerir que los mnesteres tes Helenes, «pretendientes de Helena», eran realmente mnesteres tou Hellespontou, «los que tenían en cuenta el Helesponto», y que el juramento solemne que esos reyes prestaron sobre los peda zos sangrientos del caballo consagrado a Posidón, el principal patrono de la expedición, fue para apoyar los derechos de cualquier miembro de la confederación a navegar por el Helesponto a pesar de los troyanos y sus aliados asiáticos (véase 148.10, 161.1 y 162J). Después de todo, el Helesponto llevaba el nombre de su propia diosa Hele. La fábula de Helena proviene, en realidad, de la epopeya ugarita Keret, en la que la esposa legítima de Keret, Huray, es raptada y llevada a Udm.

3.      El nacimiento de París sigue el modelo mítico de Eolo (véase 43.c), Edipo (véase 105.a), Jasón (véase 148.a) y los demás; es el conocido niño del Año Nuevo, con el hijo de Agelao como mellizo. Su victoria sobre los cincuenta hijos de Príamo en una carrera pedestre resulta igualmente familiar (véase 53. y 60.m). «Enone» parece haber sido el título de la princesa que conquistó en esa ocasión (véase 53J; 60.4; 98.o y 160.d). En realidad no otorgó la manzana a la más bella de las tres diosas. Esta fábula ha sido deducida erróneamente de una ilustración que mostraba a Heracles recibiendo una rama de manzano de las Hespérides (véase 133.4) —la diosa ninfa desnuda en tríada—, a Ádano de Hebrón en el acto de ser hecho inmortal por la Madre de Todos los Vivientes cananea, o al triunfador en la carrera pedestre de Olimpia recibiendo su premio (véase 53.7); como lo demuestra la presencia de Hermes, Conductor de las Almas, su guía para ir a los Campos Elíseos.

4.      En el siglo XIV a. de C. Egipto y Fenicia sufrieron frecuentes incursiones de los keftiu, o «pueblos del mar», en las que los troyanos parecen haber desempeñado un papel importante. Entre las tribus que se asentaron en la Palestina se hallaban los gergeseos (Génesis x.16), es decir, los teucros de Gergis, o Gergesa, en Tróade (Homero: Ilíada viii.304; Herodoto: v.122 y vii.43; Livio: xxxviii.39). Príamo y Anquises figuran en el Antiguo Testamento como Piram y Achish (Josué x.3 y 1 Samuel xxvii.2); y Pharez, un antepasado de la tribu racialmente mixta de Judá, que luchó con su mellizo dentro del vientre de su madre (Génesis xxxviii. 29), parece ser París. La «piedra sangrante» de Helena, encontrada en la ciudad troyana, se explica con la ejecución allí del sobrino de Príamo, Munipo: París siguió siendo el consorte de la reina al precio del sacrificio anual de un niño. Anteo («florido») es una víctima análoga: su nombre, un título de Dioniso Primaveral (véase 85.2) se dio a otros príncipes infortunados, cortados en la flor de su vida; entre ellos el hijo de Posidón, muerto y desollado por Cleómenes (Filostéfano: Fragmento 8); y Anteo de Halicarnaso, ahogado en un pozo por Cleobis (Pártenos: Narraciones 14).

5.      Cila, cuyo nombre significa «los dados adivinadores hechos con hueso de asno» (Hesiquio sub Cila) tiene que ser Atenea, la diosa de la ciudadela troyana que inventó el arte de la pronosticación (véase 17.j) y presidió la muerte de Munipo.


160.  LA PRIMERA REUNIÓN EN AULIDE


a. Cuando Paris decidió hacer a Helena su esposa no esperaba que tendría que pagar el ultraje inferido a la hospitalidad de Menelao. ¿Los cretenses habían sido llamados a cuentas cuando, en nombre de Zeus, robaron Europa a los fenicios? ¿Se les había pedido a los argonautas que pagasen por el rapto de Medea en Cólquide? ¿O a los atenienses por el rapto de la cretense Ariadna? ¿O a los tracios por el de la ateniense Orítía?[630]. Sin embargo, este caso tuvo unas consecuencias diferen-
tes. Hera hizo que Iris volara a Creta con la noticia de la fuga, y Menelao se apresuró a volver a Micenas, donde pidió a su hermano Agamenón que reclutase inmediatamente un ejército y lo llevase contra Troya.

b. Agamenón accedió a hacerlo solamente si los mensajeros que se disponía a enviar a Troya para exigir la vuelta de Helena y la compensación por la afrenta inferida a Menelao volvían sin haber conseguido nada. Cuando Príamo negó todo conocimiento del asunto —pues Paris se hallaba todavía en aguas meridionales— y preguntó qué satisfacción se les había dado a sus propios enviados por el rapto de Hesíone, Menelao envió heraldos a todos los príncipes que habían jurado sobre los trozos sangrientos del caballo, recordándoles que la acción de Paris era una afrenta para toda Grecia. A menos que el delito fuera castigado de una manera ejemplar en adelante nadie podría estar seguro de que a su esposa no le sucedería nada malo. Menelao llamó al viejo Néstor de Pilos y recorrieron juntos el continente griego para convocar a los caudillos de la expedición[631].

c. Luego, acompañado por Menelao y Palamedes, el hijo de Nauplio, Agamenón fue a ítaca, donde le resultó sumamente difícil convencer a Odiseo de que debía unirse e ellos. Este Odiseo, aunque pasaba por ser hijo de Laertes, había sido engendrado en secreto por Sísifo y Anticlea, hija del famoso ladrón Autólico. Inmediatamene después del nacimiento, Autólico fue a ítaca y en la primera noche de su estada, terminada la cena, tomó al infante en sus rodillas. «Dale un nombre, padre», le dijo Anticlea, y Autólico contestó: «Durante mi vida he contenido con muchos príncipes y por lo tanto llamaré a este nieto Odiseo, que significa el Enojado, porque será víctima de mis enemistades. Pero si alguna vez va al monte Parnaso para reprocharme le daré una parte de mis posesiones y apaciguaré su ira.» Tan pronto como Odiseo llegó a la mayoría de edad hizo la debida visita a Autólico, pero mientras cazaba con sus tíos le hirió en el muslo un jabalí y conservó la cicatriz hasta su muerte. Sin embargo, Autólico le atendió bien y volvió a Itaca cargado con los dones prometidos[632].

d. Odiseo se casó con Penélope, hija de Icario y de la náyade Peribea; algunos dicen que a pedido de Tindáreo, el hermano de Icario, quien se las arregló para que ganara una carrera de los pretendiente por la calle de Esparta llamada «Afeta». Penélope, quien anteriormente se llamaba Arnea, o Arnacia, había sido arrojada al mar por Nauplio obedeciendo la orden de su padre, pero una bandada de patos con rayas purpúreas la sostuvo a flote, la alimentó y la llevó a la costa. Impresionados por este prodigio, Icario y Peribea se enternecieron y Arnea recibió el nuevo nombre de Penélope, que significa «pato»[633].

e. Después de casar a Penélope con Odiseo, Icario suplicó a éste que se quedara en Esparta y, cuando él se negó, siguió al carro en que se alejaban los recién casados rogando a Penélope que volviera. Odiseo, que hasta entonces había conservado su paciencia, se volvió y le dijo a Penélopé «¡O bien vienes a ítaca por tu libre albedrío, o bien, si prefieres a tu padre, quédate aquí sin mí!» La única respuesta de Penélope fue bajarse el velo. Icario, comprendiendo que Odiseo tenía derecho a ello, la dejó ir y erigió una imagen al Pudor que todavía se muestra a unos seis kilómetros de la ciudad de Esparta, en el lugar donde sucedió este episodio[634].

f. Ahora bien, a Odiseo le había advertido un oráculo: «Si vas a Troya, no volverás hasta el vigésimo año, y lo harás solo e indigente.» En consecuencia simuló estar loco, y Agamenón, Menelao y Palamedes lo encontraron con un gorro de fieltro en forma de medio huevo, arando con un asno y un buey uncidos juntos y arrojando sal sobre el hombro mientras caminaba. Cuando simuló no reconocer a sus distinguidos huéspedes, Palamedes arrancó al niño Telémaco de los brazos de Penélope y lo puso en tierra delante de la yunta que avanzaba. Odiseo se apresuró a refrenar a los animales para que no mataran a su hijo único, con lo que quedó demostrada su cordura y se vio obligado a unirse a la expedición[635].

g. Menelao y Odiseo fueron con Taltibio, el heraldo de Agamenón, a Chipre, donde el rey Cíniras, otro de los anteriores pretendientes de Helena, les entregó un peto como regalo para Agamenón y juró que contribuiría con cincuenta naves. Cumplió su promesa, pero envió solamente una nave verdadera y cuarenta y nueve pequeñas de barro, con muñecos como tripulantes, que el capitán botó al agua cuando se acercaba a la costa de Grecia. Invocado por Agamenón para que vengara este fraude, se dice que Apolo mató a Cíniras y al punto sus cincuenta hijas se arrojaron al mar y se transformaron en alciones. La verdad es, no obstante, que Cíniras se suicidó cuando descubrió que había cometido incesto con su hija Esmirna[636].

h. Calcante, el sacerdote de Apolo, renegado troyano, había predicho que no se podría tomar a Troya sin la ayuda del joven Aquiles, el séptimo hijo de Peleo. Tetis, la madre de Aquiles había dado muerte a los otros hermanos de éste quemándoles sus partes mortales, y él habría perecido de la misma manera si Peleo no le hubiera arrancado del fuego y reemplazado su hueso del tobillo chamuscado con otro tomado del esqueleto desenterrado del gigante Damiso. Pero algunos dicen que Tetis lo sumergió en el río Estigia, de modo que solamente el talón por el que lo sostuvo no quedó inmortalizado[637].

i. Cuando Tetis abandonó a Peleo llevó el niño al centauro Quirón, el que lo crió en el monte Pelión, alimentándolo con entrañas de leones y jabalíes y tuétano de osos, para hacerlo valiente; o, según otra versión, con panales de miel y tuétano de cervatillos para que pudiera correr rápidamente. Quirón le instruyó en las artes de la equitación, la caza, la flauta y la curación; la musa Calíope le enseñó también a cantar en los banquetes. Cuando sólo tenía seis años de edad mató a su primer jabalí y en adelante llevaba constantemente a la cueva de Quirón los cuerpos jadeantes de jabalíes y leones. Atenea y Ártemis contemplaban admiradas a aquel niño de cabellera dorada que corrían tan rápidamente que podía alcanzar y matar a los ciervos sin ayuda de sabuesos[638] .

j. Ahora bien. Tetis sabía que su hijo no volvería jamás de Troya si se unía a la expedición, pues estaba destinado a alcanzar allí la gloria y morir prematuramente, o a vivir una vida larga pero no gloriosa en su patria. Lo disfrazó de muchacha y lo confió a Licomedes, rey de Esciros, en cuyo palacio vivió con el nombre de Cercisera, Aisa o Pirra, y tuvo un amorío con Deidamía, la hija de Licomedes, quien le dio un hijo llamado Pirro y más tarde Neoptólemo. Pero algunos dicen que Neoptólemo era hijo de Aquiles e Ifigenia[639].

k. Odiseo, Néstor y Áyax fueron enviados en busca de Aquiles a Esciros, donde según los rumores se hallaba oculto. Licomedes les dejó registrar el palacio, y tal vez no hubieran descubierto nunca a Aquiles si Odiseo no hubiera dejado un montón de regalos —en su mayoría joyas, ceñidores y vestidos bordados— en el vestíbulo y pedido a las damas de la corte que tomaran lo que más les gustase. Luego Odiseo ordenó que de pronto tocaran la trompeta y chocaron las armas fuera del palacio, y tal como esperaba una de las muchachas se desnudó hasta la cintura y tomó el escudo y la lanza que había incluido entre los regalos. Era Aquiles, quien acto seguido prometió llevar a los mirmidones a Troya[640].

l. Algunos autores desdeñan esto como un cuento fantástico y dicen que Néstor y Odiseo en su viaje de reclutamiento llegaron a Ftía, donde fueron agasajados por Peleo, quien permitió de buena gana que Aquiles, que entonces tenía quince años de edad, fuera con ellos bajo la tutoría de Fénix, el hijo de Amintor y Cleóbule y que Tetis le dio un bello cofre con inscrustáciones lleno con túnicas, capas a pruebas del viento y gruesas mantas para el viaje[641]. Este Fénix había sido acusado
por Ftía, la amante de su padre, de haberla violado. Amintor cegó a Fénix y al mismo tiempo le maldijo para que no tuviera hijos, y fuera cierta o falsa la acusación, el hecho es que no los tuvo. Sin embargo, huyó a Ftía, donde Peleo no sólo convenció a Quirón para que le devolviera la vista, sino que además le nombró rey de los vecinos dólopes. Fénix se ofreció voluntariamente para ser el guardián de Aquiles, quien, por su parte, se encariñó mucho con él. Algunos sostienen, en consecuencia, que la ceguera de Fénix no era una verdadera pérdida de la vista, sino metafórica y referente a su impotencia, maldición que anuló Peleo haciéndolo segundo padre de Aquiles[642].

m. Aquiles tenía un compañero inseparable: su primo Patroclo, que era mayor que él, pero no tan fuerte, ni tan rápido, ni tan bien nacido. A veces se llama al padre de Patroclo Menecio de Opunte y otras veces Éaco; y a su madre se le llama variadamente Esténele, hija de Acasto; Periopis, hija de Feres; Polimela, hija de Peleo; o Filomela, hija de Actor[643]. Había huido a la corte de Peleo después de matar a Clitónimo, o Eanes, hijo de Anfidamante, en una disputa durante un juego de dados[644].

n. Cuando la flota griega estaba ya formada en Áulide, una playa protegida en el estrecho de Eubea, los enviados cretenses llegaron para anunciar que su rey Idomeneo, hijo de Deucalión, llevaría cien naves a Troya si Agamenón accedía a compartir con él el mando supremo, condición que fue aceptada. Idomeneo, anterior pretendiente de Helena y famoso por su belleza, llevó como su segundo a Meriones, hijo de Molo, de quien se decía que era uno de los hijos bastardos de Minos. Llevaba en el escudo la figura de un gallo, porque descendía de Helio, y se cubría la cabeza con un yelmo adornado con colmillos de jabalí[645]. Así la expedición se convirtió en una empresa heleno-cretense. Las fuerzas de tierra helenas estaban al mando de Agamenón, con Odiseo, Palamedes y Diomedes como sus segundos; y la flota helena al mando de Aquiles, con el apoyo de Áyax el Grande y Fénix[646].

o. El mejor consejero de Agamenón era el rey Néstor de Pilos, cuya sabiduría no tenía rival y cuya elocuencia era más dulce que la miel. Gobernó a tres generaciones de hombres, pero, a pesar de su mucha edad, seguía siendo un combatiente audaz y el único caudillo que superaba al rey ateniense Menesteo en las tácticas de la caballería y la infantería. Su sólido juicio era compartido por Odiseo y ambos aconsejaban siempre lo mismo para la buena marcha de la guerra[647].

p. Ayax el Grande, hijo de Telamón y Peribea, provenía de Salamina. Solo cedía el primer puesto a Aquiles en valor, fuerza y belleza, y su cabeza y sus hombros se alzaban a más altura que los de su rival más cercano. Llevaba un escudo impenetrable hecho con siete cueros de toro. Su cuerpo era invulnerable, excepto en el sobaco y, según dicen algunos, en el cuello, a causa del encantamiento de que le había hecho objeto Heracles[648]. Cuando subió a bordo de su nave, Telamón le dio este consejo de despedida: «Fija tu atención en la consquista, pero siempre con la ayuda de los dioses.» Ayax se jactó: «Con la ayuda de los dioses cualquier cobarde o tonto puede alcanzar la gloria. ¡Yo confío en hacerlo inclusive sin ellos!» Por esta jactancia, y otras parecidas, incurrió en la ira divina. En una ocasión en que Atenea acudió a animarle en la batalla, él le contestó a gritos: «¡Aléjate de aquí, diosa, y anima a mis compañeros griegos, pues por donde estoy yo nunca pasará enemigo!»[649]. Teucro, el hermanastro de Áyax, hijo bastardo de Telamón y Hesíone, y el mejor arquero de Grecia, solía luchar desde detrás del escudo de Áyax y corría a refugiarse en él como un niño en los brazos de su madre[650].

q. El locrio Áyax el Pequeño, hijo de Oileo y Eriopis, aunque pequeño, superaba a todos los griegos en el manejo de la lanza y era el más rápido después de Aquiles. Era el tercer miembro del grupo de combatientes de Áyax el Grande y se le podía reconocer fácilmente por su peto de lino y la serpiente amaestrada, más larga que un hombre, que le seguía a todas partes como un perro[651]. Su hermanastro Medonte, hijo bastardo de Oileo y la ninfa Rene, provenía de Filase, adonde había sido desterrado por haber matado al hermano de Eriopis[652].

r. Diomedes, el hijo de Tideo y Deípile, provenía de Argos y le acompañaban otros dos epígonos; Esténelo, hijo de Capaneo, y Euríalo, el argonauta, hijo de Mecisteo. Había estado profundamente enamorado de Helena y tomó su rapto por Paris como una afrenta personal[653].

s. Tlepólemo, el argivo, hijo de Heracles, llevó nueve naves desde Rodas[654].

t. Antes de zarpar de Áulide la flota griega recibió provisiones de cereal, vino y otros abstecimientos de Anio, rey de Délos, a quien Apolo había engendrado secretamente con Reo, hija de Estáfilo y Crisótemis. Reo fue encerrada en un cofre y arrojada al agua por su padre cuando descubrió que estaba encinta, pero las olas la llevaron a la costa de Eubea, donde dio a luz a un niño al que llamó Anio a causa de la cuita que había sufrido por él; y Apolo le hizo su rey-sacerdote profético en Délos. Algunos dicen, no obstante, que el cofre en que estaba Reo fue directamente a parar en Délos[655].

u. Con su esposa Doripe tuvo Anio tres hijas: Elais, Espermo y Eno, a las que llaman las Viticultoras; y un hijo, Andrón, rey de Andros, a quien Apolo enseñó el arte del augurio. Como él mismo era un sacerdote de Apolo, Anio dedicó las Viticultoras a Dioniso, pues deseaba que su familia estuviera bajo la protección de más de un dios. En reciprocidad le concedió Dioniso que todo lo que tocara Elais después de invocar su ayuda se convirtiera en aceite; todo lo que tocara Espermo, en cereal; y todo lo que tocara Eno, en vino[656]. Así a Anio le fue bastante fácil abastecer a la flota griega. Pero Agamenón no estaba satisfecho; envió a Menelao y Odiseo a Délos para que preguntasen a Anio si podían llevar a las Viticultoras en la expedición. Anio rechazó la petición y le dijo a Menelao que era voluntad de los dioses que Troya fuese tomada sólo al cabo de diez años. «¿Por qué no os quedáis todos en Délos durante ese período intermedio? —sugirió hospitalariamente—. Mis hijas os tendrán abastecidos con comida y bebida hasta el décimo año y luego os acompañarán a Troya si es necesario.» Pero como Agamenón había ordenado estrictamente: «¡Traédmelas, lo consienta o no Anio!», Odiseo ató a las Viticultoras y las obligó a embarcarse en su nave[657]. Las tres huyeron, dos de ellas a Eubea y la otra a Andros, y Agamenón envió naves en su persecución y amenazó con la guerra si no se entregaban. Las tres se entregaron, pero invocaron a Dioniso, quien las transformó en palomas, y desde entonces las palomas están muy protegidas en Délos[658].

v. En Aulide, mientras Agamenón hacía sacrificios a Zeus y Apolo, una serpiente azul con marcas de color de sangre en el lomo salió de debajo del altar y fue directamente a un hermoso sicómoro que crecía en las cercanías. En la rama más alta había un nido de gorriones que contenía ocho crías y su madre; la serpiente los devoró a todos y luego, todavía enrollada en la rama, fue convertida en piedra por Zeus. Calcante explicó este portento de manera que reforzaba la profecía de Anio: debían pasar nueve años antes que se pudiera tomar a Troya, pero sería tomada. Zeus, además, alentó a toda la tripulación con un relámpago lanzado con la mano derecha en el momento en que zarpaba la flota[659].

w. Algunos dicen que los griegos partieron de Aulide un mes después de que Agamenón hubiese convencido a Odiseo para que se les uniera, y Calcante los condujo a Troya con ayuda de su doble vista. Otros, que Enone envió a su hijo Corito para que los guiara[660]. Pero, según una tercera versión más generalmente aceptada, no tenían piloto y fueron por error a Misia, donde desembarcaron y comenzaron a saquear la región, confundiéndola con Tróade. El rey Télefo les hizo retroceder a sus naves y mató al valiente Tersandro, hijo del tebano Polinices, el único que se mantuvo firme. Entonces corrieron hacia él Aquiles. y Patroclo, a la vista de los cuales Télefo se volvió y huyó por la orilla del río Caico. Ahora bien, los griegos habían hecho sacrificios a Dioniso en Aulide, en tanto que los misios le habían olvidado; en consecuencia, y como castigo, Télefo se trabó en una vid que surgió inesperadamente de la tierra y Aquiles le hirió en el muslo con la famosa lanza que sólo él podía manejar, regalo de Quirón a su padre Peleo[661].

x. Tersandro fue enterrado en la Elea misia, donde tiene ahora un altar de héroe; el mando de sus beocios pasó primeramente a Peneleo, y luego, cuando a éste le mató Eurípilo, el hijo de Télefo, a Tisámeno, hijo de Tersandro, quien todavía no era mayor de edad cuando murió su padre. Pero algunos pretenden que Tersandro sobrevivió y fue uno de los que se ocultaron en el Caballo de Madera[662].

y. Después de lavar sus heridas en las aguas termales jonias de las cercanías de Esmirna, llamadas «Los Baños de Agamenón», los griegos se hicieron una vez más a la mar, pero una violenta tormenta desencadenada por Hera diseminó sus naves y cada capitán se dirigió hacia su país. Fue en esa ocasión cuando Aquiles desembarcó en Esciros y se casó formalmente con Deidamía[663]. Algunos creen que Troya cayó veinte años después del rapto de Helena, que los griegos hicieron esa falsa salida en el segundo año y que pasaron ocho años antes que volvieran a embarcarse. Pero es mucho más probable que su consejo de guerra en la Helenia espartana se realizara en el mismo año de su retirada de Misia; se dice que todavía se hallaban muy perplejos porque no tenían un piloto competente que los condujera a Troya[664] .

z. Entretanto, la herida de Télefo seguía enconada y Apolo anunció que sólo se podría curar con su causa. En consecuencia fue a ver a Agamenón en Micenas, vestido con harapos como un suplicante, y por consejo de Clitemestra sacó al infante Orestes de su cuna. «¡Matare a tu hijo —gritó— si no me curas!» Pero Agamenón, a quien había advertido un oráculo que los griegos no tomarían Troya sin el consejo de Télefo, se dispuso de buena gana a ayudarle si él guiaba su flota a
Troya. Cuando Télefo accedió, Aquiles, por pedido de Agamenón, raspó un poco del orín de su lanza en la herida y así la curó; con la ayuda complementaria de la hierba achilleos, un vulnerario que él mismo había descubierto[665]. Posteriormente Télefo se negó a unirse a la expedición, alegando que su esposa, Laódice, llamada también Hiera y Astíoque, era hija de Príamo; pero indicó a los griegos el rumbo que debían seguir, y Calcante confirmó la exactitud de su consejo mediante la adivinación[666].

1.      Después de la caída de Cnosos, hacia el año 1400 a. de C, se produjo una contienda por el poderío marítimo entre los pueblos del Mediterráneo oriental. Esto se refleja en el relato de Herodoto, que Juan Malalas apoya (véase 58.4), de las invasiones que precedieron al rapto de Helena, y en la relación de Apolodoro de cómo París invadió Sidón (véase 159.t) y la gente de Agamenón, Misia. Una confederación troyana era el principal obstáculo para las ambiciones mercantiles griegas, hasta que el rey supremo de Micenas reunió a los aliados, incluyendo a los señores griegos de Creta, para un ataque conjunto a Troya. La guerra naval, y no el sitio de Troya, puede muy bien haber durado nueve o diez años.

2.      Entre los aliados independientes de Agamenón se hallaban los habitantes de las islas de Itaca, Samos, Duliquio y Zacinto al mando de Odiseo; los tesalios meridionales al mando de Aquiles; y sus primos eácidas de Lócride y Salamina, al mando de los dos Ayantes. Estos caudillos eran difíciles de manejar y Agamenón sólo consiguió que no se pelearan entre ellos mediante la intriga, con el apoyo leal de sus secuaces peloponenses Menelao de Esparta, Diomedes de Argos y Néstor de Pilos. La repudiación de Ayax de los dioses olímpicos y su afrenta a la Atenea nacida de Zeus han sido mal interpretados como pruebas de ateísmo; representan más bien su conservadurismo religioso. Los Eácidas eran de origen lélege y adoraban a la diosa pre-helénica (véase 158.8 y 168.2).

3.      Los tebanos y atenienses se mantuvieron, al parecer, al margen de la guerra; aunque se menciona a fuerzas atenienses en el Catálogo de las naves, no desempeñan un papel memorable delante de Troya. Pero la presencia del rey Menesteo ha sido destacada para justificar la posterior expansión ateniense a lo largo de la costa del Mar Negro (véase 162.3). Odiseo es una figura clave en la mitología griega A pesar de haber nacido de una hija del dios Sol corintio y de haber conseguido a Penélope en una anticuada carrera pedestre, viola la antigua regla matrilocal al insistir en que Penélope vaya a su reino, y no él al de ella (véase 137.4). También, como su padre, Sísifo (véase 67.2), y Cíniras de Creta (véase 18J), se niega a morir al final del período que le corresponde, lo que constituye la alegoría central de la Odisea (véase 170.1 y 171.3). Odiseo, además, es el primer personaje mítico al que se le atribuye una peculiaridad física que no viene al caso: piernas cortas en proporción con su cuerpo, de modo que «parece más noble sentado que de pie». La cicatriz en el muslo, sin embargo, debe ser interpretada como una señal de que eludió la muerte obligatoria para los reyes del culto del jabalí (véase 18.3 y 151.2).

4.      La supuesta locura de Odiseo, aunque de acuerdo con su insólita renuencia a actuar como correspondía a un rey, parece haber sido mal constatada. Lo que hizo fue demostrar proféticamente la inutilidad de la guerra para la que le habían convocado. Llevando un sombrero cónico que caracterizaba al mistagogo o adivino, araba un campo de un lado a otro. El buey y el asno representaban a Zeus y Crono, o el verano y el invierno; y cada surco, sembrado con sal, un año inútil. Palamedes, quien poseía también facultades proféticas (véase 52.6), se apoderó de Telémaco y detuvo el arado, sin duda en el décimo surco, colocándolo delante de la yunta; con ello indicó que la batalla decisiva, que es lo que significa «Telémaco», se realizaría entonces.

5.      Aquiles, personaje más conservador, se oculta entre las mujeres, como corresponde a un héroe solar (Diosa Blanca, p. 280) y toma las armas en el cuarto mes, cuando el Sol ha pasado del equinoccio y por tanto de la tutela de su madre, la Noche. A los muchachos cretenses los llamaban scofioi, «hijos de la oscuridad» (véase 27.2), mientras se hallaban confinados en los departamentos de las mujeres y todavía no les había dado armas la sacerdotisa-madre (véase 121.j). En el Mabinogion, la artimaña de Odiseo para armar a Aquiles es utilizada por Gwydion (el dios Odin, o Woden) en una ocasión análoga: deseando liberar a Llew Llaw Gyffes, otro héroe solar, del poder de su madre, Arianrhod, crea un ruido de batalla fuera del castillo y la asusta, haciendo que entregue a Llew Llaw la espada y el escudo. La galesa es probablemente la versión más antigua del mito, el que los argivos dramatizaban el primer día del cuarto mes con una lucha entre muchachos vestidos con ropas de muchachas y mujeres vestidas con ropas de hombres, y al festival lo llamaban Hibrística («comportamiento vergonzoso»). Su excusa histórica era que a comienzos del siglo V la poetisa Telesila con una compañía de mujeres, había conseguido defender a Argos contra el rey Cleómenes de Esparta después de la derrota total del ejército argivo (Plutarco: Sobre las virtudes de las mujeres 4). Como Patroció tiene un nombre inapropiadamente patriarcal («gloria del padre»), puede haber sido en otro tiempo Fénix («color de sangre»), el mellizo y heredero de Aquiles bajo el sistema matrilineal.

6.      Todos los caudillos griegos que lucharon delante de Troya eran reyes sagrados. La serpiente domada de Áyax el Pequeño no puede haberle acompañado en la batalla: no la tenía hasta que se convirtió en héroe oracular. El yelmo con colmillos de jabalí de Idomeneo, atestiguado por los hallazgos hechos en Creta y la Grecia micénica, quizá lo llevaba originalmente el heredero (véase 18.7); su gallo, consagrado al sol y que representaba a Zeus Velcano, tiene que ser una adición posterior a Homero, porque la gallina doméstica no llegó a Grecia hasta el siglo VI a. de C. El dibujo original es probable que fuera una perdiz macho (véase 92.1). Esos escudos pesados consistían en cueros de toro cosidos unos a otros, con las extremidades redondeadas y el centro recortado, formando la figura del ocho, para el uso ritual. Cubrían todo el cuerpo desde la barbilla hasta los tobillos. Aquiles («sin labio») parece haber sido un título común de los héroes oraculares, pues hay cultos de Aquiles en Esciros, Ftía y la Elide (Pausanias: vi.23.3).

7.      Reo, hija de Estáfilo y Crisótemis («Granada, hija de Racimo de Uvas y Orden Dorado»), fue a Délos en un cofre y es la conocida diosa de la fertilidad con su nave de la luna nueva. También aparece en tríada como sus nietas las Viticultoras, cuyos nombres significan «aceite de oliva», «grano» y «vino». Su madre es Doripe, o «yegua regalada», lo que sugiere que Reo era la Deméter de cabeza de yegua (véase 16.5). Su culto sobrevive en forma rudimentaria en el kernos[667] de tres copas, vasija que utilizan los sacerdotes ortodoxos griegos para guardar los donativos de aceite, grano y vino que llevan a la iglesia para su santificación. Un kernos del mismo tipo se encontró en una tumba minoica primitiva de Koumasa; y las Viticulturas, que eran bisnietas de Ariadna, fueron sin duda a Délos desde Creta (véase 27.8).

8.      La dificultad de los griegos para hallar el camino que llevaba a Troya se contradice con la facilidad con que Menelao había navegado hasta allá; quizás en la leyenda original la Afrodita troyana les hizo objeto de un hechizo que veló su memoria, como más tarde dispersó la flota en el viaje de vuelta (véase 169.2).

9.      El tratamiento de la herida de lanza por Aquiles, basado en el antiguo principio homeopático de que «lo semejante cura a lo semejante», recuerda el empleo por Melampo del orín de un cuchillo de castrar para curar a Ificles (véase 72.e).

10.  Las Ménades, en las pinturas de los vasos, tienen a veces los miembros tatuados con un dibujo de trama y urdimbre en forma de escalera de mano. Si sus rostros estaban en un tiempo igualmente tatuados como un camuflaje para la orgía en el bosque, esto podría explicar el nombre de Penélope («con una tela de araña sobre el rostro») como un título de la diosa orgiástica de la montaña; alternativamente, puede haber llevado una red en sus orgías, como Dictina y la diosa británica Goda (véase 89.2 y 3). El supuesto nacimiento de Pan de Penélope, después de haber dormido promiscuamente con todos sus pretendientes durante la ausencia de Odiseo (véase 161.l), indica la existencia de una tradición de orgías sexuales pre-helenas; el pato penélope, como el cisne, era probablemente un ave totémica de Esparta (véase 62.3-4).

11.  Hasta ahora ningún comentarista se ha molestado en explicar con precisión por qué el nido de pájaros de Calcante tuvo que ser puesto en un sicómoro y devorado por una serpiente; pero el hecho es que las serpientes mudan de piel cada año y se renuevan, y lo mismo hacen los sicómoros, lo que hace a ambos símbolos de regeneración. Calcante sabía, por tanto, que los pájaros devorados representaban años y no meses. Aunque posteriormente se lo apropió Apolo, el sicómoro era el árbol sagrado de la Diosa en Creta y Esparta (véase 58.3), porque su hoja se parecía a una mano verde con los dedos extendidos para bendecir, gesto que se encuentra con frecuencia en sus estatuillas antiguas. Las manchas azules de la serpiente demostraban que era enviada por Zeus, quien tenía su nimbo azul como dios del firmamento. Las naves de juguete de Cíniras quizás reflejan una costumbre chipriota tomada de Egipto: la de enterrar naves de terracota junto a los príncipes muertos para su viaje al otro mundo.

12.  Las cincuenta hijas de Cíniras transformadas en alciones sería un colegio de sacerdotisas de Afrodita. Uno de sus títulos era «Alcíone», «la reina que desvía [las tormentas]», y los alciones, o martín pescadores, que estaban consagrados a ella, presagian las calmas (véase 45.2).


161.  LA SEGUNDA REUNIÓN EN AULIDE


a. Calcante, el hermano de Leucipe y Teonoé, había aprendido el arte de la profecía de su padre Téstor. Un día Teonoé caminaba por la orilla del mar cerca de Troya cuando unos piratas carios la raptaron y se convirtió en la amante del rey ícaro. Téstor salió inmediatamente en su persecución, pero naufragó en la costa de Caria y fue apresado por Icaro. Varios años después Leucipe, que era una niña cuando se produjeron esos tristes acontecimientos, fue a Delfos en busca de noticias de su padre y su hermana. La Pitonisa le aconsejó que se disfrazara de sacerdote de Apolo y fuera a Caria en busca de ellos. Leucipa, obedientemente, se rapó la cabeza y fue a la corte del rey Icaro; pero Teonoé, que no descubrió el disfraz, se enamoró de ella y le dijo a uno de los guardias: «¡Trae a ese joven sacerdote a mi dormitorio!» Leucipe, quien tampoco reconoció a Teonoé, temiendo que la condenaran a muerte como impostora, la rechazó; en vista de lo cual Teonoé, como no podía pedir a los sirvientes del palacio que cometieran un sacrilegio matando a un sacerdote, ordenó que lo hiciera uno de los prisioneros extranjeros y envió una espada para que la utilizara.

b. Ahora bien, el prisionero elegido fue Téstor, quien fue al dormitorio en el que estaba encerrada Leucipe, le mostró la espada y desesperadamente le contó su historia. «No te mataré, señor —le dijo—, ¡porque yo también adoro a Apolo y prefiero suicidarme! Pero deja que antes te revele mi nombre: soy Téstor, hijo del argonauta Idmón,. un sacerdote troyano.» Estaba a punto de hundirse la espada en el pecho cuando Leucipe se la quitó y exclamó: «¡Padre, padre! ¡Yo soy Leucipe, tu hija! No vuelvas esta arma contra ti mismo; utilízala para matar a la abominable concubina del rey Icaro. ¡Ven, sigúeme!» Corrieron a la habitación de bordar de Teonoé. «¡Ah, lasciva! —gritó Leucipe, irrumpiendo en la habitación y arrastrando tras sí a Téstor—. Prepárate para morir a manos de mi padre, Téstor, hijo de Idmón.» Al oír eso, fue Teonoé quien gritó: «¡Padre, padre!». Y después de haber derramado los tres lágrimas de alegría y dado gracias a Apolo, el rey Icaro los envió generosamente a su patria, cargados con regalos[668].

c. Ahora bien, Príamo, después de rechazar la exigencia de Agamenón de que devolviera a Helena, envió a Calcante, el hijo de Téstor, y sacerdote de Apolo, a que consultase con la Pitonisa de Delfos. Habiendo predicho la caída de Troya y la ruina total de la casa de Príamo, ordenó a Calcante que se uniese a los griegos e impidiese que levantaran el sitio hasta que obtuvieran la victoria. Calcante hizo luego un juramento de amistad con Aquiles, quien lo alojó en su casa, y poco después lo presentó a Agamenón[669].

d. Cuando la flota griega se reunió por segunda vez en Áulide, pero fue retenida allí durante muchos días por vientos contrarios, Calcante profetizó que no podrían zarpar si Agamenón no sacrificaba a Ártemis la más bella de sus hijas. Se discute cuál fue el motivo del enojo de Ártemis. Algunos dicen que, al matar a un ciervo desde larga distancia, Agamenón se jactó: «¡Ártemis misma no habría podido hacerlo mejor!»; o que había matado a su cabra sagrada; o que había prometido ofrecerle la criatura más bella nacida ese año en su reino, que casualmente resultó ser Ifigenia; o que su padre Atreo le había negado un cordero dorado que le debía[670]. De todos modos, Agamenón se negó a hacer lo que se esperaba de él, alegando que Clitemestra jamás dejaría ir a Ifigenia. Pero cuando los griegos juraron: «Transferiremos nuestra fidelidad a Palamedes si sigue obstinándose», y cuando Odiseo, fingiendo que se enojaba, se preparó para volver a su casa, Menelao intervino como reconciliador. Sugirió que Odiseo y Taltibio fuesen en busca de Ifigenia para llevarla a Aulíde con el pretexto de casarla con Aquiles como recompensa por sus temerarias hazañas en Misia. Agamenón aceptó esa artimaña, y aunque inmediatamente envió un mensaje secreto advirtiendo a Clitemestra que no creyera a Odiseo, Menelao lo interceptó, y ella, víctima del engaño, dejó que llevaran a Ifigenia a Áulide.

e. Cuando Aquiles descubrió que se había abusado de su nombre, se encargó de proteger a Ifigenia de todo daño, pero ella consintió noblemente en morir por la gloria de Grecia y ofreció su cuello al hacha de los sacrificios sin una palabra de queja. Algunos dicen que en el momento perentorio Ártemis la llevó al Quersoneso Táurico, sustituyéndola en el altar por una cierva, o una osa, o una anciana. Otros dicen que se oyó un trueno y que, por orden de Ártemis y súplica de Clitemestra, intervino Aquiles, quien salvó a Ifigenia y la envió a Escitia; o que se casó con ella, y que ella, y no
Deidamía, dio a luz a Neoptólemo[671].

f. Pero muriera o salvara su vida Ifigenia, dejó de soplar el fuerte viento del nordeste y la flota por fin zarpó. Primeramente hicieron escala en Lesbos, donde Odiseo entró en la liza contra el rey Filomélides, quien obligaba siempre a sus huéspedes a luchar con él; y entre los vítores de todos los griegos presentes lo venció ignominiosamente. Luego desembarcaron en Ténedos, que es visible desde Troya, y estaba entonces gobernada por Tenes, quien, aunque según la opinión común era hijo de Cicno y Proclea, hija de Laomedonte, podía llamar padre a Apolo[672].

g. Este Cicno, hijo de Posidón y Cálice, o Harpale, gobernaba en Colona. Había nacido en secreto y fue abandonado en la orilla del mar, pero lo encontraron unos pescadores que vieron cómo un cisne descendía volando para consolarle6. Después de la muerte de Proclea se casó con Pilonóme, hija de Trágaso; ella se enamoró de su hijastro Tenes, pero como no pudo seducirlo le acusó vengativamente de haber tratado de violarla. Llamó al flautista Molpo como testigo, y Cicno, que les creyó, encerró a Tenes y su hermana Hemítea en una urna y los dejó a la deriva en el mar. Fueron arrojados a tierra en la isla de Ténedos, desde entonces llamada Leucofris, que significa «frente blanca»[673]. Más tarde, cuando Cicno supo la verdad, hizo que lapidaran a Molpo, enterró viva a Pilonóme y, enterado de que Tenes sobrevivía y se hallaba .en Ténedos, se apresuró a ir allá para confesar su error. Pero Tenes, inexorablemente, cortó con un hacha los cables de la nave de Cicno; y de aquí proviene la expresión proverbial para una negativa airada: «Le cortó con un hacha de Ténedos.» Sin embargo, al final Tenes se ablandó y Cicno se estableció cerca de él en Ténedos[674].

h. Ahora bien, Tetis había advertido a Aquiles que si alguna vez mataba a un hijo de Apolo moriría a manos de Apolo; y un sirviente llamado Mnémon le acompañaba con el único propósito de recordarle eso. Pero Aquiles, cuando vio que Tenes arrojaba una gran piedra desde un risco contra las naves griegas, nadó hasta la costa e irreflexivamente le atravesó el corazón con la lanza. Luego los griegos desembarcaron y saquearon Ténedos; y dándose cuenta demasiado tarde dé lo que había
hecho, Aquiles condenó a muerte a Memnón porque no le había recordado las palabras de Tetis. Enterró a Tenes donde se halla ahora su templo; ningún flautista puede entrar en él, ni se puede mencionar el nombre de Aquiles[675]. Aquiles mató también a Cicno con un golpe en la cabeza, su única parte vulnerable; y persiguió a Hemítea, quien huyó de él transformada en una cierva, pero la habría alcanzado y violado si no la hubiera tragado la tierra. Fue también en Ténedos donde Aquiles se peleó por primera vez con Agamenón, a quien acusó de que le había invitado a unirse a la expedición como una ocurrencia tardía[676].

i. Palamedes ofreció una hecatombe a Apolo Esminteo en agradecimiento por la victoria en Ténedos, pero mientras lo hacía una culebra de agua se acercó al altar y mordió a Filoctetes, el arquero famoso, en el pie. Ni ungüentos ni fomentos sirvieron para nada, y la herida se puso tan fétida y Filoctetes lanzaba gemidos tan fuertes que el ejército ya no podía tolerar su compañía. En consecuencia, Agamenón ordenó a Odiseo que lo llevara a tierra y lo dejara en un distrito desierto de Lemnos, donde vivió durante varios años matando pájaros, y Medón asumió el mando de sus tropas[677].

j. Según otra versión, el accidente se produjo en Crise, un islote frente a Lemnos que luego ha desaparecido bajo el mar. Allí, o bien la ninfa Crise se enamoró de Filoctetes y, cuando él hechazó sus requerimientos, hizo que una víbora le mordiese mientras excavaba la tierra de un altar subterráneo de Atenea Crise; o bien una serpiente que guardaba el templo de Atenea le mordió cuando se acercó demasiado[678].

k. Según una tercera versión, Filoctetes fue mordido en Lemnos misma por una serpiente que envió Hera como castigo porque se había atrevido a encender la pira fúnebre de Heracles. En aquel momento contemplaba extasiado el altar erigido a Atenea por Jasón y se proponía erigir otro a Heracles[679].

l. Según una cuarta versión, Filoctetes fue mordido mientras admiraba la tumba de Troilo en el templo de Apolo Timbreo[680]. Según una quinta, le hirió una de las flechas envenenadas de Heracles. Se dice que Heracles le había hecho jurar que nunca divulgaría el paradero de sus cenizas enterradas, pero cuando los griegos se enteraron de que Troya no podía ser saqueada sin utilizar las flechas de Heracles, fueron en busca de Filoctetes. Aunque al principio negó todo conocimiento de Heracles, terminó diciéndoles exactamente lo que había sucedido en el monte Eta, por lo que le preguntaron ansiosamente dónde podían encontrar la tumba. Se negó a responder a esa pregunta, pero ellos insistieron tanto que fue al lugar, y allí, sin hablar, pisoteó el terreno. Posteriormente, cuando pasaba junto a la tumba en su camino a la guerra de Troya, una de las flechas de Heracles saltó de la aljaba y le atravesó el pie: advertencia de que no se pueden revelar los secretos divinos ni siquiera mediante una señal o insinuación[681].

1.      La obra dramática perdida de la que Higinio ha tomado la fábula de Téstor y sus hijas muestra a los dramaturgos griegos en su aspecto más teatral; carece de valor mitológico.

2.      Una versión del mito de la «hija de Jefté» (véase 169.5) parece haber sido confundida con el sacrificio por Agamenón de una sacerdotisa en Áulide, acusada de levantar vientos contrarios mediante la hechicería; Sir Francis Drake ahorcó en una ocasión a uno de sus marineros, un espía a sueldo de Cecil, basándose en la misma acusación. Al parecer, la acción despótica de Agamenón ofendió a la opinión conservadora en su patria, pues las mujeres estaban tradicionalmente exentas del sacrificio. Los taurios, a los que, según se dice, envió Ártemis a Ifigenia, vivían en Crimea y adoraban a Ártemis como matadora de hombres; Orestes, el hijo de Agamenón, cayó en sus garras (véase ll6.í).

3.      La lucha de Odiseo con el rey Filomélides, cuyo nombre significa «amado por las ninfas de las manzanas», está tomada probablemente de una ilustración conocida que mostraba la contienda ritual en la que el rey viejo es vencido por el nuevo, que recibe una rama de manzano (véase 53.b).

4.      Aquiles mató a un segundo Cicno (véase 162.l); Heracles mató a un tercero (véase 143.g) y Zeus impidió que matara a un cuarto (véase 133.á). El nombre implicaba que los cisnes conducían a esas almas regias al Paraíso Septentrional. Cuando Apolo aparece en las obras de arte antiguas montado en un cisne, o en un carro tirado por cisnes (Overbeck: Griechische Kunstmythologie) en una visita a los Hiperbóreos, es una manera cortés de representar la muerte anual de su representante en el solsticio estival. Entonces los cisnes cantores vuelan hacia el norte para dirigirse a sus criaderos en el círculo Ártico, y mientras vuelan hacen oír dos notas como de trompeta. Por eso dice Pausanias (i.30.3) que los cisnes están versados en el arte de las Musas. «Los cisnes cantan antes de morir»: el alma del rey sagrado parte al son de la música.

5.      Se ha asociado a la herida de Filoctetes con muchas localidades diferentes porque la ilustración de la que se deriva esta fábula era muy corriente. Es el rey sagrado de Ténedos, Lemnos, Eubea o cualquier otro Estado de Hélade al que hiere en el pie una flecha envenenada (véase 126.3, 164.l y 166.e) junto al altar de la diosa.

6.      Heracles no fue el único rey sagrado cuya tumba siguió siendo un secreto; ésta parece haber sido una práctica común en el Istmo de Corinto (véase 67.;) y entre los hebreos primitivos (Deuteronomio xxxiv.6).

7.      Tenes arrojando piedras puede ser una interpretación errónea de una ilustración que muestra a un héroe-sol empujando el canto rodado del sol hacia el cénit (véase 67.2), pues Talos, un héroe-sol cretense, también arrojaba piedras cuando se acercaban los barcos (véase 154.h). En esta ilustración las naves sólo indicarían que Creta, o Ténedos, era una potencia naval.


162.  NUEVE AÑOS DE GUERRA


a. Se discute en qué momento los griegos enviaron mensajes a Príamo para exigir que devolviera a Helena y la propiedad de Menelao. Algunos dicen que poco después de haber desembarcado la expedición en Tróade; otros que antes de que las naves se reunieran en Áulide; pero se afirma generalmente que la embajada, compuesta por Menelao, Odiseo y Palamedes, partió de Ténedos[682]. Sin embargo, los troyanos, que estaban decididos a retener a Helena, habrían dado muerte a todos ellos si Antenor, en cuya casa se alojaron, no hubiera impedido esa acción vergonzosa[683].

b. Ofendidos por esta obstinación, los griegos partieron de Ténedos y anclaron sus naves a la vista de Troya. Inmediatamente los troyanos corrieron en tropel a la orilla del mar y trataron de rechazar a los invasores con una lluvia de piedras. Mientras todos los demás vacilaban —inclusive Aquiles, a quien Tetis había advertido que el primero que desembarcase sería el primero que moriría— Protesilao saltó a tierra, mató a varios troyanos y fue muerto por Héctor; o quizá fue Euforbo, o
Acates, el amigo de Eneas[684].

c. Este Protesilao, tío de Filoctetes e hijo del Ificles al que Melampo curó de la impotencia, se llamaba anteriormente Yolao, pero se le cambió el nombre a causa de la circunstancia de su muerte[685]. Yace enterrado en el Quersoneso tracio, cerca de la ciudad de Eleo, donde se le rinden ahora honores divinos. Altos olmos, plantados por ninfas, se alzan en su recinto y dan sombra a la tumba. Las ramas que hacen frente a Troya al otro lado del mar echan pronto hojas, pero las pierden al poco tiempo, en tanto que las del otro lado siguen verdes en el invierno. Cuando los olmos crecen a tal altura que las murallas de Troya pueden ser vistas claramente por un hombre apostado en las ramas superiores, se marchitan, pero de las raíces vuelven a brotar vastagos[686].

d. Laodamía, esposa de Protesilao e hija de Acasto (a la que algunos llaman Polidora, hija de Meleagro) lo echaba tanto de menos que tan pronto como él se embarcó para Troya hizo su estatua de bronce, o de cera, y la puso en su lecho. Pero éste era un pobre consuelo, y cuando llegó la noticia de su muerte Laodamía suplicó a los dioses que se compadecieran y permitieran que Protesilao la visitara, aunque sólo fuera durante tres horas. Zeus Omnipotente accedió al pedido de Laodamía y Hermes llevó el ánima de Protesilao desde el Tártaro para que animara la estatua. Hablando con la boca de ésta, Protesilao suplicó a su esposa que no se demorara en seguirlo, y en cuanto hubieron pasado las tres horas ella se mató de una puñalada abrazada a él[687]. Otros dicen que Acasto, el padre de Laodamía, la obligó a volver a casarse, pero ella pasaba sus noches con la estatua de Protesilao, hasta que un día un sirviente que llevaba manzanas para un sacrificio de madrugada miró a través de una grieta en la puerta del dormitorio y la vio abrazada a lo que creyó ser un amante. Corrió a decírselo a Acasto, quien irrumpió en la habitación y descubrió la verdad. Para que su hija no se torturase con un deseo inútil, Acasto ordenó que se quemase la estatua, pero Laodamía se arrojó en las llamas y pereció con ella[688].

e. Según otra tradición, Protesilao sobrevivió a la guerra de Troya y se hizo a la mar con rumbo a su patria. Llevaba como prisionera a Etna, hermana de Príamo. En el camino desembarcó en la península macedonia de Pelene, pero mientras se hallaba en tierra buscando agua Etila convenció a las otras cautivas para que quemaran las naves, y Protesilao, obligado así a quedarse en Pelene, fundó la ciudad de Sición. Pero esto es un error: Etila, con Astioquea y las otras cautivas, quemó las naves junto al río italiano Naveto, que significa «incendio de barcos», y Protesilao no figuraba entre sus apresadores[689].

f. Aquiles fue el segundo griego que desembarcó en la costa troyana, seguido de cerca por sus mirmidones, y mató a Cicno, hijo de Posidón, con una piedra bien lanzada. Inmediatamente los troyanos se desbandaron y corrieron de vuelta a su ciudad, mientras el resto de los griegos desembarcaban y hacían una carnicería en los vencidos. Según otra versión, Aquiles, recordando la suerte corrida por Protesilao, fue el último que desembarcó y luego dio un salto tan prodigioso desde su nave que brotó un manantial donde sus pies golpearon en la tierra. Se dice que en la batalla que siguió Cicno, que era invulnerable, mató a centenares de griegos, pero Aquiles, después de probar inútilmente de abatirle con la espada y la lanza, le golpeó furiosamente en la cara con el puño de la espada, le obligó a retroceder hasta que tropezó con una piedra y cayó, y entonces le puso las rodillas en el pecho y le entranguló con las correas de su yelmo; pero Posidón transformó su alma en un cisne que se alejó volando. Los griegos entonces sitiaron Troya y colocaron sus naves detrás de una estacada[690].

g. Ahora bien, la ciudad estaba destinada a no caer si Troilo podía llegar a los veinte años de edad. Algunos dicen que Aquiles se enamoró de él mientras luchaban juntos y le dijo: «¡Te mataré si no aceptas mis caricias!» Troilo corrió a refugiarse en el templo de Apolo Timbreo, pero Aquiles, sin tener en cuenta la ira del dios y como Troilo seguía mostrándose esquivo, le decapitó en el altar, en el mismo lugar en que él pereció posteriormente[691]. Otros dicen que Aquiles mató de un lanzazo a Troilo mientras adiestraba a sus caballos en el recinto del templo; o que lo indujo a salir de allí ofreciéndole unas palomas, y que Troilo murió con las costillas rotas y el rostro lívido, tan parecida a la del oso fue la forma en que Aquiles le hizo el amor. Otros dicen que Troilo salió de Troya para vengarse después de la muerte de Memnón y se encontró con Aquiles, quien le mató; o que fue hecho prisionero y luego matado públicamente y a sangre fría por orden de Aquiles; y que, como era de edad madura, de piel morena y con una barba larga, difícilmente podía hacer excitar la pasión de Aquiles. Pero cualquiera que fuera la manera en que murió, el causante fue Aquiles y los troyanos lo lloraron tan afligidamente como Héctor[692].

h. Se dice que Troilo amaba a Briseida, la bella hija de Calcante, a la que había dejado en Troya su padre y, como ella no había tomado parte en su deserción, la seguían tratando allí con cortesía. Calcante, quien sabía que Troya tenía que caer, convenció a Agamenón para que la pidiese a Príamo en su nombre, con el fin de que no la hiciesen prisionera de guerra. Príamo dio generosamente su consentimiento y varios de sus hijos acompañaron a Briseida al campamento griego. Aunque había jurado eterna fidelidad a Troilo, Briseida no tardó en transferir su afecto al argivo Diomedes, quien se enamoró apasionadamente de ella y hacía todo lo posible para matar a Troilo cuando se presentaba en el campo de batalla[693].

i. En una expedición nocturna Aquiles capturó a Licaón, a quien sorprendió en el huerto de su padre Príamo, donde cortaba vastagos de higuera para utilizarlos como barandillas de carro. Patroclo llevó a Licaón a Lemnos, y lo vendió al hijo de Jasón, el rey Euneo, quien abastecía con vino a las fuerzas griegas; el precio fue un tazón de plata para mezclas fenicio. Pero Eetión de Imbros lo rescató y volvió a Troya, sólo para que lo matara Aquiles doce días después[694].

j. Aquiles partió entonces con un grupo de voluntarios para saquear el campo troyano. En el monte Ida aisló al dardánida Eneas de su ganado, lo persiguió por las laderas boscosas y, después de matar a los pastores y a Méstor, el hijo de Príamo, se apoderó del ganado y saqueó la ciudad de Lirneso, donde Eneas se había refugiado. Mines y Epístrofe, hijo del rey Eveno, murieron en la lucha, pero Zeus ayudó a Eneas a escapar. La esposa de Mines, otra Briseida, hija de Brises, fue hecha cautiva y su padre se ahorcó[695].

k. Aunque Eneas había conseguido el rapto de Helena por París, permaneció neutral durante los primeros años de la guerra, pues era hijo de la diosa Afrodita y Anquises, el nieto de Tros, y le tenía resentido el desdén que le mostraba su primo Príamo. Pero la incursión provocadora de Aquiles obligó a los dardánidas a unirse por fin a los troyanos. Eneas demostró que era un combatiente hábil y ni siquiera Aquiles le menospreciaba, pues si Héctor era la mano de los troyanos, Eneas era su alma. Su divina madre le ayudaba con frecuencia en la batalla; y en una ocasión en que Diomedes le rompió la cadera arrojándole una piedra le salvó de la muerte; y cuando Diomedes la hirió también a ella con un lanzazo en la muñeca, Apolo sacó a Eneas del campo de batalla para que le curaran Leto y Artemis. En otra ocasión le salvó la vida Posidón, quien, aunque era hostil a los troyanos, respetaba los decretos del destino y sabía que el linaje real de Eneas gobernaría posteriormente en Troya[696].

l. Muchas ciudades aliadas de Troya fueron tomadas por Aquiles: Lesbos, Focea, Colofón, Esmirna, Clazomene, Cima, Egialo, Teños, Adramitio, Dide, Endium, Lineón, Colona, Lirneso, Antandros y otras varias, incluyendo a las Tebas Hipoplaciana, donde otro Eetión, padre de Andrómaca, la esposa de Héctor, y su compañero Podes, gobernaban a los cilicios. Aquiles mató a Eetión y a siete de sus hijos, pero no despojó su cadáver: lo quemó completamente armado, y alrededor del túmulo que levantó las ninfas de la montaña plantaron un bosquecillo de olmos[697]. Entre las cautivas figuraba Astínome, o Criseida, hija de Crises, sacerdote de Apolo en la isla de Ehmintos. Algunos dicen que Astínome era esposa de Eetión; otros, que Grises la había enviado a Lirneso para que estuviera protegida, o para que asistiera a un festival de Artemis. Cuando se distribuyó el botín, Criseida le tocó a Agamenón, y Briseida a Aquiles. Desde la Tebas Hipoplaciana Aquiles también se trajo el rápido caballo Pedaso, que unció a su yunta inmortal[698].

m. Ayax el Grande se embarcó para el Quersoneso Tracio, donde capturó a Polidoro, el hermano de Licaón —su madre era Laótoe— y en Teutrania mató al rey Teutras y se llevó un gran botín, en el que figuraba la princesa Tecmesa, a la que hizo su concubina[699].

n. Cuando se acercaba el décimo año de guerra los griegos dejaron de hacer incursiones en la costa del Asia Menor y concentraron sus fuerzas delante de Troya. Los troyanos reunieron contra ellos a sus aliados: los dardánidas encabezados por Eneas y los dos hijos de Antenor; los ciconios tracios, peonios, paflagonios, misianos, frigios, meonios, caries, licios, etcétera. Sarpedón, el hijo que Laodamía, la hija de Belerofonte había dado a Zeus, mandaba a los licios. Ésta es su historia: cuando Isandro, el hermano de Laodamía, e Hipóloco disputaban el reino se propuso que aquel de ellos que pudiera hacer pasar una flecha a través de un anillo de oro colgado en el pecho de un niño sería el rey. Cada uno de ellos exigió acaloradamente como víctima al hijo del otro, pero Laodamía impidió que se mataran mutuamente ofreciéngose a atar el anillo alrededor del cuello de su propio hijo, Sarpedón. Pasmados ante tan noble abnegación, ambos convinieron en renunciar a sus derechos al reino en favor de Sarpedón, con quien Glauco, el hijo de Hipóloco, gobernaba en aquel momento como co-rey[700].

o. Agamenón había enviado a Odiseo a Tracia en una expedición en busca de forraje y cuando volvió sin nada Palamedes, el hijo de Nauplio, le reconvino por su pereza y cobardía. «No ha sido culpa mía —dijo Odiseo— que no hayamos encontrado cereal. Si Agamenón te hubiera enviado en mi lugar no habrías tenido más éxito que yo.» Desafiado así, Palamedes salió inmediatamente y reapareció poco después con una nave cargada con cereal.

p. Tras varios días de meditación tortuosa, Odiseo dio por fin con un plan para vengarse de Palamedes, pues sentía herido su honor. Mandó decir a Agamenón: «Los dioses me han advertido en un sueño que se prepara una traición. Hay que trasladar el campamento durante un día y una noche.» Cuando Agamenón ordenó inmediatamente que se hiciera eso, Odiseo enterró en secreto una bolsa llena de oro en el lugar donde había estado la tienda de Palamedes. Luego obligó a un prisionero frigio a escribir una carta como si fuera de Príamo a Palamedes y que decía: «El oro que he enviado es el precio que pediste por traicionar al campamento griego.» Después de ordenar al prisionero que entregara esa carta a Palamedes, Odiseo hizo que lo matasen en las inmediaciones del campamento, antes de que pudiera entregarla. Al día siguiente, cuando el ejército volvió al lugar anterior, alguien encontró el cadáver del prisionero y llevó la carta a Agamenón. Palamedes fue sometido a consejo de guerra y, cuando negó enérgicamente que hubiera recibido oro de Príamo ni de ningún otro, Odiseo sugirió que se registrase su tienda. Descubrieron el oro y el ejército entero dio muerte a Palamedes a pedradas como traidor[701].

q. Algunos dicen que Agamenón, Odiseo y Diomedes intervinieron en este complot y que dictaron juntos la carta falsa al frigio y luego sobornaron a un sirviente para que la ocultara con el oro bajo el lecho de Palamedes. Cuando éste fue conducido al lugar de la lapidación exclamó en voz alta: «¡Verdad, lloro por ti, que has muerto antes que yo!»[702].

r. Otros dicen que Odiseo y Diomedes, fingiendo que habían descubierto un tesoro en un pozo profundo, dejaron que Palamedes se introdujera en él sujeto a una cuerda y luego le arrojaron grandes piedras sobre la cabeza; o que lo ahogaron en una excursión de pesca. Y no faltan quienes dicen que Paris lo mató con una flecha. Ni siquiera se está de acuerdo en si murió en la Colona troyana, o en Gerestos, o en Ténedos, pero tiene un altar de héroe cerca de la Metimna lesbia[703].

s. Palamedes había merecido el agradecimiento de sus compañeros por la invención de los dados, con los que mataban el tiempo delante de Troya; dedicó el primer juego en el templo de Tique en Argos. Pero todos envidiaban su sabiduría superior, pues había inventado también los faros, la balanza, las medidas, el disco, el alfabeto y el arte de apostar centinelas[704].

t. Cuando Nauplio se enteró del asesinato se embarcó para Troya y exigió satisfacción, pero se la negó Agamenón, quien había sido cómplice de Odiseo y gozaba de la confianza de todos los caudillos griegos. Así, pues, Nauplio volvió a Grecia con su hijo sobreviviente Éax y llevó falsas noticias a las esposas de los asesinos de Palamedes, diciendo a cada una de ellas: «Tu marido trae de vuelta a una concubina troyana como su nueva reina.» Algunas de esas esposas infelices se suicidaron inmediatamente. Otras cometieron adulterio, como Clitemestra, la esposa de Agamenón, con Egisto; Egialea, la esposa de Diomedes, con Cometo, hijo de Esténelo; y Meda, esposa del Idomeneo, con Leuco[705].

1.      La Ilíada trata en orden de sucesión sólo el décimo año del sitio, y cada mitógrafo ha dispuesto los acontecimientos de los años anteriores en un orden diferente. Según Apolodoro (Epitome iii.32-3), Aquiles mata a Troilo, captura a Licaón, se apodera del ganado de Eneas y toma muchas ciudades. Según la Cipria (citada por Proclo: Crestomatía i), los griegos, al no poder tomar Troya por asalto, devastan la región y las ciudades de los alrededores; Afrodita y Tetis consiguen una entrevista de Aquiles y Helena, los griegos deciden volver a sus casas, pero los contiene Aquiles, quien luego se apodera del ganado de Eneas, saquea muchas ciudades y mata a Troilo; Patroclo vende a Licaón en Lemnos, se divide el botín y Palamedes muere lapidado.

2.      Según Tzetzes (Sobre Licofrón 307), Troilo sobrevive a Memnón y Héctor. Igualmente, según el frigio Dares, Troilo sucede a Héctor como jefe de las fuerzas troyanas (Dares: 30), hasta que uno de los caballos de su carro es herido y Aquiles le atraviesa con la lanza; Aquiles trata de arrastrar el cadáver, pero le hiere Memnón, a quien mata; los troyanos se refugian en la ciudad y Príamo hace a Troilo y Memnón un funeral magnífico (Dares: 33).

3.      La guerra de Troya es histórica y, cualquiera que pueda haber sido su causa inmediata, fue una guerra comercial. Troya dominaba el valioso comercio del Mar Negro en oro, plata, hierro, cinabrio, madera para la construcción de naves, lino, cáñamo, pescado seco, aceite y jade chino. Una vez tomada Troya, los griegos pudieron establecer colonias a todo lo largo de la ruta de comercio oriental, que llegó a ser tan rica como las del Asia Menor y Sicilia. Al final, Atenas, como la principal potencia marítima, fue la que más se benefició con el comercio del Mar Negro, especialmente con la baratura del cereal; y fue la pérdida de una flota que guardaba la entrada del Helesponto la que arruinó en Egospótamos en 405 a. de C. y puso fin a las largas guerras con el Peloponeso. Quizás, en consecuencia, las constantes negociaciones entre Agamenón y Príamo no se relacionaban con la vuelta de Helena tanto como con la restauración de los derechos griegos a entrar en el Helesponto.

4.      Es probable que los griegos se prepararan para el ataque final mediante una serie de incursiones en las costas de Tracia y el Asia Menor, con el propósito de descabalar el poderío naval de la alianza troyana; y que mantuvieran un campamento en la desembocadura del Escamandro para impedir que el comercio del Mediterráneo llegase a Troya, o que se realizase en la Llanura la anual Feria de Oriente y Occidente. Pero la Ilíada deja claramente establecido que Troya no fue sitiada en el sentido de que quedaron cortadas sus líneas de comunicación con el interior, y aunque, mientras Aquiles estuvo por allí, los troyanos no se aventuraban a salir de día por la Puerta Dardánida, la única que llevaba al interior (Ilíada v.789); y las lavanderas griegas temían lavar sus ropas en el manantial situado a un tiro de arco de distancia de las murallas (Ilíada xxii.256); sin embargo, los abastecimientos y los refuerzos entraban libremente y los troyanos en poder de Sestos y Abidos, que los mantenían en estrecho contacto con Tracia. El hecho de que los griegos se jactaran tanto de una incursión para robar ganado en el monte Ida, y de otra en el huerto de Príamo, indica que raras veces iban muy lejos tierra adentro. Los vastagos de higuera utilizados para la barandilla del carro de Licaón estaban destinados, al parecer, a ponerlo bajo la protección de Afrodita. En las tablillas anteriores a la guerra de Troya encontradas en Cnosos se mencionan varios «carros cidonios pintados de rojo con ensambladura completa», pero sólo se especifica la madera de las barandillas: es siempre de higuera. Sin embargo, la madera de higuera no era ni mucho menos tan apropiada para ese propósito como otras muchas de que disponían los cretenses y troyanos.

5.      Agamenón realizaba una guerra de desgaste, el buen éxito de la cual confiesa Héctor (Ilíada xvii.225 y xviii.287- 92) cuando habla del agotamiento de los recursos troyanos causado por la disminución del comercio y la necesidad de subvencionar a los aliados. Los paflagonios, tracios y misios eran productores, no comerciantes, y estaban dispuestos a tratar directamente con los griegos. Sólo los mercantiles licios, que importaban mercaderías del sudeste, parecen haberse preocupado mucho por el destino de Troya, que les aseguraba sus rutas comerciales del norte; de hecho, cuando cayó Troya, el comercio del Asia Menor fue monopolizado por los aliados rodios de Agamenón y los licios se arruinaron.

6.      El tratamiento cruel de las mujeres, los suplicantes y los aliados sirve para recordar que la Ilíada no es un mito de la Edad de Bronce. Con la caída de Cnosos (véase 39.7 y 89.1) y la consiguiente desaparición de la pax cretensis, impuesta por la diosa del Mar cretense a todos los países que se hallaban dentro de su esfera de influencia, aparece una nueva moral de la Edad del Hierro: la del tirano conquistador, un pequeño Zeus que no reconoce restricciones divinas. El sacrificio de Ifigenia, la malévola venganza de que Odiseo hace víctima a Palamedes, la venta de Licaón por una copa de plata, la desvergonzada persecución de Troilo por Aquiles y el concubinaje forzoso de Briseida y Criseida son actos típicos de una saga bárbara. Es natural que Palamedes fuera la víctima inocente de una alianza impía entre Agamenón, Odiseo y Diomedes, pues representa la cultura cretense implantada en Argólide; los inventos que se le atribuyen son todos ellos de origen cretense. Su asesinato en un pozo puede haber sido sugerido por la frase: «Verdad, lloro por ti, que has muerto antes que yo» y por la conocida relación de la verdad con los pozos. Palamedes significa «sabiduría antigua» y, como Hefesto, su equivalente lemnio, era un héroe oracular. Sus inventos le muestran como Thoth o Hermes (véase 17.g). Los dados tienen la misma historia que los naipes: eran instrumentos oraculares antes que se los utilizara en los juegos de azar (véase 17.3).

7.      El olmo, que no forma parte del calendario de árboles (véase 53.3), está asociado principalmente con el culto de Dioniso, pues los griegos espaldaban las vides con vastagos de olmo; pero las ninfas plantaron olmos alrededor de las tumbas de Protesilao y Eetíón probablemente porque las hojas y la corteza obraban como vulnerarios (Plinio: Historia natural xxiv.33) y prometían ser todavía más eficaces si se las tomaba de las tumbas de príncipes que habían muerto a consecuencia de muchas heridas.

8.      El afecto perverso de Laodamía a la estatua de Protesilao puede haberse deducido de la ilustración de una boda sagrada: en algunos sellos nupciales hititas el rey postrado está grabado tan tiesamente que parece una estatua. Las manzanas llevadas por un sirviente y la entrada súbita de Acasto indican que la escena representaba la traición de un rey por una reina en favor de su amante el sucesor, quien corta la manzana fatal que contiene su alma, como en la leyenda irlandesa de Cuchulain Dechtire y Curoi. Briséis (en acusativo Briseida) fue confundida con Crises, o Criseis, hija de Crises, quien había dado un bastardo a Agamenón (véase 116.4), y la leyenda latina medieval de Criseis (en acusativo Criseida) se desarrolló vigorosamente hasta el Testament of Cresseid de Henrysoun y Troilus and Cressida de Shakespeare.

9.      Teutrania puede haberse llamado así por el teuthis o pulpo, consagrado a la diosa cretense (véase 81.1), cuya suma sacerdotisa era Tecmesa («la que ordena»). Aunque el mito de Sarpedón es confuso, todos sus elementos son conocidos. Al parecer, el reino de Licia, fundado por otro Sarpedón, tío de otro Glauco —cretenses de habla griega de origen eolio o pelasgo que fueron arrojados al otro lado del mar por los aqueos— era doble, con sucesión matrilineal, y el título de la sacerdotisa de la Luna era Laodamía («domadora del pueblo»). Su rey sagrado parece haber nacido ritualmente «de una yegua» (véase 81.4 y 167.2) (y de aquí su nombre, Hipóloco) e Isandro («hombre imparcial») actuaba como su sucesor. El nombre de Sarpedón («regocijándose en un arca de madera») se refiere, al parecer, a la llegada anual del Niño del Año Nuevo en una embarcación. Aquí el Niño es el interrex, al que Hipóloco entrega su reinado durante un solo día; luego debe ser ahogado en miel, como el Glauco cretense (véase 71.d), o muerto en un accidente de carro, como el Glauco del Istmo (véase 90.1), o traspasado con una flecha por el Hipóloco resucitado, como Learco, el hijo de Atañíante (véase 70.5).

10.  Disparar contra una manzana colocada en la cabeza, o contra una moneda colocada en la gorra del propio hijo era una prueba de puntería prescrita a los arqueros medievales, cuyo gremio (como aparece en el Malleus Maleficarum y en la Little Geste of Robín Hood) pertenecía al culto de las brujas pagano tanto en Inglaterra como en la Germania celta. En Inglaterra la prueba tenía por finalidad, al parecer, elegir un «gudeman» para Maid Marian, casándose con la cual se convertía en Robín Hood, señor de la Selva Frondosa. Como el culto de las brujas nórdico tenía mucho en común con la religión neolítica del Egeo, es posible que los licios no pusiesen el anillo en el pecho de un niño, sino en su cabeza, y que representara una serpiente dorada (véase 119.4); o que fuese el anillo de un hacha lo que sostenía en la mano, como aquellos a través de los cuales disparó Odiseo cuando recuperó a Penélope de los pretendientes (véase 17l.h). El mitógrafo ha confundido, quizás, la prueba de la puntería que se exigía a un nuevo candidato a la dignidad de rey con el sacrificio de un interrex.

11.  Etila significa «madera ardiente», y el incendio anual de una embarcación puede haber dado origen a la leyenda de Sición. Protesilao («primero del pueblo») tiene que haber sido un título regio tan común que varias ciudades reclamaban su tumba.


163.  LA IRA DE AQUILES


a. Llegó el invierno, y como ésta nunca había sido una estación favorable para la lucha entre las naciones civilizadas, los griegos lo pasaron ampliando su campamento y practicando la ballestería. A veces se encontraban con los notables troyanos en el templo de Apolo Timbre, que era territorio neutral; y en una ocasión en que Hécabe hacía allí sacrificios llegó Aquiles con el mismo propósito y se enamoró desesperadamente de su hija Políxena. No se declaró en aquel momento, pero volvió a su tienda atormentado y envió al bondadoso Automedonte a que preguntara a Héctor con qué condiciones podía casarse con Políxena. Héctor contestó: «Ella será tuya el día en que traicione al campamento griego para entregarlo a mi padre Príamo.» Aquiles parecía dispuesto a aceptar las condiciones de Héctor, pero renunció a ello de mal humor cuando le informaron que si no traicionaba el campamento debía jurar, en cambio, que mataría a su primo Áyax el Grande y a los hijos del ateniense Plístenes[706].

b. Llegó la primavera y se reanudó la lucha. En la primera batalla de esa estación Aquiles buscó a Héctor, pero el vigilante Heleno le atravesó la mano con una flecha disparada con un arco de marfil, regalo amoroso de Apolo, y se vio obligado a retirarse. Zeus mismo guió la flecha, y lo hizo decidido a aliviar a los troyanos, a los que las incursiones y la consiguiente deserción de ciertos aliados asiáticos habían desalentado mucho, y a molestar a los griegos y hacer que Aquiles se apartase de los otros caudillos[707]. En consecuencia, cuando Crises fue a rescatar a Criseida, Zeus hizo que Agamenón lo despidiese con palabras de oprobio; y Apolo, invocado por Crises, se apostó vengativamente en la proximidad de las naves y se dedicó a arrojar flechas mortales contra los griegos un día tras otro. Centenares de ellos murieron, aunque por suerte no sufrieron los reyes ni los príncipes, y el décimo día Calcante dio a conocer la presencia del dios. Por petición suya Agamenón devolvió de mala gana Criseida a su padre, con regalos propiciatorios, pero se resarció de esa pérdida quitando Briseida a Aquiles, a quien ésta había sido asignada. En vista de ello Aquiles, furioso, anunció que no volvería a intervenir en la guerra; y su madre Tetis, indignada, fue a ver a Zeus, quien le prometió desagraviarla. Pero algunos dicen que Aquiles se mantuvo fuera de la lucha para mostrar su buena voluntad a Príamo como padre de Políxena[708].

c. Cuando los troyanos se dieron cuenta de que Aquiles y sus mirmidones se habían retirado del campo de batalla, se envalentonaron e hicieron una salida vigorosa. Agamenón, alarmado, concedió una tregua, durante la cual París y Menelao debían librar un duelo por la posesión de Helena y el tesoro robado. Pero el duelo resultó indeciso, porque cuando Afrodita vio que París iba perdiendo lo envolvió en una niebla mágica y lo llevó de vuelta a Troya. Hera envió entonces a Atenea para que rompiera la tregua haciendo que Pandaro, hijo de Licaón, arrojase una flecha a Menelao, cosa que ella hizo; al mismo tiempo impulsó a Diomedes a matar a Pándaro y herir a Eneas y su madre Afrodita. Glauco, hijo de Hipoloco, se opuso a Diomedes, pero ambos recordaron la íntima amistad que había unido a sus padres e intercambiaron cortésmente las armas[709].

d. Héctor desafió a Aquiles a un combate cuerpo a cuerpo, y cuando Aquiles contestó que se había retirado de la guerra, los griegos eligieron a Ayax el Grande como su sustituto. Los dos paladines lucharon sin pausa hasta que anocheció, y entonces los heraldos los separaron y cada uno de ellos elogió jadeante el valor y la habilidad del otro. Ayax dio a Héctor el brillante tahalí de púrpura que más tarde lo llevó a la muerte: y Héctor dio a Ayax la espada tachonada con plata con la qué más tarde se suicidaría[710].

e. Se acordó un armisticio y los griegos erigieron un largo túmulo sobre sus muertos y lo coronaron con una pared detrás de la cual excavaron una trinchera profunda y empalizada. Pero se abstuvieron de apaciguar a los dioses que apoyaban a los troyanos y cuando se reanudó la lucha fueron rechazados y obligados a cruzar la trinchera y resguardarse detrás de la pared. Esa noche los troyanos acamparon cerca de las naves griegas[711].

f. Desesperado, Agamenón envió a Fénix, Ayax, Odiseo y dos heraldos para que aplacaran a Aquiles, ofreciéndole innumerables regalos y la devolución de Briseida (debían jurar que ella era todavía virgen) si volvía a combatir. Habría que aclarar que entre tanto Crlses se había llevado de vuelta a su hija, quien protestó diciendo que la había tratado muy bien Agamenón y deseaba quedarse con él; estaba encinta en aquel momento y más tarde dio a luz a Crises el Segundo, niño de dudosa paternidad. Aquiles recibió a los delegados con una sonrisa afable, pero rechazó sus ofrecimientos y anunció que zarparía rumbo a su casa a la mañana siguiente[712].

g. Esa misma noche, alrededor de la tercera vela, cuando la luna estaba alta, Odiseo y Diomedes, estimulados por un asupicio favorable de Atenea —una garza a su mano derecha— decidieron hacer una incursión en las líneas troyanas. Dio la casualidad de que tropezaron con Dolón, hijo de Eumelo, quien había sido enviado a hacer la ronda cerca del enemigo, y después de extraerle información por la fuerza, le cortaron la garganta. Acto seguido Odiseo ocultó el gorro de piel de hurón, la capa de piel de lobo, el arco y la lanza de Dolón en un tamarisco y corrió con Diomedes al flanco derecho de la línea troyana, donde, como ahora sabían, acampaba el tracio Reso. A este se lo llama variadamente hijo de la musa Euterpe, o Calíope, y de Deyoneo, o Ares, o Estrimón. Después de asesinar furtivamente a Reso y a doce de sus compañeros mientras dormían, se llevaron sus caballos magníficos, blancos como la nieve y más rápidos que el viento, y en el viaje de vuelta recogieron bajo el tamarisco los despojos de Dolón[713]. La captura de los caballos de Reso era de suma importancia, pues un oráculo había predicho que Troya sería inexpugnable una vez que hubieran comido pienso troyano y bebido en el rio Escamandro, lo que no habían hecho todavía. Cuando despertaron los tracios supervivientes y encontraron a Reso muerto y desaparecidos sus caballos, huyeron desesperados y los griegos los mataron a casi todos[714].

h. Pero al siguiente día, tras una lucha feroz en la que fueron heridos Agamenón, Diomedes, Odiseo, Eurípilo y Macaón, el cirujano, los griegos huyeron y Héctor abrió una brecha en su muralla[715]. Estimulado por Apolo, avanzó hacia las naves y, a pesar de la ayuda que les dio Posidón a los dos Ayantes y a Idomeneo, cruzó la línea griega. En ese momento Hera, que odiaba a los troyanos, consiguió que Afrodita le prestara su ceñidor y convenció a Zeus para que fuera a dormir con ella, treta que permitió a Posidón hacer que la batalla cambiara en favor de los griegos. Pero Zeus no tardó en descubrir que le habían engañado, reavivó a Héctor (casi muerto por Ayax con una gran piedra), ordenó a Posidón que saliera del campo de batalla y restableció el valor de los troyanos. Éstos volvieron a avanzar y Medón mató a Perifetes, hijo de Copreo, y a otros muchos paladines[716].

i. Inclusive Áyax el Grande se vio obligado a ceder terreno; y Aquiles, cuando vio que las llamas se elevaban de la popa de la nave de Protesilao, incendiada por los troyanos, olvidó de tal modo su rencor que reunió a sus mirmidones y corrió con ellos en ayuda de Patroclo. Patroclo había arrojado una lanza al grupo de troyanos reunidos alrededor de la nave de Protesilao y traspasado por ella a Pirecmes, rey de los peonios. Al ver eso los troyanos, confundiéndolo con Aquiles, huyeron; y Patroclo apagó el fuego, salvando por lo menos la proa del navio, y derribó a Sarpedón. Aunque Glauco trató de reunir a sus licios para impedir que despojaran el cuerpo de Sarpedón Zeus dejó que Patroclo persiguiera a todo el ejército troyano hacia la ciudad; Héctor fue el primero que se retiró, herido gravemente por Ayax.

j. Los griegos despojaron a Sarpedón de su armadura, pero, por orden de Zeus, Apolo rescató el cadáver, que preparó para el entierro, después de lo cual el Sueño y la Muerte lo llevaron a Licia. Entretanto, Patroclo perseguía a los vencidos y habría tomado Troya él solo si Apolo no se hubiera apresurado a subir a la muralla y a rechazarlo tres veces con un escudo cuando trataba de escalarla. La lucha continuó hasta el anochecer, cuando Apolo, envuelto en una densa niebla, se acercó por detrás a Patroclo y le golpeó fuertemente entre los omóplatos. A Patroclo le saltaron los ojos de la cabeza, su yelmo cayó, su lanza se rompió en pedazos, su escudo cayó a tierra, y Apolo, torvamente le desató el peto. Euforbo, hijo de Pántoo, al observar la situación en que se hallaba Patroclo le hirió sin temor a la represalia, y cuando Patroclo se alejaba tambaleando, Héctor, que había vuelto a la batalla, lo mató de un solo golpe[717].

k. Menelao corrió y mató a Euforbo —de quien se dice, entre paréntesis, que siglos después se reencarnó en el filósofo Pitágoras— y se retiró pavoneándose a su tienda con los despojos, dejando que Héctor despojara a Patroclo de su armadura prestada. Luego reaparecieron Menelao y Ayax el Grande y juntos defendieron el cadáver de Patroclo hasta que anocheció y consiguieron llevarlo a las naves. Pero Aquiles, al enterarse de lo ocurrido, se revolcó en el polvo y se entregó a un arrebato de dolor[718].

l. Tetis se introdujo en la tienda de su hijo llevando una nueva armadura, que incluía un par de valiosas grebas forjadas apresuradamente por Hefesto. Aquiles se puso la armadura, hizo la paz con Agamenón (quien le entregó Briseida inviolada y juró que se la había llevado por ira y no por lujuria) y salió para vengar a Patroclo[719]. Nadie podía hacer frente a su ira. Los troyanos se desbandaron y huyeron al Escamandro, donde los dividió en dos cuerpos, empujando a uno de ellos a través de la llanura hacia la ciudad y acorralando al otro en una curva del río. El dios fluvial, furioso, se lanzó contra él, pero Hefesto se puso de parte de Aquiles y secó las aguas con una llama abrasadora. Los troyanos sobrevivientes volvieron a la ciudad como una manada de ciervos asustados[720].

m. Cuando Aquiles se encontró por fin con Héctor y le obligó a librar un combate singular, los ejércitos de ambas partes retrocedieron y se quedaron observando asombrados. Héctor se volvió y echó a correr alrededor de las murallas de la ciudad. Con esta maniobra esperaba cansar a Aquiles, porque al haber permanecido inactivo durante mucho tiempo lo lógico era que le faltara el aliento. Pero se equivocaba. Aquiles le persiguió tres veces alrededor de las murallas y siempre que trataba de refugiarse en una puerta, contando con la ayuda de sus hermanos, le salía al paso y se lo impedía. Por fin Héctor se detuvo y le hizo frente y entonces Aquiles le atravesó el pecho y rechazando su súplica de moribundo de permitir que rescataran su cadáver para enterrarlo. Después de apoderarse de la armadura, Aquiles cortó la carne detrás de los tendones de los talones de Héctor. Luego pasó unas tiras de cuero por los cortes, las ató a su carro y, fustigando a los caballos Balio, Janto y Pedaso, arrastró el cuerpo hacia las naves a medio galope. La cabeza de Héctor, con sus cabellos negros derramándose a cada lado, levantaba una nube de polvo detrás. Pero algunos dicen que Aquiles arrastró el cuerpo tres veces alrededor de las murallas de la ciudad tirando del tahalí que Ayax le había dado[721].

n. Luego Aquiles enterró a Patroclo. Cinco príncipes griegos fueron enviados al monte Ida en busca de madera para la pira fúnebre, en la cual Aquiles sacrificó no sólo caballos y dos de los nueve sabuesos de Patroclo, sino también doce cautivos troyanos nobles, varios hijos de Príamo entre ellos, cortándoles la garganta. Inclusive amenazó con arrojar el cadáver de Héctor a los otros sabuesos, pero Afrodita se lo impidió. En los juegos fúnebres de Patroclo Diomedes ganó la carrera de carros, y Epeo, a pesar de su cobardía, el pugilato; Ayax y Odiseo empataron en la lucha[722].

o. Todavía consumido por el pesar, Aquiles se levantaba todos los días al amanecer para arrastrar tres veces el cadáver de Héctor alrededor de la tumba de Patroclo. Pero Apolo lo protegía de la corrupción y la laceración y finalmente, por orden de Zeus, Hermes condujo a Príamo al campamento griego en la oscuridad de la noche y convenció a Aquiles para que aceptara un rescate[723]. En esa ocasión Príamo mostró una gran magnanimidad con Aquiles, pues lo encontró dormido en su tienda y podía haberlo matado fácilmente. El rescate en que se convino fue el peso de Héctor en oro. De acuerdo con ello, los griegos colocaron una balanza fuera de las murallas de la ciudad, pusieron el cadáver en un platillo e invitaron a los troyanos a amontonar oro en el otro. Cuando el tesoro de Príamo quedó exhausto de lingotes y joyas y el gran cuerpo de Héctor todavía bajaba su platillo más que el otro, Polixena, que observaba desde la muralla, arrojó sus brazaletes para aportar el peso que faltaba. Lleno de admiración, Aquiles le dijo a Príamo: «De buena gana trocaré a Héctor por Polixena; guarda tu oro, cásame con ella y si luego devuelves Helena a Menelao, me comprometo a hacer la paz entre tu gente y la nuestra.»[724] Príamo, por el momento, se contentó con rescatar a Héctor por el precio en oro convenido, pero prometió que entregaría Polixena a Aquiles sin reserva si él convencía a los griegos para que se fueran sin Helena. Aquiles replicó que haría lo que pudiera y Príamo se fue con el cadáver de Héctor para enterrarlo. Tan grande fue el bullicio que se produjo en los funerales de Héctor —los troyanos con sus lamentos y los griegos tratando de hacer que no se oyeran sus cantos fúnebres con gritos y silbidos— que las aves que volaban sobre ellos caían atontadas por el ruido[725].

p. Por orden de un oráculo los huesos de Héctor fueron llevados posteriormente a la Tebas beoda, donde se halla todavía su tumba junto a la fuente de Edipo. Algunos citan así las palabras del oráculo: «Escuchad, hombres de Tebas que habitáis en la ciudad de Cadmo: Si deseáis que vuestro país sea próspero, rico e intachable llevad los huesos de Héctor, el hijo de Príamo, a vuestra ciudad. Asia los tiene ahora; allí Zeus atenderá a su culto.» Otros dicen que cuando una peste hizo estragos en Grecia, Apolo ordenó que volvieran a enterrar los huesos de Héctor en una ciudad griega famosa que no había intervenido en la guerra de Troya .

q. Una tradición completamente distinta hace a Héctor hijo de Apolo y afirma que lo mató la amazona Pentesilea[726].

1.      Según Proclo (Crestomatía xcix. 19-20), Homerus significa «ciego» más bien que «rehén», que es la traducción habitual; el arte del bardo era una vocación natural para el ciego, pues la ceguera y la inspiración van con frecuencia juntas (véase 105.A). La identidad del Homero original ha sido discutida durante unos dos mil quinientos años. En la tradición más antigua se le considera aceptablemente un jonio de Quíos. Un clan de Homéridas, o «Hijos del Ciego», que recitaban los poemas homéricos tradicionales y llegaron a constituir un gremio (Escoliasta sobre las Odas Nemeas de Píndaro ii.l), tenía su sede en Délos, el centro del mundo jónico, donde se decía que Homero mismo había recitado (Himno Homérico iii. 165-73). Partes de la Ilíada datan del siglo X a. de C; el tema es tres siglos anterior. En el siglo VI recitales no autorizados de la Ilíada ya corrompían lentamente el texto. Pisístrato, tirano de Atenas, ordenó, en consecuencia, una revisión oficial, que confió a cuatro dé los sabios más destacados. Parecen haber realizado bien la tarea, pero como Homero había llegado a ser considerado la autoridad principal en las disputas entre las ciudades, los enemigos de Pisístrato le acusaron de haber interpolado versos con fines políticos (Estrabón: ix.1.10).

2.      Los veinticuatro libros de la Ilíada tienen su origen en un poema titulado La ira de Aquiles que quizá podía ser recitado en una sola noche y trataba de la disputa de Aquiles y Agamenón por la posesión de una princesa cautiva. Es improbable que el texto de los acontecimientos centrales haya sido corregido radicalmente desde la aparición de la primera llíada de alrededor de 750 a. de C. Sin embargo, las pendencias son tan poco edificantes, y todos los caudillos griegos se comportan tan sanguinaria, engañosa y desvergonzadamente, en tanto que los troyanos, por contraste, se comportan tan bien, que es evidente hacia qué lado se inclinaba la simpatía del autor. Como legatario de los bardos de la corte minoica encontró su hogar espiritual entre las pasadas glorias de Cnosos y Micenas y no junto a las fogatas de campamento de los invasores bárbaros del norte. Homero describe fielmente las vidas de sus nuevos señores, que han usurpado antiguos títulos religiosos al casarse con las herederas de las tribus, y, aunque los llama semejantes a los dioses, sabios y nobles, le causan una profunda repugnancia. Viven de la espada y mueren por la espada, desdeñando el amor, la amistad, la fe y las artes de la paz. Les interesan tan poco los nombres divinos por los que juran que se atreve a burlarse en su presencia de los codiciosos, taimados, pendencieros, lascivos y cobardes Olímpicos que han trastornado el mundo. Uno lo descartaría como un miserable irreligioso si no fuera claramente un adorador secreto de la Gran Diosa de Asia (a la que los griegos han humillado en esta guerra) y si no se vislumbrara su índole afectuosa y honorable cada vez que describe la vida familiar en el palacio de Príamo. Homero se ha inspirado en la epopeya babilonia de Gilgamesh para su relato sobre Aquiles, sustituyendo a Gilgamesh por Aquiles, a Ninsun por Tetis y a En la idu por Patroclo.

3.      El comportamiento histérico de Aquiles cuando se entera de la muerte de Patroclo tiene que haber chocado a Homero, pero encubre las barbaridades del funeral con un lenguaje épico burlesco, seguro de que sus señores no se darán cuenta de lo agudo de la sátira. Puede decirse que, en cierto modo, Homero se anticipó a Goya, cuyos retratos caricaturescos de la familia real española estaban pintados tan magníficamente que podían ser aceptados por las víctimas como parecidos sinceros. Pero la agudeza de la Ilíada como sátira ha sido embotada un tanto por la necesidad que tenían los homéridas de aplacar a sus huéspedes divinos en Délos; Apolo y Artemis debían apoyar a los tróvanos y mostrar dignidad y discreción, al menos en contraste con los dioses depravados del campo heleno. Un resultado de la aceptación de la Iliada por las autoridades de las ciudades griegas como una epopeya nacional fue que nadie volvió a tomar en serio la religión olímpica, y las costumbres griegas nunca dejaron de ser bárbaras, excepto en los lugares donde sobrevivió el culto de los misterios cretenses y los mistagogos exigían a sus iniciados un certificado de buena conducta. La Gran Diosa, aunque ahora estaba oficialmente subordinada a Zeus, siguió ejerciendo una fuerte influencia espiritual en Eleusis, Corinto y Samotracia, hasta la supresión de sus misterios por los primeros emperadores bizantinos. Luciano, quien amaba a Homero y le sucedió como el principal satírico de los Olímpicos, también adoraba a la Diosa, a la que había sacrificado su primer corte de cabello en Hierápolis.

4.      Se dice que los huesos de Héctor fueron llevados de Troya a Tebas, pero «Héctor» era el título del rey sagrado tebano con anterioridad a la guerra de Troya; y sufría el mismo desuno cuando terminaba su reinado, destino que consistía en ser arrastrado en un accidente de carro, como Glauco (véase 71.a), Hipólito (véase 101.g), Enómao (véase 109.g) y Abdero (véase 130.d). Como «Áquiles» era también un título más bien que un nombre, el combate puede haber sido tomado de la perdida saga tebana de «La oveja de Edipo», en la que los co-reyes lucharon por el trono (véase 106.2).


164.  LA MUERTE DE ÁQUILES


a. La reina de las amazonas Pentelisea, hija de Otrere y Ares, se había refugiado en Troya huyendo de las Erinias de su hermana Hipólita (llamada también Glauce o Melanipa), a la que había matado accidentalmente, bien durante una cacería, o bien, según los atenienses, en la lucha que siguió al casamiento de Teseo con Fedra. Purificada por Príamo, se distinguió mucho en la batalla y dio muerte a numerosos griegos, entre ellos (según se dice) a Macaón, aunque la versión más común hace que le mate Eurípilo, hijo de Télefo[727]. Sacó a Áquiles del campo de batalla en varias ocasiones, y algunos pretenden incluso que ella lo mató y que Zeus, atendiendo a la súplica de Tetis, le devolvió la vida, pero al final él la atravesó con la lanza, se enamoró de su cadáver y cometió necrofilia con él allí mismo[728]. Cuando Áquiles pidió voluntarios para enterrar a Pentesilea, Tersites, un hijo del etolio Agrio y el más feo de los griegos que luchaban delante de Troya, y que había vaciado los ojos de Pentesilea con su lanza cuando ella yacía moribunda, acusó burlonamente a Áquiles de lujuria inmunda y contranatural. Áquiles se volvió y asestó a Tersites un golpe tan fuerte que le rompió todos los dientes y envió su alma al Tártaro[729].

b. Esto causó una gran indignación entre los griegos y Diomedes, que era primo de Tersites y deseaba mostrar su desdén por Áquiles, arrastró el cuerpo de Pentesilea tirándolo de los pies y lo arrojó en el Escamandro; pero lo sacaron del río y lo enterraron en la orilla con grandes honores: algunos dicen que lo hizo Áquiles, y otros que los troyanos. Áquiles se embarcó luego para Lesbos, donde hizo sacrificios a Apolo, Artemis y Leto; y Odiseo, enemigo jurado de Tersites, le purificó del asesinato. Pentesilea moribunda, sostenida por Aquiles, aparece grabada en el trono de Zeus en Olimpia[730]. Su nodriza, la amazona Cleta, al enterarse de que había huido a Troya después de la muerte de Hipólita, salió en su busca, pero los vientos contrarios la llevaron a Italia, donde fijó su residencia y fundó la ciudad de Cíete[731].

c. Príamo había convencido ya a su hermanastro Titono de Asiría para que enviase a Troya a su hijo el etíope Memnón; le sobornó con una vid de oro[732]. En Etiopía se muestra un supuesto palacio de Memnón, aunque cuando Titono emigró a Asiría y fundó Susa, Memnón, que era entonces un niño, había ido con él. A Susa se la llama ahora comúnmente la Ciudad de Memnón, y a sus habitantes asíanos, por Cisia, la madre de Memnón. Su palacio en la Acrópolis subsistió hasta la época de los persas[733].

d. Titono gobernaba la provincia de Persia para el rey asirio Téutamo, el señor de Príamo, quien puso a Memnón al mando de un millar de etíopes, un millar de susanos y doscientos carros. Los frigios muestran todavía el camino escabroso pero directo, con lugares para acampar cada viente la ilómetros más o menos, por el que Memnón, después de subyugar a todas las naciones intermedias, marchó a Troya. Era negro como el ébano, pero el hombre más bello existente, y, como Aquiles, llevaba una armadura forjada por Hefesto[734]. Algunos dicen que condujo un gran ejército de etíopes e indios a Troya por Armenia, y que otra expedición partió por mar de Fenicia a sus órdenes y mandada por un sidonio llamado Falante. Cuando desembarcó en Rodas, los habitantes de la cual estaban en favor de la causa griega, le preguntaron a Falante en público: «¿No te avergüenza, señor, ayudar al troyano París y a otros enemigos declarados de tu ciudad natal?» Los marineros fenicios, que entonces se enteraron por primera vez de adonde iban, lapidaron a Falante por traidor y se establecieron en Yáliso después de repartirse el tesoro y las municiones de guerra que llevaba Falante[735].

e. Entretanto, en Troya, Memnón mató a vanos griegos destacados, entre ellos a Antíloco hijo de Néstor, cuando acudió a salvar a su padre, pues París había matado a uno de los caballos del carro de Néstor y el terror hacía inmanejable a su compañero de yunta[736]. Este Antíloco había sido abandonado cuando era niño en el monte Ida por su madre Anaxibia, o Eurídice, y le había amamantado una perra. Aunque era demasiado joven cuando la expedición zarpó de Aulide al comienzo de la guerra, la siguió algunos años después y pidió a Aquiles que aplacara la ira de Néstor ante su llegada inesperada. Aquiles, complacido con el ánimo belicoso de Antíloco, se comprometió a mediar entre ellos y, por deseo suyo, Néstor presentó su hijo a Agamenón[737]. Antíloco era uno de los griegos más jóvenes, bellos, rápidos y valientes que luchaban en Troya y Néstor, a quien un oráculo había advertido que debía protegerlo contra un etíope, designó a Calionte como su guardián, pero en vano[738]. Los huesos de Antíloco fueron enterrados junto a los de sus amigos Aquiles y Patroclo, a cuyas ánimas acompañó a los Campos de Asfódelos[739].

f. Ese día, con la ayuda de los etíopes de Memnón, los troyanos casi consiguieron incendiar las naves griegas, pero llegó la noche y se retiraron. Después de enterrar a sus muertos, los griegos eligieron a Ayax el Grande para que se enfrentase con Memnón; y a la mañana siguiente había comenzado ya el combate singular cuando Tetis fue en busca de Aquiles, quien estaba ausente del campamento, y le dio la noticia de la muerte de Antíloco. Aquiles se apresuró a volver para vengarse, y mientras Zeus, quien había pedido una balanza, pesaba su destino contra el de Memnón[740], apartó a un lado a Ayax y ocupó su lugar en el combate. E1 platillo que contenía el destino de Memnón descendió en las manos de Zeus, Aquiles asestó a su adversario el golpe mortal
y poco después una cabeza negra y una armadura brillante coronaban la pira ardiente de Antíloco[741].

g. Sin embargo, algunos dicen que los tesalios le tendieron una emboscada a Memnón, y que los etíopes, después de quemar su cuerpo, llevaron las cenizas a Titono; y que ahora están enterradas en una colina que domina la desembocadura del río Esepo, donde una aldea lleva su nombre[742]. Eos, considerada como la madre de Memnón, imploró a Zeus que le otorgase la inmortalidad y algunos honores más. En consecuencia, varias aves hembras fantasmas, llamadas Memnónidas, se formaron con las ascuas y el humo de su pira, se elevaron al aire y volaron tres veces a su alrededor. En la cuarta vuelta se dividieron en dos bandadas, lucharon entre ambas con las garras y los picos y cayeron sobre las cenizas como un sacrificio fúnebre. Las Memnónidas siguen luchando
y cayendo sobre su tumba cuando el Sol ha recorrido todos los signos del Zodíaco[743].

h. Según otra tradición, estas aves son las muchachas compañeras de Memnón, las cuales lamentaron su muer te tan excesivamente que los dioses, compadecidos, las transformaron en aves. Hacen una visita anual a su tumba, donde lloran y se laceran hasta que algunas de ellas caen muertas. Los helespontinos dicen que cuando las Memnónidas visitan la tumba de Memnón junto al Helesponto utilizan las alas para rociarla con agua del río Esepo; y Eos sigue derramando lágrimas de rocío por él todas las mañanas. Polignoto pintó a Memnón haciendo frente a su rival Sarpedón y vestido con un manto bordado con esas aves. Se dice que los dioses observan los aniversarios de la muerte de ambos como días de luto[744]

i. Otros creen que los huesos de Memnón fueron llevados a Pafos en Chipre, y desde allí a Rodas, donde su hermana Himera, o Hemera, fue a buscarlos. Los fenicios que se habían rebelado contra Falante permitieron que se los llevara con la condición de que no exigiera la devolución .del tesoro robado. Ella accedió a eso y llevó la urna a Fenicia; allí la enterró en Palioquis y luego desapareció[745]. Otros dicen que la tumba de Memnon se halla cerca de Faltón, en Siria, junto al río Badas. Su espada de bronce cuelga de la pared del templo de Asclepios en Nicomedia; y la Tebas egipcia es famosa por una colosal estatua negra —una figura de piedra sentada— que produce un sonido parecido al del rompimiento de la cuerda de una lira todos los días al salir el sol. Todos los pueblos de habla griega lo llaman Memnón, pero no los egipcios[746].

j. A continuación Aquiles derrotó a los troyanos y los persiguió hacia la ciudad, pero su destino estaba ya también decidido. Posidón y Apolo se comprometieron a vengar la muerte de Geno y Troilo y a castigar ciertas jactancias insolentes que Aquiles había pronunciado sobre el cadáver de Héctor, y se cosultaron. Velado con una nube y apostado junto a la Puerta Escea, Apolo buscó a París en lo más reñido del combate, dirigió su arco y guió la flecha fatal. Fue a clavarse en la única parte vulnerable del cuerpo de Aquiles, el talón derecho, y murió con terribles dolores[747]. Pero algunos dicen que Apolo, asumiendo la semejanza de Paris, mató personalmente a Aquiles; y ésta fue la versión que aceptó Neoptólemo, el hijo de Aquiles. Durante todo el día se libró sobre el cadáver una batalla feroz. Áyax el Grande mató a Glauco, lo despojó de su armadura, envió ésta al campamento y, a pesar de una lluvia de flechas, llevó el cadáver de Aquiles a través de los enemigos, mientras Odiseo le cubría la retaguardia. Una tempestad enviada por Zeus puso entonces fin a la lucha[748].

k. Según otra tradición, Aquiles fue víctima de un complot. Príamo le había ofrecido a Políxena en matrimonio con la condición de que levantase el sitio de Troya, pero Políxena, que no podía perdonar a Aquiles el que hubiera asesinado a su hermano Troilo, hizo que revelara la vulnerabilidad de su talón, pues no hay secreto que las mujeres no puedan arrancar a los hombres como prueba de amor. A pedido de ella, descalzo y desarmado, a ratificar el acuerdo mediante sacrificios a Apolo Timbreo; luego, mientras Deífobo le abrazaba simulando amistad, Paris, oculto detrás de la imagen del dios, le atravesó el talón con una flecha envenenada o, según algunos, con una espada. Pero antes de morir Aquiles tomó del altar unas teas y las lanzó vigorosamente a su alrededor, matando a muchos tróvanos y servidores del templo[749]. Entre tanto, Odiseo, Ayax y Diomedes, sospechando una posible traición de Aquiles, le habían seguido al templo. Paris y Deífobo se cruzaron con ellos corriendo en la puerta; entraron y Aquiles, al expirar en sus brazos, les pidió que después de la caída de Troya sacrificaran a Políxena en su tumba. Ayax sacó el cadáver del templo en sus hombros; los troyanos trataron de apoderarse de él, pero los griegos consiguieron llevárselo y lo condujeron a las naves. Algunos dicen, por otra parte, que los troyanos vencieron en la pelea y no entregaron el cadáver de Aquiles hasta que les devolvieron el rescate que Príamo había pagado por Héctor[750].

l. Esa pérdida desalentó a los griegos. Sin embargo, Posidón prometió a Tetis que concedería a Aquiles en el Mar Negro una isla en la que las tribus de la costa le ofrecerían sacrificios divinos durante toda la eternidad. Un grupo de nereidas fue a Troya para llorar con ella y permanecieron desoladas alrededor de su cadáver mientras las nueve Musas entonaban el canto fúnebre. El duelo duró diecisiete días y noches, pero aunque Agamenón y los otros caudillos griegos derramaron muchas lágrimas, ninguno de los soldados rasos lamentó mucho la muerte de un traidor tan notorio. El decimoctavo día el cuerpo de Aquiles fue quemado en una pira y sus cenizas, mezcladas con las de Patroclo, fueron guardadas en un cofre de oro hecho por Hefesto, regalo de boda de Dioniso a Tetis; el cofre fue enterrado en el promontorio Sigeo, que dormina el Helesponto, y sobre él los griegos erigieron un alto túmulo como mojón[751]. En una aldea vecina llamada Aquilea hay un templo dedicado a Aquiles y su estatua lleva un arete de mujer[752].

m. Mientras los aqueos realizaban juegos fúnebres en su honor —Eumelo ganó la carrera de carros, Diomedes la pedestre, Ayax el lanzamiento de discos y Teucro la competencia en el disparo de arcos— Tetis sacó el alma de Aquiles de la pira y la llevó a Leucea, una isla de unos veinte estadios de circunferencia, boscosa y llena de animales salvajes y domesticados que se halla frente a la desembocadura del Danubio y que ahora le está consagrada. En una ocasión, cuando cierto crotoniano llamado Leónimo, que había sido herido gravemente en el pecho mientras luchaba con sus vecinos, los locrios espicefirios, hizo una visita a Delfos para preguntar cómo podía curarse, la Pitonisa le dijo: «Ve a Leucea. Allí Ayax el Pequeño, a cuya ánima invocaron sus enemigos para que luchase en su favor, aparecerá y te curará la herida.» Volvió algunos meses después, sano y salvo, e informó que había visto a Aquiles, Patroclo, Antíloco, Ayax el Grande y finalmente Ayax el Pequeño, quien le había curado. Helena, ahora casada con Aquiles, le había dicho: «Te ruego, Leónimo, que vayas a Himera y le digas al difamador de Helena que la pérdida de su vista se debe al desagrado de ella.» Los marineros que navegan rumbo al norte desde el Bosforo hasta Olbia oyen con frecuencia a Aquiles que canta los versos de Homero al otro lado del agua, y al sonido de su voz acompañan el ruido de cascos de caballos, gritos de guerreros y entrechocar de armas[753].

n. Aquiles yació por vez primera con Helena, no mucho antes de su muerte, en un sueño dispuesto por su madre Tetia. Esta experiencia le causó tal placer que pidió a Helena que se descubriese ante él en la vida real en la muralla de Troya. Ella lo hizo y Aquiles se enamoró desesperadamente. Como él fue su quinto marido, lo llaman Pempto, que quiere decir «quinto», en Creta; Teseo, Menelao, París y Deífobo habían sido sus predecesores[754].

o. Pero otros sostienen que Aquiles sigue bajo el poder de Hades y se queja amargamente de su suerte mientras se pasea por los Campos de Asfódelos; otros, que se casó con Medea y vive regiamente en los Campos Elíseos o en las Islas de los Bienaventurados[755].

p. Por orden de un oráculo se erigió un cenotafio a Aquiles en el antiguo gimnasio de Olimpia; allí, al comienzo del festival, cuando el sol se pone, las eleanas le honran con ritos fúnebres. Los tesalios, por orden del oráculo de Dodona, hacen también sacrificios anuales a Aquiles; y en el camino que lleva de Esparta hacia el norte hay un templo que le construyó Prax, su bisnieto, y que está cerrado al gran público; pero los muchachos a los que se exige que luchen en el cercano bosquecillo de sicómoros entran en él y hacen sacrificios a Aquiles de antemano[756].

1.      Pentesilea era una de las amazonas vencidas por Teseo y Heracles: es decir, una de las sacerdotisas combatientes de Atenea, derrotadas por los invasores eolios de Grecia (véase 100.1 y 131.2). El episodio ha sido situado en Troya porque, según se dice,, la confederación de Príamo comprendía a todas las tribus del Asia Menor. Pentesilea no aparece en la Ilíada, pero el ultraje de su cadáver por Aquiles es característicamente homérico, y como se la menciona en otros muchos textos clásicos, un pasaje acerca de ella pudo muy bien haber sido suprimido por los compiladores de Pisístrato. Dictys Cretensis (iv.2-3) moderniza la fábula: dice que cabalgaba al frente de un gran ejército y que, al encontrar a Héctor muerto, habría vuelto a su país si París no la hubiera sobornado con oro y plata para que se quedase. Aquiles atravesó con la lanza a Pentesilea en su primer encuentro y la hizo caer de la silla tirándole del cabello. Cuando yacía en tierra moribunda los soldados griegos gritaron: «¡Arroja a esa virago a los perros como castigo por sobrepasar la naturaleza de la mujer!» Aunque Aquiles pidió que se le hiciese un funeral honorable, Diomedes tomó el cadáver por los pies y lo arrastró para arrojarlo al Escamandro. En la leyenda griega las viejas nodrizas representan habitualmente a la Diosa como Anciana (véase 24.9) y la nodriza de Pentesilea, Cleta («invocada») no es una excepción.

2.      Cisia («hiedra») parece ser un título primitivo de la diosa, llamada de diversos modos, que presidía las orgías de hiedra y vid en Grecia, Tracia, Asia Menor y Siria (véase 168.j); los «cisianos» de Memnón, sin embargo, son una variante de «susianos» («hombres-lirio»), llamados así en honor de la diosa Lirio, Susannah o Astarté. Probablemente Príamo pidió ayuda, no a los sirios, sino a los hititas, que muy bien podían haberle enviado refuerzos por tierra, y también por mar, desde Siria. «Memnón» («resuelto»), un título común de los reyes griegos —intensificado en «Agamemnón» («muy resuelto»)— ha sido confundido aquí con Mnemón, un título del asirio Artajerjes, y con Amenofis, el nombre del Faraón en honor del cual se construyó en Tebas la famosa estatua negra y cantante. Los primeros rayos del sol calentaban la piedra hueca y hacían que el aire interior se expandiese y saliera por la estrecha garganta.

3.      Aquiles en su nacimiento, juventud y muerte es aceptable mitológicamente como el antiguo rey sagrado pelasgo, destinado a convertirse en el héroe oracular «sin labios». Su adversario mítico llevaba varios nombres, como «Héctor», «Paris» y «Apolo». Aquí es Memnón, hijo de Cisia. El duelo de Aquiles con Memnón, cada uno de ellos apoyado por su madre, estaba tallado en el Cofre de Cipselo (Pausanias: v.19.1) y en el trono de Apolo en Amidas (Pausanias: iii.18.7); además figura en un gran grupo del pintor Licio que los habitantes de Apolonia le dedicaron en Olimpia (Pausanias: v.22.2). Los dos representan al rey sagrado y su sucesor: Aquiles, hijo de la diosa del Mar, brillante Espíritu del Año Creciente; y Memnón, hijo de la diosa; Hiedra, oscuro Espíritu del Año Menguante, al que se consagra la vid dorada. Se matan el uno al otro alternativamente, en los solsticios invernal y estival; el rey muere siempre a consecuencia de una herida en el talón, y su sucesor es decapitado con una espada. Aquiles, en este sentido antiguo, no corrompido por el comportamiento escandaloso de los caudillos aqueos y dorios que usurparon su nombre, era honrado como héroe en muchos lugares; y la fábula no homérica de la traición de que fue objeto por Políxena, quien le arrancó el secreto de su talón vulnerable, lo coloca junto a Llew Llaw, Cuchulain, Sansón y otros héroes de la Edad de Bronce de buena reputación. Es probable, por tanto, que su lucha con Pentesilea fuera de la misma clase que la de su padre, Peleo, con Tetis (véase 81.d). Quien recibió el mensaje de Helena desde Leucea —que ahora es una isla prisión rumana sin árboles— fue el poeta Estesícoro (véase 31.9 y 159.1).

4.      Debido a que Memnón fue del Oriente para ayudar a Príamo se le llamó «hijo de Eos» («la aurora»); y como necesitaba un padre, Titono, el amante de Eos, pareció la elección natural (véase 40.c). Una lucha en el solsticio de invierno entre muchachas disfrazadas de aves de la que da fe Ovidio, es una explicación más probable de las Memnónidas que el que sean encarnaciones fantásticas de chispas que ascienden de un cadáver colocado en la pira; la lucha se libraría originalmente por el cargo de suma sacerdotisa, al estilo libio (véase 8.1).

5.      Aquiles, como rey sagrado de Olimpia, era llorado después del solsticio estival, cuando se realizaban en su honor los juegos fúnebres olímpicos; a su sucesor, llamado Idealmente «Crono», se le lloraba después del solsticio de invierno (véase 138.4). En las Islas Británicas estas fiestas caían en el primero de agosto y el día de San Esteban, respectivamente; pero aunque el cadáver del reyezuelo de cresta dorada, el pájaro de Crono, es llevado todavía en procesión por los distritos rurales el día de San Esteban, las Memnónidas británicas suspiran y sollozan sólo por el petirrojo, no por su víctima, el reyezuelo: por el sucesor y no por el rey sagrado.

6.      El templo de héroe de Aquiles en Creta debió de ser construido por inmigrantes pelasgos, pero el sicómoro es un árbol cretense. Puesto que la hoja de sicómoro representaba la mano verde de Rea, quizá se llamara a Aquiles Pempto («quinto») para identificarlo con Acésidas, el quinto de sus Dáctilos, es decir el dedo meñique oracular, del mismo modo en que identificaba a Heracles con el primero, el viril pulgar (véase 53.1).

7.      La vid de oro de Príamo, con la que sobornó a Titono para que enviara a Memnón, parece haber sido la que dio Zeus a Tros como compensación por el rapto de Ganimedes (véase 29.6).


165.  LA LOCURA DE ÁYAX


a. Cuando Tetis decidió conceder las armas de Aquiles al griego más valiente que quedaba vivo delante de Troya, solamente Ayax y Odiseo, que habían defendido juntos el cadáver[757], se atravieron a reclamarlas. Algunos dicen que Agamenón, quien aborrecía a toda la Casa de Éaco, rechazó las pretensiones de Áyax y repartió las armas entre Menelao y Odiseo, cuya buena voluntad estimaba mucho más[758]; otros dicen que evitó lo odioso de una decisión remitiendo el caso a una reunión de los caudillos griegos, que la resolvieron en votación secreta; o que la remitió a los cretenses y los otros aliados; o que obligó a sus prisioneros troyanos a declarar cuál de los dos reclamantes les había hecho más daño[759]. Pero la verdad es que, mientras Ayax y Odiseo seguían jactándose competitivamente de sus hazañas, Néstor le aconsejó a Agamenón que por la noche enviase espías para que escuchasen al pie de las murallas de Troya la opinión imparcial de los enemigos al respecto. Los espías oyeron lo que decían unas muchachas que conversaban entre ellas: cuando una elogió a Ayax por haber retirado el cadáver de Aquiles del campo de batalla entre una tormenta de proyectiles, otra, por instigación de Atenea, replicó: «¡Tonterías! Hasta una esclava habría hecho lo mismo una vez que alguien le ha puesto un cadáver en los hombros; pero si le hubieran puesto armas en la mano habría estado demasiado asustada para utilizarlas. Odiseo, y no Ayax, sufrió el embate más fuerte de nuestro ataque»[760].

b. En consecuencia, Agamenón concedió las armas a Odiseo. Él y Menelao nunca se hubiesen atrevido, por supuesto, a insultar a Ayax de esta manera si Aquiles hubiera estado vivo, pues Aquiles quería entrañablemente a su valiente primo. Fue el mismo Zeus quien provocó la querella[761].

c. Con una ira muda, Ayax decidió vengarse de sus compatriotas griegos aquella misma noche; pero Atenea le enloqueció e hizo que se lanzara espada en mano contra las vacas y las ovejas tomadas de las granjas troyanas como parte del botín común. Tras una gran matanza, encadenó a los animales sobrevivientes y los llevó al campamento, donde continuó su matanza. Eligió dos carneros de patas blancas, cercenó la cabeza y la lengua a uno de ellos, al que tomó por Agamenón o Menelao, y ató el otro a una columna, donde lo azotó con un ronzal, gritando insultos y llamándole pérfido Odiseo[762].

d. Por fin recobró el juicio y, completamente desesperado, llamó a Eurísaces, hijo con Tecmesa, y le entregó el enorme escudo séptuple del cual había recibido su nombre. «El resto de mis armas será enterrado conmigo cuando muera», dijo. Teucro, el hermanastro de Ayax e hijo de Hesíone, la hermana cautiva de Príamo, se hallaba en aquel momento en Misia, pero Áyax le dejó un mensaje designándolo guardián de Eurísaces, a quien debía llevar a casa de sus abuelos Telamón y Euribea en Salamina. Luego, después de decir a Tecmesa que eludiría la ira de Atenea bañándose en agua de mar y encontrando un trozo de tierra no hollada en el que pudiera enterrar con seguridad la espada, salió, decidido a matarse.

e. Fijó en tierra la espada —la misma que le había dado Héctor a cambio del tahalí de púrpura— con la punta hacia arriba, y después de pedir a Zeus que le hiciera saber a Teucro dónde se podía encontrar su cadáver; a Hermes que condujera su alma a los Campos de Asfódelos; y a las Erinias que le vengaran, se arrojó sobre ella. La espada, que detestaba lo que Ayax le pedía, se dobló en la forma de arco, y ya había amanecido cuando por fin consiguió suicidarse poniendo la punta bajo su axila vulnerable[763].

f. Entretanto Teucro volvió a Misia y estuvo a punto de que lo mataran los griegos, indignados por la matanza de su ganado. Calcante, a quien no se había otorgado la previsión profética del suicidio, llevó aparte a Teucro y le aconsejó que encerrara a Ayax en su tienda, pues le había enloquecido la ira de Atenea. Podalirio, hijo de Asclepio, se mostró de acuerdo; era un médico tan experto como su hermano Macaón el cirujano y el primero que diagnosticó la locura de Ajax por sus ojos llameantes[764]. Pero Teucro se limitó a sacudir la cabeza, pues Zeus le había informado ya de la muerte de su hermano, y salió tristemente con Tecmeas en busca del cadáver.

g. Encontró a Ayax tendido en un charco de sangre y Teucro se quedó consternado. ¿Cómo podía volver a Salamina y hacer frente a su padre Telamón? Mientras se hallaba allí tirándose de los pelos se presentó Menelao y le prohibió enterrar a Ayax, a quien había que dejar a merced de los voraces milanos y los piadosos buitres. Teucro lo envió a paseo y, dejando que Eurísaces, vestido de suplicante, expusiera mechones de su cabello, del de Teucro y del de Tecmesa, para guardar así el cadáver de Ayax —sobre el que Tecmesa había extendido su túnica—, se presentó airado ante Agamenón. Odiseo intervino en la subsiguiente disputa y no sólo instó a Agamenón para que permitiera los ritos fúnebres, sino que además se ofreció a ayudar a Teucro a realizarlos. Teucro no aceptó ese servicio, aunque agradeció la cortesía de Odiseo. Finalmente Agamenón, por consejo de Calcante, permitió que Ayax fuese enterrado en un ataúd de suicida en el cabo Reteo, y no que fuera quemado en una pira como si hubiera caído honorablemente en la batalla[765].

h. Algunos sostienen que la causa de la querella entre Ayax y Odiseo fue la posesión del Paladio y que se produjo después de la caída de Troya[766]. Otros niegan que Ayax se suicidara y dicen que, como era invulnerable al acero, los troyanos lo mataron con terrones de arcilla, como les había aconsejado un oráculo. Pero quizá se trataba de otro Ayax[767].

í. Posteriormente, cuando Odiseo visitó los Campos de Asfódelos, Ayax fue la única ánima que permaneció alejada de él, y rechazó sus excusas de que Zeus había sido responsable de su desgracia. Para entonces Odiseo había regalado prudentemente las armas a Neoptólemo, el hijo de Aquiles; aunque los eolios que más tarde se establecieron en Troya dicen que las perdió en un naufragio cuando regresaba a su casa y que Tetis consiguió que las olas las depositasen junto a la tumba de Ayax en Reteo. Durante el reinado del emperador Adriano la mar gruesa abrió la tumba y se descubrió que sus huesos eran de tamaño gigantesco; basta con decir que las rótulas eran tan grandes como los discos que emplean los muchachos en el pentatlón. Por orden del emperador los volvieron a enterrar inmediatamente[768].

j. Los habitantes de Salamina dicen que cuando murió Ayax apareció una flor nueva en su isla: blanca, con matices rojos, menor que un lirio y, como el jacinto, con letras que decían Ai! Ai! («¡Ay, ay!»). Pero se cree generalmente que la nueva flor nació de la sangre de Ayax cuando cayó, pues las letras también quieren decir Aias Aiacides: «Ayax el Eácida.» En la plaza del mercado de Salamina hay un templo de Ayax con una imagen de ébano; y no lejos del puerto se muestra un canto rodado en el que se sentó Telamón para contemplar la nave que se llevó a sus hijos a Aulide[769].

k. Teucro volvió por fin a Salamina, pero Telamón le acusó de fratricidio en segundo grado, pues no había apoyado la pretensión de Ayax a las armas en disputa. Le prohibió desembarcar y tuvo que defenderse desde el mar mientras los jueces le escuchaban en la orilla; el propio Telamón se había visto obligado a hacer lo mismo por su padre Éaco cuando le acusó de haber asesinado a su hermano Foco. Y así como Telamón había sido declarado culpable y desterrado, así también lo fue Teucro, fundándose en que no había llevado de vuelta los huesos de Ayax, ni a Tecmesa ni Eurísaces; lo que desmostraba negligencia. Se dirigió a Chipre, donde, con el favor de Apolo y el permiso del rey sidonio Belo, fundó la otra Salamina[770].

l. Los atenienses honran a Ayax como uno de sus héroes epónimos e insisten en que Fileo, el hijo de Eurísace, se hizo ciudadano ateniense y les entregó la soberanía de Salamina[771].



166.  LOS ORÁCULOS DE TROYA


a. Aquiles había muerto y los griegos comenzaban a desesperar. Calcante profetizó que Troya no podría ser tomada sino con la ayuda del arco y las flechas de Heracles. En consecuencia, Odiseo y Diomedes fueron enviados a Lemnos para que se los pidieran a Filoctetes, quien los poseía en aquel momento[772].

b. Algunos dicen que Fímaco, pastor del rey Actor e hijo de Dolofión había alojado a Filoctetes y curado su herida apestosa durante los últimos diez años. Otros afirman que algunos de los soldados melibeos de Filoctetes se habían establecido a su lado en Lemnos y que los Asclepíadas ya le habían curado con tierra de Lemnos antes que llegara la delegación; o que Filio o Pelio, un hijo de Hefesto, lo hizo. Se dice que luego Filoctetes conquistó ciertas pequeñas islas situadas frente a las costa troyana para el rey Euneo, desalojando a la población caria, bondad que agradeció Euneo concediéndole el distrito de Acesa en Lemnos[773]. Por lo tanto, se explica, Odiseo y Diomedes no necesitaban tentar a Filoctetes con ofrecimientos de tratamiento médico; fue voluntariamente con ellos, llevando el arco y las flechas, con el propósito de ganar la guerra para los griegos y gloria para sí mismo. Según otra versión, la delegación se encontró con que había muerto hacía tiempo a consecuencia de la herida y convenció a sus herederos para que les dejaran llevar el arco[774].

c. La verdad es, no obstante, que Filoctetes se había quedado en Lemnos, sufriendo mucho, hasta que Odiseo le convenció con engaños para que entregara el arco y las flechas; pero Diomedes (y no, como algunos dicen equivocadamente, Neoptólemo) no quiso complicarse en el robo y aconsejó a Filoctetes que exigiera la devolución de su propiedad. Entonces intervino el dios Heracles: «Ve con ellos a Troya, Filoctetes —le dijo— y yo enviaré a un asclepíada para que te cure; pues Troya debe caer por segunda vez con mis flechas. Te elegirán entre los griegos como el combatiente más temerario de todos. Matarás a Paris, tomarás parte en el saqueo de Troya y enviarás a tu casa el botín, reservando la parte mejor para tu padre Pean te. Pero recuerda: no puedes tomar a Troya sin Neoptólemo, hijo de Aquiles, ¡ni puede hacerlo él sin ti!»[775].

d. Filoctetes obedeció y cuando llegó al campamento griego lo bañaron con agua dulce y dejaron que durmiera en el templo de Apolo. Mientras dormía, el cirujano Macaón le cortó de la herida la carne podrida, vertió en ella vino y le aplicó hierbas curativas y la piedra serpentina. Pero algunos dicen que Podalirio, el médico hermano de Macaón, se encargó de la curación[776].

e. Tan pronto como estuvo curado, Filoctetes desafió a Paris a un combate con arcos. La primera flecha que disparó no hizo blanco, la segunda atravesó la mano del arco de Paris, la tercera le cegó el ojo derecho, y la cuarta le dio en el tobillo hiriéndole de muerte. A pesar del intento de Menelao de matar a Paris, éste consiguió salir renqueando del campo de batalla y refugiarse en Troya. Esa noche los troyanos lo llevaron al monte Ida, donde suplicó a su anterior amante, la ninfa Enone, que le curara, pero inspirada por un odio inveterado a Helena, ella, cruel, movió negativamente la cabeza y lo llevaron de vuelta para que muriera. Poco después Enone se arrepintió y corrió a Troya con un cesto lleno de drogas curativas, pero lo encontró ya muerto. En un frenesí de dolor saltó desde la muralla, o se ahorcó, o murió quemada en su pira; nadie recuerda cómo fue la cosa. Algunos excusan a Enone diciendo que habría curado a Paris inmediatamente si su padre no lo hubiera impedido; se vio obligada a esperar a que él saliera de casa antes de llevar las drogas y luego llegó demasiado tarde[777].

f. Heleno y Deífobo disputaron entonces la mano de Helena, y Príamo apoyaba a Deífobo fundándose en que había mostrado el mayor valor; pero, aunque su casamiento con Paris había sido dispuesto por los dioses, Helena no podía olvidar que seguía siendo reina de Esparta y esposa de Menelao. Una noche un centinela la sorprendió tratando de deslizarse por una cuerda de la muralla con el propósito de escaparse. La llevaron ante Deífobo, quien se casó con ella por la fuerza, con gran disgusto de los otros troyanos. Heleno abandonó inmediatamente la ciudad y fue a vivir con Arisbe en las laderas del monte Ida[778].

g. Al enterarse por Calcante de que solamente Heleno conocía los oráculos secretos que protegían a Troya, Agamenón envió a Odiseo para que le acechara y lo llevara al campamento griego. Dio la casualidad de que Heleno se hallaba como huésped de Crisis en el templo de Apolo Timbreo cuando llegó Odiseo en su busca, y se mostró bastante dispuesto a revelar los oráculos con la condición de que se le diera un hogar seguro en algún país lejano. Explicó que había abandonado Troya, no porque temiera la muerte, sino porque ni él ni Eneas podían perdonar el sacrilego asesinato de Aquiles por París en aquel mismo templo y por el que todavía no se había dado cumplida satisfacción a Apolo[779].

h. —Así sea. No me ocultes nada y te garantizaré la vida y la seguridad —le dijo Odiseo.
—Los oráculos son breves y claros —respondió Heleno—. Troya caerá este verano si cierto hueso de Pélope es llevado a vuestro campamento, si Neoptólemo sale a combatir, y si el Paladio de Atenea es robado de la ciudadela, porque no se puede abrir brecha en las murallas mientras siga allí[780].
Agamenón envió inmediatamente mensajeros a Pisa en busca del omóplato de Pélope. Entretanto Odiseo, Fénix y Diomedes se embarcaron para Esciros, donde convencieron a Licomedes para que dejara que Neoptólemo fuera a Troya; algunos dicen que entonces sólo tenía doce años de edad. El ánima de Aquiles se le apareció a su llegada, y en adelante se distinguió tanto en el consejo como en la guerra. Odiseo le entregó de buena gana las armas de Aquiles[781].

i. Eurípilo, hijo de Télefo, reforzó a los troyanos con un ejército de misios, y Príamo, que había ofrecido a su madre Astíoque una vid de oro si él iba, lo desposó con Casandra. Eurípilo demostró que era un combatiente resuelto y mató al cirujano Macaón; éste es el motivo por el que en el templo de Asdepio en Pérgamo, donde todos los servicios religiosos comienzan con un himno celebrando a Télefo, no se puede pronunciar en ocasión alguna el nombre de su hijo Eurípilo. Néstor llevó a Pilos los huesos de Macaón y los enfermos son curados en el templo de Gerania; su estatua de bronce enguirnaldada domina el lugar sagrado llamado «El Rosal». El propio Eurípilo fue muerto por Neoptólemo[782].

j. Poco antes de la caída de Troya las disensiones entre los hijos de Príamo se hicieron tan feroces que autorizó a Antenor para que negociara la paz con Agamenón. A su llegada al campamento griego, Antenor, por odio a Deífobo, convino en entregar traidoramente el Paladio y la ciudad a Odiseo; su precio fue la dignidad de rey y la mitad del tesoro de Príamo. Le dijo a Agamenón que se podía contar también con la ayuda de Eneas[783].

k. Trazaron juntos un plan, y para realizarlo Odiseo le pidió a Diomedes que le azotara sin piedad; luego, manchado con sangre, sucio y cubierto de harapos, consiguió que le admitieran en Troya como un esclavo fugitivo. Sólo Helena le conoció a pesar de su disfraz, pero cuando le interrogó en privado la engañó con respuestas evasivas. Sin embargo, no pudo rechazar una invitación para que fuera a su casa, donde ella le bañó, le ungió y le vistió con ropas finas; y una vez establecida su identidad sin duda alguna, Helena juró solemnemente que no lo denunciaría a los troyanos —hasta entonces sólo había confiado en Hécabe— si él le revelaba todos los detalles de su plan. Helena le explicó que la tenían como prisionera en Troya y deseaba volver a su patria. En aquel momento entró Hecabe. Odiseo se arrojó a sus pies, llorando de terror, y le suplicó que no lo denunciara. Cosa sorprendente, ella accedió. Odiseo se apresuró a volver, guiado por Hecabe, y llegó a donde estaban sus amigos a salvo y con abundante información; pretendió haber matado a varios troyanos que no querían abrirle las puertas[784].

l. Algunos dicen que Odiseo robó el Paladio en esta ocasión, él solo. Otros dicen que a él y a Diomedes, como favoritos de Atenea, los eligieron para hacerlo y que subieron a la ciudadela por un túnel estrecho y fangoso, mataron a los guardias que dormían y juntos se apoderaron de la imagen que la sacerdotisa Teano, esposa de Antenor, les entregó voluntariamente[785]. La versión común, no obstante, es que Diomedes escaló la muralla subiéndose a los hombros de Odiseo, porque la escala era corta, y entró en Troya solo. Cuando reapareció con el Paladio en los brazos los dos volvieron al campamento juntos, bajo la luna llena, pero Odiseo deseaba para sí toda la gloria. Se colocó detrás de Diomedes, a cuyos hombros estaba atada la imagen, y lo habría matado si Diomedes no hubiera visto la sombra de su espada, pues la luna estaba todavía baja en el firmamento. Se volvió, desenvainó su espada, desarmó a Odiseo, le ató las manos y lo llevó a las naves dándole repetidamente puntapiés y golpes. De aquí la frase «coacción de Diomedes» aplicada con frecuencia a aquellos cuyos actos obedecen a una coerción[786].

m. Los romanos pretenden que Odiseo y Diomedes se llevaron solamente una copia del Paladio exhibida públicamente, y que Eneas, cuando cayó Troya, rescató la imagen auténtica, pasándola a escondidas con el resto de su bagaje sagrado y la llevó sin peligro a Italia.


167.  EL CABALLO DE MADERA


a. Atenea inspiró a Prilis, hijo de Hermes, la sugestión de que se podría entrar en Troya por medio de un caballo de madera; y Epeo, hijo de Panopeo, un fócense del Parnaso, se ofreció voluntariamente para construir uno bajo la inspección de Atenea. Luego, por supuesto, Odiseo reclamó el mérito de esta estratagema[788].

b. Epeo había llevado treinta naves desde las Cicladas a Troya. Desempeñaba el oficio de acarreador de agua en la casa de Atreo, como aparece en el friso del templo de Apolo en Cartea, y aunque era un pugilista hábil y un artesano consumado, había, nacido cobarde como castigo divino por haber faltado su padre a la palabra dada, pues Panopeo había jurado falsamente en nombre de Atenea que no desfalcaría parte alguna del botín tafiano conquistado por Anfitrión. La cobardía de Epeo se hizo proverbial desde entonces[789].

c. Construyó un enorme caballo hueco con tablones de pino, con un escotillón en un costado y grandes letras talladas en el otro que lo dedicaban a Atenea: «En agradecida anticipación del regreso a salvo a sus hogares, los griegos dedican esta ofrenda a la Diosa»[790]. Odiseo convenció a los más valientes de los griegos para que subieran al caballo, completamente armados, por una es-
cala de cuerdas y se introdujeran por el escotillón en su vientre. Se da variadamente su número como veintitrés, más de treinta, cincuenta, y lo que es un tanto absurdo, tres mil. Entre ellos estaban Menelao, Odiseo, Diomedes, Esténelo, Acamante, Toante y Neoptólemo. Engatusado, amenazado y sobornado, Epeo se unió también al grupo. Subió el último, introdujo la escala de cuerdas tras de sí y, como era el único que sabía hacer funcionar el escotillón, se sentó junto a la cerradura[791].

d. Al anochecer, los demás griegos que estaban a las órdenes de Agamenón siguieron las instrucciones de Odiseo, que consistían en incendiar su campamento, hacerse a la mar y esperar frente a Ténedos y las islas Calidnes hasta la noche siguiente. Sólo Sinón, primo hermano de Odiseo y nieto de Autólico, se quedó encargado de encender un fuego como señal de regreso[792].

e. Al amanecer los exploradores troyanos informaron que el campamento griego estaba reducido a cenizas y que su ejército se había ido dejando un caballo gigantesco en la costa. Príamo y varios de sus hijos salieron para verlo y se quedaron contemplándolo con asombro. Timetes fue el primero que rompió el silencio. «Puesto que esto es un don para Atenea —dijo—, propongo que lo introduzcamos en Troya y lo subamos a su ciudadela.» «¡No, no! —exclamó Capis— Atenea ha favorecido a los griegos durante demasiado tiempo; debemos quemarlo inmediatamente o abrirlo para ver qué contiene su vientre.» Pero Príamo declaró: «Timetes tiene razón. Lo llevaremos sobre rodillos para que nadie profane la propiedad de Atenea.» El caballo resultó demasiado ancho para que pudiera pasar por las puertas. Incluso cuando ensancharon la brecha en la muralla se atrancó cuatro veces. Con enormes esfuerzos los troyanos lo subieron a la ciudadela, pero al menos tomaron la precaución de volver a cerrar la brecha en la muralla. Siguió otra agitada discusión cuando Casandra anunció que el caballo contenía hombres armados, y le apoyó el adivino Laocoonte, hijo de Antenor, a quien algunos llaman equivocadamente hermano de Anquises. Gritó: «¡Necios, no confiéis en los griegos ni siquiera cuando os traen regalos!» Y dicho eso arrojó su lanza, que se clavó vibrando en el ijar del caballo e hizo que dentro de él se entrechocaran las armas. Se oyeron gritos de: «¡Quemémoslo! ¡Arrojémoslo por la muralla!» Pero los partidarios de Príamo suplicaron: «Dejadlo donde está»[793].

f. La discusión fue interrumpida por la llegada de Sinón, a quien conducían encadenado un par de soldados troyanos. Sometidos a interrogatorio declaró que Odiseo trataba hacía mucho tiempo de matarlo porque conocía el secreto del asesinato de Palamedes. Añadió que los griegos estaban sinceramente cansados de la guerra y habrían vuelto a sus casas meses antes, pero el mal tiempo ininterrumpido les había impedido hacerlo. Apolo les había aconsejado que aplacasen a los vientos con sangre, como cuando quedaron demorados en Aulide. «En vista de ello —continuó Sinón— Odiseo obligó a Calcante a adelantarse y le pidió que nombrara a la víctima. Calcante no quiso responder inmediatamente y se retiró durante diez días, al cabo de los cuales, sin duda sobornado por Odiseo, entró en la tienda donde se realizaba el consejo y me señaló. Todos los presentes aceptaron de buena gana el veredicto, aliviados porque no los habían elegido como víctima propiciatoria. Me encadenaron, pero comenzó a soplar un viento favorable, mis compañeros se apresuraron a embarcarse y yo aproveché la confusión para escaparme.»

g. Príamo, engañado, aceptó a Sinón como suplicante y ordenó que le quitaran las cadenas. «Ahora habíanos del caballo», le dijo amablemente. Sinón explicó que los griegos habían perdido el favor de Atenea, del que dependían, cuando Odiseo y Diomedes robaron el Paladio de su templo. Tan pronto como lo llevaron a su campamento las llamas envolvieron tres veces la imagen y sus miembros comenzaron a sudar en prueba de la ira de la diosa. En vista de ello, Calcante aconsejó a Agamenón que se embarcaran para su patria y reunieran una nueva expedición en Grecia bajo mejores auspicios, dejando el caballo como una ofrenda aplacatoria a la diosa. «¿Por qué lo han hecho tan grande?», preguntó Príamo. Sinón, bien aleccionado por Odiseo, contestó: «Para impedir
que lo introdujeseis en la ciudad. Calcante predice que si despreciáis esta imagen sagrada, Atenea os arruinará; pero una vez que esté dentro de Troya podréis reunir a todas las fuerzas de Asia, invadir Grecia y conquistar Micenas»[794].

h. «Ésas son mentiras —gritó Laocoonte— y parecen inventadas por Odiseo. ¡No le creas, Príamo!» Y añadió: «Te ruego, señor, que me permitas sacrificar un toro a Posidón. Cuando vuelva espero ver este caballo de madera reducido a cenizas.» Es necesario explicar que los troyanos habían dado muerte lapidándolo a su sacerdote de Posidón nueve años antes y decidieron no sustituirlo hasta que la guerra pareciera haber terminado. Ahora eligieron a Laocoonte echando suertes para que propiciara a Posidón. Ya era el sacerdote de Apolo Timbreo, a quien había irritado casándose y engendrando hijos a pesar del voto de celibato y, lo que era peor, yaciendo con su esposa Antíope a la vista de la imagen del dios[795].

i. Laocoonte se retiró para elegir una víctima y preparar el altar, pero, como advertencia de que se acercaba la perdición de Troya, Apolo envió dos grandes sierpes marinas llamadas Porces y Caribea, o Curisia, o Períbea, que corrieron hacia Troya desde Ténedos y las islas Calidnes[796].
Salieron a tierra y, enroscándose alrededor de los miembros de Antifante y Timbreo, al que algunos llaman Melanio, los hijos mellizos de Laocoonte, los estrujaron hasta causarles la muerte. Laocoonte corrió a salvarlos, pero murió también miserablemente. Las serpientes se deslizaron luego hasta la ciudadela y mientras una se enroscaba en los pies de Atenea la otra se refugió detrás de su égida. Algunos dicen, sin embargo, que sólo murió uno de los hijos de Laocoonte y que eso sucedió en el templo de Apolo Timbreo y no junto al altar de Posidón; otros que Laocoonte escapó a la muerte[797].

j. Este terrible prodigio sirvió para convencer a los troyanos de que Sinón había dicho la verdad. Príamo dio por supuesto equivocadamente que a Laocoonte se le castigaba por haber herido el caballo con su lanza y no por haber insultado a Apolo. Inmediatamente dedicó el caballo a Atenea y aunque los seguidores de Eneas se retiraron alarmados a sus chozas en el monte Ida, casi todos los troyanos de Príamo comenzaron a celebrar la victoria con banquetes y fiestas. Las mujeres recogieron flores en las orillas del río, adornaron con ellas la crin del caballo y extendieron una alfombra de rosas alrededor de sus cascos[798].

k. Entretanto, dentro del vientre del caballo, los griegos temblaban de terror y Epeo lloraba en silencio, en un arrebato de miedo. Solamente Neoptólemo no mostraba emoción alguna, ni siquiera cuando la punta de la lanza de Laocoonte atravesó los tablones cerca de su cabeza. Una vez tras otra hacía señas a Odiseo para que ordenara el ataque —pues Odiseo tenía el mando— y asía su lanza y el puño de la espada amenazadoramente. Pero Odiseo no lo permitía. Por la tarde Helena salió del palacio y dio tres veces la vuelta al caballo, palmeando sus costados, y, como para divertir a Deífobo que la acompañaba, atormentó a los griegos ocultos imitando por turno la voz de cada una de sus esposas. Menelao y Diomedes, agazapados en el centro del caballo junto a Odiseo, sintieron la tentación de salir cuando oyeron pronunciar su nombre, pero él les contuvo y, al ver que Antielo estaba a punto de contestar, le tapó la boca con la mano y, según dicen algunos, le estranguló[799].

l. Esa noche, agotados por los banquetes y las orgías, los troyanos durmieron profundamente y ni siquiera el ladrido de un perro rompía el silencio. Pero Helena permanecía despierta y una brillante luz redonda ardía sobre su habitación como una señal para los griegos. A la medianoche, poco antes de que saliera la luna llena —la sétima del año—, Sinón salió furtivamente de la ciudad para encender un fuego de señal en la tumba de Aquiles y Antenor blandió una antorcha.
Agamenón contestó a las señales encendiendo astillas de madera de pino en un fanal en la cubierta de su nave, que estaba al pairo a unos pocos tiros de flecha de la costa; y toda la flota se acercó a la orilla. Antenor se acercó cautelosamente al caballo e informó en voz baja que todo se hallaba bien, y Odiseo ordenó a Epeo que abriera la puerta.

m. Equión, hijo de Porteo, fue el primero que salió dando un gran salto, pero cayó y se rompió el cuello; los demás descendieron por la escala de cuerdas de Epeo. Unos corrieron a abrir las puertas a sus compañeros que habían desembarcado y otros dieron muerte a los centinelas soñolientos que guardaban la ciudadela y el palacio, pero Menelao sólo podía pensar en Helena y corrió directamente a su casa.


168.  EL SAQUEO DE TROYA


a. Al parecer, Odiseo había prometido a Hécabe y Helena que a todos los que no ofrecieran resistencia se les perdonaría la vida. Pero los griegos se deslizaron en silencio por las calles iluminadas por la luna, entraron en las casas indefensas y cortaron la garganta a los troyanos que dormían. Hécabe se refugió con sus hijas bajo un antiguo laurel en el altar erigido a Zeus del Patio, donde impidió que Príamo corriese a lo más reñido del combate. «Quédate con nosotros, señor —le suplicó— en este lugar seguro. Eres demasiado anciano y débil para luchar.» Príamo, a regañadientes, hizo lo que ella le pidió, hasta que pasó corriendo su hijo Polites, perseguido de cerca por los griegos, y cayó traspasado ante sus propios ojos. Maldiciendo a Neoptólemo, quien le había asestado el golpe mortal, Príamo le atacó ineficazmente con la lanza, ante lo cual lo sacaron de los escalones del altar, ahora enrojecidos con la sangre de Polites, y lo mataron despiadadamente en el umbral de su propio palacio. Pero Neoptólemo, recordando sus deberes filiales, arrastró el cadáver hasta la tumba de Aquiles en el promontorio Sigeo, donde dejó que se pudriera decapitado y sin enterrar.

b. Entretanto Odiseo y Menelao habían ido a la casa de Deífobo, donde libraron el más sangriento de todos sus combates, del que salieron victoriosos solamente con la ayuda de Atenea. Se discute quién de los dos mató a Deífobo. Algunos inclusive dicen que Helena misma le hundió una daga en la espalda, y que esta acción, y la vista de sus pechos desnudos, debilitó de tal modo la resolución de Menelao, quien había jurado: «¡Ella morirá!», que arrojó su espada y la condujo a salvo a las naves. El cadáver de Deífobo fue mutilado atrozmente, pero Eneas le erigió más tarde un monumento en el cabo Reteo.
Odiseo vio que Glauco, uno de los hijos de Antenor, huía por una calle perseguido enérgicamente por un grupo de griegos. Intervino y al mismo tiempo salvó al hermano de Glauco, Helicaón, que estaba gravemente herido. Menelao colgó luego una piel de leopardo sobre la puerta de la casa de Antenor, como una señal de que había que respetarla. A Antenor, su esposa Téano y sus cuatro hijos se les permitió que se fueran en libertad llevándose todos sus bienes; algunos días después se embarcaron en la nave de Menelao y se dirigieron primeramente a Cirene, luego a Tracia y finalmente a Henética en el Adriático. Henética se llamaba así porque Antenor se hizo cargo del mando de ciertos refugiados de la Enete paflagonia, cuyo rey Pilémenes había muerto en Troya, los encabezó en una guerra afortunada contra los euganeos de la llanura del norte de Italia. Al puerto y el distrito donde desembarcaron se les llamó «Nueva Troya» y ahora se los conoce con el nombre de venedanos. También se dice que Antenor fundó la ciudad de Padua.

c. Según los romanos, la única otra familia troyana perdonada por los griegos fue la de Eneas, quien, como Antenor, había instado últimamente a entregar a Helena y a la conclusión de una paz justa; Agamenón, al ver que se ponía al venerable Anquises sobre los hombros y lo llevaba hacia la Puerta Dardánida sin una sola mirada de soslayo, ordenó que no se molestase a un hijo tan piadoso. Sin embargo, algunos dicen que Eneas estaba ausente en Frigia cuando cayó la ciudad. Otros, que defendió Troya hasta el final y luego se retiró a la ciudadela de Pérgamo y, tras una segunda resistencia valiente, envió a su gente al monte Ida a cubierto de la oscuridad y los siguió tan pronto como pudo con su familia, su tesoro y las imágenes sagradas; y que, habiéndole ofrecido los griegos condiciones honorables, pasó a la Pelene tracia y murió allí o en Orcómeno ciudad de Arcadia. Pero los romanos dicen que en sus viajes llegó por fin al Lacio, fundó la ciudad de Lavinio y, muerto en batalla, fue transportado al Cielo. Todas éstas son fábulas; la verdad es que Neoptólemo lo llevó cautivo a bordo de su nave como el botín más honorable conquistado por cualquiera de los griegos, y lo retuvo para el rescate, que a su debido tiempo pagaron los dardánidas.

d. Laódice, la esposa de Helicaón (a la que algunos llaman esposa de Télefo) había yacido con el ateniense Acamante cuando éste fue a Troya con la embajada de Diomedes diez años antes y dio a luz en secreto a un hijo llamado Múnito, al que una esclava de Helena llamada Etra —madre de Teseo y por tanto bisabuela del niño— había criado para ella. Cuando cayó Troya se hallaba Laódice en el templo de Tros, junto a las tumbas de Cila y Munipo, cuando se abrió la tierra y la tragó ante los ojos de todos.

e. En la confusión, Etra huyó con Múnito al campamento griego, donde Acamante y Demofonte la reconocieron como su abuela, largo tiempo perdida y a la que habían jurado salvar o rescatar. Demofonte fue inmediatamente a ver a Agamenón y le pidió que la repatriase, juntamente con su compañera de cautiverio, la hermana de Pirítoo. Menesteo de Atenas apoyó su súplica, y como Helena había mostrado con frecuencia que aborrecía a Etra poniéndole un pie en la cabeza y tirándole del cabello, Agamenón dio su consentimiento, pero obligó a Demofonte y Acamante a renunciar a sus pretensiones a cualquier otro botín troyano. Por desgracia, cuando Acamante desembarcó en Tracia en su viaje de regreso a su casa, Múnito, que le acompañaba, murió a consecuencia de una mordedura de serpiente.

f. Tan pronto como comenzó la matanza en Troya Casandra huyó al templo de Atenea y se asió a la imagen de madera que había reemplazado al Paladio robado. Allí la encontró Ayax el Pequeño y trató de llevársela, pero ella se abrazó a la imagen tan fuertemente que tuvo que llevársela también cuando consiguió sacar de allí a Casandra para hacerla su concubina, que era el destino común de todas las mujeres troyanas. Pero Agamenón reclamó a Casandra como la recompensa particular por su propio valor, y Odiseo, servicialmente, hizo correr el rumor de que Ayax había violado a Casandra en el templo, que era por lo que la imagen tenía los ojos vueltos hacia el Cielo, como si estuviera horrorizada. Así se convirtió Casandra en el premio de Agamenón, mientras Ayax se ganaba el odio de todo el ejército; y cuando los griegos estaban a punto de embarcarse Calcante advirtió al consejo que había que aplacar a Atenea por la ofensa hecha a su sacerdotisa. Para complacer a Agamenón, Odiseo propuso entonces que se lapidase a Ayax, pero él lo evitó acogiéndose a sagrado en el altar de Atenea, donde juró solemnemente que Odiseo mentía como de costumbre; y tampoco Casandra confirmó la acusación de violación. Sin embargo, no se podía dejar de tener en cuenta la profecía de Calcante; por tanto Ayax manifestó su pesar por haber sacado por la fuerza la imagen y se ofreció a expiar su delito. La muerte le impidió hacerlo, pues la nave en que volvía a Grecia naufragó en las Rocas llamadas Giras. Cuando consiguió llegar a tierra Posidón
partió las rocas con su tridente y le hizo perecer ahogado; o, según dicen algunos, Atenea pidió prestado el rayo de Zeus y le mató con él. Pero Tetis enterró su cadáver en la isla de Miconos, y sus compatriotas llevaron luto durante todo un año, y ahora anualmente lanzan al agua un barco con velas negras, cargado con regalos, y lo incendian en su honor.

g. La ira de Atenea recayó luego sobre el territorio de Opunte en Lócride y el oráculo de Delfos advirtió a los ex subditos de Ayax que no se librarían del hambre y la peste si no enviaban dos muchachas a Troya todos los años durante mil años. En consecuencia, las Cien Casas de Lócride han soportado desde entonces esa carga como prueba de su nobleza. Eligen las muchachas echando suertes y las desembarcan en plena noche en el promontorio Reteo, cambiando cada vez la estación; con ellas van parientes que conocen el país y pueden introducirlas a hurtadillas en el templo de Atenea. Si los troyanos sorprenden a las muchachas las lapidan, las queman por contaminar el territorio y diseminan sus cenizas en el mar; pero una vez dentro del templo están a salvo. Entonces les cortan el cabello, les dan la sencilla vestimenta de esclava y pasan la vida haciendo las tareas domésticas del templo hasta que las reemplaza otro par de muchachas. Sucedió hace muchos años que cuando los trarianos se apoderaron de Troya y mataron a una sacerdotisa locria en el templo mismo, los locrios decidieron que su larga penitencia había terminado y en consecuencia no enviaron más muchachas; pero, como volvieron el hambre y la peste, se apresuraron a reanudar la antigua costumbre, la terminación de la cual sólo ahora se acerca a su fin. Estas muchachas se introducen en el templo de Atenea por un pasaje subterráneo cuya entrada secreta está a alguna distancia de las murallas y lleva a una alcantarilla lodosa que utilizaron Odiseo y Diomedes cuando robaron el Paladio. Los troyanos no tienen idea de cómo consiguen entrar las muchachas y nunca saben en qué noche debe llegar el relevo, por lo que rara vez las sorprenden y entonces sólo por casualidad.

h. Después de la matanza, la gente de Agamenón saqueó e incendió Troya, dividió el botín, arrasó las murallas y sacrificó holocaustos a sus dioses. El consejo había discutido durante un tiempo qué se debía hacer con el hijo infante de Héctor, Astianacre, llamado también Escamandrio, y cuando Odiseo recomendó la extirpación sistemática de los descendientes de Príamo, Calcante resolvió el destino del niño profetizando que, si se le dejaba sobrevivir, vengaría a sus padres y su ciudad. Aunque todos los otros príncipes se negaron a cometer el infanticidio, Odiseo arrojó de buena gana a Astianacte desde las murallas. Pero algunos dicen que Neoptólemo, a quien había tocado como premio Andrómaca, la viuda de Héctor, en el reparto del botín, arrancó a Astianacte de sus brazos anticipándose a la orden del consejo, lo hizo girar alrededor de su cabeza asiéndolo por un pie y lo lanzó contra las rocas de abajo. Y otros dicen que Astianacte se mató saltando desde la muralla mientras Odiseo recitaba la profecía de Calcante e invocaba a los dioses para que aprobaran el rito cruel.

i. El consejo discutió también el destino de Políxena. Cuando yacía moribundo Aquiles había pedido que la sacrificasen en su tumba, y más recientemente se les había aparecido en sueños a Neoptólemo y a otros caudillos amenazándoles con retener a la flota en Troya con vientos contrarios hasta que cumplieran lo que había pedido. También se oyó una voz que se quejaba desde
la tumba: «¡Es injusto que no se me haya concedido parte alguna del botín!» Y en el promontorio Reteo apareció un espectro con armadura dorada que gritó: «¿Os vais, griegos? ¿Y dejaréis mi tumba sin rendirle honores?».

j. Calcante declaró que no se debía negar Políxena a Aquiles quien la amaba. Agamenón disentía, alegando que ya se había derramado bastante sangre, tanto de ancianos y niños como de guerreros, para saciar la venganza de Aquiles, y que los muertos por famosos que fueran, no tenían derecho a la vida de las mujeres. Pero Demofonte y Acamante, a quienes no se había dado la parte justa en el botín, gritaron que Agamenón exponía esa opinión sólo para complacer a Casandra, la hermana de Políxena, y hacer que se sometiera más fácilmente a sus abrazos. Preguntaron: «¿Qué merece el mayor respeto, la espada de Aquiles o el lecho de Casandra?» Los ánimos se caldearon y Odiseo intervino y convenció a Agamenón para que cediese.

k. El consejo ordenó a Odiseo que fuese en busca de Políxena e invitó a Neoptólemo a oficiar como sacerdote. Políxena fue sacrificada en la tumba de Aquiles, a la vista de todo el ejército, que se apresuró a hacerle un entierro honorable; inmediatamente comenzaron a soplar vientos favorables. Pero algunos dicen que la flota griega había llegado ya a Tracia cuando apareció el ánima de Aquiles amenazándoles con vientos contrarios, y que Políxena fue sacrificada allí. Otros dicen que ella fue por su propia voluntad a la tumba de Aquiles antes de que cayera Troya y se arrojó sobre la punta de una espada, expiando así el mal que le había hecho.

l. Aunque Aquiles había matado a Polidoro, el hijo de Príamo con Laótoe, el más joven y más querido de sus hijos, sobrevivió otro príncipe del mismo nombre. Era hijo de Príamo y Hécabe y lo habían puesto a salvo en el Quersoneso tracio, donde lo crió su tía Ilíone, esposa del rey Polimestor. Ilíone trató a Polidoro como si fuera un verdadero hermano de Deífobo, el hijo que había dado a Polimestor. Agamenón, siguiendo la política de extirpación de Odiseo, envió entonces mensajeros a Polimestor prometiéndole a Electra por esposa y una dote de oro si se deshacía de Polidoro. Polimestor aceptó el soborno, pero no pudo decidirse a hacer daño a un niño al que había jurado proteger, y en cambio mató a su propio hijo Deífobo en presencia de los mensajeros, quienes volvieron engañados. Polidoro, quien no conocía el secreto de su nacimiento pero se daba cuenta de que era la causa de que Ilíone se alejase de Polimestor, fue a Delfos y preguntó a la Pitonisa: «¿Qué les pasa a mis padres?» La Pitonisa contestó: «¿Tiene tan poca importancia que tu ciudad sea reducida a cenizas, tu padre asesinado y tu madre esclavizada para que vengas a hacerme una pregunta como ésa?» Volvió a Tracia muy preocupado, pero encontró que nada había cambiado desde su partida. «¿Puede haberse equivocado Apolo?», se preguntaba. Ilíone le dijo la verdad e, indignado porque Polimestor había asesinado a su único hijo a cambio de oro y la promesa de otra reina, primeramente le cegó y luego le apuñaló.

m. Otros dicen que a Polimestor le amenazaron los griegos con una guerra implacable sí no entregaba a Polidoro y que cuando lo hizo llevaron al niño a su campamento y ofrecieron cambiarlo por Helena. Como Príamo se negó a discutir la propuesta, Agamenón ordenó que lapidaran a Polidoro al pie de las murallas de Troya y luego envió su cadáver a Helena con este mensaje: «Muestra esto a Príamo y pregúntale si lamenta su decisión.» Fue un acto de despecho inexcusable, porque Príamo había dado su palabra de que no entregaría a Helena mientras estuviera bajo la protección de Afrodita y estaba dispuesto a rescatar a Polidoro con la rica ciudad de Antandro.

n. Odiseo obtuvo a Hécabe como su parte del botín y la llevó al Quersoneso tracio, donde ella pronunció invectivas tan horribles contra él y los otros griegos por su barbarie y sus prevaricaciones que no tuvieron más remedio que matarla. Su alma tomó la forma de una de las espantosas perras negras que siguen a Hécate, se arrojó al mar y nadó hacia el Helesponto; en consecuencia al lugar de su entierro le llamaron «La Tumba de la Perra». Según otra versión de la fábula, después del sacrificio de Políxena, Hécabe encontró el cadáver de Polidoro que había arrojado el agua a la costa, pues su yerno Polimestor lo había matado por el oro con que Príamo costeaba los gastos de su educación. Llamó a Polimestor, prometiéndole que le comunicaría el secreto de un tesoro oculto entre las ruinas de Troya, y cuando él, se acercó con sus dos hijos sacó del pecno una daga, mató a los niños y le sacó los ojos a Polimestor; exhibición de ingenio que le perdonó Agamenón a causa de su edad y sus desgracias. Los nobles tracios se habrían vengado de Hécabe con flechas y piedras, pero ella se transformó en una perra llamada Mera y echó a correr de un lado a otro aullando tristemente, por lo que se retiraron confusos.

o. Algunos dicen que Antenor fundó un nuevo reino de Troya, sobre las ruinas del viejo. Otros, que Astianacte sobrevivió y llegó a ser rey de Troya después de la partida de los griegos, y que, cuando lo expulsaron Antenor y sus aliados, Eneas volvió a ponerlo en el trono, en el que, sin embargo, le sucedió más tarde Ascanio, el hijo de Eneas, como se había profetizado. Fuera como fuere, Troya nunca volvió a ser más que una sombra de lo que había sido anteriormente.



169.  LOS REGRESOS


a. «Salgamos inmediatamente —dijo Menelao— mientras se mantiene el viento.» «No —le replicó Agamenón—, primeramente hagamos sacrificios a Atenea.» «¡Nosotros, los griegos, nada le debemos a Atenea! —le dijo Menelao—. Defendió durante demasiado tiempo la ciudadela troyana.» Los hermanos se separaron disgustados el uno con el otro y nunca más volvieron a verse, pues en tanto que Agamenón, Diomedes y Néstor tuvieron un buen viaje de vuelta a su patria, a Menelao le azotó una tormenta enviada por Atenea y perdió todas sus naves menos cinco. Éstas fueron arrastradas a Creta, desde donde cruzó el mar hasta Egipto y pasó ocho días en aguas meridionales sin poder volver. Visitó Chipre, Fenicia, Etiopía y Libia, cuyos príncipes le recibieron hospitalariamente y le hicieron muchos valiosos regalos. Por fin llegó a Faros, donde la ninfa Idotea le aconsejó que capturase a su padre profético, el dios marino Proteo, que era el único que podía decirle cómo le sería posible romper el hechizo adverso y conseguir un viento favorable. En consecuencia, Menelao, y tres compañeros se disfrazaron con pieles de foca malolientes y esperaron en la orilla del mar hasta que se les unieron al mediodía centenares de focas que formaban el rebaño de Proteo. Luego apareció Proteo mismo y se durmió entre las focas; entonces Menelao y sus compañeros se apoderaron de él, y aunque se transformó sucesivamente en león, serpiente, pantera, jabalí, agua corriente y árbol frondoso, lo retuvieron firmemente y le obligaron a profetizar. Anunció que Agamenón había sido asesinado, y que Menelao debía hacer otra visita a Egipto y propiciar a los dioses con hecatombes. Así lo hizo, y tan pronto como erigió un cenotafio a Agamenón junto al río de Egipto comenzaron a soplar por fin vientos favorables. Llegó a Esparta acompañado por Helena el mismo día en que Orestes vengó el asesinato de Agamenón.

b. Muchas naves, aunque no transportaban a caudillos notables, naufragaron en la costa de Eubea, porque Nauplio había encendido un fuego de señal en el monte Cafareo para atraer a sus enemigos a la muerte, simulando que los guiaba al refugio del golfo Pagaseo; pero este crimen llegó a conocimiento de Zeus, y por culpa de un fuego de señal falso Nauplio encontró la muerte muchos años después.

c. Anfíloco, Calcante, Podalirio y otros pocos fueron por tierra a Colofón, donde murió Calcante, como se había profetizado, al encontrarse con un adivino más sabio que él, nada menos que Mopso, el hijo de Apolo y de Manto, la hija de Tiresias. En Colofón crecía una higuera silvestre cubierta con frutos, y Calcante, con el deseo de avergonzar a Mopso, le desafió así:
—¿Puedes, querido colega, decirme exactamente cuántos higos se podrán recoger de este árbol?
Mopso cerró los ojos, como quien confía en la visión interior más que en el cómputo vulgar, y contestó:
—Desde luego: primeramente diez mil higos, luego una fanega egineta de higos, cuidadosamente pesada; sí, y sobrará un higo.
Calcante rió desdeñosamente por ese higo sobrante, pero cuando arrancaron los higos del árbol se demostró que la intuición de Mopso era infalible.
—Para descender de miles a cantidades menores, querido colega —dijo a su vez Mopso con una sonrisa—, ¿puede decirme cuántos cochinillos hay en el vientre de esta cerda preñada, y cuántos de cada sexo parirá, y cuando?
—Ocho cochinillos, todos machos, y los parirá dentro de nueve días —contestó Calcante al azar, con la esperanza de irse antes que se pudiera comprobar su cálculo.
—Yo soy de diferente opinión —replicó Mopso, volviendo a cerrar los ojos—. Yo calculo tres cochinillos y sólo uno de ellos macho; y. nacerán mañana al mediodía, ni un minuto antes ni un minuto después.
Mopso acertó una vez más y Calcante murió de angustia. Sus compañeros lo enterraron en Nothium.
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d. El tímido Podalirio, en vez de preguntar a sus amigos proféticos dónde debía establecerse, prefirió consultar a la Pitonisa de Delfos, la que le aconsejó irritada que fuera a donde no sufriera daño alguno aunque se cayera el firmamento. Después de pensarlo mucho eligió un lugar de Caria llamado Sirmo. Rodeado de montañas. Esperaba que sus cumbres soportaran el firmamento azul si alguna vez a Adas se le resbalase de los hombros. Los italianos erigieron a Podalirio un altar de héroe en el monte Drío de Daunia, en la cumbre del cual el ánima de Calcante mantiene ahora un oráculo basado en los sueños.

e. Entre Mopso y Anfíloco se produjo una disputa. Habían fundado juntos la ciudad de Malo en Cilicia, y cuando Anfíloco se retiró a su ciudad, Argos Anfíloca, Mopso, quedó como único soberano. Anfíloco, disgustado con el estado de las cosas en Argos, volvió al cabo de doce meses a Malo con la esperanza de reasumir sus poderes anteriores, pero Mopso le dijo rudamente que se fuera. Cuando los perplejos habitantes de Malo sugirieron que se decidiese la disputa mediante un combate singular, los dos rivales lucharon y se mataron mutuamente. Las piras fúnebres estaban colocadas de modo que Mopso y Anfíloco no pudieron intercambiar impropias miradas ceñudas durante su cremación, pero sus almas se unieron de algún modo en una amistad tan afectuosa que establecieron un oráculo común, el cual ha logrado una reputación de verídico todavía mayor que el de Apolo en Delfos. Todas las preguntas se hacen por escrito en tablillas de cera, y las respuestas se dan en sueños, al precio notablemente bajo de dos monedas de cobre por cada una.

f. Neoptólemo se embarcó para su patria tan pronto como hubo ofrecido sacrificios a los dioses y al ánima de su padre; y evitó la gran tempestad que alcanzó a Menelao e Idomeneo po'r haber seguido el consejo profético de su amigo Heleno y haberse dirigido apresuradamente a Molosia. Después de matar al rey Fénix y de casar a su madre con Heleno, quien así se hizo rey de los molosios y fundó una nueva capital, Neoptólemo llegó por fin a Yolco. Allí heredó el reino de su abuelo Peleo, a quien habían expulsado los hijos de Acasto, pero por consejo de Heleno no se quedó para disfrutarlo. Quemó sus naves y fue tierra adentro al de Pambrotis en el Epiro, cerca del oráculo de Dodona, donde le recibió un grupo de parientes lejanos. Vivaqueaban bajo mantas soportadas por lanzas clavadas en tierra. Neoptólemo recordó las palabras de Heleno: «Cuando encuentres una casa con cimientos de hierro, paredes de madera y techo de lana, detente, haz sacrificios a los dioses y construye una ciudad.» Allí tuvo dos hijos más con Andrómaca, a saber Píelo y Pérgamo.

g. Su fin no fue glorioso. Fue a Delfos y pidió satisfacción por la muerte de su padre Aquiles, a quien, según se decía, Apolo, disfrazado de Paris, había matado en su templo de Troya. Cuando la Pitonisa se lo negó fríamente, saqueó y quemó el templo. Luego fue a Esparta y alegó que Menelao le había prometido a Hermíone en matrimonio delante de Troya, pero que el abuelo de ella, Tindáreo, se la había dado en cambio a Orestes, el hijo de Agamenón. Como a Orestes le perseguían las Erinias y pesaba sobre él una maldición divina era justo, según él, que Hermíone fuese su esposa. A pesar de las protestas de Orestes, los espartanos aceptaron su alegato y el casamiento se realizó en Esparta. Pero como Hermíone resultó estéril, Neoptólemo volvió a Delfos, entró en el templo ennegrecido por el humo que Apolo había decidido reconstruir y preguntó por qué había de ocurrir eso.

h. Se le ordenó que ofreciera sacrificios aplacadores al dios y, mientras los hacía, se encontró con Orestes en el altar. Orestes le habría matado allí mismo si Apolo, previendo que Neoptólemo debía morir por otra mano ese mismo día, no lo hubiera impedido. Ahora bien, la carne de los sacrificios ofrecidos al dios en Delíos ha sido siempre un derecho de los servidores del templo, pero Neoptólemo, que lo ignoraba, no pudo soportar que la carne de los bueyes que había degollado fuese retirada ante sus ojos y trató de impedirlo por la fuerza. «¡Librémonos de este pendenciero hijo de Aquiles!», dijo la Pitonisa lacónicamente; y al momento un fociante llamado Maquereo mató a Neoptólemo con el cuchillo de los sacrificios.
—Enterradlo bajo el umbral de nuestro nuevo santuario —ordenó la Pitonisa—. Era un guerrero famoso y su alma lo guardará contra todos los ataques. Y si se ha arrepentido sinceramente de su insulto a Apolo, dejadle que presida las procesiones y los sacrificios en honor de los héroes como él.
Pero algunos dicen que Orestes instigó el asesinato.

i. El ateniense Demofonte hizo escala en la Tracia a su regreso a Atenas, y allí Filis, una princesa bisalta, se enamoró de él. Se casó con ella y se convirtió en rey. Cuando se cansó de Tracia y decidió reanudar su viaje, Filis nada pudo hacer para retenerlo. «Debo ir a Atenas y saludar a mi madre, a la que no veo desde hace once años», dijo Demofonte. «Debías haber pensado en eso antes de aceptar el trono —le respondió Filis, llorando—. No es legal que te ausentes durante más de unos pocos meses a lo sumo.» Demofonte juró por todos los dioses del Olimpo que estaría de vuelta dentro del año, pero Filis sabía que mentía. Le acompañó hasta el puerto llamado Eneodo y allí le dio un cofrecito. «Esto contiene un talismán —le dijo—. Ábrelo solamente cuando hayas abandonado toda esperanza de volver a mí.»

j. Demofonte no tenía intención de ir a Atenas. Siguió hacia el sudeste en dirección a Chipre, donde
fijó su residencia; y cuando pasó el año Filis le maldijo en nombre de la Madre Rea, tomó un veneno y murió. A esa misma hora la curiosidad hizo que Demofonte abriese el confrecito y la vista de su contenido —¿quién sabe lo que era?— le enloqueció. Montó en su caballo y se alejó al galope presa del pánico, golpeándose la cabeza con el plano de la espada, hasta que tambaleó y cayó. La espada se le escapó de la mano, se clavó en tierra con la punta hacia arriba y le traspasó al ser arrojado por la cabeza del caballo.
Se relata la historia de otra princesa tracia llamada Filis que se enamoró de Acamante, el hermano de Demofonte, y cuando las tormentas demoraron su regreso de Troya, murió de pena y se transformó en un almendro. A estas dos princesas se las ha confundido con frecuencia.

k. Diomedes, como Agamenón y otros, experimentó la enemistad enconada de Afrodita. Primeramente naufragó en la costa de Licia, donde el rey Lico lo habría sacrificado a Ares si la princesa Calírroe no le hubiera ayudado a escapar; y, cuando llegó a Argos, se encontró con que a su esposa Egialea la había convencido Nauplio para que viviera en adulterio con Cometo, o, según dicen algunos, con Hipólito. Se retiró a Corinto y allí supo que su abuelo Éneo necesitaba ayuda contra ciertos rebeldes. En consecuencia, se embarcó para Etolia y volvió a ponerlo firmemente en el trono. Pero algunos dicen que Diomedes se había visto obligado a salir de Argos mucho antes de la guerra de Troya, a su regreso de la afortunada campaña tebana de los Epígonos; y que luego Agamenón le ayudó a reconquistar su reino. Pasó el resto de su vida en la Daunia italiana, donde se casó con Evipe, hija del rey Dauno, y construyó muchas ciudades famosas, incluyendo Brundisium (Brindisi), que puede haber sido por lo que Dauno, impulsado por los celos, le asesinó cuando era ya anciano y lo enterró en una de las islas llamadas ahora Diomedanas. Pero según otra versión, desapareció de pronto en virtud de un acto de magia divina, y sus compañeros se transformaron en aves apacibles y virtuosas que todavía anidan en esas islas. Los sacerdotes de Atenea en la Lucería apulia conservan su armadura dorada y le adoran como dios en el Véneto y en toda la Italia meridional.

l. Nauplio había inducido también a la infidelidad a Meda, la esposa de Idomeneo. Tomó como amante a un tal Leuco, pero éste no tardó en arrojar a ella y a Clisitera, la hija de Idomeneo, del palacio y mató a las dos en un templo en el que se habían acogido a sagrado. Luego Leuco indujo a diez ciudades a retirar su fidelidad al rey legítimo y usurpó el trono. Sorprendido por una tormenta cuando se dirigía a Creta, Idomeneo juró que dedicaría a Posidón la primera persona que encontrase, y dio la casualidad de que fuese su propio hijo, o, según dicen algunos, otra de sus hijas. Estaba a punto de cumplir su promesa cuando una pestilencia afectó a la región e interrumpió el sacrificio. Leuco tenía ahora una buena excusa para desterrar a Idomeneo, quien emigró a la región salentina de Calabria y vivió allí hasta su muerte.

m. Pocos de los otros griegos volvieron a sus casas, y los que lo hicieron encontraron que sólo les esperaban perturbaciones. Filoctetes fue expulsado por rebelde de su ciudad de Melibea en Tesalia y huyó a la Italia meridional, donde fundó Petelia y Crimisa cerca de Cretona, y envió a algunos de sus seguidores a que ayudaran a Egesto a fortificar Egesta en Sicilia. Dedicó su famoso arco en Crimisa, en el templo de Apolo Demente, y cuando murió lo enterraron junto al río Síbaris.

n. Vientos contrarios obligaron a Guneo a ir al río Cinips en Libia y allí fijó su residencia. Fidipo con sus coanos fue primeramente a Andros y desde allí a Chipre, donde se había establecido también Agapenor. Menesteo no reanudó su reinado en Atenas, pero aceptó el reino vacante de Melos; algunos dicen, no obstante, que murió en Troya. Los seguidores de Elcnor naufragaron en las costas del Epiro y ocuparon Apolonia; los de Protesilas cerca de Pelene, en el Quersoneso Tracio; y los rodios de Tlepólemo en una de las islas Ibéricas, desde donde un grupo de ellos navegó otra vez hacia el oeste con rumbo a Italia y recibieron la ayuda de Filoctetes en su guerra contra los bárbaros lucanios. La fábula de los viajes de Odiseo es ahora un entretenimiento homérico para veinticuatro noches.

o. Solamente Néstor, quien se había mostrado siempre justo, prudente, generoso, cortés y respetuoso con los dioses, volvió sano y salvo a Pilos, donde gozó de una ancianidad feliz, sin que le perturbasen las guerras, y rodeado por hijos valientes e inteligentes. Pues así lo decretó Zeus Omnipotente.
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170.  LOS VIAJES DE ODISEO


a. Odiseo, quien se hizo a la mar desde Troya con el conocimiento seguro de que debía viajar durante otros diez años antes de volver a ítaca, hizo escala primeramente en la Ismaro cicona y la tomó por asalto. En el saqueo sólo perdonó a Maro, sacerdote de Apolo, quien, agradecido, le ofreció varias jarras de vino dulce; pero los cicones del interior vieron la columna de humo que se extendía a gran altura sobre la ciudad incendiada y atacaron a los griegos mientras bebían en la costa, diseminándolos en todas direcciones. Cuando Odiseo consiguió reunir y reembarcar a sus hombres con numerosas bajas, un fuerte viento nordeste lo llevó a través del mar Egeo hacia Citera. El cuarto día, durante una calma tentadora, trató de doblar el cabo Malea y seguir hacia el norte hasta ítaca, pero el viento volvió a soplar con más violencia que anteriormente. Tras nueve días de peligro y desgracia apareció a la vista el promontorio libio donde viven los lotófagos. Ahora bien, el loto es un frutó sin cuesco, de color de azafrán y del tamaño de una haba, que crece en racimos dulces y saludables, aunque tiene la propiedad de hacer que quienes lo comen pierdan por completo el recuerdo de su país; algunos viajeros, no obstante, lo describen como una especie de manzana de la que se obtiene una sidra fuerte. Odiseo desembarcó para acarrear agua y envió una patrulla de tres hombres; éstos comieron el loto que les ofrecieron los nativos y en consecuencia olvidaron su misión. Al cabo de un rato salió a buscarlos al, frente de un grupo de auxilio, y aunque sintió la tentación de probar el loto se contuvo. Llevó a los desertores de vuelta por la fuerza, los encadenó y partió sin más rodeos.

b. Luego llegó a una isla fértil y muy boscosa, habitada únicamente por innumerables cabras montesas, y mató algunas de ellas para alimentarse. Ancló allí toda la flota, con excepción de una sola nave en la que salió a explorar la costa opuesta. Resultó que era el país de los feroces y bárbaros Cíclopes, llamados así a causa del gran ojo redondo que tenían en el centro de la frente. Habían olvidado el arte de la herrería que practicaban sus antepasados para Zeus y ahora eran pastores sin leyes, asambleas, naves, mercados ni conocimiento de la agricultura. Vivían hurañamente separados unos de otros, en cavernas excavadas en las colínas rocosas. Al ver una de esas cavernas con una entrada alta y en la que colgaba una rama de laurel, más allá de un corral cercado con grandes piedras, Odiseo y sus compañeros entraron sin saber que la propiedad pertenecía a un cíclope llamado Polifemo, hijo gigante de Posidón y la ninfa Toosa, al que le encantaba comer carne humana. Los griegos se acomodaron y encendieron una gran fogata, y luego mataron y asaron varios cabritos que encontraron encerrados en el fondo de la caverna; se sirvieron también el queso que había en unos cestos que colgaban de las paredes, y comieron alegremente. Hacia el anochecer apareció Polifemo. Introdujo su rebaño en la caverna y cerró la entrada con una losa de piedra tan grande que veinte yuntas de bueyes apenas habrían podido moverla; luego, sin advertir que tenía huéspedes, se sentó para ordeñar a sus ovejas y cabras. Por fin levantó la cabeza del balde y vio a Odiseo y a sus compañeros reclinados alrededor del hogar. Les preguntó de mal humor qué tenían que hacer en su caverna. Odiseo le contestó: «Amable monstruo, somos griegos que volvemos a nuestra patria después del saqueo de Troya. Te ruego que recuerdes tu deber con los dioses y nos trates hospitalariamente.» Como respuesta, Poljfemo resopló, asió a dos marineros por los pies, les hizo saltar los sesos golpeándolos contra el suelo y devoró los cadáveres crudos, gruñendo mientras lamía los huesos como cualquier león montes.

c. Odiseo habría deseado vengarse sangrientamente antes que amaneciera, pero no se atrevió, porque sólo Polifemo era lo bastante fuerte como para retirar la piedra de la entrada. Pasó la noche con la cabeza entre las manos trazando un plan de huida mientras Polifemo roncaba terriblemente. Para desayunarse el monstruo rompió la crisma a otros dos marineros, después de lo cual salió silenciosamente con su rebaño por delante y cerró la caverna con la misma lápida. Pero Odiseo tomó una estaca de madera de olivo verde, la afiló y endureció un extremo en el fuego y luego la ocultó bajo un montón de estiércol. Esa noche volvió el cíclope y comió dos más de los doce marineros, después de lo cual Odiseo le ofreció cortésmente un cuenco lleno con el vino fuerte que le había dado Maro en Ismaro; por fortuna, había llevado a tierra un odre lleno de vino. Polifemo bebió ávidamente, pidió un segundo cuenco, pues en toda su vida había probado una bebida más fuerte que el suero de la leche, y condescendió a preguntar a Odiseo su nombre.
—Mi nombre es Oudeis —contestó Odiseo—; o al menos así me llaman todos, para abreviar.
Ahora bien, «Oudeis» significa «Nadie».
—Te comeré el último, amigo Oudeis —le prometió Polifemo.

d. Tan pronto como el cíclope cayó en un profundo sueño de borracho, pues el vino no había sido mezclado con agua, Odiseo y los compañeros que quedaban calentaron la estaca en las ascuas del fuego y luego la clavaron en el ojo único de Polifemo y la retorcieron en él, haciendo fuerza Odiseo desde arriba, como cuando se taladra un agujero en la tablazón de un barco. El ojo silbaba y Polifemo lanzó un horrible gemido, que hizo que todos sus vecinos acudieran corriendo desde cerca
y de lejos para saber qué sucedía.
—¡Estoy ciego y sufro terriblemente! —les gritó Polifemo—. ¡Y Nadie tiene la culpa!
—¡Pobre infeliz! —contestaron ellos—. Si, como dices, nadie tiene la culpa, debes ser víctima de una fiebre delirante. ¡Ruego a nuestro Padre Posidón que te cure y deja de hacer tanto ruido!
Se fueron refunfuñando y Polifemo se dirigió a la entrada de la caverna, apartó la lápida de piedra y buscando a tientas con las manos esperaba atrapar a los griegos sobrevivientes cuando trataban de escapar. Pero Odiseo tomó unos mimbres y ató a cada uno de sus com-
pañeros por turno bajo el vientre de un carnero, el del centro de un grupo de tres, distribuyendo el peso igualmente. Él eligió un carnero enorme, el conductor del rebaño, y se colocó bajo su vientre, asiéndose a la lana con manos y pies.

e. Al amanecer Polifemo dejó que su rebaño saliera a pacer, palpando suavemente sus lomos para asegurarse de que nadie estuviese montado sobre ellos, Se detuvo un rato conversando lastimeramente con el animal bajo el cual se ocultaba Odíseo y le preguntó: «¿Por qué, querido carnero, no sales el primero como de costumbre? ¿Te compadeces de mí en mi desgracia?» Pero por fin lo dejó pasar.

f. Así Odiseo consiguió liberar a sus compañeros y llevar un rebaño de carneros gordos a la nave. Esta fue lanzada rápidamente al agua y los hombres tomaron los remos y comenzaron a alejarse; Odiseo no pudo abstenerse de gritar una despedida irónica. Por respuesta, Polifemo les lanzó una gran roca que cayó a poca distancia delante de la nave formando un remolino en el agua que casi la envió otra vez a tierra. Odiseo se echó a reír y gritó: «Si alguien te pregunta quién te ha cegado, contéstale que no ha sido Oudeis, sino Odiseo de ítaca.» El cíclope, furioso, suplicó en voz alta a Posidón: «¡Concédeme, Padre, que si mi enemigo vuelve alguna vez a su casa, sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder a todos sus compañeros, y encuentre nuevas cuitas en su morada!» Lanzó otra roca todavía mayor y esta vez cayó a poca distancia de la popa de la nave, de modo que la ola que levantó los llevó rápidamente a la isla donde los esperaban ansiosamente los otros compañeros de Odiseo. Pero Posidón escuchó a Polifemo y le prometió la venganza pedida.

g. Odiseo se dirigió hacia el norte y poco después llegó a la Isla de Éolo, Guardián de los Vientos, quien les agasajó espléndidamente durante todo un mes; el último día entregó a Odiseo un odre que contenía los vientos y le explicó que mientras el cuello estuviera bien atado con un hilo de plata todo marcharía bien. Dijo que no había encerrado al suave Viento Oeste, que iba a llevar la flota ininterrumpidamente por el Mar Jónico hacia ítaca, pero Odiseo podía soltar los otros uno por uno si por algún motivo necesitaba alterar su curso. Ya se podía divisar el humo que ascendía por las chimeneas del palacio de Odiseo, cuando éste se quedó dormido, abrumado por el cansancio. Sus tripulantes, que esperaban ese momento, desataron el saco, que parecía contener vino. Inmediatamente los Vientos salieron todos juntos rugiendo en dirección a su isla, llevándose al navio por delante, y Odiseo no tardó en encontrarse de nuevo en la isla de Éolo. Con profusas excusas solicitó nueva ayuda, pero le dijeron que se fuera y empleara esta vez los remos, pues no le darían ni un soplo del Viento Oeste. «No puedo ayudar a un hombre al que se oponen los dioses», le gritó Éolo, y le cerró la puerta en la cara.

h. Tras siete días de viaje, Odiseo llegó al país de los lestrigones, gobernado por el rey Lamo, del que algunos dicen que se hallaba en la parte noroeste de Sicilia. Otros lo sitúan en las cercanías de Formias, en Italia, donde la noble Casa de Lamia pretende descender del rey Lamo; y esto parece creíble, ¿pues quién confesaría que desciende de caníbales, a menos que tratara de una tradición común?. En el país de los lestrigones la noche y la mañana están tan cerca una de otra que los pastores que conducen sus rebaños a casa cuando se pone el sol saludan a los que conducen a los suyos al campo al amanecer. Los capitanes de Odiseo entraron audazmente en el puerto de Telépilo, el cual, con excepción de una entrada estrecha, está rodeado por riscos abruptos, y amarraron sus naves cerca de un camino de carros que subía por un valle. Odiseo, que era más cauto, amarró su barco a una roca fuera del puerto, después de enviar tres exploradores tierra adentro en misión de reconocimiento. Los exploradores siguieron el camino hasta que encontraron una muchacha que sacaba agua de un manantial. Resultó que era una hija de Anfítates, un caudillo lestrigón a cuya casa los condujo. Pero allí fueron tratados despiadadamente por una horda de salvajes que se apoderó de uno de ellos y lo mató para el cocido; los otros dos huyeron a toda velocidad, pero los salvajes, en vez de perseguirlos, fueron a las cimas de los riscos y desde allí arrojaron a las naves un diluvio de piedras antes que los tripulantes pudieran botarlas al agua. Luego bajaron a la playa y mataron y devoraron a los marineros con toda comodidad. Odiseo escapó cortando el cable de su bajel con una espada y exhortó a sus compañeros a que remaran vigorosamente para salvar la vida.

i. Dirigió la única nave que le quedaba hacia el este y tras un largo viaje llegó a Eea, la isla de la Aurora, gobernada por la diosa Circe, hija de Helio y Perse, y por tanto hermana de Ectes, el terrible rey de Cólquíde. Circe era hábil en toda clase de encantamientos, pero quería poco a la especie humana. Cuando echaron suertes para decidir quién se quedaría vigilando el navio y quién saldría para explorar la isla, le tocó al querido compañero de Odiseo, Euríloco, desembarcar con otros veintidós tripulantes. Descubrió que Eea abundaba en robles y otras clases de árboles, y por fin llegó al palacio de Circe, construido en un gran claro hacia el centro de la isla. Lobos y leones rondaban por los alrededores, pero en vez de atacar a Euríloco y sus compañeros se enderezaban sobre las patas traseras y les acariciaban. Se habría podido tomar a aquellos animales por seres humanos, y en realidad lo eran, aunque los habían transformado así los hechizos de Circe.

j. Circe se hallaba en el vestíbulo, cantando mientras tejía, y cuando el grupo de Euríloco la llamó a gritos salió sonriendo y los invitó a comer en su mesa. Todos entraron alegremente, excepto Euríloco, quien, sospechando un engaño, se quedó afuera y atisbo ansiosamente por las ventanas. La diosa sirvió una comida de queso, cebada, miel y vino, para los marineros hambrientos; pero estaba drogada, y tan pronto como comenzaron a comer les tocó en el hombro con su varita y los transformó en puercos. Luego, abrió inexorablemente la portezuela de una pocilga, los encerró en ella, les echó unos puñados de bellotas y frutos del cornejo en el suelo fangoso y los dejó allí revolcándose.

k. Euríloco volvió llorando e informó a Odiseo de la desgracia ocurrida, quien tomó su espada y salió decidido a salvarlos, pero sin un plan fijo en la cabeza. Con gran sorpresa se encontró con el dios Hermes, quien le saludó cortésmente y le ofreció un remedio contra la magia de Circe: una flor blanca perfumada con la raíz negra, llamada moly, que sólo los dioses pueden reconocer y elegir. Odiseo aceptó el don agradecido y siguió su camino hasta el palacio de Circe, quien también le agasajó a él. Cuando hubo tomado la comida mezclada con drogas, Circe levantó la vara y le tocó con ella en el hombro, mientras le ordenaba: «Ahora ve a la pocilga y échate con tus compañeros.» Pero Odiseo había olido a escondidas la flor de moly, por lo que no quedó encantado, y se levantó de un salto espada en mano. Circe cayó llorando a sus pies y le suplicó: «¡Perdóname y compartirás mi lecho y reinarás en Eea conmigo!» Como sabía que las hechiceras poseen el poder de enervar y destruir a sus amantes, extrayéndoles secretamente la sangre en pequeñas ampollas, Odiseo hizo jurar solemnemente a Circe que no tramaría ninguna nueva travesura contra él. Ella juró por los dioses benditos y, después de proporcionarle un delicioso baño caliente, vino en copas de oro y una sabrosa cena servida por una venerable ama de llaves, se dispuso a pasar la noche con él en un lecho con colcha de púrpura. Pero Odiseo no quiso responder a sus requerimientos amorosos hasta que accedió a liberar no sólo a sus compañeros, sino también a todos los otros marineros encantados por ella. Una vez hecho eso se quedó de buena gana en Eea hasta que ella le hubo dado tres hijos: Agrio, Latino y Telégono.

l. Odiseo anhelaba continuar su viaje y Circe le dejó ir. Pero primeramente debía hacer una visita al Tártaro y buscar allí al adivino Tiresias, quien le profetizaría la suerte que le esperaba en Itaca, si llegada alguna vez a ella, y después. «El soplo del Viento Norte conducirá tu nave —le dijo Circe— hasta que hayas atravesado el océano y llegues al bosque de Perséfone, notable por sus álamos negros y sus añosos sauces. En el punto donlos ríos Flegetonte y Cocito desembocan en el Aqueronte cava una zanja y sacrifica un carnero joven y una oveja negra, que yo misma proporcionaré, a Hades y Perséfone. Deja que la sangre entre en la zanja y mientras esperas a que llegue Tiresias ahuyenta a todas las otras ánimas con tu espada. Deja que Tiresias beba todo lo que quiera y luego escucha atentamente su consejo.»

m. Odiseo obligó a sus hombres a embarcarse, aunque se mostraban renuentes a dejar la agradable Eea por el país de Hades. Circe les proporcionó un viento favorable que los llevó rápidamente al Océano y a las lejanas fronteras del mundo donde a los Cimerios, rodeados de niebla, ciudadanos de la Oscuridad Perpetua, se les niega la vista del Sol. Cuando avistaron el Bosque de Perséfone desembarcó Odiseo e hizo exactamente lo que le había aconsejado Circe. La primera ánima que apareció en la zanja fue la de Elpenor, uno de sus propios marineros que pocos días antes, borracho, se había dormido en el techo del palacio de Circe y, al despertar aturdido, cayó a tierra y se mató. Odiseo había abandonado Eea tan apresuradamente que no advirtió la ausencia de Elpenor hasta que era ya demasiado tarde, y ahora le prometió un entierro decente. «¡Pensar que has llegado aquí a pie más rápidamente que yo en la nave!», exclamó. Pero negó a Elpenor el menor sorbo de la sangre, aunque él se lo pidió lastimeramente.

n. Una multitud mixta de espíritus se reunió alrededor de la zanja, hombres y mujeres de todas las épocas y todas las edades, entre los que se hallaban Anticlea, la madre de Odiseo, pero ni siquiera a ella le dejó beber antes de que lo hiciera Tiresias. Por fin apareció Tiresias, quien lamió la sangre agradecidamente y aconsejó a Odiseo que mantuviera a sus hombres bajo un control severo una vez que estuvieran a la vista de Sicilia, su próxima recalada, para que no sintieran la tentación de robar el ganado del titán-sol Hiperión. Debía esperar grandes dificultades en ítaca, y aunque podría vengarse de los bribones que devoraban allí sus bienes, sus viajes no terminarían todavía. Debía tomar un remo y llevarlo al hombro hasta que llegara a una región interior donde ningún hombre salaba la carne y donde confundirían al remo con un bieldo. Si entonces hacía sacrificios a Posidón podría volver a Itaca y gozar de una ancianidad dichosa, pero al final la muerte le llegaría del mar..

o. Después de dar las gracias a Tiresias y de prometerle la sangre de otra oveja negra a su regreso de Itaca, Odiseo permitió por fin a su madre que saciara su sed. Ella le dio más noticias de su casa, pero guardó un silencio discreto acerca de los pretendientes de su nuera. Cuando se hubo despedido, las almas de numerosas reinas y princesas se agolparon para beber la sangre. A Odiseo le causó gran complacencia encontrarse con personajes tan conocidos como Antíope, Yocasta, Cloris, Pero, Leda, Ifimedia, Fedra, Procris, Ariadna, Mera, Clímene y Enfila.

p. Luego conversó con un grupo de excompañeros: Agamenón, quien le aconsejó que desembarcara en Itaca secretamente; Aquiles, a quien alegró informándole de las grandes hazañas de Neoptólemo; y Áyax el Grande, quien todavía no le había perdonado y se alejó torvamente. Odiseo vio también a Minos juzgando, a Orion cazando, a Tántalo y Sísifo sufriendo, y a Heracles —o más bien su espectro, pues Heracles asiste cómodamente a los banquetes de los dioses inmortales—, quien le compadeció por sus largos trabajos.

q. Odiseo navegó sin inconveniente de vuelta a Eea, donde enterró el cadáver de Elpenor y colocó su remo en el túmulo como recuerdo. Circe le recibió alegremente y le dijo: «¡Qué temeridad ha sido haber visitado el país de Hades! Una muerte basta para la mayoría de los hombres, pero ahora tú tendrás dos.» Le advirtió que a continuación tenía que pasar por la Isla de las Sirenas, cuyas bellas voces encantaban a todos los que navegaban por las cercanías. Esas hijas de Aqueloo, o, según dicen algunos, de Forcis, y la musa Terpsícore, o Estérope, hija de Portaón, tenían rostros de muchacha, pero patas y plumas de aves, y se dan muchas versiones diferentes para explicar esa peculiaridad: como que jugaban con Core cuando la raptó Hades, y que Deméter, ofendida porque no habían acudido en su ayuda, les dio alas y dijo: «¡Idos y buscad a mi hija por todo el mundo!» O que Afrodita las transformó en aves porque, por orgullo, no querían entregar su virginidad a los dioses ni los hombres. Pero ya no pueden volar, porque las Musas les vencieron en un certamen musical y les arrancaron las plumas de las alas para hacerse coronas. Ahora permanecen sentadas, cantando en una pradera entre los montones de huesos de los marineros a los que han arrastrado a la muerte. «Tapa los oídos de tus hombres con cera de abejas —le aconsejó Circe— y si tú deseas escuchar su música, haz que tus marineros te aten de manos y pies al mástil y oblígales a jurar que no te soltarán por muy rudamente que les amenaces.» Circe previno a Odiseo acerca de otros peligros que les esperaban cuando él fue a despedirse; y luego partió, llevado una vez más por un viento favorable.

r. Cuando el navio se acercaba a la Isla de las Sirenas, Odiseo siguió el consejo de Circe, y las sirenas cantaron tan dulcemente, prometiéndole el conocimiento previo de todos los futuros acontecimientos en la tierra, que gritó a sus compañeros, amenazándoles con la muerte si no lo soltaban, pero, obedeciendo sus órdenes anteriores, lo único que hicieron fue atarlo todavía más fuertemente al mástil. Así la nave siguió navegando sin peligro y las sirenas, sintiéndose vejadas, se suicidaron.

s. Algunos creen que había solamente dos sirenas; otros, que eran tres, a saber: Parténope, Leucosia y Li-gia; o Pisínoe, Agláope y Telxiepia; o Aglaofeme, Telxíope y Molpe. Otros nombran a cuatro: Teles, Redne, Telxíope y Molpe.

t. El siguiente peligro de Odiseo consistía en el paso entre dos riscos, en uno de los cuales se refugiaba Escila, y en el otro Caribdis, su compañera monstruosa. Caribdis, hija de la Madre Tierra y Posidón, era una mujer voraz que había sido arrojada por el rayo de Zeus al mar y ahora, tres veces al día, aspiraba el agua en gran volumen y poco después la vomitaba. Escila, en un tiempo bella hija de Hécate Gratéis y Forcis, o Forbante —o de Equidna y Tifón, Tritón o Tirrenio— había sido transformada en un monstruo semejante a un perro con seis cabezas espantosas y doce patas. Eso había hecho Circe, celosa del amor que sentía por ella el dios marino Glauco; o Anfitrite, igualmente celosa del amor de Posidón. Se apoderaba de los marineros, les rompía los huesos y los
devoraba lentamente. Casi lo más extraño de Escila era su gañido, no más fuerte que el plañido de un cachorro recién nacido. Tratando de eludir a Caribdis, Odiseo se acercó un poco excesivamente a Escila, la cual, inclinándose sobre la borda, arrebató de la cubierta a seis de sus marineros más capaces, llevándose a uno en cada boca, y los llevó a las rocas, donde los devoró cómodamente. Ellos chillaron y tendieron las manos hacia Odiseo, pero él no se atrevió a tratar de salvarlos y siguió adelante.

u. Odiseo siguió este rumbo para evitar las Rocas Errantes o Chocantes entre las cuales sólo había conseguido pasar el Argo; no sabía que ahora estaban asentadas fijamente en el lecho del mar. Pronto llegó a la vista de Sicilia, donde el Titán-Sol Hiperión, al que algunos llaman Helio, apacentaba siete manadas de magníficas vacas, a razón de cincuenta por cada rebaño, y grandes rebaños de robustas ovejas. Odiseo hizo que sus hombres juraran solemnemente que se contentarían con las provisiones que les había dado Circe y no robarían una sola vaca. Entonces desembarcaron y amarraron el navio, pero el Viento Sur sopló durante treinta días, comenzó a escasear la comida y aunque los marineros cazaban o pescaban todos los días, era poco lo que conseguían. Al fin Euríloco, desesperado por el hambre, llevó aparte a sus compañeros y les indujo a matar parte del ganado, en compensación por lo cual, se apresuró a añadir, erigirían a Hiperión un templo magnífico a su regreso a Itaca, se apoderaron de varias vacas, las mataron, sacrificaron a los dioses los fémures y la grasa y asaron buena carne suficiente para un banquete de seis días.

v. Odiseo se horrorizó cuando despertó y vio lo que había sucedido y lo mismo le pasó a Hiperión cuando se enteró de ello por Lampecia, su hija y jefa de las vaqueras. Hiperión se quejó a Zeus, quien, al ver que la nave de Odiseo había sido botada al agua de nuevo, envió una súbita tormenta del oeste que derribó el mástil, haciéndolo caer sobre la cabeza al timonel; luego descargó un rayo en la cubierta. La nave se hundió y todos los que iban a bordo se ahogaron, con excepción de Odiseo. Éste consiguió amarrar el mástil y la quilla flotantes con una cuerda de cuero de buey y se sentó a horcajadas en esa embarcación provisional. Pero comenzó a soplar un viento del sur que lo llevó de nuevo hacia el remolino de Caribdis. Odiseo se asió al tronco de una higuera silvestre arraigada en lo alto del risco y colgado de ella esperó sin cejar a que el mástil y la quilla fuesen tragados y vomitados de nuevo; luego se asentó otra vez en ellos y se alejó remando con los brazos. Tras nueve días de ir a la deriva desembarcó en la isla Ogigia, donde vivía Calipso, la hija de Tetis y Océano, o quizá de Nereo, o Atlante.

w. Bosquecillos de alisos, álamos negros y cipreses, con buhos, halcones y locuaces cuervos marinos posados en sus ramas ocultaban la gran cueva de Calipso. Una parra se extendía a través de la entrada. Perejil y lirios crecían densamiente en una pradera adjunta, regada por cuatro claros riachuelos. Allí la bella Calipso recibió a Odiseo cuando salió a tierra tambaleando y le ofreció comida abundante, bebidas fuertes y una parte de su blando lecho. «Si te quedas conmigo —le dijo— gozarás de la inmortalidad y de una juventud eterna.» Algunos dicen que fue Calipso, y no Circe, quien le dio su hijo Latino, además de los mellizos Nausítoo y Nasínoo.

x. Calipso retuvo a Odiseo en Ogigia durante siete años —o quizá durante sólo cinco— y trató de hacer que olvidara a ítaca, pero él se cansó pronto de sus abrazos y solía sentarse abatido en la costa, mirando fijamente el mar. Por fin, aprovechando la ausencia de Posidón, Zeus envió a Hermes con la orden de que Calipso dejara en libertad a Odiseo. Ella no podía hacer otra cosa que obedecer y, en consecuencia, le dijo a Odiseo que construyera una balsa, que ella abastecería suficientemente con un saco de cereal, odres con vino y agua y carne seca. Aunque Odiseo sospechaba una trampa, Calipso juró por el Éstige que no le engañaría y le prestó un hacha, una azuela, taladros y todas las otras herramientas necesarias. Sin necesidad de que le alentara, Odiseo improvisó una balsa con una veintena de troncos de árbol enlazados, la botó al agua con rodillos, dio a Calipso un beso de despedida y partió empujado por una suave brisa.

y. Posidón había estado visitando a sus intachables amigos los etíopes, y cuando volvía a casa por el mar en su carro alado vio de pronto la balsa. Al momento arrojó a Odiseo por la borda una ola gigantesca y las ricas ropas que llevaba lo arrastraron a las profundidades del mar hasta que sus pulmones parecían a punto de estallar. Pero como era un buen nadador, consiguió quitarse las ropas, volver a la superficie y subir de nuevo a la balsa. La compasiva diosa Leucotea, anteriormente Ino, esposa de Atamante, se posó junto a él adoptando la forma de una gaviota. En el pico tenía un velo y le dijo a Odiseo que se lo enrollase alrededor de la cintura antes de volver a sumergirse en el mar. Le prometió que ese velo le salvaría. Odiseo vacilaba en obedecer, pero cuando otra ola hizo añicos la balsa enrolló el velo a su alrededor y se alejó nadando. Como Posidón estaba ya de vuelta en su palacio submarino de las cercanías de Eubea, Atenea se atrevió a enviar un viento que calmase las olas al paso de Odiseo, quien dos días después fue arrojado a la costa, completamente agotado, en la isla de Drepane, entonces ocupada por los feacios. Allí se tendió al abrigo de un matorral junto a un arroyo, se cubrió con hojas secas y se durmió profundamente.

z. A la mañana siguiente la hermosa Nausícaa, hija del rey Alcínoo y la reina Arete, la pareja real que en otro tiempo se había mostrado tan bondadosa con Jasón y Medea, fue a lavar sus ropas en el arroyo. Cuando terminó la tarea se puso a jugar a la pelota con sus esclavas. La pelota fue a caer en el agua, las mujeres gritaron acongojadas y Odiseo se despertó alarmado. Estaba desnudo, pero utilizó una frondosa rama de olivo para ocultar su desnudez, se acercó sigilosamente y dirigió palabras tan dulces a Nausícaa que ella lo tomó discretamente bajo su protección y lo condujo a su palacio. Allí Alcínoo hizo numerosos regalos a Odiseo y, después de escuchar el relato de sus aventuras, lo envió a Itaca en un buen navio. Sus acompañantes conocían bien la isla. Anclaron en el puerto de Forcis, pero decidieron no perturbar su profundo sueño, lo llevaron a la playa y lo dejaron suavemente en la arena, depositando los regalos de Alcínoo bajo un árbol cercano. Posidón, no obstante, estaba tan molesto por la bondad de los feacios con Odiseo que golpeó el navio con la palma de la mano cuando volvía a Drepane y lo convirtió con tripulantes y todo en piedra. Alcínoo se apresuró a sacrificar doce toros selectos a Posidón, quien ahora amenazaba con privar a la ciudad de sus dos puertos arrojando una gran montaña entre ellos; y algunos dicen que así lo hizo. «¡Esto nos enseñará a no ser hospitalarios en el futuro!», le dijo Alcínoo a Arete amargamente.



171.  LA VUELTA DE ODISEO AL HOGAR


a. Cuando Odiseo se despertó no reconoció al principio su isla natal, a la que Atenea había hecho objeto de un encantamiento deformante. Poco después se presentó ella disfrazada de muchacho pastor y escuchó su larga y mentirosa narración de cómo era un cretense que, después de matar al hijo de Idomeneo, había huido hacia el norte en una nave sidonia y allí fue arrojado a tierra contra su voluntad. «¿Qué isla es ésta?», preguntó. Atenea rió y acarició la mejilla de Odiseo. «¡Eres, ciertamente, un mentiroso maravilloso! —le dijo—. Si no hubiera conocido la verdad me habrías engañado fácilmente. Pero lo que me sorprende es que no hayas descubierto mi disfraz. Soy Atenea; los feacios te desembarcaron aquí siguiendo mis instrucciones. Lamento que hayas tardado tantos años en volver a tu casa, pero yo no me atrevía a ofender a mi tío Posidón ayudándote demasiado abiertamente.» Le ayudó a guardar en una cueva las calderas, los trípodes, los mantos de púrpura y las copas de oro que le habían regalado los feacios, y luego lo transformó de manera que no se le podía reconocer: le marchitó la piel, le adelgazó y blanqueó el cabello rojizo, lo vistió con sucios harapos y lo llevó a la choza de Eumeo, el anciano y fiel porquerizo del palacio. Atenea acababa de volver de Esparta, adonde había ido Telémaco para preguntar a Menelao, recién vuelto de Egipto, si podía darle alguna noticia de Odiseo. Ahora hay que explicar que, dando por supuesta la muerte de Odiseo, no menos que ciento doce príncipes jóvenes e insolentes de las islas que formaban el reino —Duliquio, Samos, Zacinto e Itaca— cortejaban a su esposa Penélope, cada uno con la esperanza de casarse con ella y ocupar el trono; y habían convenido entre ellos en asesinar a Telémaco a su regreso de Esparta.

b. Cuando pidieron por primera vez a Penélope que decidiera entre ellos, ella declaró que sin duda Odiseo debía vivir todavía, porque su futura vuelta al hogar había sido predicha por un oráculo digno de confianza; y más tarde, como le apremiaban fuertemente, prometió tomar una decisión tan pronto como terminara la mortaja que debía tejer en previsión de la muerte del anciano Laertes, su suegro. Pero esta tarea le llevó tres años, pues lo que tejía de día lo destejía por la noche, hasta que al fin los pretendientes se dieron cuenta de la treta. Durante todo ese tiempo se divertían en el palacio de Odiseo, bebían su vino, comían sus cerdos, ovejas y va cas y seducían a sus sirvientas.

c. A Eumeo, quien recibió a Odiseo bondadosamente, le hizo otro relato falso, aunque le declaró bajo juramento que Odiseo vivía y se dirigía a su hogar. Telémaco desembarcó inesperadamente, eludiendo los planes para asesinarlo de los pretendientes, y fue directamente a la choza de Eumeo; Atenea le había hecho volver apresuradamente de Esparta. Pero Odiseo no reveló su identidad hasta que Atenea se lo permitió y le devolvió mágicamente su verdadero aspecto. Siguió una conmovedora escena de reconocimiento entre padre e hijo. Pero Eumeo no estaba todavía en el secreto y no se permitió a Telémaco que diera la noticia a Penélope.

d. Disfrazado otra vez de mendigo, Odiseo fue a espiar a los pretendientes. En el camino se encontró con el cabrero Melencio, quien le increpó con palabras groseras y le dio un puntapié en la cadera, pero Odiseo no quiso vengarse inmediatamente. Cuando llegó al patio del palacio encontró al viejo Argo, en un tiempo famoso perro de caza, tendido en un estercolero, sarnoso, decrépito y atormentado por las pulgas. Argo movió al verlo el rabo descarnado y dejó caer las orejas lacias, pero no pudo salir al encuentro de Odiseo, quien a hurtadillas se enjugó una lágrima mientras Argo expiraba.

e. Eumeo condujo a Odiseo a la sala de los banquetes, donde Telémaco, simulando que no sabía quién era, le ofreció hospitalidad. Apareció Atenea, aunque inaudible e invisible para todos menos para Odiseo, y le sugirió que recorriese la sala mendigando migajas a los pretendientes, pues así se enteraría de qué cíase de hombres eran. Él lo hizo y vio que eran no menos tacaños que rapaces. El más desvergonzado de todos, Antínoo de Itaca (a quien dio una versión completamente diferente de sus aventuras) le arrojó airadamente un escabel. Odiseo, pasándose la mano por el hombro magullado, apeló a los otros pretendientes, quienes estuvieron de acuerdo en que Antínoo debía haberse mostrado más cortés; y Penélope, cuando sus doncellas le informaron del incidente, quedó escandalizada. Hizo llamar al supuesto mendigo, con la esperanza de que le diera noticias de su perdido esposo. Odiseo prometió ir a la sala de recibo regia esa noche y decirle a Penélope todo lo que deseaba saber.

f. Entre tanto, un robusto mendigo de ítaca apodado Iro porque, como la diosa Iris, hacía todos los mandados que se le ordenaban, trató de arrojar a Odiseo del umbral. Como él no quiso moverse, Iro le desafió a un pugilato, y Antínoo, riendo cordialmente, ofreció al vencedor las entrañas de una cabra y un asiento en la mesa de los pretendientes. Odiseo se recogió los andrajos, los sujetó debajo del cinturón deshilachado que llevaba y se enfrentó a Iro. El bellaco retrocedió al ver sus abultados músculos, pero las mofas de los pretendientes le impidieron emprender una fuga precipitada. Luego Odiseo lo derribó de un solo golpe, cuidando de no llamar demasiado la atención asestándole uno mortal. Los pretendientes aplaudieron, se burlaron, disputaron, se acomodaron para su banquete vespertino, brindaron por Penélope, quien se presentó para recibir de todos ellos regalos de boda (aunque sin la intención de tomar una decisión definitiva) y al anochecer se dispersaron a sus diversos alojamientos.

g. Odiseo ordenó a Telémaco que sacara las lanzas que colgaban de las paredes de la sala de banquetes y las guardara en la armería mientras él iba a ver a Penélope. Ella no le reconoció y él le relató un cuento largo y minucioso describiendo un encuentro con Odiseo, quien, según dijo, había ido a consultar al oráculo de Zeus en Dodona, pero pronto estaría de vuelta en ítaca. Penélope le escuchó atentamente y ordenó a Euriclea, la anciana nodriza de Odiseo, que le bañara los pies. Euriclea reconoció en seguida la cicatriz que tenía en el muslo y lanzó un grito de alegría y sorpresa, pero Odiseo le asió la marchita garganta y le obligó a guardar silencio. Penélope no se dio cuenta del incidente, pues Atenea distrajo su atención.

h. Al siguiente día, en otro banquete, Agelao de Same, uno de los pretendientes, preguntó a Telémaco si no podía convencer a su madre para que tomase una decisión. Penélope anunció inmediatamente que estaba dispuesta a aceptar a cualquier pretendiente que emulase la hazaña de Odiseo haciendo pasar una flecha a través de doce anillos de hacha, estando las hachas colocadas en línea recta con los mangos clavados en una zanja. Les mostró el arco que debían utilizar; era el que le había dado Ifito a Odiseo veinticinco años antes, cuando fue a protestar en Mesena por el robo hecho en Itaca de trescientas ovejas y sus pastores. En un tiempo perteneció a Éurito, el padre de Ifito, a quien Apolo mismo había enseñado el arte de la ballestería, pero a quien Heracles venció y mató. Algunos de los pretendientes trataron de estirar la cuerda del arma poderosa, pero no lo consiguieron, ni siquiera después de ablandar la madera con sebo. En consecuencia se decidió aplazar la prueba hasta el día siguiente. Telémaco, quien fue el que estuvo más cerca de realizar la hazaña, dejó el arco al advertir una señal de Odiseo. En seguida Odiseo, a pesar de las protestas y los insultos vulgares —durante los cuales Telémaco se vio obügado a ordenar a Penélope que volviera a su habitación— tomó el arco, lo estiró fácilmente e hizo vibrar la cuerda melodiosamente
para que todos la oyeran. Apuntó cuidadosamente y disparó una flecha que pasó a través de los doce anillos. Entretanto Telémaco, que había salido apresuradamente, volvió a entrar con una espada y una lanza y Odiseo mostró por fin quién era hiriendo a Antínoo en la garganta.

i. Los pretendientes se levantaron de un salto y corrieron a las paredes, pero se encontraron con que las lanzas ya no estaban en sus lugares habituales. Eurímaco pidió misericordia, y cuando Odiseo se la negó, desenvainó la espada y le acometió, pero una flecha le atravesó el hígado y cayó moribundo. Siguió una lucha feroz entre los pretendientes desesperados armados con espadas y Odiseo, armado únicamente con el arco, pero apostado delante de la entrada principal de la sala. Telémaco corrió a la armería y volvió con escudos, lanzas y yelmos para armar a su padre, Eumeo y Filecio, los dos fieles sirvientes que estaban junto a él, pues aunque Odiseo había matado a muchos pretendientes, casi se le habían agotado las flechas. Melancio, quien se había deslizado a hurtadillas por una puerta lateral para llevar armas a los pretendientes, fue sorprendido y muerto en su segunda visita a la armería, antes que consiguiera armar a más de unos pocos. La matanza continuó y Atenea, en forma de golondrina, revoloteó gorjeando por la sala hasta que todos los pretendientes y sus partidarios yacían muertos, con la única excepción del heraldo Medonte y el bardo Femio, a quienes Odiseo perdonó la vida porque no le habían hecho daño activamente y porque sus personas eran sacrosantas. Luego se detuvo para preguntar a Euriclea, quien había encerrado a las mujeres del palacio en sus alojamientos, cuántas de ellas habían permanecido fieles a su causa. Ella contestó: «Sólo doce se han deshonrado, señor.» Llamó a las sirvientas culpables y les obligó a limpiar la sangre derramada en la sala con esponjas y agua, y cuando terminaron ese trabajo las ahorcó en fila. Patearon un poco, pero pronto terminó todo. Luego Eumeo y Filecio cortaron a Melancio las extremidades —la nariz, las manos, los pies y los órganos genitales— y las arrojaron a los perros

j. Por fin Odiseo, reunido al cabo con Penélope y con su padre Laertes, les relató sus diversas aventuras, esta vez ateniéndose a la verdad. Se acercó una fuerza de rebeldes de Itaca, parientes de Antínoo y de los otros pretendientes muertos, y al ver que superaban en número a Odiseo y sus amigos, el anciano Laertes intervino vigorosamente en la lucha, que marchaba bastante bien para ellos, hasta que Atenea medió e impuso una tregua. Entonces los rebeldes inicaron una acción legal conjunta contra Odiseo y designaron como juez a Neoptólejmo, rey de las islas del Epiro. Odiseo convino en aceptar el veredicto, y Neoptólemo dictaminó que debía dejar su reino y no volver a él hasta que pasaran diez años, durante los cuales los herederos de los pretendientes debían compensarle por sus depredaciones, con pagos a Telémaco, quien sería el rey.

k. Pero faltaba todavía aplacar a Posidón y Odiseo partió a pie, como le había aconsejado Tiresias, a través de las montañas del Epiro, llevando un remo al hombro. Cuando llegó a Tesprotis las campesinos le preguntaron: «Extranjero, ¿por qué un bieldo en primavera?» En consecuencia sacrificó un carnero, un toro y un jabalí a Posidón y quedó perdonado. Como no podía volver a Itaca todavía, se casó con Calídice, reina de los tesprotios, y mandó su ejército en una guerra contra los brigios, bajo la dirección de Ares; pero Apolo exigió una tregua. Nueve años después Polipetes, el hijo de Odiseo con Calídice, subió al trono de Tesprotis y Odiseo volvió a Itaca, que gobernaba entonces Penélope en nombre de su joven hijo Poliportes; Telémaco había sido desterrado a Cefalenia porque un oráculo anunció: «¡Odiseo, tu propio hijo te matará!» En Itaca le llegó la muerte a Odiseo desde el mar, como había predicho Tiresias. Su hijo con Circe, Telégono, que navegaba en busca de él, hizo una incursión en ítaca, a la que confundió con Corcira, y Odiseo salió para rechazar el ataque. Telégono le mató en la orilla y el arma fatal era una lanza reforzada con el espinazo de una pastinaca. Después de pasar en el destierro el año que exigía la costumbre, Telégono se casó con Penélope y Telémaco lo hizo con Circe, y así las dos ramas de la familia se unieron estrechamente.

l. Algunos niegan que Penélope se mantuvo fiel a Odiseo. Lo acusan de haber tenido relaciones amorosas con Anfínomo de Duliquio, o con todos los pretendientes por turno, y dicen que el fruto de esa unión fue el monstruoso dios Pan, a la vista del cual Odiseo huyó avergonzado a Etolia, después de enviar a Penélope deshonrada a casa de su padre Icario en Mantinea, donde todavía se muestra su tumba. Otros dicen que tuvo a Pan con Hermes, y que Odiseo se casó con una princesa etolia, la hija del rey Toante, engendró con ella a su hijo menor Leontófono y murió anciano y próspero.

1.      El asesinato de los pretendientes por Odiseo pertenece a la alegoría de Ulises: es un ejemplo más de la resistencia del rey sagrado a morir al término de su reinado. Es decir, que interviene en el certamen con los arcos realizado para elegir a su sucesor (véase 135.1) y mata a todos los candidatos. Una prueba de ballestería primitiva que debía realizar el candidato al reino parece haber consistido en hacer pasar una flecha por un anillo colocado en la cabeza de un niño (véase 162.10).

2.      En ninguna parte sugiere directamente la Odisea que Penélope fuera infiel a su marido durante su larga ausencia, aunque en el Libro xviii.281-3 fascina a los pretendientes con su coquetería, obtiene de ellos regalos y muestra una preferencia decidida por Anfínomo de Duliquio (Odisea xvi. 394-8). Pero Odiseo no confía en ella lo bastante para revelar quién es hasta que ha matado a sus rivales; y su madre, Anticlea, demuestra que hay algo que ocultar cuando no le dice ni una palabra acerca de los pretendientes (Odisea xi.180 y ss.). Él relato arcaico que hace a Penélope madre de Pan con Hermes, o alternativamente con todos los pretendientes, se refiere, al parecer, a la diosa Penélope y sus primitivas orgías primaverales (véase 26.2). Su engaño de Odiseo y su posterior vuelta a Mantinea, otra fábula arcaica, son un recuerdo de la insolencia de él al obligarle a acompañarle a Itaca, contrariando la antigua costumbre matrilocal (véase 160.e). Pero Nausícaa, la autora, relata el asunto a su manera, favoreciendo a Penélope. Acepta el sistema patriarcal en el que ha nacido y prefiere la ironía suave a la sátira aguda de la Iliada. La diosa es ahora desalojada por Zeus Omnipotente, los reyes ya no son sacrificados en su honor y la era del mito ha terminado. ¡Muy bien! Eso no perturba mucho a Nausícaa con tal que pueda seguir bromeando y jugando a la pelota con sus afables sirvientas, tirar del pelo a quienes le desagradan, escuchar los cuentos de la anciana Euriclea y manejar a su gusto a su padre, Alcínoo.
3.      Así la Odisea nos deja con Laertes, Odiseo y Telemaco, una tríada patriarcal masculina de héroes apoyados por Atenea nacida de Zeus y vencedora de sus enemigos; mientras que las sirvientas cuelgan en hilera por su falta de discreción, para mostrar que Nausícaa desaprueba la promiscuidad premarital porque abarata el mercado matrimonial. El final ha sido conservado por otros mitógrafos. Odiseo es desterrado a Tesprotia, y Telémaco a Cefalonia, mientras Penélope se queda tranquilamente en el palacio, gobernando en nombre de su hijo Poliportes. Debe cumplirse, por supuesto, la profecía de Tiresias: Odiseo no morirá tranquilamente en la ancianidad, como el respetado y locuaz Néstor. La muerte debe alcanzarle a la manera tradicional que él se proponía abolir: el Niño del Año Nuevo cabalgando en el lomo de un delfín le traspasará con una lanza armada con una pastinaca. Lo mismo le sucedió a Catreo de Rodas, su hijo Altémenes le mató accidentalmente en la playa (véase 93.2). Las lanzas con pastinaca, utilizadas también por los polinesios, causan heridas inflamadas que los griegos y los latinos consideraban incurables (Eliano: Naturaleza de los animales i.56); la pastinaca (trygon pastinaca) es común en el Mediterráneo. Se dice que Heracles fue herido por una (véase 123.2).

4.      El casamiento de Telémaco con Circe, y el de Telégono con Penélope, sorprenden a primera vista. Sir James Frazer (Apolodoro ii p. 303, Loeb) relaciona estas uniones al parecer incestuosas con la regla en virtud de la cual en las sociedades polígamas un rey heredaba todas las concubinas de su padre, con excepción de su propia madre (2 Samuel xvi.21 y ss.). Pero la poligamia nunca fue una institución griega, y ni Telémaco, ni Telégono, ni Edipo un Niño del Año Nuevo, «nacido de la ola hinchada», que mató a su padre y se casó con la viuda Yocasta (véase l05.e), ni Hilo, el hijo de Heracles, que se casó con su madrastra Yole (véase I45.e), eran polígamos. Cada uno de ellos se limitó a matar y suceder al Rey del Año Viejo en el antiguo estilo mítico, llamándose a partir de entonces hijo suyo. Esto explica por qué Telémaco se dispone a disparar el arco —lo que le habría dado a Penélope por esposa—, pero desiste al advertir el ceño de Odiseo, es un detalle que sobrevive de la fábula de Ulises, conservado sin examen crítico en la Odisea.

5.      ¿Quién sabe si el cabello rojo de Odiseo tiene algún significado mítico (véase 133.8), o si es una peculiaridad personal que no viene al caso, como sus piernas cortas, perteneciente a algún aventurero de Sicilia al que Nausícaa ha retratado como Odiseo? Autólico, desde luego, lo llamó «el enojado» al nacer (véase 160.c) y el cabello rojo es asociado tradicionalmente con el mal humor. Pero aunque tiene el aspecto de epopeya, la Odisea es la primera novela griega y, por tanto, completamente irresponsable en lo que concierne a los mitos. He sugerido las posibles circunstancias de su composición en otra novela: La hija de Homero.

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